SENTENCIA DEFINITIVA
Expediente Nº CNT 23403/2016/CA1 SALA IX Juzgado Nº 62
En la Ciudad de Buenos Aires, al 06/07/2023 para dictar
sentencia en las actuaciones caratuladas: “OLIVA, FABIO OMAR
C/ COMA S.A. S/ DESPIDO”: se procede a votar en el siguiente
orden:
El Dr. Alvaro E. Balestrini dijo:
I- Contra el pronunciamiento dictado en la
anterior instancia se alzan las partes actora y demandada a
tenor de los memoriales presentados el 28/9/2022, con
réplicas de fecha 4 y 5/10/2022.
II- Previo a todo, he de señalar que la demandada
introduce su cuestionamiento en un único agravio, donde
efectúa múltiples planteos, abordando en forma alternada
las temáticas, que se repiten en distintos párrafos a lo
largo del mismo, por lo que, a los fines del adecuado
tratamiento de la presentación, he de distinguir las
cuestiones sometidas a estudio separadamente, para así
proceder a su análisis.
III- Sentado ello, por razón de método me abocaré
en primer lugar al tratamiento de la queja que plantea la
demandada con relación a la decisión de la Sra. Juez de
grado de considerar ajustada a derecho la medida rupturista
adoptada por el actor y, por ende, viabilizar las
indemnizaciones derivadas del despido, la que –de
compartirse mi voto-, no tendrá favorable recepción.
Al respecto, observo que tras ponderar las
declaraciones de las testigos Coubet y Mitidieri, la Sra.
Magistrada concluyó en que en la causa quedó acreditado el
tardío registro del accionante, puesto que dichas
deponentes corroboraron que el trabajador prestó servicios
para la demandada con anterioridad al 1/3/2005, extremo que
fue negado categóricamente por ésta en el escrito de
responde.
Así las cosas, aunque descartó la hipótesis de que
el actor hubiere realizado labores a favor de la accionada
entre septiembre de 1986 y noviembre de 1988 –ante la
ausencia de elementos probatorios respecto de este
período-, en definitiva, tuvo por demostrada la prestación
a partir del 1/11/1992, esto es, en una fecha anterior a la
registrada por su empleadora.
De allí que la sentenciante valoró que el
mencionado registro irregular del contrato de trabajo
constituyó un comportamiento contrario al deber de buena fe
que impone el art. 63 de la L.C.T., lo que –a su entender-
importó una injuria que justificó el distracto en los
términos del art. 242 del referido cuerpo normativo.
Ahora bien, como adelanté, los argumentos que
introduce la recurrente no lucen idóneos a los fines
pretendidos.
Digo ello por cuanto de las declaraciones
invocadas por la Sra. Juez para fundar su decisión, se
desprende en forma clara que Coubet –ver fs. 412/413- ubica
al actor trabajando en la empresa en el año 1993, mientras
que Mitidieri –ver fs. 418/419-, lo hace en el año 1995 –
fechas en que, respectivamente, las deponentes comenzaron
sus respectivas prestaciones de servicios a favor de la
demandada-, lo que revela que el trabajador ya laboraba
para ésta con anterioridad al momento del registro –
reitero, recién el 1/3/2005-, por lo que comparto la
ponderación de la prueba testimonial efectuada por la
sentenciante; máxime que la apelante no hace más que
impugnar la relevancia asignada a las mencionadas
declaraciones a través de alegaciones dogmáticas y en
función de cuestionamientos dirigidos hacia otros aspectos
de la vinculación sobre las que declararon las testigos,
sin hacerse cargo de la contundencia de sus dichos en lo
atinente al tópico que nos ocupa –cfr. art. 116 de la
L.O.-.
En especial resalto que nos encontramos frente a
testigos presenciales -compañeras de trabajo-, quienes
ubican al actor en la empresa como “arquitecto” mucho
tiempo antes de la fecha en que la accionada lo registró y,
en este marco, la apelante no indica imprecisiones o
contradicciones concretas, que resulten relevantes y
conduzcan a poner en duda la veracidad de las declaraciones
en el mencionado aspecto.
Agrego que la objeción que se vierte contra la
declaración de la testigo Franco carece de trascendencia,
en razón de que la misma no fue contemplada por la
sentenciante para examinar la temática bajo controversia.
Sentado ello, también hace hincapié la accionada
en los datos que surgen de los recibos de haberes
adjuntados por su parte. Tal postura, a mi juicio, resulta
inadmisible toda vez que la fecha de comienzo del vínculo
allí consignada –que avala su posición- se apoya en sus
registros contables, que sólo contienen constancias
unilaterales efectuadas por la propia empleadora y que,
como tales, no pueden ser usadas contra el trabajador;
circunstancia que torna inhábil a la mencionada prueba
documental, más ante la prueba testimonial precedentemente
reseñada, que desvirtúa tales registros.
Tampoco encuentro atendible la argumentación que
ensaya la apelante con base en que durante 10 años el actor
habría consentido los mencionados recibos, sin
cuestionamiento o impugnación alguna.
En tal sentido, a lo expuesto “ut supra”, se suma
que los términos del art. 58 de la L.C.T. constituyen un
obstáculo insalvable para la pretensión revisora ya que
allí se dispone expresamente la imposibilidad de sostener
la renuncia del trabajador a un derecho acordado por las
normas que lo resguardan, con único sustento en su
silencio.
En lo demás, la demandada sólo articula
alegaciones subjetivas y dogmáticas y transcribe citas
jurisprudenciales –sin explicar su aplicación en el marco
de las presentes actuaciones-, todo lo cual incumple las
directrices que dimanan del art. 116 de la L.O.
En conclusión, sin que adquieran entidad las
restantes cuestiones en que pone énfasis la accionada –en
particular desde la óptica del principio de primacía de la
realidad, que conduce en el caso a hacer primar la
situación fáctica, cfr. art. 14 de la L.C.T.-, no encuentro
aportados elementos eficaces, tendientes a revertir la
fecha de comienzo del vínculo determinada en la sentencia
de grado.
Es así que, acreditada la irregularidad registral
en que incurrió Coma S.A. en dicho aspecto y teniendo en
cuenta que, como bien indicó la Sra. Magistrada, cuando son
varias las causales invocadas en la notificación del
despido, la acreditación de alguna de ellas es suficiente
para admitir el pertinente reclamo indemnizatorio, ante la
actitud refractaria adoptada por la empleadora –que persiste
incluso hasta la presentación del memorial recursivo-, no
cabe más que confirmar el fallo de grado en cuanto consideró
ajustada a derecho la decisión rupturista del trabajador y
viabilizó los reclamos fundados en los arts. 231, 232 y 245
de la L.C.T.
IV- No tendrá mejor suerte el disenso que formula
la demandada en torno al progreso de la indemnización
contemplada por el art. 2 de la ley 25.323.
Sobre el particular, recuerdo que lo sustancial
para la procedencia de la referida sanción resulta ser la
verificación del requerimiento de pago de las
indemnizaciones derivadas del despido –acreditada en la
especie a través de la prueba informativa al Correo
Argentino, ver en part. fs. 276- y la postura refractaria
de la empleadora, que obligó al actor a iniciar las
presentes actuaciones en procura del cobro del crédito
debido.
Agrego que, sin perjuicio de que la referida
prueba informativa al Correo Argentino abona que el
trabajador cursó interpelación el 10/3/2016 –recibida el
11/3/2016, esto es vencido los plazos a los que alude la
recurrente, ya que llega firme que el distracto se produjo
el 2/3/2015, ver fs. 597 vta. “in fine”-, lo cierto es que
es criterio de este Tribunal que las previsiones del art.
255 bis de la L.C.T. –que remite al art. 128 de dicho
cuerpo normativo, citado por la apelante- no representan un
requisito “sine qua non” para la procedencia del incremento
objeto de controversia; antes bien, representa una mera
referencia temporal que la ley acuerda al empleador para
que cancele los importes de la liquidación final,
independientemente de la causa que provocó la
desvinculación y con ello otorgar un plazo cierto para el
cumplimiento de esa obligación (ver en igual sentido autos
“Fernández Basilio Ivanaldo c/ Cooperativa de Trabajo de
Instaladores Limitada s/ desp.”, sent. def. nro. 20.516 del
28/10/15, del registro de esta Sala, entre muchos otros).
En consecuencia, por estos fundamentos, no cabe
más que desestimar la queja.
V- tampoco he de acoger la crítica que esboza la
demandada en torno a la viabilidad de la indemnización
prevista por el art. 9 de la L.N.E.
Sobre la temática, observo que la recurrente –en
lo principal- cuestiona la suficiencia de la intimación
cursada en los términos del art. 11 de la ley 24.013, en
tanto sostiene que se presentan ciertas discordancias entre
el relato efectuado en la demanda y la comunicación cursada
a la AFIP, las que individualiza.
Como ya lo puse de relieve más arriba, si bien el
actor denunció en el inicio que la vinculación se desarrolló
en dos partes –la primera entre 1986 y 1988- y la segunda
desde 1992 hasta el distracto, advierto que la Sra.
Magistrada no consideró demostrada la prestación a favor de
la demandada denunciada en ese primer período, lo que torna
inconducentes las alegaciones que elabora la apelante sobre
las inconsistencias que se presentarían, que justamente
refieren a ese lapso de tiempo que no se tuvo por
acreditado.
Ello así, dado que tanto en la demanda como
durante el intercambio telegráfico surge denunciado que el
trabajador invocó un reingreso en el año 1992 –el que sí
quedó demostrado en la causa-, extremo que es soslayado por
la argumentación recursiva –cfr. art. 116 de la L.O.-;
apreciada la cuestión con criterio de razonabilidad y en
atención al principio de interpretación contenido en el art.
9 de la L.C.T., entiendo que en la presente han sido
invocadas las “circunstancias verídicas” de la relación
habida y que, por ende, la intimación cursada a la
empleadora fue justificada.
Por ello, cumplida además la comunicación a la
AFIP –cfr. dec. 146/01, ver prueba informativa al Correo
Argentino, a fs. 270 y 276-, sin perjuicio de la doctrina
sentada por la Corte Suprema de Justicia en el fallo “Di
Mauro, José Santo c/ Ferrocarriles Metropolitanos SAEL y
otro s/ despido”, en el caso particular de autos, sugiero
confirmar la sentencia también en este punto.
VI- A esta altura considero oportuno abocarme al
tratamiento de las objeciones que introducen ambas partes,
que giran en torno a la remuneración percibida por el actor.
Por una parte, el trabajador cuestiona el
rechazo de la indemnización prevista por el art. 10 de la
L.N.E. en función de que –según su posición-, se habría
acreditado que percibía sumas fuera de toda registración y –
además- no se registraba el salario abonado en especie.
Respecto del primer tópico, el recurrente invoca
la solitaria declaración de Coubet, pero la transcripción
que el propio reclamante realiza denota la falta de
precisión de la testigo en este aspecto, quien reconoció no
saber cuál era la remuneración que el demandante percibía y
tampoco pudo identificar los importes supuestamente
percibidos en forma clandestina –siquiera aproximadamente o
al menos un porcentaje-. A ello se suma que la deponente
admitió que dejó de laborar para la demandada en el año 2009
–es decir, unos siete años antes del distracto-, por lo que,
más allá de que considero hábil su relato para dar cuenta de
la fecha de comienzo de la relación laboral –por los motivos
“ut supra” señalados-, no lo encuentro eficaz para acreditar
circunstancias acaecidas a la época del despido, ya que es
evidente que no presenció los eventos en cuestión–apreciada
la cuestión a la luz de la sana crítica, cfr. art. 90 de la
L.O. y art. 386 del [Link].-.
En estas condiciones y sin que se individualice
otro medio probatorio idóneo que apoye los dichos de Coubet,
a mi modo de ver, en la especie no se verifica el
presupuesto de clandestinidad contemplado por el precepto
legal, esto es, que al tiempo de la ruptura de la relación
laboral el trabajador se encontrara deficientemente
registrado en lo relativo a su remuneración, con la
finalidad de eludir las mayores cargas legales que
derivarían de la real configuración del vínculo, por lo que
concluyo en que no corresponde la aplicación del art. 10 de
la L.N.E.
Agrego que si bien la referida disposición
legal no conceptualiza en qué consiste la relación
registrada de “modo deficiente”, cabe acudir a la ley
nacional de empleo que en su artículo 7º aclara la
cuestión, en cuanto dispone que el contrato de trabajo está
registrado cuando el empleador inscribe al trabajador en el
libro especial del art. 52 de la ley de contrato de trabajo
y en los registros a los que alude la propia norma.
En este sentido, reitero que en el presente
caso no se da el supuesto de “registración defectuosa”
prevista por la ley 24.013, que solo contempla los casos en
que existe una omisión de registro, ya sea total o parcial
(conf. citado art. 7º de la ley 24.013). Por el contrario,
la situación de marras consiste, en mi opinión, en un
incumplimiento de la obligada relativo a la remuneración
que correspondía abonar al trabajador, supuesto que no se
encuentra relacionado con la regularidad de sus registros
(ver en similar sentido, autos “Calvo, Alejandro Héctor
c/ZKL Rodamientos S.A. s/Despido”, S.D. Nº 19.962 del
14/04/15, y “Castiglioni, Pablo Hernán c/ Ditecar S.A. s/
Despido”, S.D. Nº 20.800 del 12/02/16, ambos del registro
de esta Sala IX, entre otros).
En efecto, la sola circunstancia de decidirse
judicialmente que el importe erogado por la demandada por
el servicio de telefonía celular que utilizaba el
trabajador debe considerarse parte integrante de la
remuneración, no permite advertir que el contrato de
trabajo estuviera mal registrado, puesto que la intención
legislativa al momento de disponer la aplicación de la
sanción –insisto- tiende claramente a evitar el fraude en
la registración de la relación, extremo que –a mi entender-
no se ve cumplimentado en el caso por las circunstancias
antes apuntadas.
Desde esta óptica y teniendo en cuenta que en
la temática bajo estudio no se suscita duda alguna que
torne operativa la solución prevista en el último párrafo
del art. 9 de la L.C.T., encuentro inadmisible la queja
impetrada por el actor.
Por su parte, la demandada manifiesta que el
servicio de Nextel contratado era de carácter corporativo y
estaba afectado exclusivamente a requerimientos laborales y
no para su utilización para fines personales y familiares,
remitiéndose a la prueba informativa a dicha empresa de
comunicaciones obrante a fs. 285/286 –sin explicar
concretamente en qué forma la misma incidiría en el
contexto de los fundamentos vertidos por la Sra. Magistrada
a fs. 600-; por lo que la crítica no trasciende el plano de
una mera expresión de disconformidad subjetiva y, en
definitiva, dogmática con lo decidido y no accede a la
calidad de agravio en sentido técnico jurídico –cfr. art.
116 de la L.O.-, por lo que se impone su rechazo.
Asimismo, observo que la sentenciante desestimó
la pretensión introducida por el trabajador en función de
los gastos por el uso del automóvil y del plan de medicina
prepaga –tópicos que no han merecido impugnación del
demandante, cfr. art. 116 de la L.O.-, por lo que deviene
abstracto el tratamiento de las alegaciones que formula la
empleadora a lo largo del memorial sobre dichos tópicos; al
igual que de los planteos en torno al reclamo por pagos
extra contables, supuesto también rechazado en la sede
anterior y que se confirma en la presente.
VII- En atención a que de la sentencia no emerge
condena alguna a abonar sumas por la indemnización prevista
por el art. 1 de la ley 25.323, también resulta abstracto
expedirme sobre las argumentaciones que desarrolla la
accionada sobre el punto.
VIII- No obstante, la Sra. “a quo” desestimó el
progreso de la multa contemplada por el art. 80 de la
L.C.T., tanto el actor como la demandada articulan
cuestionamientos al respecto.
Considero que asiste razón al trabajador.
En tal sentido, esta Sala tiene dicho que el
emplazamiento exigido por el decreto reglamentario 146/01
persigue que la interpelación sea previa al reclamo
administrativo o judicial.
Desde esa óptica, en el caso concreto, advierto
que si bien el accionante formuló dicho requerimiento con
posterioridad al inicio del trámite administrativo ante el
SECLO -del acta obrante a fs. 3 se desprende que la
audiencia donde concluyó el procedimiento tuvo lugar el
2/7/2015-, lo cierto es que lo hizo con anterioridad a la
interposición de la demanda (ver intimación cursada el
10/3/2016, recepcionada el 11/3/2016 por la accionada, cfr.
prueba informativa al Correo Argentino, a fs. 276 y cargo
inserto a fs. 15 que da cuenta de la fecha de presentación
del escrito inaugural, el 15/3/2016) -conf. in re:
“Martínez Sosa Felipe Rene c/Top Hair S.R.L. s/despido”
S.D. 19.257 del 26 de marzo de 2014 y “Gruszka Juan Pablo
c/Flordana S.R.L. y otros s/despido” S.D. Nº 23232 del 26
de septiembre de 2017, del registro de esta Sala, entre
otros).
En ese contexto, considero que la normativa
vigente establece que el dependiente queda formalmente
habilitado para dirigir el requerimiento de los
certificados en cuestión, una vez transcurridos treinta
días desde la fecha de su exigibilidad sin que le hubieren
sido entregados, circunstancia que me lleva a considerar
que ante la inexistencia de un plazo legalmente establecido
que opere como límite temporal posterior para exigir el
cumplimiento de la manda legal, siempre que hubiere
transcurrido el período que la norma estipula para
habilitar la intimación y que la misma se articule con
anterioridad al inicio del trámite judicial, no corresponde
imponer limitaciones.
Así, teniendo en cuenta el incumplimiento de la
empleadora –es evidente que los instrumentos adjuntados a
fs. 56/77, que alega haber puesto a disposición, no
reflejan las verdaderas circunstancias del vínculo que han
quedado acreditadas en la presente, en especial en lo
relativo a la extensión de la relación laboral que nos
ocupa- y que, conforme lo expuesto en los párrafos
anteriores, se cumplió adecuadamente con la intimación
prevista en el artículo 3º del decreto 146/2001,
corresponde hacer lugar a la indemnización establecida en
el artículo 80 de la L.C.T., que quedará expresada en la
suma de $58.249,35.- ($19.416,45 –cfr. sent., en part. fs.
600 vta. pto. IV, que se confirma en la presente x 3).
IX- Además, habré de propiciar el mantenimiento
de la condena impuesta a la demandada a hacer entrega de
los certificados establecidos en el art. 80 de la L.C.T. –
tópico que suscita cuestionamiento de la empleadora-, en
razón de que –reitero- los instrumentos en que pone énfasis
la apelante, no contienen los datos verídicos del vínculo,
determinados en la causa y, por ende, no se exhiben
eficaces para tener por cumplida la obligación que impone
la norma; siendo insuficiente en las condiciones
descriptas, la mera puesta a disposición.
Por ello y dado que, desde esta perspectiva,
carecen de entidad las argumentaciones que ensaya la
demandada –con sustento, en lo sustancial, a la supuesta
actitud reticente del trabajador a recibir los
certificados-, como adelanté, no cabe más que confirmar la
sentencia en dicho punto.
X- Tampoco he de acoger la queja que esboza el
actor respecto del rechazo de las diferencias salariales
reclamadas.
Digo ello por cuanto el apelante –quien no
controvierte que, por su situación, se encontraba excluido
del convenio colectivo aplicable- insiste en que no
obstante tal circunstancia, año tras año, percibió los
mismos porcentajes de aumento salarial pactados según la
norma convencional –por lo que la pauta en cuestión fue
incorporada al contrato individual-, hasta que en el año
2014 la demandada dejo de abonar ese incremento, en forma
unilateral; por lo que invoca una discriminación salarial.
Ahora bien, estimo determinante que, a fin de
otorgar el pertinente aval probatorio a su postura, el
trabajador se circunscribe a invocar la falta de exhibición
de los registros contables al momento de realizarse la
pericia, con la consecuente aplicación de la presunción
prevista por el art. 55 de la L.C.T.
Sin embargo, de las constancias de autos, se
desprende que el Sr. perito contador sí accedió al libro
previsto por el art. 52 de la L.C.T. –ver en part. fs.
548-, por lo que deviene improcedente la pretensión de
proyectar la mencionada presunción; al menos en los
términos en que se esboza en el memorial.
Es así que el demandante no individualiza
elementos ciertos y objetivos que corroboren la situación
fáctica en que se funda su postura.
De esta forma, ante este panorama, resultan
ineficaces las extensas alegaciones que formula el
trabajador, las que –en definitiva y por lo expuesto-,
constituyen un mero disenso subjetivo y dogmático con lo
decidido –cfr. art. 116 de la L.O.-.
Por estos fundamentos y en los límites del
recurso intentado –cfr. art. 277 del C.P.C.C.N.-, sugiero
desestimar el agravio; lo que torna abstracto el
tratamiento de las consideraciones que vierte la demandada
sobre el tópico.
XI- La parte actora cuestiona los intereses
fijados por la Sra. Magistrada, en tanto afirma que ésta no
aplicó lo dispuesto por esta Cámara en el Acta 2764.
Con relación al tópico, liminarmente he de
advertir que si bien este Tribunal –en ocasiones
anteriores- dispuso que en los casos en los que el origen
del crédito fuera de fecha anterior a la vigencia del
Código Civil y Comercial de la Nación, correspondía aplicar
dos veces la tasa de interés prevista en las Actas Nº 2601,
2630 o 2658, a partir del dictado del Fallo de la CSJN en
autos “Garcia Javier Omar c/ UGOFE S.A. y otros s/ Daños y
perjuicios” (Acc. Trán. c/ les. o muerte) de fecha 7 de
marzo de 2023, corresponde –por razones de celeridad y
economía procesal- dejar sin efecto tal criterio.
De allí que, en consecuencia, atendiendo a lo
expresamente normado por el art. 7 del CCyCN, se juzga
equitativo a los fines de dirimir la cuestión bajo
análisis, disponer que la suma diferida a condena llevará
intereses desde que cada concepto que la integra es
exigido y hasta el 30/11/2017, conforme las tasas
previstas mediante las Actas CNAT 2357, 2601 y 2630 -cada
una durante el período de su vigencia-, y desde el
1°/12/2017 hasta el efectivo pago conforme la tasa
prevista mediante Acta CNAT 2658, con más la
capitalización dispuesta por Acta Nro. 2764 CNAT, la que,
sin perjuicio de que el crédito de autos es de origen
anterior a fecha de entrada en vigencia del [Link].N -
1/8/2015-, en atención a que la fecha de notificación del
traslado de la demanda es posterior -15/6/2016, ver
constancia de fs. 37/38 y vta.- y teniendo en cuenta el
hito que fija la mencionada Acta 2764, entiendo que dicha
capitalización deberá realizarse a partir del 15/6/2016,
con una periodicidad anual, todo ello hasta el momento de
practicarse la liquidación prevista por el art. 132 de la
L.O. y vencido el plazo de la intimación de pago, sin
perjuicio de la eventual aplicación del inc. c) del art.
770 en el caso de corresponder -conf. esta Sala, en expte.
36073/15, “Vailati Julio César c/ Bingo Pilar S.A. y otros
s/ despido”-.
Asimismo y en atención al criterio mayoritario
de este Tribunal expresado en oportunidad de dictar
pronunciamiento en el EXPTE 3539/2019 “SOSA, CLAUDIO RAUL
C/ DESARROLLO DEL CAPITAL HUMANO FERROVIARIO S.A.
S/DIFERENCIAS DE SALARIOS” S.D. del 29/12/22, corresponde
disponer la aplicación al caso de lo normado por el art.
771 –primer párrafo- del Código Civil y Comercial de la
Nación, en el marco del ejercicio de las facultades
jurisdiccionales allí previstas, para el supuesto en que
la aplicación de intereses dispuesta en el párrafo
precedente arroje un resultado desproporcionado.
A este último efecto, se establece como
parámetro de referencia objetivo, la actualización del
valor histórico del capital de la condena mediante el
índice RIPTE (según publicación del Ministerio de Trabajo,
Empleo y Seguridad Social de la Nación) más una tasa de
interés anual del 7%. Ello implica que, si por la
aplicación del acta N° 2764 en el caso, se superara el
mencionado parámetro objetivo, se deberá considerar
configurado el supuesto previsto en el primer párrafo del
art. 771 del Código Civil y Comercial de la Nación,
habilitando de tal modo el ajuste del importe de la
condena (en la oportunidad prevista en el art. 132 de la
L.O.) al resultado que se obtenga por aplicación de dicho
parámetro
Por lo expuesto, propicio modificar parcialmente
la sentencia de grado en tal sentido.
XII- Arribado este punto, en lo atinente a la
presentación de la demandada, considero oportuno señalar
que, en lo restante, la exposición no accede a la calidad
de agravio en sentido técnico jurídico –cfr. art. 116 de la
L.O.-.
Lo digo porque –sin perjuicio de los agravios
analizados anteriormente- aquella desarrolla alegaciones
relativas a pretensiones que han sido desestimadas por la
Sra. Juez de grado –sin explicar su intención puntual a
través de las mismas- e insiste en ciertos tópicos –la
categoría profesional del reclamante, por ejemplo-, que no
han sido abordados en el fallo, omitiendo en este marco
indicar concretamente en qué forma ello incidiría en el
resultado final del pleito.
En similar sentido, también transcribe el
intercambio telegráfico habido entre las partes, así como
citas jurisprudenciales, y efectúa extensas reseñas de la
prueba rendida en autos, pero –sin ánimo de resultar
reiterativo- no señala con la contundencia requerida, qué
es lo que pretende modificar en virtud de esas
consideraciones y en qué sentido.
En otros segmentos de la presentación, la
empleadora formula una serie de negativas y desconocimientos
que resultan propios de otras instancias del proceso y no de
una expresión de agravios –cfr. art. 116 de la L.O.-; máxime
que –una vez más- no explica con precisión, cómo es que ello
influenciaría en orden a alterar el fallo de grado.
En este contexto memoro que la expresión de
agravios debe consistir en una crítica concreta y razonada
de los fundamentos de la sentencia, en la que se demuestre
punto por punto, la existencia de errores de hecho o de
derecho en que pudiera haber incurrido el Juzgador, con la
indicación de las pruebas y normas jurídicas que el
recurrente estima le asisten (cfr. in re “Cuadrado, Daniel
Edgardo c/ Arca Distribuciones S.A. s/ Despido”, S.I. 6.203
del 28/5/03, entre otros).
Asimismo, la expresión de agravios también debe
bastarse a sí misma, pues el Tribunal no puede ni debe
manejarse a tientas como así tampoco suplir los agravios de
las partes, toda vez que se estaría violando el debido
proceso y la garantía constitucional de legítima defensa de
la contraria, principios por los que debe velar –cfr. art.
277 del C.P.C.C.N. y art. 18 de la Constitución Nacional-.
Desde esta óptica, a partir de las falencias
apuntadas en los párrafos anteriores y sin perjuicio –
insisto- de las cuestiones que han sido objeto de
tratamiento en la presente, en lo restante, no advierto
vertidos en el recurso que interpone la accionada argumentos
que justifiquen un análisis específico, puesto que las
alegaciones resultan ser una mera expresión de
disconformidad, por demás vagas e imprecisas y, por ende,
carentes de adecuada fundamentación –cfr. la citada norma
adjetiva-, lo que lleva sin más a su rechazo.
XIII- Como corolario de lo hasta aquí expuesto –
en especial en el considerando VIII-, propongo modificar
parcialmente la sentencia de grado y elevar el capital de
condena a la suma de $2.107.531,75.- ($2.049.282,42,- cfr.
monto diferido a condena en la anterior instancia +
$58.249,35.- por la indemn. prevista por el art. 80 de la
L.C.T., que se viabiliza en la presente); que llevará
intereses conforme las pautas dispuestas en el apartado
“XI”.
XIV- El nuevo resultado del litigio impone dejar
sin efecto la imposición de costas y regulación de
honorarios practicada en la anterior instancia, debiéndose
efectuar nuevamente en esta Alzada en forma originaria
(cfr. art. 279 del C.P.C.C.N.), tornándose abstracto el
tratamiento de las quejas dirigidas contra dichos
accesorios.
Ello así, considero ajustado a derecho imponer
las costas de primera instancia a la demandada, toda vez
que ello se compadece con lo normado por el principio
rector en la materia plasmado en el art. 68, primera parte,
del C.P.C.C.N.; ello en razón de que, en lo sustancial
(esto es en cuanto a los derechos en juego), ha triunfado
la parte actora.
Asimismo, propicio que se regulen los honorarios
de las representaciones letradas de las partes actora y
demandada, y del Sr. perito contador en el 16%, 14% y 6%,
respectivamente, a calcular sobre el nuevo monto total de
condena (capital e intereses); teniendo en cuenta la
calidad, mérito y extensión de las tareas llevadas a cabo
en la anterior instancia (conf. art. 38 de la L.O. y las
previsiones de la ley 21.839, de conformidad con lo
decidido por el máximo tribunal en el caso “Establecimiento
Las Marías S.A.C.I.F.A. c/ Misiones, Provincia de s/ acción
declarativa” del 04/09/2018 -Fallos: 341:1063-, pues era la
ley vigente a la época en que se inició la presente
acción).
XV- Sugiero imponer las costas de la Alzada a
cargo de la parte demandada, vencida en lo principal (cfr.
art. 68 primera parte del C.P.C.C.N.) y, por las
actuaciones desplegadas ante este Tribunal, regular los
honorarios de las representaciones letradas de las partes
actora y accionada, en el 30% de lo que a cada una le
corresponda por lo actuado en la anterior instancia (arts.
16 y 30 de la ley 27.423).
El Dr. Mario S. Fera dijo: Por compartir los fundamentos,
me adhiero al voto que antecede.
El Dr. Roberto C. Pompa: no vota (art. 125 de la L.O.).
A mérito del acuerdo al que se arriba, el Tribunal
RESUELVE: 1) Modificar la sentencia dictada en la anterior
instancia y elevar el capital de condena a la suma de PESOS
DOS MILLONES CIENTO SIETE MIL QUINIENTOS TREINTA Y UNO CON
SETENTA Y CINCO CENTAVOS ($2.107.531,75.-), que llevará los
intereses establecidos en el Considerando “XI” de la
presente. 2) Confirmar la sentencia de grado en todo lo
demás que decide y fuera materia de apelación y agravios.
3) Dejar sin efecto la imposición de costas y la regulación
de honorarios practicada en la anterior instancia. 4)
Imponer las costas de primera instancia a la demandada. 5)
Regular los honorarios de las representaciones letradas de
las partes actora y demandada, y del Sr. perito contador en
el 16%, 14% y 6%, respectivamente, a calcular sobre el
nuevo monto total de condena (capital e intereses). 6)
Costas de la Alzada a cargo de la demandada. 7) Por las
actuaciones desplegadas ante esta Alzada, regular los
honorarios de la representación letrada de las partes
actora y demandada en el 30% de lo que a cada una le
corresponda percibir por su actuación en la anterior
instancia.
Regístrese, notifíquese y oportunamente devuélvase.
Mario S. Fera Álvaro E. Balestrini
Juez de Cámara Juez de Cámara
Ante mí.
SM
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EDMUNDO BALESTRINI FERA FABIAN MORENO
Date: 2023.07.06 [Link] ART Date: 2023.07.06 [Link] ART Date: 2023.07.06 [Link] ART