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PEDRO Paulet

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PEDRO PAULET

El peruano que inventó


el futuro
PEDRO PAULET El peruano que inventó el futuro
© Álvaro Mejía Salvatierra
© Municipalidad Metropolitana de Lima

Rafael López Aliaga Cazorla


Alcalde Metropolitano de Lima
Oscar Lozan Luyo
Gerente Municipal Metropolitano
Miguel Molinari Portal
Gerencia de Cultura
Richard Chuhue Huamán
Responsable del Fondo Editorial
Sandro Covarrubias Llerena
Responsable de Biblioteca y Archivo Histórico

Primera edición, julio de 2024


Tiraje: 2000 ejemplares

Coordinación ejecutiva: Bryan Mario Lee Gutiérrez González


Diseño y diagramación: Rocío Castillo García
Corrección ortográfica y de estilo: Anderson Álvarez Rosales
Cuidado final de la edición: Claudia Rivero Ramos - Liliane Cheverier Velásquez
Imagen de portada: Fotografía colorizada de Pedro Paulet a fines del siglo XIX. Cortesía:
Museo Aeronáutico del Perú.
Imagen de la presentación: Busto de Pedro Paulet Mostajo, que encabeza la exhibición de
sus bocetos y modelos en la sala Pedro Paulet del Museo Aeronáutico del Perú. Fotografía:
Richard Chuhue, febrero de 2024.
Agradecimientos: Museo Aeronáutico del Perú, Eusebio Icchaccaya, Museo Cementerio
Presbítero Maestro, Roxana Ayvar, Javier Merino.

Hecho el Depósito Legal en la Biblioteca Nacional del Perú n.° 2024-06439


ISBN n.o 978-9972-726-63-7
Todos los derechos reservados. Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta
publicación, por cualquier medio o procedimiento, extractada o modificada, en castellano
o cualquier otro idioma, sin autorización expresa del autor y de la Municipalidad de Lima.

Editado por:
Municipalidad Metropolitana de Lima
Jirón de la Unión 300. Lima, Perú.
www.munlima.gob.pe

Impreso en:
Aleph Soluciones Gráficas
Jr. Risso 580, Lince.
Lima, Perú, julio de 2024
» ÍNDICE

Presentación 7
Prólogo 8

Nacimiento e infancia 13
Influencias 15
El observatorio de Carmen Alto 19
Espíritu multidisciplinario 22
París 25
Motor a reacción 28
Explosivos prohibidos 33
A industrializar el Perú 38
El Paulet germánico 47
Vuelta a Europa 52
1927 54
Alemania, cuna de la astronáutica 59
La huella de Paulet 63
Arquitecto del futuro 65
En el país del sol naciente 68
De nuevo en Perú 77
El legado 83

Bibliografía 88
Índice y procedencia de las imágenes 90
6
» PRESENTACIÓN

Aunque muy poco se ha contado sobre la vida de este genio,


en los 150 años de su onomástico, merece ser recordado como
uno de los principales pioneros de la astronáutica.
Sus estudios en diferentes disciplinas fueron avances
visionarios para su época, que dejaron un precedente
importante para el estudio de la ciencia aeroespacial. Uno de
sus mayores inventos fue precisamente el motor-cohete que,
más adelante, ha permitido al hombre llegar a la Luna.
Pedro Paulet fue un sabio multidisciplinario: arquitecto,
ingeniero, mecánico, químico, economista, diplomático,
periodista, educador e inventor. Además, fue un claro
estadista que analizaba la problemática del Perú, siendo una
de las primeras voces en la propuesta de una descentralización
por medio de vías de comunicación. Representó al Perú como
consejero comercial en la embajada en Argentina y fue cónsul
en Japón, entre otros países, y siempre lo hizo de una manera
excepcional. Un hombre ilustre con gran vocación de servicio,
que buscaba un país con mejor desarrollo y cuyos aportes
trascendieron en el tiempo.
Muchas cosas se pueden decir acerca de Pedro Paulet.
Como peruanos hoy nos toca recordarlo con agradecimiento y
admiración, constituyéndose este texto en un homenaje a su
imperecedera memoria.

Rafael López Aliaga


Alcalde Metropolitano de Lima

7
PEDRO PAULET El peruano que inventó el futuro

» PRÓLOGO

Nací poco antes de que el abuelo falleciera y sé que mi segundo


nombre es Rosa a pedido suyo, en honor a su devoción por Santa
Rosa de Lima. No guardo un recuerdo directo de él, pero he visto
tantas veces, junto a mis hermanos, las fotografías de él y de
mi abuela Louise Wilquet de Paulet, nacida en Bélgica, mientras
oíamos los relatos que nos contaban mi padre —Pedro, como
él—, y mis tíos, en particular la tía Megan, la última de sus hijos.
No puedo ocultar la emoción que he sentido al leer este
libro tan bello. Muchos recuerdos han venido a mi memoria.
Cuántas veces he visto en casa el plano con el diseño del
impresionante Avión Torpedo. Y cuántas veces he oído lo que
el abuelo le decía a Megan cuando era pequeñita: “Un día tú y
yo viajaremos a la Luna”.
Con Megan, me unía una relación estrecha. Megan es
mi tercer nombre. Ella fue mi madrina y yo he sido testigo
de sus esfuerzos por conservar la memoria de su padre, mi
abuelo, atesorando cada testimonio de su paso por el mundo:
fotografías, cartas, postales, dibujos, diseños, recortes
periodísticos e incluso objetos personales. Ella escribió incluso
un pequeño libro de memorias, editado el siglo que pasó y del
que son raros los ejemplares en circulación.
Pedro Paulet, el peruano que inventó el futuro, el libro que tienen
ante ustedes, es un fiel retrato de un hombre extraordinario.
Álvaro Mejía, su autor, ha volcado en estas páginas la admirable
investigación que ha hecho, rastreando y analizando infinidad
de documentos en archivos del país y del extranjero. Como si

8
se tratara de un rompecabezas reconstruido, nos ha narrado
la increíble travesía de un patriota a carta cabal: sus modestos
orígenes en Arequipa, sus ingeniosos lanzamientos de cohetes
de carrizo al pie del Misti, sus inventos sorprendentes en
Francia, sus propuestas de desarrollo para el Perú y, por
supuesto, sus viajes alrededor del mundo, sirviendo al Perú de
sus amores como sagaz diplomático en realidades tan distintas
como las de Francia, Bélgica, Alemania, Noruega, Países Bajos,
Japón y Argentina. Destacan no solo su inteligencia, expresada
en sus obras, sino su modestia sin límites. Cuántas ventajosas
ofertas extranjeras para que vendiera esos proyectos rechazó.
En esta época, algunos dirían que fue demasiado idealista, pero
él tenía una sola pasión: ver al Perú como un país desarrollado,
y no concebía que algo pudiera estar por encima de eso. Y ese
ejemplo nos ha dejado.
A nombre de los Paulet, quiero agradecerle a Álvaro, a quien
consideramos ya un buen amigo de la familia. Y no puedo dejar
de reconocer a la Municipalidad de Lima por la feliz iniciativa
de la publicación de este libro que rescata la obra de mi abuelo,
Pedro Eleodoro Paulet Mostajo. Estoy segura de que el Perú
entero lo recibirá y lo agradecerá con la misma emoción que
nosotros.

Ana Rosa Megan Paulet Galdo

9
PEDRO PAULET El peruano que inventó el futuro

» Postal a José G. Álvarez, fundador del Centro Artístico de Arequipa, 1908.


ÁLVARO MEJÍA

Los científicos estudian el mundo como es,


los ingenieros crean el mundo que nunca ha existido.
(Theodore von Kármán, ingeniero aeroespacial)

Jorge Basadre, nuestro gran historiador, nos dejó una tarea.


En su libro póstumo Peruanos del siglo XX, dijo que, cuando
se escribiera la historia de las ciencias en el Perú, había que
prestarle especial atención al ingeniero Pedro Paulet Mostajo.
A fines del siglo XIX y comienzos del XX, él hizo funcionar el
primer motor-cohete de propelentes líquidos, motor destinado
a emplearse en el Avión Torpedo o Autobólido, el avión-cohete
(antecedente de los jets) que diseñó.
Este trabajo trata de responder al mensaje de Basadre, cuyas
palabras tienen mayor resonancia ahora que se ha puesto
en evidencia la necesidad de que el Perú desarrolle ciencia y
tecnología propias. En ese sentido, se busca resaltar a una de las
mentes más privilegiadas que ha tenido el Perú y, por ironía, una
de las más olvidadas. Este texto ve la luz precisamente en ocasión
de los 150 años de su nacimiento.
A pesar de su talento, Paulet fue un hombre discreto, al punto de
parecer misterioso. Eso ha afectado su credibilidad como inventor
de dichos motores, los cuales han permitido enviar naves y satélites
al espacio. Sin embargo, veremos que el suyo ha sido un diseño
original y hasta más adelantado que los de otros inventores, por
ello, aún se estudia para emplearlo en futuros viajes.
Por si fuera poco, Paulet era un sabio multidisciplinario como
los del Renacimiento. Inventor, arquitecto, artista, diplomático y
consejero de gobernantes fueron algunos de sus oficios. Él quería
inventar —o reinventar— el Perú con proyectos para modernizar
el territorio mediante la industrialización y el comercio, campos
en los que también demostró ser un visionario, como lo prueba la
construcción del megapuerto de Chancay, próximo a inaugurarse,
que él había anticipado hace casi un siglo.
11
PEDRO PAULET El peruano que inventó el futuro

» Pedro Paulet en su niñez en Arequipa, ca. 1880.

12
ÁLVARO MEJÍA

NACIMIENTO E INFANCIA
Pedro Eleodoro Paulet Mostajo nació en la calle San Francisco
s/n, en el centro de Arequipa, Perú, el 2 de julio de 1874.
Fue hijo de Pedro Paulet, natural de Tiabaya, y de Antonina
Mostajo de Paulet, según consta en la partida de nacimiento
479-2011, asentada en el Registro Civil de la Municipalidad
Provincial de Arequipa.
Su padre murió cuando era muy pequeño. Desde entonces,
él y su madre vivieron en el hogar de su tío Santiago Mostajo
Quiroz, ebanista, el más influyente líder del movimiento
obrero-artesanal y padre del célebre escritor y político
Francisco Mostajo Miranda. Este último perdió a su madre
pocos días después de su alumbramiento, por lo que él y su
primo Pedro harían vida de hermanos.
Santiago se casó en 1875, así que Francisco creció al cuidado
de su abuela. Curiosamente, algunos rasgos parecen identificar
más a Pedro con Santiago, y un poco menos con Francisco.
Su tío era un católico ferviente —como lo sería el inventor—,
mientras que su primo era anticlerical. Otra característica fue su
afinidad con el trabajo manual. El historiador Juan Guillermo
Carpio, imaginando la infancia de Francisco, decía que se habría
sentido uno más entre “carpinteros, herreros, joyeros, sastres,
talabarteros, sombrereros y otros que conformaban entonces
la “clase trabajadora”. Estas palabras podrían también describir
a Pedro, quien décadas después, cuando dirigió la Escuela de
Artes y Oficios, la consideraba “la escuela del obrero”. Francisco
recordaría que, desde pequeño, Pedro brilló por su creatividad y
su espíritu curioso. Según Megan Paulet, la menor de sus hijos,
encabezaba en la escuela las expediciones para, por ejemplo, ir
a observar los trenes y su maquinaria, inquieto por saber cómo
se podía producir el movimiento. Francisco añade que parecía
destinado a ser un gran artista autodidacta, pues, desde que
tuvo razón, “dibujó por espontáneo impulso”.

13
PEDRO PAULET El peruano que inventó el futuro

Pedro tenía 6 años cuando Antonina se volvió a casar. Era


1880, el mismo año en que llegó a Arequipa el sacerdote francés
Hippolyte Duhamel, de la orden lazarista. Este fundaría, tras
la guerra con Chile, el colegio San Vicente de Paúl con el fin de
aportar a la reconstrucción moral y material del país, además
de generar entre los niños humildes vocaciones sacerdotales,
pues creía que la crisis que se vivía era de carácter moral. Por
ello, el plantel fue conocido como “la escuela de los pobres”,
para el que Duhamel consiguió que Francia donara un moderno
laboratorio de física y química y una biblioteca actualizada.
Así, revolucionó la educación en Arequipa: alcanzó el nivel de
la europea y promovió el desarrollo de la inteligencia del niño
en vez de apelar al método memorístico. De ahí que pronto las
familias acomodadas de la región buscaran matricular a sus
hijos en la institución.
San Vicente de Paúl formaría a tres generaciones de
gobernantes, científicos y estadistas peruanos. Uno de ellos,
Víctor Andrés Belaunde, quien llegó a ser presidente de la
Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas
en 1959 y 1960, agradeció en sus memorias al francés por
la educación en “sentimiento religioso, disciplina de trabajo,
rigor lógico, precisión matemática, afición a la literatura latina
y francesa, acendrado cultivo de la española, ritmo litúrgico y
sentimiento del paisaje”.
Además de inculcar el amor a Dios a sus alumnos, Duhamel
fomentaba el amor incondicional a la patria y su defensa. De
hecho, fue esencial la educación patriótica que impartía, ya que
encontraba similitudes entre la pérdida de las provincias de
Alsacia y Lorena en la guerra franco-prusiana (1870-1871) y la
ocupación de Tacna y Arica en la guerra del Pacífico (1879-1884).
Inclusive, entre otros deportes, les hacía practicar el tiro al blanco.
Este sacerdote acogió a Pedro al percibir su notable
inteligencia. Francisco, quien compartió aulas en dicha

14
ÁLVARO MEJÍA

institución con su primo durante la formación primaria,


recordaría que a él le reprimían por su antipatía hacia la rigidez
excesiva de los clérigos, y que Pedro era el alumno preferido
del religioso.

INFLUENCIAS
Aunque suele asociarse a Pedro Paulet con los viajes al espacio,
el doctor Jean-Jacques Serra, miembro del Instituto Francés
de Historia del Espacio, afirma que, en la Francia de fines
del siglo XIX, aún se pensaba en poder elevarse del piso y se
intentaba construir motores para naves voladoras, pero no
para viajes interplanetarios. En esa misma línea, el ingeniero
y especialista en cohetería peruano Luis Miguel Rojas Reyes
cree que el inventor habría estado realmente interesado en
la aeronáutica y no en la astronáutica, pues proponía que el
avión-cohete que diseñó, el Avión Torpedo o Autobólido, vuele
a 20 000 metros de altura, es decir, dentro de la atmósfera
terrestre, pese a que los motores-cohete de propelentes
líquidos se usarían para ambos fines. Si esto fue así, ¿de dónde
obtuvo Paulet su inspiración?
En las últimas décadas del siglo XIX, comenzó en Europa un
debate sobre qué aeronaves serían más apropiadas para estos
proyectos: las más ligeras que el aire (los globos aerostáticos
o los zepelines) o las más pesadas (los helicópteros o los
aeroplanos). Además, en Perú, en 1843, se observó el
primer vuelo de un globo. Este atractivo llegó al país debido
a la bonanza de la exportación de guano. Construido por los
hermanos Montgolfier en 1783, en Francia, este invento
inspiró una novela futurista: Lima de aquí a cien años, publicada
por entregas en el diario El Comercio entre 1843 y 1844. Su
autor, Manuel del Portillo, miembro de la logia masónica,
anticipaba un servicio de correo entre Lima y Cusco mediante

15
PEDRO PAULET El peruano que inventó el futuro

globos, así como algunos radicales cambios urbanísticos en la


capital. De esta forma, en este contexto, tanto el vuelo de los
globos como la arquitectura futurista han sido una influencia
en la obra de Paulet.
En Francia, el mayor experto en estas aeronaves,
llamadas mongolfieras en honor a sus creadores, era Camille
Flammarion. Él publicó en 1881 un libro en el que describía
sus vuelos. Por entonces, ya era el mayor divulgador científico
y el mayor astrónomo del mundo. Otro experto destacado fue
Gaspard Félix Tournachon, “Nadar”, quien fue pionero en la
fotografía aérea a bordo de globos. Este motivó a su amigo
Julio Verne (1828-1905) a realizar travesías de este tipo, de
manera que le dio la inspiración para su novela Cinco semanas
en globo (1863).
En 1890, cuando Pedro terminaba la escuela, el inventor
francés Clément Ader hizo volar un aeroplano que recorrió 50
metros. Como se elevó solo 20 centímetros del piso, su ascenso
fue bautizado como el “salto de la pulga”. Sobre estos y otros
adelantos llegaban noticias a los diarios nacionales.
Asimismo, Marcellin Berthelot, el precursor de la
termoquímica y uno de los profesores que tendría Pedro en
la Universidad de París, peleó en la guerra franco-prusiana. Él
orientó todos sus conocimientos a la ingeniería militar en la
defensa de su país y dirigió la división aérea, la cual empleó
globos aerostáticos y contó con la participación de “Nadar”.
En relación con lo militar, Jorge Basadre recoge un hecho
poco conocido. Durante el conflicto bélico con Chile, el capitán
de corbeta Alejandro Sauri, de la Marina de Guerra, concibió
un plan: atacar por aire los buques enemigos atracados en el

» Portada del libro Lima de aquí a cien años, publicado en Imprenta


del Comercio, Lima, 1843.

16
PEDRO PAULET El peruano que inventó el futuro

Callao con globos aerostáticos, desde los cuales se arrojaría


sustancias explosivas. Sin embargo, la escasez de presupuesto
impidió que se concretara el plan.
En 1886, Verne publicó una novela, Robur, el conquistador,
en que el protagonista recibe burlas por defender, ante una
sociedad de globos aerostáticos, las aeronaves más pesadas
que el aire. Aunque es una ficción, se considera un hito, pues le
dio un impulso a la creación de este tipo de naves.
En general, viajar fuera de la Tierra ha sido siempre una
aspiración del ser humano. Escritores como el greco-sirio
Luciano de Samósata (125-181) o el francés Cyrano de
Bergerac (1619-1655) plantearon desde la ficción ideas para
vencer la atracción terrestre. No obstante, las novelas de Julio
Verne, publicadas en plena Revolución Industrial, fueron las
que harían pensar seriamente en que los viajes espaciales
eran posibles. De la Tierra a la Luna (1865) narraba cómo
un gran cañón expulsaba una bala gigante que llevaba en su
interior a tres hombres al espacio. Si bien una persona moriría
carbonizada apenas se produjese el disparo, los cálculos de
aceleración de la astronave y otros elementos se ajustaban a
patrones científicos que Verne había investigado con rigor.
¿Pudo Paulet asociar el cañón de la ficción con los que
vio en la guerra con Chile? Quizá, aunque, según su propia
declaración, la patente del uso de cohetes le corresponde a
Verne por Alrededor de la Luna, continuación del libro anterior
aparecida también antes de que naciera. En este trabajo, los
mismos personajes quedaban atrapados en la órbita de la
Luna, girando infinitamente, hasta que descubrieron que, si se
impulsaban con cohetes, podían escapar y regresar a la Tierra.
De hecho, en su pubertad, empezó a lanzar cohetes de carrizo
y pólvora en las afueras de Arequipa. Él decía que en la Ciudad
Blanca, edificada con lava del antiguo volcán Misti, no había
miedo a los incendios, por lo que era una diversión común en

18
ÁLVARO MEJÍA

todas las fiestas, y él aprendió a fabricarlos. “Desde pequeño


aprendí a confeccionarlos, atando algunas veces a sus ‘guías’
redecillas con objetos”. En buena cuenta, ponía en práctica la
tercera ley de Newton sobre acción y reacción.

EL OBSERVATORIO DE CARMEN ALTO


Tras la derrota en la guerra con Chile, el pensador radical
Manuel González Prada responsabilizó a las clases dirigentes
por la debacle y abogó por el desarrollo de la ciencia para
industrializar el país, y así superar los problemas financieros.
En realidad, era una tarea pendiente. En 1865, casi quince
años antes de la guerra, el economista Manuel Pardo y Lavalle
aconsejaba no despilfarrar los ingresos producidos por el boom
guanero y emplearlos en generar industrias. Pardo accedió en
1869 a la alcaldía de la capital del Perú. Desde la Municipalidad
de Lima, impulsó ese año la primera Exposición Industrial
con el objetivo de exhibir lo que se producía en el país —en
particular, maquinarias— y fomentar la competencia y el
aprendizaje colectivo “para resolver las cuestiones industriales
de la sociedad”.
Entre 1872 y 1876, Pardo ocupó la presidencia de la
República. En este periodo, fundó la Escuela de Ingenieros
(hoy Universidad Nacional de Ingeniería). Murió asesinado
en 1878, y la guerra con Chile, iniciada el año siguiente,
detuvo el inicio del desarrollo industrial del Perú. Después de
este conflicto, la influencia de González Prada provocó que
el Gobierno de Andrés Avelino Cáceres funde, en 1888, la
Sociedad Geográfica de Lima como núcleo de la ciencia y de los
científicos nacionales.
En 1890, uno de ellos, el matemático y astrónomo Federico
Villarreal, recibió a científicos de la Universidad de Harvard,
quienes, luego de varias excursiones entre el Perú y Chile,

19
PEDRO PAULET El peruano que inventó el futuro

eligieron Arequipa para construir el observatorio astronómico


más moderno del hemisferio sur. Su principal impulsor y
director fue el académico norteamericano Edward Charles
Pickering, quien llegó a recaudar un cuantioso presupuesto
mediante donaciones de la Fundación Boyden (creada por
Uriah Boyden), la millonaria y filántropa Catherine Bruce y la
Fundación Henry Draper.
Conocido como el “Observatorio de Arequipa”, “Observatorio
de Carmen Alto” o “Estación Boyden”, y equipado con el
potentísimo telescopio Bruce —que permitió fotografiar los
astros y fundar la astrofotografía moderna—, funcionó ahí hasta
1927, año en que su equipamiento fue trasladado a Sudáfrica. La
contribución de este recinto fue crucial para el desarrollo de la
astronomía porque posibilitó que Henrietta S. Leavitt halle una
correlación entre periodo y luminosidad en un tipo concreto de
estrellas, avance que permitió medir las distancias del universo
más lejano. Para poder aquilatar la trascendencia de este hecho,
se ofrece el siguiente dato: en el 2005, el galardonado escritor y
periodista George Johnson publicó un libro de título elocuente:
Antes de Hubble, Miss Leavitt.
Los astrónomos del observatorio daban conferencias en la
Universidad de Arequipa. Se puede inferir que Paulet se introdujo
en la astronomía moderna por ellos. La actual administradora
de la Casa de Carmen Alto, donde funcionaba el observatorio,
y la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios están realizando
gestiones con la Universidad de Harvard para que el telescopio
Bruce retorne a este lugar y sea un atractivo turístico.

20
ÁLVARO MEJÍA

» Foto panorámica del Bruce Building, observatorio astronómico


de la Universidad de Harvard en Arequipa, ca. 1890-1920.

21
PEDRO PAULET El peruano que inventó el futuro

ESPÍRITU MULTIDISCIPLINARIO
El arte fue otra de las grandes pasiones de Paulet. Era un artista
autodidacta, según Mostajo. En 1888, también por influjo de
González Prada, su tío Santiago Mostajo fundó en Arequipa
la Nueva Sociedad de Artesanos, agrupación mutualista que
reunía a los artesanos y los obreros. Con un alto concepto
de la dignidad de estos, se organizó en 1891 la Exposición
Industrial y Artística, primera manifestación de continuidad y
de ruptura con la Exposición Industrial de Lima. En esta nueva
edición, el peruano fue premiado como artista a los 17 años,
mientras que Santiago fue reconocido por su fino trabajo de
ebanista.
Luego, el muchacho se unió al Centro Artístico de Arequipa,
que se había fundado un año antes y que cubriría con creces
la ausencia de una escuela de artes en la ciudad. En esta
institución, Paulet destacó como acuarelista y escultor
premiado. Además, en sus espacios, interactuó con José Luis
Villanueva, otro artista y astrónomo singular. Era su “alma
gemela”, como decía Mostajo, quien también señaló que ambos
eran herederos de la tradición multidisciplinaria del prócer de
la independencia Mariano Melgar, poeta que había dejado una
declaración autobiográfica en verso:

Desde que mi razón tuvo ejercicio


procuraba adquirir sabiduría,
más que el avaro busca tesoros,
más que el conquistador busca provincias:
poseer, si dable es, todas las ciencias
fue toda mi ambición y mi codicia.

22
ÁLVARO MEJÍA

Otra faceta de Paulet fue la de educador. Francisco Rubén


Berroa, sacerdote y exalumno de Duhamel, recuerda que,
cuando escaseaba el dinero para contratar maestros, el colegio
resolvió encargarle a él y a otros alumnos del último año que
enseñen a los más pequeños, y tuvieron resultados notables.
Como evidencia de su espíritu multidisciplinario, en 1890
decidió ingresar a la Facultad de Ciencias de la Universidad
del Gran Padre San Agustín (como se conocía entonces a la
actual Universidad Nacional San Agustín). Sin embargo,
pese a sus sobresalientes cualidades, la falta de recursos
económicos casi le impide postular. El rector de esta casa de
estudios, quien lo conocía, le pidió al jurado que le tome el
examen correspondiente, el cual rindió de manera brillante,
lo que produjo que la autoridad exclamase: “¡Vean lo que se
enseña en el colegio del padre Duhamel!”. Se matriculó en
abril del mismo año.
Siendo universitario, dos influencias importantes, acaso
contradictorias, iban a marcar el pensamiento del adolescente.
La primera fue la prédica materialista de González Prada, que
por entonces estaba en su etapa radical, todavía no anarquista.
Así, Paulet llegó a integrar la Asociación Patriótica, empeñada
en recuperar Tacna y Arica y cuyo líder era Francisco Gómez de
la Torre, seguidor arequipeño del ensayista.
La segunda tiene que ver con su fervoroso catolicismo. El
siglo XIX fue testigo de la Segunda Revolución Industrial, de
la aparición de dos clases sociales (industriales y obreros) y del
surgimiento de las ideas marxistas. Para frenar el avance de
estas últimas entre los obreros, a fines de ese siglo, Alemania
creó el estado de bienestar, que cubría las necesidades básicas
de la población (alimentación, educación y salud). Casi
en paralelo, en 1891, el papa León XIII publicó la encíclica
Rerum novarum, en la que criticaba tanto la explotación
capitalista de los obreros como el ateísmo comunista. Sentó

23
PEDRO PAULET El peruano que inventó el futuro

así las bases de lo que hoy se conoce como doctrina social de


la Iglesia, fuente de inspiración para Paulet. Según su hija
Megan, incluso pensó en ser sacerdote.
En 1894, Pedro E. Paulet —como firmaría sus obras—
obtuvo el bachillerato en Ciencias, el máximo grado que un
“colegio menor”, como se consideraba por aquella época a la
Universidad de Arequipa, le podía brindar. Postuló a mediados
de 1894 a la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional
Mayor de San Marcos (UNMSM). No pudo ingresar porque no
había llevado dos cursos de ciencias y solicitó a la UNMSM que
se los otorgue; en este contexto, su madre, el único lazo que
tenía con el Perú, falleció.
Como el país buscaba transformarse en una nación
industrializada, los jóvenes más destacados solían viajar a
Europa para formarse. Se suele decir que Paulet recibió una beca
para estudiar en Francia. No obstante, él sostenía que lo había
hecho con sus propios medios. Al respecto, su primo Francisco
Mostajo aclaró que recibió una beca “teórica” —es decir, le
dieron una cantidad de dinero que se acabaría pronto— y que,
aun así, él estaba preparado para ganarse la vida. Por ejemplo,
se desempeñó como profesor de castellano, pues en el colegio
del padre Duhamel aprendió el latín y el francés. También
realizó labores de periodista, corresponsal y caricaturista de
los diarios galos La Petite République y Le Figaro, así como en
distintos medios peruanos. Se puede esbozar la hipótesis de
que recibió dicho dinero de los Goyeneche —familia patricia
de Arequipa—, quizá por gestiones de Duhamel, y que luego,
orgulloso, se esforzó en devolverlo.
En 1895, viajó a Francia, donde Verne aún vivía. Él tenía 21
años, que entonces significaba haber alcanzado la mayoría de
edad, y Verne, casi 70.

24
ÁLVARO MEJÍA

PARÍS
Cuando Paulet llegó se estaba produciendo el debate sobre
cuáles eran las aeronaves más convenientes, las más ligeras o
las más pesadas que el aire. Irónicamente, a los pocos meses,
el físico y matemático inglés lord Kelvin, el más importante
científico de la época, rechazó la invitación de ser parte de
la Sociedad Aeronáutica porque no tenía “ni la más pequeña
molécula de fe” en que una nave más pesada que el aire
pudiera volar. Pese a ello, los inventores, entre ellos Paulet,
continuaron con sus trabajos. Ya luego se demostrará que lord
Kelvin estaba equivocado.
Aparte de ello, se lucían los recién inventados automóviles.
El peruano los describió en notas periodísticas que enviaba a
Lima. En su artículo “El automovilismo”, además de ocuparse
de la historia de estos vehículos, menciona experimentos con
motores para la futura aviación y termina sosteniendo que el
Perú, país de difícil geografía, debía construir carreteras que
permitan la circulación de estos novedosos automóviles para
unir sus diferentes rincones (tarea que cumpliría años después
la aviación). En diciembre de 1895, hizo su debut la máquina
de los sueños: el cinematógrafo, inventado por los hermanos
Lumière. Las proyecciones y filmaciones cinematográficas
llegarían al Perú dos años después. Este era en parte el
ambiente tecnológico que encontró Paulet.
Se sabe que se matriculó en la Escuela Nacional de Artes
Decorativas de París. En ella se enseñaba, en los niveles
elementales, las diferentes técnicas de dibujo y matemáticas,
y, en los niveles superiores, arquitectura y construcción, así
como escultura y anatomía. En 1897, dio otro paso hacia el
dominio de los cielos cuando accedió a ser miembro de la
Sociedad Astronómica Francesa (SAF), presentado por cartas
de dos astrónomos: Émile Bertaux y nada menos que el propio
Camille Flammarion.

25
PEDRO PAULET El peruano que inventó el futuro

» Paulet y su amigo Alberto Rey de Castro en París.


ÁLVARO MEJÍA

En la SAF se estudiaban los astros, aunque no se especulaba


con viajes al espacio, sino que se hacían vuelos en globos
aerostáticos para explorar la atmósfera terrestre. Estas
investigaciones le servirían a Paulet para imaginar una aeronave
con la capacidad de volar a 20 000 metros de altura, muy lejos
de los 20 centímetros de Ader. De hecho, su Avión Torpedo
o Autobólido sería una nave más pesada que el aire. Por ello,
había prestado atención al coronel Henry del ejército francés,
quien había establecido en 1892 que este tipo de inventos
aeronáuticos deberían cumplir los siguientes requisitos: 1)
“Elevarse verticalmente en el aire con una velocidad uniforme
como un globo”; 2) “detenerse y estacionarse al menos varios
minutos a una altura determinada”; 3) “moverse horizontal u
oblicuamente con una velocidad variable y, si es posible, muy
moderada”; y 4) “descender verticalmente como un paracaídas
al disminuir su velocidad para posarse suavemente y sin sufrir
golpes en ningún terreno”. Ahora hacía falta fabricar el motor-
cohete adecuado.
Un dato a tener en cuenta es que, en 1896, Julio Verne fue
llevado a juicio por el inventor Eugène Turpin, su compatriota.
Verne había contado en la novela Ante la bandera (1896), con
nombres cambiados, la historia de este y de un explosivo
fabricado por él, la melinita. Turpin, acusado injustamente de
haber vendido su invento a una nación extranjera, había sufrido
cárcel y se sintió caricaturizado cuando leyó dicha novela. Por
este motivo, demandó a Verne. Tras un arduo juicio, este salió
absuelto. Varios años después se encontró una carta suya en la
que le anunciaba a su hermano que escribiría una obra basada
en el caso Turpin. Más adelante veremos cómo Turpin jugaría
un rol importante en el invento de Paulet.

27
PEDRO PAULET El peruano que inventó el futuro

MOTOR A REACCIÓN
Un motor-cohete es un motor a reacción autónomo, por lo que el
empuje se genera al expulsar una masa en dirección contraria a la
de la generación de la fuerza (como en la tercera ley de Newton).
Paulet se dio cuenta de que la pólvora tenía una combustión de
segundos, pero la potencia que daba era insuficiente para vuelos
prolongados. En un curso libre de química aplicada, accedió
al libro Sobre la fuerza de las materias explosivas, de su futuro
profesor Marcellin Berthelot, y concibió la idea de que el motor
buscado debía aprovechar la fuerza de explosivos líquidos,
aunque todavía no sabía cuáles exactamente.
En noviembre de 1898, se matriculó en el Laboratorio
de Química Práctica e Industrial del Instituto de Química
Aplicada (Institut de Chimie Apliquée, o simplemente ICA)
de la Universidad de París, hoy conocida como La Sorbona,
que por entonces tenía también una Facultad de Ciencias.
Esta escuela había sido creada dos años antes por el químico
Charles Friedel. La carrera duraba tres años: en el primer año,
se enseñaba el análisis de minerales y su preparación; en el
segundo, química orgánica y, en el tercero, se dedicaba a las
aplicaciones industriales.
Paulet contaba que, a inicios del siglo XX, estaba en
debate la cuestión de los motores mecánicos para naves más
pesadas que el aire: “En el instituto nos enseñaban que el
motor a vapor con un rendimiento inferior al 10 %, y ya poco
mejorable, resultaba impotente ante los nuevos progresos.
El motor eléctrico no era transportable [sin la] generación
de la corriente en pesados acumuladores. Y el nuevo motor
a explosión de los flamantes automóviles era entonces
relativamente pesado y complicado para la naciente aviación”.
Una pizca de azar fue necesaria. En abril de 1899, Charles
Friedel murió. Este hecho daría un giro positivo a la formación

28
ÁLVARO MEJÍA

» Maqueta del Avión Torpedo, según el diseño elaborado por Paulet


entre los años 1900 y 1902. Museo Aeronáutico del Perú.

de nuestro connacional, pues, en octubre de ese año, Henri


Moissan fue designado para administrar el laboratorio.
Creyendo que a los estudiantes les faltaba una base teórica,
decidió llevarlos a clases de química dictadas en la Facultad de
Ciencias. Además, introdujo cursos de mecánica y electricidad
industrial. Poder asistir a esas asignaturas permitió que Paulet
tomara contacto con el sabio Marcellin Berthelot, el científico
francés más importante después de Louis Pasteur.
La clave estaba en los explosivos líquidos. Esta era la
idea que guiaba a Paulet. Tras algunas pruebas con diversas
sustancias, Berthelot le recomendó un explosivo usado en la
guerra y la minería que fue patentado entre 1881 y 1882 por
el inventor Eugène Turpin, el mismo que había llevado a Verne
a los tribunales. Eran las panclastitas —del griego pan, que

29
PEDRO PAULET El peruano que inventó el futuro

significa ‘todo’, y clast, ‘romper’; es decir, ‘que rompía todo’—,


que estaban formadas por dos propelentes, un combustible
(gasolina) y un oxidante (peróxido de nitrógeno), los cuales
generaban una potente detonación al entrar en contacto.
Según Rojas Reyes, Paulet, hombre que dominaba varias
disciplinas, trasladó ese invento de la ciencia de los explosivos
a la ciencia de los motores y tuvo la genialidad de dominar su
potencia. En vez de que estallaran en todas las direcciones lo
harían en una única dirección, y en vez de una sola explosión,
logró trescientas pequeñas explosiones por minuto, vale decir,
una inyección intermitente. De ese modo, creó el primer
antecedente de lo que hoy se conoce como motor pulso-
detonante, el cual actualmente se encuentra en vigencia.
No han faltado dudas acerca de si en 1900 había condiciones
para construir un motor-cohete de esas características,
pero Serra afirma que, en esos talleres, el peruano tuvo a su
disposición los medios de síntesis de productos químicos
necesarios y también las máquinas para fabricar los elementos
del motor. Cuando se afirma que este invento pudo haber
emitido un ruido descomunal que alertaría a la vecindad, Serra
responde que esos talleres eran de por sí ruidosos y que se debe
tener en cuenta, además, que Paulet hizo funcionar un prototipo
pequeño del motor con el cual demostraría los principios de los
motores de reacción. Y cuando se dice que un solo hombre no
podría fabricar un motor para el que se requiere dominar varias
disciplinas, el ingeniero Rojas recuerda que Paulet fue un sabio
multidisciplinario.
Ante la necesidad de tener que emplear dos sustancias
químicas líquidas —la gasolina como combustible y el peróxido
de nitrógeno como comburente u oxidante—, Paulet diseñó
un motor que imitaba la estructura de un motor de automóvil.
Él estaba seguro de que “el problema quedaría solucionado
utilizando las fuerzas explosivas no en cilindros cerrados

30
ÁLVARO MEJÍA

» Motor-cohete, esquema realizado por James Wyld (1947).


PEDRO PAULET El peruano que inventó el futuro

impeliendo un pistón y con su complejo de los ‘cuatro tiempos’,


sino en cohetes con constante inyección de carga explosiva”.
En el motor de automóvil, el combustible es también la
gasolina, pero el comburente u oxidante es el oxígeno proveído
por el pistón. Paulet descartó el pistón y lo reemplazó por un
segundo tanque para el peróxido de nitrógeno. Esta decisión
tendría repercusión en el futuro: en los viajes al espacio, en los
cuales no hay oxígeno ni, por tanto, combustión.
Para evitar malas interpretaciones, dejemos que él mismo
describa sus ensayos: “Mis experiencias más definitivas
fueron hechas con cohetes de acero vanadiado, entonces
una novedad, y con las panclastitas que acababa de inventar
Turpin, el autor de la melinita. En la parte superior de
este cohete metálico con interior cónico, y que mide unos
10 cm de alto por 10 cm de diámetro en la base abierta, se
introducía, por conductos opuestos y provistos de válvulas
con resortes, el vapor de peróxido de ázoe, por un lado, y
la bencina de petróleo, por otro. La chispa eléctrica de una
bujía parecida a la de los automóviles y colocada a media
altura en el interior del cohete determinaba la explosión”. Al
respecto, es importante aclarar que “peróxido de ázoe” es la
denominación antigua del peróxido de nitrógeno, el mismo
que, por medio del principio de equilibrio químico, equivale
a tetraóxido de nitrógeno, como suele figurar en la literatura
anglosajona contemporánea.
El primer dispositivo en que Paulet aplicó su motor fue la
Girándula Motriz, la cual no era una turbina de avión, como
se puede pensar, sino un motor industrial. “Consistió en una
rueda de bicicleta provista de dos cohetes alimentados por
tubos unidos a los radios, por los cuales la carga venía de una
especie de carburador fijo colocado cerca del eje, con un anillo
de agujeros por donde entraba la carga explosiva a dichos tubos
cada vez que su boquilla pasaba por uno de los agujeros”.

32
ÁLVARO MEJÍA

EXPLOSIVOS PROHIBIDOS
Paulet contaba que tuvo que poner fin a sus ensayos porque
en el laboratorio ocurrió un accidente del que no dio detalles.
El doctor Camille Chabrié, subdirector del instituto, prohibió
los experimentos con explosivos, pues la Policía se mostraba
suspicaz a raíz de algunos atentados anarquistas ocurridos
por esa época. En mayo de 1890, un grupo de refugiados
rusos había sido detenido cuando la Policía parisina encontró
en su residencia contenedores de formas sospechosas y las
panclastitas. Les acusaron de fabricar bombas. En su defensa,
uno de ellos, un estudiante de medicina llamado Lavrenius, dijo
que lo que estaba haciendo era fabricar un propulsor para globos
a base del producto químico de Turpin. Incluso había comentado
a algunos colegas sobre su proyecto y había mostrado sus planos
a uno de sus profesores. Su abogado recordó los experimentos
con propulsores explosivos del francés Buisson, que le costaron
la vida, y del rumano Ciurcu. Así, esgrimió el argumento de la
discriminación racial contra Lavrenius: “¿No tendría mi cliente,
por el solo hecho de que es ruso, el derecho de ocuparse del trabajo
químico?”. A pesar de su defensa, los jueces lo sentenciaron a
tres años de prisión. ¿Es posible que este hecho explique por
qué Paulet guardó en secreto su invento? ¿Temía enfrentar un
proceso judicial? ¿Le habría convenido hacer una patente de un
motor basado en un explosivo inventado por Turpin?
A propósito de su diseño del Avión Torpedo, cuyos planos
exteriores están fechados en mayo de 1902 en Amberes, ciudad
belga, cabe considerar que este nació después de haberse
probado el funcionamiento del motor-cohete. Era lógico, pues,
preguntarse lo siguiente: ¿qué sentido tendría haber diseñado
un avión sin saber cómo propulsarlo? El motor exigió, explicaba
Paulet, transformar radicalmente “la estructura y la forma de
los aviones ya conocidos”. De este modo, su avión tendría dos
piezas fundamentales: 1) un ala pivotante en forma de delta,

33
PEDRO PAULET El peruano que inventó el futuro

» Avión Torpedo (mayo de 1902), positivado de placa de vidrio.

34
ÁLVARO MEJÍA

35
PEDRO PAULET El peruano que inventó el futuro

acabada en punta para cortar el aire y que llevaría a cada lado


de su base un clúster de 36 motores-cohete; y 2) una cabina de
forma ovoide para proteger a su tripulación.
Inspirado en las propuestas del coronel Henry, nuestro inventor
afirmaba que el avión perfecto, como consideraba al Avión
Torpedo, debía tener lo siguiente: 1) “Elevarse verticalmente”;
2) “detenerse en cualquier punto de la atmósfera”; 3) “poder
volar a más de 20 000 metros de altura”; 4) “poseer un exterior
indeformable por los agentes atmosféricos y un interior
confortable para un gran número de pasajeros y un gran peso de
mercancías”; y 5) “descender verticalmente”. Varios años después,
incluiría entre estas funciones la de ser submarino. Justamente,
en ese tiempo, Verne publicó su última novela, Dueño del mundo
(1904), en la que el villano viajaba en una nave capaz de volar y
sumergirse llamada el Espanto. Es preciso indicar que no se sabe
si Verne y Paulet llegaron a tener contacto.

» Carta de Paulet a Teodoro Elmore hablando de submarinos, 1909.

36
ÁLVARO MEJÍA

» Paulet en uniforme diplomático, 1903.

37
PEDRO PAULET El peruano que inventó el futuro

Otra razón para ocultar este invento tiene que ver con las
formalidades que debía mantener por su ingreso al cuerpo
diplomático. En 1899, el ingeniero Eduardo López de Romaña
fue elegido como presidente del Perú, lo que dio inicio al
periodo de la República Aristocrática. López de Romaña había
sido el primer benefactor del colegio del padre Duhamel y
posteriormente fue director del Centro Artístico de Arequipa.
Él y Paulet se conocían. De hecho, en su mandato, nombraron a
Paulet, aun sin concluir sus estudios en La Sorbona, como uno
de los delegados peruanos en la Exposición Universal de París
de 1900, que tuvo lugar entre abril y noviembre de ese año.
En diciembre, le confió el cargo de canciller en el Consulado
General del Perú en París.
Paulet obtuvo su título de ingeniero químico en junio de
1901. Calificaron que su rendimiento estuvo “muy bien”.
Incluso Chabrié le felicitó: “El señor Paulet dejará, además, en
nuestra memoria, el recuerdo de un hombre leal, laborioso,
inteligente y capaz de ocupar en el futuro los más altos cargos
científicos”. En ese mismo mes, se hizo miembro de la Sociedad
Química de París, respaldado por Chabrié y por Moissan. Este
último ganaría el Premio Nobel de Química en 1906, un año
antes de fallecer.

A INDUSTRIALIZAR EL PERÚ
En 1904, el nuevo presidente del Perú, José Pardo, recogió la
bandera en pro de la industrialización propuesta por su padre,
Manuel Pardo, y decidió reabrir la Escuela de Artes y Oficios,
que estaba cerrada desde la guerra con Chile. Convocó a
Paulet para dirigirla y formar a los técnicos que los ingenieros
peruanos demandaban para aquella magna tarea. Le encargó
recorrer Europa con el fin de encontrar y contratar profesores
idóneos. En esos viajes, por pedido de los Goyeneche, también

38
ÁLVARO MEJÍA

estudió la constitución de algunos hospitales europeos como


modelos para el futuro hospital que llevaría por nombre este
apellido, que se iba a construir con una donación de esta
familia acaudalada. Paulet diseñó el plano. Se cree que esta
fue la oportunidad que tuvo para devolverle el favor de aquella
beca “teórica” que le habrían dado anteriormente, además
de manifestar su amor por Arequipa. “Innecesario es decirle
que este plano lo haré gratuitamente y sin otra recompensa
que la de obtener que el plano del hospital Goyeneche de
Arequipa no sea firmado por un italiano o un francés, sino
por un arequipeño”, le escribió en 1905 a José A. Vivanco,
representante de los Goyeneche.
En mayo de 1905, Paulet llegó con los profesores y reabrió
la Escuela de Artes y Oficios. Al estilo del hombre espartano,
vivía en el local de la escuela, ubicado en la avenida Grau, pero
no sin ciertas comodidades, como correspondía a alguien
que había alcanzado su estatus. Por ejemplo, le otorgaron la
posesión de un automóvil, uno de los pocos que había en Lima
y que él habría traído en barco desde Europa. “Como alumno,
y en clases superiores, estaba Catter que, ‘sudando tinta’,
conseguía hacer funcionar el motor del automóvil del director,
Sr. Paulet. Ese carro fue el primer ‘coche sin caballos’ que vi
y estudié”, narra Carlos Martínez de Pinillos, un brillante
aviador que estudió ahí.
En 1905, Paulet se inscribió en la Sociedad Geográfica de
Lima y en la Sociedad de Ingenieros del Perú (al directorio
de esta llegaría en 1910) y comenzó múltiples actividades en
favor del país. Una de ellas fue supervisar la construcción
del hospital Goyeneche, a cargo de Vivanco. Para controlar el
avance de esta obra, eventualmente hacía viajes de dos días
en barco entre Lima y Arequipa, los cuales se anunciaban en
la prensa. Mostajo decía que lo mejor de ese hospital fue la
capilla, una obra de arte que permitieron diseñar y construir

39
PEDRO PAULET El peruano que inventó el futuro

» El director, Sr. Pedro Paulet, y el primer cuerpo de profesores de la


nueva Escuela de Artes. Revista Ilustración Peruana, julio de 1909.

» Paulet en la directiva de la Sociedad de Ingenieros del Perú. Revista


Ilustración Peruana, enero de 1910.
ÁLVARO MEJÍA

con libertad a Paulet. También, este ingeniero había


planificado un nuevo mercado para esta provincia, que sería
el de San Camilo, aunque tuvo trabas burocráticas e injurias
que despertarían en él un fuerte resentimiento. A inicios de
1906, en coautoría con el prócer de la medicina Manuel O.
Tamayo Möller, amigo suyo desde la infancia en Arequipa,
expuso un monumental proyecto de hospital de mujeres. Se
cree que una de las secciones de esta iniciativa fue la base
del actual hospital Loayza, ubicado hoy en la avenida Alfonso
Ugarte, Lima.
Con todo ello, se evidencia que, desde inicios del siglo XX,
Paulet promovió la industrialización del Perú y su expansión
comercial; en este caso, proponía declarar nuestro litoral como
la cuarta zona del Perú y construir la carretera transoceánica
con Brasil. Asimismo, sugería empezar por el desarrollo de una
industria militar que posteriormente podría orientarse hacia
el ámbito civil, como ocurre hoy en día. Dicho sea de paso,
el inventor sabía que, sin una base industrial, era imposible
construir su aeronave; no hay que olvidar que los hermanos
Wright hicieron volar su aeroplano de tela y madera en 1903
para pena de lord Kelvin.
En 1907, le escribió al ministro de Guerra y Marina, el
general Pedro Muñiz Sevilla, para informarle que prepararía
un anteproyecto para militarizar la escuela con el fin de que,
en caso de conflicto —la mayoría de nuestras fronteras no
estaban cerradas—, las Fuerzas Armadas cuenten con técnicos.
Inclusive, impuso un régimen militarizado “que marchaba
a toque de corneta”, como recordaría Martínez de Pinillos.
Por esta razón, en 1910, el senador Joaquín Capelo diría en
el Congreso de la República: “Justamente, porque la Escuela
de Artes y Oficios forma al técnico, es decir, al intermediario
entre el obrero y el ingeniero, es que es simpática esta escuela;
justamente, porque desempeña ese papel, cuenta con las
simpatías del Perú entero”.
41
PEDRO PAULET El peruano que inventó el futuro

» Paulet con la primera promoción de técnicos de la Escuela de Artes


y Oficios, 1910.

Con respecto a su oficio periodístico, dirigió el diario oficial


El Peruano desde 1907 hasta 1910, y en este mismo último año,
la revista Ilustración Peruana, en la cual empezó a difundir los
avances tecnológicos. En 1909, fue fundador y directivo de la
Sociedad en Pro de la Marina, creada por marinos y civiles de
prestigio para, según palabras de Paulet, “fomentar la afición
de los peruanos por las cosas del mar en general y dotar al Perú
de nuevas y modernas unidades navales”.
En una carta de setiembre de 1909 dirigida a otro directivo
de Pro Marina, el ingeniero Teodoro Elmore, Paulet describía
un submarino diseñado para fines militares. Creía que el
destino del Perú estaba ligado al mar: en el periodo colonial,
España descuidó sus posesiones peruanas y no renovó su flota
de guerra, por lo que fue avasallada por la del Reino Unido;
y que, en la independencia, esto no se hubiera producido si

42
ÁLVARO MEJÍA

» “Hay que armarse”. Dibujo de Paulet para el boletín Pro Patria, 1909.
PEDRO PAULET El peruano que inventó el futuro

Brown, O’Higgins, Cochrane, Guise y otros no hubieran


destruido primero la flota real. Además, en esa misma época,
comenzó el predominio marítimo chileno, que supo quebrar a
la flota peruana en la guerra del Pacífico, lo que nos redujo a un
territorio bloqueado.
Este contexto evidenció la necesidad de contar con una
poderosa marina de guerra y una solvente marina mercante,
pues “la mejor marina de guerra es impotente sin un buen
acompañamiento de buques mercantes con la misma bandera,
por un lado, y por otro, sin buenos puertos, buenos astilleros y
buenos almacenes”. Por ello, en su momento, Paulet celebró la
creación de la Compañía Nacional de Vapores y la construcción
del dique flotante del Callao.
Con respecto al tema de los obreros, con los que Paulet alternó
en su infancia, consideró que era necesario proporcionarles
viviendas baratas, pero no por un motivo filantrópico, señala el
investigador Juan Carlos Callirgos. Mejorar sus condiciones de
vida era indispensable para que la “maquinaria social”, hecha
de componentes individuales, funcionara bien y el desarrollo
de la industria sea eficiente.
En 1910, la Municipalidad de Lima, bajo el mandato de
Guillermo Billinghurst, quien años después sería presidente
de la República (el primer presidente populista, apodado
“Pan Grande”), organizó un concurso de proyectos de casas
baratas para obreros. Paulet compitió. Expuso su proyecto de
viviendas basadas en el modelo alemán y exhibió fotografías de
su autoría. Ganó la medalla de oro. Los predios se adjudicaron
a los beneficiarios por sorteo entre los integrantes de la
Asamblea de Sociedades Unidas y la Confederación General
de Artesanos. En pleno certamen, Billinghurst dijo que estas
casas constituirían un barrio de cien unidades y que contarían
con los servicios municipales necesarios. El diseño de este
también fue realizado por Paulet.

44
ÁLVARO MEJÍA

» “Los premios municipales”. Revista Variedades, julio de 1910.

45
» “Casas para obreros”. Revista Variedades, julio de 1910.
ÁLVARO MEJÍA

El arquitecto Wiley Ludeña, el primero en ocuparse de este


proyecto, describe la propuesta como innovadora, pues las
viviendas para los obreros tomaban como ejemplo los nuevos
conceptos y métodos constructivos utilizando terrenos de
15 por 5 metros de superficie (75 m²). Se planeaba construir
dos modelos de casas que constarían de sala, comedor, un
dormitorio, un baño, cocina e incluso un pequeño patio
trasero. Además, no se utilizaría el barro quincha, que eran lo
habitual en las viviendas populares, sino cemento, hormigón,
revestimiento en yeso e incluso decoraciones con pintura al
óleo. Las casas diseñadas por Paulet fueron culminadas bajo
la supervisión del ingeniero Ernesto Gianella en un “tiempo
increíble de 30 días y el costo final fue de 250 libras peruanas”.

EL PAULET GERMÁNICO
En Europa, el inventor peruano había constatado que, desde la
guerra franco-prusiana, Alemania era el país de la técnica. En
esa misma línea, el primer director del Instituto de Química
Aplicada, Charles Friedel, alsaciano de origen, buscaba mejorar
el nivel de este establecimiento porque creía que Alemania les
estaba superando. “No he ocultado ni oculto mis simpatías
por los métodos y sistemas germánicos”, escribió Paulet en su
informe de 1906 sobre cómo organizó la Escuela de Artes y
Oficios.
De hecho, declaró que hubiera preferido contratar profesores
alemanes, pero que trajo profesores franceses y belgas porque,
al ser francófonos, se adaptarían mejor al sesgo francés que
predominaba en la educación peruana. No obstante, en
1908, pidió que se sustituya la educación técnica francesa
por la que era impartida en Suiza o Alemania porque era “el
tipo que más conviene a las variadas necesidades de nuestra
naciente industria, a nuestra escasez de recursos y a nuestra

47
PEDRO PAULET El peruano que inventó el futuro

poca densidad de población”. Planteó que “como no estamos


rodeados, como en Suiza o Alemania, de numerosas fábricas
donde ejercitar la práctica antes, durante o después de los
estudios, [era necesario] suplir esta deficiencia convirtiendo
gradualmente nuestros talleres en talleres de estado a
producción real e intensa”.
Fue un gesto audaz, dado que en el Perú había, desde 1896,
una misión militar francesa para modernizar el Ejército.
Mientras tanto, en Chile, país rival, había una misión militar
alemana desde hacía un año con el mismo fin. Así, el conflicto
franco-prusiano se reproducía en Sudamérica, y esto habría
influido en la decisión del Gobierno de no acoger los proyectos
de Paulet, como el de impulsar una industria química, pese
a que abogaba públicamente por la paz entre dichos países
europeos.
En 1908, el inventor peruano Carlos Tenaud, hijo de una
familia adinerada, ofreció al Gobierno de Pardo, para su
fabricación, el diseño de un aeroplano que había esbozado tras
estudiar el vuelo de las aves. Para su desarrollo, Pardo lo derivó
a la Escuela de Artes y Oficios poco antes de dejar la presidencia
a su sucesor, Augusto B. Leguía. Este proyecto consistía en una
aeronave de “aspecto singular”, evoca Martínez de Pinillos,
quien pudo verlo en los talleres de la Escuela de Artes y Oficios.
“La máquina me subyugaba, recuerdo su asiento de bicicleta.
Ave rara, porque, además de faltarle plumas a sus alas y a su
cuerpo, reemplazadas por una piel membranosa como la del
murciélago, era compleja, con tirantes y motor; carecía de la
sencillez de las aves verdaderas. Este era un pájaro quieto,
siempre inmóvil y bastante grotesco, a diferencia de las otras
que tan grácilmente vuelan”, decía el aviador.
En marzo de 1909, Tenaud intentó elevarlo, pero, tras dar unos
saltitos, su aeroplano cayó de lado. En setiembre de ese año, en
medio de nuevas tensiones con Chile, él y Paulet polemizaron por

48
ÁLVARO MEJÍA

escrito sobre la conveniencia de invertir en aeroplanos. Nuestro


ingeniero, miembro del Aeroclub de Francia desde junio, creía
que las hélices eran un pobre invento; y los aeroplanos, “frágiles
cometas”. Paulet advirtió que el Perú pasaba por una severa
crisis económica y proponía, para invertir juiciosamente, crear
un servicio militar aéreo basado en globos porque serían capaces
de avistar tropas, barcos y hasta submarinos enemigos. Tenaud
descalificó los globos, pero Paulet consideraba que su uso sería
temporal hasta que pasara la crisis. También sugirió la creación
de un espacio —que a la larga sería la Liga Pro Aviación—
donde los inventores nacionales expondrían sus inventos de
manera democrática. En ese momento, seguía manteniendo en
secreto su aeronave, pero, en un artículo periodístico, deslizó
un asombroso y acertado pronóstico sobre algo que sucedería
décadas después en la aviación: las hélices serían reemplazadas
por turbinas; y estas, por cohetes.
A inicios de 1910, luego de graduarse en la Escuela Superior
Aeronáutica de París, el barón coronel Félix D’André, de la
misión militar francesa, regresó al Perú. Este era director de la
Escuela Militar de Chorrillos y esposo de Manuela de Althaus,
prima de Tenaud. El disgusto que el “germánico” Paulet provocó
entre los miembros de esta misión —y en particular a D’André—
le habría costado el puesto de director en Ilustración Peruana,
cuyo propietario, el portugués Manuel Moral, empresario que
cuidaba sus buenas relaciones en política, lo reemplazó nada
menos que por su amigo Clemente Palma. Este hecho provocó
que el literato y el ingeniero rompieran “pajita”, como relató en
una carta el padre de este escritor, don Ricardo Palma.
Por otro lado, en marzo de ese año, los peruanos Jorge Chávez
y Juan Bielovucic, primos de Tenaud, eran sensación en Europa,
pues superaron récords de altura y distancia, respectivamente,
con sus aeroplanos. Así pues, como quería Paulet, la pasión por
la aviación despertó en el Perú. Debido a sus éxitos, Chávez fue

49
PEDRO PAULET El peruano que inventó el futuro

» “La guerra y la navegación aérea”. Revista Ilustración Peruana,


octubre de 1909.

invitado a capacitar a los aviadores peruanos y él aceptó. Más


tarde, el 8 de setiembre, D’André dio una entrevista al diario
La Prensa en la que explicó su plan. Este consistía en importar
aeroplanos de Francia para aplicarles un invento que él había
desarrollado en su país: la metralleta aviatriz. Evidentemente,
esto era lo opuesto a una industria nacional. Lo más llamativo
fue que el periódico lo calificaba como el único experto en
aviación en el Perú. Por coincidencia, un día después, Tenaud
era nombrado profesor de aeronáutica en la Escuela de Artes y
Oficios, y el Gobierno lo enviaba a capacitarse como piloto en el
Aeroclub de Francia.

50
ÁLVARO MEJÍA

Al mismo tiempo, la Escuela de Artes y Oficios era acosada,


como revelan las palabras del senador Joaquín Capelo ante el
Congreso, quien señaló una manera de pensar muy difundida
entre los peruanos: “Parece que no se acepta con gusto, por
ciertos espíritus, que entre el ingeniero y el obrero exista el
técnico, de manera que o se obliga al técnico a ser ingeniero o se
le obliga a ser obrero, pero no se acepta que sea técnico. Esto de
saber hacer una cosa sin llevar el título de ingeniero es cosa que
no se quiere admitir. Se prefiere que se lleve el título, aunque no
se sepa hacer nada”.
Diez días después de la entrevista a D’André, el 18 de
setiembre, La Prensa publicó una entrevista a Paulet, quien,
rompiendo el secreto, dio a conocer que su Avión Torpedo
sería de cuerpo metálico —los aeroplanos vigentes eran de

» Paulet presenta su avión en 1910. La Prensa, 18 de setiembre de 1910.

51
PEDRO PAULET El peruano que inventó el futuro

tela y madera—, de ascenso y descenso verticales y que estaría


impulsado por motores químicos. En la misma conversación,
se explayó en la formación de una fuerza aérea con el objetivo
de lograr el “dominio de los cielos” y también la creación de
la sección de aeronáutica de la Escuela de Artes y Oficios, que
tendría como fin fabricar y reparar aeronaves. Este sería el
primer paso para la ansiada industria. Por último, añadió que
la patente de la idea del uso de cohetes le correspondía a Julio
Verne en su Alrededor de la Luna.
Cinco días después de esta impresionante noticia, el 23 de
setiembre, Chávez concentró las miradas del mundo porque
sobrevoló los Alpes, aunque, faltando poco para aterrizar, su
nave cayó. Él, herido, murió cuatro días después. El Aeroclub
de Francia le otorgó una medalla de oro, la misma que le daría
a Charles Lindbergh por cruzar el Atlántico en aeroplano en
1927 y a Neil Armstrong por llegar a la Luna en 1969. Inclusive,
Hugues Le Roux, periodista francés, señalando que nadie había
hecho tal hazaña antes, describió a Chávez como “un joven del
siglo XX cruzando por la ruta azul encima de aquellos Alpes
por donde se arrastraron César y Napoleón”. Por su parte, el
Perú creó la Liga Pro Aviación, de la que Paulet tomaría parte
activamente. Esta institución adoptó definitivamente los
aeroplanos.

VUELTA A EUROPA
Ante la muerte de Chávez, la Liga Pro Aviación convocó a
Bielovucic. El 15 de enero de 1911, en el hipódromo de Santa
Beatriz, en Lima, este, por primera vez, hizo realidad el vuelo
de un aeroplano. Profesores y alumnos de la Escuela de Artes y
Oficios fueron testigos de este hecho histórico, así como también
lo serían los de la escuela de aviación que fundó Bielovucic, la
cual tendría su primera sede en dicho hipódromo, y luego en el
Callao. Pese a estos avances, el desarrollo de una fuerza aérea
52
ÁLVARO MEJÍA

y de una industria se vio truncado por un desacuerdo entre el


Gobierno y Bielovucic, quien luego se fue del país.
El 1 de julio de 1911, Paulet renunció al Estado. En una carta
a Vivanco, explicó sus razones: “Yo me sentía abrumadísimo
de trabajo, sin provecho de ninguna clase para mí, sin poder
jamás economizar un centavo. (...) Justamente, a los seis años
precisos de que fundé la escuela, creí oportuno renunciar
acompañando certificados médicos que atestiguaban que, con
seis meses más de la vida que llevaba, se me declararía la úlcera
al estómago. El Gobierno tuvo que aceptarme la renuncia”.
También, le expresó su deseo de volver a Europa, “pues aquí no
hay trabajo para un hombre en mis condiciones (…) y quiero
encontrar pronto mi situación en Alemania, que es donde
tengo posibilidades más seguras”. Aunque sus propuestas no
fueron atendidas, él no abandonó sus convicciones. En una
carta de ese año al empresario minero Eulogio Fernandini, le
daba a conocer su intención de hacer todos los esfuerzos para
concretar una industria química. Y en setiembre de ese año,
viajó a Europa, no a Alemania, sino a Francia, donde formaría
una familia y se dedicaría a asuntos privados.
Así comenzó la “década perdida de Paulet”, de la cual se
sabe poco, como que dirigió la editorial Michaud en París, que
fabricó juguetes de su invención en Londres a base de principios
científicos y que publicó artículos en diversas revistas. En uno de
ellos, titulado “Francia y el islam” (1916), exhibiendo su capacidad
de geoestratega, afirmó que Francia deseaba ser una “potencia
musulmana”. Decía que, aun con la ley de separación del Estado
y la Iglesia (1905) —por la cual había confiscado propiedades
a la Iglesia católica—, Francia financió la construcción de
mezquitas, incluso en París, lo cual era verdad, porque lo hacía
en agradecimiento a sus excolonias africanas que combatían bajo
bandera francesa en la Primera Guerra Mundial. Precisamente,
en este conflicto, los aeroplanos tendrían su momento estelar, así
como las panclastitas de Turpin, que se lanzaron como explosivos

53
PEDRO PAULET El peruano que inventó el futuro

desde aviones en vuelo. Así que los estudios de Paulet tenían que
esperar una mejor ocasión para seguir desarrollándose.
Posteriormente, en 1921, Augusto B. Leguía, en su segundo
gobierno, lo encontró a orillas del río Támesis, según Mostajo.
En ese nuevo mandato, conocido como la Patria Nueva, Leguía
pretendía ser el modernizador del Perú y le pidió a Paulet volver
a servir al país, pero el inventor habría puesto como condición
quedarse en Europa para seguir estudiando. Entonces, este
presidente lo nombró cónsul en Dresde, Alemania; y por amor
al Perú, Paulet habría abandonado sus prósperos negocios para
ocupar cargos diplomáticos y representar a la nación en eventos
relacionados con la ciencia.
Dos años después, en 1923, el científico rumano-alemán
Hermann Oberth publicaría en formato de libro su tesis
doctoral, la cual había sido descartada por sus profesores de la
Universidad de Heidelberg. En esa investigación, demostraba
matemáticamente que era posible viajar por el espacio con
motores de combustible líquido, el único capaz de impulsar
una nave hasta hacerla salir de la atmósfera terrestre y llevarla
a través del espacio exterior, donde no había gravedad. Sin
embargo, los científicos de la clase dominante alemana no solo
lo ignoraron, sino que también lo denostaron, porque estaban
seguros de que los viajes espaciales constituían una quimera.
Sobre este punto, ya se sabe lo que pasó con el científico inglés
lord Kelvin, así que faltaba pasar a los hechos.

1927
En enero de 1927, falleció el francés Eugène Turpin, inventor
de las panclastitas, por lo cual Paulet pareció sacarse un peso
de encima. En julio de ese mismo año, después de que el
norteamericano Charles Lindbergh cruzó el océano Atlántico
desde Nueva York hasta París en aeroplano —con un tiempo de

54
ÁLVARO MEJÍA

» Max Valier y su proyecto de avión-cohete. El Comercio, julio de 1927.

33 horas y media—, nació la Sociedad para Vuelos Espaciales


(Verein für Raumschiffahrt o VfR). Este grupo de entusiastas
de los viajes al espacio cerró filas en torno a los postulados de
Oberth con el fin de aplicarlos.
El más apasionado fue el inventor y reputado divulgador
científico Max Valier, quien desde 1925 venía difundiendo
los adelantos aeroespaciales, especialmente las ideas de aquel
científico rumano-alemán, en un libro titulado El avance en el
espacio. En ese sentido, se puede afirmar que Oberth era el líder
moral, mientras que Valier era el hombre de acción. Por iniciativa
propia, este viajaba por todo el país y daba conferencias con el

55
PEDRO PAULET El peruano que inventó el futuro

fin de encontrar nuevos adeptos, sobre todo financistas, para


los viajes espaciales. Les explicaba su plan: probar cohetes en
automóviles, luego en aviones y finalmente en naves espaciales,
además de fabricar un motor-cohete de combustible líquido.
El 24 de julio de 1927, El Comercio publicó una entrevista
a Valier que estaba dando la vuelta al mundo. En esta, este
entusiasta hablaba de un avión-cohete que batiría el récord
de Lindbergh: un vuelo de Berlín a Nueva York en menos de
dos horas. Como puede suponerse, era otro golpe publicitario,
pues su propuesta apenas estaba en diseño. Paulet, al ver que
un diario de su país daba cabida a un avión-cohete extranjero,
envió al medio de comunicación una carta fechada el 25 de
agosto de ese año.
Luego de unos meses, el 7 de octubre de 1927, El Comercio
publicó esa misiva, en la cual Paulet reivindicaba su proyecto de
avión-cohete “ideado y estudiado por el suscrito hace 30 años,
cuando era estudiante en el Instituto de Química Aplicada en la
Universidad de París. Tal proyecto mío es, por tanto, anterior
a la construcción de los modernos aeroplanos”. No perdamos
de vista que, tres días después, Argentina inauguró la Fábrica
Militar de Aviones, razón por la cual Paulet habría estado
tratando de que el Perú industrialice su aeronave, sobre todo
cuando el país continuaba con la búsqueda de una salida a la
ocupación chilena de Tacna y Arica.
En esa misma carta, Paulet aseguró que el diseño de su
avión era superior al de Valier. Argumentó que el modelo de
este extranjero, con su forma de obús y sin algo como el ala
pivotante del suyo, obligaría a sus ocupantes a hacer piruetas al
perder altitud. También aseguró que la forma ovoide era la más
apropiada para proteger el accionar del piloto. “Disponiendo
así de baterías inferiores y ecuatoriales de cohetes, cuya
inclinación podría además variarse, sería fácil dirigir vertical,
horizontal y oblicuamente ese móvil, contrarrestar cualquier

56
ÁLVARO MEJÍA

» Carta de Paulet detallando su avión-cohete. El Comercio, octubre


de 1927.

capricho contrario al fluido ambiental, defenderse en el espacio


y descender a plomo”, indicó.
Así, el Avión Torpedo despegaría verticalmente —concepto
adelantado en cincuenta años— gracias a un ala delta pivotante
con cohetes en la base, que facilitaría pasar al vuelo horizontal
o diagonal. Aun con estas precisiones, él no se consideraba
inventor del avión porque no había podido hacerlo realidad. Con
humildad proverbial, declaró que buscaba “llamar la atención de
los técnicos e inventores de nuestro país sobre este importante
asunto. (…) En efecto, lo que por desgraciadas circunstancias no

57
PEDRO PAULET El peruano que inventó el futuro

he podido lograr bien puede obtenerlo, para gloria y provecho


del Perú, algún otro compatriota mejor provisto. Lo necesario
es que precise bien el problema y que utilice adecuadamente los
elementos cada vez mejores que brinda la técnica moderna”.
Mientras esperaba una respuesta —que no llegaba— del
Estado peruano, su carta tuvo gran impacto en la Sociedad
Astronáutica Alemana. No por su avión, que debía volar solo a
20 000 metros de altura, sino por la descripción de su motor-
cohete de propelentes líquidos. Traducida al alemán, quizá por
él mismo, la carta llegó a la VfR. En febrero de 1928, el ingeniero
ruso Alexander B. Scherschevsky, residente en Berlín y miembro
de la VfR, publicó una breve descripción del motor del inventor
peruano en la revista alemana Der Flug.
Pese a las críticas al proyecto de Max Valier, en marzo de 1928,
este mandó a imprimir un adelanto de la nueva edición de su libro,
en la que señalaba con desprendimiento que el motor de Paulet
era “un cohete de combustible líquido de una potencia increíble”.
Dos meses después, el pionero aeroespacial francés Robert-
Esnault Pelterie, graduado en La Sorbona un año después que
Paulet, presentó un informe secreto a la Sociedad Astronómica de
Francia en el cual recomendaba el uso de peróxido de nitrógeno y
gasolina en cohetes, documento que fue revelado cuatro décadas
después. Por otro lado, el alemán Robert W. E. Lademann, quien
tenía una postura crítica y una distancia frente a la VfR, anunció
un proyecto de cohete que emplearía las panclastitas como un
propelente. En 1929, gracias a Scherschevsky, la enciclopedia
Vuelo y comunicación interplanetarios —encargo hecho por los
jerarcas de la joven Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas
(URSS) al ingeniero Nikolái Rynin— registró el motor de Paulet.
Cabe señalar que este gran libro sería lectura obligatoria de los
creadores del satélite Sputnik.
Con respecto a este tema, los investigadores alemanes
Stefanos Fasoulas y Ernst Messerschmid sostienen que en

58
ÁLVARO MEJÍA

1927 acabó la etapa de escritores y soñadores como Julio


Verne y empezó la fase del “ingeniero entusiasta”. Ellos señalan
que este avance fue posible porque “gracias a los trabajos
fundamentales de Konstantín Tsiolkovsky, Robert H. Goddard
y Oberth, así como a los experimentos de Goddard y de Pedro
E. Paulet, se formaron por primera vez grupos de ingenieros
entusiastas: la Sociedad para Vuelos Espaciales (VfR, 1927), la
Sociedad Americana Interplanetaria (American Interplanetary
Society, 1930), la Sociedad Británica Interplanetaria (British
Interplanetary Society, 1930) y el Grupo de Estudios del
Movimiento de Reacción (Gruppa Isutschenija Reaktiuwnowo
Dwischenija o GIRD, 1930) de Moscú y Leningrado en torno a
Sergei Korolev y Friedrich Zander”.

ALEMANIA, CUNA DE
LA ASTRONÁUTICA
De todos esos grupos, el más avanzado era el alemán porque, tras
la Primera Guerra Mundial, el Tratado de Versalles le prohibió a
su país fabricar armas de guerra, pero obvió incluir los misiles,
ya que se creía que era una tecnología en desuso. De este modo,
Alemania pudo experimentar con libertad en ese campo y fue la
VfR la que prestó mayor atención a Paulet. Según el ingeniero
Rojas Reyes, hasta la publicación de su carta en 1927, nadie
había hecho funcionar un motor-cohete de propelentes líquidos
en Europa, menos aún basados en explosivos. Por esta razón,
su sistema de inyección intermitente fue una revelación, ya
que permitía emplear explosivos como propelentes sin temor a
detonaciones involuntarias.
El más entusiasta con el motor de Paulet fue Max Valier,
con quien podría trazarse un paralelo. Si la carta del peruano
vio la luz en octubre de 1927, en noviembre de ese año, ante la
falta de apoyo económico de la Sociedad de Ingenieros, Valier

59
PEDRO PAULET El peruano que inventó el futuro

consiguió un financista para sus pruebas: Fritz von Opel,


millonario empresario del rubro de los automóviles. Así, ambos
empezaron a experimentar con automóviles impulsados
por cohetes de pólvora. Apenas lograron una combustión de
segundos, la consideraron un éxito y exhibieron una serie
de demostraciones públicas que Opel consideraba como
publicidad más barata y más efectiva para su fábrica que un
aviso en un diario. No obstante, al emplear ese combustible
sólido, provocaron malestar en algunos miembros de la VfR,
que consideraron esto como un retroceso y censuraron a Valier.
La primera de esas pruebas, llamada Opel RAK.1, coincidió
con la mención que hizo Valier del trabajo de Paulet el 15 de
marzo de 1928. La segunda, Opel RAK.2, se realizó el 23 de
mayo de 1928 en el autódromo de AVUS, cerca de Berlín, ante
3000 personas. Al final de dicha presentación, se produjo la
separación de Opel y Valier.
En relación con estos intentos, ¿fue coincidencia que, entre
el 24 y el 27 de mayo siguientes, Paulet haya representado al
Perú en la celebración del centenario de la Sociedad Geográfica
de Berlín? ¿Acaso llegaron a reunirse él y los miembros de la
VfR? Se desconoce si fue así; sin embargo, en su informe de julio
de 1928, sobre el evento en Berlín, él opinó acerca de ciertos
reparos de los alemanes relacionados con el exceso de misiones
militares francesas en el Perú y, por ello, pedía fomentar la
inmigración de científicos germanos.
En setiembre de 1928, dio a conocer su proyecto de la Villa
Colonial Racional, un “rascacielos” destinado a albergar a colonos
europeos (¿científicos alemanes?). Casi al mismo tiempo, Valier
reseñaba en la nueva edición de su libro el motor de Paulet.
Indicó que este era, a diferencia de cualquier intento previo,
“incluso más significativo para el proyecto de desarrollo de un
avión-cohete, pues ha probado por primera vez, comparado con
los pocos segundos de combustión de los cohetes de pólvora,
que, mediante el uso de combustibles líquidos, construir un

62
ÁLVARO MEJÍA

motor-cohete que logre una combustión de una hora sería


factible”. Esto lo repitió en la edición de 1930.
En 1929, Robert Lademann escribió acerca de otro uso que
tendría el motor de Paulet: cañón de guerra accionado por
sustancias líquidas. Además, hizo una vinculación interesante
del trabajo del ingeniero peruano con el del científico Isaac
Newton: “Newton desarrolló un pequeño coche impelido
por la retropropulsión con vapor de agua emergente. (…)
Los promotores de la retropropulsión guardaron silencio
durante casi doscientos años después de Newton. Hace unos
treinta años, el ingeniero peruano Paulet probó un pequeño
retropropulsor líquido; utilizó gasolina y nitrodióxido. El acero
vanadiado, recientemente inventado, sirvió como material
para el contenedor”.

LA HUELLA DE PAULET
En este punto, es importante hacer una aclaración. Se suele decir
que el norteamericano Robert H. Goddard lanzó un cohete de
combustible líquido en 1926, mientras que Paulet comunicó su
invento en 1927. Al respecto, el científico alemán Alfred Fritz
aclara que hasta 1928, “en el campo de los cohetes de impulsión
líquida, nadie sabía una palabra” de los trabajos de Goddard,
quien anunció su invento recién en 1936. Cabe señalar que
la descripción del motor de Paulet causó gran impacto en los
expertos de varios países. De hecho, tres décadas después de
creado, era considerado un invento muy moderno. Incluso, Fritz
añade que los motores de ambos eran distintos, especialmente
en el tipo de sistema de alimentación de combustible: continuo
en el caso de Goddard e intermitente en el caso de Paulet.
En 1928, a Hermann Oberth se le presentó una oportunidad
para construir un motor de combustible líquido. Resulta que el
cineasta Fritz Lang, director de la afamada película futurista

63
PEDRO PAULET El peruano que inventó el futuro

Metrópolis, decidió llevar al cine la novela de ciencia ficción


La mujer en la Luna y contrató a Oberth como asesor técnico
para que, el día del estreno, lanzara un cohete de combustible
líquido. Oberth era un teórico y no tenía experiencia práctica,
por lo que formó un equipo en el que incluyó a Rudolf Nebel
y nada menos que al ruso Scherschevsky, quien había dado a
conocer el motor de Paulet en Alemania. Este equipo construyó
el motor-cohete de Oberth, llamado Kegeldüse (tobera cónica).
Sus esquemas mostraban su parecido con la descripción del
motor de Paulet: la cámara de combustión tiene la forma de
un cono cuyo diámetro mide igual que la altura. De todos
modos, ese motor no funcionó y Oberth culpó al ruso. Como
sea, cuando llegó el estreno de la película de Lang, no pudieron
lanzar nada.
En 1929, el joven genio Wernher von Braun se uniría a la
VfR. Oberth lo reclutó y, junto con Nebel, Rolf Engel y Klaus
Riedel, formó un nuevo equipo que rediseñó el Kegeldüse. El 30
de julio de 1930, lo hicieron funcionar correctamente. Para ello,
quemaron 1 kilogramo de gasolina y 6 kilogramos de oxígeno
líquido en 90 segundos, y aplicaron un empuje de 7 kilogramos.
Ese mismo año, Valier logró que un motor de propelentes
líquidos (oxígeno líquido y alcohol) funcione en un automóvil,
pero con escasa potencia, lo cual se tradujo en una velocidad
lenta. Lamentablemente, buscando mejorarlo, Valier murió por
una explosión en su laboratorio.
En 1931, Lademann lamentaba en la revista francesa
Science et Vie que Paulet haya dejado una provocativa pero
escueta descripción del motor. Este guardó silencio por toda
respuesta. Asimismo, también contó que no solo Hermann
Oberth, sino también el fabricante automovilístico Fritz von
Opel habían intentado emplear los estudios del peruano. Si
alguien pudo validar al menos parte de la propuesta de Paulet
fue este último. En efecto, luego de romper el contrato que

64
ÁLVARO MEJÍA

tenía con Valier para fabricar y exhibir autos de carrera con


motores-cohete de pólvora, en 1928 logró hacer funcionar un
motor distinto al de Paulet, pero que empleaba tetraóxido de
nitrógeno y gasolina. Esta novedad diseñada por el ingeniero
Friedrich Sander se instaló en un avión Müller-Griesheim, con
un empuje estabilizado de 70 kilogramos. Así lo reveló cuarenta
años después el propio Opel en una entrevista del 3 de abril de
1968 para la revista Die Geschichte der Raketenentwicklung und
über Sinn und Grenzen aller Technik.
En 1931, preocupado siempre por el tema de la
industrialización y la formación de técnicos especialistas en
el Perú, Paulet, consultado por la Escuela de Ingenieros (hoy
Universidad Nacional de Ingeniería), recomendó crear un
instituto politécnico autónomo que incluya esta institución, la
Escuela Nacional de Agricultura, la Escuela de Ingeniería Militar
y una escuela de preparación de politécnicos. Este proyecto no
vería la luz debido a la pobre economía del país y al momento
político convulso que se registró tras la caída del presidente
Leguía el año anterior. En 1932, mientras Von Braun, que
absorbió todos los conocimientos del momento, pasaba a la
clandestinidad para fabricar misiles, el peruano dejaba Europa
para instalarse como cónsul en Yokohama, Japón, donde
estaría hasta 1935. Su hija Megan cuenta que en ese tiempo
volvió a construir el motor-cohete y que perfeccionó las paredes
termoeléctricas de su nave.

ARQUITECTO DEL FUTURO


Anteriormente, se dijo que Paulet quiso inventar o reinventar
el Perú. Como un estadista, en su artículo “Los problemas
de la demarcación en el Perú”, sugería que la reforma de la
demarcación se base en los intereses económicos de cada
región, y ya no en criterios administrativos. Él estaba seguro

65
PEDRO PAULET El peruano que inventó el futuro

» Paulet en Yokohama (extremo izquierdo), ca. 1933.


ÁLVARO MEJÍA

de que “en países compuestos de poblaciones étnicas diversas,


con idiomas distintos —tal es el caso del Perú—, la solución
del problema de las nacionalidades resulta imposible sin
una descentralización y un régimen regionalista de los más
amplios”.
En esa misma línea, recordemos que a Paulet le interesaban
los automóviles como máquinas de ingeniería y medios de
transporte capaces de unir los territorios internos del Perú.
Su visión de economista estaba empeñada en ello, por lo que
simpatizó con la obra del Touring & Automóvil Club del Perú
(TACP). A propósito de este club, del cual llegaría a ser un
miembro destacado, pudo contactarse desde Róterdam con
su presidente, Eduardo Dibós Dammert, a quien le escribió
una carta de marzo de 1930. En dicha misiva, que más tarde
fue publicada en la revista del TACP bajo el título “El turismo
debe ser la primera industria nacional”, el inventor e ingeniero
peruano prueba su multidisciplinariedad. A continuación, un
fragmento de ella:
“En el Perú no podemos implantar la grande industria por
falta de población ni el gran comercio por falta de capitales.
Pero el turismo no necesita grandes poblaciones y, como
capital, el que nos ha dado al respecto la naturaleza y la
historia no tiene igual en todo el continente. Estando en la
despoblada Noruega, he visto llegar numerosos trasatlánticos
con turistas que venían desde Buenos Aires, pagando cientos
de libras esterlinas, para contemplar, desde el cabo norte, la
maravilla del sol de medianoche, lo que a veces fallaba porque
no es visible si no [sic] en cortas semanas y ocurre que las
nieblas lo ocultan. Ahora bien, las maravillas turísticas del
Perú, ruinas incaicas, necrópolis prehispánicas, orígenes
del Amazonas, dédalos andinos (…), cadenas de volcanes,
selvas de la montaña, etc., no solo son permanentes, sino de
confortable observación gracias al avión, que comienza a ser el
vehículo del gran turismo”.

67
PEDRO PAULET El peruano que inventó el futuro

En julio de ese año, expandió sus ideas sobre el turismo


en el Perú desde el ángulo de la economía en la Exposición
Internacional de Londres. Sus palabras tendrían repercusión
en el ámbito mundial. “Un muy importante informe del
señor Pedro Paulet, cónsul general del Perú en Róterdam,
acerca de la importancia del turismo en la balanza comercial
internacional ha atraído la atención de los economistas sobre
un asunto relativamente poco estudiado en Francia”, escribió
A. Weiler en 1932.

EN EL PAÍS DEL SOL NACIENTE


A fines de 1932, cuando Paulet ya se encontraba como cónsul
en Yokohama, hubo un conato de guerra entre el Perú y
Colombia por la provincia de Leticia. La refriega fue detenida
por autoridades internacionales y debía retomarse. A inicios
de 1933, ocurrió un atentado con arma de fuego contra el
presidente Sánchez Cerro, quien murió. En su reemplazo,
fue designado por el Congreso el general Óscar R. Benavides,
quien se encargó de comprar armamento para continuar con
el conflicto. Como este se desarrollaría básicamente en el
territorio de la selva, era necesaria la compra de hidroaviones,
los cuales se encargaron a la fábrica Caproni, de Italia. Aunque,
por fortuna, la contienda no se retomó, perdimos la provincia
de Leticia.
En junio, desde su puesto consular en Yokohama, Paulet
envió un ambicioso proyecto urbanístico estudiado por tres
décadas para modernizar el norte de Lima, sobre todo el
distrito limeño del Rímac, a fin de incluirlo en la dinámica de
la economía en crecimiento. En una carta al oficial mayor de
la Cancillería, explicaba que lo había iniciado cuando todavía
estaba en Róterdam y el Gobierno no decidía cuál sería su
destino. De este modo, creía responder por los meses que
había cobrado un salario sin tener un puesto diplomático.
68
ÁLVARO MEJÍA

En efecto, el Gobierno de Sánchez Cerro, receloso de que sus


funcionarios fuesen adictos al extinto Augusto B. Leguía, puso
a varios en examen. Paulet había tenido que fundamentar que
él no era leguiista, que era simplemente un funcionario y que
no había recibido prebenda alguna. Finalmente, se decidió
que fuese a Yokohama, otra vez una ciudad portuaria como la
mayoría de destinos diplomáticos a los que había ido.
Este proyecto urbanístico fue dedicado al presidente de la
República de ese entonces, Benavides. Se trataba de un gran
centro de esparcimiento que contaba con una laguna para
hidroaviones, producto de represar el río Rímac —que podría
servir como un aeropuerto desde donde el mandatario pudiese
volar hacia el teatro de operaciones—, y con una basílica
dedicada a santa Rosa de Lima sobre el cerro San Cristóbal, la
cual imaginaba como “el monumento más grande del mundo”.
De acuerdo con el exalcalde del Rímac Percy Hartley, Paulet
habría presentado este plan al papa Pío XI en 1932 y después
habría recibido la aprobación de este.
En 1943, los arquitectos más destacados de Lima fueron
convocados por Alberto Alexander para determinar qué hacer en
una posible construcción de una basílica en honor a santa Rosa
de Lima. Había dos ideas: la de Paulet y la de Anita Fernandini
de Álvarez Calderón, quien proponía erigirla sobre el santuario
dedicado a la santa en la avenida Tacna y que además “se mirase”
con la catedral de Lima, para lo cual era preciso derribar las
manzanas que se interponían. Varios de los participantes, entre
ellos el joven Fernando Belaunde, opinaron que la propuesta
de la señora Fernandini no solo era un despropósito, sino que
el templo no se luciría. Por el contrario, consideraron que la
propuesta de Paulet, que representaba como un pedestal el
cerro San Cristóbal, sí satisfaría esas demandas. Incluso varios
decían que sería tan simbólica como la Estatua de la Libertad
en Nueva York o la Torre Eiffel en París. Finalmente, nunca se
construyó dicha basílica.
69
PEDRO PAULET El peruano que inventó el futuro

» Proyecto para la urbanización y embellecimiento del norte de Lima, agosto

70
ÁLVARO MEJÍA

de 1933.

71
PEDRO PAULET El peruano que inventó el futuro

Por otro lado, el arquitecto Elio Martuccelli afirma que


Lima no creció hacia el norte, como pensó Paulet, sino hacia
el sur de la ciudad por medio de la avenida Arequipa y en
dirección al distrito de Miraflores. Sin embargo, el núcleo
señalado por el inventor sería el punto de partida de la
carretera transoceánica con Brasil, a lo largo de la cual, cada
10 kilómetros, se levantaría un rascacielos —por ejemplo, la
Villa Colonial Racional— para albergar a 5000 inmigrantes
con todas las comodidades de una ciudad europea. El plano,
presentado en la Exposición Internacional de la Habitación
y Urbanizaciones, en París (1928), fue calificado como “una
torre de Babel gigantesca que Pedro Paulet proyectó en
medio de los bosques del Amazonas”. El ingeniero e inventor
peruano ofreció una justificación ecológica: “En vez de arrasar
20 000 hectáreas de selva virgen para instalar a menos de
2000 familias en frágiles barracas con servicios urbanos
mezquinos y transportes desarticulados, solo se inutilizarán
4 hectáreas para acomodar el mismo número de familias en
un soberbio palacio al abrigo de infecciones e incendios, con
todas las comodidades, atracciones y servicios sociales a que
tiene derecho el productor moderno”.

» Villa Colonial Racional. Revista Informaciones y Memorias, noviembre


de 1928.

72
ÁLVARO MEJÍA
PEDRO PAULET El peruano que inventó el futuro

La otra vía bioceánica sería la Gran Diagonal Sudamericana,


vía férrea sin transbordos que inicia en el Callao y que pasa
por La Paz hasta llegar al puerto de Buenos Aires. Por ella se
enviaría productos andinos y se recibiría productos de pampas.
De este modo, el Perú y Argentina habrían tenido salidas por
dos océanos y, en consecuencia, se habría conseguido que
el continente le sacara el mayor partido al comercio que se
avecinaba en la cuenca del Pacífico.
Por otro lado, desde su estadía en Japón y ante la frustrada
migración europea, Paulet proponía acoger la inmigración
japonesa. En realidad, en el Perú llegó una gran oleada de
ciudadanos de esta nación en 1899. Su promotor y protector
hasta 1930 fue Augusto B. Leguía. A la caída de este, empezó
la violencia contra ellos. Nuestro inventor creía que, en vez de
ser rechazada, la inmigración japonesa debía ser “organizada y
orientada” a colonizar la Amazonía. Estos extranjeros podrían
desempeñarse como agricultores para convertir esos territorios
en “ubérrimas fuentes de productos”. Como ejemplo, Estados
Unidos, Brasil y África habían demostrado que los mejores
“colonos iniciadores” eran, justamente, los japoneses.
Con idea de ejecutar esta propuesta, él y otros funcionarios
habrían alentado el proyecto de un enclave japonés en Huánuco
que permitiría su penetración a la Amazonía. En 1935, publicó
el libro El Japón moderno y sus bases económicas, en el que narraba
de manera documentada, para ejemplo del Perú y anticipando
las ya mencionadas relaciones comerciales en la cuenca del
Pacífico, cómo Japón se hizo una potencia. Quizá por eso, el
emperador Hirohito le obsequió una katana, espada imperial
reservada solo a personalidades destacadas. El objetivo de Paulet
era convertir el Perú en una potencia industrial que conquistara
los mercados mundiales. En ese libro, tomaba como ejemplo el
desarrollo japonés realizado en menos de cincuenta años. Con
datos y cifras cedidos por el mismo Gobierno japonés, analizó
exhaustivamente aspectos como el territorio del imperio (sus

74
ÁLVARO MEJÍA

colonias y su sistema de comunicaciones terrestres, marítimas y


aéreas), la población nacional (cantidad, calidad y organización),
la agricultura (sus productos acuáticos y las industrias rurales),
la minería y la metalurgia (el carbón, el petróleo, la siderúrgica
y los metales preciosos), la industria manufacturera (de fuerza
motriz, de armamentos, de tejidos, de productos químicos y
la “pequeña industria”), el comercio, las finanzas y la política
hacendaria.
Asimismo, recomendaba un diseño portuario para el Callao y
Chimbote que eliminara el desperdicio de tiempo y sobrecostos
ocasionado por el transporte, en especial, el terrestre. Paulet
estaba convencido de que la única actividad que creaba valor
era la transformación o manufactura. Por ello, era preciso dejar
de transportar basura minera, es decir, todo el desperdicio que
no tiene valor cuando se envía los minerales concentrados con
una mínima proporción de metálico. Había que transformar ese
metal para crear ese valor agregado; en pocas palabras, encarar
la industrialización.
En su artículo “De cómo industrializar al Callao” (1940),
hablaba de planificar un malecón industrial desde la base naval
hasta Ancón, distrito que con una siderúrgica suministraría
acero de alta calidad, que se sumaría al carbón de Oyón y al hierro
de Marcona. Con esta estrategia, reviviría el intenso transporte
marítimo por cabotaje, en el que los lotes industriales, de
entre 10 y 12 hectáreas, contarían con un muelle propio y un
rompeolas a 700 u 800 metros, lo que conformaría un canal.
Ese complejo estaría interconectado por un ferrocarril eléctrico.
Estas ideas de Paulet no han perdido vigencia. Hoy en día, a
pesar del paso de los años, se producen circunstancias similares
y los inversionistas industriales, europeos en particular,
muestran similar interés: buscan el cobre, pero convertido en
cables, transformadores, generadores, motores, artefactos
y hasta en maquinaria y equipo, así como la fabricación de

75
PEDRO PAULET El peruano que inventó el futuro

bienes de capital. Se presenta una ocasión que el Perú debe


aprovechar: el desarrollo de un megapuerto en la zona costera
de Corío, ubicado en la provincia de Islay, Arequipa, la tierra de
Paulet. Corío tiene una profundidad de aguas que no alcanza el
megapuerto de Chancay y es una ruta más directa a Asia.
De otro lado, hoy el mundo electrónico y de la automatización
busca nuevos sitios o emporios de desarrollo tecnológico y
nuevos Silicon Valley, porque el silicio llegó a su límite y migrará
al grafeno (carbón), cuyo procesamiento resultará mucho más
económico en nuevos espacios que modificar los existentes. A
propósito de este tema, la comunidad joven de desarrolladores
de software del Perú ya viene teniendo éxito y reconocimiento
internacional. Se debe considerar lo siguiente:

1. Tenemos una ruta de carga significativa: Puno-Matarani.


Como falta completar la red ferroviaria hasta Desaguadero
(detenida por décadas), habrá que estar preparados para el
desembalse de mercadería proveniente de Brasil, Paraguay,
Bolivia y Argentina (Paulet postulaba la ruta ferroviaria
Callao-Lima-Cusco-La Paz-Buenos Aires).
2. Actualmente, Brasil busca ser el primer productor mundial de
alimentos. Si se considera únicamente la soya que exporta al
mercado asiático, son no menos de 50 millones de toneladas
anuales (la demanda es de 100 millones). Matarani no podrá
despacharlas y se requerirá vagones para doble riel, lo que
obligará a iniciar una verdadera modernización ferroviaria
de alta velocidad y una portuaria para unir el clúster
portuario Matarani-(Corío)-Ilo-Miguel Grau. Esto debe estar
acompañado de un generoso y extenso malecón industrial.
3. La transferencia tecnológica y el fortalecimiento comercial
Sur-Sur del Pacífico asiático (4000 millones de consumidores
potenciales) nos permitirá recuperar gran parte del tiempo
perdido. Si se toma solo los derivados de la industria

76
ÁLVARO MEJÍA

electrónica y eléctrica, garantizaríamos empleo adecuado,


estable, formal, con beneficios sociales, empresas con
dividendos y un Estado nacional, regional y local que recibirá
cuantiosos ingresos por impuestos, incluso con la reducción
de las tasas impositivas.
4. Con base en el modelo de las siete plataformas de Paulet, se
debe desarrollar un plan geográfico-económico-comercial
de manera conjunta. No solo es de interés de Arequipa, sino
que es la base de una arteria del suministro de servicios
ininterrumpidos (transporte, distribución de energía
eléctrica, gaseoducto, fibra óptica) que integre la construcción
de nuevas ciudades y la ampliación moderna de las existentes
a través de los ocho departamentos que constituyen la
región sur (vía referéndum, según el artículo 190 de la
Constitución). La ejecución de este punto demostrará la
madurez después de veinte años de gobiernos regionales, ya
que el desarrollo industrial es de interés nacional.

DE NUEVO EN PERÚ
En 1935, cuando publicó El Japón moderno y sus bases económicas,
el Gobierno del general Benavides inició la reorganización
del Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú y creó el
Departamento Comercial. El canciller Carlos Concha debía
escoger a la persona idónea para que lo dirigiera y eligió a Paulet.
Este volvió a Perú de Japón, tras veinticinco años de ausencia,
con una esposa belga y cinco hijos nacidos en Europa. Su hijo
mayor, Héctor, traía además a su esposa japonesa.
Una carta de 1939 al embajador peruano en México, Luis
Fernán Cisneros, ilustra su labor en pro de industrializar el país
y, al mismo tiempo, de fortalecer su comercio: “Supe que habían
ahí fundado un Banco Nacional de Exportación, organismo que
hace tiempo estimo necesario crear en el Perú porque no me

77
PEDRO PAULET El peruano que inventó el futuro

canso de repetir que nuestro problema no consiste ya tanto en


producir, cuanto en vender lo que producimos. Mucho estimaría,
pues a Ud., que se dignara a enviarnos lo que se haya publicado de
ese banco y, en especial, su reglamento orgánico y su memoria,
cuando aparezca. Hasta ahora, el mejor modelo de esa clase de
establecimientos era el Yokohama Specie Bank, del Japón, que
entre otros notables resultados ha logrado adquirir muchos
capitales extranjeros, amortizar o convertir varios empréstitos
externos y, sobre todo, estabilizar el cambio del yen durante
muchos años; no obstante, su continua guerra con China”.
Desde ese puesto asignado, el ingeniero peruano también buscó
fortalecer las relaciones comerciales con Argentina, país al que
consideraba el gran exportador de productos a Japón en nuestro
continente. Precisamente por esta característica, Paulet tenía
otra razón más para llevar a cabo su idea de la Gran Diagonal
Sudamericana.
En 1936, el Gobierno de Benavides extendió su vínculo con
la fábrica italiana de aviones Caproni y creó la Fábrica Nacional
de Aviones. La Segunda Guerra Mundial aceleró la aparición de
condiciones para concretar los proyectos que nuestro inventor
había preparado por décadas. En 1941, Paulet solicitó “el
desarrollo intensivo de las tres grandes empresas nacionales:
irrigaciones, carreteras e industrialización”. Afirmó que las dos
primeras las había iniciado el Gobierno del mariscal Benavides y
la tercera le correspondía a su sucesor, Manuel Prado Ugarteche,
quien en 1939 había resuelto establecer una siderúrgica
nacional.
Es preciso señalar que, desde 1935, Paulet fue profesor en
la Pontificia Universidad Católica del Perú, donde dictaba el
curso de Geografía Económica, disciplina que estaba en boga
en Alemania. “Profesor exhaustivo y novedoso por su dominio
del tema y por la originalidad de sus fuentes de información.
Claro, ameno y didáctico. Dictaba el curso, preparaba las copias,

78
ÁLVARO MEJÍA

mecanografiaba los esténciles y obsequiaba las copias a los


estudiantes, acompañadas de diagramas excelentes”, recordaba
el doctor José Pareja Paz Soldán, su colega, quien además era
diplomático y constitucionalista. En esa casa de estudios, el
inventor también trabó amistad con Javier Pulgar Vidal, quien
lo reconocería en su libro Las ocho regiones naturales del Perú
como su maestro. Según su viuda, Margarita Biber de Pulgar
Vidal, este reconocía que las personas que más influyeron en
su vida intelectual fueron tres maestros de la PUCP: su rector
y fundador, el padre Jorge Dintilhac, el arqueólogo Julio César
Tello y el ingeniero Pedro Paulet.
En 1939, los países latinoamericanos, preocupados por
la determinación de una zona de protección alrededor del
continente de entre 300 y 1200 millas, firmaron la Declaración
de Panamá. En el marco de la constitución de ese documento,
mientras Pulgar Vidal presentaba su estudio Las ocho regiones
naturales del Perú, Paulet exponía su ponencia “Las cinco
regiones geográficas del Perú” en la III Asamblea General del
Instituto Panamericano de Geografía e Historia, de 1940. En
esta conferencia, planteó la adecuación de la demarcación de
nuestras regiones a nuestra economía y exhortaba al Perú a
reservar 300 millas de mar territorial.
Por esta disertación, Andrés Aramburú Menchaca lo
consideró pionero de las 200 millas de mar territorial, tesis
que el presidente José Luis Bustamante y Rivero consolidó
el 1 de agosto de 1947, cuando expidió el decreto supremo
que extendía la soberanía y la jurisdicción del Perú sobre la
plataforma marítima, el zócalo continental y el mar hasta
200 millas. Pulgar Vidal recuerda que Paulet “proponía que
se considere el territorio peruano dividido en mar, costa,
sierra, montaña y llanos amazónicos, planteando que, si por
razones jurídicas el Perú habría de obtener hegemonía sobre
una amplia zona del océano, era indispensable que el país le

79
PEDRO PAULET El peruano que inventó el futuro

otorgara un tratamiento racional y económico en la misma


manera que si fuera una región natural más”.
En la Segunda Guerra Mundial, Paulet tomaría distancia del
capitalismo, del comunismo y del nazismo, aunque creía que
Alemania era el ejemplo de un país que se había industrializado
sin capital en efectivo. Insistía en que el Perú hiciera lo mismo,
pero para lograrlo mencionaba tres condiciones: “una población
disciplinada de trabajadores, una técnica que pueda fabricar
lo que no se tiene con lo que se tiene y un régimen en que
todo capital individual se convierta en capital social”. Él estaba
seguro de que el Gobierno de Benavides había cumplido con
dos de las tres condiciones para tener un país desarrollado, las
irrigaciones y carreteras. Faltaba la industrialización. En 1939,
el presidente electo Manuel Prado Ugarteche, en un almuerzo
ofrecido por los ingenieros del Perú tras su victoria electoral,
prometió el ingreso del Perú a la industria pesada. Más tarde,
ordenó la creación de la Corporación del Santa para construir
la siderúrgica de Chimbote y la hidroeléctrica del Cañón del
Pato, proyectos de otro visionario, Santiago Antúnez de
Mayolo, condiscípulo de Prado Ugarteche en San Marcos.
Paulet estaba convencido de una industria basada en el
carbón y el acero. Entusiasmado por la noticia, decía que,
cuando se inaugure el primer alto horno de la siderúrgica,
debíamos celebrarlo como otro “Día de la Independencia”, pues
era el punto de apoyo necesario para la sociedad con Argentina.
Confiaba en que la bonanza económica que atravesaba el Perú
permitiría que este proyecto abasteciera a los países vecinos.
“Porque con carbón y hierro, toda clase de minerales nacionales
y energía hidroeléctrica para forjar aceros especiales podremos
producir buques y rieles, cañones y maquinarias, municiones
y herramientas, en cantidad, calidad y variedad insuperables”.
Así pues, la cercanía de una siderúrgica barata incentivaría
también “a millares de fabricantes europeos, ahora forzados a
emigrar, a que trasladen sus maquinarias a nuestro país”.
80
ÁLVARO MEJÍA

» Paulet (en el extremo derecho) en un cóctel en la Embajada de


Perú en Buenos Aires (1944). Al centro, el representante de dicha
institución, Óscar R. Benavides, expresidente peruano.
PEDRO PAULET El peruano que inventó el futuro

A mediados de 1941, Óscar Benavides, ascendido a mariscal


por Prado Ugarteche, fue nombrado embajador en Argentina y
eligió a Paulet como consejero comercial. Era la oportunidad de
cumplir uno de sus grandes proyectos: la unión sudamericana.
Así pues, Paulet renunció a la dirección del Departamento
Comercial de la Cancillería y a su cátedra en la Pontificia
Universidad Católica del Perú. “Aún recuerdo la emocionada
fiesta que sus alumnos, siempre sensibles y generosos al
catedrático que se acerca a ellos, le ofrecieron con motivo de su
viaje a Buenos Aires”, escribió Pareja Paz Soldán.
Antes de partir, encargó el cuidado de su motor a su
primogénito, Héctor. En Argentina, fue testigo, en noviembre
de 1941, de la fundación de la siderúrgica de ese país, cuya
producción, se esperaba, impulsaría la fabricación de aviones.
La unión de la siderúrgica argentina y la peruana formaría un
eje poderoso. No obstante, el mes siguiente, el ataque a Pearl
Harbor trastocaría todo y obligó a Estados Unidos a entrar en
la guerra y a presionar a los países latinoamericanos a romper
con el Eje. Argentina se resistió; en cambio, el Perú no.
Más tarde, para sortear la deportación de los japoneses en el
Perú, Héctor tuvo que huir con su esposa hacia Buenos Aires,
donde estaba su padre. Había abandonado en un corralón el
motor, el cual lamentablemente se perdió. El Perú, presionado
por Estados Unidos, declaró la guerra al Eje. En 1943, el
proyecto de la siderúrgica se paralizó y, en octubre de ese año,
irrumpió la figura de un joven coronel, Juan Domingo Perón,
quien para febrero del año siguiente ya era vicepresidente
y ministro de Guerra, así como impulsor de un ambicioso
proyecto industrial aeronáutico y otro, menos conocido,
astronáutico. Paulet no perdió las esperanzas.
En 1944, un avión inglés sin hélices voló, pero con motor
impelido por aire. El mismo año, Alemania bombardeó
Londres con los misiles V2 que Von Braun había fabricado en

82
ÁLVARO MEJÍA

secreto por más de una década y con motores de combustible


líquido. Aunque el Perú pertenecía a los aliados y Argentina
era falsamente neutral, Paulet propuso la creación de una
industria aeronáutica sudamericana en una entrevista al
diario Crítica. El vicepresidente argentino era el coronel
Juan Domingo Perón, quien lideraba un proyecto industrial,
especialmente de carácter aeronáutico. En ese marco, se fundó
la Cámara Argentino-Peruana de Comercio.
Después de un año, el 30 de enero de 1945, Paulet murió en
Buenos Aires. Un día después, el Gobierno argentino, encabezado
por el general Edelmiro Farrell, decretó que fuera enterrado
con honores de coronel de la nación y que se embanderasen a
media asta las instituciones públicas y militares. A su vez, el
diario argentino El Mundo, al anunciar su deceso, reconoció
que el invento de Paulet había sido el “precursor de la actual
bomba ‘robot’”. En marzo de ese año, Argentina, presionada
por Estados Unidos, le declaró la guerra al Eje y, en mayo, Von
Braun y parte de su equipo prefirieron entregarse a las fuerzas
norteamericanas antes que a las soviéticas.

EL LEGADO
Paulet creía en una industria fuerte centrada en la administración
del carbón y el acero como base de la unión sudamericana. La
vida no le alcanzó para concretar esta idea. Murió en 1945, poco
antes del fin de la guerra. Por singular coincidencia, en 1950,
el ministro francés de Asuntos Exteriores, Robert Schuman,
propuso un proyecto de integración europea que daría lugar
a la Comunidad Europea del Carbón y del Acero y que sería el
germen de la actual Unión Europea, idea similar a la de Paulet
para la integración sudamericana. Prado Ugarteche conectaría
el primer horno de la siderúrgica recién en 1958, durante su
segundo mandato. En 1970, Francia y Alemania darían inicio

83
PEDRO PAULET El peruano que inventó el futuro

84
ÁLVARO MEJÍA

a la industria aeroespacial europea cuando crearon Airbus,


empresa que sigue hasta el día de hoy en plena vigencia.
Después de la llegada de Von Braun y su equipo a Estados
Unidos, en el Congreso norteamericano se produjeron
grandes discusiones sobre si se debía incorporar a los
ingenieros alemanes a los proyectos aeroespaciales del país. El
lanzamiento del satélite soviético Sputnik en 1957, que daba
inicio a la carrera espacial, determinó que Estados Unidos
se decidiera por colocar a Von Braun al frente del programa
Apolo, de la NASA. En un primer momento, Estados Unidos y
la Unión Soviética emplearían oxígeno líquido y gasolina, pues
estos propelentes ofrecían mayor empuje que cualquier otro
combustible líquido para impulsar sus icónicos lanzadores
como el Saturno V o el Atlas. El problema era que esos
propelentes exigían una logística complicada y poco flexible
si aparecían cambios repentinos en una misión. En cambio,
los propelentes propuestos por Paulet permitían un manejo
relativamente sencillo. Su almacenaje también lo era y se
adaptaría a cualquier cambio en una misión.
En 1969, Von Braun consiguió la hazaña de que por
primera vez un hombre pisara la Luna. La nave de descenso
fue el Módulo Lunar, cuyos motores empleaban peróxido de
nitrógeno o tetraóxido de nitrógeno, el oxidante propuesto por
el ingeniero Pedro Paulet. Varias astronaves más lo utilizarían
desde entonces. Entre ellas, el rover Curiosity, que descendió
en un cráter de Marte en 2012; la sonda Juno, que descendió
en Júpiter en julio de 2016; o los cohetes que lanzaron nuestro
satélite, el PerúSAT-1, de fabricación francesa, en setiembre
del mismo año. En años más recientes, podemos hablar del
Crew Dragon, del innovador empresario Elon Musk.

» Tumba de Pedro Paulet en el cementerio Presbítero Maestro, Lima.

85
PEDRO PAULET El peruano que inventó el futuro

También se ha empleado en una diversidad de lanzadores


espaciales como, por ejemplo, Titán II, III y IV en Estados
Unidos, y Cosmos, Cyclone, Dnepr, Rockot y Protón en Rusia.
Igualmente, se ha usado en Diamant B en Francia; el Europa
y los Ariane, del 1 al 4, en Europa; distintos lanzadores de la
serie Long March (China) y, en la India, PSLV y GSLV. En la
actualidad, su uso ha disminuido por su toxicidad.
El año 2006, un boletín de la NASA avizoraba que el motor-
cohete del futuro sería un motor pulso-detonante sencillo como
el motor de un automóvil, tal como aquel que había diseñado
Pedro Paulet. Así pues, es válido afirmar que este visionario
peruano inventó el futuro. Por eso, para terminar, queremos
citar algunas palabras que Pareja Paz Soldán escribió sobre él
después de su muerte, en 1945: “A veces este hombre, que había
sido el fundador y el primer director de la Escuela de Artes y
Oficios de Lima, nos desorientaba por sus planes fantásticos,
aunque quizás el futuro le dé la razón”. Juzgue usted.
Para finalizar quiero dedicar este libro a Emma Gabriela, mi
tesoro.

86
ÁLVARO MEJÍA

» Busto de Pedro Paulet en el parque Domodossola de Miraflores.

87
PEDRO PAULET El peruano que inventó el futuro

BIBLIOGRAFÍA

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2017 “L’étrange histoire du premier moteur-fusée à liquides”, en Espace &
Temps, n.o 19. París: Instituto Francés de Historia del Espacio, pp. 14-20.

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PEDRO PAULET El peruano que inventó el futuro

ÍNDICE Y PROCEDENCIA DE LAS IMÁGENES

1. Postal a José G. Álvarez, fundador del Centro Artístico


de Arequipa, 1908. Archivo de la familia Paulet. 10
2. Pedro Paulet en su niñez en Arequipa, ca. 1880. Archivo
de la familia Paulet. 12
3. Portada del libro Lima de aquí a cien años, publicado
en Imprenta del Comercio, Lima, 1843. Tomado de https://
repositorio.pucp.edu.pe/index/handle/123456789/17288 [Consultado
el 10 de junio de 2023] 17
4. Foto panorámica del Bruce Building, observatorio
astronómico de la Universidad de Harvard en Arequipa,
ca. 1890-1920. Tomado de https://curiosity.lib.harvard.
edu/expeditions-and-discoveries/catalog/38-W432705_URN-
3:HULARCH:2789506 [Consultado el 20 de abril de 2023] 21
5. Paulet y su amigo Alberto Rey de Castro en París. Colección
de Maurizio Quintanilla Salinas (descendiente de Pedro Paulet). 26
6. Maqueta del Avión Torpedo, según el diseño elaborado
por Paulet entre los años 1900 y 1902. Museo Aeronáutico
del Perú. Fotografía de Richard Chuhue, 2024. 29
7. Motor-cohete, esquema realizado por James Wyld (1947).
Museo Aeronáutico del Perú. 31
8. Avión Torpedo (mayo de 1902), positivado de placa de
vidrio. Museo Aeronáutico del Perú. 34-35
9. Carta de Paulet a Teodoro Elmore hablando de
submarinos, 1909. Archivo del autor. 36
10. Paulet en uniforme diplomático, 1903. Archivo de la familia
Paulet. 37
11. El director, Sr. Pedro Paulet, y el primer cuerpo de
profesores de la nueva Escuela de Artes. Revista Ilustración
Peruana, año I, n.o 14, 15 de julio de 1909, p. 331. 40
12. Paulet en la directiva de la Sociedad de Ingenieros del
Perú. Revista Ilustración Peruana, n.o 28, 6 de enero de 1910, p. 15. 40
13. Paulet con la primera promoción de técnicos de la Escuela
de Artes y Oficios, 1910. Archivo de la familia Paulet. 42

90
ÁLVARO MEJÍA

14. “Hay que armarse”. Dibujo de Paulet para el boletín Pro


Patria, 1909. Archivo del autor. 43
15. “Los premios municipales”. Revista Variedades, año VI, n.o 125,
23 de julio de 1910. 45
16. “Casas para obreros”. Revista Variedades, año VI, n.o 124, 16
de julio de 1910. 46
17. “La guerra y la navegación aérea”. Revista Ilustración Peruana,
año I, n.o 19, 7 de octubre de 1909. 50
18. Paulet presenta su avión en 1910. La Prensa, 18 de setiembre
de 1910. 51
19. Max Valier y su proyecto de avión-cohete. El Comercio,
domingo 2 de julio de 1927, p. 17. 55
20. Carta de Paulet detallando su avión-cohete. El Comercio,
viernes 7 de octubre de 1927. 57
21. Pedro Paulet soñando. Ilustración para la infografía de Doris
Encalada, setiembre de 2009. 60-61
22. Paulet en Yokohama (extremo izquierdo), ca. 1933. Archivo
de la familia Paulet. 66
23. Proyecto para la urbanización y embellecimiento del
norte de Lima. Revista Informaciones y Memorias. Órgano de la Sociedad
de Ingenieros del Perú, vol. 34, n.o 8, agosto de 1933, p. 350. 70-71
24. Villa Colonial Racional. Revista Informaciones y Memorias.
Órgano de la Sociedad de Ingenieros del Perú, vol. 30, n.o 11,
noviembre de 1928, lámina I, p. 445. 73
25. Pedro Paulet (en el extremo derecho) en un cóctel
en Argentina con el expresidente peruano Óscar R.
Benavides. Archivo de la familia Paulet. 81
26. Tumba de Pedro Paulet en el cementerio Presbítero
Maestro, Lima. Fotografía de Javier Merino, 2024. 84
27. Busto de Pedro Paulet en el parque Domodossola de
Miraflores. Fotografía de Richard Chuhue, 2024. 87

91
Se terminó de imprimir en los talleres gráficos de
Aleph Soluciones Gráficas
Jr. Risso 580 - Lince
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