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Trabajo Campesino y Soberanía Alimentaria

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INSTITUTO POLITECNICO NACIONAL

ESCUELA SUPERIOR DE ECONOMIA


DEPARTAMENTO DE HISTORIA Y GEOPOLITICA
ECONOMIA AGRICOLA

Cuál es el papel del trabajo campesino ante la


crisis alimentaria mundial y el logro de la
soberanía alimentaria.

Presenta Equipo 4:
Bustos Hernández Omar
Coria de Jesús Pedro Uriel
Flores Betanzos Daniel Alejandro
Hernández Dado José Alberto

4EM23

PROF. María Angelica Muñoz López

1
Introducción.

Un campesino es aquella persona que desempeña sus labores en el ámbito rural,


normalmente en actividades agrícolas o ganaderas que tienen como principal
objetivo la producción de diversos tipos de alimentos o sus derivados. Por lo
general, un campesino puede producir estos elementos tanto para su subsistencia
(consumo propio) o para comercializarlos en el mercado y obtener a partir de ello
alguna ganancia. Aunque normalmente el campesino se identifica con la
producción de hortalizas, frutas o viñas, el campesino también puede poseer
diferentes tipos de ganado. (FAO, 2015)

La crisis alimentaria es un término utilizado para explicar la situación cuando los


países o personas no logran satisfacer las necesidades de alimentos, entonces
podemos decir que una crisis alimentaria se define en pocas palabras a la falta de
comida o alimentos para satisfacer las necesidades de las personas.

La crisis alimentaria ha profundizado la grave situación que atraviesa el medio


rural debido al alza de los precios agropecuarios y alimentos debido a la crisis
económica a nivel mundial, en consecuencia, del fracaso del sistema capitalista
que superpone las ganancias en relación con la satisfacción de las necesidades
de los individuos, lo que origina una crisis agroalimentaria.

El término Seguridad Alimentaria explica el fenómeno contrario a la crisis


alimentaria, toda vez que se habla de seguridad alimentaria se hace referencia
cuando una familia o un país garantiza el acceso a los alimentos sin ningún
problema a sus integrantes o ciudadanos, por lo cual pueden alimentarse sin
ningún problema. En la actualidad, a nivel mundial no podemos hablar de
seguridad alimentaria en virtud de la crisis financiera existente y de los diferentes
factores que influyen en el aumento de los precios de los alimentos de manera
desmesurada e incontrolable. (Piña, 2010)

La soberanía alimentaria es, como establece Vía Campesina, “el derecho de los
pueblos a alimentos nutritivos y culturalmente adecuados, accesibles, producidos

2
de forma sostenible y ecológica, y su derecho a decidir su propio sistema
alimentario y productivo”.

En contraste al concepto de “seguridad alimentaria”, definida por la FAO y


centrada en la disponibilidad de alimentos, la soberanía alimentaria incide también
en la importancia del modo de producirlos y en su origen, resaltando la relación
que tiene la importación de alimentos baratos en el debilitamiento de producción y
población agraria locales.

De este modo, la Soberanía Alimentaria trata de superar el actual sistema


agroalimentario, roto por los modelos productivos capitalistas en los que se prima
la rentabilidad frente a la calidad de los productos y en donde las largas cadenas
de producción enriquecen a los intermediarios mientras explotan y empobrecen a
los productores y productoras. Así, en el actual sistema los alimentos son
meramente mercancías, siendo por tanto ignorado el derecho a una vida digna de
las personas que producen y consumen, y su sistema kilométrico contamina el
agua y el suelo, acapara las tierras y genera importantes problemas de salud,
como la obesidad infantil. (Capesina, 2018)

3
Desarrollo.

La crisis alimentaria puede tener varias etapas o grados, por ejemplo, se puede
estar en presencia de una simple escasez o en una completa hambruna por la
inexistencia de comida para las personas, esta puede darse gracias a los
incrementos o alza de los precios de los alimentos, lo cual ocurre en la actualidad,
ya que desde la entrada de la crisis financiera acentuó la escasez de alimentos y
por tanto el aumento de la crisis alimentaria mundial.

En 2008 estalló la crisis alimentaria mundial con una secuela de alzas de precios
de los bienes alimentarios básicos, levantamientos sociales, agudización de la
pobreza y desestructuración de las unidades campesinas en los países del sur.
Dos años más tarde, a finales de 2010 y principios de 2011, reapareció una
segunda fase de la crisis alimentaria, con un fuerte impacto sobre la
desestabilización de los países árabes y el encarecimiento de los alimentos en
todo el orbe. Con ello quedó claro que la crisis alimentaria forma parte de la etapa
de transición por la que atraviesa el capitalismo internacional con repercusiones
prolongadas en nuestros países.

En tal contexto, este libro aborda las causas estructurales de la crisis alimentaria,
tanto en el ámbito mundial como nacional, así como el impacto que ha tenido
sobre los productores rurales de México, en particular aquellos orientados a la
producción de maíz, café comercial y orgánico, carne de res, cerdo y aves, así
como la respuesta que han impulsado las organizaciones campesinas,
específicamente en el estado de Chihuahua, ante los embates de este fenómeno.

Este libro pretende aportar un conocimiento crítico y consistente sobre la crisis


alimentaria, que permita encontrar alternativas incluyentes para los productores
rurales, en un marco de profundas transformaciones mundiales y nacionales.
Sobre todo, rescatar las lecciones que ha brindado en su desarrollo este proceso,
en aras de fortalecer la agricultura y la pequeña producción campesina ante la
incertidumbre alimentaria mundial que prevalece. (Rubio, 2013)

4
El volver a los orígenes del campo representa una nueva salida para México, pero
eso se tendría que dar con un mayor apoyo para los campesinos por parte de los
diferentes sectores de gobierno. Derivado del cultivo de la tierra, la agroecología
nació para convertirse en una disciplina, un conjunto de prácticas y un movimiento
social que aboga por la recuperación del conocimiento

tradicional de los campesinos relacionada a la producción de alimentos, en donde


el respeto al medio ambiente, la sustentabilidad, la organización, los derechos y el
cuidado de la salud convergen en su base principal.

Dentro de esta división derivada de la agricultura entran en juego dos modelos, el


extensionista y el campesino.

El primero está influenciado por las políticas de los gobiernos relacionadas a la


producción de alimentos, que dentro de sus prácticas logran degradar y
empobrecer la tierra de cultivo.

Por otro lado, el segundo modelo aboga por la práctica milenaria como modo de
producción de alimentos incorporando el respeto al medio ambiente y
promoviendo la sustentabilidad a través de la recuperación del conocimiento.

El concepto de soberanía alimentaria fue lanzado por las organizaciones de la


sociedad civil en la década de los noventa y ha alcanzado un desarrollo importante
en la actualidad. Hoy en día, organizaciones internacionales como la FAO se
hallan comprometidas con el debate sobre soberanía alimentaria. Esto, por un
lado, es una muestra del éxito del concepto y de la aparente necesidad de ir más
allá de las complicadas ofertas existentes, como las de la alimentación como
derecho humano y de la seguridad alimentaria. Por otro lado, está presente el
riesgo de que el concepto de soberanía alimentaria sea despojado de su
confrontante contenido, e integrado en los negocios como habitual.

Las experiencias de producción de materia prima para agro energía por parte de
pequeños agricultores han demostrado el riesgo de dependencia en relación con
grandes empresas agrícolas, que controlan los precios, el procesamiento y la

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distribución de la producción. Los campesinos son utilizados para dar legitimidad
al agronegocio, mediante la distribución de certificados de “combustible social”.

Este modelo causa impactos negativos en comunidades campesinas, ribereñas,


indígenas, quilombo las, que tienen sus territorios amenazados por la constante
expansión del capital. Además, la falta de una política de apoyo a la producción de
alimentos puede llevar a los campesinos a sustituir sus cultivos por
agrocombustibles y, con ello, comprometer la soberanía alimentaria. En Brasil, por
ejemplo, los pequeños y medianos agricultores son responsables de 70% de la
producción de alimentos para el mercado interno. (Capesina, 2018)

La soberanía alimentaria, acuñado por la Vía Campesina, se plantea no sólo como


una alternativa para los graves problemas que afectan a la alimentación mundial y
a la agricultura, sino como una propuesta de futuro sustentada en principios de
humanidad, tales como los de autonomía y autodeterminación de los pueblos.
Según la dirigente campesina chilena, Francisca Rodríguez, se trata más bien de
un principio, de una ética de vida, de una manera de ver el mundo y construirlo
sobre bases de justicia e igualdad.

Para las mujeres campesinas la soberanía alimentaria es consubstancial a su


propia existencia y definición social, pues su universo ha sido históricamente
construido, en gran parte, en torno al proceso creativo de la producción
alimentaria. Su reto actual, es hacer que, al construir esta propuesta, queden atrás
los prejuicios sexistas y que esta nueva visión del mundo incluya a las mujeres, las
reivindique, y les permita la opción de ser campesinas en pie de igualdad. (Rosset,
2004)

No obstante, la ideología patriarcal es columna vertebral de las tendencias


capitalistas que apuntan a la premisa de que hay que producir más, lo que
equivale a depredar más, y desarrollar tecnologías, como las resultantes de la
biogenética, para maximizar la rentabilidad. Las lógicas que subyacen en esta
visión de la producción para el comercio y la exportación, son diametralmente
opuestas a aquellas que nutren las propuestas y prácticas de auto sustento,
desarrolladas a través de los tiempos por las mujeres; son también la antítesis de

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soberanía alimentaria, pues cuando el mercado decide sobre las políticas
agrícolas y las prácticas alimentarias que resultan de ellas, los pueblos apenas
tienen el papel de consumidores y, en casos, de empleados, no de tomadores de
decisiones.

Desde hace decenios, las organizaciones campesinas y ecologistas han


sustentado y comprobado que la actual producción de alimentos es más que
suficiente para alimentar a todas y todos. Han insistido en que lo que hay que
cambiar son los patrones de producción y consumo de los países ricos y
establecer una distribución igualitaria de los bienes alimenticios, y aún más, han
insistido en la ligazón entre buena alimentación y salud. Sin embargo, ciertas
políticas internacionales -basadas en las consecuencias y no en las causas-
continúan enfocando problemas y soluciones aisladas, mismo si los costos y
esfuerzos para encaminarlos se multiplicarán entre ellos.

Optar por la soberanía alimentaria implica, entonces, un giro radical de las


políticas productivistas mercantiles actuales, bajo cuyo dominio la crisis
alimentaria y el hambre no cesan de aumentar. Pues en la realidad es en la
pequeña agricultura -área donde se ubican principalmente las prácticas
productivas de las mujeres-, que no solo se registran los resultados más
concluyentes, sino que se generan modos de vida congruentes con la
sostenibilidad y la redistribución.

Pero, justamente la pequeña producción es la más amenazada por las políticas


liberalizadoras de la Organización Mundial de Comercio (OMC), pues además del
dumping y la competencia desigual entre ésta y el agronegocio, sus preceptos
radican en una visión contraria a la sostenibilidad alimentaria: el monocultivo
intensivo y la comercialización regida por las reglas del comercio internacional,
área enteramente controlada por el mercado. (Rosset, 2004)

Precisamente por eso, la Vía Campesina brega porque la agricultura se mantenga


al margen de la OMC, pues el desarrollo de ésta bajo principios previsibles implica
no sólo el registro de las cantidades de los productos exportables y de su libre
flujo, sino el florecimiento de un modo de vida acorde con el respeto del medio

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ambiente y la generación de culturas, como también de éticas acordes con el
mantenimiento y la renovación de valores humanos fundados en la justicia social y
de género.

Si las personas del campo se beneficiaran de condiciones que les permitan


concentrar su energía en el trabajo agrícola, podrían asumir fácilmente la
soberanía alimentaria para las futuras generaciones. Un ejemplo de ello es el caso
de África Subsahariana, una de las regiones más afectadas por el hambre y la
desnutrición en el mundo, donde, paradójicamente, los recursos naturales
disponibles son ampliamente subutilizados, ya que el continente solo produce el
0.8% de lo que podría retirar de su potencial agrícola.

El campesinado en México ha sido históricamente marginado tanto cultural como


social y económicamente de los procesos de la sociedad en general. De esta
forma ha sido dominado por grupos que han organizado el territorio, a través de
reformas desde el Estado, acorde a los intereses de una elite, en detrimento de las
necesidades de la mayoría campesina, agudizando las condiciones de
desigualdad y pobreza que confluyen en la marginación de las comunidades
desde todos los aspectos. Sumado a ello las políticas implementadas donde se
refuerzan las acciones militares en las zonas rurales han agudizado los conflictos
sociales y armados. Esto ha evidenciado históricamente la relación de estas
presiones con los intereses que tiene el capital extranjero en algunas regiones de
México.

El sur del país es una de estas regiones, marcada por el conflicto y la agresión
contra las comunidades que la habitan. Anudado a esto, es una región importante
geoestratégicamente hablando para la implementación de megaproyectos de
explotación minera, maderas, hídricos entre otros recursos, por parte del capital
extranjero. El istmo es una zona que hace parte del sur, estando ubicada en el
costado de la zona petrolera más grande del país, en límites con Belice
Administrativamente, la mayoría de las veredas que allí se encuentran pertenecen
a este país.

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Actualmente, a la multinacional Kedah da, filial de la Anglo Gold Ashanti Mines, la
segunda mayor extractora de oro en el mundo, se le han dado en concesión
extensas zonas ricas en recursos auríferos, que son habitadas y explotadas por
comunidades campesinas y mineras desde hace más de cuarenta años. La gran
mayoría de las minas se encuentran sin títulos, los mineros explotan estas tierras
desconociendo la normatividad existente. (Capesina, 2018)

Esto afecta directamente la capacidad de producción de alimentos para los


campesinos, este fenómeno puede observarse También al norte del país entonces
agrícolas del Estado de Nuevo León Tamaulipas y Coahuila que anteriormente
eran productoras Hola tanto de ganado cómo algunas productos de la canasta
básica en México, sólo que aquí Hola esto no se veían afectados por
multinacionales mineras sino que por las grandes industrias manufactureras que
venían de otros países como Estados Unidos aumentando la migración del campo
a las grandes ciudades donde se encontraban los complejos manufactureros
abandonando así el campo.

El estado también jugó un papel importante al no Hola implementar políticas y


crear leyes que protegieran la producción de alimentos tanto al norte como al sur
del país permitiendo el paso de capital extranjero para apropiarse de la tierra y de
los recursos naturales de la misma.

Las dinámicas sociales y económicas de las comunidades primordialmente


agrarias requieren de estudios que intensifiquen y exploten los recursos naturales,
físicos y económicos que poseen muchas de las regiones de nuestra nación que
tienen recursos innumerables y que con una buena organización comunitaria
facilitara procesos alimenticios y nutritivos que son muy deficientes en las zonas
rurales.

Son los influjos globales del capitalismo crecientemente mundializado, los que
agudizan los índices de pobreza y miseria en todo el país, ello no es porque tales
influjos son negativos pese, sino porque la economía campesina por ejemplo no
puede competir en un mercado mundial con empresas macros.

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La economía campesina en contraste con la globalización queda alienada y
representada como un mínimo proceso en este gran movimiento económico, los
pequeños productores rurales que desean estar ligados a relaciones capitalistas,
no poseen los factores de producción necesarios, ni los conocimientos para
enfrentarse a un mundo comercialmente capitalizado.

Son las diversas estrategias de vida, sobre todo de sostenimiento y cubrimiento de


las necesidades más básicas, que constituyen elementos para tener en cuenta
para la confrontación de problemáticas económicas, saludables y de seguridad
que se viven en la zona.

Es importante en este panorama comunidades organizadas en pro de su


bienestar, pero sobre todo de su sostenibilidad en una alimentación sana y
nutritiva, la cual necesita de un trabajo que sea aportado para la comunidad por
parte de los individuos que la integran, la sostenibilidad hace referencia pues a un
proceso que busca la utilización colectiva de la tierra para generar alimentos de
autoconsumo, en primera instancia, que permita asegurar a la población su dieta
alimentaria a largo plazo. (Rubio, 2013)

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Conclusiones.

En conclusión, podemos decir que el trabajo campesino en México y en otros


países se ha visto relegado por dos grandes factores el 1º la producción en masa
de monocultivos por parte de los grandes a los productores, así como también por
la falta de creación de políticas que protejan el trabajo de los mismo cantas.

uno de los más grandes retos a vencer es el modelo capitalista de producción de


alimentos ya que este implemento grandes tecnologías que sustituyen el trabajo
podrían hacer las campesinas, Dejándolo sin trabajo y obligándolos a abandonar
el campo este fenómeno se puede observar en México y en otros países de
Sudamérica Centroamérica África y el sureste asiático donde toda la población
rural mira las grandes ciudades en busca de oportunidades de trabajo.

Disminuyendo así la producción agrícola que se puede tener por trabajo


campesino y también abandonando la tierra que cada vez más multinacionales
adquieren para extraer los recursos Acrecentando cada vez más la falta de
alimentos y el aumento del precio de estos cómo disminuyendo también la
soberanía alimentaria.

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Bibliografía
Capesina, V. (2018). Soberania alimentaria. Obtenido de
https://viacampesina.org/es/

FAO. (2015). Campesinos y su papel economico.

Piña, L. R. (2010). La crisis agroalimentaria y sus consecuencias En méxico.


Distriti Federal: UNAM.

Rosset, P. (2004). En defensa de las pequeñas fincas. Angora Nord-Sud,


Catalunya: El Dret.

Rubio, B. (2013). La crisis alimentaria mundial, impacto sobre el campo mexicano.


Ciudad de México: Instituto de investigaciones sociales, UNAM.

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