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Taller

Ciencias Sociales
Nombre: ______________________________
Grado: ____
Asignatura: __________________________
Fecha: _______________________

Similitudes y diferencias entre la piratería clásica y la actual, por Fernando Ibáñez

15 de marzo de 2013.
El programa de Radio Nacional de España (RNE) “Viaje al centro de la noche” emitió recientemente un
monográfico dedicado a todo tipo de piratería bajo el título “Patente de corso”. El equipo de nuestra radio
pública tuvo la enorme gentileza de entrevistarme para hablar de los piratas marítimos del siglo XXI. Al
escuchar el programa, me vino a la cabeza la idea de escribir sobre las semejanzas y diferencias que
podemos encontrar entre la piratería marítima clásica, por ejemplo, la que surcó en la Edad Media el
Mediterráneo o el Caribe, y la piratería actual, en particular, la que en los últimos años se ha desplegado
en aguas próximas a Somalia.

Para realizar dicha comparación he recuperado las notas que tomé en su día relativas a un maravilloso
libro que nos introduce en la historia de este fenómeno criminal. Se trata de Historia de la piratería de
Philip Gosse, en una reedición publicada por la editorial sevillana Renacimiento, que ha dedicado toda
una colección denominada “Isla de la tortuga” a la piratería. Renacimiento tiene también otras colecciones
no menos interesantes, como “Espuela de plata”, donde mi buen amigo Diego Navarro publicó
recientemente su espléndido Morir matando.

Pues bien, releyendo a Gosse, he podido comprobar que, en efecto, piratas clásicos y contemporáneos
comparten más semejanzas de las que en un principio pudiera parecer, tanto en fines como en medios.
Tanto entonces como ahora era una actividad delictiva cuyo fin era el lucro y el beneficio económico. Muy
lejos de esa visión romántica que nos han ofrecido a lo largo décadas las novelas y las películas de
aventuras e, incluso, hoy en día las series de dibujos para niños que emiten en televisión. Hace siglos el
objetivo de los piratas era capturar seres humanos para traficar con ellos, es decir, parael comercio de
esclavos. Raro era el año en que no desaparecían miles de europeos. Ahora, el fin es capturar también
seres humanos, a ser posible, occidentales (por los que se paga más y antes) con el fin de pedir un
rescate por ellos.

Gosse recuerda el episodio sucedido tras la expulsión de los moros de España por parte de los Reyes
Católicos en 1492. Algunos de ellos se volvieron piratas. A fin de cuentas, tenían importantes alicientes
para ello: conocían el idioma, los hábitos comerciales de España y disponían de fuentes de información
entre los compatriotas que permanecían en la península. Y, como siempre ha sido una constante en la
historia de la piratería, pagaban una parte del botín (un 10%) a las autoridades de Túnez para que les
permitieran mantener sus bases en la costa. Todo ello recuerda al modo de actuación de los piratas
somalíes.

Otra similitud: en la Edad Media muchos marineros eran enrolados para luchar contra la piratería y
algunos de ellos tenían la tentación de acabar convirtiéndose en piratas. Esto también ha sucedido en la
piratería somalí actual y hemos visto a antiguos miembros del servicio de guardacostas somalí o
pescadores que, conocedores de su oficio, han decidido “pescar” otro tipo de peces, en este caso,
buques mercantes para pedir un rescate por ellos. También sabemos, incluso, de alguna empresa de
seguridad privada que fue contratada por las autoridades somalíes para formar a soldados que lucharan
contra los piratas y que estos soldados acabaron utilizando la formación que les habían dado para ello
para convertirse en piratas. Asimismo, algunos somalíes que fueron formados en cuestiones marítimas
en la Unión Soviética también parece que se volvieron piratas.

De igual forma, la organización de un grupo pirata no ha cambiado demasiado con el paso del tiempo. Si
hace siglos se reunían en un consejo para organizar la expedición, decidir su lugar de actuación y cómo
repartirse el botín, también en la actualidad sabemos que los piratas somalíes regulen previamente la
selección de personal, la logística, el reparto de beneficios, etc. Y bajo la eterna ley, que vale para
entonces y para ahora, de “si no hay presa, no hay paga”.

Por otra parte, los piratas a lo largo del tiempo han dispuesto de lo que podemos llamar “códigos de
buena conducta”, es decir, normas que debían cumplir a rajatabla. En la piratería clásica no podían subir
mujeres a bordo, ni jugar dinero a las cartas, ni reñir en el barco, sólo en tierra firme. Se trataba con todo
ello de evitar las disensiones internas. También los piratas somalíes tienen un catálogo de buena
conducta: no pueden disparar sus armas sin razón, no pueden dormirse durante su guardia, no pueden
tocar la mercancía que lleva el barco, etc. Y todo esto está penado con una serie de multas que van
desde los 100 dólares por retrasarse de volver de un permiso en tierra hasta la expulsión de la
organización si se atreven a criticarla.

Asimismo, resulta muy curioso el capítulo de lo que llamaríamos “pagos e indemnizaciones”. Tanto en la
piratería clásica como en la actual se establece el dinero que recibe un pirata. También en el supuesto de
que resulte herido en el ejercicio de su actividad. Por ejemplo, si un pirata perdía hace siglos el brazo
derecho, cobraba más que si perdía el izquierdo. Si perdía un ojo cobraba poco porque se consideraba
que nole impedía desarrollar su trabajo. Los piratas somalíes también pagan indemnizaciones: los
familiares de un pirata que muere en una operación o que ha sido capturado por efectivos militares
reciben una paga por ello.

A su vez, el modus operandi de los piratas parece no haber cambiado en exceso. Los piratas clásicos
utilizaban las principales rutas del comercio marítimo para acechar a sus víctimas. Si hace siglos,
atacaban en el Mediterráneo o el Caribe, ahora lo hacen en la importante vía de navegación que va
desde el Estrecho de Ormuz hasta Suez, pasando por el Cuerno de África y el Golfo de Adén, que son
las áreas habituales de actuación de los piratas somalíes. Gosse relata cómo hubo un tiempo en que la
piratería inglesa llegó a tal nivel que atacaban, incluso, a barcos de su propio pabellón. Hasta el punto de
que se cerró la ruta marítima y los comerciantes decidieron que sus mercancías fueran por tierra. De
modo que un barco salía de Londres con dirección a Venecia y atravesaba el Rhin y los Alpes para
alcanzar su destino. Esto era así porque el coste de defender un barco contra los piratas era enorme y las
empresas no se lo podían permitir. Había que contratar bastante más tripulación y también artilleros para
proteger el barco ante un ataque pirata. Esto también ha sucedido en parte en la piratería somalí. Hay
navieras que no pueden pagar la contratación de seguridad privada en sus barcos o que han decidido
evitar riesgos. Por ello, sus mercantes ya no navegan a través del cuerno de África, de modo que, por
ejemplo, un buque que sale de la India en lugar de ir hacia Suez, prefiere rodear toda África por el cabo
de Buena Esperanza para llegar a Europa o a América.

La piratería en el Mediterráneo se desarrollaba cuando las condiciones meteorológicas lo permitían. Y


explotaba en primavera cuando mejoraba el tiempo. También los piratas somalíes, debido a la influencia
de los monzones, se encuentran limitados en su actuación y, por ello, despliegan sus ataques
preferentemente entre marzo y mayo y entre septiembre y noviembre. Otra semejanza: los ataques de los
piratas clásicos solían ocurrir en el momento del amanecer. Ahora también, los piratas somalíes prefieren
atacar cuando amanece y cuando anochece, momentos del día en que intentan pasar más
desapercibidos.
También era habitual que los mercaderes de ciertas ciudades marítimas llegasen a acuerdos con los
piratas para que éstos atacasen cualquier barco menos los de su propiedad. Esto es algo que, asimismo,
sabemos que sucede en la piratería somalí actual: si los piratas secuestran barcos cuya mercancía está
destinada a los comerciantes somalíes, éstos suelen pagar un rescate módico por el barco. A veces,
incluso, el barcoes liberado sin pedir dinero a cambio. En materia de rescates, también se desarrollaba en
la piratería clásica una negociación y un regateo en el que los piratas pedían al principio una cantidad
elevada, que iba reduciéndose hasta que ambas partes consideraban que podían alcanzar un acuerdo.
Esto apenas ha cambiado, más allá de que ahora estén involucrados bufetes de abogados, consultoras o
empresas de seguridad que ayudan a la naviera a gestionar la crisis que supone un secuestro.

Los piratas también son parecidos en cuanto a su osadía. Gosse nos cuenta cómo en el siglo XVI un
pirata argelino se atrevió a cruzar, por primera vez, el estrecho de Gibraltar y atacar en pleno Atlántico, en
las islas Canarias. También los piratas somalíes han demostrado su atrevimiento y ya no actúan sólo en
aguas próximas a Somalia sino que desarrollan sus ataques incluso a más de 1.000 millas de la costa
somalí hasta alcanzar el dominio marítimo de la India o el estrecho de Ormuz.

Otra similitud: cuando se producía un secuestro de personas que eran convertidas en esclavos, la única
manera de liberarlas era el pago de un rescate a los piratas. Y, por ejemplo, Philip Gosse reseña cómo en
el siglo XVII los familiares de los secuestrados ingleses se concentraban frente al parlamento inglés para
presionar a sus diputados con el fin de que se pagara el rescate. Y en ocasiones cuando la protesta era
muy fuerte conseguían su propósito y se abonaba ese dinero. Esto también ocurre en la actualidad con
los piratas somalíes: las familias de los secuestrados intentan presionar a sus propias autoridades a
través de los medios de comunicación para que el pago de un rescate se produzca y se haga con
prontitud con el fin de tener a sus seres queridos en casa lo antes posible.

Más semejanzas: tanto en la piratería clásica como en la actual era harto complicado juzgar a un pirata.
Imaginemos a un pirata que era detenido y debía ser puesto a disposición de los jueces, por ejemplo, en
Inglaterra: había que transportarlo hasta allí junto a los testigos y las pruebas recogidas y ponerlo a
disposición del Tribunal del Almirantazgo, un proceso largo y costoso. Hoy también nos encontramos con
problemas para enjuiciar a los piratas somalíes: en ocasiones, algunos países no tienen regulado el delito
de piratería y sigue siendo un problema logístico importante llevar a unos piratas somalíes ante un
tribunal y conseguir su enjuiciamiento: deben aportarse pruebas, declaraciones de testigos, etc. La Royal
Navy ha recomendado que no sean conducidos piratas para ser juzgados en Gran Bretaña, ante el riesgo
que se corre de que pidan asilo político.

Si en los siglos precedentes los piratas se emborrachaban con ron para sentirse eufóricos y lanzarse al
ataque, ahora sus homólogos somalíes toman khat, una droga local que les permite también “aumentar”
su coraje.

Sin embargo, entre la piratería clásica y la actual también hay notorias diferencias. Un fenómeno curioso
es que el apogeo de la piratería en el siglo XVII se debió a que no hubo acuerdo entre las principales
potencias de la época para acabar con la piratería. Gosse nos advierte de que una operación militar
desplegada por Francia, Holanda y España en el Norte de África hubiera sido suficiente para acabar con
los piratas del Mediterráneo. Pero, claro, lo habitual es que las grandes potencias europeas se
encontrasen batallando entre sí y los piratas salían beneficiados de esas divisiones, aliándose con unos u
otros según sus propios intereses. De hecho, el primer país que se negó a pagar a los piratas bereberes
fue EEUU ya en el siglo XIX. Incluso realizó un bloqueo de dos años de la base pirata de Trípoli hasta
que obtuvo de los piratas la firma de un tratado por el cual dejarían de molestar a los mercantes
norteamericanos. En la actualidad, las principales potencias sí que se han puesto de acuerdo para
enfrentarse con la piratería somalí y han puesto en marcha diversas misiones militares y enviado decenas
de barcos de guerra a la zona de actuación de los piratas somalíes para proteger a los buques que
navegan por esas aguas. Aunque se ha desarrollado algún ataque aéreo contra las bases piratas de
Somalia, también es verdad que no se han atrevido a poner un pie en tierra firme. Los somalíes han
demostrado en diversas ocasiones ser muy reacios a la intervención extranjera en su suelo.

Otra diferencia: en la piratería clásica había Estados que pagaban a los piratas para que no molestaran a
sus mercantes. Hoy esto no ocurre. Sí que puede haber pesqueros que faenan de manera ilegal en
aguas de Somalia y que pagan una “licencia” a las autoridades locales para que les proporcionen
protección, pero ya no son los gobiernos los que pagan esa especie de “impuesto revolucionario”.

Philip Gosse comenta que, por ejemplo, en Inglaterra el 80% del dinero de los rescates nunca llegaba a
los piratas, sino que se lo quedaba la marina británica para pagar sus deudas. En esto ahora hay una
diferencia importante. Y es que no sólo hay que pagar el rescate en sí, sino que se suman otras
cantidades que hay que abonar: al bufete de abogados en Londres que negocia el secuestro con los
piratas, a la empresa a la que se le contrata una avioneta para que lance un paracaídas con el dinero
sobre el barco que está secuestrado, etc. Otra diferencia es que en el pasado hubo algún caso de
mujeres piratas y hoy no se reporta que participen mujeres en las andanzas de los piratas somalíes.

Por último, pero no por ello menos importante. Si un pirata clásico tenía pocas dudas a la hora de violar o
asesinar a sus secuestrados, esto ha cambiado, en buena medida, en la actualidad. Los piratas somalíes
deben respetar la “mercancía”, sobre todo, si es occidental, ya que se les exigirá una prueba de vida
antes de que les llegue el dinero del rescate. Si no lo hicieran, las autoridades de los nacionales que se
encuentran secuestrados tendrían bastantes menos dudas a la hora de ordenar a los efectivos militares
que patrullan la zona la puesta en marcha de operaciones de rescate aun a riesgo de poner en peligro la
vida de alguno de los secuestrados.

Una última cuestión: tanto entonces como ahora era muy difícil que una persona que hubiera llevado una
vida de pirata pudiera volver a una existencia simple y honesta. Qué difícil es abandonar un delito que
tantos beneficios reporta con tan escasa inversión. El actual presidente somalí acaba de ofrecer una
amnistía a los piratas que abandonen su actividad. ¿Desincentivará este ofrecimiento a los piratas más
jóvenes?

Original en Iuxsed

José María Gil Garre, CEO de Intentto Europgroup S.L., ha puesto recientemente en marcha un nuevo
medio de comunicación: Iuxsed, donde se publican noticias y análisis de diversos aspectos relacionados
con la seguridad internacional. En este nuevo observatorio ha tenido a bien publicarme un breve y
desenfadado análisis donde comparo la piratería marítima clásica y la actual.

Actividad:

1. Realizar un resumen del texto mediante un mapa conceptual o un mapa mental (el estudiante
selecciona el instrumento que prefiera). Se debe usar colores, regla, entre otros.
2. Realice un cuadro comparativo en donde se establezcan similitudes y diferencias entre la
sociedad propuesta por los piratas y la sociedad actual.
3. Realice la definición de al menos 5 conceptos que le hayan llamado la atención de la lectura
propuesta (pueden ser más)
4. Elabore una sopa de letras que contenga por lo menos, los 5 conceptos definidos en el punto 3
(solo pueden aparecer en la sopa de letras los conceptos definidos en el punto 3)
5. Resolución de la sopa de letras
Así se abolió la esclavitud en Colombia

Decretada el 21 de mayo de 1851, la abolición de la esclavitud fue un proceso largo de


legislación republicana y resistencia comunitaria
La abolición de la esclavitud, decretada el 21 de mayo de 1851, fue resultado de un largo
proceso iniciado en el siglo XIX con antecedentes coloniales de grupos de resistencia
cimarrona. Las primeras iniciativas de abolición de esclavitud se dieron con el decreto de
Manumisión de esclavos en 1814 y la Ley de Libertad de Vientres de 1821; pero no se
consolidó una abolición absoluta sino hasta 1851.

La abolición de la esclavitud en Colombia fue decretada el 21 de mayo de 1851 por un


partido liberal recién nacido, que de esta manera respondió al apoyo popular recibido
durante la elección del presidente José Hilario López. Este proceso fue largo y tortuoso y en
él intervinieron no sólo diferentes fuerzas políticas y sociales sino también, y en gran
medida, los hombres y mujeres que habían sufrido la esclavitud, quienes desde tiempo atrás
conformaron sociedades libres mediante la construcción de palenques en zonas aisladas, se
amotinaron y protestaron frente a medidas injustas, al tiempo que otros utilizaron las leyes
que regularon las relaciones con los amos para buscar la libertad por medios jurídicos. Desde
luego, muchos aceptaron su condición, lo que lleva a pensar que la esclavitud fue funcional
al sistema colonial.

Extraído de: Triana, J. (Director). (1986).


Colección Revivamos Nuestra Historia: La
libertad de los esclavos. Colombia:
Producciones Eduardo Lemaitre. Archivo
Señal Memoria. UMT 216547

En las postrimerías del régimen colonial, la


población esclavizada del Nuevo Reino de
Nueva Granada era minoritaria desde el
punto de vista demográfico, pues el total
de habitantes se calculó en 798.956, de los
cuales 62.547 eran esclavos (7.83%); la
mayoría de la población aparecía
clasificada como "libres de varios colores",
al sumar 375.477 (47%) frente a los 158.330 (19.62%) indígenas y a los blancos que
alcanzaron el número de 202.602 (25.36%). A pesar de ser minoritarios, los esclavizados
eran fundamentales para desarrollar los procesos productivos en minas y haciendas
ganaderas y azucareras que se concentraron en la costa del Pacífico y en algunos valles
interiores de las gobernaciones de Cartagena, Popayán y Antioquia. Esta importancia
económica hizo que la abolición de la esclavitud fuera más conflictiva en unas regiones que
en otras.

¿Por qué se dio la abolición de la esclavitud?


Frente a la abolición de la esclavitud existen varias explicaciones, tales como el agotamiento
de la institución por diferentes crisis económicas que sufrieron los sistemas productivos que
los utilizaron (v.g. la minería), las transformaciones que exigía el advenimiento del
capitalismo y las influencias ideológicas del liberalismo europeo. Dadas las diferentes
realidades subregionales de nuestro país, podemos decir que la abolición de la esclavitud se
debió a una combinación de factores exógenos y endógenos y no precisamente al desarrollo
extremadamente lento del capitalismo. Entre los exógenos cabe resaltar el papel que jugó
Inglaterra al prohibir la trata negrera en 1812, que pretendía el agotamiento de la población
esclavizada por sus ciclos biológicos; entre los endógenos destacaría el equilibrio de poderes
que se dio entre los sectores dominantes que participaron en la independencia. En efecto,
con el proyecto independentista liderado por los criollos la esclavitud apareció como un
problema social que requería solución; esto parece contradictorio ya que, para la élite criolla,
era obvio que la independencia no significaba más que la toma del poder político, sin que se
modificaran las bases de dominación sobre las cuales dicho poder se había levantado.

El problema era primordialmente de orden político, pues las regiones esclavistas tenían una
representación política menos importante que las del centro y oriente de Nueva Granada,
donde la esclavitud no era fundamental para el desarrollo económico, ni para mantener el
status social, lo que explica en parte el enfrentamiento de dos ideologías: la ilustrada que se
oponía fuertemente a la esclavitud y que tenía una marcada influencia en sectores del
gobierno, y la esclavista que si bien no tenía la fuerza suficiente para oponerse a las medidas
antiesclavistas sí la tenía para torpedear y, al menos, retardar su aplicación como en el caso
de la "libertad de vientres", promulgada en 1821, con la que se buscaba que no nacieran
más hombres y mujeres esclavos.

En la Nueva Granada, la zona esclavista más importante fue la Gobernación de Popayán


cuya élite controlaba los distritos mineros del Pacífico y las grandes haciendas ganaderas del
Valle del Cauca y del Patía, sitio éste donde se conformó un territorio habitado por una
población de origen negro que incluía algunos esclavos huidos del Valle del Cauca y donde,
liderada por el mulato Juan José Caicedo, se generó una importante oposición al proyecto
independentista que sólo finalizó mediante acuerdos realizados después de 1821.

La actitud negativa de los negros frente a la independencia llevó a que los criollos
enfrentaran la esclavitud como un problema de los Estados republicanos. Las primeras
discusiones en este sentido se dieron en Antioquia donde José Félix de Restrepo logró que se
aprobara un decreto de Manumisión de esclavos en 1814.

Luego, cuando Simón Bolívar reclamó de Alejandro Petión la ayuda para la liberación de su
patria, lo hizo bajo la promesa de dar libertad a los esclavos, la que proclamó el 2 de junio de
1816 cuando ordenó reclutar a quienes estuvieran en edad de empuñar las armas. Aparte de
este "pragmatismo" frente a la liberación de los esclavos, Bolívar hizo defensa de ella en
1819 durante el Congreso de Angostura, lo que no impidió que para la liberación de los
territorios de Popayán y Quito exigiera la conformación de un ejército con tres mil esclavos,
quienes obtendrían su libertad después de servir durante dos años.

Esta medida afectó de una manera brutal la economía minera, que atravesaba por un
período crítico desde mediados del Siglo XVIII y que se había visto afectada por los diez años
de guerra de independencia, cuando los esclavizados eran reclutados tanto por los ejércitos
patriotas como por los realistas. No fue sino hasta el Congreso de Cúcuta en 1821, que se
dictó la ley que inició un lento y tortuoso proceso que llevaría hasta la liberación de los
esclavos de Colombia. Se trata de un proyecto presentado por el Dr. José Félix de Restrepo,
que buscaba dar libertad a todos los nacidos de madre esclava desde su aprobación en
adelante, lo que ya se había ensayado en Antioquia. También propuso que con un impuesto
sobre las mortuorias se comprara la libertad a los esclavos que ya lo eran antes de la
promulgación de dicha ley. La ley fue aprobada en medio de un debate en el cual el
secretario de Gobierno, José Manuel Restrepo, argumentaba la necesidad de salvaguardar el
derecho de propiedad de los amos por encima del derecho de libertad de los esclavos.
[...] las juntas se caracterizaron por ser bastante
ineficientes pues los impuestos establecidos para comprar
la libertad de los esclavos fueron muy mal administrados.
La ley no fue de ninguna manera revolucionaria pues no significó la liberación inmediata de
ningún esclavo; por otra parte, restringía las posibilidades de gozar de una libertad plena,
pues el manumiso debía pagar por su mantenimiento sirviendo al dueño de su madre
durante 18 años al cabo de los cuales una Junta de Manumisión reconocería su libertad.
Aunque con esto se buscaba una manumisión gradual, lo cierto es que las juntas se
caracterizaron por ser bastante ineficientes pues los impuestos establecidos para comprar la
libertad de los esclavos fueron muy mal administrados y, en muchos casos, dilapidados, lo
que hizo fracasar la medida si se tiene en cuenta que hasta 1827 en toda la República sólo
se habían registrado 471 manumisiones, aunque se presentaron algunos casos de
manumisiones voluntarias.

A pesar de su ineficacia la manumisión fue atacada fuertemente por los esclavistas quienes
se quejaron acerca de que la alimentación de los hijos nacidos de esclavas no compensaba
con los dieciocho años que servían al amo, por lo que un grupo de esclavistas de Cartagena
propuso que sirvieran cuarenta o cincuenta años, pues consideraban que "la libertad de unos
pocos no debía colocarse por encima de los intereses del bienestar general", esto los llevó a
realizaran un activo e ilegal comercio de esclavos y manumisos entre Colombia, Ecuador y
Perú. También lograron que se dictara la Ley del 29 de mayo de 1842, que obligaba a que
quienes alcanzaran la libertad se vincularan mediante “concertaje” con una persona que los
prepararía para gozar de la libertad, lo que no fue más que una forma de evadir a la libertad
de vientres y las leyes de manumisión.

La pregunta que esto sugiere es ¿si se admite que la


manumisión había sido un fracaso, ¿qué se habían sucedido de
los esclavos?
La respuesta involucra varios factores tales como defunciones, reclutamientos en los
ejércitos y huidas, lo que se reflejó en la demografía puesto que la población esclava de la
Nueva Granada disminuyó un 31% entre 1835 y 1843 al pasar de 38.845 esclavos a 26.778 .

La mayoría de las mujeres [...] excluidas no encontraron


medios muy claros de conseguir su libertad; excepcionalmente
alguna logró que los tribunales reconocieran que el hecho de
ser concubina y madre de los hijos del amo eran méritos
suficientes para ser libres...
Todo esto, desde luego, ocurrió en medio de procesos de resistencia por parte de los
esclavos, muchos de los cuales prefirieron huir de sus amos y refugiarse en las ciudades, o
en zonas rurales de difícil acceso. Otros enfrentaron el problema de su libertad por los
medios legales, al comprar su libertad consignando semanalmente su propio valor en los
bancos de manumisión o al recurrir a los tribunales donde lograban que su derecho a la
libertad fuera reconocido; desde luego, estos recursos legales beneficiaron primordialmente
a los hombres. La mayoría de las mujeres quedaron excluidas y no encontraron medios muy
claros de conseguir su libertad; excepcionalmente alguna logró que los tribunales
reconocieran que el hecho de ser concubina y madre de los hijos del amo eran méritos
suficientes para ser libres; pero la mayoría se vio obligada a acordar con su amo, mediante
un papel de venta, el precio a pagar por su libertad, lo que a menudo terminó en los
tribunales donde la esclava lograba su libertad.

Apoyo y oposición a la abolición


Extraído de: Triana, J. (Director). (1986).
Colección Revivamos Nuestra Historia: La
libertad de los esclavos. Colombia:
Producciones Eduardo Lemaitre. Archivo Señal
Memoria. UMT 216547

Como es obvio, estos procesos eran


sumamente lentos a pesar de las buenas
intenciones de algunos funcionarios
modernizantes y la esclavitud se mantuvo
como un lastre colonial, que sólo fue roto
coyunturalmente. Por ejemplo, durante la
guerra de “Los Supremos”, José María Obando
decretó la libertad de los esclavos que se
vincularan a su ejército, lo que produjo una
gran movilización desde las poblaciones de
Timbío, Quilichao y Caloto; lo interesante es que cuando el caudillo fue derrotado muchos de
estos siguieron gozando de su libertad al asumir la vida de “bandidos” refugiados en los
montes cercanos al río Cauca. Desde estas zonas, muchos de ellos participaron en los
“retozos democráticos” en 1848 mediante los cuales los sectores populares, guiados por el
naciente partido liberal, lucharon por reformas democráticas y por espacios de libertad.

[...] los esclavos interpretaban las leyes en el sentido de que la


esclavitud sería abolida, lo que facilitó la huida de muchos de
ellos en los distritos mineros del Cauca...
Todo esto generó un ambiente antiesclavista que produjo una transformación en la
mentalidad de los esclavos que hizo que el trabajo esclavo fuera más improductivo que
nunca, pues los esclavos interpretaban las leyes en el sentido de que la esclavitud sería
abolida, lo que facilitó la huida de muchos de ellos en los distritos mineros del Cauca, otros
se volvieron levantiscos y aumentaron las denuncias sobre los abusos de sus amos; además,
en el Congreso, las demandas individuales de los esclavos tuvieron permanente acogida, lo
que relajó aún más los lazos de sujeción. Todo esto, unido al activismo político de los
esclavos del Cauca al lado del liberalismo, llevó al ascenso de José Hilario López al poder
presidencial el 7 de marzo de 1849 y a la expedición de la ley de abolición de la esclavitud el
21 de marzo de 1851.

Muchos políticos liberales pensaron que la liberación debía servir para que los negros
avanzaran social y económicamente, de tal manera que los esclavos no vieran en la
liberación una nueva frustración. Por ejemplo, se llegó a proponer la completa igualdad racial
que se expresó en la prohibición de mencionar la raza en documentos públicos y en permitir
que los negros pudieran acceder a la educación superior, pero este ascenso social vino
acompañado de una restricción política, pues requisitos de alfabetización y de fortuna fueron
expuestos para mantener el poder en manos de los políticos tradicionales.

La consecuencia social más importante de la abolición de la esclavitud tiene que ver con la
forma en que los libertos se asimilaron a la sociedad republicana. De hecho, con la crisis de
esta institución muchos esclavos habían pasado a ser sirvientes domésticos y lentamente se
fueron asimilando a la población de libres que existía en las ciudades, incrementando el
proceso de mixtura racial. Ocupados las más de las veces como artesanos, mandaderos,
aguateros los hombres y las mujeres como nanas de cría, pulperas; otros como “vagos sin
oficio”, van a ser señalados por los sectores más conservadores de la sociedad como
delincuentes culpables del caos republicano.

Extraído de: Triana, J. (Director). (1986). Colección Revivamos Nuestra Historia: La libertad
de los esclavos. Colombia: Producciones Eduardo Lemaitre. Archivo Señal Memoria. UMT
216547

En este sector, y bajo la promesa de construir una


sociedad más igualitaria, los partidos políticos
encontraron los hombres necesarios para librar sus
contiendas civiles. También muchos libertos
permanecieron en las haciendas en una muy mal
disimulada condición de esclavos, al ser vinculados a
la tierra mediante el peonaje por deudas, el
arrendamiento o, simplemente, por coacciones
extraeconómicas que no permitieron que gozaran de
su libertad. Pero no deja de ser cierto que grupos mayoritarios de negros y mulatos van a
construir sociedades campesinas libres en zonas como la Costa del Pacífico o los valles del
Magdalena, del Cauca y del Patía o Cartagena, que les permitieron recuperar sus tradiciones
y aportar a la construcción de esa variedad de culturas que se desarrollaron en lo que hoy es
Colombia.

Fecha de publicación original Vie, 21/05/2021 - 10:05

Actividad:

6. Realizar un resumen del texto mediante un mapa conceptual o un mapa mental (el estudiante
selecciona el instrumento que prefiera). Se debe usar colores, regla, entre otros.
7. Realice una línea de tiempo con las fechas más relevantes en la lectura.
8. Realice la definición de al menos 5 conceptos que le hayan llamado la atención de la lectura
propuesta (pueden ser más)
9. Elabore una sopa de letras que contenga por lo menos, los 5 conceptos definidos en el punto 3
(solo pueden aparecer en la sopa de letras los conceptos definidos en el punto 3)
10. Resolución de la sopa de letras

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