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Clacso Ambiente, Cambio Climático y Buen Vivir en América Latina y El Caribe

MOVIMIENTOS SOCIALES

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CLACSO

Chapter Title: Alternativas al extractivismo Rutas para transformar los territorios


Chapter Author(s): Marisabel García Acelas and Robert Adrián Quintero Leguizamón

Book Title: Ambiente, cambio climático y buen vivir en América Latina y el Caribe
Book Author(s): Tatiana Cuenca Castelblanco, Letícia Larín, Juan Manuel Delgado Estrada,
Luz Carina Durán Solarte, Cindy Vanessa Quintero Ramírez, Manuel Alejandro Henao
Restrepo, Sara Latorre, Andrea Bravo, Marisabel García Acelas, Robert Adrián Quintero
Leguizamón, Marisela Pilquimán Vera, Stepfanie Ramírez, Clarena Rodríguez Jaramillo,
Melisa Argento, Ariel Slipak, Florencia Puente, Sarah Patricia Cerna Villagra, Agustín
Carrizosa, María Irene Rodríguez...
Published by: CLACSO. (2022)
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cambio climático y buen vivir en América Latina y el Caribe

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Alternativas al extractivismo
Rutas para transformar los territorios

Marisabel García Acelas y Robert Adrián Quintero Leguizamón

Introducción

Los procesos organizativos que impulsaron las consultas populares


contra el extractivismo minero-energético en diez municipios de
Colombia entre el 2013 al 2018 no sólo se limitaron a conseguir el
apoyo de la ciudadanía para evitar el desarrollo de dichos proyec-
tos en sus territorios. Antes bien, algunas organizaciones colocaron
como discusión la necesidad de construir alternativas a la concep-
ción hegemónica del desarrollo y así prefigurar opciones al capitalis-
mo. Estas organizaciones además de constituirse en baluartes de la
resistencia contra el modelo extractivista, desarrollan acciones para
mitigar el modelo de agronegocio, en tanto este persiste como el mo-
delo productivo predominante en los territorios donde se realizaron
las consultas.
Por consiguiente, los proyectos que impulsan algunas de estas
organizaciones resultan fundamentales para bosquejar vías de tran-
sición sustentable, en tanto asumen la tensión que implica concebir
alternativas que desafíen la forma social de producción capitalista.
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Marisabel García Acelas y Robert Adrián Quintero Leguizamón

Así, el proceso de convocatoria a las consultas populares se constitu-


yó en una experiencia de disputa socioambiental1 en torno a la cual
detonaron apuestas organizativas enfocadas en pensar y construir
proyectos de economía solidaria y “decrecimiento de la esfera mate-
rial” (Herrero, 2013b; Recio, 2008), y en las que participaron colecti-
vos y cooperativas que viene construyendo proyectos basados en la
sustentabilidad de los territorios a partir de experiencias agroecoló-
gicas o de promoción de la agroecología.
Por tanto, nos interesó caracterizar y comprender los “proyectos
económicos autogestionados construidos desde la base, vinculados
al ámbito local y con sustrato anti capitalista” (Uharte, 2019) que
participaron (o emergieron) del proceso de convocatorias a las C.P.
Al reconocimiento de tres de estos casos, localizados en los muni-
cipios de Arbeláez (Cundinamarca), Fusagasugá (Cundinamarca) y
Cajamarca (Tolima), se enfocó la investigación aquí expuesta. Esta
preocupación tiene por fundamento pensar cómo desde las bases
se viene articulando lo común, en tanto instancia y horizonte de
construcción, para avanzar en la disputa hegemónica por una socie-
dad basada en la sostenibilidad de la vida.2 Nuestro encuentro con

1
Los conflictos socioambientales implican luchas por la desigual distribución de bie-
nes comunes, al igual que los múltiples efectos que se derivan de la pugna por la distri-
bución de aquellos; del mismo modo, involucran el enfrentamiento entre cosmovisio-
nes sobre la naturaleza y la vida inherente a los grupos inmersos en la disputa (Leff,
2014; Martínez-Alier, 2011; Walter, 2009). En tanto es fundamental analizar las causas
sociales que detonan los conflictos socioambientales, esta investigación se centró en
lo que Merlinsky denomina la “productividad de los conflictos ambientales”, es decir,
“el conjunto de transformaciones de mediano plazo que estos generan en la vida so-
cial” (2015, p. 7). Los conflictos ambientales desde esta perspectiva alientan cambios
territoriales e institucionales (no necesariamente “positivos” para las comunidades),
a partir de la emergencia de asuntos públicos para los que los actores sociales cons-
truyen marcos de interpretación y lenguajes de valoración (Martínez-Alier, 2011, 2015,
2005; Merlinsky, 2015; Svampa, 2009).
2
De acuerdo a Carrasco el concepto de sostenibilidad de la vida es multidimensional,
en él se conjugan aspectos abordados por la economía feminista y ecológica con el
objetivo de pensar la reproducción de la vida, pero en perspectiva del vivir bien. Una
definición provisoria señala que la sostenibilidad de la vida es un “proceso que no sólo
hace referencia a la posibilidad real de que la vida continúe –en términos humanos,
sociales y ecológicos-, sino a que dicho proceso signifique desarrollar condiciones de

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Alternativas al extractivismo

algunas de las organizaciones que promovieron las consultas popu-


lares en Arbeláez (Colectivo Socioambiental Guacaná y ASOCMA
–Asociación Campesina Productora de Mora–), Fusagasugá (Colectivo
de Agroecología Tierra Libre) y Cajamarca (APACRA –Asociación de
Productores Agroecológicos de la Cuenca del Río Anaime–) frente a
proyectos minero-energéticos posibilitó y ahondó la necesidad de
plantearnos la reflexión que sirve de eje principal a este trabajo: ¿en
qué consisten las alternativas productivas de algunas organizacio-
nes sociales que impulsaron consultas populares para pronunciarse
respecto de los proyectos minero-energéticos aprobados impositiva-
mente por el gobierno colombiano en las últimas dos décadas? ¿Estas
alternativas logran trasgredir la configuración sociometabólica do-
minante en los territorios?
La capacidad para adelantar experiencias económicas que fun-
cionen bajo principios ecológicos, solidarios, democráticos, pluricul-
turales (es decir, proyectos que materialicen una economía para la
vida) entraña una de las grandes dificultades para las luchas sociales
del presente. Bajo esta perspectiva, y desde la disputa por el territo-
rio, algunos grupos proponen iniciativas que transgreden el orden
depredador y autoritario que se ha impuesto en distintas latitudes
del planeta. Tarea nada sencilla que demanda de establecer una in-
teracción profunda entre saberes y prácticas emancipadoras, para
la que se precisa una elevada condición ético-política, y requiere de
un trabajo colectivo a través del cual se logre imaginar y forjar los
cimientos de un nuevo orden social. Se trata pues de adelantar una
“política de prefiguración” (Ouviña, 2013), de realizar las tareas de
transformación en el ahora y no postergar para un futuro mesiánico
en el que las “condiciones estén dadas para avanzar en la construc-
ción de lo anhelado”. Como bien lo entienden estos grupos enfrentar
la destrucción sistemática de lo viviente e impedir la distopía a la que
asistimos exige sustituir el proceso que ha subsumido lo común en

vida, estándares de vida o calidad de vida aceptables para toda la población” (Bosch et
al. 2005, como se citó en Carrasco, 2016).

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mercancías fetichizadas, es decir, en valores de cambio. ¿Pero cómo


transformar un orden que parece incorporar la totalidad de las rela-
ciones metabólicas ser humano-naturaleza dentro de la gramática
de la ganancia capitalista?
Las experiencias aquí analizadas (APACRA, Guacaná-ASOCMA,
Tierra Libre) han hecho suya esta inquietud y en consonancia han
procurado avanzar en la construcción de proyectos e iniciativas
productivas enmarcadas en la autogestión y la generación de alter-
nativas a la economía capitalista. Abordar estos procesos resulta de
sumo interés para complejizar el asunto de las transiciones ecoló-
gicas y el esclarecimiento de las apuestas organizativas que se han
fijado por objetivo lograr sociedades sustentables
Es importante indicar que la estructura de este documento se des-
glosa del siguiente modo: en una primera sección exponemos los de-
talles metodológicos que sirvieron de soporte a esta investigación; en
segundo lugar, presentamos una caracterización de los tres proyectos
productivos autogestionados (APACRA, Guacaná-ASOCMA y Tierra
Libre) a partir de las siguientes dimensiones analíticas: la gestión del
poder al interior de las mismas, la forma en que se presenta la relación
entre lo productivo y lo reproductivo, y la articulación existente con
otras experiencias y la relación con las instituciones públicas; en la
tercera sección conceptualizamos y ahondamos en la reflexión sobre
al carácter alternativo de estas experiencias; mientras que en un cuar-
to acápite abordamos las limitaciones de las mismas; como colofón,
puntualizamos en los aspectos relevantes que aportan estas experien-
cias al terreno de las luchas por la sustentabilidad de la vida.

Aspectos metodológicos

Esta investigación se efectuó entre abril del 2020 y marzo del 2021
en tres municipios de Colombia: Arbeláez, Fusagasugá, Cajamarca.
En los primeros seis meses, en parte a razón de la pandemia de
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Alternativas al extractivismo

SARS-CoV-2, el proyecto se circunscribió a indagar antecedentes del


problema de estudio a través de fuentes secundarias (bibliográficas y
hemerográficas).3 A partir del análisis de las acciones que adelantan
en el territorio las organizaciones que participaron de la promoción
de las consultas populares en los citados municipios, se seleccionó a
las organizaciones que previa o posteriormente a las consultas pro-
movieron proyectos productivos inspirados en principios ecológicos.
Con el objetivo de profundizar en el reconocimiento de los pro-
yectos realizamos entre noviembre de 2020 y marzo de 2021 dos visi-
tas in situ a las tres organizaciones para facilitar el encuentro con los
integrantes y conocer directamente los proyectos en curso. Cada uno
de los encuentros duró en promedio dos días, y sirvieron para dialo-
gar y compartir ampliamente con algunos integrantes de las orga-
nizaciones. Bajo esa premisa realizamos recorridos territoriales por
las fincas, huertas, tiendas, etc. donde se desarrolla el día a día de las
experiencias. Nuestro interés era sumergirnos en los procesos pro-
ductivos para entender o identificar las características productivas
de los proyectos, los territorios donde se desarrollan y sus dinámicas
organizativas.
El proceso de reconocimiento de las experiencias involucró en-
trevistas semiestructuradas presenciales y virtuales, en las que a

3
Cabe señalar que pocos estudios se han enfocado en la constitución de “proyectos
económicos autogestionados” asociados a los Comités Promotores de las consultas
populares en Colombia, ello a pesar de que representan una de las consecuencias más
sugerentes de las luchas socioambientales que adelantaron (y continúan promovien-
do) organizaciones sociales en el territorio (Carranza y Acevedo-Osorio, 2018; Giraldo,
2018; Reina-Rozo y Ortíz, 2019; Valencia y Henao, 2017). Por tal razón, para atender al
propósito de caracterizar iniciativas de este tenor, resultó clave el diálogo que sostu-
vimos durante el primer semestre del 2020 con integrantes de organizaciones como
“Colectivo Socioambiental Guacaná” (Arbeláez), el “Comité Ambiental Fusunga” (Fu-
sagasugá) y el “Comité Ambiental en Defensa de la Vida” (Ibagué-Tolima). Aquellos nos
aportaron información valiosa para reconocer el trabajo adelantado por algunos de
los “proyectos económicos autogestionados” que actualmente se encuentran traba-
jando en dichos municipios. A partir de este sondeo enfocamos nuestra atención a ex-
periencias como la “Corporación Colectivo de Agroecología Tierra Libre” o la “Asocia-
ción de Productores Agroecológicos de la Cuenca del Río Anaime” (APACRA), en tanto
destacan por las dimensiones, continuidad y grado de desarrollo de sus propuestas.

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partir del marco teórico y metodológico diseñado por Uharte (2019)


procuramos examinar con mayor grado de precisión las característi-
cas de estos proyectos. En Arbeláez realizamos entrevistas a tres líde-
res de Guacaná (Javier Linares, Diego Rojas y Donaldo Larrota) y tres
líderes/as de la Asociación Campesina de Productores de Mora de
Arbeláez –ASOCMA– (Nidia Mosquera, Elvia Prada y Luis Sanabria);
en Fusagasugá a dos líderes/as de Tierra Libre (Rosa Ballesteros,
y Jonathan Arévalo) y una del Comité Socio Ambiental Fusunga
(Yurani Pachón); y en Cajamarca a dos lideresas de APACRA (Cielo
Báez y Yolanda Rojas). Cada una de las entrevistas tuvo un promedio
de una hora de duración. En el Apéndice A compartimos las pregun-
tas que sirvieron de guía a las entrevistas semiestructuradas y escla-
recemos cómo cada una de ellas se relacionó con las dimensiones y
variables analíticas.

Resultados

Movilización social que detona en Consulta Popular. El caso de


Fusagasugá: “¡Agua y agricultura Sí, petróleo y minería No!”

La población de Fusagasugá se manifestó en contra de la posible


extracción de hidrocarburos el 21 de octubre de 2018. Fue la última
consulta popular realizada en el país relacionada con temas extracti-
vos, y debido al alto número de pobladores del municipio, se diferen-
ció de las nueve que le antecedieron en el amplio umbral necesario
para su aprobación. Como resultado, se obtuvieron 39.499 votos de
los cuales el 99,49% (Registraduría Nacional del Estado Civil, 2018) se
manifestaron en contra de la exploración, perforación y producción
de hidrocarburos, fracking y minería a gran escala.
Los bloques para la exploración y explotación sobre el territorio
fueron los denominados COR 4, 33, y 11, y pretendían abarcar 113.000
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hectáreas de tierra en la cordillera oriental, incluyendo áreas de ca-


torce municipios que hacen parte de la provincia del Sumapaz. El pri-
mero de ellos se adjudicó a la empresa Autralian Drilling Associates
PTY LTD Sucursal Colombia (ADA), el segundo a Allange Energy
Corp. y a la YPF Colombia S.A.S., y el tercero a Canacol Energy S.A.
Colombia (Pulido y Tierra Libre, 2021).

Mapa 1: Relación límite municipal de Fusagasugá, bloques en concesión y


bienes comunes en disputa

Fuente: Construcción propia con base en mapa de tierras de la Agencia Nacional


de Hidrocarburos de 2018, y el Instituto Geográfico Agustín Codazzi.

Como consecuencia, parte de la geografía que comprende el munici-


pio de Fusagasugá quedó incluida dentro de la posible concesión, tal
como se puede evidenciar en el mapa. Si bien, los proyectos de explo-
ración y extracción tuvieron intentos de socialización con la comu-
nidad durante los años 2015 y 2016, estos colisionaron con una fuerte
resistencia social, que ya se había aproximado a conflictos socio am-
bientales generados en otros territorios. En estas reuniones se hizo
evidente el descontento colectivo, en tanto la base argumentativa de
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las empresas era desdibujar los impactos del proceso de explotación,


cuando con anterioridad las comunidades se habían informado so-
bre los impactos ambientales y sociales con universidades, centros
de investigación y con otras comunidades que ya habían transitado
conflictos socio ambientales similares.
Sobre el municipio, no solo ha estado la presión extractiva del
gran proyecto mencionado, sino también, tal como afirma Pulido
y Tierra Libre (2021), de conflictos socioambientales asociados a la
pequeña y mediana minería, la posibilidad de construcción de una
hidroeléctrica por parte de Emgesa Endesa en municipios cercanos
que afectarían el recurso hídrico de la región, y el reciente proyecto
VMM-29 de Exxon Mobil y Ecopetrol que busca extraer hidrocarbu-
ros vía fracking.
En el caso de la Consulta Popular desarrollada, fueron principal-
mente las organizaciones de usuarios de los acueductos comunita-
rios quienes iniciaron los procesos de protesta y movilización en
contra de las empresas, denunciando la posible modificación de la
vocación agrícola del territorio, y las afectaciones sobre el suelo y el
agua. A ellos se fueron sumando organizaciones sociales y partidos
políticos, con un papel protagónico por parte de docentes y estudian-
tes de las instituciones educativas de nivel primario, secundario y
superior. Se relaciona la línea del tiempo de la consulta popular:

Dentro de los diversos Comités Promotores de la Consulta Popular,


se ubican como los más reconocidos el Comité Ambiental Fusunga,
el Comité Todos por Fusagasugá, No a la Minería Fuerza Verde Ciu-
dadana, OSAS, Comité Veredas del Sur, y EMSERFUSA. Tierra Libre
conformó juntó con otras organizaciones locales, el Comité Ambien-
tal Fusunga, comité que impulsó acciones de convocatoria y movi-
lización tales como muestras culturales, festivales, estampados de
camisetas, recorridos territoriales para mostrar las consecuencias
del extractivismo, foros municipales y locales, acciones por redes so-
ciales, posicionando las reivindicaciones sociales y ambientales en
el slogan Sumavida, Sumagua, Sumapaz (Yurani Pachón, comunica-
ción personal, 23 de julio de 2020).

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Años antes del desarrollo de la Consulta Popular y ya en marco del


conflicto generado por los proyectos extractivos, Tierra Libre había
ubicado como uno de sus objetivos estratégicos la consolidación de
un movimiento socioambiental y político en el municipio y la región,
impulsando la Campaña para la defensa del Territorio denominada
“Agua y Agricultura Sí, Petróleo y Minería No”, así como “La Gran
Caravana Internacional por la Defensa del Agua y el Territorio de
la Región del Sumapaz” que en 2016 activó sus redes de solidaridad
nacionales e internacionales para la visibilización de la situación de
la región (Pulido y Tierra Libre, 2021).

Tierra Libre: una apuesta alternativa regional para la vida digna

Vamos a ver lo que el sistema ha hecho:


tierras erosionadas, aguas contaminadas, campesinos endeudados
para pagar el paquete tecnológico de agro tóxicos,
créditos que se convierten en impagables, y entonces,
la propuesta de producción de alimentos es fundamental,
es una propuesta productiva,
es una propuesta de mejoramiento de las condiciones de vida en el campo,
y por supuesto la agroecología se hace una propuesta política también.

Rosa Ballesteros, comunicación personal.

La organización social Tierra Libre es una iniciativa regional nacida en


2004 asentada en varios municipios de la Provincia del Sumapaz, par-
ticularmente en Fusagasugá y Pasca, lugares desde los que construye
organización social en los ejes de “la agroecología, la soberanía alimen-
taria, la defensa y protección del agua y el territorio, la educación popu-
lar, y los derechos humanos” (Pulido y Tierra Libre, 2021, p. 73).
Desde sus inicios ha estado orientada a fortalecer la organización
comunitaria campesina a través de procesos productivos y educa-
tivos anclados a la producción agroecológica, carácter posiblemen-
te heredado del papel fundamental que tuvieron estudiantes de
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agronomía y zootecnia, que, con postura crítica frente a las prácticas


productivas imperantes, iniciaron y consolidaron la organización
(Rosa Ballesteros, comunicación personal, 30 de septiembre de 2020).
Desde esa misma perspectiva, se puede explicar el posicionamiento
de Tierra Libre frente al impacto de los agrotóxicos en la salud huma-
na, su relación con la profundización de la condición de dependen-
cia productiva, y la reivindicación anclada a la transformación en la
concepción de los bienes comunes, su propiedad y uso.
Actualmente la organización propende, entre otras cosas, por “la
construcción de una propuesta política alternativa para el cambio
social y el buen vivir de los habitantes del municipio de Fusagasugá y
la región del Sumapaz” (Pulido y Tierra Libre, 2021, p. 75) por lo cual
jugó un papel fundamental en el marco de la Consulta Popular con-
tra el proyecto de extracción de hidrocarburos (más información en
el Apéndice B. Tabla B1).
Posterior a la Consulta y debido al escenario generado por la
Sentencia SU095/18 de la Corte Constitucional que cercenó la capaci-
dad decisoria de las consultas sobre los recursos del subsuelo, Tierra
Libre se abocó, tal como lo expresa Rosa Ballesteros, a:

Promover un proyecto de Acuerdo Municipal donde se prohibiera la


pequeña y mediana minería, pero no tuvo gran resonancia, la opción
fue entonces (…) proyectar tener incidencia en el Plan de Ordena-
miento Territorial, hicimos el año pasado una escuela del agua, arti-
culamos nuevos acueductos y ahí seguimos en ese proceso de darle
continuidad al Comité Ambiental Fusunga (comunicación personal,
30 de septiembre de 2020).

Modelo de gestión del poder

Tierra Libre trabaja con familias, asociaciones campesinas y produc-


tores directos de los municipios de Fusagasugá, Pandi, Tibacuy, Pasca
y Silvania; cinco regiones o procesos que cuentan cada uno con
un(a) coordinador(a) regional, persona que, a su vez, hace parte de la
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coordinación política de la organización. La instancia central para


la toma de decisiones es la Asamblea General que se realiza cada dos
años, escenario fundamental no solo por el carácter participativo
que implica para la organización social y política, sino también por
la proyección estratégica que en él se desarrolla: “ahí llegamos todos
y todas y por supuesto ahí invitamos a líderes campesinos que hacen
parte de esa proyección de largo aliento del proceso campesino terri-
torial” (Rosa Ballesteros, comunicación personal, 30 de septiembre
de 2020).
La planificación como acción política estratégica parte de las
Asambleas Municipales y de los encuentros regionales, en los que
se discuten las propuestas centrales y, de forma colectiva, se deter-
minan tiempos y responsables. Aunque existen roles asignados, la
estructura organizativa es flexible y dinámica a fin de ajustarse a
las situaciones de contexto, es así como: “incluso acá tenemos mu-
nicipios que la dinámica es diferente en cada municipio, por ejem-
plo, en Pandi y Tibacuy hay asociación campesina. Ya en Silvania,
Pasca y Fusa, son las familias que de forma particular se vincula en
el proceso nuestro” (Rosa Ballesteros, comunicación personal, 30
de septiembre de 2020). Esta particularidad lleva a que el fortale-
cimiento que realiza Tierra Libre con las asociaciones campesinas
municipales y las familias parta de las necesidades de cada territo-
rio no sólo en términos agroecológicos, sino también en términos
jurídicos, políticos.
Al respecto, es interesante ubicar la relación permanente que
existe entre la coordinación política (el responsable de cada proce-
so) y los escenarios de discusión y decisión en orden de lo local, en
tanto el trabajo con las bases sociales parece sustentar los objetivos
estratégicos comunes, así como planes locales que respondan a las
realidades de cada municipio y /o vereda. A fin de dimensionar la
capacidad organizativa con la cuenta hoy Tierra Libre, se elabora el
siguiente esquema retomando su propia valoración más reciente
(Pulido y Tierra Libre, 2021), así como las entrevistas obtenidas en el
marco de la investigación.
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Figura 1. Esquema de organización asamblearia de Tierra Libre

Modelo productivo y reproductivo

Fusagasugá es un municipio intermedio con un crecimiento anual


del 5% (Alcaldía Municipal de Fusagasugá, 2016), cuyas actividades
productivas principales son el comercio, la construcción, los servi-
cios, el turismo y el transporte. Lo habita una población mayoritaria-
mente urbana y cuenta con una población flotante que en épocas de
temporada alta se acerca a las 30 mil personas (Alcaldía Municipal
de Fusagasugá, 2016).
La tenencia de la tierra está dividida entre minifundios menores
de 5 ha. que ocupan el 35,4% del total del área (8.203 predios); predios
entre 5 y 20 ha. que ocupan un área del 29,3% (592), y predios mayores
a 20 ha. que ocupan el 35.3% del territorio (135) (Alcaldía Municipal
de Fusagasugá, 2016, p. 14). En la producción pecuaria existen gran-
jas especializadas de cría y levante de ganado y cerdos, así como pe-
queños productores para el autoconsumo y el comercio local. En la
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producción agrícola, y debido a la diversidad de pisos térmicos, exis-


te una amplia productividad de cultivos de ciclo corto como habi-
chuela, arveja, tomate, y otros permanentes como lo son frutales de
clima frío moderado (Alcaldía Municipal de Fusagasugá, 2016, p. 14)
Como la mayor parte de los municipios del país, la región del
Sumapaz y por consiguiente el municipio de Fusagasugá, han sido
objeto del paquete tecnológico de la Revolución Verde que buscó es-
tablecer un modelo productivo que impone la compra de semillas
y fertilizantes por parte de los campesinos a las multinacionales lo
que genera fuertes impactos sobre la degradación de los suelos y la
vida humana. Como parte de la disputa a ese modelo en el territorio,
la iniciativa de Tierra Libre avanza en cuatro ejes de trabajo (Rosa
Ballesteros, comunicación personal, 30 de septiembre de 2020) que,
coherentes con la idea de refundar las prácticas productivas en el
marco de una apuesta agroecológica deslindada de los bienes comu-
nes como recursos, se enfocan hacia una sostenibilidad fuerte del
proceso.
El primero y con mayor desarrollo es Agroecología, soberanía ali-
mentaria, y economía propia en el que se alcanzan a ubicar al menos
tres objetivos estratégicos sintetizados en el Apéndice B. Tabla B2.
El segundo es Juventud e identidad juvenil. Enfocado en la con-
formación de escenarios políticos y organizativos para la juventud
que “busca permanecer en el campo, pero otras propuestas como la
agroecología, el ecoturismo, el reconocimiento de especies de su te-
rritorio de la flora y la fauna, y el rescate de su memoria ancestral
del territorio, allí encontramos una cosa súper interesante” (Rosa
Ballesteros, comunicación personal, 30 de septiembre de 2020).
El tercero es el ordenamiento territorial y defensa del agua, rela-
cionado con la participación de Tierra Libre en la Consulta Popular
y la generación de una propuesta frente el Plan de Ordenamiento
Territorial del Municipio de Fusagasugá.
Y finalmente, el eje de Educación y pedagogía, que es trans-
versal a los anteriores y que busca potenciar la formación de las
comunidades:
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Hacemos escuela para todo, tenemos la escuela campesina, tenemos


la escuela agroecológica, la escuela del agua, que es para líderes am-
bientales y es regional, y encontramos que todo está atravesado por
procesos pedagógicos, ese es nuestro cuarto eje y consideramos que
eso contribuye a la generación de buen vivir. (Rosa Ballesteros, co-
municación personal, 30 de septiembre de 2020).

Al respecto, se retoma la más permanente de todas que es la Escuela


Campesina Agroecológica, comprendida como un “proceso esencial
e identitario y una herramienta eficaz para la transición agroecoló-
gica, la construcción de tejido social y la organización campesina”
(Pulido y Tierra Libre, 2021, p. 76). Este espacio tiene un carácter
teórico práctico donde prima la formación en agroecología, pero
también aborda temas relacionados con los problemas centrales de
la realidad rural del país. Su periodicidad es mensual y al ser local,
permite fortalecer los procesos municipales desde una perspectiva
contextual.
Uno de los principios que se ubica frente a las relaciones de pro-
ducción de la organización Tierra Libre es, sin lugar a duda, la necesi-
dad de reconocer política y económicamente el trabajo que realizan
los líderes y lideresas. En correspondencia, aunque existe una amplia
proporción de trabajo voluntario de hombres y mujeres (administra-
dores/as de los proyectos, coordinadores/as de las escuelas territo-
riales, coordinación política, entre otros), de forma permanente se
genera gestión colectiva para equilibrar el trabajo puesto a dispo-
sición del mantenimiento del proyecto y la reproducción de la vida
misma. En esa perspectiva, se percibe un reconocimiento al trabajo
realizado por las mujeres de la organización, y a la mujer campesina
en particular, que constituye las bases sociales territoriales. En ra-
zón a este criterio, Tierra Libre se ha dado a la tarea de identificar y
resaltar el papel de la mujer productora como parte fundamental de
la familia campesina, a fin de modificar prácticas patriarcales como
el no reconocimiento de su trabajo, este avance se lee en la Cartilla
“Voces y andares de las mujeres en el Sumapaz”.
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Por otro lado, se identifican al menos cuatro estrategias: la ges-


tión internacional por medio de la aprobación de proyectos de coo-
peración, la gestión local o nacional con proyectos de formación
como diplomados y talleres y venta de servicios de asesoría técnica,
la gestión realizada en la Ecotienda la Huerta que permite sostener a
algunos de los encargados, y finalmente, una política solidaria inter-
na en donde quienes cuentan con trabajos remunerados dan parte
de su salario para subvencionar a otros y otras, para lo cual existen
acuerdos colectivos frente a tiempos y porcentajes. Estas definicio-
nes, permiten ubicar otro principio organizativo, la horizontalidad,
en donde en palabras de Jonathan Arévalo (2020), “ninguno de noso-
tros es jefe de nadie, aquí hay unas relaciones de equidad en térmi-
nos del trabajo, son un principio importante”.

Relación y cooperación con otras entidades y organizaciones

Con más de una década y media de presencia en el territorio, Tierra


Libre ha creado una red de aliados con los que desarrolla relaciones
cooperadas. A partir del estudio realizado por Reina y Ortíz (2019),
se expone la red de actores con los que la organización social y po-
lítica tiene vínculos (se puede encontrar más información en el
Apéndice B. Tabla B). Estos se desarrollan con entidades públicas y
privadas, instituciones y organizaciones sociales, que le permiten a
Tierra Libre posicionar las propuestas políticas y proyectos. Llama la
atención la relación con la administración local, que no solo permi-
te financiación e impacto, sino también la incorporación de valores
frente al cuidado del medio ambiente, el agua, el empoderamiento
campesino y la agroecología, que han quedado incluidos en la polí-
tica pública actual del municipio de Fusagasugá (Alcaldía Municipal
de Fusagasugá, 2020).

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Disputa por dos modelos de territorio. Consulta Popular en Cajamarca:


“Si frenamos la Colosa, frenamos cualquier cosa”

Cuando llegó la minera nos tocó


volver atrás y recordar que los abuelos nos decían:
Cajamarca está parada en cuatro columnas de oro, (…)
entonces empezamos a movernos,
a investigar, a conocer

Cielo Báez Mojíca, comunicación personal.

La Consulta realizada en el municipio de Cajamarca (Tolima) ha sido


sin lugar a duda la más reconocida y analizada a nivel nacional e
internacional. Tuvo lugar el 26 de marzo de 2017 y se caracterizó por
desarrollarse en el marco de una pugna jurídica y política de varios
años entre distintos sectores sociales y administrativos y la empresa
AngloGold Ashanti (en adelante AGA). A razón de esta situación, fue
sujeta de varios aplazamientos, la reformulación de la pregunta, y
finalmente, obtuvo una votación del 97.9% en contra de la minería,
donde el umbral era de 5.438 personas (Registraduría Nacional del
Estado Civil, 2017).
Estos resultados marcaron un hito dentro de la contienda políti-
ca de las comunidades contra el extractivismo en el país, en tanto el
proyecto minero de La Colosa es, en términos de extensión territo-
rial y proyección de explotación, el más grande de América Latina
y, a su vez, la empresa AGA es protagonista de denuncias a nivel
mundial por las afectaciones ambientales y laborales generadas en
otros proyectos extractivos, como los desarrollados en Sudáfrica
(BM Colombia Solidarity Campaign, 2013). El lugar inicialmen-
te pactado con el gobierno nacional para la concesión minera es
Reserva Central Forestal y cuenta con 161 nacimientos de agua, por
lo que el impacto ambiental que podría generar sería de inmensas
proporciones (ver Mapa 2); en correspondencia, una vez conocidos
los resultados de la Consulta, directivos de la empresa y miembros
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Alternativas al extractivismo

del gobierno han mantenido el argumento de que la decisión no fue


vinculante, tensión que se mantiene hasta la actualidad.4

Mapa 2: Relación límite municipal de Cajamarca, bloques en concesión y


bienes comunes en disputa

Fuente: Construcción propia con base en mapa de tierras de la Agencia Nacional


de Hidrocarburos de 2018, y el Instituto Geográfico Agustín Codazzi.

4
La minera sudafricana Anglogold Ashanti (una de las cinco empresas más impor-
tantes por volumen de extracción de oro en el mundo) tras haber explorado 7.05
millones de has. del territorio nacional, y obtenido 404 títulos mineros, con una ex-
tensión de 763.337 has., halló un yacimiento de oro en Cajamarca (La Colosa) con un
potencial de 24 millones de onzas (BM Colombia Solidarity Campaing, 2013). La mag-
nitud del hallazgo sumado al valor comercial del mineral hizo del conflicto de los
cajamarcunos con el gobierno y la Anglogold una de las disputas más agudas respecto
de la tentativa de extender por el territorio nacional el modelo extractivista de pro-
ducción. Lo colocado en riesgo era la vocación de un territorio considerado como la
despensa agrícola del país (Doughman, 2020), de allí que las organizaciones sociales
y asociaciones campesinas estimaran indispensable movilizarse contra el proyecto
minero-energético (McNeish, 2017). Por las dificultades que supuso adelantar un ejer-
cicio democrático en el territorio y por lo que estaba en juego económicamente, no
es extraño que el impulso de las organizaciones sociales a la consulta popular y la
victoria del “no” haya tomado visos emblemáticos, sobre todo en una región que ha
padecido no pocos estragos a causa del conflicto social y armado en el país.

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Marisabel García Acelas y Robert Adrián Quintero Leguizamón

La organización social con reivindicaciones ambientales ha creci-


do a la par de la amenaza extractiva. En 2011 se consolida el Comité
Ambiental y Campesino en Defensa de la Vida de Cajamarca y Anaime
(CACDVC), donde se encontraron diversas organizaciones sociales.
En 2012 se crea el Comité Ambiental en Defensa de la Vida, ubicado
en la Ciudad de Ibagué; y en 2015, de cara al desarrollo de la Consulta,
el Comité de impulso de la consulta popular minera, conformado por
la Asociación de Productores Agroecológicos de la Cuenca del Río
Anaime APACRA, Conciencia Campesina, la Unión Campesina por
la Defensa del Medio Ambiente y del Territorio (UCAT) y el Colectivo
Socioambiental Juvenil de Cajamarca (COSAJUCA).
La capacidad mediática de la AGA logró posicionar, en un primer
momento, una expectativa dentro de la población relacionada con
la explotación minera como una alternativa económica; por lo cual,
parte de la lucha de las organizaciones territoriales asociadas en los
comités mencionados fue potenciar acciones políticas, pedagógicas y
comunicativas que posicionaran y demostraran la capacidad produc-
tiva del territorio. Es así como reconociendo el gran potencial agrícola
del municipio y evidenciando una fuerte identidad con la cultura cam-
pesina y la diversidad para la producción de alimentos, los comités
promotores desarrollaron su acción contenciosa activando elementos
identitarios propios de la ruralidad, la defensa de los bienes comunes
y la defensa del territorio desde la soberanía alimentaria, los cuales
fueron consignados contundentemente en los slogans: “Queremos
agua, queremos maíz, multinacionales fuera del país”, “El agua vale
oro”, “La autonomía es la vida”; así como mensajes visibilizados a tra-
vés de redes sociales y páginas web que, tal como lo afirman Badillo
Mendoza y Marta-Lazo (2019), fueron estrategias de carácter multime-
dial con un alto nivel de intensidad y fuerza, a través de etiquetas como
#noalacolosahorrorosa, #NoalaMINA, “si paramos la Colosa, paramos
cualquier cosa”, #cajamarcadiceno, #dictaduraminera.
APACRA se vinculó al comité promotor y a la lucha contra el
proyecto extractivo, con un aprendizaje anterior en virtud de la re-
sistencia de más de una década frente a las multinacionales de los
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agrotóxicos. Las familias asociadas acompañaron la primera mar-


cha, de aproximadamente cincuenta personas, que salió desde el
municipio de Anaime hacía Cajamarca en contra del proyecto de La
Colosa. Paulatinamente, y luego de esas primeras movilizaciones, lle-
garon las universidades y se fueron sumando personas de diferentes
organizaciones sociales (Nohora Yolanda Rojas, comunicación per-
sonal, 21 de noviembre de 2020).

Asociación de productores agroecológicos de la cuenca del río Anaime


(APACRA), una apuesta productiva de innovación hacia la transición
agroecológica

Cuando usted está hablando de vivir bien, de calidad de vida,


tiene que encerrarlo todo, o sea, aparte de que tiene que tener una buena
casa,
tiene que tener a su familia muy bien nutrida, muy bien alimentada.
No es que yo no quiera tener plata, sino que hay otras cosas a la par,
y además, que por ese objetivo no maltrate a los demás (…)
es entonces un estilo de vida en el que uno no tiene sueldo,
uno no tiene horario, uno no tiene patrón.

Nohora Yolanda Rojas, comunicación personal.

APACRA nació formalmente en el año 2002 como consecuencia de


un proceso de formación de cuarenta y cinco productores en agro-
ecología que por cuatro años hizo la ONG Semillas de Agua, orga-
nización que desarrollaba un proyecto de conservación del Páramo
y del Valle del Río Anaime (Nohora Yolanda Rojas, comunicación
personal, 21 de noviembre de 2020). Sus aportes fueron fundamenta-
les, no solo en la capacitación técnica relacionada con la transición
agroecológica, sino también en la consolidación de una perspectiva
política y organizativa.
A fin de potenciar la naciente organización, los productores ca-
pacitados acordaron devolver a un fondo colectivo el capital semilla
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con el que el proyecto fortaleció las fincas, aproximadamente un ter-


cio devolvió el recurso y con esas familias se creó el Fondo Rotatorio
que sirvió como impulso inicial de la asociación (Cielo Báez Mojíca,
comunicación personal, 21 de noviembre de 2020). El 90% de las
familias fundadoras se mantienen hoy en APACRA y para ellas fue
esencial no pasar por el sistema financiero para generar la base
económica del proceso, sino por una estrategia cooperada y volun-
taria que funciona hasta la actualidad, les ha permitido desarrollar
fuerzas productivas, sin estar en deuda con la banca, y materializar
apuestas comunes como la compra del lote donde tienen la planta de
procesamiento. Sobre la historia de APACRA se puede encontrar más
información en el Apéndice B. Tabla B4.

Modelo de gestión del poder

La asociación está compuesta en la actualidad por catorce familias


campesinas ubicadas en la cuenca del río Anaime. Su hoja de ruta
son los estatutos construidos colectivamente desde su formalización
en 2002, en los que se sintetiza la perspectiva política, los escenarios
de encuentro y de toma de decisiones, así como la estructura orga-
nizativa y roles determinados. La escritura y acuerdo de este docu-
mento posibilitó una gestión colectiva del conocimiento que logró
reflejar los principios de la asociación y las proyecciones a corto, me-
diano y largo plazo.
Cortés, Acevedo y Báez (2019) exponen en su análisis cinco prin-
cipios socioambientales y sociopolíticos de APACRA. A partir de la
información por ellos sistematizada, el recorrido territorial y las en-
trevistas realizadas, en el Apéndice B. Tabla B5 se esbozan algunos de
los fundamentos ubicados para esta organización.
Desde esta propuesta se consolida una recuperación del valor de
uso de la producción agroecológica que se cimienta en la agroecolo-
gía como un estilo de vida, la modificación de prácticas cotidianas,
el alentar el trabajo cooperado, y la satisfacción de las necesidades
humanas del consumo de alimentos sanos, por encima del valor
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Alternativas al extractivismo

del mercado. Características que ubican a la asociación como una


alternativa radical de sustentabilidad sobre el territorio.
Para lograr esta proyección, la asociación cuenta con un fuerte
carácter de autogestión, principio aprendido e incorporado colec-
tivamente en el trasegar organizativo que les ha permitido tomar
distancia de propuestas asistencialistas expuestas por sus mismos
afiliados y que, según Nohora Yolanda Rojas, una de las fundadoras
de la Asociación y actual lideresa campesina que encabeza el cultivo
y procesamiento de café orgánico, en algunos momentos han afecta-
do la estructura política y asociativa de APACRA.

Modelo productivo y reproductivo

Documentos institucionales de planeación y diagnóstico, incluidos


los dos últimos planes de desarrollo local de Cajamarca, hacen re-
ferencia a la vocación agropecuaria del territorio.5 La diversidad de
pisos térmicos, tierras fértiles, la cantidad de productos de la canasta
básica que se cosecha (Cortés, Aceved y Báez, 2019) y su ubicación es-
tratégica como punto comercial sustentan que sea catalogada y reco-
nocida por sus habitantes como “la despensa agrícola de Colombia”.
Al ser un territorio poblado por migración de otros departa-
mentos como Antioquia y Boyacá, los sembrados de productos tra-
dicionales del centro del país (entre ellos el café) y sus excedentes,
configuraron una estructura agraria caracterizada tanto por la pe-
queña y mediana propiedad (Peña Forero, 2020), como por la econo-
mía campesina. Actualmente, Cajamarca es el mayor productor del
departamento del Tolima de frijol y arracacha (Alcaldía municipal
de Cajamarca, 2016, p. 38), por lo que destina el 70% (7.441 ha.) del to-
tal área productiva del municipio (10.214 ha.) a estos dos cultivos (PD,
2020, p. 44). De forma permanente, tiene cultivos de café, frutales,
aguacate Hass, guineo, arveja, habichuela, repollo, remolacha, zana-
horia, cebolla, tomate, yuca, papa, maíz, cítricos, chachafruto, entre

5
Plan de desarrollo “Agro y prosperidad lo que nos une” 2016-2019.

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otros, (Alcaldía municipal de Cajamarca, 2016, p. 39), que evidencian


diversidad productiva y el papel que cumple en la seguridad alimen-
taria de la región.6
Tal contexto entra en evidente contradicción con dos tendencias:
la primera, la proyección extractiva minera del Proyecto la Colosa y
sus posibles efectos socioambientales; y la segunda, la creciente ex-
pansión del monocultivo del aguacate Hass producto de la interven-
ción de la AGA en el territorio, y hoy en cabeza de la Green SuperFood,
multinacional de capital chileno que cuenta con tierras en varios
departamentos del país.7 Además, el monocultivo de aguacate ha ga-
nado tanto terreno en Cajamarca, al punto de que el Ministerio de
Agricultura reporta para finales del 2020 que el departamento del
Tolima contiene la mayor área sembrada y de producción de este
producto en el país (Ministerio de agricultura, 2020).
Es posible afirmar que en Cajamarca se encuentran en disputa
dos modelos de territorio, uno que propende por hacerlo funcional
a la minería a gran escala y al monocultivo, y otro que pretende su
continuidad y potenciación como territorio para la producción cam-
pesina (García, 2013). En esta última perspectiva, se ubica la apuesta
por la producción agroecológica como una “alternativa científica y
práctica, más promisoria, para enfrentar la pérdida de la agrobiodi-
versidad” (Cortés et al., 2019, p. 116).

6
Por ejemplo, para el 2014 en Cajamarca se produjeron “33.420 toneladas de arra-
cacha, 15.300 de fríjol, 5.850 de lulo, 7.800 de tomate, 2.000 de gulupa, 1.936 de papa
y 1.200 de café,” (Cámara de Comercio de Ibagué, 2015, citado por Valencia & Henao,
2017, p. 60). De acuerdo a estos datos se puede sostener que Cajamarca es uno de los
municipios que producen mayor cantidad de frutas, hortalizas y tubérculos en Co-
lombia. No obstante, el monocultivo y las prácticas agrotóxicas asociadas a él son des-
de hace cinco décadas uno de los mayores problemas para el ecosistema de la región.
7
El octubre de 2020, el portal La liga Contra el Silencio publicó un reportaje denomi-
nado “Los aguacates de la AngloGold dividen a Cajamarca”. En él, describen los intere-
ses económicos existentes sobre el monocultivo de aguacate Hass y su relación con la
AGA, poniendo en evidencia acciones como la creación de asociaciones de producto-
res, la capacitación de semilla injerta certificada, y el financiamiento de amplios cul-
tivos para exportación. De igual forma, se describen las consecuencias ambientales
del monocultivo del producto, su expansión en otros departamentos, y las tensiones
entre distintos actores a nivel local.

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Alternativas al extractivismo

APACRA ha impulsado este modelo territorial poniendo en ten-


sión no solo el extractivismo y el monocultivo, sino la diversidad
productiva alimentada con insumos agrotóxicos. Nohora Yolanda
Rojas, lideresa de la Asociación, afirma que:

En Cajamarca se produce mucha comida, pero la comida está enve-


nenada, las casas comerciales llegaron después de la crisis de los cul-
tivos comerciales del Tolima, del Guamo, del Espinal, ellos no se iban
a quedar con los almacenes de agrotóxicos (…) pasamos de un señor
que vendía 2 o 3 productos, a casi 13 almacenes que hay hoy en el mu-
nicipio (comunicación personal, 21 de noviembre de 2020).

En correspondencia, han puesto en funcionamiento ejercicios de


innovación, que, desde lo local, agregan valor nutricional a los ali-
mentos, posibilitan el sostenimiento de los suelos y mejoran los in-
gresos de las familias campesinas asociadas. Cubren hoy un circuito
de producción, transformación, comercialización y autoconsumo de
productos como el café, lácteos y panadería, bajo relaciones media-
das por los principios ya expuestos.

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Tabla 1: Productos elaborados por APACRA

Línea de produc-
Producto elaborado Materias empleadas
tos procesados
Queso (fabricado por algunos Leche, cuajo y sal.
socios y comercializadoen uno
de los puntos de venta).
Yogur de papayuela, café, Leche, azúcar, cepa micro-
arracacha, níspero, guluupa, biana, producto específico
Lácteos
zanahoria y cidra. (papayuela, café, arracacha,
níspero, gulupa, zanahoria
o cidra).
Manjar de arequipe y de Leche, azúcar y arracacha.
arracacha.
Galletas de chachafruto, arraca- Harina de trigo, chachafruto,
cha y zanahoria. mantequilla, huevos, sal y
azúcar.
Bizcochos Harina de maíz, chachafruto,
mantequilla, huevos, sal y
azúcar.
Panadería Mogollas Harina de trigo integral, cha-
chafruto, mantequilla, hue-
vos, sal, levadura y azúcar.
Tortas de zanahoria, arracacha, Harina de trigo, (zanaho-
cidra, guineo y ahuyama. ria, ahuyama, arracacha o
guineo), mantequilla, huevos
y azúcar.
Dulces Dulces de ruibarbo Ruibarbo y azúcar.
Café Café de bosque Café tostado y molido.
Guineo frito Guineo, aceite para freír y sal.
Fritos (snacks) Arracachas fritas Arracachas, aceite para freír
y sal.
Fuente: Cortés et al., 2019, p. 124.

El proceso productivo inicia con la experimentación de varias familias


en sus casas elaborando preparaciones sencillas. Esta primera fase se
potenció con el proceso de fortalecimiento ya mencionado, encabezado
por la fundación Semillas de Agua. A partir de allí, se amplía la diversi-
ficación productiva “con el aprovechamiento de materias primas obte-
nidas localmente, que se subvaloraban y desperdiciaban por la falta de
conocimiento sobre su valor nutricional” (Cortés et al., 2019, p.123).
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Del autoconsumo, APACRA pasa a la experiencia de comercializa-


ción, la cual inicia con productos perecederos en el mercado local y
posteriormente con la apertura del primer punto de venta en el año
2001, el cual surge como una opción de ingresos para las mujeres de
la asociación (Nohora Yolanda Rojas, comunicación personal, 21 de
noviembre de 2020). La buena recepción de la iniciativa condujo a
innovar en al menos cuatro vías:

1. Organización de la producción de las familias asociadas, en la


que se establece una especialización de cultivos y su transfor-
mación en cada finca.
2. Aumento de la producción, para lo cual se pusieron en marcha
nuevas prácticas de producción agroecológica y experimenta-
ción con base en el conocimiento aprendido.
3. Nuevas fuentes de financiación, para lo cual se mantuvo y po-
tenció el Fondo Rotatorio que, vía préstamos para las familias
afiliadas, posibilitó generar algunos recursos.
4. Mejora de las instalaciones de poscosecha, a través de un pro-
yecto financiado por la Gobernación del Tolima, que les per-
mitió adecuar las cocinas (Cortés et al., 2019, p.126).

La aceptación de los productos los llevó a abrir un nuevo punto de


venta en 2012 en la Universidad del Tolima, y otro en 2016 en la ciu-
dad de Ibagué. Este último fue cerrado prontamente debido al costo
del arrendamiento y el de la Universidad, a causa de la pandemia.
Aun así, mantienen dos puntos de venta en Cajamarca, uno en el
parque y otro en el pueblo donde distribuyen los productos proce-
sados (Cielo Báez Mojíca, comunicación personal, 21 de noviembre
de 2020).
Durante todo este proceso ha sido central el rol que han desempe-
ñado las mujeres. Cielo Báez, una de las fundadoras de la Asociación
y lideresa campesina que se ha desempeñado principalmente en la
administración y gestión de los procesos productivos, comenta que
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fueron ellas quienes recibieron directamente la capacitación en


agroecología, en tanto: “las que estaban ahí en los talleres y las visitas
de seguimiento eran las señoras, porque los señores tenían que estar
en el cultivo, estaban trabajando en la finca, entonces ellas fueron
enamorándose más del proceso” (Cielo Báez Mojíca, comunicación
personal, 21 de noviembre de 2020). Posteriormente los hombres se
fueron vinculando en los tiempos libres y las mujeres socializaron
con ellos las prácticas aprendidas. Tal situación se sustenta en la pre-
ocupación de las mujeres de brindarles a sus familias comida sana y
una mejor salud.
De igual forma, en el marco de la movilización frente al Proyecto
de la Colosa, fueron lideresas las que encabezaron las marchas desa-
rrolladas y numéricamente superaron a los hombres la mayoría de
veces. Asumir las labores organizativas de la asociación no significa-
ba necesariamente descargar las funciones al interior de los hogares,
situación que aún persiste, pero que se ha ido modificando; al respec-
to Nohora Yolanda Rojas afirma que:

Una mujer que llega en a las 9:00 am al parque Cajamarca a abordar


un carro para irse a una marcha carnaval tuvo que haberse levanta-
do mínimo a las 3:00 am, dejar todo lo que ella tiene que hacer en la
casa para poderse ir para esa marcha, o si no, el esposo no la dejaba
ir (comunicación personal, 21 de noviembre de 2020).

Es posible ubicar algunas dificultades que ha enfrentado APACRA en


el proceso de transición agroecológica. La primera de ellas está rela-
cionada con la comprensión del valor que tiene el producto orgánico
en el momento de comercializarlo, pues tal como lo expresa una de
sus lideresas “al negociante por más cuento que se le diga, que eso
está limpio, qué no tiene veneno, que lo produje con mis propias ma-
nos, que respeta al suelo, que no mata a los bichitos, al comerciante
eso no le importa” (Nohora Yolanda Rojas, comunicación personal,
21 de noviembre de 2020). Esto lo hace un proceso complejo, pero
posible y al día de hoy hay mayor concientización del valor del pro-
ducto orgánico y de su importancia dentro de la alimentación.
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Otra dificultad está relacionada con el manejo administrativo. Dada


la apertura de puntos de venta, la gestión contable fue haciéndose una
necesidad perentoria, una de las asociadas que estudió administración
asumió parte de la tarea; sin embargo, hace aproximadamente tres años
se nombró una administradora que apoyará la labor. Hoy, el 50% de las
familias viven de los que producen en sus fincas, y el 50% complemen-
tan sus ingresos con otras actividades como el turismo educativo.

Relación y cooperación con otras entidades y organizaciones

Sin lugar a duda, APACRA es un referente nacional del proceso de


transición agroecológica en el país. Su reconocimiento por organi-
zaciones sociales e instituciones públicas y privadas ha conllevado a
que algunas de sus lideresas realicen seguimiento técnico a proyec-
tos similares a nivel nacional, que una de ellas sea coautora de un ca-
pítulo de libro referenciado en este documento, y haya representado
esta alternativa productiva en escenarios internacionales.
En correspondencia, han tejido una red de relaciones en los
veinte años de trayectoria con otras asociaciones campesinas de
productores agroecológicos a nivel nacional en Subachoque, Costa
Atlántica, Chocó, Cauca; diversas ONG y cooperación internacional,
una de ellas, Fida International; universidades y centros de pensa-
miento, como la Universidad Francisco José de Caldas, la Universidad
Javeriana, la Universidad Nacional de Colombia, la Corporación
Universitaria Minuto de Dios, y la Universidad de Caldas (Cielo Báez
Mojíca, comunicación personal, 21 de noviembre de 2020).
Así como desarrollan acciones para el cambio cotidiano y local
desde las organizaciones sociales, también consideran que el esce-
nario político estatal es un espacio donde se pueden proyectar cam-
bios fundamentales; por tal motivo, su relación con las instituciones
públicas no es de ruptura, contrario a ello, han mantenido relacio-
nes permanentes con entidades como el Ministerio de Agricultura y
Desarrollo Rural, la Alcaldía de Cajamarca, y la Unidad Municipal de
Asistencia Técnica Agropecuaria (UMATA).
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La irrupción de la movilización por la justicia ambiental en Arbeláez

Ubicado en el departamento de Cundinamarca, a 82 km. del sur occi-


dente de Bogotá, Arbeláez es uno de los diez municipios que componen
la Provincia del Sumapaz. De acuerdo al censo de 2018 su población es
de 10.680 habitantes, el 56,8% de estos viven en el sector rural, y el 43,2%
en la zona urbana. Posee una extensión de 152,16 km.2, distribuidos en-
tre 3614 predios, en los que según el obsoleto catastro del municipio (rea-
lizado por última vez en el 2000) 1246 ha. tienen un uso ganadero; 964
ha., agropecuario; 456 ha., agrícola; 71 ha., industrial; y 3,29 ha., minero.
Desde el 2016 en Arbeláez emergió la acción colectiva de jóvenes,
ambientalistas, y ciudadanos/as preocupados por los daños ambien-
tales que podrían ocasionar la ejecución de proyectos minero-ener-
géticos en la región del Sumapaz. La escasa información brindada
por las autoridades competentes sobre la explotación de los Bloques
4 y 33 dentro de una amplia franja del municipio,8 los efectos socia-
les, ambientales y económicos contraproducentes observados en
otras regiones del país en donde se instaló la explotación de mine-
rales e hidrocarburos, entre otros factores, motivó la realización
de una consulta popular para impugnar la lógica del despojo y ex-
plotación de los territorios. De ese proceso tomó parte el Colectivo
Socioambiental Guacaná, una agrupación de jóvenes articulados al-
rededor de la defensa del territorio.
El mecanismo de participación popular se celebró el domingo
9 de julio de 2017. A pesar de las dificultades logísticas y económi-
cas que tuvieron los más de seis comités promotores de la consulta,
se logró una importante participación de la comunidad. Sin duda,
el acompañamiento del conglomerado de organizaciones sociales,

8
Tal como lo muestra el mapa 3 la titulación de estos dos bloques se traslapa con casi
la total extensión del municipio de Arbeláez. De hecho, esta última empresa durante 5
años (2010-2015) realizó sísmica en 34 km. del polígono asignado en el contrato de ex-
plotación suscrito con la ANH (por razones relacionadas con el precio del crudo para
aquella época, y debido a litigios socioambientales, la empresa desistió del contrato
en el 2016) (Semana sostenible, 2017).

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ambientales, y sectores afines a las consultas fue un impulso deci-


sivo para lograr tanto la convocatoria a la consulta como el exitoso
resultado para la comunidad.9

Mapa 3: Relación límite municipal de Arbeláez, bloques en concesión y


bienes comunes en disputa

Fuente: Construcción propia con base en mapa de tierras de la Agencia Nacional


de Hidrocarburos de 2018 y el Instituto Geográfico Agustín Codazzi.

Aunque la determinación de las/os arbelaences frenó de modo provi-


sional la intención de extraer hidrocarburos en el municipio, las sen-
tencias emitidas por la Corte Constitucional en el 2018/2019 (SU095 y

9
El trabajo de convocatoria a la consulta popular que adelanto el Colectivo Guacaná
(junto a activistas que habitan el territorio, como Luis Ortiz) involucró estrategias de
formación y comunicación con comunidades rurales. Los jóvenes de Guacaná pri-
vilegiaron el encuentro personal con las/os campesinas/os, quienes aún en veredas
remotas del municipio, como Versalles, mostraron especial recepción y afinidad a los
planteamientos que justificaron el llamado a la consulta.

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Marisabel García Acelas y Robert Adrián Quintero Leguizamón

C-053-19) y el apoyo del bloque de poder dominante al extractivismo


presagian nuevas tensiones entre los actores involucrados en el con-
flicto socioambiental. De hecho, el Movimiento Nacional Ambiental
auguraba este escenario de respaldo judicial al sector minero-ener-
gético. De allí que las organizaciones ambientales, incluso desde an-
tes del ciclo de las consultas populares 2013-2018, han considerado
vital impulsar alternativas productivas para fortalecer la protección
de los territorios, pero ¿cómo y con quién realizar este proceso de al-
ternativas productivas? ¿De qué manera transitar de una política de
las resistencias a una política que configure la transición ecológica
de los territorios?
Tras la consulta, con la convicción de querer ensayar vías de so-
lución a estas preguntas, y bajo la premisa de que los territorios son
un escenario estratégico para la constitución de estrategias subal-
ternas (Escobar, 2005 y 2020), el Colectivo Socioambiental Guacaná
decidió promover el proyecto de ASOCMA (Asociación Campesina de
Trabajadores de Mora de Arbeláez): un esfuerzo con el que procura-
ron trazar rutas para construir un modo justo de habitar los territo-
rios, un proyecto productivo sustentable.

De Guacaná a ASOCMA: la Asociación Campesina de Trabajadores de


Mora de Arbeláez. Un ensayo de proyecto productivo sustentable

Al concluir la experiencia de la consulta popular, durante el segun-


do semestre del 2017, los integrantes de Guacaná (muchos de ellos
inscritos en programas de licenciatura) consideraron oportuno em-
plear sus habilidades para avanzar en tareas de educación popular
en aras de incidir en la solución de problemas estructurales de la
región como la desigualdad social.10 La organización consideró opor-

10
En la Encuesta Nacional de Calidad de Vida del 2019 elaborada por el Departamento
Nacional de Estadística (DANE) apenas el 26,5% de los encuestados en Cundinamarca
sostuvieron haber alcanzado el nivel educativo correspondiente a educación media
(secundaria en otros países) y 20,5% el nivel de educación superior. Por supuesto,

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tuno trabajar junto con los campesinos los proyectos de producción


agrícola; en sus análisis sobre la defensa del territorio, este aspecto
resultaba imprescindible para trascender el marco de la resisten-
cia. Sobre este asunto Diego Rojas, uno de los líderes de Guacaná y
ASOCMA nos compartió:

Igual todo surge de que cuando estábamos acá con COSAJUCA (Co-
lectivo Socioambiental Juvenil de Cajamarca), ellos dicen, bueno sí,
pero el petróleo sigue estando debajo, y una consulta popular se va
caer en 10 años o 20 años, en el momento que el gobierno no tenga
más petroleo que sacar pues vienen acá a meterse, en ese momen-
to pues nos dicen, la solución es plantearse soluciones económicas
alternativas, que es lo que aún seguimos pensando (comunicación
personal, 13 de marzo de 2021).

Tanto para Guacaná como para COSAJUCA la cuestión de cómo me-


jorar las condiciones de vida de las comunidades pauperizadas cons-
tituye una variable estratégica en la disputa territorial, en tanto que
la responsabilidad social empresarial de las corporaciones mine-
ro-energéticas aprovecha las difíciles condiciones socioeconómicas
de las comunidades para obtener apoyos a sus proyectos extractivos.
Con esta perspectiva decidieron explorar opciones productivas
en torno a algunas de las comunidades campesinas con quienes
habían estrechado vínculos durante la promoción de la consulta.
Como se dijo antes en la vereda de Santa Rosa, sector de Versalles,11
la empatía lograda con los habitantes, cuya disposición a participar
de la consulta siempre fue bien valorada por el colectivo, facilitó el

estas cifras no reflejan la situación del sector rural en el que se presenta una desigual-
dad más extrema.
11
Los canales de acceso para llegar al sector de Versalles son prácticamente intran-
sitables. Aun así, la producción agrícola ha permanecido como la principal fuente de
recursos en la zona. Por otra parte, el recurrente y mal uso de paquetes tecnológicos
de la denominada (incorrectamente) “revolución verde” en el sector ha ocasionado el
progresivo desgaste de la tierra. En la actualidad muchos de los campesinos que habi-
tan este lugar tienen cultivos permanentes de mora para los que emplean técnicas y
formas convencionales (uso de agroquímicos, monocultivo, etc.).

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encuentro y brindó la confianza necesaria para proponer la cons-


titución de un proyecto colectivo. De alguna manera se podría sos-
tener que Guacaná logró expandir su proyecto social y político
aprovechando las oportunidades derivadas del conflicto ecológico
distributivo (Tarrow, 1997), sin duda, esto fue crucial para iniciar la
experiencia productiva.
En noviembre del 2017 se formalizaron las primeras reuniones
para comenzar el proyecto. El propósito inicial fue el de mejorar la
integración de la comunidad (D. Larrota, comunicación personal, 14
de marzo de 2021), se esperaba que mediante el afianzamiento de los
vínculos sociales se contribuiría a mejorar la respuesta colectiva a
los problemas detectados en los ejercicios de educación popular, y
de este modo, se alcanzaría desde la asociatividad “calidad de vida
a través de la generación de economía” (J. Linares, comunicación
personal, 13 de marzo de 2021). También se definió un propósito a
mediano plazo que consistió en lograr la integración de las tres ve-
redas de la parte alta del municipio (Santa Bárbara, San Miguel, y
Santa Rosa); pretendían que a largo plazo esta estrategia de territo-
rialización brindase la fortaleza política para constituir una “Zona
de Reserva Campesina” (ZRC).12 Al respecto Donaldo Larrota nos
precisó: “Integrar las tres veredas partiendo de una. La intención era
conservar la vocación agrícola, pero darle un manejo ambiental sa-
ludable, y siempre buscando la justicia económica, que al campesino
se le retribuya el trabajo” (comunicación personal, 14 de marzo de
2021). Algo del objetivo de mediano plazo se materializó por medio
de encuentros en los que participaron campesinos de los sectores
Versalles y Berlín; no obstante, aunque se proporcionó el espacio
para estrechar lazos, estos no lograron prosperar lo suficiente como
para adelantar una experiencia asociativa entre los habitantes de las
dos veredas.

12
Las ZRC son una forma de ordenamiento del territorio con reconocimiento jurídico
(Ley 160 de 1994) que, surgidas de las luchas campesinas que arreciaron a lo largo del
siglo XX, otorgan o reconocen la autonomía de los campesinos para organizar sus
territorios (Fajardo, 2000).

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En los primeros meses del 2018, después de varias reuniones


entre Guacaná y 17 campesinos (que tenían en común además ser
cultivadores de mora), se definió organizar de forma conjunta una
asociación que permitiese mejorar las condiciones económicas y de
vida del campesinado: ello sobre la base del aprendizaje de saberes
agroecológicos, el empleo de prácticas sustentables en las unidades
productivas, y el incremento de las ganancias del cultivo de mora,
por la vía de agregado de valor y optimización en los canales de co-
mercialización.13 En síntesis, como lo expresa la estupenda tesis de
Leidy Camacho (2020) sobre procesos de transición agroecológica en
Sumapaz-Cundinamarca, el propósito de ASOCMA era el de traba-
jar en tres ejes: “1) buenas prácticas agrícolas (agricultura limpia y
agroecología), 2) comercialización y valor agregado y 3) educación
popular, identidad y dignidad campesina”.
En el próximo apartado ofrecemos una caracterización de la
experiencia con ocasión de las cuatro dimensiones analíticas ya
enunciadas en el apartado metodológico de este trabajo. También se
presentan algunas conclusiones sobre los rasgos y desarrollo de la
experiencia de ASOCMA.

Modelo de gestión del poder

Es importante acotar que desde su surgimiento ASOCMA tiene un


rasgo particular: de algún modo dos estructuras conforman (o con-
formaron) su esquema organizativo, de un lado los productores di-
rectos (los campesinos de la vereda Versalles), y del otro, Guacaná,
que además de haber impulsado la creación de la asociación, intervi-
no en ella aportando valor agregado al producto de los campesinos y
facilitando la comercialización. Aspectos cruciales de la experiencia
adquieren sentido al esclarecer este tópico: uno de ellos es que los

13
No significa esto que todas los campesinos/as que allegaron al proyecto tuvieran
conciencia de lo que se planteaba, para algunos el proyecto no dejaba de resultar sos-
pechoso, de hecho, algunos inquirían “¿Quién está dispuesto a regalar su trabajo para
el bien de otros? nos comentó el también integrante de Guacaná Diego Larrota.

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integrantes de Guacaná se asuman a la vez actores internos y ex-


ternos a la Asociación; en parte derivado de lo anterior, las tensas
relaciones que en ocasiones se produjeron entre los dos espacios, o
el elevado nivel de influencia de Guacaná en las orientaciones de la
organización, un asunto bastante relevante para la permanencia del
proyecto.
Ahora bien, en ASOCMA los estatutos definen como órgano de
toma de decisiones la asamblea que se reúne anualmente. En ella tie-
nen voz y voto todos los integrantes; también desde allí se elige la
junta directiva, que se compone de los roles de presidencia (que ac-
túa como figura de representación legal), vicepresidencia, tesorería y
fiscal. Cada año se renuevan los cargos y es permitida la reelección,
aunque se promueve la rotación. La junta funge un papel trascen-
dental en la toma de decisiones, dado que en este espacio se adoptan
buena parte de las directrices de la asociación, si bien, como se ha
sostenido, es en la asamblea en donde se ratifican o rectifican.14
En lo fáctico, la asamblea y las reuniones funcionaron como un
espacio de intercambio de ideas y seguimiento al desarrollo de las ac-
tividades. En ellas hubo apertura a la disensión, construcción colecti-
va y respaldo a las decisiones de los productores directos. Así mismo,
las/os integrantes han ofrecido distintas interpretaciones respecto
del papel de las mujeres en estas instancias; para Nidia Mosquera
y Javier Linares la organización se apalancó sobre el liderazgo y
participación de las mujeres: “Mire que las mujeres también [parti-
cipaban], siempre se trataba de que todos opinaran y estuvieran de
acuerdo” (Nidia Mosquera, comunicación personal, 14 de marzo de
2021). En ese mismo tenor Javier nos comentó:

14
De acuerdo a lo que pudo establecer Camacho (2020) la organización también adop-
tó mecanismos de control para regular situaciones de inasistencia u otros problemas
“ASOCMA estableció un conducto regular en el cual primero se realiza una amones-
tación escrita y verbal, si se reincide se hace una amonestación escrita y carga econó-
mica y, por último, se lleva el caso a la asamblea para decidir qué acción realizar con
el asociado”.

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Son las líderes. El representante legal de la junta es un hombre, pero


doña Elvia es la que reúne a la gente, Panchita es la que presta la casa,
Nidia comunica todo lo que está pasando en el pueblo, todo lo que
necesitan saber; Doña Ludivia es la que se sienta a hacer números,
y los hombres están en el cultivo. La mujer, yo veo en la mujer de
la asociación, el agente al que está llamado a organizar esa apuesta,
además se han mostrado más abiertas a la formación personal (co-
municación personal, 14 de marzo de 2021).

Por otra parte, Donaldo Larrota nos ofreció una impresión


complementaria:

Sí hubo una participación equitativa entre hombre y mujeres, pero


se notaba mucho de que el hombre era el que tomaba las decisiones,
y las mujeres, aun cuando era igual en número omitía su participa-
ción o su opinión. No en todos los casos, pero sí notoriamente. Los
cargos estaban distribuidos sobre todo en hombres (comunicación
personal, 14 de marzo de 2021).

Tal vez estas contradicciones en la interpretación sobre lo acaecido


en torno al papel de la mujer guardan sentido con el carácter for-
mal y fáctico del modelo de gestión del poder. En efecto, si bien los
roles de la junta no fueron ocupados en igualdad de género, las ta-
reas prácticas de organización fueron asumidas con preponderancia
por las mujeres; así pues, se hace posible señalar que estas fueron
nodales en el sostenimiento del proyecto. Y ello no sólo al nivel de
la Asociación, como nos lo explicaron Diego Rojas y Javier Linares;
las integrantes o cercanas a Guacaná también ejercieron un papel
determinante en el curso del proceso desde los talleres de educación
popular o a través de la reconstrucción de la memoria personal y co-
lectiva de las mujeres de la vereda.15
Si bien el lugar del colectivo en la toma de decisiones fue desta-
cado por los entrevistados, resulta evidente advertir la existencia

15
Los integrantes de Guacaná Laura Cruz y Julián Baquero (2020) realizaron un tra-
bajo de sistematización sobre este asunto.

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de liderazgos o referentes organizativos en la asociación. En este


caso cabe destacar a los líderes de Guacaná o a la señora Elvia Prada
como artífices o dedicados promotores de las acciones que produjo
ASOCMA. A través de la entrega mostrada en cada una de las tareas
del proceso (consecución de recursos, gestión para formar en buenas
prácticas agrícolas mediante Escuelas de Campo de Agricultores a
los integrantes, logística para dotar de valor agregado la producción
de mora, apertura de canales de comercialización, etc.), y dado su pa-
pel notorio en las labores de coordinación y cohesión del grupo, es
indudable que ocuparon un sitio decisivo en la conducción de la ex-
periencia. En ocasiones quizás a un punto tan significante, que de su
trabajo dependió la continuidad del proceso. Un aspecto difícil fue
el hecho de que buena parte del trabajo promovido por Guacaná con
el cometido de activar la asociación se hiciera desde el voluntariado,
lo que repercutió en la sostenibilidad del equipo, y muchas veces en
una sobrecarga de tareas no compensada económicamente, dado los
magros resultados económicos del proyecto.
De algún modo las dificultades organizativas de la asociación han
propiciado la descomposición del proceso; no obstante, tanto para
Guacaná como para algunas familias campesinas, la experiencia
aportó aprendizajes valiosos sobre las implicaciones teóricas y prác-
ticas de transformación sustentable de los territorios. Una reflexión
sobre este particular nos la aportó Diego Rojas al expresar:

Pero sí, yo sí creo que el campesinado aprendió, en esto es tan difí-


cil poder medir hasta qué punto se llegó, si la injerencia que tuviste
en el territorio, o hasta dónde llegó el proceso social, pero hubo un
momento como que todos dijimos no, esto no, la gente no entendió,
hicimos mal todo. Luego llegas después de seis meses y la gente te
está diciendo es que nosotros queremos hacer otras cosas, nosotros
entendemos que esta vaina es cambiando, que tenemos que apren-
der a hacer cosas diferentes, algunos le hablan a uno de “yo no quiero
que me vayan a romper el territorio con minería”, “yo no me quiero
ir a vivir a Bogotá”; pero son los más viejitos (comunicación personal,
13 de marzo de 2021).

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Modelo productivo y reproductivo

Como se ha descrito, la estructura productiva de Arbeláez es en lo


fundamental agropecuaria, aunque en la última década el sector del
turismo ha ganado peso dentro de la economía del municipio. El uso
de la tierra se distribuye de forma mayoritaria para actividades agrí-
colas y pecuarias, estas últimas se han incrementado por efecto del
desmonte paulatino de cultivos tradicionales como la caña y el café
(Alcaldía de Arbeláez, 2016 y 2020), pero también por la compra de
predios en los que intervienen capitales lícitos e ilícitos. Los cultivos
estacionales para el 2019 se distribuyeron así: mora (50,5% - 4.632 tn.),
cítricos (22,5% - 2064 tn.), tomate de árbol (17%, 83 – 1.170 tn.), otros
(14, 2% -1.303 tn.) (MinAgricultura, 2019). La importancia de la mora
en Arbeláez se ha incrementado en el último lustro, una tendencia
que se presenta también en el departamento de Cundinamarca, que
en la actualidad es el mayor cultivador de este fruto con una produc-
ción del 22% del total nacional (3.370 tn.) (MinAgricultura, 2019).
Al igual que en el resto del país, en donde el 1% de las unidades
productivas ocupa el 81% de la tierra, mientras el 99% ocupa tan
solo el 19% (Guereña, 2017), se presenta una alta concentración de la
tierra en el municipio: “el 78,3%de los propietarios ocupan el 21,12%
del área rural con predios hasta de 5 hectáreas. El 17,1% de los pro-
pietarios con hectáreas de 5,1 a 20 poseen el 30,73% del área rural y
el 5,5% de los propietarios poseen el 48,15% del total de la superficie
rural” (Alcaldía de Arbeláez, 2000). No ha descartarse que en las últi-
mas dos décadas esta tendencia se haya profundizado tanto como ha
acontecido a nivel nacional.16
Por esta y otras razones, las organizaciones socioambientales que
hacen presencia en el municipio reconocen que los problemas de
desigualdad social, económica, política, y de distribución ecológica

16
Basándose en el Censo Agropecuario de 2014 Guereña (2017) estima que “los predios
grandes (de más de 500 ha.) ocupaban 5 millones de hectáreas en 1970 y en 2014 pasa-
ron a ocupar 47 millones. En el mismo periodo su tamaño promedio pasó de 1.000 a
5.000 hectáreas.

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preexistían a la intención de generar proyectos minero-energéticos


en el territorio. Por ejemplo, las afectaciones ambientales a la comu-
nidad y los ecosistemas por el uso intensivo de agrotóxicos eran y
son una situación harto común (Nieves, 2017), y por demás preocu-
pante, toda vez que el pueblo no dispone de una planta de tratamien-
to de aguas residuales.
Basado en ese mismo diagnóstico, Guacaná se propuso gestar un
proyecto productivo sustentable con el que pudiese hacer frente a
las condiciones históricas de precarización del campesinado. Por
ello, aun cuando se consideraba vital apoyar la modificación de las
prácticas agrícolas de los campesinos del sector Versalles (desde la
formación y empleo de saberes agroecológicos), se decidió priorizar
la recuperación del nivel de ingresos de los campesinos. En palabras
de Diego Larrota la idea era: “hacer un proceso económico sustenta-
ble, para el provecho mismo de la vereda, tanto en la parte natural,
de cultivos, como en la parte económica, y que los recursos y que el
provecho de su trabajo se retribuyera al campo” (comunicación per-
sonal, 14 de marzo de 2021).
En tal sentido, el proceso asociativo se volcó a ocuparse de tres
grandes aspectos: formación y capacitación de los productores, in-
corporación de valor agregado al cultivo de mora, y comercializa-
ción. Si bien se trabajó de forma simultánea en el fortalecimiento
de los tres aspectos, la premura por generar resultados inmediatos
–incrementar la ganancia por la venta de la mora– de a poco supe-
ditó los demás propósitos de la Asociación, e incluso de Guacaná.
Estos últimos pensaron que si no lograban ajustarse a las expec-
tativas de ganancia de la mayoría de los campesinos, perderían
legitimidad ante ellos, lo que conllevaría a reducir su margen de
intervención en el territorio. A la postre, como lo reconoció Diego
Rojas, esta orientación no fue del todo acertada toda vez que el em-
peño organizativo, al enfocarse en una dimensión de tan difícil ma-
nejo, perdió brío y convicción. La propuesta pasó a ser vista por el
sector mayoritario del campesinado como un simple proyecto asis-
tencialista, de forma que tan solo unos pocos labriegos decidieron
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adoptar el enfoque socioambiental por el que se fundó la asocia-


ción. Diego Rojas nos compartió sobre este particular la siguiente
reflexión del proceso:

el campesinado cuando ve la propuesta la ve dentro del marco de la


defensa del territorio, pero lo ve como una propuesta de desarrollo
económico para ellos, nunca lo ven como un proceso a largo tiem-
po, tal vez ese error es en la dinamización del proceso de nosotros,
el haber llegado a tocar factores económicos y no la organización
comunitaria en pos de mejorar la economía a futuro (comunicación
personal, 13 de marzo de 2021).

Aun así, entre el 2018 y 2019 con respaldo de la Asociación


Hortifrutícola de Colombia (ASOHOFRUCOL) se llevaron a cabo ta-
lleres sobre agricultura orgánica (elaboración y uso de bioprepara-
dos, alelopatía, etc.), con el objetivo de modificar las concepciones y
prácticas dominantes sobre el trabajo agrícola; en últimas, se espera-
ba que aquellos saberes fueran empleados en las unidades produc-
tivas de los campesinos (las cuales sumaban 22, con una extensión
de 1 a 1.5 hectáreas). En las denominadas ECA (Escuelas Campesinas
Agrícolas) algunos pocos cultivadores profundizaron y avanzaron
sobre el conocimiento plural asociado a la agricultura orgánica y la
agroecología, incluso se dieron la opción de poner en práctica dichos
saberes en algún porcentaje de sus fincas:17

En el tema orgánico incursioné más cuando llegué a la asociación.


Con la asociación ya vine a perfeccionar un poquito más, porque ya
se introdujo más, la gente le interesó más. Pero cuando ya montamos
la asociación, con los conocimientos que recibíamos ahí, pues yo fui
un poquito introduciendo ahí, porque me gusta la materia. A mí me
hizo fue falta la estructura para preparar los biorgánicos (Luis Sana-
bria, comunicación personal, 14 de marzo de 2021).

17
El trabajo de Camacho (2020) estableció de forma apropiada que la mayoría de los
asociados de ASOCMA no establecieron policultivos en sus fincas. De hecho, solo tres
de aquellos/as introdujeron en un área menor del 20% de sus unidades productivas
procesos de transición agroecológica.

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El acuerdo en la división del trabajo al que llegaron ASOMAC y


Guacaná implicó que los primeros dieron la mora a los segundos,
para que estos a su vez colaboraran en la agregación de valor median-
te la transformación en pulpas o mermeladas, y comercializaran en
el mercado del pueblo o en Bogotá. Esto introdujo otro problema al
proyecto pues se circunscribió el proceso al cultivo y procesamiento
de la mora; si se considera que uno de los principios agroecológicos
es la diversificación de los sistemas agrícolas ello sin duda constitu-
yó un error craso. Este aspecto, sumado a la incomprensión de los
tiempos que envuelve una apuesta de transformación ecológica en
el mundo agrario, actuaron como una espada de Damocles sobre la
viabilidad del proyecto. La agroecología implica un largo proceso de
constitución, cuyas posibilidades de avance depende de disponer de
una fortaleza organizativa que blinde con solidez el complejo trán-
sito del productivismo agrario a la creación de una “economía para
la vida”, y de contar con respaldos institucionales que faciliten los
múltiples recursos para su constitución.
No obstante, en la senda convenida, Guacaná consiguió en un
convenio con la gobernación una despulpadora que se instaló en
un local (adquirido en arrendamiento) de la plaza del mercado de
Arbeláez. Los integrantes de Guacaná se encargaron, la mayor can-
tidad de veces, de llevar a cabo el proceso de despulpe de la mora y
sellado al vacío para facilitar la comercialización en Bogotá. Un pro-
ceso dispendioso que demanda efectuarse en tiempos breves dado
que este fruto es altamente perecedero, por tanto, su procesamiento
y comercialización deben acometerse con la mayor diligencia.18 De
la gestión para conseguir canales de venta surgieron compradores
en distintas tiendas de Bogotá que presentaban distancias considera-
bles entre unas y otras. Esto obstaculizó la distribución del producto

18
Algo que bien reconoce MinAgricultura (2019): “La Corta vida útil de la Mora a par-
tir de su naturaleza azucarada, así como la rápida deshidratación del fruto debido a
su carácter carnoso, generan que las cosechas se fermenten rápidamente, agregando
premura a las ventas de mora por parte de los productores, y que éstos deban acogerse
a precios de venta muchas veces bajos, ante el riesgo de pérdida de su producción”.

340

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e incrementó los costes de producción. De cualquier forma, en el me-


jor momento de la experiencia se llegó incluso a conseguir un ca-
mión termorefrigerado para transportar una tonelada de mora.
Al finalizar el 2019, las relaciones entre Guacaná y ASOCMA ha-
bían llegado a un elevado nivel de tensión por cuenta de las discre-
pancias sobre las expectativas del proyecto. Algunos campesinos
se sentían inconformes por no haber incrementado sus ganancias,
mientras que un sector minoritario, conscientes de las condiciones,
trataron de sostener el proceso en tanto reconocían las virtudes
no meramente económicas del mismo. Sobre este particular Luis
Sanabria nos expresó:

Me empeñe en hacer agricultura orgánica. El compostado da buenos


resultados, empecé a cultivar desde hace tres años. Al trabajarlo or-
gánicamente estamos contaminando menos la comida, el ambiente,
arriesgando menos a contaminar las aguas. A mí me parece que un
trabajo de estos, al trabajar ecológicamente, está haciendo diversi-
dad de cosas en favor del consumidor, del campesino, y de la natura-
leza en sí […] Aquí la gente no le interesa esto, aquí la gente lo que le
interesa es botarle pa coger (sic). Ellos no se dan de cuenta qué males
se están haciendo, lo que les importa es vender, la experiencia que
vivimos la asociación fue esa, aquí nadie le tomó ese interés para im-
pulsar la asociación de acuerdo con los temas que íbamos viendo [la
agricultura orgánica] (comunicación personal, 14 de marzo de 2021).

En cuanto a Guacaná, parte considerable de sus miembros se sin-


tieron incómodos por la pérdida de confianza de algunos campesi-
nos, y también por las arduas condiciones en las que se realizaba el
trabajo, pues, en buena medida, este era voluntario y por ende no
remunerado.
Aunque durante el 2020 la experiencia entró en declive,
ASOCMA no se ha disuelto. Pese a que parte considerable de los pro-
pósitos no fueron logrados, en especial aquellos como los de intro-
ducir prácticas de sostenibilidad en las fincas de los asociados –esto
es, generación de autoabastecimiento alimentario, pluriactividad
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de la economía familiar, cambios en el suelo, el recurso del agua,


y la biodiversidad, pluriactividad de la economía familiar, etc.
(Camacho, 2020)– el proyecto dejó pertinentes reflexiones en tor-
no a una experiencia que surgió con la intención de potenciar la
defensa del territorio, y la generación de alternativas productivas
sustentables.
No se trató solo de problemas organizativos, ausencia de recursos
económicos, o inconvenientes en la comercialización. El mayor pro-
blema de la experiencia radicó en haberse impuesto en exceso un ob-
jetivo economicista y el que se haya formulado desde una dualidad
de instancias. En efecto, quizá Guacaná debió proponerse a sí misma
como punta de partida de la prueba piloto, es decir, agentes produc-
tivos directos, y no oficiar como un mediador de la asociación. Este
último aspecto lo reconoce Javier Linares al señalar que:

Hemos hablado de tener nuestra propia huerta, para que esta sirva
como un ejemplo con la asociación de campesinos […] porque la mora
limita. Se podría comercializar. No generar 22 unidades productivas
de monocultivo. El impulso es manejar buenas prácticas, técnicas sil-
vopastoriles, técnicas que permitan ir hacia la sostenibilidad de esas
mismas unidades (comunicación personal, 14 de marzo de 2021).

Relación y cooperación con otras entidades y organizaciones

Desde su surgimiento ASOCMA estableció relaciones con múltiples


organizaciones de base, ONGs, e instituciones públicas. Sin duda,
ello se debió en gran medida a las redes que Guacaná forjó durante
su participación en el conflicto socioambiental que desembocó en
la consulta popular. Estas organizaciones facilitaron el desarrollo
del proyecto colocando a disposición sus recursos específicos tan-
gibles e intangibles: por ejemplo, ASOHOFRUCOL hizo posibles
las ECA, estudiantes de Ingeniería Agronómica de la Universidad
Nacional realizaron estudios de suelo de todas las unidades pro-
ductivas de los asociados. Los vínculos también sirvieron para
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visibilizar la experiencia ante el tercer sector y las instituciones pú-


blicas o para expandir los canales de comercialización de la mora.
No obstante, fue poco lo que se pudo avanzar en la generación de
tejidos asociativos regionales (vinculados al sector productivo de
la mora), lo cual impidió que se formularan demandas colectivas,
incluso de carácter gremial, para presionar mejoras y apoyos al
sector específico. Tampoco logramos conocer que entre ASOCMA
y otros proyectos volcados a generar alternativas sustentables
en el Sumapaz se hayan generado vínculos (más información en
Apéndice B. Tabla B5).
Por otra parte, las relaciones con las autoridades de los entes te-
rritoriales (a nivel local y departamental) coexistieron en un clima
de tensión. Si del lado de la gobernación, tal como ya se indicó, se
firmó un convenio con el que se obtuvo maquinaria para el proceso
de despulpe (tal equipamiento quedó en propiedad de la asociación),
con la alcaldesa electa para el periodo 2018-2022 y su equipo de go-
bierno no hubo espacio para interlocución alguna, dado que la ad-
ministración decidió cerrar relaciones con sectores opositores o de
tendencias políticas opuestas. Por supuesto, tal posición de la alcal-
día supuso enormes dificultades para el proyecto.
De otro lado, se adelantaron actividades tendientes a fortalecer
las dimensiones culturales, sociales e incluso infraestructurales
de la comunidad. Los talleres comunitarios de identidad y digni-
dad campesinas, la organización de encuentros entre vecinos de
veredas adyacentes para propiciar reflexiones sobre el territorio,
las jornadas de trabajo comunitario y mingas a fin de contribuir
a la restauración de espacios de la vereda Santa Rosa (como la es-
cuela) muestra la fluida dinámica de relaciones entabladas con las/
los habitantes del sector donde se desarrolló el proyecto. Como se
ha mencionado, los objetivos de Guacaná se construyeron desde
la máxima de la defensa del territorio; por esa razón la iniciativa
siempre privilegió constituir vínculos estrechos con la comunidad
en aras de lograr el empoderamiento requerido para avanzar en su
transformación sustentable.
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Discusión de resultados

Alternativas al extractivismo: rutas para transformar los territorios

La generación de alternativas económico-productivas al sistema de


producción capitalista es uno de los asuntos fundamentales a consi-
derar en el escenario de la crisis ecológica mundial. Dicha crisis se ha
precipitado por la específica configuración sociometabólica sobre la
que se constituyó la modernidad capitalista, un proceso “que discu-
rre a través antes que sobre la naturaleza” (Moore, 2016).
En la fase actual del capitalismo, lejos de lograrse la desmateriali-
zación de la economía, se ha incrementado el flujo, interacción e in-
tercambio de energía y materiales de los sistemas económicos, y en
concomitancia la extracción o producción, transporte y eliminación
de materiales (Delgado y Soler 2018; Valero, 2014), en un entorno
institucional y político mundial que no logra hacer frente al riesgo
del colapso ecológico (Carpintero, Miguel, y Nieto, 2018). De igual
forma, tal panorama se enmarca en la debilidad democrática que se
manifiesta en no pocos Estados del planeta, en buena medida resul-
tado de la asimetría en las relaciones de poder entre corporaciones
capitalistas y sectores de la sociedad civil. Esta situación es en parte
explicable por el modo en que de manera inversamente proporcio-
nal los primeros no cesan de fortalecerse por la financiarización de
las economías y la doctrina neoliberal de la globalización, mientras
que los segundos disminuyen sus posibilidades de decisión política
sobre asuntos trascendentales ligados al bienestar de sus territorios
(Keane, 2018; Hardt y Negri, 2020).
El proceso de acumulación del capital ha tendido a acelerar, ex-
pandir y renovar formas de acumulación por despojo (Harvey, 2004;
Rodríguez, 2019), apalancado sobre proyectos de extracción de com-
modities en los que la explotación de las comunidades avanza en pa-
ralelo a la degradación y devastación territorial a distintas escalas
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(Foster, 1992; Harvey, 2014; O᾽Connor, 2000). El telón de fondo sobre


el que se cierne tal proceso es la crisis de sobreacumulación que se
despliega desde la década del setenta (Chesnais, 2010), y ha genera-
do que entre capitalistas se produzca una búsqueda más intensa de
nuevos mercados y fuentes de materias primas baratas (esto es, espa-
cios de abastecimiento de materiales y sustancias energéticas y no
energéticas), así como de regiones que proporcionen fuerza de traba-
jo barata y flexibilizada, para con ello reducir los costes de produc-
ción y distribución de mercancías, servicios, etc.. En consecuencia,
el régimen de acumulación mundial lleva a una aguda alteración de
los ciclos biogeoquímicos de los ecosistemas y el despojo de los me-
dios de vida indispensables para la existencia de las comunidades
(Martínez-Alier y Roca, 2016).
El boom del precio de las commodities registrado en la prime-
ra década del presente siglo (Ceceña, 2017; Ornelas, 2017; Svampa,
2012; Svampa y Slipak, 2015), alentó a los gobiernos Uribe-Santos
(2002-2018) en Colombia a profundizar la reorganización institu-
cional y jurídica del sector minero-energético; con ello se buscó
hacer del sector primario exportador el motor de la economía na-
cional. En efecto, desde el 2002 el gobierno nacional ofreció a la
Inversión Extranjera Directa (IED) vastas áreas del territorio para
llevar a cabo proyectos de extracción de minerales e hidrocarburos.
Mediante la figura de títulos mineros y contratos de explotación
petrolera se adjudicaron más 50 millones de ha. a empresas del sec-
tor (en su mayoría privadas), a las que se les garantizó seguridad
jurídica (e incluso extrainstitucional) con el objetivo de blindar sus
inversiones (Martínez y Aguilar, 2013; Ramírez y Padrón, 2013). Por
supuesto, dichas políticas, además de reforzar el peso del sector
primario en el patrón de acumulación nacional (reprimarización),
han transferido las externalidades negativas del proceso económi-
co a las comunidades (destrucción del suelo mediante deposición
de residuos, contaminación hídrica por vertido de metales pesados,
contaminación atmosférica, entre otras) (Vélez, 2014; Pulido, 2015).
Tales circunstancias ocasionaron el incremento ostensible de
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conflictos socioambientales en varias regiones de Colombia (Pérez-


Rincón, 2014),19 y constituyeron una de las razones para que dis-
tintas comunidades decidieran promover consultas populares en
contra del extractivismo minero-energético (Ferreira-Peralta, 2016).
Está situación guarda similitud con el impulso en América Latina
de mecanismos de participación directa respecto de la expansión
de actividades minero-energéticas desplegadas a lo largo de la re-
gión durante el presente siglo (Bebbington et al., 2008; Bebbington
y Bury, 2010; Bebbington y Humphreys Bebbington, 2018; Conde,
2017; Conde y Le Billon, 2017; Haslam y Tanimoune, 2016; Helwege,
2015; Urkidi, 2011; Urkidi y Walter, 2011, 2017).20
Entre el 2013 y el 2018 en las diez consultas populares realizadas
en Colombia (más información en Apéndice C) la ciudadanía se pro-
nunció con contundencia rechazando las formas de saqueo de los
bienes comunes, un proceso consustancial al patrón de producción
extractivista dominante en la región (Svampa y Viale, 2020).21

19
Muñoz y Niño resaltan la acción contenciosa relacionada con el sector minero
energético en Colombia durante las últimas dos décadas: “Según la Base de Datos de
Luchas Sociales de CINEP/PPP, entre los años 2000 y 2015 se han registrado 11.567 pro-
testas, de las cuales 267 (que equivalen al 2,3%) están relacionadas con exploración,
explotación y transporte de minerales y con políticas referidas al sector de la minería
(como distribución de regalías, determinación de regiones como distritos mineros,
licenciamientos ambientales, consulta previa, y supremacía del orden nacional sobre
la autonomía local)” (2019).
20
La movilización social ha empleado recursos directos (resistencia civil) e indirec-
tos (institucionales) en la pretensión de incidir en el ordenamiento y gestión política
del territorio. En varios de los países donde se han empleado (Argentina, Perú, Gua-
temala, Ecuador, Colombia) los gobiernos se han opuesto: “de manera decidida a la
implementación de mecanismos democráticos de participación para consultar a las
comunidades afectadas directamente por los proyectos extractivos […] La intensidad
de los daños ya causados en el deterioro de la calidad de vida las comunidades locales
donde se han desarrollado grandes proyectos –como La Guajira en Colombia, el Gran
San Juan en Argentina, Zacatecas y Sonora en México, Cerro de Pasco en Perú– hacen
evidentes las graves violaciones a los derechos fundamentales, a los derechos interge-
neracionales y el detrimento patrimonial de toda la ciudadanía por la explotación de
los recursos naturales” (Hincapié, 2017, pp. 54- 55).
21
Entendidos los bienes comunes desde su acepción más básica, esto es, como recur-
sos compartidos por un conjunto de individuos (De Angelis, 2019).

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De hecho, desde la consulta popular realizada en el municipio de


Piedras (Tolima) en el 2013, más de 39 municipios del país afectados
por la intención gubernamental de imponer la lógica extractiva en
sus territorios han procurado ejercer mecanismos de participación
con el propósito de salvaguardar la autonomía de los entes territo-
riales (Bocanegra y Carvajal, 2019; Muñoz y Niño, 2019; Ramírez y
Padrón, 2016).
No obstante, la disputa democrática de las comunidades ha
chocado con instituciones heterónomas y el férreo centralismo del
gobierno nacional. En el fondo, la intención del ejecutivo es la de
supeditar toda decisión en los territorios al mandato de los nego-
cios corporativos (Comité Ambiental en Defensa de la Vida, 2019).
Aduce el gobierno que el mandato conferido por la ciudadanía para
dirigir la nación le autoriza a tomar decisiones que garanticen el
interés general. Se soslaya que la expresión del soberano no solo
no se agota en las autoridades gubernamentales, sino que además
su carácter de constituyente primario se ejerce a través de meca-
nismos que rebasan la formalidad de la democracia representati-
va. Desde 2018, la Corte Constitucional ha sentado jurisprudencia
determinando la invalidez de las consultas populares en los entes
territoriales cuando se trata de proyectos minero-energéticos; sin
lugar a dudas ello guarda relación con la política de restricción a
los mecanismos de participación ciudadana promovida por el go-
bierno de derecha de Iván Duque (López, 2019; Comité Ambiental
por la defensa de la Vida, 2019).

Emergencia de las luchas por la justicia ambiental y disputas por la


sustentabilidad desde la agroecología

Desde luego, el proceso de desterritorialización, esto es, el despojo


provocado a causa de la extensión de la lógica de acumulación de las
transnacionales en los territorios (Fernandes, 2017), no transcurre
sin que surjan contradicciones y antagonismos en contra de las polí-
ticas, agentes y marcos institucionales que impulsan la valorización
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del capital mediante economías de extracción.22 Si bien la hipótesis


de “más metabolismo social, más conflictos socioambientales”, esto
es, la relación entre la cantidad e intensidad de los conflictos ambien-
tales y el incremento en el flujo, interacción e intercambio de ener-
gía y materiales a escala global (Pérez-Rincón, 2016), no integra los
múltiples factores del por qué se producen los conflictos ecológicos
distributivos (Scheidel et al., 2018), sí proporciona una explicación
sobre el incremento de la conflictividad asociada al proceso de repri-
marización o agudización de la especialización productiva hacia el
sector primario en algunos países de América Latina (Pérez-Rincón,
Vargas-Morales y Crespo-Marín, 2018). De tal forma, el incremento
de conflictos socioambientales por cuenta de la expansión del mode-
lo extractivo en América Latina puede entenderse como la respuesta
a las rupturas sociales, desequilibrios ambientales y la imposición
de un modelo de desarrollo que supedita y constriñe a las comuni-
dades a adoptar un patrón de organización social que fractura la
vocación histórica de los territorios y desprecia los estilos de vida y
culturas que han construido (Bebbington y Humphreys 2018).23 Estos
conflictos poseen una productividad institucional, territorial y jurí-
dica (es decir, pueden propiciar nuevas formas de construcción de
la esfera pública y la ampliación de las agendas de discusión colecti-
va), y sus dinámicas dependen de la incidencia y relaciones de poder
que tejen múltiples actores (no necesariamente democráticos) que se
manifiestan a través del empleo de distintos discursos ambientales

22
Las economías extractivas no solo se basan en un componente minero-energético.
Los trabajos de Mezzadra y Neilson (2019) y Gago y Mezzadra (2018) muestran otros
ámbitos donde opera por igual la lógica extractiva en el capitalismo contemporáneo,
entre ellos el ámbito de las finanzas, o el acopio de datos a través de las plataformas
digitales. No obstante, este trabajo se decanta por enfocarse en el terreno del extracti-
vismo soportado en el despojo de los bienes comunes.
23
Otra cuestión es la de dimensionar la efectividad de los movimientos sociales (cam-
pesino, ambiental, etc.) para generar cambios en las políticas públicas que configu-
ran el modelo de desarrollo en América Latina. Por ejemplo, Abramovay, Bebbing-
ton y Chiriboga, M. (2008) esgrimen que quizá el mayor efecto de las luchas de estos
movimientos sociales sea el de haber situado en la esfera pública el debate sobre el
desarrollo.

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(Bebbington y Bebbington, D., 2009; Merlinsky, 2013 y 2017), en los


que además, no está asegurado un desenlace positivo o a convenien-
cia de quienes exigen justicia ambiental.
En los conflictos ecológicos distributivos o socioambientales in-
tervienen procesos de movilización social cuyos objetivos de lucha
o contestación abarcan un espectro amplio de intereses y motiva-
ciones políticas, sociales y económicas (Martínez-Alier, 2008) que
podrían clasificarse según el carácter sustentable o no de sus pro-
puestas o propósitos.24 De cualquier forma, muchas de estas movili-
zaciones se enmarcan en la disputa por justicia ambiental, es decir,
luchas en las que se reivindica “el derecho a permanecer en el lugar
y el entorno natural que uno siente como propios y a estar protegi-
do del crecimiento y la inversión incontrolados, la contaminación,
el acaparamiento de tierras, la especulación, desinversión, decaden-
cia y el abandono” (Anguelovski, 2015, p. 114). Asimismo, las/os acti-
vistas orientados por este propósito rebasan la exigencia de justicia
distributiva en tanto marco regulatorio de las relaciones sociales que
determinan el acceso, uso, y disposición de los recursos naturales y
los ecosistemas, antes bien, esgrimen que el reconocimiento y la par-
ticipación autentica de las comunidades en los asuntos vinculados
con sus territorios son aspectos fundamentales para configurar so-
ciedades basadas en los principios de justicia ambiental (Schlosberg,
2007). Por ende, es posible afirmar que un principio básico de estos
movimientos es “la defensa del derecho al lugar” desde la incorpora-
ción de las “dimensiones relativas a la sostenibilidad” (Anguelovski,
2015, p. 117-118), un derrotero que se persigue a través de la exigen-
cia de garantías democráticas a las instituciones públicas, y el uso

24
Una forma de comprender los conflictos ambientales a partir de cómo se encua-
dran las demandas de quienes se movilizan en distintos tipos de sostenibilidad fue
sugerida por Fernández et al. (2007). Esta propuesta retoma la diferencia que hacen
Gadhil y Guha (1993), entre conflictos “intramodales e intermodales”. (Scheidel et al.,
2018) retoman esta conceptualización como una vía para comprender los roles que
pueden asumir los movimientos por la justicia ambiental para llevar a cabo transicio-
nes sustentables.

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múltiple de mecanismos de participación con los que se aspira a in-


tervenir en los procesos de decisión desde los territorios. En algunos
casos, los activistas por la justicia ambiental han encontrado en la
gestión colectiva de los bienes una forma de catalizar la organiza-
ción y cohesión de los procesos organizativos, y en concomitancia,
un modo de fortalecer la defensa de los territorios. Incluso, algunas
organizaciones sociales han avanzado en la generación de prácticas
colectivas basadas en la cooperación, solidaridad y autogestión con
el propósito de constituir alternativas sociales, culturales y económi-
cas que contribuyan a gestar relaciones igualitarias y procomunes
en perspectiva de lograr sociedades que prioricen la sustentabilidad
de la vida (De Angelis, 2015; Helfrich y Bollier, 2020; Uharte, 2019). De
cierta forma, estas experiencias encuentran semejanzas con la con-
ceptualización que De Angelis hace de los bienes comunes:

Sistemas sociales constituidos por tres elementos básicos interco-


nectados: 1) una mancomunidad, es decir, un conjunto de recursos
mantenidos en común y gobernados por 2) una comunidad de comu-
neros (commoners) que también 3) se involucran en la praxis comu-
nitaria (commoning), o hacer en común, que reproduce sus vidas en
común y la de su mancomunidad (2019, p. 177).

Procesos organizativos fundados en este tipo de relaciones son los


que intentan constituir experiencias productivas agroecológicas
(este es el caso de organizaciones como APACRA) cuyo objetivo no
solo es generar beneficios sino primordialmente “que las familias y
los agricultores se apoyen mutuamente para cultivar alimentos sa-
ludables de forma ecológicamente responsable” (Helfrich y Bollier,
2020, p. 33).
Ahora bien, como lo documentan proyectos como el EJAtlas, un
análisis de 2743 casos de conflictos ambientales (Scheidel, et al.,
2020), la disputa de los movimientos de justicia ambiental presenta
una variedad amplia de estrategias de impugnación (en los que se
emplea una pluralidad de lenguajes de valoración y marcos de in-
terpretación, que otorgan sentido al proceso de contienda), así como
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una profusa diversidad de resultados que dependen, en parte, de


las estrategias y tácticas adoptadas por los defensores de las causas
ambientales. La investigadora Marta Conde (2017) también arriba a
esta conclusión al elaborar una revisión de más de doscientos artí-
culos de literatura científica en los que se analizan casos de resis-
tencia contra la minería en distintas latitudes del mundo. Desde sus
diferencias metodológicas, estos trabajos hallan que las resistencias
ejercidas por los agentes o movimientos en los conflictos socioam-
bientales tienen disímiles alcances: no todas las experiencias de
lucha por justicia ambiental son partidarias de llevar a cabo “tran-
siciones o transformaciones verdes”, y no todas se identifican con
un proyecto de “configuración metabólica” fundamentado en prin-
cipios de sustentabilidad fuerte o superfuerte, es decir, en proyectos
de sociedad en los que los bienes comunes, el proceso productivo y
las relaciones humanas son valorados por sus cualidades ecológicas,
culturales, estéticas, y no por el carácter crematístico o por el valor
de cambio adjudicado por la lógica de mercantilización del sistema
de producción capitalista.
Es importante enfatizar que la noción de sustentabilidad fuerte
alude al carácter insustituible de los bienes comunes; en tal sentido
esta perspectiva guarda diferencia con la sostenibilidad débil que, al
concebir a la naturaleza como un factor más de producción (capital
natural), postula la posibilidad de sustitución entre capital natural y
capital fabricado. García y Vergara resumen el concepto de sosteni-
bilidad débil señalando que “se ubica en la órbita del paradigma me-
canicista y reduccionista, propio de la economía actual, y reposa en
una supeditación de la conservación de la naturaleza al crecimiento
económico” (2000). La sustentabilidad fuerte adhiere a la idea de que
los bienes comunes no solo son agotables, sino que además ciertos
procesos biogeoquímicos que posibilitan la vida en el planeta son
irremplazables, por ende, toda perspectiva de futuro de las socieda-
des debería asumir las consecuencias de su agotamiento o destruc-
ción (Martínez y Roca, 2016). De allí que la sustentabilidad fuerte
(pero en especial la versión superfuerte o paradigma bioético) asuma
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la necesidad de construir una relación junto a la naturaleza en la que


esta última no sea tan solo una variable dependiente y al servicio de
la humanidad, tal como lo sostiene cierta prédica antropocentrista
(Paerce y Turner, 1993; Gudynas, 2009). Por ejemplo, desde el “ecolo-
gismo profundo” se esgrime que la naturaleza tiene derechos per se;
en consecuencia, se propone la necesidad de plantear el igualitaris-
mo biocéntrico (un enfoque que reconoce la equidad entre especies)
como principio de las relaciones sociedad-naturaleza. Asimismo, la
sustentabilidad fuerte considera que el fin de las sociedades no ha de
ser el crecimiento atado al incremento de la producción de valores
de cambio, por el contrario, se defiende la necesidad “de formas de
vida descentralizada, a pequeña escala basada en una mayor autosu-
ficiencia a fin de crear un sistema menos destructivo para la natura-
leza” (Mellington y Willians, 2004).
Así pues, como lo venimos señalando, las tentativas de resistencia
que derivan en propuestas de alternativas, si bien se enmarcan en la
defensa del territorio, no siempre presuponen un proyecto en el que
el patrimonio natural se torna insustituible y no asimilable al capital
humano, ni intercambiable por un cúmulo incesante de capital fa-
bricado; de igual forma, no comparten un mismo sentido de justicia
o principios éticos sobre las relaciones humanidad-naturaleza, y por
ende sobre lo que implica la dimensión ecológica (Riechmann, 2003;
Svampa y Viale, 2020).
Aunque el acto de resistencia contra un proyecto minero-ener-
gético puede considerarse en sí mismo un paso determinante
para avanzar en la disputa por sistemas económicos sustentables
(Martínez-Alier, 2015), el debate por cómo avanzar en la generación
de alternativas anticapitalistas o sociedades organizadas en torno
a las premisas de la justicia ecológica despierta pertinentes discu-
siones entre la comunidad académica y activistas sociales. Las pre-
guntas que rasgan el presente en búsqueda de los saberes y la praxis
que coadyuven en las transformaciones del capitalismo desde una
perspectiva ecológica se multiplican. Algunos les piden realismo a
las alternativas propuestas por el ecologismo profundo, le exigen
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planes para integrar a aquellos que prefieren vivir bajo los paráme-
tros de las sociedades capitalistas sin que estos impliquen la trans-
gresión de la libertad del mercado (Park, 2013); otros más osados
bosquejan interrogantes sobre el porvenir: Scoones, Newell, y Leach
(2015) nos invitan a pensar cómo sería una transformación verde y
quién la hará y qué política moldeará los tipos de transformación
que son posibles y deseables; Escobar (2005) nos plantea inquietu-
des que indagan por las condiciones de la transformación: ¿cuáles
serán las condiciones que permitirían a las prácticas basadas en
el lugar crear estrategias alternativas que les den una oportunidad
para sobrevivir, crecer por sí mismas y florecer? ¿Hasta dónde lo-
gran plantear un importante, y quizás original, reto al capitalismo
y a la modernidad?; Conde (2018) desbroza el presente con dudas
sobre la dimensión ecológica que habita en las experiencias de dis-
puta por la justicia ambiental, se pregunta respecto de estos: ¿bus-
can desestabilizar el orden neoliberal dominante alineándose bajo
el paradigma de la justicia ambiental? ¿Apuntan a una transfor-
mación más amplia y la redistribución de los bienes ambientales?;
Scheidel et al. (2018) buscan comprender con detalle las interaccio-
nes entre los movimientos de justicia ambiental, las transiciones
sustentables y las configuraciones socio-metabólicas a las que dan
lugar: ¿Cómo pueden los movimientos de justicia ambiental contri-
buir a sociedades más sustentables? ¿Cómo alteran las transiciones
sustentables las configuraciones socio-metabólicas?
A su modo, cada una de estas preguntas perfilan el debate sobre
la necesaria transición o transformaciones que deberán adoptar
las sociedades para afrontar la crisis ecológica mundial que talla el
presente. En consecuencia, pensar dicha crisis desde la ecología po-
lítica25 supone no solo atender a la diagnosis de sus factores cons-
titutivos, o centrarse tan solo en la genealogía de los conflictos

25
Entendemos por ecología política “el estudio de las relaciones de poder y del con-
flicto político sobre la distribución ecológica y las luchas sociales por la apropiación
de la naturaleza” (Leff, 2019, p. 294)

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socioambientales, además se requiere que el interés investigativo


se dirija a indagar cómo las potencialidades de cambio inscritas en
distintas luchas sociales experimentan opciones materiales y simbó-
licas frente a los adversos entornos en donde germinan las apuestas
(Riechmann, 2018). De este modo, la ecología política adquiere aque-
lla dimensión que Leff le otorga a este campo de estudio: la de abrir
“nuevas vías hacia la sustentabilidad a través de un diálogo de sabe-
res, para construir un mundo global donde puedan coexistir las di-
versas formas de ser y de vivir dentro de una política de la diferencia
y de una ética de la otredad” (2019, p. 346).
Cierto es que las respuestas a estas preguntas no admiten solu-
ciones unívocas. Aun cuando tampoco ello es óbice para que las or-
ganizaciones desechen trasegar por senderos comunes en los que
intercambian aprendizajes, comparten fracasos y suman esfuerzos
con otros procesos que esgrimen idearios similares. Como lo cons-
tata este trabajo, desde los márgenes se vienen insinuando expe-
riencias asociativas, basadas en una concepción de sustentabilidad
fuerte, con las que se busca fundar un entramado de relaciones eco-
nómicas, políticas, y culturales que conlleven a desafiar las estructu-
ras sobre las que se ha edificado el orden dominante.26
A propósito de las formas que adoptan estas luchas, y en re-
lación a la hipótesis esgrimida por Scheidel et al. según la cual
“a mayor éxito para la justicia ambiental, mayor sostenibilidad
ambiental” (2018, p. 593), consideramos oportuno sostener que la
hipótesis inversa también puede explicar el resultado favorable
para las comunidades que exigen justicia ambiental en los con-
flictos ecológico distributivos. En efecto, en algunos casos, la exi-
gencia de justicia ambiental encuentra mayor eco cuando esta
es promovida por actores que han impulsado experiencias terri-
toriales fundamentadas en principios de sustentabilidad fuerte,

26
Cuando se conocen los territorios desde su cotidianidad, y de la mano de sus cul-
tores, la realidad se torna más enrevesada. Las alternativas se logran percibir en su
complejidad, y se deshacen las idealizaciones que proyectan las miradas bucólicas
hechas a través del lente cómodo de quienes escriben dando la espalda a las luchas.

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debido a que las acciones que han promovido estos grupos les
otorga un referente ético y político para movilizar las demandas
de la comunidad.
Podemos encontrar algunos casos que expresan lo sugerido en
esta hipótesis entre actores que promovieron el ciclo de consultas
populares en Colombia (2013-2018). Por ejemplo, organizaciones que
promueven alternativas productivas sustentables en los territorios (o
que consideraron estratégico promoverlas, como el caso de APACRA
o Tierra Libre), acogieron este mecanismo de participación popular
para frenar el avance del modelo de extracción minero-energética
impulsado por el gobierno nacional. Incluso, para estos procesos or-
ganizativos la defensa efectiva del territorio sólo puede sobrevenir
de proyectos productivos alternos que cimenten el tránsito hacia so-
ciedades posdesarrollistas.
Según lo percibido en esta investigación, para evitar que los te-
rritorios sigan siendo instrumentalizados por el arribo de capitales
cuyo único interés es la maximización de las ganancias a través del
despojo, las rutas adoptadas por tales experiencias concurren en dos
aspectos: a) son luchas que se plantean la dimensión ecológica como
un ámbito sustancial de la transformación de los territorios, y por
ende, b) fundamentan sus apuestas desde prácticas y saberes como
los de la agroecología, en tanto esta propone una forma de produc-
ción de la tierra en la que según Toledo (2019) se “impugna la des-
igualdad social y las perturbaciones ambientales”, constituyéndose
en un “instrumento político, científico, tecnológico, intercultural y
social fundamental, que afronta las crisis ecológicas y sociales del
mundo contemporáneo, y aspira a alcanzar una modernidad posin-
dustrial y alternativa”.
Permítasenos ahondar algo más en estos elementos. En primer lu-
gar, las experiencias aquí documentadas consideran que la transfor-
mación de la sociedad es impensable si no se reformula la existencia
de lo humano junto a la naturaleza. Para ello, señalan, es significati-
va una modificación de las pautas sobre las que se han estructura-
do las relaciones con el territorio. De ahí que algunas comunidades
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rurales abogan por una transición socioambiental que les permita


superar los discursos y prácticas que procuraron moldearlas y orien-
tarlas a un tipo de desarrollo en el que se le otorgó a la productividad
mayor valor que a la vida.27
Asimismo, tal como lo hemos referido, estas experiencias con-
vergen en el sustrato de saberes y quehaceres de la agroecología en
tanto “herramienta para la reclamación y defensa de su territorios y
recursos naturales, sus estilos de vida y su patrimonio biocultural”
(Toledo, 2019, p. 163). Las organizaciones han confluido en la idea y
práctica de la agroecología como un cúmulo de saberes productivos
que entraña principios ambientales y una ética de la relación con la
naturaleza que anima formas de vida sustentables (Martínez-Torres
y Rosset, 2012). Como lo expresa Pinto, aunque para las prácticas de
soberanía alimentaria, se trata de “un importante articulador, ya no
solo de las resistencias, si no de alternativas civilizatorias al colap-
so social y ambiental del capitalismo” (2016, p. 546).28 Ha de verse en
estas tentativas agroecológicas propuestas que aspiran a construir
modos de organización territorial y comunitaria en los que prima el
valor de lo colectivo (en su pluralidad de formas de existencia) sobre
el cálculo monetario, egoísta y mercantilizador de la vida (Arreola y
Saldívar, 2017; Fernandes, 2017; Souza, 2011). Como lo expresa una
integrante de la Asociación de Productores Agroecológicos de la
Cuenca del Río Anaime (APACRA) del municipio de Cajamarca: “la
agroecología es para cuidar, soñar y pa (sic) querer, para vivir uno
rico, pero no para conseguir uno plata” (Y. Rojas, comunicación per-
sonal, 28 de febrero de 2021). En síntesis, las prácticas agroecológicas

27
Por ejemplo, para Fernandes “la resistencia campesina a este modelo se ha mani-
festado en la lucha por la biodiversidad y la agroecología, lucha que así mismo se
ha transformado en diferentes políticas públicas y que se ha territorializado a escala
mundial” (2017).
28
En este sentido, las prácticas agroecológicas de estas agrupaciones viabilizan la
idea de soberanía alimentaria, entendida esta como el derecho y la capacidad de las
comunidades para “organizar la producción y el consumo de alimentos de acuerdo
con las necesidades de las comunidades locales, otorgando prioridad a la producción
y el consumo domésticos y locales” (Román y Sánchez, 2015).

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presentes (así sea a modo de intención) en algunas de las experien-


cias observadas aspiran a materializar lo que Román y Sánchez
(2015) acotan sobre este alternativo paradigma de producción:

la agroecología como patrimonio de los pueblos rurales y ancestra-


les, puesta al servicio de la humanidad, es un modo de ser, de vivir
y de producir, tiene bases biológicas y sociales, con una fuerte rela-
ción con la naturaleza, con enfoque de género, con elevada diversifi-
cación, reciclaje de productos e insumos, gran autonomía a partir del
autoabastecimiento y el abastecimiento local y regional de alimen-
tos saludables (2015).29

De acuerdo a lo observado en los acápites correspondientes a los


casos, estas premisas teórico-prácticas sirven de base al esfuerzo
que las organizaciones adelantan para impulsar la transformación
sustentable de los territorios, es sobre tales coordenadas que las ex-
periencias se proyectan como rutas para trastocar la configuración
sociometabólica inherente al sistema de producción capitalista.

Estrategias subalternas contra el extractivismo

Las apuestas de algunas de las organizaciones que coadyuvaron a


impulsar el mecanismo de participación popular (como el caso de
Guacaná, Tierra libre y APACRA) no cesaron con la legítima deman-
da de intervenir ante la imposición del extractivismo minero-ener-
gético como modelo productivo en los territorios. El proceso de
movilización social organizado por estas asociaciones y colectivos
tuvo efectos sociales cuyo alcance no es reductible a las victorias
obtenidas en las consultas, así estas constituyan quizá uno de los
avances más sustantivos en las luchas territoriales. En efecto, en el
marco de las consultas, y posteriormente a ellas, se hizo acuciante

29
Como se mencionó en los resultados de este documento, en los distintos proyectos
las mujeres ejercen un rol de liderazgo, desde allí animan prácticas de sostenibili-
dad de la vida e introducen la interdependencia como un aspecto constitutivo de las
propuestas.

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para las organizaciones construir (en algunos casos) o profundizar


(en otros) alternativas al modelo productivo dominante, por cuanto
se examinó que la limitación de las actividades extractivas a gran
escala no conducía por si sólo a la modificación de la estructura pro-
ductiva dominante en los territorios, ni a la mitigación de los efectos
ambientales provocados por las prácticas agropecuarias asociadas a
la revolución verde, y mucho menos, a la eclosión de apuestas eman-
cipadoras capaces de disputar la hegemónica idea convencional de
desarrollo. En consecuencia, es posible sostener que, junto a la de-
fensa del territorio, las organizaciones promotoras de las consultas
populares han gestado experiencias productivas dirigidas a trans-
formar la lógica de producción capitalista en los territorios (Prieto,
2018; Cadavid, 2014; Pulido, 2015; Roca-Servat y Palacio, 2019).
En este sentido, es posible advertir en estos procesos la aspiración
a reorientar o modificar las formas hegemónicas de organización de
las relaciones sociales y productivas que priman en los territorios
(Escobar, 2005). Estamos ante iniciativas que aspiran a entretejer
asociatividad y economías solidarias, basadas en una concepción
sustentable (fuerte) de la organización social, y cuyos principios en-
cuentran fundamento en la justicia social y ambiental y la “soste-
nibilidad de la vida” (Carrasco, 2016; Herrero, 2012; Salcedo, 2012).
Se trata de proyectos que han asumido una postura sobre las rela-
ciones de poder que inciden en los territorios, y frente a los cuales
han planteado la disputa por la transformación del orden social,
territorial, ambiental, económico y político dominante. A partir de
la defensa del territorio y la cultura, estas experiencias han conju-
gado múltiples saberes (ancestrales, populares, académicos), prác-
ticas del cuidado ambiental, y generación de economías a pequeña
escala que se expresan en experiencias agroecológicas para las que
la defensa de los bienes comunes y la configuración de una “econo-
mía para la vida” (Hinkelammert y Mora, 2014) se constituyen en el
objetivo básico a alcanzar. Uharte señala que “cualquier alternativa
económica de base, que pretenda ser realmente emancipadora, debe
ir muchos más allá de crear nuevas relaciones económicas y tener
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como objetivo estratégico el cambio político” (2019, p. 46), y es esto


en definitiva lo que estas experiencias asumen como derrotero, tra-
segar en la disputa por nuevas territorialidades desde una praxis que
amplía el sentido de la política al vincular las luchas sociales con las
exigencias de la justicia ambiental.
Por ende, podemos afirmar que los proyectos analizados impulsan
lo que Escobar (2008) llama “estrategias subalternas de localización”,
es decir, políticas de imaginación y producción de los territorios ca-
talizados desde el entramado de relaciones culturales que se tejen
en lo local, y cuyo efecto es permitir a las comunidades, junto a los
movimientos sociales, recuperar la habilidad para hacer historia. Se
trata pues de actores que ejercen una repolitización (Swyngedouw,
2014) de las apuestas ecológicas y los proyectos alternativos al orden
capitalista, en tanto trascienden la practicas de resistencia territo-
rial por medio de la generación de proyectos sustentables que prefi-
guran la constitución de órdenes sociales alternativos a la máxima
mercantilizadora del capitalismo. Organizaciones como Tierra Libre
y APACRA han apostado por la constitución de proyectos agroecoló-
gicos en los que la disputa por resignificar la relación con el territo-
rio implica acciones materiales y discursivas en las que se afirma la
autonomía de las comunidades para gestionar los bienes comunes
y la producción colectiva, y en los que se potencia una política que
entiende a los territorios como el “lugar donde la sustentabilidad se
enraíza en bases ecológicas” (Seaone, 2006, p. 93).30

30
Tal proceso se gesta a partir de un diálogo intercultural en el que se incorporan
los saberes tradicionales, campesinos e indígenas, como un sustrato fundamental
para generar conocimientos y técnicas de agricultura (Rosset y Martínez-Torres, 2012;
Seoane, 2006; Toledo, 2019). De algún modo, esta lógica de “sembrar” alternativas pro-
ductivas en los territorios, de densificar la lucha social a través de procesos de territo-
rialización, en fin, de facilitar la eclosión de iniciativas sociales capaces de crear una
red estrecha de vínculos basados en el arraigo a los territorios, la preservación de los
ecosistemas desde el pluriverso de culturas que otorgan sentidos propios y comunita-
rios (Escobar, 2020), no deja de guardar relación con la idea de guerra de posiciones
de Antonio Gramsci (2015). Para el pensador italiano la disputa hegemónica en el mar-
co de las democracias liberales debía plantearse también en la lucha por los proyectos
intelectuales y morales que cristalizan en el sentido común. En efecto, la pugna por

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Límites de las experiencias

No obstante, para obtener un cuadro completo de lo que han impli-


cado las experiencias analizadas, y dado que en la sección anterior
nos ocupamos de enunciar los aportes de estas al terreno de las al-
ternativas productivas, conviene ahora referir las limitaciones de
las mismas. Para ello procederemos agrupando en el análisis las ex-
periencias de APACRA y Tierra Libre por cuanto estas experiencias
guardan dos aspectos en común: a) son experiencias que surgieron
previo a las consultas populares y b) poseen un acumulado de forta-
lecimiento adquirido en más de 15 años continuos de trabajo; a dife-
rencia de las ya referidas, la experiencia de ASOCMA se desarrolló
posterior a la consulta popular (2017), por tanto, es un proceso joven
que merece analizarse de modo diferenciado. Empezaremos nuestro
análisis a partir de esta iniciativa.
La propuesta de ASOCMA se inserta en los aprendizajes y proyec-
ciones que como colectivo obtuvo Guacaná al participar del conflicto
socioambiental que se produjo en Arbeláez. Por ende, si empleamos
una perspectiva diacrónica, es posible afirmar que ASOCMA es una
consecuencia del conflicto y fue la iniciativa que activó Guacaná
para promover la reorganización sustentable del territorio junto con
la convocatoria a la consulta popular. Con la creación de ASOCMA
el colectivo de jóvenes pretendió integrar la comunidad campesina
para facilitar la respuesta desde las bases a los problemas económi-
cos y sociales del territorio. La idea germinal era empoderar a los
cultivadores para que surgieran procesos organizativos que confi-
guraran una plataforma de transformación a las relaciones hege-
mónicas arraigadas en la comunidad. Sin embargo, aun cuando el

lograr la iniciativa en la organización de la sociedad requiere de la capacidad de per-


mear y reconfigurar las tendencias políticas, los valores y coordenadas culturales de
la sociedad civil. El trabajo ideológico, estructurante, y orgánico de las trincheras y
casamatas (órganos de la sociedad civil, aparatos de estado, etc.) que impiden que la
praxis emancipadora atraviese la forma socioeconómica del capitalismo debe emu-
larse como estrategia subalterna de reconstrucción de los territorios.

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proyecto durante los primeros años avanzó en la constitución del te-


jido asociativo de los campesinos de la vereda Santa Rosa (Arbeláez),
por múltiples dificultades no logró estabilizarse.
En esencia, dos factores contribuyeron al declive de la apuesta
asociativa. En primer lugar, el hecho de que en un estadio inicial el
grupo dirigente (los líderes y lideresas de Guacaná) sostuviera una
relación dual (de interinidad y exterioridad) con el proceso producti-
vo (en este caso con el agente productivo directo). En efecto, si bien el
colectivo Guacaná respaldó con denodado compromiso la creación
de la asociación e incluso la fase de transformación y comercializa-
ción del único producto en el que se centró la experiencia (el cultivo
y venta de mora), al estar desligados del proceso estrictamente pro-
ductivo, se perdió cohesión grupal y dificultó la toma de decisiones.
De esta forma, se generaron irreconciliables diferencias entre un
grupo de la asociación que guardaba mayor afinidad con la propues-
ta y otro que interpretó el respaldo de Guacaná desde una actitud
paternalista. El colectivo consideró que podía actuar como mediador
entre los campesinos en un escenario en el que la mayoría de estos
no poseía la convicción necesaria para apalancar un proyecto auto-
gestionado desde la base y de carácter sostenible. Quizá se tornaba
indispensable, o bien que Guacaná fuese el gestor directo del proyec-
to, o que el campesinado hubiese allegado a la idea de la asociación
por iniciativa propia.
Tal vicisitud se anuda con la segunda limitación de la propues-
ta. En tanto en el transcurso de la experiencia el elemento econó-
mico-corporativo fue ganando mayor fuerza, aspectos relacionados
con las premisas sostenibles del proyecto se fueron relegando entre
los campesinos, y con ello el afán de lucro a corto plazo pasó a ser
considerado la razón fundamental de alguno/as de los asociados/as.
A ello se suma que los/as integrantes de Guacaná ejercían su trabajo
en condición de voluntariado, razón que motivo el distanciamien-
to con los quehaceres de la asociación. Sin duda, esta lógica de au-
toexplotación provocó el agotamiento y frustración con la iniciativa.
A la postre, el haber priorizado con elevada contumacia el negocio
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de la mora redujo la atención de los campesinos/as a incorporar los


principios agroecológicos en la producción, y dificultó la constitu-
ción de alternativas productivas frente a una economía campesina
sumida en un modelo de desarrollo agroindustrial. En consecuencia,
es apropiado sostener que una de las mayores limitaciones de este
proyecto tuvo que ver con el hecho de que no se logró modificar entre
un porcentaje considerable de los asociados/as las prácticas y sabe-
res empleados para la producción agrícola. En suma, las limitaciones
de ASOCMA pueden ser asaz aleccionadoras para otros proyectos
que vienen trasegando por el terreno de las alternativas productivas
sustentables. Estas ofrecen útiles enseñanzas sobre las condiciones y
premisas organizativas que ha de tener una experiencia autogestio-
nada en el ámbito de lo rural.
Si bien los resultados de ASOCMA desdicen aquello que se plan-
teaba como una opción para trascender la resistencia contra la mi-
nería y así avanzar en la transformación social y ecológica de los
territorios, no haría justicia una observación tajante que condene de
forma absoluta lo experimentado. Tal vez lo que nos indican estas
apuestas es que no se trata solo de lograr alternativas de desarrollo,
sino de buscar alternativas al desarrollo (Escobar, 2020) o, como lo
expresa Žižek (2017), desde una postura ideológica distinta, “la tarea
de la izquierda no es sólo proponer un nuevo orden, sino también
cambiar el propio horizonte de lo que parece posible”. De lo cual co-
legimos que es necesario tratar las alternativas como espacios ecoló-
gico políticos en los que es indispensable reconsiderar hasta la raíz
los cimientos ideológicos y coordenadas morales sobre las cuales
se arraiga el orden dominante. En la defensa del territorio, esto se
traduce en la disputa por transformar los marcos que han servido
a la valoración de lo necesario y deseable para lograr un buen vivir
(por ejemplo, la insistencia en dar vuelco a la óptica productivista del
campo para arribar a una que priorice lo agroecológico). Tal como
nos lo recuerda el filósofo esloveno en su lectura de Lenin, es cru-
cial que un proceso joven como el de Guacaná considere que hay que
“volver a empezar, desde el principio una y otra vez” (Žižek, 2009).
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A diferencia de ASOCMA, tanto la organización social y política


Tierra Libre como la Asociación APACRA, surgen antes del desarrollo
de las Consultas Populares llevadas a cabo en estos municipios. Su
protagonismo en defensa del territorio y la construcción de apues-
tas productivas de carácter autónomo y alternativo frente a la lógica
capitalista, se configuraron antes de la Consulta, por lo que, en el mo-
mento de desarrollo de la misma, ya contaban con una trayectoria
como organizaciones sociales territoriales. Esta situación posibilitó
su activa participación en el proceso de convocatoria (tal como ha
sido referido en apartados anteriores), así como la articulación de los
principios de la agroecología en las reivindicaciones generadas en el
marco de los conflictos ecológicos distributivos o socioambientales.
En los dos casos, el proceso de transición agroecológica que aban-
deran, ha posibilitado cimentar la defensa de los territorios sobre los
preceptos de la sustentabilidad fuerte, sin embargo, las dos experien-
cias han encontrado límites de distinta índole que fueron observa-
dos y enunciados por los líderes y lideresas entrevistados, algunos de
los cuales ya fueron referidos, pero que se retoman por su relevancia.
Inicialmente, se ha identificado como uno de los retos pendientes
para las dos experiencias el bajo nivel de comprensión y conscien-
cia todavía existente en la población local frente a la importancia de
producir, comercializar y consumir alimentos sin agrotóxicos. Esto
ha dificultado la ampliación de la propuesta productiva a más fami-
lias campesinas, y que los consumidores no productores, accedan a
los productos que desde estas iniciativas se comercializan pagando
un precio justo.
Los puntos de venta administrados en los dos casos han posibili-
tado un cambio de mentalidad frente a este hecho, ya sea gestionan-
do el proceso de comercialización con lo cual disminuyen los precios
al consumidor, o, estableciendo un relacionamiento directo con los
mismos, lo que les ha permitido fomentar un ejercicio pedagógico
frente a la alimentación sana y la autogestión. Aun así, la relación de
costos y precio de venta, la cantidad de alimentos puestos en el mer-
cado producto de la agroindustria, y el uso común de agrotóxicos
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para la producción campesina siguen siendo determinantes en la


estructura productiva agrícola de los municipios donde se ubican.
Una dificultad que ha sido superada en el último tiempo está re-
lacionada con el manejo administrativo de los puntos de venta de
APACRA y de la Eco-tienda de Tierra Libre. La gestión contable fue
haciéndose una necesidad perentoria del proceso de comerciali-
zación, que generó una reconfiguración de roles atravesada por el
aprendizaje colectivo de tareas administrativas, y por la especiali-
zación del conocimiento técnico en gestión. En los dos casos, se ha
solventado la limitante, logrando que: para la Eco tienda hoy exista
un punto de equilibrio en términos económicos con la vinculación
de 51 productores directos y con un manejo administrativo colectivo
exitoso, y los puntos de venta de APACRA cuenten con una adminis-
tradora especializada y con ganancias para los y las asociadas.
Otro de los límites que comparten las dos propuestas está referido
al sostenimiento económico de quienes hacen parte de las mismas y
han dedicado buena parte de su tiempo al desarrollo de actividades
políticas y a los procesos productivos o de comercialización (algo se-
mejante ya se ha indicado para el caso de Guacaná-ASOCMA). En los
dos casos, en tanto se han ampliado las acciones, actividades, y esce-
narios de incidencia, se ha requerido un aumento en la dedicación
de las personas que conforman las iniciativas, por lo que, con los ex-
cedentes del proceso productivo, se han suplido algunos salarios de
quienes están de forma permanente en estas funciones.
Hoy el 100% de los ingresos de los y las agremiadas, no provie-
nen de las iniciativas productivas referenciadas, sino que se com-
plementan con aportes voluntarios de otros miembros que cuentan
con trabajos en entidades públicas, con actividades relacionadas
con turismo educativo, con jornales, entre otras. Al respecto, se
puede afirmar que el mantenimiento de las iniciativas tiene como
fuente el trabajo voluntario, que en ocasiones ha sido remunerado,
y que, en otros momentos, ha tejido fuertes relaciones solidarias que
han fortalecido la comunidad y permiten solucionar la situación
de subsistencia de los y las afiliadas, a quienes es necesario seguir
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remunerando o compensando de forma tal que quienes se suman a


las iniciativas productivas no incurran en un desgaste y logren su-
plir sus necesidades.

A modo de conclusión

Las experiencias documentadas (Tierra Libre, APACRA, ASOCMA)


surgen en territorios rurales en los que ha primado un modelo de de-
sarrollo excluyente, desigual e insustentable. La producción agrícola
en estas regiones del país, acorde con los principios desarrollistas,
ha tendido a asumir como norma las prácticas y saberes propios del
modelo agroindustrial, en un contexto en el que la tenencia de la tie-
rra y su uso ha cargado con los problemas estructurales concomitan-
tes al latifundismo oligárquico terrateniente (elevada concentración
de la tierra, restricción a la participación de las comunidades, etc.).
En conexión con las apuestas derivadas del ciclo de movili-
zación social que irrumpe con fuerza desde la década del 1990 a
lo largo de América Latina, estas experiencias recogen el ideario
emancipador de la defensa de los territorios y la transformación
del proyecto económico, político, social y ambiental dominante.
Por sí mismas o aprovechando el impulso de otros procesos, las or-
ganizaciones promotoras de estas iniciativas decidieron acometer
transformaciones sociales desde lo local, identificando las necesi-
dades, historias, y sentires comunes del colectivo. De esta forma,
se apoyaron en el tejido sociocultural que anida aún en los lugares
en donde se conservan tradiciones comunales para configurar pro-
yectos orientados a instituir relaciones productivas fundadas en
criterios ecológicos.
Es por ello que las tres comparten la preocupación por estable-
cer alternativas productivas sustentables, saben que cualquier pro-
yecto de refundación del orden hegemónico pasa por convertir lo
fundamental: la producción y reproducción de la existencia y por
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ende la preservación y el cuidado de la vida. Esta es una de las razo-


nes por las cuales consideran que un factor estratégico para adelan-
tar la defensa de los territorios ha de pasar por la transformación
de las relaciones y medios de producción y consumo. En ausencia
de tal proceso estas quedan a merced de los intereses empresariales
y las políticas estatales (que por lo general tienden a coadyuvar a
la reproducción del capital). De tal manera, coinciden en el argu-
mento de que el principio de autonomía territorial solo se puede
ejercer sobre la base de una organización económica y política que
dote con mayores márgenes de independencia las decisiones de la
comunidad. No obstante, estas experiencias también han arribado
a la concepción de que la disputa por el derecho a tener derechos en
los territorios debe corresponder a una perspectiva de ecodepen-
dencia e interpendencia (Herrero, 2013), esto es, a una postura que
reconoce la necesidad del lazo social y de los ecosistemas para la
vida. Respecto de esto último, es importante acotar que la partici-
pación de las mujeres en estas experiencias cataliza reflexiones y
sentires que pasan inadvertidos en proyectos productivos tradicio-
nales; desde un enfoque de género, aquellas colocan el foco en la
esfera de lo reproductivo como un asunto determinante tanto para
las propias organizaciones, como para las comunidades con las que
se trabaja.
En suma, las tres iniciativas están caracterizadas como apuestas
territoriales en disputa permanente por un modelo que posibilite
la vida digna o el buen vivir. Su potencia radica en la capacidad de
autogestión organizativa, política y económica, lo que en cada caso
ha implicado refundar prácticas productivas y de relacionamiento
que les posibiliten, como colectivo, avanzar hacia un horizonte al-
ternativo al capitalismo. En ese trasegar, se han presentado diversos
obstáculos internos y externos a las iniciativas relacionados con la
capacidad de sostenerse organizativa y económicamente, las tensio-
nes con administraciones locales, y la proyección a mediano y largo
plazo sin tener en cuenta condicionamientos estructurales a nivel
regional y nacional.
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Sin embargo, actualmente, sus apuestas productivas están deter-


minadas por un componente asociativo y solidario, que propende por
la re significación del valor social de los alimentos sanos, lo cual les
ubica, en una posición de ruptura con la industria agroalimentaria y
los perversos canales de comercialización que golpean la agricultura
campesina, manteniéndose como alternativas de posdesarrollo de
carácter emancipador. Su participación en las consultas populares
junto con otras organizaciones locales, las ubica como actores pro-
tagónicos en defensa de la justicia ambiental. Su rol al interior de los
comités promotores, sin lugar a duda, reforzó la concepción sobre la
gestión y uso de los bienes comunes en los municipios donde hacen
presencia, y potenció la concienciación sobre el conflicto socioam-
biental devenido de los proyectos extractivos; en consecuencia, han
recuperado la habilidad para hacer historia local, que desde la praxis
se traduce en un ejercido activo, en la repolitización de la historia
ambiental y productiva del país.
En virtud de lo anterior, consideramos que puede ser útil ex-
plorar la validez de la hipótesis a “más sustentabilidad ambiental,
más justicia ambiental”, que consideramos verificable en dos de
los casos estudiados (APACRA y Tierra Libre). Colegimos que la hi-
pótesis “más éxito para la justicia ambiental, más sustentabilidad
ambiental” (Scheidel, et al., 2018) puede tener propiedades conmu-
tativas en lo que respecta a la lucha por modificar la configuración
sociometabólica de las sociedades capitalistas. En ambos casos,
aunque por distintas vías, se forjan las condiciones para trastocar
la dinámica de acumulación del capital (en consecuencia, el flujo
intensivo de materiales y energía), y se confrontan las relaciones
de poder que sirven de marco a dicha dinámica. Más aún, como
se constata en los dos casos referidos, las organizaciones que es-
tablecen proyectos sustentables en sus territorios tienen la capa-
cidad de activar con mayor intensidad procesos de movilización
y resistencia social, en tanto (a) las comunidades les han otorga-
do legitimidad política por cuenta de los proyectos que lideran e
impactan con algún margen de eficacia sobre la cotidianidad del
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colectivo; y (b) dado que de un modo más amplio estas organizacio-


nes pueden disponer de distintos tipos de recursos para afrontar la
extenuante lucha que implica exigir justicia ambiental en estados
en los que se acostumbra a criminalizar la movilización social. De
cualquier manera, queda por ver si la resistencia al extractivismo
goza de mayores oportunidades de acuerdo al momento en que
esta se activa (Conde, 2017), o si ,de forma similar, la efectividad de
las luchas guarda relación con la fortaleza social y política de los
actores que la impulsan y la estructura de oportunidades sobre las
que apoyan su movilización.

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Registraduría Nacional del Estado Civil (2018). Comunicado de Prensa


No.0167 de octubre de 2018. [Link]
[Link]

380

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Alternativas al extractivismo

Entrevistas

Rosa Ballesteros (2020). Lideresa de Tierra Libre.

Jonathan Arévalo (2020). Líder coadministrador de la Ecotienda la


Huerta.

Yurani Pachón (2020). Lideresa del Comité Ambiental Fusunga.

Cielo Báez Mójica (2020). Lideresa de APACRA.

Nohora Yolanda Rojas (2020). Lideresa de APACRA.

Javier Linares (2021). Líder Guacaná.

Diego Rojas (2021). Líder Guacaná.

Donaldo Larrota (2021). Líder Guacaná.

Nidia Mosquera (2021). Lideresa ASOCMA.

Elvia Prada (2021). Lideresa ASOCMA.

Luis Sanabria (2021). Líder ASOCMA.

Lista de apéndices

Apéndice A: Dimensiones de análisis y preguntas incluidas en las entre-


vistas semiestructuradas

Apéndice B: Tablas profundización información sobre proyectos produc-


tivos analizados

Apéndice C: Tabla Consultas populares realizadas en Colombia frente a


proyectos extractivos

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Apéndice A. Dimensiones de análisis y preguntas incluidas


en las entrevistas semiestructuradas

El proceso de investigación procuró comprender cuatro dimensio-


nes de los proyectos productivos: 1) el modelo de gestión del poder;
2) las características del proceso productivo y reproductivo de las ex-
periencias, 3) la articulación y cooperación con otros procesos (a ni-
vel micro, meso, macro), y 4) el modelo de relación con instituciones
públicas (nos permitimos aclarar que tal conceptualización corres-
ponde íntegramente a la propuesta analítica desarrollada por Luis
Miguel Uharte (2019) en el documento “(Re)construyendo alternati-
vas económicas emancipadoras desde la base. Referentes teóricos y
dimensiones de análisis”). A continuación, desbrozamos cada una de
estas dimensiones:
Dimensión 1: Un aspecto central del modelo de gestión del poder
es la forma organizativa adoptada para la toma decisiones. En esen-
cia, este aspecto revela cómo se estructura en lo formal y la prácti-
ca las relaciones de poder al interior de un proceso organizativo, y
permite descifrar el tipo de interacciones grupales que se ejercen a
través de vínculos de autoridad, autonomía, participación, etc., así
como las cualidades de liderazgo a los que dan lugar e inciden so-
bre estas. Los rasgos de las experiencias en esta materia permiten
esclarecer el grado en que se expresa la democracia, y el nivel de con-
secuencia política de proyectos que entrañan una apuesta de trans-
formación social.
Dimensión 2: Las características productivas y reproductivas nos
permiten esclarecer el conjunto de factores que hacen de un proyecto
productivo una propuesta para la sostenibilidad de la vida. A partir
de este tópico se procura dimensionar: ¿qué producen las organiza-
ciones autogestionadas desde la base? ¿Cómo producen? ¿Cuál es el
impacto ambiental de dicha producción, y qué rasgos reproductivos o
prácticas vinculadas con la sostenibilidad de la vida regulan al colec-
tivo responsable del proceso? En consecuencia, una aproximación a
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estos aspectos nos brinda pistas sobre cómo se entretejen las variables
económicas, ambientales, laborales, de género, en el curso de la expe-
riencia. Ergo, nos ofrecen un panorama del alcance transformador del
proyecto y de las iniciativas en torno a las cuales se constituyen.
Dimensión 3: En el desarrollo de los proyectos productivos au-
togestionados los colectivos conforman redes para impulsar social,
económica, y políticamente las iniciativas. Del encuentro con otras
experiencias surgen espacios para potenciar la formación, el desplie-
gue de los procesos y las dinámicas de lucha que fuerzan una estruc-
tura de oportunidades favorable a las organizaciones. Las relaciones
de cooperación no siempre se producen en un marco de camarade-
ría, en ocasiones surgen tensiones que restringen o limitan el grado
de confluencia. Sin embargo, en muchos casos sin estas redes o re-
laciones no sería factible constituir y preservar los proyectos. El en-
tramado de agenciamientos colectivos proporciona una densa capa
de protección para las experiencias, estas ofrecen múltiples recursos
muchas veces requeridos por las experiencias (desde asesorías téc-
nicas hasta la generación de trabajos y aprendizajes colaborativos).
Por consiguiente, esta dimensión nos permite apreciar la forma, el
alcance y la filosofía que guía los vínculos de las organizaciones con
otros proyectos y con la comunidad donde se agenciaron estos.
Dimensión 4: Tales vínculos también se establecen con institucio-
nes y agencias del Estado, de allí que es relevante determinar el gra-
do de autonomía desde el cual se estructuran tales relaciones. En la
práctica, y aun cuando es un hecho que los Estados ejercen un rol de
disciplinamiento y control sobre las organizaciones y movimientos
sociales, también se producen relaciones de negociación con este, en
las que las organizaciones determinan la conveniencia o no de sus-
cribir acuerdos de cooperación en aspectos específicos o incidir de
distintos modos en la construcción de una política pública.
Por último, se despliega la batería de preguntas que orientaron
el desarrollo de las entrevistas semiestructuradas sostenidas con los
integrantes de los proyectos, también se indica con cuál dimensión
de las anteriormente descritas se anuda:
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1. ¿Cuál es el escenario post Consulta Popular en el municipio, es de-


cir, en qué disposición está la comunidad y cuál ha sido la respuesta
por parte de la empresa y del Gobierno Nacional?

2. ¿Ustedes y quienes impulsaron la consulta vienen desarrollando


algunas iniciativas productivas de cara a repensarse la economía del
municipio? ¿En qué consiste el proyecto productivo que desarrollan?

a. ¿Quiénes participan de estos procesos? (dimensiones 1 y 2)

b. ¿Cuentan con algún apoyo o financiación, o son producto de la au-


togestión? (dimensiones 1 y 4)

c. ¿Cómo se organizan, qué tiempos le dedican al proyecto, estos


tiempos son remunerados? (dimensión 2)

d. ¿De qué forma y en qué grado han incidido estas iniciativas en las
comunidades, qué respuesta han tenido? (dimensión 3)

e. ¿En este proceso se han encontrado con otras experiencias territo-


riales similares? (dimensión 3)

f. ¿El desarrollo de la experiencia productiva ha implicado vínculos


con instituciones u organismos del Estado? ¿Qué principios políticos
y organizativos han guiado ese vínculo y cuáles han sido los resulta-
dos de tales relaciones? (dimensión 4)

g. ¿Podrían mencionar algunos obstáculos, límites y pendientes de


las experiencias?

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Apéndice B

Tabla B1. Línea de tiempo del proceso de Tierra Libre

Fecha Hito
2004 Año de surgimiento de la propuesta de Tierra Libre en el marco de la
consolidación de la Federación de Estudiantes de Agronomía (FEAC)
2005 Nace el colectivo de agronomía Tierra Libre con trabajo en los muni-
cipios de Fusagasugá y Silvania.
2006 Constitución de la figura legal de Tierra Libre
2005 - 2013 Proceso de consolidación y ampliación del trabajo social y popular
en la región del Sumapaz (Desarrollo de escuelas, proyectos y adqui-
sición de la finca de experimentación)
2014 Proceso de construcción del movimiento socio ambiental y político
territorial para la defensa de la vida, el agua y el territorio. Que se
concretizará en la participación del Comité Ambiental Fusunga y la
convocatoria a la Consulta Popular.
2016 Puesta en marcha de la Ecotienda La Huerta.
2020 Constitución de la Asociación Regional Campesina del Sumapaz
(Asocam- Sumapaz)
Fuente: construcción propia con base en las entrevistas realizadas y la
bibliografía citada.

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Tabla B2. Proyectos territoriales de Tierra Libre

Objetivos Proyectos

Fortalecimiento 1. Finca escuela en el Municipio de Pasca. Espacio de aprendi-


de procesos zaje y experimentación colectiva en que se llevan a cabo buena
productivos parte de los procesos formativos y de producción agroecológi-
de transición ca (Jonathan Arévalo, comunicación personal, 3 de octubre de
agroecológica. 2020).

2. Proyecto de semillas nativas y criollas con el fin de “recu-


perar y salvaguardar múltiples variedades y aumentar la
diversidad productividad en tiempos de pandemia” (Pulido y
Tierra Libre, 2021, p. 76)

3. Proyecto LabCampesino (Laboratorio campesino para la


transición a la agroecología) mediante el cual se estableció
la red de 10 “Biofábricas” comunitarias para la producción
de biofertilizantes orgánicos en el marco de la convocatoria
realizada por la Universidad de Cundinamarca y el Encuentro
de Diseño para el Desarrollo Internacional llevado a cabo en el
2017, cuyo tema fue adaptación al cambio climático.
Con este, se buscó empoderar a pequeños productores agro-
ecológicos mediante tecnologías de acceso abierto como un
hardware libre para monitorear la humedad y temperatura de
biofertilizantes. Según Rosa Ballesteros, su implementación
no fue totalmente exitosa, pero lo que se puede interpretar del
análisis realizado por Reina, J. y Ortíz, J. (2019), es que permitió
reducir gastos en la producción con base a la inserción de
nuevas soluciones prácticas, producto de la investigación y la
gestión del conocimiento en función de los principios organi-
zativos ya descritos. Este proyecto evidencia una clara ruptura
frente a prácticas tradicionales de transferencia tecnológica,
propias de las relaciones de dependencia del modelo.

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Fortalecimiento La Ecotienda la Huerta, es un proyecto que busca responder


de la comercializa- a uno de los grandes problemas de la producción campesina,
ción de productos. la comercialización. Funciona como un mercado agroecoló-
gico permanente, en el que “aproximadamente el 90 % de los
productos son de familias campesinas del Sumapaz” (Pulido y
Tierra Libre, 2021, p. 76).
Comenzó a funcionar en noviembre de 2016 como resultado
de las negociaciones realizadas entre el Gobierno Nacional y
la Cumbre Agraria, Étnica y Popular (articulación en la que
Tierra Libre participó) en el marco de los Paros Nacionales
Agrarios realizados entre 2014 y 2016. La primera inversión fue
realizada por el Ministerio de Agricultura, luego el proyecto
fue apalancado por la organización y hace más de un año se
considera que ha llegado al punto de equilibrio financiero y
que se autogestiona (Jonathan Arévalo, comunicación perso-
nal, 3 de octubre de 2020).
Aunque para su funcionamiento cuente con un amplio trabajo
voluntario, así como el resto de proyectos de Tierra Libre, de
las ganancias obtenidas se remunera a las personas que tra-
bajan en la tienda y que no cuentan con un ingreso adicional.
El equipo encargado del proyecto está compuesto por cinco
personas y actualmente vincula a 51 productores de la región
que comercializan sus productos.
Para las personas que lideran el proyecto, es claro que la tienda
no tiene la posibilidad de solucionarle la vida económica a
ningún productor, pero sí posibilita un canal de comerciali-
zación autogestionado, bajo el principio de que a través de la
economía campesina y los mercados locales se pueden revalo-
rizar las relaciones sociales, y avanzar hacia la construcción
de una sociedad en armonía con la naturaleza. (Comunicación
personal, Jonathan Arévalo, 3 de octubre de 2020)
Quedan pendientes retos sobre este proyecto, dado que, según
Rosa Ballesteros, sigue siendo bajo el porcentaje de familias
que se benefician, y es necesario diversificar los planes de
negocio y las estrategias de comercialización.
Fortalecimiento Uno de los proyectos organizativos territoriales regionales
de una asocia- fundamentales para Tierra Libre del 2018, fue la consolidación
ción regional de de la Asociación Regional Campesina del Sumapaz (Asocam-
productores. Sumapaz), conformada el 30 de noviembre de 2020. Con ella se
buscó generar un instrumento legal que posibilite “autogestión
popular para garantizar el buen vivir de las familias campesi-
nas de la región” (Pulido y Tierra Libre, 2021, p. 77)

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Tabla B3. Relaciones entre Tierra Libre y otras organizaciones e


instituciones estatales

Tipo de actor Actores Tipo de relación


ONG y centros de Oxfam (ONG Internacional- Comparten conoci-
investigación y de Reino Unido), Instituto miento y recursos para
pensamiento. Tecnológico de Massachusetts financiar los proyectos
(Universidad Internacional-EE. ya descritos.
UU.), CEALDES (ONG Local),
HEINRICH BÖLL STIFTUNG
(Bogotá-Colombia), Fundación
Rosa Luxemburgo, Revista
Semillas.
Organizaciones Vía campesina, Red Comparten conoci-
sociales Latinoamericana por los Saberes miento y experiencias
internacionales y Ciencias Comunitarias. organizativas
Organizaciones Aprenat (organización local de Comparten relaciones
sociales de base Tibacuy), El Dorado (comunidad propias del trabajo social,
locales local en Fusagasugá), Wayra Sie ya sea como parte del
(comunidad local de Silvania), trabajo local impulsado o
Organiverso (comunidad como otras organizacio-
local de Fusagasugá), El retoño nes con fines similares.
(Comunidad local en Silvania), La
Red Kunagua (Red de colec-
tivos), Asopromes (Mercado
local), Mercado Agroecológico
de Fusagasugá, Punto Verde,
Fundación Nuestro Páramo.
Sector público Universidad Nacional de Comparten conocimien-
Colombia (Universidad Pública to, incidencia, y articula-
de carácter nacional con sede ción en la promoción de
en Bogotá), Universidad de la política pública local.
Cundinamarca (Universidad
Regional Pública de Fusagasugá),
IICA (Instituto Interamericano de
Cooperación para la Agricultura
(IICA), Ministerio de Agricultura
(organización estatal que elabora
toda la política pública agrícola),
Gobierno local (alcalde y concejo
de Fusagasugá).
Fuente: construcción propia con base en Reina y Ortíz (2019) y las entrevistas
realizadas.

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Tabla B4. Línea de tiempo del proceso de APACRA

Fecha Hito

1998-2002 Primeros encuentros de las familias productoras de la cuenca del Río


Anaime y proceso de formación con la ONG Semillas de Agua.

2002 Creación formal de la Asociación.

2011 Apertura del primer punto de venta en el municipio de Cajamarca.

2012 Instalación de nuevo punto de venta en la Universidad del Tolima,


ubicada en el municipio de Ibagué.

2013-2014 Instalación y dotación de la planta de transformación de sus productos


con apoyo del Departamento de Protección Social y el programa de
Oportunidades rurales.

2014 Viaje a Roma de una de las lideresas, representando a Latinoamérica y


a la asociación en un encuentro de productores agroecológicos.

2016 Apertura de otro punto de venta en un sector comercial de Ibagué.

2018 Publicación de capítulo de libro con co-autoría de una de sus lideresas.

2019 Cierre del punto de venta en Ibagué y de la Universidad del Tolima a


causa de la pandemia.

2020 Sostenimiento de la producción para los dos puntos de venta en


Cajamarca y el auto consumo.
Fuente: construcción propia con base en las entrevistas realizadas y la
bibliografía citada.

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Tabla B5. Proyectos territoriales de APACRA

NIVEL PRINCIPIO FUNDAMENTO


Productivo y El cuidado del suelo Implica comprender el suelo como una
agroecologíco y su manejo como un entidad viva que no solo está en disposición
organismo vivo. de explotación para la producción, sino que
requiere del cuidado y la protección cons-
tante del campesinado como productor.
Todos los seres de la Parten de la idea de que todo lo que compo-
naturaleza cumplen ne el planeta está vivo y tiene una función
una función. dentro del ciclo de vida, lo que ha ayudado
al proceso de reconocimiento y especializa-
ción de la producción agroecológica.
Los procesos de Base sobre la cual desarrollan sus prácticas
competencia entre productivas que generan amplios escenarios
las plantas se dan, de innovación, mediados por la racionalidad
fundamentalmente, ecológica y la conciencia ambiental.
por la luz antes que
por nutrientes.
Político- Defensa del Concepción de gestión política de carácter
organizativo territorio. integral que marca una directriz en el pro-
ceso organizativo y que implica la cons-
trucción de un proyecto de vida alternativo
dentro del municipio, desde una oposición
a las multinacionales de agrotóxicos y el
extractivismo.
Soberanía Horizonte que atraviesa las prácticas
alimentaria. productivas, organizativas y políticas, que
contiene una impronta: un férreo compro-
miso con los consumidores, en no vender
alimentos agroecológicos con precios altos,
en búsqueda de un bienestar común.
Relaciones coopera- Base del trabajo al interior de la asociación
das y solidarias. que se refleja en el relacionamiento con las
organizaciones amigas.
Gestión del conoci- La producción de conocimiento, su
miento e innovación aplicabilidad y posibilidad de mejorar las
social. condiciones de vida de las familias afiliadas,
determinada por la autonomía organizativa.
Empoderamiento Las mujeres son el sustento de la asociación,
de las mujeres y sus por lo cual mejorar sus condiciones de vida
familias. y la de sus familias, se convierte en imperati-
vo ético y político de su práctica.
Fuente: Construcción propia con base en Cortés, A. Acevedo, Á. y Báez, C. (2019),
y las entrevistas realizadas.

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Tabla B6. Relaciones entre ASOCMA y otras organizaciones e


instituciones estatales

Tipo de actor Actores Tipo de relación


ONG y centros de PODION, Pan para el mundo, Comparten conocimiento y
investigación y de Abbya Ayala, ASOHOFRUCOL, recursos para financiar los
pensamiento. Gústa Gúchipas proyectos ya descritos.
Organizaciones Movimiento por el Agua y por Comparten conocimiento y
sociales la Vida, Movimiento Nacional experiencias organizativas
nacionales Ambiental, Red Nacional
Democracia y Paz
Organizaciones Terrepaz y Tierra Libre Comparten relaciones pro-
sociales de base pias del trabajo social, ya sea
locales como parte del trabajo local
impulsado o como otras
organizaciones con fines
similares.
Sector público Universidad Nacional de Comparten conocimiento,
Colombia (Universidad incidencia, y articulación en
Pública de carácter nacio- la promoción de la política
nal con sede en Bogotá), pública local.
Universidad de Cundinamarca
(Universidad Regional Pública
de Fusagasugá), Ministerio de
Agricultura (organización esta-
tal que elabora toda la política
pública agrícola), Gobierno
departamental
Fuente: Construcción propia tomando como fuente la bibliografía y las
entrevistas realizadas.

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Votación para
aprobación Censo
Fecha de realización Consulta Popular Tema Umbral Abstención
o no del proyec- electoral
to extractivo
No: 2.971 Minería
28 de julio de 2013 Piedras - Tolima. 1.702 5.105 41,33%
Sí: 24 aurífera
No: 4.426
15 de diciembre de 2013 Tauramena - Casanare Hidrocarburos 4.458 13.372 65,51%
Sí: 151
Cabrera No: 1.465
26 de febrero de 2017 Minero-energético 1.154 3.259 56,49%
- Cundinamarca Sí: 23
No: 6.165
26 de marzo de 2017 Cajamarca - Tolima Minería 5.438 16.312 61,40%
SÍ: 76
No: 7.475
4 de junio de 2017 Cumaral - Meta Hidrocarburos 5.261 15.782 51,12%
Sí: 183
No: 2.613 Minería
9 de julio de 2017 Pijao - Quindío 2.025 6.073 55,99%
Sí: 26 Metálica-aurífera
Colombia frente a proyectos extractivos
Marisabel García Acelas y Robert Adrián Quintero Leguizamón

Arbeláez No: 4.312 Hidrocarburos


9 de julio de 2017 2958 8.872 50,68%
- Cundinamarca Sí: 38 y minería
Jesús María No: 1.677 Hidrocarburos
17 de septiembre de 2017 1087 3.259 46,98%

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- Santander Sí: 22 y minería
No: 3.016 Hidrocarburos
1 de octubre de 2017 Sucre - Santander 1.951 5.853 47,53%
Apéndice C. Tabla Consultas populares realizadas en

Sí: 33 y minería
Fusagasugá No: 39.175 Hidrocarburos
21 de octubre de 2018 34.846 104.538 62,33%
- Cundinamarca. Sí: 202 y minería

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Fuente: Construcción propia, con base en la información de la Registraduría Nacional del Estado Civil y el estudio
realizado por Muñoz y Peña (2019).

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