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El Marxismo

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ESTUDIANTE: NAYELI CHALLA CACERES

SOCIALISMO
CIENTIFICO O
MARXISMO

JUANA AZURDUY DE PADILLA


DOCENTE: TRIFON HUANACO

GRADO: 5to “B”

13-04-2024
Oruro –Bolivia
DEDICATORIA

El presente trabajo va dedicado a mi familia


por el apoyo que me brindan para que
tenga un futuro, coadyuve al desarrollo del
país y de mi familia
ESQUEMA

EL SOCIALISMO CIENTIFICO
Origen del socialismo científico
El materialismo histórico
El socialismo científico y la lucha de clases
Las revoluciones socialistas
Características del socialismo
Socialismo utópico
Socialismo y comunismo
Socialismo y capitalismo
Países socialistas
Materialismo Dialectico
BIBLIOGRAFIA
ANEXOS
EL SOCIALISMO CIENTIFICO

El socialismo científico es la rama del movimiento socialista que se basa en una


reflexión crítica de la historia económica y política para generar métodos y recursos
que permitan luchar contra el capitalismo en el plano real y no desde una posición
puramente teórica. Por lo general, se asocia esta idea a los preceptos propuestos por
Karl Marx y Friedrich Engels.

El socialismo es una corriente filosófica de pensamiento económico, social y político,


y un conjunto diverso de teorías políticas, movimientos, partidos y sistemas
socioeconómicos inspirados en dicha corriente de pensamiento. Surgió en el
contexto de la expansión del capitalismo industrial en el siglo XIX como un conjunto
de doctrinas que defendían a las clases trabajadoras y favorecían la cooperación y la
igualdad social.

Lo habitual es que se entienda el socialismo científico en oposición al socialismo


utópico o premarxista, que no compartía la idea de la lucha de clases como
impulsora del progreso y sostenía que podían lograrse cambios sin una revolución.
En este sentido, el socialismo utópico es aquel que existía antes de que Marx diera a
conocer su obra, siendo el socialismo científico la consecuencia del desarrollo del
marxismo.

El socialismo nació en el seno de la sociedad industrial del siglo XIX, aunque su


filosofía posee algunos antecedentes. Se pueden rastrear ideas que hoy serían
llamadas socialistas o comunistas en textos tan antiguos como los escritos sobre la
República de Platón (c. 427-347 a. C.) y en las prácticas comunitarias de los
primeros cristianos.

El uso del término “socialista” con el sentido contemporáneo data de alrededor de


1830. Se usó para describir los movimientos y filosofías políticas más radicales
nacidos en Europa poco después de la Revolución francesa, que responsabilizaban
al capitalismo por los malestares sociales de la época. En especial,se llamó así a los
seguidores del galés Robert Owen y a los franceses Henri de Saint-Simon y Charles
Fourier.

Estos movimientos proponían alternativas a la organización social del capitalismo


industrial, y fueron agrupados bajo el término “socialistas” por el filósofo y periodista
Pierre Leroux en su artículo Sobre el individualismo y el socialismo, publicado en
Revue encyclopédique en 1833.

El socialismo clásico fue en gran medida heredero de la Ilustración, que abogaba por
el uso de la razón en la comprensión y el mejoramiento de la sociedad. Sus dos
cunas fueron Francia e Inglaterra. Aunque en su etapa inicial careció de un cuerpo
unificado de ideas, contó con importantes pensadores y militantes que allanaron el
camino para el nacimiento de ideologías como el anarquismo, el marxismo y la
socialdemocracia.

Fueron Karl Marx (1818-1883) y Friedrich Engels (1820-1895) quienes dieron al


socialismo una teoría unificadora. El socialismo marxista, al que llamaron
“comunismo científico”, revolucionó el modo de comprender la sociedad y la historia
desde un punto de vista materialista, y ganó popularidad dentro de numerosos
partidos y organizaciones obreras de Europa y otros continentes. Uno de sus
principios teóricos era que el cambio social dependía de las condiciones materiales y
económicas de existencia y que la lucha de clases era el motor de la historia, por lo
que planteaba que los obreros debían organizarse para conquistar el poder político.

El socialismo marxista alcanzó su apogeo político a inicios del siglo XX, con la
Revolución rusa de 1917 que llevó al derrocamiento del zar de Rusia y al ascenso
político de los bolcheviques liderados por Vladimir Ilich Lenin (1870-1924). Así se
fundó el primer país socialista (de ideología marxista-leninista) de la historia, la Rusia
soviética, que después se convirtió en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas
(URSS).

Los acontecimientos de Rusia provocaron una reacción anticomunista internacional


que, entre otras cosas, alentó el nacimiento del fascismo. También motivó una
ruptura dentro del socialismo entre quienes defendían la estrategia revolucionaria y el
modelo autoritario del régimen bolchevique (llamados mayormente comunistas) y
quienes favorecían una tendencia reformista o democrática (mayormente
identificados con la socialdemocracia y llamados socialistas).

Tras la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), el mundo quedó dividido en dos


bloques de países enfrentados en lo que se llamó la Guerra Fría: el bloque
capitalista, liderado por Estados Unidos y las potencias occidentales, y el bloque
comunista o socialista, liderado por la Unión Soviética. Por su parte, tras la
Revolución Comunista china de 1949, la República Popular China se sumó a la lista
de países comunistas al instaurar su propia versión del socialismo, llamada maoísmo
debido al nombre de su líder, Mao Zedong.

Eventos semejantes ocurrieron en otras naciones del mundo, como Vietnam (tras la
Revolución de Agosto de 1945, encabezada por el dirigente comunista y nacionalista
Ho Chi Minh), Corea del Norte (que se consolidó como un régimen comunista tras la
guerra de Corea de 1950 a 1953), Cuba (que adoptó oficialmente el comunismo en
1961, poco después de la Revolución cubana de 1959), Camboya (tras el triunfo de
los Jemeres Rojos en la guerra civil camboyana en 1975, derrocados en 1979), entre
otros.

Estos regímenes comunistas surgieron en general de la violencia y constituyeron


regímenes dictatoriales que en ocasiones cometieron genocidios en nombre del
“hombre nuevo”. Por otro lado, los partidos socialistas y socialdemócratas
mantuvieron en general una participación política democrática. Incluso formaron
gobiernos que combinaron el reconocimiento de la economía de mercado con la
implementación de medidas estatales de bienestar social, como fue el caso en
diversos países de Europa, especialmente los países nórdicos.

Sin embargo, hacia el término del siglo XX, y sobre todo tras la caída del Muro de
Berlín en 1989 y la disolución de la Unión Soviética en 1991, la mayoría de los
países socialistas o comunistas se sumergieron en la crisis y se vieron obligados a
adoptar en mayor o menor medida una economía de mercado. La última década del
siglo XX fue considerada por muchos analistas como el momento de la muerte del
socialismo y el triunfo mundial del capitalismo y la democracia liberal, lo que recibió
el nombre de “el fin de la historia”, en palabras del pensador estadounidense Francis
Fukuyama.

Aun así, un nuevo experimento político tomó el nombre de “socialismo del siglo XXI”,
un término del economista alemán Heinz Dieterich Steffan. Este término comenzó a
ganar renombre mundial debido a su evocación en el V Foro Social Mundial por parte
del entonces presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías (1954-2013), quien lo usó
para caracterizar a la llamada Revolución bolivariana que encabezó desde 1999.

Origen del socialismo científico

Suele señalarse al francés Pierre-Joseph Proudhon, filósofo del anarquismo, como el


responsable de acuñar la noción de socialismo científico. En su libro «¿Qué es la
propiedad?» («Qu»est-ce que la propriété?» en francés) de 1840, afirma que la
propiedad siempre se constituye como un robo y resulta antisocial, diferenciándola
de derechos naturales como la seguridad y la libertad. En dicha obra, asimismo,
sostiene que el socialismo científico es el imperio de la razón.

Fueron Marx y Engels quienes, algunos años después, avanzaron con la


investigación histórica acerca de las transiciones entre diferentes tipos de sociedad y
analizaron las contradicciones del modelo capitalista, proponiendo un camino para su
destrucción y reemplazo por otro sistema más justo.

En este marco, consideraron que las teorías reformistas del socialismo utópico no
eran practicables. Así, en el «Manifiesto del Partido Comunista» o «Manifiesto
comunista» de 1848 sentaron las bases del marxismo y de su visión del socialismo
científico, definiendo el materialismo histórico, haciendo hincapié en la lucha de
clases y llamando a la revolución.

El materialismo histórico

Se denomina materialismo histórico al modo marxista de comprender la historia.


Surgió como una reinterpretación de la dialéctica hegeliana, que se centraba en el
espíritu como determinante histórico, señalando que la razón está subordinada a
realidades materiales.

Para el materialismo histórico, la historia no avanza por las ideas, sino que está
motorizada por el enfrentamiento de clases y por la contradicción existente entre las
relaciones de producción y las fuerzas productivas en el capitalismo.

Según Marx, los seres humamos establecen vínculos sociales que no dependen de
su voluntad, sino que están atados a las relaciones de producción correspondientes
a una etapa específica del desarrollo de las fuerzas materiales de producción. Estas
relaciones dan lugar a una infraestructura económica que sostiene la superestructura
política y jurídica de la sociedad. Por extensión, para el materialismo histórico la
manera en la que se produce la vida material determina la vida social e incluso
espiritual.

Del materialismo histórico derivó el materialismo dialéctico, que tomó los


pensamientos del marxismo-leninismo (la vertiente del marxismo promovida por
Vladimir Lenin, uno de los líderes de la Revolución rusa de 1917). Para el
materialismo dialéctico, la materia es independiente de lo espiritual y tiene
preponderancia sobre ello. El mundo, en este contexto, puede conocerse a partir de
su naturaleza material.

El socialismo científico y la lucha de clases

El estudio de la historia a través del materialismo histórico es el método científico


que, de acuerdo al marxismo, convirtió al socialismo en una ciencia: el socialismo
científico. Esta visión considera que los cambios sociales son un efecto de la lucha
de clases y que la única manera de terminar con la explotación del capitalismo es
mediante una revolución con el proletariado como protagonista.

En la sociedad capitalista, para el socialismo científico, existen dos clases


antagónicas: una clase oprimida (el proletariado) y una clase dominante (la
burguesía). Los integrantes de ambas clases mantienen relaciones de producción,
condicionadas por la propiedad de los medios de producción.

Esos medios de producción (recursos naturales, herramientas, maquinaria, dinero,


etc.) están en manos de la burguesía. Al no contar con medios de producción, el
proletariado se ve forzado a vender su fuerza de trabajo a cambio de un salario para
subsistir. Esta situación produce una alienación en el obrero.

El salario, a su vez, no cubre todo el valor que crea el obrero con su trabajo: hay una
plusvalía que se la apropia el burgués. Las relaciones de producción, pues, son
relaciones de explotación. La lucha de clases protagonizada por explotadores y
oprimidos impulsa los cambios sociales.

Todos estos principios fueron examinados y descriptos por Marx en «El capital»
(«Das Kapital» en alemán). Según el marxismo, con el desarrollo de la conciencia de
clase quedan expuestas las contradicciones del capitalismo, con lo cual puede
impulsarse la revolución proletaria.

Esta revolución permitiría que la burguesía pierda el poder y se inicie la fase de la


dictadura del proletariado, con los obreros al mando del Estado y controlando los
medios de producción. Esta es la etapa previa al derrocamiento del capitalismo
mediante la socialización de los medios productivos, que llevaría a la existencia de
una sociedad sin distinción de clases sociales: es decir, a una sociedad comunista.

Las revoluciones socialistas

A lo largo de la historia, varias revoluciones socialistas tuvieron éxito en distintas


partes del mundo. Los regímenes instaurados, sin embargo, estuvieron lejos de
coincidir con las teorías del socialismo científico según suelen manifestar los
analistas.

La Revolución rusa, que llevó a la caída del zarismo y permitió con los años la
creación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), tuvo referentes
muy diferentes entre sí, como Lenin, León Trotsky y Joseph Stalin. El régimen
soviético incluyó el fusilamiento de opositores y el sometimiento de millones de
personas en campos de trabajo forzoso del Gulag (la Dirección General de Campos y
Colonias de Trabajo Correccional), sobre todo durante el stalinismo. La URSS,
finalmente, se desintegró en 1991.

En China, Mao Zedong desarrolló el maoísmo, versión del marxismo-leninismo que


da un rol preponderante a los campesinos en la revolución. Mao creó el Partido
Comunista de China e instauró una dictadura comunista con la fundación de la
República Popular China que ya tiene más de medio siglo de historia.

Ho Chi Minh, en tanto, impulsó la Revolución vietnamita y logró establecer un Estado


socialista en Vietnam. Lo mismo consiguieron Fidel Castro, Che Guevara, Camilo
Cienfuegos y otros guerrilleros con la Revolución cubana que triunfó en 1959.

Características del socialismo


Si bien los rasgos del socialismo pueden variar enormemente, sus características
generales son:

Limitación o abolición de la propiedad privada en favor de modelos colectivos,


cooperativos o comunitarios de propiedad, especialmente de los medios de
producción (como las fábricas o las tierras productivas).
Énfasis en la producción y en el papel de la clase trabajadora en la generación
de la riqueza, y defensa de la actividad política y sindical de los obreros a través de
sus representantes.
Aplicación de diversos métodos de distribución de la riqueza, como impuestos o
expropiaciones a los que más tienen y planes de ayuda económica para quienes
menos tienen, con el objetivo de lograr una distribución equitativa o igualitaria de los
recursos económicos.
Fuerte intervención del Estado en los asuntos económicos y sociales, que en
ocasiones puede restringir la democracia y el funcionamiento de los partidos
políticos, pero en otros casos puede ser compatible con las libertades políticas.
Algunos movimientos socialistas defienden, en cambio, formas descentralizadas u
horizontales de organización social.
En las variantes más extremas, propósito de alcanzar un modelo de sociedad
sin clases sociales, en la que no haya diferencias entre ricos y pobres sino una
distribución equitativa de las riquezas generadas de manera autogestionada por los
trabajadores.

Socialismo utópico

El término “socialismo utópico” fue popularizado por Marx y Engels para referirse a
los movimientos socialistas y revolucionarios que se opusieron al capitalismo a
finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, y que fueron previos a la aparición del
marxismo. Se trató de vertientes muy distintas entre sí que, según los marxistas,
carecían de un método científico para la correcta comprensión de la realidad y la
posibilidad del cambio social.

Los socialistas utópicos más importantes estaban influidos por las ideas de la
Ilustración, que abogaba por un mundo construido con base en la razón, y
aparecieron poco después de la Revolución francesa de 1789. Sin embargo, algunos
estudiosos incluyen en esta lista a diversos militantes radicales de la época de la
revolución, como el periodista francésFrançois Babeuf (1760-1797), que denunciaron
que la revolución había fracasado en el cumplimiento de sus ideales de libertad,
igualdad y fraternidad.

En consecuencia, estos militantes abogaron por la disolución de la propiedad privada


y el equitativo reparto y usufructo de las tierras. Estas ideas condujeron a Babeuf a
ser ejecutado, acusado de conspirar contra el gobierno, lo que hizo de él un referente
para la causa socialista durante el siglo XIX, especialmente entre sus seguidores,
llamados neobabuvistas.

Otro nombre importante fue el de Henri de Saint-Simon (1760-1825), fundador de un


socialismo de inspiración cristiana. Este movimiento no abogó por la eliminación de
la propiedad privada, sino que propuso la planificación centralizada de la producción.
Así, el socialismo sansimoniano buscaba anticiparse a las necesidades sociales y
económicas de la población gracias a los saberes conjuntos de científicos, técnicos,
ingenieros y productores (llamados genéricamente los “industriales”), quienes serían
responsables de dirigir la producción económica para el bienestar de la sociedad.

Por otro lado, se destacó Robert Owen (1771-1858). Owen era un industrial galés
cuyas fábricas textiles, altamente rentables, operaban bajo estándares humanitarios
inusuales para la época (por ejemplo, no había trabajadores por debajo de los 10
años de edad). Para Owen, los seres humanos no estaban predeterminados por la
naturaleza humana, sino que podían cambiar según las circunstancias del contexto
social. Por lo tanto, planteaba que el egoísmo era consecuencia de las condiciones
de vida y era totalmente reversible.

Así, Owen compró tierras en el estado de Indiana, Estados Unidos, donde en 1825
intentó establecer una comunidad ideal: cooperativa, social y autosustentable.
Conocida como New Harmony (“Nueva Armonía” en inglés), esta comunidad fracasó
tras unos pocos años de existencia, y se llevó consigo la mayor parte de la fortuna de
Owen, pero sus ideas ejercieron mucha influencia en el movimiento obrero británico.

Otros pensadores importantes dentro del socialismo utópico fueron Charles Fourier
(1772-1837), creador de comunidades igualitarias llamadas “falansterios”; Étienne
Cabet (1788-1856), fundador del movimiento icariano; Jean-Jacques Pillot (1808-
1877), un destacado neobabuvista; y Pierre Leroux (1797-1871), un periodista y
pensador sansimoniano, entre otros.

Socialismo y comunismo

En la actualidad, no existe una diferencia clara y universal entre los términos


“socialismo” o “socialista” y “comunismo” o “comunista”. Sin embargo, en general se
asocia el término comunismo a las vertientes más radicales o extremistas, mientras
que el término socialismo se reserva para formas más moderadas o combinadas con
principios democráticos.

Históricamente, el término “socialismo” se popularizó en su sentido moderno en la


década de 1830 para caracterizar a los seguidores de Robert Owen y otros
socialistas utópicos. Por su parte, el término “comunismo” fue de uso corriente desde
la década de 1840 para identificar a los neobabuvistas (seguidores del legado de
François Babeuf), como Jean-Jacques Pillot, y a los icarianos o cabetistas
(seguidores de Étienne Cabet).
Aunque inicialmente ambos términos se usaban como sinónimos, en algunos casos
los “comunistas” y “socialistas” comenzaron a distinguirse entre sí, principalmente por
su grado de radicalismo y su compromiso con las ideas de la lucha de clases. Por
esta razón, si bien Marx y Engels solían usar los términos “socialismo” y
“comunismo” como sinónimos, eligieron el término “comunismo” para nombrar a la
asociación que fundaron en 1847, la Liga de los Comunistas, y para titular su
Manifiesto del Partido Comunista (1848).

Sin embargo, tanto Engels como Marx consideraban que socialistas y comunistas
tenían un objetivo común: alcanzar la sociedad sin clases sociales. En ese sentido,
algunos autores marxistas posteriores interpretaron que el socialismo era un primer
estadio en la transición desde el capitalismo y la democracia burguesa hacia la
consecución definitiva del comunismo.

Desde el triunfo de la Revolución bolchevique en Rusia en 1917, el término


“comunismo” quedó muy vinculado a la construcción de regímenes de partido único
mediante procesos revolucionarios inspirados por el dogma marxista. El término
socialismo, por otro lado, quedó en gran medida reservado a expresiones políticas
más moderadas, como la socialdemocracia, o a movimientos horizontalistas o
asamblearios (como el socialismo libertario o el anarquismo socialista).

Socialismo y capitalismo
Desde mediados del siglo XIX, el socialismo y el capitalismo (o el liberalismo, que
defiende intelectualmente los fundamentos de la sociedad capitalista) se consideran
doctrinas enfrentadas en sus tesis filosóficas centrales.

 Socialismo. Aboga por la propiedad pública, cooperativa o social de los medios de


producción, y por una economía dirigida o intervenida desde el Estado (excepto en
sus variantes libertarias, que proponen el control horizontal o asambleario).
 Capitalismo (y liberalismo). Defiende la propiedad privada, el libre mercado y la
iniciativa individual o empresarial, con el énfasis puesto en la competencia
económica.

Sin embargo, desde finales del siglo XX, y especialmente tras la caída de la Unión
Soviética en 1991, el capitalismo se consolidó como el modelo económico
mundial, en el contexto de la llamada globalización, y tan solo unas pocas naciones
subsisten con modelos socialistas.

En general, estos países socialistas o comunistas se vieron obligados a


incorporar medidas liberalizadoras. Entre ellos se encuentra la República Popular
China, que desde finales de la década de 1970 se abrió a una economía de mercado
y actualmente es una de las potencias económicas del mundo, y Corea del Norte,
Cuba, Vietnam y Laos.

Países socialistas

En la actualidad, son pocos los países que se proclaman a sí mismos “socialistas”.


La lista incluye a los siguientes:

 República Popular China


 República Popular Democrática de Corea (también conocida como Corea del
Norte)
 República de Cuba
 República Democrática Popular Lao
 República Socialista de Vietnam
 República Bolivariana de Venezuela

Materialismo Dialectico

Doctrina filosófica sobre las leyes más generales del desarrollo de la naturaleza, de
la sociedad humana y del pensamiento; concepción del mundo del partido marxista –
leninista, formulada por Marx y Engels y desarrollada por Lenin y Stalin–. “Llámase
materialismo dialéctico, porque su modo de abordar los fenómenos de la naturaleza,
su método de estudiarlos y conocerlos es dialéctico y su interpretación de los
fenómenos de la naturaleza su teoría, es materialista” (Historia del Partido Comunista

Habiendo fundado el materialismo dialéctico, Marx y Engels lo extendieron al


conocimiento de los fenómenos sociales. El materialismo histórico es una grandiosa
conquista del pensamiento científico. El materialismo dialéctico e histórico
constituyen el fundamento teórico del comunismo, la base teórica del partido
marxista. El marxismo “es toda una concepción del mundo, un sistema filosófico del
que emana, lógicamente, el socialismo proletario de Marx” (Stalin). Elaborando esta
avanzada concepción filosófica del mundo, Marx y Engels apoyábanse en todas las
adquisiciones valiosas del pensamiento humano. Todo lo mejor creado por los
predecesores filosóficos de Marx y Engels y, ante todo, por Hegel y Feuerbach, fue
reconsiderado críticamente por Marx y Engels. De la dialéctica de Hegel, ellos solo
tomaron su “grano racional” y, desechando la corteza idealista hegeliana, impulsaron
la dialéctica hacia adelante, dándole una forma científica moderna. “…Volviéndose a
la vida, ellos vieron que no es el desarrollo del espíritu el que explica el desarrollo de
la naturaleza, sino, por el contrario, la materia” (Lenin). El materialismo de Feuerbach
fue inconsecuente, metafísico, antihistórico. Marx y Engels tomaron del materialismo
de Feuerbach “su grano fundamental” y, desechando las acumulaciones idealistas y
ético-religiosas de su filosofía, desarrollaron el materialismo, creando la teoría
científico-filosófica del mismo.

El materialismo dialéctico es la más avanzada, la única concepción científica del


mundo. Marx y Engels, y después Lenin y Stalin, aplicaron las afirmaciones del
materialismo dialéctico a la política y táctica de la clase obrera, a la actividad práctica
del partido marxista. “Del mismo modo que la filosofía encuentra en el proletariado su
arma material, el proletariado encuentra en la filosofía su arma espiritual” (Marx).
Sólo el materialismo dialéctico de Marx, según las palabras de Lenin, indicó al
proletariado, la salida de la esclavitud espiritual en que vegetaban, hasta entonces,
las clases oprimidas. Después de Marx y Engels, el gran teórico Lenin y, después de
Lenin, Stalin y otros discípulos de Lenin, fueron los únicos marxistas que impulsaron
adelante el marxismo y su fundamento teórico-científico: el materialismo dialéctico e
histórico. Lenin, en su genial libro Materialismo y Empirio-criticismo, que sirvió a la
preparación teórica del partido bolchevique, dejó al partido una enorme riqueza
teórica para su lucha decisiva con los revisionistas y los renegados, adoptando el
materialismo dialéctico como la filosofía partidaria del bolchevismo.

El genial trabajo de Stalin Sobre los fundamentos del leninismo (ver) y sus obras,
la Historia del Partido Comunista (b), escrito con su intervención personal,
desenvuelven y enriquecen el materialismo dialéctico e histórico. El materialismo
dialéctico es una teoría revolucionaria de la transformación del mundo, de su
dirección hacia la acción revolucionaria.

El materialismo dialéctico “ha dado a la humanidad y en particular, a la clase obrera,


dos grandes instrumentos del conocimiento” (Lenin). (Ver Método dialéctico
marxista, Materialismo filosófico marxista, Materialismo histórico).
BIBLIOGRAFIA

1. Oizerman Teodor (2003) Marxismo y utopismo, p. 79


2. «El día de la ruptura con Hugo Chávez». Kaos en la red. Consultado el 25 de
noviembre de 2022.
3. F. Engels (1880), "Del socialismo utópico al socialismo científico".
4. Enrico Ferri (1900). «Socialism and Modern Science». [Link].

5. [Link]

6. [Link]
ANEXOS

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