.
Xavier Agenjo Bullón I Manuel Suárez Cortina,
editores
SANTANDER
FIN DE SIGLO
Xavier Agenjo Bullón / Manuel Suárez Cortina,
editores
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DE SANTANDER
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uc UNIVERSIDAD
DE CANTABRIA
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ISBN: 84-86993-23-7
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ción de los titulares.
íNDICE
SANTANDER FIN DE SIGLO. FIN DE SIECLE EN SANTANDER .
Manuel Suárez Cortina
ESTRAÑÍ, EL CANTÁBRICO Y EL PERIODISMO 21
Juan Carlos Ara Torralba
LA DIÓCESIS SANTANDERINA EN TORNO AL 98 37
Santiago Díez Llama
LA ESTRUCTURA DEMOGRÁFICA Y SOCIAL DE LA CIUDAD DE SANTANDER
EN EL PERÍODO DE ENTRE SIGLOS: UNA APROXIMACIÓN 55
Pedro Reques Velasco
DE SANTANDER A LA HABANA: LA RUTA MIGRATORIA DE LAS ANTILLAS 73
Consuelo Soldevilla Oria
LA POLÍTICA EN EL SANTANDER DE FIN DE SIGLO 89
Aurora Garrido Martín
SANTANDER EN LA ECONOMÍA DE FIN DE SIGLO 105
'.'
Andrés Hoyo Aparicio
EL MOVIMIENTO OBRERO 125
Cecilia Gutiérrez Lázaro - Antonio Santoveña Setién
UN PASO DECISIVO EN LA INDUSTRIALIZACIÓN MINERO-SIDERÚRGICA
DE SANTANDER: LOS ALTOS HORNOS DE NUEVA MONTAÑA 143
Gerardo G. Cueto Alonso
LA CÁMARA DE COMERCIO DE SANTANDER 161
Ana Alegría de la Colina
LA GUERRA DE CUBA: EL FIN DE LOS MITOS 189
Modesto González Cañibano
LA EDUCACIÓN EN EL SANTANDER DE ENTRE SIGLOS 221
Carmen del Río Diestro - Fidel Gómez Ochoa
LA CULTURA INSTITUCIONISTA EN SANTANDER 247
Gonzalo Capellán de Miguel
LA CULTURA POPULAR SANTANDERINA 273
Julio de la Cueva Merino
SANTANDER, LA CONSTRUCCIÓN SOCIAL DEL OCIO 295
Carmen Gil de Arriba
X111
/",
_ _ _~_,._c.--::;;~~¿
LOS VECINOS PINTORESCOS: LA COMUNIDAD PESCADORA SANTANDERINA
EN EL CAMBIO DE SIGLO 315
Alberto Ansola Fernández
LA ESTACIÓN DE BIOLOGÍA MARINA DE SANTANDER: CIENCIA Y DOCENCI
EN EL CAMBIO DE SIGLO 333
Alfredo Baratas Díaz
SALUD Y ENFERMEDAD EN EL SANTANDER DE 1898 351
Fernando Salmón
SANTANDER, LA COMPAÑÍA TRASATLÁNTICA Y EL MARQUÉS DE COMILLAS 367
Elena Hernández Sandoica
EL LIBRO Y LA LECTURA E EL SANTANDER DE FIN DE SIGLO 385
Xavier Agenjo Bullón
DEL MACmCHACO A LA MAGDALENA. ARQUITECTURA Y URBANISMO
PARA UN FIN DE SIGLO, 1893-1913 405
Luis Sazatornil Ruiz
LA PINTURA DE CANTABRIA EN EL FIN DE SIGLO 429
Manuela Alonso Laza
UN CENTAURO PERDIDO EN LA ALDEA: TRADICIONALISMO Y MODERNIDAD
EN AGUSTÍN DE RlANCHO 449
Javier Díaz López
SOLANA Y SANTANDER. A CABALLO DE DOS SIGLOS. UN ARTISTA
DEL SIGLO XIX, SOLITARIO EN EL TRÁFAGO DEL XX 467
Lui Alonso Fernández
EL AMBIENTE MUSICAL EN SANTANDER EN 1898 489
Rosa María Conde López
LA MÚSICA Y LA CIUDAD: ESPACIOS PARA LA INTERPRETACIÓN
Y CREACIÓN EN SANTANDER EN TORNO A 1898 515
Julio Arce
LA CREACIÓN LITERARIA DE LAS ÉLITES EN EL SANTANDER
DE FINALES DEL XIX, O LA RESISTENCIA ESTÉTICA COMO REACCIÓN:
ALGU OS RASGOS CARACTERIZADORES 533
Juan Antonio González Fuentes
1898 EN LA VIDA DE MENÉNDEZ PELAYO 549
Rosa Fernández Lera - Andrés del Rey Sayagués
«SIEMPRE BENÉFICA». SANTANDER Y EL 98 571
Benito Madariaga de la Campa
XlV
,
«SIEMPRE BENEFICA».
SANTANDER y EL 98
Benito Madariaga de la Campa
Correspondiente de la Real Academia de la Historia
L PANORAMA DEL SANTANDER FINISECULAR
Desde 1895, en que se reanuda la insurrección cubana, hasta que concluye
en 1898 con la pérdida de la guerra y de las colonias, éste será el acontecimiento his-
tórico principal del fin de siglo y también el más relevante para la provincia de
Santander, desde el punto de vista comercial y militar. El protagonismo se debió a ser
uno de los puertos principales en el envío y repatriación de tropas, apoyado por la efi-
caz acción colaboradora de la Compañía Trasatlántica y la contribución generosa y
abnegada del vecindario y de la Cruz Roja local.
La guerra y su desenlace rápido supusieron para Santander el hundimiento
de su tradicional tráfico comercial con las provincias americanas, que ya venía de
atrás. Entre las compañías navieras que desde la ciudad todavía tenían relación con
ellas en 1898, figuraban los vapores de la Trasatlántíca con destíno a Las Antillas,
Nueva York y Veracruz con escalas en Cuba y Puerto Rico. A ellos se añadían los de
«Serra y la Flecha», con servicios semanales de carga y pasajeros para los puertos de
las dos citadas islas españolas; la «Compañia Larrinaga» con vapores correos y entra-
das en Liverpool, Santander y las mismas localidades de ultramar; los de «La Bandera
Española» con ocho vapores e idéntico recorrido con los puertos cubanos y las com-
pañías Pinillos y la Trasatlántica con travesías a Filipinas.
. Cuba era desde antiguo uno de los enclaves principales de la emigración cán-
tabra y, en menor medida, Puerto Rico y Filipinas. El comercio había sido el motivo de
su prosperidad económica y las dos guerras de principio y finales de siglo tuvieron una
especial repercusión en la disminución y decadencia de los negocios navieros de impor-
tación y exportación, cuya merma se arrastraba ya desde los años sesenta.
"Al declararse la guerra con los Estados Unidos, sufrió brusca paralización el tráfico
de nuestro puerto. Las expediciones periódicas a Las Antillas quedaron suspendidas
despu~s de comprobados los escasos escrúpulos del enemigo respecto del apresa-
miento de los buques de comercio, y en cuanto al tráfico con Europa, la rápida ele-
vación de los cambios hizo imposible toda introducción del exterionl.
573
/ -
((SIEMPRE BENÉFICA)). SANTANDER Y EL 98
Llegada de soldados repatriados
de ultramar (1896).
y añadía a modo de resumen la Memoria de la Cámara de Comercio de 1898:
"Quedó el puerto sin barcos, sin mercancías los muelles y por tanto faltas de trabajo
las clases que viven del comercio».
Contaba Santander en 1897 con 50.640 habitantes y 263.673 en toda la pro-
vincia. Con ser escasa su población, tenía entonces cuatro periódicos principales (El
Cantábrico, El Aviso, La Atalaya y el Boletín de Comercio). En 1898 aparecieron otros
cuatro (La Caridad, La Crónica de Santander, La Voz del Pueblo y La Ilustración de Castro),
estos últimos con amplia información sobre los incidentes y noticias de la guerra.
En este mismo año, por iniciativa de una comisión de jóvenes montañeses se
publicó el Álbum Patria para contribuir a la suscripción nacional en favor de la Marína
Española. Colaboraron en él los principales autores del momento: Amós de Escalante,
Enrique Diego Madrazo, Pereda, Adolfo de la Fuente, etc.
Contaba además la ciudad con un teatro y un panorama cultural bastante
representativo y, si bien no poseía universidad propia, se cursaban en ella los estudios
de Náutica, Comercio y Magisterio, de antigua tradición.
Tres escritores de relieve dieron a conocer por entonces algunas de sus prin-
cipales obras literarias de proyección nacional. Pereda publicó en 1895 Peñas arriba, y
al año siguiente Pachín González; Pérez Galdós escribe en la ciudad Nazarín y Halma,
yen 1897 hacen ambos su ingreso en la Real Academia Española, a la vez que editan
dos nuevos libros: Tipos trashumantes y El Abuelo, respectivamente. Coincidiendo con
el «Desastre de 1898», la prensa nacional informaba sobre el inicio por Galdós de la
tercera serie de los Episodios Nacionales y el nombramiento de Menéndez Pelayo
como director de la Biblioteca Nacional.
Estos tres intelectuales fueron testigos durante el verano de los embarques
de tropas en nuestro puerto y del final de la guerra, con el cuadro patético de la repa-
triación de un ejército enfermo y derrotado. La prensa local daba también noticias
sobre los enfrentamientos del ejército con los insurrectos y las acciones del batallón
de Cantabria en Cuba. Ya a mediados de 1896 existían 6.000 soldados españoles
enfermos en la Isla, desde que comenzó la guerra, debido, en parte, a las enfermeda-
des infecciosas y parasitarias propias de Las Antillas. Contaba entonces Cuba con 42 .
hospitales y se calculaba un 6 % de enfermos en ese momento.
El panorama, pues, no era nada optimista y la contienda supuso, aparte de
una pérdida continua de hombres, un gasto y una descapitalización que obligaron a
suscripciones en varios ayuntamientos de la' provincia para allegar recursos con que
574
Benito Madariaga de la Campa
auxiliar al gobierno en los costes de Cuba. Después de la guerra, la situación comercial
de Santander era grave, tal como lo expresaba así el Boletín de Comercío (16-X-1898):
««Los negocios que han alimentado principalmente el tráfico comercial de la plaza, se
basaban en las relaciones con Cuba y Puerto Rico: tres o cuatro vapores trasatlánti-
cos zarpaban semanalmente para aquellas islas, y sin sobordo medio, sín contar para
nada el producto del pasaje, excedia de cinco mil duros por barco. Terminada la gue-
rra, las expediciones continúan, pero todos sabemos a qué atenernos respeCto al
resultado final: a medida que avanza la dominación enemiga, los puertos se abren al
comercio yankee, las tarifas aduaneras se modifican y muchos de los artículos penin-
sulares son sustituidos por los americanos».
Un testimonio esclarecedor del estado de guerra es que de marzo a junio de
1895 habian sido destinados a Cuba 9 geherales, 98 jefes, 775 oficiales, 388 sargen-
tos y 19.888 cabos y soldados. Y a Puerto Rico, 5 jefes, 90 oficiales, 76 sargentos y
2.201 entre cabos y soldados (El Aviso, 8-VI-1895).
Todo este movimiento militar exigia un continuo tornaviaje de enfermos y
heridos con una asistencia médica y sanitaria, aparte también de necesitarse edificios
para la hospitalización. A la vez que embarcaban reclutas y voluntarios con destino a
Cuba, regresaban deportados cubanos insurrectos y los contingentes de tropa inca-
pacitados para la lucha, que eran enviados, en este caso, al Sanatorio Militar. La pren-
sa publicaba la lista de los soldados cántabros que regresaban muertos o inútiles.
En marzo de 1897 se anunciaba, como un mal presagio, el cerramiento con
/
cadenas d,el terreno destinado en Ciriego a sepulturas de las tropas procedentes de
nuestra principal provincia antillana (El Aviso, 13-111-1897). Desde el principio de la gue-
rra de Cuba hasta septiembre de 1897 se repatriaron, sin contar los procedentes de
Puerto Rico, 155 jefes, 548 oficiales y 15.000 soldados y clase de tropa, de estos últimos
unos siete mil habian desembarcado en Santander (Cfr. El Cantábríco, 29-IX-1897).
\
Los hospitales existentes en Santander, contando los que se habilitaron
entonces, fueron el de San Rafael, fundado en 1791 y que tenía una sección militar;
el Sanatorio de Calzadas Altas y, en esa misma calle, un Centro de Desinfección diri-
gido por Diego Breñosa y el Hospital Militar de María Cristina. El Ayuntamiento, debi-
do al enc;.pme gasto de asistencia médica, estudió la propuesta de crear un Hospital
Municipal. El Lazareto de Pedrosa, que tenía médico y capellán, al igual que los otros,
a pesar de sus escasos medios, desarrolló un importante papel sanitario al retener en
cuarentena a los barcos con casos de fiebre amarilla.
El lazareto de Pedrosa era de los llamados «suciosll, donde se tenían en cua-
Vista general del Lazareto de
rentena los buques con patente sanitaria negativa cuando existían defunciones
Pedrosa.
durante el trayecto, traían enfermos infecto-contagiosos o procedian de paises con
575
.~--
"SIEMPRE BENÉFICA». SANTANDER Y EL 98
enfermedades endémicas. La inspección médica determinaba o no la cuarentena, más
Embarque de tropas para Cuba
o menos prolongada, y, en caso positivo, se procedía a desembarcar el pasaje y la car-
en el León XIII (1895).
ga y a la quema o desinfección de ropas y objetos contaminados.
Cuando se fue reduciendo el número de enfermos se transportaron estos, del
Hospital de María Cristina al de Calzadas Altas, una vez clausurado aquel, y, final-
mente, los últimos que quedaban se llevaron de aquí al de San Rafael.
El principal hospital colaborador de la provincia fue el de Montes Claros, de
",/ Reinosa, que atendió a 5.341 soldados en tránsito y a 95 incapacitados de continuar
/
los viajes en los trenes hospitales, de los que diez fallecidos fueron allí enterrados (La
Caridad, 15-1-1899). Las Subcomisiones de la Cruz Roja de Torrelavega, Castro
Urdiales, Laredo, Ampuero, Santoña y San Vicente de la Barquera contribuyeron igual-
mente a las funciones asistenciales.
La Comisión Provinciálde la Cruz Roja, modelo de comportamiento en aque-
llos momentos dificiles, colaboró mediante la atención sanitaria, la recaudación de fon-
dos y la ayuda económica a los repatriados enfermos y heridos. Ya en 1896, la Asamblea
Nacional de la entidad concedió la medalla de oro al Dr. Juan Pablo Barbáchano, al
comandante Casto Campos Guereta y a Ángel Acebo Crespo, miembros de la citada
Comisión. La Cruz Roja santanderina se comportó con abnegación y generosidad en un
trabajo difícil y arriesgado, en el que sus miembros estaban expuestos a contraer enfer-
medades, al igual que las monjas de la Caridad y los doctores santanderinos Baldomero
Ocejo, Saturnino Regato, Pascual Pérez, Juan José Oria, Eduardo Fernández Almiñaque y
Felicísimo Peláez, médico director del Lazareto de Pedrosa.
576
Benito Madariaga de la Campa
LA REACCiÓN SANTANDERINA DURANTE LA GUERRA
Al inicio de la sublevación en 1895, la Compañía Trasatlántica puso a disposi-
ción del gobierno gran parte de su flota naviera con buques como el León XIII, en el que
salió la primera expedición militar de Santander (RAFAEL GONZÁLEZ ECHEGARAY, 1972), a la
que siguieron nuevos embarques en el San Ignacio de Loyola, Antonio López, Reina
María Cristina, San Francisco y en el transporte rápido Santiago, de diez mil toneladas,
abanderado en Santander. No fueron estos los únicos, ya que a ellos se unieron la navie-
ra Pinillos con servicio en Filipinas y algunos barcos visitantes de la Armada.
La guerra fue cobrando mayor intensidad y se extendió a todas nuestras
posesiones mediante el empleo de una táctica de guerrilla con sabotajes e incendios,
ataques en los que se empleaba la caballería. Los «mambises», nombre que les dieron
los españoles, eran buenos conocedores del terreno y estaban organizados en escua-
drones ambulantes que empleaban diestramente el machete. Estos grupos libertado-
res eran bravos y estaban dirigidos por hombres como Quintín Banderas, Máximo
Gómez y Maceo. La muerte de este último supuso una ligera esperanza de victoria,
pero la guerra continuó. Los enfrentamientos se saldaron en bastantes casos, ya des-
de el principio, con fuertes bajas por ambas partes por las acciones militares y, sobre
todo, debido a la fiebre amarilla, la disentería yel paludismo.
Durante la primera guerra de Cuba, en la que participó como médico Santia-
go Ramón y Cajal, al regresar y desembarcar en Santander de su viaje a bordo del
vapor España, en 1875, describía así, años después, aquella travesía:
«Conmigo abandonaron la isla también muchos soldados inutilizados en campaña.
Los desventurados estaban enfermos como yo; pero, menos atendidos, viajaban en
tercera, hacinados en montón y sometidos a régimen alimenticio insuficiente o poco
reparador. Yo me complacia en cuidarlos, procurándoles medicamentos y alentando
sus esperanzas. Algunos de aquellos infelices fallecieron durante la travesía.» (SANTIA-
GO RAMÓN y CAJAL, Mi infancia yjuventud).
El encuentro, por ejemplo, de Mal Tiempo supuso una derrota para los espa-
ñoles, gran parte de ellos jóvenes bisoños a pesar de servirse de las trincheras y las
bayonetas. En realidad fue una guerra civil, ya que gran parte de los libertadores,
como ellos se llamaban, eran negros o mestizos y todos habían nacido siendo Cuba
provincia española y con nombres y apellidos españoles. Comienzan entonces a llegar
a Santander militares heridos, enfermos y fallecidos durante el viaje.
Los fusilamientos de insurrectos y la deportación de cabecillas cubanos a
Ceuta, Chafarinas y Fernando Poo no amortiguaron la sublevación. La propaganda
contra España y el alistamiento de negros, mestizos e incluso chinos y aventureros de
otros países, unido al traslado de la Junta separatista cubana a Estados Unidos y a
Flota de la Compañía Trasatlántica destinada a la repatriación de las tropas de la isla de Cuba.
577
"SIEMPRE BENÉFICA.._SANTANDER y EL 98
Méjico para recaudar fondos, avivó el fuego de aquella sublevación que supuso para
España una continua pesadilla. A medida que llegaban los soldados heridos, pasaban
al Hospital de San Rafael y los inútiles y faltos de tratamiento o de alimentos, al Sana-
torio Militar de la ciudad. Nada más desembarcar de los Corconeras (las embarcacio-
nes de transporte y viajes por la bahía) se conducía a los soldados al Depósito de
Embarque. De aquí, la Cruz Roja los trasladaba al Sanatorio.
El hecho de que existiera la redención económica del servicio militar, obligó a
que, los que no tenían dinero y no estaban dispuestos a ir a ultramar, desertaran. Así
ocurrió ya en 1897, en algunos casos, en los ayuntamientos de Santander, Cabezón de
la Sal, Arenas de Iguña y Los Corrales de Buelna, cuya relación de prófugos anunciaba
la prensa (E/Aviso, 26, 28-VIII-1897 y Libro de Actas del Ayuntamiento de Santander, 28-
IV-1897, folio 97). Los juzgados especiales o militares publicaban en la Gaceta de Madrid
las requisitorias con los datos de los jóvenes declarados rebeldes por haberse embarca-
do con destino a Méjico o huido de los cuarteles y barcos de guerra.
Ante la llegada de grandes contingente de soldados heridos o enfermos a los
diferentes hospitales, la Cruz Roja de Santander comenzó a actuar como si fuera una
ciudad en guerra. La organización fue ejemplar y enseguida el Ayuntamiento y la
población prestaron su apoyo y colaboración a tan benemérita entidad.
«Nuestro Sanatorio Militar, que desde el principio de la campaña de Cuba tan grandes
servicios reporta a los soldados enfermos -decía la prensa (El Cantábrico, 26-IX-' 897
Y La Ilustración Española y Americana, 30-XI-' 898)-, cada día hace más grandes
esfuerzos para que en él sean acogidos el mayor número posible. Correspondiendo a
estos deseos, la Junta de señoras del mismo, de acuerdo con el médico director, señor
Ocejo, acaba de adquirir seis nuevas camas con sus ropas y correspondiente menaje,
pudiendo de este modo acoger aseis soldados más. Merece los más sinceros plácemes
por su patriótica conducta aquel benéfico establecimiento».
Desde el comienzo de la guerra hasta septiembre de 1897, se habían repa-
triado 155 jefes, 548 oficiales y 15.000 soldados y clase de tropa, de los cuales siete
míl de estos últimos habían desembarcado en Santander, sín contar los procedentes
de Puerto Rico (El Cantábrico, 29-IX-1897). A veces, el Lazareto de Pedrosa, cuando
había casos de enfermos infecto-contagiosos, estaba completamente abarrotado de
gente. Como ejemplo, la llegada a Santander del Isla de Panay, el 17 de septiembre de
este año, contabilizó la muerte de 64 soldados durante el viaje.
Al desembarcar los repatriados la Cruz Roja y particulares les entregaban
donativos y las jóvenes de Santander les ofrecían caldo y copas de Jerez. Se hizo
entonces popular el llamado «caldo del soldado)). La prensa lo comentaba en estos
curiosos términos: <!Señoras de la aristocracia, de la clase media y del pueblo, con
~
---:;'
señoritas también de todas las clases sociales, se confunden allí como si constituye-
. VALOR
ran la servidumbre de una gran fonda, y unidas las que horas ante ni se saludaban,
DI S C1PlINA como si siempre hubieran vivido juntas, se las ve servir a los soldados, animándolos
J - con las más cariñosas frases)) (El Cantábrico, 28-IX-1897). Pero esto fue sólo un pre-
/ LEALTAD ludio del contingente de tropas que, terminada la guerra, llegó a Santander en condi-
1
ciones miserables y vergonzosas.
\- 1896-1898
., El Depósito de Ultramar tramitaba la documentación de los desembarcados,
pero carecían de los socorros necesarios. Muchos de aquellos hombres llegaban úni-
camente con lo puesto y algunos sin mudas, calzado o dinero para comprar tabaco o
continuar el viaje a sus pueblos. Como escribe Rafael González Echegaray (Por más
valer, 1972, p. 79):
Filipinas. Medalla para el «Los correos de Trasatlántica y los de Pinillos y Folch llegaban con las cubiertas ates-
Ejército. R.O.e. 26 enero 1898. tadas de hombres que pagaban el precio de la victoria con su salud y su vida; atra-
Revista General de Marina, caban solemnemente a las machinas de Maliaño, alijaban su triste cargamento de
enero-febrero 1998, pp. 68-69. miseria y apenas arrancados de nuevo, volvían a embarcar otros muchachos sanos y
limpios para el degolladero antillano. El espectáculo era casi diario en Santander.»
578
Benito Madariaga de la Campa
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GABARRA COl' EXP,:R)IOS GRAVES.
LA REPATRlACIÓX.-E:XPEDICIO~ESDE TROPAS LLEGADaS Á LA CORUÑa.
(Ik; tO:O';I'j\f:~(1 Vl("lor L. n'ob60)' JOfoé Stillc-r.)
La Ilustración Española y Americana (8 de septiembre 1898).
Colección de publicaciones periódicas, Biblioteca Muncipal de Santander.
519
"SIEMPRE BENÉFICA)). SANTANDER Y EL 98
Ambulancia de la Cruz Roja
santanderina.
La Cruz Roja de Cantabria, a través de su Asociación y los médicos y farma-
céuticos pertenecientes a ella, realizaron una labor eficacísima, necesaria en aquellos
momentos. Dichos profesionales firmaron el compromiso de servir de auxiliares en el
cuerpo de Sanidad Militar, si fuera necesario. En Torrelavega se creó, como hemos
dicho, una Subcomisión con los mismos fines asistenciales.
El personal de las ambulancias estaba compuesto por médicos, farmacéuticos,
practicantes y auxiliares camilleros. Contaba, además, con la colaboración de los cape-
llanes y las Hermanas de la Caridad (La Caridad, 15-IX-1898). Tras el desembarque de la
tropa, había que llevarla con el mayor cuidado hasta los hospitales que estaban aleja-
dos del puerto y en la zona alta de la ciudad. Desde las primeras horas de la mañana
comenzaban a trabajar las ambulancias hasta, en ocasiones, ya avanzada la noche.
«Trasladar desde el Corconeraal muelle, en brazos y a la espalda, los soldados con el más
extremado cariño y después cargar con las camillas a las largas distancias a que se
encuentran los hospitales, y lo penoso de la ascensión a ellos, todos en lo más alto del
pueblo -decía la prensa- es ímprobo y penoso trabajo» (La Caridad, 15-IX-1898). Al no
existir todavía en Santander la tracción de motor se adquirió por la Cruz Roja, proce-
dente de Vitoria, un ciclo-camilla yel Ministerío de la Guerra envió un coche-ambulan-
cia tirado por caballerías. La colaboración del vecindario mediante donativos en dinero,
productos alimenticios y enseres y ropas fue una muestra de desprendimiento y cari-
dad. Aunque el pueblo de Cantabria dio un ejemplo de patriotismo y conducta cívica, el
socorro caritativo del ejército, enfermo y vencido, resultaba humillante. Los socialistas
protestaron enérgicamente desde el principio solicitando la paz inmediata y el servício
militar obligatorio para todos. También impidieron con sus protestas el desembarco en
Santander del general Weyler, que solicitaba la ciudad.
La mayoría de las clases sociales de Santander, desde el gobernador hasta las
cigarreras o las lecheras, por ofrecer un ejemplo bien patente, extremaron su atención
con los compatriotas que habían llevado la peor parte en el llamado «Desastre nacional».
Esa ayuda se materializó mediante el suministro de ropas, alimentos, caldo,
leche, carne, vino, tabaco, medicamentos, franqueo de correspondencia, etc. Debido a
las necesidades de leche para los enfermos con disentería hubo algunos días en que
se recogieron hasta 130 litros desde diversos puntos de la provincia.
Cuando la guerra estaba en su peor momento, la cíudad tuvo que intervenir
de manera intensiva ante el envío de tropas y el desembarco del ejército enfermo:
580
Benito Madariaga de la Campa
Grupo de soldados conducidos
en una Corconera hasta el Vapor
Correo.
«La Cruz Roja ha reanudado con gran entusiasmo -decia el Boletín de Comercio (29-
111-1898)- sus trabajos preparatorios para prestar servicios cuando empiecen a venir
a este pueblo los buques hospitales. Se están estableciendo subcomisiones en diver-
sos puntos de la provincia, con objeto de facilitar los trabajos de la Comisión de aqui,
y además se va a publicar en la capital un periódico, órgano de la Cruz Roja, titulado
La Caridad, que empezará a ver la luz el 1.° de abril y que sólo se ocupará de cuanto
se relacione con los servicios que presta la benéfica asociación.»
A las entidades ya citadas, habría que añadir la contribución ejercida por la
Cámara de Comercio de Santander, a través de su Junta directiva. En la sesión del 11 de
enero de 1898 acordó telegrafiar al Presidente del Consejo, Germán Gamazo, para que
se hicieran «como de costumbre en este puerto, los embarques de tropas para Cuba»
(Libro de Actas, folio 332). Si bien no se consiguió en la expedición del 20 de enero, se
volvió a pedir que se aumentaran los envíos a Filipinas y que algunos de los viajes toca-
ran en el puerto, tanto a la ida como al regreso. La Cámara estuvo alerta, igualmente, a
las medidas económicas que convendría adoptar ante la autonomía arancelaria de Cuba
que se pensaba dictar en 1897, así como solicitó al año siguiente noticias sobre el esta-
do de las diversas industrias que exportaban sus productos a Las Antillas para que con-
tinuaran los envios (3-11-98, folio 334). Igualmente demandó información sobre las con-
cesiones que pudieran hacerse tanto en la Península como en Las Antillas en caso de un
tratado de comercio con los Estados Unidos (16-11, folio 336).
En una visita efectuada por el Presidente de la Cámara al gobernador, éste
elogió el comportamiento de Santander por las facilidades concedidas en lo referen-
te al movimiento de tropas por nuestro puerto. Del mismo modo, le hizo saber el agra-
decimiento que debía a la población por los sacrificios que tanto las autoridades como
el vecindario estaban haciendo para facilitar el embarque de soldados (4-111, folio 339).
LA GUERRA CON LOS ESTADOS UNIDOS
Mucho antes de la voladura del Maine, atribuida de una forma mendaz y
provocativa a los españoles, la guerra fue tomando un cariz cada vez más acentuado
y negativo para España, a raíz de la intervención, primero solapada y después inten-
581
({SIEMPRE BENÉFICA», SANTANDER Y EL 98
cionada, de los Estados Unidos. Las publicaciones españolas informaban ampliamen-
te sobre la marcha de la contienda en Cuba y Filipinas, así como de la propaganda
adversa de la prensa yanky contra nuestro país. Antes de declararse la guerra, escri-
bia La Ilustración Española y Americana del 8 de mayo de 1898:
«Los Estados Unidos codician Cuba, y no les hará desistir de su propósito ninguna pro-
testa de humanidad o desinterés. Yla desean no sólo por ser una fábrica de azúcar sin
rival, sino la llave del Golfo de Méjico y del futuro canal interoceánico, y porque su
dominio equivale al de los dos mares y a la hegemonía sobre todo el Continente.>.
Declarada la guerra a España en abril de 1898, los norteamericanos, adhi-
riéndose al convenio de 1856, practicaron el corso y el apresamiento de buques espa-
ñoles. El bloqueo de Cuba significó la muerte de muchos niños y supuso, como apun-
tó Severo Gómez Núñez (1899) la ruptura de nuestro comercio con las colonias y des-
pués, tras la guerra, la pérdida de las transacciones. Algunos buques, como el Cosme
Herrera, el Avilés, el Montserraty otros de vela lograron romper el bloqueo con puer-
tos cubanos. El embajador de España en París, como protector de los intereses espa-
ñoles, fue el encargado de protestar por el apresamiento de nuestros buques por cru~
ceros norteamericanos. A su vez, los representantes diplomáticos de Francia y Austria
se encargaron de la protección de los bienes españoles en la nación americana. En
abril de 1898 habían sido apresados, entre otros, los buques Buenaventura, Matilde,
Miguel Jover, Saturnina y Catalina. El 24 de junio, el cónsul de España en Liverpool
comunicó al Ministro de Estado la captura del vapor Rita, de 2.093 toneladas, de la
matrícula de Santander, que en viaje a Puerto Rico fue apresado por el crucero auxi-
liar estadounidense Jale, que le llevó a Charleston. También fue prendido el vapor
Guindo en aguas de la ísla de Cuba y llevado a Cayo Hueso. Otros de vela, como el ber-
Desembarco de heridos por el
gantín-goleta Frasquito, la goleta María Dolores o la corbeta Carlos F Roses tuvieron
personal de la Cruz Roja.
idéntico final.
582
Benito Madariaga de la Campa
SELLOS DE LA
INSURRECCIÓN
«Estos sellos de madera
que usaban los insurrectos
en la guerra pasada en
Cuba, son unas pullas
(como ellos lo llaman) de
la «Seiba», árbol muy
grueso y alto de aquellos
campos; del tronco, salen
en todo su perímetro, .
unas espinas que van
creciendo hasta tener la
forma de un medio limón
PREfECTURA y esas son las pullas, que
"·'DELA· cuestan poco de arrancar,
ENSENADA y siendo una madera
blanda aunque fuerte, con
una cuchíllita de bolsillo
aplanan bien la cara y
graban todo cuanto se
quiere en ella. Estos sellos
fueron cogidos á los
insurrectos en una de las
acciones más notables, cuyo cabecilla era Agramonte, en Cumanayagua, Valle de Trinidad, el año 1877, y si mal no
recuerdo, por los meses de Octubre ó Noviembre. Estando yo de escribiente en el E. M. de Santa Clara, cuyo
Comandante General era el General Cassola y el Jefe de E. M. el General Ochando, adquirí estos sellos que como
curiosidad guardo». (El Aviso, Santand~r, 25 junio 1896, p. 2).
Filipinas. Medalla
para los voluntarios.
R. D. de Guerra del 26
de enero de 1898.
583
"SIEMPRE BENÉFICA». SANTANDER Y EL 98
.\
\.
\
\ \
Embarque de tropas EI10 de mayo, el Capitán General de la región, Sabas Marín y González, man-
en Santander, dó colocar en la calle el bando que daba a conocer la declaración de guerra con los
en el vapor San Francisco. Estados Unidos y su extensión a todo el territorio y, por consiguiente, a la provincia
de Santander. En conformidad con lo dispuesto, pasaban a la jurisdicción militar tódos
los delitos de alteración del orden público, la publicación de noticias de carácter mili-
tar reservado relativas a los movimientos de tropas y barcos, los atentados contra vías
de comunicación, las reuniones de índole política o de propaganda no autorizada y
aquellos funcionarios y autoridades que no prestaran el auxilio que se les reclamara
(Boletín de Comercío, 11-V-1898).
Ante una supuesta invasión americana se emplazaron tres baterías: una en
la costa de Langre, otra en Cabo Mayor y la tercera en La Magdalena, pero se aguar-
daban nuevos envíos para proteger el puerto de la ciudad con un total de doce caño-
nes (R. GUTIÉRREZ-COLDMER, 1973, p. 425).
Las primeras noticias del desastre de nuestra flota en Cuba llegaron a San-
tander directamente y con detalle a través de los artículos publicados en El Cantábri-
co por Alfredo Nárdiz, preso entonces en Annápolis (11 al 16-X-1898). La prensa espa-
ñola, que al princípío oscíló entre la confianza y la resignación, se fue dando cuenta
de que la balanza se inclinaba en contra nuestra y después de los desastres navales
en Cavite y Santíago de Cuba, a pesar de los rasgos he~oicos, España no tuvo más
remedio que pedir la rendición y solicitar una paz generosa, que no le fue concedida.
Como resultado, se perdieron todas las provincias de ultramar, la escuadra quedó des-
truida y las bajas entre muertos heridos y enfermos fueron calculadas en 10.788. A la
vez, el gobierno quedó endeudado y, según el estado de cuentas de 1897-98, el défi-
cit ascendió a 106.077.050,45 pesetas (R. PÉREZ DELGADO, 1976, pp. 380-381).
En el mes de abril, la Cámara señaló el ofrecimiento hecho al gobernador de
la plaza de «la cooperación más absoluta» en los difíciles momentos en que nos
584
Benito Madariaga de la Campa
encontrábamos y, al mes siguiente, consignaba en el acta «el sentimiento de la Cáma-
ra por el desgraciado combate de Cavitell, a la vez que la admiración y simpatía que
merecían al pueblo santanderino los héroes que allí habían perecido (Sesión 4-IV-
1898, fol io 345).
La colaboración de esta entidad fue, como puede verse, múltiple en los proble-
mas comerciales, en la defensa marítima y en la ayuda a los repatriados mediante una
circular dirigida al vecindario por la que solicitaba camas, ropas y enseres. Recabó tam-
bién del gobierno que se conservara a toda cósta el dominio de Cuba y que informara
del régimen a seguir para las mercancías de ultramar durante el tiempo que transcu-
rriera entre la firma de la paz y la evacuación de los territorios (4-X, folios 358 y 365).
Otra muestra de la diligencia de la Cámara fue la distribucíón de bonos por
los comercíantes con objeto de pagar la diferencia del precio del pan, en alza en aque-
llos momentos, con destino a la clase trabajadora. En la citada circular, ante la llega-
da próxima del vapor Covadonga en septíembre, con 500 enfermos, de ellos 200 gra-
ves, se precisó la ayuda de locales y camas, que serían depositadas con las ropas en el
Parque de Bomberos del Río de la Pila. Pocos días más tarde, arribaba el Colón con un
nuevo cargamento humano de enfermos y muertos.
Traslado de tropas por las calles
de Santander.
585
"SIEMPRE BENÉFICA)). SANTANDER Y EL 98
La Caridad: árgano Sll.nt.. nde~ 30 de Oct<lbrrc d .. 1899
oficial de la Cruz Roja
de Santander (30 de
octubre 1899).
La Caridad ORGANO OFICIAL DE LA
Colección de ""qau:;¡:; ao.:r.ó." :!:lE;! S¿NWANPE.a
publicaciones f ~ed..ce¡o" y odmin;,n..acc¡ón: Sonto Lt••«;,.. 7 bGjo 1 ~um. 38.
periódicas, Biblioteca
Municipal de
Santander.
La Comisi<ín proviucial dI' la CIWZ
lW.JA üe SanÜl)ldcl', y la re([aeei<ín de
DA CAll.IDAD, elevan lL Dios su mús fer-
yiente SÜpliCll en demanda del eterno
llescanso pam las Yietimas llel intimsto
"dia 3 de Noviembre de 18\)3" y para
nuestros ya ¡¡en ttS hermanos, ¡¡¡ uertos
en las cam]JaJias üe Cuba· y Filipina¡;.
Para todos ]Jedimos ú nue:;tros le('fo-
res una oraei<íu.
D. E. P.
"Como había sucedido hasta ahora -recogía al respecto la Crónica de Santander-, el
desembarco de los heridos y enfermos dio motivo a escenas verdaderamente con-
movedoras, que demuestran la caridad de nuestro pueblo. Las clases más necesita-
das, las que saben el trabajo que cuesta ganar en estos tiempos un pedazo de pan,
las que tocan más de cerca las desastrosas y terribles consecuencias de una guerra
inicua que nos ha costado ríos de oro y nos está costando mareas de sangre; esas cia-
ses que producen tanto y consumen tan poco a la nación son las que ayer, como
siempre, rivalizaron en obsequios y agasajos a los pobres soldados, que el clima de
Cuba nos devuelve enfermos») (Crónica de Santander, 15-IX-1898).
Una de las respuestas generosas a la petición de la Cámara fue la efectuada
por la viuda de Ángel B. Pérez, representante en Santander de la Trasatlántica y falle-
cido en mayo de 1897, que puso a disposición de la alcaldía un almacén de su pro-
piedad en el muelle de Maliaño hasta finales de diciembre, local que podría utilizarse
como hospital, depósito u hospedería.
Un momento especialmente emotivo de estos desembarcos fue la llegada a
Santander, en septiembre de 1898, de 1.691 personas procedentes del Ejército y la
Armada a bordo del City of Rome. Entre ellos figuraban los marinos de la escuadra de
Cervera (ALBERTO RISCO, 1920). Dos de ellos eran de Santander, Quirino Gutiérrez-Colo-
mer y Alfredo Nárdiz, ambos de la dotación del Oquendo (R. GONZÁLEZ ECHEGARAY, 1984,
p. 69). Entre los desembarcados había 200 enfermos.
El dia 23 de septiembre llegaron nuevos repatriados en el Notre Dame de le
Salut, vapor francés adquirido por la compañía Trasatlántica. Venía un ejército derro-
tado y decepcionado, enfermo, sin ropas ni enseres. La misma compañía alquiló el
vapor Leonora, de la compañia Serra, que llegó el día 26 con 1.127 soldados y mandó
a Santander el vaporcito Auxiliar N. o 5. Al día siguiente lo hace el Ciudad de Cádiz con
281. También fueron contratados por la citada compañía los buques franceses Chate-
au, Lafittey Notre Dame de la Salut. La gran afluencia de enfermos obligó a que la sec-
ción de ambulancias de la Cruz Roja se aumentara con cuatro brigadas más, com-
puestas cada una de seis hombres.
586
Benito Madariaga de la Campa
Llegada de los restos mortales
de Vara de Rey y Eloy Gonzalo
Garda, el héroe de Cascarro,
a su paso por las calles de
Santander.
En el San Ignacio de Loyola llegaron en diciembre los cadáveres de Eloy Gon-
zalo el héroe de Cascorro, y los de Santocildes y Vara del Rey. Los féretros fueron
acompañados por las autoridades y una escolta de caballería de la Guardia Civil has-
ta la estación del Norte. Curiosamente, Eloy Gonzalo no murió en las acciones de gue-
rra sino a consecuencia del paludismo.
Los trenes militares enviaban parte de la tropa al resto de las provincias
españolas, e incluso hasta la misma Andalucía, por lo que se solicitó que los desem-
barcos para aquellas regiones se hicieran en puertos del Mediterráneo.
La Cámara de Comercio abrió una suscripción para que los donativos con
destino a la tropa se entregaran en el Parque de Bomberos con objetos de posible uti-
lidad. Si bien la intencionalidad de los socorros procedentes de particulares y de la
Cruz Roja era de agradecer, ponía también de relieve la pobreza y, sobre todo, el esta-
do en que llegaban los ex combatientes. Quizá el donativo más importante recibido
fue el de la Colonia Española de Méjico, que ordenó se situaran en Santander 50.000
pesetas para esos enfermos repatriados (Crónica de Santander, 3-X-1898).
No vamos a dar cuenta pormenorizada de los barcos y hombres que llegaron
a Santander. Según la Memoria de la Cruz Roja, desde primeros de septiembre de 1898
al 22de febrero del año siguiente, se contabilizó la llegada de 27 vapores proceden-
tes de Cuba y Puerto Rico con fuerzas de mar y tierra, y un total de 31.193 personas
repatriadas por el puerto de Santander (Memoria Cruz Roja, 1899, p. 20).
Ante aquel cargamento humano escribia así Crónica de Santander las inci-
dencias de la repatriación en octubre de 1898:
«La llegada a nuestras costas de un nuevo barco con repatriados es una reproducción
más de esa especie de danza macabra que estamos presenciando ya hace tiempo; es
un dolor que se renueva y una herida que se abre en el fatigado espíritu de esta
nación desgraciada. Otra vez presenciaremos ese espectáculo que parece eterno. El
trasatlántico que deposita en la orilla su carga de esqueletos; la caridad que los reco-
ge; y luego esa procesión interminable de camillas, ese fúnebre cortejo, rodeado de
un público, que no sabe ya cómo demostrar su sentimiento. iY aún faltan tantas esce-
nas de esas! ¿Pero es que han de seguir los desembarcos en la misma forma que se
sigue para la repatriación? (Crónica de Santander, 3-X-1898).
Eran, como estamos refiriendo, unas visiones dramáticas propias de «Los
desastres de la guerra», de Gaya. El Boletín de Comercio, en uno de sus artículos, pinta-
587
"SIEMPRE BENÉFICA». SANTANDER Y EL 98
ESTADO DEMOSTRATIVO DE LAS FUERZAS DE MAR Y TIERRA PROCEDENTES DE LAS ISLAS
DE CUBA Y PUERTO RICO REPATRIADAS POR EL PUERTO DE SANTANDER
Conducciones de enfermos
FECHA DE llEGADA hechas por la Cruz Roja
VAPORES Total de De los vapores De los Total de
fuwas alos hospitales vapores a conduc-
en los trenes ciones
Dia Mes Año en
Camillas Coches coches
1 Sptbre. 1898 Covadonga .. 2.165 123 515 185 823
2 » » Reina M.' Cristina ........ 493 58 78 136
6 » » Satrústegui .... 2.608 90 530 620
13 » » Colón ..................................... 2.223 30 145 190 365
20 » » City 01 Rome .. 1.682 14 14
22 » » Notre Dame du Salut.... 423 6 18 24
26 » » Leonora .. 1.124 12 142 145
27 » » Ciudad de C¿diz .. 347 16 78 94
3 Otbre. » Alfonso XIII .. 387 3 94 97
3 » » San Agustin .. 829 12 133 145
19 » » Alicante .. 699 5 202 207
7 » » Colón .. 976 15 183 198
18 » » Notre Dame du Salut .. 975 14 170 184
6 Dcbre. » Isla de Panay ........... 1.562 16 162 178
9 » » Chandernagor .. 1.091 11 132 143
26 » » San Ignnacio de Loyola . 1.742 13 217 230
28 » » Juan Forgas ............... ....... 1.481 12 175 187
31 » » La Navarre .. 709 47 47
4 Enero » Ciudad de C¿diz .............. 206 11 11
7 » » Miguel Gayart .. 1.488 11 55 66
10 » » Aquitaine ...... .............. ... _-
, 1.591 1 34 35
19 » » Isla de Panay ... 1.802 7 255 262
27 » » Covadonga .. 1.249 7 22 29
11 Febrero » Ciudad de C¿diz ............... 275 1 1
12 » » Gran Antilla .. 1.235 6 7 13
18 » » Cataluña. 612 2 1 3
Vapores 27 ................... 31.193 486 3.416 375 4.277
ba así la triste situación: «Si no fuera por la caridad particular, que todo lo hace, iqué
hubiera sido de tantos infelices condenados a la miseria durante el tiempo que se tarda
en pagar aquello que se les debe. ¡Qué hubiera sido de las viudas, qué seria de las fami-
lias de los reservistas, qué seria de los soldados que vuelven estos días a la patria» (Bole-
tín de Comercío, 21-IX-1898). El espectáculo era tan patético que hubo algún caso en
que los soldados fueron enterrados desnudos, por lo que se dispuso, ante las protestas
de la prensa, que se los vistiera con mudas y traje de rayadillo. Otros, para mayor escar-
nio, desembarcaban con uniformes de la marina yankee (La Voz del Pueblo, 18-IX-1898;
Boletín de Comercío, 22-IX-1898).
Ante la cantidad excesiva de defunciones durante la travesía, la Compañia
Trasatlántica puso a disposición del Ministerio de la Guerra dos de sus buques, el Ciu-
dad Condal y el Habana, para ser utilizados como barcos lazaretos. Y decía la prensa:
rrEI servicio que ambos prestan ahora es completamente gratuito para el Estado, pues
corren todos los gastos, incluso los de habilitación de los barcos por cuenta de aqu~
lla empresa» (Boletín de Comercío, 18-X-1898).
Los hospitales y cuarteles estaban llenos y se necesitaban, como hemos dicho,
locales y camas preparadas. Agabio Escalante, con este motivo, cedió a la Cruz Roja gra-
tuitamente un almacén de su propiedad situado en la Plaza de Numancia para que sir-
viera de cuartel de repatriados. Igualmente, hubo que adecuar camas en el Depósito de
Ultramar y en el almacén de Huidobro. Como los servicios de asistencia médica eran
cuantiosos, el Ayuntamiento pensó, como ya hemos dicho, crear un Hospital Municipal.
588
Benito Madariaga de la Campa
Aunque el panorama fue triste al perder nuestras últimas colonias, la vida en
Santander tuvo aquel verano la misma animación de siempre. La afluencia de turistas
si bien disminuyó ligeramente, los hoteles y chalets de particulares estuvieron com-
pletos, a las playas acudió numeroso público y el Sardinero tuvo la misma aceptación
de otros años, igual que las excursiones por tren al Faro, Cabo Mayor y por mar al río
Cubas. Sólo las tertulias monopolizaron el tema político de la derrota española.
Como símbolo de una lucha heroica en la que había también participado la
provincia de Santander, una comisión se separó para organizar la entrega a la Dipu-
tación de la bandera del Quinto Batallón de Voluntarios de Cantabria, destinado en La
Habana. El acto, realizado en marzo de 1898, fue emotivo y seguido por las autorida-
des y un numeroso público. Los supervivientes vestidos de uniforme, acompañados de
los cuerpos de Bomberos y de la Ambulancia de Cruz Roja, encabezados por la Banda
Municipal, salieron desde el 5° Muelle de Maliaño, donde estaba atracado el Colón,
hasta la iglesia de Santa Lucia, donde se celebraron los funerales por los compañeros
fallecidos. El abanderado Antonio Toca llevó la enseña hasta la Diputación, que fue
entregada por el último coronel del batallón, Cosme Blanco Herrera, en el salón de
sesiones, donde hablaron diversas autoridades.
El 11 de julio de 1899 la Reina Regente firmaba el Decreto por el que se con-
cedía a la ciudad el título de Siempre Benéfica y que decía así:
"En atención a los méritos contraídos por la ciudad de Santander acudiendo solicita
en todas ocasiones al alivio de cuantas desgracias y calamidades han afligido no sólo
a su propia localidad, sino a las restantes de la Nación, y más principalmente con
motivo de la repatriación del Ejército; En nombre de mi Augusto Hijo, el Rey don
Alfonso XIII y como Reina Regente del Reino, a propuesta del Ministro de Goberna-
ción, vengo a conceder a la referida ciudad de Santander que a 105 titulas de Muy
Noble, Siempre Leal y Decidida, que ya posee, una el de Siempre Benéfica, en recom-
pensa de su notoria caridad y acendrado patriotismo.
Dado en Palacio a 11 de julio de 1899» (Gaceta de Madrid, 12-VII-1899).
Como justificante de ese honor merecido, el diario El Cantábrico, en un artí-
culo, lo expresaba asi al pueblo de Santander (12-VII-1899):
El convaleciente,
plumilla de M.
Villegas.
589
, I
I
«SIEMPRE BENÉFICA». SANTANDER Y EL 98
Mutilados de guerra.
«En Santander se fundó sostenido por el pueblo el primer Sanatorio para los solda-
dos regresados de la Gran Antilla y, aunque tuvo que vencer grandes dificultades, se
sostuvo hasta el término de la guerra y fue el único, durante mucho tiempo, en toda
España; el Ayuntamiento invirtió grandes sumas en socorrer a los soldados que com-
ponían las expediciones que salieron de este puerto, y el vecindario todo remedió la
situación de muchos infelices regresados del teatro de la guerra, proporcionándoles
alimentos y albergue. La organización de la Comisión Provincial de la Cruz Roja, a
cuyas gestiones se debe la concesión del titulo, y los trabajos realizados por ella, son
un nuevo título que justifica plenamente el acuerdo del Gobierno)).
Ya en los umbrales del nuevo siglo, en diciembre de 1899, la Compañia Trasa-
tlántica, de acuerdo con el Gobierno, se prestó a reorganizar los servicios con las anti-
guas colonias. Por ello se comprometió a rebajar el 3 % de los fletes hasta cinco mil
toneladas anuales de artículos de interés exportador. Del mismo modo, decidió trans-
portar hasta mil emigrantes al año con un 50 % de descuento (Boletín de Comercio, 1-
XII-1899). El comportamiento del Marqués de Comillas y la actuación patriótica de la
Trasatlántica fueron recordados por los santanderinos con estas palabras:
«La Compañía Trasatlántica Española, que con tanto acierto dirige el señor Marqués
de Comillas, ha prestado grandísimos servicios en España, servicios inspirados en
deberes de alto patriotismo durante la última desastrosa guerra con los Estados Uni-
dos)) (Boletín de Comercio, ll-XI-1899).
El pueblo con un gran sentido acuñó el término ((Desastre» para nombrar aque-
lla guerra civil, por desgracia no la última, que, bajo grito de ((iVivaCuba libreh., realiza-
ron hijos y nietos de españoles. A partir de ese momento, alentaba una esperanza de
regeneración y una nueva era para España ya liberada de compromisos coloniales.
590
Benito Madariaga de la Campa
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