RIMA LIII La luna en el mar riela,
en la lona gime el viento,
Volverán las oscuras golondrinas y alza en blando movimiento
en tu balcón sus nidos a colgar, olas de plata y azul;
y otra vez con el ala a sus cristales y ve el capitán pirata,
jugando llamarán. cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,
y allá a su frente Estambul:
Pero aquellas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha a contemplar, «Navega, velero mío,
aquellas que aprendieron nuestros nombres... sin temor,
¡esas... no volverán!. que ni enemigo navío
ni tormenta, ni bonanza
Volverán las tupidas madreselvas tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu valor.
de tu jardín las tapias a escalar,
y otra vez a la tarde aún más hermosas
Veinte presas
sus flores se abrirán. hemos hecho
a despecho
Pero aquellas, cuajadas de rocío del inglés,
cuyas gotas mirábamos temblar y han rendido
y caer como lágrimas del día... sus pendones
¡esas... no volverán! cien naciones
a mis pies.»
Volverán del amor en tus oídos
Que es mi barco mi tesoro,
las palabras ardientes a sonar; que es mi dios la libertad,
tu corazón de su profundo sueño mi ley, la fuerza y el viento,
tal vez despertará. mi única patria, la mar.
Pero mudo y absorto y de rodillas «Allá muevan feroz guerra,
como se adora a Dios ante su altar, ciegos reyes
por un palmo más de tierra;
como yo te he querido...; desengáñate,
que yo aquí tengo por mío
¡así... no te querrán! cuanto abarca el mar bravío,
a quien nadie impuso leyes.
Gustavo Adolfo Bécquer.
Y no hay playa,
sea cualquiera,
ni bandera
de esplendor,
que no sienta
LA CANCIÓN DEL PIRATA mi derecho
y dé pecho
Con diez cañones por banda, a mi valor.»
viento en popa, a toda vela,
no corta el mar, sino vuela, Que es mi barco mi tesoro,
un velero bergantín. que es mi dios la libertad,
Bajel pirata que llaman, mi ley, la fuerza y el viento,
por su bravura, El Temido, mi única patria, la mar.
en todo mar conocido,
del uno al otro confín.
A la voz de «¡barco viene!»
es de ver
como vira y se previene,
a todo trapo a escapar;
que yo soy el rey del mar,
y mi furia es de temer.
En las presas
yo divido
lo cogido
por igual;
solo quiero
por riqueza
la belleza
sin rival.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.
¡Sentenciado estoy a muerte!
Yo me río;
no me abandone la suerte,
y al mismo que me condena,
colgaré de alguna entena,
quizá en su propio navío.
Y si caigo,
¿qué es la vida?
Por perdida
ya la di,
cuando el yugo
del esclavo,
como un bravo,
sacudí.
José de Espronceda.