ALUMNO: RIVAS RAMOS
DANIEL
TRABAJO: “TRABAJO Y
LIBERTAD”
18-11-2022
CARRERA: DERECHO
MATERIA: BIENES Y
SUCESIONES
PROFESOR: FILIMON JORDAN
CARRANZA
CUENTA: 21270777
GRUPO: LD03A
CICLO: 22/2
Misión y Filosofía Institucional de la Universidad Tecnológica de México (UNITEC)
MISIÓN INSTITUCIONAL
Generar y ofrecer servicios educativos en los niveles medio superior, superior y posgrado;
conjugando educación científica y tecnológica así como la innovación sobre una base de
humanismo; promoviendo una actitud de aprendizaje permanente, una cultura basada en el
esfuerzo y un espíritu de superación; combinando la profundidad en el estudio de cada disciplina
con una visión amplia de la empresa, la sociedad y la vida; procurando elevar permanentemente
la calidad académica; adecuando nuestros procesos educativos a las diversas necesidades de
los estudiantes, y aprovechando eficientemente los recursos de la Institución para dar acceso a
grupos más amplios de la sociedad.
FILOSOFÍA INSTITUCIONAL
La filosofía de la Universidad Tecnológica de México constituye los principios que guían y dan
sentido a nuestra vida institucional. Expresa nuestra razón de ser, nuestros valores, nuestras
convicciones y nuestro deseo de contribuir, a través de la educación, al engrandecimiento de
México.
Como mexicanos, deseamos el bienestar del país y estamos conscientes del gran potencial de
sus recursos, de su cultura y de su voluntad de progreso. Sabemos que para incidir en su
desarrollo tenemos que hacerlo en el de las personas: nuestros educandos, nuestros maestros,
nuestra comunidad universitaria en general.
Estamos seguros de que una educación capaz de hacer emerger las mejores cualidades y
capacidades del hombre debe sustentarse en sólidas bases científicas, tecnológicas y
humanísticas. Creemos en el valor de la ciencia como generadora de innovación y progreso; de
la técnica, que vincula el avance científico con la planta productiva y la sociedad, y del
humanismo, que define, fortalece y dignifica nuestra condición de seres humanos.
Concebimos al mundo como un conjunto integrado por naciones que interactúan en un contexto
de convivencia, respeto y derecho. Naciones que comparten un medio ambiente cuyo uso debe
ser armónico, racional, responsable y cuidadoso, ya que significa la base material que sustenta
la riqueza de la humanidad y nuestro legado a las nuevas generaciones.
Vivimos en un mundo global e interdependiente en el que la complementariedad representa un
impulso para el desenvolvimiento de las capacidades productivas y para el avance de las
sociedades.
Concebimos al Estado moderno como una organización donde la división de poderes alienta el
progreso de la sociedad y cuya legitimidad descansa en la democracia. La democracia
constituye el proceso que permite avanzar en el desarrollo y afianzar nuestros valores de
libertad y justicia.
Concebimos a la sociedad como un conjunto de individuos, familias, empresas e instituciones,
que persigue la superación de sus integrantes para lograr el bien común. Entendemos que el
ser humano es por naturaleza un ser trascendente y a la vez un ser social, que para vivir en
forma armónica decide sujetarse a normas y códigos de conducta.
Entendemos también, que el estado de derecho es el marco en el que deben conciliarse sus
expectativas personales con sus deseos de convivencia.
Concebimos a la familia como el núcleo que ordena y da sentido a la sociedad, y a la empresa,
como el elemento que promueve la generación de valor agregado, empleo y bienestar, e
interrelaciona a la familia con el trabajo y la economía. El avance de la humanidad se sustenta
en el desenvolvimiento armónico de ambas instituciones.
Concebimos el desarrollo del país como un proceso encaminado a generar riqueza y bienestar
social. Un proceso ordenado, en el que los hombres y mujeres se desempeñan en un marco de
respeto a su patrimonio cultural, a la naturaleza y al imperativo de lograr un crecimiento
económico sostenido y sustentable.
Concebimos a la educación como el medio que propicia la transformación positiva de los seres
humanos y que fortalece su capacidad y su actitud de servicio a la sociedad. Para la Universidad
Tecnológica de México, la educación no es sólo un satisfactor de alto valor social sino también
el principal promotor del desarrollo.
Al educar, estamos contribuyendo a formar capital humano, el cual constituye la más preciada
Riqueza de las Naciones. El capital humano es el conjunto de conocimientos, habilidades,
destrezas, actitudes y valores de los hombres y mujeres, que trabajan, que generan riqueza
humana y material, y con ello, hacen prosperar a la sociedad en su conjunto.
La educación es nuestro medio para actuar en favor de las grandes causas del país; para
realizarnos como personas y como comunidad universitaria; para identificamos con la sociedad
y trabajar en su beneficio.
A través de la educación pretendemos promover en nuestros estudiantes el valor de la libertad,
ubicado en un contexto de conciencia y responsabilidad.
Cuanto más educado sea un individuo, mayor capacidad tendrá para conocer y entender la vida,
la empresa, las instituciones y la sociedad, así como para ser autónomo en sus pensamientos
y decisiones. Si bien la educación permite afianzar la libertad de los individuos, también los hace
más conscientes y respetuosos de la libertad de los demás y de la existencia de normas que
concilian las libertades de los individuos en sociedad.
A través de la educación queremos colaborar a crear una sociedad más justa, en la que un gran
número de mexicanos tenga acceso a una formación profesional.
Sabemos que la educación es un factor que incide de manera relevante en una mejor
distribución del ingreso. Por ello, debemos esforzamos para que nuestros estudiantes alcancen
altos niveles de preparación profesional y en generar opciones que faciliten a un número más
amplio de personas su acceso a la educación superior.
A través de la educación queremos incidir en el bienestar de la sociedad al contribuir a formar
profesionistas capaces de generar riqueza humana y material.
El desarrollo económico se explica fundamentalmente por los conocimientos y por la
productividad de los mismos, es decir, la capacidad tecnológica y empresarial que logre alcanzar
una sociedad para traducirlos en bienes y servicios. Al educar queremos coadyuvar con nuestro
país a transmitir y a elevar la aplicación productiva de los conocimientos.
A través de la educación queremos despertar en nuestros estudiantes una actitud favorable
hacia la eficiencia que les sea útil en su desarrollo personal y en su vida dentro de la comunidad.
Entendemos la eficiencia como el aprovechamiento cabal de los recursos a nuestro alcance en
beneficio propio y de la sociedad en general.
Cada estudiante que ingresa a nuestra Universidad representa una nueva oportunidad de
contribuir a forjar un profesionista capaz de desempeñarse con éxito en la vida. Por ello, el
principal compromiso de UNITEC es con la educación de sus estudiantes.
Queremos que a su paso por nuestra Institución obtengan un alto valor agregado que les
permita desarrollarse como personas y como profesionistas. Deseamos que ese valor agregado
sea perceptible para los propios estudiantes y constituya la medida y la forma en que la sociedad
nos distinga.
Reconocemos y respetamos la individualidad de nuestros educandos, sabemos que cada uno
de ellos es distinto y que ingresa a nuestra Institución con un conjunto de principios y actitudes
provenientes de su familia y del contexto en que se desenvuelve. En ese sentido aceptamos la
diversidad de las personas y procuramos su inclusión, valorando las diferencias existentes y
reconociendo que la diversidad es una oportunidad para el enriquecimiento de la sociedad.
Nuestro deseo es mostrarles los valores en que creemos y en los que basamos nuestra
actuación, esperando que contribuyan a enriquecer su desarrollo integral.
Promovemos el que nuestros estudiantes adopten a lo largo de sus estudios el principio de
integridad, con base en los valores universales que se promueven en la UNITEC, los cuales
contribuyen a formar profesionistas con un compromiso ético claro, con respeto hacia ellos
mismos y hacia las demás personas, inspirando confianza en sus actos, demostrando
honestidad y congruencia entre lo que se piensa, se dice y se hace.
Queremos que nuestros estudiantes asuman libremente su responsabilidad ante la sociedad de
progresar para crear riqueza humana y material, y que encuentren en la productividad el camino
para lograrlo.
Progresar es ser más productivos; ser más productivos implica generar excedentes para que
otros puedan tener mejores oportunidades; ser más productivos es ampliar nuestra capacidad
de servir; ser más productivos representa autorrealizarnos y armonizar los afanes individuales
con el bien común.
Procuramos fomentar la innovación en nuestros procesos académicos, que permita a los
estudiantes obtener los conocimientos más relevantes y de vanguardia en las diferentes
disciplinas, y desarrollar las competencias que les permitan modificar o transformar bienes o
servicios, con mejoras en calidad y eficiencia, para satisfacer necesidades específicas de los
individuos, de las empresas y de la sociedad, en un mundo globalizado y en constante
transformación.
Las innovaciones educativas, tecnológicas y empresariales son referentes relevantes para el
quehacer académico en nuestra Universidad, las cuales contribuyen a ampliar la visión de
nuestros estudiantes hacia el bienestar y el progreso de las comunidades. La sociedad del
conocimiento, la era digital y los vertiginosos desarrollos de la ciencia y la tecnología, facilitan
la adquisición de las habilidades profesionales y tecnológicas en los estudiantes, para producir
ideas, avances y desarrollos competitivos, que permitan realizar invenciones, o bien, la
renovación o mejora de lo ya existente.
Queremos estudiantes dispuestos a no dejar nunca de aprender, a convertir el estudio en un
hábito que les permita triunfar en la vida.
Ya que los conocimientos se vuelven obsoletos en lapsos cada vez más cortos debido a los
acelerados procesos de cambio tecnológico e investigación científica, el aprendizaje
permanente es fundamental para actualizarlos y renovarlos. Aprender es un proceso vital, una
forma de avanzar en nuestra comprensión del mundo, de entender su desarrollo y de afianzar
nuestra calidad de seres humanos.
El aprendizaje permanente es un hábito y una actitud que constituyen la base más sólida no
sólo del progreso económico sino de nuestra condición de seres humanos. Significa no cejar en
el propósito de aprender durante toda la vida.
Queremos que nuestros estudiantes y nuestra comunidad universitaria en general, se
desarrollen dentro de una cultura del esfuerzo y la perseverancia.
La cultura del esfuerzo constituye la norma de actuación que deseamos distinga a nuestra
comunidad universitaria. Consideramos que el esfuerzo, en un contexto de trabajo, laboriosidad
y superación, es en sí mismo un aprendizaje y una actitud, y si logramos que nuestros
estudiantes lo conviertan en un hábito, puede representar para ellos uno de los elementos más
importantes en su formación como seres humanos y como profesionistas.
Deseamos contribuir a formar gente que se apegue a la más estricta ética profesional; dotada
de liderazgo y deseos de triunfo; gente que estudie y se esfuerce para mejorar; gente que sea
capaz de enfrentar y superar obstáculos; gente que nunca deje de luchar e imponerse retos;
GENTE UNITEC.
Somos una comunidad universitaria vigorosa y entusiasta, con aspiraciones genuinas de
progreso y superación; formamos parte de ella en ejercicio de nuestra autonomía y libertad de
decisión.
Hacemos nuestro el propósito de promover una educación que conjugue CIENCIA Y TÉCNICA
CON HUMANISMO
INTRODUCCIÓN
Los valores que compiten con la libertad o que pueden requerir una restricción de
la misma parecen ser trabas o “tabúes”, es decir, restos de prohibiciones y
temores arcaicos. Para ser aceptada, la política de los gobiernos debe dar
muestras de contribuir al progreso de la libertad. Incluso la religión logra hacer oír
su voz únicamente presentándose como fuerza liberadora del hombre y la
humanidad. En la escala de valores de la cual el hombre depende para su
existencia humana, la libertad aparece como el valor básico y el derecho humano
fundamental. En contraste, tendemos a reaccionar suspicazmente ante el
concepto de verdad: recordamos que ya se ha recurrido al término “verdad” en
muchas opiniones y sistemas, y que la afirmación de la verdad ha sido a menudo
un medio para suprimir la libertad. Por otra parte, las ciencias naturales han
alimentado el escepticismo en relación con todo aquello que no puede explicarse o
demostrarse mediante sus métodos exactos. Todo esto parece en definitiva ser
puramente una asignación subjetiva de un valor que no puede aspirar a un
carácter universalmente obligatorio. La actitud moderna hacia la verdad se resume
en la forma más sucinta en la pregunta de Pilatos: “Qué es la verdad?”.
Quienquiera afirme estar al servicio de la verdad con su vida, su palabra y su
acción debe estar dispuesto a ser considerado un soñador o un fanático, porque
“el mundo del más allá está cerrado a nuestra mirada”. Esta frase del Fausto de
Goethe caracteriza nuestra actual sensibilidad común. Indudablemente, la
perspectiva de una pasión enteramente segura de sí misma por la verdad sugiere
motivos suficientes para preguntar cautelosamente “¿Qué es la verdad?”. Sin
embargo, existen motivos igualmente válidos para plantear la interrogante “¿Qué
es la libertad?”
Estos procesos han mostrado la superioridad moral del sistema liberal en la
política y la economía. Sin embargo, dicha superioridad no es motivo de
entusiasmo. Ciertamente, es demasiado grande el número de aquellos que no
tienen participación en los frutos de esta libertad, perdiéndola en todas sus formas.
Así, el desempleo está siendo nuevamente un fenómeno masivo y la sensación de
no ser necesarios, de tener un carácter superfluo, tortura a los hombres no menos
que la pobreza material. Hay una propagación de la explotación inescrupulosa, el
crimen organizado aprovecha las oportunidades que le ofrece el mundo libre y
democrático, y en medio de esta situación nos acosa el espectro de la
insignificancia. En las Semanas Universitarias de Salzburgo, en 1995, el filósofo
polaco Andrej Szizpiorski describía ampliamente el dilema de la libertad que ha
surgido con posterioridad a la caída del muro de Berlín.
No cabe duda alguna de que el capitalismo ha avanzado un gran paso. Y tampoco
cabe duda alguna de que no ha estado a la altura de lo esperado. El clamor de las
enormes masas cuyos deseos no se han cumplido es permanente en el
capitalismo. La caída de la concepción soviética del hombre y el mundo en la
práctica política y social liberó a millones de vidas humanas de la esclavitud. Sin
embargo, en el patrimonio intelectual europeo, a la luz de la tradición de los
últimos doscientos años, la revolución anticomunista también marca el fin de las
ilusiones de la ilustración, es decir, la destrucción de la concepción intelectual
fundamental en el desarrollo inicial de la Europa moderna.
Ha comenzado una época notable y sin precedentes de desarrollo uniforme. Y de
pronto se ha visto, probablemente por primera vez en la historia, que existe
únicamente una fórmula, un camino, un modelo y un método para organizar el
futuro. Y el ser humano ha perdido fe en el significado de las revoluciones que
están ocurriendo.
También ha perdido la esperanza de que el mundo pueda cambiar y su
transformación valga la pena. Con todo, ante la carencia total de alternativas, las
personas se plantean interrogantes totalmente nuevas. La primera pregunta es la
siguiente: ¿se equivocó después de todo el Occidente? Y la segunda: si el
Occidente no tenía la razón, ¿quién la tenía entonces? Nadie puede dudar en
Europa que el comunismo no estaba en lo cierto, con lo cual surge la tercera
interrogante, ¿no será que nadie puede tener la razón? Si es así, todo el legado
intelectual de la Ilustración carece de valor. Tal vez, al cabo de dos siglos de
funcionamiento útil y sin dificultades, el motor a vapor desgastado de la Ilustración
se ha detenido a la vista de nosotros y con nuestra cooperación. Y el vapor
simplemente se está evaporando. Si de hecho así están las cosas, las
perspectivas son desalentadoras.
II. EL PROBLEMA: LA HISTORIA Y EL CONCEPTO DE LIBERTAD EN LA
MODERNIDAD
La ruptura repentina con el viejo orden para ir en busca de nuevas libertades es el
único motivo que justifica esta distinción de un nuevo período. En el polémico texto
de Lutero Von der Freiheit eines Christenmenschen (Sobre la libertad de un
cristiano), se abordó por primera vez el tema en forma vigoroza y con tonos
resonantes. Fue el grito de libertad que hizo ponerse de pie y observar a los
hombres, que provocó una verdadera avalancha y convirtió los escritos de un
monje en ocasión de un movimiento de masas transformando radicalmente la faz
del mundo medieval. Estaba en discusión la libertad de conciencia frente a la
autoridad de la Iglesia, es decir, la más íntima de todas las libertades humanas.
No es el orden de la comunidad lo que salva al hombre, sino su fe enteramente
personal en Cristo. El hecho de que la totalidad del sistema ordenado de la Iglesia
medieval en definitiva había perdido importancia se consideró un impulso masivo
hacia la libertad. El orden que en realidad estaba destinado a apoyar y salvar
parecía una carga; había dejado de ser valedero, es decir, carecía de significado
redentor. La redención ahora significaba liberación, liberación del yugo del orden
supraindividual. Aun cuando no sería correcto hablar del individualismo de la
Reforma, la nueva importancia del individuo y el cambio de la relación entre la
conciencia individual y la autoridad constituyen no obstante parte de sus rasgos
predominantes. Sin embargo, este movimiento de liberación se circunscribió
dentro de la esfera propiamente religiosa. Cada vez que se extendía a un
programa político, como la guerra de los campesinos o el movimiento anabaptista,
Lutero se oponía vigorosamente. Lo ocurrido en el ámbito político fue
precisamente lo contrario de la liberación: con la creación de iglesias territoriales y
nacionales, aumentó y se consolidó el poder de la autoridad secular.
II. VERDAD Y LIBERTAD
Después de esta tentativa de comprender el origen de nuestros problemas y
obtener una visión clara de su tendencia interna, corresponde ahora buscar
respuestas. Ha llegado a ser evidente que el punto crítico de la historia de la
libertad en el cual nos encontramos ahora descansa en una idea no aclarada y
unilateral de la libertad. Por una parte, el concepto de libertad se ha aislado y por
consiguiente falsificado: la libertad es un bien, pero únicamente dentro de una red
de otros bienes, junto con los cuales constituye una totalidad indisoluble. Por otra
parte, la noción misma se ha restringido estrechamente, abarcando únicamente
los derechos de la libertad individual, con lo cual ha quedado desprovista de su
verdad humana. Quisiera ilustrar el problema que presenta esta forma de
comprender la libertad recurriendo a un ejemplo concreto. Al mismo tiempo, este
ejemplo puede abrir el camino hacia una visión más adecuada de la libertad. Me
refiero al problema del aborto.
Ahora bien, no puede decirse que el tema del aborto es un caso especial,
inadecuado para aclarar el problema general de la libertad. No, precisamente este
ejemplo destaca la figura básica de la libertad humana y muestra claramente lo
típicamente humano de la misma. Porque ¿qué está en juego aquí? El ser de otra
persona está tan íntimamente vinculado con el de la madre que en el presente
sólo puede sobrevivir encontrándose físicamente con ella, en una unidad física
con la misma. Sin embargo, dicha unidad no anula el hecho de que este ser sea
otro ni nos autoriza a poner en duda su individualidad propia.
A la inversa, es ser-con exige al ser del otro, es decir, de la madre, a convertirse
en un ser-para, en contradicción con su propio deseo de autonomía, y por
consiguiente ella lo experimenta como la antítesis de su propia libertad. Debemos
agregar que incluso después de nacer el hijo y cambiar la forma exterior de su ser
a partir de y con, sigue siendo igualmente dependiente y encontrándose a merced
de un serpara. Ciertamente, se podría entregar el niño a una institución y
someterlo al cuidado de otro “para”, pero la figura antropológica es la misma, ya
que sigue existiendo un “a partir de” que exige un “para”. Debo Aceptar los límites
de mi libertad, o más bien dicho vivir mi libertad no como competencia, sino con
espíritu de mutuo apoyo. Si abrimos los ojos, vemos que a su vez esto no sólo
ocurre en relación con el hijo, sino que la presencia del mismo en el útero materno
es simplemente una representación muy gráfica de la esencia humana en general.
También el adulto sólo puede existir con otro y a partir del mismo, y por
consiguiente es permanentemente remitido a ese ser-para del cual justamente
quisiera prescindir. Dicho con más precisión, el hombre espontáneamente da por
sentado el ser-para de los demás en la configuración de la actual red de sistemas
de servicios, pero si tuviera la posibilidad, preferiría no estar obligado a participar
en ese “a partir de” y “para” y le gustaría llegar a ser totalmente independiente y
poder hacer y no hacer únicamente lo que le plazca. La exigencia radical de
libertad, que cada vez con más claridad comprobamos ser producto del curso
histórico de la Ilustración, sobre todo de la línea iniciada por Rousseau, y que en la
actualidad configura en gran medida la mentalidad general, prefiere no tener un de
dónde ni un dónde, no ser a partir de ni para, sino encontrarse plenamente en
libertad. En otras palabras, considera lo que es realmente la figura fundamental de
la existencia humana en sí misma como un ataque a la libertad, que la acomete
antes que el individuo tenga la posibilidad de vivir y actuar. El clamor radical por la
libertad exige la liberación del hombre de su esencia misma de hombre, de tal
manera que pueda convertirse en el “hombre nuevo”.
LIBERTAD Y RESPONSABILIDAD
Claramente, este enfoque da lugar de inmediato a nuevas interrogantes: ¿qué
derecho es acorde con la libertad? ¿Cómo debe estructurarse el derecho para
constituir un orden justo de la libertad? Porque indudablemente existe un falso
derecho, que esclaviza y por tanto no es en absoluto derecho, sino una forma
regulada de injusticia. Nuestra crítica no debe dirigirse al derecho en sí mismo, en
la medida que éste es parte de la esencia de la libertad; debe desenmascarar el
falso derecho como tal y servirnos para arrojar luz sobre el verdadero derecho,
aquel que es acorde con la verdad y por consiguiente con la libertad.
LA VERDAD Y NUESTRA HUMANIDAD
La forma de establecer la relación correcta entre responsabilidad y libertad no
puede determinarse simplemente mediante un cálculo de los efectos. Debemos
volver a la idea de que la libertad del hombre se da en la coexistencia de las
libertades. Sólo así es verdadera, es decir, en conformidad con la auténtica
realidad del hombre. Por consiguiente, no es de ninguna manera necesario buscar
elementos externos para corregir la libertad del individuo. De lo contrario, libertad y
responsabilidad, libertad y verdad serían eternos opuestos, y no lo son. Entendida
debidamente, la realidad del individuo en sí mismo incluye una referencia a la
totalidad, al otro.
CONCLUSIONES
Es falsa una comprensión de la libertad que tiende a considerar la
liberación exclusivamente como la anulación cada vez más total de las
normas y una permanente ampliación de las libertades individuales hasta el
punto de llegar a la emancipación completa de todo orden
De la verdad de nuestro ser esencial se desprende otro punto: nunca
existirá un estado absolutamente ideal de cosas en nuestra historia humana
y jamás se establecerá el orden definitivo de la libertad.
Debemos también descartar de una vez y para siempre el sueño de la
autonomía absoluta y la autosuficiencia de la razón. La razón humana
necesita el apoyo de las grandes tradiciones religiosas de la humanidad y
por cierto examinará críticamente cada una de ellas.
Los sistemas ateístas de la modernidad constituyen los ejemplos más
aterradores de una pasión religiosa desprovista de su propia naturaleza,
enfermedad de la mente humana que amenaza la vida. Cuando se niega a
Dios, en vez de construir la libertad, se la despoja de sus bases y por
consiguiente se distorsiona
Cuando se descartan enteramente las tradiciones religiosas más puras y
profundas, el hombre se aparta de su verdad, vive contra sí mismo y pierde
la libertad. Ni siquiera la ética filosófica puede ser incondicionalmente
autónoma. No puede renunciar a la idea de Dios ni a la idea de una verdad
del ser con carácter ético . Si no existe una verdad acerca del hombre, éste
carece de libertad. Sólo la verdad nos hace libres
REFERENCIA BIBLIOGRAFICA
1. R. Marx y F. Engels, Weerke, 39vols. (Berlín, 1961-71), 3;33.
2. Cito a Szizypiorski del manuscrito suministrado durante las Semanas
Universitarias
3. Cf. Sobre todo lo que sigue, por ejemplo, en E. Lohese, Martin Luther
(München, 1981),
CAMPUS ECATEPEC
Ecatepec de Morelos, Estado de México, a____18 de noviembre del año _2022____
DECLARATORIA DE NO AL PLAGIO
Por este medio, declaro que los trabajos, exposiciones, participaciones y/o
proyectos presentados para la asignatura BIENES Y SUCESIONES de la
Licenciatura en DERECHO son de mi completa autoría y no hay plagio del trabajo
de alguno de mis compañeros.
Asimismo, declaro que, al emplear ideas de un autor, se le da el crédito
correspondiente mediante el sistema de citación que solicita mi docente.
En caso de que el docente tenga evidencias de que hay plagio en mi trabajo, es de
mi completo conocimiento que la evaluación del entregable será de CERO, y que
tal acción quedará como un precedente en mi expediente académico.
Atentamente
RIVAS RAMOS DANIEL
Firma
Nombre completo: RIVAS RAMOS DANIEL
Número de cuenta: 21270777
C.c.p. Mtr@****** - Dirección Académica de la Licenciatura en ****