RESUMEN DEL LIBRO ¿DÓNDE ESTÁ LA FRANJA AMARILLA?
(William Ospina 1996)
EL libro está escrito en estilo ensayístico y se encuentra dividido en cuatro capítulos, en los que el
autor intenta explicar el por qué Colombia siendo un país privilegiado en cuanto a su riqueza
natural y su mestizaje étnico y cultural, no es el país próspero que debiera ser, sino que por el
contrario es un país lleno de injusticia, desigualdad y pobreza. Para ello, hace un recorrido a
través de la historia del país resaltando varios puntos neurálgicos en los cuales indica la existencia
de un estado que nunca se ha sentido identificado con el país y el pueblo al que supuestamente
representa y debería defender, sino que por el contrario ha sido el causante de innumerables
barbaries en pro del beneficio de unos cuantos y el sacrificio de muchas vidas, de valientes
ideales y esperanzas de gentes humildes, las cuales se han vuelto entes pasivos ante su propia
realidad. Colombia es un estado que en sus inicios como república se fundamentó con el ejemplo de
la revolución francesa y de la declaración de los derechos del hombre, lo mismo que en sus ideales
de libertad, igualdad y fraternidad, pero eso simplemente se quedó en una justificación de los ideales
de una joven nación que jamás se ha materializado, ya que el estado colombiano a diferencia del
estado francés, no garantiza el derecho a llevar una vida digna, ni cuenta con los mecanismos
estatales necesarios para corregir sus errores y hacer que la voz del pueblo se haga sentir. Sin
embargo, es aquí en donde la sociedad tiene la obligación de desarrollar un papel activo, tomando la
idea de que está exigiendo lo que por derecho le corresponde: "No es el estado el que puede
cambiar a la sociedad, sino por el contrario la sociedad la que debe cambiar al estado: No solo su
administración y sus funcionarios, sino su estructura y su lógica" (Ospina, 1996). Los primeros
comerciantes y dirigentes de la república hicieron que ésta se dedicara a la exportación de las
materias primas, satisfaciendo así las necesidades de las opulentas e industrializadas
naciones, y permitiendo que éstas entraran a explotar recursos e imponer sus reglas a los
trabajadores, bajo el lema de la llamada "apertura económica". Sin pensar en un plan que
permitiera aprovechar de buena manera los recursos naturales de los que era dueña
Colombia y que permitiera un verdadero desarrollo económico, fueron creando una clase
adinerada, burguesía cruel y excluyente a la que poco le interesaba forjar una prospera nación, que
no proveía los recursos necesarios para cubrir los requerimientos básicos de su gente, pero
que si le interesaba mantenerlos controlados, por lo que dieron muchos privilegios al estamento
militar. A pesar de estos macabros inicios, hubo también héroes que trataron de construir
nación, y uno de esos primeros intentos fue la expedición botánica en la que ilustres pensadores
sacaron a la luz del mundo la excepcional riqueza de la flora colombiana, hecho que pretendió llenar
de orgullo y de identidad al país y que además permitió el inicio de un pensamiento liberal y
democrático.
Aunque esto fue acabado por las guerras civiles del siglo XIX las cuales impusieron un régimen, en
el que el gobierno se alió con la iglesia y lo que no fuera aceptado por esta última era considerado
como un delito, generando respeto por las creencias ajenas, por la diversidad de credo y de
pensamiento, sumiendo a la nación en una hegemonía extremadamente conservadora que llevó
a puntos absurdos de violencia intrafamiliar y que además prohibió el acceso al saber y la educación
libre, pues ésta fue controlada por la iglesia y la lectura de muchos textos fue prohibida, gestando así
la ignorancia en muchos campos del saber. A los dirigentes no les interesaba tener un pueblo
ilustrado que exigiera sus derechos y cuando hubo intentos de rebelión, como el pliego de
peticiones que pasaron los trabajadores campesinos de las bananeras de la Fruit Company en
Magdalena, fueron callados a bala como ocurrió en aquella ocasión. Un sector del liberalismo,
emprendió una defensa de los campesinos, lo que se convirtió en una rebelión popular dirigida por el
caudillo Jorge Eliécer Gaitán, quien se dio cuenta Colombia necesitaba reformas sociales grandes y
urgentes y el proyecto nacional se convirtió en su bandera. Éste líder hizo temblar a la clase
política y opresora del país, haciéndole ver que aquella clase campesina, aquel pueblo al que
siempre habían tratado de ignorante, podía organizarse, protestar y exigir sus derechos de forma
pacífica, como lo hizo en la famosa marcha del silencio; hecho que indignó a los dueños del poder e
hizo que mandaran a asesinar a aquel líder político que los puso en jaque y que de seguro llegaría a
ser el presidente de la república en las próximas elecciones, elegido por la expresión
democrática del pueblo. Después de la muerte del caudillo el pueblo se llenó de indignación y se
inició una terrible ola de violencia en la capital, la clase dirigente del país tenía miedo de que el
discurso de Gaitán tuviera eco aún sin su presencia, así que basándose en una maraña de
diferencias entre los dos partidos políticos, patrocinaron la guerra más sangrienta que ha tenido
Colombia, la guerra bipartidista, en la que la población campesina se mató entre sí. La guerra
bipartidista estaba instada por líderes del partido conservador y del partido liberal, quienes se
lanzaban injurias e introducían odios entre sus seguidores desde sus púlpitos de discurso pero
que seguían disfrutando de sus privilegios mientras los humildes se acababan entre ellos, y
los que sobrevivían a tan cruel masacre se empezaron a desplazar del campo hacia las
ciudades, haciendo que éstas empezaran a sobre poblarse, dejando a la mayoría en condiciones de
miseria y hostilidad o con salarios paupérrimos. Después de diez años de violencia, los mismos que
provocaron esta horrible guerra, decidieron terminar con ella y crearon el Llamado Frente nacional,
en el que los dos partidos tradicionales se repartieron el poder por las siguientes veinte años, y se
siguió privilegiando a las empresas y familias que tradicionalmente han sostenido el poder, cerró las
posibilidades a la clase media de acceder a la riqueza pues no les permitía financiar, y a los pobres
no les permitía salir de la pobreza. Además este pacto político prohibió toda oposición legal al poder
que se conformó y la creación de cualquier otro partido, por lo que surgió y se fortaleció toda
oposición ilegal y armada, en este momento nacieron las guerrillas que han mantenido al país
aterrorizado durante los últimos años, surgió el narcotráfico y todas las formas ilegales de hacer
riqueza que el estado empezó a perseguir cuando sintió que se le salían de las manos y que ponían
en peligro la seguridad de las clases privilegiadas.
Allí se desató la siguiente ola de violencia que no ha parado hasta nuestros días y es cuando
(Ospina, 1996) dice: "Si el estado no le brinda garantías al ciudadano. ¿Cómo puede reprochar que
recurra a métodos irregulares para garantizar su subsistencia?" y en otro aparte agrega: "Estado
criminal que criminalizó al país". Dicho brevemente, en este tiempo predominaba la corrupción, la
pobreza, las guerrillas, el vandalismo, pero todo esto es producto de la mala gobernación que
ha tenido Colombia y el poco amor a la patria por parte de los gobernantes y gobernados. Ahora nos
podemos dar cuenta que a causa de todas estas catástrofes, injusticias y hechos que ocurrieron en
el transcurso de la historia de nuestra nación es el país que tenemos ahora. Esos sucesos dejaron
marcado a Colombia y que la situación no mejorará si no se identifica la causa que hace que
Colombia y sus habitantes sobre todo los más pobres que actúan ilegalmente están realizando
estos actos, porque toda acción tiene su reacción y en este caso lo que provoca la delincuencia,
el narcotráfico, la pobreza, las guerrillas, el desempleo y todos los problemas que presenta nuestro
país es por culpa del mismo gobierno que actuó de manera egoísta. El pueblo tiene que reaccionar,
abrir los ojos y tomar medidas ante todas las injusticias que presentan nuestro país, exigir nuestros
derechos, luchar por lo que nos pertenece y no dejar que el gobierno nos pase por encima y no
esperar que otro lo haga, tenemos que aprender a valorar nuestra identidad, saber de dónde
venimos y tratar de mostrar la mejor imagen de Colombia al mundo, darnos cuenta el rico país que
poseemos y tenemos que saber aprovechar. Así como trataron con iniciativas otros personajes en
la historia de Colombia nosotros debemos generar un cambio en nuestra nación para bien y salir de
la miseria en la que vivimos no cambiando el pasado, si no reconocerlo y afrontar con valentía los
problemas actuales para hacer de Colombia una mejor nación entre todos, sentirnos orgullosos de
donde somos, crear un ambiente de paz y donde todos los habitantes vivan dignamente y Colombia
sea por fin el país que todos deseamos. De donde se infiere que, Colombia es un país con una
realidad política económica y social bastante compleja que ha sufrido durante siglos una
estigmatización interna, provocada por hijos de sus propias entrañas que nunca se han visto como
hijos de la misma, sino como dueños y señores de ella y de sus gentes, que por no ser como ellos,
son consideradas clases inferiores con quienes juegan a su antojo, y entre quienes han fraguado
odio y repelencia por lo que es diferente de cada cual cosa que es irónica en un país lleno de la más
absoluta diversidad, de razas, creencias, colores y sabores). Todo lo anterior creó individualismos
que no los dejan trabajar como uno solo, como nación, como Colombianos, como hijos de la
misma patria, contribuyendo a la prosperidad de todos, caminando hacia un mismo objetivo pero
respetando y amando sus diferencias, su alegría, su espontaneidad, su lucha y su entrega que
los hacen únicos ante el mundo. Es un poco idealista, pero los grandes cambios surgen de
grandes ideales, y ésta obra deja en entre dicho que se está suscitando en el país, un llamado al
cambio, que incita a la creación de una identidad y de un proyecto nacional que lleve a Colombia a
que como su oración patria lo reza, ser: "Grande, respetada y libre".