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El Patito Feo

patito feo

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El patito feo

En una vieja granja, rodeada por campos de trigo y cebada, una


patita empollaba con ternura cinco lindos huevitos.
La señora pata presentía que sus hijos no tardarían en nacer, pues
notaba que los patitos estaban inquietos dentro de sus cascarones.
Y así sucedió. En una radiante mañana de verano aquellos cinco
huevos comenzaron a romperse uno tras otro.
-¡ CUAC, CUAC! - decían los patitos los patitos asomando sus
cabecitas a través del cascarón.
-¡ CUAC, CUAC! -les respondió feliz su mamá.
Y entonces, sucedió algo realmente misterioso. La señora pata
descubrió que en el nido quedaba un huevo grande y oscuro sin abrir.
“¿De dónde habrá salido?”, pensó. (1)
- Debe de ser eel huevo de un pavo – le dijo a mamá pata una de sus
[Link] vez alguien lo metió en el nido mientras dormías.
- ¡Qué revuelo se armó en el corral!
Afortunadamente, el misterio no tardo en revolverse y, ante la
sorpresa de todos, de aquel extraño huevo salió otro patito, pero tan
simpático y risueño como desgarbado y cabezón.
-¡Qué raro es!-exclamaron sus hermanos.
Para satisfacción de mamá pata, pronto se demostró que el patito feo
no sólo sabía nadar, sino que incluso era el que mejor lo hacía.
- Será feo, pero sin duda no es un pavo - dijo aliviada mamá pata. (2)
El patito feo salió del agua aterrorizado. Su miedo era tan grande
que, pobrecito, no advirtió la presencia de un enorme perro de caza
que lo esperaba en la orilla.
Cuando lo vio, comenzó a temblar:
El pero lo olisqueó, lo miro fijamente y le enseñó los dientes. Pero al
ver que no era un ganso, se fue sin hacerle daño.
El patito respiró aliviado.
“Soy tan feo que ni siquiera los perros quieren comerme”, pensó.
(3)
Después del chapuzón, mama pata de dirigió orgullosa a la granja
para presentar a sus hijos.
– Tienes unos patitos preciosos – dijo el chancho al verlo llegar-.
Bueno, todos no. Ese de ahí es el pato mas horrible que he visto en
mi vida.
– Añadió señalando al pato feo-. Y el patito, muy asustado, agachó la
cabecita y corrió a esconderse detrás de su mamá.
– No será lindo, pero es muy bueno y cariñoso – respondió la señora
pata enfadada.
- Pues acá no nos gustan los monstruos –dijo una gallina presumida-.
¡Que se vaya ¡
-¡Eso, eso, que se vaya! –gritaron todos a coro.
Y el pobre patito, pese a la tristeza de su madre, no tuvo más
remedio que abandonar la granja. (4)
Tras horas de andar perdido, el patito feo llegó a un pequeño
pantano. Creyó que allí sólo encontraría libélulas y ranas, pero...¡qué
sorpresa! Nada más pisar la orilla, escucho en el agua un alegre
chapoteo que le resultó familiar.
-¡Son patos, patos salvajes! – gritó-. Quizás ellos quisieran ser mis
amigos.
Y con esa esperanza y una enorme sonrisa, se acercó hasta donde
jugaban aquellas aves.
- Pero, bueno, ¿de dónde sales tú? – dijo el jefe de la bandada-. No
pretenderás que nos hagamos amigos de alguien tan feo.
Y entre risas e insultos, los patos echaron a volar.(5)

Muerto de miedo, el patito feo no pudo cerrar los ojitos en toda la


noche. Por suerte, todo iba a cambiar por la mañana. Dos gordos
gansos se posaron en las aguas del pantano y, viendo al patito tan
solo y desvalido, decidieron conversar con él. Lo que el pobre patito
no sabía es que aquellos gansos eran unos bromistas.
-Mira jovencito, eres tan feo que dejaremos que nos acompañes –dijo
uno de ellos.
Y ambos soltaron una ruidosa carcajada.
-¡Síguenos si puedes! –dijeron al tiempo que levantaban el vuelo.
Pero aquellos gansos caraduras sabían muy bien que el patito feo era
demasiado joven para volar.
De pronto, un espantoso ruido interrumpió sus risas burlonas:¡ BANG,
BANG ! En el pantano había una gran casería.(6)
Después del susto monumental, el patito huyó de aquel pantano
como alma que lo llevo el diablo. Volvía a estar solo y, por si fuera
poco, cada vez estaba más hambriento y cansado.
Tras horas de caminar sin rumbo, por fin, llegó a una cabaña vieja y
destartalada.
-Que suerte he tenido- dijo contento nuestro amigo- las patitas me
duelen muchísimo y no he dormido desde que salí de la granja.
Descansaré en esta casa que parece abandonada.
Y así lo hizo. Abrió la puerta con una de sus alitas y, agotado, se
quedo dormido en el suelo.
Pero que equivocado estaba el patito. Aquella casa no estaba
abandonada y, por la mañana, una gallina y un gato lo descubrieron.
Los animales armaron tanto revuelo que llamaron la atención de la
dueña, una vieja un poco cegada.(7)
-¡Qué suerte hemos tenido! –dijo la anciana al confundir al patito con
una pata-. Si pones muchos huevos, podrás quedarte en mi casa.
Y sin pensárselo dos veces, colocó al sorprendido patito sobre un
mullido nido de paja.
Aquella mujer estaba realmente cegada. ¡Miren que confundir al
patito con una pata!
Lógicamente, el nido del patito aparecía vacío cada mañana. Por
eso, finalmente, el noble animal decidió explicarle la verdad a la
anciana.
–Ni soy una pata ni puedo poner huevos –le dijo.
-¡De modo que me engañaste!- respondió la anciana enfadada-.
¡Fuera de mi vista, holgazán!
Y de un escobazo, echó al patito de la casa.(8)
Llegó el otoño. Caían las hojas de los árboles y el viento las hacía
girar en remolinos.
¡Qué solo se encontraba el patito! ¡Cuánto echaba de menos el amor
de su mamá!
Cierto día, el patito observó una bandada de hermosas aves que
surcaba en el cielo en busca de las cálida tierras del sur. Eran blancas
y tenías unos cuellos largos y esbeltos. ¡Sí, eran cisnes!
El patito quedó admirado de su belleza.
“Ah, si pudiera viajar con ella”, pensó entre sollozos, “¿pero cómo van
a aceptar a alguien tan feo como yo?” (9)
El otoño dio paso al invierno y, poco a poco, los bosques y los
campos se cubrieron con un espeso manto blanco.
Un día, una terrible tormenta de viento y nieve sorprendió al patito
mientras nadaba en un estanque. Movía sus patitas con
desesperación y daba vueltas en el agua para no congelarse.
¡Pobre patito feo! ¡Apenas tenía fuerza para seguir nadando!
Entonces, sucedió un milagro.
Un campesino que pasaba por el lugar se apiadó del inocente patito
y, viendo que este iba a morir congelado, lo rescató y se lo llevó a su
casa. Y gracias a los cuidados que la mujer y los hijos del campesino
prodigaron al patito feo, éste no tardó en recuperarse. (10)
Cierto día, los hijos de los campesinos quisieron jugar con su nueva
mascota. Pero al patito feo no le gustaban las travesuras y echo a
correr.
¡Qué lío se armó! En su alocada carrera, el patito entró en la cocina
y, sin quererlo, derramó un jarro de leche por el piso. ¡PLOF!

Entonces apareció la mama de los chicos y, viendo el estropicio,


comenzó a gritar. Asustado, al pobre patito no se le ocurrió otra idea
que esconderse en un saco se harina y, como era de esperar, acabó
ensuciando toda la habitación.
¡Ven acá, pato del demonio! –gritaba la mujer-. ¡Cómo te agarre
acabarás cocinado! (11)
Suerte tuvo el patito encontrar la puerta de la casa entreabierta,
porque un poco más y no escapa de aquella casa de locos.
Sin embargo, al notar de nuevo el frío en su carita, no tardo en
echar de menos el calor del hogar y los mimos que había recibido
durante semanas.
Volvió a estar solo y, como en otras ocasiones, no tuvo otra opción
que echar a andar por los campos helados.
Cubierto de nieve y con las plumitas casi congeladas, el patito por
suerte encontró la madriguera de un viejo tejón.
“Es mi última oportunidad”, pensó.
Cansado de tantas aventuras, el patito feo se acurrucó sobre el
peludo cuerpo del animal y se quedó dormidito. Como el tejón no
despertaría hasta el final del invierno, allí estaría seguro. (12)
El patito despertó de su largo sueño antes de que lo hiciera el tejón
y, caminando de puntillas, abandonó la madriguera en silencio.
Afuera, el sol de la primavera daba al campo un color especial, y en
donde antes solo había nieve, ahora podía verse miles de flores de los
más vivos y maravillosos colores. Los pajarillos no dejaban de cantar,
y en los árboles, las ardillas jugaban a perseguirse.
-¡Oh, que agradable es estar acá! –exclamó.
Y su alegría fue aún mayor cuando, en un estanque cercano, vio a
tres hermosos cisnes nadar con elegancia.(13)
“Entraré en el estanque y me acercaré a esas aves majestuosas” ,
se dijo el patito. “Si tengo que morir, que sea bajo sus bellos picos”.
Y el pobre animal se lanzó al agua y fue nadando hacía los cisnes
con la cabeza agachada, sin atreverse a mirarlos a la cara.
Pero... ¡Un momento! ¿Qué era esa imagen que vio reflejada en las
aguas del lago? (14)
El agua cristalina devolvió su reflejo y lo que vio fue...¡LA IMAGEN
DE UN HERMOSO CISNE BLANCO!
Durante el largo invierno, aquel patito feo y desgarbado se había
transformado en un lindo cisne, el más hermoso y elegante de todos
cuantos ahora vivían en el estanque.
Por eso, cuando los otros cisnes lo vieron, se acercaron a él y,
mientras nuestro amigo extendía sus bellas alas blancas, lo
acariciaron y bajaron sus cabezas en señal de respeto.
-¡Fíjense, hay un cisne nuevo en el estanque!-gritaron unos niños
que jugaban en el jardín.
Y al oír los gritos y los aplausos de los chicos, la gente comenzó a
reunirse en la orilla para admirar a aquella linda criatura. (15)
Y así fue como después de vivir innumerables aventuras, aquel
pobre animal al que todos habían rechazado por ser distinto, nunca
más volvió a sentirse triste ni solo.
“Quién me iba a decir a mí cuando era un patito feo que algún día
sería tan feliz”, pensó desde lo más profundo de su corazón.(16)

Fin

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