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4 Agosto ........................................................................................................................................................51
5 La alumna nueva........................................................................................................................................68
28 La mudanza........................................................................................................................................... 417
35 Rehenes................................................................................................................................................. 522
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El nuevo novio de papá
Sentado ante sus tres hijos adolescentes, Harry Potter, el Chico-que-vivió, el Elegido, el Jefe
del Cuerpo de Aurores de Gran Bretaña, acostumbrado desde que tenía un año de edad a
lidiar con mortífagos y parientes abusivos, sintió por un momento que le faltaba el valor.
No se avergonzaba de su relación con Draco, por supuesto que no. Era más feliz con él de lo
que había sido en mucho tiempo, y considerando que estaban en medio de una guerra
cruenta y que sus hijos eran objetivos prioritarios del bando contrario, eso era mucho decir.
Pero le daba tanta vergüenza hablar de esas cosas con sus hijos…
-Bueno, pues la cosa es… Veréis, en Ávalon pasó algo entre Draco Malfoy y yo. –Los tres
abrieron los ojos como platos y Harry se apresuró a hablar para asegurarse de que no perdía
el valor antes de decir todo lo que quería decir-. No esperábamos que pasara, pero pasó y la
verdad es que… nos va muy bien. Juntos. Queremos intentarlo.
-Bien, puede que muy raro. Pero no tiene por qué ser un problema.
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-Hijo, te aseguro que eso puede pasar seamos o no pareja. Mira, sé que para ti Draco es sólo
el padre de Scorpius, pero para mí es alguien que conozco desde los once años. Nos
peleábamos mucho antes de que ninguno de vosotros naciera. Pero Scorpius y tú os hicisteis
amigos a pesar de todo eso, ¿no? Lo que hay entre vosotros es fuerte. Y tienes mi palabra, Al:
si pasa lo peor y Draco y yo rompemos, haré todo lo que pueda para que eso no os afecte a
Scorpius y a ti.
Albus meneó la cabeza, se cruzó de brazos y no dijo nada; Harry no lograba discernir si se
había resignado o si estaba demasiado enfadado para seguir hablando.
-Pero papá –dijo entonces Lily, dubitativa-, ¿tú estás seguro? Todo el mundo dice que los
Slytherin sólo se enamoran una vez y el señor Malfoy estaba enamorado de su mujer.
Harry sabía que Lily sólo estaba preocupada por él, pero eso dolió un poco. Sin embargo, no
lo dejó ver. Draco estaba ahora enamorado de él, estaba completamente seguro de eso. Lo
otro eran dudas tontas y él era el primero que no debía darles importancia.
-¿Y qué hay de la señora Tonks? –replicó Harry-. Ella es Slytherin y desafió a toda su familia
para casarse con el abuelo de Teddy. Pero ahora está con el profesor Zhou.
Aquello había sido toda una sorpresa, pero una que a Harry le había encantado. Zhou era un
trozo de pan y Andrómeda parecía muy feliz con él. Teddy también aprobaba de todo corazón
ese emparejamiento. Ah, si sus hijos se lo tomaran así de bien…
-Bueno, si de verdad te quiere… Lo que no quiero es que te hagas ilusiones para nada.
Esta vez, Harry tuvo que sonreír; siempre le enternecía que su hija pequeña quisiera protegerlo
y cuidar de él.
-Sí, sí que me quiere. –Entonces se fijó en James, que aún no había dicho nada. La cosa no
pintaba demasiado bien, a juzgar por su ceño y su cabeza baja-. James…
-¿Qué piensas tú? Sé que hasta ahora Draco y tú apenas habéis coincidido, pero tiene ganas
de conocerte mejor.
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-¿De verdad? –replicó, sonando menos sarcástico de lo que probablemente había querido.
-Yo no podría estar con alguien que no entendiera lo importante que eres para mí. -James
agachó la cabeza, pero asintió y Harry supo que su hijo no iba a poner pegas-. Quiero que
sepáis también que los abuelos y vuestra madre lo saben ya. Y por supuesto vuestros tíos Ron
y Hermione. Aunque no os lo creáis, vuestro tío me estuvo achuchando para que le dijera a
Draco lo que sentía por él.
-Sí, de verdad. En Ávalon pudieron conocerse mejor y bueno… Tus hermanos los vieron en el
hospital.
-Sí, la verdad es que parecían llevarse bastante bien –admitió James, un poco entre dientes.
Lily hizo un gesto de aprecio e interés, como si quisiera ver aquello con sus propios ojos o algo
así. Harry sonrió y luego volvió a fijarse en Albus, que aún estaba enfurruñado.
-Yo lo único que digo es que no quiero que nos fastidiéis a Scorpius y a mí.
En realidad, pensaba que había más peligro de que pasara lo contrario. La relación entre los
chicos era sólida, no podía negarse, pero muy poca gente acababa pasando el resto de su
vida con su primer amor. Si Albus y Scorpius rompían, Draco y él tendrían que andarse con
pies de plomo. Pero estaba dispuesto a correr ese riesgo, Draco lo valía. Y lo más importante
era que sus tres hijos parecían haberlo aceptado más o menos bien. Necesitarían un poco de
tiempo para acostumbrarse a la nueva situación, para conocerse todos mejor, pero
dispondrían de él, si Scorpius y Cassandra no se levantaban en armas ante la noticia.
Narcissa se dirigió sin prisa a las habitaciones de Cassandra. A Scorpius no le había hecho
demasiada gracia la noticia, preocupado por las repercusiones que podía tener en su relación
con Albus, pero entre ella y Draco habían conseguido hacerle entender que eso no tenía por
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qué pasar y que todos se esforzarían en que no pasara. Más tranquilo ya, Scorpius había
dejado de oponerse a la relación de su padre con Harry.
Cassandra era harina de otro costal, porque en cuanto Draco había dicho lo de Harry, ella se
había levantado de la silla sin decir una sola palabra, le había lanzado a su padre una mirada
airada y se había marchado de allí sin escuchar nada más de lo que Draco decía.
Narcissa llamó con los nudillos a las habitaciones de Cassandra y entró sin esperar respuesta,
sabiendo que no la recibiría. Su nieta estaba sentada en el sofá, con las rodillas pegadas al
pecho. No lloraba, pero se le notaban aún los ojos y la cara un poco roja.
Haciendo caso omiso de sus palabras y su actitud hostil, se sentó al otro lado del sofá.
-¿Cuál es el problema, Cassandra? ¿Es porque es Harry Potter o simplemente porque tu padre
está enamorado de alguien?
-No me creo que estuviera enamorado de ella –replicó, dolida y furiosa-. ¡Si hubiera estado
enamorado de ella no estaría ahora diciendo esas cosas sobre él!
Era la misma acusación que había hecho Evon Greengrass, pero esta vez, Narcissa se sintió
menos ofendida. El dolor de Cassandra era evidente, palpable como una niebla espesa. A
Narcissa le apenaba descubrir que su nieta aún sufría tanto por las pérdidas de Windfield;
tendría que haberlo visto antes.
-Tu padre planeaba pasarse los próximos cien años echando de menos a tu madre cada día.
Planeaba sentirse solo y desgraciado e incompleto el resto de su vida. Te aseguro que no
planeaba enamorarse de Harry Potter. Pero si ha pasado, ¿qué quieres que haga? ¿Quieres
que deje de verlo y que sufra sin necesidad? ¿Eso es lo que tu madre querría para él?
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-Tu madre os dijo que tu padre debía ser feliz –replicó Narcissa, sin ceder terreno. Cassandra
era dura, pero ella se había forjado en discusiones con el hombre más cabezota y difícil de
todo el mundo mágico-. ¿Crees que no sabía que iba a pasar esto? ¿Crees que no os dio el
mensaje precisamente por esto?
-Pues no, claro que no. Ella quería que él dejara de sufrir, no que se buscara un… un novio.
-Tu padre no buscaba nada, simplemente se lo encontró. Y tu madre lo sabía y por eso os dijo
lo que os dijo. Mira, cariño, uno no elige de quién se enamora ni cuándo lo hace –dijo, usando
un argumento que también había usado con Scorpius unos minutos antes-. Y el hecho es que
ahora tu padre está enamorado. Incluso si pudieras conseguir que renunciara a su relación
con Harry, no harías que dejara de estar enamorado de él. Sólo harías que se le rompiera el
corazón otra vez. ¿De verdad es eso lo que quieres, Cassandra?
Se detuvo, como si no supiera cómo continuar. Pero Narcissa sabía lo que quería, por
supuesto.
-Quieres que las cosas sean diferentes. Quieres que tu madre y tu abuelo sigan vivos. Te
aseguro que daría cualquier cosa, cualquier cosa, porque eso fuera posible. Pero no lo es. –
Los ojos de la niña se llenaron de lágrimas de nuevo y Narcissa le acarició el pelo, sabiendo
que en ese momento compartían el mismo dolor. Por mucho que estuviera allí, defendiendo
a Draco, ella misma echaba tanto de menos a Lucius que a veces deseaba gritar de impotencia
y pesar-. Y nosotros estamos aquí, vivos, tratando de seguir adelante… No es fácil. Yo me
alegro de que tu padre lo haya conseguido. Déjale ser feliz, Cassandra. Se lo merece.
Cassandra no dijo nada, pero ya no parecía furiosa, solo triste. Narcissa supo que había
conseguido convencerla para que no se lo pusiera difícil a Draco. A Harry le costaría ganársela,
pero al menos Cassandra no trataría de boicotear esa relación. Y en cuanto a la pena que
todavía anidaba en su pecho… bueno, cuidarían mejor de ella.
-La verdad es que es bastante fuerte –dijo Amal, sonando impresionado-. ¿Y qué les dijisteis
vosotros?
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Albus se encogió de hombros.
-Sí, siempre te están diciendo que hagas esto o lo otro, pero luego ellos siempre hacen lo que
les da la gana – convino Rose.
James asintió, todavía bregando por aceptar la noticia que su padre les había dado el día
anterior. Draco Malfoy… No podía evitar que todo aquello le sentara un poco mal. Si él había
atacado a Scorpius en su momento era porque sus padres le habían hablado a menudo de lo
despreciables que eran los Malfoy. Y ahora su padre daba un giro de ciento ochenta grados y
se enamoraba de uno de ellos. Ahora. Si iba a hacer algo así, ¿no podría haberlo hecho antes
de que él atacara a Scorpius? ¿Por qué había esperado a ver la luz a que él hubiera arruinado
su vida?
Obviamente sabía que su padre no lo había hecho a propósito, pero aun así le escocía un
poco. Y no ayudaba nada sospechar que, en el fondo, la familia de Scorpius no podía ni verlo.
Oh, quizás le pondrían buena cara cuando su padre estuviera delante, pero para sus adentros
estarían recordando que había estado a punto de matar a Scorpius. ¿Cómo podrían olvidar
algo así?
-Mañana vamos a cenar todos juntos en mi casa –dijo Scorpius, torciendo el gesto-. Espero
que no se besen ni nada de eso.
-Hombre, es un poco raro, pero yo creo que hacen buena pareja –opinó Seren, pensativa-.
Como vosotros dos, en realidad. Aunque vuestros padres parecen más… no sé, más serios.
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James miró en dirección a su padre, que se encontraba riendo con sus propios amigos. A él
no le parecía nada serio y tampoco estaba seguro de que hiciera buena pareja con el padre
de Scorpius, que siempre daba la impresión de tener un palo metido en el culo. Pero no quería
causar problemas, eso lo tenía claro. Era la vida de su padre, al fin y al cabo. No podía
imaginarse que aquello fuera a salir bien, pero cuando se estropeara, él no tendría nada que
ver.
-¿Buena pareja? –repitió Albus-. No sé. Scorpius y yo nos parecemos bastante, pero ellos son
polos opuestos. ¡Si siempre se han llevado mal! No entiendo de dónde ha salido esto.
-Ya, nosotros queríamos que se llevaran bien, pero no tan bien –refunfuñó Scorpius.
-¿Mi padre? –dijo Scorpius-. Bah, no sé qué de dejar que Albus tuviera un cumpleaños
tranquilo.
Si era por eso, su objetivo se cumplió y la fiesta transcurrió sin incidentes. Poco a poco la gente
empezó a marcharse y al final en casa sólo se quedaron su madre, sus hermanos y él y Scorpius,
que iba a pasar la noche allí. Como aún no era hora de acostarse, sacaron el Scrabble, un
regalo de parte de sus tíos Dudley y Karen. Tras leer las instrucciones, se pusieron a jugar los
cuatro en el dormitorio de Albus. Pronto quedó claro que a Lily se le daba fatal y que Scorpius
parecía decidido a que todas sus palabras pudieran interpretarse de manera sexual. James
quiso sentirse condescendiente ante su inmadurez, pero en el fondo lo estaba encontrando
divertido.
Los cuatro estallaron en carcajadas. El tono de Lily había sido perfecto y James no podía parar
de reír. De pronto, su madre, que había estado abajo escuchando la radio, asomó la cabeza
por la puerta, con esa cara que ponían los adultos cuando se alegraban de verte reír, pero
querían asegurarse de que no se debía a que estabas preparando explosivos caseros o algo
así.
-¿Estáis bien?
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Al mismo tiempo, Scorpius dio un pequeño grito y le arreó un manotazo a todas las fichas del
tablero, tratando de hacer desaparecer todas las palabras guarras antes de que las viera ella.
James y sus hermanos volvieron a estallar en risas casi histéricas.
Ella meneó la cabeza y se marchó y James siguió riendo durante un buen rato más. Y bueno,
una cosa tenía clara; con independencia de lo que pensaran el resto de los Malfoy, al menos
las cosas entre Scorpius y él se habían solucionado.
Harry no podía disimular su nerviosismo mientras cruzaba los jardines de Malfoy manor en
dirección a la casa principal. Podrían haber ido por Red Flú, pero para ser honestos, aún le
duraba el miedo del secuestro de Albus así que él había llevado a Lily con la Aparición
mientras James hacía lo mismo con su hermano.
Draco ya le había avisado de que Cassandra podía estar un poco impertinente o un poco fría
y le había aconsejado que no hiciera nada especial para ganársela o la niña lo vería como una
debilidad. Menudo elemento… Era totalmente una mini-Lucius. Y Scorpius se había
comportado con él más o menos como siempre, pero a Harry le había parecido detectar un
poco de "¿le parece bonito ir y enamorarse de mi padre?" en su expresión.
Pero Andrómeda y Teddy estarían allí también, por supuesto, y Zhou, y Harry sabía que
ayudarían a que la cena fuera un poco más cómoda para todos. Las dos rusas, aquella noche,
habían ido a cenar a la casa en la que se alojaban uno de sus colegas de la CIM.
Poco antes de que llegaran, la puerta de la mansión se abrió y aparecieron Scorpius y Draco,
los dos sonrientes y parecidos como dos gotas de agua.
Mientras Albus besaba a su Malfoy, Harry hizo lo mismo con el suyo, un beso fugaz que le hizo
sentirse terriblemente avergonzado, sobre todo porque se dio cuenta de que todos los niños
clavaban la vista en ellos. Harry sabía que en poco tiempo todos se acostumbrarían, pero hasta
entonces… Dios, menudo corte.
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-Si nos acompañáis –dijo Draco-. Albus, ¿te vienen bien las botas que te hemos regalado?
-Son de auténtico colacuerno húngaro –le contó, para que tuviera claro que eran caras. Harry
recordó lo mucho que le había preocupado que Draco hubiera dejado de presumir tras la
muerte de Astoria. Bien, no cabía duda de que lo había superado ya-. Están encantadas para
no hacer el más mínimo ruido. Podrías acercarte por detrás a alguien pisando hojas secas y no
te oiría llegar.
Harry se dio cuenta de que en la mente de Al las botas acababan de pasar de regalo bonito a
regalo impresionante.
-Cuando me las probé noté que eran muy silenciosas, pero no pensé que fuera hasta ese
punto.
Harry, que había notado la tensión en su hijo al escuchar su nombre, notó también cómo se
relajaba y asentía.
-De momento, Charlie Weasley está aprendiendo ese hechizo –dijo Harry-. Piensa que puede
ser útil para trabajar con dragones.
Mientras charlaban de cosas sin importancia llegaron al comedor, donde les esperaban los
demás. Entre saludo y saludo, Draco y él les pidieron a los niños que los llamaran por sus
nombres de pila. Cassandra, por su parte, había sido más simpática otras veces, pero Harry
siguió el consejo de Draco y no le prestó demasiada atención. En vez de eso, observó el saludo
entre Narcissa y James, que se veían por primera vez en su vida.
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Narcissa fue amable, aunque un poco menos cálida que cuando hablaba con Albus y Lily, a
los que conocía mejor.
-James, tú ya eres un adulto –dijo Narcissa-. ¿Quieres tomar algo antes de la cena?
Después de conversar unos minutos, Narcissa les hizo pasar al comedor. A pesar de toda la
ceremonia, aquello no era una cena de gala y la mesa tenía un aire más familiar que sofisticado.
No habían puesto cinco tenedores y cuatro cucharas y el centro de mesa era bonito, pero
sencillo. Draco se sentó a la cabecera de la mesa y Narcissa le indicó a Harry que ocupara un
lugar a su izquierda y ella ocupó el lugar de la derecha. Los demás adultos se sentaron cerca
de ellos, dejando el otro lado de la mesa para los niños.
Los entrantes ya estaban sobre la mesa. Había pequeñas porciones de arroz dorado con
trocitos de almendra, hojaldres llenos de crema de queso con trocitos de jamón y
probablemente en beneficio de los niños, crujientes aros de cebolla y docenas y docenas de
hamburguesas del tamaño de un galeón que podían mojarse en Ketchup, salsa de queso o
mostaza.
-De momento todo va bien –susurró Draco, señalando a los niños con un movimiento de
cabeza casi imperceptible.
Draco sonrió y Harry recordó por qué valía la pena pasar por una situación tan embarazosa
como aquella. Y además, Draco tenía razón, la cosa estaba yendo bien. James parecía menos
a la defensiva y Cassandra estaba absorta en un acalorado debate con Lily sobre el repertorio
del coro del profesor Flitwick, que al parecer ambas consideraban un poco pasado de moda.
Para el plato principal también era posible elegir. Había estofado de cerdo con salsa de
manzana y chuletas de cordero con salsa de menta. Harry se preguntó, no por primera vez,
cuánta comida tirarían los Malfoy al día, aunque también sabía que cuando comían ellos solos
sus platos eran más sencillos. Ser tan rico… Él tenía dinero, pero ya no le quedaría ni un knut
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si mantuviera el tren de vida de los Malfoy. ¿Se acostumbraría a ello? ¿Tendría que ir ahora a
las fiestas pijas de los sangrepuras? Draco y él habrían de encontrar un término medio en el
que ambos se sintieran cómodos.
Tras el postre, los niños desaparecieron. Harry sabía que no tenía sentido forzar las cosas. Sus
respectivos hijos ya les habían visto juntos, James ya había ido por primera vez a Malfoy manor,
Todo lo demás ya iría saliendo de manera natural.
Antes de dejarse ver abiertamente en público y dar comienzo a la vorágine de la prensa, Draco
quería contárselo a Pansy y a Blaise en persona. A Greg se lo había dicho a los pocos días de
volver, pidiéndole que le guardara el secreto. Greg, que ya se había acostumbrado a que
fueran amigos, no reaccionó de ninguna manera en especial, aunque a Draco le costó un poco
convencerlo de que eso no significaba que ahora los aurores nunca los perseguirían si
infringían la ley.
Pansy y Blaise iban a ser mucho más difíciles, por supuesto. Draco fue primero a hablar con
Blaise, que estaba en su casa, disfrutando de sus vacaciones.
-Es bastante mejor que ser un paria, puedo asegurártelo –dijo, complacido.
-No, ambiciono la gloria de salir en un cromo de las ranas de chocolate –bromeó, sólo que
muy, muy, muy en el fondo no era una broma.
Blaise rió entre dientes mientras iba con él al jardín y luego le pidió a su elfo que les llevara
limonada fresca a los dos. Era un rincón apacible presidido por un olmo precioso. Draco
saboreó su bebida durante unos segundos antes de dejar el vaso sobre la mesa.
-Hay algo que quería contarte, Blaise, y la verdad es que esperaba que me ayudaras a contener
la ira de Pansy.
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-Liarme con Harry Potter.
No sabía qué reacción esperar, pero después de un segundo de estupefacción, Blaise rompió
a reír. Draco aguantó pacientemente, sabiendo que era lo mínimo que iba a tener que
soportar, contento en realidad de que sólo fuera eso.
Draco había intentado decidir en qué momento se había enamorado de Harry, pero
empezaba a sospechar que no había habido un instante concreto, que simplemente se había
ido introduciendo en su vida hasta hacérsele tan necesario como el aire que respiraba.
-Yo empecé a gustarle a Harry antes del verano anterior. Cosa totalmente comprensible –
añadió.
-Tienes razón. Oye, si con Potter eres feliz… Cosas más raras se han visto, así que me alegro
por ti. Y puedes contar conmigo para lidiar con nuestra dulce Pansy.
Draco supo con absoluta certeza que si le hubiera contado aquello a Blaise antes de todo
aquel asunto con el veneno, su reacción hu