Capítulo 2
Capítulo 2
© Jorge Espínola
IGLESIA MÁS QUE VENCEDORES
1
SOBRE EN DEFENSA DE LA FE…
El autor:
2
CONTENIDO
CONTENIDO....................................................................................................................3
INTRODUCCIÓN.............................................................................................................4
LA CUESTIÓN DE DIOS................................................................................................5
¿Existe Dios?....................................................................................................................6
MATANDO A DIOS.....................................................................................................126
BIBLIOGRAFÍA...........................................................................................................169
3
INTRODUCCIÓN
4
LA
CUESTIÓN
DE DIOS
5
¿Existe Dios?
¿Existe Dios? ¡Qué pregunta! Ante la cuestión de la existencia de Dios ningún
cristiano debería ser ambiguo en su respuesta (¡mucho menos en su creencia!), puesto que
todo el contenido de su fe pende de su existencia. Si Dios no existe, tanto la vida como las
enseñanzas de Jesús son –en última instancia– mentiras insignificantes y sin trascendencia
alguna; y la Biblia se reduciría a un mero libro de bonitas fantasías que es interesante solo
debido a su “buena literatura” y, quizás, su buena filosofía. ¡Pero eso sería todo! El
cristianismo, a final de cuentas, estaría acabado si es que Dios no existe.
6
aspectos más universales y prácticos como la ética enseñada por Cristo, las cuales son
atractivas para casi todo el mundo. Pannenberg añade: “La presencia de Dios en él es lo
único que otorga validez universal a la figura de Jesús. Ni siquiera la idea del amor
incondicionado puede basarse en sí misma. Sin la idea de Dios de Jesús, el mensaje del
amor al prójimo, amigo y enemigo puede parecer muy fácilmente una exigencia exagerada
y desproporcionada”.2 El escritor Timothy Keller preguntó correctamente: “¿Cómo creer
en el cristianismo si ni siquiera sabemos si Dios en verdad existe?”.3
Volviendo a la pregunta “¿Existe Dios?”, todavía tenemos mucho que decir. Quizá
esta sea la pregunta más fundamental del ser humano incluso fuera de la atmósfera
religiosa, y la historia demuestra que siempre lo fue. Su respuesta ha moldeado culturas y a
partir de allí se han estructurado múltiples formas de pensamiento e indagación filosófica.
En palabras del profesor Pannenberg, “hablar de Dios significa hablar del origen creador
de todo lo real”; y si hacemos referencia al “origen” de toda la existencia, es imposible
restarle importancia. De hecho, el desarrollo del pensamiento filosófico se relacionó
inevitablemente con la idea de Dios, y es una realidad que “los comienzos de la filosofía
estuvieron estrechamente ligados a la religión”, 5 ya sea para criticar las afirmaciones
religiosas o validarlas. Es por ello que todos los filósofos clásicos –y aún los campos
actuales de la filosofía– hicieron referencia a Dios de alguna u otra manera, y el eco se
sigue escuchando hasta el día de hoy. Es difícil, por tanto, encontrar a algún pensador
referente que haya ignorado la idea de Dios. El filósofo Friedrich Hegel incluso señaló que
“decir que no deba realizarse el recorrido del mundo a Dios, de lo finito a lo Infinito, es
decir que no se debe pensar.6
2
(Pannenberg, La fe de los apóstoles, 1974, págs. 28-29.)
3
(Keller, ¿Es razonable creer en Dios?, 2017, pág. 142.)
4
(Geisler & Brooks, Apologética: Herramientas valiosas para la defensa de la fe [Originalmente bajo el
nombre "Cuando los escépticos pregunten", 1997, pág. 17.)
5
(Pannenberg, Una Historia de la Filosofía desde la idea de Dios, 2016, págs. 11-15.)
6
Hegel, I., G.W.F., Enciclopedia de las ciencias filosóficas, parágrafo 50., extraído de Gonzáles, 2008, pág.
15.
7
Ángel Luis Gonzáles, quien posee un doctorado en filosofía y se desempeña como
escritor de estos temas, dice:
Es así que nadie puede escapar de la cuestión de Dios. Sobre todo, cuando sabemos
que el hombre siempre se ha conocido como “un buscador de lo absoluto”, y algunos se
atreven a decir que precisamente esa búsqueda hace que sean verdaderamente humanos.
Incluso aquellos que niegan que existan verdades absolutas siguen siendo presos de ellas;
como bien lo dijo un filósofo y psiquiatra alemán: “Si suprimo algo que es absoluto para
mí, automáticamente otro absoluto ocupa su puesto”. 8 Asimismo, Immanuel Kant, el
emblemático filósofo alemán, señaló que, aunque el concepto de Dios sea difícilmente
alcanzable, sigue siendo el más inevitable de la razón especulativa humana. 9 También
Tomás de Aquino, el teólogo y filósofo cristiano del siglo XIII, dijo que la razón de todo el
aspecto intelectual humano se llama “felicidad” o “bienaventuranza”; pues eso es lo que
desea como fin último; y dicha bienaventuranza se trata de conocer a Dios. 10 Todo esto es
así porque el sentido y el valor de toda verdad debe tener su fundamento en algo más
primario, y el espíritu humano no se tranquiliza hasta reposar en esa verdad suma a la que
llaman “Dios”.11 Esta búsqueda incansable será satisfecha solo mediante lleguemos a dicho
conocimiento. Como lo dijo Agustín de Hipona: “Nos hiciste, Señor, para Ti, y nuestro
corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”.12
7
(Gonzáles, 2008, pág. 16.)
8
Karl Theodor Jaspers en Jaspers, K., Filosofía, I, p. 358 citado en Ibíd.
9
Kant, I., Reflexión, n° 6.282, en AK, XVIII, 548, citado en Ibíd.
10
Santo Tomás, Summa contra gentiles, III, 25, citado en Ibíd.
11
Cf. Fabro, C., Dios. Introducción al problema teológico, Madrid 1961, p. 147.
12
San Agustín, Cofesiones, I, 1. También en (Agustín, 2017).
8
consistir en cómo estar relacionado apropiadamente con ese ser, del cual dependemos
momento a momento para nuestra existencia.13
El escritor cristiano Rice Broocks dice que, así como un compositor de alguna
buena música espera el debido reconocimiento por su composición, de modo que
entendiblemente se molestaría si fuera excluido de su buena, ¡cuánto más en el caso del
Creador de todo lo que existe! Obviamente es inconcebible comparar una obra musical con
la inmensidad de todo el universo, de manera que sería una verdadera tragedia y el sumo
de la indiferencia obviar la posibilidad de un Dios presente tras nuestra misma existencia.
Broocks dice:
El apologista cristiano William L. Craig explica las tremendas diferencias que hará
la respuesta a la pregunta de la existencia de Dios. Específicamente, él enumera tres
razones por las que la existencia o no existencia de Dios hará la diferencia:17
13
(Craig, ¿Existe Dios?, s.f.)
14
Mortimer Alder, The Grat Ideas A Syntopicon of Great Books of the Western World [Las grandes ideas,
temario de los grandes libros del mundo occidental]. Chicago, Encyclopedia Britannica, 1952, pág. 53.
15
(Craig, ¿Existe Dios?, s.f.)
16
(Broocks, 2014, pág. 18.)
17
Ibíd.
9
Dios le da sentido a la vida
Si Dios no existe, la vida perdería su sentido más vital. Solo piensa lo siguiente: Si
tu vida está condenada a terminar con la muerte, entonces al final no importa cómo vives.
Al final, no hace ninguna diferencia última si exististe o no. Quizá su vida podría tener un
significado relativo que usted mismo se haya asignado; pero solo es eso, relativo y no
absoluto. Por eso, alguien que crea que su vida tiene sentido y alguien que crea que no
tiene sentido y que por eso desea dejar de existir o no haber existido nunca son, a final de
cuesta, pensamientos equivalentes. Posiblemente alguien esté satisfecho en que fue una
gran influencia para otros o en que tuvo un gran efecto en el curso de la historia, pero al
final, la humanidad está condenada a perecer en la muerte caliente del universo. Al final no
hace diferencia alguna quién sea usted o qué hizo, pues todo pasará. Tu vida no tiene
ninguna importancia.
Por lo tanto, las contribuciones del científico al avance del conocimiento humano,
las investigaciones del doctor para aliviar el dolor y el sufrimiento, los esfuerzos del
diplomático por afianzar la paz en el mundo, los sacrificios de hombres buenos en todo
lugar para mejorar la condición de la raza humana: todo esto al final llega a la nada. Por lo
tanto, si el ateísmo es verdadero y la proposición “Dios no existe” es verdadera, entonces
la vida al final no tiene significado.
Dios da esperanza
Si Dios no existe, entonces al final debemos vivir sin esperanza. Si no hay Dios,
entonces, al final, no hay ninguna esperanza para la liberación de los defectos que resultan
de nuestra existencia finita.
Por ejemplo, no hay esperanza de que seamos librados de la maldad. A pesar de que
muchas personas hacen la pregunta de cómo Dios pudo crear un mundo existe tanta
maldad, hasta ahora la mayoría de los sufrimientos en el mundo se debe a la propia
inhumanidad del hombre. El horror de las dos guerras mundiales durante el siglo pasado
efectivamente destruyó el optimismo ingenuo del siglo XIX. ¿Quién podría tener fe en el
progreso humano nuevamente? Si Dios no existe, entonces estamos atrapados sin
esperanza en un mundo lleno de sufrimientos injustificados y sin redención, y no hay
esperanza de que seamos librados de todo esto.
10
Insistimos, si no hay Dios, no hay esperanza de que seamos librados del
envejecimiento, de la enfermedad y de la muerte. O peor aún, quizás seamos víctimas de
terribles sufrimientos que asechan y caen sobre cualquiera sin aviso alguno. Aunque pueda
ser difícil para usted contemplar todo esto siendo estudiante universitario, joven o quien
quiera que seas, el grave hecho es que a menos que mueras a una edad joven, algún día
serás un hombre viejo o una mujer vieja, luchando una batalla a perder con el
envejecimiento, luchando contra el avance inevitable de la deterioración, de la enfermedad,
quizás de la senilidad. Y final e inevitablemente vas a morir. No hay vida más allá de la
tumba. Por lo tanto, la vida en este matadero que llamamos universo –en donde Dios está
ausente– es una vida sin esperanza. O, dicho de otro modo, el ateísmo es una filosofía sin
esperanza.
Por otro lado, si Dios existe, entonces no sólo hay significado y esperanza, sino que
también existe la posibilidad de llegar a conocer personalmente a Dios y Su amor.
¡Pensemos sobre esto! ¡Qué el Dios infinito te deba amar y quiera ser tu amigo personal!
¡Este sería el estatus más alto que un ser humano podría disfrutar! Claramente, si Dios
existe, no solo hace una tremenda diferencia para la humanidad en general, sino que
también podría hacer una diferencia que cambie la vida de manera más personal.
Ahora, ciertamente nada de esto muestra que Dios existe. Pero sí muestra que hace
una tremenda diferencia si Dios existe. Por lo tanto, incluso si la evidencia a favor y en
contra de la existencia de Dios fuese absolutamente igual, la cosa racional a hacer, es de
creer en Él. Es decir, es obviamente irracional, cuando la evidencia es igual, preferir la
muerte, futilidad y desesperación sobre la esperanza, el significado y la felicidad. Sin
embargo, afortunadamente la evidencia en contra y a favor de Dios no pesan lo mismo en
la balanza; sino que como veremos en nuestro estudio, existen buenas razones para creer
en Dios.
¿Existe Dios? Como viajantes a lo largo del camino de la vida, es nuestra meta de
hacer sentido de las cosas, el tratar de entender el mundo y la realidad que nos rodea. Y
como hemos señalado, la afirmación “Dios sí existe” le da sentido a una amplia gama de
hechos de nuestra experiencia.18 Dios no es un tema superado, para muchos sigue siendo
18
Ibíd.
11
no solo un problema a tratar, sino “el problema de problemas” o “el problema esencial del
hombre”.19 Y este es un problema que todos deben enfrentar. Decir lo contrario, o evitarlo,
dejándolo discretamente de lado, es, sencillamente, mera palabrería e indiferencia. 20 Por
eso insistimos en las preguntas: “¿Realmente existe Dios? Si es así, ¿quién es Él?, o
¿cuáles son las pruebas de su existencia? No hay preguntas más importantes o profundas
que éstas. Todo nuestro punto de vista del mundo y de la vida depende de las respuestas a
estas interrogantes”.21
19
(Brentano, 1979, págs. 53-62.)
20
Cf. (Gonzáles, 2008, págs. 16-17.)
21
(Hoff & Miranda, 1997, pág. 11.)
12
¿Cómo podemos conocer a Dios?
Antes de adentrarnos a los temas tocantes a la existencia de Dios y a las evidencias
propiamente dichas, primero debemos entender cómo es que el ser humano tiene “acceso”
a dicho conocimiento. ¿Puede el ser humano conocer a Dios? Y si puede, ¿cómo llega a
conocerlo? De hecho, son estas las preguntas iniciales que hacen a la teología cristiana, ya
que se sostiene que “nadie podría conocer a Dios a menos que Él se haya revelado”.
22
(MacArthur, Cómo obtener lo máximo de la palabra de Dios, 2003, pág. 11.)
23
Cottrell, 2013, pág. 47.
24
El agnosticismo (del griego antiguo α- [a-], ‘sin’; y γνώσις [gnōsis], ‘conocimiento’) es la postura que
considera que ciertas afirmaciones —especialmente las referidas a la existencia o inexistencia de Dios— son
desconocidos o inherentemente incognoscibles.
25
(Sproul, Todos Somos Teólogos: Una Introducción a la Teología Sistemática, 2015, pág. 24.)
13
La palabra “revelación” deriva del latín revelatio, que significa develar o quitar el
velo, y describe la acción mediante el cual algo que estaba oculto tras un velo es develado
y, por consiguiente, descubierto y conocido. 26 Según el termino griego para revelación
(apokalupsis), se podría entender que Dios se ha revelado a la raza humana y este
grandioso hecho hace que sea posible conocer a Dios27 y, en efecto, hablar en favor de su
“existencia”, ya que contamos con indicios que fue dejando en el transcurso de toda la
historia.
Esta magnífica verdad no está oculta en la Biblia, sino que es enfatizada en muchas
ocasiones. Por ejemplo, en 1 Corintios 1:19-21 leemos que Dios no puede ser conocido
mediante sabiduría humana; y que no existe sabio, erudito o filósofo que pueda hallarlo
fuera del medio que Él ha establecido para hacerlo. Así también, leyendo 1 Corintios 2:7-
10 entendemos que Dios decidió revelarse bajo sus propios medios y fue Su Espíritu quien
lo ha hecho, porque solo Él conoce las profundidades de su propia divinidad.29
14
Ahora bien, hasta esta parte hemos dicho que es absolutamente necesaria una
“revelación” de Dios para que sea posible “conocerlo”. Es decir, el conocimiento de Dios
procede del conocimiento de su revelación. Sin revelación no hay conocimiento. También
se ha dicho que Dios sí se ha revelado y, por lo tanto, es posible que lo conozcamos. Pero,
¿en qué consiste dicha revelación? ¿Cómo se ha revelado Dios a fin de permitir que sea
conocido? ¿Mediante cuál revelación podemos inferir que Dios existe?
Revelación natural
En primer lugar –dicen los teólogos– existe una revelación natural que proporciona
suficiente conocimiento de Dios a todo ser humano que es honesto a la evidencia y a la
verdad. Y esto no es nada nuevo, ya que a través de todas las edades y culturas la
humanidad siempre insistió en que debe existir algo más que el mundo físico visible.
Continuamente han visto evidencia de esto en el solo hecho de observar el orden de la
naturaleza. El salmista habló de esto al decir: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el
firmamento anuncia las obra de sus manos” (Sal. 19.1).30 Según el salmista, con tan solo
mirar los cielos es posible notar la presencia de un Dios Creador.
Pero las señales de Dios no solo se encuentran allá afuera [en el exterior], sino que
también se encuentran en el interior del hombre [interior]. Eclesiastés 3:11 dice que Dios
creó todo de forma hermosa y “sembró eternidad en el corazón humano”; y el apóstol
Pablo dice que existe una ley moral dentro del ser humano que los expone ante Dios desde
su misma conciencia (Rom. 2:15). Esto significa que Dios se ha revelado tanto fuera como
dentro del ser humano y nadie está excluido de dicha revelación, puesto que es “natural” y
30
Ibíd., pág. 30.
15
propio de la naturaleza humana misma y de la naturaleza de su alrededor. Pablo incluso
llega a decir que es debido a esta revelación natural que el ser humano no tiene excusa
alguna ante Dios (Rom. 1:20).
Revelación especial
31
Stott, Integridad evangélica, 2011, pág. 42.
32
L. Gonzáles & Maldonado Pérez , 2003, pág. 34.
33
Cottrell, 2013, pág. 51.
16
El pastor y teólogo John MacArthur resalta el valor de la revelación especial como
sigue:
En este contexto también debemos aclarar que es muy difícil partir de la revelación
especial para demostrar la existencia de Dios, esto se debe a que en la Escritura misma se
nota que la existencia de Dios se asume naturalmente y no busca convencer a ningún
incrédulo. O bien, desde la revelación especial, la fe no necesariamente nace a partir de un
poder demostrativo. El estudioso bíblico A. B. Davidson dice eso se ve incluso desde el
Antiguo Testamento:
Para hablar de esto los teólogos suelen recurrir a lo escrito por el apóstol Pablo en
Romanos 1. De hecho, la filósofa y apologista cristiana Nancy Pearcey dice que en dicho
34
(MacArthur, Cómo obtener lo máximo de la palabra de Dios, 2003, pág. 22.)
35
(Pearlman, 1992, pág. 23.)
17
capítulo podemos hallar el “manual de instrucción de la apologética de Pablo”. 36 Por lo
tanto, a partir de este manual apostólico podemos extraer una estrategia útil para hablar en
favor de la existencia de Dios.
Pablo dice que todas las personas –en todo lugar y en todo tiempo– tienen acceso a
la evidencia de la existencia de Dios. ¿De qué manera? Por el orden creado: “Por medio de
las cosas hechas”. Esta evidencia es accesible a cualquiera, incluso a aquellos que carecen
de una Biblia para leer o no cuenten con algún misionero cristiano que les hable. 37 Juan
Calvino habló de esto bajo el nombre sensus divinitatis [sentido de la divinidad], el cual
consiste en que “existe dentro de la mente humana, y de hecho por instinto natural, una
conciencia de la divinidad… Un sentido de divinidad que nunca puede borrarse, está
grabado en las mentes de los hombres”.38 Esto significa que el hombre “sabe” que Dios
existe de forma básica39 y no necesita que alguien le convenza.
36
(Pearcey, El hallazgo de la verdad, 2017, pág. 17.)
37
Ibíd., pág. 17.
38
Instituciones 1.3.1, 3, extraído de Lane Craig & Moreland, 2018, págs. 175-176.
39
Ibíd., pág. 176.
40
(Craig, Excursus on Natural Theology (Part 1): Creer en Dios como algo realmente básico, 2015)
18
arcilla o los rasgos reveladores del artista en la pintura que ha realizado. Es
su autorrevelación a nosotros en el orden creado. La teología natural es el
resultado de la reflexión humana sobre el orden creado y sobre la revelación
general de Dios.”41
19
Dios. Como resultado, la mente les quedó en oscuridad y confusión.
Afirmaban ser sabios, pero se convirtieron en completos necios. Y, en lugar
de adorar al Dios inmortal y glorioso, rindieron culto a ídolos que ellos
mismos se hicieron con forma de simples mortales, de aves, de animales de
cuatro patas y reptiles.” (Romanos 1:21-23, NTV)
“Por eso Dios los entregó a los malos deseos de sus corazones, que
conducen a la impureza sexual (…) Por lo tanto, Dios los entregó a pasiones
vergonzosas (…) y en sí mismos recibieron el castigo que merecía su
perversión. Además, como estimaron que no valía la pena tomar en cuenta el
conocimiento de Dios, él a su vez los entregó a la depravación mental, para
que hicieran lo que no debían hacer.” (Romanos 1:24-28, NVI).
Pablo dice que el hombre pecador no solo suprimió las evidencias que Dios dejó de
sí en la revelación general, sino que también lo sustituyeron a Él por otros dioses que ellos
se asignaron. Pablo había dicho que Dios se reveló claramente mediante su creación, pero
el hombre pecador, en vez de glorificarlo a Él, prefirió razonar equivocadamente rindiendo
culto a las “criaturas” antes que al Creador. El ser humano depravado tomó la creación y lo
puso en el lugar del Creador. De manera que, para Pablo, el ser humano caído no solo
suprime la verdad divina, sino que también se entrega a la idolatría.
20
“Todavía hoy Dios da testimonio de sí mismo por medio de la
creación y la conciencia. La racionalidad, la complejidad y la belleza del
mundo, por un lado, y nuestro sentido del bien y del mal, del deber y del
fracaso, por el otro, nos hablan de Dios. Sin embargo, la tragedia es que
hemos suprimido esta verdad a fin de seguir recorriendo nuestro camino
egocéntrico. En consecuencia, somos culpables y no tenemos ninguna
excusa (Romanos 1:20; 2:1).”44
Pero esto no culmina allí. Los ídolos tienen consecuencias, y el apóstol Pablo
también describe su diagnóstico final, el cual indica la consecuencia de la incredulidad,
obstinación e idolatría humana. Según el apóstol, Dios está constantemente acercándose a
la gente con pruebas evidentes de su existencia en la revelación general; pero los seres
humanos la suprimen constantemente creando ídolos. Mientras por una parte la gente es
consciente de la evidencia del Dios bíblico; por la otra se empeñan en crear dioses
sustitutivos en un intento desesperado de ahogar la evidencia.45
Dios los entrega a las consecuencias que engendran sus ídolos – a mentes
reprobadas o degradadas:
Romanos 1:28 – Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los
entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen.
Dios los entrega a las consecuencias que engendran sus ídolos – una conducta
deshonrosa o depravada:
Romanos 1:28 – Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas no
convienen.
44
Stott, Integridad evangélica, 2011, pág. 42.
45
(Pearcey, El hallazgo de la verdad, 2017, pág. 29.)
21
La transición descrita por Pablo es contundente y, como dicen algunos
comentaristas, destaca con precisión la tragedia humana. Sin Dios, el ser humano se
degrada tanto racional como moralmente. El dios falso que crearon los hizo razonar
erradamente a tal punto de dar explicaciones equivocadas a las cuestiones de la vida. Del
mismo modo que la gente estimó que no valía la pena conocer a Dios, Él también les
entregó a una visión del mundo vana.46 Ellos adoraron vanidades inertes, y en consecuencia
también se volvieron inertes. Salmos 115 dice que los ídolos no hablan, no ven, no oyen,
no huelen, no palpan ni caminan; luego remata diciendo que quienes lo hacen “son iguales
a ellos, como también todos los que confían en ellos” (Sal. 115:8). Así como son sus
pensamientos también son sus hechos, como leemos en Jeremías: “Se fueron tras lo que
nada vale, y en nada se convirtieron” (Jer. 2:5, NVI).
Está claro, pues, que la revelación general de Dios es tan evidente que solo un necio
podría persistir en negarlo. Quizás por eso el salmista decía: “Dice el necio en su corazón:
No hay Dios” (14:1). Y una vez que establece que no hay Dios, eso da pie a su total
corrupción: “Ellos son corruptos y sus acciones son malas; ¡no hay ni uno solo que haga
lo bueno!” (v. 1, NTV).
46
Ibíd., pág. 30.
22
¿Se puede mostrar que Dios existe?
Si hablamos de Dios en términos de tratar de argumentar a favor de su existencia,
entonces deberíamos hablar también de apologética cristiana. El término en sí es el
resultado de la combinación de dos palabras griegas: apo (“atrás, desde”) y logos
(“palabra, racionalidad”), por lo que denota la idea de “dar una palabra de regreso o
responder” en defensa.47 El teólogo R. C. Sproul dice que el vocablo indica “una
declaración razonada o una defensa verbal”, el cual trata de “defender y argumentar a favor
de un punto de vista en particular”. 48 Pero en términos un poco más sencillos, se podría
decir que la apologética cristiana consiste en la defensa de la fe desde la perspectiva
racional. De hecho, esa es su definición más popular. Sin embargo, muchos escépticos –
incluso creyentes mismos– tienen serios problemas con la idea de “racionalidad”.
Sin embargo, no hay razones para pensar que la visión fideísta sea correcta, mucho
menos si partimos por la idea de que creer en Dios y ser cristiano es algo racional. Cuando
asumimos que la fe cristiana es racional, no estamos diciendo que la fe como tal es
innecesaria, sino que ella es coherente, lógica y va en armonía con la realidad. Cuando
decimos que la fe cristiana es racional, decimos que la creencia en Dios tiene justificación
convincente para cualquier persona pensante y bien informada. Creemos en Dios y en
47
Bahnsen, 2013, pág. 1.
48
(Sproul, Cómo defender su fe, 2003, pág. 13.)
49
Gonzáles, 2008, pág. 37.
23
Cristo, no mediante ideas abstractas que carecen de credibilidad, sino porque tenemos
muchas razones para hacerlo. El Dr. Sproul nos dice, además, que la fe en Dios no es
sinónimo de credulidad o superstición.50 El crédulo cree de tal modo que puede ser
convencido por cualquier idea sin sentido; pero el creyente en Dios cree porque existe una
verdad ante él, la cual debe aceptar coherentemente luego de una adecuada reflexión.
El teólogo y escritor anglicano John Stott dice: “La entrega sin reflexión es
fanatismo en acción”.51 Es decir, creer sencillamente por creer es lo que popularmente
conocemos como “fanatismo religioso”. Si Dios es el creador de la mente humana,
difícilmente deberíamos esperar que Él desea que no la usemos en los asuntos que le
conciernen. De hecho, Stott dice que el Creador se ha comunicado con el ser humano de
una forma en que no lo hace con los animales; de modo que “el Creador espera que el ser
humano colabore con él, de manera consciente e inteligente”.52
Por otro lado, quienes usualmente niegan que sea posible argumentar
convincentemente a favor de la existencia de Dios, ignoran la realidad de la revelación
natural y la teología natural que se construye a partir de ella. Como hemos visto, el apóstol
Pablo –junto con otros pasajes bíblicos– nos dicen que Dios se ha revelado de tal modo que
es posible hablar de su existencia partiendo de la naturaleza de su creación. Si este es el
caso, ¿por qué entonces no tomar la evidencia disponible y mostrar que Dios existe?
Algunos dirán que no sería fructífero, ya que como Pablo mismo señaló en Romanos 1, el
ser humano depravado toma la revelación natural y las interpreta según su razonamiento
corrompido. Sin embargo, esto no debe entenderse excesivamente.
Es verdad. La caída ha dañado todas las facultades del ser humano, incluida su
mente. Pero afirmar que la depravación humana ha oscurecido completamente la mente y
el intelecto humano de tal modo que es incapaz de conocer la verdad es una completa
exageración. Como bien señala el Dr. Craig, “la caída trajo perversión a las facultades
humanas, pero no destruyó esas facultades. Las habilidades del razonamiento humano han
sido afectadas, pero no eliminadas”. 53 Incluso en la narración bíblica se puede ver que Dios
se sigue comunicando con el ser humano caído apelando a la luz que es capaz de
reconocer. Los predicadores bíblicos, asimismo, constantemente apelaban a las mentes de
50
(Sproul, Cómo defender su fe, 2003, pág. 20.)
51
(Stott, Creer es también pensar, 2004, pág. 9.)
52
Ibíd., págs. 18-19.
53
(Craig & Moreland, Fundamentos Filosóficos para una cosmovisión Cristiana, 2018, pág. 20.)
24
sus oyentes incrédulos citando evidencias y llamando a una correcta reflexión, y esto lo
hacían a medida que construían su caso a favor del evangelio que predicaban. 54 Cuando
Dios habla, no se percibe palabras sin sentido en un lenguaje absurdo a la mente humana,
sino que es reconocible. En Isaías 8:18 se lee: “Venid ahora, y razonemos –dice el Señor–”
(LBLA).
Cuando hablamos de fe por un lado y razón por el otro, el error común consiste en
dar demasiado énfasis a uno de estos elementos. Exaltar la fe por encima de la razón se
conoce como fideísmo, el cual desprecia cualquier evidencia o garantía racional para la
existencia de Dios. En el otro extremo se encuentra el llamado racionalismo teológico [o
evidencialismo], que desde su punto de vista postula que una creencia religiosa –o la
creencia en Dios en este caso– debe indefectiblemente contar con evidencia de respaldo, de
lo contrario no estaría justificada y, por consiguiente, sería falsa. 55 Estos son los dos
extremos.
Pues bien, cuando decimos que “tener fe” o “creer en Dios” es racional, solo
estamos diciendo que, además de la fe que tenemos gracias a revelación de Dios, también
es posible demostrarla mediante evidencias, las cuales toman el papel de una segunda
garantía. ¡Esta es la visión equilibrada!
25
no puede ser de la fe, y cualquier cosa que provenga de la fe no debería tener relación con
la razón. Pero según la visión bíblica, tener fe consiste en (1) entender las afirmaciones
cristianas [noticia], (2) asentirlas en acuerdo a ellas [assensus], (3) y confiar en ellas en
entrega y dependencia [fiducia].56 Note cómo tanto la fe y el intelecto operan en conjunto
sin provocar algún tipo de exclusión. En la Escritura, la fe involucra poner confianza en lo
que tienes razones para creer que es verdadero. La fe no es ciega; no es un salto irracional
al abismo.57
A todo esto, Craig añade: “Decir que la fe cristiana es razonable en este sentido es
decir que creer en el Dios de la Biblia es una cosa racional para una persona hacer. Tomar
el paso de fe es un paso razonable para una persona inteligente e informada”. 58 Por eso,
cuando leemos en Hebreos 11:6 que “sin fe es imposible agradar a Dios” y que “todo el
que desee acercarse a Dios debe creer que él existe y que él recompensa a los que lo
buscan con sinceridad” (NTV), debemos notar que la problemática del incrédulo no
consiste en que no procura ser un crédulo irracional, sino que aunque hay muchas razones
para crea en Dios, en su corazón no hay una “búsqueda sincera”; una problemática que la
solo el Espíritu Santo puede lidiar, pero las evidencias siguen en la mesa.
26
Con la experiencia inmediata del Espíritu Santo, el creyente está capacitado para
creer en la verdad cristiana incluso cuando no está capacitado en conocimientos y
argumentos apologéticos. Quizá desconozca los argumentos a favor de la Biblia, la
existencia de Dios y la resurrección de Cristo, pero eso no daña la convicción que
corresponde al obrar del Espíritu Santo según las mismas palabras de Jesús: “[El Espíritu
Santo] convencerá al mundo” (Jn. 16:8); “[El Espíritu Santo] os guiará a toda verdad” (Jn.
16:13). Es así que el creyente “sabe” que su fe es verdadera, ya que el testimonio del
Espíritu Santo es su primera justificación.
Pero también existe una segunda justificación, que son las evidencias, y las cuales
sirven para mostrar que nuestra fe cuenta con respaldos racionales. Mediante el obrar
interno del Espíritu Santo podemos saber que nuestra fe es verdadera, y mediante la razón,
la argumentación y la evidencia podemos –con la ayuda de Dios– mostrar a otros que se
cuenta con una justificación adicional para creer. Por lo tanto, la tarea de demostrar la
existencia de Dios implica la presentación de argumentos sólidos y persuasivos para las
afirmaciones de nuestra fe. Con esto, el creyente puede hacer algo más por el incrédulo
que solo invitarlo a creer por creer.
Es así que el Dr. Craig dice: “Sostengo que el argumento y la evidencia juegan un
papel esencial cuando mostramos que el cristianismo es verdadero, pero un papel (…)
secundario cuando sabemos de manera personal que el cristianismo es verdadero”. 60 Si
bien la argumentación y la evidencia son importantes a la hora de mostrar la validez de
nuestra creencia en Dios, ellas no son el fundamento de la misma, sino solo el obrar de
Dios mediante su revelación y el poder del Espíritu Santo. Sin embargo, esto tampoco
quiere decir que no existe relación alguna entre las evidencias y el Espíritu Santo. Al
respecto, el Dr. Craig dice: “La base apropiada de nuestro saber que el cristianismo es
verdadero es la obra interior del Espíritu Santo y en nuestro mostrar que el cristianismo es
verdadero, es Su papel el abrir los corazones de los no creyentes para asentir y responder
a las razones que presentamos”.61
59
Craig W. L., Rasonable Faith, 2013: [Link]
apologetica-cristiana-quien-la-necesita/
60
(Craig, #29 La Fe y la Duda , s.f.)
61
Ibíd.
27
Espíritu Santo produjo plena convicción de su existencia. Pero al mismo tiempo, también
existe una garantía adicional, donde es posible observar varios indicios de que Dios existe
y que es posible llegar a dicha verdad si se cuentan con ojos para ver y un corazón abierto
para aceptar la evidencia. Pero desafortunadamente el pecado produjo ceguera y un
corazón obstinado, de tal manera que además de una revelación natural, también es
necesaria una revelación especial. Solo así será posible producir plena certidumbre.
A veces, nuestro trabajo apologético y nuestros esfuerzos por mostrar que Dios
existe podría no tener el efecto deseado. Quizá el incrédulo decida seguir permaneciendo
en su obstinación. Pero –por lo menos– nuestra apologética hará notar que el problema no
es intelectual, sino moral. Al final, el problema es el corazón. Pablo habló de esta realidad
cuando dijo: “¿No te das cuenta de lo bondadoso, tolerante y paciente que es Dios contigo?
¿Acaso eso no significa nada para ti? ¿No ves que la bondad de Dios es para guiarte a que
te arrepientas y abandones tu pecado?” (Rom. 2:4, NTV). Luego, Pablo explica la razón de
esto cuando dice: “Mas por causa de tu terquedad y de tu corazón no arrepentido, estás
acumulando ira para ti en el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios” (2:5,
LBLA).
28
Por lo tanto, nuestra esperanza en mostrar que Dios existe depende del obrar del
Espíritu Santo. Sin su intervención, nuestros argumentos serían obsoletos. Sin su obrar,
todavía estaríamos en la abrumadora verdad descrita por Pablo: “no hay quien entienda, no
hay quien busque a Dios” (Rom. 3:11). Cuando Jesús replicaba que tanto Él como su
mensaje provenían de Dios, advirtió: “El que esté dispuesto a hacer la voluntad de Dios
reconocerá si mi enseñanza proviene de Dios o si yo hablo por mi propia cuenta” (Jn. 7:17,
NVI). En otras palabras, Jesús está diciendo contundentemente que si alguien realmente
quiere la voluntad de Dios –verdaderamente busca a Dios– entonces llegará a un verdadero
conocimiento suyo, pues estará abierto a la verdad.62
62
Cf. (Craig, Excursus sobre teología natural (Parte 3): El papel de los argumentos y la evidencia, 2015)
29
LAS
EVIDENCIAS
DE DIOS
30
Dios no está muerto
La negación de la existencia de Dios no es nada nuevo. Quizás esté modernizado,
pero siempre ha existido ese pensamiento. De hecho, la Escritura misma parece indicarnos
que siempre han existido necios que dicen en su corazón “no hay Dios” (Sal. 14:1; 53:1).
También el escritor de Hebreos se vio en la posición de aclarar la necesidad de “creer” que
Dios existe para que nuestro acercamiento a Él tenga sentido (Heb. 11:6). Y de Romanos 1
hemos aprendido que, aunque Dios de indicios de su existencia, el ser humano siempre
persistirá en reprimirlas. Es por eso que tenemos razones para pensar que el ateísmo no es
nada nuevo. El ser humano corrompido siempre ha intentado matar a Dios desde varios
frentes, y en la actualidad el intento por lograrlo solo adopta formas más particulares.
Más tarde, luego del atentado del 11 de septiembre del 2001 (Torres Gemelas), el
mundo vio nacer al Nuevo Ateísmo con su particularidad. Este nuevo movimiento inició
con algunos escritores ateos anglosajones de principios del siglo XXI que propugnan que
“la religión no debería simplemente tolerarse, sino que debe ser contrarrestada, criticada y
expuesta a la argumentación racional dondequiera que se manifieste su influencia”. 3 Según
ellos, lo que ocurrió el 11 de septiembre debería enseñar a la sociedad de que un mundo
secular debería ser lo ideal; y para ello, Dios debe ser eliminado del pensamiento humano.
Es por eso que en sus libros no solo citan algún que otro argumento contra la existencia de
Dios, sino que con mayor fuerza se abocan a demostrar los horrores que la “creencia” en
Dios es capaz de provocar. Para el Nuevo Ateísmo, Dios no solo no existe, sino que el
1
Sobre todo, en países como Francia e Inglaterra. Al parecer, esto se debió a algún tipo de malestar religioso.
2
Overall, Christine (2007). Feminism and Atheism. Tomado de una consulta del 9 de Abril de 2011. In
Martín, 2007, pp. 233-246.
3
Hopper, Simon. “The rise of the New Atheists”. CNN. Archivado desde el original el 8 de abril de 2010.
Vuelto a consultar el 23 de Mayo del 2021.
31
creer en Él resultará siempre en una religión tóxica. Y, por supuesto, el cristianismo se
encuentra en el centro de sus críticas.
Por supuesto que la influencia no se hizo esperar. De hecho, se dice que tal vez una
de las opiniones que más comúnmente sostienen los ateos modernos, que son un poco más
sofisticados, es que, de algún modo, la ciencia ha refutado la idea de Dios. 6 Y también
suelen decir que son los ateos –no los creyentes– quienes han acaparado el campo de la
ciencia y el razonamiento intelectual. Y es precisamente esto lo que vemos y oímos en el
arsenal de sus argumentos. Desde su óptica, existe un abismo entre la creencia en Dios y el
campo intelectual. Los ateos son los sabiondos e intelectualmente modernos, mientras que
los creyentes son los ignorantes y anticuados. Los ateos han madurado mentalmente,
mientras que los creyentes siguen con una mentalidad atrasada. ¡Este discurso lo sabemos
de memoria! Pero, aunque usted no lo crea, el caso no es ese. La realidad es otra.
4
(Craig, Fe Razonable, 2008, pág. 97.)
5
(Strachan, 2020, pág. 7.)
6
(Kennedy, Por qué creo, 1982, pág. 34.)
32
existencia de Dios cobraban más y más fuerza en la élite intelectual del mundo. 7 En otras
palabras, eran los pensadores más prominentes del mundo –y no los ignorantes y
anticuados– quienes afirmaban que existen muchas razones para creer que Dios existe.
Maravillado, Time publicó:
Al respecto, el Dr. Craig dice que los intelectuales “cristianos han estado
destapándose y defendiendo la verdad de la cosmovisión cristiana con argumentos
filosóficamente sofisticados en las mejores revistas científicas y en las comunidades
profesionales”.9 Algunos filósofos opinan diciendo que, previamente, el ateísmo tuvo una
fuerte influencia debido a que, aparentemente, la mayoría de los grandes pensadores eran
ateos; pero hoy, observan ellos, las cosas se han invertido. Son los grandes intelectuales
quienes actualmente defienden el caso de Dios mediante argumentos duros y sofisticados.
Y lo asombroso es que muchos ateos entendidos están admitiendo a regañadientes que es
así. Por ejemplo, un prominente ateo llamado Quentin Smith lamentó aquello que llamó “la
descelularización de la academia”, concluyendo que “Dios no está muerto”, sino que está
“vivo y coleado” en su “fortaleza académica”. Los apologistas cristianos empezaron a
argumentar tan bien a favor de la existencia de Dios que Smith también admite: “En
filosofía, se convirtió, casi de noche a la mañana, académicamente respetable argumentar a
favor del teísmo”.10
7
Cf. (Craig, Fe Razonable, 2008, pág. 97.); también en (Craig, La Revolución en la Filosofía
Angloamericana, s.f.)
8
“Modernizing the Case for God”, Time, Abril 7, 1980, 65-66. Tomado de Ibíd., págs. 97-98.
9
(Craig, La Revolución en la Filosofía Angloamericana, s.f.)
10
Quentin Smith, “The Metaphilosophy of Naturalism”, Philo 4, no. 2 (2001): 3-4. Tomado de Craig, Fe
Razonable, 2008, pág. 98. También citado en (Pearcey, Total Truth, 2004, pág. 58.) y en la edición en
español (Pearcey, Verdad total: Libera el cristianismo de su cautiverio cultural, 2014, pág. 62.)
33
razonamiento y la exploración inteligente de máximos pensadores en sus
campos respectivos.”11
34
última corresponde a la persona de Jesucristo, quien reveló claramente a Dios (Jn. 1.18) y
que con su resurrección demostró ser Hijo de Dios (Rom. 1:4). Y la teología natural se
centra en las dos primeras, y ciertamente –de algún modo– en la última también.
Por otro lado, se debe reconocer que hubo un avivamiento en los ambientes
académicos en cuanto a la cuestión de Dios. La teología natural que fue muy popular en la
edad media13 está volviendo a ser de interés para los pensadores actuales. 14 Esto se debe no
solo a aspectos filosóficos, sino a los más recientes avances de la ciencia moderna. La
suma de todos estos descubrimientos –dicen los entendidos– podrían acercar a cualquiera a
lo que la Biblia siempre mantuvo desde hace siglos. Como dice Mark Clark: “Entonces,
¿hay evidencias de su existencia? La ciencia moderna y la filosofía dicen
abrumadoramente que sí”.15 Después de todo, si Dios es dueño y Señor de la mente
humana, el razonamiento lógico y la creación, ¿por qué no deberíamos esperar que la
filosofía y la ciencia nos hablen de Él? Si la filosofía nos ayuda a pensar y razonar
adecuadamente y la ciencia nos ayuda a estudiar el cosmos [universo], entonces sería
correcto pensar que ambos son caminos que nos pueden proporcionar conocimiento de
Dios mediante su revelación natural.
Solo pensemos por un momento en el caso de quien alguna vez fue uno de los más
grandes ateos del ámbito intelectual. El filósofo de Oxford Antony Flew no solo fue ateo,
sino un defensor del ateísmo [apologista ateo], camino por donde militó durante más de
medio siglo, pero que finalmente terminó abrazando la creencia en Dios luego de indagar
lo que enseña la filosofía y la ciencia moderna.16 Aunque no fue un hombre que abrazó
precisamente la fe cristiana, sino que permaneció en el deísmo, 17 Felw tuvo que admitir
que tanto la ciencia como la filosofía fueron suficientes para abandonar su ateísmo y
responder a la evidencia disponible a favor de Dios. Este testimonio nos sirve como
ejemplo de que, si se tienen ojos para ver, una mente abierta y un corazón humilde, el
camino a la evidencia nos acercará a Dios más que alejarnos de Él.
13
(Plantinga, Dios, la libertad y el mal, 2020, pág. 85.)
14
(Craig & Moreland, Fundamentos Filosóficos para una cosmovisión Cristiana, 2018, pág. 554.)
15
(Clark, 2018, pág. 44.)
16
Ver el caso de Antony Flew en su libro “Dios existe”.
17
Perspectiva que sostiene la existencia de un Dios creador, pero que no se relaciona con el mundo.
35
El filósofo Alvin Plantinga, quien es visto como uno de los mejores y más famosos
filósofos cristianos, dice que “El mundo intelectual occidental contemporáneo es un campo
de batalla o un ruedo en el cual ruge una lucha por las almas de los hombres”. 18 El Dr.
Craig también nos dice que nuestra generación actual es testigo de “una poderosa lucha por
la conquista de la mente y el alma” de las personas, y los cristianos no deberían ser
“indiferentes a ella”.19 ¡Plantinga y Craig tienen razón! Los cristianos no podemos ignorar
esta batalla en busca de otros frentes, sino afrontarlas y dar testimonio de nuestro Dios
también en esa atmosfera.
Ahora bien, ¿cuáles son estos argumentos? Obviamente, por razones obvias de
logística no podremos hablar apropiadamente de todos los argumentos a favor de la
existencia de Dios. No obstante, podemos presentar algunos de los más conocidos y
eficaces, que frecuentemente han sido temas de discusión de los grandes pensadores de la
historia. Algunos filósofos han hablado de que existen grupos o clases de argumentos que
señalan a Dios. A continuación, citamos tres grandes grupos de los que desarrollaremos:
36
Argumento antropológico: Como su nombre lo indica, esta explicación abandona
el universo observable por los humanos para centrarse precisamente en ellos. El ser
humano es alguien con personalidad, consciencia, que tiene capacidad de razonar
con lógica y coherencia, que además intuye moralidad. ¿De dónde proviene todo
esto? Pues, como veremos, la mejor explicación de esta singularidad humana
también se encuentra en Dios.
37
La evidencia del universo
Si Pablo nos dice en Romanos 1 que Dios puede ser conocido por medio de las
cosas que Él creó, entonces deberíamos esperar que la simple existencia del universo
exhiba señales de su creador. De hecho, todo argumento que toma la existencia del
universo como punto de partida es conocido como uno más del argumento cosmológico
[cosmos significa universo]. El Dr. Craig, que precisamente es un gran defensor de este
tipo de argumentos, dice que el argumento cosmológico comprende una gran familia de
argumentos de este tipo.22
La ley de la causalidad
Como notarán, el fuerte del argumento cosmológico se trata de la causalidad,
específicamente de la causa del universo, el cual debería ser Dios. Norman Geisler dice
que “la idea básica de este argumento es que, así como hay un universo, este debió ser
causado por algo más allá de él mismo. Esto se basa en la ley de la causalidad, la cual dice
que todo objeto finito es causado por otro diferente a él”. 24 Por lo tanto, el argumento
cosmológico se trata del argumento del “comienzo del universo” 25 y en el “principio de
causalidad”, el cual se encuentra en el centro mismo de dicho argumento.
22
(Craig, Fe Razonable, 2008, pág. 100.)
23
Ibíd., págs. 115-116.
24
(Geisler & Brooks, Apologética: Herramientas valiosas para la defensa de la fe [Originalmente bajo el
nombre "Cuando los escépticos pregunten", 1997, pág. 18.)
25
(Geisler & Turek, No basta mi fe para ser ateo, 2019, pág. 87.)
38
El principio de causalidad es sencillamente el resultado de la relación de causa y
efecto. Como todos sabrán, “toda causa tiene un efecto y todo efecto requiere una causa”.
Y esto no debería ser complejo y escandaloso, sino que dicho principio es algo básico para
toda ciencia. El teólogo y apologista R. C. Sproul dice que este principio es muy
importante para la fe cristiana a la hora de argumentar a favor de Dios, puesto que
“razonando a partir de la aparición de este mundo [como un gran efecto] hasta hallar una
causa adecuada o suficiente, tanto los cristianos como personas de otras creencias
religiosas procuran mostrar la gran plausibilidad de que la primera causa es Dios”.
Aristóteles argumentaba que la existencia de un ser supremo era necesaria simplemente
debido a que los acontecimientos exigen una causa, y es necesaria que haya una (primera)
causa no causada para que el mundo tenga sentido. 26 En otras palabras, a final de cuentas,
el principio de causalidad es un poderoso argumento a favor de Dios.
Obviamente, un argumento a favor de Dios tan fuerte como este no podría librarse
de detractores, sino que históricamente el principio de causalidad tuvo que soportar varios
ataques “filosóficos”. Tomemos como ejemplo el testimonio del emblemático ateo
Bertrand Russell (1872–1970), quien en su libro “Por qué no soy cristiano” 27 comenta que
siempre se sintió profundamente impresionado con el argumento de la existencia de Dios a
partir de la ley de causalidad, hasta que se topó con los escritos de un filósofo llamado
John Stuart Mill (1806–1873). Según el razonamiento de Mill, la naturaleza debería poseer
en sí misma un elemento permanente de no causalidad: “en lo que respecta a cualquier
cosa que pueda concluirse de la experiencia humana, la fuerza tiene todos los atributos de
una cosa eterna y no creada”.28 Fue precisamente esa creencia que llevó a Mill a afirmar
también que: “Si todo tiene que tener una causa, entonces Dios tiene que tener una
causa”.29
39
Russell, por lo tanto, defender la existencia de Dios sobre la base de la causalidad es
cometer una enorme falacia.30
Sin embargo, a veces los grandes filósofos como Russell y Mill también son presas
de grandes torpezas (aunque suene duro). Si observamos con atención, Mill comete un
error clave y desafortunadamente Russell también cayó en el mismo hoyo. El error de
ambos consiste en dar una definición errada de lo que el principio de causalidad es. Ambos
asumieron que el principio de casualidad dice que “todo tiene que tener una causa”. Si esa
fuera la definición correcta, entonces por supuesto que tanto Mill como Russell estarían en
lo correcto en cuanto a su crítica. Pero la ley de la causalidad no dice que absolutamente
todo tiene una causa, sino solamente que los “efectos” requieren de causalidad. Por
ejemplo, si hablamos de Dios –que por definición es un ser eterno, autoexistente, sin
principio ni fin– entonces el principio de causalidad no podría ser aplicado a Él. Dios no es
el efecto de algo, por lo tanto, no requiere de una causa. Dios es independiente en cuanto a
su existencia.
Principio de Causalidad:
Por eso se debe enfatizar que la causalidad es el principio que establece que “todo
efecto (por definición) debe tener una causa”. No nos dice que todo tiene una causa, sino
solo aquellas que son el “efecto” de algo. Cuando pensamos en algo que es un efecto,
entonces inmediatamente debemos pensar en una causa; y cuando pensamos en una causa,
inmediatamente buscamos su efecto. Por eso, como dice Sproul, “una causa no puede ser
una causa sin un efecto. De modo que todas las causas tienen efectos y todos los efectos
tienen causa”. Entonces la cuestión en la discusión se trata, en realidad, de identificar si el
universo en particular puede definirse como un “gran efecto” o no. 31 Si lo fuera, entonces
su necesaria causa sería innegable. Lo interesante del asunto es que ningún ateo, por más
de que se esfuerce, será capaz de encontrar algo dentro del universo que exista por sí
mismo. Quizá deje la pregunta abierta diciendo que “posiblemente” haya algo, pero eso lo
acerca más a la mera fe que a la evidencia. El Dr. Sproul concluye diciendo que “la
definición mal interpretada de la ley de la causalidad (“todo tiene que tener una causa” en
30
Ibíd., págs. 3-4, comentado también en (Sproul, Cómo defender su fe, 2003, pág. 51.)
31
Cf. Sproul, Cómo defender su fe, 2003, pág. 52.
40
lugar de la correcta: “Todo efecto tiene que tener una causa”) es solo una razón de por qué
tanta duda se ha amontonado contra esa ley.32
Otro popular objetor del principio de causalidad fue el famoso filósofo escocés
David Hume (1711–1776). Si por alguna razón llegas a discutir sobre este punto con un
ateo o escéptico un poco más sofisticado, posiblemente te hable de esta crítica, puesto que
Hume es usualmente citado como aquel que “destruyó” el principio de causalidad. Pero si
se leyera con atención la supuesta crítica de Hume, se entendería que no solo no destruyó
el principio de causalidad, sino que ni siquiera fue su intención hacerlo, cosa que él mismo
admite. Por eso Sproul nos dice que muchos, “cuyos deseos ateístas han sido demostrar
que Dios no existe, usan la crítica de Hume (erróneamente) para probar su caso. Contrario
a la opinión popular, sin embargo, Hume no destruyó la ley de causalidad”.33
Entonces, ¿qué fue lo que dijo Hume? Según él, no podemos simplificar las cosas y
hablar de una mera causa y efecto, sino que en el mundo existen muchos sucesos que no
percibimos con nuestros sentidos, y dada esta ignorancia no podemos hacemos conjeturas
con respecto a los hechos que vemos. Por ejemplo, 34 si un jugador de villar se dispone a
golpear la bola blanca para meter otra bola en el hoyo, entonces “el brazo del jugador se
balancea, golpea la bola con el taco impartiendo presumiblemente la fuerza necesaria para
poner la bola en movimiento, y esta bola en movimiento –según la precisión del jugador–
se mueve sobre la mesa para golpear otra con una fuerza distinta para, finalmente, meter la
bola seleccionada en el hoyo. Desde la perspectiva del jugador, obviamente él es la causa
de que la bola final haya ingresado al hoyo, pero Hume diría que no solo podemos hablar
del jugador, sino que existen muchos acontecimientos físicos que no podemos notar. Lo
que en realidad vemos –argumenta Hume– es una simple relación “contigua”, o bien, solo
sucesos que ocurren en secuencia uno tras otro. Por lo tanto, todas las referencias a la
causalidad o “primeras causas” no son más que meras conjeturas basadas en nuestras
observaciones de cómo las cosas habitualmente se relacionan.
41
saber la causa real de cualquier cosa. Sin embargo, reiteramos, esto es muy distinto a decir
que no existe el principio de causalidad. Sproul dice que, a lo sumo, de Hume podemos
aprender que –en ocasiones– nuestra percepción sensorial es limitada, y debido a eso
somos incapaces de conocer la causa real de ciertas cosas. Por lo tanto, cada persona puede
estar convencida de que el principio de causalidad sigue estando vigente, ya que por su
misma definición es correcta, puesto que si de algún modo podemos reconocer un suceso
como un “efecto”, entonces podemos estar seguros de que dicho suceso ha sido causado
por algo diferente de sí mismo.35
Ahora bien, ¿será que Hume negaba completamente la existencia de las causas?
Pues, por más escéptico que Hume parezca, al final era incapaz de negar el principio de
causalidad. De hecho, en una carta llegó a escribir: “Nunca afirmé una propuesta tan
absurda como que algo podría surgir sin causa”.36 ¡Por supuesto que es absurda! ¡Es
sencillamente imposible negar el principio de causalidad! ¡Persistir en negarlo es persistir
en negar la racionalidad misma! La “causalidad” es un principio fundamental incluso para
la ciencia más básica, por lo tanto, negar dicho principio echaría por la borda incluso al
conocimiento científico fundamental. Francis Bacon, quien es padre de la ciencia moderna,
dijo: “El verdadero conocimiento es el conocimiento por causas”. 37 Es decir, la ciencia es
una búsqueda de causas; puesto que cuando un científico hace ciencia –en realidad– están
buscando conocer o descubrir “qué causó qué”.38
35
(Sproul, Cómo defender su fe, 2003, págs. 58-59.)
36
David Hume, en J. Y. T. Greig, ed., The Letters of David Hume [Las cartas de David Hume], 2 vols.
(Nueva York: Garland, 1983), 1:187.
37
Francis Bacon, The New Organon [Novum organum o indicaciones relativas a la interpretación de la
naturaleza] (1620; reimpreso, Indianapolis: Bobbs Merrill, 1960), p. 121.
38
(Geisler & Turek, No basta mi fe para ser ateo, 2019, pág. 87.)
39
(Sproul, Cómo defender su fe, 2003, pág. 49.)
42
Entonces, si alguien alguna vez te dice que no cree en la ley de causalidad, simplemente
pregúntale: “¿Qué te llevó a llegar a esa conclusión?”. 40 Obviamente no dirá que solo lo
cree por creer, sino que inmediatamente avalará este principio a medida que intentará
responderte.
Para empezar, debemos entender que los pensadores y eruditos en el tema suelen
usar un término para referirse a la naturaleza del universo. El término es “contingencia”.
En pocas palabras, la contingencia indica que un suceso puede ser o no ser, ocurrir o no
ocurrir, existir o no existir, etc. Por ejemplo, tu misma existencia es resultado de sucesos
contingentes, pues tus padres pudieron haber decidido no tener un bebé, o bien, no haberse
conocido. En tal caso, no hubieras existido. Por lo tanto, usted es un ser contingente que
requirió de alguna razón, explicación o causa para su existencia. Eso es algo básico.
Ahora bien, cuando decimos que el cosmos es contingente solo estamos aplicando
ese mismo principio a la totalidad de absolutamente todo cuanto existe dentro de este lugar
llamado universo. De manera que, si se confirma que el universo es contingente, entonces,
así como tu existencia requirió de una razón o causa según nuestro ejemplo, así también el
universo total requiere de la misma explicación. Por lo tanto, debemos preguntarnos, ¿es el
universo contingente? ¿El universo requiere de una explicación o causa externa a él?
Obviamente, este asunto es crítico para todo aquel que no desee toparse con Dios,
pues admitir la contingencia del universo sería caer en la trampa de la ley de causalidad.
Por eso, muchos ateos optaron por creer en un universo que sencillamente no requiere de
una explicación para su existencia. Ellos prefieren creer que no hay un Dios eterno tras
nuestra existencia, sino solo un universo eterno ante nosotros. Por eso –insistirán ellos–
“uno no necesita a Dios para crear el universo; ese algo eterno que no depende de nada es
40
(Geisler & Turek, No basta mi fe para ser ateo, 2019, pág. 88.)
43
el universo mismo”.41 El citado ateo y matemático, Bertrand Russell, dijo mientras
discutía: “El universo solo está ahí, y eso es todo”. 42 Carl Sagan también dijo : “El cosmos
es todo lo que es, fue alguna vez, o será”. 43 ¡Por supuesto! Si el universo es eterno y es
todo lo que alguna vez existió, entonces la ley de la causalidad quedaría sin efecto.
Sin embargo, ¿hay razones legítimas para pensar que el universo no es contingente
y, por lo tanto, no necesita de causas externas para existir? Creemos que no, no solo porque
la Biblia dice lo contrario, sino porque existen muchas evidencias que señalan a un
universo como un “gran efecto”. Y esto nos lleva a nuestra siguiente evidencia.
Esta no es una mera conjetura teológica, sino que es lo que la Biblia revela con
claridad. En Juan 1:3 leemos que “todas las cosas fueron hechas por medio de Él, y sin Él
nada lo que ha sido hecho, fue hecho” (LBLA). En Hebreos 11:3 también dice que “el
universo fue formado por la palabra de Dios, de modo que lo visible no provino de lo que
se ve” (NVI). Respecto a Hebreos 11:3 y Romanos 4:17, los eruditos aseguran que allí se
enseña “explícitamente” una creación de la nada. 45 Por lo tanto, con una lectura correcta, es
evidente que la Biblia supone que el universo no puede ser eterno, sino que debió tener un
comienzo absoluto a partir de la libre creación de Dios.
44
través de los siglos, la idea de un universo ex–nihilo ha sido muy difícil de sostener por los
cristianos. Incluso Tomás de Aquino llegó a sugerir que la única forma de defender un
universo con principio absoluto solo podría darse mediante la revelación especial, la
Biblia.46 Estas dificultades se debían, quizás, a que el pensamiento predominante de la
época acordaba que el universo era eterno.
En 1948 se llevó a cabo un debate sobre la existencia de Dios entre los destacados
filósofos Bertrand Russell y el cristiano Frederick C. Coplestone. Desafortunadamente la
perspectiva de Russell en cuanto a un universo eterno que no precisaba de un creador era
apoyada por el consenso científico de la época; por lo cual, Russell creía que dicho
consenso era más que suficiente para poner fin a todo el debate sobre Dios. Al menos en
ese punto, Russell parecía haber ganado.48
46
(Copan & Craig, 2019, pág. 8.)
47
William L. Craig en “¿Quién creó a Dios?”, pág. 66.
48
(McGrath, Mera apologética: Ayudando a interesados y escépticos a encontrar la fe, 2020, págs. 102-103.)
45
encontrado fijo e inmutable y una opinión opuesta a esto era sencillamente inconcebible. 49
No obstante, sin que nadie lo esperara ni deseara, esta visión empezó a entrar en crisis con
los cálculos iniciales del gran Albert Einstein.50
Corría el año 1916 y al propio Einstein no le gustaba hacia dónde lo conducían sus
cálculos. Si su famosa “teoría de la relatividad” era cierta, entonces significaba que el
universo no era eterno como él mismo sostenía en ese entonces, sino que tenía un
comienzo absoluto. En sus mismos descubrimientos, Einstein notaba que su creencia en un
universo eterno y estático se iba desmoronando de tal modo que llegó a describir su
descubrimiento como un hecho “irritante”. Aunque él prefería que el universo existiera por
sí mismo sin depender de alguna causa externa a él, lo que en realidad notaba era que este
parecía ser un “gran efecto” de algo más. 51 Einstein procuró tapar la evidencia mientras
podía con algún que otro agregado, pero habían más hallazgos por venir. Se acercaba lo
inevitable.
Más tarde, en 1919, un cosmólogo británico llamado Sir Arthur Eddington realizó
un experimento similar y confirmó que los cálculos de Einstein tienen que ser correctos, el
universo tuvo un comienzo. Sin embargo, así como Einstein, Eddington demostraba no
estar contento con lo que eso significaba. Eddington dijo: “Filosóficamente, la noción de
un comienzo del orden presente de la naturaleza me repugna… Me gustaría encontrar una
laguna genuina”.52 Eddington, pese a su paradigma, también llegó a decir: “Me siento
indignado de que alguien pueda creer en él, excepto yo mismo”. Y finalmente tuvo que
admitir que el universo no pudo haber tenido una causa natural, sino que dicha causa se
encontraba más allá.53
46
otros a medida que es inflado. En otras palabras, el descubrimiento del “corrimiento rojo”
de Hubble demostraba que las galaxias observables se alejaban de la tierra y, por lo tanto,
el universo se estaba expandiendo. Otros científicos deducían que las galaxias se están
alejando porque una vez fueron lanzadas por una enorme explosión. De hecho, al medir la
velocidad y la distancia del alejamiento mutuo de las galaxias, Hubble pudo deducir que lo
que más tarde sería una confirmación cosmológica: “todas las galaxias, estrellas, planetas,
energía y materia tuvieron un punto de origen en común […] cuando toda la masa del
universo estuvo comprimida hasta un tamaño más pequeño que un átomo. Nuestro
universo –descubrió él, llegó a existir mediante una sola explosión cósmica –el Big
Bang”.54
Esta gran explosión, comúnmente conocido como Big Bang, sostiene que todo
espacio, materia, energía, hasta el tiempo mismo, empezaron a existir en un punto en el
pasado. Esto es importante entender, ya que la gente a menudo piensa que la cosmología
del Big Bang dice que hace mucho tiempo todo esto empezó a expandirse a partir de
tiempo y espacio prexistentes.56 ¡No! Sin el Big Bang, no había nada. A partir del Big
Bang, todo se ha estado expandiendo, incluso el espacio mismo. El Dr. Craig lo aclara
bien: “No existía nada antes de la singularidad, porque está en los límites del especia físico
y del tiempo”.57 Pero el punto es el siguiente, un universo que se ha estado expandiendo
necesariamente debió iniciar en algún punto del pasado distante. 58 Como dice Rice
Broocks, “si ponemos en reversa el universo observado en expansión, todo volvería a su
punto de inicio (un volumen infinitamente pequeño)”.59
54
(Clark, 2018, pág. 56.)
55
Dinesh D´Souza, What´s So Great Christianity, pp. 117-118. Y en español (D'Souza, 2009).
56
(Craig, On Guard: Defending Your Faith with Rason and Precision, 2010, pág. 88.)
57
William L. Criag en “¿Quién creó a Dios?”, pág. 67.
58
Geisler & Turek, 2019, pág. 86.
59
(Broocks, 2014, pág. 72.)
47
En 1929, el mismo Einstein observó a través del telescopio de Hubble y notó que la
evidencia observacional ya era irrefutable. 60 Obviamente, Einstein no pudo seguir
sosteniendo su idea de un universo eterno y estático ya que fue completamente aplastada
por el peso de la evidencia observacional. Entonces, en humildad, describió sus cálculos
anteriores como “el mayor error de mi vida”. Y aunque Einstein parecía ser un panteísta (el
universo es dios), a veces sonaba como teísta cuando decía que quería “saber cómo Dios
creó el mundo”.61 Para él, esa era la pieza del rompecabezas que faltaba dentro de su gran
descubrimiento.
Pero no todo quedaría en la evidencia observacional de Hubble, sino que había más
descubrimientos confirmatorios por venir: Las predicciones junto con los descubrimientos
del momento afirmaban que el universo comenzó a existir a partir de una singular
explosión cuando inicialmente no había nada. Como dice el apologista Frank Turek: “En
otras palabras, una vez que no había nada, y luego, BANG, había algo: ¡el universo entero
explotó hacia la existencia! Esto, por supuesto, es lo que comúnmente se llama Big
Bang”.62 Sobre esta explosión, en el año 1948 algunos científicos 63 postularon que, si el
universo comenzó a existir en una especie de explosión singular, entonces debería haber
rastros de dicha explosión. Casi 20 años más tarde, en 1964, dos astrónomos
llamados Arno Penzias y Robert Wilson, se encontraban probando una vieja antena que
antes se usaba como receptor satelital, hasta que empezaron a detectar una extraña
radiación. Inicialmente pensaron que se trataba de excrementos de pájaros depositados en
la antena al anidar las palomas, pero por más de que limpiaban el lugar la extraña radiación
seguía allí, y no solo eso, sino que provenía de todas las direcciones del cielo. Lo que
Penzias y Wilson no sabían hasta ese momento es que, sin buscarlo, estaban detectando el
resplandor de la explosión del Big Bang.
Este rastro de explosión tiene mucho que señalar. El apologista Norman Geisler
dice que “otra prueba del Big Bang es que todavía podemos encontrar radiación de esa
60
Geisler & Turek, 2019, pag. 86.
61
Citado en Show me God [Muéstrame a Dios], (Wheeling, III.: Daystar, 2000), 135.
62
Frank Turek en (Geisler & Turek, No basta mi fe para ser ateo, 2019, pág. 92.)
63
Se trata de los físicos George Gamow, Ralph Alpher, y Robert Herman.
64
(Geisler & Turek, No basta mi fe para ser ateo, 2019, pág. 95.)
48
exposición y ver el movimiento que ha causado. 65 Y fue con esta radiación que Penzias y
Wilson tropezaron accidentalmente. El descubrimiento de ambos astrónomos fue tan
extraordinario que les hizo compartir el Premio Nobel de Física en 1978. Pero lo
importante de este asunto es que esta prueba volvía aún más irrefutable la idea de que el
universo comenzó a existir. Como lo expresa el astrónomo Jastrow:
A medida que los años pasaban, un universo con comienzo se volvía cada vez más
y más inevitable. En 2003, los científicos Arvin Borde, Alan Guth y Alexander Vilenkin
pudieron demostrar que un universo que se ha estado expandiendo no puede ser eterno en
el pasado, sino que debió tener un comienzo absoluto. Muchos han intentado proveer
teorías alternas para escapar de un universo con comienzo, pero todos fallaban. Vilenkin
concluyo: “Ninguno de estos escenarios puede ser eterno”. “Toda la evidencia que tenemos
dice que el universo tuvo un comienzo”.67
49
George Gamow En 1948, los científicos dice que si hubo
una “explosión”, entonces debería haber
rastros o residuos en forma de radiación.
Arvin Borde, Alan Guth y Alexander En 2003, los científicos asumieron que un
Vilenkin universo en expansión, no puede ser eterno
en el pasado.
Por supuesto, a ningún escéptico o ateo le conviene creer en un universo que cuenta
con un origen, porque precisamente esa idea es la que ha llevado a muchos a encontrarse
con Dios como el causante de dicho origen. Es entendible que constantemente estén
huyendo de esta idea. Pero lo curioso del asunto es que algunos ateos que se esconden de
un universo con comienzo para no toparse con Dios insisten en que no creen en la
“creación”, pero que sí creen el Big Bang. Si en algún momento tuviste o llegas a tener la
experiencia de escuchar esto, usted puede estar convencido de que el amigo ateo no tiene
ni la más pálida idea de lo que está hablando, y a continuación le diremos por qué.
La teoría del Big Bang es el resultado de los trabajos de Einstein, los cuales
predijeron un universo con comienzo. En la década de 1920, el matemático ruso Alexander
Friedman y el astrónomo belga Georges Lemaître, basándose en los trabajos de Einstein,
pudieron formular de manera independiente un modelo que predecían un universo en
50
expansión;68 y como hemos dicho, todo eso fue confirmado varias veces mediante
observaciones. Y fue precisamente el modelo Friedman–Lemaître el que más tarde pasó a
denominarse “Big Bang”.
Ahora bien, lo curioso del asunto es que la teoría del Big Bang no simpatiza para
nada con una perspectiva atea sobre la existencia del universo, sino todo lo contrario, suena
bastante a “cristiano”. Esto no lo decimos nosotros que creemos en Dios, sino que es
admitido por quienes incluso detestan la religión. Einstein mismo llamó a su
descubrimiento un “hecho irritante”. El cosmólogo Arthur Eddington –a quien citamos
anteriormente– dijo que la idea de un universo con comienzo le “repugnaba” por lo que
parecía significar. Eddington también tuvo que admitir que un universo con principio no
puede ser producto de un suceso natural, sino parecía requerir algún tipo de explicación
“sobrenatural”:69 “El principio parece presentar dificultades insalvables a menos que
acordemos considerarlo como un evento francamente sobrenatural”. 70 También el famoso
científico ateo Stephen Hawking admitió esta incomodidad cuando decía que esta visión de
inicio absoluto “tiene pinta de intervención divina”.71
De hecho, el nombre “Big Bang” [que significa gran explosión] fue el nombre dado
en forma de “burla” por un astrónomo llamado Fred Hoyle, ya que escapaba cuanto mucho
de las creencias convencionales de un universo eterno. Para Hoyle, el pensamiento de un
universo con comienzo era ridículo, ya que era equivalente a caer en el concepto de un
Creador. Hoyle dijo:
También Antony Flew, quien alguna vez fuera ateo, observó que el Big Bang
asumía un universo con comienzo absoluto, y que la primera frase del Génesis (“En el
principio, Dios creó los cielos y la tierra”) parecían tener implicancias reales. La situación
se altera todavía más para el antireligioso cuando surgía la inevitable cuestión: si el
68
(Craig & Moreland, Fundamentos Filosóficos para una cosmovisión Cristiana, 2018, pág. 566.)
69
Arthur Eddington, The Expanding Universe (New York: Macmillan, 1933), 124.
70
Arthur Eddington citado por el Dr. Craig en “¿Quién creó a Dios?”, pág. 67.
71
(Hawking, 1996, pág. 49.)
72
Sir Fred Hoyle, El universo inteligente, pág. 237.
51
universo tuvo un comienzo, ¿cuál fue su causa? Los cosmólogos modernos se sentían
inquietos debido a las implicancias teológicas del Big Bang, por consiguiente –dice Flew–
empezaron a buscar explicaciones alternas para escapar.73
Se puede afirmar con seguridad de que es evidente que el Big Bang tiene
implicaciones sobrenaturales, dado que parecen apuntar a Dios. 74 Cuando esta teoría se iba
posicionando con fuerza como un modelo predominante en las comunidades científicas,
Robert Jastrow, del Instituto Goddard de la NASA, ha observado la notable relación entre
la Escritura y la ciencia:
Obviamente, alguien podría decir que Jastrow dice esto movido por su fe, pero sus
afirmaciones resonarán todavía más cuando él mismo confiesa que no es religioso, sino
que simplemente es movido por lo que su sentido común le dice en base a las evidencias:
52
universo y cuándo terminará. Estas son las dos cuestiones que –aparentemente– más se
investigan en los campos de la ciencia moderna. ¿Qué quiere decir esto? Pues, quiere decir
que el hecho de un universo con un comienzo y un final ya ni siquiera está a discusión
entre los entendidos del tema. Los cierto es que existen tanto razones científicas como
filosóficas que avalan esta verdad, y que son aceptadas por la mayoría de los estudiosos.
La teoría del Big Bang motiva en gran manera al argumento cosmológico a favor de
la existencia de Dios. También debería motivar el hecho de que la mayoría de científicos
sostienen con firmeza este modelo; y por mucho que algunos se esfuercen en buscar otros
modelos que no impliquen un comienzo absoluto, dicho objetivo parece estar muy lejos de
lo que hoy se conoce acerca del universo y su origen. El mismo ateo Stephen Hawking
escribió: “En la actualizad, prácticamente todo el mundo cree que el universo, y asimismo
el tiempo, tuvieron su inicio a partir de un tremendo big bang”.78 Es verdad que muchos
científicos buscan y proponen otras teorías que niegan un comienzo absoluto, pero tales
teorías no logran pasar los filtros de la ciencia moderna, y ni qué decir de los problemas
filosóficos.
La evidencia de la termodinámica
Todo el mundo sabe que un automóvil necesita combustible para que su sistema
funcione y pueda ser útil en su función. Sin embargo, eso no quiere decir que el automóvil
funcionará para siempre con cierta cantidad de combustible, sino que en un momento dado
lo gastará –y a menos que sea recargado– dejará de funcionar. Ahora piensa en el universo,
cuyo sistema ordenado hace que siga en funcionamiento para mantener vida y calor dentro
de sí; pero que en algún momento su “combustible” también acabará y, por lo tanto, dejará
de funcionar. Este es el caso que estudia la termodinámica, el cual es una parte de la física
que estudia la materia y la energía, y que postula leyes para describir el funcionamiento del
universo como un sistema que precisa de energía. 79 ¡Y precisamente de este cambo
extraemos otra evidencia a favor de un universo con comienzo!
78
(Hawking & Penrose, The Nature of Time and Spece, 1996, pág. 20.)
79
Definición sencilla extraída de Geisler & Turek, No basta mi fe para ser ateo, 2019, págs. 87-88.
53
utilizable. Es decir, con cada momento que pasa, la cantidad de energía utilizable en el
universo se reduce, llevando a los científicos a la conclusión obvia de que un día toda la
energía se habrá ido y el universo, por así decir, morirá. Así como un auto en marcha, el
universo finalmente se quedará sin combustible.80
Pero, ¿cómo demuestra esto que el universo posee un comienzo? Bien, la primera
ley de la termodinámica establece que la cantidad total de energía se mantiene constante.
Es decir, el universo solo posee una cantidad finita de energía del mismo modo que un
automóvil solo posee una cantidad específica de gasolina. Si un automóvil solo posee una
cantidad finita de gas [la primera ley] y cada vez que está en marcha consume gasolina
continuamente [la segunda ley], ¿crees que el automóvil estaría funcionando hoy si se lo
encendió hace muchísimo tiempo? ¡Por supuesto que no! ¡Su gasolina ya estaría acabada!
Asimismo, el universo, el cual posee una cantidad finita de energía, ya no estaría
funcionando si es que fuera eterno en el pasado. Ya habría muerto. En palabras de un
científico desconcertado, “de alguna manera el universo debe haber sido liquidado”. 82 Por
lo tanto, el universo no puede ser eterno, sino que debió haber comenzado en algún
momento.
Imagine una linterna: El universo es como una linterna a la que se le está acabando
la batería. Si fuera eterno, ya se le hubiera acabado toda la energía.83 Es ciencia simple.
80
Cf. Ibíd.., págs. 88.
81
(Craig & Moreland, Fundamentos Filosóficos para una cosmovisión Cristiana, 2018, pág. 569.)
82
Schlegel, Richard, “Time and Thermodynamics”, en The Voices of Time, ed. J. T. Fraser (London:
Penguin, 1948), pág. 511.
83
(Craig, On Guard: Defending Your Faith with Rason and Precision, 2010, pág. 90.)
84
Geisler & Turek, No basta mi fe para ser ateo, pág. 89.
54
debe haber tenido un comienzo, porque si fuera eterno, la batería ya habría
muerto.”85
Esta segunda ley también se conoce como la ley de la entropía, 86 que es solo una
forma elegante de decir que la naturaleza tiende a desordenar las cosas. Es decir, con el
tiempo, las cosas naturalmente se desmoronan y deshacen. Tu automóvil se desgasta; tu
casa se derrumba; tu cuerpo se desmorona. Esto mismo está ocurriendo al universo en su
magnitud. El astrónomo Robert Jastrow compara el universo con un reloj de cuerda. 87 Si un
reloj de cuerda se está agotando, alguien debió haberle dado cuerda en algún momento del
pasado.88
El experto en física Paul Devies afirma con seguridad que el universo no pudo
haber existido por siempre, sino que se sabe que debe haber tenido un comienzo absoluto
hace un tiempo finito.90
85
Ibíd. pág. 90.
86
La palabra entropía [ἐντροπία] significa evolución o transformación .
87
(Jastrow, God and the Astronomers, 1978, pág. 48.)
88
Cf. (Geisler & Turek, No basta mi fe para ser ateo, 2019, pág. 90.)
89
Ibíd.
90
Paul Davies citado en (Copan & Craig, 2019, pág. 249.) Fuente en Pabul Devies, entrevista por Phillip
Adams, http//[Link]/PaulDavies/[Link].
91
Citado en (Copan & Craig, 2019, pág. 249.)
55
tiempo infinito no es suficiente para agotar toda la energía del universo? Es por eso que
podemos confiar que esta evidencia científica es bastante contundente para un universo con
comienzo absoluto. Sin embargo, increíblemente muchos han buscado algún tipo de salido.
Por ejemplo, hay científicos –sí es que se los puede llamar así– que dicen que es posible
mantener la segunda ley de la termodinámica sin necesidad de postular un universo con
comienzo. ¿Cómo? Pues, sencillamente afirmando que el universo podría ser capaz de
retroalimentarse a sí mismo. Obviamente, esto, además de no tener ni el más mínimo
sentido, no es ciencia, sino mera especulación. Arthur Eddington caracterizó a la segunda
ley diciendo que es “la posición suprema entre las leyes de la naturaleza”, y también dijo
que si una teoría se atreve a contradecirla, entonces, dice él, “no puedo darte ninguna
esperanza; no te queda más que colapsar en la humillación más profunda”.92
De hecho, las leyes de la ciencia misma comprueban que incluso las cosas que
parecen ser las mismas durante la vida, tales como el sol y las estrellas, en verdad se están
desgastando. El sol, por ejemplo, está consumiendo su propio combustible por millones de
toneladas por segundo.93 Si esto es verdad, entonces no pudo haber existido siempre, sino
que ha comenzado a existir en algún punto del pasado al igual que el universo en toda su
magnitud. Asimismo, la termodinámica sugiere que el universo tuvo un comienzo. El
universo parece haber sido creado hace un tiempo finito, y su energía fue de alguna manera
simplemente puesta en la creación como una condición inicial. 94 De hecho, Paul Devies
concluye diciendo que, aunque a muchos no les guste, se debe admitir que la energía que
puso al universo en funcionamiento fue simplemente “puesta” en la creación, 95 puesto que
antes de la creación –dice Devies– no había absolutamente nada. Esto es cuestión de leyes
naturales, ciencia y sentido común.
La evidencia de la filosofía
92
(Jastrow, God and the Astronomers, 1978, pág. 48.
93
Ham, El libro de las Respuestas, 2013, pág. 5.
94
(Craig & Moreland, Fundamentos Filosóficos para una cosmovisión Cristiana, 2018, pág. 570.)
95
(Davies, The Physics of Time Asymmetry, 1974, pág. 104.)
56
sobre el ejercicio de la razón, o si prefieren llamarlo, el ejercicio del sentido común. Es
decir, aunque no se cuente con algún aval científico para hablar de un universo con
comienzo, de igual manera podemos sostener que es racionalmente imposible concebir un
universo eterno. Al contrario, la razón nos dice que debió haber comenzado a existir en
algún punto. Algunos defensores cristianos dicen que “esta línea de evidencia es tan
racionalmente inevitable que algunos la consideran el argumento más fuerte de todos”. 96
Decir que el universo es eterno implica que el universo posee un pasado infinito, un
pasado que nunca comenzó. Por ejemplo, si hablamos de días anteriores al universo,
entonces estamos hablando de días infinitos anteriores a hoy. ¡Pero esto es racionalmente
absurdo! Piense en el siguiente ejemplo: si para llegar a un destino necesitas cruzar infinita
cantidad cuadras y calles, ¿llegarías alguna vez o no llegarías nunca ya que las calles que
debes cruzar jamás acabarán? La respuesta es obvia. Solo una cantidad finita de calles es
posible cruzar, no una cantidad infinita.
Siguiendo con la imagen anterior, la línea negra representa los días pasados [días
anteriores a hoy] y el punto rojo representa el día de hoy. Si el universo fuese eterno,
entonces la línea negra debería contener una cantidad infinita de días y, por lo tanto, jamás
se podría llegar al punto rojo [hoy]. Y si los días anteriores al ayer también constan de
infinita cantidad de días, entonces tampoco se llegaría al ayer. Sería irrelevante hablar de
días previos al ayer ya que no es posible agregar nada a algo que ya es infinito. Por lo
tanto, no es posible atravesar un número infinito de días a menos que el universo haya
tenido un comienzo desde donde los días hayan empezado a correr. Todos sabemos que el
hoy sí existe.
Como notarán, una cantidad infinita de días es algo imposible. De hecho, cualquier
cantidad infinita de algún elemento en el universo es imposible. Recuerde esto: una cosa es
hablar de los infinitos cuando nos referimos a las matemáticas, pero otra cosa es hablar de
los infinitos materializados en el mundo real. En términos matemáticos podemos hacer
96
Referencia al argumento cosmológico Kalam del Dr. William L. Craig, donde también se postula
argumentos filosóficos que demuestran la necesidad de creer en un comienzo absoluto. (Geisler & Turek, No
basta mi fe para ser ateo, 2019, págs. 106-107.)
57
referencia a cantidades infinitas de números, pero esas cantidades solo permanecerán
dentro del campo teórico de las matemáticas. Por ejemplo, matemáticamente podemos
hablar de una cantidad infinita de Dios, pero en la vida real nunca podremos vivir ni
concebir un número infinito de días. Así se distingue lo abstracto de lo concreto. Uno de
los matemáticos más influyentes del siglo XX, David Hibert, dijo: “El infinito no se
encuentra en la realidad. No existe en la naturaleza ni proporciona una base legítima para
el pensamiento racional… El papel que le queda al infinito jugar es únicamente el de una
idea”.97
Algunos tratan de argumentar diciendo que, dado que el infinito real es algo
impropio de la realidad, entonces tampoco deberíamos creer en Dios como un ser infinito.
Esto sencillamente es el resultado de desconocer la teología cristina. Cuando decimos que
Dios es infinito no estamos hablando en términos cuantitativos [cantidad], sino en términos
cualitativos [cualidad]. Es decir, Dios es infinito, no por poseer una cantidad infinita de
elementos dentro suyo, sino porque Él no posee limitaciones en sus atributos. Él es
absolutamente bondadoso, poderoso, eterno, etc.
Quizás algunos seguirán buscando otros medios de ataque diciendo que si la idea de
un universo infinitamente viejo lleva a conclusiones absurdas, entonces, ¿qué hay de la
idea de que Dios sea infinitamente viejo? ¿El razonamiento de un infinito absurdo no
descarta la idea de una deidad eterna? El apologista William L. Craig responde diciendo
que la aplicación de este razonamiento no puede ser apropiado para Dios por dos razones.
(1) Dios no es un ser con principio, sino que clásicamente es considerado como un ser
eterno. (2) El tiempo y el espacio, sin embargo, son creaciones de Dios que empezaron en
el Big Bang. Por tanto, ir más atrás del comienzo del espacio-tiempo simplemente sería
hallar eternidad.98
97
(Hilbert, 1964, pág. 151.)
98
Strobel, 2005, págs. 126-127.
99
Ibíd., pág. 127.
58
Dios es la causa del universo
Ahora bien, ¿cómo el hecho de un universo que comenzó a existir prueba que Dios
existe? Si el Big Bang postula el comienzo del universo a partir de una “gran explosión”,
¿qué causó dicha explosión? Robert Jastrow dice: “Debe haber una explicación lógica del
explosivo nacimiento de nuestro universo; y si existe, la ciencia no puede hallar cuál es esa
explicación. La pesquisa científica del pasado termina en el momento de la creación”. 100
Para llegar del comienzo del universo a la existencia de Dios debemos ir un paso
más. Se debe dar un paso más para completar nuestra línea de argumento cosmológico para
la existencia de Dios. Y esa línea de argumentación es más filosófica que científica, ya que
se trata de razonar a partir de la evidencia disponible.
Como todos saben hasta ahora, el universo tuvo un principio. Y esto es confirmado
por la cosmología moderna y la evidencia filosófica. Y si nuestro universo contingente
comenzó a existir a la manera de un “gran efecto”, entonces debemos aplicar el principio
de causalidad y afirmar también que existe una causa para su existencia.
Hemos dado suficientes evidencias para sustentar los tres primeros puntos. Pero eso
no es todo. No solo queremos hablar de una causa en este punto, sino que queremos decir
que esa causa es Dios. Pero, ¿cómo pasamos de una “causa para el universo” a “esa causa
es Dios? Pues, sencillamente utilizando el razonamiento lógico. El mismo razonamiento
que nos lleva a filosofar y hacer ciencia.
Los científicos creen que el orden natural inició con el Big Bang, y esa
“singularidad” provino de la nada; de manera que antes no había tiempo, materia ni
espacio. Esto ha llevado a muchos científicos a decir que la causa de la existencia del
universo se encuentra más allá del orden natural. El astrónomo Jastrow dice que –a la vista
de los científicos– la creación del universo es “producto de fuerzas que no pueden esperar
descubrir… Que hay algo que yo o alguien llamaría fuerzas sobrenaturales es, creo, un
100
(Jastrow, God and the Astronomers, 1978, pág. 105.)
59
hecho científicamente comprobado”.101 Tal parece que el temor “repugnante” de Eddington
se hace realidad, pues él había dicho que detestaba la idea de un comienzo, puesto que esto
admitiría que hay algo “sobrenatural” detrás. 102 También el científico Francis Collins dice:
“El hecho de que el universo tuviera un principio implica que alguien tuvo la capacidad
necesaria para iniciarlo. Yo soy personalmente de la opinión de que eso tuvo que ocurrir
desde fuera [del orden natural].103
Como verán, es cuestión de sentido común admitir que, si el orden natural surge a
partir del Big Bang, entonces su causa debería ser externo a dicho orden, es decir,
Sobrenatural. ¡Incluso algunos escépticos lo admiten! No había mundo natural ni ley
natural antes del Big Bang. Así como una causa no puede venir después de su efecto, las
fuerzas naturales no pueden explicar el Big Bang. Por lo tanto, debe haber algo fuera de la
naturaleza para hacer el trabajo. Eso es exactamente lo que significa la palabra
“sobrenatural”.104
Como era de esperarse, fue inevitable pensar en Dios cuando se hace alusión a los
sobrenatural, sobre todo cuando hacemos referencia a la fuerza que creó el universo. El
científico Robert Woodrow Wilson, quien ganó el Premio Nobel de Física, sin ser un
entusiasta de la Biblia, dijo: “Ciertamente había algo que desencadenó todo. Si eres
religioso, no puedo pensar en una mejor teoría del origen del universo que la consistente
con el Génesis”.106 El físico George Smoot, también ganador del Premio Nobel de Física,
101
“A Scientist Caught Between Two Faiths: Interview with Robert Jastrow” [Un científico atrapado entre
dos fes: Entrevista con Robert Jastrow], Christianity Today, Agosto 6, 1982 en:
[Link]
102
(Eddington, 1933, pág. 178.)
103
Libro “The Lenguage of God” [¿Cómo habla Dios?].
104
(Geisler & Turek, No basta mi fe para ser ateo, 2019, págs. 99-100.)
105
Paul Davies, “La mente de Dios”.
106
Citado en (Show me God [Muéstrame a Dios], 2000, pág. 157.)
60
declaró: “No hay duda de que existe un paralelo entre el Big Bang como un evento y la
noción cristiana de la creación de la nada”.107
107
Citado en Ibíd., pág. 139.
108
Craig, Fe Razonable, 2008, pág. 159.
61
Cuando se trata de Dios, el antirreligioso es capaz de suprimir la evidencia por más
“científico” que sea. El Big Bang, por ejemplo, es aceptado convencionalmente por la
ciencia cosmológica, pero inicialmente fue rechazada precisamente porque sonaba “muy
religioso”. El profesor Auburn Wersinger lo expresa diciendo que este modelo científico
parecía “ceder a la idea judeocristiana de un inicio del mundo, [y] también parecía tener
que requerir un acto de creación sobrenatural […] Llevó tiempo, evidencia por
observación, y una cuidadosa verificación de predicciones hechas por el modelo del Big
Bang para convencer a la comunidad científica para que aceptara la idea de un génesis
cósmico […] modelo exitoso que se impuso sobre una reacia comunidad científica”. 109 En
otras palabras, la evidencia encajaba con lo que debían creer, pero no con lo que querían
creer.
Richard Dawkins, quien es uno de los mayores representantes del ateísmo mundial,
dice que no sabe con precisión qué pudo haber causado el origen del universo, pero tiene la
esperanza de que en algún momento la ciencia lo descubrirá. Mientras tanto, según su
opinión, prefiere abalanzarse a la hipótesis de que probablemente la existencia de nuestro
universo se deba a algún que otro extraterrestre.110
Ahora reflexione por un momento en lo dicho por Dawkins, teniendo en mente que
muchos escépticos y ateos siguen sus pasos. A veces, el ateo será capaz de creer cualquier
cosa en lugar de toparse con Dios. Incluso es capaz de tener fe en la ciencia confiando que
“en algún momento” [no sabemos cuándo], la ciencia dará una explicación satisfactoria.
¡Por supuesto! Creer en los extraterrestres nos permite continuar viviendo una vida egoísta,
abrazando nuestros pecados personales y permaneciendo lejos de Dios. Pero a diferencia
de los extraterrestres, con Dios se suman muchos disgustos. Los extraterrestres no son
jueces que en algún momento nos demandará rendir cuentas por nuestras vidas morales.
Dios sí es un juez demandante. Dios sí es Santo y llama a los hombres a abandonar la
manera egoísta de vivir. ¿Pueden notar la raíz del problema? Al final, todo se reduce a lo
que Jesús ya dijo hace milenios:
109
J–M Wersinger, “Genesis: The Origin of the Universe”, National Forum (invierno 1996), pp. 9-12; citado
en (Clark, 2018, pág. 57.)
110
(Lennox, Disparando Contra Dios, 2016, pág. 257.)
62
practica la verdad se acerca a la luz, para que se vea claramente que ha
hecho sus obras en obediencia a Dios.” (Juan 3:19-21, NVI)
63
absoluto. La suma de estos factores da a “Dios” como resultado de cualquier reflexión
racional.
Pero también existe otro argumento que se relaciona con la existencia del universo.
Específicamente se relaciona con las características que el universo exhibe y la vida
inteligente dentro de él: el argumento del diseño. Cuando hablamos de “diseño” nos
referimos a la actividad creativa que un diseñador emplea con el fin de proyectar objetivos
útiles y estéticos. Todos saben reconocer un diseño. Y cuando suponemos que hay un
diseño no podemos dejar de pensar en un diseñador. En nuestra experiencia sabemos sin
lugar a dudas que todo diseño debe tener un diseñador.
Un nombre que se suele utilizar para este tipo de argumento es teleología; de ahí el
clásico título: argumento teleológico. La palabra telos significa finalidad; de modo que la
expresión “teleológico” refiere a la finalidad y al propósito de las cosas. 111 El erudito
Richard Swinburne, quien es un gran filósofo de la universidad de Oxford, dice que este
argumento se basa en la afirmación de un universo ajustado, que posee un patrón general
de orden; un orden que posibilita vida de seres conscientes; y partiendo precisamente desde
allí se busca llegar racionalmente al responsable de este diseño: Dios. 112 Por lo tanto, pese a
los muchos nombres que se podría dar a esta familia de argumentos, podemos encasillar a
este como la evidencia del diseño.
Cuando los apologistas desarrollan este tema, usualmente lo suelen dividir en dos
campos. Por un lado, es posible notar la evidencia cosmológica, el cual muestra un
universo finamente ajustado para permitir vida inteligente dentro de él. Por otro lado, se
encuentra la evidencia de la vida, donde muchos científicos no pueden negar que los seres
vivientes también exhiben marcas de diseño tanto en su macro como en su micro-
estructura. Estos dos campos comúnmente comprenden las disciplinas de la astronomía
[cosmología] y la biología.113 Lo primero se ocupa en estudiar al universo en su origen y
complejidad; y lo segundo se ocupa de estudiar la vida y su desarrollo vital. ¡En ambos
campos se observan marcas de diseño! Además, y como notarán a medida que
desarrollamos este asunto, la fuerza de este argumento también se basa en verdades
científicas y filosóficas. De hecho, parece que es innegable: la creación toda exhibe marcas
de diseño.
111
(Craig, Fe Razonable, 2008, pág. 104.)
112
(Swinburne, La Existencia de Dios, 2011, pág. 177.)
113
Interesante división hecha en (Clark, 2018, pág. 60.)
64
Argumentación clásica de diseño inteligente
Ver lo diseñado y pensar en un diseñador tras su orden es un razonamiento tan
intuitivo que los primeros pensadores renombrados no lo pudieron ignorar. Los antiguos
filósofos griegos, por ejemplo, se mostraban impresionados con el orden que exhibe el
cosmos observable. Específicamente, ellos se maravillaban al contemplar los cielos. La
Academia de Platón, por ejemplo, dedicó mucho tiempo y pensamiento al estudio de la
astronomía porque –decía él– era aquella ciencia la que permitiría al hombre descubrir su
destino divino. Platón incluso decía que el “orden del movimiento de las estrellas y de
todas las cosas” debía ser razón suficiente para creer en una “mente que ordenó el
universo”.114 También el gran filósofo Aristóteles se mostró maravillado por el orden que
podía contemplar en el cielo nocturno de la antigua Grecia, y no pudo evitar reflexionar al
respecto. De hecho, Aristóteles decía que la filosofía misma [razonar y reflexionar
filosóficamente] comienza con esta sensación de maravilla sobre el mundo que nos rodea:
65
poder para causar el día al arrojar luz sobre el cielo; otra vez, cuando vean
que la noche haga oscurecer las tierras y contemplen todo el cielo salpicado
de y adornado con estrellas; y cuando vean las luces cambiantes de la luna
mientras crece y mengua, y los levantamientos y las configuraciones de
todos estos cuerpos celestiales, sus cursos fijos e inmutables por toda la
eternidad, cuando vean todas estas cosas, sin duda habrían juzgado que
existen dioses y que todas estas maravillosas obras son obra de los dioses.” 116
En sus escritos, Paley nos ayuda a razonar diciendo que nos imaginemos caminar
por un lugar y toparnos primero con una piedra y luego con un reloj. El sentido común nos
dice que es inverosímil preguntarnos cómo pudo llegar una roca a ese lugar, ya que no
representa nada. Sin embargo, el reloj sí debería llevarnos a reflexionar, ya que, a
diferencia de una simple roca, posee diseño y propósito.
116
Aristotle, On Philosophy, citado en Ibíd., págs. 104-105.
117
(O'Leary, 2011, pág. 198.)
118
(Craig, Fe Razonable, 2008, pág. 105.)
119
William Paley, Natural Theology [Teología Natural], ed. Frederick Ferre, pág. 1.
66
Paley sugiere que el reconocer un diseño y preguntarnos por él es cuestión del más
común de los sentidos. Reconocer un diseño sofisticado que indica propósito es un paso
básico e intuitivo. Después, Paley continúa afirmado que el universo se asemeja a un reloj
en el sentido de que da la apariencia de haber sido diseñado para cumplir ciertos
propósitos; por lo tanto, dice él, debemos concluir que el universo en realidad fue diseñado
por un ser muy poderoso y sabio.120
120
(Plantinga, Dios, la libertad y el mal, 2020, pág. 91.)
121
(Clark, 2018, pág. 61.)
122
William Paley. 1802. Natural Theology, or Evidences of the Existence and Attributes of the Deity
collected from the Apperances of Nature. Citado en [Link]
%C3%ADa_del_relojero
67
Paley exploró las ciencias de su época en busca de indicios de diseño en la
naturaleza y produjo un asombroso catálogo con sus evidencias. Por ejemplo, vio orden
evidente en huesos, músculos, vasos sanguíneos, anatomía comparada y órganos
particulares en todos los reinos animal y vegetal.123 Así pues, Paley sostenía que el mundo
natural es un mecanismo complejo al igual que un reloj u otro artefacto humano. De hecho,
la rotación de los planetas en el sistema solar, y, en la tierra, la procesión regular de las
estaciones, así como la compleja estructura de los organismos vivientes, todo ello sugiere
diseño y propósito. En el cerebro humano, por ejemplo, miles de millones de células
funcionan juntas en un sistema coordinado. El ojo es una magnífica cámara de cine, con
lentes autoajustables, con grado elevado de precisión, sensible al color, y con la capacidad
de funcionar ininterrumpidamente durante horas seguidas. ¿Pueden mecanismos tan
complicados y eficientes haberse producidos por azar, de la misma manera que una piedra
se forma por la acción casual de la naturaleza? 124 ¡Por supuesto que no! Paley insiste en
que el sentido común debería llevarnos a preguntarnos por un diseñador. No es posible que
lo primero que se venga a la mente sea el azar y la casualidad antes que un diseñador
absoluto.
El argumento tradicional del diseño nos lleva de vuelta junto al escéptico del siglo
XVIII David Hume. Y en este punto debemos subrayar algo importante. Hume fue
contemporáneo a Paley y muchos piensan que fue el responsable de criticar eficazmente su
argumento de diseño. De hecho, se repite con frecuencia que Hume “refutó” la idea de
diseño de Paley. Sin embargo, al igual que con la supuesta refutación del principio de
causalidad, esto también se debe a una mala lectura de la opinión de este pensador.
En primer lugar, Hume publicó la obra donde habla del asunto 23 años antes de
Paley, y en dicha obra llamada “Diálogos sobre religión natural”, Hume incluso parece
indicar lo contrario a una supuesta refutación:
68
diferentes máquinas, y hasta sus partes más diminutas, están ajustadas entre
sí con una precisión que cautiva la admiración de cuantos hombres las han
contemplado. La curiosa adaptación de medios afines, a lo largo y ancho de
toda la naturaleza, se asemeja exactamente, aunque excediéndolos con
mucho, a los productos del humano ingenio: del designio, el pensamiento, la
sabiduría, y la inteligencia humana. Puesto que los efectos, por tanto, se
asemejan unos a otros, nos sentimos inclinados a inferir, por todas las reglas
de la analogía, que también las causas se asemejan, y que el Autor de la
naturaleza es en algo similar a la mente del hombre, aunque dotado de
facultades mucho más amplias, que están en proporción con la grandeza de
la obra que ha ejecutado.”125
Los filósofos William L. Craig y Frederick Ferré [quien es editor del libro Teología
Natural de William Paley] afirman que, aunque la crítica de Hume podría dañar ciertos
aspectos de la argumentación de Paley, su razonamiento esencial sigue permaneciendo. El
argumento de Paley no es vulnerable a la mayoría de las críticas de Hume. 127 El Dr. Craig
dice que cuando Paley concluye en un diseñador necesario, dicha conclusión no se
debilitaría bajo ninguna de las críticas que pudiera provenir de Hume u otros pensadores.
Por ejemplo, la conclusión de Paley seguiría siendo válida incluso si el ignorase cómo
realmente se fabrica un reloj ni supiera él como hacerlo. Como dice Craig: “Porque
reconocemos los restos del arte antiguo como productos del diseño inteligente sin haber
visto jamás fabricar tales cosas, y sabemos que los productos de fabricación moderna son
el resultado de la inteligencia, aunque no sepamos cómo se producen”. La conclusión de
Paley tampoco quedaría invalidada si el reloj a veces quedara mal, ya que el propósito del
mecanismo sería evidente incluso si la máquina no funcionara perfectamente. La
conclusión del diseñador tampoco quedaría nula si se descubriera que algunas partes del
reloj no parecieran tener ningún propósito, ya que esto no negaría el diseño útil de otras
125
(Hume, Diálogos sobre religión natural, 2004, pág. 76.)
126
Cf. (O'Leary, 2011, págs. 198-199.)
127
Frederick Ferré, Introduction to Natural Theology: Selections, by William Paley, xi-xxxii, y (Craig, Fe
Razonable, 2008, pág. 106.)
69
partes. Y decir que el reloj fue producido por otro reloj y este por otro (hasta el infinito) es
sencillamente absurdo, ya que el diseño obvio quedaría sin explicación, pues aunque haya
miles de relojes, todos seguirían exhibiendo marcas de diseño.128
Paley usó la analogía del reloj porque, hasta el momento, era un invento nuevo y su
sofisticada estructura –que obviamente fue diseñada con propósito– sorprendía a
cualquiera que lo analizaba. Ahora, el objetivo de la analogía del reloj es este: “así como
inferimos a un relojero como el diseñador del reloj, también debemos inferir un diseñador
inteligente del universo”.129 Sin embargo, hoy día existen inventos mucho más sofisticados
y complejos que el reloj que Paley conoció en su época, y así como existen cosas mucho
más complejas [como el universo y la estructura biológica], Paley insistía en que era más
obvio pensar en un diseñador mucho más inteligente que el ingenio humano:
128
(Craig, Fe Razonable, 2008, pág. 107)
129
Ibíd.
130
Paley. Natural Theology, 3-4, citado en Ibíd., pág. 107.
70
Darwin y sus seguidores argumentaron que aquello manifestaba diseño solamente era una
apariencia creada por la operación de la selección natural en las variaciones por azar (se
profundizará más adelante). La teoría de Darwin proponía una “ausencia de diseño” y un
“diseñador innecesario” para explicar el orden que se percibe. Para él, la naturaleza era
suficiente en su proceso, de ahí el concepto de “procesos naturales”.131
71
Un universo finamente ajustado
El argumento del diseño inteligente ha cobrado gran fuerza gracias a los notables
hallazgos científicos de hace unas décadas, específicamente en la década de los 60. Nos
referimos al llamado “ajuste fino” del universo. Ese ajuste fino al que hacen referencia los
científicos describe un universo tan “finamente ajustado” que permite el surgimiento y
mantenimiento de la vida dentro de rangos muy estrechos de probabilidad. El universo –
junto con todas sus características– funciona de forma constante y tan delicadamente que
es como si se estuviera balanceando sobre el filo de una navaja, y de darse el más mínimo
desliz, la vida sería imposible.135 Nancy Pearcey dice bien cuando afirma que “el cosmos
está exquisitamente afinado para sostener vida”.136 En el libro “Evidencia que demanda un
veredicto” de Josh y Sean McDowell se describe el ajuste fino como una sintonía. Allí se
lee: “Uno de los hallazgos científicos más notables del siglo XX es la delicada sintonía de
las leyes que gobiernan el universo, lo cual permite el surgimiento y mantenimiento de
vida inteligente”.137
El principio antrópico
Para describir la delicada estructura que hace funcionar al universo con precisión,
los científicos utilizan el término “principio antrópico”, el cual deriva de la palabra griega
“anthropos” [seres humanos]. El nombre es solo una forma elegante y técnica que se suele
135
(Craig, Fe Razonable, 2008, pág. 166.)
136
(Pearcey, Verdad total: Libera el cristianismo de su cautiverio cultural, 2014, pág. 205.)
137
(McDowell & McDowell, Evidencia que demanda un veredicto, 2018, pág. Ixxvii.)
138
(Pearcey, Verdad total: Libera el cristianismo de su cautiverio cultural, 2014, pág. 205.)
72
usar para afirmar que el universo es agradable y propicio para la existencia humana. O
bien, para afirmar que el universo fue diseñado para que emergiera vida consciente en él. 139
El principio antrópico nos lleva a pensar que el universo fue hecho con los humanos
en mente. El físico Freeman Dyson dice: “Mientras más examino el universo y estudio los
detalles de su arquitectura, más evidencia encuentro de que el universo, en algún sentido,
tuvo que haber sabido que veníamos”. 141 El físico Paul Devies, quien además es agnóstico,
dice: “Los científicos están despertando lentamente a una verdad inconveniente: el
universo luce sospechosamente como un arreglo”.142 El famoso escritor y comentarista
cristiano, Dinesh D'Souza, dice que “el universo, con todas sus leyes, parece ser una
conspiración para producirnos”.143 Asimismo, Timothy Keller, para ilustrar esta
sorprendente “coincidencia”, señala que el universo preparó una especie de “alfombra
cósmica de bienvenida” para recibir a los humanos en él. Lo cierto es que la probabilidad
estadística de un universo con tan maña calibración es probabilísticamente escasa. De
hecho, es tan escasa como para ser considerada estadísticamente irrelevante. Y esto
también es algo admitido por los científicos.144
139
(Broocks, 2014, pág. 86.)
140
Ibíd., pág. 86.
141
Freeman Dyson, Disturbing the Universe [Perturbar al universo], págs. 250-251.
142
Paul Devies citado en (Broocks, 2014, pág. 87.)
143
(D'Souza, 2009, pág. 137.)
144
Señalado en el título que introduce al tema en (Keller, ¿Es razonable creer en Dios?, 2017, pág. 144.); para
más información sobre la probabilidad estadística de un universo ajustado ver a Robin Collins, “A Scientific
Argument fot the God: The Fine-Tuning Desing Argument”, en Reason for the Hope Witbin.
73
funcionamiento preciso de una nave espacial, si las condiciones de nuestro planeta
sufriesen tan solo una ligera falla, se podría desencadenar fallas en cadena que alterarían
las condiciones necesarias para sobrevivir. Si el universo es como un desierto árido y
hostil, nuestro planea es como un pequeño oasis que se encuentra con mucha, muchísima
“suerte”.145 ¿A qué se debe esta suerte? ¿Es una mera coincidencia? ¿Por qué esta parte de
nuestro universo es tan amigable? ¿Es acaso que tuvimos mucha suerte? ¿Por qué el
universo es como es y funciona como lo hace? Estas son preguntas que mantienen
ocupados a los científicos que se sorprenden con la evidencia.
Para entender la magnitud de esta precisión inicial, imagine que hace estallar un
montón de escombros y, como resultado, se formara un edificio completamente construido
junto con escritorios, mesas, sillas y computadoras. 146 ¡Incluso esta comparación parece
quedar corta! Del mismo modo, esta explosión cósmica –supuestamente aleatoria– fue tan
exacta en contenido, tiempo y proporción, que arrojó un universo racionalmente
comprensible que asombra a todo aquel que estudie su estructura. Evidentemente, el Big
Bang parece haber sido una explosión finamente ajustada.
145
(Geisler & Turek, No basta mi fe para ser ateo, 2019, pág. 114.)
146
Ejemplo tomado de [Link]
74
Para describir este aspecto, el Dr. Craig dice que el universo fue “puesto a punto”
en el instante mismo de la Gran Explosión y que los últimos descubrimientos científicos
magnifican lo “increíblemente coordinado que nuestro universo debió estar desde el mimo
momento de la gran explosión para que la vida pudiera originarse en el cosmos”. 147 Y
añade: “Durante los últimos treinta años, los científicos han quedado atónitos por el
descubrimiento de lo complejo y sensible que debió ser el equilibrio de las condiciones
iniciales en ocasión de la gran explosión”. Todos los campos de la ciencia han develado
reiteradas veces de haberse alterado el equilibrio y la sensibilidad inicial, la vida no habría
existido. De hecho, ni siquiera habría existido las estrellas, los planetas ni la química
misma. Por lo tanto, Craig concluye: “En realidad, el universo parece haber sido “puesto a
punto” desde el momento incipiente para permitir la existencia de la vida inteligente”. 148
Preste atención a la descripción que el Dr. McGrath hace del ajuste fino. El
universo no solo se ha ajustado ahora, sino que fue ajustado desde su inicio mismo, en el
punto del Big Bang. Este ajuste fenomenal fue decisivo desde los primeros segundos del
comienzo del universo y lo sigue siendo desde su funcionamiento inicial hasta el día de
hoy. Todos los detalles de su comienzo parecen ser un milagro. Entonces, preguntémonos,
¿cómo es posible que una explosión sean tan exacta? Las explosiones que conocemos
según nuestra experiencia solo producen caos y desorden, y nadie espera encontrar algo
significativo como resultado más que intentar corregir las consecuencias y arreglar los
escombros. ¡Pero con el Big Bang no ocurre de ese modo! Si esa explosión primitiva
hubiese sido un mínimamente más débil, la gravedad habría hecho que el universo se
volviera a contraer casi inmediatamente con tanta rapidez como para que algún tipo de vida
147
William L. Craig, ¿Qué significa “La puesta a punto” del Universo?, en “¿Quién creó a Dios?”, pág. 71.
148
Ibíd., pág. 71.
149
(McGrath, Mera apologética: Ayudando a interesados y escépticos a encontrar la fe, 2020, págs. 104-
105.); referencias también en (Swinburne, Physical Cosmology and Philosophy, 1990, págs. 154-173.) y en
(Collins R. , 1999, págs. 47-75).
75
se desarrollara. Y si la explosión hubiera sido un mínimamente más fuerte, las partículas se
habrían dispersado por el espacio alejándose tanto las unas de las otras que el único
resultado habría sido moléculas simples y frías; algo totalmente distinto a la completa
química necesaria para formar cualquier tipo de vida. Pero para que en el universo exista
algún tipo de vida compleja, no solo se necesita que una parte de la explosión tenga buen
efecto, sino que todas tengan una buena reacción, a la manera de una explosión
coordinada. Los escombros del Big Bang han formado una verdadera obra de arte.
150
(D'Souza, 2009, pág. 138.)
151
Citado en (Keller, ¿Es razonable creer en Dios?, 2017, pág. 145.), referencias también en (Collins F. S.,
2006).
152
Ver en Martin Rees, Just Six Numbers: The Deep Forces That Shape the Universe, pág. 179.
76
extremadamente raras que permiten que exista la vida, cuando prácticamente todo el
universo es inhabitable.
Nuestro planeta también disfruta de rica capa de gas llamada atmosfera. Ella es
como un gran océano de aire compuesto de un 78% de nitrógeno, 21% de oxígeno y 1% de
una docena de microelementos restantes. Todos estos elementos se mezclan
mecánicamente y nos provee un ambiente propicio para que podamos vivir. Si el oxígeno
se elevara tan solo un 3% más de su constante, la vida sería imposible por los fuegos
devastadores. Y si el oxígeno fuese menor al 16% de su constancia, no habría vida humana
por falta de suficiente oxígeno para vivir. La atmósfera terrestre protege la vida de la
Tierra, absorbiendo en la capa de ozono parte de la radiación solar ultravioleta, reduciendo
las diferencias de temperatura entre el día y la noche. Gracias a su densidad y espesor, la
atmosfera actúa como escudo protector contra los meteoritos. Si su espesor fuera distinto,
de seguro seríamos triturados.155 Ninguna otra atmosfera es como la nuestra.
Nuestro planeta tierra también tiene buenos vecinos. Nuestro gigante vecino,
Júpiter, se encuentra lejos de nosotros y absorbe todos los asteroides que de otra forma nos
destruirían sin más remedio.156 La luna, además de ser una bella vista, también tiene
funciones vitales. Si la tierra no tuviera una luna de ese tamaño y a esa distancia, vivir en la
tierra no sería posible. La luna estabiliza la inclinación del eje de la Tierra, previene
153
Citado en (Meldan, 1959, pág. 27.) y en (Kennedy, Por qué creo, 1982, pág. 38.)
154
(Kennedy, Por qué creo, 1982, pág. 38.)
155
Cf. Ibíd., pág. 39.
156
Cf. (O'Leary, 2011, pág. 43.); (Grazer, 2016, págs. 23-38.); ver también en (McDowell & McDowell,
Evidencia que demanda un veredicto, 2018, pág. Ixxx.)
77
temperaturas extremas y crea una ambiente estable y propicio para la vida. 157 La luna es
como una sierva que limpia nuestros océanos y las costas de todos los continentes. Sin las
mareas que crea la luna, todos nuestros puertos y playas se convertirían en un pozo
hediondo lleno de basura.158 También tenemos a una amigable estrella de vecina, el sol.
Mientras todas las estrellas son demasiado grandes, luminosas o inestables para sustentar
vida; nuestro sol tiene el tamaño justo y la edad apropiada para hacerlo. Hay una ventana
de tiempo en la que un sol puede sustentar vida compleja: no debe ser demasiado joven ni
demasiado viejo. Nuestro sol, en particular, es perfecto para nosotros.159
Así también, para que haya vida, nuestro planeta debe estar situada en el tipo
correcto de galaxia. De los tres tipos de galaxia, solo las galaxias espirales con la masa
correcta (como la Vía Láctea) pueden sustentar vida. Y no solo poseemos la galaxia
correcta, sino que también estamos situados justo en la ubicación correcta dentro de ella, y
así escapamos de amenazas caóticas que abundan allá afuera. Es como si viviéramos en un
“buen vecindario”. Antiguamente, muchos decían que si el mundo tuviera algo de especial
quizá deberíamos encontrarnos en el centro de la galaxia y no en un lugar nada
significativo. Pero la ciencia ha desmentido ese razonamiento popular. ¡Qué suerte que nos
encontramos en este lugar y no en algún otro! Si nos encontráramos en el centro de la
galaxia, seriamos blanco fácil para algún que otro agujero negro, las cantidades de estrellas
en explosión o las dañinas radiaciones que abundan precisamente allí. Nuestra ubicación es
más que adecuada, lejos de todo eso, pero a la vez no tanto.160
Estos son solo algunos ejemplos de la estructura finamente ajustada del sistema en
el que vivimos. Nuestro planeta es como una casa segura para nosotros. Es un premio. La
escritora cristiana Denyse O'Leary dice: “La evidencia de la ciencia suguiere que, si
tenemos billentes en una lotería, esta ha sido arreglada a nuestro favor”. La refelxión es
realmente inevitable: ¿Cómo hicimos para tener tanta suerte? ¿Quién nos ama? 161
157
(Gonzáles & Richards, 2004, pág. 23.)
158
(Kennedy, Por qué creo, 1982, págs. 38-39.)
159
(McDowell & McDowell, Evidencia que demanda un veredicto, 2018)
160
(O'Leary, 2011, pág. 43.); referencia en (Ward & Brownlee, 2000, pág. 28.)
161
(O'Leary, 2011, pág. 44.)
78
sigue un delicado patrón bien establecido desde su mismo comienzo. Por lo tanto, nuestro
universo no solo posee un origen ordenado, sino que mantiene su funcionamiento de
manera ordenada. Y para describir el funcionamiento de nuestro universo, los científicos
hablan de las “leyes físicas” o “leyes de la naturaleza”.
Ante la pregunta ¿qué son las leyes de la naturaleza?, podemos responder diciendo
que es la manera en que nuestro universo funciona. Los teóricos definen estas leyes como
descripciones del funcionamiento del universo, o las reglas que el cosmos sigue para
“funcionar correctamente”. El filósofo Antony Flew dice: “¿Qué entiendo por “leyes de la
naturaleza”? Por “ley”, entiendo, simplemente, una regularidad o simetría en la
naturaleza”.162 Los físicos dicen que estas leyes son universales, pues rigen todo el
universo, desde la mecánica celestial hasta la mecánica terrenal, y nada parece afectarlas
como para que funcionen de otro modo.163 Además, estas leyes pueden ser
matemáticamente descritas, y mediante las matemáticas se pueden mostrar su precisión.
162
Antony Flew, Dios existe, pág. 91.
163
Referencia al destacado físico Víctor Weisskopf, por William L. Craig, “¿Cómo describe la ciencia
moderna al mundo?”, en ¿Quién creó a Dios?, pág. 64. También Paul Davies, 1992:82.
164
(D'Souza, 2009, págs. 137-138.)
165
(Geisler & Turek, No basta mi fe para ser ateo, 2019, pág. 112.); (McDowell & McDowell, Evidencia que
demanda un veredicto, 2018, pág. Ixxix.)
79
El misterio de las leyes de la naturaleza
El físico Paul Davies, quien es un científico agnóstico de gran prestigio, dice que la
cuestión palpitante en cuanto a las leyes de la naturaleza es triple:
Algunos sencillamente asumen que las leyes existen, se encuentran allí, y ya. Al
respecto, Paul Davies dice que curiosamente nadie se pregunta de dónde proceden las leyes
de la física, pero “hasta el más ateo de los científicos acepta como un acto de fe la
existencia de un orden […] en la naturaleza, y un orden que resulta al menos en parte
comprensible para nosotros”.169 Por otro lado, muchos han tratado de huir del fenómeno de
las leyes de la naturaleza sugiriendo que dichas leyes son meros inventos de personas
tratando de entender el universo. Sin embargo, eso es claramente falso y es muy difícil que
un científico respetable acepte tal alegato. Quizá la temática que empleamos para
166
Flew, Dios existe, pág. 92.
167
Ibíd., pág. 92.
168
Stephen Hawking, A Brief History of Time [Una breve historia del tiempo], Bantam, Nueva York, 1988,
pp. 174-175. También en español (Hawking, Historia del tiempo. Del Big Bang a los agujeros negros, 2011).
169
Flew, Dios existe, pág. 99.
80
“describir” el universo sean inventos nuestros, pero dicha descripción se centra en algo
existente y legible en el universo. Quizá el término “ley” sea el lenguaje que usamos para
entender el funcionamiento del universo, pero esta ley describe algo real, ya que refleja
propiedades de la naturaleza que sí existen. Si se partiera de la idea de que las leyes como
tales son meras conjeturas inventadas, entonces la ciencia –la cual busca brindar un
conocimiento objetivo del universo– se reduciría a mera palabrería sin sentido. 170 En base a
todo esto, Davies cataloga de “puro disparate” suponer que las leyes de la física son leyes
nuestras y no de la naturaleza misma. Por lo tanto –insiste Davies– las leyes de la
naturaleza “existen realmente” y la función del científico consiste en descubrirlas, no en
inventarlas. 171
La regularidad de la naturaleza
81
de no tener ni la más mínima justificación racional para asumir que todo seguirá
funcionando igual mañana.175 Es así que, en términos de intuición, nadie nos asegura que el
sol no retrasará su salida mañana, que las tierra y los planetas no se salgan de su órbita y
que de la nada todos empecemos a flotar.
175
Keller, 2017, págs. 146-147.
176
Discurso de aceptación del Premio Templenton, Paul Davies, referencia en Antony Flew, Dios existe, pág.
98-99.
177
John Foster, The Divine Lawmaker: Lectures on Induction, Laws of Nature and the Existence of God [El
legislador divino: Lecciones sobre inducción, las leyes de la naturaleza y la existencia de Dios], pág. 160.
82
existencia de las leyes de la naturaleza es un Dios personal dotado de los atributos que
tradicionalmente le ha adjudicado la teología.178
Esta congruencia fantástica arroja preguntas claves: ¿Por qué los seres humanos
pueden discernir este orden en el cosmos? ¿Por qué podemos representarlo tan
elegantemente usando ecuaciones matemáticas? ¿Por qué el universo es tan inteligible para
nosotros? ¿Cómo se explica su transparencia racional? ¿Por qué hay una congruencia tan
profunda entre la racionalidad presente en nuestras mentes y la racionalidad que
observamos en el mundo? A todo esto, la ciencia no puede responder. De hecho, la ciencia
depende precisamente de la realidad de un universo ordenado y comprensible para
funcionar correctamente. ¡Ese es su punto de partida!
178
Richard Swinburne, “Design Defended”: Thing, p. 14.
179
Citado en Antony Flew, Dios existe, pág. 92.
180
Eugene Wigner, “The Unreasonable Effectiveness of Mathematics”, en Communications on Pure and
Applied Mathematics 13 (1960): 1-14. Citado también en (McGrath, Mera apologética: Ayudando a
interesados y escépticos a encontrar la fe, 2020, pág. 109.).
181
(McGrath, Mera apologética: Ayudando a interesados y escépticos a encontrar la fe, 2020, pág. 107.)
182
John Polkinghorne, Science and Creation: The Search for Understanding, págs. 20-21.
83
debemos aceptar los criterios del conocimiento científico. Ya sea que… un individuo
decida aceptar o rechazar estos criterios, es un asunto puramente personal, no susceptible a
ser argumentado”.183 Lo que Russell trata de decir es que el conocimiento de un mundo
ordenado, a la cual podemos acceder, es inexplicable. Es tan inexplicable que aceptar o
rechazar esta idea sería cuestión de gusto personal.
Sin embargo, la visión teísta cristiana sí posee un fundamento firme para explicar la
realidad que percibimos del universo. Paul Davies señaló que “la ciencia solo puede
avanzar si el científico adopta una visión del mundo esencialmente teológica”. 184 La visión
teológica del mundo consiste en que el tal fue “creado” y “ordenado” por Dios. Y no solo
el mundo, sino que la mente humana misma es resultado de la creación de Dios. El
apologista C. S. Lewis argumentó que tanto la creación en general, como la razón humana
en particular, llevan rastros o huellas del orden creativo de Dios. McGrath dice al respecto:
“El mismo Dios que creó el mundo también creó la mente humana, con una analogía y
congruencia entre estas dos creaciones suyas y su propia naturaleza divina”. 185 La otra
alternativa se arriesga concebir un universo caótico con leyes irracionales a la mente de
individuos que también han sido originados por azar. Por lo tanto, no hay razones para
confiar en la comprensibilidad del cosmos como en la percepción de la mente humana. Si
ese fuera el caso, la ciencia sería obsoleta pues depende de la realidad de un mundo
ordenado y la confianza básica de nuestras mentes racionales. Paul Davies escribió:
183
Russell, Conocimiento Humano: Su Alcance y Límites, 1948, xv–xvi.
184
Paul Davies citado en Flew, Dios existe, págs. 98-99.
185
Cf. C. S. Lewis, Miracles (Nueva York: Macmillan, 1947), pág. 26. Cita de Alister McGrath en (McGrath,
Mera apologética: Ayudando a interesados y escépticos a encontrar la fe, 2020, pág. 110.)
186
Paul Davies, “What Happened Before the Big Bang”, en God for the 21st. Century (ed. Russell Stannard),
2000, pág. 12.
84
científico de la investigación” es el resultado de “la creencia en un Dios racional cuyo
orden creado podía ser discernido a partir de un estudio cuidadoso de la naturaleza”.187
187
(Davies, The Mind of God: Science and the Search for Ultimate Meaning, 1992, pág. 77.)
188
(Bahnsen, ¡Prepárate para la buena batalla!: La metodología apologética de Greg L. Bahnsen, 2013, pág.
183.)
85
El azar y la causalidad
Una de las rutas de escape se trata del azar. Es decir, estamos vivos en el universo
solo porque tuvimos muchísima suerte. Nadie nos ama allá afuera ni se preocupa por
nosotros. Toda esta sinfonía y nuestra misma vida es solo una casualidad. Nos sacamos la
lotería cósmica y eso es todo, deberiamos simplemente celebrarlo. Sin embargo, es
exactamente en este punto donde el escéptico necesitará de mucha más fe para afirmar el
azar y la mera suerte que admitir a un diseñador inteligente. Después de todo, un universo
como el nuestro con crituras conscientes en él es extremadamente improbable. ¡Obivio!
Con tal de negar a un Dios que es santo y nos demanda responsabilidad moral, se vuelve
bastante fácil confiar en que sencillamente somos suertodos. Para quienes pinesan así, la
primera opción siempre será la hipótesis de que debemos celebrar nuestra suerte y no
preguntarnos por un diseñador.189
Por otro lado, aunque debemos admitir que a veces debemos dar lugar a la
casualidad, sin embargo, la probabilidad real de que nuestro universo llegue a ser como es
escapa por completo de los rangos de “probabilidad” y pasa a ser un razonamiento
meramente absurdo. Hay cosas que sencillamente no pueden ser productos del azar. Si
jugamos a las cartas con un grupo de competidores y en 10 juegos se nos reparte
específicamente las cartas que aseguran nuestra vicutoria, es completamente seguro de que
el juego se ha arreglado a nuestro favor. ¡Incluso esta analogía queda corta!
El Dr. Craig también nos da una analogía para rebajar la validez del azar a la hora
de refrirnos a nuestro universo:
86
Ya que la “suerte” de nuestro universo es inmensa e inexplicable dificilmente
encontremos una analogía apta, pero ahora ya todos tiene alguna idea de que el azar y la
casualidad no parecen ser explicaciones suficientemente satisfacotrias. Incluso muchos de
los científicos no están dispuestos a aceptarlas como explicaciones suficientes. De hecho,
la “casualidad” no es una explicación; es una no-explicación, y por cierto, es la
“explicación” menos racional de las propuestas disponibles para un universo con ajuste
fino.191
Para infundir un poco de vida a la moribunda teoría del azar a fin de volverlo un
poco más “racional”, muchos científicos postulan que nuestro universo –el cual tiene la
suerte de ser ordenado– en realidad es uno de incontables universos que existen y que
constantemente se están generando. Ellos admiten que si bien es sumamente improbable
que nuestro único universo llegae a existir dado el número de variables, tales
probabilidades cambian si hay un número infinito de universo. ¡Al menos uno debería
tener un poco de suerte! El ateo Richard Dawkins, por ejemplo, dice que al principio
antrópico se le puede contestar “con la sugerencia […] de que hay muchos universos,
coexistiendo como burbujas de espuma, en un multiverso”.192 Dawkins también escribe:
191
(Clark, 2018, pág. 63.)
192
(Dawkins, The God Delusion, 2006, pág. 145.)
193
Ibíd. pág. 175.
87
Primero, y como señalamos anteriormente, la posibilidad de una infinidad de
universo es absurda. El infinito solo es un ideal matemático que no puede existir en el
mundo real a menos que deseemos abrazar la irracionalidad. Las “cosas infinitas”, sean
días, libros, explosiones de universos, sigue siendo una imposibilidad real. Por lo tanto, no
puede existir un número ilimitado de universos limitados.194
El físico Paul Davies, quien es agnóstico, dice que una cosa es afirmar que algunas
regiones del universo están más allá del alcance de los telescopios, pero –dice Davies– “la
credibilidad alcanza su límite en algún punto de la resbaladiza pendiente entre eso y la idea
de que hay un número infinito de universos. En cuanto se desliza por esa pendiente, más y
más cosas se deben aceptar por fe, entre tanto menos y menos se abren a la verificación
científica”. De hecho, Davies también nota que afirmar un “multiverso” como causa de la
singularidad de nuestro universo no tiene más peso que afirmar que Dios podría ser esa
causa.196 ¡Note lo importante de esto! El multiverso no es ciencia. No se cuenta con
evidencias. Postularlo consistiría en especulación metafísica más que en una rigurosidad
científica. Creer en el multiverso requiere –nuevamente– de fe por parte de los no
creyentes. Sin embargo, la evidencia muestra que toda la realidad finita surge a partir del
Big Bang, y es a esta realidad finita que podemos llamar “universo”. Por lo tanto, si existen
“otras realidades” además de esta, están más allá de nuestra capacidad de detección. Como
se lee en el libro de los apologistas Geisler y Turek:
194
(Geisler & Turek, No basta mi fe para ser ateo, 2019, pág. 128.)
195
Ver referencia en (Flew, 2013).
196
(Davies, A Brief History of the Multiverse [Una breve historia del multiverso], 2003)
88
brebaje metafísico, un cuento de hadas construido sobre la fe ciega […]
separado de la realidad…”197
Existe otro argumento que tiene al azar y a la casualidad como eje principal. Como
habíamos explicado anteriormente, el principio antrópico parte de la reflexión sobre lo
delicadas que son las condiciones necesarias para que haya vida en el universo, y de la
admiración ante el hecho de que la vida no habría podido aparecer si alguna de las
constantes de la naturaleza tuviera un valor ligeramente distinto. Nos referimos a que el
universo es exactamente como debería ser para que hoy estuviéramos vivos en él. Ante la
pregunta del porqué de esto, los escépticos tienen problemas en brindar teorías naturalistas
para explicar esta feliz coincidencia.199
89
permitir nuestra existencia, no estaríamos aquí para pensar respecto de ello. En el libro de
Josh y Sean McDowell, el argumento se explica como sigue: “Hay quienes argumentan
que debido a que no podríamos existir en un universo que no propiciara nuestra existencia
(es decir, en sintonía fina), no nos debe sorprender que el universo esté tan bien
sintonizado.203 En otras palabras –razonan ellos– nosotros nos maravillamos por la feliz
coincidencia de que nuestro universo funciona para albergar vida porque estamos vivos;
pero si el caso hubiera sido distinto, no estaríamos aquí, por lo tanto, no habría nadie que
se maraville por un universo finamente ajustado. El ajuste del universo y los humanos que
lo admiran es solo una coincidencia.
Este razonamiento solo busca eliminar la necesidad de explicación del ajuste fino,
pero filosóficamente fracasa debido a que el razonamiento es defectuoso. El caso es que el
universo está finamente ajustado, el principio antrópico es una realidad y nosotros estamos
vivos aquí para reflexionar al respecto. El filósofo John Leslie elabora una ilustración que
demuestra lo defectuoso que es el razonamiento del principio antrópico débil y subraya la
necesidad de explicación al por qué nuestro universo es como es. Su ilustración puede
denominarse la “analogía del pelotón de fusilamiento” y se describe así:
Lo que el ejemplo nos muestra es que usted ni nadie puede explicar una
probabilidad de esta magnitud simplemente señalando la presencia del sujeto en la escena
para reflexionar en cuanto al suceso. Todavía es necesaria una explicación. De hecho, es
cuestión de sentido común. La “improbabilidad” del universo sigue siendo real haya o no
la intención de explicarlo. El hecho es que estamos vivos. Si usted estuviera en el lugar del
reo que iba a ser fusilado, lo seguro es que estarías sorprendido dada la enorme
probabilidad de que todos los tiradores disparen justo en el blanco. Tu supervivencia exige
una explicación de la misma forma que la sintonización de las leyes del universo la exige
203
(McDowell & McDowell, Evidencia que demanda un veredicto, 2018, pág. Ixxxi)
204
La ilustración se elabora en (Leslie, 1989, pág. 108.) y también es citada en (D'Souza, 2009, pág. 141.)
90
también; pues, así como el reo, nosotros estamos vivos en este universo que pudo no
funcionar para nuestro bien.
Teoría extraterrestre
Si las teorías de casualidad, azar y los múltiples universos fracasan, todavía hay una
gran cantidad de especulaciones que se podrían hacer con tal de evadir a Dios. La ciencia
ficción atea postula una que sorprendería a todos: los extraterrestres. No pudiendo negar
diseño, muchos científicos y teóricos toman la idea de un “diseñador inteligente” pero en la
persona de otros candidatos. El bioquímico agnóstico Michael J. Denton afirma que existe
un “diseño” en el universo, pero tanto una especie de panteísmo (todo es dios) como los
extraterrestres son posibilidades para una buena explicación:
El astrónomo Fred Hoyle suele ser citado como ejemplo de esta obstinación para
finalmente negar a Dios. Hoyle llegó a admitir la particularidad de un ajuste fino cuando
dijo: “Una interpretación de sentido común de los hechos indica que un súper intelecto ha
hecho travesuras con la física”. 206 Hasta el momento todo bien con la afirmación citada,
pero, ¿quién es ese “súper intelecto”? En su intento de escapar de Dios, Hoyle propuso que
podría tratarse de una mente alienígena de otro universo:
205
Michael J. Behe en (Johnson & Lamoreux, pág. 106.)
206
(Pearcey, Verdad total: Libera el cristianismo de su cautiverio cultural, 2014, pág. 206.)
207
Conferencia de prensa dada por Hoyle en 1971. Extraído de Ibíd.
91
Lennox, a “pequeños hombrecitos verdes”.208 Carl Sagan también dedicó tiempo y dinero
invertido en su búsqueda de seres extraterrestres o de alguna información que provenga del
espacio exterior a fin de reconocer algún signo de inteligencia. Según Sagan, solo
necesitamos algún tipo de mensaje y eso bastaría. Ni siquiera sería necesaria reproducir
dicho mensaje –afirmó Sagan– porque reconoceríamos la presencia de la inteligencia que
buscamos.209
El apologista Frank Turek había dicho que quizás los escépticos prefieren tener fe
en seres extraterrestres que en Dios precisamente porque no es el diseño inteligente lo que
les incomoda, sino aquello que Dios representa. Incluso hasta sean capaces aceptar a
alguna deidad, pero un Dios moral es difícil de digerir. A diferencia de los extraterrestres,
Dios sí nos demanda responsabilidad moral, si instituye como nuestro juez supremo, y nos
exhorta a abandonar nuestra manera egoísta de vivir. Los extraterrestres no nos llaman a
arrepentirnos de nuestros pecados y a abandonar nuestras inmoralidades. Dios sí lo hace.
Quizás por eso muchos prefieren matar a Dios y dar vida a algún personaje de ficción.
92
innegable. Sin embargo, han preferido teorías que simpatizan más con la ciencia ficción
que abrazar la idea de Dios.
Como hemos visto, en el universo se observa los mismos rasgos de diseño que
también pueden ser reconocidos y estudiados. Por lo tanto, nos guste o no, solamente Dios
es capaz de ajustarse a la explicación que todos estos fenómenos requieren. El premio
Nobel Arno Penzias, expresó que el principio antrópico es el resultado de una especie de
obra sobrenatural:
210
(Meyer, 2000)
93
El cosmólogo Edward Harrison también ha expresado su deducción diciendo que
los hallazgos científicos de la cosmología moderna no han hecho más que confirmar lo que
William Paley ha dicho antes, o incluso mejorarlo: “Aquí está la prueba cosmológica de la
existencia de Dios–el diseño del argumento de Paley–actualizado y mejorado”. 212 Pero
incluso antes de Paley, la Biblia ya ha ido anunciando que el universo es el resultado del
poder creador de Dios, y su diseño es el efecto de su sabio propósito e infinita sabiduría. El
evangelio de Juan abre diciendo: “En el principio era el verbo”. La palabra griega para
“verbo” es “logos”, de donde se extraen las palabras “razón” y “lógica”. Por lo tanto, lo
que Juan está diciendo que la mente de Dios estuvo desde el principio, y hoy sabemos que
la materia no es eterna ni puede serlo, sino que ella es el resultado de algo más. ¡Y es
precisamente esto lo que sugiere la evidencia científica! El científico que perteneció a la
NASA, Robert Jastrow, dice que la evidencia puede postular a Dios como responsable de
nuestro asombroso universo, y los científicos no tienen forma de negarlo. Jastrow se
pregunta: “¿Fue como la Biblia dice: Desde el principio tú fundaste la tierra, y los cielos
son obras de tus manos? Ningún científico puede responder esa pregunta”.213
211
Citado en Walter Bradley, The “Just-so”: The fine-Tuning of Constants and Conditions in the Cosmos [El
universo diseñado: el fino ajuste de las constantes y las condiciones del cosmos], en (Dembski & Kushiner,
2001, pág. 18.)
212
Citado en (Broocks, 2014, pág. 89.)
213
(Jastrow, God and the Astronomers [Dios y los astrónomos].
94
después de iniciada la película, y comenzó a disparar al azar hacia la asustada multitud,
asesinando a 12 personas e hiriendo a 59 más. Con un total de 69 víctimas entre muertos y
heridos, este fue el registro de uno de los mayores tiroteos masivos en la historia de los
Estados Unidos hasta una historia similar conocida como la masacre de la discoteca de
Pulse de Orlando en 2016, donde un islámico radical irrumpió en la famosa discoteca gay,
matando a 50 personas e hiriendo a 53 más.214
Sobre la masacre de Aurora, un escritor comenta que los niños aterrados y sus
padres se apiñaron con horror y oraron que fueran salvados. Se recuerda que un
sobreviviente dijo en un reporte de televisión: “Nunca veré mi vida de la misma forma”.
Tragedias como estas realmente conmociona a cualquiera que la experimente y se vuelve
una marca de vida. Cualquiera con sentido común aseguraría la demencia de homicidas de
esta índole y no existe persona racional alguna en el mundo que las vea como algo normal
y permisible, a menos que sea un verdadero desequilibrado mental.
Ante tragedias así, el mundo común suele reaccionar: “¿Cómo pudo pasar algo así?;
“¿Qué está pasando por la mente de estos terroristas?”, y: “¿Cómo alguien puede ser capaz
de algo tan malvado?”.215 En otras palabras, hacer juicos morales en casos así se torna una
reacción inmediata que sale desde lo más profundo de nosotros, casi como un instinto. De
hecho, no necesitamos que nadie se esfuerce en convencernos de que aquello estuvo
absolutamente mal. ¡Los sabemos de por sí!
Ahora bien, ¿cómo podríamos estar seguros de que masacres así son absolutamente
malos? ¿Con qué autoridad alguien podría desaprobarlas? Si males como estos son reales,
¡y vaya que existen y aterran a cualquiera!, entonces el bien también debería existir como
un contraste necesario. ¿Pero por qué sabemos distinguir entre lo bueno y lo malo? ¿Cuál
es el fundamento que nos justifica a cumplir con nuestras obligaciones morales y a evitar
(e incluso combatir) las inmoralidades? Como notarán, todos hacemos juicios morales sin a
veces entender de dónde proviene nuestro estándar. Y como ya se lo esperan, esta
incógnita nos guía a un muy persuasivo argumento para la existencia de Dios. La evidencia
de la ley moral es un argumento cuyas premisas están admitidas incluso por teóricos y
214
Masacre de Aurora de 1012, información extraída de
[Link] Masacre de la discoteca Pulse de Orando,
información disponible en [Link]
215
Cf. (Broocks, 2014, pág. 43.)
95
pensadores ateos que no pueden negar la estrecha relación que existe y debe existir entre la
figura de Dios y los valores morales objetivos.
La moral universal
Una característica bastante peculiar de la moralidad es que se encuentra en todas las
sociedades y, por consiguiente, en todos los individuos. De hecho, históricamente, todas
las culturas de la humanidad han tenido de manera clara una ley moral. La realidad moral,
por lo tanto, puede ser verificada con los registros de culturas pasadas, así como también
presenciada en las sociedades presentes. Pero lo interesante de la cuestión no es que todos
estos grupos hayan contado con un sistema moral, sino que dicha moralidad es
sorprendentemente similar sin importar cuán separados estén en el tiempo, la geografía, el
desarrollo cultural, e incluso de la creencia religiosa misma. 216 Es verdad que ellas varían
en ciertos aspectos de modos de conductas, pero algo es absoluto, todos cuentan con un
sistema moral que tiene como fin preservar la integridad del individuo dentro de su grupo
social. Por lo tanto, aunque los pueblos muestran diversidad en cuanto a conductas
específicas que consideran buenas o malas, hay acuerdo universal en los principios de la
moral objetiva. Sobre esta similitud, C. S. Lewis dice: “Si alguien se dedica al trabajo de
comparar las enseñanzas morales del antiguo Egipto, Babilonia, la India, China, Grecia y
Roma, realmente le sorprenderá el grado de similitud entre todas ellas y también con las de
nuestra época”.217
Durante las últimas décadas, los antropólogos han estado comparando las normas y
prácticas de las distintas culturas del mundo y han notado dos cosas importantes:218
216
(McDowell & McDowell, Dios y la Biblia, 2014, pág. 34.)
217
Cf (McDowell & McDowell, Evidencia que demanda un veredicto, 2018, págs. xc-xci.); referencia
(Lewis, Mere Christianity [Mero Cristianismo], 1952).
218
Cf. (D'Souza, 2009, págs. 244-245.)
96
Las religiones del mundo, por ejemplo, las cuales son grandes generadoras de ideas
morales y representan a la gran mayoría de los humanos del planeta, no coinciden
en cuanto a Dios, pero sí coinciden bastante en cuanto a la moral. Es como si todas
contienen en su núcleo mismo aquella regla de oro pronunciada por Cristo: “Todas
las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced
vosotros con ellos”. Debido a esto se suele decir que las más influyentes religiones
del mundo (judía, cristiana, musulmana, hinduista, budista, etc.) comparten un
amplio rango moral más allá de los límites religiosos.
Algunos insisten en que la moral depende de cada cultura y que, por lo tanto, no
podemos hablar de una moralidad universal. Pero si analizamos con atención, ese no
parece ser el caso. Es muy distinto decir que la moralidad varía absolutamente de cultura a
cultura que decir que existe una moral absoluta con alguna que otra variación. Sí, hay
diversidad de práctica moral, pero hay mucho menos diversidad de normas morales. Es
posible que un grupo permita una esposa y otro grupo permita cuatro o más, pero todos
coinciden en la indispensabilidad de la familia y la obligación moral de proveer a las
generaciones posteriores. El libro de James Q. Wilson “El sentido de la moralidad” [The
Moral Sense] presenta pruebas para una moral universal arraigada en los instintos humanos
más básicos.219 Asimismo, el estudio de Donald Brown “Universalidades humanas”
[Human Universals] revela más de 300 patrones invariables de comportamiento, que
incluyen una multitud de creencias morales que todas las culturas conocidas comparten. El
autor Dinesh D'Souza nos ejemplifica diciendo que “es posible que varias culturas
especifiquen situaciones en las que es moralmente tolerable mentir o actuar de una manera
cobarde, pero ninguna culura apoya la deshonestidad y la cobardía como valores”.220
219
Cf. (Wilson, 1993); (Brown, 1991).
220
(D'Souza, 2009, pág. 245.)
97
morales similares a los que hoy conocemos. 221 Es por eso que la moral definida por los
Diez Mandamientos en la tradición judía, por el Código de Hammurabi en Babilonia, 222 por
el Tao en China,223 y por el Nuevo Testamento del cristianismo, podría, quizás, diferir en
algunos detalles periféricos, pero son similares en esencia. Todas tienen reglas que
prohíben matar a otros a voluntad o violar niños por deporte, etc. Todas las leyes morales
de estas culturas parecen tener la finalidad de “proteger la vida humana”, y en la historia
han sido reglas que gobiernan el matrimonio, relaciones familiares, condenan el robo y
estimulan el hacer bien a los demás.224
Otra forma de demostrar que existe una moralidad absoluta que abarcó toda nuestra
historia es mediante los efectos prácticos. Prácticamente es imposible negarla. El relativista
moral sostiene vehementemente que no existen valores morales absolutos más allá de
nuestra subjetividad. Los valores –dicen ellos– dependen del sujeto, por lo tanto, aquello
que llamamos “bueno” o “malo” es solo cuestión de preferencias personales. Asesinar a
alguien o hacer bien a alguien es cuestión de gustos y preferencias, así como preferir entre
un helado de chocolate o vainilla según guste más. Eso suena lindo y simple en la teoría,
pero es sencillamente insostenible en la práctica.
Imagine lo siguiente… todo aquel que afirma que no existen los valores morales
absolutos valora su derecho de expresar su opinión. Esta persona se expresa porque
“desea” ser escuchada y tomada en cuenta. Esta persona afirma que hay un “error” en
afirmar que sí existen valores morales absolutos y, por lo tanto, es su “deber” corregir el
error y alegar que no hay tal absolutismo. Pero, ¿por qué esta persona creería que su
opinión deba ser valorada o tomada en cuenta? ¿De dónde proviene su necesidad de
corregir el error para no propagar una “mala” información? Cuando una persona se levanta
y exclama que no hay valores morales absolutos y alguien le replicara diciendo: “¡Cállese
y siéntese! ¡Su opinión es una basura!”, muy probablemente esa persona empiece a
221
Ibíd., pág. 245.
222
El código es datado hacia el año 1700 a.C., el cual –según se cree– fue recibido por el rey Hammurabi de
Babilonia de parte del Shamash, el dios del Sol y la justicia, para constituirse como reglas a cumplir a fin de
fomentar el bienestar del pueblo.
223
Moral del taoísmo y confucionismo que fomenta la paz, armonía y respeto por el mundo.
224
(McDowell & McDowell, Dios y la Biblia, 2014, pág. 34.)
98
defender su derecho “moral” de opinar y que, por lo tanto, no somos libres de reprimirla
como persona. Como dice el apologista Norman Geisler:
Como verán, se necesita apelar a alguna realidad moral universal incluso para negar
que ellas existen. Necesita haber una moralidad regidora hasta para que la discusión al
respecto se dé. De no ser así, ningún juicio moral donde juzgamos cuando algo es correcto
o atroz tendría sentido último.
Pero existe otra forma de notar como la moral absoluta es innegable, y tiene que ver
con nuestras reacciones básicas ante hechos que normalmente consideraríamos como justos
o injustos. Norman Geisler nos presenta un escenario donde un profesor asigna a sus
estudiantes la tarea de realizar un ensayo sobre un tema ético a elección. Un estudiante ateo
decide escribir sobre el relativismo moral, argumentando que no existen verdades morales
absolutas y que, por lo tanto, “todas las moralejas son relativas; no hay un estándar
absoluto de justicia o rectitud; todo es cuestión de opinión; te gusta el chocolate, me gusta
la vainilla”, y así sucesivamente. El ensayo del estudiante fue hecho con rigor,
documentación y fue presentado en una linda carpeta azul. Sin embargo, el profesor, luego
de leer el ensayo, decide reprobar al estudiante sencillamente porque “no le gustan las
carpetas azules”. Cuando el alumno miró la calificación de su ensayo, naturalmente se
enfadó y fue a reclamar al profesor por su injusta calificación. Podemos imaginar las
palabras del estudiante: “injusticia”, “esto es incorrecto”, “no me merezco esta
calificación”, “también hay otras carpetas azules que no reprobaste”, etc. No obstante, el
profesor solo está intentando confirmar la tesis del estudiante al desaprobar la validez de
un trabajo por una mera preferencia personal [no le gustan las carpetas azules]. Pero es el
estudiante el que desmiente su tesis con su reacción insistiendo –al menos indirectamente–
en que hay una ley moral que lo avala para protestar. Norman Geisler concluye sobre esta
moraleja diciendo:
99
y sus mentes. Aquí, el estudiante se dio cuenta de que hay un estándar
objetivo de corrección por la forma en que reaccionó al trato que el profesor
le dio a él. De la misma manera, no creo que robar esté mal cuando te robo.
Pero mira cuán moralmente indignado me siento cuando me robas.”226
Las reacciones a las que podríamos denominar como “básicas” demuestran con
claridad la inconsistencia de negar la moralidad absoluta. Cualquier persona puede afirmar
de lengua para afuera que cree en el relativismo moral, pero no desean bajo ningún
pretexto que sus cónyuges se comporten como relativistas sexuales. Ellos detestarían el
hecho de que sus parejas sean solo relativamente fieles. Al contrario, los casados –
mentalmente equilibrados– desearían que sus respectivas parejas vean al adulterio como
absolutamente incorrecto, y saben que reaccionarían negativamente si bajo el pretexto del
“relativismo” practicaran la traición. Incluso sí hubiera algún casado fuera de serie que no
tenga problemas con el adulterio en su matrimonio, podemos asegurar que desaprobarían
terminantemente el hecho de que alguien desee violar y asesinar a sus hijos o a ellos
mismos. ¿O no?
Geisler nos ayuda a reflexionar y ver cómo nuestras reacciones morales más básicas
nos guían a identificar lo que es correcto y lo que es incorrecto. Cuando los terroristas del
11 de septiembre tiraron los aviones contra los edificios americanos, todos se
conmocionaron con profunda desaprobación. Pero Bin Laden y sus compañeros criminales
solo hacían lo “correcto a sus ojos”. Sin embargo, ¿cómo creen que Bin Laden habría
reaccionado si el caso hubiera sido a la inversa y sus aviones y edificios junto con su gente
hubieran sido los afectados? De seguro él habría reaccionado de inmediato demostrando su
profunda desaprobación. Por eso, dice Geisler, la ley moral no siempre es evidente a partir
de nuestras acciones –porque somos inmorales a veces sin siquiera notarlo– pero sí son
bastante evidentes cuando reaccionamos ante lo que nos afecta personalmente: “En otras
palabras, la ley moral no siempre es el estándar por el que tratamos a los demás, pero casi
siempre es el estándar por el que esperamos que otros nos traten. No describe cómo nos
comportamos realmente, sino que nos prescribe cómo debemos hacerlo”. 227 Es cómodo ser
relativista cuando nos creemos filósofos, pero difícilmente lo seamos cuando somos
víctimas de alguna que otra injusticia o maldad que –se supone– son solo relativos.
226
Ibíd., pág. 207.
227
Ibíd., págs. 207-208.
100
La moral absoluta es necesaria para todos
Relativizar los valores morales –sobre todo los valores fundamentales– podría ser
catastrófico para toda sociedad que pretenda ser civilizada. No existe civilización alguna
que haya fomentado alguna forma de libertinaje moral teniendo la intención de construir su
sociedad, proteger al individuo y preservar su vida en base al valor que “naturalmente” el
ser humano posee. El derecho más básico –el derecho humano– fue fundamental para el
establecimiento de un país como Estados Unidos. En la famosa Declaración de
Independencia, Tomas Jefferson escribió:228
No importa a cuál país pertenezcas, esta misma esencia se imputa a toda sociedad
civilizada. Como dice esta declaración, en vista de que el ser humano posee valor
intrínseco, está rodeado de derechos morales que proceden, no de algo inventado, sino del
Creador mismo, quien es la máxima autoridad. La intención de Jefferson no fue exponer
una opinión, sino establecer una verdad “evidente por sí misma” y sustentarla a partir de lo
más grande e inmutable posible: Dios. Si Jefferson hubiera dicho que el valor es asignado
según la opinión humana, entonces otros humanos podrían eliminar dicho valor. Si dicho
valor fuera asignado por la naturaleza, entonces nadie se sentiría seguro viendo cómo la
naturaleza (el reino animal, por ejemplo) es. La opinión humana es subjetiva e inestable; y
la naturaleza no es un buen ejemplo para nosotros en cuanto a moral se refiere.
101
humanos más básicos tal como lo define la ley moral (como se manifiesta en el derecho
internacional). Es más, fue precisamente en respuesta al caos inmoral de la Segunda
Guerra Mundial que desde las Naciones Unidas se vio la necesidad de declarar los
derechos humanos (en 1948), luego de que millones de personas fueran asesinadas por el
simple hecho de ser judías, polacas o de cualquier etnia no deseable por los nazis. En total,
se estima que 50 millones de personas murieron debido a ese conflicto que suscitó a raíz de
perversidades morales. Para la ONU, el derecho humano es la facultad moral y legal de
tener y obtener algo, o de actuar de cierta manera. Ese derecho es, antes que nada, un
derecho moral.229
Como verán, estas leyes globales construyen y preservan civilizaciones. Sin ellas, el
mundo sería un caos. Pero estas leyes morales son entendidas inherentemente y a ellas
están sujetas las naciones (o deberían estarlo). Si no existiera esta moralidad nacional e
internacional que trascendiera las opiniones de solo un grupo de hombres, entonces no
habría bases como juzgar lo que otros hombres (como los nazis) hicieron. En otras
palabras, nadie pudo haber dicho con razón que los nazis estaban absolutamente
equivocados a menos que supiéramos lo que era lo absolutamente correcto. Las sociedades
se forman con ciudadanos, los ciudadanos son individuos, y si su valor es efímero,
entonces su libertad es subjetiva y la moralidad que conoce es relativa. Si esto es así,
entonces su sociedad corre el riesgo de desmoronarse. Es por eso que las leyes morales son
necesarias y rodo individuo es consciente de esto. Y aunque haya alguna que otra variante
en cuanto a cómo el ser humano debe comportarse, es como si muchas orquestas diferentes
estuvieran tocando de la misma partitura, pero adaptándola para sus propios
instrumentos.230
229
Universal Declaration of Human Rigths, documento descargable, Naciones Unidas:
[Link]/en/[Link]-rights/
230
(McDowell & McDowell, Dios y la Biblia, 2014). Cf. (Broocks, El derecho humano, 2018, pág. 4.)
102
encontrar cualquier alternativa que no sea Dios”. 231 Muchos ateos no están dispuestos a
ceder los valores morales al terreno de Dios y los creyentes, sino que intentarán ofrecer un
mundo meramente natural, donde no hay Dios, pero sí valores morales. Esto es un
verdadero dilema que se repitió a lo largo de la historia: “Si usted intenta construir un
mundo sin Dios, algo más tomará su lugar”.232
Pero otros incrédulos, sin embargo, no se esforzarán tanto en esta tarea, sino
admitirán que en vista de que Dios no existe, los valores morales son sencillamente
inventos humanos; y aunque ellos practiquen y defiendan estos valores sin contar con un
fundamento, alegarán que solo se trata de una “feliz inconsistencia”. Otros ateos, mucho
más enajenados por su cosmovisión, instarán a relativizar los valores morales según el
antojo de cada uno.
En primer lugar, si la moral fuera un mero contrato social establecido por una
mayoría, ¿qué pasaría si alguien decidiera violar dicho contrato? ¿Sería correcto o
incorrecto que lo haga? Si la moral es un mero contrato social promulgado por hombres,
¿por qué otros hombres no podrían violarlo? ¿No sería acaso la opinión de un hombre en
oposición a la opinión de otro hombre? No puede existir debate objetivo cuando se trata de
preferencias personales. En ese sentido, violar o respetar el contrato social serían –
sencillamente– acciones moralmente equivalentes. Pero si alguien se atreviera a juzgar
moralmente a quien violare el contrato social debería apelar a una autoridad mayor en
contraposición a la opinión de otros hombres.233
231
(Broocks, Dios no está muerto, 2014, pág. 49.)
232
Ibíd., pág. 50.
233
Cf. (Turek, Robándole a Dios, 2018, págs. 78-79.)
103
Por otro lado, si la moral fuera el resultado de convenciones y acuerdos sociales,
nadie tendría autoridad moral para juzgar el comportamiento de otros grupos sociales. Si
en la Alemania Nazi todos estaban de acuerdo con los ideales de Hitler, nadie de otro
sector tiene derecho a juzgarlo desde la perspectiva de su “contrato social”. Después de
todo, la moral convencional es relativo y varía de cultura en cultura. ¿Por qué una
perspectiva moral debería interferir con otra? De hecho, irónicamente los nazis creían estar
en lo correcto al servir al gobierno de su tiempo. Pero se sabe que los valores morales
objetivos proporcionan un estándar general para observar negativamente hazañas como
esa, aunque pertenezcan a un contexto y tiempo específico, y dicha comunidad haya
acordado hechos moralmente detestables. No es necesario que alguien convenza a un
individuo mentalmente sano que, por ejemplo, aquello que hizo Hitler y los nazis es moral
y objetivamente incorrecto, así también torturar y matar bebés por diversión es moralmente
atroz.
Observar las prácticas morales de las distintas culturas causan pavor a cualquier
persona civilizada. Pese a que pertenecían a culturas y tiempos distintos, ¡aún serían
inaceptables! No importa si una sociedad crea en que es correcto sacrificar humanos,
sacrificar bebés o promover genocidios, ¡todos saben que tales prácticas están
absolutamente mal! El ateo puede insistir cuanto quiera que la moralidad depende de su
contrato social, pero sería extremadamente sínico si las acciones de Hitler le parecieran
válidas siempre y cuando la mayoría haya estado de acuerdo con él.235
Lo persuasivo del punto que estamos tratando en esta parte consiste en que un
escéptico que cree en este relativismo podría afirmar vehementemente su punto, pero se
sentirá confrontado cuando usamos ejemplos donde se sentirá casi obligado a desaprobar
moralmente acciones de otras culturas. El autor Mark Clark nos describe un caso con un
amigo escéptico:
234
(Bahnsen, ¡Prepárate para la buena batalla!: La metodología apologética de Greg L. Bahnsen, 2013, pág.
160.)
235
(McDowell & McDowell, Dios y la Biblia, 2014, págs. 36-37.)
104
“Muchos escépticos reaccionan contra la idea de que una ley moral
es evidencia de la existencia de Dios. Su solución es decir que nuestros
valores morales no son objetivos en absoluto […] En otras palabras, son
construidos socialmente, son producto de nuestra cultura y educación. Un
compromiso con este concepto de moralidad, sin embargo, pone a la gente a
la fuerza en una esquina extraña. Por ejemplo, yo solía trabajar en una tienda
de manualidades […] cuando estaba en la universidad, y uno de mis
compañeros de trabajo era un apasionado y comunicativo ateo. Él y yo a
menudo nos poníamos a discutir acerca de Dios y el cristianismo mientras
trabajábamos… Un día me dijo: “Yo creo que toda moralidad es construida
culturalmente, es relativa, un producto de nuestra evolución y que no es
correcto que proyectemos nuestros valores occidentales hacia otras culturas”.
Para probar cuán comprometido estaba con esta creencia, le pregunté: “¿Si
fuéramos a una aldea en medio de la selva de algún lugar, y trajéramos a tu
hermana con nosotros, y ella fuera capturada, amarrada, torturada, y luego se
la comieran viva porque esa era la creencia de esa cultura, ¿qué sentirías al
respecto? ¿Cómo sería tu respuesta? Si eres fiel a tu cosmovisión, no podrías
decir que ellos habían hecho algo definitivamente malo. Sólo podrías decir
que ellos hicieron algo que no te gustó a ti pero que no obstante es
moralmente aceptable.”236
El ateo y relativista moral podría insistir en que los valores morales son relativos y
varían según la convención de cada cultura, pero casi siempre tenderá a juzgar
objetivamente hechos atroces. No obstante, podría darse el de suma obstinación donde,
ante el hecho de que su hermana sea devorada, el ateo responderá: “Por más que me
doliera decirlo, no diría que ellos hicieron algo malo, solo algo con lo cual estaba
personalmente en desacuerdo”. ¡Posiblemente lo diga titubeando con un terrible peso de
conciencia! ¡Será tan incómodo para él admitirlo! ¡Es como si estuviera violando el orden
natural más básico! Sin embargo –como lo señala Mark Clark– podemos estar convencidos
de que, en realidad, ningún ateo cree verdaderamente en una moralidad relativa. La
adopción de este punto de vista es sencillamente incómodo, insostenible e impracticable. A
pesar de lo que diga, ellos no están siendo sinceros.237
Muchos son morales pero indiferentes a Dios. Los moralistas modernos defenderán
la moralidad desde una visión humanista, sugiriendo que lo bueno se mide por sus
consecuencias. “Si me hace bien, entonces es correcto”. “Si beneficia a la humanidad,
entonces es moralmente bueno”. Esta perspectiva también lleva el nombre de
consecuencialismo, pues entiende que toda acción moral está determinada por sus
consecuencias. También podría denominarse utilitarismo, el cual es un sistema ético que
236
Anécdota del autor cristiano Mark Clark en “El problema de Dios”, pág. 47-48.
237
Clark, El problema de Dios, pág. 48-49.
105
dice que lo bueno es aquello que causa mayor felicidad para el mayor número de personas.
“Si es útil, es bueno”.238 De manera que, si una acción daña a la figura humana, entonces
son desaprobadas y catalogadas como moralmente malas.
Pero este sistema ético presenta muchos problemas y es incapaz de explicar mucho
de sus propios postulados. Esta visión sostiene que las acciones dependen de su fin [el fin
justifica los medios]. Si al utilitarista le es útil, es correcto; si al hedonista le causa placer,
es correcto; y si al humanista le beneficia, es correcto. ¿Pero por qué la utilidad, el placer y
el beneficio son fines que se deben seguir? ¿Son dichos fines buenos en sí mismos?
Cuando el utilitario dice que lo bueno es para el mayor número, entonces podemos
preguntar: ¿Por qué es el mayor número determinante para lo bueno? ¿Qué les hace pensar
a los humanistas que esta visión ética es la correcta y quien piense lo contrario está en lo
incorrecto? Además, ¿tiene el ser humano derecho moral? ¿Por qué el simple hecho de ser
humano le asigna valor? Así también, cuando en una cultura particular la mayoría acepte
que el propósito de comerse a su enemigo vencido y sacrificar a bebés a sus dioses es
bueno, ¿cómo podemos declarar que ese fin es malo?239
Los ateos niegan la existencia de Dios. Ellos afirman que, no habiendo Dios,
tampoco hay eventos sobrenaturales en el universo. Por lo tanto, todo debe poseer alguna
explicación naturalista. Esta perspectiva también se conoce como naturalismo, el cual es
una visión asociada al materialismo. Para el naturalista, todo posee explicaciones
238
Bahnsen, ¡Prepárate para la buena batalla!, pág. 165.
239
Ibíd., pág. 165.
106
materiales y, en efecto, la ciencia (que estudia el universo material) puede brindarnos una
explicación satisfactoria de todos los fenómenos. El universo, su existencia y todo su
transcurso, se debe meramente a causas naturales, y cualquiera sea la naturaleza o función
de un objeto natural, tiene que tener como causa otro objeto natural. 240 Y como la
moralidad es una realidad dentro del mundo material, entonces debe existir una explicación
naturalista y científica al respecto.
Por ejemplo, el famoso ateo Sam Harris, en su libro The Moral Landscape [El
paisaje moral], es ejemplo de quien defiende a capa y espada que Dios es innecesario para
explicar la realidad moral que conocemos. Harris afirma que la ciencia puede proveer la
base de una moral objetiva sin apelar a Dios.241 De la misma manera, otros ateos apelan a la
teoría de la evolución para explicar la realidad ética de los seres humanos, la cual no es
más que un subproducto de la evolución biológica y el condicionamiento social.
“La ciencia puede ser capaz de decirte si una acción puede lastimar a
alguien (dar de beber cianuro a alguien lo matará), pero no si debes lastimar
a alguien o no. ¿Quién dijo que está mal hacer daño a los demás, Sam
Harris? ¿Tiene él autoridad sobre el resto de los seres humanos? ¿Es su
naturaleza el modelo del bien?”242
240
(Dyrness, 1988, págs. 102-103.)
241
(McDowell & McDowell, Evidencia que demanda un veredicto, 2018, pág. xci.)
242
Frank Turek, Stealing from God, 2014, pág. 100. Citado en McDowell & McDowell, Evidencia que
demanda un veredicto, 2018.
107
Como sabrán, pues, la ciencia puede estudiar el aspecto biológico del ser humano,
pero el amor, el respeto a la dignidad humana, el sacrificio desinteresado, el bien común y
virtudes como esas no están hechas de moléculas ni se prestan a ser ingresadas a algún
tubo de ensayo. El apologista Fran Turek insiste en que no es posible explicar valores
morales por medio de la biología, ya que esto se consideraría un error de categoría, el cual
es aplicado a cosas como, por ejemplo, ¿cuál es la composición química de la justicia?
¿Qué sabor tiene el valor? Pues bien, lo mismo ocurre cuando los ateos naturalistas tratan
de explicar las leyes morales mediante procesos biológicos dentro del campo científico, ya
que la moralidad y la biología se encuentran en diferentes categorías.243
El punto de relación entre evolución y moralidad consiste en que, según ellos, dicho
mecanismo puede explicar el sentido moral que los humanos poseen. El darwinista Edward
O. Wilson afirma que nuestro sentido de la moralidad ha evolucionado de la misma manera
que nosotros mismos hemos evolucionado, mediante la selección natural. Wilson admite
que “se ha avanzado muy poco en la exploración biológica de los sentimientos morales”,
sostiene igualmente que la moralidad (sentimientos morales) es un mero proceso biológico
que se transmite de generación a generación a través de miles de años. 247 El ateo
243
(Turek, Robándole a Dios, 2018, pág. 77.)
244
Herbert Spencer fue un naturalista, filósofo, sociólogo, psicólogo y antropólogo inglés. Spencer desarrolló
una concepción omnímoda de la evolución como el desarrollo progresivo del mundo físico, los organismos
biológicos, la mente humana, la cultura humana y las sociedades (Herbert Spencer, Wikipedia:
[Link]
245
Herbert Spencer, The Principles of Biology [Los principios de la biología], 1:444.
246
(Broocks, Dios no está muerto, 2014, pág. 53.)
247
Edward O. Wilson, “The Biological Basis of Morality” [La base biológica para la moralidad] en The
Atlantic Monthly [El Atlántico mensual], Abril 1998. Publicado en línea
108
evolucionista Richard Dawkins sostiene lo mismo cuando dice que nosotros queremos
asegurarnos de que nuestros propios genes pasen a nuestros hijos, así que lo tratamos
favorablemente –actuamos con un “altruismo recíproco” en el que hacemos el bien a otros
para beneficiarnos a nosotros mismos.248 Según Dawkins, con el tiempo, estos impulsos
morales se programaron en el cerebro desde “tiempos ancestrales, cuando los humanos
vivíamos en pequeñas y estables bandas parecidas a las de los babuinos”, cuando tuvimos
la oportunidad de ser buenos “solo hacia nuestros parientes más cercanos y hacia
potenciales reciprocadores”.249 Por lo tanto, cualquier noción de “bien absoluto” –en
palabras de Dawkins– no es más que una “falla” o “un gran error”. 250 El filósofo de la
ciencia Michael Ruse lo propone así:
109
Sin embargo, esta visión presenta múltiples problemas. Si lo que llamamos “bien”
es lo que los evolucionistas escépticos señalan, muchas de nuestras prácticas morales que
hoy aceptamos todavía permanecen sin explicación. O, peor aún, hasta suenan
contradictorias. Por ejemplo, ¿por qué poner la vida por gente desconocida se consideraría
heroico en vez de estúpido? No existe explicación evolucionista de por qué llegaríamos a
adoptar muchos de los principios más desinteresados que hemos llegado a valorar como
“especie”. Como lo señala Tim Keller:
“Si vemos a una persona extraña caerse al río, por ejemplo, nosotros
saltamos tras de ella o nos sentimos culpables por no haberlo hecho. La
mayoría de la gente sentirá esta obligación; la pregunta es: ¿Cómo pudo
haberse transmitido esa característica mediante un proceso de selección
natural? Esa gente hubiera tenido menos probabilidades de sobrevivir y
pasar sus genes.”256
Por otro lado, si la moral que conocemos es solo el resultado biológico de nuestro
instinto de supervivencia, ¿por qué la supervivencia debería ser algo bueno? El Dr. Craig
255
(Keller, The Reason for God: Belief in Age of Skepticism [La razón de la existencia de Dios], 2008, pág.
153.); edición en español: (Keller, ¿Es razonable creer en Dios?, 2017).
256
Clark, El problema de Dios, pág. 52.
257
Cf. (Geisler & Turek, No basta mi fe para ser ateo, 2019, págs. 222-223.)
110
afirma que, si Dios no existe, no solo los valores morales objetivos se reducen a una mera
ilusión, sino el valor moral de nuestra propia especie. Después de todo, insiste Craig,
“pensar que los seres humanos especiales es ser culpables de especismo, un prejuicio
injustificado hacia la propia especie”.258 Craig añade también:
111
La situación empeora todavía más cuando notamos que la moral darwiniana real no
solo carece de poder explicativo, sino que también, si se la considera con atención, se
vuelve sombría, hostil y despiadada. La verdadera ética del darwinismo es evitada incluso
por los mismos ateos que han adoptado esta posición. En palabras de Broocks, “los
evolucionistas tienden a distanciarse de las implicancias éticas y filosóficas de la evolución
darwiniana”.263 Por ejemplo, Thomas Huxley, conocido como el “bulldog de Darwin”,
intentó decir que este instinto de supervivencia del que hablamos debe ser resistido. 264
También Richard Dawkins admitió en un debate con el arzobispo de Sídney su preferencia
de bajo ninguna circunstancia regresar a la idea de la supervivencia del más apto en nuestra
sociedad, puesto que esa ética darwiniana no sería para nada agradable: “… vivir en una
manera darwiniana, hacer nuestra sociedad una sociedad darwiniana, sería un tipo
desagradable de sociedad en la cual vivir”.265
112
manera marcada en cuerpo o mente”. 267 Como notarán, esta manera de pensar suena
claramente desagradable para la mente moderna, pero fue bastante aceptada en la década
de 1920 y 1930, donde estuvo de moda la eugenesia [creencia en la posibilidad de mejorar
la calidad de la especie humana frenando la reproducción de personas que tuviesen
defectos genéticos o rasgos hereditarios indeseables]. Para ellos, era hacia ahí donde la
evolución darwiniana conducía. El ateo Bertrand Russell, por ejemplo, estuvo a favor de la
esterilización obligatoria del deficiente mental, ya que al reducir la cantidad de “idiotas,
imbéciles y tontos”, dijo él, la sociedad se beneficiaría hasta el grado que sobrepasa
cualquier peligro del mal uso de la esterilización.268
Según la evolución, el ser humano es solo una especie animal más, y los animales
no poseen ninguna obligación moral para con sus semejantes, mucho menos con otras
especies. El ético Richar Taylor ilustra poderosamente este punto. Él nos invita a imaginar
seres humanos que viven en un estado de naturaleza sin ninguna costumbre o ley.
Supongamos que uno de ellos mata a otro y toma sus bienes. Taylor reflexiona:
¡El reino animal no es para nada un ejemplo moral! Pero en la visión darwinista, no
hay punto objetivo para diferenciarnos moralmente de ellos más que la idea de inventar
leyes morales porque somos “civilizados”. Hoy condenamos el incesto y la violación, pero
en el reino animal tales acciones son totalmente normales. De hecho, algunos han afirmado
sin titubear que la violación es una consecuencia natural de la evolución. Según los autores
Randy Thornhill y Craig Palmer, la violación es “un fenómeno natural y biológico que es
un producto del patrimonio evolutivo humano”, al igual que “las manchas del leopardo y el
cuello alargado de la jirafa”. 270 Y en tiempos recientes, un profesor darwinista llamado
Peter Singer ha usado el darwinismo para afirmar que “la vida de un recién nacido es
menos valiosa que la vida de un cerdo, un perro o un chimpancé”. Sí, lo leíste
267
Charles Darwin, The Descent of Man, diversas editorials, cap. 21 –General Summary and Conclusion.
Extraído de Mark Clark, El problema de Dios, pág. 53.
268
Cf. Alister NcGrath, C. S. Lewis –A life: Ecentric Genius Reluctant Prophet (Wheaton, III.: Tyndale,
2016, reimpreso, pp. 235-236.
269
(Taylor, 1985, pág. 14.)
270
Citado en Nancy Pearcey, “Darwin´s Dirty Secret” [El oscuro secreto de Darwin], extraído de (Geisler &
Turek, No basta mi fe para ser ateo, 2019, pág. 226.)
113
correctamente. Pero según el darwinismo, ¿por qué debería ser esto chocante? Después de
todo, hay clases superiores e inferiores, el más fuerte puede hacer su vida a voluntad
preferible.271
Pero si deseáramos hablar de alguien que llevó su cosmovisión darwinista hasta las
últimas instancias, sin duda deberíamos hablar de Adolfo Hitler. En su libro de 1925 Mein
Kampf (Mi lucha) escribió:
El punto de Hitler es que hay razas inferiores y superiores, y los judíos, al ser una
raza inferior, no tienen derecho a existir si no quieren pelear. En otras palabras, el racismo
y luego el genocidio (además de la violación) son la consecuencia lógica del darwinismo.
Por otro lado, el amor, auto sacrificio y el respeto por la dignidad humana son la
consecuencia lógica del cristianismo. Las ideas tienen consecuencias siempre. Sin
embargo, muchos ateos prefieren vivir en una “feliz inconsistencia”, tomando las ideas del
darwinismo, pero prefiriendo las consecuencias del cristianismo.
114
Todos han escuchado a la gente discutir […] Dicen cosas como
estas: “¿Qué te parecería si alguien te hiciera a ti algo así?”. “Ese es mi
asiento; yo llegué primero”. “Déjalo en paz; no te está haciendo ningún
daño”. “¿Por qué vas a colarte antes que yo?”. “Dame un trozo de tu naranja;
yo te di un trozo de la mía”. “Vamos, lo prometiste”. La gente dice cosas
como esas todos los días, la gente educada y la que no lo es, y los niños igual
que los adultos. Lo que me interesa acerca de estas manifestaciones es que el
hombre que las hace no está diciendo simplemente que el comportamiento
del otro hombre no le agrada. Está apelando a un cierto modelo de
comportamiento que espera que el otro hombre conozca […] Parece, como si
ambas partes tuvieran presente una especie de ley o regla de juego limpio o
comportamiento decente o moralidad o como quiera llamárseles, acerca de la
cual sí están de acuerdo…274
C. S. Lewis también nos recuerda que conocemos de estas leyes morales cuando
distinguimos lo correcto de lo incorrecto, y también las conocemos cuando naturalmente
notamos que no obramos como deberíamos obrar:
Estos, pues, son los dos puntos que quería tratar. Primero, que los
seres humanos del mundo entero tienen esta curiosa idea de que deberían
comportarse de una cierta manera, y no pueden librarse de ella. Segundo,
que de hecho no se comportan de esa manera. Conocen la ley de la
naturaleza, y la infringen. Estos dos hechos son el fundamento de todas las
ideas claras acerca de nosotros mismos y del universo en que vivimos. 275
Lewis tuvo muchos problemas con la ley moral incluso desde su militancia atea. Él
comenta que ni siquiera podía criticar moralmente la existencia de Dios a menos que
suponga una moralidad absoluta para hacerlo. Lewis no creía en Dios porque decía que el
mundo era demasiado cruel e injusto como para que exista, pero ¿cómo sabía él lo que era
la justicia? ¿De dónde conocía ese concepto?
Lewis reconoció la existencia de las leyes morales, las cuales describen lo bueno y
lo malo, y las que se imponen en nuestras conciencias. Y como hemos visto en este
estudio, Lewis también señaló que todo intento de negar la existencia de estas leyes
morales siempre termina en la inconsistencia. De hecho, la inconsistencia es tal que sería
imposible vivir en un mundo con esa cosmovisión:
274
C. S. Lewis, Mero cristianismo (Nueva York: Rayo, 2006), pág. 21.
275
(Lewis, Mero cristianismo, 1998, pág. 8.)
276
Lewis, Mere Christianity, p. 45, citado en (Geisler & Turek, No basta mi fe para ser ateo, 2019, pág. 209.)
115
Donde quiera que se halle a alguien que dice que no cree en el bien y
el mal, se verá a esa misma persona volviendo a este punto al momento
siguiente. Esa persona podrá faltar a la promesa que te hizo, pero si tú faltas
a la que tú le hiciste, antes de un santiamén se quejará y dirá: “No es justo”.
Una nación puede decir que los tratados no significan nada; pero luego, al
minuto, echan a perder su caso al decir que el tratado específico que quieren
quebrantar era injusto […] ¿cuál es la diferencia entre un tratado justo y uno
injusto? ¿Es que acaso no han hablado de más y han revelado que,
independientemente de lo que digan, realmente conocen la ley de la
naturaleza igual que todos los demás?277
La moralidad debe ser absoluta de tal modo que, de lo contrario, sería sencillamente
imposible vivir gobernados por un relativismo moral; y aunque es fácil creernos filósofos y
teorizar la idea de que no existe un absolutismo moral, jamás podríamos vivir en un mundo
que practique dicha idea. Incluso, nadie desea hacerlo por más que endiosemos la ciencia y
al darwinismo como punto de explicación. También hemos visto cómo toda explicación
naturalista y escéptica es incapaz de negar la realidad moral, o bien, buscar algún otro
fundamento que no sea Dios en caso de que se desee mantener.
En Romanos 1:32 Pablo dice que los inmorales que están bajo el juicio de Dios no
se encuentran allí debido a su ingenuidad, sino porque conocían el juicio de Dios y de igual
modo eligieron la perversión. También en Romanos 2:12, 14 el mismo apóstol dice que el
juicio es contra todo hombre. No importa si cuentan o no con los diez mandamientos o una
Biblia, ya que la ley moral se encuentra escrita naturalmente en el corazón humano. El
teólogo R. C. Sproul dice que “la ética perfecta revelada en la ley de Dios entregada a
Moisés y a los profetas después de él, es la misma perfecta ética revelada en la ley que
277
Lewis citado en (McDowell & McDowell, Evidencia que demanda un veredicto, 2018, pág. xci.)
116
Dios da internamente a todas las personas”.278 El Dr. Craig, sobre el texto de Romanos,
dice también: “De hecho, la Biblia realmente enseña que la ley moral de Dios “está escrita
en los corazones” de todos los hombres, de modo que incluso aquellos que no conocen la
ley de Dios “hacen naturalmente las cosas de la ley” ya que “su conciencia les
testifica”…”.279
117
tienen que existir para que ese imperativo tenga significado? Dado que la culpa existe
debido a nuestro incumplimiento de las responsabilidades morales, ¿cuál podría ser la
condición para que hubiese una conciencia de los absolutos morales? Kant entendía que
solo Dios podría ser la fuente de esa relación.
Muchos afirman que eliminar a Dios trae consigo libertad. ¿Libertad para qué?
Admitimos que hay libertad del modo que señaló Fiódor Dostoievski al afirmar: “Sin Dios,
todas las cosas son permisibles”.287 Sin embargo, esa libertad no podría ser para nada
conveniente. Es irónico cuando los anticristianos señalan un mundo utópico donde ya no
283
(Nietzsche, 1976, págs. 515-516.)
284
Jean-Paul Sartre, El existencialismo es un humanismo, pág. 29.
285
(Mackie, 1982, págs. 115, 116.)
286
Citado por Copan en (McDowell & McDowell, Evidencia que demanda un veredicto, 2018)
287
(Broocks, Dios no está muerto, 2014, pág. 55.)
118
exista un Dios que se imponga sobre nuestras vidas, pero regímenes ateos como el de
Stalin, Hitler, Mao Tse-Tung y Pol Pot eclipsaron los horrores de los siglos que podríamos
traer a memoria; y lo hicieron “libre” y primordialmente porque han eliminado toda
restricción moral luego de echar a Dios de la cosmovisión que creían.288
Por tal razón, el fundamento de las leyes morales debe estar anclado a algo
trascendente, externo al hombre, inmutable, absoluto, y que excede toda explicación
naturalista. El Dr. Craig afirma con mucha razón que los moralistas que son también
naturalistas “generalmente no saben cómo justificar su punto de partida. Si no hay Dios,
entonces es difícil ver alguna razón para pensar que la moral de manada desarrollada por el
homo sapines sea objetivamente verdadera o que la propiedad de la bondad moral
sobrevenga a ciertos estados naturales de tales criaturas”.290
288
Ibíd., pág. 56.
289
(Kurtz, Forbidden Fruit, 1988, pág. 65.)
290
(Craig, Fe Razonable, 2008, pág. 185.)
119
si no hay persona, no hay valores morales. Solo si Dios existe se puede
efectuar las propiedades morales.”291
Con esto, Copan argumenta que el fundamento de las leyes morales debe sentarse
sobre un ser personal debido a ellas son agencias personales. Algo impersonal no puede
imponer sobre nuestras conciencias verdades como: “no robarás”, “no matarás”,
“respetarás la vida de tu semejante”, “no harás trampa en el examen”. Algo impersonal
también será incapaz de proveerte los estándares para que usted, como persona, sea capaz
de distinguir entre lo bueno y lo malo. Por lo tanto, las leyes morales no pueden provenir
de algo impersonal y natural que simplemente evolucionó. El Dr. Craig afirma que el
“argumento moral nos lleva a un ser personal, necesariamente existente, que es el lugar y
la fuente de la verdad moral”.292
120
El dilema de Eutifrón
El argumento moral es bastante sólido y, como ya se imaginarán, podría poner en
aprietos a cualquier teoría atea y naturalista sobre las leyes morales. La conclusión del
creyente es, en pocas palabras, que Dios es necesario para explicar los valores y deberes
morales objetivos que todos creemos y sostenemos. Sin embargo, si las cosmovisiones
incrédulas no funcionan para explicar la moralidad, algunos ateos han propuesto que, de
igual modo, Dios no bastaría para justificar la moralidad objetiva. Por lo tanto, con el afán
de poner a Dios en aprietos, sacan a relucir el antiguo dilema de Eutifrón planteado en los
escritos de Platón, los cuales fueron adaptados para combatir los argumentos morales a
favor del Dios propuesto por el teísmo clásico.295
295
El dilema de Eutifrón es planteado en el diálogo Eutifrón de Platón. Allí se relata un diálogo entre
Sócrates y Platón. Ver en Wikipedia [Link]
121
es independiente a Él. Sin embargo, si se razona correctamente, esto no debería ser un
dilema en absoluto. Puede existir una tercera opción.
La visión bíblica de Dios no nos dice que Él “decide” lo que es bueno ni que Dios
se rige a sí mismo según lo que es bueno. Más bien, se sostiene que Dios obra según su
carácter bondadoso. Él es consecuente con su carácter. Él mismo [su naturaleza] es el
estándar inmutable de la moral. Además, el hecho de que Dios sea inmutable o incapaz de
cambiar no pone en riesgo su omnipotencia, ya que es cualidad nos dice que Dios es capaz
de hacer todo lo que desee “según su naturaleza”. La omnipotencia no significa que Dios
sea capaz de obrar de manera ilógica.
122
123
124
MATANDO A
DIOS
125
¿Es Dios un invento del hombre?
Como todos sabemos, los ateos no creen en la existencia de Dios. Sin embargo,
muchos de ellos no son incrédulos debido a la falta de evidencias, sino –según dicen–
también a la evidencia contraria. Es decir, creen que Dios no existe y también creen poder
demostrar su inexistencia. Por eso, es verdad que los ateos afirman la inexistencia de Dios
debido a los argumentos que conciben; pero al mismo tiempo, no pueden negar que
existieron civilizaciones que rendían culto a alguna deidad. Y, es más, ellos observan que
muchas personas en la actualidad creen en Dios. En ese sentido, luego de que el ateo haya
negado a Dios, necesita explicar cuál es el origen o razón de la fe de algunas personas y
explicar la procedencia de la idea de Dios. En cuanto a esto, muchos de los argumentos
esgrimidos por gran parte del neo-ateísmo moderno es que Dios es meramente un invento
humano; una proyección psicológica de los deseos básicos; un consuelo para personas que
necesitan “creer en algo”, y una explicación débil a incógnitas universales.
126
El planteamiento escéptico y naturalista apunta a la hipótesis de que Dios es una
proyección, el cual es producto de los temores e intrigas del hombre, o quizás el deseo de
encontrar consuelo o satisfacción ante la realidad hostil del sufrimiento y la extinción.
Básicamente, cuando el ateo afirma la inexistencia del ser supremo, al mismo tiempo se ve
en la posición de buscar una explicación para lo que hoy se conoce como Dios, fe y
religión. Esta supuesta explicación, por tanto, es razón por la cual muchos de nosotros
creemos en Dios cuando, en realidad, Él no existe.
1
Definida como: “cualquier conjunto de actitudes, creencias y prácticas pertenecientes al poder sobrenatural,
ya sean fuerzas, dioses, espíritus, fantasmas o demonios”. Extraído: (Ember, Ember, & Peregrine, 2004, pág.
532.)
2
Es decir, creencias en fenómenos que no poseen explicación natural.
127
bacterias.3 Por consiguiente, se deduce que los orígenes de las creencias religiosas como
estas están basados en la ignorancia o la falta de explicación de los eventos hoy
considerados naturales.
3
Ibíd., pág. 532.
4
Ibíd., pág. 534.
128
Feuerbach aportó al siglo XIX una crítica a la religión en general y al cristianismo
en particular. Su tesis básica consistía en que la religión es el sueño de la mente humana
misma.5 En la idea de Dios se encuentra la esencia del hombre, por lo tanto Dios no es más
que la proyección de dicha esencia. De ese modo, las deidades del ser humano, producidas
por el ejercicio de su gran imaginación, son simplemente las imágenes proyectadas de sí
mismo, de lo que él desea ser y de lo que desea alcanzar. Es por eso que la religión tiene
como base la diferencia esencial entre el hombre y las bestias; y es también por eso que las
bestias no tienen religión.6 Pero el ser humano, sin embargo, sí tiene religión debido a que
tiene conciencia de sí mismo y la capacidad de imaginar más allá del mundo natural hasta
proyectar sus anhelos e ideales en un ser imaginario.7
Feuerbach escribió:
“Así como son los pensamientos y las disposiciones del hombre, así
es su Dios; la misma valía que tenga un hombre, la misma y no más la tiene
su Dios. Tener conciencia de Dios es tener conciencia de uno mismo, tener
conocimiento de Dios es tener conocimiento de uno mismo. Por su Dios
ustedes conocerán al hombre, y por el hombre a su Dios; ambos son
idénticos.”9
Con esto Feuerbach señalaba que la idea de una deidad siempre adopta formas
humanas, aunque con las variaciones culturales del entorno. Los antiguos alemanes tenían
un dios que era un guerrero supremo. Los dioses de Homero estaban dominados por Zeus
porque era el más fuerte de todos los dioses y la fuerza física era una cualidad exaltada en
aquella época. Las culturas europeas tienen deidades blancas, mientras que las culturas
africanas tienen deidades de piel oscura. Por otro lado, los dioses de los indios americanos
parecen y actúan como nativos americanos. Cada dios, por tanto, expresa el deseo y la
naturaleza del individuo de la época y su cultura. Es decir, casi siempre son similares al
individuo que los proyecta y los elementos de su cultura. Al respecto, Feuerbach afirmó:
5
Ludwig Feuerbach, The Essence of Christianity [La esencia del cristianismo], Nueva York: Harper & Row,
1957), p. xxxix.
6
Sproul, Si Dios existe, ¿por qué hay tantos ateos?, 2018, pág. 47.
7
Ibíd.
8
Feuerbach, 2019 [Link]
9
(Feuerbach, The Essence of Christianity [La esencia del cristianismo], 1957, pág. 12.)
129
“Si las plantas tuvieran ojos, gusto y juicio, cada planta declararía que su flor es la más
hermosa”.10 O bien, si las aves tuvieran dioses, con seguridad tales dioses tendrían plumas.
10
Ibíd., pág. 8.
11
Ibíd., pág. 135.
12
(Sproul, Si Dios existe, ¿por qué hay tantos ateos?, 2018, págs. 47, 48.)
130
En su intento de demostrar esto, Feuerbach insistía en que la teología, que es el
estudio de la revelación de Dios, no es más que mera antropología, que es el estudio del
hombre y su cultura. En ese sentido, se podría decir que el argumento de Feuerbach es un
ciclo que inicia con Dios, aparentemente en ignorancia; y concluye con el hombre, el cual
debería ser el verdadero ideal: “Mi primer pensamiento fue Dios, el segundo fue la razón y
el tercero y último, el hombre”. 13 El hombre ha realizado el mismo camino: primero creó a
Dios y más tarde entendió que su conocimiento no era nada más que un paso pequeño en el
propio conocimiento del hombre.
El problema que Feuerbach decía notar consistía en que, aunque el hombre creó a
Dios, este terminó por dominarlo. De su crítica a la religión se desprende el concepto de
“alienación” o “enajenación”, tal vez el más influyente de su obra. Dios no crea al hombre,
el hombre crea a Dios proyectándose y proyectando sus mejores atributos en él. Es,
entonces, simplemente un producto del hombre. Pero este producto se vuelve ajeno a su
productor y lo domina. Las propiedades del hombre se enajenan en Dios, y este ser
imaginario aparece con vida propia y con una fuerza tal que llega a dominar al sujeto. Para
Feuerbach, esta enajenación estaba en la conciencia humana, y solo un simple acto de la
misma podía resolverla. Si con el tiempo las ideas de los dioses vayan eliminándose,
entonces solo quedaría la realidad del hombre, así como lo real es el proyector y no la
proyección. Y así como Dios no es más que la esencia del mismo hombre, entonces el
desafío del ser humano consiste en descubrir que él es dios.
131
sus raíces en el egocentrismo y la fantasía. El hombre busca a un superhombre que lo
refleje. La religión crea la fantasía que le da al hombre consuelo, como una especie de opio
para las masas.
En ese sentido, sugiere Marx, conviene superar las circunstancias alienantes 16 en las
que surge la religión y mejorar la vida de los hombres que viven miserias debido a la clase
gobernante; y esto debe lograrse mediante la revolución. Después de todo, cuanto más
pobre es el hombre, cuanto más despojado está de bienes materiales, tanto más rico su
Dios,17 o más rico los gobernantes. Mientras tanto, el hombre oprimido seguirá sumergido
en los efectos el opio:
Básicamente, podríamos decir que Marx tomó las ideas de Feuerbach y las aplicó a
causas sociales, las cuales daban origen y subsistencia a la religión. De manera que, según
él, eliminar dichas causas alienantes haría desaparecer a la religión. El concepto de Marx
es aplicado al mundo laboral, donde el obrero se alinea y enajena cuando su trabajo deja de
pertenecerle y cuando se vende para conseguir un sueldo humillante. Es como un trozo de
carne pegado a una herramienta mecánica debido a las miserables condiciones laborales de
sus industrias. En ese contexto, la religión se constituía como el triste consuelo de la clase
oprimida, puesto que el pensar en el más allá, evitaría que piense en una revolución en el
más acá.19
15
(Sproul, Si Dios existe, ¿por qué hay tantos ateos?, 2018, págs. 48-49.)
16
Alineación: del latín “alienus” el cual significa “sentirse otro o extraño”. Cruz, 2001, pág. 381.
17
Cruz, 2001, pág. 380.
18
Ibíd.
19
Ibíd., págs. 380-382.
132
La famosa frase: “la religión es el opio del pueblo” revela el carácter de la crítica
atea de Marx aplicada a su deseo de revolución social. El sentido de la expresión era
manifestar la similitud narcótica y el efecto sedante de la “fe”, la cual promete proveer una
felicidad ilusoria, pero lo único que logra es desenfocar al ser humano del verdadero
problema, a fin de evitar pensar en una verdadera y necesaria revolución. Para Marx,
finalmente, la religión solo servía para persuadir a los individuos de que el orden actual de
la sociedad era aceptable e irremediable y, por tanto, producía una santa resignación ante
las injusticias.20
Sobre el asunto, Sproul nos dice que Freud “era un ateo convencido y un astuto
observador de los seres humanos […] él lidió con la pregunta de por qué existe la religión
si Dios no existe. Freud no acudió los libros de texto acerca de la religión sino a las
complejidades de la psique humana para contestar esa pregunta”. 22 En otras palabras,
mientras Feuerbach habló desde la antropología y Marx desde la sociología, Freud habló
desde la psicología. Como bien expresa Sproul: “De ese modo Freud presentó una base
psicológica para el fenómeno de a la religión”.23
20
Ibíd., pág. 394.
21
Cf. Ember, Ember, & Peregrine, 2004, pág. 534.
22
(Sproul, Si Dios existe, ¿por qué hay tantos ateos?, 2018, pág. 44.)
23
Ibíd., pág. 47.
133
“Nos decimos a nosotros mismos que sería muy bueno que hubiera
un Dios que creara el mundo y fuera una Providencia benévola, y que
hubiera un orden moral en el universo y una vida después de la muerte; pero
es el hecho muy sorprendente de que todo esto es exactamente como
estamos obligados a desear que sea.”24
En otras palabras, Freud veía a la religión como algo que proporcionaba un refugio
cobarde de las duras realidades de la vida y de la inevitabilidad de la muerte. Después de
todo, el ser humano se consuela al pensar que hay otro mundo, asilado de las dificultades,
injusticia y confusión del mundo real.25 El apologista Alister McGrath explica el punto de
Freud diciendo que, en otras palabras, “inventamos un mundo imaginario que corresponde
a nuestros deseos, en lugar de reconciliarnos con la dureza del mundo real que nos rodea”.
Y siguiendo con su explicación de la perspectiva de Freud, McGrath añade: “La religión es
para los emocionalmente deficientes, una muleta para aquellos que no pueden hacer frente
a la realidad de la vida y prefieren inventar un propio mundo imaginario”. 26 En esto se
resume el pensamiento de Freud.
Ahora bien, el proceso de razonamiento que llevó a Freud a postular esta visión de
la religión parte de la naturaleza. Según él, el ser humano es pasional y salvaje por
naturaleza, por lo tanto, necesita de “restricciones” que repriman dicha naturaleza para que
el tal pueda vivir en sociedades donde no se maten ni se pisoteen unos a otros. Por lo tanto,
la naturaleza es una realidad amenazante de tal modo que Freud afirmó: “La tarea principal
de la civilización, su verdadera raison d'etre [razón de ser en francés] es defendernos de la
naturaleza”.27 El punto es que Freud observó que las restricciones impuestas para que el
humano salvaje viva bien fueron factores críticos para el surgimiento de la creencia
religiosa.28 Sin embargo, pese al intento humano de resguardarse de la dura realidad de la
naturaleza mediante las reglas de la civilización, notó que todavía es incapaz de vencer su
abrumadora y latente amenaza. Freud dijo:
134
inexorable; nos hace recordar una vez más nuestra debilidad e impotencia, lo
cual pensábamos que habíamos escapado mediante la obra de la
civilización.”29
Con este supuesto “complejo psicológico”, Freud nos está diciendo que la creencia
en Dios también se genera a partir de una inmadurez mental. Creer en Dios es una especie
de inmadurez psicológica o actitud infantil no superada. Y en ese contexto, nuestro
concepto de Dios y nuestras actitudes hacia él son ilusiones infantiles, moldeadas por las
experiencias de nuestros propios padres. Los religiosos inmaduros, por lo tanto, crecen y se
desprenden emocionalmente de sus padres, pero no se deshacen completamente de estas
emociones, sino que transfieren tal dependencia al imaginario padre “enormemente
exaltado”.32 Freud también observó que existe un sentimiento de “culpa” hacia el padre que
lleva a los hombres a buscar el consuelo y recibimiento de un padre imaginario. Como
29
Freud, 1964, p. 20.
30
Sproul, 2018, págs. 45-46.
31
Freud, 1964, p. 27.
32
(McGrath, Mera apologética: Ayudando a interesados y escépticos a encontrar la fe, 2020, págs. 180-181.)
135
señala Sproul: “El temor a la naturaleza y la culpa relacionada con el padre contienen una
base de dos lados para la creencia y la práctica religiosas”.33
La actitud crítica de Freud hacia la religión también está expresada en unas frases
próximas al final de su estudio sobre Leonardo Da Vinci:
Para Freud, pues, la religión no es otra cosa que “procesos psicológicos proyectados
en el mundo exterior”. Más específicamente, es la proyección de la relación psíquica del
niño con su padre. Freud insistía en que la fe era una inmadurez, puesto que, si el hombre
moderno empleara su razón, y mediante ella condicionara sus emociones, podría superar
aquel infantilismo religioso.35 Por lo demás, Freud insistía en que Dios no es más que una
muleta psicológica para personas miedosas e inmaduras, y de ese modo fue claro en su
consideración de que la creencia en Dios es intelectualmente ingenua:
136
ese lamentable suceso el que dio lugar al nuevo ateísmo y su particularidad, o al menos así
lo expresa su artículo de portada titulado “La culpa de todo es de Dios”.38
El punto en cuestión es que, si los grandes influyentes del ateísmo como Feuerbach,
Marx, Freud, Nietzsche y otros han tratado a la creencia en Dios como una ilusión o un
invento que se explica a partir de la ignorancia, o el temor y la inmadurez de personas
débiles, entonces los nuevos ateos toman estos mismos argumentos y lo disparan con
violencia y con mucha más fuerza contra los creyentes de hoy. Por lo tanto, podemos
pensar que este cúmulo de explicaciones han formado la raíz de muchos de los alegatos
ofensivos que los nuevos antirreligiosos despotrican contra los creyentes en la actualidad.
Con frecuencia somos tratados de ignorantes, anticuados, y personas primitivas que
todavía viven en siglos pasados; personas que deberían ser cargadas de más ciencia y
menos Biblia. Para ellos, nosotros creemos en Dios, no gracias a la buena formación e
información, sino debido a la ignorancia y a la desinformación. Obviamente, esto se vuelve
prometedor y bastante conveniente para el sector ateo, puesto que, si los creyentes son los
ignorantes que todavía viven en siglos pre-científicos, entonces ellos vendrían a ser los
intelectuales que poseen el monopolio de la ciencia. ¡Y es precisamente eso lo que estamos
viendo hoy!
38
Lennox, Disparando contra Dios, 2016, págs. 22-23.
39
Referencia de Richard Dawkins en (Dawkins, The God Delusion, 2006, pág. 3.)
40
Richard Dawkins, “The Future Looks Bright [El futuro parece brillante]”, Guardian, 21 de junio de 2003;
también citado en (D'Souza, 2009, págs. 24-25.)
41
Daniel Dennett, “The Bright Stuff [Cosas brillantes]”, en New York Times, 12 de Julio de 2003.
137
“creencia religiosa” es de “influencia lunática”. 42 El ateo Christopher Hitchens escribió
también: “Todas las religiones y todas las iglesias están dementes por igual al creer en la
intervención divina, en la intercesión divina y hasta en la existencia de lo divino”. 43 Pues
bien, las implicancias de estas afirmaciones son más que claras: los creyentes creen por ser
ignorantes (y nada brillantes) mientras que los ateos son los brillantes intelectuales que no
se tragan supersticiones tontas.44 Ellos son fuertes, no necesitan de Dios; son
psicológicamente superiores.
Pero la actitud tóxica del Nuevo Ateísmo no culmina en estas ofensas. Para los
nuevos ateos, la religión es un veneno que debe ser erradicado de la sociedad. Una de las
doctrinas básicas del Nuevo Ateísmo señala que los cristianos tienen una debilidad (en la
cabeza) debido a una mera fe que no va apoyada por la razón. El cristianismo en particular
–dicen ellos– es adicto a la fe ciega, y Richard Dawkins, quien es uno de los representantes
del nuevo ateísmo a nivel mundial, define dicha fe como una forma de “enfermedad
mental”, como si se tratase de una falla de la razón. Según Dawkins, la fe de los cristianos
consiste en “creer no solo sin evidencia alguna, sino a pesar de las evidencias”. 45 Por lo
tanto, Dios es un mero invento. Del mismo modo, para el ateo Sam Harris no existe una
respuesta causal de las creencias más que creer que Dios existe porque simplemente “eso
hace sentir bien”. El creer que Dios existe porque hace sentir bien no implica que
objetivamente exista. Además, los que están destinados a sufrir de forma terrible a lo largo
de sus vidas, o que se hallan en el umbral de la muerte, suelen encontrar consuelo en una u
otra propuesta sin fundamento. Por lo que la fe permite soportar adversidades, aunque al
mismo tiempo, esto no dice nada acerca de su validez. 46 Solo se trata de personas que
tienen miedo y eso es todo.
42
Harris, The End of Faith: Religion, Terror, and the Ende of Reason [El fin de la fe: Religión, terror y el fin
de la razón], 2005, pág. 234; edición en español Harris, El fin de la fe, 2007.
43
(Hitchens, 2004).
44
Cf. (D'Souza, 2009, pág. 25.)
45
Marshall, 2011, pág. 10, 17-18.
46
Harris, 2007, págs. 62-64.
138
“La religión se basa, pienso yo, sobre todo y ante todo, en el temor.
Es en parte el terror a lo desconocido y en parte, como ya he dicho, el deseo
de sentir que uno tiene una especie de hermano mayor que estará a su lado
en todos sus problemas y disputas. El temor es la base de todo esto: el temor
a lo misterioso, el temor a la derrota, el temor a la muerte. El temor es el
padre de la crueldad, y, por lo tanto, no es de sorprenderse que la crueldad y
la religión vayan de la mano: es porque el temor es la base de esas dos cosas.
En este mundo ahora podemos empezar a entender las cosas un poquito, y a
dominarlas un poquito con la ayuda de la ciencia, que se ha metido a la
fuerza paso a paso en contra de la religión cristiana, de las iglesias y de la
oposición a todos los viejos preceptos. La ciencia nos puede ayudar a superar
este cobarde temor en el que la humanidad ha vivido por tantas
generaciones. La ciencia nos puede enseñar, y creo que nuestros propios
corazones nos pueden enseñar a no buscar más apoyo imaginario, a no
inventar aliados en el cielo, sino más bien acudir a nuestros propios
esfuerzos aquí abajo para hacer que este mundo sea un lugar apropiado
donde vivir, en vez de la especie de sitio en que lo han convertido las
iglesias en todos los siglos.”47
Para el ateísmo actual, Dios no se divisa en el horizonte existencial, sino que más
bien es un espejismo engañoso de las épocas primitivas e inmaduras; y desafortunadamente
para ellos, muchos siguen en ese retardo. Así también, la fe es un espejismo que, al
enajenar al hombre, le ha retrasado el proceso de su maduración, desviando la perspectiva
auténticamente antropocéntrica donde e hombre debería ocupar el lugar que siempre cedió
a su divinidad.48 Los ateos actuales no se conforman con contrarrestar a los teístas; su
misión consiste en liberar la sociedad de la religión y, al igual que muchos de los ateos
teóricos que estuvimos estudiando, afirman que lo único que existe es la naturaleza,
rechazando así cualquier principio trascendental y espiritual. 49 Esa es la presuposición
básica de sus objeciones.
47
(Russell, Why I Am Not a Christian [Por qué no soy cristiano], 1957, pág. 22.)
48
Alonso, 1972, págs. 122-123.
49
Miller, 2013, pág. 101.
139
naturaleza llevó a las sociedades pre-científicas a inventar dioses que expliquen los
fenómenos que desconocían. De eso se trata esta supuesta teoría de proyección.
#1 Identifiquemos la falacia
En el año 2011 el apologista William L. Craig debatió este mismo tema con el ateo
Andrew Copson en un evento de la Universidad de Cambridge. Copson presentó este
mismo argumento enfatizando que Dios es una invención humana, que parte sencillamente
de la esencia, la cultura y la ignorancia de individuos primitivos. Sin embargo, el Dr. Craig
respondió diciendo que este argumento es una fiel representación de la llamada “falacia
genética”. Para entender mejor, una falacia genética consiste en “el reproche de algo
basándose en su origen”.50 Es decir, en “desaprobar o rechazar una postulado criticando su
mero origen”. ¡Y es precisamente lo que este argumento ateo hace! El Dr. Craig responde
esta objeción diciendo:
140
clara y lógicamente falaz. Puede que yo haya llegado a creer que la tierra es
redonda leyéndola en un cómic. Eso difícilmente sería una buena
justificación. Pero, ¿significa eso que la creencia es falsa? Bueno,
¡obviamente no! Así que, el primer argumento es inútil, damas y caballeros.
Es literalmente una falacia lógica.”51
Por lo tanto, al igual que el Dr. Craig, podemos afirmar que el pretender demostrar
que “Dios no existe” señalando cómo una persona llega a creer en Él es una falacia. Al
final, este argumento no logra eliminar a Dios de la ecuación ni tampoco demuestra que
aquellos que creen en Dios están literalmente engañados. El solo proporcionar una especie
de historia del origen de las creencias religiosas [lo cual podría hasta ser incorrecta] no
logra su cometido cuando se pretende “probar” la inexistencia de Dios. Por el contrario,
este argumento queda varado en el simple hecho de cómo alguien puede llegar a adquirir
una creencia religiosa, mas no probar que sea completamente falsa.
Los antirreligiosos pueden insistir afirmando vez tras vez que la fe en Dios no es
más que el consuelo ofrecido para los perdedores de la vida y que, por lo tanto, es una
invención cultural que al final es una mera ilusión. Sin embargo –dice el Dr. Alister
McGrath– este tipo de críticas son solo palabras o meras “afirmaciones, en lugar de un
argumento cuidadosamente razonado o basado en pruebas. No hay pruebas científicas para
tal afirmación”. A lo máximo que podrían llegar es a tener una “plausibilidad cultural” de
tal modo que frecuentemente se encontrará este tipo de argumentos en varias discusiones
religiosas. Solo sonará popularmente aceptable. Pero, insiste McGrath, no pasa de ser una
afirmación a ser una evidencia empírica. Su poder se encuentra solamente en “la frecuencia
con que se repite por un lado, y la confianza con que se afirma por el otro”.52
51
William L. Craig en [Link]
52
(McGrath, Mera apologética: Ayudando a interesados y escépticos a encontrar la fe, 2020, págs. 180-181.)
53
Ibíd., pág. 181.
141
Pero, ¿cuál es el prejuicio de Freud que lo lleva a esgrimir un argumento tan pobre?
La respuesta no sorprenderá: su hostilidad a la religión. O como bien aclara McGrath:
“Freud parte del supuesto de que no hay Dios, y luego trata de mostrar que se puede
encontrar una explicación racional de por qué la gente cree en un Dios tan inexistente”. 54
De hecho, este es el patrón que siguieron todos los teóricos que estuvimos nombrado. Pero,
nuevamente, ¡no han probado que Dios no existe! ¡Sencillamente lo asumen de por sí! Es
como un círculo vicioso que parte de “Dios no existe” para demostrar que “Dios no
existe”. De manera que este argumento solo tendría sentido una vez demostrada la
inexistencia de Dios, cosa que todavía no lograron.
El Dr. Sproul también nos dice que Freud podría tener razón en que el ser humano
cuenta con una “dimensión de deseo religioso”. Freud podría tener razón en que la religión
puede ofrecer un consuelo calmante a la luz de la amenaza de la naturaleza, quizás, en ese
sentido, ser religioso podría ser un “deseo” en el hombre. Pero Sproul muestra las
limitaciones de estos argumentos diciendo que “todo eso puede ser cierto, pero aun si lo es,
no podemos luego concluir que en efecto no hay una realidad consoladora como Dios en el
universo”. El hecho de que creamos en algo por deseo no significa necesariamente que ese
algo no exista. En cuanto a Feuerbach ocurre lo mismo: quizás tenga razón en mucho en lo
que atañe al fenómeno religioso. De hecho, y como ampliaremos más adelante, la misma
Biblia le da la razón cuando señala que el ser humano se apresura a crear dioses a su propia
imagen (Romanos 1:23-25; Salmos 115:4-8). Pero, nuevamente, el análisis de Feuerbach
nos puede enseñar mucho acerca de cómo es el hombre, pero nos dice muy poco acerca de
si Dios existe o no existe.55 Y ocurre lo mismo con Marx, puesto que también podría estar
en lo cierto cuando afirmó que la religión podría ser una herramienta para explotación de
masas, pero su perspicaz critica no suma ni resta a la discusión sobre la existen o
inexistencia de Dios.
El Dr. Sproul escribió que estas estas teorías de proyecciones psicológicas podrían
“posiblemente explicar el origen de la religión. Demostrarlo, no obstante, es una tarea
formidable”. Sproul también añade que estas teorías pueden bridarnos “datos referentes a
lo que la psiquis humana puede y le gusta proyectar […] puede ofrecer una gran cantidad
de posibles razones psicológicas de por qué los seres humanos podrían haber inventado la
religión, pero mostrar lo que los hombres pueden hacer y podrían hacer no es mostrar lo
54
Ibíd.
55
(Sproul, Si Dios existe, ¿por qué hay tantos ateos?, 2018, págs. 55-57.)
142
que los hombres realmente hacen. Demostrar que una persona es capaz de matar no es
suficiente evidencia para declararla culpable de homicidio. Aunque es útil demostrar que
un sospechoso de homicidio tuvo motivos para cometer el crimen, no demuestra que él en
efecto lo cometió”.56 Del mismo modo, demostrar que el hombre pudo haber inventado a
Dios debido al fenómeno de la proyección no es suficiente razón para creer que realmente
así fue, y, por lo tanto, Dios no existe.
Sproul añade diciendo que “demostrar que los seres humanos desean un Dios no es
demostrar algo acerca de si, en efecto, existe tal deidad o no”. 58 Por lo tanto, todos pueden
buscar demostrar que algunos –incluso la mayoría si se desea– inventan dioses por los
motivos que sea, pero esto no necesariamente demuestra que absolutamente todos los
hombres lo han hecho.59 Por lo tanto, al final, ¡no han probado nada!
56
Ibíd., pág. 53.
57
Ibíd., pág. 53-54.
58
Ibíd., pág. 54.
59
Ibíd., pág. 56-57.
60
Monroy, ¿En qué creen los que no creen?, 2008, pág. 33.
143
necesidades, y el Dios bíblico no es una excepción a la regla. Y como saben, la creencia en
deidades se origina a partir de la ignorancia, ya que la idea de Dios llena el vacío que nos
deja el desconocer cómo es y cómo funciona el universo que nos rodea. Es por eso que el
nuevo ateísmo en base a todas estas teorías y con una carga especial de ponzoña, insisten
en afirmar que Dios es una creencia adquirida por culturas carentes de ciencia e
inteligencia; que en la actualidad no son más que mentes débiles, necesitadas y lisiada
emocionalmente; o bien, gente orgullosa que desea satisfacción y usa a su Dios ilusorio
para tal capricho.
61
Ibíd., pág.
62
(Flew, 2013, pág. 87.)
144
Otras líneas de evidencias, las cuales no deberían ser rebajadas a mera palabrería de
ignorantes, sino que requieren atención, es la popular argumentación histórica a favor de la
resurrección de Cristo: Debido a ciertos hechos históricos evidentes, en las cuales la
mayoría de los investigadores están de acuerdo sean creyentes o incrédulos, es posible
concluir que la resurrección de Cristo es la mejor explicación a tales eventos históricos. El
erudito historiador e investigador del tema Gary Habermas dice que, actualmente, los
historiadores sostienen que es verdad que los discípulos de Cristo estaban convencidos de
que habían visto a Jesús resucitado luego de su muerte pública. 63 Las evidencias históricas
y las experiencias de estos hombres incluyen: (1) conversión de los que alguna vez fueron
incrédulos, (2) gran persistencia ante la tortura y el martirio, (3) una explosión de fortaleza
y audacia que convirtió a pescadores temerosos en hábiles predicadores del testimonio de
la resurrección (4) y la tumba está vacía. Por lo general, ninguna explicación alterna que
pretenda excluir la resurrección de Cristo satisface la exigencia de una explicación
suficiente. ¿Qué realmente pasó para que estos 4 hechos se dieran? Bueno, la resurrección
parece ajustarse más a estos eventos históricos. Es más, el argumento de la resurrección
parece ser tan fuerte que incluso es aclamado por Antony Flew, quien sin ser cristiano, se
siente intrigado por estas evidencias.64 Otros han ido más allá de las intrigas al punto tal de
abandonar toda forma de incredulidad y abrazar la fe cristiana debido a estas evidencias,
como el caso de Josh McDowell, Lee Strobel, Warner Wallace y muchos otros. ¿Lo
hicieron por ignorantes? Responder afirmativamente sería sencillamente falaz y
pretencioso. ¿Cómo podrían probar que todos los creyentes son ignorantes? ¿No tiene estas
afirmaciones el mismo peso que afirmar que, en realidad, los incrédulos son los verdaderos
ignorantes? Parece ser que, en la actualidad, la ignorancia de absolutamente todos los
creyentes suena más bien como una ofensa que como un argumento bien elaborado.
145
cristiano.65 En las religiones paganas, los dioses sí se parecían bastante a sus inventores y
correspondían bastante bien a sus culturas, ¡y ni qué decir al deseo de satisfacción que sus
dioses representaban! Pero, como veremos, ese no es el caso del Dios de la Biblia.
En primer lugar, debemos señalar que el Dios bíblico tiene atributos que lo
distinguen en demasía a lo que el hombre es. Ni siquiera su imagen “idealizada” podría
verse reflejada en la clase de Dios que la fe cristiana presenta. El Dr. Craig nos dice que el
Dios bíblico posee atributos de omnipotencia, omnisciencia, eternidad, que trasciende el
tiempo y el espacio, y que posee una moralidad perfecta. 66 Todos estos son atributos que
difícilmente el ser humano lo identifique o lo idealice para sí. Al contrario, frecuentemente
se sienten confrontados por esta clase de atributos. Incluso a veces no desearíamos que de
Dios sea así. Por lo tanto, iniciamos diciendo que tales características no suenan como un
invento nuestro, puesto sencillamente están mucho más allá de nosotros.
Por otro lado, el Dios bíblico tampoco parece convenir a los deseos que el hombre
posee en su naturaleza. De hecho, a veces se da de manifiesto todo lo contrario. Mientras
los dioses de culturas politeístas si se aplican bastante bien a estas teorías escépticas, el
Dios bíblico permanece fuera de su alcance. Solo pensemos en el símbolo del placer
humano más resonante y solícito: el sexo, que es la inclinación y deseo más natural. El
mismo Freud habló mucho sobre esto. El sexo es el deseo que no querríamos que se nos
restrinja. ¡Y vaya que no fue restringido para estas culturas influenciadas por sus
religiones! Los historiadores dicen que las grandes civilizaciones (no cristianas) a través de
la historia han pasado por dos etapas. La etapa del ascenso donde alcanzan el pináculo del
éxito de su poderío; y luego la etapa de la decadencia donde, a causa de la promiscuidad
sexual y el rechazo a la estricta moral restrictiva, literalmente “se entregan a sus pasiones y
deseos más básicos”. Y así sucedió con los antiguos reinos de Egipto, Babilonia, Asiria,
Medo-Persa, el imperio Griego y Romano, y más tarde el Sacro Imperio Romano.67
146
antiguos cananeos –el pueblo inmoral desaprobado por Dios y cuyo ejemplo los israelitas
no debían imitar– estos practicaban una “adoración sexual degradada” que hasta resultaba
en el sacrificio de niños. Sus templos, dice Free, eran auténticos “lugares de vicio”. 68 Los
sirios y fenicios también tenían divinidades cuyo culto incluía la “prostitución sagrada de
ambos sexos”.69 Y en cuanto a los griegos, ¡ni hablar! Sus prácticas religiosas eran dueñas
y promotoras de las relaciones homosexuales y relaciones con prostitutas. 70 Y al igual que
Grecia, Roma tampoco queda atrás. Con todo esto en mente, pensemos… ¿qué son estos
vicios religioso-sexuales sino el más claro ejemplo del deseo humano desenfrenado? En
tales casos, por supuesto que estamos de acuerdo con la teoría de la proyección, pues la
naturaleza del deseo humano por supuesto que llevará a cualquiera a inventarse religiones
y cultos para esa clase de dioses. En esto tienen mucha razón. Pero en el caso del Dios
bíblico, la realidad es otra. Es precisamente en este punto donde Dios no es objeto de
nuestros deseos, sino el antagonista más férreo, de quien querríamos deshacernos en lugar
de inventarlo.
68
Joseph Free, Archeology and Bible History [Arqueología e historia bíblica], 1969, pág. 122.
69
Merril Unger, Archeology and the Old Testament [Arqueología y el Antigui Testamento], 1979, pág. 173.
70
Kennedy & Newcombe, ¿Y qué si Jesús no hubiera nacido?, 1994, pág. 173.
71
Ibíd., pág. 175.
147
diciendo –en referencia los cristianos– que ellos “no cometen adulterio ni inmoralidad” y
se “abstienen de todo contacto sexual ilícito y de impureza”.72 ¡Clarísimo!
Lo mismo puede verse al contrastar la naturaleza y el mensaje del Dios bíblico con
la generalidad del deseo humano. No hace falta ser un gran intelectual para reflexionar y
darnos cuenta de que el mundo desea con ansias dinero, sexo y poder. Parece ser lo natural
en ellos. Siempre y cuando sirvan a sus intereses hedonistas y antropocéntricos, donde el
hombre sea el centro, ¡eso es lo que por naturaleza deseamos! Respecto al dinero, el pastor
John Piper escribe: “Pensábamos que estábamos lidiando con el dinero–billetes y monedas.
Pero, de hecho, estamos lidiando con los placeres y las ventajas que el dinero puede
comprar, o el estatus que el dinero puede darnos. Y después nos damos cuenta de que eso
no es todo, ya que debajo de eso hay codicia, avaricia, miedo, y el deseo de tener
seguridad, prestigio y control”.73 ¿Acaso no es esa la condición que se ve en todos?
72
Citado en Ibíd., pág. 176-177.
73
John Piper, Viviendo en la luz: dinero, sexo y poder, 2017, pág. 11.
74
David Miller, The New Polytheism: Rebirth of the Gods and Goddesses, vii-x.
148
historia de la realidad”.75 Con esto, Miller nos dice que el Dios de la Escritura no es alguien
a quien deseamos. Por el contrario, deseamos reconstruir a los dioses de nuestros deseos.
¡Esa es la espiritualidad que el hombre realmente desea crearse para sí! Entonces, ¿seguro
que Dios es aquello que humanamente deseamos? ¿O su esencia es exactamente lo que no
querríamos?
La filósofa y apologista Nancy Pearcey dice que una clave para identificar los
errores de este mal argumento contra Dios y las religiones consiste en aplicarlas al mismo
ateísmo que lo pregona. Es como si el argumento cometiera una especie de suicidio
intelectual al dañarse a sí mismo. 76 Por ejemplo, ellos afirman que los mismos seres
humanos crearon a los dioses debido a sus deseos, miedos, complejos psicológicos y un
montón de cosas más. Pero, ¿por qué no decir que Dios sí existe, pero los hombres crearon
el ateísmo debido a sus deseos, miedos, complejos psicológicos y demás?
Veamos el caso de Karl Marx, quien decía que la religión “es el opio del pueblo”,
para aplacar a los pobres con falsas promesas de un más allá feliz. Pero si la idea de Dios
solo es inventada debido a intereses económicos, ¿por qué no pensar que Marx también
inventó su teoría anti-Dios debido a sus propios intereses económicos? Su teoría también
suena bastante suicida. Del mismo modo, Friedrich Nietzsche decía que la tendencia
religiosa, como toda actuación humana, es motivada siempre por el deseo de poder; de
manera que la religión no es más que una “mentira piadosa” que se usa para controlar a la
gente.77 Pero, ¿qué sucede con la propia teoría de Nietzsche? ¿Fue motivada por su propia
voluntad de poder? ¿Acaso su intención no consistía en eliminar a Dios y empoderar al
hombre? Si lo que dice es verdad, ¿por qué deberíamos prestarle atención si su teoría
parece menoscabarse a sí misa?78
¿Qué hay del caso de Freud? Pues, con él también ocurre el mismo vicio suicida.
Freud insistía en que las ideas se conforman por causa de necesidades emocionales
inconscientes. También decía que la conducta humana resulta de la represión sexual, una
75
Ibíd. También citado en Peter Jones, El Dios del sexo: cómo la espiritualidad define tu sexualidad, pág. 43.
76
(Pearcey, El hallazgo de la verdad, 2017, págs. 150-151.)
77
Referencia en Friedrich Nietzsche, La voluntad de Poder.
78
Pearcey, El hallazgo de la verdad, pág. 150.
149
sexualidad muy pasional que es propia de la naturaleza. 79 Según él, la creencia en Dios
surge a partir de todo esto. Pero si estos supuestos impulsos psicológicos son la base por la
que el ser humano proyecta a Dios, podríamos también pensar que esta misma base podría
proyectar las ideas del propio Freud y de muchos otros ateos. Como bien señala Alister
McGrath: “En base a este aspecto de su pensamiento, los hombres parecen tener al menos
una base psicológica tan plausible para querer deshacerse de cualquier “padre del cielo”
como querer creer en él”.80 Freud dice que Dios es una especie de “deseo cumplido”, en el
que un padre celestial y benévolo se ocupa de todas nuestras necesidades. Sin embargo,
dice McGrath, “es igual de lógico y basado en la evidencia argumentar que Freud y otros
ateos niegan la existencia de Dios por la necesidad de escapar de una figura paterna que no
les gusta. Después de todo, la relación entre Freud con su propio padre era algo tensa”.81
Piénselo por un momento. Quizá sea verdad que muchos de nosotros podemos
desear proyectar un padre benévolo que nos cuida desde el cielo. Sin embargo, también es
igualmente verdadero querer deshacernos de un juez justo que nos causa temor desde el
tribunal de ese mismo cielo. De hecho, la esencia más resaltante del Dios bíblico no se
parece en nada a la figura romántica de un Dios sonriente y nada intimidante. Los
reformadores Martín Lutero y Juan Calvino sostuvieron que el instinto más natural del ser
humano no es el de “desear” a Dios, sino el de tener temor de Él. Y en relación a esto
último, el apologista C. S. Lewis argumentó que Freud parece no reconocer que existe una
dinámica psicológica tanto satisfacer nuestros temores como de satisfacer nuestros
deseos.82 En nuestro supuesto deseo creamos a Dios –dicen los ateos– ¿Pero por qué no
decir que ellos eliminaron a Dios porque tienen temor de Él? Es por eso que, aunque los
escépticos repitan como campana que nosotros creemos en Dios porque sencillamente
“deseamos” que exista, podríamos devolverle la afirmación diciendo que ellos no creen en
Dios porque igualmente “desean” que no exista. Como bien dice McGrath: “La gente tiene
razones para desear que Dios no exista, así como desear su existencia”. 83 De hecho, el
mismo Lewis, recordando su ateísmo, reconoció que durante ese tiempo Dios era alguien a
quien no quería conocer: “Los agnósticos amables hablarán alegremente sobre “la
búsqueda de Dios por parte del hombre”. Para mí, como lo era entonces, también podrían
79
Ibíd., pág. 150.
80
(McGrath, Mera apologética: Ayudando a interesados y escépticos a encontrar la fe, 2020, pág. 182.)
81
Ibíd.
82
Véase en Armand Nicholi, The Question of God: C. S. Lewis and Sigmund Freud Debate God, Love, Sex,
and the Meaning of Life, 2002.
83
(McGrath, Mera apologética: Ayudando a interesados y escépticos a encontrar la fe, 2020, pág. 182.)
150
haber hablado de la búsqueda del ratón por el gato”. 84 En ese caso, Lewis era el ratón y
Dios era el gato de quien huía. La idea de que Dios exista realmente le aterraba.
El Dr. Sproul argumentó que la supuesta psicología que los ateos inventan para los
religiosos crédulos parece ser, en realidad, la psicología del mismo ateísmo. Sobre el caso
de Freud, Sproul escribió:
84
C. S. Lewis, Surprised by Joy, 2002, pág. 265.
85
(Sproul, Cómo defender su fe, 2003, pág. 161.)
86
(Sproul, Si Dios existe, ¿por qué hay tantos ateos?, 2018, págs. 71-72.)
151
verdad” con “injusticia” a medida que “razonan inútilmente” y para colmo dicen ser
“sabios” (Romanos 1:21-22). ¡No existe una mejor descripción del corazón incrédulo y su
dimensión psicológica! Como resultado, Dios muestra su indignación (la ira de Dios se
revela desde el cielo) y tal indignación produce pánico porque el hombre sabe que es
moralmente réprobo ante una santidad y justicia que detesta. Es debido a esta verdad
evidente que el humano réprobo inventa religiones que potencian su pecaminosidad,
incluso si se disfrazan de un pérfido ateísmo. Pablo bien señala que luego de negar a Dios,
sí o sí adorarán otra cosa; sean falsos dioses (que son igual a ellos) o sean ellos mismos.
Pero al final, todo se reduce a lo que Pablo dijo: “Cambiaron la verdad de Dios por la
mentira, adorando y sirviendo a los seres creados antes que al Creador, quien es bendito
por siempre” (Romanos 1:25). A los ojos de Pablo, tanto el paganismo idólatra de la fe
politeísta que estuvimos viendo, así como el mismo ateísmo, no es más que el intento del
hombre por huir del Dios verdadero. El teólogo John Murray comenta:
87
John Murray, The Epistle to the Romans, tomo 1 de The New International Commentary on the New
Testament, 1959, pág. 41.
88
(Sproul, Si Dios existe, ¿por qué hay tantos ateos?, 2018, pág. 90.)
152
acerca a ella por temor a que sus obras queden al descubierto” (Juan 3:19-20). El
reformador Juan Calvino lo explicó bien:
Ante esta realidad, la rebelión contra Dios consiste en reprimir y sustituir lo que su
revelación es. La represión es el acto de contener, detener o castigar con violencia las ideas
o conductas que no son de agrado. Lo que es inaceptable, eso se intenta suprimir de todas
las formas concebibles. Y según Romanos 1, es así como el ser humano caído reacciona a
la revelación de Dios. En la revelación del Dios bíblico, el pecador encuentra algo que
presagia una amenaza traumática, por lo tanto, lo reprime. Para él, el conocimiento de Dios
es inaceptable, y, como resultado, el hombre hace lo que sea para borrarlo o por lo menos
camuflarlo de tal manera que se pueda ocultar o empañar debido a su carácter amenazador.
Así se evidenció a lo largo de toda la historia bíblica, hasta llegar al Señor Jesucristo, a
quien mataron; y sus apóstoles y profetas, a quienes persiguieron y martirizaron.
Finalmente, el escéptico intenta sustituir la verdad de Dios. Como lo dice Pablo:
“cambiaron la verdad de Dios por la mentira”, a fin de “rendir culto a las criaturas antes
que al Creador”. Podemos señalar a las religiones hedonistas y al mismo ateísmo como
efectos de esta sustitución.
Dios no puede ser una creación humana. Esto se debe a que sabemos que tendremos
problemas si reconocemos la existencia de un Dios soberano. De hecho, nada se interpone
más firmemente en el camino de nuestros propios deseos autónomos que un autexistente,
89
(Calvino, Institutes of the Christian Religion, 1964, págs. 1:38, 39.)
153
eternamente justo y recto Dios. En Romanos 1 Pablo deja en claro que el problema
principal con quienes niegan la existencia de Dios no es intelectual. No es que a ellos les
falte información (pues Dios ya se las dio suficiente), sino, más bien, no quieren conocerle.
Para la Biblia, el problema es moral más que intelectual (Romanos 1:18). La Biblia
describe la reacción de Dios en respuesta a la condición humana en términos de “ira” e
“indignación”, y estos términos son repulsivos a la vista de los que están en rebelión contra
el carácter de ese Dios.
90
Referencia disponible en el libro de Benjamin Wiker, Moral Darwinism: How We Became Hedonits
[Darwinismo moral: Cómo nos hicimos hedonistas); también en (D'Souza, 2009, págs. 281-282.)
91
Citado por Walter Kaufmann en The Portable Nietzsche [El Nietzsche portátil], pág. 627.
92
S. T. Joshi, ed., H. L. Mencken on Religion [H. L. Mencken sobre la religión], pág. 38.
93
Victor Stenger, God: The Failed Hypothesis, 2007, pág. 240.
154
filósofo Thomas Nagel también confesó su temor a la religión cuando dijo: “Quiero que el
ateísmo sea verdadero… No es sólo que no creo en Dios… No quiero que haya un Dios;
no quiero que el universo sea así”. 94 ¿No es esta la tendencia natural del hombre primitivo
y moderno hacia la figura de un Dios el del cristianismo?
“Es hora de mirar más honesta y críticamente los motivos que están
detrás del ateísmo moderno. A menudo, son distintos y más interesantes que
los motivos que usualmente dan, o que se les aribuye a las figuras ateas. Por
ejemplo, se cree ampliamente que Darwin perdión su fe cuando descubrió
que la selección natural, no Dios, era la responsable de la evolución de las
formas de vida. Pero el mismo Darwin dice que perdió su fe porque no podía
soportar la nación cristiana de la condenación eterna. También sabemos, por
sus escritos, que Darwin sufrió terriblemente la pérdida de su hija de diez
años, Annie. Se da la poderosa sensación de que él no pudo perdonar a Dios.
El ateísmo, en algunos casos, es una forma de venganza.”99
94
Thomas Nagel, The Last Word, 1997, pág. 130.
95
(Sproul, The Holiness of God [La Santidad de Dios], 1985, pág. 53.)
96
Sproul, Cómo defender su fe, 2003, pág. 162-163.
97
(D'Souza, 2009, págs. 278-279.)
98
Ibíd., pág. 279.
99
Ibíd., pág. 281. Sobre el caso de la hija de Darwin, referencia disponible en (Desmond & Moore, 1991,
pág. 387.)
155
“A la verdad difícilmente puedo ver cómo alguien podría querer que
el cristianismo fuera cierto, pues si así fuera, el lenguaje claro del texto
parece mostrar que los hombres que no creen, y esto incluiría a mi padre, mi
hermano, y casi todos mis mejores amigos, se condenarían por la eternidad.
Y esta es una doctrina condenable.”100
Tal parece que el ateo también tiene muchas presiones psicológicas para inventar el
ateísmo, que es la verdadera proyección de los deseos y los miedos más naturales. El
ateísmo –y no la religión– parece ser verdadero opio de los pueblos, cuyo efecto narcótico
hace posible silenciar las evidencias de la autorrevelación de Dios. ¡Y tienen muchas
razones para esto! Pues, como hemos visto, la Biblia expone la verdadera psicología del
ateísmo, la cual, irónicamente, ellos nos la lanzan a nosotros los creyentes. La revelación
de Dios es evidente y cognoscible por todos, y nos dice que Él sí existe; pero los hombres
crearon el ateísmo porque temen enfrentarse cara a cara con un Dios todopoderoso, quien
hace responsable al ser humano de sus acciones (Job 19:29; Eclesiastés 12:14; Mateo
12:36; Romanos 2:16, 14:10, 12; 1 Corintios 4:5, y más). 101 Al final, Jesús tenía razón
cuando dijo: “… ustedes no quieren venir a mí para tener vida… Por eso ustedes no me
creen cuando les digo la verdad. ¿Quién de ustedes encontrará falsedad en mí? Y si les
digo la verdad, ¿por qué no me creen? (Juan 5:40; 8:45-46).
Estas teorías han afirmado que el ser humano parece estar inclinado a creer en Dios.
Incluso han estructurado una dimensión psicológica que los mueve a ser religiosos. Eso
suena bastante interesante, y podemos estar de acuerdo con ellos en que sí. El problema
100
Charles Darwin, The Autobiography of Charles Darwin, 1968, pág. 87.
101
Sproul, Cómo defender su fe, 2003, págs. 161-165.
156
con ellos es que dijeron que esta tendencia “refutaba” la existencia de Dios. Sin embargo,
¿por qué esta tendencia debe implicar necesariamente que Dios no existe? ¿No podría más
bien significar todo lo contrario? Si han existido múltiples religiones a lo largo de la
historia, en vez de afirmar que eso significa que Dios no existe, ¿por qué no afirmar que
Dios sí existe y la pluralidad religiosa demuestra que el ser humano siempre tendrá la
necesidad del Dios que lo creó? Alister McGrath dice al respecto que este tipo de
argumentos no deberían ser consistentes únicamente con el ateísmo, sino también con la
creencia en Dios. En particular, la creencia cristiana afirma que Dios nos creó con un
instinto de búsqueda de lo divino.102 Eclesiastés 3:11 dice que Dios ha puesto “eternidad”
en el corazón humano. Y Romanos 1 y 2 señala que Dios puede ser conocido tanto en la
naturaleza del exterior como en la naturaleza de su mismo interior. El teólogo Agustín de
Hipona decía: “Nos has hecho para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que encuentre
su descanso en ti”.103
Cuando estos pensadores ateos afirman que el ateísmo puede explicar por qué el ser
humano cree en Dios a partir de un mero anhelo, la fe cristiana no los desmiente en
primera instancia. Al contrario, el cristianismo también explica por qué el ser humano
posee este anhelo a partir de que Dios sí existe y todos tienen consciencia de ello. La
perspectiva cristiana, incluso, es más coherente y plausible que su contraparte. Quizás el
ser humano está inclinado hacia lo divino, no por las razones que proponen ellos, sino por
lo que Agustín explicaba: “La imagen del creador se encuentra en el alma racional o
intelectual de la humanidad… El alma humana ha sido creada según la imagen de Dios
para que pueda usar la razón y el intelecto para aprender y contemplar a Dios”. 104 Parece
ser que en el ser humano existe un profundo anhelo por la verdad absoluta, la belleza, y
demás, porque posee la imagen de Dios impregnada en ellos. Así lo explica el cristianismo
y suena bastante plausible.
157
siempre mantendrá inquietos a todos. Pascal decía que a veces “el corazón tiene sus
razones, que la razón no entiende”. Él observaba que en el corazón existe un “deseo”, y ese
anhelo enmarca algo que no se posee, pero cuya atracción se siente. McGrath escribe: “Los
apologetas cristianos sostienen que este profundo sentido de anhelo por algo trascendente
se basa en última instancia en el hecho de que hemos sido creados para tener comunión con
Dios, y no se cumplirá hasta que lo hagamos”.105
Lewis observo qué cada deseo que solemos experimentar parece encontrar siempre
un punto de satisfacción. Pero, ¿qué hay del deseo por la trascendencia que parece no ser
alcanzable por nada que el mundo ofrece? Es en este sentido donde Lewis señala que esto
podría indicar que la satisfacción de este anhelo solo puede encontrarse más allá. 108 En
105
Cf. Ibíd., pág. 117.
106
Blaise Pascal, Pensées, 2003, pág. 113.
107
Ibíd.
108
Ver en (Lewis, Mero cristianismo, 2006); y también en (Lewis, Screwtape Proposes o Toast, 1965, págs.
94-110.)
158
otras palabras, así como el hambre física apunta a una necesidad humana real que puede
ser satisfecha a través de la comida, así ésta hambre espiritual corresponde a una necesidad
real que puede ser satisfecha a través de Dios. En palabras de Lewis: “Si encuentro en mí
un deseo que ninguna experiencia en este mundo puede satisfacer, la explicación más
probable es que fui hecho para otro mundo”. 109 Si bien esto no precisamente es un
argumento a favor de la existencia de Dios, sigue siendo una reflexión bastante plausible,
el cual parte del mismo punto que los ateos sostienen. Después de todo, si el cristianismo
es verdadero, ese “deseo-anhelo” es exactamente lo que deberíamos esperar si es que
fuimos creados para relacionarnos con Dios.
Es en este punto donde debemos estar preparados para una exhortación, porque,
aunque parezca increíble, el argumento de la proyección tiene bastante razón en cuanto
muchos que dicen profesar la fe cristiana. Es acá donde este argumento podría servirnos
como un trago amargo, pero a modo de medicina necesaria para analizar nuestra fe.
¿Realmente estamos adorando al Dios bíblico? ¿No será que hemos distorsionado su
imagen convirtiéndolo en el Dios que deseamos que fuese para nosotros? Piénselo de la
siguiente manera: Si el ser humano tiene la inclinación de “crear dioses” a su imagen y
semejanza, entonces el mismo ser humano el verdadero objeto de adoración, y eso cabe
perfectamente en el famoso pecado de la idolatría. Por lo tanto, la teoría de la proyección
puede enseñarnos mucho acerca de la idolatría, específicamente de la “idolatría cristiana”.
Para nuestro propósito, demos una buena definición de lo que la idolatría es. El
predicador Martyn Lloyd–Jones nos provee la clásica definición: “Un ídolo es cualquier
cosa en nuestra vida que ocupa el lugar que debiera ocupar Dios únicamente… cualquier
cosa que ocupa una posición controladora en mi vida es un ídolo”. 110 Obviamente, esto
suena como un pecado alevoso, y muy pocos cristianos se sentirían partícipes de esto. Sin
embargo, Lloyd–Jones añade que, pese a que esta sea una definición general, “no se limita
[solamente] a eso, ¡qué bueno que así fuera! No, la idolatría puede consistir en tener
nociones falsas acerca de Dios. Si yo estoy adorando mi propia idea de Dios y no al
verdadero Dios viviente, eso es idolatría”.111 El obispo anglicano J. C. Ryle dice:
109
Lewis, Mere Christianity, 136-137.
110
Martin Lloyd–Jones, “Life of God” [Vida de Dios], Tomo 5, en Life in Christ: Studies in 1 John (Vida en
Cristo: Estudios en 1 Juan], 2002.
111
Ibíd.
159
“Digo, pues, que “la idolatría es aquella adoración en que el honor
debido al Trino Dios y a él únicamente, es dado a algunas de sus criaturas”.
Puede variar muchísimo. Puede asumir formas extremadamente diferentes
según la ignorancia o el conocimiento, la civilización o la barbarie, de los
que la ofrecen. Puede ser groseramente absurda y ridícula, o puede acercarse
a la verdad y, por ende, ser engañosamente defendida.”112
Note, pues, que la idolatría no siempre es alevosa, sino que también puede ser
engañosa. No siempre podría ser la práctica de algún templo pagano, sino el “culto común”
de una aparente iglesia cristiana. No es práctica exclusiva de quienes abiertamente son
impíos, sino también una pestilencia del corazón de quienes dicen ser cristianos. Como
bien advierte Ryle: “Podemos estar seguros de que la idolatría es un pecado que abarca un
campo mucho más grande que esto… es una pestilencia que se introduce en la Iglesia de
Cristo en una medida mucho más amplia de lo que muchos suponen”. Por eso, que no nos
tiemble la lengua a la hora de afirmar que muchos podrían creerse cristianos, pero en
realidad son profundamente idólatras. Muchos dirán adorar al Dios bíblico, pero no adoran
más que la imagen que diseñaron de Él a partir de un deseo “humanamente conveniente”.
Ryle amplía este punto con un ejemplo bíblico:
En este punto deseamos enfatizar, ya que en la actualidad está de moda una especie
de “teología humanista” que distorsiona la imagen de Dios a fin de que se adecue al ser
humano y los intereses de su corazón pecaminoso. Después de todo, la idolatría procede de
la misma fuente que “los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los
homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño” y cosas semejantes (Mr.
7:21-22). En otras palabras, “la causa de la idolatría es la corrupción natural del corazón
del hombre”;114 un corazón que a lo largo de la historia se ha estado inventado dioses, y en
este caso particular, ha estado distorsionando la imagen del Dios bíblico. ¿Acaso estos
teóricos ateos no aciertan en cuanto a “cristianos” de ésta clase? Creemos que sí.
112
J. C. Ryle, artículo tomado de “Idolatry” [Idolatría], en Knots Untied [Nudos desatados], reimpreso por
Charles Nolan Publishers.
113
Ibíd.
114
Ibíd.
160
La teoría de la proyección, como recordarán, postula que Dios no es más que el
mismo ser humano proyectado hasta llegar a una figura deificada. Dios, en ese sentido, se
parece mucho a sus humanos creadores y corresponden bastante a sus intereses. El Dr.
Sproul nos dice que ateos como Freud, Feuerbach, Marx Nietzsche y el resto fueron
“pensadores” que han ubicado a la religión a algún que otro aspecto de la psicología
humana. Dicen ellos: “El temor a la naturaleza, la proyección de los deseos o la liberación
de la culpa y la ansiedad, el temor a una revolución económica y el temor a la nada son
etiquetas […] que hacen que la religión sea atractiva”. Es por eso que estos análisis sirven
para enseñarnos mucho acerca del corazón humano, sobre todo el corazón idólatra. Sproul
dice que “los hombres sean propensos a crear a sus ídolos a su imagen no es sorpresa para
el cristiano. El teísta debe notar cuidadosamente que el orgullo humano y la arrogancia se
manifiestan en las prácticas humanas”. 115 Desafortunadamente, muchos, en su intento de
adoptar lo que es “atractivo” han adoptado y diseñado su propia idea de Dios dentro del
contexto cristiano, y muchas de sus prácticas lo demuestran.
Feuerbach decía que los deseos y anhelos del hombre incentivan a inventar a Dios.
¡Vaya sorpresa! Esto es exactamente lo que la Escritura describe como una forma más de
galopante idolatría. El predicador puritano David Clarkson dijo que convertimos en nuestro
Dios precisamente aquello que más anhelamos: “Anhelar es un acto de adoración… y eso
que más se anhela es justamente esa adoración, esa honra debida sólo a Dios. Anhelar
cualquier cosa más o tanto como anhelar a Dios es idolatría, es postrar el corazón ante ella
y adorarla como sólo Dios debe ser adorado”. 117 El problema es que muchos no anhelan al
Dios de la Biblia como lo describe Salmos 27:4, sino al “dios del vientre” según Filipenses
3:19, cuyo apetito no son más que las terrenales y carnales. Esto, sin duda, es el vicio de
115
(Sproul, Si Dios existe, ¿por qué hay tantos ateos?, 2018, págs. 51-52, 56.)
116
J. C. Ryle, “Idolatry”, en Knots Untied.
117
David Clarkson, “Soul Idolatry Excludes Meno ut Heaven” [La idolatría del alma excluye del cielo al
hombre], en The Works of David Clarkson [Las obras de David Clarkson], Tomo II, reimpreso por The
Banner of Truth Turst.
161
quienes son “amadores de los deleites más que de Dios” (2 Tim. 3:4). ¿Se equivoca
Feuerbach? Pues, no en cuanto a muchos cristianos.
El ser humano desea prosperidad, bienestar, salud, poder y una vida acomodada,
por lo tanto, entonces tenderán a inventar el evangelio de la prosperidad, el bienestar, la
salud, el poder y la vida de éxito y comodidad. ¿Le parece conocido este escenario? ¿No es
esta la raíz de gran parte de la teología moderna? ¿No es esta la atractiva teología que atrae
a tantos? El evangelio de la prosperidad, la teología humanista de éxito y bienestar, y toda
esa estirpe caben bastante bien en la teoría de la proyección. Los teóricos ateos han
acertado con precisión a estos religiosos. El pastor John MacArthur nos da un ejemplo
práctico de esta proyección al referirse a una iglesia que invita a sus cultos ofreciendo
atmósfera informal y reposada con buena música de banda, y que los que asistan, aunque
usted no lo crea, se divertirán. MacArthur añade:
Muchos creyentes hoy están, de un modo u otro, adheridos a esta teología centrada
en el ser humano, donde Jesús es alguien que solo te dará paz y alegría; donde Jesús es
alguien que mejorará todos tus proyectos personales. “Jesús realmente quiere que usted se
sienta muy bien con respecto a usted mismo. Quiere elevar su propia imagen. Quiere poner
fin a su pensamiento negativo”.119 Esto no representa más que el fin de la teología
teocéntrica (donde Dios es el centro) para dar paso a la teología antropocéntrica (donde el
hombre es el centro).120 En este contexto el único y verdadero Dios y el único y verdadero
evangelio no tiene cabida, ya que contienen aspectos que desagradan al hombre natural y
se oponen a todo lo que humanamente podríamos desear. El teólogo J. I. Packer advierte
que el “peligro es que en nuestra evangelización nos conformemos con evocar recuerdos
de estas cosas y hacer que la gente se siente cómoda por ellas”. Packer dice:
118
(MacArthur, Difícil de creer, 2011, pág. 5.)
119
Ibíd., pág. 5.
120
Esto fue explícitamente dicho por un exponente de esta teología: Robert Shuller, Self-Esteem: The New
Reformation [Autestima: La Nueva Reforma].
162
términos de lo que el hombre siente que quiere: “¿Eres feliz? ¿Te sientes
satisfecho? ¿Quieres tener tranquilidad? ¿Sientes que has fracasado? ¿Estás
harto de ti mismo? ¿Quieres un amigo? Entonces acércate a Cristo, él
satisfará todas tus necesidades” –como si el Señor Jesucristo fuera un hada
madrina o un superpsiquiatra…”121
La teoría de la proyección, la cual una vez quiso eliminar a Dios, hoy sirve a los
cristianos para identificar una fe genuina y centrada en el Dios bíblico. También nos hace
enfatizar que el verdadero evangelio es un llamado a negarse a uno mismo. No es un
llamado a la autorrealización. Y así debe ser, aunque eso implique oponernos a la
proclamación contemporánea del evangelio, en la que los nuevos predicadores ven a Jesús
como un genio utilitario y como como el Señor y Salvador de nuestras almas. Lo dicho por
Jesús en Mateo 16:24-25, no es un llamado a exaltarnos a nosotros mismos, sino a
renunciar a nosotros mismos. Es la muerte del yo. En el evangelio y la cosmovisión
bíblica, uno gana al perder y uno vive al morir. En eso consiste el verdadero discipulado
cristiano. MacArthur decía que tal vez Dios no nos quite la vida, el dinero, la familia, o la
salud, pero debemos estar dispuestos a dejarlo todo: “Usted debe estar suficientemente
desesperado y dispuesto a abrazare a Cristo a cualquier precio”.122
121
J. I. Packer, Evangelism & the Sovereignty of God [Evangelismo y soberanía de Dios), 1961.
122
Cf. (MacArthur, Difícil de creer, 2011, pág. 14.)
123
Oración introductoria en Arthur Bennet, ed., The Valley of Vision, 1975.
163
¿Por qué Dios permite el mal y el
sufrimiento?
164
¿Es la religión cristiana un veneno?
165
166
167
BIBLIOGRAFÍA
Agustín. (2017). Obras escogidas de Agustín de Hipona: Confesiones (Vol. II). (A. Ropero, Ed.) Barcelona,
España: Clie.
Alder, M., & Gorman, W. (Edits.). (1952). The Grat Ideas A Syntopicon of Great Books of the Western
World [Las grandes ideas, temario de los grandes libros del mundo occidental]. Chicago:
Encyclopedia Britannica.
Alonso, A. M. (1972). Dios, ateísmo y fe. Salamanca, España: Sígueme.
Anderson, T. (2 de July de 2008). A New Day for Apologetics: People Young and Old Are Flocking tod Her
—and Be Changed by— Winsome Arguments for the Christian Faith. Christianity Today.
Bacon, F. (1960). The New Organon [Novum organum o indicaciones relativas a la interpretación de la
naturaleza]. Indianapolis: Bobbs Merrill.
Bahnsen, G. (1998). La Apologética de Van Til: Lecturas y Análisis. Phillipsburg, NJ: Presbyterian and
Reformed.
Bahnsen, G. (2013). ¡Prepárate para la buena batalla!: La metodología apologética de Greg L. Bahnsen. (R.
M. Oliver, Ed., & R. M. Sánchez Rosete, Trad.) Florence Road, Georgia: Amrican Vision, Inc.
Bennet, A. (1975). The Valley of Vision. Edinburgh: Banner of Truth.
Bosch, D. (1991). Transforming Mission: Paradigm Shifts in the Theology of Mission. Maryknoll, NY: Orbis
Books.
Brentano, F. (1979). La existencia de Dios. Madrid.
Broocks, R. (2014). Dios no está muerto. (p. (. D.G.), Trad.) Lake Mary, Florida: Casa de Creación.
Broocks, R. (2018). El derecho humano. (G. Lelli, Ed., & S. Cadavid, Trad.) Nashville, Tennessee, Estados
Unidos de América: Grupo Nelson.
Brown, D. E. (1991). Human Universals [Universalidades humanas]. Nueva York: McGraw-Hill.
Calvino, J. (1964). Institutes of the Christian Religion (Vol. I). (H. Beveridge, Trad.) Grand Rapids:
Eerdmans.
Calvino, J. (s.f.). Institución de la Religión Cristiana (Vol. I). Rijswijk, Paises Bajos: Fundación Editorial de
Luteratura Reformada (Felire).
Cambridge Union Society God Debate (octubre de 2011) - WL Craig, PS Williams vs.A Copson, A Ahmed.
(18 de Enero de 2012). Recuperado el 19 de Agosto de 2021, de drcraigvideos:
[Link]
Carson, D. A. (2011). Escándalo: La cruz y la resurrección de Jesús (Primera ed.). (G. Muñoz, Trad.)
Wheaton, Illinois, U.S.A.: Andamio.
Celso. (1987). On the True Doctrine: A Discourse Against the Christians. (J. Hoffman, Trad.) Nueva York:
Oxford University Press.
Christianity Today. (6 de Agosto de 1982). A Scientist Caught Between Two Faiths: Interview with Robert
Jastrow [Un científico atrapado entre dos fes: Entrevista con Robert Jastrow]. Recuperado el 29 de
Mayo de 2021, de [Link]:
[Link]
168
Clark, M. (2018). El problema de Dios. (G. Lelli, Ed., & E. Jibaja, Trad.) Nashville, Tennessee: Vida.
Clarkson, D. (s.f.). The Works of David Clarkson [Las obras de David Clarkson] (Vol. II). The Banner of
Truth Trust [Reimpreso].
Collins, F. S. (2006). The Lenguage of God: A Scientist Presents Evidence for Belief. Nueva York: Free
Press.
Collins, R. (1999). Reason for the Hope Witbin. (M. J. Murray, Ed.) Grand Rapids, MI: Eerdmans.
Collins, R. (1999). Reason for the Hope Within. (M. J. Murray, Ed.) Grand Rapids: Eerdmans.
Copan, P. (2010). Evidence for God: 50 Arguments for Faith from the Bible, History, Philosophy, and
Science. Grand Rapids: Baker.
Copan, P., & Craig, W. L. (2019). Ex Nihilo: Creación de la nada. (M. A. Jiménez, Ed., & J. Ostos, Trad.)
Salem, Oregón, Estados Unidos: Publicaciones Kerigma.
Cottrell, J. (2013). La Fe Una Vez Dada. (D. O´Shee , & D. Meade , Trads.) [Link]: RED.
Craig, W. L. (s.f.). #29 La Fe y la Duda . Recuperado el 15 de Mayo de 2021, de [Link]/:
[Link]
Craig, W. L. (s.f.). ¿Cuál es la Relación entre la Ciencia y la Religión? Recuperado el 4 de Marzo de 2021,
de [Link]: [Link]
relacion-entre-la-ciencia-y-la-religion/
Craig, W. L. (s.f.). ¿Existe Dios? Recuperado el 10 de Mayo de 2021, de [Link]:
[Link]
Craig, W. L. (1990). Does God Exist? The great debate [¿Existe Dios? El gran debate]. (J. P. Moreland, &
K. Nielsen, Edits.) Nashville: Nelson.
Craig, W. L. (2008). Fe Razonable. (J. Ostos, Trad.) Salem Oregón, Oregom, [Link].: Kerigma.
Craig, W. L. (2010). On Guard: Defending Your Faith with Rason and Precision. Colorado Springs: David
C. Cook.
Craig, W. L. (27 de Mayo de 2013). #26 ¿Qué es una Fe Razonable? Recuperado el 4 de Marzo de 2021, de
[Link]: [Link]
Craig, W. L. (18 de Agosto de 2015). Excursus on Natural Theology (Part 1): Creer en Dios como algo
realmente básico. Recuperado el 22 de Mayo de 2021, de [Link]:
[Link]
theology/excursus-on-natural-theology-part-1/
Craig, W. L. (2 de Septiembre de 2015). Excursus sobre teología natural (Parte 3): El papel de los
argumentos y la evidencia. Recuperado el 22 de Mayo de 2021, de [Link]:
[Link]
theology/excursus-on-natural-theology-part-3/#_ftnref7
Craig, W. L. (s.f.). La Apologética Cristiana: ¿Quién La Necesita? Recuperado el 24 de Febrero de 2021, de
[Link]: [Link]
apologetica-cristiana-quien-la-necesita
Craig, W. L. (s.f.). La Revolución en la Filosofía Angloamericana. Recuperado el 23 de Mayo de 2021, de
[Link]: [Link]
en-la-filosofia-angloamericana/#_edn5
Craig, W. L., & Moreland, J. P. (2018). Fundamentos Filosóficos para una cosmovisión Cristiana. (M. A.
Jiménez, Ed., & J. Ostos, Trad.) Salem, Oregon, Estados Unidos: Publicaciones Kerigma.
Cross Examined. (18 de October de 2018). Los argumentos a partir del ajuste fino del universo. Recuperado
el 15 de Junio de 2021, de [Link]: [Link]
del-ajuste-fino-del-universo/
Cruz, A. (2001). Sociología: Un enfoque Cristiano. Barcelona, España : Clie.
Cruz, A. (2015). Nuevo Ateísmo. Barcelona , España : Clie .
Darwin, C. (1968). The Autobiography of Charles Darwin. London: Collins.
Davies, P. (1974). The Physics of Time Asymmetry. London: Surrey University Press.
Davies, P. (1992). The Mind of God.
Davies, P. (1992). The Mind of God: Science and the Search for Ultimate Meaning. Londres: Penguin.
Davies, P. (12 de Abril de 2003). A Brief History of the Multiverse [Una breve historia del multiverso]. New
York Times.
Davies, P. (s.f.). The Big Question: In the Beginning. (P. Adamas, Entrevistador) ABC Science Online.
Obtenido de [Link]
Dawkins, R. (1996). Climbing Mount Improbable [Escalando el Monte Improbable]. Nueva York: W. W.
Norton.
Dawkins, R. (1998). Unweaving the Rainbow. Boston: Houghton Mifflin.
Dawkins, R. (21 de Junio de 2003). The Future Looks Bright [El futuro parece brillante]. Guardian.
Dawkins, R. (2006). The God Delusion. Boston: Houghton Mifflin Harcourt.
169
Dembski, W., & Kushiner, J. (Edits.). (2001). Sings of Intelligence [Señales de inteligencia]. Grand Rapids,
Michigan: Baker.
Dennett, D. (12 de Julio de 2003). The Bright Stuff [Cosas brillantes]. New York Times.
Der Spiegel. (12 de Mayo de 2020). Recuperado el 11 de Agosto de 2021, de [Link]:
[Link]
Desmond, A., & Moore, J. (1991). Darwin. Nueva York: W. W. Norton.
D'Souza, D. (2009). Lo Grandioso de Cristianismo. (M. E. Novella, Ed., & M. U. Ramírez, Trad.) Carol
Stream, Ilinois , [Link]. : Tyndale House Publisher's, Inc.
Dyrness, W. (1988). Apologética Cristiana. El Paso, Texas, [Link].: Casa Bautista de Publicaciones.
Dyson, F. (1979). Disturbing the Universe [Perturbar al universo]. Nueva York: Harper and Row.
Eddington, A. (1933). The Expanding Universe. New York: Macmillan.
Editorial Clie. (2018). Obras escogidas de los Padres Apostólicos. (A. Ropero, Ed.) Barcelona, España: Clie.
Eiseley, L. (1958). Darwin’s Century. Garden City, N.Y.: Doubleday.
Eiseley, L. (1972). The Horizon Book of Makers of Modern Thought. Nueva York: American Heritage
Publishing.
El origen de las especies. (13 de Julio de 2021). Recuperado el 26 de Julio de 2021, de [Link]:
[Link]
Ember, C., Ember, M., & Peregrine, P. (2004). Antropología (Décima ed.). (J. L. Posadas, Ed.) Madrid,
España: Pearson Educacación S.A.
Enns, P. (2010). Compendio Portavoz de Teología. (D. A. Pachón, Trad.) Grand Rapids, Michigan , [Link].:
Portavoz.
[Link]. (16 de Septiembre de 2020). Analogía del relojero. Obtenido de [Link]:
[Link]
Fabro, C. (1961). Dios. Introduccón al problema teológico. Madrid.
Falacia genética. (19 de Diciembre de 2020). Recuperado el 19 de Agosto de 2021, de [Link]:
[Link]
Feuerbach, L. (1957). The Essence of Christianity [La esencia del cristianismo]. (G. Eliot, Trad.) Nueva
York: Harper & Row.
Feuerbach, L. (30 de 07 de 2019). La esencia del cristianismo, Cap VI. Obtenido de [Link]:
[Link]
Flew, A. (2013). Dios existe: Cómo cambió de opinión el ateo más famoso del mundo. (F. J. Contreras,
Trad.) Madrid, España: Trotta.
Flynn, T. (Ed.). (2007). The New Encyclopedia of Unbelief [La nueva enciclopedia de la incredulidad].
Amherst : Prometheus.
Foster, J. (2004). The Divine Lawmaker: Lectures on Induction, Laws of Nature and the Existence of God [El
legislador divino: Lecciones sobre inducción, las leyes de la naturaleza y la existencia de Dios].
Oxford: Charendon.
Free, J. (1969). Archeology and Bible History [Arqueología e historia bíblica]. Wheaton, IL: Scripture Press.
Freud, S. (1961). The Future of an Ilusion. Nueva York: Norton.
Freud, S. (1962). Civilization and its Discontents [En español traducido como "Ansiedad en la cultura"].
Nueva York: Norton.
Freud, S. (1964). Civilization and Its Discontents. (W. D. Robson-Scott, Trad.) Nueva York: Doubleday.
Freud, S. (1964). The Future of an Ilusion. (W. D. Robson-Scott, Trad.) Nueva York: Doubleday.
Geisler, N. (Ed.). (2007). ¿Quién creó a Dios? (M. Rabaína, Trad.) Mami, Florida, [Link]: Vida.
Geisler, N., & Brooks, R. (1997). Apologética: Herramientas valiosas para la defensa de la fe
[Originalmente bajo el nombre "Cuando los escépticos pregunten" (Segunda ed.). (N. Pablovsky,
Trad.) Unilit [Logoi/Flet].
Geisler, N., & Turek, F. (2019). No basta mi fe para ser ateo. (G. Montemayor, Trad.) Faro de Gracia.
Gilson, É. (1941). God and Philosophy [Dios y la filosofía]. New Haven, CT: Yale University Press.
Gilson, É. (1945). Dios y la Filosofía. Buenos Aires: Emecé.
Goldenberg, N. (1979). Changing of the God: Feminism and the End of Traditional Religions. Boston:
Beacon Press.
Gonzáles, Á. L. (2008). Teología Natural. (Á. L. Gonzáles, Ed.) Navarra, España: Eunsa.
Gonzáles, G., & Richards, J. W. (2004). The Privileged Planet: How our Place In The Cosmos Is Designed
For Discovery. Washington, DC.: Regnery.
Gonzáles, J. L., & Maldonado Pérez, Z. (2003). Introducción a la Teología Cristiana. Nashville, Tennessee ,
[Link].: Abigdon Press.
Grazer, K. R. (2016). Astrobiology. (enero de 2016).
Hall, A. R. (1954). The Scientific Revolution, 1500-1800: The Formation of the Modern Scientific Attitude.
Boston: Beacon.
170
Ham, K. (2013). El libro de las Respuestas. Miami , Florida , [Link].: Patmos .
Harris, S. (2004). The End of Faith. Nueva York: W. W. Norton.
Harris, S. (2005). The End of Faith: Religion, Terror, and the Ende of Reason [El fin de la fe: Religión,
terror y el fin de la razón]. Nueva York: W. W. Norton.
Harris, S. (2007). El fin de la fe. (E. Paradigma, Ed., & L. F. Díaz, Trad.) Madrid , España : Pradigma .
Harrison, E. F. (2002). Introducción al Nuevo Testamento. Grand Rapids, Michigan, [Link]: Libros Desafío.
Hawking, S. (1988). A Brief History of Time. Nueva York: Bantam.
Hawking, S. (1996). Una breve historia del tiempo. New York: Bantam.
Hawking, S. (2011). Historia del tiempo. Del Big Bang a los agujeros negros. (J. M. Sánchez, Trad.) Madrid:
Alianza.
Hawking, S., & Penrose, R. (1996). The Nature of Time and Spece. Princenton, Nueva Jersey: Princenton
University Press.
Herbert Spencer. (25 de July de 2021). Recuperado el 26 de July de 2021, de Wikipedia, the free
encyclopedia: [Link]
Hick, J. (1965). Filosofía de la Religión. Calle de Sándalo, México : Rabasa.
Hilbert, D. (1964). Philosophy of Mathematics. (P. Benacerraf, & H. Putman, Edits.) Englewood Cliffs, N.J.:
Prentice-Hall.
Hitchens, C. (9 de Noviembre de 2004). Bush's Secularist Triumph [El triunfo secularista de Bush].
Obtenido de [Link].
Hitler, A. (1939). Mein Kampf (Vol. 4a tirada). Londres: Hurst & Blackett.
Hoff, P., & Miranda, D. (1997). Defensa de la fe (Cuarta ed.). El Paso, Texas, [Link].: Mundo Hispano.
Hooper, S. (9 de Noviembre de 2006). The rise of the New Atheists. Recuperado el 23 de Mayo de 2021, de
[Link]: [Link]
europe/11/08/[Link]/[Link]
Hoyle, S. F. (1983). El universo inteligente. Nueva York: Holt. Rinehart and Winston.
Hume, D. (1977). An Enquiry Concerning Human Understanding / A Latter from a Gentleman to His Friend
in Edinburgh. (E. Steinberg, Ed.) Indianápolis: Hackett.
Hume, D. (1983). The Letters of David Hume [Las cartas de David Hume] (Vol. II). Nueva York: Garland.
Hume, D. (1989). Argument Against Miracles: A Critical Analysis. Nueva York: University Press of
America.
Hume, D. (2004). Diálogos sobre religión natural. Madrid: Tecnos.
Huxley, T. (1989). Evolution and Ethics and Other Essays [Evolución y ética y otros ensayos]. Nueva York:
Basic.
Jastrow, R. (1978). God and the Astronomers. New York: W. W. Norton.
Jastrow, R. (1978). God and the Astronomers. New York: W. W. Norton.
Jastrow, R. (1992). God and the Astronomers [Dios y los astrónomos] (Segunda ed.). Nueva York: Norton
and Norton.
Jeeves, M. (1971). The Scientific Enterprise and the Christian Faith [La empresa científica y la fe cristiana].
Downers Grove, IL: IVP.
Johnson, P., & Lamoreux, D. O. (s.f.). Darwinism Defeated? The Johnson-Lamoreux Debate on Biological
Origins [¿El darwinismo derrotado? El debate Johnson-Lamoreux sobre los orígenes biológicos].
Vancouver: Regent College Publishing.
Jones, P. (2004). El Dios del Sexo: Cómo la espiritualidad define tu sexualidad. Guadalupe, Costa Rica:
CLIR.
Joshi, S. T. (2002). H. L. Mencken on Religion [H. L. Mencken sobre la religión]. Amherst, NY: Prometheus
Books.
Kaufmann, W. (1968). The Portabe Nietzsche [El Nietzsche portatil]. Nueva York: Viking.
Keller, T. (2008). The Reason for God: Belief in Age of Skepticism [La razón de la existencia de Dios].
Nueva York: Penguin Group.
Keller, T. (2017). ¿Es razonable creer en Dios? Nashville, TN, Estados Unidos: B&H Publishing Group.
Keller, T. (2018). Caminando con Dios a través de: el dolor y el sufrimiento. Medellín, Colombia: Poiema
Publicaiones.
Kennedy, J. (1982). Por qué creo. Miami, Florida: Vida.
Kennedy, J., & Newcombe, J. (1994). ¿Y qué si Jesús no hubiera nacido? (J. Sánchez, Trad.) Nashville, TN,
[Link].: Caribe.
Koukl, G. (2018). Tácticas. (G. Lelli, Ed., P. Gómez, & L. Viegas, Trads.) Nashville, Tennesse: Vida.
Kurtz, P. (1988). Forbidden Fruit. Buffalo, N.Y.: Prometheus.
Kurtz, P. (1997). The Courage to Become. Westport, Conn.: Preager.
Lennox, J. (2016). Disparando Contra Dios. (L. V. Fernández, Trad.) Ulzama, España: Publicaciones
Andamio.
171
Lennox, J. (2021). ¿Puede la ciencia explicarlo todo? Barcelona, España: Clie.
Leslie, J. (1989). Universes. Nueva York: Routledge.
Lewis, C. S. (1947). Miracles [Milagros]. Nueva York: Macmillan.
Lewis, C. S. (1952). Mere Christianity [Mero Cristianismo]. Nueva York: Macmillan/Collier.
Lewis, C. S. (1965). Screwtape Proposes o Toast. Londres: Collins.
Lewis, C. S. (1998). Mero cristianismo. Nueva York: Harper-Collins.
Lewis, C. S. (2002). Surprised by Joy. Londres: HarperCollins.
Lewis, C. S. (2006). Mero cristianismo. Nueva York: Rayo.
Licona, M. (24 de Diciembre de 2013). #251 Tratando con las Dudas. Recuperado el 25 de Febrero de 2021,
de [Link]: [Link]
tratando-con-las-dudas/
Lloyd–Jones , M. (2002). Life in Christ: Studies in 1 John [Via en Cristo: Estudios en 1 de Juan]. Whaton,
IL: CrosswayBooks.
Lutzer, E. W. (2005). La Verdad Acerca del Matrimonio Homosexual. Grand Rapids, Michigan, USA:
Portavoz.
MacArthur, J. (2003). Cómo obtener lo máximo de la palabra de Dios. (J. A. Bernal, Trad.) Grand Rapids,
Michigan, [Link].: Portavoz.
MacArthur, J. (2007). Verdad en guerra. (E. L. Ruloff, Trad.) Nashville, T, Estados Unidos de América:
Grupo Nelson, Inc.
MacArthur, J. (2011). Difícil de creer. (M. Mesías, Trad.) Nashville, Tennessee, Estados Unidos de América:
Gurpo Nelson.
Mackie, J. L. (1982). The Miracles of Theism. Oxford: Clarendon.
Mangalwadi, V. (2020). El alma de occidente (Vol. I). (A. Pérez, Trad.) Tyler, Texas: Jucum.
Marmelada, C. A. (s.f.). John Barrow y el principio cosmológico antrópico. Recuperado el 23 de Junio de
2021, de [Link]: [Link]
cosmologico-antropico
Marshall, D. (2011). La verdad detrás del Nuevo Ateísmo. (D. A. Carrodeguas, Trad.) Miami, Florida,
[Link]: Unilit.
Masacre de Aurora de 2012. (3 de Diciembre de 2020). Recuperado el 30 de Junio de 2021, de
[Link]: [Link]
Masacre de la discoteca Pulse de Orlando. (13 de Junio de 2021). Recuperado el 30 de Junio de 2021, de
[Link]: [Link]
McDowell, J., & Hostetler, B. (2016). Convicciones más que creencias. (J. d. Smith, Trad.) El paso, Texas,
[Link].: Mundo Hispano.
McDowell, J., & McDowell, S. (2014). Preguntas profundas sobre Dios y la Bibla. (J. Sierra, Trad.) Cartago,
Costa Rica: Mundo Hispano.
McDowell, J., & McDowell, S. (2018). Evidencia que demanda un veredicto (Primera [Revisada] ed.). (M.
Carmona, & J. Sierra, Trads.) El Paso, Texas, [Link].: Mundo Hispano.
McDowell, S. (9 de Octubre de 2019). ¿Están realmente dejando el cristianismo los jóvenes? Obtenido de
[Link]/: [Link]
los-jovenes/
McGrath, A. (2009). A Fine-Tuned Universe: The Quest for God in Science and Theology. Louisville:
Westminster John Knox.
McGrath, A. (2016). C. S. Lewis –A life: Ecentric Genius Reluctant Prophet. Wheaton: Tyndale.
McGrath, A. (2020). Mera apologética: Ayudando a interesados y escépticos a encontrar la fe. (P. Kerigma,
Ed., & P. Kerigma, Trad.) Salem, Oregon, Estados Unidos: Publicaciones Kerigma.
Meldan, F. J. (1959). Why We Believe in Creation, Not in Evolution [Por qué creemos en la creación, no en
la evolución]. Denver: Christian Victory Publishing Co.
Meyer, S. C. (1 de Abril de 2000). DNA and Other Desings [DNA y otros diseños]. First Things.
Midgley, M. (s.f.). Does Science Make Belief in God Obsolete? Of Course Not. Obtenido de John Templeton
Foundation: [Link]/belief/
Mill, J. S. (s.f.). Three Essays on Religión [Tres ensayos sobre religión]. Nueva York: Henry Holt.
Miller, D. (1974). The New Polytheism: Rebirth of the Gods and Goddesses. Nueva York: Harper & Row.
Miller, D. L. (2013). La Liberación del Mundo. (M. Peñaloza, Ed.) Texas , [Link]: Jucum.
Monroy, J. A. (2008). ¿En qué creen los que no creen? Barcelona, España: Clie.
Murray, J. (1959). The New International Commentary on the New Testament (Vol. I). Grand Rapids:
Eerdmans.
Naber, G. L. (1988). Spacetime and Singularities: an Introduction [Espacio-tiempo y singularidad: una
introducción]. Cambridge: Cambridge Press.
Nagel, T. (1997). The Last Word. Nueva York: Oxford University Press.
172
Nicholi, A. (2002). The Question of God: C. S. Lewis and Sigmund Freud Debate God, Love, Sex, and the
Meaning of Life. Nueva York: Free Press.
Nietzsche, F. (1976). "El ocaso de los ídolos" [The Portable Nietzsche]. (W. Kaufman, Trad.) Nueva York:
Penguin Books.
Nietzsche, F. (1985). La voluntad de Poder. España: Edaf.
Norton, C. (31 de August de 2011). Apologetics Makes a Comeback among Youth. Christianity Today.
Núñez, M. (2020). Renueva tu mente: Una perspectiva bíblica del mundo y de la vida. (G. Lelli, & A. L.
Ávila, Edits.) Miami, Florida: Vida.
O'Leary, D. (2011). ¿Por Diseño o por Azar? El origen de la vida en el Universo. Barcelona, España: Clie.
Olson, R. E., & English, A. C. (2007). Historia de la teología. (A. Carrodeguas, Ed.) Miami, Florida: Unilit.
Orígenes. (2018). Obras escogidas de Orígenes: Tratado de los principios. (A. Ropero, Ed.) Barcelona,
España: Clie.
Overall, C. (2007). Feminism and Atheism. Martín. Recuperado el 23 de Mayo de 2021
Packer, J. I. (1961). Evangelism & the Sovereignty of God [Evangelismo y soberanía de Dios). IL, Inglaterra:
Inter-Veristy Followship.
Packer, J. I. (1973). Knowing God. London: Hodden & Stoughton.
Paley, W. (1963). Natural Theology [Teología Natural]. (F. Ferre, Ed.) New York: Bobbs-Merrill, Co., Inc.
Pannenberg, W. (1974). La fe de los apóstoles. (A. Morey, Trad.) Salamanca, España: Ediciones Sígueme.
Pannenberg, W. (2016). Una Historia de la Filosofía desde la idea de Dios. (R. Fernández, Trad.)
Salamanca, España : Sígueme.
Pascal, B. (2003). Pensées. Mineola, NY: Dover Publications.
Pearcey, N. (2000). Darwin´s Dirty Secret [El oscuro secreto de Darwin]. Worldmagazine.
Pearcey, N. (2004). Total Truth. Whaton, III.: Crossway.
Pearcey, N. (2014). Verdad total: Libera el cristianismo de su cautiverio cultural. (M. Peñaloza, Ed., & A.
Pérez, Trad.) Tyler, TX, U.S.A.: JUCUM.
Pearcey, N. (2017). El hallazgo de la verdad. (M. Peñaloza, Ed., & A. Pérez, Trad.) Tyler, Texas, U.S.A.:
Jucum.
Pearlman, M. (1992). Teología bíblica y sistemática. Madrid: Vida.
Pelikan, J. (1960). Evolution after Darwin. Chicago: Univrsity of Chicago Press.
Piper, J. (2017). Viviendo en la luz: Dinero, sexo y poder. Poiema Publicaciones.
Plantinga, A. (1990). The Twin Pillars of Christian Scholarship [Las Columnas Gemelas de la Erudición].
Grand Rapids, Michigan: Calvin College and Seminary.
Plantinga, A. (17 de noviembre de 1997). Darwin, Mind and Meaning. Obtenido de http:[Link].
Plantinga, A. (2020). Dios, la libertad y el mal. (J. Ostos, & R. Sarabia, Trads.) Salem, Oregón, Estados
Unidos: Publicaciones Kerigma.
Polkinghorne, J. (1988). Science and Creation: The Search for Understanding. Londres: SPCK.
Puigvert, P. (Ed.). (1999). ¿Cómo llegó la Biblia hasta nosotros? Barcelona, España: Clie.
Ramsay, R. B. (2006). Certeza de la fe. Barcelona, España : Clie.
Rees, M. (2000). Just Six Numbers: The Deep Forces That Shape the Universe. Nueva York: Basic Books.
Ropero, A. (1997). Filosofía y Cristianismo. Barcelona, España: Clie.
Ross, H. (1995). The Creator and the Cosmos [El Creador y el cosmos]. Colorado Springs: NavPress.
Ruse, M. (1989). The Darwinian Paradigm. London: Routledge.
Russell, B. (1948). Conocimiento Humano: Su Alcance y Límites. New York: Clarion Books, Simon and
Schuster.
Russell, B. (1957). Why I Am Not a Christian [Por qué no soy cristiano]. Nueva York: Simon & Schuster.
Russell, B. (1957). Why I am not a Christianm [Por qué no soy cristiano]. Londres: G. Allen & Unwin.
Russell, B. (1998). Los problemas de la Filosofía. Oxford: Oxford University Press.
Russell, B., & Copleston, F. (1964). The Existence of God [La existencia de Dios]. (J. Hick, Ed.) Nueva
York: Collier.
Ryle, J. C. (s.f.). Knots Untied [Nudos desatados]. Charles Nolan Publishers [reimpreso].
Sagan, C. (1980). Cosmos. Nueva York: Bellantine.
Sagan, C. (s.f.). Cosmos. New York: Random House.
Samples, K. R. (2004). Without a Doubt: Answering the 20 Toughest Faith Questions. Grand Rapids: Baker.
Sartre, J.-P. (2007). El existencialismo es un humanismo. New Haven: Yale.
Savater, F. (2007). La vida eterna. Madrid, España: Ariel.
Schaeffer, F. A. (1984). El gran desastre evangélico. Wheaton, Illinois: Crossway.
Schaeffer, F. A. (2015). Muerte en la ciudad [Death in the city]. (I. I. Espino Cano, Trad.) Downers Grove,
Illinois: Inter-Versity Press.
Schlegel, R. (1948). The Voices of Time. (J. T. Fraser, Ed.) London: Penguin.
173
Schmidt, A. J. (2001). Under the Influence: How Christianity Transformed Civilization. Grand Rapids:
Zondervan.
Show me God [Muéstrame a Dios]. (2000). Wheeling, III.: Daystar.
Shuller, R. (1982). Self-Esteem: The New Reformation. Waco, Texas: Word.
Spencer, H. (1866). The Principles of Biology [Los principios de la biología]. Nueva York: D. Appleton.
Spinks, G. S. (1965). Introducción a la Psicología de la Religión. Buenos Aires, Argentina: Paidós.
Sproul, R. C. (1985). The Holiness of God [La Santidad de Dios]. Whaton, IL: Tyndale House.
Sproul, R. C. (2003). Cómo defender su fe. (E. Carballosa, Trad.) Grand Rapids, Michigan, [Link].:
Portavoz.
Sproul, R. C. (2015). Todos Somos Teólogos: Una Introducción a la Teología Sistemática. (M. Hispano,
Trad.) El Paso, Texas , Estados Unidos : Mundo Hispno.
Sproul, R. C. (2018). Si Dios existe, ¿por qué hay tantos ateos? (E. Jibaja, Trad.) El Paso, Texas, Estados
Unidos de América: Mundo Hispano.
Stackhouse, J. G. (2002). Humble Apologetics: Defending the Faith Today. Oxford: Oxford University Press.
Stannard, R. (Ed.). (2000). God for the 21st Century [Dios para el siglo XXI). Filadelfia: Templenton
Foundantion Press.
Stenger, V. (1988). Not By Desing: The Origins of the Universe [No a propósito: El origen del universo].
Amherst, NY: Prometheus Books.
Stenger, V. (2007). God: The Failed Hypothesis. Amherst, NY: Prometheus.
Stott, J. (2004). Creer es también pensar. (A. Powell, Ed., & A. F. Sosa, Trad.) Bernardo de Irigoyen, Capital
Federal, Argentina: Certeza Argentina.
Stott, J. (2011). Identidad evangélica. (D. G. Fasani, Trad.) Buenos Aires, Argentina: Ediciones Certeza
Unida.
Strachan, O. (2020). Reembelleciendo a la humanidad: Una teología del ser humano. (E. R. Fonseca, Trad.)
Lima, Perú: TEOLOGIAPARAVIVIR.S.A.C.
Strobel, L. (2005). El caso del Creador. Miami, Florida , [Link]: Vida.
Swinburne, R. (1990). Physical Cosmology and Philosophy. (J. Leslie, Ed.) Nueva York: Macmillan.
Swinburne, R. (2004). Think. Spring.
Swinburne, R. (2005). Fe y Razón (Second Edition ed.). (S. C. Rodríguez, Trad.) Salamanca, España: San
Esteban.
Swinburne, R. (2011). La Existencia de Dios. Salamanca: San Esteban .
Taylor, R. (1985). Ethics, Faith, and Reason [Ética, fe y razón]. Englewood Cliffs, N.J.: Prentice-Hall.
Tenney, M. C. (1973). Nuestro Nuevo Testamento. (C. I. Moody Bible Institute, Trad.) Grand Rapids,
Michigan: Portavoz.
Thaxton, C. (s.f.). The Intellectuals Speak About God [Los intelectuales hablan acerca de Dios]. (R. A.
Varghese, Ed.) Chicago: Regnery Gateway.
Turek, F. (20 de Junio de 2013). Los jóvenes cristianos de [Link]. están dejando las iglesias. Obtenido de
[Link]/: [Link]
iglesias/
Turek, F. (2014). Stealing from God. Colorado Springs: NavPress.
Turek, F. (2018). Robándole a Dios. (J. Ostos, Trad.) Salem, Oregón, [Link].: Publicaciones Kerigma.
Unger, M. (1979). Archeology and the Old Testament [Arqueología y el Antigui Testamento]. Grand Rapids:
Zondervan.
Unidas, N. (s.f.). Universal Declaration of Human Rigths. Recuperado el 30 de Junio de 2021, de [Link]:
[Link]/en/[Link]-rights/
Walsh, B. J., & Middleton, J. R. (2013). Cosmovisión cristiana: Una visión transformadora. Barcelona: Clie.
Ward, P. D., & Brownlee, D. (2000). Rare Earth: Why Complex Life Is Uncommon in the Universe [Tierra
Rara: por qué la vida compleja es poco común en el universo]. Nueva York: Copernicus Spinger-
Verlag.
Weinberg, S. (2001). Facing Up: Science and Its Cultural Adversaries. Cambridge: Harvard University
Press.
Wigner, E. (1960). Communications on Pure Applied Mathematics .
Wiker, B. (2002). Moral Darwinism: How We Became Hedonits [Darwinismo moral: Cómo nos hicimos
hedonistas). Downers Grove, IL: InterVarsity Press.
Wikipedia. (s.f.). Dilema de Eutifrón. Recuperado el 28 de Julio de 2021, de [Link]:
[Link]
[Link]. (1 de Junio de 2019). [Link]. Obtenido de
[Link]
Wilson, E. O. (Abril de 1998). The Atlantic Monthly [El Atlántico mensual]. Recuperado el 26 de Julio de
2021, de [Link]: [Link]
174
Wilson, J. Q. (1993). The Moral Sense [El sentido moral]. Nueva York: Free Press.
Witherington III, B., Corduan, W., & Habermas, G. (2012). Evidencias de lo sobrenatural: Divinidad,
milagros y Resurrección de Jesús. (A. Roop, Trad.) Barcelona, España: Andamio.
Wolpert, L. (2006). Six Impossible Things Breakfast. London: Faber and Faber.
Zubiri, X. (1981). Naturaleza, historia, Dios. Madrid.
175