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Capítulo 2

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creo en dios

“Cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que Él


existe y que recompensa a quienes lo buscan”
(Hebreos 11:6, NVI)

© Jorge Espínola
IGLESIA MÁS QUE VENCEDORES

1
SOBRE EN DEFENSA DE LA FE…

El autor:

Jorge Espínola se ha formado teología desde el año 2011 y se ha dedicado de lleno


a la labor ministerial de la predicación, enseñanza bíblica y defensa de la fe cristiana. Ha
fundado el ministerio Gracia & Verdad, un ministerio de Teología y Apologética que
lidera actualmente. Se ha certificado como profesor de apologética y director de capítulo
de Rasonable Faith (Fe Razonable, LATAM), el ministerio internacional de apologética
del reconocido apologista Dr. William L. Craig. Además de servir en su iglesia local (Más
que Vencedores) y formar parte del panel de un programa radial de apologética, Jorge
también se dedica a dar charlas, seminarios, conferencias, redactar artículos web y escribir
materiales de estudios bíblicos y de apologética, a fin de dar a conocer la fe cristiana,
ayudar a la formación de líderes y maestros, y servir a personas que desean vivir, descubrir
y defender su fe.

2
CONTENIDO

SOBRE EN DEFENSA DE LA FE…..............................................................................2

CONTENIDO....................................................................................................................3

INTRODUCCIÓN.............................................................................................................4

LA CUESTIÓN DE DIOS................................................................................................5

¿Existe Dios?....................................................................................................................6

¿Cómo podemos conocer a Dios?..................................................................................13

¿Se puede mostrar que Dios existe?...............................................................................23

LAS EVIDENCIAS DE DIOS........................................................................................30

Dios no está muerto........................................................................................................31

La evidencia del universo...............................................................................................38

La evidencia del diseño..................................................................................................64

La evidencia de ley moral...............................................................................................95

MATANDO A DIOS.....................................................................................................126

¿Es Dios un invento del hombre?.................................................................................127

¿Por qué Dios permite el mal y el sufrimiento?...........................................................165

¿Es la religión cristiana un veneno?.............................................................................167

BIBLIOGRAFÍA...........................................................................................................169

3
INTRODUCCIÓN

4
LA
CUESTIÓN
DE DIOS
5
¿Existe Dios?
¿Existe Dios? ¡Qué pregunta! Ante la cuestión de la existencia de Dios ningún
cristiano debería ser ambiguo en su respuesta (¡mucho menos en su creencia!), puesto que
todo el contenido de su fe pende de su existencia. Si Dios no existe, tanto la vida como las
enseñanzas de Jesús son –en última instancia– mentiras insignificantes y sin trascendencia
alguna; y la Biblia se reduciría a un mero libro de bonitas fantasías que es interesante solo
debido a su “buena literatura” y, quizás, su buena filosofía. ¡Pero eso sería todo! El
cristianismo, a final de cuentas, estaría acabado si es que Dios no existe.

Nuestro antiguo credo cristiano comienza diciendo: “Creo en Dios Padre, el


todopoderoso, creador del cielo y de la tierra”. En un tratado escrito por Orígenes de
Alejandría, un eminente teólogo cristiano del siglo II, se dice que los apóstoles habían
enseñado que toda creencia cristiana debería iniciar con esta confesión [creo en Dios]. Al
respecto de lo básico de estas creencias, Orígenes dijo: “… hay que hacer notar que los
santos apóstoles que predicaron de la fe en Cristo, comunicaron algunas cosas que
claramente creían necesarias para todos los creyentes, aun para aquellos que se mostraban
perezosos en su interés por las cosas del conocimiento de Dios…”. ¿De qué se trataban
estos puntos esenciales de la fe? Orígenes responde: “Los puntos particulares claramente
entregados en la enseñanza de los apóstoles son como siguen: “Primero, que hay un
Dios…”.1

¿Importa creer en Su existencia?


La creencia en Dios no es solo importante para nuestro credo, sino que es
fundamental. ¡Con mucha razón se encuentra ubicada en el primer lugar de nuestra
confesión de fe! Y no solo se trata de datos históricos, sino de sentido común. Sobre esta
primera parte de nuestro credo apostólico, Pannenberg dice que “la fe en Jesús depende del
convencimiento sobre la presencia de Dios en él”, y es ahí donde radica su importancia.
Con la ausencia de Dios en nuestro credo, todo perdería validez. Sí, todo. Incluso los
1
Orígenes de Alejandría en Tratado de los principios, extraído de (Orígenes, 2018, págs. 54-55.), editado por
Alfonso Ropero.

6
aspectos más universales y prácticos como la ética enseñada por Cristo, las cuales son
atractivas para casi todo el mundo. Pannenberg añade: “La presencia de Dios en él es lo
único que otorga validez universal a la figura de Jesús. Ni siquiera la idea del amor
incondicionado puede basarse en sí misma. Sin la idea de Dios de Jesús, el mensaje del
amor al prójimo, amigo y enemigo puede parecer muy fácilmente una exigencia exagerada
y desproporcionada”.2 El escritor Timothy Keller preguntó correctamente: “¿Cómo creer
en el cristianismo si ni siquiera sabemos si Dios en verdad existe?”.3

Sobre lo fundamental de la existencia de Dios para la fe cristiana, el apologista


Norman Geisler dice:

“La existencia de un Dios personal y moral es el fundamento de todo


lo que creen los cristianos. Si no hay un Dios moral no hay un ser moral
contra quien pecar; por lo tanto, no se necesita salvación. Más aún, si no hay
Dios, sus actos (milagros) no pueden existir, y los relatos acerca de Jesús
solo pueden entenderse como ficción o mitos. Por lo tanto, la primera
pregunta a tratar en la preevangelización es: ¿Existe Dios?” 4

Volviendo a la pregunta “¿Existe Dios?”, todavía tenemos mucho que decir. Quizá
esta sea la pregunta más fundamental del ser humano incluso fuera de la atmósfera
religiosa, y la historia demuestra que siempre lo fue. Su respuesta ha moldeado culturas y a
partir de allí se han estructurado múltiples formas de pensamiento e indagación filosófica.
En palabras del profesor Pannenberg, “hablar de Dios significa hablar del origen creador
de todo lo real”; y si hacemos referencia al “origen” de toda la existencia, es imposible
restarle importancia. De hecho, el desarrollo del pensamiento filosófico se relacionó
inevitablemente con la idea de Dios, y es una realidad que “los comienzos de la filosofía
estuvieron estrechamente ligados a la religión”, 5 ya sea para criticar las afirmaciones
religiosas o validarlas. Es por ello que todos los filósofos clásicos –y aún los campos
actuales de la filosofía– hicieron referencia a Dios de alguna u otra manera, y el eco se
sigue escuchando hasta el día de hoy. Es difícil, por tanto, encontrar a algún pensador
referente que haya ignorado la idea de Dios. El filósofo Friedrich Hegel incluso señaló que
“decir que no deba realizarse el recorrido del mundo a Dios, de lo finito a lo Infinito, es
decir que no se debe pensar.6

2
(Pannenberg, La fe de los apóstoles, 1974, págs. 28-29.)
3
(Keller, ¿Es razonable creer en Dios?, 2017, pág. 142.)
4
(Geisler & Brooks, Apologética: Herramientas valiosas para la defensa de la fe [Originalmente bajo el
nombre "Cuando los escépticos pregunten", 1997, pág. 17.)
5
(Pannenberg, Una Historia de la Filosofía desde la idea de Dios, 2016, págs. 11-15.)
6
Hegel, I., G.W.F., Enciclopedia de las ciencias filosóficas, parágrafo 50., extraído de Gonzáles, 2008, pág.
15.

7
Ángel Luis Gonzáles, quien posee un doctorado en filosofía y se desempeña como
escritor de estos temas, dice:

“De hecho, históricamente, todos los filósofos han afrontado el


problema de Dios, de un modo o de otro. No ha existido ni un solo filósofo
que no haya escrito sobre Dios, incluso los que con sus principios filosóficos
pretenden no dejar lugar a Dios, desplazarlo, negarlo, decir que ha muerto,
borrar su mismo nombre, etc.”7

Es así que nadie puede escapar de la cuestión de Dios. Sobre todo, cuando sabemos
que el hombre siempre se ha conocido como “un buscador de lo absoluto”, y algunos se
atreven a decir que precisamente esa búsqueda hace que sean verdaderamente humanos.
Incluso aquellos que niegan que existan verdades absolutas siguen siendo presos de ellas;
como bien lo dijo un filósofo y psiquiatra alemán: “Si suprimo algo que es absoluto para
mí, automáticamente otro absoluto ocupa su puesto”. 8 Asimismo, Immanuel Kant, el
emblemático filósofo alemán, señaló que, aunque el concepto de Dios sea difícilmente
alcanzable, sigue siendo el más inevitable de la razón especulativa humana. 9 También
Tomás de Aquino, el teólogo y filósofo cristiano del siglo XIII, dijo que la razón de todo el
aspecto intelectual humano se llama “felicidad” o “bienaventuranza”; pues eso es lo que
desea como fin último; y dicha bienaventuranza se trata de conocer a Dios. 10 Todo esto es
así porque el sentido y el valor de toda verdad debe tener su fundamento en algo más
primario, y el espíritu humano no se tranquiliza hasta reposar en esa verdad suma a la que
llaman “Dios”.11 Esta búsqueda incansable será satisfecha solo mediante lleguemos a dicho
conocimiento. Como lo dijo Agustín de Hipona: “Nos hiciste, Señor, para Ti, y nuestro
corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”.12

Por eso, en términos prácticos, la existencia de Dios no debería ser un asunto de


poca importancia, no solo para cristianos, sino para toda persona capaz de reflexionar
racionalmente. El conocido apologista y escritor C. S. Lewis una vez comentó que Dios no
es el tipo de cosa en la que uno puede estar moderadamente interesado [o es sin
importancia o es absolutamente importante, pero nunca medianamente importante]. Solo
pensemos en lo siguiente: Si Dios no existe, el asunto deja de tener importancia, pero si
Dios sí existe, entonces esto es de sumo interés y nuestra preocupación última debería

7
(Gonzáles, 2008, pág. 16.)
8
Karl Theodor Jaspers en Jaspers, K., Filosofía, I, p. 358 citado en Ibíd.
9
Kant, I., Reflexión, n° 6.282, en AK, XVIII, 548, citado en Ibíd.
10
Santo Tomás, Summa contra gentiles, III, 25, citado en Ibíd.
11
Cf. Fabro, C., Dios. Introducción al problema teológico, Madrid 1961, p. 147.
12
San Agustín, Cofesiones, I, 1. También en (Agustín, 2017).

8
consistir en cómo estar relacionado apropiadamente con ese ser, del cual dependemos
momento a momento para nuestra existencia.13

En el libro “Grandes libros del mundo occidental”, serie publicada en la década de


1950, se dedicó un extenso espacio a la cuestión de “Dios”. Cuando preguntaron al editor
Mortimer Alder el por qué se dedica tanto espacio a Dios, Mortimer respondió: “Porque la
afirmación o la negación de Dios tiene muchísimas más consecuencias para la vida y la
conducta que cualquier otra cuestión básica”.14 De modo que las personas que encogen los
hombros e insisten en que el caso de la existencia de Dios no establece ningún efecto
importante en la vida humana solo muestran que ellos todavía no han pensado
profundamente en esto; posiblemente ni siquiera sepan dónde se encuentran parados y por
qué poseen la cosmovisión que poseen. Incluso filósofos ateos han pensado muy en serio
sobre este asunto, de tal manera que admiten que la existencia de Dios hace una tremenda
diferencia para el hombre.15

El escritor cristiano Rice Broocks dice que, así como un compositor de alguna
buena música espera el debido reconocimiento por su composición, de modo que
entendiblemente se molestaría si fuera excluido de su buena, ¡cuánto más en el caso del
Creador de todo lo que existe! Obviamente es inconcebible comparar una obra musical con
la inmensidad de todo el universo, de manera que sería una verdadera tragedia y el sumo
de la indiferencia obviar la posibilidad de un Dios presente tras nuestra misma existencia.
Broocks dice:

“Saber que existe un Creador cambia toda nuestra opinión y nuestra


perspectiva. Debe inspirarnos a honrarle más de lo que podemos honrar a
una mujer o a un hombre por cualquier logro humano. Además debe
provocarnos a buscarle, a desear sinceramente una relación con Él”. 16

El apologista cristiano William L. Craig explica las tremendas diferencias que hará
la respuesta a la pregunta de la existencia de Dios. Específicamente, él enumera tres
razones por las que la existencia o no existencia de Dios hará la diferencia:17

13
(Craig, ¿Existe Dios?, s.f.)
14
Mortimer Alder, The Grat Ideas A Syntopicon of Great Books of the Western World [Las grandes ideas,
temario de los grandes libros del mundo occidental]. Chicago, Encyclopedia Britannica, 1952, pág. 53.
15
(Craig, ¿Existe Dios?, s.f.)
16
(Broocks, 2014, pág. 18.)
17
Ibíd.

9
Dios le da sentido a la vida

Si Dios no existe, la vida perdería su sentido más vital. Solo piensa lo siguiente: Si
tu vida está condenada a terminar con la muerte, entonces al final no importa cómo vives.
Al final, no hace ninguna diferencia última si exististe o no. Quizá su vida podría tener un
significado relativo que usted mismo se haya asignado; pero solo es eso, relativo y no
absoluto. Por eso, alguien que crea que su vida tiene sentido y alguien que crea que no
tiene sentido y que por eso desea dejar de existir o no haber existido nunca son, a final de
cuesta, pensamientos equivalentes. Posiblemente alguien esté satisfecho en que fue una
gran influencia para otros o en que tuvo un gran efecto en el curso de la historia, pero al
final, la humanidad está condenada a perecer en la muerte caliente del universo. Al final no
hace diferencia alguna quién sea usted o qué hizo, pues todo pasará. Tu vida no tiene
ninguna importancia.

Por lo tanto, las contribuciones del científico al avance del conocimiento humano,
las investigaciones del doctor para aliviar el dolor y el sufrimiento, los esfuerzos del
diplomático por afianzar la paz en el mundo, los sacrificios de hombres buenos en todo
lugar para mejorar la condición de la raza humana: todo esto al final llega a la nada. Por lo
tanto, si el ateísmo es verdadero y la proposición “Dios no existe” es verdadera, entonces
la vida al final no tiene significado.

Dios da esperanza

Si Dios no existe, entonces al final debemos vivir sin esperanza. Si no hay Dios,
entonces, al final, no hay ninguna esperanza para la liberación de los defectos que resultan
de nuestra existencia finita.

Por ejemplo, no hay esperanza de que seamos librados de la maldad. A pesar de que
muchas personas hacen la pregunta de cómo Dios pudo crear un mundo existe tanta
maldad, hasta ahora la mayoría de los sufrimientos en el mundo se debe a la propia
inhumanidad del hombre. El horror de las dos guerras mundiales durante el siglo pasado
efectivamente destruyó el optimismo ingenuo del siglo XIX. ¿Quién podría tener fe en el
progreso humano nuevamente? Si Dios no existe, entonces estamos atrapados sin
esperanza en un mundo lleno de sufrimientos injustificados y sin redención, y no hay
esperanza de que seamos librados de todo esto.

10
Insistimos, si no hay Dios, no hay esperanza de que seamos librados del
envejecimiento, de la enfermedad y de la muerte. O peor aún, quizás seamos víctimas de
terribles sufrimientos que asechan y caen sobre cualquiera sin aviso alguno. Aunque pueda
ser difícil para usted contemplar todo esto siendo estudiante universitario, joven o quien
quiera que seas, el grave hecho es que a menos que mueras a una edad joven, algún día
serás un hombre viejo o una mujer vieja, luchando una batalla a perder con el
envejecimiento, luchando contra el avance inevitable de la deterioración, de la enfermedad,
quizás de la senilidad. Y final e inevitablemente vas a morir. No hay vida más allá de la
tumba. Por lo tanto, la vida en este matadero que llamamos universo –en donde Dios está
ausente– es una vida sin esperanza. O, dicho de otro modo, el ateísmo es una filosofía sin
esperanza.

Dios hace la diferencia

Por otro lado, si Dios existe, entonces no sólo hay significado y esperanza, sino que
también existe la posibilidad de llegar a conocer personalmente a Dios y Su amor.
¡Pensemos sobre esto! ¡Qué el Dios infinito te deba amar y quiera ser tu amigo personal!
¡Este sería el estatus más alto que un ser humano podría disfrutar! Claramente, si Dios
existe, no solo hace una tremenda diferencia para la humanidad en general, sino que
también podría hacer una diferencia que cambie la vida de manera más personal.

Ahora, ciertamente nada de esto muestra que Dios existe. Pero sí muestra que hace
una tremenda diferencia si Dios existe. Por lo tanto, incluso si la evidencia a favor y en
contra de la existencia de Dios fuese absolutamente igual, la cosa racional a hacer, es de
creer en Él. Es decir, es obviamente irracional, cuando la evidencia es igual, preferir la
muerte, futilidad y desesperación sobre la esperanza, el significado y la felicidad. Sin
embargo, afortunadamente la evidencia en contra y a favor de Dios no pesan lo mismo en
la balanza; sino que como veremos en nuestro estudio, existen buenas razones para creer
en Dios.

¿Existe Dios? Como viajantes a lo largo del camino de la vida, es nuestra meta de
hacer sentido de las cosas, el tratar de entender el mundo y la realidad que nos rodea. Y
como hemos señalado, la afirmación “Dios sí existe” le da sentido a una amplia gama de
hechos de nuestra experiencia.18 Dios no es un tema superado, para muchos sigue siendo
18
Ibíd.

11
no solo un problema a tratar, sino “el problema de problemas” o “el problema esencial del
hombre”.19 Y este es un problema que todos deben enfrentar. Decir lo contrario, o evitarlo,
dejándolo discretamente de lado, es, sencillamente, mera palabrería e indiferencia. 20 Por
eso insistimos en las preguntas: “¿Realmente existe Dios? Si es así, ¿quién es Él?, o
¿cuáles son las pruebas de su existencia? No hay preguntas más importantes o profundas
que éstas. Todo nuestro punto de vista del mundo y de la vida depende de las respuestas a
estas interrogantes”.21

19
(Brentano, 1979, págs. 53-62.)
20
Cf. (Gonzáles, 2008, págs. 16-17.)
21
(Hoff & Miranda, 1997, pág. 11.)

12
¿Cómo podemos conocer a Dios?
Antes de adentrarnos a los temas tocantes a la existencia de Dios y a las evidencias
propiamente dichas, primero debemos entender cómo es que el ser humano tiene “acceso”
a dicho conocimiento. ¿Puede el ser humano conocer a Dios? Y si puede, ¿cómo llega a
conocerlo? De hecho, son estas las preguntas iniciales que hacen a la teología cristiana, ya
que se sostiene que “nadie podría conocer a Dios a menos que Él se haya revelado”.

La humanidad entera se encuentra atrapada en el planeta tierra con todas sus


limitaciones. Está sujeta al tiempo, al espacio, y rodeado de cosas que no ha descubierto y,
posiblemente, nunca lo haga debido a sus limitaciones. 22 Es por eso que suena bastante
pretencioso hablar de algún “conocimiento de Dios” o “estudio de Dios” como si fuese
posible que seres finitos sean capaces de conocer al Dios infinito. En la Biblia, por
ejemplo, se ve que Job fue amonestado sobre este asunto cuando se le dijo: “¿Descubrirás
tú los secretos de Dios? ¿Llegarás tú a la perfección del Todopoderoso? Es más alta que los
cielos; ¿qué harás? Es más profunda que el Seol; ¿cómo lo conocerás?” (Job 11:7-8). 23 Esta
realidad arroja como resultado una especie de agnosticismo 24 o la imposibilidad de
conocer al Dios infinito por nuestros propios medios.

Teniendo en mente estas problemáticas, uno podría preguntarse cómo entonces


alguien podría siquiera hablar de la existencia Dios. Sin embargo, es importante mencionar
que se sabe de Dios, no debido a la capacidad o iniciativa del hombre para conocerlo, pues
sabemos que es limitado, sino debido a que fue Dios mismo quien se ha revelado al
hombre por iniciativa propia. Como dicen algunos eruditos: “No podemos ver a Dios con
nuestros ojos, pero podemos conocerlo por medio de la revelación”.25

22
(MacArthur, Cómo obtener lo máximo de la palabra de Dios, 2003, pág. 11.)
23
Cottrell, 2013, pág. 47.
24
El agnosticismo (del griego antiguo α- [a-], ‘sin’; y γνώσις [gnōsis], ‘conocimiento’) es la postura que
considera que ciertas afirmaciones —especialmente las referidas a la existencia o inexistencia de Dios— son
desconocidos o inherentemente incognoscibles.
25
(Sproul, Todos Somos Teólogos: Una Introducción a la Teología Sistemática, 2015, pág. 24.)

13
La palabra “revelación” deriva del latín revelatio, que significa develar o quitar el
velo, y describe la acción mediante el cual algo que estaba oculto tras un velo es develado
y, por consiguiente, descubierto y conocido. 26 Según el termino griego para revelación
(apokalupsis), se podría entender que Dios se ha revelado a la raza humana y este
grandioso hecho hace que sea posible conocer a Dios27 y, en efecto, hablar en favor de su
“existencia”, ya que contamos con indicios que fue dejando en el transcurso de toda la
historia.

Dicho esto, se debe enfatizar que la revelación de Dios es necesaria y fundamental.


El grado de importancia de la revelación radica en que, si Él no se hubiera revelado la
humanidad, seríamos incapaces de conocerlo debido a dos factores. El primero, y como se
ha mencionado anteriormente, tiene que ver con sus limitaciones naturales. Y lo segundo,
también tiene que ver con sus limitaciones, aunque ya no naturales, sino espirituales, es
decir, su naturaleza pecaminosa. Recordemos que el hombre está muerto en sus pecados y,
como resultado, está separado de Dios (Ef. 2).

El teólogo y autor anglicano John Stott resume ambos factores de la siguiente


manera:

“Dado que Dios es nuestro creador, infinito en esencia, mientras que


nosotros somos criaturas finitas sujetas al tiempo y al espacio, se impone
ante nuestra razón que somos incapaces de descubrirlo mediante nuestras
investigaciones y nuestros recursos. Él está muy por encima de nosotros. Y
desde que él es Dios totalmente santo, mientras que nosotros somos seres
caídos, pecadores y bajo juico, existe un abismo entre él y nosotros que
nunca podremos cruzar por nuestros propios medios. Siendo tanto finitos
como caídos, no podemos alcanzarlo.”28

Esta magnífica verdad no está oculta en la Biblia, sino que es enfatizada en muchas
ocasiones. Por ejemplo, en 1 Corintios 1:19-21 leemos que Dios no puede ser conocido
mediante sabiduría humana; y que no existe sabio, erudito o filósofo que pueda hallarlo
fuera del medio que Él ha establecido para hacerlo. Así también, leyendo 1 Corintios 2:7-
10 entendemos que Dios decidió revelarse bajo sus propios medios y fue Su Espíritu quien
lo ha hecho, porque solo Él conoce las profundidades de su propia divinidad.29

Las dos vías del conocimiento de Dios


26
Stott, Integridad evangélica, 2011, págs. 39-40.
27
Enns, 2010, pág. 146.
28
Stott, Integridad evangélica, 2011, págs. 39-40.
29
Ibíd., pág. 40-41.

14
Ahora bien, hasta esta parte hemos dicho que es absolutamente necesaria una
“revelación” de Dios para que sea posible “conocerlo”. Es decir, el conocimiento de Dios
procede del conocimiento de su revelación. Sin revelación no hay conocimiento. También
se ha dicho que Dios sí se ha revelado y, por lo tanto, es posible que lo conozcamos. Pero,
¿en qué consiste dicha revelación? ¿Cómo se ha revelado Dios a fin de permitir que sea
conocido? ¿Mediante cuál revelación podemos inferir que Dios existe?

Los teólogos y filósofos suelen argumentar a favor de la existencia de Dios


partiendo de la razón humana, la contemplación de la creación, y la observación de la
naturaleza humana misma. También suelen proporcionar razones fehacientes para confiar
que Dios no solo existe, sino que se ha revelado particularmente en la persona de Jesucristo
y las huellas que Él nos fue dejando, ya sea mediante la Biblia y la historia misma. De
hecho, de esto se trata la apologética popular que busca mostrar que Dios existe. No
obstante, lo que buscamos mostrar con esto es que esta apologética se sustenta sobre las
dos vías que Dios ha dejado para ser conocido por el ser humano. Es decir, dos formas de
revelación:

Revelación natural

En primer lugar –dicen los teólogos– existe una revelación natural que proporciona
suficiente conocimiento de Dios a todo ser humano que es honesto a la evidencia y a la
verdad. Y esto no es nada nuevo, ya que a través de todas las edades y culturas la
humanidad siempre insistió en que debe existir algo más que el mundo físico visible.
Continuamente han visto evidencia de esto en el solo hecho de observar el orden de la
naturaleza. El salmista habló de esto al decir: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el
firmamento anuncia las obra de sus manos” (Sal. 19.1).30 Según el salmista, con tan solo
mirar los cielos es posible notar la presencia de un Dios Creador.

Pero las señales de Dios no solo se encuentran allá afuera [en el exterior], sino que
también se encuentran en el interior del hombre [interior]. Eclesiastés 3:11 dice que Dios
creó todo de forma hermosa y “sembró eternidad en el corazón humano”; y el apóstol
Pablo dice que existe una ley moral dentro del ser humano que los expone ante Dios desde
su misma conciencia (Rom. 2:15). Esto significa que Dios se ha revelado tanto fuera como
dentro del ser humano y nadie está excluido de dicha revelación, puesto que es “natural” y
30
Ibíd., pág. 30.

15
propio de la naturaleza humana misma y de la naturaleza de su alrededor. Pablo incluso
llega a decir que es debido a esta revelación natural que el ser humano no tiene excusa
alguna ante Dios (Rom. 1:20).

Sobre la revelación natural y la respuesta humana a ella, John Stott dice:

“Todavía hoy Dios da testimonio de sí mismo por medio de la


creación y la conciencia. La racionalidad, la complejidad y la belleza del
mundo, por un lado, y nuestro sentido del bien y del mal, del deber y del
fracaso, por el otro, nos hablan de Dios. Sin embargo, la tragedia es que
hemos suprimido esta verdad a fin de seguir recorriendo nuestro camino
egocéntrico. En consecuencia, somos culpables y no tenemos ninguna
excusa (Romanos 1:20; 2:1).”31

Revelación especial

A diferencia de la revelación natural, la revelación especial muestra aspectos más


particulares de Dios. Según los teólogos, se trata de una revelación más íntima y personal,
ya que no solo nos dice que Él existe, sino que nos invita a una comunión mediante una
conversión sincera, la cual se logra a través de la fe en su Hijo y el abandono de nuestra
mala manera de vivir.

En síntesis, Dios se ha revelado de forma especial a lo largo de toda la historia


bíblica. Y el punto culminante de esta forma de revelación es la persona de su Hijo
Jesucristo. Teniendo en mente que la revelación natural es desestimada por el hombre
caído, únicamente la revelación especial es capaz de penetrar toda barrera que impida
conocer a Dios. De hecho, la fe cristiana afirma que Jesucristo es la máxima revelación de
Dios32 y es Su voluntad ser conocido a través del Hijo, para que quienes se acerquen a Él,
puedan tener vida eterna y sean salvos de la condenación. De manera que, entendemos así,
que la forma más perfecta y especial en la que Dios se reveló al hombre fue a través de la
encarnación del Hijo. Con razón muchos teólogos han dicho que “el modo culminante de
la revelación en toda la Escritura… es la persona de Jesucristo”; tanto así que cuando
Cristo actuaba, era Dios actuando; y cuando Cristo hablaba, era Dios hablando. 33 ¡En carne
y hueso!

31
Stott, Integridad evangélica, 2011, pág. 42.
32
L. Gonzáles & Maldonado Pérez , 2003, pág. 34.
33
Cottrell, 2013, pág. 51.

16
El pastor y teólogo John MacArthur resalta el valor de la revelación especial como
sigue:

“La revelación especial continúa donde la naturaleza y la conciencia


terminan. La revelación especial nos dice todo lo que necesitamos saber
acerca de Dios, en especial aquellas verdades que no se habían podido
entender antes, como la misericordia de Dios, el misterio de su gracia, cómo
puede ser perdonado el pecado, y muchas otras. Nos cuenta acerca del
sacrificio de Cristo, la salvación y la iglesia.”34

En este contexto también debemos aclarar que es muy difícil partir de la revelación
especial para demostrar la existencia de Dios, esto se debe a que en la Escritura misma se
nota que la existencia de Dios se asume naturalmente y no busca convencer a ningún
incrédulo. O bien, desde la revelación especial, la fe no necesariamente nace a partir de un
poder demostrativo. El estudioso bíblico A. B. Davidson dice eso se ve incluso desde el
Antiguo Testamento:

“La idea de que el hombre llega a conocer a Dios, o alcanza


comunión con él mediante sus propios esfuerzos es completamente extraña
al Antiguo Testamento. Dios habla, aparece; el hombre escucha y contempla.
Dios se acerca al hombre; acuerda un pacto o inicia relaciones especiales con
el hombre; le da mandamientos. El hombre lo recibe cuando se acerca a
Dios, acepta su voluntad y obedece sus preceptos. Jamás se presenta a
Moisés o a los profetas en actitud pensante, reflexionando sobre el Invisible
y llegando a conclusiones con respecto a él, o ascendiendo a concepciones
elevadas de la divinidad. El Invisible se manifiesta a sí mismo ante ellos, y
ellos lo saben.”35

La evidencia de la revelación natural


Ahora bien, si hablamos de la existencia de Dios y la manera más inmediata y
general de conocerlo, entonces estamos haciendo uso de la revelación natural. Es mediante
esta revelación que el ser humano es capaz de reconocer la existencia de Dios de tal modo
que no tiene excusa alguna para negarlo. Por lo tanto, cuando estamos “mostrando” a un
incrédulo que Dios existe, lo hacemos mediante la evidente revelación general. Es decir, es
precisamente en la revelación natural donde podemos examinar las evidencias que nos
llevan a Dios. Su revelación nos lleva a su existencia.

Para hablar de esto los teólogos suelen recurrir a lo escrito por el apóstol Pablo en
Romanos 1. De hecho, la filósofa y apologista cristiana Nancy Pearcey dice que en dicho

34
(MacArthur, Cómo obtener lo máximo de la palabra de Dios, 2003, pág. 22.)
35
(Pearlman, 1992, pág. 23.)

17
capítulo podemos hallar el “manual de instrucción de la apologética de Pablo”. 36 Por lo
tanto, a partir de este manual apostólico podemos extraer una estrategia útil para hablar en
favor de la existencia de Dios.

En primer lugar, el apóstol Pablo dice:

“Me explico: lo que se puede conocer acerca de Dios es evidente


para ellos, pues él mismo se lo ha revelado. Porque desde la creación del
mundo las cualidades invisibles de Dios, es decir, su eterno poder y su
naturaleza divina, se perciben claramente a través de lo que él creó, de modo
que nadie tiene excusa.” (Romanos 1:19-20, NVI).

Pablo dice que todas las personas –en todo lugar y en todo tiempo– tienen acceso a
la evidencia de la existencia de Dios. ¿De qué manera? Por el orden creado: “Por medio de
las cosas hechas”. Esta evidencia es accesible a cualquiera, incluso a aquellos que carecen
de una Biblia para leer o no cuenten con algún misionero cristiano que les hable. 37 Juan
Calvino habló de esto bajo el nombre sensus divinitatis [sentido de la divinidad], el cual
consiste en que “existe dentro de la mente humana, y de hecho por instinto natural, una
conciencia de la divinidad… Un sentido de divinidad que nunca puede borrarse, está
grabado en las mentes de los hombres”.38 Esto significa que el hombre “sabe” que Dios
existe de forma básica39 y no necesita que alguien le convenza.

Es precisamente la revelación natural aquello que hace posible la llamada teología


natural. Para que se entienda, la teología natural es el estudio de Dios basado en la
observación de la naturaleza. El Dr. William L. Craig dice que “la teología natural, como
su nombre indica, es lo que podemos aprender sobre la existencia de Dios aparte de los
recursos de la revelación divina autorizada”.40 Es decir, podemos llegar a la existencia de
Dios, no solo mediante la fe en lo que nos dice la Escritura [revelación especial], sino
mediante un simple ejercicio de observación, introspección, razonamiento y reflexión, en
base a los indicios que Dios dejó en su revelación natural. De manera que existe una
relación entre la revelación general y el empleo de la teología natural para observar las
evidencias a favor de la existencia de Dios. Respecto a esta relación, el Dr. Craig dice:

“La revelación general de Dios es su autorrevelación en el mundo


que él ha creado. Son, por así decirlo, las huellas dactilares del alfarero en la

36
(Pearcey, El hallazgo de la verdad, 2017, pág. 17.)
37
Ibíd., pág. 17.
38
Instituciones 1.3.1, 3, extraído de Lane Craig & Moreland, 2018, págs. 175-176.
39
Ibíd., pág. 176.
40
(Craig, Excursus on Natural Theology (Part 1): Creer en Dios como algo realmente básico, 2015)

18
arcilla o los rasgos reveladores del artista en la pintura que ha realizado. Es
su autorrevelación a nosotros en el orden creado. La teología natural es el
resultado de la reflexión humana sobre el orden creado y sobre la revelación
general de Dios.”41

Revelación natural Obra divina.

Teología natural Respuesta humana.

Esto es sencillamente lo que la Biblia enseña en múltiples pasajes bíblicos, donde


se nos dice que es posible obtener un entendimiento básico de Dios en el mundo natural;
concretamente, podemos ver “su eterno poder y naturaleza divina” (Rom. 1:20). No
obstante, es preciso volver a enfatizar que esta revelación –y el conocimiento que nos
brinda– no es similar al conocimiento que nos proporciona la revelación especial, sino que
es, por así decir, inferior. Mediante la revelación natural conocemos a Dios a través de lo
que Él creó; pero en la revelación especial conocemos a Dios mediante su propia
manifestación personal; la primera revelación es de carácter natural como su nombre lo
indica, mientras que la otra es sobrenatural. Mediante la revelación natural, Dios es
conocido como el agente tras lo que vemos en la naturaleza; Dios es inferido a través de
sus efectos como “causa” de ellos.42

Es verdad que –como hemos señalado– esta forma de revelación no proporcionará


el conocimiento pleno para contemplar a Dios de forma más íntima y personal, pero
también es verdad que es suficiente para sacar la excusa de todos los incrédulos que solo
son deshonestos a esta verdad mediante razonan de manera corrompida. Bien dijo el
apóstol Pablo: “de modo que nadie tiene excusa” (Rom. 1:20).

La obstinación del incrédulo


Lo que Pablo establece es contundente. Sin embargo, si la revelación general incide
sobre toda conciencia humana, ¿por qué no todas las personas reconocen a Dios? ¿Por qué
entonces existen los ateos? Al respecto, el apóstol Pablo responde diciendo que, debido a la
depravación pecaminosa, los seres humanos “suprimen la verdad” de la revelación
natural.43

“Es cierto, ellos conocieron a Dios, pero no quisieron adorarlo como


Dios ni darle gracias. En cambio, comenzaron a inventar ideas necias sobre
41
Ibíd.
42
(Gonzáles Á. L., 2008, pág. 18.)
43
(Pearcey, El hallazgo de la verdad, 2017, pág. 23.)

19
Dios. Como resultado, la mente les quedó en oscuridad y confusión.
Afirmaban ser sabios, pero se convirtieron en completos necios. Y, en lugar
de adorar al Dios inmortal y glorioso, rindieron culto a ídolos que ellos
mismos se hicieron con forma de simples mortales, de aves, de animales de
cuatro patas y reptiles.” (Romanos 1:21-23, NTV)

“Por eso Dios los entregó a los malos deseos de sus corazones, que
conducen a la impureza sexual (…) Por lo tanto, Dios los entregó a pasiones
vergonzosas (…) y en sí mismos recibieron el castigo que merecía su
perversión. Además, como estimaron que no valía la pena tomar en cuenta el
conocimiento de Dios, él a su vez los entregó a la depravación mental, para
que hicieran lo que no debían hacer.” (Romanos 1:24-28, NVI).

Lo que Pablo describe en su manual apologético es realmente esclarecedor. Y en


esta parte de su escritura nos habla de cuál es la respuesta del incrédulo a la revelación de
Dios. Si se lee con atención Romanos capítulo 1, es posible notar dos cosas importantes:

En primer lugar, el apóstol Pablo dice que los seres humanos:

 Romanos 1:18 – Detienen la verdad con injusticia.

 Romanos 1:21 – Habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni


le dieron gracias.

 Romanos 1:28 – No aprobaron tener en cuenta a Dios.

Y, en segundo lugar, el apóstol habla de la idolatría como la respuesta inmediata del


incrédulo luego de eliminar a Dios de sus vidas:

 Romanos 1:23 – cambiaron la gloria de Dios incorruptible en semejanza de


imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles.

 Romanos 1:25 – cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando


culto a las criaturas antes que al Creador.

Pablo dice que el hombre pecador no solo suprimió las evidencias que Dios dejó de
sí en la revelación general, sino que también lo sustituyeron a Él por otros dioses que ellos
se asignaron. Pablo había dicho que Dios se reveló claramente mediante su creación, pero
el hombre pecador, en vez de glorificarlo a Él, prefirió razonar equivocadamente rindiendo
culto a las “criaturas” antes que al Creador. El ser humano depravado tomó la creación y lo
puso en el lugar del Creador. De manera que, para Pablo, el ser humano caído no solo
suprime la verdad divina, sino que también se entrega a la idolatría.

Sobre esto, John Stott dice:

20
“Todavía hoy Dios da testimonio de sí mismo por medio de la
creación y la conciencia. La racionalidad, la complejidad y la belleza del
mundo, por un lado, y nuestro sentido del bien y del mal, del deber y del
fracaso, por el otro, nos hablan de Dios. Sin embargo, la tragedia es que
hemos suprimido esta verdad a fin de seguir recorriendo nuestro camino
egocéntrico. En consecuencia, somos culpables y no tenemos ninguna
excusa (Romanos 1:20; 2:1).”44

Pero esto no culmina allí. Los ídolos tienen consecuencias, y el apóstol Pablo
también describe su diagnóstico final, el cual indica la consecuencia de la incredulidad,
obstinación e idolatría humana. Según el apóstol, Dios está constantemente acercándose a
la gente con pruebas evidentes de su existencia en la revelación general; pero los seres
humanos la suprimen constantemente creando ídolos. Mientras por una parte la gente es
consciente de la evidencia del Dios bíblico; por la otra se empeñan en crear dioses
sustitutivos en un intento desesperado de ahogar la evidencia.45

¿Cómo responde Dios al respecto? Pues, según Pablo, responde aumentando la


tensión. Dios permite que el ser humano viva las consecuencias que originan los ídolos que
tomaron para sí. En palabras del apóstol, Dios “los entrega” para que experimenten las
consecuencias de sus propias decisiones.

Dios los entrega a las consecuencias que engendran sus ídolos – a mentes
reprobadas o degradadas:

 Romanos 1:21 – Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a


Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos.

 Romanos 1:28 – Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los
entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen.

Dios los entrega a las consecuencias que engendran sus ídolos – una conducta
deshonrosa o depravada:

 Romanos 1:24 – También Dios los entregó a la inmundicia, en las


concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus
propios cuerpos.

 Romanos 1:26 – Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas.

 Romanos 1:28 – Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas no
convienen.
44
Stott, Integridad evangélica, 2011, pág. 42.
45
(Pearcey, El hallazgo de la verdad, 2017, pág. 29.)

21
La transición descrita por Pablo es contundente y, como dicen algunos
comentaristas, destaca con precisión la tragedia humana. Sin Dios, el ser humano se
degrada tanto racional como moralmente. El dios falso que crearon los hizo razonar
erradamente a tal punto de dar explicaciones equivocadas a las cuestiones de la vida. Del
mismo modo que la gente estimó que no valía la pena conocer a Dios, Él también les
entregó a una visión del mundo vana.46 Ellos adoraron vanidades inertes, y en consecuencia
también se volvieron inertes. Salmos 115 dice que los ídolos no hablan, no ven, no oyen,
no huelen, no palpan ni caminan; luego remata diciendo que quienes lo hacen “son iguales
a ellos, como también todos los que confían en ellos” (Sal. 115:8). Así como son sus
pensamientos también son sus hechos, como leemos en Jeremías: “Se fueron tras lo que
nada vale, y en nada se convirtieron” (Jer. 2:5, NVI).

Está claro, pues, que la revelación general de Dios es tan evidente que solo un necio
podría persistir en negarlo. Quizás por eso el salmista decía: “Dice el necio en su corazón:
No hay Dios” (14:1). Y una vez que establece que no hay Dios, eso da pie a su total
corrupción: “Ellos son corruptos y sus acciones son malas; ¡no hay ni uno solo que haga
lo bueno!” (v. 1, NTV).

46
Ibíd., pág. 30.

22
¿Se puede mostrar que Dios existe?
Si hablamos de Dios en términos de tratar de argumentar a favor de su existencia,
entonces deberíamos hablar también de apologética cristiana. El término en sí es el
resultado de la combinación de dos palabras griegas: apo (“atrás, desde”) y logos
(“palabra, racionalidad”), por lo que denota la idea de “dar una palabra de regreso o
responder” en defensa.47 El teólogo R. C. Sproul dice que el vocablo indica “una
declaración razonada o una defensa verbal”, el cual trata de “defender y argumentar a favor
de un punto de vista en particular”. 48 Pero en términos un poco más sencillos, se podría
decir que la apologética cristiana consiste en la defensa de la fe desde la perspectiva
racional. De hecho, esa es su definición más popular. Sin embargo, muchos escépticos –
incluso creyentes mismos– tienen serios problemas con la idea de “racionalidad”.

Es bien sabido que muchos neo-ateos radicales insisten en que la fe cristiana no


solo es irracional, sino que es enemiga de la razón misma. Eso lo sabemos. Pero lo irónico
del asunto es que incluso algunos creyentes –obviamente ignorantes del tema– también
entienden casi lo mismo. Desafortunadamente, algunos creyentes afirman que la fe
precisamente se trata de abandonar la razón y la evidencia para saltar ciegamente a un
vacío intelectual: “Eso es lo que Dios pide de nosotros”, dicen ellos; “Dios espera que
creas y no que pienses”; “nosotros nos guiamos por la fe y no por la razón”, argumentan
ellos. Este pensamiento arroja como resultado una suerte de fideísmo, el cual es una
doctrina filosófica que eleva la mera fe y postula que la creencia en Dios no es accesible
mediante la razón, sino solo mediante la fe y la revelación sobrenatural. 49 Por lo tanto,
dentro de esa visión, no tiene sentido alguno tratar de argumentar a favor de que Dios
existe. Hablar de las evidencias a favor de Dios serían, en este contexto, insignificantes y
nada producentes.

Sin embargo, no hay razones para pensar que la visión fideísta sea correcta, mucho
menos si partimos por la idea de que creer en Dios y ser cristiano es algo racional. Cuando
asumimos que la fe cristiana es racional, no estamos diciendo que la fe como tal es
innecesaria, sino que ella es coherente, lógica y va en armonía con la realidad. Cuando
decimos que la fe cristiana es racional, decimos que la creencia en Dios tiene justificación
convincente para cualquier persona pensante y bien informada. Creemos en Dios y en
47
Bahnsen, 2013, pág. 1.
48
(Sproul, Cómo defender su fe, 2003, pág. 13.)
49
Gonzáles, 2008, pág. 37.

23
Cristo, no mediante ideas abstractas que carecen de credibilidad, sino porque tenemos
muchas razones para hacerlo. El Dr. Sproul nos dice, además, que la fe en Dios no es
sinónimo de credulidad o superstición.50 El crédulo cree de tal modo que puede ser
convencido por cualquier idea sin sentido; pero el creyente en Dios cree porque existe una
verdad ante él, la cual debe aceptar coherentemente luego de una adecuada reflexión.

El teólogo y escritor anglicano John Stott dice: “La entrega sin reflexión es
fanatismo en acción”.51 Es decir, creer sencillamente por creer es lo que popularmente
conocemos como “fanatismo religioso”. Si Dios es el creador de la mente humana,
difícilmente deberíamos esperar que Él desea que no la usemos en los asuntos que le
conciernen. De hecho, Stott dice que el Creador se ha comunicado con el ser humano de
una forma en que no lo hace con los animales; de modo que “el Creador espera que el ser
humano colabore con él, de manera consciente e inteligente”.52

Por otro lado, quienes usualmente niegan que sea posible argumentar
convincentemente a favor de la existencia de Dios, ignoran la realidad de la revelación
natural y la teología natural que se construye a partir de ella. Como hemos visto, el apóstol
Pablo –junto con otros pasajes bíblicos– nos dicen que Dios se ha revelado de tal modo que
es posible hablar de su existencia partiendo de la naturaleza de su creación. Si este es el
caso, ¿por qué entonces no tomar la evidencia disponible y mostrar que Dios existe?
Algunos dirán que no sería fructífero, ya que como Pablo mismo señaló en Romanos 1, el
ser humano depravado toma la revelación natural y las interpreta según su razonamiento
corrompido. Sin embargo, esto no debe entenderse excesivamente.

Es verdad. La caída ha dañado todas las facultades del ser humano, incluida su
mente. Pero afirmar que la depravación humana ha oscurecido completamente la mente y
el intelecto humano de tal modo que es incapaz de conocer la verdad es una completa
exageración. Como bien señala el Dr. Craig, “la caída trajo perversión a las facultades
humanas, pero no destruyó esas facultades. Las habilidades del razonamiento humano han
sido afectadas, pero no eliminadas”. 53 Incluso en la narración bíblica se puede ver que Dios
se sigue comunicando con el ser humano caído apelando a la luz que es capaz de
reconocer. Los predicadores bíblicos, asimismo, constantemente apelaban a las mentes de

50
(Sproul, Cómo defender su fe, 2003, pág. 20.)
51
(Stott, Creer es también pensar, 2004, pág. 9.)
52
Ibíd., págs. 18-19.
53
(Craig & Moreland, Fundamentos Filosóficos para una cosmovisión Cristiana, 2018, pág. 20.)

24
sus oyentes incrédulos citando evidencias y llamando a una correcta reflexión, y esto lo
hacían a medida que construían su caso a favor del evangelio que predicaban. 54 Cuando
Dios habla, no se percibe palabras sin sentido en un lenguaje absurdo a la mente humana,
sino que es reconocible. En Isaías 8:18 se lee: “Venid ahora, y razonemos –dice el Señor–”
(LBLA).

Equilibrio entre fe y evidencias racionales


Los teólogos y filósofos han discutido mucho acerca de la relación que debe existir
entre fe y razón. Si hablamos de apologética cristiana, de razón y de evidencias a favor de
la existencia de Dios, ¿entonces cuál es el papel que juega la fe dentro de todo esto?
¿Dónde yace el factor sobrenatural o la acción del Espíritu Santo? ¿Acaso todo esto se
reduce a mera racionalidad, evidencias y más evidencias? ¡Por supuesto que no! Tampoco
estamos sugiriendo esto.

Cuando hablamos de fe por un lado y razón por el otro, el error común consiste en
dar demasiado énfasis a uno de estos elementos. Exaltar la fe por encima de la razón se
conoce como fideísmo, el cual desprecia cualquier evidencia o garantía racional para la
existencia de Dios. En el otro extremo se encuentra el llamado racionalismo teológico [o
evidencialismo], que desde su punto de vista postula que una creencia religiosa –o la
creencia en Dios en este caso– debe indefectiblemente contar con evidencia de respaldo, de
lo contrario no estaría justificada y, por consiguiente, sería falsa. 55 Estos son los dos
extremos.

Pues bien, cuando decimos que “tener fe” o “creer en Dios” es racional, solo
estamos diciendo que, además de la fe que tenemos gracias a revelación de Dios, también
es posible demostrarla mediante evidencias, las cuales toman el papel de una segunda
garantía. ¡Esta es la visión equilibrada!

Fideísmo Fe Racional Racionalismo teológico

Quienes cometen el error de enfatizar alguno de estos extremos, lo hacen porque


malentienden los conceptos. Y precisamente malentender los conceptos lleva a uno a
pensar que la fe y la razón son hostiles entre sí; y cualquier cosa que provenga de la razón
54
Ibíd.
55
Definición encontrada en (Craig & Moreland, Fundamentos Filosóficos para una cosmovisión Cristiana,
2018, pág. 171.)

25
no puede ser de la fe, y cualquier cosa que provenga de la fe no debería tener relación con
la razón. Pero según la visión bíblica, tener fe consiste en (1) entender las afirmaciones
cristianas [noticia], (2) asentirlas en acuerdo a ellas [assensus], (3) y confiar en ellas en
entrega y dependencia [fiducia].56 Note cómo tanto la fe y el intelecto operan en conjunto
sin provocar algún tipo de exclusión. En la Escritura, la fe involucra poner confianza en lo
que tienes razones para creer que es verdadero. La fe no es ciega; no es un salto irracional
al abismo.57

A todo esto, Craig añade: “Decir que la fe cristiana es razonable en este sentido es
decir que creer en el Dios de la Biblia es una cosa racional para una persona hacer. Tomar
el paso de fe es un paso razonable para una persona inteligente e informada”. 58 Por eso,
cuando leemos en Hebreos 11:6 que “sin fe es imposible agradar a Dios” y que “todo el
que desee acercarse a Dios debe creer que él existe y que él recompensa a los que lo
buscan con sinceridad” (NTV), debemos notar que la problemática del incrédulo no
consiste en que no procura ser un crédulo irracional, sino que aunque hay muchas razones
para crea en Dios, en su corazón no hay una “búsqueda sincera”; una problemática que la
solo el Espíritu Santo puede lidiar, pero las evidencias siguen en la mesa.

Diferencia entre “saber” y “mostrar” que Dios existe


En esta visión equilibrada se encuentran operando tanto la fe y el obrar del Espíritu
Santo como también la razón y la evidencia; de manera que entre ambas no existe conflicto
alguno, sino que se complementan mutuamente. Sin embargo, para esclarecer aún más, el
Dr. Craig distingue entre “saber que el cristianismo es verdadero” y “mostrar que el
cristianismo es verdadero”. Entre “saber” y “mostrar” se puede establecer con claridad el
papel que desempeña la fe y la evidencia dentro de este asunto.

Inicialmente, un cristiano sabe que su fe en Dios es verdadera, no debido a las


abrumadoras evidencias que inclusive es posible que desconozca, sino debido a la
revelación divina y al obrar del Espíritu Santo en su vida. La Biblia enseña que la fe
[fiducia] puede ser establecida a través de una experiencia inmediata con el Espíritu Santo:
a través su testimonio interno (Rom. 8:14-16; 1 Jn. 2:27; 5:6-10).59 El apóstol Pablo dijo en
Romanos [Link] “El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios”.
56
(Sproul, Cómo defender su fe, 2003, págs. 20-21); también explicado brevemente en (Craig & Moreland,
Fundamentos Filosóficos para una cosmovisión Cristiana, 2018, pág. 20.)
57
(Craig & Moreland, Fundamentos Filosóficos para una cosmovisión Cristiana, 2018, pág. 20.)
58
Craig W. L., #26 ¿Qué es una Fe Razonable?, 2013.

26
Con la experiencia inmediata del Espíritu Santo, el creyente está capacitado para
creer en la verdad cristiana incluso cuando no está capacitado en conocimientos y
argumentos apologéticos. Quizá desconozca los argumentos a favor de la Biblia, la
existencia de Dios y la resurrección de Cristo, pero eso no daña la convicción que
corresponde al obrar del Espíritu Santo según las mismas palabras de Jesús: “[El Espíritu
Santo] convencerá al mundo” (Jn. 16:8); “[El Espíritu Santo] os guiará a toda verdad” (Jn.
16:13). Es así que el creyente “sabe” que su fe es verdadera, ya que el testimonio del
Espíritu Santo es su primera justificación.

Pero también existe una segunda justificación, que son las evidencias, y las cuales
sirven para mostrar que nuestra fe cuenta con respaldos racionales. Mediante el obrar
interno del Espíritu Santo podemos saber que nuestra fe es verdadera, y mediante la razón,
la argumentación y la evidencia podemos –con la ayuda de Dios– mostrar a otros que se
cuenta con una justificación adicional para creer. Por lo tanto, la tarea de demostrar la
existencia de Dios implica la presentación de argumentos sólidos y persuasivos para las
afirmaciones de nuestra fe. Con esto, el creyente puede hacer algo más por el incrédulo
que solo invitarlo a creer por creer.

Es así que el Dr. Craig dice: “Sostengo que el argumento y la evidencia juegan un
papel esencial cuando mostramos que el cristianismo es verdadero, pero un papel (…)
secundario cuando sabemos de manera personal que el cristianismo es verdadero”. 60 Si
bien la argumentación y la evidencia son importantes a la hora de mostrar la validez de
nuestra creencia en Dios, ellas no son el fundamento de la misma, sino solo el obrar de
Dios mediante su revelación y el poder del Espíritu Santo. Sin embargo, esto tampoco
quiere decir que no existe relación alguna entre las evidencias y el Espíritu Santo. Al
respecto, el Dr. Craig dice: “La base apropiada de nuestro saber que el cristianismo es
verdadero es la obra interior del Espíritu Santo y en nuestro mostrar que el cristianismo es
verdadero, es Su papel el abrir los corazones de los no creyentes para asentir y responder
a las razones que presentamos”.61

También podemos decir que creemos en Dios, creemos en su existencia, y eso se


debe, primeramente, a que hemos tenido una experiencia personal con Él, en donde el

59
Craig W. L., Rasonable Faith, 2013: [Link]
apologetica-cristiana-quien-la-necesita/
60
(Craig, #29 La Fe y la Duda , s.f.)
61
Ibíd.

27
Espíritu Santo produjo plena convicción de su existencia. Pero al mismo tiempo, también
existe una garantía adicional, donde es posible observar varios indicios de que Dios existe
y que es posible llegar a dicha verdad si se cuentan con ojos para ver y un corazón abierto
para aceptar la evidencia. Pero desafortunadamente el pecado produjo ceguera y un
corazón obstinado, de tal manera que además de una revelación natural, también es
necesaria una revelación especial. Solo así será posible producir plena certidumbre.

Nunca debemos ignorar la tremenda importancia de las evidencias provenientes de


la revelación natural y del obrar del Espíritu Santo en conformidad con la revelación
especial. Debe existir siempre un equilibrio. Dios nos manda a predicar su Palabra y a
defender nuestra fe, pero también se nos dice que la obra final depende del Espíritu.
Asimismo, es verdad, Dios es quien abre los corazones para que el incrédulo esté
capacitado para creer, pero también nosotros tenemos la responsabilidad de ser diligentes,
sabios y persuasivos en nuestro mensaje. Después de todo, deseamos que Dios obre en
virtud de nuestra diligencia y no a pesar de nuestra irresponsabilidad.

El Dr. Craig nos recuerda:

“Por lo tanto, cuando una persona se niega a venir a Cristo, nunca es


solo por falta de evidencia o por dificultades intelectuales con la fe. En el
fondo, se niega a venir porque voluntariamente ignora y rechaza la atracción
del Espíritu Santo de Dios en su corazón. (…) en el análisis final, realmente
nadie deja de convertirse en cristiano por falta de argumentos o
evidencia; sino que no llega a ser cristiano porque ama las tinieblas más que
la luz y no quiere tener nada que ver con Dios”

A veces, nuestro trabajo apologético y nuestros esfuerzos por mostrar que Dios
existe podría no tener el efecto deseado. Quizá el incrédulo decida seguir permaneciendo
en su obstinación. Pero –por lo menos– nuestra apologética hará notar que el problema no
es intelectual, sino moral. Al final, el problema es el corazón. Pablo habló de esta realidad
cuando dijo: “¿No te das cuenta de lo bondadoso, tolerante y paciente que es Dios contigo?
¿Acaso eso no significa nada para ti? ¿No ves que la bondad de Dios es para guiarte a que
te arrepientas y abandones tu pecado?” (Rom. 2:4, NTV). Luego, Pablo explica la razón de
esto cuando dice: “Mas por causa de tu terquedad y de tu corazón no arrepentido, estás
acumulando ira para ti en el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios” (2:5,
LBLA).

28
Por lo tanto, nuestra esperanza en mostrar que Dios existe depende del obrar del
Espíritu Santo. Sin su intervención, nuestros argumentos serían obsoletos. Sin su obrar,
todavía estaríamos en la abrumadora verdad descrita por Pablo: “no hay quien entienda, no
hay quien busque a Dios” (Rom. 3:11). Cuando Jesús replicaba que tanto Él como su
mensaje provenían de Dios, advirtió: “El que esté dispuesto a hacer la voluntad de Dios
reconocerá si mi enseñanza proviene de Dios o si yo hablo por mi propia cuenta” (Jn. 7:17,
NVI). En otras palabras, Jesús está diciendo contundentemente que si alguien realmente
quiere la voluntad de Dios –verdaderamente busca a Dios– entonces llegará a un verdadero
conocimiento suyo, pues estará abierto a la verdad.62

62
Cf. (Craig, Excursus sobre teología natural (Parte 3): El papel de los argumentos y la evidencia, 2015)

29
LAS
EVIDENCIAS
DE DIOS

30
Dios no está muerto
La negación de la existencia de Dios no es nada nuevo. Quizás esté modernizado,
pero siempre ha existido ese pensamiento. De hecho, la Escritura misma parece indicarnos
que siempre han existido necios que dicen en su corazón “no hay Dios” (Sal. 14:1; 53:1).
También el escritor de Hebreos se vio en la posición de aclarar la necesidad de “creer” que
Dios existe para que nuestro acercamiento a Él tenga sentido (Heb. 11:6). Y de Romanos 1
hemos aprendido que, aunque Dios de indicios de su existencia, el ser humano siempre
persistirá en reprimirlas. Es por eso que tenemos razones para pensar que el ateísmo no es
nada nuevo. El ser humano corrompido siempre ha intentado matar a Dios desde varios
frentes, y en la actualidad el intento por lograrlo solo adopta formas más particulares.

Haciendo un poco de historia, la Reforma Protestante no solo ubicó al catolicismo


romano en el centro de las críticas, sino que, con el tiempo, el cristianismo también fue
ubicado en la silla de acusado. Durante los siglos XVII y XVIII, la crítica a la fe cristiana
se volvió más frecuente,1 y ya a inicios del siglo XX, el ateísmo proliferó en gran manera
siendo bien recibido en varios movimientos y filosofías que buscaban ubicar al hombre en
el centro de la vida, y mediante se liberaba de todo aspecto religioso en nombre de la
“razón”, el “intelectualismo” y la “libertad” (entiéndase secularismo, existencialismo,
laicismo, feminismo,2 etc.).

Más tarde, luego del atentado del 11 de septiembre del 2001 (Torres Gemelas), el
mundo vio nacer al Nuevo Ateísmo con su particularidad. Este nuevo movimiento inició
con algunos escritores ateos anglosajones de principios del siglo XXI que propugnan que
“la religión no debería simplemente tolerarse, sino que debe ser contrarrestada, criticada y
expuesta a la argumentación racional dondequiera que se manifieste su influencia”. 3 Según
ellos, lo que ocurrió el 11 de septiembre debería enseñar a la sociedad de que un mundo
secular debería ser lo ideal; y para ello, Dios debe ser eliminado del pensamiento humano.
Es por eso que en sus libros no solo citan algún que otro argumento contra la existencia de
Dios, sino que con mayor fuerza se abocan a demostrar los horrores que la “creencia” en
Dios es capaz de provocar. Para el Nuevo Ateísmo, Dios no solo no existe, sino que el

1
Sobre todo, en países como Francia e Inglaterra. Al parecer, esto se debió a algún tipo de malestar religioso.
2
Overall, Christine (2007). Feminism and Atheism. Tomado de una consulta del 9 de Abril de 2011. In
Martín, 2007, pp. 233-246.
3
Hopper, Simon. “The rise of the New Atheists”. CNN. Archivado desde el original el 8 de abril de 2010.
Vuelto a consultar el 23 de Mayo del 2021.

31
creer en Él resultará siempre en una religión tóxica. Y, por supuesto, el cristianismo se
encuentra en el centro de sus críticas.

¿Dios abandonó el campo intelectual?


El 8 de abril de 1966, la revista Time [la revista norteamericana más importante del
mundo] publicó una portada dramática con solo tres palabras estampadas en rojo sobre un
fondo negro. Las palabras decían: “¿Está Dios muerto?”. 4 El título indicaba el aparente
ascenso de la idea de la “muerte de Dios” en el ámbito académico. Obviamente, la
supuesta “teología” que procuraba la muerte de Dios no es nada nuevo, pero esta dramática
portada provocó que la discusión sea mucho más pública. 5 Poco a poco, la idea de que un
intelectual crea en Dios se iba volviendo viral en el pensamiento popular, ya que se
expandía la idea de que los grandes intelectuales no daban lugar a la fe en Dios.

Por supuesto que la influencia no se hizo esperar. De hecho, se dice que tal vez una
de las opiniones que más comúnmente sostienen los ateos modernos, que son un poco más
sofisticados, es que, de algún modo, la ciencia ha refutado la idea de Dios. 6 Y también
suelen decir que son los ateos –no los creyentes– quienes han acaparado el campo de la
ciencia y el razonamiento intelectual. Y es precisamente esto lo que vemos y oímos en el
arsenal de sus argumentos. Desde su óptica, existe un abismo entre la creencia en Dios y el
campo intelectual. Los ateos son los sabiondos e intelectualmente modernos, mientras que
los creyentes son los ignorantes y anticuados. Los ateos han madurado mentalmente,
mientras que los creyentes siguen con una mentalidad atrasada. ¡Este discurso lo sabemos
de memoria! Pero, aunque usted no lo crea, el caso no es ese. La realidad es otra.

Mientras en la década de 1960 los ateos escribían el obituario de Dios y bailaban


optimistas sobre su lápida, otros teólogos y filósofos serían participes de un cambio
radical, ¡y ni mencionar lo que la ciencia moderna revelaría mediante maduraba! Pocos
años después, la misma revista Time publicó una historia con la misma portada roja sobre
negro, solo que esta vez la pregunta decía: “¿Está Dios volviendo a la vida?”. Fue así como
a partir de la década de 1970, el interés por la idea de Dios siguió creciendo de tal modo
que en 1980 la misma revista Time se encontró promoviendo otro título: “Modernizando el
caso de Dios”, en donde se describía cómo los argumentos tradicionales a favor de la

4
(Craig, Fe Razonable, 2008, pág. 97.)
5
(Strachan, 2020, pág. 7.)
6
(Kennedy, Por qué creo, 1982, pág. 34.)

32
existencia de Dios cobraban más y más fuerza en la élite intelectual del mundo. 7 En otras
palabras, eran los pensadores más prominentes del mundo –y no los ignorantes y
anticuados– quienes afirmaban que existen muchas razones para creer que Dios existe.
Maravillado, Time publicó:

“En una revolución silenciosa en pensamiento y discusión que casi


nadie podía haber previsto hace tan solo dos décadas, Dios está regresando.
Lo más intrigante es que esto no sucede entre teólogos o creyentes
ordinarios, sino en los círculos intelectuales de los filósofos académicos,
donde el consenso había desterrado al Todopoderoso del discurso
fructífero.”8

Al respecto, el Dr. Craig dice que los intelectuales “cristianos han estado
destapándose y defendiendo la verdad de la cosmovisión cristiana con argumentos
filosóficamente sofisticados en las mejores revistas científicas y en las comunidades
profesionales”.9 Algunos filósofos opinan diciendo que, previamente, el ateísmo tuvo una
fuerte influencia debido a que, aparentemente, la mayoría de los grandes pensadores eran
ateos; pero hoy, observan ellos, las cosas se han invertido. Son los grandes intelectuales
quienes actualmente defienden el caso de Dios mediante argumentos duros y sofisticados.
Y lo asombroso es que muchos ateos entendidos están admitiendo a regañadientes que es
así. Por ejemplo, un prominente ateo llamado Quentin Smith lamentó aquello que llamó “la
descelularización de la academia”, concluyendo que “Dios no está muerto”, sino que está
“vivo y coleado” en su “fortaleza académica”. Los apologistas cristianos empezaron a
argumentar tan bien a favor de la existencia de Dios que Smith también admite: “En
filosofía, se convirtió, casi de noche a la mañana, académicamente respetable argumentar a
favor del teísmo”.10

En su libro “El problema de Dios”, el autor Mark Clark dice:

“Esta tendencia solo es una de una plétora de ejemplos, incluyendo


muchas que están ocurriendo en los campos de la historia y la ciencia, donde
los muros que habían separado la fe de la razón se están derrumbando. Y
esta resurgencia de credibilidad del teísmo no está sucediendo como
producto de la ignorancia ingenua, sino como el derivado directo del

7
Cf. (Craig, Fe Razonable, 2008, pág. 97.); también en (Craig, La Revolución en la Filosofía
Angloamericana, s.f.)
8
“Modernizing the Case for God”, Time, Abril 7, 1980, 65-66. Tomado de Ibíd., págs. 97-98.
9
(Craig, La Revolución en la Filosofía Angloamericana, s.f.)
10
Quentin Smith, “The Metaphilosophy of Naturalism”, Philo 4, no. 2 (2001): 3-4. Tomado de Craig, Fe
Razonable, 2008, pág. 98. También citado en (Pearcey, Total Truth, 2004, pág. 58.) y en la edición en
español (Pearcey, Verdad total: Libera el cristianismo de su cautiverio cultural, 2014, pág. 62.)

33
razonamiento y la exploración inteligente de máximos pensadores en sus
campos respectivos.”11

El resurgimiento de la teología natural


Como recordarán, la teología natural consiste en hablar de la existencia de Dios
independientemente de la revelación especial, la Biblia. Pero el hecho de que la Biblia no
sea el núcleo de esta disciplina no quiere decir la teología natural sea antibíblica. Al
contrario, como hemos visto, el apóstol Pablo dice claramente que existe una revelación
divina que se puede percibir en el orden natural, en la creación. Por lo tanto, podríamos
decir que la teología natural parte de dicha verdad y se ocupa de mostrar la existencia de
Dios partiendo de la realidad de aquello que –según nuestra fe– es su creación. Así como
los autores bíblicos dicen que Dios puede ser conocido mediante “las cosas hechas” (Rom.
1:20), la teología natural consiste precisamente en buscar a Dios mediante las cosas que Él
creó. Es como una invitación cordial que el creyente puede hacer al incrédulo, para
reflexionar consistentemente acerca de que es posible que Dios exista, y que existen
muchas razones naturales para creer en Él.

Obviamente, tratar de mostrar la existencia de Dios podría mostrarse como una


tarea complicada. Lo complicado se da porque Dios aparenta estar escondido y los ateos se
suelen agarrar de eso para insistir en que no hay evidencias. Pero el hecho de que Dios
parezca estar escondido no quiere decir que no pueda ser conocido o que no existe
evidencia suficiente para llegar a Él. El apologista Sean McDowell dice que con Dios no
basta solo con chasquear los dedos y ya. De hecho, en cierto sentido, Dios sí se mantiene
parcialmente escondido debido a su naturaleza misma. Por “escondido” se comprende que,
en el sentido bíblico, Dios no es un ser material. Las Escrituras dicen que Él es Espíritu
(Jn. 4.24), y como tal, Él es invisible a una simple percepción visual (1 Tim. 1.17). Dios
está en otro plano de existencia; un plano distinto al del ser humano. Incluso la Escritura
misma declara que el hombre no puede verlo en todo su poder y gloria. Por ejemplo, Dios
dijo a Moisés: “No podrás ver mi rostro, porque ningún hombre lo verá y quedará vivo”
(Ex. 33.20).12

No obstante, y como ya habíamos dicho, de igual modo la Biblia provee tres


fuentes de conocimiento divino. La primera corresponde a la existencia del orden natural
(Rom. 1.20). La segunda refiere a un orden moral en la conciencia (Ro 2.14-16). Y la
11
(Clark, 2018, pág. 26.)
12
McDowell & McDowell , 2014, pág. 13.

34
última corresponde a la persona de Jesucristo, quien reveló claramente a Dios (Jn. 1.18) y
que con su resurrección demostró ser Hijo de Dios (Rom. 1:4). Y la teología natural se
centra en las dos primeras, y ciertamente –de algún modo– en la última también.

Por otro lado, se debe reconocer que hubo un avivamiento en los ambientes
académicos en cuanto a la cuestión de Dios. La teología natural que fue muy popular en la
edad media13 está volviendo a ser de interés para los pensadores actuales. 14 Esto se debe no
solo a aspectos filosóficos, sino a los más recientes avances de la ciencia moderna. La
suma de todos estos descubrimientos –dicen los entendidos– podrían acercar a cualquiera a
lo que la Biblia siempre mantuvo desde hace siglos. Como dice Mark Clark: “Entonces,
¿hay evidencias de su existencia? La ciencia moderna y la filosofía dicen
abrumadoramente que sí”.15 Después de todo, si Dios es dueño y Señor de la mente
humana, el razonamiento lógico y la creación, ¿por qué no deberíamos esperar que la
filosofía y la ciencia nos hablen de Él? Si la filosofía nos ayuda a pensar y razonar
adecuadamente y la ciencia nos ayuda a estudiar el cosmos [universo], entonces sería
correcto pensar que ambos son caminos que nos pueden proporcionar conocimiento de
Dios mediante su revelación natural.

Solo pensemos por un momento en el caso de quien alguna vez fue uno de los más
grandes ateos del ámbito intelectual. El filósofo de Oxford Antony Flew no solo fue ateo,
sino un defensor del ateísmo [apologista ateo], camino por donde militó durante más de
medio siglo, pero que finalmente terminó abrazando la creencia en Dios luego de indagar
lo que enseña la filosofía y la ciencia moderna.16 Aunque no fue un hombre que abrazó
precisamente la fe cristiana, sino que permaneció en el deísmo, 17 Felw tuvo que admitir
que tanto la ciencia como la filosofía fueron suficientes para abandonar su ateísmo y
responder a la evidencia disponible a favor de Dios. Este testimonio nos sirve como
ejemplo de que, si se tienen ojos para ver, una mente abierta y un corazón humilde, el
camino a la evidencia nos acercará a Dios más que alejarnos de Él.

Nuestro desafío de mostrar a Dios

13
(Plantinga, Dios, la libertad y el mal, 2020, pág. 85.)
14
(Craig & Moreland, Fundamentos Filosóficos para una cosmovisión Cristiana, 2018, pág. 554.)
15
(Clark, 2018, pág. 44.)
16
Ver el caso de Antony Flew en su libro “Dios existe”.
17
Perspectiva que sostiene la existencia de un Dios creador, pero que no se relaciona con el mundo.

35
El filósofo Alvin Plantinga, quien es visto como uno de los mejores y más famosos
filósofos cristianos, dice que “El mundo intelectual occidental contemporáneo es un campo
de batalla o un ruedo en el cual ruge una lucha por las almas de los hombres”. 18 El Dr.
Craig también nos dice que nuestra generación actual es testigo de “una poderosa lucha por
la conquista de la mente y el alma” de las personas, y los cristianos no deberían ser
“indiferentes a ella”.19 ¡Plantinga y Craig tienen razón! Los cristianos no podemos ignorar
esta batalla en busca de otros frentes, sino afrontarlas y dar testimonio de nuestro Dios
también en esa atmosfera.

Y no debemos desanimarnos, después de todo, hemos visto que la creencia en Dios


no es cosa de ignorantes, mentes anticuadas y retrógradas, sino todo lo contrario. Podemos
testificar de la existencia de Dios de muchas maneras. De hecho, según Plantinga, existen
por lo menos “dos o tres docenas” de argumentos favorables a la existencia de Dios. 20 Sin
embargo, es verdad que –así como nos recuerda Tim Keller y Plantinga– quizás estos
argumentos no podrán convencer con absoluta seguridad a todo el mundo, pero el peso que
provoca su rigor puede llegar a ser realmente formidable y suficiente para cualquier
buscador sincero.21

Ahora bien, ¿cuáles son estos argumentos? Obviamente, por razones obvias de
logística no podremos hablar apropiadamente de todos los argumentos a favor de la
existencia de Dios. No obstante, podemos presentar algunos de los más conocidos y
eficaces, que frecuentemente han sido temas de discusión de los grandes pensadores de la
historia. Algunos filósofos han hablado de que existen grupos o clases de argumentos que
señalan a Dios. A continuación, citamos tres grandes grupos de los que desarrollaremos:

 Argumento cosmológico: Este argumento apunta a la realidad del universo y


propone que Dios es la mejor explicación de su existencia. Es decir, en cuanto al
universo que existe, Dios es su causa, su creador, su mejor explicación.

 Argumento teleológico: A diferencia del argumento cosmológico, este argumento


avanza un poco más allá de la existencia del universo centrándose específicamente
en su particularidad. Es decir, el universo no solo existe, sino que en él se percibe
orden, diseño, propósito; aspectos que solamente pueden ser coherentemente
explicados a partir de un gran diseñador.
18
(Plantinga, The Twin Pillars of Christian Scholarship [Las Columnas Gemelas de la Erudición], 1990)
19
Cf. (Craig, Fe Razonable, 2008, pág. 99.): Es verdad que Craig enfatiza la situación a Estados Unidos, pero
nada nos impide aplicar esta afirmación a nuestro contexto.
20
Esto es comentado en (Keller, ¿Es razonable creer en Dios?, 2017, pág. 142.)
21
Ibíd.

36
 Argumento antropológico: Como su nombre lo indica, esta explicación abandona
el universo observable por los humanos para centrarse precisamente en ellos. El ser
humano es alguien con personalidad, consciencia, que tiene capacidad de razonar
con lógica y coherencia, que además intuye moralidad. ¿De dónde proviene todo
esto? Pues, como veremos, la mejor explicación de esta singularidad humana
también se encuentra en Dios.

37
La evidencia del universo
Si Pablo nos dice en Romanos 1 que Dios puede ser conocido por medio de las
cosas que Él creó, entonces deberíamos esperar que la simple existencia del universo
exhiba señales de su creador. De hecho, todo argumento que toma la existencia del
universo como punto de partida es conocido como uno más del argumento cosmológico
[cosmos significa universo]. El Dr. Craig, que precisamente es un gran defensor de este
tipo de argumentos, dice que el argumento cosmológico comprende una gran familia de
argumentos de este tipo.22

Podríamos iniciar diciendo que este argumento es tan antiguo como el


razonamiento mismo, pues para cada civilización, la naturaleza siempre exhibió algún tipo
de indicio que los conectaban con la divinidad o con alguna realidad trascendente. Para
algunos pensadores griegos –como Platón 427–347 a.C. y Aristóteles 384–322 a.C. por
ejemplo– el universo exhibe fuertes indicios capaces de llevar a los hombres a creer en los
dioses. Tanto como para los pensadores primitivos como para muchos filósofos
emblemáticos, creer en Dios debido a la simple existencia del universo era cuestión de
sentido común. Incluso cualquier persona razonable, según su experiencia, no le será difícil
percibir que la existencia del universo debería deberse a algo más que él mismo, y es
justamente por eso que este argumento suele iniciar con las preguntas básicas: ¿Por qué
existe algo en lugar de nada? ¿El universo comenzó a existir? Si el universo comenzó a
existir, ¿cuál fue su causa?.23

La ley de la causalidad
Como notarán, el fuerte del argumento cosmológico se trata de la causalidad,
específicamente de la causa del universo, el cual debería ser Dios. Norman Geisler dice
que “la idea básica de este argumento es que, así como hay un universo, este debió ser
causado por algo más allá de él mismo. Esto se basa en la ley de la causalidad, la cual dice
que todo objeto finito es causado por otro diferente a él”. 24 Por lo tanto, el argumento
cosmológico se trata del argumento del “comienzo del universo” 25 y en el “principio de
causalidad”, el cual se encuentra en el centro mismo de dicho argumento.
22
(Craig, Fe Razonable, 2008, pág. 100.)
23
Ibíd., págs. 115-116.
24
(Geisler & Brooks, Apologética: Herramientas valiosas para la defensa de la fe [Originalmente bajo el
nombre "Cuando los escépticos pregunten", 1997, pág. 18.)
25
(Geisler & Turek, No basta mi fe para ser ateo, 2019, pág. 87.)

38
El principio de causalidad es sencillamente el resultado de la relación de causa y
efecto. Como todos sabrán, “toda causa tiene un efecto y todo efecto requiere una causa”.
Y esto no debería ser complejo y escandaloso, sino que dicho principio es algo básico para
toda ciencia. El teólogo y apologista R. C. Sproul dice que este principio es muy
importante para la fe cristiana a la hora de argumentar a favor de Dios, puesto que
“razonando a partir de la aparición de este mundo [como un gran efecto] hasta hallar una
causa adecuada o suficiente, tanto los cristianos como personas de otras creencias
religiosas procuran mostrar la gran plausibilidad de que la primera causa es Dios”.
Aristóteles argumentaba que la existencia de un ser supremo era necesaria simplemente
debido a que los acontecimientos exigen una causa, y es necesaria que haya una (primera)
causa no causada para que el mundo tenga sentido. 26 En otras palabras, a final de cuentas,
el principio de causalidad es un poderoso argumento a favor de Dios.

Principio de causalidad bajo ataque

Obviamente, un argumento a favor de Dios tan fuerte como este no podría librarse
de detractores, sino que históricamente el principio de causalidad tuvo que soportar varios
ataques “filosóficos”. Tomemos como ejemplo el testimonio del emblemático ateo
Bertrand Russell (1872–1970), quien en su libro “Por qué no soy cristiano” 27 comenta que
siempre se sintió profundamente impresionado con el argumento de la existencia de Dios a
partir de la ley de causalidad, hasta que se topó con los escritos de un filósofo llamado
John Stuart Mill (1806–1873). Según el razonamiento de Mill, la naturaleza debería poseer
en sí misma un elemento permanente de no causalidad: “en lo que respecta a cualquier
cosa que pueda concluirse de la experiencia humana, la fuerza tiene todos los atributos de
una cosa eterna y no creada”.28 Fue precisamente esa creencia que llevó a Mill a afirmar
también que: “Si todo tiene que tener una causa, entonces Dios tiene que tener una
causa”.29

Según comenta Russell, cuando leyó esta formulación filosófica a la edad de 17


años sintió haber tenido una especie de revelación: Llegó a la conclusión de que la ley de
la causalidad de la que hablan los cristianos era incapaz de llevar a Dios como primera
causa, sino solo mostrar una serie infinita de causas que al final no aportan nada. Para
26
(Sproul, Cómo defender su fe, 2003, pág. 50.)
27
(Russell, 1957)
28
(Mill, pág. 147.)
29
John Stuart Mill citado en Russell, 1957, pág. 4

39
Russell, por lo tanto, defender la existencia de Dios sobre la base de la causalidad es
cometer una enorme falacia.30

Sin embargo, a veces los grandes filósofos como Russell y Mill también son presas
de grandes torpezas (aunque suene duro). Si observamos con atención, Mill comete un
error clave y desafortunadamente Russell también cayó en el mismo hoyo. El error de
ambos consiste en dar una definición errada de lo que el principio de causalidad es. Ambos
asumieron que el principio de casualidad dice que “todo tiene que tener una causa”. Si esa
fuera la definición correcta, entonces por supuesto que tanto Mill como Russell estarían en
lo correcto en cuanto a su crítica. Pero la ley de la causalidad no dice que absolutamente
todo tiene una causa, sino solamente que los “efectos” requieren de causalidad. Por
ejemplo, si hablamos de Dios –que por definición es un ser eterno, autoexistente, sin
principio ni fin– entonces el principio de causalidad no podría ser aplicado a Él. Dios no es
el efecto de algo, por lo tanto, no requiere de una causa. Dios es independiente en cuanto a
su existencia.

Principio de Causalidad:

Todas las cosas tienen una causa.

Todo efecto tiene una causa.

Por eso se debe enfatizar que la causalidad es el principio que establece que “todo
efecto (por definición) debe tener una causa”. No nos dice que todo tiene una causa, sino
solo aquellas que son el “efecto” de algo. Cuando pensamos en algo que es un efecto,
entonces inmediatamente debemos pensar en una causa; y cuando pensamos en una causa,
inmediatamente buscamos su efecto. Por eso, como dice Sproul, “una causa no puede ser
una causa sin un efecto. De modo que todas las causas tienen efectos y todos los efectos
tienen causa”. Entonces la cuestión en la discusión se trata, en realidad, de identificar si el
universo en particular puede definirse como un “gran efecto” o no. 31 Si lo fuera, entonces
su necesaria causa sería innegable. Lo interesante del asunto es que ningún ateo, por más
de que se esfuerce, será capaz de encontrar algo dentro del universo que exista por sí
mismo. Quizá deje la pregunta abierta diciendo que “posiblemente” haya algo, pero eso lo
acerca más a la mera fe que a la evidencia. El Dr. Sproul concluye diciendo que “la
definición mal interpretada de la ley de la causalidad (“todo tiene que tener una causa” en

30
Ibíd., págs. 3-4, comentado también en (Sproul, Cómo defender su fe, 2003, pág. 51.)
31
Cf. Sproul, Cómo defender su fe, 2003, pág. 52.

40
lugar de la correcta: “Todo efecto tiene que tener una causa”) es solo una razón de por qué
tanta duda se ha amontonado contra esa ley.32

Otro popular objetor del principio de causalidad fue el famoso filósofo escocés
David Hume (1711–1776). Si por alguna razón llegas a discutir sobre este punto con un
ateo o escéptico un poco más sofisticado, posiblemente te hable de esta crítica, puesto que
Hume es usualmente citado como aquel que “destruyó” el principio de causalidad. Pero si
se leyera con atención la supuesta crítica de Hume, se entendería que no solo no destruyó
el principio de causalidad, sino que ni siquiera fue su intención hacerlo, cosa que él mismo
admite. Por eso Sproul nos dice que muchos, “cuyos deseos ateístas han sido demostrar
que Dios no existe, usan la crítica de Hume (erróneamente) para probar su caso. Contrario
a la opinión popular, sin embargo, Hume no destruyó la ley de causalidad”.33

Entonces, ¿qué fue lo que dijo Hume? Según él, no podemos simplificar las cosas y
hablar de una mera causa y efecto, sino que en el mundo existen muchos sucesos que no
percibimos con nuestros sentidos, y dada esta ignorancia no podemos hacemos conjeturas
con respecto a los hechos que vemos. Por ejemplo, 34 si un jugador de villar se dispone a
golpear la bola blanca para meter otra bola en el hoyo, entonces “el brazo del jugador se
balancea, golpea la bola con el taco impartiendo presumiblemente la fuerza necesaria para
poner la bola en movimiento, y esta bola en movimiento –según la precisión del jugador–
se mueve sobre la mesa para golpear otra con una fuerza distinta para, finalmente, meter la
bola seleccionada en el hoyo. Desde la perspectiva del jugador, obviamente él es la causa
de que la bola final haya ingresado al hoyo, pero Hume diría que no solo podemos hablar
del jugador, sino que existen muchos acontecimientos físicos que no podemos notar. Lo
que en realidad vemos –argumenta Hume– es una simple relación “contigua”, o bien, solo
sucesos que ocurren en secuencia uno tras otro. Por lo tanto, todas las referencias a la
causalidad o “primeras causas” no son más que meras conjeturas basadas en nuestras
observaciones de cómo las cosas habitualmente se relacionan.

Ahora bien, si leen con atención la sugerencia de Hume, él no está negando el


hecho de que exista una causa, sino que está negando el hecho de que seamos capaces de
percibir dicha causa. La cuestión de Hume consiste en que verdaderamente no podemos
conocer la causalidad mediante la razón o los sentidos, y dada esta ignorancia, no podemos
32
Ibíd., pág. 53.
33
Ibíd., pág. 56.
34
Este ejemplo está basado en el ejemplo provisto por el propio David Hume en (Hume, 1977, pág. 18.)

41
saber la causa real de cualquier cosa. Sin embargo, reiteramos, esto es muy distinto a decir
que no existe el principio de causalidad. Sproul dice que, a lo sumo, de Hume podemos
aprender que –en ocasiones– nuestra percepción sensorial es limitada, y debido a eso
somos incapaces de conocer la causa real de ciertas cosas. Por lo tanto, cada persona puede
estar convencida de que el principio de causalidad sigue estando vigente, ya que por su
misma definición es correcta, puesto que si de algún modo podemos reconocer un suceso
como un “efecto”, entonces podemos estar seguros de que dicho suceso ha sido causado
por algo diferente de sí mismo.35

Ahora bien, ¿será que Hume negaba completamente la existencia de las causas?
Pues, por más escéptico que Hume parezca, al final era incapaz de negar el principio de
causalidad. De hecho, en una carta llegó a escribir: “Nunca afirmé una propuesta tan
absurda como que algo podría surgir sin causa”.36 ¡Por supuesto que es absurda! ¡Es
sencillamente imposible negar el principio de causalidad! ¡Persistir en negarlo es persistir
en negar la racionalidad misma! La “causalidad” es un principio fundamental incluso para
la ciencia más básica, por lo tanto, negar dicho principio echaría por la borda incluso al
conocimiento científico fundamental. Francis Bacon, quien es padre de la ciencia moderna,
dijo: “El verdadero conocimiento es el conocimiento por causas”. 37 Es decir, la ciencia es
una búsqueda de causas; puesto que cuando un científico hace ciencia –en realidad– están
buscando conocer o descubrir “qué causó qué”.38

El Dr. Sproul dice que el principio de la causalidad no solo es de vital importancia


para las ciencias naturales, sino también para la adquisición de cualquier tipo de
conocimiento, y es precisamente por eso que esta ley racional ha sido asumida por todo el
mundo desde el comienzo de la existencia humana. 39 El simple hecho de que el ser humano
haga preguntas básicas (como “qué”, “por qué”, “cómo”) asume que este principio es
fundamentalmente intuitivo. Se encuentra impregnado en el pensamiento más básico. Solo
piense en esto por un momento: Incluso los procesos comunes que llevan a las personas a
pensar y razonar están cargados de esta ley. El mismo proceso de pensamiento racional
requiere que reunamos pensamientos (causas) que resultan en conclusiones (efectos).

35
(Sproul, Cómo defender su fe, 2003, págs. 58-59.)
36
David Hume, en J. Y. T. Greig, ed., The Letters of David Hume [Las cartas de David Hume], 2 vols.
(Nueva York: Garland, 1983), 1:187.
37
Francis Bacon, The New Organon [Novum organum o indicaciones relativas a la interpretación de la
naturaleza] (1620; reimpreso, Indianapolis: Bobbs Merrill, 1960), p. 121.
38
(Geisler & Turek, No basta mi fe para ser ateo, 2019, pág. 87.)
39
(Sproul, Cómo defender su fe, 2003, pág. 49.)

42
Entonces, si alguien alguna vez te dice que no cree en la ley de causalidad, simplemente
pregúntale: “¿Qué te llevó a llegar a esa conclusión?”. 40 Obviamente no dirá que solo lo
cree por creer, sino que inmediatamente avalará este principio a medida que intentará
responderte.

¿Un universo “causado”?


Entonces, ¿qué pasa si aplicamos el principio de causalidad a la existencia del
universo? Si el universo es un “gran efecto”, entonces pensar en una causa para su
existencia debería ser algo de sentido común. Obviamente, pensadores como Bertrand
Russell, John Stuart Mill, David Hume y otros dirían que el universo no necesita de una
causa ya que él no es el efecto de algo. Pero, ¿y si es un efecto? Sencillamente pensar en la
causa del mismo sería algo inevitable.

Para empezar, debemos entender que los pensadores y eruditos en el tema suelen
usar un término para referirse a la naturaleza del universo. El término es “contingencia”.
En pocas palabras, la contingencia indica que un suceso puede ser o no ser, ocurrir o no
ocurrir, existir o no existir, etc. Por ejemplo, tu misma existencia es resultado de sucesos
contingentes, pues tus padres pudieron haber decidido no tener un bebé, o bien, no haberse
conocido. En tal caso, no hubieras existido. Por lo tanto, usted es un ser contingente que
requirió de alguna razón, explicación o causa para su existencia. Eso es algo básico.

Ahora bien, cuando decimos que el cosmos es contingente solo estamos aplicando
ese mismo principio a la totalidad de absolutamente todo cuanto existe dentro de este lugar
llamado universo. De manera que, si se confirma que el universo es contingente, entonces,
así como tu existencia requirió de una razón o causa según nuestro ejemplo, así también el
universo total requiere de la misma explicación. Por lo tanto, debemos preguntarnos, ¿es el
universo contingente? ¿El universo requiere de una explicación o causa externa a él?

Obviamente, este asunto es crítico para todo aquel que no desee toparse con Dios,
pues admitir la contingencia del universo sería caer en la trampa de la ley de causalidad.
Por eso, muchos ateos optaron por creer en un universo que sencillamente no requiere de
una explicación para su existencia. Ellos prefieren creer que no hay un Dios eterno tras
nuestra existencia, sino solo un universo eterno ante nosotros. Por eso –insistirán ellos–
“uno no necesita a Dios para crear el universo; ese algo eterno que no depende de nada es
40
(Geisler & Turek, No basta mi fe para ser ateo, 2019, pág. 88.)

43
el universo mismo”.41 El citado ateo y matemático, Bertrand Russell, dijo mientras
discutía: “El universo solo está ahí, y eso es todo”. 42 Carl Sagan también dijo : “El cosmos
es todo lo que es, fue alguna vez, o será”. 43 ¡Por supuesto! Si el universo es eterno y es
todo lo que alguna vez existió, entonces la ley de la causalidad quedaría sin efecto.

Sin embargo, ¿hay razones legítimas para pensar que el universo no es contingente
y, por lo tanto, no necesita de causas externas para existir? Creemos que no, no solo porque
la Biblia dice lo contrario, sino porque existen muchas evidencias que señalan a un
universo como un “gran efecto”. Y esto nos lleva a nuestra siguiente evidencia.

El universo “comenzó” a existir


La idea de un universo que fue creado es algo fundamental para la fe cristiana. El
primer capítulo de la Biblia dice textualmente que en el principio “Dios creó los cielos y la
tierra”. Los teólogos dicen que Dios creó todas las cosas ex–nihilo [desde la nada], y esta
creencia constituye un tema central dentro de la fe cristiana. Todo debe su origen y su
identidad última a la acción creadora de Dios.44

Esta no es una mera conjetura teológica, sino que es lo que la Biblia revela con
claridad. En Juan 1:3 leemos que “todas las cosas fueron hechas por medio de Él, y sin Él
nada lo que ha sido hecho, fue hecho” (LBLA). En Hebreos 11:3 también dice que “el
universo fue formado por la palabra de Dios, de modo que lo visible no provino de lo que
se ve” (NVI). Respecto a Hebreos 11:3 y Romanos 4:17, los eruditos aseguran que allí se
enseña “explícitamente” una creación de la nada. 45 Por lo tanto, con una lectura correcta, es
evidente que la Biblia supone que el universo no puede ser eterno, sino que debió tener un
comienzo absoluto a partir de la libre creación de Dios.

Esta verdad es innegociable, puesto que afirmar un universo eterno e increado


implicaría, no solo negar lo que la Biblia dice, sino también comprometer atributos
fundamentales de Dios como el de llevar el nombre “Creador”, ser el único autoexistente y
el libre creador de todas las cosas. Sin embargo, lo desafortunado del asunto es que, a
41
(Clark, 2018, pág. 55.)
42
(Russell & Copleston, The Existence of God [La existencia de Dios], 1964, pág. 175.)
43
(Sagan, Cosmos, 1980, pág. 1.)
44
Dicho enfáticamente en (McGrath, Mera apologética: Ayudando a interesados y escépticos a encontrar la
fe, 2020, pág. 102.)
45
Así lo dijo Jaroslav Pelikan en Creation and Causality in the History of Christian Thought, en Evolution
after Darwin, vol. 3, ed. Sol Tax and Charles Callender, p. 34. También enfatizado por el Dr. William L.
Craig en (Copan & Craig, 2019, pág. 78.)

44
través de los siglos, la idea de un universo ex–nihilo ha sido muy difícil de sostener por los
cristianos. Incluso Tomás de Aquino llegó a sugerir que la única forma de defender un
universo con principio absoluto solo podría darse mediante la revelación especial, la
Biblia.46 Estas dificultades se debían, quizás, a que el pensamiento predominante de la
época acordaba que el universo era eterno.

La filosofía antigua y el pensamiento ateo convencional acordaban un universo


eterno, por lo tanto, el tal no debería ser una creación. El Dr. Craig dice que “desde la
antigüedad hasta el siglo veinte, la doctrina bíblica de que el universo tiene un origen ha
sido repudiada tanto por la filosofía griega como por el ateísmo moderno. A pesar de esto,
la Iglesia se ha mantenido firme en su afirmación de la creación temporal del universo a
partir de la nada”.47 Y esto es curioso, puesto que si la creencia judeocristiana hubiera
deseado sencillamente ser “aceptada”, lo conveniente hubiera sido ajustarse al statu quo de
la época. Sin embargo, ese no es el caso. La fe cristina es singular respecto a su perspectiva
del origen del universo independientemente de lo que haya dicho la mayoría. ¡Es su
convicción porque tiene el fin de ser verdad y no sencillamente ser aceptada!

La ciencia cambia de opinión

En 1948 se llevó a cabo un debate sobre la existencia de Dios entre los destacados
filósofos Bertrand Russell y el cristiano Frederick C. Coplestone. Desafortunadamente la
perspectiva de Russell en cuanto a un universo eterno que no precisaba de un creador era
apoyada por el consenso científico de la época; por lo cual, Russell creía que dicho
consenso era más que suficiente para poner fin a todo el debate sobre Dios. Al menos en
ese punto, Russell parecía haber ganado.48

Los filósofos griegos –en particular Aristóteles– enseñaban acerca de la eternidad


del universo, y esta visión fue dominante en la comunidad científica posterior, ya que su
perspectiva fue aceptada por los estudiosos de la cosmología hasta el siglo XX. Por
consiguiente, la afirmación de una “creación” no era más que un lenguaje religioso, que se
consideraba un disparate mitológico incompatible con el conocimiento científico de la
vanguardia. La “verdad” que ellos creían consistía en que el universo siempre se ha

46
(Copan & Craig, 2019, pág. 8.)
47
William L. Craig en “¿Quién creó a Dios?”, pág. 66.
48
(McGrath, Mera apologética: Ayudando a interesados y escépticos a encontrar la fe, 2020, págs. 102-103.)

45
encontrado fijo e inmutable y una opinión opuesta a esto era sencillamente inconcebible. 49
No obstante, sin que nadie lo esperara ni deseara, esta visión empezó a entrar en crisis con
los cálculos iniciales del gran Albert Einstein.50

Corría el año 1916 y al propio Einstein no le gustaba hacia dónde lo conducían sus
cálculos. Si su famosa “teoría de la relatividad” era cierta, entonces significaba que el
universo no era eterno como él mismo sostenía en ese entonces, sino que tenía un
comienzo absoluto. En sus mismos descubrimientos, Einstein notaba que su creencia en un
universo eterno y estático se iba desmoronando de tal modo que llegó a describir su
descubrimiento como un hecho “irritante”. Aunque él prefería que el universo existiera por
sí mismo sin depender de alguna causa externa a él, lo que en realidad notaba era que este
parecía ser un “gran efecto” de algo más. 51 Einstein procuró tapar la evidencia mientras
podía con algún que otro agregado, pero habían más hallazgos por venir. Se acercaba lo
inevitable.

Más tarde, en 1919, un cosmólogo británico llamado Sir Arthur Eddington realizó
un experimento similar y confirmó que los cálculos de Einstein tienen que ser correctos, el
universo tuvo un comienzo. Sin embargo, así como Einstein, Eddington demostraba no
estar contento con lo que eso significaba. Eddington dijo: “Filosóficamente, la noción de
un comienzo del orden presente de la naturaleza me repugna… Me gustaría encontrar una
laguna genuina”.52 Eddington, pese a su paradigma, también llegó a decir: “Me siento
indignado de que alguien pueda creer en él, excepto yo mismo”. Y finalmente tuvo que
admitir que el universo no pudo haber tenido una causa natural, sino que dicha causa se
encontraba más allá.53

Hasta el momento, todas se trataban de predicciones y teorías científicas. Sin


embargo, en 1927 la idea de un universo con comienzo cobró fuerza y pasó de ser una
fuerte teoría a algo más observable. En ese año, el astrónomo Edwin Hubble miró a través
de un telescopio de dos metros y medio y notó que las galaxias lejanas que podía observar
adquirían un “cambio rojo” en la luz que emitían, lo cual significaba que esas galaxias se
estaban alejando de nosotros, así como los puntos pintados en un globo se alejan unos de
49
Gregory L. Naber, Spacetime and Singularities: an Introduction [Espacio-tiempo y singularidad: una
introducción], págs. 126-127.
50
(Núñez, 2020, pág. 55.)
51
(Geisler & Turek, No basta mi fe para ser ateo, 2019, pág. 85.)
52
Citado en Hugh Ross, The Creator and the Cosmos [El Creador y el cosmos], (Colorado Springs:
NavPress, 1995), p. 57.
53
Citado por William L. Craig en “¿Quién creó a Dios?”, pág. 67.

46
otros a medida que es inflado. En otras palabras, el descubrimiento del “corrimiento rojo”
de Hubble demostraba que las galaxias observables se alejaban de la tierra y, por lo tanto,
el universo se estaba expandiendo. Otros científicos deducían que las galaxias se están
alejando porque una vez fueron lanzadas por una enorme explosión. De hecho, al medir la
velocidad y la distancia del alejamiento mutuo de las galaxias, Hubble pudo deducir que lo
que más tarde sería una confirmación cosmológica: “todas las galaxias, estrellas, planetas,
energía y materia tuvieron un punto de origen en común […] cuando toda la masa del
universo estuvo comprimida hasta un tamaño más pequeño que un átomo. Nuestro
universo –descubrió él, llegó a existir mediante una sola explosión cósmica –el Big
Bang”.54

“Hubble notó que planetas y galaxias enteras se estaban alejado


mutuamente a velocidades fantásticas. Es más, el espacio mismo parecía
estar agrandándose. El universo no se estaba expandiendo dentro de un
espacio […] Increíblemente, el espacio mismo se estaba expandiendo junto
con el universo. Los científicos se dieron cuenta inmediatamente de que las
galaxias no estaban apartándose a toda velocidad debido a alguna fuerza
misteriosa que las empujaba para que se alejasen entre sí. En cambio, se
estaban apartado porque una vez fueron lanzadas por una explosión
primigenia.”55

Esta gran explosión, comúnmente conocido como Big Bang, sostiene que todo
espacio, materia, energía, hasta el tiempo mismo, empezaron a existir en un punto en el
pasado. Esto es importante entender, ya que la gente a menudo piensa que la cosmología
del Big Bang dice que hace mucho tiempo todo esto empezó a expandirse a partir de
tiempo y espacio prexistentes.56 ¡No! Sin el Big Bang, no había nada. A partir del Big
Bang, todo se ha estado expandiendo, incluso el espacio mismo. El Dr. Craig lo aclara
bien: “No existía nada antes de la singularidad, porque está en los límites del especia físico
y del tiempo”.57 Pero el punto es el siguiente, un universo que se ha estado expandiendo
necesariamente debió iniciar en algún punto del pasado distante. 58 Como dice Rice
Broocks, “si ponemos en reversa el universo observado en expansión, todo volvería a su
punto de inicio (un volumen infinitamente pequeño)”.59

54
(Clark, 2018, pág. 56.)
55
Dinesh D´Souza, What´s So Great Christianity, pp. 117-118. Y en español (D'Souza, 2009).
56
(Craig, On Guard: Defending Your Faith with Rason and Precision, 2010, pág. 88.)
57
William L. Criag en “¿Quién creó a Dios?”, pág. 67.
58
Geisler & Turek, 2019, pág. 86.
59
(Broocks, 2014, pág. 72.)

47
En 1929, el mismo Einstein observó a través del telescopio de Hubble y notó que la
evidencia observacional ya era irrefutable. 60 Obviamente, Einstein no pudo seguir
sosteniendo su idea de un universo eterno y estático ya que fue completamente aplastada
por el peso de la evidencia observacional. Entonces, en humildad, describió sus cálculos
anteriores como “el mayor error de mi vida”. Y aunque Einstein parecía ser un panteísta (el
universo es dios), a veces sonaba como teísta cuando decía que quería “saber cómo Dios
creó el mundo”.61 Para él, esa era la pieza del rompecabezas que faltaba dentro de su gran
descubrimiento.

Pero no todo quedaría en la evidencia observacional de Hubble, sino que había más
descubrimientos confirmatorios por venir: Las predicciones junto con los descubrimientos
del momento afirmaban que el universo comenzó a existir a partir de una singular
explosión cuando inicialmente no había nada. Como dice el apologista Frank Turek: “En
otras palabras, una vez que no había nada, y luego, BANG, había algo: ¡el universo entero
explotó hacia la existencia! Esto, por supuesto, es lo que comúnmente se llama Big
Bang”.62 Sobre esta explosión, en el año 1948 algunos científicos 63 postularon que, si el
universo comenzó a existir en una especie de explosión singular, entonces debería haber
rastros de dicha explosión. Casi 20 años más tarde, en 1964, dos astrónomos
llamados Arno Penzias y Robert Wilson, se encontraban probando una vieja antena que
antes se usaba como receptor satelital, hasta que empezaron a detectar una extraña
radiación. Inicialmente pensaron que se trataba de excrementos de pájaros depositados en
la antena al anidar las palomas, pero por más de que limpiaban el lugar la extraña radiación
seguía allí, y no solo eso, sino que provenía de todas las direcciones del cielo. Lo que
Penzias y Wilson no sabían hasta ese momento es que, sin buscarlo, estaban detectando el
resplandor de la explosión del Big Bang.

“Conocido técnicamente como la radiación de fondo cósmica, este


resplandor es en realidad la luz y el calor de la explosión inicial. Esta luz ya
no es visible porque su longitud de onda ha sido estirada por el universo en
expansión a longitudes de onda ligeramente más cortas que las producidas
por un horno de microondas. Pero el calor aún se puede detectar.”64

Este rastro de explosión tiene mucho que señalar. El apologista Norman Geisler
dice que “otra prueba del Big Bang es que todavía podemos encontrar radiación de esa
60
Geisler & Turek, 2019, pag. 86.
61
Citado en Show me God [Muéstrame a Dios], (Wheeling, III.: Daystar, 2000), 135.
62
Frank Turek en (Geisler & Turek, No basta mi fe para ser ateo, 2019, pág. 92.)
63
Se trata de los físicos George Gamow, Ralph Alpher, y Robert Herman.
64
(Geisler & Turek, No basta mi fe para ser ateo, 2019, pág. 95.)

48
exposición y ver el movimiento que ha causado. 65 Y fue con esta radiación que Penzias y
Wilson tropezaron accidentalmente. El descubrimiento de ambos astrónomos fue tan
extraordinario que les hizo compartir el Premio Nobel de Física en 1978. Pero lo
importante de este asunto es que esta prueba volvía aún más irrefutable la idea de que el
universo comenzó a existir. Como lo expresa el astrónomo Jastrow:

“No se ha encontrado otra explicación que no sea el Big Bang para


la radiación de bola de fuego. El factor decisivo, que ha convencido casi al
último escéptico, es que la radiación descubierta por Penzias y Wilson tiene
exactamente el patrón de longitudes de onda esperado para la luz y el calor
producidos en una gran explosión. Los partidarios de la teoría del estado
estacionario han tratado desesperadamente de encontrar una explicación
alternativa, pero han fallado. En la actualidad, la teoría del Big Bang no tiene
competencia.”66

A medida que los años pasaban, un universo con comienzo se volvía cada vez más
y más inevitable. En 2003, los científicos Arvin Borde, Alan Guth y Alexander Vilenkin
pudieron demostrar que un universo que se ha estado expandiendo no puede ser eterno en
el pasado, sino que debió tener un comienzo absoluto. Muchos han intentado proveer
teorías alternas para escapar de un universo con comienzo, pero todos fallaban. Vilenkin
concluyo: “Ninguno de estos escenarios puede ser eterno”. “Toda la evidencia que tenemos
dice que el universo tuvo un comienzo”.67

Línea de tiempo de un universo con comienzo:

Albert Einstein En 1916, las ecuaciones, sus ecuaciones


predecían un universo con cominezo
absoluto.

Georges Lemaître En 1927, se trabaja sobre las ecuaciones de


Einstein. Como resultado, en 1933, se
propone la teoría de la Gran Explosión
(Big Bang).

Edwin Hubble En 1929, Hubble observa el “corrimiento


rojo”, lo cual señala un universo en
expansión.
65
(Geisler & Brooks, Apologética: Herramientas valiosas para la defensa de la fe [Originalmente bajo el
nombre "Cuando los escépticos pregunten", 1997, pág. 19.)
66
(Jastrow, God and the Astronomers [Dios y los astrónomos], 1992, págs. 15-16.)
67
Craig & Moreland, Fundamentos Filosóficos para una cosmovisión Cristiana, 2018, págs. 567-568.

49
George Gamow En 1948, los científicos dice que si hubo
una “explosión”, entonces debería haber
rastros o residuos en forma de radiación.

Arno Penzias y Robert Wilson En 1965, se detecta dicha radiación.

George Smoot y el equipo explorador. En 1992, el satélite mostró cómo se


formaron las galaxias a partir de unos
cúmulos posteriores a la explosión.

Arvin Borde, Alan Guth y Alexander En 2003, los científicos asumieron que un
Vilenkin universo en expansión, no puede ser eterno
en el pasado.

Las investigaciones continúan… Las investigaciones continúan. Algunos se


esfuerzan por encontrar explicaciones
alternas, pero la ciencia sigue confirmando
lo inevitable: el universo comenzó a
existir.

Dios y el Big Bang

Por supuesto, a ningún escéptico o ateo le conviene creer en un universo que cuenta
con un origen, porque precisamente esa idea es la que ha llevado a muchos a encontrarse
con Dios como el causante de dicho origen. Es entendible que constantemente estén
huyendo de esta idea. Pero lo curioso del asunto es que algunos ateos que se esconden de
un universo con comienzo para no toparse con Dios insisten en que no creen en la
“creación”, pero que sí creen el Big Bang. Si en algún momento tuviste o llegas a tener la
experiencia de escuchar esto, usted puede estar convencido de que el amigo ateo no tiene
ni la más pálida idea de lo que está hablando, y a continuación le diremos por qué.

La teoría del Big Bang es el resultado de los trabajos de Einstein, los cuales
predijeron un universo con comienzo. En la década de 1920, el matemático ruso Alexander
Friedman y el astrónomo belga Georges Lemaître, basándose en los trabajos de Einstein,
pudieron formular de manera independiente un modelo que predecían un universo en

50
expansión;68 y como hemos dicho, todo eso fue confirmado varias veces mediante
observaciones. Y fue precisamente el modelo Friedman–Lemaître el que más tarde pasó a
denominarse “Big Bang”.

Ahora bien, lo curioso del asunto es que la teoría del Big Bang no simpatiza para
nada con una perspectiva atea sobre la existencia del universo, sino todo lo contrario, suena
bastante a “cristiano”. Esto no lo decimos nosotros que creemos en Dios, sino que es
admitido por quienes incluso detestan la religión. Einstein mismo llamó a su
descubrimiento un “hecho irritante”. El cosmólogo Arthur Eddington –a quien citamos
anteriormente– dijo que la idea de un universo con comienzo le “repugnaba” por lo que
parecía significar. Eddington también tuvo que admitir que un universo con principio no
puede ser producto de un suceso natural, sino parecía requerir algún tipo de explicación
“sobrenatural”:69 “El principio parece presentar dificultades insalvables a menos que
acordemos considerarlo como un evento francamente sobrenatural”. 70 También el famoso
científico ateo Stephen Hawking admitió esta incomodidad cuando decía que esta visión de
inicio absoluto “tiene pinta de intervención divina”.71

De hecho, el nombre “Big Bang” [que significa gran explosión] fue el nombre dado
en forma de “burla” por un astrónomo llamado Fred Hoyle, ya que escapaba cuanto mucho
de las creencias convencionales de un universo eterno. Para Hoyle, el pensamiento de un
universo con comienzo era ridículo, ya que era equivalente a caer en el concepto de un
Creador. Hoyle dijo:

“A primera vista, uno podría pensar que la fuerte inclinación


anticlerical de la ciencia moderna estaría en completo desacuerdo con la
religión occidental. Pero está lejos de la realidad, sin embargo. La teoría del
Big Bang requiere de un origen reciente del universo que invite abiertamente
al concepto de la creación, del cual las presuntas teorías termodinámicas del
origen de la vida en la sopa orgánica de la biología son equivalente
contemporáneo de la voz de la zarza ardiente y las tablas de Moisés.” 72

También Antony Flew, quien alguna vez fuera ateo, observó que el Big Bang
asumía un universo con comienzo absoluto, y que la primera frase del Génesis (“En el
principio, Dios creó los cielos y la tierra”) parecían tener implicancias reales. La situación
se altera todavía más para el antireligioso cuando surgía la inevitable cuestión: si el
68
(Craig & Moreland, Fundamentos Filosóficos para una cosmovisión Cristiana, 2018, pág. 566.)
69
Arthur Eddington, The Expanding Universe (New York: Macmillan, 1933), 124.
70
Arthur Eddington citado por el Dr. Craig en “¿Quién creó a Dios?”, pág. 67.
71
(Hawking, 1996, pág. 49.)
72
Sir Fred Hoyle, El universo inteligente, pág. 237.

51
universo tuvo un comienzo, ¿cuál fue su causa? Los cosmólogos modernos se sentían
inquietos debido a las implicancias teológicas del Big Bang, por consiguiente –dice Flew–
empezaron a buscar explicaciones alternas para escapar.73

Se puede afirmar con seguridad de que es evidente que el Big Bang tiene
implicaciones sobrenaturales, dado que parecen apuntar a Dios. 74 Cuando esta teoría se iba
posicionando con fuerza como un modelo predominante en las comunidades científicas,
Robert Jastrow, del Instituto Goddard de la NASA, ha observado la notable relación entre
la Escritura y la ciencia:

“Ahora vemos cómo la evidencia astronómica conduce a una visión


bíblica del origen del mundo. Los detalles difieren, pero los elementos
esenciales en los relatos astronómicos y bíblicos del Génesis son los mismo:
la cadena de eventos que conducen al hombre comenzó repentina y
gradualmente en un momento definido del tiempo, en un destello de luz y
energía.”75

Jastrow continúa diciendo:

“Para el científico que ha vivido por su fe en el poder de la razón, la


historia termina como un mal sueño. Ha escalado las montañas de la
ignorancia; está a punto de conquistar el pico más alto; mientras se detiene
en la última roca, es recibido por un grupo de teólogos que han estado
sentados allí durante siglos.”76

Obviamente, alguien podría decir que Jastrow dice esto movido por su fe, pero sus
afirmaciones resonarán todavía más cuando él mismo confiesa que no es religioso, sino
que simplemente es movido por lo que su sentido común le dice en base a las evidencias:

“Cuando un científico escribe acerca de Dios, sus colegas asumen


que está con un pie en la tumba, o es un demente. En mi caso, debe
comprenderse desde el principio que soy agnóstico en cuestiones religiosas
[…] Sin embargo, estoy fascinado con las implicaciones de algunos
desarrollos científicos de años recientes. La esencia de estos desarrollos es
que, en cierto sentido, el universo tuvo un comienzo –que comenzó en cierto
momento en el tiempo–.”77

Más evidencias para un comienzo


Cada cierto tiempo, las más prestigiosas revistas de noticias (Time, Newsweek,
etc.) publican contenidos con portadas que se preguntan acerca de cuándo comenzó el
73
Flew, 2013, pág. 119.
74
(Copan & Craig, 2019, pág. 15.)
75
Robert Jastrow, God and the Astronomers, pág. 14.
76
Ibíd., pág. 15.
77
(Jastrow, God and the Astronomers [Dios y los astrónomos], 1992, pág. 9.)

52
universo y cuándo terminará. Estas son las dos cuestiones que –aparentemente– más se
investigan en los campos de la ciencia moderna. ¿Qué quiere decir esto? Pues, quiere decir
que el hecho de un universo con un comienzo y un final ya ni siquiera está a discusión
entre los entendidos del tema. Los cierto es que existen tanto razones científicas como
filosóficas que avalan esta verdad, y que son aceptadas por la mayoría de los estudiosos.

La teoría del Big Bang motiva en gran manera al argumento cosmológico a favor de
la existencia de Dios. También debería motivar el hecho de que la mayoría de científicos
sostienen con firmeza este modelo; y por mucho que algunos se esfuercen en buscar otros
modelos que no impliquen un comienzo absoluto, dicho objetivo parece estar muy lejos de
lo que hoy se conoce acerca del universo y su origen. El mismo ateo Stephen Hawking
escribió: “En la actualizad, prácticamente todo el mundo cree que el universo, y asimismo
el tiempo, tuvieron su inicio a partir de un tremendo big bang”.78 Es verdad que muchos
científicos buscan y proponen otras teorías que niegan un comienzo absoluto, pero tales
teorías no logran pasar los filtros de la ciencia moderna, y ni qué decir de los problemas
filosóficos.

La evidencia de la termodinámica

Todo el mundo sabe que un automóvil necesita combustible para que su sistema
funcione y pueda ser útil en su función. Sin embargo, eso no quiere decir que el automóvil
funcionará para siempre con cierta cantidad de combustible, sino que en un momento dado
lo gastará –y a menos que sea recargado– dejará de funcionar. Ahora piensa en el universo,
cuyo sistema ordenado hace que siga en funcionamiento para mantener vida y calor dentro
de sí; pero que en algún momento su “combustible” también acabará y, por lo tanto, dejará
de funcionar. Este es el caso que estudia la termodinámica, el cual es una parte de la física
que estudia la materia y la energía, y que postula leyes para describir el funcionamiento del
universo como un sistema que precisa de energía. 79 ¡Y precisamente de este cambo
extraemos otra evidencia a favor de un universo con comienzo!

Como hemos dicho, la termodinámica consta de leyes que describen el


funcionamiento del sistema de universo mediante el uso de su energía. Una de sus leyes (la
segunda ley) establece, entre otras cosas, que el universo se está quedando sin energía

78
(Hawking & Penrose, The Nature of Time and Spece, 1996, pág. 20.)
79
Definición sencilla extraída de Geisler & Turek, No basta mi fe para ser ateo, 2019, págs. 87-88.

53
utilizable. Es decir, con cada momento que pasa, la cantidad de energía utilizable en el
universo se reduce, llevando a los científicos a la conclusión obvia de que un día toda la
energía se habrá ido y el universo, por así decir, morirá. Así como un auto en marcha, el
universo finalmente se quedará sin combustible.80

“El universo es, desde una perspectiva naturalista, un gigantesco


sistema cerrado, ya que es todo lo que existe y no hay nada fuera de él. Esto
parece implicar que, con el tiempo suficiente, el universo y todos sus
procesos se agotan, y todo el universo llegará al equilibrio. Esto se conoce
como la muerte térmica del universo. Una vez que el universo alcance este
estado, no es posible ningún cambio adicional. El universo está muerto.” 81

Pero, ¿cómo demuestra esto que el universo posee un comienzo? Bien, la primera
ley de la termodinámica establece que la cantidad total de energía se mantiene constante.
Es decir, el universo solo posee una cantidad finita de energía del mismo modo que un
automóvil solo posee una cantidad específica de gasolina. Si un automóvil solo posee una
cantidad finita de gas [la primera ley] y cada vez que está en marcha consume gasolina
continuamente [la segunda ley], ¿crees que el automóvil estaría funcionando hoy si se lo
encendió hace muchísimo tiempo? ¡Por supuesto que no! ¡Su gasolina ya estaría acabada!
Asimismo, el universo, el cual posee una cantidad finita de energía, ya no estaría
funcionando si es que fuera eterno en el pasado. Ya habría muerto. En palabras de un
científico desconcertado, “de alguna manera el universo debe haber sido liquidado”. 82 Por
lo tanto, el universo no puede ser eterno, sino que debió haber comenzado en algún
momento.

Imagine una linterna: El universo es como una linterna a la que se le está acabando
la batería. Si fuera eterno, ya se le hubiera acabado toda la energía.83 Es ciencia simple.

“Una linterna es otra manera de pensar sobre el universo. Si dejas


una linterna encendida durante la noche, ¿cuál es la intensidad de la luz en la
mañana? Es tenue, porque las baterías han consumido la mayor parte de su
energía.”84

“Bueno, el universo es como una luz fluorescente moribunda. Solo


le queda cierta energía para consumir. Pero dado que el universo todavía
tiene algo de vida (todavía no está del todo muerto), no puede ser eterno,

80
Cf. Ibíd.., págs. 88.
81
(Craig & Moreland, Fundamentos Filosóficos para una cosmovisión Cristiana, 2018, pág. 569.)
82
Schlegel, Richard, “Time and Thermodynamics”, en The Voices of Time, ed. J. T. Fraser (London:
Penguin, 1948), pág. 511.
83
(Craig, On Guard: Defending Your Faith with Rason and Precision, 2010, pág. 90.)
84
Geisler & Turek, No basta mi fe para ser ateo, pág. 89.

54
debe haber tenido un comienzo, porque si fuera eterno, la batería ya habría
muerto.”85

Esta segunda ley también se conoce como la ley de la entropía, 86 que es solo una
forma elegante de decir que la naturaleza tiende a desordenar las cosas. Es decir, con el
tiempo, las cosas naturalmente se desmoronan y deshacen. Tu automóvil se desgasta; tu
casa se derrumba; tu cuerpo se desmorona. Esto mismo está ocurriendo al universo en su
magnitud. El astrónomo Robert Jastrow compara el universo con un reloj de cuerda. 87 Si un
reloj de cuerda se está agotando, alguien debió haberle dado cuerda en algún momento del
pasado.88

“Este aspecto de la segunda ley también nos dice que el universo


tuvo un comienzo. Como aún nos queda un poco de orden, así como todavía
nos queda algo de energía utilizable, el universo no puede ser eterno, porque
si lo fuera, ya habríamos alcanzado el desorden completo (entropía).” 89

El experto en física Paul Devies afirma con seguridad que el universo no pudo
haber existido por siempre, sino que se sabe que debe haber tenido un comienzo absoluto
hace un tiempo finito.90

“Hoy en día pocos cosmólogos dudan de que el universo, al menos


tal como lo conocemos, haya tenido un origen en un momento finito en el
pasado. La alternativa –que el universo siempre haya existido de una forma u
otra– se convierte en una paradoja bastante básica. El sol y las estrellas no
pueden seguir ardiendo para siempre: tarde o temprano se quedarán sin
combustible y morirán.

Lo mismo ocurre con todos los procesos físicos irreversibles; la


reserva de energía disponible en el universo para impulsarlos es finita, y no
puede durar toda la eternidad. Este es un ejemplo de la llamada segunda ley
de la termodinámica, la cual, aplicada a todo el cosmos, predice que está
atrapada en un deslizamiento unidireccional de degeneración y decadencia
hacia un estado final de máxima entropía, o desorden. Como este estado
final aún no se ha alcanzado, se deduce que el universo no puede haber
existido por un tiempo infinito.”91

Para dimensionar el peso del argumento solo deberías preguntarte lo siguiente: si se


le da suficiente tiempo, el universo alcanzará su muerte térmica y entrópica, entonces, ¿por
qué todavía sigue vivo si ha existido siempre, desde la eternidad? ¿Acaso la eternidad o el

85
Ibíd. pág. 90.
86
La palabra entropía [ἐντροπία] significa evolución o transformación .
87
(Jastrow, God and the Astronomers, 1978, pág. 48.)
88
Cf. (Geisler & Turek, No basta mi fe para ser ateo, 2019, pág. 90.)
89
Ibíd.
90
Paul Davies citado en (Copan & Craig, 2019, pág. 249.) Fuente en Pabul Devies, entrevista por Phillip
Adams, http//[Link]/PaulDavies/[Link].
91
Citado en (Copan & Craig, 2019, pág. 249.)

55
tiempo infinito no es suficiente para agotar toda la energía del universo? Es por eso que
podemos confiar que esta evidencia científica es bastante contundente para un universo con
comienzo absoluto. Sin embargo, increíblemente muchos han buscado algún tipo de salido.
Por ejemplo, hay científicos –sí es que se los puede llamar así– que dicen que es posible
mantener la segunda ley de la termodinámica sin necesidad de postular un universo con
comienzo. ¿Cómo? Pues, sencillamente afirmando que el universo podría ser capaz de
retroalimentarse a sí mismo. Obviamente, esto, además de no tener ni el más mínimo
sentido, no es ciencia, sino mera especulación. Arthur Eddington caracterizó a la segunda
ley diciendo que es “la posición suprema entre las leyes de la naturaleza”, y también dijo
que si una teoría se atreve a contradecirla, entonces, dice él, “no puedo darte ninguna
esperanza; no te queda más que colapsar en la humillación más profunda”.92

De hecho, las leyes de la ciencia misma comprueban que incluso las cosas que
parecen ser las mismas durante la vida, tales como el sol y las estrellas, en verdad se están
desgastando. El sol, por ejemplo, está consumiendo su propio combustible por millones de
toneladas por segundo.93 Si esto es verdad, entonces no pudo haber existido siempre, sino
que ha comenzado a existir en algún punto del pasado al igual que el universo en toda su
magnitud. Asimismo, la termodinámica sugiere que el universo tuvo un comienzo. El
universo parece haber sido creado hace un tiempo finito, y su energía fue de alguna manera
simplemente puesta en la creación como una condición inicial. 94 De hecho, Paul Devies
concluye diciendo que, aunque a muchos no les guste, se debe admitir que la energía que
puso al universo en funcionamiento fue simplemente “puesta” en la creación, 95 puesto que
antes de la creación –dice Devies– no había absolutamente nada. Esto es cuestión de leyes
naturales, ciencia y sentido común.

La evidencia de la filosofía

Si la evidencia científica a favor de la existencia de Dios no sonara convincente o


resulte un poco complicada, también podemos contar con una línea de evidencias
filosóficas a favor de un comienzo absoluto para el universo. La línea científica trata sobre
la evidencia empírica observable y experimental; mientras que la evidencia filosófica trata

92
(Jastrow, God and the Astronomers, 1978, pág. 48.
93
Ham, El libro de las Respuestas, 2013, pág. 5.
94
(Craig & Moreland, Fundamentos Filosóficos para una cosmovisión Cristiana, 2018, pág. 570.)
95
(Davies, The Physics of Time Asymmetry, 1974, pág. 104.)

56
sobre el ejercicio de la razón, o si prefieren llamarlo, el ejercicio del sentido común. Es
decir, aunque no se cuente con algún aval científico para hablar de un universo con
comienzo, de igual manera podemos sostener que es racionalmente imposible concebir un
universo eterno. Al contrario, la razón nos dice que debió haber comenzado a existir en
algún punto. Algunos defensores cristianos dicen que “esta línea de evidencia es tan
racionalmente inevitable que algunos la consideran el argumento más fuerte de todos”. 96

Decir que el universo es eterno implica que el universo posee un pasado infinito, un
pasado que nunca comenzó. Por ejemplo, si hablamos de días anteriores al universo,
entonces estamos hablando de días infinitos anteriores a hoy. ¡Pero esto es racionalmente
absurdo! Piense en el siguiente ejemplo: si para llegar a un destino necesitas cruzar infinita
cantidad cuadras y calles, ¿llegarías alguna vez o no llegarías nunca ya que las calles que
debes cruzar jamás acabarán? La respuesta es obvia. Solo una cantidad finita de calles es
posible cruzar, no una cantidad infinita.

Pasado eterno Días anteriores al ayer… Ayer… Hoy

Siguiendo con la imagen anterior, la línea negra representa los días pasados [días
anteriores a hoy] y el punto rojo representa el día de hoy. Si el universo fuese eterno,
entonces la línea negra debería contener una cantidad infinita de días y, por lo tanto, jamás
se podría llegar al punto rojo [hoy]. Y si los días anteriores al ayer también constan de
infinita cantidad de días, entonces tampoco se llegaría al ayer. Sería irrelevante hablar de
días previos al ayer ya que no es posible agregar nada a algo que ya es infinito. Por lo
tanto, no es posible atravesar un número infinito de días a menos que el universo haya
tenido un comienzo desde donde los días hayan empezado a correr. Todos sabemos que el
hoy sí existe.

Como notarán, una cantidad infinita de días es algo imposible. De hecho, cualquier
cantidad infinita de algún elemento en el universo es imposible. Recuerde esto: una cosa es
hablar de los infinitos cuando nos referimos a las matemáticas, pero otra cosa es hablar de
los infinitos materializados en el mundo real. En términos matemáticos podemos hacer

96
Referencia al argumento cosmológico Kalam del Dr. William L. Craig, donde también se postula
argumentos filosóficos que demuestran la necesidad de creer en un comienzo absoluto. (Geisler & Turek, No
basta mi fe para ser ateo, 2019, págs. 106-107.)

57
referencia a cantidades infinitas de números, pero esas cantidades solo permanecerán
dentro del campo teórico de las matemáticas. Por ejemplo, matemáticamente podemos
hablar de una cantidad infinita de Dios, pero en la vida real nunca podremos vivir ni
concebir un número infinito de días. Así se distingue lo abstracto de lo concreto. Uno de
los matemáticos más influyentes del siglo XX, David Hibert, dijo: “El infinito no se
encuentra en la realidad. No existe en la naturaleza ni proporciona una base legítima para
el pensamiento racional… El papel que le queda al infinito jugar es únicamente el de una
idea”.97

Algunos tratan de argumentar diciendo que, dado que el infinito real es algo
impropio de la realidad, entonces tampoco deberíamos creer en Dios como un ser infinito.
Esto sencillamente es el resultado de desconocer la teología cristina. Cuando decimos que
Dios es infinito no estamos hablando en términos cuantitativos [cantidad], sino en términos
cualitativos [cualidad]. Es decir, Dios es infinito, no por poseer una cantidad infinita de
elementos dentro suyo, sino porque Él no posee limitaciones en sus atributos. Él es
absolutamente bondadoso, poderoso, eterno, etc.

Quizás algunos seguirán buscando otros medios de ataque diciendo que si la idea de
un universo infinitamente viejo lleva a conclusiones absurdas, entonces, ¿qué hay de la
idea de que Dios sea infinitamente viejo? ¿El razonamiento de un infinito absurdo no
descarta la idea de una deidad eterna? El apologista William L. Craig responde diciendo
que la aplicación de este razonamiento no puede ser apropiado para Dios por dos razones.
(1) Dios no es un ser con principio, sino que clásicamente es considerado como un ser
eterno. (2) El tiempo y el espacio, sin embargo, son creaciones de Dios que empezaron en
el Big Bang. Por tanto, ir más atrás del comienzo del espacio-tiempo simplemente sería
hallar eternidad.98

En su entrevista con el apologista Lee Strobel, el Dr. William L. Craig añade:

“Con eso quiero decir eternidad en el sentido de no existir limitación


de tiempo. Dios, el eterno, no tiene limitación de tiempo en su ser. Dios no
perduró a través de una cantidad infinita de tiempo hasta el momento de la
creación; eso sería absurdo. Dios trasciende el tiempo. Él está más allá del
tiempo. Una vez que Dios creó el universo, pudo entrar al tiempo, pero eso
es un tema aparte.”99

97
(Hilbert, 1964, pág. 151.)
98
Strobel, 2005, págs. 126-127.
99
Ibíd., pág. 127.

58
Dios es la causa del universo
Ahora bien, ¿cómo el hecho de un universo que comenzó a existir prueba que Dios
existe? Si el Big Bang postula el comienzo del universo a partir de una “gran explosión”,
¿qué causó dicha explosión? Robert Jastrow dice: “Debe haber una explicación lógica del
explosivo nacimiento de nuestro universo; y si existe, la ciencia no puede hallar cuál es esa
explicación. La pesquisa científica del pasado termina en el momento de la creación”. 100

Para llegar del comienzo del universo a la existencia de Dios debemos ir un paso
más. Se debe dar un paso más para completar nuestra línea de argumento cosmológico para
la existencia de Dios. Y esa línea de argumentación es más filosófica que científica, ya que
se trata de razonar a partir de la evidencia disponible.

Como todos saben hasta ahora, el universo tuvo un principio. Y esto es confirmado
por la cosmología moderna y la evidencia filosófica. Y si nuestro universo contingente
comenzó a existir a la manera de un “gran efecto”, entonces debemos aplicar el principio
de causalidad y afirmar también que existe una causa para su existencia.

1. Todo lo que comienza a existir tiene una causa.

2. El universo comenzó a existir.

3. Por lo tanto, el universo tiene una causa.

4. La causa del universo es aplicable a Dios.

Hemos dado suficientes evidencias para sustentar los tres primeros puntos. Pero eso
no es todo. No solo queremos hablar de una causa en este punto, sino que queremos decir
que esa causa es Dios. Pero, ¿cómo pasamos de una “causa para el universo” a “esa causa
es Dios? Pues, sencillamente utilizando el razonamiento lógico. El mismo razonamiento
que nos lleva a filosofar y hacer ciencia.

Los científicos creen que el orden natural inició con el Big Bang, y esa
“singularidad” provino de la nada; de manera que antes no había tiempo, materia ni
espacio. Esto ha llevado a muchos científicos a decir que la causa de la existencia del
universo se encuentra más allá del orden natural. El astrónomo Jastrow dice que –a la vista
de los científicos– la creación del universo es “producto de fuerzas que no pueden esperar
descubrir… Que hay algo que yo o alguien llamaría fuerzas sobrenaturales es, creo, un
100
(Jastrow, God and the Astronomers, 1978, pág. 105.)

59
hecho científicamente comprobado”.101 Tal parece que el temor “repugnante” de Eddington
se hace realidad, pues él había dicho que detestaba la idea de un comienzo, puesto que esto
admitiría que hay algo “sobrenatural” detrás. 102 También el científico Francis Collins dice:
“El hecho de que el universo tuviera un principio implica que alguien tuvo la capacidad
necesaria para iniciarlo. Yo soy personalmente de la opinión de que eso tuvo que ocurrir
desde fuera [del orden natural].103

Como verán, es cuestión de sentido común admitir que, si el orden natural surge a
partir del Big Bang, entonces su causa debería ser externo a dicho orden, es decir,
Sobrenatural. ¡Incluso algunos escépticos lo admiten! No había mundo natural ni ley
natural antes del Big Bang. Así como una causa no puede venir después de su efecto, las
fuerzas naturales no pueden explicar el Big Bang. Por lo tanto, debe haber algo fuera de la
naturaleza para hacer el trabajo. Eso es exactamente lo que significa la palabra
“sobrenatural”.104

El científico agnóstico Paul Davies dice:

“La gente a menudo pregunta ¿Dónde ocurrió el big-bang? No


ocurrió en ningún punto del espacio en absoluto. El espacio mismo devino
en existencia con el big-bang. Hay una dificultad similar con la pregunta
¿Qué pasó antes del big-bang? La respuesta es no hubo un “antes.” El
tiempo mismo comenzó con el big-bang. Como hemos visto, San Agustín
mucho tiempo atrás proclamó que el mundo había sido hecho con el tiempo
y no dentro del tiempo, y esa es precisamente la postura de la ciencia
moderna.”105

Como era de esperarse, fue inevitable pensar en Dios cuando se hace alusión a los
sobrenatural, sobre todo cuando hacemos referencia a la fuerza que creó el universo. El
científico Robert Woodrow Wilson, quien ganó el Premio Nobel de Física, sin ser un
entusiasta de la Biblia, dijo: “Ciertamente había algo que desencadenó todo. Si eres
religioso, no puedo pensar en una mejor teoría del origen del universo que la consistente
con el Génesis”.106 El físico George Smoot, también ganador del Premio Nobel de Física,

101
“A Scientist Caught Between Two Faiths: Interview with Robert Jastrow” [Un científico atrapado entre
dos fes: Entrevista con Robert Jastrow], Christianity Today, Agosto 6, 1982 en:
[Link]
102
(Eddington, 1933, pág. 178.)
103
Libro “The Lenguage of God” [¿Cómo habla Dios?].
104
(Geisler & Turek, No basta mi fe para ser ateo, 2019, págs. 99-100.)
105
Paul Davies, “La mente de Dios”.
106
Citado en (Show me God [Muéstrame a Dios], 2000, pág. 157.)

60
declaró: “No hay duda de que existe un paralelo entre el Big Bang como un evento y la
noción cristiana de la creación de la nada”.107

Esto solo es cuestión de reflexión sincera en base a lo que dice la evidencia


científica y el razonamiento filosófico. Si hablamos de una causa trascendente del
universo, esto debería de ser causa de asombro, ya que implicaría que la causa es algo más
grande, superior y externo al universo. Según el Dr. Craig, esta causa debe ser
trascendente, causa del tiempo y espacio, es decir, atemporal y fuera del espacio. También
debe ser inmaterial, debido a que esta causa dio origen a la materia misma. 108 También
debe una causa con personalidad, ya que el resultado del Big Bang no es algo caótico y
sinsentido, sino algo complejo y ordenado al punto de permitir vida inteligente en él. Todo
esto podemos concluir sencillamente a partir de la evidencia disponible. Es decir, podemos
descubrir algunas características de la Suprema Causa solo a partir de la evidencia que se
han discutido en esta parte. Desde esa evidencia, sabemos que la primera causa debe ser:

 Autoexistente, atemporal, no especial e inmaterial (dado que la primera causa debe


estar fuera del tiempo, el espacio y la materia). En otras palabras, no tiene límites, o
es infinita.

 Inimaginablemente poderosa para crear todo el universo a partir de la nada.

 Personal y supremamente inteligente para diseñar el universo con una precisión


increíble (esto se implicará en el argumento del diseño para la existencia de Dios),
y para elegir crear desde el momento en que no había nada, hasta que todo comenzó
a existir.

Ocultándose de Dios y la evidencia


Tomar las evidencias científicas y filosóficas sobre el origen del universo y aplicar
el principio de causalidad nos lleva con mucha probabilidad a la existencia de Dios. Pensar
en Dios a partir de este argumento se encuentra más allá de cualquier duda racional, y
muchos escépticos lo admiten a regañadientes. Pero otros, sin embargo, prefieren seguir
ocultándose de la evidencia y proponer explicaciones alternas que requieren mucha más fe
que sencillamente postular la idea de un Dios Creador. ¡Es realmente sorprendente lo que
el corazón obstinado y pecaminoso puede hacer!

107
Citado en Ibíd., pág. 139.
108
Craig, Fe Razonable, 2008, pág. 159.

61
Cuando se trata de Dios, el antirreligioso es capaz de suprimir la evidencia por más
“científico” que sea. El Big Bang, por ejemplo, es aceptado convencionalmente por la
ciencia cosmológica, pero inicialmente fue rechazada precisamente porque sonaba “muy
religioso”. El profesor Auburn Wersinger lo expresa diciendo que este modelo científico
parecía “ceder a la idea judeocristiana de un inicio del mundo, [y] también parecía tener
que requerir un acto de creación sobrenatural […] Llevó tiempo, evidencia por
observación, y una cuidadosa verificación de predicciones hechas por el modelo del Big
Bang para convencer a la comunidad científica para que aceptara la idea de un génesis
cósmico […] modelo exitoso que se impuso sobre una reacia comunidad científica”. 109 En
otras palabras, la evidencia encajaba con lo que debían creer, pero no con lo que querían
creer.

Richard Dawkins, quien es uno de los mayores representantes del ateísmo mundial,
dice que no sabe con precisión qué pudo haber causado el origen del universo, pero tiene la
esperanza de que en algún momento la ciencia lo descubrirá. Mientras tanto, según su
opinión, prefiere abalanzarse a la hipótesis de que probablemente la existencia de nuestro
universo se deba a algún que otro extraterrestre.110

Ahora reflexione por un momento en lo dicho por Dawkins, teniendo en mente que
muchos escépticos y ateos siguen sus pasos. A veces, el ateo será capaz de creer cualquier
cosa en lugar de toparse con Dios. Incluso es capaz de tener fe en la ciencia confiando que
“en algún momento” [no sabemos cuándo], la ciencia dará una explicación satisfactoria.
¡Por supuesto! Creer en los extraterrestres nos permite continuar viviendo una vida egoísta,
abrazando nuestros pecados personales y permaneciendo lejos de Dios. Pero a diferencia
de los extraterrestres, con Dios se suman muchos disgustos. Los extraterrestres no son
jueces que en algún momento nos demandará rendir cuentas por nuestras vidas morales.
Dios sí es un juez demandante. Dios sí es Santo y llama a los hombres a abandonar la
manera egoísta de vivir. ¿Pueden notar la raíz del problema? Al final, todo se reduce a lo
que Jesús ya dijo hace milenios:

“Esta es la causa de la condenación: que la luz vino al mundo, pero


la humanidad prefirió las tinieblas a la luz, porque sus hechos eran
perversos. Pues todo el que hace lo malo aborrece la luz, y no se acerca a
ella por temor a que sus obras queden al descubierto. En cambio, el que

109
J–M Wersinger, “Genesis: The Origin of the Universe”, National Forum (invierno 1996), pp. 9-12; citado
en (Clark, 2018, pág. 57.)
110
(Lennox, Disparando Contra Dios, 2016, pág. 257.)

62
practica la verdad se acerca a la luz, para que se vea claramente que ha
hecho sus obras en obediencia a Dios.” (Juan 3:19-21, NVI)

La evidencia del diseño


Hemos visto que la existencia del universo representa un fuerte factor para creer
que Dios existe. Si el universo es algo que comenzó a existir, entonces posee una causa, y
solamente Dios parece ajustarse a las características necesarias de esa causa. La fuerza del
argumento cosmológico –como desarrollamos– se encuentra en el principio de causalidad
y las evidencias científicas y filosóficas disponibles para un universo con comienzo

63
absoluto. La suma de estos factores da a “Dios” como resultado de cualquier reflexión
racional.

Pero también existe otro argumento que se relaciona con la existencia del universo.
Específicamente se relaciona con las características que el universo exhibe y la vida
inteligente dentro de él: el argumento del diseño. Cuando hablamos de “diseño” nos
referimos a la actividad creativa que un diseñador emplea con el fin de proyectar objetivos
útiles y estéticos. Todos saben reconocer un diseño. Y cuando suponemos que hay un
diseño no podemos dejar de pensar en un diseñador. En nuestra experiencia sabemos sin
lugar a dudas que todo diseño debe tener un diseñador.

Un nombre que se suele utilizar para este tipo de argumento es teleología; de ahí el
clásico título: argumento teleológico. La palabra telos significa finalidad; de modo que la
expresión “teleológico” refiere a la finalidad y al propósito de las cosas. 111 El erudito
Richard Swinburne, quien es un gran filósofo de la universidad de Oxford, dice que este
argumento se basa en la afirmación de un universo ajustado, que posee un patrón general
de orden; un orden que posibilita vida de seres conscientes; y partiendo precisamente desde
allí se busca llegar racionalmente al responsable de este diseño: Dios. 112 Por lo tanto, pese a
los muchos nombres que se podría dar a esta familia de argumentos, podemos encasillar a
este como la evidencia del diseño.

Cuando los apologistas desarrollan este tema, usualmente lo suelen dividir en dos
campos. Por un lado, es posible notar la evidencia cosmológica, el cual muestra un
universo finamente ajustado para permitir vida inteligente dentro de él. Por otro lado, se
encuentra la evidencia de la vida, donde muchos científicos no pueden negar que los seres
vivientes también exhiben marcas de diseño tanto en su macro como en su micro-
estructura. Estos dos campos comúnmente comprenden las disciplinas de la astronomía
[cosmología] y la biología.113 Lo primero se ocupa en estudiar al universo en su origen y
complejidad; y lo segundo se ocupa de estudiar la vida y su desarrollo vital. ¡En ambos
campos se observan marcas de diseño! Además, y como notarán a medida que
desarrollamos este asunto, la fuerza de este argumento también se basa en verdades
científicas y filosóficas. De hecho, parece que es innegable: la creación toda exhibe marcas
de diseño.
111
(Craig, Fe Razonable, 2008, pág. 104.)
112
(Swinburne, La Existencia de Dios, 2011, pág. 177.)
113
Interesante división hecha en (Clark, 2018, pág. 60.)

64
Argumentación clásica de diseño inteligente
Ver lo diseñado y pensar en un diseñador tras su orden es un razonamiento tan
intuitivo que los primeros pensadores renombrados no lo pudieron ignorar. Los antiguos
filósofos griegos, por ejemplo, se mostraban impresionados con el orden que exhibe el
cosmos observable. Específicamente, ellos se maravillaban al contemplar los cielos. La
Academia de Platón, por ejemplo, dedicó mucho tiempo y pensamiento al estudio de la
astronomía porque –decía él– era aquella ciencia la que permitiría al hombre descubrir su
destino divino. Platón incluso decía que el “orden del movimiento de las estrellas y de
todas las cosas” debía ser razón suficiente para creer en una “mente que ordenó el
universo”.114 También el gran filósofo Aristóteles se mostró maravillado por el orden que
podía contemplar en el cielo nocturno de la antigua Grecia, y no pudo evitar reflexionar al
respecto. De hecho, Aristóteles decía que la filosofía misma [razonar y reflexionar
filosóficamente] comienza con esta sensación de maravilla sobre el mundo que nos rodea:

“Porque es debido a su maravilla que los hombres ahora comienzan


y al principio comenzaron a filosofar; originalmente se preguntaban por las
dificultades obvias, luego avanzaron poco a poco y manifestaron dificultades
sobre asuntas más importantes, como por ejemplo: sobre los fenómenos de la
luna y los del sol, y sobre las estrellas y sobre el origen del universo.” 115

Para estos pensadores, reflexionar y llegar hasta un diseñador responsable del


sorprendente diseño era cuestión de sentido común y un paso básico para incluso empezar
a reflexivamente sobre cualquier asunto (filosofar). Estos pensadores miraban a su
alrededor y se preguntaban: “¿cuál es la causa de todo esto?”. No se necesita ser un gran
intelectual para preguntarse esto, pues llamaría la atención de cualquiera como lo hizo en
la antigüedad. De hecho, sería realmente llamativo hallar alguna cultura que contemple el
universo y su particularidad y, al final, no pensar en nada trascendente. Al parecer, la
estructura del universo tiene mucho para decirnos. Desde siempre lo hizo.

El filósofo Aristóteles concluyó que la causa de todo el orden y diseño consistía en


una inteligencia divina. Para él, la visión del cosmos ordenado constituía un impacto para
la raza de hombres que vivía bajo tierra sin poder contemplar los cielos:

“Cuando así, de repente, pudieran ver la tierra, los mares y el cielo;


cuando lleguen a conocer la grandeza de las nubes y el poder de los vientos;
cuando contemplen el sol y aprender su grandeza y belleza, así como su
114
Plato, Laws 12.966e citado en (Craig, Fe Razonable, 2008, pág. 104.)
115
Aristotle, Metaphysica 1.982610-15 citado en Ibíd.

65
poder para causar el día al arrojar luz sobre el cielo; otra vez, cuando vean
que la noche haga oscurecer las tierras y contemplen todo el cielo salpicado
de y adornado con estrellas; y cuando vean las luces cambiantes de la luna
mientras crece y mengua, y los levantamientos y las configuraciones de
todos estos cuerpos celestiales, sus cursos fijos e inmutables por toda la
eternidad, cuando vean todas estas cosas, sin duda habrían juzgado que
existen dioses y que todas estas maravillosas obras son obra de los dioses.” 116

El relojero de William Paley

Si hablamos del argumento clásico de diseño inteligente (para la existencia de Dios)


no podemos dejar de hablar de William Paley (1743-1805). Siendo un pensador, y un
eminente filósofo y teólogo anglicano del siglo XVIII, Paley argumentó que la existencia
de Dios puede demostrarse a partir del aparente diseño del universo. 117 Su razonamiento
fue tan influyente para su tiempo que hoy que es considerado como parte del “argumento
tradicional” a favor de la existencia de Dios. El Dr. Craig también dice que Paley es uno de
los defensores más hábiles del argumento teleológico y representa el punto más importante
para el desarrollo de dicho argumento, el cual fue expuesto en su famosa obra Teología
Natural.118

En sus escritos, Paley nos ayuda a razonar diciendo que nos imaginemos caminar
por un lugar y toparnos primero con una piedra y luego con un reloj. El sentido común nos
dice que es inverosímil preguntarnos cómo pudo llegar una roca a ese lugar, ya que no
representa nada. Sin embargo, el reloj sí debería llevarnos a reflexionar, ya que, a
diferencia de una simple roca, posee diseño y propósito.

En su obra Teología Natural, William Paley escribió:

“Por esta razón, y por ninguna otra, a saber, que cuando


inspeccionamos el reloj, percibimos (lo que no pudimos descubrir en la
piedra) que sus varias partes están enmarcadas y unidas con un propósito,
e.g., que están formadas y ajustadas de tal manera que producen
movimiento, y ese movimiento está regulado de tal manera que indica la
hora del día; que, si las diversas partes hubieran tenido una forma diferente
de la que tienen, un tamaño diferente del que tienen, colocadas de cualquiera
otra manera, o en cualquier otro orden, entonces aquello en lo que están
colocadas, o no se habría llevado a cabo ningún movimiento en la máquina,
o ninguno que hubiera respondido al uso que ahora se le da.”119

116
Aristotle, On Philosophy, citado en Ibíd., págs. 104-105.
117
(O'Leary, 2011, pág. 198.)
118
(Craig, Fe Razonable, 2008, pág. 105.)
119
William Paley, Natural Theology [Teología Natural], ed. Frederick Ferre, pág. 1.

66
Paley sugiere que el reconocer un diseño y preguntarnos por él es cuestión del más
común de los sentidos. Reconocer un diseño sofisticado que indica propósito es un paso
básico e intuitivo. Después, Paley continúa afirmado que el universo se asemeja a un reloj
en el sentido de que da la apariencia de haber sido diseñado para cumplir ciertos
propósitos; por lo tanto, dice él, debemos concluir que el universo en realidad fue diseñado
por un ser muy poderoso y sabio.120

El autor cristiano Mark Clark explica la analogía de Paley de forma clara:

“El famoso filósofo William Paley (1743-1805) señaló que si usted


estuviera caminando por la playa y se encontrara con un pedazo de madera,
podría decir: “Esto debió habérsele salido a un árbol y terminó aquí –ese es
su origen”. Pero si continuara y hallase un reloj, con toda la complejidad de
sus partes y piezas en movimiento, probablemente deduciría que alguien lo
había diseñado –¡no que fue producido con el tiempo por accidente!– Paley
dice que la misma lógica es verdad en cuando al diseño de nuestro
universo.”121

El razonamiento de Paley es preciso y su hábil comparación con el universo parece


bastante convincente. Pero Paley no solo se limitó a comparar el universo y su complejidad
con un reloj, sino que, además, la complejidad física del ser humano también parece ser
comparable a un reloj diseñado con precisión. Es así que el diseño es visible tanto en el
cosmos como en la complejidad biológica:

“Al observar un mecanismo tan sencillo como un reloj a nadie se le


ocurre dudar que este es el producto de una creación, que es el resultado de
un trabajo intencional. A ninguna persona en su sano juicio se le puede
ocurrir pensar que un mecanismo como el del reloj, con sus engranajes
dentados, su solenoide y su bobina dispuestos de manera precisa entre sí para
funcionar y medir el tiempo es consecuencia de una sucesión de casualidades
que, progresivamente, han ido dando forma a sus partes y que, además, han
dado con el acople entre sí de dichas partes para dar con la función deseada.
¡Nadie que no esté loco puede pensar que un reloj es consecuencia del azar!
Así pues, ¿quién puede pensar que un organismo como el humano, mucho
más complejo que el de un reloj, es producto del azar? A ninguna persona
razonable se le puede ocurrir negar que todo ser vivo, con sus partes
dispuestas entre sí idóneamente, cada una cumpliendo su función, su
finalidad, interdependientes entre sí es el producto de un artesano
sumamente hábil y poderoso que nos concibió. Nadie en su sano juicio
puede dudar que somos criaturas de Dios.”122

120
(Plantinga, Dios, la libertad y el mal, 2020, pág. 91.)
121
(Clark, 2018, pág. 61.)
122
William Paley. 1802. Natural Theology, or Evidences of the Existence and Attributes of the Deity
collected from the Apperances of Nature. Citado en [Link]
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67
Paley exploró las ciencias de su época en busca de indicios de diseño en la
naturaleza y produjo un asombroso catálogo con sus evidencias. Por ejemplo, vio orden
evidente en huesos, músculos, vasos sanguíneos, anatomía comparada y órganos
particulares en todos los reinos animal y vegetal.123 Así pues, Paley sostenía que el mundo
natural es un mecanismo complejo al igual que un reloj u otro artefacto humano. De hecho,
la rotación de los planetas en el sistema solar, y, en la tierra, la procesión regular de las
estaciones, así como la compleja estructura de los organismos vivientes, todo ello sugiere
diseño y propósito. En el cerebro humano, por ejemplo, miles de millones de células
funcionan juntas en un sistema coordinado. El ojo es una magnífica cámara de cine, con
lentes autoajustables, con grado elevado de precisión, sensible al color, y con la capacidad
de funcionar ininterrumpidamente durante horas seguidas. ¿Pueden mecanismos tan
complicados y eficientes haberse producidos por azar, de la misma manera que una piedra
se forma por la acción casual de la naturaleza? 124 ¡Por supuesto que no! Paley insiste en
que el sentido común debería llevarnos a preguntarnos por un diseñador. No es posible que
lo primero que se venga a la mente sea el azar y la casualidad antes que un diseñador
absoluto.

¿David Hume refutó a Paley?

El argumento tradicional del diseño nos lleva de vuelta junto al escéptico del siglo
XVIII David Hume. Y en este punto debemos subrayar algo importante. Hume fue
contemporáneo a Paley y muchos piensan que fue el responsable de criticar eficazmente su
argumento de diseño. De hecho, se repite con frecuencia que Hume “refutó” la idea de
diseño de Paley. Sin embargo, al igual que con la supuesta refutación del principio de
causalidad, esto también se debe a una mala lectura de la opinión de este pensador.

En primer lugar, Hume publicó la obra donde habla del asunto 23 años antes de
Paley, y en dicha obra llamada “Diálogos sobre religión natural”, Hume incluso parece
indicar lo contrario a una supuesta refutación:

“Pasead vuestra mirada por el mundo, contempladlo en su totalidad


y a cada una de sus partes: encontraréis que no es sino una gran máquina,
subdividida en un infinito número de máquinas más pequeñas, que a su vez
admiten subdivisiones hasta un grado que va más allá de lo que puede
rastrear y explicar los sentidos y facultades del ser humano. Todas esas
123
Craig, 2008, págs. 105-106.
124
(Hick, 1965, pág. 36.)

68
diferentes máquinas, y hasta sus partes más diminutas, están ajustadas entre
sí con una precisión que cautiva la admiración de cuantos hombres las han
contemplado. La curiosa adaptación de medios afines, a lo largo y ancho de
toda la naturaleza, se asemeja exactamente, aunque excediéndolos con
mucho, a los productos del humano ingenio: del designio, el pensamiento, la
sabiduría, y la inteligencia humana. Puesto que los efectos, por tanto, se
asemejan unos a otros, nos sentimos inclinados a inferir, por todas las reglas
de la analogía, que también las causas se asemejan, y que el Autor de la
naturaleza es en algo similar a la mente del hombre, aunque dotado de
facultades mucho más amplias, que están en proporción con la grandeza de
la obra que ha ejecutado.”125

Como notarán, Hume no elimina la idea de un diseño en el universo, sino que su


objeción se situaba más bien en la idea de un diseñador. Es decir, para Hume, la idea de un
universo diseñado no necesariamente respalda la idea de un diseñador como el que
presentaba Paley. El universo –argumentaba Hume– también presenta males e
imperfecciones, y quizás pudiese ser el resultado de uno o varios dioses diseñadores y no
precisamente un Dios teísta según el concepto judeocristiano. No obstante, pese a las
negaciones de Hume, ni siquiera él podía negar que en el cosmos es posible notar un
diseño que requiere una explicación racional.126

Los filósofos William L. Craig y Frederick Ferré [quien es editor del libro Teología
Natural de William Paley] afirman que, aunque la crítica de Hume podría dañar ciertos
aspectos de la argumentación de Paley, su razonamiento esencial sigue permaneciendo. El
argumento de Paley no es vulnerable a la mayoría de las críticas de Hume. 127 El Dr. Craig
dice que cuando Paley concluye en un diseñador necesario, dicha conclusión no se
debilitaría bajo ninguna de las críticas que pudiera provenir de Hume u otros pensadores.
Por ejemplo, la conclusión de Paley seguiría siendo válida incluso si el ignorase cómo
realmente se fabrica un reloj ni supiera él como hacerlo. Como dice Craig: “Porque
reconocemos los restos del arte antiguo como productos del diseño inteligente sin haber
visto jamás fabricar tales cosas, y sabemos que los productos de fabricación moderna son
el resultado de la inteligencia, aunque no sepamos cómo se producen”. La conclusión de
Paley tampoco quedaría invalidada si el reloj a veces quedara mal, ya que el propósito del
mecanismo sería evidente incluso si la máquina no funcionara perfectamente. La
conclusión del diseñador tampoco quedaría nula si se descubriera que algunas partes del
reloj no parecieran tener ningún propósito, ya que esto no negaría el diseño útil de otras

125
(Hume, Diálogos sobre religión natural, 2004, pág. 76.)
126
Cf. (O'Leary, 2011, págs. 198-199.)
127
Frederick Ferré, Introduction to Natural Theology: Selections, by William Paley, xi-xxxii, y (Craig, Fe
Razonable, 2008, pág. 106.)

69
partes. Y decir que el reloj fue producido por otro reloj y este por otro (hasta el infinito) es
sencillamente absurdo, ya que el diseño obvio quedaría sin explicación, pues aunque haya
miles de relojes, todos seguirían exhibiendo marcas de diseño.128

Paley usó la analogía del reloj porque, hasta el momento, era un invento nuevo y su
sofisticada estructura –que obviamente fue diseñada con propósito– sorprendía a
cualquiera que lo analizaba. Ahora, el objetivo de la analogía del reloj es este: “así como
inferimos a un relojero como el diseñador del reloj, también debemos inferir un diseñador
inteligente del universo”.129 Sin embargo, hoy día existen inventos mucho más sofisticados
y complejos que el reloj que Paley conoció en su época, y así como existen cosas mucho
más complejas [como el universo y la estructura biológica], Paley insistía en que era más
obvio pensar en un diseñador mucho más inteligente que el ingenio humano:

“Para cada indicación de invención, cada manifestación de diseño,


que vimos en el reloj, existe también en las obras de la naturaleza, y en un
grado que excede toda computación. Quiero decir, que las artimañas de la
naturaleza superan las obras del arte, en complejidad, sutileza y curiosidad
del mecanismo; y aún más, si es posible, van más allá de ellos en número y
variedad.”130

Hume observaba un diseño obvio, pero su razonamiento le decía que no era


necesario pensar en un diseñador tras él. Pero, ¿cómo podía ser eso posible? ¿Un diseño
sin diseñador? Eso no suena muy convincente. Sin embargo, a medida que los años
transcurrían y los avances científicos se elevaban de manera asombrosa, el “diseño”
descubierto en cada detalle del universo y la vida sería tan llamativo que desafiaría la
comprensión humana.

La caída del diseño inteligente


El argumento que parte del diseño para inferir un diseñador fue muy popular
durante la edad media. Razonamientos como el de Paley no eran tan descabellados
realmente, sino que tenían perfecto sentido. Sin embargo, ya en tiempos modernos, cuando
el científico naturalista Charles Darwin publicó su famosa obra “El origen de las especies”
(1859) provocó un gran movimiento en la opinión pública y en la comunidad científica.

128
(Craig, Fe Razonable, 2008, pág. 107)
129
Ibíd.
130
Paley. Natural Theology, 3-4, citado en Ibíd., pág. 107.

70
Darwin y sus seguidores argumentaron que aquello manifestaba diseño solamente era una
apariencia creada por la operación de la selección natural en las variaciones por azar (se
profundizará más adelante). La teoría de Darwin proponía una “ausencia de diseño” y un
“diseñador innecesario” para explicar el orden que se percibe. Para él, la naturaleza era
suficiente en su proceso, de ahí el concepto de “procesos naturales”.131

Pero si lo que se percibe no es un diseño, entonces, ¿qué es? El científico ateo


Richard Dawkins responde en 1986 cuando introduce el concepto designoide, el cual
describe una “apariencia de diseño, pero que en realidad no lo es”. Es decir, los organismos
biológicos que parecen diseñados debido a su complejidad, en realidad son productos de la
llamada “selección natural”.132 Lo que parece diseñado es solo el resultado de una
“adaptación” de los organismos vivos en función a su entorno. Es así como el concepto de
diseño fue perdiendo fuerza y, por consiguiente, el concepto de diseñador como causa de
ello también fue quedando atrás.

La propuesta de Darwin influenció, no solo el campo de la biología, sino a las


ciencias naturales en sí. Debido a él y a sus atractivas propuestas, los pensadores y
científicos empezaban a razonar distinto, y lo hacían de tal manera que no necesitaban a
Dios para concluir sus explicaciones. La propuesta de Darwin tuvo también un
considerable efecto social ya que Dios estaba siendo eliminado de la ecuación para
explicar la vida. El Dr. Craig dice que es debido a la influencia de Darwin que los
científicos (incluso los cosmólogos) se han vuelto recios en permitir entrar a un “Creador”
o a un “creacionista” por las puertas de la ciencia.133

No obstante, también hay cosmólogos y científicos que no se dejaron contaminar


por esta influencia, sino que fueron movidos por el descubrimiento reciente del llamado
“ajuste fino” del universo y la extremada complejidad de los organismos vivos que Darwin
jamás pudo dimensionar en su tiempo.134 Los científicos están notando que el universo
posee una especie de ajuste muy fino y delicado, que es casi un milagro que el tal permita
la vida; y también están notando demasiada complejidad en la estructura biológica de la
vida que parecería imposible explicarlo mediante algún tipo de mecanismo que opera al
azar y sin propósito.
131
Cf. (O'Leary, 2011, pág. 199.)
132
Richard Dawkins, Climbing Mount Improbable [Escalando el Monte de lo Improbable], págs. 6-7, también
mencionado en Ibíd., págs. 199-200.
133
Craig, Fe Razonable, 2008, pág. 165.
134
(Craig, Fe Razonable, 2008, pág. 165.)

71
Un universo finamente ajustado
El argumento del diseño inteligente ha cobrado gran fuerza gracias a los notables
hallazgos científicos de hace unas décadas, específicamente en la década de los 60. Nos
referimos al llamado “ajuste fino” del universo. Ese ajuste fino al que hacen referencia los
científicos describe un universo tan “finamente ajustado” que permite el surgimiento y
mantenimiento de la vida dentro de rangos muy estrechos de probabilidad. El universo –
junto con todas sus características– funciona de forma constante y tan delicadamente que
es como si se estuviera balanceando sobre el filo de una navaja, y de darse el más mínimo
desliz, la vida sería imposible.135 Nancy Pearcey dice bien cuando afirma que “el cosmos
está exquisitamente afinado para sostener vida”.136 En el libro “Evidencia que demanda un
veredicto” de Josh y Sean McDowell se describe el ajuste fino como una sintonía. Allí se
lee: “Uno de los hallazgos científicos más notables del siglo XX es la delicada sintonía de
las leyes que gobiernan el universo, lo cual permite el surgimiento y mantenimiento de
vida inteligente”.137

Ahora, es importante aclarar lo siguiente: El argumento del Diseño Inteligente para


la existencia de Dios es una hipótesis que los creyentes presentamos para demostrar que
Dios existe. Sin embargo, el ajuste fino no es una mera teoría o una hipótesis, sino que es
una realidad científica innegable dentro de los campos de la ciencia moderna. Ningún
científico –creyente o no creyente– niega la delicada sintonía del universo. Todos los
estudiosos hablan de una especie de “coincidencia cósmica”, dando a entender que las
fuerzas fundamentales que ponen al universo en funcionamiento poseen precisamente el
valor numérico y las características esenciales para que la vida en él sea posible. E
insistimos, “el más ligero cambio en el universo provocaría que éste resultara inhóspito
para albergar vida”.138

El principio antrópico

Para describir la delicada estructura que hace funcionar al universo con precisión,
los científicos utilizan el término “principio antrópico”, el cual deriva de la palabra griega
“anthropos” [seres humanos]. El nombre es solo una forma elegante y técnica que se suele

135
(Craig, Fe Razonable, 2008, pág. 166.)
136
(Pearcey, Verdad total: Libera el cristianismo de su cautiverio cultural, 2014, pág. 205.)
137
(McDowell & McDowell, Evidencia que demanda un veredicto, 2018, pág. Ixxvii.)
138
(Pearcey, Verdad total: Libera el cristianismo de su cautiverio cultural, 2014, pág. 205.)

72
usar para afirmar que el universo es agradable y propicio para la existencia humana. O
bien, para afirmar que el universo fue diseñado para que emergiera vida consciente en él. 139

“Para comprender mejor las implicaciones del concepto [principio


antrópico], permítame utilizar una analogía popular. Imagine que llega a un
cuarto de hotel y sus cosas favoritas ya están ahí: su ropa, sus alimentos
favoritos, las fotografías de su familia. Sería seguro decir que alguien sabía
que usted llegaba a esa habitación y lo preparó para usted. Eso es lo que
sugiere el principio antrópico.”140

El principio antrópico nos lleva a pensar que el universo fue hecho con los humanos
en mente. El físico Freeman Dyson dice: “Mientras más examino el universo y estudio los
detalles de su arquitectura, más evidencia encuentro de que el universo, en algún sentido,
tuvo que haber sabido que veníamos”. 141 El físico Paul Devies, quien además es agnóstico,
dice: “Los científicos están despertando lentamente a una verdad inconveniente: el
universo luce sospechosamente como un arreglo”.142 El famoso escritor y comentarista
cristiano, Dinesh D'Souza, dice que “el universo, con todas sus leyes, parece ser una
conspiración para producirnos”.143 Asimismo, Timothy Keller, para ilustrar esta
sorprendente “coincidencia”, señala que el universo preparó una especie de “alfombra
cósmica de bienvenida” para recibir a los humanos en él. Lo cierto es que la probabilidad
estadística de un universo con tan maña calibración es probabilísticamente escasa. De
hecho, es tan escasa como para ser considerada estadísticamente irrelevante. Y esto
también es algo admitido por los científicos.144

Piense en lo siguiente… El universo es inmenso y generalmente hostil para


cualquier forma de vida, mucho más para la vida humana. Cuando un astronauta se aleja
tan solo un poco del planeta tierra, inmediatamente necesitaría una serie de máquinas que
generen condiciones para mantenerlo vivo y consciente mientras se aventura en el espacio
exterior. ¡De eso se trata el ajuste fino y el principio antrópico! En este vasto y hostil
universo, nosotros los terrícolas somos como astronautas que solo pueden sobrevivir en los
pequeños confines de su nave espacial. Al igual que una nave espacial, nuestra tierra
sostiene la vida a medida que se lanza a través del espacio sin vida. Y así como el

139
(Broocks, 2014, pág. 86.)
140
Ibíd., pág. 86.
141
Freeman Dyson, Disturbing the Universe [Perturbar al universo], págs. 250-251.
142
Paul Devies citado en (Broocks, 2014, pág. 87.)
143
(D'Souza, 2009, pág. 137.)
144
Señalado en el título que introduce al tema en (Keller, ¿Es razonable creer en Dios?, 2017, pág. 144.); para
más información sobre la probabilidad estadística de un universo ajustado ver a Robin Collins, “A Scientific
Argument fot the God: The Fine-Tuning Desing Argument”, en Reason for the Hope Witbin.

73
funcionamiento preciso de una nave espacial, si las condiciones de nuestro planeta
sufriesen tan solo una ligera falla, se podría desencadenar fallas en cadena que alterarían
las condiciones necesarias para sobrevivir. Si el universo es como un desierto árido y
hostil, nuestro planea es como un pequeño oasis que se encuentra con mucha, muchísima
“suerte”.145 ¿A qué se debe esta suerte? ¿Es una mera coincidencia? ¿Por qué esta parte de
nuestro universo es tan amigable? ¿Es acaso que tuvimos mucha suerte? ¿Por qué el
universo es como es y funciona como lo hace? Estas son preguntas que mantienen
ocupados a los científicos que se sorprenden con la evidencia.

¿Una explosión diseñada?

Como hemos visto anteriormente, la mayoría de cosmólogos de la actualidad están


de acuerdo en que el universo comenzó a existir a partir de una Gran Explosión (Big Bang)
hace como 14 mil millones de años aproximadamente. Y esto lo ha ido confirmando la
ciencia moderna una y otra vez. Los científicos sostienen que el universo se expandió a
partir de un punto más pequeño que la cabeza de un alfiler, donde toda la materia [que más
tarde formaría el universo] se encontraba condensada en un estado de gran densidad. A
partir de ese punto de densidad inicial hubo una distribución de masa y energía que formó
progresivamente el universo que conocemos hoy. Pero el punto que deseamos señalar en
esta parte es que la materia y la energía que inicialmente estuvo condensada son
exactamente las necesarias para formar un universo como el nuestro, y su distribución
inicial fue tan exacta que escapa de la comprensión humana. Si se hubiera dado una escasa
variación tanto en el volumen de los elementos iniciales como en su distribución, la vida
sería imposible, o bien, el universo se hubiera colapsado tan pronto haya ocurrido la
explosión.

Para entender la magnitud de esta precisión inicial, imagine que hace estallar un
montón de escombros y, como resultado, se formara un edificio completamente construido
junto con escritorios, mesas, sillas y computadoras. 146 ¡Incluso esta comparación parece
quedar corta! Del mismo modo, esta explosión cósmica –supuestamente aleatoria– fue tan
exacta en contenido, tiempo y proporción, que arrojó un universo racionalmente
comprensible que asombra a todo aquel que estudie su estructura. Evidentemente, el Big
Bang parece haber sido una explosión finamente ajustada.
145
(Geisler & Turek, No basta mi fe para ser ateo, 2019, pág. 114.)
146
Ejemplo tomado de [Link]

74
Para describir este aspecto, el Dr. Craig dice que el universo fue “puesto a punto”
en el instante mismo de la Gran Explosión y que los últimos descubrimientos científicos
magnifican lo “increíblemente coordinado que nuestro universo debió estar desde el mimo
momento de la gran explosión para que la vida pudiera originarse en el cosmos”. 147 Y
añade: “Durante los últimos treinta años, los científicos han quedado atónitos por el
descubrimiento de lo complejo y sensible que debió ser el equilibrio de las condiciones
iniciales en ocasión de la gran explosión”. Todos los campos de la ciencia han develado
reiteradas veces de haberse alterado el equilibrio y la sensibilidad inicial, la vida no habría
existido. De hecho, ni siquiera habría existido las estrellas, los planetas ni la química
misma. Por lo tanto, Craig concluye: “En realidad, el universo parece haber sido “puesto a
punto” desde el momento incipiente para permitir la existencia de la vida inteligente”. 148

El profesor de ciencia y religión de la universidad Oxford, Alister McGrath, dice:

“En los últimos años se ha prestado cada vez más atención al


fenómeno del “ajuste” en la naturaleza. El término [ajuste] se utiliza a
menudo para referirse a la comprensión científica de que los valores de
ciertas constantes cosmológicas fundamentales y el carácter de ciertas
condiciones iniciales del universo parecen haber desempeñado un papel
decisivo en la aparición de un tipo particular de universo, dentro del cual
puede desarrollarse la vida inteligente. Muchos estudios científicos recientes
han destacado la importancia de ciertas constantes cosmológicas
fundamentales, cuyos valores, si varían, aunque sea ligeramente, tendrían
importantes repercusiones en el surgimiento de la existencia humana.” 149

Preste atención a la descripción que el Dr. McGrath hace del ajuste fino. El
universo no solo se ha ajustado ahora, sino que fue ajustado desde su inicio mismo, en el
punto del Big Bang. Este ajuste fenomenal fue decisivo desde los primeros segundos del
comienzo del universo y lo sigue siendo desde su funcionamiento inicial hasta el día de
hoy. Todos los detalles de su comienzo parecen ser un milagro. Entonces, preguntémonos,
¿cómo es posible que una explosión sean tan exacta? Las explosiones que conocemos
según nuestra experiencia solo producen caos y desorden, y nadie espera encontrar algo
significativo como resultado más que intentar corregir las consecuencias y arreglar los
escombros. ¡Pero con el Big Bang no ocurre de ese modo! Si esa explosión primitiva
hubiese sido un mínimamente más débil, la gravedad habría hecho que el universo se
volviera a contraer casi inmediatamente con tanta rapidez como para que algún tipo de vida
147
William L. Craig, ¿Qué significa “La puesta a punto” del Universo?, en “¿Quién creó a Dios?”, pág. 71.
148
Ibíd., pág. 71.
149
(McGrath, Mera apologética: Ayudando a interesados y escépticos a encontrar la fe, 2020, págs. 104-
105.); referencias también en (Swinburne, Physical Cosmology and Philosophy, 1990, págs. 154-173.) y en
(Collins R. , 1999, págs. 47-75).

75
se desarrollara. Y si la explosión hubiera sido un mínimamente más fuerte, las partículas se
habrían dispersado por el espacio alejándose tanto las unas de las otras que el único
resultado habría sido moléculas simples y frías; algo totalmente distinto a la completa
química necesaria para formar cualquier tipo de vida. Pero para que en el universo exista
algún tipo de vida compleja, no solo se necesita que una parte de la explosión tenga buen
efecto, sino que todas tengan una buena reacción, a la manera de una explosión
coordinada. Los escombros del Big Bang han formado una verdadera obra de arte.

El escritor D'Souza se pregunta: “Qué habría sucedido si el universo fuera mucho


más antiguo y más grande, o mucho más joven y más pequeño?”. Después de todo, si la
explosión fuera una mera reacción aleatoría, entonces cualquier tipo de universo podría
resultar. Incluos debería ser mucho más probable que se generara un universo hostil para
cualquier forma de vida. Los físicos que se hicieron esa misma pregunta llegaron a una
conclusión: “Para que la vida exista –para que el universo tenga observadores que le
presten atención– […] El big bang tenía que ocurrir exactamente cuando lo hizo”. 150 ¡Hubo
exactitud!

Que un fenómeno de esta naturaleza sencillamente ocurra por azar es ridículamente


improbable. Stephen Hawking, quien para nada es religiso, dice: “Las probabilidades en
contra de que un universo como el nuestro surguiera partir de algo parecido al big bang son
tremendas. Personalmente, creo que encontramos ahí unas muy claras implicaciones
religiosas”.151 Tomando en cuenta los inicios del universo, si las fuerzas que operan en él
hubieran sido ligeramente distintas o hubiera variación “incluso en el grado mínimo” –dice
el astrónomo Martin Rees– “no habría estrellas, ni elemntos complejos, ni vida”.
Obviamente Rees no es religioso, pero no puede evitar usar el término “providencia”
cuando hace referecia a la suerte que tuvimos.152

¿Un planeta con suerte?


El ajuste fino se puede observar en todos los niveles, desde el momento inicial de la
creación del universo con el Big Bang hasta la estructura actual que percibimos hoy. Por
ejemplo, nuestro planeta tierra es muy privilegiado. Posee condiciones muy especiales y

150
(D'Souza, 2009, pág. 138.)
151
Citado en (Keller, ¿Es razonable creer en Dios?, 2017, pág. 145.), referencias también en (Collins F. S.,
2006).
152
Ver en Martin Rees, Just Six Numbers: The Deep Forces That Shape the Universe, pág. 179.

76
extremadamente raras que permiten que exista la vida, cuando prácticamente todo el
universo es inhabitable.

Consideremos primeramente la masa y el tamaño de este planeta en que hemos sido


colocados. Son justamente los correctos. Los científicos dicen que, si el planeta tierra fuera
un 10% mayor o menor de lo que es, no sería posible la vida en él. La tierra también está
justamente a la distancia correcta del Sol, lo cual permite que reciba la cantidad correcta de
calor y luz. Si estuviera más cerca, como a la distancia en que están Mercurio o Venus,
sobrevivir sería imposible.153 Además, la inclinación del eje de la tierra también es algo
magnífico (23 grados). Ningún otro planeta se encuentra inclinado como el nuestro. Su
ángulo permite que ella voltee lentamente todas las partes de su superficie para recibir los
rayos del sol, en forma muy parecida como gira un pollo en un asador. Si su eje no tuviera
inclinación, se acumularían grandes masas de hielo en los polos, y la parte central de la
tierra se volvería intensamente caliente.154

Nuestro planeta también disfruta de rica capa de gas llamada atmosfera. Ella es
como un gran océano de aire compuesto de un 78% de nitrógeno, 21% de oxígeno y 1% de
una docena de microelementos restantes. Todos estos elementos se mezclan
mecánicamente y nos provee un ambiente propicio para que podamos vivir. Si el oxígeno
se elevara tan solo un 3% más de su constante, la vida sería imposible por los fuegos
devastadores. Y si el oxígeno fuese menor al 16% de su constancia, no habría vida humana
por falta de suficiente oxígeno para vivir. La atmósfera terrestre protege la vida de la
Tierra, absorbiendo en la capa de ozono parte de la radiación solar ultravioleta, reduciendo
las diferencias de temperatura entre el día y la noche. Gracias a su densidad y espesor, la
atmosfera actúa como escudo protector contra los meteoritos. Si su espesor fuera distinto,
de seguro seríamos triturados.155 Ninguna otra atmosfera es como la nuestra.

Nuestro planeta tierra también tiene buenos vecinos. Nuestro gigante vecino,
Júpiter, se encuentra lejos de nosotros y absorbe todos los asteroides que de otra forma nos
destruirían sin más remedio.156 La luna, además de ser una bella vista, también tiene
funciones vitales. Si la tierra no tuviera una luna de ese tamaño y a esa distancia, vivir en la
tierra no sería posible. La luna estabiliza la inclinación del eje de la Tierra, previene
153
Citado en (Meldan, 1959, pág. 27.) y en (Kennedy, Por qué creo, 1982, pág. 38.)
154
(Kennedy, Por qué creo, 1982, pág. 38.)
155
Cf. Ibíd., pág. 39.
156
Cf. (O'Leary, 2011, pág. 43.); (Grazer, 2016, págs. 23-38.); ver también en (McDowell & McDowell,
Evidencia que demanda un veredicto, 2018, pág. Ixxx.)

77
temperaturas extremas y crea una ambiente estable y propicio para la vida. 157 La luna es
como una sierva que limpia nuestros océanos y las costas de todos los continentes. Sin las
mareas que crea la luna, todos nuestros puertos y playas se convertirían en un pozo
hediondo lleno de basura.158 También tenemos a una amigable estrella de vecina, el sol.
Mientras todas las estrellas son demasiado grandes, luminosas o inestables para sustentar
vida; nuestro sol tiene el tamaño justo y la edad apropiada para hacerlo. Hay una ventana
de tiempo en la que un sol puede sustentar vida compleja: no debe ser demasiado joven ni
demasiado viejo. Nuestro sol, en particular, es perfecto para nosotros.159

Así también, para que haya vida, nuestro planeta debe estar situada en el tipo
correcto de galaxia. De los tres tipos de galaxia, solo las galaxias espirales con la masa
correcta (como la Vía Láctea) pueden sustentar vida. Y no solo poseemos la galaxia
correcta, sino que también estamos situados justo en la ubicación correcta dentro de ella, y
así escapamos de amenazas caóticas que abundan allá afuera. Es como si viviéramos en un
“buen vecindario”. Antiguamente, muchos decían que si el mundo tuviera algo de especial
quizá deberíamos encontrarnos en el centro de la galaxia y no en un lugar nada
significativo. Pero la ciencia ha desmentido ese razonamiento popular. ¡Qué suerte que nos
encontramos en este lugar y no en algún otro! Si nos encontráramos en el centro de la
galaxia, seriamos blanco fácil para algún que otro agujero negro, las cantidades de estrellas
en explosión o las dañinas radiaciones que abundan precisamente allí. Nuestra ubicación es
más que adecuada, lejos de todo eso, pero a la vez no tanto.160

Estos son solo algunos ejemplos de la estructura finamente ajustada del sistema en
el que vivimos. Nuestro planeta es como una casa segura para nosotros. Es un premio. La
escritora cristiana Denyse O'Leary dice: “La evidencia de la ciencia suguiere que, si
tenemos billentes en una lotería, esta ha sido arreglada a nuestro favor”. La refelxión es
realmente inevitable: ¿Cómo hicimos para tener tanta suerte? ¿Quién nos ama? 161

¿Qué hay de las leyes de la naturaleza?


El hecho de que el universo se pueda estudiar implica que en su estructura hay un
orden bien establecido. El cosmos no funciona de manera caótica y desordenada, sino que

157
(Gonzáles & Richards, 2004, pág. 23.)
158
(Kennedy, Por qué creo, 1982, págs. 38-39.)
159
(McDowell & McDowell, Evidencia que demanda un veredicto, 2018)
160
(O'Leary, 2011, pág. 43.); referencia en (Ward & Brownlee, 2000, pág. 28.)
161
(O'Leary, 2011, pág. 44.)

78
sigue un delicado patrón bien establecido desde su mismo comienzo. Por lo tanto, nuestro
universo no solo posee un origen ordenado, sino que mantiene su funcionamiento de
manera ordenada. Y para describir el funcionamiento de nuestro universo, los científicos
hablan de las “leyes físicas” o “leyes de la naturaleza”.

Ante la pregunta ¿qué son las leyes de la naturaleza?, podemos responder diciendo
que es la manera en que nuestro universo funciona. Los teóricos definen estas leyes como
descripciones del funcionamiento del universo, o las reglas que el cosmos sigue para
“funcionar correctamente”. El filósofo Antony Flew dice: “¿Qué entiendo por “leyes de la
naturaleza”? Por “ley”, entiendo, simplemente, una regularidad o simetría en la
naturaleza”.162 Los físicos dicen que estas leyes son universales, pues rigen todo el
universo, desde la mecánica celestial hasta la mecánica terrenal, y nada parece afectarlas
como para que funcionen de otro modo.163 Además, estas leyes pueden ser
matemáticamente descritas, y mediante las matemáticas se pueden mostrar su precisión.

Los físicos llegaron a reflexionar sobre el principio antrópico cuando se


preguntaron por qué el universo funciona de acuerdo a las reglas con que funcionan. Piense
en esto: el universo parece ser un conjunto de reglas muy específicas, pero no tenía que
tener estas reglas. Entonces, ¿por qué estas reglas y no otras? Por ejemplo, una de las
conocidas leyes de la naturaleza es la fuerza de gravedad, la cual opera de manera que
puede medirse matemáticamente. ¿Por qué es la fuerza de gravedad precisamente así de
fuerte y no más fuerte o más débil? Por esa razón, los científicos no solo concluyeron en la
clara necesidad del buen funcionamiento de estas leyes, sino que estas también están
finamente ajustadas.164 El cosmos posee una fina sintonía porque estas leyes están
finamente ajustadas a grados asombrosos. Por ejemplo, la gravedad es una fuerza
fundamental de la naturaleza. Si la fuerza gravitacional se alterara en porcentajes
extremadamente ligeros, nuestro sol no existiría; ni siquiera existirían estrellas grandes y
pequeñas. Y si nada de eso existiera, nosotros tampoco lo haríamos.165

162
Antony Flew, Dios existe, pág. 91.
163
Referencia al destacado físico Víctor Weisskopf, por William L. Craig, “¿Cómo describe la ciencia
moderna al mundo?”, en ¿Quién creó a Dios?, pág. 64. También Paul Davies, 1992:82.
164
(D'Souza, 2009, págs. 137-138.)
165
(Geisler & Turek, No basta mi fe para ser ateo, 2019, pág. 112.); (McDowell & McDowell, Evidencia que
demanda un veredicto, 2018, pág. Ixxix.)

79
El misterio de las leyes de la naturaleza

Si se reflexiona correctamente sobre estas leyes, nos encontraríamos con un


verdadero misterio. Flew señala: “La idea que es importante aquí no es que haya
regularidades en la naturaleza, sino que esas regularidades son matemáticamente precisas,
son universales y están “atadas unas con otras”. La pregunta que deberíamos formular es
por qué la naturaleza venía empaquetada en esta forma”. 166 Ante esta cuestión enigmática,
científicos como Albert Einstein, el propio Stephen Hawking y otros utilizan el término
“Mente de Dios”. De hecho –dice Flew– muchos de los destacados científicos de la era
moderna han considerado las leyes de la naturaleza como pensamientos de la Mente de
Dios.167 El científico Stephen Hawking termina su best seller [Una breve historia del
tiempo] con este pasaje:

“Y entonces todos –filósofos, científicos y gente común– podremos


participar en el debate sobre por qué existimos nosotros y por qué existe el
universo. Si encontramos una respuesta a eso, estaríamos ante el triunfo
máximo de la razón humana, pues entonces podríamos conocer la mente de
Dios.”168

El físico Paul Davies, quien es un científico agnóstico de gran prestigio, dice que la
cuestión palpitante en cuanto a las leyes de la naturaleza es triple:

– ¿De dónde procede las leyes de la naturaleza?

– ¿Por qué tenemos precisamente estas leyes y no otras?

– ¿Por qué tenemos precisamente un conjunto de leyes que conduce a gases


informes hasta la vida, la conciencia, la inteligencia?

Algunos sencillamente asumen que las leyes existen, se encuentran allí, y ya. Al
respecto, Paul Davies dice que curiosamente nadie se pregunta de dónde proceden las leyes
de la física, pero “hasta el más ateo de los científicos acepta como un acto de fe la
existencia de un orden […] en la naturaleza, y un orden que resulta al menos en parte
comprensible para nosotros”.169 Por otro lado, muchos han tratado de huir del fenómeno de
las leyes de la naturaleza sugiriendo que dichas leyes son meros inventos de personas
tratando de entender el universo. Sin embargo, eso es claramente falso y es muy difícil que
un científico respetable acepte tal alegato. Quizá la temática que empleamos para
166
Flew, Dios existe, pág. 92.
167
Ibíd., pág. 92.
168
Stephen Hawking, A Brief History of Time [Una breve historia del tiempo], Bantam, Nueva York, 1988,
pp. 174-175. También en español (Hawking, Historia del tiempo. Del Big Bang a los agujeros negros, 2011).
169
Flew, Dios existe, pág. 99.

80
“describir” el universo sean inventos nuestros, pero dicha descripción se centra en algo
existente y legible en el universo. Quizá el término “ley” sea el lenguaje que usamos para
entender el funcionamiento del universo, pero esta ley describe algo real, ya que refleja
propiedades de la naturaleza que sí existen. Si se partiera de la idea de que las leyes como
tales son meras conjeturas inventadas, entonces la ciencia –la cual busca brindar un
conocimiento objetivo del universo– se reduciría a mera palabrería sin sentido. 170 En base a
todo esto, Davies cataloga de “puro disparate” suponer que las leyes de la física son leyes
nuestras y no de la naturaleza misma. Por lo tanto –insiste Davies– las leyes de la
naturaleza “existen realmente” y la función del científico consiste en descubrirlas, no en
inventarlas. 171

La regularidad de la naturaleza

Hay algo acerca de la naturaleza que es sorprendente y no encuentra explicación


dentro de la ciencia moderna: su regularidad. La naturaleza se comporta de forma regular,
o bien, funciona de manera continua. Tim Keller dice que todo razonamiento científico “se
basa en el supuesto de la regularidad de la naturaleza (sus “leyes); así, por ejemplo, el agua
hervirá mañana bajo las mismas condiciones que lo ha hecho hoy”. 172 En ese sentido la
idea de la uniformidad de la naturaleza es un principio básico y fundamental para la
ciencia, puesto que esta uniformidad predice que lo que sucede en un determinado tiempo
en el mundo material, ocurrirá otra vez bajo condiciones similares. 173 Todas las personas
esperan que el futuro será siempre como el pasado; si el sol ha salido hoy, todos esperan
que salga mañana aunque ignoremos qué factor misterioso lo mantiene siguiendo ese
mismo patrón día tras día.

Como notarán, la mayoría de las personas ven estos fenómenos como


absolutamente normales. ¡Pero no así con quienes sí se ponen a reflexionar al respecto!
Incluso pensadores –como David Hume y Bertrand Russell 174– que no creían en la
existencia de un Dios tras el universo se sentían preocupados por no tener la más mínima
intuición sobre el porqué de la regularidad observable en la naturaleza, y aún más el hecho
170
Cf. Paul Davies, La mente de Dios.
171
Cf. Flew, Dios existe, pág. 99.
172
(Keller, ¿Es razonable creer en Dios?, 2017, pág. 146.)
173
(Bahnsen, ¡Prepárate para la buena batalla!: La metodología apologética de Greg L. Bahnsen, 2013, págs.
173-174.)
174
Bertrand Russell habla al respecto en su libro “Los problemas de la filosofía” (Oxford: Oxford University
Press, 1998).

81
de no tener ni la más mínima justificación racional para asumir que todo seguirá
funcionando igual mañana.175 Es así que, en términos de intuición, nadie nos asegura que el
sol no retrasará su salida mañana, que las tierra y los planetas no se salgan de su órbita y
que de la nada todos empecemos a flotar.

Dios como legislador de las leyes

Dada la existencia de las leyes naturales y sus características, la explicación


sencillamente “natural” no parece satisfacer la razón humana. Algo o alguien tuvo que
traer estas leyes a existencia, ajustarlas con precisión matemática, imponerlas a la
naturaleza y mantenerlas funcionando de manera uniforme. Paul Davies, pese a su
agnosticismo, dice que estas leyes “parecen casi ideadas –finamente ajustadas, como han
sostenido algunos comentaristas– para que la vida y la conciencia pudieran emerger”. Por
lo tanto, la idea de ese “juste” es extremadamente llamativo como para sencillamente
asumirlo como dado. Por el contrario, este fenómeno parece apuntar a algún “propósito” o
“diseño” en el universo. Aunque Davies aclara diciendo que quizás las descripciones de
“propósito” y diseño” capturen imperfectamente lo que se busca explicar, insiste diciendo:
“no tengo absolutamente ninguna duda de que trata sobre algo”.176

Muchos pensadores han indagado sobre el misterio de las leyes de la naturaleza.


¿Cuál es su procedencia divina y por qué funcionan como funcionan? El pensador John
Foster, quien es un eminente filósofo de Oxford, sostiene que las regularidades de la
naturaleza, cualquiera sea la forma en que las describamos, encuentran su mejor
explicación en una Mente divina. Si aceptamos el hecho de que hay leyes, entonces algo o
alguien debe imponer esa regularidad al universo. ¿Qué agente realiza esto? Foster afirma
que la opción teísta es la única seria, de tal forma que “estaremos racionalmente
autorizados a concluir que es Dios –el Dios de la concepción teísta– quien crea las leyes
imponiendo las regularidades al mundo como tales regularidades”. 177 El pensador Richard
Swinburne, quien también es un filósofo de Oxford, dice que la mejor explicación para la

175
Keller, 2017, págs. 146-147.
176
Discurso de aceptación del Premio Templenton, Paul Davies, referencia en Antony Flew, Dios existe, pág.
98-99.
177
John Foster, The Divine Lawmaker: Lectures on Induction, Laws of Nature and the Existence of God [El
legislador divino: Lecciones sobre inducción, las leyes de la naturaleza y la existencia de Dios], pág. 160.

82
existencia de las leyes de la naturaleza es un Dios personal dotado de los atributos que
tradicionalmente le ha adjudicado la teología.178

Las leyes de la naturaleza también reflejan a un universo comprensible a la mente


humana. Stephen Hawking se preguntaba por aquello que hace posible un universo que
podemos describir con precisión matemática. En una entrevista, Hawking afirmó: “Hay
una abrumadora impresión de orden. Cuanto más descubrimos sobre el universo, más
constatamos que está gobernado por leyes racionales”.179 El físico y matemático Eugene
Wigner también se preguntó: “¿Por qué las matemáticas son tan irrazonablemente efectivas
en la comprensión del mundo físico?”.180 Solo piense por un momento, las ciencias
naturales existen precisamente porque el cosmos muestra orden y regularidad en su
estructura; y, como dice MaGrath, “sin un cosmos ordenado, la empresa científica sería
imposible”.181 El físico teórico John Polkinghorne dice:

“Estamos tan familiarizados con el hecho de que podemos entender


el mundo que la mayoría de las veces lo damos por sentado. Es lo que hace
posible la ciencia. Sin embargo, podría haber sido de otra manera. El
universo podría haber sido un caos desordenado en lugar de un cosmos
ordenado. O podría haber tenido una racionalidad que era inaccesible para
nosotros… Hay una congruencia entre nuestras mentes y el universo, entre la
racionalidad experimentada en el interior y la racionalidad observada en el
exterior.”182

Esta congruencia fantástica arroja preguntas claves: ¿Por qué los seres humanos
pueden discernir este orden en el cosmos? ¿Por qué podemos representarlo tan
elegantemente usando ecuaciones matemáticas? ¿Por qué el universo es tan inteligible para
nosotros? ¿Cómo se explica su transparencia racional? ¿Por qué hay una congruencia tan
profunda entre la racionalidad presente en nuestras mentes y la racionalidad que
observamos en el mundo? A todo esto, la ciencia no puede responder. De hecho, la ciencia
depende precisamente de la realidad de un universo ordenado y comprensible para
funcionar correctamente. ¡Ese es su punto de partida!

La cosmovisión atea es incapaz de explicar esta realidad. Bertrand Russell, como


ateo, afirmó: “Si hemos de sostener que conocemos cualquier cosa del mundo externo,

178
Richard Swinburne, “Design Defended”: Thing, p. 14.
179
Citado en Antony Flew, Dios existe, pág. 92.
180
Eugene Wigner, “The Unreasonable Effectiveness of Mathematics”, en Communications on Pure and
Applied Mathematics 13 (1960): 1-14. Citado también en (McGrath, Mera apologética: Ayudando a
interesados y escépticos a encontrar la fe, 2020, pág. 109.).
181
(McGrath, Mera apologética: Ayudando a interesados y escépticos a encontrar la fe, 2020, pág. 107.)
182
John Polkinghorne, Science and Creation: The Search for Understanding, págs. 20-21.

83
debemos aceptar los criterios del conocimiento científico. Ya sea que… un individuo
decida aceptar o rechazar estos criterios, es un asunto puramente personal, no susceptible a
ser argumentado”.183 Lo que Russell trata de decir es que el conocimiento de un mundo
ordenado, a la cual podemos acceder, es inexplicable. Es tan inexplicable que aceptar o
rechazar esta idea sería cuestión de gusto personal.

Sin embargo, la visión teísta cristiana sí posee un fundamento firme para explicar la
realidad que percibimos del universo. Paul Davies señaló que “la ciencia solo puede
avanzar si el científico adopta una visión del mundo esencialmente teológica”. 184 La visión
teológica del mundo consiste en que el tal fue “creado” y “ordenado” por Dios. Y no solo
el mundo, sino que la mente humana misma es resultado de la creación de Dios. El
apologista C. S. Lewis argumentó que tanto la creación en general, como la razón humana
en particular, llevan rastros o huellas del orden creativo de Dios. McGrath dice al respecto:
“El mismo Dios que creó el mundo también creó la mente humana, con una analogía y
congruencia entre estas dos creaciones suyas y su propia naturaleza divina”. 185 La otra
alternativa se arriesga concebir un universo caótico con leyes irracionales a la mente de
individuos que también han sido originados por azar. Por lo tanto, no hay razones para
confiar en la comprensibilidad del cosmos como en la percepción de la mente humana. Si
ese fuera el caso, la ciencia sería obsoleta pues depende de la realidad de un mundo
ordenado y la confianza básica de nuestras mentes racionales. Paul Davies escribió:

“La ciencia se basa en la presunción de que el universo es totalmente


racional y lógico en todos sus niveles […] Los ateos afirman que las leyes
[de la naturaleza] existen porque sí y que el universo es en último extremo
absurdo. Como científico, me resulta difícil aceptar esto. Debe haber un
fundamento racional inmutable en el cual encuentre su raíz la naturaleza
lógica y ordenada del universo.”186

Como notarán, existe un fortísimo paralelismo entre las ciencias naturales y la


teología cristiana en su entender de que el universo es regular e inteligible. Esta percepción
de orden y comprensión de dicho orden es de inmensa importancia tanto a nivel científico
como teológico. Al respecto, Davies afirma que aquello que “hoy llamamos el enfoque

183
Russell, Conocimiento Humano: Su Alcance y Límites, 1948, xv–xvi.
184
Paul Davies citado en Flew, Dios existe, págs. 98-99.
185
Cf. C. S. Lewis, Miracles (Nueva York: Macmillan, 1947), pág. 26. Cita de Alister McGrath en (McGrath,
Mera apologética: Ayudando a interesados y escépticos a encontrar la fe, 2020, pág. 110.)
186
Paul Davies, “What Happened Before the Big Bang”, en God for the 21st. Century (ed. Russell Stannard),
2000, pág. 12.

84
científico de la investigación” es el resultado de “la creencia en un Dios racional cuyo
orden creado podía ser discernido a partir de un estudio cuidadoso de la naturaleza”.187

Si existen leyes racionales en el orden natural –y son correctamente denominadas


leyes– entonces estamos habilitados para creer en un legislador. Ese legislador para haber
creado las leyes naturales, las ajustó con suma precisión, las impuso como regidoras de la
naturaleza, las diseñó de tal modo que son comprensibles a nuestra mente racional y las
mantiene de manera uniforme. En Colosenses 1:16-17 leemos que “todas las cosas fueron
creadas, las que están en los cielos y las que están en la tierra, visibles invisibles… todas
las cosas han sido creadas por Él”. El Señor creó el mundo tal como es y continúa
existiendo como tal. Al continuar leyendo, descubrimos que ya la Biblia establece que
Dios creó el universo y lo sostiene en buen funcionamiento: “en Él todas las cosas
subsisten”. El universo, desde la visión bíblica, es un kosmos [palabra griega para
universo], que es el opuesto de la palabra chaos. En Hebreos también leemos que Dios
“sustenta todas la cosas con la palabra de poder” (Heb. 1:3). Debido a que Dios creó el
universo coherente y racional por medio de su plan voluntario y soberano, y debido a que
Él creó al hombre a Su imagen para que funcionara en este mundo, vemos evidencia
claramente reveladora para el fundamento de lo que los científicos llaman “leyes
naturales”.188

Huyendo del diseño inteligente


Los científicos –pese a sus creencias– admiten que en el universo existe una suerte
de sinfonía perfecta. No lo pueden negar. Sin embargo, muchos de ellos se esfuerzan, no
solo en seguir estudiando la evidente complejidad, sino en tratar de encontrar alguna
explicación que no requiera de un diseñador inteligente. Así como se esforzaron tratando
de escapar de un universo con comienzo absoluto, también se esfuerzan por negar la
probabilidad de diseño. Por lo tanto, muchos se esforzarán por brindar explicaciones
alternas.

187
(Davies, The Mind of God: Science and the Search for Ultimate Meaning, 1992, pág. 77.)
188
(Bahnsen, ¡Prepárate para la buena batalla!: La metodología apologética de Greg L. Bahnsen, 2013, pág.
183.)

85
El azar y la causalidad

Una de las rutas de escape se trata del azar. Es decir, estamos vivos en el universo
solo porque tuvimos muchísima suerte. Nadie nos ama allá afuera ni se preocupa por
nosotros. Toda esta sinfonía y nuestra misma vida es solo una casualidad. Nos sacamos la
lotería cósmica y eso es todo, deberiamos simplemente celebrarlo. Sin embargo, es
exactamente en este punto donde el escéptico necesitará de mucha más fe para afirmar el
azar y la mera suerte que admitir a un diseñador inteligente. Después de todo, un universo
como el nuestro con crituras conscientes en él es extremadamente improbable. ¡Obivio!
Con tal de negar a un Dios que es santo y nos demanda responsabilidad moral, se vuelve
bastante fácil confiar en que sencillamente somos suertodos. Para quienes pinesan así, la
primera opción siempre será la hipótesis de que debemos celebrar nuestra suerte y no
preguntarnos por un diseñador.189

Por otro lado, aunque debemos admitir que a veces debemos dar lugar a la
casualidad, sin embargo, la probabilidad real de que nuestro universo llegue a ser como es
escapa por completo de los rangos de “probabilidad” y pasa a ser un razonamiento
meramente absurdo. Hay cosas que sencillamente no pueden ser productos del azar. Si
jugamos a las cartas con un grupo de competidores y en 10 juegos se nos reparte
específicamente las cartas que aseguran nuestra vicutoria, es completamente seguro de que
el juego se ha arreglado a nuestro favor. ¡Incluso esta analogía queda corta!

El Dr. Craig también nos da una analogía para rebajar la validez del azar a la hora
de refrirnos a nuestro universo:

“Por lo tanto, la analogía correcta sería una lotería en la que un


billón de billones de billones de bolitas negras se revuelve con una bolita
blanca y luego se nos invitara a tomar una bolita con los ojos cubiertos. Si
bien todas las bolitas tienen la misma probabilidad de salir, será muchísimo
más probable que la bolita que saquemos sea negra y no blanca. Para
completar esta analogía, supongamos que nuestra vida dependiera de sacar
una bolita blanca: ¡si no sacas una bolita blanca, estás muerto! Si metiéramos
la mano, con los ojos cubiertos, entre todos esos millones y millones de
bolitas negras, y de pronto descubriéramos que habíamos sacado la única
blanca que había, con todo derecho sospecharíamos que alguien había hecho
trampa. Si todavía eres escéptico, suponte que para evitar la ejecución
debieras sacar una bolita blanca tres veces seguidas. Las probabilidades no
serían significativamente diferentes, pero nadie, en su sano juicio, pensaría
que si saca una tras otra bolita blanca hubiera sido solo por casualidad.” 190
189
(Clark, 2018, pág. 64.)
190
William L. Craig, “¿Qué significa “la puesta a punto” del Universo?”, en ¿Quién creó a Dios?, pág. 73.

86
Ya que la “suerte” de nuestro universo es inmensa e inexplicable dificilmente
encontremos una analogía apta, pero ahora ya todos tiene alguna idea de que el azar y la
casualidad no parecen ser explicaciones suficientemente satisfacotrias. Incluso muchos de
los científicos no están dispuestos a aceptarlas como explicaciones suficientes. De hecho,
la “casualidad” no es una explicación; es una no-explicación, y por cierto, es la
“explicación” menos racional de las propuestas disponibles para un universo con ajuste
fino.191

Teoría del multiverso

Para infundir un poco de vida a la moribunda teoría del azar a fin de volverlo un
poco más “racional”, muchos científicos postulan que nuestro universo –el cual tiene la
suerte de ser ordenado– en realidad es uno de incontables universos que existen y que
constantemente se están generando. Ellos admiten que si bien es sumamente improbable
que nuestro único universo llegae a existir dado el número de variables, tales
probabilidades cambian si hay un número infinito de universo. ¡Al menos uno debería
tener un poco de suerte! El ateo Richard Dawkins, por ejemplo, dice que al principio
antrópico se le puede contestar “con la sugerencia […] de que hay muchos universos,
coexistiendo como burbujas de espuma, en un multiverso”.192 Dawkins también escribe:

“Nuestro tiempo y espacio en verdad empezaron con nuestro gran


bang, pero ese fue solo el último de una larga serie de grandes bangs […] de
todos los universos en la serie, solo una minoría tiene sus “diales”
sintonizados con las condiciones biogénicas. Y, por supuesto, el universo
actual tiene que ser uno de esa minoría porque estamos dentro de ella.” 193

El multiverso posiblemente sea la teoría naturalista más común. En ella se plantea


que existen muchos mundos y que, como es de esperarse, la probabilidad nos dice que la
mayoría de ellos son incapaces de generar y preservar vida inteligente en ellos, pero dado
una infinita cantidad de universos, al menos uno o más de uno debería ganar la lotería
cósmica. Esta es una manera sutil de mantener la idea de diseño pero deshacerse del
diseñador. Sin embargo, esta teoría presenta múltiples problemas, pero nos enfocaremos en
dos:

191
(Clark, 2018, pág. 63.)
192
(Dawkins, The God Delusion, 2006, pág. 145.)
193
Ibíd. pág. 175.

87
Primero, y como señalamos anteriormente, la posibilidad de una infinidad de
universo es absurda. El infinito solo es un ideal matemático que no puede existir en el
mundo real a menos que deseemos abrazar la irracionalidad. Las “cosas infinitas”, sean
días, libros, explosiones de universos, sigue siendo una imposibilidad real. Por lo tanto, no
puede existir un número ilimitado de universos limitados.194

En segundo lugar, y de manera significativa, ¡no existe ni la más mínima evidencia


de que existan muchos universos! Y ya que muchos ateos que detestan la religión están
enamorados de la ciencia y la evidencia, no es posible para ellos hablar de la teoría del
multiverso como una realidad empírica o una evidencia científica. El filósofo Antony Flew
–quien fue ateo militante y que por lo tanto conoce de memoria las rutas de escape de
muchos ateos– también afirma que el multiverso no cuenta con evidencia y que, debido a
ello, es una mera especulación. Flew incluso dice que “haya o no multiverso, todavía
tenemos que vérnoslas con la cuestión del origen de las leyes de la naturaleza. Y la única
explicación viable es la Mente divina”.195

El físico Paul Davies, quien es agnóstico, dice que una cosa es afirmar que algunas
regiones del universo están más allá del alcance de los telescopios, pero –dice Davies– “la
credibilidad alcanza su límite en algún punto de la resbaladiza pendiente entre eso y la idea
de que hay un número infinito de universos. En cuanto se desliza por esa pendiente, más y
más cosas se deben aceptar por fe, entre tanto menos y menos se abren a la verificación
científica”. De hecho, Davies también nota que afirmar un “multiverso” como causa de la
singularidad de nuestro universo no tiene más peso que afirmar que Dios podría ser esa
causa.196 ¡Note lo importante de esto! El multiverso no es ciencia. No se cuenta con
evidencias. Postularlo consistiría en especulación metafísica más que en una rigurosidad
científica. Creer en el multiverso requiere –nuevamente– de fe por parte de los no
creyentes. Sin embargo, la evidencia muestra que toda la realidad finita surge a partir del
Big Bang, y es a esta realidad finita que podemos llamar “universo”. Por lo tanto, si existen
“otras realidades” además de esta, están más allá de nuestra capacidad de detección. Como
se lee en el libro de los apologistas Geisler y Turek:

“Nadie ha observado alguna evidencia de que esos universos puedan


existir. Es por eso que esta idea del universo múltiple no es más que un

194
(Geisler & Turek, No basta mi fe para ser ateo, 2019, pág. 128.)
195
Ver referencia en (Flew, 2013).
196
(Davies, A Brief History of the Multiverse [Una breve historia del multiverso], 2003)

88
brebaje metafísico, un cuento de hadas construido sobre la fe ciega […]
separado de la realidad…”197

“Al final, la teoría del universo múltiple es simplemente un intento


desesperado de evitar las implicaciones del diseño. No multiplica las
posibilidades, multiplica los absurdos.”198

El principio antrópico débil

Existe otro argumento que tiene al azar y a la casualidad como eje principal. Como
habíamos explicado anteriormente, el principio antrópico parte de la reflexión sobre lo
delicadas que son las condiciones necesarias para que haya vida en el universo, y de la
admiración ante el hecho de que la vida no habría podido aparecer si alguna de las
constantes de la naturaleza tuviera un valor ligeramente distinto. Nos referimos a que el
universo es exactamente como debería ser para que hoy estuviéramos vivos en él. Ante la
pregunta del porqué de esto, los escépticos tienen problemas en brindar teorías naturalistas
para explicar esta feliz coincidencia.199

Es el principio antrópico el que ha provocado un gran debate y una fuerte reacción


en la comunidad científica. No obstante, pese a lo llamativo que es este principio, muchos
escépticos insisten en que el universo es un mero accidente o una increíble coincidencia. El
físico Victor Stenger escribe: “El universo es un accidente”. 200 Igualmente, tanto Steven
Weinberg como Richard Dawkins tampoco se muestran impresionados con la singularidad
de nuestro universo. Weinberg dice que no necesitamos “invocar a un diseñador benévolo
para explicar por qué estamos en una de las partes del universo donde la vida es posible: en
todas las demás partes del universo no hay quien haga la [misma] pregunta”. 201 Dawkins
también coincide en que no es sorprendente que estemos vivos en nuestro universo, ya que
“si el planeta fuera adecuado para otra clase de vida, esa clase de vida habría evolucionado
aquí”.202

¿Nota usted de qué se trata este razonamiento escéptico? Esta forma de


argumentación para dar peso a la casualidad se denomina “principio antrópico débil”. Este
argumento dice simplemente que, si las condiciones no trabajaran en conjunto para
197
(Geisler & Turek, No basta mi fe para ser ateo, 2019, pág. 128.)
198
Ibíd., pág. 129.
199
Explicación extraída del sitio web de la Universidad de Navarra: [Link]
razon-y-fe/john-barrow-y-el-principio-cosmologico-antropico
200
(Stenger, 1988, pág. 12.)
201
(Weinberg, 2001, pág. 238.)
202
(Dawkins, Unweaving the Rainbow, 1998, pág. 5.)

89
permitir nuestra existencia, no estaríamos aquí para pensar respecto de ello. En el libro de
Josh y Sean McDowell, el argumento se explica como sigue: “Hay quienes argumentan
que debido a que no podríamos existir en un universo que no propiciara nuestra existencia
(es decir, en sintonía fina), no nos debe sorprender que el universo esté tan bien
sintonizado.203 En otras palabras –razonan ellos– nosotros nos maravillamos por la feliz
coincidencia de que nuestro universo funciona para albergar vida porque estamos vivos;
pero si el caso hubiera sido distinto, no estaríamos aquí, por lo tanto, no habría nadie que
se maraville por un universo finamente ajustado. El ajuste del universo y los humanos que
lo admiran es solo una coincidencia.

Este razonamiento solo busca eliminar la necesidad de explicación del ajuste fino,
pero filosóficamente fracasa debido a que el razonamiento es defectuoso. El caso es que el
universo está finamente ajustado, el principio antrópico es una realidad y nosotros estamos
vivos aquí para reflexionar al respecto. El filósofo John Leslie elabora una ilustración que
demuestra lo defectuoso que es el razonamiento del principio antrópico débil y subraya la
necesidad de explicación al por qué nuestro universo es como es. Su ilustración puede
denominarse la “analogía del pelotón de fusilamiento” y se describe así:

Imagine a un hombre que ha sido sentenciado a muerte, que está


parado ante un pelotón de fusilamiento de diez hombres. Los disparadores
descargan sus rifles. De alguna manera todos fallan. Luego vuelven a
disparar y una vez más fallan en dar en el blanco. Repetidamente disparan y
repetidamente fallan. Más tarde, el alcaide se acerca al prisionero y le dice:
“No puedo creer que todos fallaran. Claramente, aquí hay una clase de
conspiración”. Pero el prisionero se ríe al escuchar la sugerencia y dice: “¿Y
qué le hace a usted sugerir que hay una conspiración? No es gran cosa.
Obviamente los tiradores fallaron porque si no hubieran fallado yo no estaría
aquí para tener esta discusión”. Un prisionero así, inmediatamente y con
razón, sería transferido a un hospital mental.”204

Lo que el ejemplo nos muestra es que usted ni nadie puede explicar una
probabilidad de esta magnitud simplemente señalando la presencia del sujeto en la escena
para reflexionar en cuanto al suceso. Todavía es necesaria una explicación. De hecho, es
cuestión de sentido común. La “improbabilidad” del universo sigue siendo real haya o no
la intención de explicarlo. El hecho es que estamos vivos. Si usted estuviera en el lugar del
reo que iba a ser fusilado, lo seguro es que estarías sorprendido dada la enorme
probabilidad de que todos los tiradores disparen justo en el blanco. Tu supervivencia exige
una explicación de la misma forma que la sintonización de las leyes del universo la exige
203
(McDowell & McDowell, Evidencia que demanda un veredicto, 2018, pág. Ixxxi)
204
La ilustración se elabora en (Leslie, 1989, pág. 108.) y también es citada en (D'Souza, 2009, pág. 141.)

90
también; pues, así como el reo, nosotros estamos vivos en este universo que pudo no
funcionar para nuestro bien.

Teoría extraterrestre

Si las teorías de casualidad, azar y los múltiples universos fracasan, todavía hay una
gran cantidad de especulaciones que se podrían hacer con tal de evadir a Dios. La ciencia
ficción atea postula una que sorprendería a todos: los extraterrestres. No pudiendo negar
diseño, muchos científicos y teóricos toman la idea de un “diseñador inteligente” pero en la
persona de otros candidatos. El bioquímico agnóstico Michael J. Denton afirma que existe
un “diseño” en el universo, pero tanto una especie de panteísmo (todo es dios) como los
extraterrestres son posibilidades para una buena explicación:

“… no podemos inferir que la inteligencia detrás del diseño sea el


creador del universo… Dios. Hay otros candidatos; las cosas vivas pueden
ser inteligentes en sí mismas […] la biósfera como un todo puede ser un ser
inteligente… Gaia, la diosa Tierra. Otro candidato puede ser una raza
extraterrestre que de forma concebible haya estado involucrada en hacer la
Tierra habitable durante los pasados miles de millones de años.” 205

El astrónomo Fred Hoyle suele ser citado como ejemplo de esta obstinación para
finalmente negar a Dios. Hoyle llegó a admitir la particularidad de un ajuste fino cuando
dijo: “Una interpretación de sentido común de los hechos indica que un súper intelecto ha
hecho travesuras con la física”. 206 Hasta el momento todo bien con la afirmación citada,
pero, ¿quién es ese “súper intelecto”? En su intento de escapar de Dios, Hoyle propuso que
podría tratarse de una mente alienígena de otro universo:

“Los seres humanos son simples peones en el juego de mentes


alienígenas que controlan todos nuestros movimientos. Están en todas partes,
en el aire, en el mar y en la tierra… No es una inteligencia extraterrestre de
otro planeta. Es realmente de otro universo que entró en el nuestro, en el
principio, y que ha estado controlando todo lo que ha ocurrido desde
entonces.”207

También el propio Richard Dawkins simpatiza con este razonamiento en su afán de


negar a Dios. Aunque Dawkins confiesa que no sabe con exactitud qué originó nuestro
universo, sin embargo, cree que en algún momento obtendrá una explicación naturalista.
Mientras tanto, prefiere orientar su posible causa a seres extraterrestres o, como dice John

205
Michael J. Behe en (Johnson & Lamoreux, pág. 106.)
206
(Pearcey, Verdad total: Libera el cristianismo de su cautiverio cultural, 2014, pág. 206.)
207
Conferencia de prensa dada por Hoyle en 1971. Extraído de Ibíd.

91
Lennox, a “pequeños hombrecitos verdes”.208 Carl Sagan también dedicó tiempo y dinero
invertido en su búsqueda de seres extraterrestres o de alguna información que provenga del
espacio exterior a fin de reconocer algún signo de inteligencia. Según Sagan, solo
necesitamos algún tipo de mensaje y eso bastaría. Ni siquiera sería necesaria reproducir
dicho mensaje –afirmó Sagan– porque reconoceríamos la presencia de la inteligencia que
buscamos.209

¡Vaya que esto sí es el sumo de la especulación! ¡Esto sí que es fe en la ciencia


ficción! Los escépticos antagonistas están dispuestos a creer que el propio universo es dios
o creer en seres alienígenas que aceptar la idea de un diseñador supremo que creó y ajustó
el universo para permitir la vida. Después de todo, Dios es –por definición– ser eterno y
creador de todo lo que existe. Estas cualidades difícilmente identificarían a los
extraterrestres que describen los escépticos a menos que prefieran llamar “Dios” a tales
seres. Cuando al ateo le conviene, solo la inteligencia puede explicar la inteligibilidad.
Pero cuando le incomoda, le bastará con una sopa primordial que se creó a sí misma. A
veces, al ateo le cuesta ocultar sus prejuicios. ¿Nos extraña entonces que Antony Flew, que
levantó en alto la bandera del ateísmo durante décadas, ahora se baje del carro porque el
ateísmo sencillamente no puede presentar explicaciones? Bueno, no nos sorprende.

El apologista Frank Turek había dicho que quizás los escépticos prefieren tener fe
en seres extraterrestres que en Dios precisamente porque no es el diseño inteligente lo que
les incomoda, sino aquello que Dios representa. Incluso hasta sean capaces aceptar a
alguna deidad, pero un Dios moral es difícil de digerir. A diferencia de los extraterrestres,
Dios sí nos demanda responsabilidad moral, si instituye como nuestro juez supremo, y nos
exhorta a abandonar nuestra manera egoísta de vivir. Los extraterrestres no nos llaman a
arrepentirnos de nuestros pecados y a abandonar nuestras inmoralidades. Dios sí lo hace.
Quizás por eso muchos prefieren matar a Dios y dar vida a algún personaje de ficción.

¡Debe haber un diseñador cósmico!


El ajuste fino del universo no parece ser producto del azar ni de la casualidad. Y el
principio antrópico que tanta controversia causa entre los teóricos del tema exhige una
explicación. Como hemos visto, muchos científicos se han doblegado a la idea de diseño
inteligente debido a que el “diseño” que exhibe el cosmos y las organismos vivos en él es
208
(Lennox, Disparando Contra Dios, 2016, pág. 257.)
209
Carl Sagan citado por J. P. Moreland en Does God Exist?.

92
innegable. Sin embargo, han preferido teorías que simpatizan más con la ciencia ficción
que abrazar la idea de Dios.

El diseño es fundamental para las ciencias. Y si en algo han avanzado los


científicos, es en su experticia para identificar cuando algo fue diseñado. Por eso, varias
ciencias se organizan hoy alrededor de la detección de diseño inteligente. ¿Un incendio
sospechoso fue provocado o ha sido un accidente? Una piedra tiene una forma extraña, ¿es
solamente una roca o es una herramienta primitiva? La ciencia forense, la arqueología y
demás dependen de patrones que no pueden ser el resultado del azar y de las “meras leyes
de la naturaleza” y que, por lo tanto, deben ser productos de un agente inteligente
responsable. ¡El diseño puede ser detectado! Si así no fuera, muchas ciencias serían
obsoletas.

Muchos escépticos han alegado que en el mundo inferimos diseñadores porque


podemos “comprobar” la presencia de tales diseñadores. Sin embargo, nadie ha visto a
Dios ni puede llegar a él con total certeza. Pero este alegato nuevamente corresponde a un
razonamiento defectuoso. El diseño inteligente sigue siendo válido incluso si no
pudiéramos ver al diseñador, pero pensamos en él a partir de su evidente diseño. El teórico
de diseño Stephen C. Meyer dice:

“Se puede detectar la acción pasada de una causa inteligente a partir


de la presencia de un efecto intensivo en su información, inclusive si la
causa misma no se puede observar directamente. Como la información
requiere una fuente inteligente, las flores que conforman la frase “Welcome
to Victoria” [Bienvenidos a Victoria] en los jardines del muelle Victoria en
Canadá llevan a que los visitantes infieran la actividad de agentes
inteligentes incluso si no vieron plantar y organizar las flores en el jardín.” 210

Como hemos visto, en el universo se observa los mismos rasgos de diseño que
también pueden ser reconocidos y estudiados. Por lo tanto, nos guste o no, solamente Dios
es capaz de ajustarse a la explicación que todos estos fenómenos requieren. El premio
Nobel Arno Penzias, expresó que el principio antrópico es el resultado de una especie de
obra sobrenatural:

“La astronomía nos lleva a un evento único, un universo creado de la


nada y delicadamente equilibrado para proporcionar exactamente las
condiciones requeridas para sostener vida. En ausencia de un accidente
absurdamente improbable, las observaciones de la ciencia moderna parecen
sugerir un plan sobrenatural.”211

210
(Meyer, 2000)

93
El cosmólogo Edward Harrison también ha expresado su deducción diciendo que
los hallazgos científicos de la cosmología moderna no han hecho más que confirmar lo que
William Paley ha dicho antes, o incluso mejorarlo: “Aquí está la prueba cosmológica de la
existencia de Dios–el diseño del argumento de Paley–actualizado y mejorado”. 212 Pero
incluso antes de Paley, la Biblia ya ha ido anunciando que el universo es el resultado del
poder creador de Dios, y su diseño es el efecto de su sabio propósito e infinita sabiduría. El
evangelio de Juan abre diciendo: “En el principio era el verbo”. La palabra griega para
“verbo” es “logos”, de donde se extraen las palabras “razón” y “lógica”. Por lo tanto, lo
que Juan está diciendo que la mente de Dios estuvo desde el principio, y hoy sabemos que
la materia no es eterna ni puede serlo, sino que ella es el resultado de algo más. ¡Y es
precisamente esto lo que sugiere la evidencia científica! El científico que perteneció a la
NASA, Robert Jastrow, dice que la evidencia puede postular a Dios como responsable de
nuestro asombroso universo, y los científicos no tienen forma de negarlo. Jastrow se
pregunta: “¿Fue como la Biblia dice: Desde el principio tú fundaste la tierra, y los cielos
son obras de tus manos? Ningún científico puede responder esa pregunta”.213

La evidencia de ley moral


En el año 2012 se llevaba a cabo uno de los estrenos de cine más esperados de la
historia: Batman: El caballeo de la noche asciende [The Dark Knight Rises]. Sin exagerar,
millones de personas en todo el mundo contaros los días hasta el estreno de la última
película de la trilogía del director Christopher Nolan. Muchas familias llevaban a los hijos
para ver al clásico héroe con quien la mayoría de nosotros crecimos. Se esperaba, quizás,
un buen momento familiar o un tiempo agradable entre amigos y parejas, como caracteriza
a las salidas al cine. Sin embargo, en el condado de Aurora (Colorado, Estados Unidos), un
verdadero caballero de la noche estaba ascendiendo fuera de la ficción. Un hombre de 24
años vestido del Guasón (villano de la película) irrumpió en la sala 9 del cine media hora

211
Citado en Walter Bradley, The “Just-so”: The fine-Tuning of Constants and Conditions in the Cosmos [El
universo diseñado: el fino ajuste de las constantes y las condiciones del cosmos], en (Dembski & Kushiner,
2001, pág. 18.)
212
Citado en (Broocks, 2014, pág. 89.)
213
(Jastrow, God and the Astronomers [Dios y los astrónomos].

94
después de iniciada la película, y comenzó a disparar al azar hacia la asustada multitud,
asesinando a 12 personas e hiriendo a 59 más. Con un total de 69 víctimas entre muertos y
heridos, este fue el registro de uno de los mayores tiroteos masivos en la historia de los
Estados Unidos hasta una historia similar conocida como la masacre de la discoteca de
Pulse de Orlando en 2016, donde un islámico radical irrumpió en la famosa discoteca gay,
matando a 50 personas e hiriendo a 53 más.214

Sobre la masacre de Aurora, un escritor comenta que los niños aterrados y sus
padres se apiñaron con horror y oraron que fueran salvados. Se recuerda que un
sobreviviente dijo en un reporte de televisión: “Nunca veré mi vida de la misma forma”.
Tragedias como estas realmente conmociona a cualquiera que la experimente y se vuelve
una marca de vida. Cualquiera con sentido común aseguraría la demencia de homicidas de
esta índole y no existe persona racional alguna en el mundo que las vea como algo normal
y permisible, a menos que sea un verdadero desequilibrado mental.

Ante tragedias así, el mundo común suele reaccionar: “¿Cómo pudo pasar algo así?;
“¿Qué está pasando por la mente de estos terroristas?”, y: “¿Cómo alguien puede ser capaz
de algo tan malvado?”.215 En otras palabras, hacer juicos morales en casos así se torna una
reacción inmediata que sale desde lo más profundo de nosotros, casi como un instinto. De
hecho, no necesitamos que nadie se esfuerce en convencernos de que aquello estuvo
absolutamente mal. ¡Los sabemos de por sí!

Ahora bien, ¿cómo podríamos estar seguros de que masacres así son absolutamente
malos? ¿Con qué autoridad alguien podría desaprobarlas? Si males como estos son reales,
¡y vaya que existen y aterran a cualquiera!, entonces el bien también debería existir como
un contraste necesario. ¿Pero por qué sabemos distinguir entre lo bueno y lo malo? ¿Cuál
es el fundamento que nos justifica a cumplir con nuestras obligaciones morales y a evitar
(e incluso combatir) las inmoralidades? Como notarán, todos hacemos juicios morales sin a
veces entender de dónde proviene nuestro estándar. Y como ya se lo esperan, esta
incógnita nos guía a un muy persuasivo argumento para la existencia de Dios. La evidencia
de la ley moral es un argumento cuyas premisas están admitidas incluso por teóricos y

214
Masacre de Aurora de 1012, información extraída de
[Link] Masacre de la discoteca Pulse de Orando,
información disponible en [Link]
215
Cf. (Broocks, 2014, pág. 43.)

95
pensadores ateos que no pueden negar la estrecha relación que existe y debe existir entre la
figura de Dios y los valores morales objetivos.

La moral universal
Una característica bastante peculiar de la moralidad es que se encuentra en todas las
sociedades y, por consiguiente, en todos los individuos. De hecho, históricamente, todas
las culturas de la humanidad han tenido de manera clara una ley moral. La realidad moral,
por lo tanto, puede ser verificada con los registros de culturas pasadas, así como también
presenciada en las sociedades presentes. Pero lo interesante de la cuestión no es que todos
estos grupos hayan contado con un sistema moral, sino que dicha moralidad es
sorprendentemente similar sin importar cuán separados estén en el tiempo, la geografía, el
desarrollo cultural, e incluso de la creencia religiosa misma. 216 Es verdad que ellas varían
en ciertos aspectos de modos de conductas, pero algo es absoluto, todos cuentan con un
sistema moral que tiene como fin preservar la integridad del individuo dentro de su grupo
social. Por lo tanto, aunque los pueblos muestran diversidad en cuanto a conductas
específicas que consideran buenas o malas, hay acuerdo universal en los principios de la
moral objetiva. Sobre esta similitud, C. S. Lewis dice: “Si alguien se dedica al trabajo de
comparar las enseñanzas morales del antiguo Egipto, Babilonia, la India, China, Grecia y
Roma, realmente le sorprenderá el grado de similitud entre todas ellas y también con las de
nuestra época”.217

Durante las últimas décadas, los antropólogos han estado comparando las normas y
prácticas de las distintas culturas del mundo y han notado dos cosas importantes:218

 Primero, notan que la moral es universal. Los eruditos en el tema no saben de


ninguna cultura, pasada o presente, que no tenga un sistema moral. Aunque –como
hemos dicho– las normas de moral varíen de una cultura a otra, o incluso dentro de
una cultura en particular, cada cultura siempre tiende a distinguir “lo que es” de lo
“lo que debería ser”. Todos tienen un ideal de cómo deberíamos comportarnos. Es
imposible que una cultura supere a la moral o que se salga de ella.

 Segundo, la diversidad moral de la que tanto insisten los relativistas no es muy


significativa en las distintas culturas. Por eso, la afirmación de que la moral es
bastante distinta en una cultura en comparación a otra es sencillamente exagerada.

216
(McDowell & McDowell, Dios y la Biblia, 2014, pág. 34.)
217
Cf (McDowell & McDowell, Evidencia que demanda un veredicto, 2018, págs. xc-xci.); referencia
(Lewis, Mere Christianity [Mero Cristianismo], 1952).
218
Cf. (D'Souza, 2009, págs. 244-245.)

96
Las religiones del mundo, por ejemplo, las cuales son grandes generadoras de ideas
morales y representan a la gran mayoría de los humanos del planeta, no coinciden
en cuanto a Dios, pero sí coinciden bastante en cuanto a la moral. Es como si todas
contienen en su núcleo mismo aquella regla de oro pronunciada por Cristo: “Todas
las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced
vosotros con ellos”. Debido a esto se suele decir que las más influyentes religiones
del mundo (judía, cristiana, musulmana, hinduista, budista, etc.) comparten un
amplio rango moral más allá de los límites religiosos.

Algunos insisten en que la moral depende de cada cultura y que, por lo tanto, no
podemos hablar de una moralidad universal. Pero si analizamos con atención, ese no
parece ser el caso. Es muy distinto decir que la moralidad varía absolutamente de cultura a
cultura que decir que existe una moral absoluta con alguna que otra variación. Sí, hay
diversidad de práctica moral, pero hay mucho menos diversidad de normas morales. Es
posible que un grupo permita una esposa y otro grupo permita cuatro o más, pero todos
coinciden en la indispensabilidad de la familia y la obligación moral de proveer a las
generaciones posteriores. El libro de James Q. Wilson “El sentido de la moralidad” [The
Moral Sense] presenta pruebas para una moral universal arraigada en los instintos humanos
más básicos.219 Asimismo, el estudio de Donald Brown “Universalidades humanas”
[Human Universals] revela más de 300 patrones invariables de comportamiento, que
incluyen una multitud de creencias morales que todas las culturas conocidas comparten. El
autor Dinesh D'Souza nos ejemplifica diciendo que “es posible que varias culturas
especifiquen situaciones en las que es moralmente tolerable mentir o actuar de una manera
cobarde, pero ninguna culura apoya la deshonestidad y la cobardía como valores”.220

Las evidencias parecen ser claras respecto a la universalidad moral. Todos en la


historia parecen haber tenido un sistema moral muy similar dentro de sus respectivas
costumbres. Esta unanimidad moral no se limita a culturas monoteístas [ que creen en un
Dios] solamente o incluso a culturas religiosas. Los griegos y los romanos, por ejemplo,
compartían muchas de las enseñanzas morales del cristianismo, aunque los tales eran
politeístas [creían en muchos dioses]. También Confucio estableció preceptos morales de
la misma clase, aunque carecían por completo de la idea de “Dios”. Los antropólogos
también hablan de culturas animistas [creencia de que las cosas poseen vida o vitalidad]
que no tienen creencias religiosas formales en absoluto, pero que sí cuentan con principios

219
Cf. (Wilson, 1993); (Brown, 1991).
220
(D'Souza, 2009, pág. 245.)

97
morales similares a los que hoy conocemos. 221 Es por eso que la moral definida por los
Diez Mandamientos en la tradición judía, por el Código de Hammurabi en Babilonia, 222 por
el Tao en China,223 y por el Nuevo Testamento del cristianismo, podría, quizás, diferir en
algunos detalles periféricos, pero son similares en esencia. Todas tienen reglas que
prohíben matar a otros a voluntad o violar niños por deporte, etc. Todas las leyes morales
de estas culturas parecen tener la finalidad de “proteger la vida humana”, y en la historia
han sido reglas que gobiernan el matrimonio, relaciones familiares, condenan el robo y
estimulan el hacer bien a los demás.224

La moral absoluta es innegable

Otra forma de demostrar que existe una moralidad absoluta que abarcó toda nuestra
historia es mediante los efectos prácticos. Prácticamente es imposible negarla. El relativista
moral sostiene vehementemente que no existen valores morales absolutos más allá de
nuestra subjetividad. Los valores –dicen ellos– dependen del sujeto, por lo tanto, aquello
que llamamos “bueno” o “malo” es solo cuestión de preferencias personales. Asesinar a
alguien o hacer bien a alguien es cuestión de gustos y preferencias, así como preferir entre
un helado de chocolate o vainilla según guste más. Eso suena lindo y simple en la teoría,
pero es sencillamente insostenible en la práctica.

Imagine lo siguiente… todo aquel que afirma que no existen los valores morales
absolutos valora su derecho de expresar su opinión. Esta persona se expresa porque
“desea” ser escuchada y tomada en cuenta. Esta persona afirma que hay un “error” en
afirmar que sí existen valores morales absolutos y, por lo tanto, es su “deber” corregir el
error y alegar que no hay tal absolutismo. Pero, ¿por qué esta persona creería que su
opinión deba ser valorada o tomada en cuenta? ¿De dónde proviene su necesidad de
corregir el error para no propagar una “mala” información? Cuando una persona se levanta
y exclama que no hay valores morales absolutos y alguien le replicara diciendo: “¡Cállese
y siéntese! ¡Su opinión es una basura!”, muy probablemente esa persona empiece a

221
Ibíd., pág. 245.
222
El código es datado hacia el año 1700 a.C., el cual –según se cree– fue recibido por el rey Hammurabi de
Babilonia de parte del Shamash, el dios del Sol y la justicia, para constituirse como reglas a cumplir a fin de
fomentar el bienestar del pueblo.
223
Moral del taoísmo y confucionismo que fomenta la paz, armonía y respeto por el mundo.
224
(McDowell & McDowell, Dios y la Biblia, 2014, pág. 34.)

98
defender su derecho “moral” de opinar y que, por lo tanto, no somos libres de reprimirla
como persona. Como dice el apologista Norman Geisler:

“Su queja habría demostrado que realmente creía en un valor real


absoluto: ella valoraba su derecho a decir que no hay valores absolutos. En
otras palabras, incluso aquellos que niegan todos los valores valoran su
derecho a hacer esa negación. Y ahí yace la inconsistencia. Los valores
morales son prácticamente innegables.”225

Como verán, se necesita apelar a alguna realidad moral universal incluso para negar
que ellas existen. Necesita haber una moralidad regidora hasta para que la discusión al
respecto se dé. De no ser así, ningún juicio moral donde juzgamos cuando algo es correcto
o atroz tendría sentido último.

Pero existe otra forma de notar como la moral absoluta es innegable, y tiene que ver
con nuestras reacciones básicas ante hechos que normalmente consideraríamos como justos
o injustos. Norman Geisler nos presenta un escenario donde un profesor asigna a sus
estudiantes la tarea de realizar un ensayo sobre un tema ético a elección. Un estudiante ateo
decide escribir sobre el relativismo moral, argumentando que no existen verdades morales
absolutas y que, por lo tanto, “todas las moralejas son relativas; no hay un estándar
absoluto de justicia o rectitud; todo es cuestión de opinión; te gusta el chocolate, me gusta
la vainilla”, y así sucesivamente. El ensayo del estudiante fue hecho con rigor,
documentación y fue presentado en una linda carpeta azul. Sin embargo, el profesor, luego
de leer el ensayo, decide reprobar al estudiante sencillamente porque “no le gustan las
carpetas azules”. Cuando el alumno miró la calificación de su ensayo, naturalmente se
enfadó y fue a reclamar al profesor por su injusta calificación. Podemos imaginar las
palabras del estudiante: “injusticia”, “esto es incorrecto”, “no me merezco esta
calificación”, “también hay otras carpetas azules que no reprobaste”, etc. No obstante, el
profesor solo está intentando confirmar la tesis del estudiante al desaprobar la validez de
un trabajo por una mera preferencia personal [no le gustan las carpetas azules]. Pero es el
estudiante el que desmiente su tesis con su reacción insistiendo –al menos indirectamente–
en que hay una ley moral que lo avala para protestar. Norman Geisler concluye sobre esta
moraleja diciendo:

“La moraleja de la historia es que hay moral absoluta. Y si realmente


quieres que los relativistas lo admitan, todo lo que debes hacer es tratarlos
injustamente. Sus reacciones revelarán la ley moral escrita en sus corazones
225
Norman Geisler, “¿Cómo sabemos que existe una ley moral?”, en (Geisler & Turek, No basta mi fe para
ser ateo, 2019, págs. 205-206.)

99
y sus mentes. Aquí, el estudiante se dio cuenta de que hay un estándar
objetivo de corrección por la forma en que reaccionó al trato que el profesor
le dio a él. De la misma manera, no creo que robar esté mal cuando te robo.
Pero mira cuán moralmente indignado me siento cuando me robas.”226

Las reacciones a las que podríamos denominar como “básicas” demuestran con
claridad la inconsistencia de negar la moralidad absoluta. Cualquier persona puede afirmar
de lengua para afuera que cree en el relativismo moral, pero no desean bajo ningún
pretexto que sus cónyuges se comporten como relativistas sexuales. Ellos detestarían el
hecho de que sus parejas sean solo relativamente fieles. Al contrario, los casados –
mentalmente equilibrados– desearían que sus respectivas parejas vean al adulterio como
absolutamente incorrecto, y saben que reaccionarían negativamente si bajo el pretexto del
“relativismo” practicaran la traición. Incluso sí hubiera algún casado fuera de serie que no
tenga problemas con el adulterio en su matrimonio, podemos asegurar que desaprobarían
terminantemente el hecho de que alguien desee violar y asesinar a sus hijos o a ellos
mismos. ¿O no?

Geisler nos ayuda a reflexionar y ver cómo nuestras reacciones morales más básicas
nos guían a identificar lo que es correcto y lo que es incorrecto. Cuando los terroristas del
11 de septiembre tiraron los aviones contra los edificios americanos, todos se
conmocionaron con profunda desaprobación. Pero Bin Laden y sus compañeros criminales
solo hacían lo “correcto a sus ojos”. Sin embargo, ¿cómo creen que Bin Laden habría
reaccionado si el caso hubiera sido a la inversa y sus aviones y edificios junto con su gente
hubieran sido los afectados? De seguro él habría reaccionado de inmediato demostrando su
profunda desaprobación. Por eso, dice Geisler, la ley moral no siempre es evidente a partir
de nuestras acciones –porque somos inmorales a veces sin siquiera notarlo– pero sí son
bastante evidentes cuando reaccionamos ante lo que nos afecta personalmente: “En otras
palabras, la ley moral no siempre es el estándar por el que tratamos a los demás, pero casi
siempre es el estándar por el que esperamos que otros nos traten. No describe cómo nos
comportamos realmente, sino que nos prescribe cómo debemos hacerlo”. 227 Es cómodo ser
relativista cuando nos creemos filósofos, pero difícilmente lo seamos cuando somos
víctimas de alguna que otra injusticia o maldad que –se supone– son solo relativos.

226
Ibíd., pág. 207.
227
Ibíd., págs. 207-208.

100
La moral absoluta es necesaria para todos

Relativizar los valores morales –sobre todo los valores fundamentales– podría ser
catastrófico para toda sociedad que pretenda ser civilizada. No existe civilización alguna
que haya fomentado alguna forma de libertinaje moral teniendo la intención de construir su
sociedad, proteger al individuo y preservar su vida en base al valor que “naturalmente” el
ser humano posee. El derecho más básico –el derecho humano– fue fundamental para el
establecimiento de un país como Estados Unidos. En la famosa Declaración de
Independencia, Tomas Jefferson escribió:228

“Sostenemos que estas verdades son evidentes por sí mismas, que


todos los hombres son creados iguales, que están dotados por su Creador de
ciertos derechos inalienables, que entre estos están la vida, la libertad y la
búsqueda de la felicidad. Que para asegurar estos derechos, los gobiernos se
instituyen entre los hombres, derivando sus justos poderes del
consentimiento de los gobernados.”

No importa a cuál país pertenezcas, esta misma esencia se imputa a toda sociedad
civilizada. Como dice esta declaración, en vista de que el ser humano posee valor
intrínseco, está rodeado de derechos morales que proceden, no de algo inventado, sino del
Creador mismo, quien es la máxima autoridad. La intención de Jefferson no fue exponer
una opinión, sino establecer una verdad “evidente por sí misma” y sustentarla a partir de lo
más grande e inmutable posible: Dios. Si Jefferson hubiera dicho que el valor es asignado
según la opinión humana, entonces otros humanos podrían eliminar dicho valor. Si dicho
valor fuera asignado por la naturaleza, entonces nadie se sentiría seguro viendo cómo la
naturaleza (el reino animal, por ejemplo) es. La opinión humana es subjetiva e inestable; y
la naturaleza no es un buen ejemplo para nosotros en cuanto a moral se refiere.

A lo largo de la historia se puede observar cómo las naciones han intentado


preservar una forma de absolutismo moral. Es verdad que algunas sociedades han sido muy
estrictas en lo moral, mientras que otras han sido más flexibles en uno o más puntos. Sin
embargo, de igual manera, se puede notar que muchos se han opuesto a cualquier acto
inmoral que haya puesto en riesgo la integridad humana. Miremos, por ejemplo, el caso de
la Alemania de Hitler. Aberraciones como las de Hitler han tenido muy corta vida porque
elementos internos y externos a sociedades desequilibradas por esta “inmoralidad” se han
indignado lo suficiente como para levantarse en oposición. Cuando los criminales de
guerra nazis fueron llevados a juicio, fueron condenados por haber violado los derechos
228
Tomado de Ibíd., pág. 208.

101
humanos más básicos tal como lo define la ley moral (como se manifiesta en el derecho
internacional). Es más, fue precisamente en respuesta al caos inmoral de la Segunda
Guerra Mundial que desde las Naciones Unidas se vio la necesidad de declarar los
derechos humanos (en 1948), luego de que millones de personas fueran asesinadas por el
simple hecho de ser judías, polacas o de cualquier etnia no deseable por los nazis. En total,
se estima que 50 millones de personas murieron debido a ese conflicto que suscitó a raíz de
perversidades morales. Para la ONU, el derecho humano es la facultad moral y legal de
tener y obtener algo, o de actuar de cierta manera. Ese derecho es, antes que nada, un
derecho moral.229

Como verán, estas leyes globales construyen y preservan civilizaciones. Sin ellas, el
mundo sería un caos. Pero estas leyes morales son entendidas inherentemente y a ellas
están sujetas las naciones (o deberían estarlo). Si no existiera esta moralidad nacional e
internacional que trascendiera las opiniones de solo un grupo de hombres, entonces no
habría bases como juzgar lo que otros hombres (como los nazis) hicieron. En otras
palabras, nadie pudo haber dicho con razón que los nazis estaban absolutamente
equivocados a menos que supiéramos lo que era lo absolutamente correcto. Las sociedades
se forman con ciudadanos, los ciudadanos son individuos, y si su valor es efímero,
entonces su libertad es subjetiva y la moralidad que conoce es relativa. Si esto es así,
entonces su sociedad corre el riesgo de desmoronarse. Es por eso que las leyes morales son
necesarias y rodo individuo es consciente de esto. Y aunque haya alguna que otra variante
en cuanto a cómo el ser humano debe comportarse, es como si muchas orquestas diferentes
estuvieran tocando de la misma partitura, pero adaptándola para sus propios
instrumentos.230

En busca de otro fundamento moral


Los que huyen de Dios se encuentran entre la espada y la pared cuando son
confrontados con el argumento moral. Harán todo lo posible para seguir sosteniendo los
valores morales objetivos del cual dependen y que instintivamente practican, pero sin hacer
referencia a Dios. Como lo indica el escritor Rice Broocks: “Al saber que la moralidad
debe estar basada en alguna autoridad, la lucha desesperada de los escépticos es por

229
Universal Declaration of Human Rigths, documento descargable, Naciones Unidas:
[Link]/en/[Link]-rights/
230
(McDowell & McDowell, Dios y la Biblia, 2014). Cf. (Broocks, El derecho humano, 2018, pág. 4.)

102
encontrar cualquier alternativa que no sea Dios”. 231 Muchos ateos no están dispuestos a
ceder los valores morales al terreno de Dios y los creyentes, sino que intentarán ofrecer un
mundo meramente natural, donde no hay Dios, pero sí valores morales. Esto es un
verdadero dilema que se repitió a lo largo de la historia: “Si usted intenta construir un
mundo sin Dios, algo más tomará su lugar”.232

Pero otros incrédulos, sin embargo, no se esforzarán tanto en esta tarea, sino
admitirán que en vista de que Dios no existe, los valores morales son sencillamente
inventos humanos; y aunque ellos practiquen y defiendan estos valores sin contar con un
fundamento, alegarán que solo se trata de una “feliz inconsistencia”. Otros ateos, mucho
más enajenados por su cosmovisión, instarán a relativizar los valores morales según el
antojo de cada uno.

¿Es la ley moral un contrato social?

En busca de explicaciones no teológicas para la existencia de la moralidad, algunos


escépticos entienden que la moral es el resultado de un acuerdo o contrato social. Es decir,
en algún momento de la historia, ciertos individuos se pusieron de acuerdo respecto a
cómo debemos comportarnos a fin de garantizar el bienestar común. Lo que llamamos ley
moral no fue dado por un legislador divino, sino que fueron inventados y acordados por los
hombres. Según esta perspectiva, lo que llamamos “bueno” es sencillamente aquello que es
“aprobado” por la mayoría (socialmente). Sin embargo, esta perspectiva presenta muchos
problemas y se vuelve insostenible debido a sus implicancias.

En primer lugar, si la moral fuera un mero contrato social establecido por una
mayoría, ¿qué pasaría si alguien decidiera violar dicho contrato? ¿Sería correcto o
incorrecto que lo haga? Si la moral es un mero contrato social promulgado por hombres,
¿por qué otros hombres no podrían violarlo? ¿No sería acaso la opinión de un hombre en
oposición a la opinión de otro hombre? No puede existir debate objetivo cuando se trata de
preferencias personales. En ese sentido, violar o respetar el contrato social serían –
sencillamente– acciones moralmente equivalentes. Pero si alguien se atreviera a juzgar
moralmente a quien violare el contrato social debería apelar a una autoridad mayor en
contraposición a la opinión de otros hombres.233
231
(Broocks, Dios no está muerto, 2014, pág. 49.)
232
Ibíd., pág. 50.
233
Cf. (Turek, Robándole a Dios, 2018, págs. 78-79.)

103
Por otro lado, si la moral fuera el resultado de convenciones y acuerdos sociales,
nadie tendría autoridad moral para juzgar el comportamiento de otros grupos sociales. Si
en la Alemania Nazi todos estaban de acuerdo con los ideales de Hitler, nadie de otro
sector tiene derecho a juzgarlo desde la perspectiva de su “contrato social”. Después de
todo, la moral convencional es relativo y varía de cultura en cultura. ¿Por qué una
perspectiva moral debería interferir con otra? De hecho, irónicamente los nazis creían estar
en lo correcto al servir al gobierno de su tiempo. Pero se sabe que los valores morales
objetivos proporcionan un estándar general para observar negativamente hazañas como
esa, aunque pertenezcan a un contexto y tiempo específico, y dicha comunidad haya
acordado hechos moralmente detestables. No es necesario que alguien convenza a un
individuo mentalmente sano que, por ejemplo, aquello que hizo Hitler y los nazis es moral
y objetivamente incorrecto, así también torturar y matar bebés por diversión es moralmente
atroz.

“Cuando vemos la historia de la cultura humana descubrimos


muchas culturas involucradas en prácticas moralmente censurables. Si lo
bueno es determinado por la sociedad, entonces no podemos condenar
prácticas tales como el genocidio, el canibalismo, los sacrificios humanos, el
infanticidio, la pederastia, la inmolación de la viudez o suicidios
comunitarios, por nombrar algunos pocos.”234

Observar las prácticas morales de las distintas culturas causan pavor a cualquier
persona civilizada. Pese a que pertenecían a culturas y tiempos distintos, ¡aún serían
inaceptables! No importa si una sociedad crea en que es correcto sacrificar humanos,
sacrificar bebés o promover genocidios, ¡todos saben que tales prácticas están
absolutamente mal! El ateo puede insistir cuanto quiera que la moralidad depende de su
contrato social, pero sería extremadamente sínico si las acciones de Hitler le parecieran
válidas siempre y cuando la mayoría haya estado de acuerdo con él.235

Lo persuasivo del punto que estamos tratando en esta parte consiste en que un
escéptico que cree en este relativismo podría afirmar vehementemente su punto, pero se
sentirá confrontado cuando usamos ejemplos donde se sentirá casi obligado a desaprobar
moralmente acciones de otras culturas. El autor Mark Clark nos describe un caso con un
amigo escéptico:

234
(Bahnsen, ¡Prepárate para la buena batalla!: La metodología apologética de Greg L. Bahnsen, 2013, pág.
160.)
235
(McDowell & McDowell, Dios y la Biblia, 2014, págs. 36-37.)

104
“Muchos escépticos reaccionan contra la idea de que una ley moral
es evidencia de la existencia de Dios. Su solución es decir que nuestros
valores morales no son objetivos en absoluto […] En otras palabras, son
construidos socialmente, son producto de nuestra cultura y educación. Un
compromiso con este concepto de moralidad, sin embargo, pone a la gente a
la fuerza en una esquina extraña. Por ejemplo, yo solía trabajar en una tienda
de manualidades […] cuando estaba en la universidad, y uno de mis
compañeros de trabajo era un apasionado y comunicativo ateo. Él y yo a
menudo nos poníamos a discutir acerca de Dios y el cristianismo mientras
trabajábamos… Un día me dijo: “Yo creo que toda moralidad es construida
culturalmente, es relativa, un producto de nuestra evolución y que no es
correcto que proyectemos nuestros valores occidentales hacia otras culturas”.
Para probar cuán comprometido estaba con esta creencia, le pregunté: “¿Si
fuéramos a una aldea en medio de la selva de algún lugar, y trajéramos a tu
hermana con nosotros, y ella fuera capturada, amarrada, torturada, y luego se
la comieran viva porque esa era la creencia de esa cultura, ¿qué sentirías al
respecto? ¿Cómo sería tu respuesta? Si eres fiel a tu cosmovisión, no podrías
decir que ellos habían hecho algo definitivamente malo. Sólo podrías decir
que ellos hicieron algo que no te gustó a ti pero que no obstante es
moralmente aceptable.”236

El ateo y relativista moral podría insistir en que los valores morales son relativos y
varían según la convención de cada cultura, pero casi siempre tenderá a juzgar
objetivamente hechos atroces. No obstante, podría darse el de suma obstinación donde,
ante el hecho de que su hermana sea devorada, el ateo responderá: “Por más que me
doliera decirlo, no diría que ellos hicieron algo malo, solo algo con lo cual estaba
personalmente en desacuerdo”. ¡Posiblemente lo diga titubeando con un terrible peso de
conciencia! ¡Será tan incómodo para él admitirlo! ¡Es como si estuviera violando el orden
natural más básico! Sin embargo –como lo señala Mark Clark– podemos estar convencidos
de que, en realidad, ningún ateo cree verdaderamente en una moralidad relativa. La
adopción de este punto de vista es sencillamente incómodo, insostenible e impracticable. A
pesar de lo que diga, ellos no están siendo sinceros.237

¿Lo bueno es lo que hace bien?

Muchos son morales pero indiferentes a Dios. Los moralistas modernos defenderán
la moralidad desde una visión humanista, sugiriendo que lo bueno se mide por sus
consecuencias. “Si me hace bien, entonces es correcto”. “Si beneficia a la humanidad,
entonces es moralmente bueno”. Esta perspectiva también lleva el nombre de
consecuencialismo, pues entiende que toda acción moral está determinada por sus
consecuencias. También podría denominarse utilitarismo, el cual es un sistema ético que
236
Anécdota del autor cristiano Mark Clark en “El problema de Dios”, pág. 47-48.
237
Clark, El problema de Dios, pág. 48-49.

105
dice que lo bueno es aquello que causa mayor felicidad para el mayor número de personas.
“Si es útil, es bueno”.238 De manera que, si una acción daña a la figura humana, entonces
son desaprobadas y catalogadas como moralmente malas.

Pero este sistema ético presenta muchos problemas y es incapaz de explicar mucho
de sus propios postulados. Esta visión sostiene que las acciones dependen de su fin [el fin
justifica los medios]. Si al utilitarista le es útil, es correcto; si al hedonista le causa placer,
es correcto; y si al humanista le beneficia, es correcto. ¿Pero por qué la utilidad, el placer y
el beneficio son fines que se deben seguir? ¿Son dichos fines buenos en sí mismos?
Cuando el utilitario dice que lo bueno es para el mayor número, entonces podemos
preguntar: ¿Por qué es el mayor número determinante para lo bueno? ¿Qué les hace pensar
a los humanistas que esta visión ética es la correcta y quien piense lo contrario está en lo
incorrecto? Además, ¿tiene el ser humano derecho moral? ¿Por qué el simple hecho de ser
humano le asigna valor? Así también, cuando en una cultura particular la mayoría acepte
que el propósito de comerse a su enemigo vencido y sacrificar a bebés a sus dioses es
bueno, ¿cómo podemos declarar que ese fin es malo?239

Esta perspectiva es racionalmente insostenible. El relativismo –dentro de esta


visión– se vuelve tan excesivo que colisionan entre sí. El hecho de que la mayoría sea
beneficiada por una acción no la vuelve moralmente correcta. El hecho de que alguien
decida lo correcto e incorrecto en base a lo que le causa más placer o le beneficie más
puede traer consigo muchos problemas. De hecho, si la historia ha demostrado algo, es que
este tipo de visiones morales han sido la fuente de hechos atroces. Nuevamente, la
moralidad debe tener un estándar superior al hombre para tener sentido y validez. Si el
hombre es el estándar, el caos será inevitable. ¿Hasta cuándo persistirán en robar el rango
que solo corresponde a Dios?

¿La ciencia puede explicar la moralidad?

Los ateos niegan la existencia de Dios. Ellos afirman que, no habiendo Dios,
tampoco hay eventos sobrenaturales en el universo. Por lo tanto, todo debe poseer alguna
explicación naturalista. Esta perspectiva también se conoce como naturalismo, el cual es
una visión asociada al materialismo. Para el naturalista, todo posee explicaciones

238
Bahnsen, ¡Prepárate para la buena batalla!, pág. 165.
239
Ibíd., pág. 165.

106
materiales y, en efecto, la ciencia (que estudia el universo material) puede brindarnos una
explicación satisfactoria de todos los fenómenos. El universo, su existencia y todo su
transcurso, se debe meramente a causas naturales, y cualquiera sea la naturaleza o función
de un objeto natural, tiene que tener como causa otro objeto natural. 240 Y como la
moralidad es una realidad dentro del mundo material, entonces debe existir una explicación
naturalista y científica al respecto.

Por ejemplo, el famoso ateo Sam Harris, en su libro The Moral Landscape [El
paisaje moral], es ejemplo de quien defiende a capa y espada que Dios es innecesario para
explicar la realidad moral que conocemos. Harris afirma que la ciencia puede proveer la
base de una moral objetiva sin apelar a Dios.241 De la misma manera, otros ateos apelan a la
teoría de la evolución para explicar la realidad ética de los seres humanos, la cual no es
más que un subproducto de la evolución biológica y el condicionamiento social.

Sin embargo, todas estas teorías enfrentan objeciones devastadoras y, al final, se


vuelven incapaces de sostenerse en pie. Caen en una multitud de contradicciones y falacias
que el escéptico no puede corregir a menos que empiece a apelar indirectamente a Dios.
Por ejemplo, Sam Harris hace trampa al creer en cosas que su cosmovisión atea no puede
albergar. Al respecto, el apologista Frank Turek dice:

“La ciencia puede ser capaz de decirte si una acción puede lastimar a
alguien (dar de beber cianuro a alguien lo matará), pero no si debes lastimar
a alguien o no. ¿Quién dijo que está mal hacer daño a los demás, Sam
Harris? ¿Tiene él autoridad sobre el resto de los seres humanos? ¿Es su
naturaleza el modelo del bien?”242

¡Fíjese en esto! La ciencia es incapaz de brindar una explicación suficiente y


satisfactoria para la moralidad absoluta. La ciencia es descriptiva, mientras que la
moralidad es prescriptiva. Es decir, la ciencia puede describirte qué pasará en el organismo
de alguien que bebe cianuro, pero no puede prescribirte si es correcto o incorrecto que
pongas cianuro en el café de alguien. La ciencia puede decirte cómo diseñar una bomba
atómica y qué pasará en caso de que haga explosión, pero no puede decirte si debes o no
devastar naciones con esas bombas.

240
(Dyrness, 1988, págs. 102-103.)
241
(McDowell & McDowell, Evidencia que demanda un veredicto, 2018, pág. xci.)
242
Frank Turek, Stealing from God, 2014, pág. 100. Citado en McDowell & McDowell, Evidencia que
demanda un veredicto, 2018.

107
Como sabrán, pues, la ciencia puede estudiar el aspecto biológico del ser humano,
pero el amor, el respeto a la dignidad humana, el sacrificio desinteresado, el bien común y
virtudes como esas no están hechas de moléculas ni se prestan a ser ingresadas a algún
tubo de ensayo. El apologista Fran Turek insiste en que no es posible explicar valores
morales por medio de la biología, ya que esto se consideraría un error de categoría, el cual
es aplicado a cosas como, por ejemplo, ¿cuál es la composición química de la justicia?
¿Qué sabor tiene el valor? Pues bien, lo mismo ocurre cuando los ateos naturalistas tratan
de explicar las leyes morales mediante procesos biológicos dentro del campo científico, ya
que la moralidad y la biología se encuentran en diferentes categorías.243

¿La evolución puede explicar la moralidad?

La tendencia moderna contra Dios, además de endiosar a la ciencia, consiste en


explicar aquello que nosotros llamamos moralidad mediante un proceso evolutivo. La
evolución tiene una respuesta, según ellos. La evolución es la alternativa más popular que
sustituye al Dios creador. Según la evolución, todas las especies que existen en la
actualidad han surgido a través de un proceso de selección natural, o como lo describe
Herbert Spencer,244 A través de la “supervivencia del más apto”. 245 El autor Rice Broocks
describe este proceso observándolo como el mecanismo donde los “organismos más
débiles son eliminados mientras la selección natural elige los genes más fuertes para que
pasen a la siguiente generación”.246

El punto de relación entre evolución y moralidad consiste en que, según ellos, dicho
mecanismo puede explicar el sentido moral que los humanos poseen. El darwinista Edward
O. Wilson afirma que nuestro sentido de la moralidad ha evolucionado de la misma manera
que nosotros mismos hemos evolucionado, mediante la selección natural. Wilson admite
que “se ha avanzado muy poco en la exploración biológica de los sentimientos morales”,
sostiene igualmente que la moralidad (sentimientos morales) es un mero proceso biológico
que se transmite de generación a generación a través de miles de años. 247 El ateo
243
(Turek, Robándole a Dios, 2018, pág. 77.)
244
Herbert Spencer fue un naturalista, filósofo, sociólogo, psicólogo y antropólogo inglés. Spencer desarrolló
una concepción omnímoda de la evolución como el desarrollo progresivo del mundo físico, los organismos
biológicos, la mente humana, la cultura humana y las sociedades (Herbert Spencer, Wikipedia:
[Link]
245
Herbert Spencer, The Principles of Biology [Los principios de la biología], 1:444.
246
(Broocks, Dios no está muerto, 2014, pág. 53.)
247
Edward O. Wilson, “The Biological Basis of Morality” [La base biológica para la moralidad] en The
Atlantic Monthly [El Atlántico mensual], Abril 1998. Publicado en línea

108
evolucionista Richard Dawkins sostiene lo mismo cuando dice que nosotros queremos
asegurarnos de que nuestros propios genes pasen a nuestros hijos, así que lo tratamos
favorablemente –actuamos con un “altruismo recíproco” en el que hacemos el bien a otros
para beneficiarnos a nosotros mismos.248 Según Dawkins, con el tiempo, estos impulsos
morales se programaron en el cerebro desde “tiempos ancestrales, cuando los humanos
vivíamos en pequeñas y estables bandas parecidas a las de los babuinos”, cuando tuvimos
la oportunidad de ser buenos “solo hacia nuestros parientes más cercanos y hacia
potenciales reciprocadores”.249 Por lo tanto, cualquier noción de “bien absoluto” –en
palabras de Dawkins– no es más que una “falla” o “un gran error”. 250 El filósofo de la
ciencia Michael Ruse lo propone así:

“La posición del evolucionista moderno… es que los humanos


tenemos una conciencia de moralidad… porque tal conocimiento es de valor
biológico. La moral es una adaptación biológica, no menos de lo que lo son
las manos, los pies y dientes… Considerado como un conjunto de
afirmaciones racionalmente justificables sobre un objetivo, la ética es
ilusoria. Aprecio que cuando alguien dice “Ama a tu prójimo como a ti
mismo”, piensen que se están refiriendo a algo más allá de sí mismos… Sin
embargo… tal referencia verdaderamente no tiene fundamento. La
moralidad es solo una ayuda para la supervivencia y la reproducción… y
cualquier significado más profundo es ilusorio.”251

El apologista William L. Craig explica esta perspectiva diciendo que, como


resultado de las presiones sociobiológicas, “se ha desarrollado entre el homo sapiens una
especie de “moralidad del rebaño” que funciona bien en la perpetuación de nuestra especie
en la lucha por la supervivencia”.252 En otras palabras, la moralidad tiene que ver con un
instinto de supervivencia, donde de algún modo aseguramos nuestra propia supervivencia
actuando de forma favorable hacia otros a la manera de ganancia de un “gen egoísta”. 253 El
individuo y su comunidad es moral debido a que desea preservar su vida; pero en realidad
no hay un absolutismo moral más que las programadas debido al proceso evolutivo. La
moral, en ese sentido, está determinada por el material genético. Solo se basa en
sentimientos heredados o instintos, y no en un estándar objetivo de lo correcto e
incorrecto.254
[Link] Citado en (Geisler & Turek, No basta mi fe para ser
ateo, 2019, pág. 221.)
248
Richard Dawkins, The God Delusion, p. 216.
249
Ibíd., p. 221.
250
Ibíd.
251
Michael Ruse, “Evolutionary Theory and Christian Ethics”, en The Darwinian Paradigm, págs. 262, 268-
89. También citado por William L. Craig en (Craig, Fe Razonable, 2008, pág. 183.)
252
Craig, Fe Razonable, 2008, pág. 183.
253
Mark Clark, El problema de Dios, págs. 51-52.
254
(Geisler & Turek, No basta mi fe para ser ateo, 2019, pág. 221.)

109
Sin embargo, esta visión presenta múltiples problemas. Si lo que llamamos “bien”
es lo que los evolucionistas escépticos señalan, muchas de nuestras prácticas morales que
hoy aceptamos todavía permanecen sin explicación. O, peor aún, hasta suenan
contradictorias. Por ejemplo, ¿por qué poner la vida por gente desconocida se consideraría
heroico en vez de estúpido? No existe explicación evolucionista de por qué llegaríamos a
adoptar muchos de los principios más desinteresados que hemos llegado a valorar como
“especie”. Como lo señala Tim Keller:

“Para efectos evolucionistas, la hostilidad hacia toda la gente que


está fuera de nuestro grupo debe […] considerarse ampliamente como una
conducta moral y correcta. Sin embargo, hoy creemos que sacrificar el
tiempo, dinero, sentimientos, e incluso la vida –especialmente para alguien
que “no es de nuestra clase” o tribu –es correcto”.255

Mark Clark nos ejemplifica esto como sigue:

“Si vemos a una persona extraña caerse al río, por ejemplo, nosotros
saltamos tras de ella o nos sentimos culpables por no haberlo hecho. La
mayoría de la gente sentirá esta obligación; la pregunta es: ¿Cómo pudo
haberse transmitido esa característica mediante un proceso de selección
natural? Esa gente hubiera tenido menos probabilidades de sobrevivir y
pasar sus genes.”256

El sacrificio desinteresado que comúnmente alabaríamos como ejemplo de valor


moral no posee una explicación evolucionista. Sin embargo, nadie duda de que es
moralmente aceptable. Si la moralidad no puede basarse en un mero instinto, puesto que a
menudo entendemos que es preciso ignorar el instinto más fuerte para hacer algo más
noble. Cuando alguien es asaltado y pide ayuda, tu instinto más fuerte podría ser no
involucrarte puesto que arriesgarás la vida por un desconocido, pero tu obligación moral
grita más fuerte y te pide hacer algo al respecto. Los darwinistas sencillamente no logran
explicar por qué las personas subviertes sus propios instintos de supervivencia para ayudar
a otros, a veces hasta el punto de su propia muerte. De algún modo, todos sabemos que hay
fines más nobles que la mera supervivencia: los solados se sacrifican por su país, por sus
amigos, por sus familias, por desconocidos, y, si el cristianismo es verdadero, Dios
sacrificó a su Hijo, y el Hijo voluntariamente se sacrificó por nosotros.257

Por otro lado, si la moral que conocemos es solo el resultado biológico de nuestro
instinto de supervivencia, ¿por qué la supervivencia debería ser algo bueno? El Dr. Craig
255
(Keller, The Reason for God: Belief in Age of Skepticism [La razón de la existencia de Dios], 2008, pág.
153.); edición en español: (Keller, ¿Es razonable creer en Dios?, 2017).
256
Clark, El problema de Dios, pág. 52.
257
Cf. (Geisler & Turek, No basta mi fe para ser ateo, 2019, págs. 222-223.)

110
afirma que, si Dios no existe, no solo los valores morales objetivos se reducen a una mera
ilusión, sino el valor moral de nuestra propia especie. Después de todo, insiste Craig,
“pensar que los seres humanos especiales es ser culpables de especismo, un prejuicio
injustificado hacia la propia especie”.258 Craig añade también:

“Considera, entonces, los valores morales. Si el teísmo es falso, ¿por


qué pensar que los seres humanos tienen un valor moral objetivo? Después
de todo, desde el punto de vista naturalista, no hay nada especial en los seres
humanos. Son simplemente subproductos accidentales de la naturaleza que
han evolucionado hace relativamente poco tiempo en una partícula
infinitesimal llamada plantea Tierra, perdida en algún lugar en un universo
hostil y sin sentido, y que están condenados a perecer individual y
colectivamente en un tiempo relativamente corto.”259

El propio Richard Dawkins, en concordancia con su cosmovisión atea, pinta el


cuadro naturalista asumiendo que el valor humano puede ser algo realmente deprimente.
Dawkins dice: “En el fondo no hay diseño, no hay propósito, no hay mal, no hay bien, solo
hay indiferencia sin sentido… Somos máquinas propagadoras de ADN… Es la única razón
de ser de todo ser viviente”. 260 En otras palabras, el ser humano es un animal más que solo
existe, y su fin consiste solo en eso, en seguir existiendo mediante propaga su ADN. Sin
embargo, lo irónico del caso es que muchos ateos no viven conforme a esta teoría; y los
humanistas parecen no haber enfrentado directamente las consecuencias del naturalismo.
Por ejemplo, el filósofo humanista Paul Kurtz insiste en que el éxito humano es “la única
razón de la existencia” de la vida humana. 261 ¿Pero cuáles éxitos deberían seguirse como
fin de la existencia humana? ¿Por qué no pensar que el éxito final de Hitler es equivalente
o mejor que el éxito final de la Madre Teresa? Por eso, aunque la evolución busca explicar
que la moralidad radica en el instinto de supervivencia, sin embargo, no puede hacer de la
supervivencia un derecho moral. Después de todo, no existe un verdadero “bien” o
“propósito” para la evolución. Sin Dios, la supervivencia es meramente una preferencia
subjetiva de la criatura que desea sobrevivir, no un bien o derecho moral objetivo. Por
tanto, la biología solo describe lo que sobrevive, pero no dice nada acerca de lo que
“debería” sobrevivir. ¿Por qué los humanos deberían sobrevivir en contraposición a
cualquier otra cosa? Y si sobreviven, ¿cuáles humanos deberían hacerlo? ¿Los que son
como la Madre Teresa o Hitler y los nazis?262
258
(Craig, Fe Razonable, 2008, pág. 183.)
259
Ibíd., pág. 182.
260
Citado en Lewis Walpert, Six Impossible Things Breakfast, p. 215; citado también en Craig, Fe Razonable,
p. 182.
261
(Kurtz, 1997, pág. 125.)
262
(Turek, Robándole a Dios, 2018, pág. 78.)

111
La situación empeora todavía más cuando notamos que la moral darwiniana real no
solo carece de poder explicativo, sino que también, si se la considera con atención, se
vuelve sombría, hostil y despiadada. La verdadera ética del darwinismo es evitada incluso
por los mismos ateos que han adoptado esta posición. En palabras de Broocks, “los
evolucionistas tienden a distanciarse de las implicancias éticas y filosóficas de la evolución
darwiniana”.263 Por ejemplo, Thomas Huxley, conocido como el “bulldog de Darwin”,
intentó decir que este instinto de supervivencia del que hablamos debe ser resistido. 264
También Richard Dawkins admitió en un debate con el arzobispo de Sídney su preferencia
de bajo ninguna circunstancia regresar a la idea de la supervivencia del más apto en nuestra
sociedad, puesto que esa ética darwiniana no sería para nada agradable: “… vivir en una
manera darwiniana, hacer nuestra sociedad una sociedad darwiniana, sería un tipo
desagradable de sociedad en la cual vivir”.265

Como notarán, la perspectiva naturalista no solo es incapaz de explicar la moral que


conocemos, practicamos y deseamos, sino que tampoco cuenta con autoridad moral para
siquiera hablar del asunto debido a que tiene incorporada espantosas trayectorias morales.
¡Y muchos ateos lo saben! El darwinismo contiene en su esencia misma la distinción de
razas. Según la selección natural, hay razas dentro de la especie humana que son
consideradas como más avanzadas que otras y que, por lo tanto, deben ser favorecidas por
sobre las demás. Muchos ateos, al referirse al libro de Darwin, solo hacen mención del
título breve [El origen de las especies]. Sin embargo, el título original es: “El origen de las
especies por medio de la selección natural, o la preservación de las razas favorecidas en
la lucha por la vida”.266 La explicación de Darwin de los orígenes contiene un prejuicio en
contra de lo que llama “razas desfavorecidas”, por ejemplo, los discapacitados mentales,
quienes, argumenta él, no se les debe permitir casarse o reproducirse porque impedirán
nuestro progreso como especie. Darwin escribió: “El hombre escanea con cuidado
escrupuloso el carácter, el pedigrí de sus caballos, ganado y perros antes de emparejarlos”,
y añade, “pero cuando se trata de su propio matrimonio rara vez, o nunca, tiene ese tipo de
cuidado […] Ambos sexos deberían abstenerse de casarse si son inferiores de alguna
263
(Broocks, Dios no está muerto, 2014, pág. 54.)
264
Thomas Huxle, “Evolution and Ethics [Evolución y Ética], en Evolution and Ethics and Other Essays
[Evolución y ética y otros ensayos], 1899, pág. 83.
265
Richard Dawkins citado en Broocks, Dios no está muerto, pág. 54-55.
266
El título completo de la primera edición fue On the Origin of Species by Means of Natural Selection, or
the Preservation of Favoured Races in the Struggle for Life —El origen de las especies por medio de la
selección natural, o la preservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida—. En su sexta edición
de 1872, el título fue cambiado a uno más corto The Origin of Species —El origen de las especies—. Ver en
Wikipedia: [Link]

112
manera marcada en cuerpo o mente”. 267 Como notarán, esta manera de pensar suena
claramente desagradable para la mente moderna, pero fue bastante aceptada en la década
de 1920 y 1930, donde estuvo de moda la eugenesia [creencia en la posibilidad de mejorar
la calidad de la especie humana frenando la reproducción de personas que tuviesen
defectos genéticos o rasgos hereditarios indeseables]. Para ellos, era hacia ahí donde la
evolución darwiniana conducía. El ateo Bertrand Russell, por ejemplo, estuvo a favor de la
esterilización obligatoria del deficiente mental, ya que al reducir la cantidad de “idiotas,
imbéciles y tontos”, dijo él, la sociedad se beneficiaría hasta el grado que sobrepasa
cualquier peligro del mal uso de la esterilización.268

Según la evolución, el ser humano es solo una especie animal más, y los animales
no poseen ninguna obligación moral para con sus semejantes, mucho menos con otras
especies. El ético Richar Taylor ilustra poderosamente este punto. Él nos invita a imaginar
seres humanos que viven en un estado de naturaleza sin ninguna costumbre o ley.
Supongamos que uno de ellos mata a otro y toma sus bienes. Taylor reflexiona:

“Tales acciones, aunque dañinas para sus víctimas, no son más


injustas o inmorales de lo que serían si fueran hechas entre dos animales. Un
halcón que agarra un pez del mar lo mata, pero no lo asesina; y otro halcón
con sus garras agarra al pez y lo toma, pero no lo roba, porque ninguna de
estas cosas está prohibida. Y exactamente las mismas consideraciones se
aplican a las personas que estamos imaginando.”269

¡El reino animal no es para nada un ejemplo moral! Pero en la visión darwinista, no
hay punto objetivo para diferenciarnos moralmente de ellos más que la idea de inventar
leyes morales porque somos “civilizados”. Hoy condenamos el incesto y la violación, pero
en el reino animal tales acciones son totalmente normales. De hecho, algunos han afirmado
sin titubear que la violación es una consecuencia natural de la evolución. Según los autores
Randy Thornhill y Craig Palmer, la violación es “un fenómeno natural y biológico que es
un producto del patrimonio evolutivo humano”, al igual que “las manchas del leopardo y el
cuello alargado de la jirafa”. 270 Y en tiempos recientes, un profesor darwinista llamado
Peter Singer ha usado el darwinismo para afirmar que “la vida de un recién nacido es
menos valiosa que la vida de un cerdo, un perro o un chimpancé”. Sí, lo leíste

267
Charles Darwin, The Descent of Man, diversas editorials, cap. 21 –General Summary and Conclusion.
Extraído de Mark Clark, El problema de Dios, pág. 53.
268
Cf. Alister NcGrath, C. S. Lewis –A life: Ecentric Genius Reluctant Prophet (Wheaton, III.: Tyndale,
2016, reimpreso, pp. 235-236.
269
(Taylor, 1985, pág. 14.)
270
Citado en Nancy Pearcey, “Darwin´s Dirty Secret” [El oscuro secreto de Darwin], extraído de (Geisler &
Turek, No basta mi fe para ser ateo, 2019, pág. 226.)

113
correctamente. Pero según el darwinismo, ¿por qué debería ser esto chocante? Después de
todo, hay clases superiores e inferiores, el más fuerte puede hacer su vida a voluntad
preferible.271

¿Cuáles son las consecuencias de las escandalosas ideas darwinianas


de Singer? ¡Él cree que los padres deberían poder matar a sus bebés recién
nacidos hasta que tengan 28 días de edad! Estas creencias son perfectamente
consistentes con el darwinismo. Si todos venimos de la ameba, entonces no
tenemos motivos para decir que los humanos son moralmente mejores que
cualquier otra especie. La única pregunta es, ¿por qué limitar el infanticidio
a los 28 días o, para el caso, 28 meses o 28 años. ¡Si no hay un Dador de la
ley moral, entonces no hay nada de malo en el asesinato a cualquier edad! 272

Pero si deseáramos hablar de alguien que llevó su cosmovisión darwinista hasta las
últimas instancias, sin duda deberíamos hablar de Adolfo Hitler. En su libro de 1925 Mein
Kampf (Mi lucha) escribió:

“Si la naturaleza no desea que individuos más débiles se


reproduzcan con los más fuertes, entonces desea aún menos que una raza
superior se mescle con una inferior; porque en tales casos todos sus
esfuerzos, a través de cientos de miles de años, por establecer una etapa
evolucionista superior de la existencia puede considerarse inútil […] Pero
esa preservación va de la mano con la ley inexorable de que es el más fuerte
y el mejor el que debe triunfar y el que tiene derecho a soportar. El que
vivirá debe luchar. Aquel que no desea pelear en este mundo, donde la lucha
es la ley de la vida, ni tiene el derecho a existir.”273

El punto de Hitler es que hay razas inferiores y superiores, y los judíos, al ser una
raza inferior, no tienen derecho a existir si no quieren pelear. En otras palabras, el racismo
y luego el genocidio (además de la violación) son la consecuencia lógica del darwinismo.
Por otro lado, el amor, auto sacrificio y el respeto por la dignidad humana son la
consecuencia lógica del cristianismo. Las ideas tienen consecuencias siempre. Sin
embargo, muchos ateos prefieren vivir en una “feliz inconsistencia”, tomando las ideas del
darwinismo, pero prefiriendo las consecuencias del cristianismo.

El legislador de las leyes morales


Ahora bien, hemos visto que los valores y deberes morales son intuitivos; como
nuestro sello de fábrica. Es muy difícil negar que existan; su negación usualmente termina
en la inconsistencia. C. S. Lewis dice que todo el tiempo hacemos juicios morales de tal
modo que parece imposible vivir sin ellos:
271
Cf. Ibíd., pág. 225.
272
Cf. Ibíd., págs. 225-226.
273
(Hitler, 1939, págs. 239-240, 242.)

114
Todos han escuchado a la gente discutir […] Dicen cosas como
estas: “¿Qué te parecería si alguien te hiciera a ti algo así?”. “Ese es mi
asiento; yo llegué primero”. “Déjalo en paz; no te está haciendo ningún
daño”. “¿Por qué vas a colarte antes que yo?”. “Dame un trozo de tu naranja;
yo te di un trozo de la mía”. “Vamos, lo prometiste”. La gente dice cosas
como esas todos los días, la gente educada y la que no lo es, y los niños igual
que los adultos. Lo que me interesa acerca de estas manifestaciones es que el
hombre que las hace no está diciendo simplemente que el comportamiento
del otro hombre no le agrada. Está apelando a un cierto modelo de
comportamiento que espera que el otro hombre conozca […] Parece, como si
ambas partes tuvieran presente una especie de ley o regla de juego limpio o
comportamiento decente o moralidad o como quiera llamárseles, acerca de la
cual sí están de acuerdo…274

C. S. Lewis también nos recuerda que conocemos de estas leyes morales cuando
distinguimos lo correcto de lo incorrecto, y también las conocemos cuando naturalmente
notamos que no obramos como deberíamos obrar:

Estos, pues, son los dos puntos que quería tratar. Primero, que los
seres humanos del mundo entero tienen esta curiosa idea de que deberían
comportarse de una cierta manera, y no pueden librarse de ella. Segundo,
que de hecho no se comportan de esa manera. Conocen la ley de la
naturaleza, y la infringen. Estos dos hechos son el fundamento de todas las
ideas claras acerca de nosotros mismos y del universo en que vivimos. 275

Lewis tuvo muchos problemas con la ley moral incluso desde su militancia atea. Él
comenta que ni siquiera podía criticar moralmente la existencia de Dios a menos que
suponga una moralidad absoluta para hacerlo. Lewis no creía en Dios porque decía que el
mundo era demasiado cruel e injusto como para que exista, pero ¿cómo sabía él lo que era
la justicia? ¿De dónde conocía ese concepto?

“[Como ateo] mi argumento contra Dios era que el universo parecía


tan cruel e injusto. ¿Pero de dónde saqué esta idea de lo justo e injusto? Un
hombre no llama una línea torcida a menos que tenga alguna idea de una
línea recta. ¿Con qué estaba compara este universo cuando lo llamé
injusto?”276

Lewis reconoció la existencia de las leyes morales, las cuales describen lo bueno y
lo malo, y las que se imponen en nuestras conciencias. Y como hemos visto en este
estudio, Lewis también señaló que todo intento de negar la existencia de estas leyes
morales siempre termina en la inconsistencia. De hecho, la inconsistencia es tal que sería
imposible vivir en un mundo con esa cosmovisión:

274
C. S. Lewis, Mero cristianismo (Nueva York: Rayo, 2006), pág. 21.
275
(Lewis, Mero cristianismo, 1998, pág. 8.)
276
Lewis, Mere Christianity, p. 45, citado en (Geisler & Turek, No basta mi fe para ser ateo, 2019, pág. 209.)

115
Donde quiera que se halle a alguien que dice que no cree en el bien y
el mal, se verá a esa misma persona volviendo a este punto al momento
siguiente. Esa persona podrá faltar a la promesa que te hizo, pero si tú faltas
a la que tú le hiciste, antes de un santiamén se quejará y dirá: “No es justo”.
Una nación puede decir que los tratados no significan nada; pero luego, al
minuto, echan a perder su caso al decir que el tratado específico que quieren
quebrantar era injusto […] ¿cuál es la diferencia entre un tratado justo y uno
injusto? ¿Es que acaso no han hablado de más y han revelado que,
independientemente de lo que digan, realmente conocen la ley de la
naturaleza igual que todos los demás?277

La moralidad debe ser absoluta de tal modo que, de lo contrario, sería sencillamente
imposible vivir gobernados por un relativismo moral; y aunque es fácil creernos filósofos y
teorizar la idea de que no existe un absolutismo moral, jamás podríamos vivir en un mundo
que practique dicha idea. Incluso, nadie desea hacerlo por más que endiosemos la ciencia y
al darwinismo como punto de explicación. También hemos visto cómo toda explicación
naturalista y escéptica es incapaz de negar la realidad moral, o bien, buscar algún otro
fundamento que no sea Dios en caso de que se desee mantener.

Pero, ¿cuál es el fundamento de las verdades morales? ¿Es Dios la mejor


explicación? Pues, todo parece indicar que sí. La fe cristiana, de hecho, no se enreda en
fundamentar sus creencias morales, sino que las explica partiendo de la existencia y el
carácter moral de Dios. A lo largo de la historia cristiana, los teólogos han sostenido que
existe en el ser humano una ley natural que le hace posible conocer lo bueno y lo malo,
además de inculcarlo hacia sus deberes morales. Se lo denomina ley natural precisamente
porque es innato a todo ser humano desde que nace y está consciente de la realidad. No es
un invento suyo, sino que proviene de su Creador. Es como un sello en sus corazones o una
voz en sus mentes. Y es importante aclarar que este pensamiento no es el resultado de un
mero razonamiento filosófico, sino que está claramente revelado en las Escrituras.

En Romanos 1:32 Pablo dice que los inmorales que están bajo el juicio de Dios no
se encuentran allí debido a su ingenuidad, sino porque conocían el juicio de Dios y de igual
modo eligieron la perversión. También en Romanos 2:12, 14 el mismo apóstol dice que el
juicio es contra todo hombre. No importa si cuentan o no con los diez mandamientos o una
Biblia, ya que la ley moral se encuentra escrita naturalmente en el corazón humano. El
teólogo R. C. Sproul dice que “la ética perfecta revelada en la ley de Dios entregada a
Moisés y a los profetas después de él, es la misma perfecta ética revelada en la ley que

277
Lewis citado en (McDowell & McDowell, Evidencia que demanda un veredicto, 2018, pág. xci.)

116
Dios da internamente a todas las personas”.278 El Dr. Craig, sobre el texto de Romanos,
dice también: “De hecho, la Biblia realmente enseña que la ley moral de Dios “está escrita
en los corazones” de todos los hombres, de modo que incluso aquellos que no conocen la
ley de Dios “hacen naturalmente las cosas de la ley” ya que “su conciencia les
testifica”…”.279

Debido a este cúmulo de argumentos, y según la Escritura misma, si seguimos el


camino de nuestras intuiciones morales, nos toparíamos con Dios como su legislador. ¡Y es
precisamente eso lo que sostiene el argumento moral! Pues, dado que las leyes morales
existen, entonces Dios debe existir también como causa trascendente. El Dr. Craig formula
las premisas de su argumento como sigue:280

1) Si Dios no existe, los valores y deberes morales objetivos no existen.

2) Los valores y deberes morales objetivos existen.

3) Por lo tanto, Dios existe.

La fuerza de este argumento consiste en establecer una moralidad que dependa


estrechamente de la existencia de Dios. Como hemos visto, ninguna otra explicación
alterna se puede sostener sin caer en inconsistencias y contradicciones. Pero lo curioso del
asunto es que son los mismos escépticos, ateos o sencillamente no cristianos quienes
aceptan esta relación. El filósofo Emanuel Kant, por ejemplo, decía que no había
argumento lo suficientemente convincente como para demostrar la existencia de Dios. Sin
embargo, sostuvo que el argumento moral era el más plausible de todos. Aunque Kant no
creía que el argumento moral es capaz de demostrar que Dios existe, sostenía que la
existencia de Dios es un postulado necesario para que la vida moral tenga sentido. 281 En
otras palabras, para Kant, Dios no puede ser defendido mediante teorías racionales, sino
que sencillamente es necesario debido a sus efectos práctico. Kant sostuvo que en el ser
humano hay un instinto del “deber”, un sentido inherente del bien y del mal, y bautizó
dicho instinto con el nombre “imperativo categórico”. Es imperativo debido a que es un
impulso que no puede sencillamente ignorarse, y es categórico puesto que es universal. 282
Kant se preguntó: Dado a que todos tenemos el imperativo categórico, ¿qué condiciones
278
(Sproul, Cómo defender su fe, 2003, pág. 148.)
279
Craig, Fe Razonable, 2008, pág. 185.
280
(Craig, Fe Razonable, 2008, pág. 180.)
281
Breve comentario sobre “Historia del argumento moral” en (Geisler & Brooks, Apologética: Herramientas
valiosas para la defensa de la fe [Originalmente bajo el nombre "Cuando los escépticos pregunten", 1997,
pág. 26.)
282
Sproul, 2003, pág. 150.

117
tienen que existir para que ese imperativo tenga significado? Dado que la culpa existe
debido a nuestro incumplimiento de las responsabilidades morales, ¿cuál podría ser la
condición para que hubiese una conciencia de los absolutos morales? Kant entendía que
solo Dios podría ser la fuente de esa relación.

El ateo Friedrich Nietzsche también relación estrechamente la existencia de la


moralidad con la existencia de Dios. De hecho, su relación fue tal que cuando afirmó la
“muerte de Dios”, entendió también que con Dios venía también la muerte de la moralidad.
Nietzsche entendió correctamente las implicancias de anunciar la inexistencia del Dios
cristiano: “Cuando uno deja la fe cristiana, saca el derecho a la moral cristiana de debajo
de sus pies. Esta moralidad no es de ninguna manera evidente […] Al quebrantar un
concepto principal [del cristianismo], la fe en Dios, uno rompe el todo: nada
necesariamente permanece en sus manos”. 283 En otras palabras, cuando el fundamento [que
es Dios] es removido, el mal es libre de expresarse y el bien es libre ignorarse si así se
quiere.

El ateo existencialista Jean-Paul Sartre también conectó la ausencia de Dios con la


ausencia de la moralidad:

“Los existencialistas […] encuentran extremadamente inquietante


que Dios ya no exista, porque junto con su desaparición va la posibilidad de
encontrar valores en un cielo ininteligible […] En ningún lugar está escrito
que exista el bien, que debemos ser honestos y que no debemos mentir, ya
que estamos en un avión que compartimos solo con hombres.”284

El filósofo ateo J. L. Mackie también afirmó la conexión entre Dios y la realidad


moral cuando dijo: “Si en verdad hay valores morales objetivos, la existencia de un dios se
hace más probable que si no los hubiera. De modo que en la ética tenemos un argumento
justificable a favor de la existencia de un dios”.285 El agnóstico Paul Draper también
señaló: “Un mundo moral es… muy probable dentro del teísmo”.286

Muchos afirman que eliminar a Dios trae consigo libertad. ¿Libertad para qué?
Admitimos que hay libertad del modo que señaló Fiódor Dostoievski al afirmar: “Sin Dios,
todas las cosas son permisibles”.287 Sin embargo, esa libertad no podría ser para nada
conveniente. Es irónico cuando los anticristianos señalan un mundo utópico donde ya no
283
(Nietzsche, 1976, págs. 515-516.)
284
Jean-Paul Sartre, El existencialismo es un humanismo, pág. 29.
285
(Mackie, 1982, págs. 115, 116.)
286
Citado por Copan en (McDowell & McDowell, Evidencia que demanda un veredicto, 2018)
287
(Broocks, Dios no está muerto, 2014, pág. 55.)

118
exista un Dios que se imponga sobre nuestras vidas, pero regímenes ateos como el de
Stalin, Hitler, Mao Tse-Tung y Pol Pot eclipsaron los horrores de los siglos que podríamos
traer a memoria; y lo hicieron “libre” y primordialmente porque han eliminado toda
restricción moral luego de echar a Dios de la cosmovisión que creían.288

Pero las leyes morales sí existen. Todos lo saben. Y si eso no es suficiente,


podemos recordar que no solo existen, sino que deseamos que existan para vivir con
seguridad en nuestras sociedades. El resto es mera teoría en un papel que lo aguanta todo,
pero la realidad siempre será otra. Sin embargo, el punto de esto es que Dios y solo Dios se
ajusta a lo que debería ser el fundamento adecuado para estas leyes morales. Solo Él se
ajusta a las características que este fundamento debería tener. Pero si las leyes morales
dependen solo del hábito, la costumbre, el sentimiento y la moda; entonces seguirán
dependiendo de algo relativo, mutable y efímero. Como lo dijo el filósofo Paul Kurtz: “…
la pregunta central sobre los principios morales y éticos se refiere a su fundamento […] Si
no se derivan de Dios ni están anclados en un terreno trascendente, ¿son puramente
efímeros?”.289

Por tal razón, el fundamento de las leyes morales debe estar anclado a algo
trascendente, externo al hombre, inmutable, absoluto, y que excede toda explicación
naturalista. El Dr. Craig afirma con mucha razón que los moralistas que son también
naturalistas “generalmente no saben cómo justificar su punto de partida. Si no hay Dios,
entonces es difícil ver alguna razón para pensar que la moral de manada desarrollada por el
homo sapines sea objetivamente verdadera o que la propiedad de la bondad moral
sobrevenga a ciertos estados naturales de tales criaturas”.290

Ahora bien, ¿cuáles argumentos podríamos esgrimir para relacionar el fundamento


moral con Dios? Al respecto, el filósofo y apologista cristiano Paul Copan dice:

“Reflexionemos: personas pensantes, con valor intrínseco, no


provienen de procesos impersonales, inconsistentes, no dirigidos y sin valor
a lo largo del tiempo. Un Dios bueno, personal, consciente de sí mismo, con
propósito y sentido, provee el contexto natural y necesario para la existencia
de personas humanas valiosa, portadoras de derechos y moralmente
responsables. Es decir, la moralidad y la cualidad de ser persona están
necesariamente conectadas; los valores morales están enraizados en la
condición de persona (y, por tanto, ningún valor moral) existiría en absoluto:

288
Ibíd., pág. 56.
289
(Kurtz, Forbidden Fruit, 1988, pág. 65.)
290
(Craig, Fe Razonable, 2008, pág. 185.)

119
si no hay persona, no hay valores morales. Solo si Dios existe se puede
efectuar las propiedades morales.”291

Con esto, Copan argumenta que el fundamento de las leyes morales debe sentarse
sobre un ser personal debido a ellas son agencias personales. Algo impersonal no puede
imponer sobre nuestras conciencias verdades como: “no robarás”, “no matarás”,
“respetarás la vida de tu semejante”, “no harás trampa en el examen”. Algo impersonal
también será incapaz de proveerte los estándares para que usted, como persona, sea capaz
de distinguir entre lo bueno y lo malo. Por lo tanto, las leyes morales no pueden provenir
de algo impersonal y natural que simplemente evolucionó. El Dr. Craig afirma que el
“argumento moral nos lleva a un ser personal, necesariamente existente, que es el lugar y
la fuente de la verdad moral”.292

La moralidad es un aspecto intrínseco en las “personas”. Sabemos que no podemos


esperar que las cosas inanimadas y animales sean agentes morales porque no poseen
personalidad. Sin embargo, ¡todos esperamos que las personas sean morales! Nadie llama
inmoral a un león que mata a una cebra por instinto, pero todos llaman inmoral a un
pedófilo que se dedica a raptar y violar niños. La filósofa y apologista Nancy Pearcey
aclara el concepto de personalidad diciendo: “Un ser personal es un agente consciente con
capacidad de pensar, sentir, escoger y actuar, a diferencia de un principio o sustancia
inconsciente que actúa a través de fuerzas ciegas, automáticas (como las fuerzas de la
naturaleza”.293 La descripción de Pearcey son cualidades que hacen a una persona, y tales
cualidades son necesarias para reconocer a un agente moral. El punto de esto es que
nuestra propia existencia –como seres personales-morales– debe deberse a un ser que
también es personal-moral. El filósofo Étienne Gilson capta este argumento nítidamente
reconociendo que, “dado que el ser humano es alguien, no algo, la fuente de la vida
humana debe ser también Alguien”.294 Con esto acentuamos nuevamente la lógica simple
de que la moralidad (así como la personalidad misma) no puede ser el resultado de
agencias impersonales. Quien desee permanecer escéptico ante este razonamiento debe
proveer una explicación alterna donde agentes personales y morales como nosotros
proceden procesos aleatorios e impersonales que, en efecto, tampoco cuentan con
moralidad. ¡Algo bastante difícil!
291
Paul Copan, “The Moral Argument for God´s Existence”, en Evidence for God: 50 Arguments for Faith
from the Bible, History, Philosophy, and Science, 2010, pág. 22.
292
(Craig, Fe Razonable, 2008, pág. 192.)
293
Cf. (Pearcey, El hallazgo de la verdad, 2017, pág. 21.)
294
(Gilson, God and Philosophy [Dios y la filosofía], 1941); edición española (Gilson, Dios y la Filosofía,
1945), págs. 19-20, 37, 42; comentado por Pearcey en El hallazgo de la verdad, 2017, pág. 21.

120
El dilema de Eutifrón
El argumento moral es bastante sólido y, como ya se imaginarán, podría poner en
aprietos a cualquier teoría atea y naturalista sobre las leyes morales. La conclusión del
creyente es, en pocas palabras, que Dios es necesario para explicar los valores y deberes
morales objetivos que todos creemos y sostenemos. Sin embargo, si las cosmovisiones
incrédulas no funcionan para explicar la moralidad, algunos ateos han propuesto que, de
igual modo, Dios no bastaría para justificar la moralidad objetiva. Por lo tanto, con el afán
de poner a Dios en aprietos, sacan a relucir el antiguo dilema de Eutifrón planteado en los
escritos de Platón, los cuales fueron adaptados para combatir los argumentos morales a
favor del Dios propuesto por el teísmo clásico.295

Veamos, pues… en el Eutifrón se habla de un diálogo entre el mismo Eutifrón y el


famoso filósofo Sócrates. Allí se plantean un par de preguntas respecto a la relación entre
la moralidad y los dioses que, adaptándolas, también pueden ser aplicadas como objeciones
al Dios cristiano. Se lo denomina “dilema” porque se arguye dos opciones para considerar;
los cuales consisten en una interrogante para las personas que argumentan que la bondad
está basada en Dios. Este supuesto dilema dice: ¿Dios hace algo porque es bueno, o algo es
bueno porque Dios lo hace? Si se dice que Dios hace algo porque es bueno, eso implicaría
que Dios se rige por un estándar externo a él, más allá de sí mismo. Es como si Dios se
siente atraído por leyes morales que son independientes a Él. Pero si se afirma que algo es
bueno porque Dios lo hace, eso implicaría una arbitrariedad moral. Es como si
simplemente Dios “decidiera” aquello que está bien. Si ese fuera el caso, mañana Dios
podría “decidir” que la violación y el asesinato son cosas buenas.

El dilema se puede ver del siguiente modo:

1) ¿Dios hace algo porque es bueno?

2) ¿Algo es bueno porque Dios lo hace?

Si el creyente se juega a la trampa de uno de los cuernos del dilema, entonces su


argumento moral caería por tierra. En el primer cuerno Dios quedaría como un árbitro
moral capaz de mutar sus leyes morales al ritmo de su mero capricho. Y en el segundo
cuerno Dios pasaría a ser un factor innecesario para explicar la moralidad, puesto que ella

295
El dilema de Eutifrón es planteado en el diálogo Eutifrón de Platón. Allí se relata un diálogo entre
Sócrates y Platón. Ver en Wikipedia [Link]

121
es independiente a Él. Sin embargo, si se razona correctamente, esto no debería ser un
dilema en absoluto. Puede existir una tercera opción.

1) ¿Dios hace algo porque es bueno?

2) ¿Algo es bueno porque Dios lo hace?

3) ¡Dios hace algo porque Él es bueno!

La visión bíblica de Dios no nos dice que Él “decide” lo que es bueno ni que Dios
se rige a sí mismo según lo que es bueno. Más bien, se sostiene que Dios obra según su
carácter bondadoso. Él es consecuente con su carácter. Él mismo [su naturaleza] es el
estándar inmutable de la moral. Además, el hecho de que Dios sea inmutable o incapaz de
cambiar no pone en riesgo su omnipotencia, ya que es cualidad nos dice que Dios es capaz
de hacer todo lo que desee “según su naturaleza”. La omnipotencia no significa que Dios
sea capaz de obrar de manera ilógica.

Por lo tanto, como cristianos debemos afirmar tanto la soberanía de Dios y su


incomparable bondad. No queremos un estándar que sea arbitrario, ni uno que exista fuera
o por encima de Dios. Afortunadamente, Dios es supremamente soberano y bueno. Es así
que la naturaleza de Dios en sí misma puede servir como el estándar de la bondad, y Dios
puede basar sus declaraciones de la bondad en sí mismo. La naturaleza de Dios es
inmutable y totalmente buena; y su voluntad no es arbitraria, y sus declaraciones siempre
son verdaderas.

Dios es, por definición, el ser máximo concebible y la moralidad procede de su


carácter natural mismo. Por ejemplo, en 1 Juan 4.8 se lee: “Dios es amor”. La naturaleza de
Dios es el amor, por lo tanto, jamás determinaría como buena una acción contraria al amor,
como lo es, por ejemplo, el maltrato infantil, la mutilación de bebés o el abuso sexual
infantil. Por naturaleza, Dios es inmutable y, en efecto, lo que hoy es malo según su
naturaleza, mañana seguirá siendo malo porque la naturaleza divina no está sujeta a
variación. Podemos concluir, entonces, que este dilema no es válido para los teístas-
cristianos. Lo que hemos abordado soluciona el supuesto dilema.

122
123
124
MATANDO A
DIOS

125
¿Es Dios un invento del hombre?
Como todos sabemos, los ateos no creen en la existencia de Dios. Sin embargo,
muchos de ellos no son incrédulos debido a la falta de evidencias, sino –según dicen–
también a la evidencia contraria. Es decir, creen que Dios no existe y también creen poder
demostrar su inexistencia. Por eso, es verdad que los ateos afirman la inexistencia de Dios
debido a los argumentos que conciben; pero al mismo tiempo, no pueden negar que
existieron civilizaciones que rendían culto a alguna deidad. Y, es más, ellos observan que
muchas personas en la actualidad creen en Dios. En ese sentido, luego de que el ateo haya
negado a Dios, necesita explicar cuál es el origen o razón de la fe de algunas personas y
explicar la procedencia de la idea de Dios. En cuanto a esto, muchos de los argumentos
esgrimidos por gran parte del neo-ateísmo moderno es que Dios es meramente un invento
humano; una proyección psicológica de los deseos básicos; un consuelo para personas que
necesitan “creer en algo”, y una explicación débil a incógnitas universales.

126
El planteamiento escéptico y naturalista apunta a la hipótesis de que Dios es una
proyección, el cual es producto de los temores e intrigas del hombre, o quizás el deseo de
encontrar consuelo o satisfacción ante la realidad hostil del sufrimiento y la extinción.
Básicamente, cuando el ateo afirma la inexistencia del ser supremo, al mismo tiempo se ve
en la posición de buscar una explicación para lo que hoy se conoce como Dios, fe y
religión. Esta supuesta explicación, por tanto, es razón por la cual muchos de nosotros
creemos en Dios cuando, en realidad, Él no existe.

Para los exponentes de este argumento, el hombre proyectó sus necesidades y


deseos al cielo y llamó al resultado “Dios”. Esta idea fue mantenida por ateos famosos
como el filósofo Ludwig Feuerbach (1804-1872), el comunista Karl Marx (1818-1883) y el
padre del psicoanálisis Sigmund Freud (1856-1939). Por lo general, expresiones de esta
teoría están basadas en las afirmaciones del famoso ateo alemán Friedrich Nietzsche
(1844-1900), quien sostenía que Dios no creó al hombre, sino que el hombre, en su
orgullo, creó a Dios a su imagen y semejanza. Además, tiene fundamento en el ateísmo
materialista e ideales sociológicas. Y aunque muchos, quizás, desconozcan las raíces de
este tipo de argumentos, dicho argumento lo escuchamos casi siempre que nos
encontramos con un incrédulo: “Tu Dios es solo un invento”. “La gente cree en Dios por
miedo, ignorancia, y para satisfacer sus deseos”. ¿Les suena conocido?

El Dios de los ignorantes


Desde la perspectiva de la antropología secular, tan lejos como se puede llegar a
conocer, todas las sociedades han poseído creencias que pueden ser agrupadas y
denominadas como “religión”.1 Dichas creencias, por lo general, varían de una cultura a
otra y de una época a otra, y siempre están enfocadas en lo “sobrenatural”. 2 Respecto a
esto, algunos sectores escépticos de la antropología consideran que las religiones se
construyen dependiendo de lo que una sociedad considera natural y sobrenatural. Por
ejemplo, dicen que los religiosos de la tradición judeo-cristiana explicaban las
inundaciones, terremotos, erupciones volcánicas y enfermedades a acciones de su deidad
sobrenatural. No obstante, gracias al transcurso de las épocas y a los avances científicos, se
sabe que estos fenómenos son simplemente catástrofes naturales y efectos de virus y

1
Definida como: “cualquier conjunto de actitudes, creencias y prácticas pertenecientes al poder sobrenatural,
ya sean fuerzas, dioses, espíritus, fantasmas o demonios”. Extraído: (Ember, Ember, & Peregrine, 2004, pág.
532.)
2
Es decir, creencias en fenómenos que no poseen explicación natural.

127
bacterias.3 Por consiguiente, se deduce que los orígenes de las creencias religiosas como
estas están basados en la ignorancia o la falta de explicación de los eventos hoy
considerados naturales.

Uno de los primeros científicos en proponer una explicación para el origen de la


religión fue el renombrado antropólogo Edward Tylor (1832-1917). En la opinión de
Tylor, la religión se originó como resultado de las especulaciones del individuo ante los
sueños, los trances y la muerte. Como el individuo primitivo carecía de conocimientos para
explicar estos fenómenos llamativos, entonces buscaba estructurar una explicación
sobrenatural. Asimismo, otros pioneros sugieren que la religión se originó debido a una
necesidad social. El sociólogo francés Émile Durkheim, por ejemplo, pensaba que la vida
en sociedad hace que los seres humanos se sientan movidos por fuerzas sobrenaturales.
Dichas fuerzas gobiernan sus comportamientos, hacen que se resistan ante lo que ellos
consideran erróneo y los motivan hacia lo que ellos entienden que es adecuado o correcto.
Obviamente, estas fuerzas no son más que la opinión pública, las costumbres y las leyes;
pero debido a lo abstracto de estos elementos, los humanos la vieron como fuerzas
misteriosas que sirvieron de guía para creer en dioses y espíritus. Por lo tanto, para
Durkheim, la religión simplemente surge como resultado de la experiencia de vivir en
grupos sociales. De ese modo, es la sociedad conformada por los individuos el verdadero
objeto de culto.4

Dios es una proyección de nuestros deseos


Dios no solo es el resultado de la ignorancia de individuos primitivos que no han
madurado intelectualmente, sino que también –dicen los ateos teóricos– es una proyección
de los deseos e ideales del hombre. Al menos eso fue lo que propuso el filósofo alemán y
también ateo Ludwig Andreas Feuerbach, quien a la vez fue antropólogo, biólogo y crítico
de la religión. Feuerbach evidenció su militancia al asumir que el trabajo de la filosofía
debe enfocarse en criticar a la religión en lugar de fundamentarla; y fue precisamente en
esto que centró gran parte de su labor filosófica; y su ímpetu fue tal que hoy es considerado
el padre del ateísmo moderno junto con otros pensadores a los que también sirvió de
influencia.

3
Ibíd., pág. 532.
4
Ibíd., pág. 534.

128
Feuerbach aportó al siglo XIX una crítica a la religión en general y al cristianismo
en particular. Su tesis básica consistía en que la religión es el sueño de la mente humana
misma.5 En la idea de Dios se encuentra la esencia del hombre, por lo tanto Dios no es más
que la proyección de dicha esencia. De ese modo, las deidades del ser humano, producidas
por el ejercicio de su gran imaginación, son simplemente las imágenes proyectadas de sí
mismo, de lo que él desea ser y de lo que desea alcanzar. Es por eso que la religión tiene
como base la diferencia esencial entre el hombre y las bestias; y es también por eso que las
bestias no tienen religión.6 Pero el ser humano, sin embargo, sí tiene religión debido a que
tiene conciencia de sí mismo y la capacidad de imaginar más allá del mundo natural hasta
proyectar sus anhelos e ideales en un ser imaginario.7

Feuerbach escribió:

“La religión es la reflexión, el reflejo de la esencia humana en sí


misma. Dios es para el hombre el contenido de sus sensaciones e ideas más
sublimes, es su libro genérico, en el cual escribe los nombres de sus seres
más queridos.”8

“Así como son los pensamientos y las disposiciones del hombre, así
es su Dios; la misma valía que tenga un hombre, la misma y no más la tiene
su Dios. Tener conciencia de Dios es tener conciencia de uno mismo, tener
conocimiento de Dios es tener conocimiento de uno mismo. Por su Dios
ustedes conocerán al hombre, y por el hombre a su Dios; ambos son
idénticos.”9

Con esto Feuerbach señalaba que la idea de una deidad siempre adopta formas
humanas, aunque con las variaciones culturales del entorno. Los antiguos alemanes tenían
un dios que era un guerrero supremo. Los dioses de Homero estaban dominados por Zeus
porque era el más fuerte de todos los dioses y la fuerza física era una cualidad exaltada en
aquella época. Las culturas europeas tienen deidades blancas, mientras que las culturas
africanas tienen deidades de piel oscura. Por otro lado, los dioses de los indios americanos
parecen y actúan como nativos americanos. Cada dios, por tanto, expresa el deseo y la
naturaleza del individuo de la época y su cultura. Es decir, casi siempre son similares al
individuo que los proyecta y los elementos de su cultura. Al respecto, Feuerbach afirmó:

5
Ludwig Feuerbach, The Essence of Christianity [La esencia del cristianismo], Nueva York: Harper & Row,
1957), p. xxxix.
6
Sproul, Si Dios existe, ¿por qué hay tantos ateos?, 2018, pág. 47.
7
Ibíd.
8
Feuerbach, 2019 [Link]
9
(Feuerbach, The Essence of Christianity [La esencia del cristianismo], 1957, pág. 12.)

129
“Si las plantas tuvieran ojos, gusto y juicio, cada planta declararía que su flor es la más
hermosa”.10 O bien, si las aves tuvieran dioses, con seguridad tales dioses tendrían plumas.

Según Feuerbach, el hombre atribuye a Dios sus cualidades y refleja en él sus


deseos no realizados. Así, enajenándose, da origen a su divinidad. Pero, ¿por qué lo hace?
El origen de esta enajenación se encuentra en el hombre mismo. Aquello que el hombre
necesita y desea, pero que no puede lograr inmediatamente, es lo que proyecta en Dios. Es
por eso que el concepto de la divinidad tiene peso, seriedad y sentido, puesto que el
hombre padece necesidad, miseria y sufre de muchas privaciones. Su deseo, por tanto,
también consiste en librarse de esto. Según esta teoría, los dioses no han sido inventados
por algún líder o intelectual, ni siquiera por los líderes religiosos que se valen de todo esto;
sino que Dios fue inventado por los hombres que sufren. Dios es el eco del grito de dolor.
Es por eso que conceptos como “inmortalidad” y “vida eterna” son prácticamente el
germen básico de las religiones, específicamente de la religión cristiana. De manera que la
idea de Dios también es importante porque se convierte en el medio para alcanzar la
inmortalidad y escapar de los horrores de la muerte. De ese modo, la muerte es el
catalizador de la religión. Si no hubiera muerte no habría religión. Para Feuerbach, en ese
sentido, doctrinas como la resurrección de Cristo y la salvación eterna podrían considerarse
el “deseo realizado del hombre para tener seguridad inmediata de la continuidad personal
de su existencia”.11

Las explicaciones de Feuerbach parecen tener sentido. Si el hombre se considera a


sí mismo y considera también el entorno social en el que vive, encontrará que es limitado y
vulnerable; y en efecto, podría ser propenso a idear un dios que sea similar a él, aunque
perfeccionado; y que a su vez será objeto de su esperanza ante la abrumadora hostilidad de
su entorno. Si él es mortal, su dios es inmortal y le promete también inmortalidad; si él es
vulnerable, entonces su dios le promete protección; si él sufre en la vida presente, entonces
su dios le ofrece una mejor vida en el más allá; si él es moralmente inestable, su dios es
moralmente perfecto; si él se siente finito, su dios deberá ser infinito. El ser humano, en
ese sentido, desea ser y alcanzar lo que su deidad es y ofrece. De modo que Dios no es más
que el deseo del mismo hombre de ser deificado, pues aquello que el hombre no es, sino lo
que quiere ser o desea ser, exactamente eso y solamente eso, y nada más, es Dios.12

10
Ibíd., pág. 8.
11
Ibíd., pág. 135.
12
(Sproul, Si Dios existe, ¿por qué hay tantos ateos?, 2018, págs. 47, 48.)

130
En su intento de demostrar esto, Feuerbach insistía en que la teología, que es el
estudio de la revelación de Dios, no es más que mera antropología, que es el estudio del
hombre y su cultura. En ese sentido, se podría decir que el argumento de Feuerbach es un
ciclo que inicia con Dios, aparentemente en ignorancia; y concluye con el hombre, el cual
debería ser el verdadero ideal: “Mi primer pensamiento fue Dios, el segundo fue la razón y
el tercero y último, el hombre”. 13 El hombre ha realizado el mismo camino: primero creó a
Dios y más tarde entendió que su conocimiento no era nada más que un paso pequeño en el
propio conocimiento del hombre.

El problema que Feuerbach decía notar consistía en que, aunque el hombre creó a
Dios, este terminó por dominarlo. De su crítica a la religión se desprende el concepto de
“alienación” o “enajenación”, tal vez el más influyente de su obra. Dios no crea al hombre,
el hombre crea a Dios proyectándose y proyectando sus mejores atributos en él. Es,
entonces, simplemente un producto del hombre. Pero este producto se vuelve ajeno a su
productor y lo domina. Las propiedades del hombre se enajenan en Dios, y este ser
imaginario aparece con vida propia y con una fuerza tal que llega a dominar al sujeto. Para
Feuerbach, esta enajenación estaba en la conciencia humana, y solo un simple acto de la
misma podía resolverla. Si con el tiempo las ideas de los dioses vayan eliminándose,
entonces solo quedaría la realidad del hombre, así como lo real es el proyector y no la
proyección. Y así como Dios no es más que la esencia del mismo hombre, entonces el
desafío del ser humano consiste en descubrir que él es dios.

La religión como opio del pueblo


Sin duda alguna, Karl Heinrich Marx también fue uno de los pioneros más
conocidos de la crítica a la religión. Fue un pensador que vivó el conflicto entre su
vocación de estudios de la sociedad y su deseo de convertirse en el profeta de la justicia
social de su tiempo. Él quiso mejorar la situación social de los obreros de su época, a pesar
de que él nunca fue un obrero, sino más bien todo lo contrario, un sólido burgués.14

Marx también criticó al cristianismo de su tiempo influenciado por la crítica atea


materialista de Feuerbach. Siguiendo ese mismo camino, Marx declaró que la religión tiene
13
Fragmentos de las características de mi currículum filosófico vitae en Collected Works X, Berlín, 1971, p.
178.
14
(Cruz, Sociología: Un enfoque Cristiano, 2001, págs. 367-368.)

131
sus raíces en el egocentrismo y la fantasía. El hombre busca a un superhombre que lo
refleje. La religión crea la fantasía que le da al hombre consuelo, como una especie de opio
para las masas.

El Dr. Sproul explica el pensamiento de Marx como sigue:

“Marx vio el origen de la religión como una manifestación particular


de la lucha de clases. Las doctrinas religiosas son inventos humanos creados
por la clase gobernante con el propósito de ejercer la explotación económica.
El gobernante “religioso” le dice al trabajador pobre que la pobreza es una
virtud. Los dioses se presentan como los portadores de bendiciones futuras.
Se promete tierra más allá de la tumba a los esclavos productivos y
obedientes. Mientras el hombre pobre busca su futura recompensa en el
cielo, la clase gobernante se enriquece a expensas suyas. El trabajador pierde
sus bienes materiales pero mantiene su alma intacta para el futuro. Por lo
tanto, la religión sirve como una herramienta necesaria para mantener a los
obreros lejos de la revolución.”15

En ese sentido, sugiere Marx, conviene superar las circunstancias alienantes 16 en las
que surge la religión y mejorar la vida de los hombres que viven miserias debido a la clase
gobernante; y esto debe lograrse mediante la revolución. Después de todo, cuanto más
pobre es el hombre, cuanto más despojado está de bienes materiales, tanto más rico su
Dios,17 o más rico los gobernantes. Mientras tanto, el hombre oprimido seguirá sumergido
en los efectos el opio:

“… el hombre hace la religión, la religión no hace al hombre. (…)


La religión es la queja de la criatura en pena, el sentimiento de un mundo sin
corazón y el espíritu de un estado de cosas embrutecido. Es el opio del
pueblo.”18

Básicamente, podríamos decir que Marx tomó las ideas de Feuerbach y las aplicó a
causas sociales, las cuales daban origen y subsistencia a la religión. De manera que, según
él, eliminar dichas causas alienantes haría desaparecer a la religión. El concepto de Marx
es aplicado al mundo laboral, donde el obrero se alinea y enajena cuando su trabajo deja de
pertenecerle y cuando se vende para conseguir un sueldo humillante. Es como un trozo de
carne pegado a una herramienta mecánica debido a las miserables condiciones laborales de
sus industrias. En ese contexto, la religión se constituía como el triste consuelo de la clase
oprimida, puesto que el pensar en el más allá, evitaría que piense en una revolución en el
más acá.19
15
(Sproul, Si Dios existe, ¿por qué hay tantos ateos?, 2018, págs. 48-49.)
16
Alineación: del latín “alienus” el cual significa “sentirse otro o extraño”. Cruz, 2001, pág. 381.
17
Cruz, 2001, pág. 380.
18
Ibíd.
19
Ibíd., págs. 380-382.

132
La famosa frase: “la religión es el opio del pueblo” revela el carácter de la crítica
atea de Marx aplicada a su deseo de revolución social. El sentido de la expresión era
manifestar la similitud narcótica y el efecto sedante de la “fe”, la cual promete proveer una
felicidad ilusoria, pero lo único que logra es desenfocar al ser humano del verdadero
problema, a fin de evitar pensar en una verdadera y necesaria revolución. Para Marx,
finalmente, la religión solo servía para persuadir a los individuos de que el orden actual de
la sociedad era aceptable e irremediable y, por tanto, producía una santa resignación ante
las injusticias.20

Dios como muleta psicológica


Otro conocido discípulo de la crítica a la religión, es el padre del psicoanálisis
Sigmund Freud, quien pensaba que los seres humanos regresaban a la religión en épocas de
inseguridad, y debido alguna que otra razón psicológica. Creía, además, que los seres
humanos debían ser capaces de erradicar todo rastro de la religión de la sociedad, puesto
que ella no era necesaria. De hecho, otros teóricos con enfoques psicológicos como
William James, Carl Jung, Erich Fromm y Abraham Maslow, también han contemplado a
la religión como una forma de mejorar la ansiedad de las personas, sugiriendo con esto que
la fe es de carácter terapéutico para mentes débiles y necesitadas.21

Sobre el asunto, Sproul nos dice que Freud “era un ateo convencido y un astuto
observador de los seres humanos […] él lidió con la pregunta de por qué existe la religión
si Dios no existe. Freud no acudió los libros de texto acerca de la religión sino a las
complejidades de la psique humana para contestar esa pregunta”. 22 En otras palabras,
mientras Feuerbach habló desde la antropología y Marx desde la sociología, Freud habló
desde la psicología. Como bien expresa Sproul: “De ese modo Freud presentó una base
psicológica para el fenómeno de a la religión”.23

Freud llegó a la conclusión de que la religión, o la idea de Dios, es una mera


ilusión. Argumentó que Dios es una especie de “deseo cumplido”, el cual es el resultado
del deseo natural de los seres humanos de adquirir sentido y recibir amor. Al respecto,
Freud escribió:

20
Ibíd., pág. 394.
21
Cf. Ember, Ember, & Peregrine, 2004, pág. 534.
22
(Sproul, Si Dios existe, ¿por qué hay tantos ateos?, 2018, pág. 44.)
23
Ibíd., pág. 47.

133
“Nos decimos a nosotros mismos que sería muy bueno que hubiera
un Dios que creara el mundo y fuera una Providencia benévola, y que
hubiera un orden moral en el universo y una vida después de la muerte; pero
es el hecho muy sorprendente de que todo esto es exactamente como
estamos obligados a desear que sea.”24

En otras palabras, Freud veía a la religión como algo que proporcionaba un refugio
cobarde de las duras realidades de la vida y de la inevitabilidad de la muerte. Después de
todo, el ser humano se consuela al pensar que hay otro mundo, asilado de las dificultades,
injusticia y confusión del mundo real.25 El apologista Alister McGrath explica el punto de
Freud diciendo que, en otras palabras, “inventamos un mundo imaginario que corresponde
a nuestros deseos, en lugar de reconciliarnos con la dureza del mundo real que nos rodea”.
Y siguiendo con su explicación de la perspectiva de Freud, McGrath añade: “La religión es
para los emocionalmente deficientes, una muleta para aquellos que no pueden hacer frente
a la realidad de la vida y prefieren inventar un propio mundo imaginario”. 26 En esto se
resume el pensamiento de Freud.

Ahora bien, el proceso de razonamiento que llevó a Freud a postular esta visión de
la religión parte de la naturaleza. Según él, el ser humano es pasional y salvaje por
naturaleza, por lo tanto, necesita de “restricciones” que repriman dicha naturaleza para que
el tal pueda vivir en sociedades donde no se maten ni se pisoteen unos a otros. Por lo tanto,
la naturaleza es una realidad amenazante de tal modo que Freud afirmó: “La tarea principal
de la civilización, su verdadera raison d'etre [razón de ser en francés] es defendernos de la
naturaleza”.27 El punto es que Freud observó que las restricciones impuestas para que el
humano salvaje viva bien fueron factores críticos para el surgimiento de la creencia
religiosa.28 Sin embargo, pese al intento humano de resguardarse de la dura realidad de la
naturaleza mediante las reglas de la civilización, notó que todavía es incapaz de vencer su
abrumadora y latente amenaza. Freud dijo:

“Están los elementos, que parecen burlarse de todo control humano:


la tierra, que tiembla y se destroza y entierra toda vida humana y sus obras;
el agua que inunda y ahoga todo en confusión; las tormentas, que soplan y
derriban todo lo que están delante de ellas; hay enfermedades, que solo
recientemente hemos reconocido como ataques de otros organismos; y
finalmente está el doloroso acertijo de la muerte, contra el cual aún no se ha
encontrado cura, y probablemente no la habrá. Con estas fuerzas la
naturaleza se levanta en contra de nosotros, en forma majestuosa, cruel e
24
Sigmund Freud, The Future of an Ilusion, 1961, p. 42.
25
Comentado por (D'Souza, 2009, pág. 278.)
26
(McGrath, Mera apologética: Ayudando a interesados y escépticos a encontrar la fe, 2020, pág. 180.)
27
(Freud, The Future of an Ilusion, 1964, pág. 20.)
28
Explicado en Sproul, 2018, págs. 44-45.

134
inexorable; nos hace recordar una vez más nuestra debilidad e impotencia, lo
cual pensábamos que habíamos escapado mediante la obra de la
civilización.”29

En vista de que el ser humano es incapaz de controlar los efectos caóticos de la


naturaleza, debió buscar otro factor además de la civilización que lo pueda librar y dar
seguridad. Por lo tanto –dice Freud– primero miró a la imponente naturaleza, luego la
divinizó, y en segundo lugar la volvió un ser personal. Es un paso de una especie de
animismo [la naturaleza tiene vida] al monoteísmo [Dios personal]. De manera que la
creencia en Dios no es más que el resultado de la actitud indefensa del ser humano ante la
hostilidad de la intimidante naturaleza. Es por causa de esta dura realidad que el ser
humano reacciona religiosamente.30

Pero Freud no solo ponía el temor a la naturaleza y las restricciones de la


civilización como causantes del fenómeno religioso, sino que añadía algún que otro
complejo psicológico del individuo necesitado de amor paternal. Es natural, entonces, que
los humanos tiendan a la creencia en un Dios benévolo que manifiesta características como
las de un padre. Luego de que el ser humano logró ver a Dios como un ser personal, decía
Freud, “las relaciones de los hombres con él podrían recobrar la intimidad e intensidad de
la relación de un niño con su padre”.31 Por esa razón, la imagen del Dios-padre es bastante
relevante para el origen de la religión, ya que se relaciona con el fenómeno psicológico de
la relación padre e hijo.

Con este supuesto “complejo psicológico”, Freud nos está diciendo que la creencia
en Dios también se genera a partir de una inmadurez mental. Creer en Dios es una especie
de inmadurez psicológica o actitud infantil no superada. Y en ese contexto, nuestro
concepto de Dios y nuestras actitudes hacia él son ilusiones infantiles, moldeadas por las
experiencias de nuestros propios padres. Los religiosos inmaduros, por lo tanto, crecen y se
desprenden emocionalmente de sus padres, pero no se deshacen completamente de estas
emociones, sino que transfieren tal dependencia al imaginario padre “enormemente
exaltado”.32 Freud también observó que existe un sentimiento de “culpa” hacia el padre que
lleva a los hombres a buscar el consuelo y recibimiento de un padre imaginario. Como

29
Freud, 1964, p. 20.
30
Sproul, 2018, págs. 45-46.
31
Freud, 1964, p. 27.
32
(McGrath, Mera apologética: Ayudando a interesados y escépticos a encontrar la fe, 2020, págs. 180-181.)

135
señala Sproul: “El temor a la naturaleza y la culpa relacionada con el padre contienen una
base de dos lados para la creencia y la práctica religiosas”.33

La actitud crítica de Freud hacia la religión también está expresada en unas frases
próximas al final de su estudio sobre Leonardo Da Vinci:

“El psicoanálisis nos ha hecho conscientes de la íntima relación que


hay entre el complejo del Padre y la creencia en Dios, y nos ha enseñado
que, psicológicamente, el Dios personal no es otra cosa que un padre
magnificado; nos muestra cada día como los jóvenes pueden perder su fe
religiosa cuando se derrumba su autoridad paterna. Reconocemos así que la
raíz de la necesidad religiosa reside en el complejo paternal” 34

Para Freud, pues, la religión no es otra cosa que “procesos psicológicos proyectados
en el mundo exterior”. Más específicamente, es la proyección de la relación psíquica del
niño con su padre. Freud insistía en que la fe era una inmadurez, puesto que, si el hombre
moderno empleara su razón, y mediante ella condicionara sus emociones, podría superar
aquel infantilismo religioso.35 Por lo demás, Freud insistía en que Dios no es más que una
muleta psicológica para personas miedosas e inmaduras, y de ese modo fue claro en su
consideración de que la creencia en Dios es intelectualmente ingenua:

“Todo esto es tan patentemente infantil, tan ajeno a la realidad, que


para cualquiera con una actitud amistosa hacia la humanidad es doloroso
pensar que la gran mayoría de los mortales nunca podrán elevarse por
encima de esta visión de la ida.”36

La religión según el Nuevo Ateísmo


Es verdad que siempre hubo ateos, pero los actuales tienen una particularidad tal
que hoy se los conoce con otro nombre: Nuevos Ateos. ¿Por qué se los identifica como
“nuevos”? Pues, se los llama “nuevos”, no por sus argumentos que siempre se han estado
respondiendo, sino por su nuevo radicalismo y hostilidad hacia la religión. La aparente
razón de este radicalismo se debe al horrible acontecimiento de las Torres Gemelas el 11
de septiembre del 2001. De hecho, según la revista alemana Der Spiegel [El Espejo],37 fue
33
(Sproul, Si Dios existe, ¿por qué hay tantos ateos?, 2018); Cf. (Freud, Civilization and Its Discontents,
1964, pág. 21ss.)
34
Freud: Leonardo Da Vinci (1932), pág. 103 extraído de Spinks, Introducción a la psicología religiosa,
1965, pág. 111.
35
Spinks, Introducción a la psicología religiosa, 1965, págs. 112-114.
36
(Freud, Civilization and its Discontents [En español traducido como "Ansiedad en la cultura"], 1962, pág.
21.)
37
Der Spiegel (en alemán, El Espejo) es la mayor revista semanal de Europa y la más importante
de Alemania. Publicada en Hamburgo, tiene una difusión semanal de un millón de ejemplares. Su estilo es
similar al de las estadounidenses Time o Newsweek. Es conocida en Alemania por su estilo distintivo y
académico, así como por su increíble influencia. [extraído de [Link]

136
ese lamentable suceso el que dio lugar al nuevo ateísmo y su particularidad, o al menos así
lo expresa su artículo de portada titulado “La culpa de todo es de Dios”.38

El punto en cuestión es que, si los grandes influyentes del ateísmo como Feuerbach,
Marx, Freud, Nietzsche y otros han tratado a la creencia en Dios como una ilusión o un
invento que se explica a partir de la ignorancia, o el temor y la inmadurez de personas
débiles, entonces los nuevos ateos toman estos mismos argumentos y lo disparan con
violencia y con mucha más fuerza contra los creyentes de hoy. Por lo tanto, podemos
pensar que este cúmulo de explicaciones han formado la raíz de muchos de los alegatos
ofensivos que los nuevos antirreligiosos despotrican contra los creyentes en la actualidad.
Con frecuencia somos tratados de ignorantes, anticuados, y personas primitivas que
todavía viven en siglos pasados; personas que deberían ser cargadas de más ciencia y
menos Biblia. Para ellos, nosotros creemos en Dios, no gracias a la buena formación e
información, sino debido a la ignorancia y a la desinformación. Obviamente, esto se vuelve
prometedor y bastante conveniente para el sector ateo, puesto que, si los creyentes son los
ignorantes que todavía viven en siglos pre-científicos, entonces ellos vendrían a ser los
intelectuales que poseen el monopolio de la ciencia. ¡Y es precisamente eso lo que estamos
viendo hoy!

El lema implícito en todo antirreligioso militante, además de su agresividad contra


los creyentes, es el de poseer una “mente brillante”. Por supuesto; ¡ellos no son ignorantes
como los que creen en Dios! Esto es lo que Richard Dawkins –como representante del
ateísmo mundial– señala como el “orgullo ateo”. 39 Es por eso que el mismo Dawkins y el
filósofo ateo Daniel Dennett han publicado artículos donde invitaban a sus demás colegas a
abandonar la palabra “ateo” debido a sus connotaciones negativas, y a adoptar en su lugar
la palabra “brillantes”. Dawkins dice que un brillante es alguien que adopta “una
cosmovisión que está libre del sobrenaturalismo y del misticismo”, 40 y Dennett describe
igualmente a los ateos cuando dice: “Nosotros, los brillantes, no creemos en espíritus, en
elfos ni en el Conejo de Pascua… ni en Dios”. 41 Asimismo, otros pensadores ateos –
supuestamente brillantes– alegan cosas similares… El ateo Sam Harris escribió que la

38
Lennox, Disparando contra Dios, 2016, págs. 22-23.
39
Referencia de Richard Dawkins en (Dawkins, The God Delusion, 2006, pág. 3.)
40
Richard Dawkins, “The Future Looks Bright [El futuro parece brillante]”, Guardian, 21 de junio de 2003;
también citado en (D'Souza, 2009, págs. 24-25.)
41
Daniel Dennett, “The Bright Stuff [Cosas brillantes]”, en New York Times, 12 de Julio de 2003.

137
“creencia religiosa” es de “influencia lunática”. 42 El ateo Christopher Hitchens escribió
también: “Todas las religiones y todas las iglesias están dementes por igual al creer en la
intervención divina, en la intercesión divina y hasta en la existencia de lo divino”. 43 Pues
bien, las implicancias de estas afirmaciones son más que claras: los creyentes creen por ser
ignorantes (y nada brillantes) mientras que los ateos son los brillantes intelectuales que no
se tragan supersticiones tontas.44 Ellos son fuertes, no necesitan de Dios; son
psicológicamente superiores.

Pero la actitud tóxica del Nuevo Ateísmo no culmina en estas ofensas. Para los
nuevos ateos, la religión es un veneno que debe ser erradicado de la sociedad. Una de las
doctrinas básicas del Nuevo Ateísmo señala que los cristianos tienen una debilidad (en la
cabeza) debido a una mera fe que no va apoyada por la razón. El cristianismo en particular
–dicen ellos– es adicto a la fe ciega, y Richard Dawkins, quien es uno de los representantes
del nuevo ateísmo a nivel mundial, define dicha fe como una forma de “enfermedad
mental”, como si se tratase de una falla de la razón. Según Dawkins, la fe de los cristianos
consiste en “creer no solo sin evidencia alguna, sino a pesar de las evidencias”. 45 Por lo
tanto, Dios es un mero invento. Del mismo modo, para el ateo Sam Harris no existe una
respuesta causal de las creencias más que creer que Dios existe porque simplemente “eso
hace sentir bien”. El creer que Dios existe porque hace sentir bien no implica que
objetivamente exista. Además, los que están destinados a sufrir de forma terrible a lo largo
de sus vidas, o que se hallan en el umbral de la muerte, suelen encontrar consuelo en una u
otra propuesta sin fundamento. Por lo que la fe permite soportar adversidades, aunque al
mismo tiempo, esto no dice nada acerca de su validez. 46 Solo se trata de personas que
tienen miedo y eso es todo.

El famoso ateo Bertrand Russell presentó una versión contemporánea en respuesta


la por qué existen creyentes cuando la realidad nos dice que no hay Dios. En sus
afirmaciones se pueden ver condensadas tanto las afirmaciones anteriores de los ateos del
pasado y las afirmaciones (más radicales) de los nuevos ateos de hoy. En su ensayo “Por
qué no soy cristiano” Russell escribió:

42
Harris, The End of Faith: Religion, Terror, and the Ende of Reason [El fin de la fe: Religión, terror y el fin
de la razón], 2005, pág. 234; edición en español Harris, El fin de la fe, 2007.
43
(Hitchens, 2004).
44
Cf. (D'Souza, 2009, pág. 25.)
45
Marshall, 2011, pág. 10, 17-18.
46
Harris, 2007, págs. 62-64.

138
“La religión se basa, pienso yo, sobre todo y ante todo, en el temor.
Es en parte el terror a lo desconocido y en parte, como ya he dicho, el deseo
de sentir que uno tiene una especie de hermano mayor que estará a su lado
en todos sus problemas y disputas. El temor es la base de todo esto: el temor
a lo misterioso, el temor a la derrota, el temor a la muerte. El temor es el
padre de la crueldad, y, por lo tanto, no es de sorprenderse que la crueldad y
la religión vayan de la mano: es porque el temor es la base de esas dos cosas.
En este mundo ahora podemos empezar a entender las cosas un poquito, y a
dominarlas un poquito con la ayuda de la ciencia, que se ha metido a la
fuerza paso a paso en contra de la religión cristiana, de las iglesias y de la
oposición a todos los viejos preceptos. La ciencia nos puede ayudar a superar
este cobarde temor en el que la humanidad ha vivido por tantas
generaciones. La ciencia nos puede enseñar, y creo que nuestros propios
corazones nos pueden enseñar a no buscar más apoyo imaginario, a no
inventar aliados en el cielo, sino más bien acudir a nuestros propios
esfuerzos aquí abajo para hacer que este mundo sea un lugar apropiado
donde vivir, en vez de la especie de sitio en que lo han convertido las
iglesias en todos los siglos.”47

Para el ateísmo actual, Dios no se divisa en el horizonte existencial, sino que más
bien es un espejismo engañoso de las épocas primitivas e inmaduras; y desafortunadamente
para ellos, muchos siguen en ese retardo. Así también, la fe es un espejismo que, al
enajenar al hombre, le ha retrasado el proceso de su maduración, desviando la perspectiva
auténticamente antropocéntrica donde e hombre debería ocupar el lugar que siempre cedió
a su divinidad.48 Los ateos actuales no se conforman con contrarrestar a los teístas; su
misión consiste en liberar la sociedad de la religión y, al igual que muchos de los ateos
teóricos que estuvimos estudiando, afirman que lo único que existe es la naturaleza,
rechazando así cualquier principio trascendental y espiritual. 49 Esa es la presuposición
básica de sus objeciones.

¿Creamos a Dios o creamos el ateísmo?


El postulado básico del ateísmo moderno busca demostrar que Dios es una
invención humana. Ellos insisten en que los hombres crearon a Dios a su propia imagen.
Lo crearon porque deseaban hacerlo; de modo que los dioses de las distintas épocas no
solo eran similares a los hombres y sus culturas, sino que también eran capaces de
complacer sus deseos y librarlos de sus temores más naturales. Pero no solo la imagen del
propio ser humano, sus deseos y sus temores están presentes en esta proyección, sino
también su ignorancia. Es decir, el desconocimiento de cómo en realidad funciona la

47
(Russell, Why I Am Not a Christian [Por qué no soy cristiano], 1957, pág. 22.)
48
Alonso, 1972, págs. 122-123.
49
Miller, 2013, pág. 101.

139
naturaleza llevó a las sociedades pre-científicas a inventar dioses que expliquen los
fenómenos que desconocían. De eso se trata esta supuesta teoría de proyección.

Sin embargo, si lo analizamos muy fijamente, esta teoría no es convincente en


absoluto. Quizás suene bien y tenga la referencia de “grandes” pensadores, pero no está
libre de objeciones. Y no solo eso, sino que estas mismas teorías pueden ser aplicadas al
mismo ateísmo, y se puede hacer de tal modo que será igual de válido (o aún más)
proponer un contrargumento sosteniendo que Dios sí existe, pero que el ser humano creó al
ateísmo para escaparse de Él.

#1 Identifiquemos la falacia

En primer lugar, si observamos con atención, el argumento de la proyección que


busca “demostrar” que Dios es un invento humano o una ilusión suya presenta una falacia
en su mismo núcleo, que desde ya hace tambalear todo el argumento. Cuando decimos que
una argumentación es falaz, estamos diciendo que dicho argumento presenta un
razonamiento incorrecto y –en el fondo– falta a la verdad por más de que no lo parezca.
Como verán, la tesis de estos pensadores parece convincente, y hasta llegue a convencer a
algunos, pero en realidad es una falacia.

En el año 2011 el apologista William L. Craig debatió este mismo tema con el ateo
Andrew Copson en un evento de la Universidad de Cambridge. Copson presentó este
mismo argumento enfatizando que Dios es una invención humana, que parte sencillamente
de la esencia, la cultura y la ignorancia de individuos primitivos. Sin embargo, el Dr. Craig
respondió diciendo que este argumento es una fiel representación de la llamada “falacia
genética”. Para entender mejor, una falacia genética consiste en “el reproche de algo
basándose en su origen”.50 Es decir, en “desaprobar o rechazar una postulado criticando su
mero origen”. ¡Y es precisamente lo que este argumento ateo hace! El Dr. Craig responde
esta objeción diciendo:

“Bueno, mientras escuchaba el discurso de Andrew escuché solo dos


argumentos a favor de que Dios sea una ilusión. La primera era proporcionar
una especie de historia de las religiones sobre cómo la gente llega a creer en
dioses. Ahora, si ese un argumento en contra de la existencia de Dios, esto es
casi un ejemplo de libro de texto de la falacia genética. ¿Qué es eso? La
falacia genética trata de invalidar la posición o la creencia de una persona
[los creyentes] mostrando cómo se originó, cómo llegó a creerlo, y eso es
50
“Falacia genética” en [Link]

140
clara y lógicamente falaz. Puede que yo haya llegado a creer que la tierra es
redonda leyéndola en un cómic. Eso difícilmente sería una buena
justificación. Pero, ¿significa eso que la creencia es falsa? Bueno,
¡obviamente no! Así que, el primer argumento es inútil, damas y caballeros.
Es literalmente una falacia lógica.”51

Por lo tanto, al igual que el Dr. Craig, podemos afirmar que el pretender demostrar
que “Dios no existe” señalando cómo una persona llega a creer en Él es una falacia. Al
final, este argumento no logra eliminar a Dios de la ecuación ni tampoco demuestra que
aquellos que creen en Dios están literalmente engañados. El solo proporcionar una especie
de historia del origen de las creencias religiosas [lo cual podría hasta ser incorrecta] no
logra su cometido cuando se pretende “probar” la inexistencia de Dios. Por el contrario,
este argumento queda varado en el simple hecho de cómo alguien puede llegar a adquirir
una creencia religiosa, mas no probar que sea completamente falsa.

#2 No han probado más que sus prejuicios

Los antirreligiosos pueden insistir afirmando vez tras vez que la fe en Dios no es
más que el consuelo ofrecido para los perdedores de la vida y que, por lo tanto, es una
invención cultural que al final es una mera ilusión. Sin embargo –dice el Dr. Alister
McGrath– este tipo de críticas son solo palabras o meras “afirmaciones, en lugar de un
argumento cuidadosamente razonado o basado en pruebas. No hay pruebas científicas para
tal afirmación”. A lo máximo que podrían llegar es a tener una “plausibilidad cultural” de
tal modo que frecuentemente se encontrará este tipo de argumentos en varias discusiones
religiosas. Solo sonará popularmente aceptable. Pero, insiste McGrath, no pasa de ser una
afirmación a ser una evidencia empírica. Su poder se encuentra solamente en “la frecuencia
con que se repite por un lado, y la confianza con que se afirma por el otro”.52

Sobre el caso de Sigmund Freud, por ejemplo, McGrath llega a afirmar:

“La base probatoria de esta osada afirmación de que Dios es


simplemente la proyección de un deseo infantil de protección de un padre es
prácticamente nula. Las credenciales científicas de Freud han sido
severamente criticadas en los últimos años, ya que se ha hecho cada vez más
evidente que sus “investigaciones científicas” a menudo equivalen a poco
más que una validación retrospectiva de sus prejuicios, especialmente su
hostilidad hacia la creencia en Dios.”53

51
William L. Craig en [Link]
52
(McGrath, Mera apologética: Ayudando a interesados y escépticos a encontrar la fe, 2020, págs. 180-181.)
53
Ibíd., pág. 181.

141
Pero, ¿cuál es el prejuicio de Freud que lo lleva a esgrimir un argumento tan pobre?
La respuesta no sorprenderá: su hostilidad a la religión. O como bien aclara McGrath:
“Freud parte del supuesto de que no hay Dios, y luego trata de mostrar que se puede
encontrar una explicación racional de por qué la gente cree en un Dios tan inexistente”. 54
De hecho, este es el patrón que siguieron todos los teóricos que estuvimos nombrado. Pero,
nuevamente, ¡no han probado que Dios no existe! ¡Sencillamente lo asumen de por sí! Es
como un círculo vicioso que parte de “Dios no existe” para demostrar que “Dios no
existe”. De manera que este argumento solo tendría sentido una vez demostrada la
inexistencia de Dios, cosa que todavía no lograron.

El Dr. Sproul también nos dice que Freud podría tener razón en que el ser humano
cuenta con una “dimensión de deseo religioso”. Freud podría tener razón en que la religión
puede ofrecer un consuelo calmante a la luz de la amenaza de la naturaleza, quizás, en ese
sentido, ser religioso podría ser un “deseo” en el hombre. Pero Sproul muestra las
limitaciones de estos argumentos diciendo que “todo eso puede ser cierto, pero aun si lo es,
no podemos luego concluir que en efecto no hay una realidad consoladora como Dios en el
universo”. El hecho de que creamos en algo por deseo no significa necesariamente que ese
algo no exista. En cuanto a Feuerbach ocurre lo mismo: quizás tenga razón en mucho en lo
que atañe al fenómeno religioso. De hecho, y como ampliaremos más adelante, la misma
Biblia le da la razón cuando señala que el ser humano se apresura a crear dioses a su propia
imagen (Romanos 1:23-25; Salmos 115:4-8). Pero, nuevamente, el análisis de Feuerbach
nos puede enseñar mucho acerca de cómo es el hombre, pero nos dice muy poco acerca de
si Dios existe o no existe.55 Y ocurre lo mismo con Marx, puesto que también podría estar
en lo cierto cuando afirmó que la religión podría ser una herramienta para explotación de
masas, pero su perspicaz critica no suma ni resta a la discusión sobre la existen o
inexistencia de Dios.

El Dr. Sproul escribió que estas estas teorías de proyecciones psicológicas podrían
“posiblemente explicar el origen de la religión. Demostrarlo, no obstante, es una tarea
formidable”. Sproul también añade que estas teorías pueden bridarnos “datos referentes a
lo que la psiquis humana puede y le gusta proyectar […] puede ofrecer una gran cantidad
de posibles razones psicológicas de por qué los seres humanos podrían haber inventado la
religión, pero mostrar lo que los hombres pueden hacer y podrían hacer no es mostrar lo

54
Ibíd.
55
(Sproul, Si Dios existe, ¿por qué hay tantos ateos?, 2018, págs. 55-57.)

142
que los hombres realmente hacen. Demostrar que una persona es capaz de matar no es
suficiente evidencia para declararla culpable de homicidio. Aunque es útil demostrar que
un sospechoso de homicidio tuvo motivos para cometer el crimen, no demuestra que él en
efecto lo cometió”.56 Del mismo modo, demostrar que el hombre pudo haber inventado a
Dios debido al fenómeno de la proyección no es suficiente razón para creer que realmente
así fue, y, por lo tanto, Dios no existe.

Es como si estos argumentos saltearon la cuestión de si Dios existe o no, y


sencillamente de dispusieron a elaborar un argumento un poco sofística señalando por qué
existe la religión o la creencia en Dios. Sproul lo dice así:

“De hecho, todos estos argumentos presentados arriba realmente no


tienen nada que ver con el tema de la existencia de Dios. Freud, Marx y los
demás no estaban intentando negar la existencia de Dios. Sus argumentos ya
presuponían la inexistencia de Dios. Ellos no estaban considerando la
cuestión de la existencia de Dios, sino que estaban lidiando con la pregunta
de por qué existe la religión dado que Dios no existe.”57

Sproul añade diciendo que “demostrar que los seres humanos desean un Dios no es
demostrar algo acerca de si, en efecto, existe tal deidad o no”. 58 Por lo tanto, todos pueden
buscar demostrar que algunos –incluso la mayoría si se desea– inventan dioses por los
motivos que sea, pero esto no necesariamente demuestra que absolutamente todos los
hombres lo han hecho.59 Por lo tanto, al final, ¡no han probado nada!

#3 ¿Podríamos inventar al Dios de la Biblia?

El pensador Karl Marx englobó bien el postulado básico de la teoría de la


proyección afirmando que la idea de Dios procede de la esencia del hombre: “Las pruebas
de la existencia de Dios no pasan de ser ontológicas carentes de sentido”. 60 Es decir, Dios,
la fe y la religión se explican siempre a partir de lo que ser humano es (ontología). Y como
hemos visto, la teoría de la proyección intenta argumentar que el ser humano creó a Dios
en base a su propia imagen, sus deseos, su ignorancia, y debido a fenómenos psicológicos
que se mueven en su psique. Ellos dicen que los dioses se parecen mucho a sus inventores
humanos y que están puestos en la atmósfera celeste para satisfacer sus deseos y

56
Ibíd., pág. 53.
57
Ibíd., pág. 53-54.
58
Ibíd., pág. 54.
59
Ibíd., pág. 56-57.
60
Monroy, ¿En qué creen los que no creen?, 2008, pág. 33.

143
necesidades, y el Dios bíblico no es una excepción a la regla. Y como saben, la creencia en
deidades se origina a partir de la ignorancia, ya que la idea de Dios llena el vacío que nos
deja el desconocer cómo es y cómo funciona el universo que nos rodea. Es por eso que el
nuevo ateísmo en base a todas estas teorías y con una carga especial de ponzoña, insisten
en afirmar que Dios es una creencia adquirida por culturas carentes de ciencia e
inteligencia; que en la actualidad no son más que mentes débiles, necesitadas y lisiada
emocionalmente; o bien, gente orgullosa que desea satisfacción y usa a su Dios ilusorio
para tal capricho.

¿Tienen razón? Pues, creemos que no. Tomemos primero el argumento de la


ignorancia, el cual suena como el más pretencioso de sus postulados. Quienes creen en la
existencia de Dios, ¿lo creen por ignorantes? Algunos religiosos quizás lo hagan, pero no
todos, ni mucho menos engloba toda la fe que se deposita en el teísmo cristiano. En primer
lugar, es muy osado llamar “ignorantes” a los grandes pensadores que han creído en Dios
por razones tanto personales como intelectuales. Quizás hayan tenido una experiencia
personal –aunque subjetiva– con Dios y el Señor Jesucristo, pero ese no es todo el caso.
Muchos pensadores creyentes dicen que la existencia de Dios también se puede argumentar
de manera persuasiva. Suelen presentar a Dios como la mejor explicación de la existencia
del universo y su orden finito, y como la mejor explicación de las leyes morales y un
arsenal de argumentos más. René Descartes, quien fue padre de la filosofía moderna y el
racionalismo, afirmó que la existencia de Dios es más cierta que el más cierto de todos los
teoremas geométricos.61 Y Antony Flew, quien antes había sido un apologista ateo, afirmó
que su creencia en Dios no se debió a ningún paradigma o experiencia mística, sino que
meramente siguió el camino de las evidencias. Así lo aclaró Flew:

“¿Por qué creo ahora esto, después de haber expuesto y defendido el


ateísmo durante más de medio sigo? La breve respuesta es la siguiente: Tal
es la imagen del mundo que, en mi opinión, ha emergido de la ciencia
moderna. La ciencia atisba tres dimensiones de la naturaleza que apuntan
hacia Dios. La primera es el hecho de que la naturaleza obedece a leyes. La
segunda es la dimensión de la vida, la existencia de seres organizados
inteligentemente y guiados por propósitos, que surgieron de la materia. La
tercera es la propia existencia de la naturaleza. Pero no solo la ciencia la que
me ha guiado. También me ha ayudado la reconsideración de argumentos
filosóficos clásicos.”62

61
Ibíd., pág.
62
(Flew, 2013, pág. 87.)

144
Otras líneas de evidencias, las cuales no deberían ser rebajadas a mera palabrería de
ignorantes, sino que requieren atención, es la popular argumentación histórica a favor de la
resurrección de Cristo: Debido a ciertos hechos históricos evidentes, en las cuales la
mayoría de los investigadores están de acuerdo sean creyentes o incrédulos, es posible
concluir que la resurrección de Cristo es la mejor explicación a tales eventos históricos. El
erudito historiador e investigador del tema Gary Habermas dice que, actualmente, los
historiadores sostienen que es verdad que los discípulos de Cristo estaban convencidos de
que habían visto a Jesús resucitado luego de su muerte pública. 63 Las evidencias históricas
y las experiencias de estos hombres incluyen: (1) conversión de los que alguna vez fueron
incrédulos, (2) gran persistencia ante la tortura y el martirio, (3) una explosión de fortaleza
y audacia que convirtió a pescadores temerosos en hábiles predicadores del testimonio de
la resurrección (4) y la tumba está vacía. Por lo general, ninguna explicación alterna que
pretenda excluir la resurrección de Cristo satisface la exigencia de una explicación
suficiente. ¿Qué realmente pasó para que estos 4 hechos se dieran? Bueno, la resurrección
parece ajustarse más a estos eventos históricos. Es más, el argumento de la resurrección
parece ser tan fuerte que incluso es aclamado por Antony Flew, quien sin ser cristiano, se
siente intrigado por estas evidencias.64 Otros han ido más allá de las intrigas al punto tal de
abandonar toda forma de incredulidad y abrazar la fe cristiana debido a estas evidencias,
como el caso de Josh McDowell, Lee Strobel, Warner Wallace y muchos otros. ¿Lo
hicieron por ignorantes? Responder afirmativamente sería sencillamente falaz y
pretencioso. ¿Cómo podrían probar que todos los creyentes son ignorantes? ¿No tiene estas
afirmaciones el mismo peso que afirmar que, en realidad, los incrédulos son los verdaderos
ignorantes? Parece ser que, en la actualidad, la ignorancia de absolutamente todos los
creyentes suena más bien como una ofensa que como un argumento bien elaborado.

Dejando de lado el argumento de la ignorancia, los teóricos que tratan de demostrar


que la idea de Dios no es más que una proyección humana podrían sonar convincentes a
simple vista, y quizás tenga razón en algún que otro sentido, aunque todavía hay mucho
por objetar. Si analizamos con atención la esencia de estos argumentos y luego miramos al
Dios de la Biblia, encontraremos que estas teorías, al final, no pueden ser aplicadas al Dios
del teísmo cristiano. En su debate con Copson, sobre la idea de que Dios se parece a sus
inventores, el Dr. Craig responde diciendo que eso suena como “un buen argumento contra
el politeísmo”, pero no es un buen argumento en contra del concepto tradicional del Dios
63
(Witherington III, Corduan, & Habermas, 2012, págs. 67-68.)
64
(Flew, 2013, págs. 166-167.)

145
cristiano.65 En las religiones paganas, los dioses sí se parecían bastante a sus inventores y
correspondían bastante bien a sus culturas, ¡y ni qué decir al deseo de satisfacción que sus
dioses representaban! Pero, como veremos, ese no es el caso del Dios de la Biblia.

En primer lugar, debemos señalar que el Dios bíblico tiene atributos que lo
distinguen en demasía a lo que el hombre es. Ni siquiera su imagen “idealizada” podría
verse reflejada en la clase de Dios que la fe cristiana presenta. El Dr. Craig nos dice que el
Dios bíblico posee atributos de omnipotencia, omnisciencia, eternidad, que trasciende el
tiempo y el espacio, y que posee una moralidad perfecta. 66 Todos estos son atributos que
difícilmente el ser humano lo identifique o lo idealice para sí. Al contrario, frecuentemente
se sienten confrontados por esta clase de atributos. Incluso a veces no desearíamos que de
Dios sea así. Por lo tanto, iniciamos diciendo que tales características no suenan como un
invento nuestro, puesto sencillamente están mucho más allá de nosotros.

Por otro lado, el Dios bíblico tampoco parece convenir a los deseos que el hombre
posee en su naturaleza. De hecho, a veces se da de manifiesto todo lo contrario. Mientras
los dioses de culturas politeístas si se aplican bastante bien a estas teorías escépticas, el
Dios bíblico permanece fuera de su alcance. Solo pensemos en el símbolo del placer
humano más resonante y solícito: el sexo, que es la inclinación y deseo más natural. El
mismo Freud habló mucho sobre esto. El sexo es el deseo que no querríamos que se nos
restrinja. ¡Y vaya que no fue restringido para estas culturas influenciadas por sus
religiones! Los historiadores dicen que las grandes civilizaciones (no cristianas) a través de
la historia han pasado por dos etapas. La etapa del ascenso donde alcanzan el pináculo del
éxito de su poderío; y luego la etapa de la decadencia donde, a causa de la promiscuidad
sexual y el rechazo a la estricta moral restrictiva, literalmente “se entregan a sus pasiones y
deseos más básicos”. Y así sucedió con los antiguos reinos de Egipto, Babilonia, Asiria,
Medo-Persa, el imperio Griego y Romano, y más tarde el Sacro Imperio Romano.67

El mundo antiguo se desenfrenó en fornicación, adulterio, orgías, homosexualismo,


lesbianismo, sodomía, bestialidad y toda clase de “deseos humanos” que, a juzgar a partir
de la moralidad bíblica, no son más que inmoralidades cuyo opositor principal siempre fue
el Dios de la fe judeocristiana. Estas prácticas no inician en las culturas griegas y romanas,
sino mucho antes. El arqueólogo bíblico Joseph Free dice que en los templos de los
65
William L. Craig en [Link]
66
Ibíd.
67
(Kennedy & Newcombe, ¿Y qué si Jesús no hubiera nacido?, 1994, pág. 171.)

146
antiguos cananeos –el pueblo inmoral desaprobado por Dios y cuyo ejemplo los israelitas
no debían imitar– estos practicaban una “adoración sexual degradada” que hasta resultaba
en el sacrificio de niños. Sus templos, dice Free, eran auténticos “lugares de vicio”. 68 Los
sirios y fenicios también tenían divinidades cuyo culto incluía la “prostitución sagrada de
ambos sexos”.69 Y en cuanto a los griegos, ¡ni hablar! Sus prácticas religiosas eran dueñas
y promotoras de las relaciones homosexuales y relaciones con prostitutas. 70 Y al igual que
Grecia, Roma tampoco queda atrás. Con todo esto en mente, pensemos… ¿qué son estos
vicios religioso-sexuales sino el más claro ejemplo del deseo humano desenfrenado? En
tales casos, por supuesto que estamos de acuerdo con la teoría de la proyección, pues la
naturaleza del deseo humano por supuesto que llevará a cualquiera a inventarse religiones
y cultos para esa clase de dioses. En esto tienen mucha razón. Pero en el caso del Dios
bíblico, la realidad es otra. Es precisamente en este punto donde Dios no es objeto de
nuestros deseos, sino el antagonista más férreo, de quien querríamos deshacernos en lugar
de inventarlo.

En el libro “¿Y qué si Jesús no hubiera nacido?” de James Kennedy y Jerry


Newcombe se nos presenta un contraste, donde la visión del Dios bíblico en la figura
Jesucristo y las enseñanzas de los apóstoles se hace notorio como algo completamente
novedoso:

“Cristo nació en este mundo corrompido, y los apóstoles fueron con


el mensaje que había de transformarlo. Ellos salieron a declarar que Dios era
santo; una idea absolutamente novedosa, pues sin duda los dioses paganos
no lo eran. Estos no solo no prohibieron ni restringieron el vicio y la
perversidad, sino que lo animaban con la práctica de la prostitución del
templo. Y ahora el apóstol Pablo penetró en el mundo gentil con el mensaje
de que Dios era santo y que nos ha llamado a ser santos con Él es santo: Un
mensaje absolutamente revolucionario.” 71

El efecto de la ética cristiana influenciado por el Dios judeocristiano no se parece


en nada a lo que los hombres pudieran desear. Es más, los antiguos paganos se referían a
los cristianos como personas moralmente puras que no vivían en desenfrenos como el resto
de los fieles de las religiones paganas. Eran singulares. Unos verdaderos fenómenos. Un
filósofo cristiano del año 125 d.C. de nombre Arístides escribió al emperador Adrián

68
Joseph Free, Archeology and Bible History [Arqueología e historia bíblica], 1969, pág. 122.
69
Merril Unger, Archeology and the Old Testament [Arqueología y el Antigui Testamento], 1979, pág. 173.
70
Kennedy & Newcombe, ¿Y qué si Jesús no hubiera nacido?, 1994, pág. 173.
71
Ibíd., pág. 175.

147
diciendo –en referencia los cristianos– que ellos “no cometen adulterio ni inmoralidad” y
se “abstienen de todo contacto sexual ilícito y de impureza”.72 ¡Clarísimo!

Lo mismo puede verse al contrastar la naturaleza y el mensaje del Dios bíblico con
la generalidad del deseo humano. No hace falta ser un gran intelectual para reflexionar y
darnos cuenta de que el mundo desea con ansias dinero, sexo y poder. Parece ser lo natural
en ellos. Siempre y cuando sirvan a sus intereses hedonistas y antropocéntricos, donde el
hombre sea el centro, ¡eso es lo que por naturaleza deseamos! Respecto al dinero, el pastor
John Piper escribe: “Pensábamos que estábamos lidiando con el dinero–billetes y monedas.
Pero, de hecho, estamos lidiando con los placeres y las ventajas que el dinero puede
comprar, o el estatus que el dinero puede darnos. Y después nos damos cuenta de que eso
no es todo, ya que debajo de eso hay codicia, avaricia, miedo, y el deseo de tener
seguridad, prestigio y control”.73 ¿Acaso no es esa la condición que se ve en todos?

De hecho, si observamos la realidad con atención notaremos que las personas no


desean volverse cristianas precisamente porque no desean abandonar estos intereses
egoístas. No les gusta que Dios se oponga a sus libertades sexuales, y a la inclinación de
sus corazones deseosos de dinero y poder. ¡Todos son confrontados con las leyes morales
de Dios que llama “pecado” a casi toda la inclinación que naturalmente tenemos! Es por
eso que nadie, siguiendo su deseo, desearía inventar a un Dios que nos pide renuncia y
abnegación. Jesús enseñó que la condición de su discipulado consiste en “negarse a uno
mismo”, en “tomar su cruz” tal como Él lo hizo. También afirmó tajante que el que desee
“salvar su vida, la perderá, pero el que entregue su vida por causa suya, la salvará”. Esto,
sin duda, no es el Dios que desearíamos inventar ni la religión que desearíamos practicar.
Al contrario, es por este tipo de cosas que Dios es odiado y la fe cristiana desprestigiada a
lo sumo. Asimismo, es por este tipo de cosas que algunos supuestos pensadores anhelan la
“muerte de Dios”, y prefieren mucho más vivir la espiritualidad que les ofrecía los dioses
de la antigua Grecia y Roma. El teólogo pagano David Miller, por ejemplo, anunció
victorioso el regreso de este politeísmo en 1974, cuya función consistía en liberar al mundo
de la represión supuestamente tiránica del Dios bíblico: 74 Miller dijo: “Cuando el hombre
sea liberado del imperialismo tiránico del monoteísmo por medio de la muerte de Dios,
tendrá la oportunidad de descubrir nuevas dimensiones ocultas en lo profundo de la

72
Citado en Ibíd., pág. 176-177.
73
John Piper, Viviendo en la luz: dinero, sexo y poder, 2017, pág. 11.
74
David Miller, The New Polytheism: Rebirth of the Gods and Goddesses, vii-x.

148
historia de la realidad”.75 Con esto, Miller nos dice que el Dios de la Escritura no es alguien
a quien deseamos. Por el contrario, deseamos reconstruir a los dioses de nuestros deseos.
¡Esa es la espiritualidad que el hombre realmente desea crearse para sí! Entonces, ¿seguro
que Dios es aquello que humanamente deseamos? ¿O su esencia es exactamente lo que no
querríamos?

Los hombres inventaron el ateísmo para escapar de Dios

La filósofa y apologista Nancy Pearcey dice que una clave para identificar los
errores de este mal argumento contra Dios y las religiones consiste en aplicarlas al mismo
ateísmo que lo pregona. Es como si el argumento cometiera una especie de suicidio
intelectual al dañarse a sí mismo. 76 Por ejemplo, ellos afirman que los mismos seres
humanos crearon a los dioses debido a sus deseos, miedos, complejos psicológicos y un
montón de cosas más. Pero, ¿por qué no decir que Dios sí existe, pero los hombres crearon
el ateísmo debido a sus deseos, miedos, complejos psicológicos y demás?

Veamos el caso de Karl Marx, quien decía que la religión “es el opio del pueblo”,
para aplacar a los pobres con falsas promesas de un más allá feliz. Pero si la idea de Dios
solo es inventada debido a intereses económicos, ¿por qué no pensar que Marx también
inventó su teoría anti-Dios debido a sus propios intereses económicos? Su teoría también
suena bastante suicida. Del mismo modo, Friedrich Nietzsche decía que la tendencia
religiosa, como toda actuación humana, es motivada siempre por el deseo de poder; de
manera que la religión no es más que una “mentira piadosa” que se usa para controlar a la
gente.77 Pero, ¿qué sucede con la propia teoría de Nietzsche? ¿Fue motivada por su propia
voluntad de poder? ¿Acaso su intención no consistía en eliminar a Dios y empoderar al
hombre? Si lo que dice es verdad, ¿por qué deberíamos prestarle atención si su teoría
parece menoscabarse a sí misa?78

¿Qué hay del caso de Freud? Pues, con él también ocurre el mismo vicio suicida.
Freud insistía en que las ideas se conforman por causa de necesidades emocionales
inconscientes. También decía que la conducta humana resulta de la represión sexual, una

75
Ibíd. También citado en Peter Jones, El Dios del sexo: cómo la espiritualidad define tu sexualidad, pág. 43.
76
(Pearcey, El hallazgo de la verdad, 2017, págs. 150-151.)
77
Referencia en Friedrich Nietzsche, La voluntad de Poder.
78
Pearcey, El hallazgo de la verdad, pág. 150.

149
sexualidad muy pasional que es propia de la naturaleza. 79 Según él, la creencia en Dios
surge a partir de todo esto. Pero si estos supuestos impulsos psicológicos son la base por la
que el ser humano proyecta a Dios, podríamos también pensar que esta misma base podría
proyectar las ideas del propio Freud y de muchos otros ateos. Como bien señala Alister
McGrath: “En base a este aspecto de su pensamiento, los hombres parecen tener al menos
una base psicológica tan plausible para querer deshacerse de cualquier “padre del cielo”
como querer creer en él”.80 Freud dice que Dios es una especie de “deseo cumplido”, en el
que un padre celestial y benévolo se ocupa de todas nuestras necesidades. Sin embargo,
dice McGrath, “es igual de lógico y basado en la evidencia argumentar que Freud y otros
ateos niegan la existencia de Dios por la necesidad de escapar de una figura paterna que no
les gusta. Después de todo, la relación entre Freud con su propio padre era algo tensa”.81

Piénselo por un momento. Quizá sea verdad que muchos de nosotros podemos
desear proyectar un padre benévolo que nos cuida desde el cielo. Sin embargo, también es
igualmente verdadero querer deshacernos de un juez justo que nos causa temor desde el
tribunal de ese mismo cielo. De hecho, la esencia más resaltante del Dios bíblico no se
parece en nada a la figura romántica de un Dios sonriente y nada intimidante. Los
reformadores Martín Lutero y Juan Calvino sostuvieron que el instinto más natural del ser
humano no es el de “desear” a Dios, sino el de tener temor de Él. Y en relación a esto
último, el apologista C. S. Lewis argumentó que Freud parece no reconocer que existe una
dinámica psicológica tanto satisfacer nuestros temores como de satisfacer nuestros
deseos.82 En nuestro supuesto deseo creamos a Dios –dicen los ateos– ¿Pero por qué no
decir que ellos eliminaron a Dios porque tienen temor de Él? Es por eso que, aunque los
escépticos repitan como campana que nosotros creemos en Dios porque sencillamente
“deseamos” que exista, podríamos devolverle la afirmación diciendo que ellos no creen en
Dios porque igualmente “desean” que no exista. Como bien dice McGrath: “La gente tiene
razones para desear que Dios no exista, así como desear su existencia”. 83 De hecho, el
mismo Lewis, recordando su ateísmo, reconoció que durante ese tiempo Dios era alguien a
quien no quería conocer: “Los agnósticos amables hablarán alegremente sobre “la
búsqueda de Dios por parte del hombre”. Para mí, como lo era entonces, también podrían

79
Ibíd., pág. 150.
80
(McGrath, Mera apologética: Ayudando a interesados y escépticos a encontrar la fe, 2020, pág. 182.)
81
Ibíd.
82
Véase en Armand Nicholi, The Question of God: C. S. Lewis and Sigmund Freud Debate God, Love, Sex,
and the Meaning of Life, 2002.
83
(McGrath, Mera apologética: Ayudando a interesados y escépticos a encontrar la fe, 2020, pág. 182.)

150
haber hablado de la búsqueda del ratón por el gato”. 84 En ese caso, Lewis era el ratón y
Dios era el gato de quien huía. La idea de que Dios exista realmente le aterraba.

El Dr. Sproul argumentó que la supuesta psicología que los ateos inventan para los
religiosos crédulos parece ser, en realidad, la psicología del mismo ateísmo. Sobre el caso
de Freud, Sproul escribió:

“… los ateos con frecuencia desestiman la creencia cristina en Dios


diciendo que es un resultado directo de una necesidad psicológica. “Si Dios
no existe”, se preguntan, “¿por qué la gente es tan religiosa? Deseamos
hacerles la misma pregunta: “Si hay un Dios, ¿por qué hay ateos?” Y nuestra
respuesta es semejante a la de ellos, excepto que las Escrituras ofrecen un
argumento mucho más convincente que el de ellos, por ejemplo, el
embarazoso psicoanálisis de Sigmund Freud. En su obra, Civilización y sus
descontentos, Freud escribió que las necesidades religiosas se derivan del
“niño indefenso y de la nostalgia por el padre” y que esa vulnerabilidad es
sostenida permanentemente por el “temor del poder superior del Destino”.
Totalmente al contrario, creemos que esos como Freud que rechazan a Dios
lo hacen para escaparse de la impotencia que uno siente delante del “poder
superior” y santo del Dios que verdaderamente existe.”85

La Biblia describe la dimensión psicológica de quienes niegan a Dios casi de la


misma manera en que los ateos describen la dimensión psicológica de quienes creen en ese
mismo Dios. Sproul dice que en el Nuevo Testamento encontramos la respuesta a la
pregunta, “Si hay Dios, ¿por qué existen los ateos?”. La Escritura responde diciendo que
esto se debe a causas morales (y también psicológicas) y no tanto a algo intelectual como si
al ateo le faltase evidencias. Sproul bien señala:

“El problema no es que no haya evidencia insuficiente para


convencer a seres racionales de que Dios existe, sino que los seres racionales
tienen una hostilidad natural a la existencia de Dios. En una palabra, la
naturaleza de Dios (por lo menos el Dios cristiano) es repugnante para el ser
humano y no es el enfoque del deseo o la proyección del deseo. El deseo del
hombre no es que exista el Dios omnipotente y personal judeocristiano, sino
que él no exista.”86

El apóstol Pablo es claro en su carta cuando escribe: “Pues la ira de Dios se


manifiesta desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que con
injusticia detienen la verdad” (Romanos 1:18). Pablo primero señala que Dios sí se dio a
conocer, y lo hizo de tal modo que nadie tiene excusa (Romanos 1:20). Luego describe la
reacción que el humano caído demuestra ante esa revelación, la cual consiste en “detener la

84
C. S. Lewis, Surprised by Joy, 2002, pág. 265.
85
(Sproul, Cómo defender su fe, 2003, pág. 161.)
86
(Sproul, Si Dios existe, ¿por qué hay tantos ateos?, 2018, págs. 71-72.)

151
verdad” con “injusticia” a medida que “razonan inútilmente” y para colmo dicen ser
“sabios” (Romanos 1:21-22). ¡No existe una mejor descripción del corazón incrédulo y su
dimensión psicológica! Como resultado, Dios muestra su indignación (la ira de Dios se
revela desde el cielo) y tal indignación produce pánico porque el hombre sabe que es
moralmente réprobo ante una santidad y justicia que detesta. Es debido a esta verdad
evidente que el humano réprobo inventa religiones que potencian su pecaminosidad,
incluso si se disfrazan de un pérfido ateísmo. Pablo bien señala que luego de negar a Dios,
sí o sí adorarán otra cosa; sean falsos dioses (que son igual a ellos) o sean ellos mismos.
Pero al final, todo se reduce a lo que Pablo dijo: “Cambiaron la verdad de Dios por la
mentira, adorando y sirviendo a los seres creados antes que al Creador, quien es bendito
por siempre” (Romanos 1:25). A los ojos de Pablo, tanto el paganismo idólatra de la fe
politeísta que estuvimos viendo, así como el mismo ateísmo, no es más que el intento del
hombre por huir del Dios verdadero. El teólogo John Murray comenta:

“Aquí el Apóstol Pablo establece el origen de esa degeneración y


degradación que personifica la idolatría pagana, y tenemos la filosofía
bíblica de la falsa religión. “Pues el hedonismo”, como dice Meyer, “no es la
religión original, de la cual el hombre podría gradualmente haberse
levantado hasta llegar al conocimiento del Dios verdadero, sino que es, al
contrario, el resultado de un alejamiento de la revelación original conocida
del Dios verdadero en sus obras.”87

Si tomamos Romanos 1 en su lenguaje teológico y lo traducimos en los mismos


términos en que lo han hecho Feuerbach, Freud, Marx y otros, encontraremos tres
categorías, las cuales son entendidas en el trauma, la represión y la sustitución. Todos
sabemos qué es un trauma. Por ejemplo, cuando hablamos de una experiencia traumática,
estamos haciendo referencia a una especie de “lesión duradera” de índole emocional. En el
caso de Romanos 1, Pablo señala una reacción traumática que el pecador expresa a la
autorrevelación de Dios. Sproul dice que la “confrontación con Dios estremece y lastima al
ser humano”.88 Dios podría representar una amenaza a lo que el hombre es y desea. Es
como la luz que invade la oscuridad a la que el ser humano está acostumbrado; y quizás a
esto hacía referencia Jesús cuando describió la condenación diciendo: “Ésta es la causa de
la condenación: que la luz vino al mundo, pero la humanidad prefirió las tinieblas a la luz,
porque sus hechos eran perversos. Pues todo el que hace lo malo aborrece la luz, y no se

87
John Murray, The Epistle to the Romans, tomo 1 de The New International Commentary on the New
Testament, 1959, pág. 41.
88
(Sproul, Si Dios existe, ¿por qué hay tantos ateos?, 2018, pág. 90.)

152
acerca a ella por temor a que sus obras queden al descubierto” (Juan 3:19-20). El
reformador Juan Calvino lo explicó bien:

“Si, al mediodía, miramos hacia el piso, o a los objetos alrededor que


se hallan a plena vista, pensamos que estamos investidos de una vista muy
fuerte y penetrante; pero cuando miramos hacia el sol, y lo vemos al
descubierto, la vista que funcionó excelentemente bien para la tierra, queda
instantáneamente deslumbrada y confundida por el fulgor, como si nos
obligara a confesar que nuestra agudeza para discernir objetos terrestres es
una mera penumbra cuando se aplica al sol. Así también sucede al estimar
nuestras cualidades espirituales. Mientras no miremos más allá de la tierra,
estamos bastante complacidos con nuestra propia justicia, sabiduría y virtud;
nos tratamos de la manera más elogiosa, y parecemos poco menos que
semidioses. Pero si empezáramos a elevar nuestros pensamientos hacia Dios
y reflejáramos la clase de ser que él es, así como lo absoluta que es la
perfección de esa justicia, sabiduría y virtud, a lo cual, como patrón,
debemos conformarnos, lo que anteriormente nos deleitaba por su falsa
muestra de justicia se continuará con la más grande iniquidad; lo que
extrañamente se nos imponía bajo el nombre de sabiduría, nos dará asco por
su extrema locura; y lo que representaba la apariencia de energía virtuosa
será condenado como la impotencia más miserable. Tan lejos están esas
cualidades de nosotros que parecen muy perfectas, por corresponder a la
pureza divina.”89

Ante esta realidad, la rebelión contra Dios consiste en reprimir y sustituir lo que su
revelación es. La represión es el acto de contener, detener o castigar con violencia las ideas
o conductas que no son de agrado. Lo que es inaceptable, eso se intenta suprimir de todas
las formas concebibles. Y según Romanos 1, es así como el ser humano caído reacciona a
la revelación de Dios. En la revelación del Dios bíblico, el pecador encuentra algo que
presagia una amenaza traumática, por lo tanto, lo reprime. Para él, el conocimiento de Dios
es inaceptable, y, como resultado, el hombre hace lo que sea para borrarlo o por lo menos
camuflarlo de tal manera que se pueda ocultar o empañar debido a su carácter amenazador.
Así se evidenció a lo largo de toda la historia bíblica, hasta llegar al Señor Jesucristo, a
quien mataron; y sus apóstoles y profetas, a quienes persiguieron y martirizaron.
Finalmente, el escéptico intenta sustituir la verdad de Dios. Como lo dice Pablo:
“cambiaron la verdad de Dios por la mentira”, a fin de “rendir culto a las criaturas antes
que al Creador”. Podemos señalar a las religiones hedonistas y al mismo ateísmo como
efectos de esta sustitución.

Dios no puede ser una creación humana. Esto se debe a que sabemos que tendremos
problemas si reconocemos la existencia de un Dios soberano. De hecho, nada se interpone
más firmemente en el camino de nuestros propios deseos autónomos que un autexistente,
89
(Calvino, Institutes of the Christian Religion, 1964, págs. 1:38, 39.)

153
eternamente justo y recto Dios. En Romanos 1 Pablo deja en claro que el problema
principal con quienes niegan la existencia de Dios no es intelectual. No es que a ellos les
falte información (pues Dios ya se las dio suficiente), sino, más bien, no quieren conocerle.
Para la Biblia, el problema es moral más que intelectual (Romanos 1:18). La Biblia
describe la reacción de Dios en respuesta a la condición humana en términos de “ira” e
“indignación”, y estos términos son repulsivos a la vista de los que están en rebelión contra
el carácter de ese Dios.

Mire a su alrededor y observe la actitud que muchos ateos y antirreligiosos


expresan hacia la figura de Dios. El Dios descrito en la Biblia se ha entrometido en sus
vidas y amenaza la autonomía que desean. Su moralidad y sus propósitos no son
agradables. Y esto no lo decimos nosotros, sino que muchos de ellos lo admiten. Muchos
ateos son sinceros y hasta reconocen que preferirían mil veces un universo donde no
hubiera Dios, ni alma inmoral, ni vida después de la muerte. Incluso los antiguos
pensadores demostraron que su oposición a la figura divina también nace a partir de sus
“deseos personales”. Los antiguos filósofos Epicuro, Demócrito y Lucrecio han
demostrado estos anhelados prejuicios. Epicuro, por ejemplo, fue un hedonista, y como tal,
su meta consistía en deshacerse de los dioses y de la idea de inmortalidad. Lucrecio
tampoco deseaba a la religión porque ella ponía cargas pesadas del deber y la
responsabilidad. Epicuro sumaba a esto diciendo que el problema de los dioses consistía en
que siempre buscan hacer cumplir sus reglas, y, por lo tanto, crean “ansiedad” en los seres
humanos. Amenazan con castigarnos por nuestras faltas en esta vida y en la próxima. La
inmortalidad era indeseable para él porque implicaba el posible sufrimiento después de la
muerte. Todo esto era algo del cual el hombre debía librarse. Es por eso que Lucrecio
buscaba, por medio de su filosofía, “desatar el alma del fuerte nudo de la religión”. 90 Y esto
no queda en el pasado, sino que esta misma sinceridad se ve en muchos representantes del
ateísmo moderno. Por ejemplo, Nietzsche escribe que “si alguien nos demostrara a ese
Dios de los cristianos, deberíamos ser aún menos capaces de creer en él”. 91 Sobre la vida
después de la muerte, H. L. Mencken escribió: “Mi inclinación privada es esperar que no
sea así”.92 El físico ateo Victor Stenger confesó que no solo no cree en Dios, sino que ni
siquiera le gusta el Dios cristiano: “Si él existe, personalmente no quiero nada con él”. 93 El

90
Referencia disponible en el libro de Benjamin Wiker, Moral Darwinism: How We Became Hedonits
[Darwinismo moral: Cómo nos hicimos hedonistas); también en (D'Souza, 2009, págs. 281-282.)
91
Citado por Walter Kaufmann en The Portable Nietzsche [El Nietzsche portátil], pág. 627.
92
S. T. Joshi, ed., H. L. Mencken on Religion [H. L. Mencken sobre la religión], pág. 38.
93
Victor Stenger, God: The Failed Hypothesis, 2007, pág. 240.

154
filósofo Thomas Nagel también confesó su temor a la religión cuando dijo: “Quiero que el
ateísmo sea verdadero… No es sólo que no creo en Dios… No quiero que haya un Dios;
no quiero que el universo sea así”. 94 ¿No es esta la tendencia natural del hombre primitivo
y moderno hacia la figura de un Dios el del cristianismo?

Freud decía que inventamos a Dios para librarnos de la intimidante naturaleza, de


hecho, en eso consistía la razón de la existencia humana. Pero –como se preguntó Sproul–
¿por qué los discípulos inventarían un Dios “cuya santidad era más aterradora que las
fuerzas de la naturaleza que los motivaron a inventar a un Dios en primer lugar? 95 Freud
decía que la peor cosa imaginable sería caer en las manos del “poder superior del destino”.
Pero, ¿acaso ese temor no sería infinitamente agravado si inventáramos a un Dios Santo y
Soberano como el de la fe cristiana? 96 El Dios descrito en la Escritura es un tipo muy
exigente, que demanda de nosotros pureza en lugar de capricho, virtud en lugar de
conveniencia, caridad y abnegación en lugar de autosatisfacción egoísta. El escritor Dinesh
D'Souza escribe que “la satisfacción de deseos, muy probablemente, crearía a un Dios muy
distinto al que se describe en la Biblia. La satisfacción de deseos puede explicar el cielo,
pero no puede explicar el infierno”. 97 Y añade también: “Pretendo darle vuelta a las cosas y
[…] postular el asunto de la atracción del ateísmo. ¿Quién se beneficia con él? ¿Por qué a
tanta gente influyente de Occidente le parece atractivo? Si el cristianiso es tan gradioso,
¿por qué más gente no corre a adoptarlo?”98 Y también nos brinda un poderoso dato:

“Es hora de mirar más honesta y críticamente los motivos que están
detrás del ateísmo moderno. A menudo, son distintos y más interesantes que
los motivos que usualmente dan, o que se les aribuye a las figuras ateas. Por
ejemplo, se cree ampliamente que Darwin perdión su fe cuando descubrió
que la selección natural, no Dios, era la responsable de la evolución de las
formas de vida. Pero el mismo Darwin dice que perdió su fe porque no podía
soportar la nación cristiana de la condenación eterna. También sabemos, por
sus escritos, que Darwin sufrió terriblemente la pérdida de su hija de diez
años, Annie. Se da la poderosa sensación de que él no pudo perdonar a Dios.
El ateísmo, en algunos casos, es una forma de venganza.”99

Sobre el infierno, Darwin había dicho:

94
Thomas Nagel, The Last Word, 1997, pág. 130.
95
(Sproul, The Holiness of God [La Santidad de Dios], 1985, pág. 53.)
96
Sproul, Cómo defender su fe, 2003, pág. 162-163.
97
(D'Souza, 2009, págs. 278-279.)
98
Ibíd., pág. 279.
99
Ibíd., pág. 281. Sobre el caso de la hija de Darwin, referencia disponible en (Desmond & Moore, 1991,
pág. 387.)

155
“A la verdad difícilmente puedo ver cómo alguien podría querer que
el cristianismo fuera cierto, pues si así fuera, el lenguaje claro del texto
parece mostrar que los hombres que no creen, y esto incluiría a mi padre, mi
hermano, y casi todos mis mejores amigos, se condenarían por la eternidad.
Y esta es una doctrina condenable.”100

Tal parece que el ateo también tiene muchas presiones psicológicas para inventar el
ateísmo, que es la verdadera proyección de los deseos y los miedos más naturales. El
ateísmo –y no la religión– parece ser verdadero opio de los pueblos, cuyo efecto narcótico
hace posible silenciar las evidencias de la autorrevelación de Dios. ¡Y tienen muchas
razones para esto! Pues, como hemos visto, la Biblia expone la verdadera psicología del
ateísmo, la cual, irónicamente, ellos nos la lanzan a nosotros los creyentes. La revelación
de Dios es evidente y cognoscible por todos, y nos dice que Él sí existe; pero los hombres
crearon el ateísmo porque temen enfrentarse cara a cara con un Dios todopoderoso, quien
hace responsable al ser humano de sus acciones (Job 19:29; Eclesiastés 12:14; Mateo
12:36; Romanos 2:16, 14:10, 12; 1 Corintios 4:5, y más). 101 Al final, Jesús tenía razón
cuando dijo: “… ustedes no quieren venir a mí para tener vida… Por eso ustedes no me
creen cuando les digo la verdad. ¿Quién de ustedes encontrará falsedad en mí? Y si les
digo la verdad, ¿por qué no me creen? (Juan 5:40; 8:45-46).

Reteniendo lo bueno de esta objeción


Hemos hecho más que suficiente para demostrar las falencias de estas objeciones
hacia el Dios bíblico y la religión cristiana. No obstante, también debemos entender que
estas teorías no están del todo equivocadas, y, por lo tanto, no deberíamos descartarlas
completamente. Aunque parezca increíble, la teoría de la proyección tiene al menos tres
cosas importantes que enseñarnos. Si la observamos de manera neutra, notaremos al menos
tres cosas ventajosas que podríamos tomar para nuestro aprendizaje cristiano.

Tenemos conciencia de que Dios existe

Estas teorías han afirmado que el ser humano parece estar inclinado a creer en Dios.
Incluso han estructurado una dimensión psicológica que los mueve a ser religiosos. Eso
suena bastante interesante, y podemos estar de acuerdo con ellos en que sí. El problema
100
Charles Darwin, The Autobiography of Charles Darwin, 1968, pág. 87.
101
Sproul, Cómo defender su fe, 2003, págs. 161-165.

156
con ellos es que dijeron que esta tendencia “refutaba” la existencia de Dios. Sin embargo,
¿por qué esta tendencia debe implicar necesariamente que Dios no existe? ¿No podría más
bien significar todo lo contrario? Si han existido múltiples religiones a lo largo de la
historia, en vez de afirmar que eso significa que Dios no existe, ¿por qué no afirmar que
Dios sí existe y la pluralidad religiosa demuestra que el ser humano siempre tendrá la
necesidad del Dios que lo creó? Alister McGrath dice al respecto que este tipo de
argumentos no deberían ser consistentes únicamente con el ateísmo, sino también con la
creencia en Dios. En particular, la creencia cristiana afirma que Dios nos creó con un
instinto de búsqueda de lo divino.102 Eclesiastés 3:11 dice que Dios ha puesto “eternidad”
en el corazón humano. Y Romanos 1 y 2 señala que Dios puede ser conocido tanto en la
naturaleza del exterior como en la naturaleza de su mismo interior. El teólogo Agustín de
Hipona decía: “Nos has hecho para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que encuentre
su descanso en ti”.103

Cuando estos pensadores ateos afirman que el ateísmo puede explicar por qué el ser
humano cree en Dios a partir de un mero anhelo, la fe cristiana no los desmiente en
primera instancia. Al contrario, el cristianismo también explica por qué el ser humano
posee este anhelo a partir de que Dios sí existe y todos tienen consciencia de ello. La
perspectiva cristiana, incluso, es más coherente y plausible que su contraparte. Quizás el
ser humano está inclinado hacia lo divino, no por las razones que proponen ellos, sino por
lo que Agustín explicaba: “La imagen del creador se encuentra en el alma racional o
intelectual de la humanidad… El alma humana ha sido creada según la imagen de Dios
para que pueda usar la razón y el intelecto para aprender y contemplar a Dios”. 104 Parece
ser que en el ser humano existe un profundo anhelo por la verdad absoluta, la belleza, y
demás, porque posee la imagen de Dios impregnada en ellos. Así lo explica el cristianismo
y suena bastante plausible.

Los apologistas suelen argumentar a favor de Dios apelando a la razón humana,


mediante se observa la evidencia disponible. Eso es correcto y provechoso. Pero los
argumentos no deberían solo limitarse a ese campo. Otros pensadores cristianos, como
Blaise Pascal y C. S. Lewis, también apelaron a la experiencia humana, encontrando la
verdad cristiana tanto en el corazón como en la razón humana. Es posible que los
argumentos no sean convincentes –decía Pascal– pero lo que hay en el corazón humano
102
(McGrath, Mera apologética: Ayudando a interesados y escépticos a encontrar la fe, 2020, págs. 182-183.)
103
Agustín de Hipona en (Agustín, Confesones: Obras Escogidas, 2017).
104
Agustín, Sobre la Trinidad [Link].6 Citado en McGrath, Mera apologética, pág. 111.

157
siempre mantendrá inquietos a todos. Pascal decía que a veces “el corazón tiene sus
razones, que la razón no entiende”. Él observaba que en el corazón existe un “deseo”, y ese
anhelo enmarca algo que no se posee, pero cuya atracción se siente. McGrath escribe: “Los
apologetas cristianos sostienen que este profundo sentido de anhelo por algo trascendente
se basa en última instancia en el hecho de que hemos sido creados para tener comunión con
Dios, y no se cumplirá hasta que lo hagamos”.105

Blas Pascal argumentaba que la experiencia humana del vacío y el anhelo es un


indicador del verdadero destino de la humanidad. Este anhelo es un iluminador de la
naturaleza humana, y la sed que se siente revela que el objetivo final debe encontrarse más
allá de este mundo que, para Pascal, es Dios. Pascal decía: “¿Qué más nos muestra este
anhelo e impotencia, aparte de que una vez hubo en cada persona una verdadera felicidad,
de la que ahora sólo queda la huella y el rastro vacíos?”. 106 Parece existir un abismo o una
profunda brecha en forma de Dios dentro de la naturaleza humana, implantada por Dios
como medio para atraer a la gente hacia él. Pascal decía: “Este abismo infinito sólo puede
ser llenado con algo que es infinito e inmutable, en otras palabras, por Dios mismo. Sólo
Dios es nuestro verdadero bien”.107

El emblemático escritor y apologista C. S. Lewis también tiene su apreciación al


respecto. Él acuerda con los ateos que la creencia en Dios está conectado al anhelo que
poseemos internamente, ya sea en la dimensión psicológica o en lo que quieran añadir. Al
igual que los ateos citados, Lewis reconoce que existe este anhelo cuando dice: “Había
algo que captamos, en ese primer momento de anhelo, que se desvanece en la realidad”.
Ahora bien, ¿por qué existe esto en el hombre? El ateo concluye que ese anhelo inventa a
Dios. ¿Pero por qué pensar en esta drástica conclusión? Lewis lo enfoca diciendo que estos
anhelos que experimentamos en esta vida terrenal son “solo una especie de copia, o eco, o
espejismo” de nuestra verdadera patria.

Lewis observo qué cada deseo que solemos experimentar parece encontrar siempre
un punto de satisfacción. Pero, ¿qué hay del deseo por la trascendencia que parece no ser
alcanzable por nada que el mundo ofrece? Es en este sentido donde Lewis señala que esto
podría indicar que la satisfacción de este anhelo solo puede encontrarse más allá. 108 En
105
Cf. Ibíd., pág. 117.
106
Blaise Pascal, Pensées, 2003, pág. 113.
107
Ibíd.
108
Ver en (Lewis, Mero cristianismo, 2006); y también en (Lewis, Screwtape Proposes o Toast, 1965, págs.
94-110.)

158
otras palabras, así como el hambre física apunta a una necesidad humana real que puede
ser satisfecha a través de la comida, así ésta hambre espiritual corresponde a una necesidad
real que puede ser satisfecha a través de Dios. En palabras de Lewis: “Si encuentro en mí
un deseo que ninguna experiencia en este mundo puede satisfacer, la explicación más
probable es que fui hecho para otro mundo”. 109 Si bien esto no precisamente es un
argumento a favor de la existencia de Dios, sigue siendo una reflexión bastante plausible,
el cual parte del mismo punto que los ateos sostienen. Después de todo, si el cristianismo
es verdadero, ese “deseo-anhelo” es exactamente lo que deberíamos esperar si es que
fuimos creados para relacionarnos con Dios.

Identifiquemos la “idolatría cristiana”

Es en este punto donde debemos estar preparados para una exhortación, porque,
aunque parezca increíble, el argumento de la proyección tiene bastante razón en cuanto
muchos que dicen profesar la fe cristiana. Es acá donde este argumento podría servirnos
como un trago amargo, pero a modo de medicina necesaria para analizar nuestra fe.
¿Realmente estamos adorando al Dios bíblico? ¿No será que hemos distorsionado su
imagen convirtiéndolo en el Dios que deseamos que fuese para nosotros? Piénselo de la
siguiente manera: Si el ser humano tiene la inclinación de “crear dioses” a su imagen y
semejanza, entonces el mismo ser humano el verdadero objeto de adoración, y eso cabe
perfectamente en el famoso pecado de la idolatría. Por lo tanto, la teoría de la proyección
puede enseñarnos mucho acerca de la idolatría, específicamente de la “idolatría cristiana”.

Para nuestro propósito, demos una buena definición de lo que la idolatría es. El
predicador Martyn Lloyd–Jones nos provee la clásica definición: “Un ídolo es cualquier
cosa en nuestra vida que ocupa el lugar que debiera ocupar Dios únicamente… cualquier
cosa que ocupa una posición controladora en mi vida es un ídolo”. 110 Obviamente, esto
suena como un pecado alevoso, y muy pocos cristianos se sentirían partícipes de esto. Sin
embargo, Lloyd–Jones añade que, pese a que esta sea una definición general, “no se limita
[solamente] a eso, ¡qué bueno que así fuera! No, la idolatría puede consistir en tener
nociones falsas acerca de Dios. Si yo estoy adorando mi propia idea de Dios y no al
verdadero Dios viviente, eso es idolatría”.111 El obispo anglicano J. C. Ryle dice:
109
Lewis, Mere Christianity, 136-137.
110
Martin Lloyd–Jones, “Life of God” [Vida de Dios], Tomo 5, en Life in Christ: Studies in 1 John (Vida en
Cristo: Estudios en 1 Juan], 2002.
111
Ibíd.

159
“Digo, pues, que “la idolatría es aquella adoración en que el honor
debido al Trino Dios y a él únicamente, es dado a algunas de sus criaturas”.
Puede variar muchísimo. Puede asumir formas extremadamente diferentes
según la ignorancia o el conocimiento, la civilización o la barbarie, de los
que la ofrecen. Puede ser groseramente absurda y ridícula, o puede acercarse
a la verdad y, por ende, ser engañosamente defendida.”112

Note, pues, que la idolatría no siempre es alevosa, sino que también puede ser
engañosa. No siempre podría ser la práctica de algún templo pagano, sino el “culto común”
de una aparente iglesia cristiana. No es práctica exclusiva de quienes abiertamente son
impíos, sino también una pestilencia del corazón de quienes dicen ser cristianos. Como
bien advierte Ryle: “Podemos estar seguros de que la idolatría es un pecado que abarca un
campo mucho más grande que esto… es una pestilencia que se introduce en la Iglesia de
Cristo en una medida mucho más amplia de lo que muchos suponen”. Por eso, que no nos
tiemble la lengua a la hora de afirmar que muchos podrían creerse cristianos, pero en
realidad son profundamente idólatras. Muchos dirán adorar al Dios bíblico, pero no adoran
más que la imagen que diseñaron de Él a partir de un deseo “humanamente conveniente”.
Ryle amplía este punto con un ejemplo bíblico:

“No es necesario que alguien niegue expresamente a Dios y a Cristo


a fin de ser idólatra. Lejos de ello. Profesar reverencia al Dios de la Biblia y
la idolatría, propiamente dicha, es perfectamente compatible. A menudo,
éstas han andado lado a lado y lo siguen haciendo. A los hijos de Israel no
les cruzó por la mente la idea de renunciar a Dios cuando persuadieron a
Aarón que hiciera un becerro de oro. “Estos son tus dioses”, dijeron, “que te
sacaron de la tierra de Egipto”. Y la fiesta en honor al becerro se conservó
como “fiesta a Jehová” (Éx. 32:4-5) […] El Segundo Mandamiento fue
quebrantado. A los ojos de Dios, aquel acto fue uno flagrante de idolatría.” 113

En este punto deseamos enfatizar, ya que en la actualidad está de moda una especie
de “teología humanista” que distorsiona la imagen de Dios a fin de que se adecue al ser
humano y los intereses de su corazón pecaminoso. Después de todo, la idolatría procede de
la misma fuente que “los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los
homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño” y cosas semejantes (Mr.
7:21-22). En otras palabras, “la causa de la idolatría es la corrupción natural del corazón
del hombre”;114 un corazón que a lo largo de la historia se ha estado inventado dioses, y en
este caso particular, ha estado distorsionando la imagen del Dios bíblico. ¿Acaso estos
teóricos ateos no aciertan en cuanto a “cristianos” de ésta clase? Creemos que sí.

112
J. C. Ryle, artículo tomado de “Idolatry” [Idolatría], en Knots Untied [Nudos desatados], reimpreso por
Charles Nolan Publishers.
113
Ibíd.
114
Ibíd.

160
La teoría de la proyección, como recordarán, postula que Dios no es más que el
mismo ser humano proyectado hasta llegar a una figura deificada. Dios, en ese sentido, se
parece mucho a sus humanos creadores y corresponden bastante a sus intereses. El Dr.
Sproul nos dice que ateos como Freud, Feuerbach, Marx Nietzsche y el resto fueron
“pensadores” que han ubicado a la religión a algún que otro aspecto de la psicología
humana. Dicen ellos: “El temor a la naturaleza, la proyección de los deseos o la liberación
de la culpa y la ansiedad, el temor a una revolución económica y el temor a la nada son
etiquetas […] que hacen que la religión sea atractiva”. Es por eso que estos análisis sirven
para enseñarnos mucho acerca del corazón humano, sobre todo el corazón idólatra. Sproul
dice que “los hombres sean propensos a crear a sus ídolos a su imagen no es sorpresa para
el cristiano. El teísta debe notar cuidadosamente que el orgullo humano y la arrogancia se
manifiestan en las prácticas humanas”. 115 Desafortunadamente, muchos, en su intento de
adoptar lo que es “atractivo” han adoptado y diseñado su propia idea de Dios dentro del
contexto cristiano, y muchas de sus prácticas lo demuestran.

Ryle nos describe el proceso de distorsión del Dios bíblico y la práctica de la


verdadera adoración como sigue:

“Pero luego viene el efecto de la caída. El desconocimiento de Dios,


los conceptos carnales y bajos de su naturaleza y atributos, nociones
terrenales y sensuales del servicio que es aceptable a él, caracterizan a la
religión del hombre natural. Siente ansiedad por algo que no puede ver,
sentir ni tocar en su divinidad. Quiere bajar a Dios a su propio bajo nivel.
Quiere hacer de su religión una cosa asequible a sus sentidos…”116

Feuerbach decía que los deseos y anhelos del hombre incentivan a inventar a Dios.
¡Vaya sorpresa! Esto es exactamente lo que la Escritura describe como una forma más de
galopante idolatría. El predicador puritano David Clarkson dijo que convertimos en nuestro
Dios precisamente aquello que más anhelamos: “Anhelar es un acto de adoración… y eso
que más se anhela es justamente esa adoración, esa honra debida sólo a Dios. Anhelar
cualquier cosa más o tanto como anhelar a Dios es idolatría, es postrar el corazón ante ella
y adorarla como sólo Dios debe ser adorado”. 117 El problema es que muchos no anhelan al
Dios de la Biblia como lo describe Salmos 27:4, sino al “dios del vientre” según Filipenses
3:19, cuyo apetito no son más que las terrenales y carnales. Esto, sin duda, es el vicio de

115
(Sproul, Si Dios existe, ¿por qué hay tantos ateos?, 2018, págs. 51-52, 56.)
116
J. C. Ryle, “Idolatry”, en Knots Untied.
117
David Clarkson, “Soul Idolatry Excludes Meno ut Heaven” [La idolatría del alma excluye del cielo al
hombre], en The Works of David Clarkson [Las obras de David Clarkson], Tomo II, reimpreso por The
Banner of Truth Turst.

161
quienes son “amadores de los deleites más que de Dios” (2 Tim. 3:4). ¿Se equivoca
Feuerbach? Pues, no en cuanto a muchos cristianos.

El ser humano desea prosperidad, bienestar, salud, poder y una vida acomodada,
por lo tanto, entonces tenderán a inventar el evangelio de la prosperidad, el bienestar, la
salud, el poder y la vida de éxito y comodidad. ¿Le parece conocido este escenario? ¿No es
esta la raíz de gran parte de la teología moderna? ¿No es esta la atractiva teología que atrae
a tantos? El evangelio de la prosperidad, la teología humanista de éxito y bienestar, y toda
esa estirpe caben bastante bien en la teoría de la proyección. Los teóricos ateos han
acertado con precisión a estos religiosos. El pastor John MacArthur nos da un ejemplo
práctico de esta proyección al referirse a una iglesia que invita a sus cultos ofreciendo
atmósfera informal y reposada con buena música de banda, y que los que asistan, aunque
usted no lo crea, se divertirán. MacArthur añade:

“Algunos que forman parte del evangelicalismo le dirán que Jesús


solo quiere que a usted le vaya bien, y que si no le va bien es porque usted
no ha presentado su boleto de lotería espiritual. Si no es rico, es porque no lo
ha reclamado. Jesús quiere que usted esté libre de deudas, y si manda a los
televangelistas suficiente dinero, ese acto de fe lo libertará del demonio de la
deuda. Su salvación por medio de Cristo es garantía de salud, riqueza,
prosperidad y felicidad.”118

Muchos creyentes hoy están, de un modo u otro, adheridos a esta teología centrada
en el ser humano, donde Jesús es alguien que solo te dará paz y alegría; donde Jesús es
alguien que mejorará todos tus proyectos personales. “Jesús realmente quiere que usted se
sienta muy bien con respecto a usted mismo. Quiere elevar su propia imagen. Quiere poner
fin a su pensamiento negativo”.119 Esto no representa más que el fin de la teología
teocéntrica (donde Dios es el centro) para dar paso a la teología antropocéntrica (donde el
hombre es el centro).120 En este contexto el único y verdadero Dios y el único y verdadero
evangelio no tiene cabida, ya que contienen aspectos que desagradan al hombre natural y
se oponen a todo lo que humanamente podríamos desear. El teólogo J. I. Packer advierte
que el “peligro es que en nuestra evangelización nos conformemos con evocar recuerdos
de estas cosas y hacer que la gente se siente cómoda por ellas”. Packer dice:

“Tampoco estaríamos predicando el evangelio (aunque podamos


suponernos que sí) si lo único que hiciéramos fuera presentar a Cristo en

118
(MacArthur, Difícil de creer, 2011, pág. 5.)
119
Ibíd., pág. 5.
120
Esto fue explícitamente dicho por un exponente de esta teología: Robert Shuller, Self-Esteem: The New
Reformation [Autestima: La Nueva Reforma].

162
términos de lo que el hombre siente que quiere: “¿Eres feliz? ¿Te sientes
satisfecho? ¿Quieres tener tranquilidad? ¿Sientes que has fracasado? ¿Estás
harto de ti mismo? ¿Quieres un amigo? Entonces acércate a Cristo, él
satisfará todas tus necesidades” –como si el Señor Jesucristo fuera un hada
madrina o un superpsiquiatra…”121

La teoría de la proyección, la cual una vez quiso eliminar a Dios, hoy sirve a los
cristianos para identificar una fe genuina y centrada en el Dios bíblico. También nos hace
enfatizar que el verdadero evangelio es un llamado a negarse a uno mismo. No es un
llamado a la autorrealización. Y así debe ser, aunque eso implique oponernos a la
proclamación contemporánea del evangelio, en la que los nuevos predicadores ven a Jesús
como un genio utilitario y como como el Señor y Salvador de nuestras almas. Lo dicho por
Jesús en Mateo 16:24-25, no es un llamado a exaltarnos a nosotros mismos, sino a
renunciar a nosotros mismos. Es la muerte del yo. En el evangelio y la cosmovisión
bíblica, uno gana al perder y uno vive al morir. En eso consiste el verdadero discipulado
cristiano. MacArthur decía que tal vez Dios no nos quite la vida, el dinero, la familia, o la
salud, pero debemos estar dispuestos a dejarlo todo: “Usted debe estar suficientemente
desesperado y dispuesto a abrazare a Cristo a cualquier precio”.122

Un hombre de Dios oró hace ya muchos siglos:

“Señor, alto y santo, manso y humilde, hazme aprender por la


paradoja de que el camino hacia abajo es el camino hacia arriba, que ser
humilde es ser elevado, que el corazón quebrantado es el corazón sanado,
que el espíritu contrito es el espíritu que se regocija, que el alma arrepentida
es el alma victoriosa, que no tener nada es poseerlo todo, que llevar la cruz
es tener la corona, que dar es recibir. Hazme hallar tu luz en las tinieblas, tu
gozo en mi tristeza, tu gracia en mi pecado, tus riquezas en mi pobreza, tu
gloria en mi valle, tu vida en mi muerte.”123

121
J. I. Packer, Evangelism & the Sovereignty of God [Evangelismo y soberanía de Dios), 1961.
122
Cf. (MacArthur, Difícil de creer, 2011, pág. 14.)
123
Oración introductoria en Arthur Bennet, ed., The Valley of Vision, 1975.

163
¿Por qué Dios permite el mal y el
sufrimiento?

164
¿Es la religión cristiana un veneno?

165
166
167
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