Hola mundo
En informática, Hola mundo es un programa que muestra el texto «¡Hola, mundo!» en un dispositivo
de visualización, en la mayoría de los casos la pantalla de un monitor. Este programa suele ser
usado como introducción al estudio de un lenguaje de programación, siendo un primer ejercicio
típico, y se considera fundamental desde el punto de vista didáctico.
En algunos lenguajes, configurar un conjunto de herramientas básicas completo desde cero hasta el
punto en que los programas triviales puedan ser compilados y ejecutados involucra una cantidad de
trabajo sustancial. Por esta razón, generalmente es usado un programa muy simple para probar un
nuevo conjunto de herramientas.
En los sistemas basados en microcontroladores empleados para el aprendizaje, se suele considerar
Hola mundo el programa que permite poner en modo intermitente un led.1 El programa consiste en
mandar alternativamente un nivel alto y uno bajo por uno de los puertos del sistema, dando a cada
uno de dichos niveles un valor de retardo.
El primer ejemplo documentado de un programa Hola Mundo fue en 1973, en la obra A tutorial
introduction to the language B, de Brian Kernighan.
Tradición
Tradición es cada una de aquellas pautas de convivencia que una comunidad1 considera dignas de
constituirse y mantenerse de generación en generación. Después de esto sigue como una parte
integral de sus usos y costumbres y se mantiene para que sean aprendidas por las nuevas
generaciones, como parte indispensable del legado cultural. La tradición suele versar genéricamente
sobre el conocimiento y también sobre principios o fundamentos socioculturales selectos, que por
considerarlos especialmente valiosos o acertados se pretende se extiendan al común, así
unas generaciones los transmitirán a las siguientes a fin de que se conserven, se consoliden, se
adecuen a nuevas circunstancias. También se llama 'tradición' a los patrones que pueden
formar idiosincrasias, como las tradiciones: egipcia, griega, romana, etc. El cambio social altera el
conjunto de elementos que forman parte de la tradición.
La tradición es un modelo mental heredable, que se transmite de manera individual o colectiva, con
base en las enseñanzas o experiencias adquiridas en las diferentes etapas de la vida de los seres
humanos. Haciendo que este modelo mental pueda efectuarse de forma similar en diferentes
personas, con tradiciones idénticas en múltiples partes del mundo.2
También se emplea la locución 'tradición popular' para aludir a los valores, creencias, costumbres y
formas de expresión artística característicos de una comunidad, en especial a aquellos que se
transmiten por vía oral. Lo tradicional coincide así, en gran medida, con la cultura y el folclore o la
sabiduría popular, como en los refraneros.
Por ejemplo, comer un huevo de chocolate en Pascua o un turrón en Navidad, almorzar pasta los
domingos o vestir de negro en señal de luto son algunas tradiciones extendidas en varios países.
La tradición, por lo tanto, es algo que se hereda y que forma parte de la identidad. El arte
característico de un grupo social, con su música, sus danzas y sus cuentos, forma parte de lo
tradicional, al igual que la gastronomía y otras cuestiones.
Es importante destacar que, muchas veces, la tradición se asocia a una visión conservadora, ya que
implica mantener intactos ciertos valores a lo largo del tiempo. Por tanto, las creencias de quienes
no se interesan por las tradiciones de su tierra o que intentan cambiarlas suelen ser vistas como
'rupturistas'.
Los sociólogos advierten, sin embargo, que la tradición debe ser capaz de renovarse y actualizarse
para mantener su valor y utilidad. Esto quiere decir que una tradición puede adquirir nuevas
expresiones sin perder su esencia.
Ejemplos de tradiciones[editar]
A continuación, se describen algunas de las tradiciones más importantes del mundo:
Festival de los colores[editar]
En India, Nepal y Bangladés se conmemora el comienzo de la primavera con una celebración
conocida como Festival de los colores o Holi, que consiste en esparcir polvos de diversos colores
sobre los participantes y luego rociarlos con agua, de manera que queden como auténticas pinturas
vivientes. Cabe mencionar que su origen está íntimamente ligado a la religión y que presenta ciertas
diferencias en cada país.
Día de Muertos[editar]
Es una celebración tradicional mexicana que honra a los [Link] lugar los días 1 y 2 de
noviembre y está vinculada a las celebraciones católicas de Día de los Fieles Difuntos y Todos los
Santos. el día en que los espíritus de los seres queridos vuelven con sus familias durante una
noche. Cada persona puede escoger permanecer en su casa, donde prepara un altar para agasajar
a su invitado de honor, o bien dirigirse al cementerio. El reencuentro es acompañado de los
manjares preferidos del difunto, El Día de muertos en México se celebra a los niños difuntos el 1 de
noviembre y a los adultos fallecidos el 2 de noviembre.
Esta es una de las celebraciones más conocida en México.
Etimología[editar]
La palabra proviene del sustantivo latino traditio, y este a su vez del verbo tradere, «entregar», de
una forma de transacción o herencia originaria de la ley romana del mismo nombre.
Conceptualizaciones de la tradición[editar]
René Guénon[editar]
La palabra tradición tiene un sentido particular en los escritos del metafísico francés René Guénon.
Con ella alude Guénon a contenidos y prácticas trasmitidos durante siglos que mantienen abierta
una vía de acceso a la verdad absoluta del hombre y la relación de este con Dios y la creación. Esta
Tradición es única para toda la humanidad (Traditio perennis), y se manifiesta de forma
superficialmente distinta en los diferentes pueblos y religiones, variando según el contexto, pero
manteniendo siempre intacta la parte interior o esotérica que es inalterable e incomunicable (pues
precisa de la propia experiencia o iniciación). La cadena se rompe con la época moderna, en la que
se pierde (se esconde) la tradición verdadera y solo persisten sucedáneos (a vistas de los no
iniciados) que no remiten a ninguna realidad trascendente, pues se trata sólo de manifestaciones
físicas reproducibles, y no de realidades interiores que se externalizan a través de múltiples formas,
ajustándose a los límites establecidos por la misma tradición.
Vicente Aleixandre[editar]
La visión conservadora de la tradición ve en ella algo que preservar de manera fiel y acrítica. Desde
una perspectiva abierta al cambio se aprecia, por el contrario, que la vitalidad de una tradición
depende de su capacidad para renovarse, pudiendo modificar su forma para adaptarse a nuevas
circunstancias, sin perder por ello su sentido.
El poeta Vicente Aleixandre destaca esta capacidad creadora de la tradición al escribir en su
discurso de recepción del premio Nobel: Tradición y revolución. He ahí dos palabras idénticas.
Administrador de empresas:
qué es, sueldo y funciones
Si has llegado a este artículo es porque, seguramente, quieres saber más
sobre la figura del/a administrador/a de empresas. Ahora bien, este perfil,
fundamental para cualquier compañía o negocio, engloba todos los
departamentos de la empresa, y es por ello por lo que sus funciones pueden
ser muy diversas. A continuación, te explicaremos qué es un
administrador de empresas, cuánto puede cobrar y qué funciones
tiene dentro de la organización.
¿Qué es un Administrador de
empresas?
La figura del administrador de empresas va mucho más allá de la mera
gerencia. Es el responsable de la planeación, organización, dirección
y control de los recursos de la compañía (humanos y tecnológicos) para
conseguir los objetivos organizacionales.
La labor del administrador tiene un gran impacto tanto en el
rendimiento como en el desempeño de la compañía,
independientemente de su tipología.
El administrador debe utilizar eficientemente todos los
recursos (técnicos, humanos y financieros) para optimizar los beneficios de
la empresa.
DIFERENCIAS ENTRE EL ADMINISTRADOR DE
EMPRESAS, EL GERENTE Y EL DIRECTOR
GENERAL
o Director general. Forma parte de la dirección superior de una
organización. Muchas veces es el propio propietario de esta, tal y
como pasa en el caso de las pymes. Define la cultura corporativa:
visión, misión, visión y valores.
o Administrador de empresas. Es el responsable de decidir los
objetivos y políticas de la compañía. Además, suele ser uno de los
propietarios de la empresa que invierte capital. Respecto al nivel
organizacional, no tiene ningún rol en su equipo, y se enfoca más al
área de finanzas.
o Gerente. Este perfil se encuentra por debajo del administrador de
empresas y del director general dentro del organigrama de la
compañía. Es el encargado de gestionar los recursos para ponerlos
en práctica. A diferencia del administrador y del director, el gerente
está en contacto con el resto del organigrama y es quien vela por
que se cumplan y alineen las estrategias con la cultura corporativa.
En definitiva, el gerente debe poner en acción las políticas y
objetivos decididos por el administrador, por lo que este perfil
requiere de habilidades tanto gerenciales como técnicas.
Funciones: los 10 roles
directivos, según Mintzberg
Henry Mintzberg, destacado teórico de la gestión empresarial, defiende
que el trabajo operacional de los gerentes se puede describir en
términos de Roles Directivos. Divididos en 3 categorías (interpersonales,
informativos y decisorios) estos 10 roles describen el trabajo y actividad del
administrador.
ROLES INTERPERSONALES
Los 3 roles que forman parte de esta categoría se centran en el contacto
entre el gerente y las personas en su entorno. Involucran relaciones
interpersonales básicas:
o Figura visible. Como jefe del departamento o unidad organizativa,
el administrador debe realizar funciones ceremoniales o actos
simbólicos. Y es que, no hay que olvidar que un gerente representa
a la empresa tanto interna como externamente.
o Líder. En su rol de liderazgo el administrador es el encargado de
motivar y velar por el desarrollo del personal mediante un
ambiente de trabajo positivo. Debe potenciar las competencias y
habilidades de su equipo humano ofreciendo cursos de formación y
capacitación con los que proyectar sus carreras dentro de la
organización.
o Enlace. Como administrador sirve como intermediario y de enlace
dentro de la cadena de mano, tanto entre los niveles de directivos
más altos como entre los más bajos. Además, debe hacer
networking también con los contactos externos.
ROLES INFORMATIVOS
Los Roles informativos es otra de las categorías en las que Mintzberg
engloba los 10 roles directivos. Procesar información es una de las funciones
básicas de un administrador de empresas, ya que será el encargado de
enviarla, transmitirla y analizarla para que la organización alcance sus
metas. Gestionar información es básico en cualquier empresa. Es
importante que exista un intercambio de flujo de información vertical con
los subordinados, así como un flujo horizontal de información con otros
compañeros gerentes y directivos.
o Monitor/receptor. Como receptor o monitor, el gerente analiza
constantemente su entorno. Es el encargado de recopilar
información interna y externa relevante para la compañía. Además,
se encarga de organizar, analizar y evaluar dicha información con
el fin de identificar problemas y oportunidades.
o Difusor. El gerente distribuye la información (interna o externa) a
los subordinados, siendo así un puente dentro de la organización.
o Portavoz. El administrador, como portavoz, representa a la
empresa y es quién envía información al mundo exterior sobre
políticas corporativas u otro tipo de información organizacional.
ROLES DECISORIOS
Por último, además de relacionarse con el entorno y de gestionar y
transmitir información, otra de las tareas por excelencia de un
administrador es la toma de decisiones.
o Emprendedor. Como gerente, el administrador debe velar por la
competitividad de la compañía, para ello debe estar atento a las
condiciones cambiantes del entorno. Así pues, deberá diseñar e
iniciar cambios y estrategias, tanto en el modelo de negocio como
en el sistema organizacional de la compañía.
o Controlador de perturbaciones. Ante situaciones de
inestabilidad, problemas o cualquier tipo de obstáculo, el
administrador debe tener la capacidad de convertir estos
inconvenientes en oportunidades para superarlos con éxito.
o Asignador de recursos. Como administrador deberá asignar,
controlar y autorizar el uso de todos los recursos (humanos,
financieros y técnicos) de la compañía para que se ejecuten
eficientemente.
o Negociador. Como negociador, el administrador está en
constantes negociaciones tanto con otras organizaciones e
individuos, como con su propio personal.
Las 5 tareas clave del
administrador, según Drucker
Peter Drucker, consultor, profesor de negocios y considerado el mayor
filósofo de la administración, en su teoría de las funciones de la
administración definió las cinco tareas clave de un administrador de
empresas:
1. ESTABLECER LOS OBJETIVOS DE LA
EMPRESA Y DEL EQUIPO.
El administrador debe fijar metas u objetivos para todas las áreas y
establecer cómo alcanzarlas. Estos deben ser claros, medibles, reales y
alcanzables.
2. IDENTIFICAR, PROPORCIONAR Y
ORGANIZAR LOS RECURSOS
NECESARIOS PARA ALCANZAR LOS
OBJETIVOS.
Para cumplir con los objetivos, el administrador analiza las actividades y
recursos que se necesitan. Una vez definido, divide y clasifica las
actividades en puestos de trabajo que estructura en un sistema
organizacional.
3. MOTIVAR Y COMUNICAR.
La motivación es fundamental para la competitividad de cualquier
organización. Un administrador, además de gestionar recursos financieros y
tecnológicos, también trata con el capital humano de la compañía. Debe
motivarlos para mejorar su productividad y eficiencia.
4. CONTROLAR EL RENDIMIENTO DE LOS
EMPLEADOS EN RELACIÓN CON LOS
OBJETIVOS MARCADOS.
Establece criterios e índices que permitan medir el desempeño de la
organización. Analiza, evalúa e interpreta el rendimiento de la compañía y
se lo hace llegar tanto a sus subordinados como a sus superiores.
5. DESARROLLO PERSONAL Y DE SU
EQUIPO.
Debe potenciar tanto sus aptitudes como las de su equipo, ya que las
personas son el activo más importante de la organización.
¿Cuánto puede cobrar un
administrador de empresas en
España?
Aunque no existe un registro específico sobre el sueldo medio de un
administrador de empresas en España, se puede hacer una aproximación
gracias a la Encuesta Anual de Estructura Salarial publicada por el Instituto
Nacional de Estadística (INE) en 2019.
En ella se muestra que los cargos de directores y gerentes
tienen remuneraciones medias de 51.010,54 euros anuales, y han
sido el grupo de ocupación con la ganancia media anual más alta. Aun así,
existe variación en función del sexo: la media de los hombres asciende
a 55.477,9 euros, mientras que las de las mujeres cae a 42.901,2
euros.
La edad también es otro de los factores que condiciona el sueldo medio
para este tipo de cargos dentro de una organización. Según datos revelados
por la encuesta del INE los profesionales entre 55 y 59 años ostentan
sueldos medios mejores.
¿Qué puestos de trabajo puede
ocupar un Administrador de
Empresas?
El Administrador de empresas, al tratarse de un perfil tan polivalente y con
una visión 360 de la compañía puede desempeñar diferentes funciones en
la empresa, entre ellas como:
o Director general
o Emprendedor
o Director de expansión internacional
o Desarrollo de nuevos mercados
o Director financiero
o Director de operaciones
o Responsable de compras
o Director de área de negocio
o Jefe de departamento del área financiera, marketing, operaciones y
logística, recursos humanos, internalización, comunicación y
ventas.
Descubre más sobre la Administración de Empresas con las formaciones
de Euncet Business School pensadas para formar los líderes del futuro:
o Grado en Administración y Dirección de Empresas
o Doble Grado en Administración y Dirección de Empresas +
Marketing y Comunicación Digital
o Máster Universitario en Administración y Dirección de Empresas
o Executive MBA
Los retos de la clasificación del
conocimiento en la
Bibliotecología
Esta nota revisa cómo el conocimiento dentro de la bibliotecología no ha
sido fácil de abordar para su sistematización y organización. La
bibliotecología, como tal, desde el siglo XIX ha pretendido organizar el
conocimiento a través de esquemas para la clasificación de los recursos de
información; pero se ha encontrado con el problema de cómo se debe
entender al conocimiento: ¿como un todo que debe ser, o jerarquizado en
ramas, o comprendido como una trama interrelacionada? Para abordar la
pregunta se debe definir qué es conocimiento, y cómo éste es un proceso y
un producto del uso convergente de la información. Una vez adoptada una
definición de conocimiento, se puede empezar a entender cómo se le ha
intentado clasificar y organizar dentro de las unidades de información.
Introducción
Durante toda la historia de la humanidad, ha sido necesario categorizar y
ordenar los recursos para satisfacer necesidades. Para que este proceso de
satisfacción de necesidades sea eficaz es necesario que estos recursos se
organicen en forma sistemática. Esta organización contempla la manera
en la cual los recursos deben ser agrupados y relacionados con aquellos
que son similares; lo anterior, con el fin de saber con más precisión dónde y
cómo obtener aquel recurso que podrá satisfacer una necesidad.
Según Joudray y Taylor (2018, p. 17-18) existen cuatro propósitos
primordiales de organización que ayudan al desarrollo y sustento de la
humanidad. Estos son:
Comprender: saber qué se necesita, por qué y para qué
Ahorrar tiempo: eficientizar los procesos para obtener lo que se busca
Almacenamiento: saber en dónde está la idea/recurso
Recuperación: obtener el recurso buscado
Una vez convenido/aceptado que la organización es necesaria para el
desarrollo material y cognitivo de la humanidad, es necesario establecer qué
es el conocimiento. Como entrada a la definición de conocimiento se
propone definir el verbo conocer como el “proceso activo por el cual una
persona llega a captar una realidad” (Villoro, 1982, p. 217); es la “capacidad
humana para formar objetos mentales que posibilitan su relación con los
mundos objetivo y subjetivo” (Bonfiglio, Ceballos, Charles, Benavides y
Rebolloso, 2007, p.126). Para formar esos objetos mentales, el
conocimiento usa como fuente la información, la cual se debe componer de
datos que convergen con la realidad. Y ¿existe alguna manera para
preservar y difundir el conocimiento? La respuesta es sí, aunque
indirectamente: existen los soportes de información que se encuentran en
las unidades de información tales como bibliotecas, archivos, repositorios,
hemerotecas, bases bibliográficas virtuales, etcétera. Dado que en estos
recintos se encuentra parte del conocimiento de la humanidad, se dice que,
por ejemplo, en el caso de las bibliotecas, éstas son una memoria comunal
[de conocimiento] (Sagan, 1982, p. 281).
Entonces las unidades de información son primordiales para acceder a esa
información, cuya función es ser depositarias y generadoras de
conocimiento que satisfarán necesidades. Es entonces cuando
estas unidades de información se encontraron con un problema:
¿cómo organizar toda esa información y todo ese conocimiento? Para eso
fue necesaria la creación de sistemas de clasificación bibliográfica del
conocimiento, llamadas así porque han sido generadas especialmente para
material bibliográfico (libros). Estos sistemas incorporan el objetivo
de organizar la información y el conocimiento de una manera
precisa para que la información sea almacenada, localizable y recuperable.
¿Qué es la clasificación bibliográfica?
Las unidades de información tienen como funciones, almacenar, conservar
y difundir el contenido de los soportes de información. Los soportes,
también llamados documentos, no tienen razón de ser si no son usados
para obtener información pertinente, generadora de conocimiento.
Kumar (1992, p. 6) propone que, en el caso de las bibliotecas, éstas tienen
la misión de facilitar la relación entre documento y su usuario necesitado de
información. Para esto, enumera los principios propuestos
por Ranganathan:
1. Los libros [y documentos] son para ser usados
2. Cada usuario debe tener un libro
3. Cada libro debe tener su usuario
4. Ahorrar el tiempo del usuario; y también del bibliotecario
5. La biblioteca es un organismo en desarrollo y crecimiento
La clasificación bibliográfica se creó con el objetivo de organizar y localizar
documentos, por lo que son una herramienta para que las unidades de
información puedan cumplir con los principios enumerados anteriormente.
En específico una clasificación bibliográfica, también llamada esquema de
clasificación, es usada para recuperar los temas o materias y de este
modo organizar los recursos de información de acuerdo con el análisis de
contenido realizado por un especialista de la información. Es decir, un
esquema de clasificación se encarga de conjuntar y relacionar los recursos
que contienen información similar.
En la Teoría General de la Clasificación se proponen los principios
básicos que deben cumplir los esquemas bibliográficos de clasificación
(Richmond, 1985, p. 17-18):
1. Cada cosa, objeto, noción, etcétera, debe tener una distintiva y única
descripción y cualidad.
2. Un principio que implica que semejanzas y diferencias pueden ser
usadas para crear clases.
3. Las jerarquías y otros métodos para crear relaciones son necesarios
para agrupar las características e identificar las diferencias
fundamentales de forma perceptible.
4. El sistema final debe mostrarse como una progresión lógica de general
a particular.
5. El sistema debe poseer admisión para todo conocimiento, incluido
aquellos inexistentes, como utopías; y conceptos imposibles, como la
raíz cuadrada de menos uno.
6. Dado que las relaciones múltiples en diferentes contextos son
comunes, cada sistema de clasificación debe tener medios para cubrir
todos los contextos, incluidas las adiciones futuras. Su admisión debe
ser tal, que las adiciones y cambios se puedan hacer fácilmente.
7. Todo sistema de clasificación debe tener referencias cruzadas e
índices.
8. Es obligatorio un método de actualización constante para ajustar lo
antiguo y agregar lo nuevo.
9. Se debe encontrar un método para ajustar el número de clase y que
éste se adapte a las necesidades del sistema a medida que crece.
Esto sugiere la adopción de servidores automatizados como una
necesidad.
[Link] concordancia, además de tablas, horarios e índices,
probablemente sería valiosa para mantenerse al día con la
terminología.
Así, una clasificación bibliográfica debe crear orden y correlación de los
conocimientos. Debe poseer una estructura, símbolos y principios
lógicos; estos se deben representar por medio de signos y debe
expresarse lo más claramente posible. Esto es primordial porque debe
ayudar, tanto al personal bibliotecario como al usuario, a encontrar la
información necesaria, aún sin ayuda del profesional en un caso dado. Así
un sistema de clasificación debe poseer una terminología lo más precisa
posible y debe adaptarse al lenguaje natural para ayudar lo mejor posible en
las búsquedas de información. De este modo los sistemas de clasificación
tienen como objetivo proporcionar una visión integral de los documentos
sobre un tema. Una vez que se organizan, se ahorrará tiempo a los lectores
sucesivos y al bibliotecario.
Un poco de historia de la clasificación
bibliográfica del conocimiento
Quizá el ejemplo más antiguo de organización de los recursos de
información y del conocimiento proviene del relato sobre Zenodoto, creador
del orden alfabético por autores para organizar la Biblioteca de
Alejandría, en el siglo III antes de la era común (Posteguillo, 2012, p. 17).
No obstante, Zenodoto ordenó por autores para localizar la información,
pero no por temas o materias. En un inicio ésta fue la solución para ordenar
y localizar los recursos de información, pero no lo fue para sistematizar y
clasificar al conocimiento contenido en los mismos. Esa invención se le
atribuye al poeta Calímaco, que también dirigió la organización de la
Biblioteca de Alejandría. Como poeta hizo una división del conocimiento en
temas épicos y no dramáticos: poesía, drama, derecho, filosofía, historia,
oratoria, medicina, ciencias matemáticas, ciencias naturales y
miscelánea (Taylor y Joudrey, 2018, p. 57).
En la Edad Media las bibliotecas fueron sobre todo monásticas. De esas
primeras bibliotecas se conservan algunos inventarios solamente, los cuales
solo incluyen título y autor y los que mencionan temas sólo usan
dos categorías: bíblico y humanista. Sin embargo, a mediados del siglo
XIV, comenzaron a emerger sistemas de clasificación más
sofisticados. Ejemplo de ello es el catálogo 1338 de la Sorbona, que incluía
59 diferentes clases. (Taylor y Joudrey, 2018, p. 57-58).
Durante el Renacimiento hubo algunas mejoras, algunos listados de este
período podrían llamarse topográficos porque su orden se basaba en
el orden de los documentos en las estanterías. A finales del siglo XVI se
produjeron avances aún mayores en la bibliografía. En 1595
Andrew Maunsell, un librero inglés, compiló su catálogo de libros impresos
en inglés y estableció reglas tales como la entrada de nombres personales
bajo apellidos.
Después de la Revolución, los subsiguientes gobiernos de Francia
promovieron las creación de reglas de catalogación para las colecciones de
las bibliotecas confiscadas, con el objeto de crear una biblioteca
y una bibliografía nacionales. (Taylor y Joudrey, 2018, p. 59).
Fue hasta el siglo XIX que se dieron los primeros intentos basados en
estudios epistemológicos para organizar los recursos de información de
acuerdo al conocimiento que contenían, surgieron los primeros sistemas
estructurados para la clasificación de la información registrada y del
conocimiento. A estos sistemas se les llama esquemas de
clasificación que han procurado conjuntar y relacionar los recursos con
información similar. Esto con el fin, como ya se mencionó, de identificar,
localizar y recuperar recursos de información similares y aún disímiles que
puedan estar contenidos en las unidades de información y de este modo
sistematizar el conocimiento.
El aspecto jerárquico y analítico-
sintético de las clasificaciones
Como principio de estos esquemas debió decidirse cómo se dividiría
el conocimiento. La primera forma, y que parece más lógica, es dividirlo en
ramas, y a su vez crear sub-ramas que quedarían supeditadas a las
principales, es decir, en forma de jerarquías (Taylor y Joudrey, 2018, p.
366). De este modo surgieron los esquemas de clasificación más conocidos
y más usados en el mundo: la Clasificación Decimal de Dewey (CDD) y
la clasificación de la Library of Congress (LC) (Taylor y Joudrey, 2018, p.
370). En estos casos, al ser jerárquicas, se puede decir que el modo en el
que clasifican el conocimiento es analítico, pues dividen el todo en partes
más pequeñas, las cuales pueden ser conjuntadas de acuerdo con sus
características similares. Estas clasificaciones son más funcionales en
cuanto a la recuperación física de los recursos de información, pues el
objetivo de las mismas es proveer el sistema para asignar una identificación
única a cada ítem y que este sea fácilmente localizado en un acervo
bibliográfico o de información. No obstante, estos esquemas no logran
establecer del todo las relaciones del conocimiento, porque deben priorizar
una división del mismo en detrimento de otra que pudiera también estar
incluida en el mismo recurso de información, con el fin de asignarle cierta
identificación física.
La otra manera de organizar el conocimiento consiste no sólo en un análisis,
sino también una síntesis, es decir, darle al conocimiento un aspecto
analítico-sintético, que no consiste sólo en dividir el conocimiento en ramas,
sino en dar prioridad a las relaciones que puedan existir entre las partes del
conocimiento. Esto se llama clasificación facetada, en la cual los esquemas
más conocidos son la Clasificación Colonada de Ranganathan (CC) y
la Clasificación Decimal Universal (CDU) (Taylor y Joudrey, 2018, p.
370). En estos sistemas se le da prioridad a las relaciones entre ítems, por
lo cual son más adecuadas para las bases de datos electrónicas, pues
permiten exploraciones más profundas en cuanto a búsquedas
especializadas de información; pero no proveen los medios para asignar
identificaciones tan precisas a los ítems físicos como los sistemas
jerarquizados.
Aunque es posible dividir los esquemas en jerárquicos y facetados, no son
totalmente excluyentes entre sí, es decir, que todos los esquemas
mencionados pueden poseer una porción que puede ser categorizada como
las del otro tipo. Por ejemplo, la CDD, aunque es jerárquica posee partes
llamadas Tablas auxiliares, las cuales pueden ser consideradas facetadas
pues estas ofrecen determinantes de tipo espacial, cronológico, idiomático y
étnico, principalmente, que pueden ser agregadas a las designaciones
jerárquicas y marcan facetas que no se incluyen en las clases
principales. En general, los sistemas de clasificación no pueden dividirse en
absolutos, en jerárquicas y facetadas, pues ambos tipos poseen
características en común: descripción verbal, disposiciones de orden lógico,
notación, índices, manuales, por mencionar algunos ejemplos.
Tomando en consideración estas dos maneras de organización, se puede
decir que la bibliotecología ha procurado clasificar el conocimiento en forma
pragmática y aún de modo científico, pero no ha sido tarea fácil, pues la
manera en que se puede abordar el conocimiento ha mostrado diferentes
vertientes.
En la actualidad se ha impuesto el punto de vista que se podría llamar
occidental, pero es claro que esto no puede satisfacer del todo a
las otras idiosincracias que ven a la realidad en otros conceptos, que no
siempre coinciden con los incluidos en los esquemas de clasificación más
usados, los mencionados: CDD y LC, por ejemplo.
Para concluir: la manera de acomodar
conocimientos nuevos
A partir de las consideraciones expuestas, es claro que la bibliotecología
deberá seguir trabajando para actualizar, mejorar, o incluso desarrollar,
otros esquemas de clasificación del conocimiento. Esta no es tarea fácil,
pues el conocimiento no es estático, sino que conforme avanzan las
humanidades y las ciencias, pueden surgir nuevas pruebas y argumentos
que no invaliden ideas anteriores, pero que si las mejoren, superen o
reorganicen. Incluso pueden surgir nuevas ramas y facetas de conocimiento
que antes no existían o no eran consideradas como tal. En vista de esto, la
bibliotecología y los sistemas de clasificación deben también ser entes
dinámicos que puedan adaptarse a los avances científicos y del
conocimiento.
La clasificación del conocimiento en la bibliotecología siempre ha sido una
tarea compleja, se ha innovado en la creación de técnicas y herramientas
para abordarla, lo cual le ha dado dinámica a la bibliotecología, y en
específico a la creación y mejora de los esquemas de clasificación
bibliográfica; y, por lo tanto, esto seguirá ocurriendo en el futuro.