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Las Aventuras de Pinocho

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Las aventuras ESTE LIBRO PERTENECE A

de PINOCHO
de Carlo Collodi
Adaptación de Marcelo Andiñach

SANTILLANA y los autores


ceden los derechos de la reproducción parcial
de la obra en el marco de
la cuarentena por el Coronavirus.

MIS LIBROS ILUSTRACIONES DE ALEJANDRA KARAGEORGIU


DE TERCERO
La novela Las aventuras de Pinocho se entrega gratuitamente con
MIS LIBROS El libro de 3.° Lengua. Prácticas del lenguaje y no puede venderse por separado.
DE TERCERO
El libro de 3.° Lengua. Prácticas del lenguaje es un proyecto realizado
por el siguiente equipo:
Coordinación pedagógica: Cinthia Kuperman
Lectura crítica: Mirta Torres
Asesoría literaria: María Elena Cuter

Edición: Marcelo Andiñach


Corrección: Andrea Gutiérrez
Jefa de edición: Gabriela M. Paz
Diagramación: Silvina Gretel Espil
Ilustraciones: Alejandra Karageorgiu
Gerencia de arte: Silvina Gretel Espil
Gerencia de contenidos: Paticia S. Granieri
Collodi, Carlo
Las aventuras de Pinocho / Carlo Collodi ; adaptado por Marcelo Andiñach.
- 2a ed . - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Santillana, 2020.
64 p. ; 20 x 14 cm. - (El libro de)

ISBN 978-950-46-5985-3

Las aventuras
1. Literatura. 2. Escuela Primaria. I. Andiñach, Marcelo, adap. II. Título.
CDD 372.4

Obra Completa 978-950-46-5986-0

de PINOCHO © 2020, Ediciones Santillana s.A.


Av. Leandro N. Alem 720 (C1001AAP),
Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina.
ISBN: 978-950-46-5667-8
ISBN de obra completa: 978-950-46-5668-5

de Carlo Collodi Queda hecho el depósito que dispone la Ley 11.723.


Impreso en Argentina. Printed in Argentina.
Primera edición: agosto de 2018.
Adaptación de Marcelo Andiñach Segunda edición: diciembre de 2019.

Con la colaboración de Cinthia Kuperman, Mirta Todos los derechos reservados.


Este libro no puede ser reproducido total ni parcialmente en ninguna forma, ni
Torres y María Elena Cuter
por ningún medio o procedimiento, sea reprográfico, fotocopia, microfilmación,
mimeógrafo o cualquier otro sistema mecánico, fotoquímico, electrónico,
informático, magnético, electroóptico, etcétera. Cualquier reproducción sin
permiso de la editorial viola derechos reservados, es ilegal y constituye un delito.

Este libro se terminó de imprimir en el mes de enero de 2020 en Triñanes Gráfica S.A.,
Charlone 971, Avellaneda, Buenos Aires, República Argentina.
ÍNDICE

Las aventuras
Capítulo 1 .................................................................................... 7
El Maestro Cereza, el carpintero, encontró un trozo de madera

de PINOCHO
que lloraba y reía como un niño y se lo regaló a su amigo Gepeto.
Capítulo 2 ................................................................................... 11
El Maestro Gepeto decide construir un muñeco maravilloso
y le pone por nombre Pinocho.
de Carlo Collodi Capítulo 3 ................................................................................... 14
De lo que sucedió a Pinocho con Grillo Parlante, en lo cual se
Adaptación de Marcelo Andiñach ve que los niños malos no se dejan guiar por quien les da buenos
Con la colaboración de Cinthia Kuperman, Mirta consejos.
Torres y María Elena Cuter Capítulo 4 ................................................................................... 17
Pinocho tiene hambre y encuentra un huevo que pensó preparar
para comérselo. Cuando menos lo esperaba, vio que salía volando
por la ventana.
Capítulo 5 ................................................................................... 19
Pinocho se duerme junto al brasero y al despertarse se encuentra
con los pies carbonizados.
Capítulo 6 ................................................................................... 23
Gepeto vende su chaqueta para comprarle una cartilla a Pinocho,
pero él la vende para ver una función en el teatro de títeres.
Capítulo 7 ................................................................................... 27
Los títeres reciben a Pinocho como a un hermano. El dueño
de los muñecos aparece y Pinocho y su amigo Arlequín corren
peligro de terminar de mala manera.
Capítulo 8 ................................................................................... 32
Comefuego le regala a Pinocho cinco monedas de oro para que
se las lleve a Gepeto. Pinocho se deja engañar por la Zorra y
el Gato y se marcha con ellos.
Capítulo 9 ................................................................................... 36
Pinocho siembra sus monedas. Un papagayo le cuenta la verdad
acerca de la Zorra y el Gato.
Capítulo 10 ................................................................................. 39
Pinocho llora porque desea encontrar a Gepeto. Llega a
una playa donde una bondadosa señora le asegura que él y
su padre se reencontrarán.
Capítulo 11 ................................................................................. 44
Pinocho descubre quién es la señora de largos cabellos. Pierde
la oportunidad de convertirse en niño y parte con su amigo Palito
al País de los Juegos.
Capítulo 12 ................................................................................. 48
Tras unos meses de diversión en el País de los Juegos, a Pinocho
y a Palito les crecen orejas y se convierten en burros.
Capítulo 13 ................................................................................. 53
Pinocho, convertido en burro, es vendido a un circo. Allí aprende
a hacer piruetas. Finalmente, vuelven a venderlo y termina
siendo arrojado al mar.
Capítulo 14 ................................................................................. 58
Una enorme ballena traga a Pinocho. Pero encuentra a alguien
y juntos logran salvarse.
Capítulo 15 ................................................................................. 63
Pinocho deja de ser un muñeco y se convierte en un niño
de verdad.
Las aventuras de PINOCHO

Capítulo 1 miró dentro de un armario, y nadie; en el cesto del ase-


El Maestro Cereza, el carpintero, encontró un trozo rrín, y nadie; abrió la puerta del taller, salió a la calle, y
de madera que lloraba y reía como un niño y se lo regaló a nadie tampoco. ¿Quién podría ser, entonces?
su amigo Gepeto. –Ya comprendo –dijo rascándose la peluca–, esta voce-
cita ha sido una ilusión mía. ¡Seguiré trabajando!
Tomó de nuevo el hacha y pegó un formidable hachazo
al pedazo de madera.
Escuchen, mis pequeños lectores. –¡Ay! ¡Me has hecho daño! –se quejó la misma vocecita.
Había una vez un pedazo de madera. Un simple trozo Esta vez el Maestro Cereza quedó como si fuera de pie-
de leña de esos con que en el invierno se encienden las dra, con los ojos espantados, la boca abierta y la lengua
estufas y chimeneas para calentar las habitaciones. afuera, colgando casi hasta su barba. Cuando pudo ha-
Pues, niños, es el caso que el trozo de leña de mi cuento blar, dijo temblando:
fue a parar cierto día al taller de un viejo carpintero lla- –Pero ¿se habrá escondido alguien dentro de la madera?
mado Maestro Antonio, a quien todo el mundo llamaba Agarró entonces el leño con las dos manos y empezó a gol-
Maestro Cereza, porque la punta de su nariz, siempre co- pearlo contra las paredes del taller. Después se quedó inmóvil
lorada y reluciente, parecía una cereza madura. tratando de escuchar nuevas quejas. Pero no escuchó nada.
Cuando el Maestro Cereza vio aquel trozo de madera se Como tenía miedo, el Maestro Cereza se puso a can-
puso muy contento. Comenzó a frotarse las manos, mien- turrear y siguió con el trabajo. Dejó el hacha y tomó el
tras decía: cepillo para cepillar y pulir el leño. Cuando lo estaba cepi-
–¡Con esta madera voy a hacer la pata de una mesa! llando por un lado y por otro, oyó la misma vocecita que
Tomó el hacha para comenzar a quitar la corteza. Pero, le decía riendo:
cuando iba a dar el primer hachazo, oyó una vocecita muy –¡Detente, detente! ¡Me estás haciendo cosquillas!
fina que decía con acento suplicante: “¡No me pegues fuerte!”. El Maestro Cereza se desmayó del susto. Cuando vol-
¡Se imaginarán la sorpresa del Maestro Cereza! Sus ojos vió a abrir los ojos, se encontró sentado en el suelo. La
asustados recorrieron la habitación para ver de dónde po- punta de la nariz ya no estaba colorada; del susto se le
día salir aquella vocecita. Miró debajo del banco, y nadie; había puesto azul.

7 8
Capítulo 1 Las aventuras de PINOCHO

En aquel momento llamaron a la puerta. –¿Quién lo insulta?


–¡Adelante! –contestó el carpintero sin fuerzas para –¡Usted! ¡Me ha llamado Fideos!
pararse. Entonces entró al taller un viejecillo muy vivara- –¡Yo no he sido!
cho que se llamaba Maestro Gepeto. Los niños de la ve- –¡Digo y repito que ha sido usted!
cindad, para hacerlo rabiar, lo llamaban Maestro Fideos, –¡No!
porque su peluca amarilla parecía que estaba hecha con –¡Sí!
fideos finos. Como Gepeto tenía muy mal genio y le daba Furiosos los dos, pasaron de las palabras a las manos,
rabia que lo llamasen así, ¡pobre del que se lo dijera! se arañaron, se mordieron y se dieron una paliza. Cuando
–Buenos días, Maestro Antonio –dijo al entrar–, ¿qué terminó la batalla, el Maestro Antonio se encontró con la
hace usted en el suelo? peluca amarilla de Gepeto en las manos y Gepeto tenía en
–¡Ya ve usted! ¡Estoy enseñando a leer a las hormigas! la boca la peluca gris del carpintero.
–¡Es una buena idea! –¡Devuélvame mi peluca! –gritó el Maestro Antonio.
–¿Qué lo trae por aquí, compadre Gepeto? –¡Devuélvame usted la mía y hagamos las paces!
–Maestro Antonio, he venido para pedirle un favor. Los dos viejecillos se entregaron las pelucas y se dieron
–Pues aquí me tiene –respondió el carpintero. las manos prometiendo ser buenos amigos toda la vida.
–Esta mañana se me ha ocurrido una idea. He pensado –Veamos qué favor tiene que pedirme, compadre Ge-
hacer un magnífico muñeco de madera; una marioneta peto –dijo el maestro carpintero.
maravillosa que sepa bailar y dar saltos mortales. Con ese –Quisiera un trozo de madera para hacer ese muñeco
muñeco podría viajar por el mundo y ganarme la vida. del que le he hablado. ¿Puede usted dármela?
¿Qué le parece? El Maestro Antonio, contentísimo, se apresuró a to-
–¡Bravo, Maestro Fideos! –gritó aquella vocecita que mar el leño que le había hecho pasar tan mal rato y se lo
no se sabía de dónde salía. entregó a su amigo. Gepeto tomó bajo el brazo el famoso
Al oírse llamar de esa manera, Gepeto se puso rojo trozo de madera y, dando las gracias al Maestro Antonio,
como un tomate y volviéndose hacia el carpintero le dijo se marchó a su casa.
furioso:
–¿Por qué me insulta usted?

9 10
Las aventuras de PINOCHO

. Después de la nariz le hizo la boca. Y ahí sí, la madera


Capítulo 2 comenzó a reírse y a hacerle burlas.
El Maestro Gepeto decide construir un muñeco maravilloso –¡No te rías! –dijo Gepeto. Pero fue como decírselo a
y le pone por nombre Pinocho. la pared–. Te digo que no te rías –gritó con voz amena-
zadora.
Entonces la boca dejó de reír, pero le sacó la lengua.
Para no arruinar su trabajo, continuó con la talla hacien-
do como si nada pasara: le hizo la barbilla, el cuello, los
Gepeto vivía en una casa muy modesta, en la planta hombros, el tronco, los brazos y las manos. Allí Gepeto
baja, con una única ventana. Los muebles no podían ser notó que la peluca se le separaba de la cabeza. Miró hacia
más sencillos: una silla medio rota, una cama bastante in- arriba y ¿qué vio? Vio su propia peluca amarilla en las ma-
cómoda y una mesa desvencijada. Apenas entró a su casa, nos de la marioneta.
Gepeto tomó las herramientas y se puso a tallar. –¡Pinocho! ¡Devuélveme ahora mismo la peluca!
Mientras trabajaba pensaba: “¿Qué nombre le pondré? Gepeto, ante esa conducta insolente y burlona, se puso
Voy a llamarlo Pinocho. Sí, ese nombre le dará suerte”. un poco triste.
Y cuando le encontró nombre a su marioneta se puso a –¡Qué hijo más ingrato! ¡Aún no está terminado y ya le
trabajar firmemente. Le hizo el pelo, luego la frente y des- está faltando el respeto a su padre!
pués los ojos. Una vez hechos los ojos, imaginen la sor- Cuando terminó de hacerle las piernas, Gepeto puso
presa al ver que se movían y lo miraban fijamente. Irrita- a la marioneta en el piso y, en un santiamén, salió co-
do, Gepeto les dijo: rriendo por toda la habitación; luego, cruzó la puerta de
–Ojos de madera, ¿por qué me miran así? la casa, salió a la calle y se dio a la fuga.
Pero nadie respondió. El pobre Gepeto salió corriendo tras él, pero no podía
Después de los ojos, le hizo la nariz. Pero en cuanto alcanzarlo.
estuvo hecha, empezó a crecer. Y creció y creció tanto –¡Atrápenlo! ¡Atrápenlo! –gritaba Gepeto. Pero la gen-
que en unos minutos se convirtió en una terrible nariz. te, al ver esa marioneta corriendo como un galgo, no pa-
Y cuanto más Gepeto la recortaba, más seguía creciendo. raba de reír.

11 12
Capítulo 2

Finalmente, un policía logró atraparlo por la nariz y lo


Capítulo 3
puso en manos de Gepeto. De lo que sucedió a Pinocho con Grillo Parlante, en lo cual
–Vamos a casa. Y puedes estar seguro que de que cuan- se ve que los niños malos no se dejan guiar por quien les da
do lleguemos ajustaremos las cuentas. buenos consejos.
Ante esa amenaza, Pinocho se tiró al suelo y comenzó
a hacer tal berrinche que los que pasaban comentaban:
–Pobre marioneta, hace bien en no querer volver a
casa.
–¡Gepeto es un buen hombre pero tiene poca paciencia Mientras al pobre Gepeto lo llevaban a la cárcel sin ser
con los niños! culpable de nada, el pícaro Pinocho seguía por allí sal-
Tanto insistieron los vecinos que el policía puso en li- tando y brincando por el pueblo. Luego retornó a la casa
bertad a Pinocho y se llevó preso a Gepeto. El pobre car- y encontró la puerta de la calle entreabierta; entró y en
pintero no sabía ni qué decir para defenderse de tanta cuanto puso el cerrojo de la puerta se sentó en el suelo,
injusticia y mientras se lo llevaban a la cárcel se puso a dejando escapar un suspiro de alivio.
llorar y balbuceaba: Sin embargo, la tranquilidad duró poco porque de
–¡Qué desgracia! ¡Con lo que he pronto escuchó una voz pequeña que le decía:
trabajado para hacer una marione- –Cri-cri-cri.
ta bien educada! ¡Debería haberlo –¿Quién me llama? –preguntó Pinocho asustado.
pensado antes! –Soy yo.
Lo que sucedió después es una Pinocho miró hacia arriba y vio un enorme grillo que
historia increíble que les conta- subía lentamente por la pared.
ré en los siguientes capítulos. –¿Y quién eres?
–Soy Grillo Parlante. Vivo en esta casa hace más de
cien años.
–Si quieres hacerme un favor de verdad –dijo Pino-
cho– vete rápido de aquí. Ahora esta es mi casa.

13 14
Capítulo 3 Las aventuras de PINOCHO

–Me iré, pero antes debo decirte una gran verdad me das! Eres una marioneta y, para peor, tienes la cabeza
–contestó el grillo. de madera.
–Dímela y lárgate. Pinocho se enojó tanto con Grillo Parlante que le arro-
–¡Ay de los niños caprichosos y de los que se rebe- jó uno de los martillos que había por allí y que fue justo
lan contra sus padres! Nunca encontrarán la paz en este a darle en medio de la cabeza, de manera que el pobre
mundo y, más tarde o más temprano, se arrepentirán. Grillo apenas pudo decir cri-cri antes de quedar tieso y
–¡Bah! Deja de decir pavadas, Grillo. Canta lo que se aplastado contra la pared.
te antoje. Ya tomé la decisión de irme cuando amanezca,
antes de que me pase lo que les sucede a todos los niños,
es decir, me mandarán a la escuela y no tengo ninguna
ganas de estudiar. Es mucho más divertido cazar mari-
posas y treparse a los árboles.
–Pobre bobalicón, ¿no sabes que, si no vas a la escuela,
de mayor serás un burro y todos se burlarán de ti?
–¡Cállate Grillo! –gritó furioso Pinocho.
Pero Grillo, que era sabio y tranquilo, en vez de enojar-
se continuó diciéndole:
–Si no te gusta ir a la escuela, puedes aprender un ofi-
cio.
–De todos los oficios que existen, solo hay uno que me
gusta –respondió Pinocho.
–¿Y cuál es ese oficio?
–El de comer, beber, dormir, divertirme y llevar de la
noche a la mañana la vida de vagabundo.
–Pues te advierto que todos los que se dedican a ese
oficio terminan mal en la vida. ¡Pobre Pinocho, qué pena

15 16
Las aventuras de PINOCHO

Pero de repente le pareció ver entre un montón de


Capítulo 4 desperdicios algo redondo y blanco que bien podía ser un
Pinocho tiene hambre y encuentra un huevo que pensó huevo de gallina. ¡Y era un huevo de verdad!
preparar para comérselo. Cuando menos lo esperaba, vio que
Imagínense la alegría de Pinocho. Había encontrado
salía volando por la ventana.
algo para comer.
–¿Cómo lo voy a preparar? ¿Hago una tortilla? ¿Y si
solo lo hiervo y lo como con un poco de sal?… ¿No sería
más sabroso si lo hago frito en la sartén? ¡Tengo muchas
Ya empezaba a anochecer y Pinocho comenzó a sentir ganas de comerlo!
apetito. Ese apetito se transformó en hambre, cada vez Dicho y hecho. Colocó la sartén con un poco de agua
más y más hambre. Un hambre atroz. sobre el brasero y cuando el agua estuvo bien caliente,
Entonces se puso a dar vueltas por la casa registrando cascó el huevo. Pero, para su sorpresa, en vez de salir la
todos los cajones y todos los armarios tratando de encon- clara y la yema, un hermoso pichón de pajarito salió muy
trar algo para comer. Aunque fuera un hueso que hubiera feliz de adentro del huevo.
dejado algún perro, un mendrugo de pan duro, un carozo –¡Muchas gracias por haberme ahorrado el trabajo de
de cereza. Pero nada de nada. Gepeto era muy pobre y no romper la cáscara, señor Pinocho! –dijo el pichón, que
tenía nada por ningún lado. abrió sus alas y salió volando por la ventana.
Entretanto, el hambre aumentaba y lo único que lo ali- La pobre marioneta quedó patitiesa y con los ojos desor-
viaba era bostezar. Daba unos bostezos tan grandes que bitados, la boca entreabierta, la cáscara de huevo en la mano
la boca le llegaba al lugar de las orejas. Y después de bos- y el hambre en la panza. Y mientras otra vez lloraba, decía:
tezar notaba como si el estómago se le saliera por la boca. –¡El Grillo tenía razón! ¡Si mi papá estuviera ahora aquí
Llorando de desesperación decía: yo no tendría hambre! ¡Qué horrible es tener hambre!
–¡Grillo Parlante tenía razón! ¡Si me hubiera portado Pero como las tripas le gruñían y el hambre aumenta-
bien, mi papá ahora estaría aquí y saciaría mi hambre! ba, se le ocurrió salir de la casa e ir hasta el pueblo vecino
–repetía sin parar de llorar–. ¡Ay, qué enfermedad más con la esperanza de que alguien se apiadara de él y le diera
horrible es el hambre! un poco de pan.

17 18
Las aventuras de PINOCHO

dedican a molestar por las noches en las casas de la gen-


Capítulo 5 te que descansa.
Pinocho se duerme junto al brasero y al despertarse se Medio minuto más tarde volvió a asomarse por la ven-
encuentra con los pies carbonizados. tana y gritándole a Pinocho le dijo:
–¡Ven, acércate a la ventana y abre bien tu sombrero!
Pinocho hizo lo que el viejo le decía y, mientras acomo-
daba su sombrero para recibir el pan, le cayó una enorme
palangana de agua fría que lo empapó de pies a cabeza.
Cuando Pinocho quiso salir, se dio cuenta de que era Pinocho se puso a llorar y regresó a la casa mojado y
una noche infernal. Tronaba tan fuerte y relampagueaba agotado por el cansancio y el hambre. Como ya no tenía
de tal modo que parecía que el cielo fuera a incendiar- fuerzas, apoyó sus pies en el brasero y se quedó dormido.
se. Al muñeco le daba mucho miedo la tormenta pero el Así pasó la noche hasta que al amanecer escuchó que
hambre era más fuerte que el miedo. Así que echó a correr golpeaban la puerta.
y llegó al pueblo vecino. –¿Quién es? –preguntó la marioneta.
Imagínense que, debido a esa tremenda tormenta, en –Soy yo –respondió una voz. Esta vez era la voz de Ge-
las calles del pueblo no había ni un alma. Todo estaba de- peto.
sierto y oscuro. Entonces, Pinocho, presa del hambre y la Al escuchar la voz de su papá, Pinocho se levantó ve-
desesperación, se colgó de la campanilla de una casa con lozmente para ir a abrir la puerta, pero al querer dar un
la esperanza de que alguien se asomara. Y, efectivamente, paso cayó al piso.
así fue. –¡Abre la puerta! –le gritaba Gepeto.
Un viejito con gorro de dormir en la cabeza se asomó –¡No puedo!
por la ventana y gritó muy enfadado: –¿Por qué no puedes?
–¿Qué quieres a estas horas? –Porque me han comido los pies.
–¿Podría darme un poco de pan? –¿Quién te los ha comido?
–Espera que vuelvo enseguida –respondió el viejo –El Gato –dijo Pinocho al ver que el Gato se divertía
creyendo que se trataba de uno de esos chicos que se con unas virutas de madera.

19 20
Capítulo 5 Las aventuras de PINOCHO

–¡Basta, Pinocho, y abre la puerta de una vez! No me pequeño hay que acostumbrarse a comer de todo. La
hagas enojar de nuevo. vida puede dar muchas vueltas.
–No puedo tenerme en pie. Te lo digo de verdad. –Quizá tengas razón –contestó Pinocho–, pero jamás
Gepeto, que cada vez le creía menos a su hijo, decidió comeré fruta que no esté pelada.
no esperar más y trepó por la pared hasta que logró entrar El bueno de Gepeto, armándose de paciencia, sacó un
a la casa por la ventana. Al principio estaba muy enojado, cuchillo, peló las tres peras y dejó las cáscaras en una es-
pero al ver a Pinocho tendido en el piso, lo tomó entre quina de la mesa.
sus brazos y comenzó a hacerle miles de mimos y caricias, Cuando Pinocho se hubo comido de dos bocados la pri-
mientras unos lagrimones caían por sus mejillas. mera pera, hizo ademán de tirar el corazón, pero Gepeto
–¡Pinocho mío! ¿Cómo te has quemado así los pies? lo agarró del brazo y le dijo:
Pinocho comenzó a contarle a Gepeto todo lo que le ha- –No lo tires. En este mundo todo puede servir.
bía pasado. Comenzó con la historia de Grillo Parlante, el Después de haberse comido las tres peras, Pinocho le
huevo con el pajarito, el hambre atroz que sentía, el agua dijo a Gepeto:
que le arrojó el viejo de otro pueblo y finalmente dijo: –Aún tengo hambre.
–Luego volví a casa y como todavía tenía hambre y –No tengo nada más que las cáscaras de estas tres peras.
frío, apoyé los pies en el brasero y entonces llegaste tú. –¡Qué le vamos a hacer! –dijo Pinocho, y se comió las
Ahora me acabo de dar cuenta de que tengo los pies que- cáscaras. Continuó luego con los corazones y, cuando ter-
mados. minó, se frotó la barriga con las manos y dijo:
De todo el largo discurso de Pinocho, Gepeto solo en- –¡Ahora sí que estoy satisfecho! Menos mal que no ti-
tendió que la marioneta estaba muerta de hambre, así raste ni las cáscaras ni los corazones.
que sacó las tres peras que tenía para su desayuno. –¿Ves cómo tenía razón –observó Gepeto– cuando te
–Estas tres peras son mi desayuno –dijo– pero con mu- decía que todo se puede aprovechar en el mundo? ¡La
cho gusto te las doy. vida da muchas vueltas!
–Si quieres que me las coma, haz el favor de pelarlas.
–¿Pelarlas? –replicó atónito Gepeto–. Hijo, nunca
pensé que fueras tan delicado. Eso no es bueno. Desde

21 22
Las aventuras de PINOCHO

en ese estado. Así que tomó las herramientas y se puso a


Capítulo 6 construir dos piececitos muy bien hechos. Cuando la mario-
Gepeto vende su chaqueta para comprarle una cartilla a neta vio que ya podía caminar, loco de contento, comenzó a
Pinocho, pero él la vende para ver una función en el teatro
hacer miles de cabriolas y vueltas carnero por toda la habi-
de títeres.
tación.
–Ahora verás que me portaré muy bien –le dijo Pino-
cho a su padre– y seré un niño bueno y estudioso. Ya mis-
mo quiero ir a la escuela.
Tan pronto como a Pinocho se le pasó el hambre, co- Gepeto, con un poco de papel floreado, confeccionó
menzó a refunfuñar y llorar porque quería unos pies nue- un traje para su hijo. Le hizo los zapatos con corteza de
vos. Pero Gepeto, para castigarlo por sus travesuras, lo árbol y, para hacerle el gorro, usó miga de pan. Pinocho
dejó llorisquear toda la mañana. Luego le dijo: estaba muy feliz con su ropa nueva.
–¿Por qué debería hacerte pies nuevos? ¿Quizá para –Parezco todo un señor. Ahora solo me falta una carti-
ver cómo te escapas nuevamente? lla nueva. ¿Me das una?
–Te prometo que de ahora en adelante seré bueno. –Pero yo no tengo una cartilla –repuso Gepeto.
–Todos los niños dicen lo mismo para conseguir lo que –Eso no es problema, vamos a la librería y la compramos.
quieren, pero luego vuelven a portarse mal. –Pero no tengo dinero para eso –contestó Gepeto.
–Te prometo que seré bueno, iré a la escuela y seré el Y a pesar de que Pinocho era un niño muy alegre, se
mejor alumno… entristeció. Porque cuando la pobreza es pobreza de ver-
–No sé si debo creerte –le dijo Gepeto–. Al fin de cuen- dad, todos la sufren; incluso lo niños.
ta eres un niño como todos. –Ya veré qué puedo hacer –dijo Gepeto–. Espérame
–¡Pero yo no soy como los demás niños! ¡Soy bueno aquí.
y siempre digo la verdad! Te prometo que aprenderé un Habría pasado una media hora cuando Gepeto volvió a
oficio y seré tu bastón cuando llegues a ser muy viejito. la casa con una cartilla nueva bajo el brazo. El pobre vie-
Gepeto, a pesar de que parecía un señor muy severo, tenía jo estaba en mangas de camisa aunque en la calle estaba
los ojos llenos de lágrimas y lo apenaba mucho ver a su hijo lloviendo.

23 24
Capítulo 6 Las aventuras de PINOCHO

–¿Y tu chaqueta, papá? –¿Qué es esta carpa? –preguntó Pinocho a un niño.


–La he vendido porque me daba calor. –Lee el cartel y te enterarás. Ahí lo dice.
Pinocho comprendió en el acto lo que había sucedido, –Con gusto lo leería, pero aún no aprendí a leer.
así que no pudo reprimir el impulso y se lanzó a los bra- –¡Qué burro! Entonces te lo leeré yo. En estas letras
zos de Gepeto y comenzó a comerle la cara a besos. rojas dice: “GRAN TEATRO DE MARIONETAS”.
Apenas paró la lluvia, Pinocho con su cartilla nueva –¡Quiero entrar! ¿Cuánto cuesta la entrada?
partió bien temprano para la escuela. Mientras caminaba –Cuatro monedas.
hablaba solo: –¿Me las prestas?
–Hoy en la escuela aprenderé a leer y mañana aprende- –Con gusto te las daría, pero no las tengo.
ré a escribir. Y pasado mañana, a contar; y al día siguiente –¿Te vendo mi chaqueta?
haré las primeras sumas y restas. Y con todo lo que apren- –De nada me servirá ni tu chaqueta de papel, ni tu go-
da ganaré mucho dinero que me servirá para comprarle rro de miga y, mucho menos, esos zapatos que solo sirven
una chaqueta nueva a mi papá, una chaqueta de paño que para hacer fuego.
tenga bordados de oro y plata y botones de brillantes. El Entonces, un vendedor ambulante que escuchaba la
pobre se merece que le regale lo mejor. conversación entre los niños le ofreció a Pinocho com-
Mientras caminaba distraído en sus pensamientos, le prarle su cartilla nueva por cuatro monedas. De ese modo,
pareció oír a lo lejos una música de flautas y bombos. Pinocho consiguió el dinero para la entrada.
–¿Qué será esa música? ¡Qué lástima que tenga que ir a ¡Y pensar que el pobre Gepeto había vendido su cha-
la escuela y no pueda averiguar de qué se trata! queta para comprarle la cartilla a su hijo!
Se detuvo en la esquina a pensar, y finalmente se
decidió: “Hoy iré a escuchar esa música y mañana iré a
la escuela. Al fin de cuentas, siempre hay tiempo para
aprender”.
Dicho y hecho, se lanzó a correr por la calle a toda velo-
cidad y llegó a una plaza repleta de gente que rodeaba una
gran carpa de tela pintada de colores.

25 26
Las aventuras de PINOCHO

Imagínense los apretujones, abrazos, pellizcos amis-


Capítulo 7 tosos y coscorrones de auténtica hermandad que recibió
Los títeres reciben a Pinocho como a un hermano. El dueño
Pinocho de parte de los actores y actrices de aquella com-
de los muñecos aparece y Pinocho y su amigo Arlequín corren
peligro de terminar de mala manera.
pañía de marionetas. Pero el público comenzó a impa-
cientarse porque se daba cuenta de que la obra de títeres
no iba a continuar.
–¡Que siga la función! ¡Que sigan los títeres! –excla-
maban.
Tanto era el lío, el griterío y el alboroto que por detrás
Cuando Pinocho entró al teatro, la función de títeres ya del escenario apareció el titiritero, un hombre tan feo que
había comenzado. El público moría de risa viendo cómo daba miedo. Tenía una barba negra como una mancha de
las marionetas Arlequín y Polichinela se insultaban y se tinta, tan larga que se la pisaba; su boca era grande como
daban bofetadas uno al otro. Pero de repente, Arlequín un horno y sus ojos parecían dos faroles de vidrios ro-
dejó de actuar y señalando con su dedo hacia el fondo del jos con luces adentro. La presencia del titiritero hizo que
teatro, comenzó a gritar: todos enmudecieran. Las pobres marionetas temblaban
–¡Miren quién está allí! ¿Estoy soñando o estoy des- como hojas.
pierto? ¡Es nuestro amigo Pinocho! –¿Por qué has venido a armar todo este alboroto en mi
–¡Es verdad! –exclamó Polichinela–. Es nuestro amigo teatro? –gruñó con voz de ogro acatarrado–. Tráiganme
Pinocho. esa marioneta. A la noche arreglaremos cuentas.
Las demás marionetas comenzaron a los gritos, locas EL titiritero dio un par de gritos más y todo volvió
de alegría: “¡Es Pinocho! ¡Es nuestro hermano Pinocho!” al orden. Finalmente, Comefuego (que así se llamaba el
–¡Pinocho, ven aquí, sube a abrazar a tus hermanos de dueño de las marionetas) en cuanto terminó la función
madera! –le gritó Arlequín. se fue para la cocina donde asaba un enorme carnero para
Pinocho saltó desde atrás de las butacas a las primeras la cena. Como el fuego era escaso y la carne no se había
filas, de allí se lanzó a la cabeza del director de la orquesta cocinado del todo, Comefuego se dirigió a Arlequín y Po-
y, por último, dio un salto hasta el escenario. lichinela y les ordenó:

27 28
Capítulo 7 Las aventuras de PINOCHO

–Tráiganme a ese muñeco que dejé colgado de un cla- mandara ahora al fuego! ¡Pobre hombre! ¡Achís! ¡Achís!
vo. Es de buena madera seca y me servirá para avivar el –exclamó el hombrón y siguió estornudando.
fuego del asado. –¡Salud! –volvió a decir Pinocho.
Arlequín y Polichinela no querían hacerlo, pero el mie- –Gracias. Ya ves, a mí también hay que compadecerme
do a Comefuego era más grande que todo. Al poco tiem- porque no me queda leña para cocinar mi cena. Pero ya
po, volvieron con Pinocho, que se retorcía como una an- me he compadecido de ti. Así que tiraré al fuego a una
guila fuera del agua y chillaba desesperado: marioneta de mi compañía. ¡Eh, guardias, tráiganme a
–¡Papá, sálvame! ¡No quiero morir, no quiero morir! Arlequín! ¡Átenlo y arrójenlo al fuego!
Comefuego parecía un hombre terrible pero en el fon- ¡Imagínense cómo se puso Arlequín al escuchar esa or-
do no era malo. La prueba de ello es que cuando vio a den! La marioneta se asustó tanto que se tiró al piso y
Pinocho desesperado comenzó a conmoverse y no pudo comenzó a pedir piedad por su vida de madera.
evitar un estornudo. Pinocho, también desconsolado de pensar que harían
–¡Achís! –estornudó Comefuego. leña de Arlequín, se arrodilló frente a Comefuego pidién-
Al oír ese estornudo atronador, Arlequín se acercó a dole por la vida de su amigo.
Pinocho y le susurró: –¡Piedad, señor Comefuego!
–Tranquilízate. Comefuego estornuda cuando se emo- –Aquí no hay ningún señor –replicó con dureza el titi-
ciona por algo. Te has salvado. ritero.
–¡Deja ya de llorar! –gritó el titiritero haciéndose el –¡Piedad, caballero!
malo–. Tus lamentos me han producido un dolor de es- –Aquí no hay ningún caballero.
tómago que… ¡achís!, ¡achís! –Comefuego estornudó dos –¡Piedad, Excelencia!
veces más. Al oírse llamar Excelencia, Comefuego puso cara de sa-
–¡Salud! –dijo Pinocho. tisfacción. Pinocho notó el cambio de gesto del titiritero,
–Gracias. ¿Y tu papá y tu mamá están vivos? –le pre- y continuó:
guntó Comefuego. –No tiren a mi amigo al fuego. En tal caso, prefiero ser
–Mi papá, sí; a mi mamá no la he conocido. yo la leña. Arrójenme a mí a las llamas. No es justo que mi
–¡Quién sabe el disgusto que le daría a tu padre si te amigo sufra lo que debo sufrir yo.

29 30
Capítulo 7

Estas palabras conmovieron tanto a Comefuego que


comenzó a estornudar tanto que le perdonó la vida a am- Capítulo 8
bas marionetas. Comefuego le regala a Pinocho cinco monedas de oro para que
se las lleve a Gepeto. Pinocho se deja engañar por la Zorra y el
–Eres un buen chico, ven aquí y dame un beso. Hoy me
Gato y se marcha con ellos.
resignaré a comer el cordero medio crudo, pero la próxi-
ma vez… ¡que se prepare!
Ante la buena noticia, todas las marionetas comenza-
ron a saltar y gritar de alegría.

Al día siguiente, Comefuego llamó a Pinocho para


que le hablara de su padre. Pinocho le contó que era un
carpintero muy pobre pero de gran corazón; que había
vendido su único abrigo para comprarle la cartilla y le
confesó que él la había vendido para pagar la entrada del
teatro.
–¡Pobre hombre! Me da mucha lástima tu padre. Aquí
tienes cinco monedas de oro. Ve a llevárselas enseguida y
salúdalo de mi parte.
Pinocho le agradeció a Comefuego de mil maneras y
salió corriendo por la calle rumbo a su casa. No había
recorrido ni medio kilómetro cuando se cruzó con una
Zorra renga y un Gato ciego que caminaban ayudándose
mutuamente.
–Buenos días, Pinocho –lo saludó la Zorra amable-
mente.

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Capítulo 8 Las aventuras de PINOCHO

–Buenos días –respondió Pinocho–. ¿Cómo sabes mi brotan árboles que, en pocas horas, se llenan de mi-
nombre? les de monedas.
–Porque conozco a tu papá. Lo vi ayer en la puerta de Pinocho quedó pensativo frente a esa propuesta ver-
su casa. Estaba en mangas de camisa muerto de frío. daderamente tentadora. En lugar de llegar con cinco
–Muerto de frío –agregó el Gato. monedas podría entregarle a su papá cientos o miles de
–¡Pobre papá! Por suerte, ya no volverá a tener frío monedas de oro y así nunca más tendrían ni hambre ni
porque el titiritero me dio unas monedas con las que le frío. Luego de pensarlo, decidió acompañar a la Zorra y
compraré un abrigo nuevo. Además, quiero ir al colegio. al Gato hasta ese lugar maravilloso.
–¿Ir al colegio? –dijo la Zorra–. Por ir al colegio perdí –Cuando haya centuplicado mis monedas, les daré
una pata. también a ustedes –prometió Pinocho.
–Una pata –dijo el Gato–. ¡Y yo quedé ciego de los dos –¿A nosotros? ¡No digas tonterías! –dijo la Zorra ha-
ojos! ciéndose la ofendida.
Mientras continuaban conversando, los tres seguían –¡No digas tonterías! –repitió el Gato.
camino hacia la casa de Gepeto. Pinocho les contaba –A nosotros no nos interesa el dinero, solo la felicidad
acerca de los planes que tenía y cómo pensaba invertir de los demás –prosiguió la Zorra.
esas monedas que le había regalado Comefuego. Pero como el camino era un poco largo, la Zorra propu-
Habían hecho más de la mitad del camino cuando la so detenerse a comer y descansar un rato en la posada del
Zorra se detuvo de repente y le dijo a Pinocho: Cangrejo Rojo y así lo hicieron. A medianoche, cuando Pi-
–¿Te gustaría duplicar esas monedas de oro? Tal vez nocho estaba listo para continuar la marcha, el posadero
más que duplicarlas, ¡centuplicarlas! le informó que sus amigos habían partido hacía una hora
–¡Centuplicarlas! –agregó el Gato. y que le habían pedido que le dijera que lo esperaban al
–¡Ojalá pudiera! ¿Pero cómo se puede hacer eso? amanecer en el Campo de los Milagros.
La Zorra le contó que no muy lejos de allí estaba –¿Y mis amigos pagaron su habitación y la cena? –le
el País de los Cabeza Hueca, donde existe un terre- preguntó Pinocho al posadero.
no llamado el Campo de los Milagros en el que si –¿A usted qué le parece? Son personas demasiado edu-
se plantan monedas de oro, a la mañana siguiente cadas y no querrían ofender a un señor como usted.

33 34
Capítulo 8

Así fue cómo Pinocho pagó con una de sus monedas


Capítulo 9
y continuó solo el camino que iba desde la posada has-
Pinocho siembra sus monedas. Un papagayo le cuenta la
ta ese lugar maravilloso que le permitiría hacer crecer su verdad acerca de la Zorra y el Gato.
fortuna sin ningún esfuerzo. Era de noche y la oscuridad
le daba miedo. Mientras caminaba, vio en el tronco de un
árbol un animalito que brillaba con luz tenue.
–¿Quién eres? –preguntó Pinocho.
–Soy la sombra de Grillo Parlante.
–¿Y qué quieres de mí? –respondió el muñeco. “Hay que ver lo desgraciados que somos los niños
–Solo vine a darte este consejo: vuelve atrás y llévale –pensaba Pinocho mientras proseguía camino hacia el
las cuatro monedas que te quedan a tu padre, que llora Campo de los Milagros–. Todos los adultos nos retan, nos
desesperadamente porque aún no has vuelto. dicen lo que tenemos que hacer y nos dan consejos. Si
–Mañana mi papá será un gran señor porque converti- los dejáramos, se creerían con la autoridad de ser nues-
ré estas cuatro monedas en miles. tros papás y nuestras mamás. ¡Hasta los Grillos Parlan-
–Pinocho, no te confíes de los que prometen hacerte tes! Y nos dicen cosas horribles, como que tenemos que
rico de la noche a la mañana. desconfiar de todos, ser más prevenidos, tener cuidado.
–Aun así, yo quiero seguir adelante –respondió Pino- Nos dicen cosas horribles acerca de lo que nos va a pasar
cho. y de lo que debemos hacer. Todos se creen con derecho a
–Los niños que siempre se quieren salir con la suya, decirnos y darnos órdenes.”
acaban arrepintiéndose. Caminando con esas ideas en la cabeza, Pinocho llegó
–¡Tú siempre con la misma canción! al País de los Cabeza Hueca donde se reencontró con la
Nada más pronunciar estas palabras, Grillo Parlante se Zorra y el Gato.
apagó, como se apagan las velas de un soplo y el camino –Tenemos que ir ya mismo a sembrar tus monedas,
quedó nuevamente a oscuras. antes de que el nuevo dueño no permita a nadie sembrar
más dinero –propuso la Zorra.
–¡Sembrar dinero! –repitió el Gato.

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Capítulo 9 Las aventuras de PINOCHO

Después de atravesar la ciudad, llegaron al Campo de –¿De qué te ríes?


los Milagros. Pinocho hizo un hoyo en el suelo, colocó las –Me río de los cabeza hueca que creen todas las tonte-
cuatro monedas que le quedaban y las cubrió nuevamen- rías que les dicen.
te con tierra. Luego, tomó un balde con agua y regó la –¿Te refieres a mí? ¡Yo no soy ningún cabeza hueca!
tierra que cubría las monedas. –protestó Pinocho.
–Ahora –dijo la Zorra– hay que esperar a que broten y –Sí, me refiero a ti. Eres tan ingenuo como para creer
den sus frutos. que las monedas crecen de los árboles.
–¿Y cuánto tardarán en brotar? –preguntó Pinocho. –No te entiendo.
–Vuelve aquí en veinte minutos y te encontrarás con –Debes saber que mientras estabas en la ciudad, la Zo-
un pequeño arbolito cargado de monedas –respondió la rra y el Gato regresaron, tomaron las monedas que habías
Zorra. plantado y se marcharon.
–Vuelvan conmigo –les propuso Pinocho–, así les daré Pinocho se quedó con la boca abierta y, como no podía
la parte que les he prometido. creer lo que el papagayo le contaba, comenzó a excavar el
–¡De ninguna manera! –exclamó la Zorra–. Nosotros terreno por todas partes, hasta que se dio por vencido y
no hacemos esto por interés. aceptó que lo habían engañado.
–Por interés –agregó el Gato.
Dicho esto, se despidieron y la marioneta regresó a la
ciudad.
Pinocho contaba los minutos y cuando le pareció que ya
había pasado tiempo suficiente regresó adonde había sem-
brado su dinero, pero no encontró el arbolito cargado de
monedas. Buscó por todas partes, por cada rincón del cam-
po y no encontró ningún indicio de su tan ansiado arbolito.
De pronto, una risotada le traspasó los oídos. Pinocho
miró hacia arriba y se encontró con un colorido papagayo
que lo miraba.

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Las aventuras de PINOCHO

–Pobre mi papá, con un hijo tan desobediente –se la-


Capítulo 10
mentó Pinocho–. ¿Podrías llevarme hasta él?
Pinocho llora porque desea encontrar a Gepeto. Llega a una
playa donde una bondadosa señora le asegura que él y su –¡Por supuesto! Sube a mi lomo y volaremos hasta la
padre se reencontrarán. playa. Ojalá lleguemos a tiempo.
Pinocho y la paloma volaron todo el día hasta que llega-
ron a la orilla del mar. Allí se encontraron con una gran can-
tidad de gente que se lamentaba y gritaba mirando el mar.
–¿Qué pasó? –preguntó Pinocho.
–Un pobre padre ha perdido a su hijo y se ha embarca-
do para ir a buscarlo. Pero el mar está muy agitado por la
Pinocho lloraba desconsoladamente sentado en el sue- tormenta y la barca está a punto de zozobrar.
lo. No podía creer que una vez más las cosas le salieran –¡Es mi papá! ¡Es mi papá! –comenzó a gritar Pinocho
tan mal. Entonces pasó por el aire una gran paloma que desesperado mientras veía cómo la barquita aparecía y
se detuvo cerca de él: desaparecía entre el oleaje furioso, los truenos y los re-
–Dime niño, ¿por qué lloras? lámpagos. Desde la orilla, Pinocho le hacía señas y agita-
–Lloro porque me han engañado y me robaron las mo- ba su sombrero con la esperanza de que Gepeto lo viera
nedas que tenía para mi padre –contestó Pinocho alzando y regresara a la playa. El viejo lo reconoció y también le
la cabeza y secándose los ojos con la manga de su camisa. hizo señas a su hijo, pero el mar estaba embravecido y
–¿Y por casualidad no conocerás a una marioneta lla- por más que intentaba, Gepeto no lograba regresar a la
mada Pinocho? playa. Desde la costa, la gente preocupada veía cómo la
–¿Pinocho has dicho? ¡Pinocho soy yo! barca se alejaba cada vez más, hasta que luego de una
–Entonces conocerás a Gepeto, ¿no? gran ola y un trueno ensordecedor la barca desapareció
–Claro que lo conozco. Es mi papá. ¿Qué sabes de él? de la vista de todos.
–Lo dejé hace tres días en la playa. Desesperado por- Pinocho, desesperado por la suerte de su padre, se
que no tenía noticias tuyas se lanzó al mar a buscarte en arrojó al mar. Como era de madera flotaba liviano sobre
la otra orilla. el agua. Con la esperanza de ayudar a su padre, Pinocho

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Capítulo 10 Las aventuras de PINOCHO

nadó toda la noche, pero no logró encontrar a Gepeto por La señora lo miraba y se reía; su cabello se veía del
ninguna parte. color del mar.
El muñeco empezaba a sentirse agotado por el esfuer- –¿De qué te ríes? –preguntó el muñeco preocupado
zo. Desde la ventana de una casa cerca de la costa, una porque su nariz no paraba de crecer.
señora de largos cabellos lo observaba. Cuando soplaba el –Me río de las mentiras que me has contado.
viento que venía del mar, sus cabellos se agitaban y mos- Pinocho no sabía dónde meterse de la vergüenza.
traban reflejos azules. –Vamos, muchacho –dijo la buena señora–. Si me
Al salir el sol, Pinocho vio la playa a lo lejos. La tormen- ayudas a llevar estos cántaros a mi casa, te daré un peda-
ta había pasado y logró llegar a la orilla. zo de pan, coliflor y un pastel relleno de crema.
En esos momentos, la señora que lo había visto llegar Pinocho levantó los pesados cántaros. Ya en la casa,
hasta la playa se acercó a él; llevaba un cántaro de agua en comió todo lo que la señora le había ofrecido. Cuando
cada mano. no tuvo más hambre, la miró, vió sus largos cabellos y le
–¿Eres tú el muñeco llamado Pinocho? –lo interrogó pareció una persona muy especial. Entonces le contó de
con voz suave. sus deseos de ser un niño bueno y obediente.
–¡Sí! –respondió la marioneta temerosa. –Pero tú eres una marioneta, no puedes ser un niño
–¿Es verdad que eres desobediente y mentiroso y que –repuso la señora.
no escuchas los consejos de tu padre? –preguntó la señora. –¿Por qué no puedo? –preguntó Pinocho.
–¡Eso es mentira! –exclamó Pinocho–. Soy un chico es- –Porque las marionetas no crecen. Nacen marione-
tudioso y cariñoso con Gepeto. tas, viven marionetas y mueren marionetas.
Mientras respondía, el muñeco se tocó la nariz y notó –Es muy aburrido ser una marioneta –exclamó Pino-
que le había crecido tanto como la palma de su mano. cho–. Ya es hora de que me convierta en un niño.
–¿No eres tú quien sale a hacer travesuras con tus ami- –Y te convertirás si haces lo necesario para merecerlo.
gotes en vez de ir a la escuela? –volvió a interrogarlo la –¿De verdad? ¿Y cómo hago para merecerlo? –pre-
señora en cuya cara se asomaba una leve sonrisa. guntó Pinocho.
–¡Nunca haría semejante cosa! –volvió a mentir Pino- –Muy fácil. Debes acostumbrarte a ser bueno.
cho y la nariz le creció aún más. –¿No soy bueno, acaso?

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Capítulo 10

Capítulo 11
–¿Tú qué crees, Pinocho? –preguntó la señora–. Los Pinocho descubre quién es la señora de largos cabellos. Pierde
niños buenos no mienten, no desobedecen, ni se escapan la oportunidad de convertirse en niño y parte con su amigo
de la escuela. Palito al País de los Juegos.
–Tienes razón –respondió la marioneta avergonzada–.
Yo siempre hago lo que quiero, digo mentiras y la escuela
me da dolor de cabeza.
Al decir estas palabras, la nariz de Pinocho se encogió y
volvió a su tamaño normal. Al darse cuenta, dijo:
–De ahora en adelante cambiaré de vida.
–¿Me lo prometes? Al día siguiente, Pinocho fue a la escuela. Imagínense
–Te lo prometo. Voy a convertirme en un niño bueno. a los demás chicos cuando vieron entrar a una marione-
–Pues entonces, a partir de mañana irás a la escuela y ta al aula. Las carcajadas eran interminables. Le hacían
en poco tiempo podrás reencontrarte con tu papá. Es mi bromas, se reían de él, le sacaban el sombrero, le tiraban
promesa. del saco y hasta intentaron pintarle un bigote debajo de
la nariz.
Durante un rato hizo como si no le importara toda esa
burla, pero llegó un momento en que comenzó a perder la
paciencia y les dijo a sus compañeros:
–¡Cuidado, chicos! Yo no he venido aquí para ser el
centro de las burlas de nadie. Yo respeto a los demás y
pretendo que me respeten a mí.
–¡Bravo! Has hablado como un libro abierto –gritaron
los niños burlándose de él.
Pinocho prosiguió como si no escuchara a nadie y se
esforzaba día a día. Sin embargo la escuela y aprender no
era algo que le gustara demasiado.

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Capítulo 11 Las aventuras de PINOCHO

Como la señora de largos cabellos veía que Pinocho –Me voy lejos, a otro país –respondió Palito.
progresaba día a día, una tarde lo llamó y le dijo: –No puedes irte justo ahora. Mañana dejaré de ser una
–Pinocho, veo que estás progresando en la escuela. marioneta porque el hada buena me convertirá en un
Pronto podrás convertirte en un niño. niño de verdad.
–Sí –dijo Pinocho–, estoy aprendiendo mucho y tam- –Pues que te aproveche, pero yo me largo de aquí. Me
bién estoy siendo bueno. ¿Pero cómo haré para convertir- voy al País de los Juegos. ¿Por qué no vienes tú también?
me en niño? ¿Quién puede hacer que eso suceda? –No puedo. Le prometí al hada que nunca más desobe-
–Yo puedo –respondió la bella señora. decería y en recompensa ella me transformará en un niño
–¿Cómo? ¿Acaso eres un hada buena? –se asombró la de carne y hueso.
marioneta. –Como quieras –respondió Palito–, pero yo me quedo
–Puede ser… –dijo la señora y agregó–: invita a algunos aquí a esperar la carreta que me llevará al País de los Jue-
de tus amigos a merendar mañana y te convertiré en un gos. Allí todo es diversión, no hay que aprender nada. Es
niño como todos los demás. el mejor lugar del mundo.
Resulta difícil imaginar la alegría de Pinocho ante esa Una vez más, a Pinocho comenzó a picarle el bichito
noticia. Todos sus amigos serían invitados a una gran me- de la desobediencia. Le prometió a Palito que se quedaría
rienda en casa del hada y ella lo convertiría en un niño de con él hasta que pasara la carreta, solo para hacerle com-
carne y hueso. pañía. Luego de varias horas, cerca de la medianoche, una
En ese mismo momento, Pinocho le pidió permiso al luz tenue apareció en el camino. Cuando llegó hasta don-
hada para salir por la ciudad a invitar a sus amigos para de estaban Palito y Pinocho pudieron ver que se trataba
la merienda del día siguiente. De todos los chicos de la de un carruaje tirado por seis pares de burros lleno de ni-
escuela, Palito era su mejor amigo. Su nombre era Romeo, ños que hacían gran barullo. El conductor del carruaje, un
pero le decían así porque era delgado y larguirucho. Pino- enano barrigón y risueño, invitó a los niños a subir. Palito
cho lo buscó por todos lados y, finalmente, lo encontró en rápidamente se hizo un lugar entre los demás niños.
la puerta de la casa de unos campesinos. –¿Y tú, marioneta, vienes con nosotros? –preguntó el
–Por fin te encuentro –le dijo Pinocho–. ¿Qué haces conductor a Pinocho.
aquí? –Yo me quedo –respondió Pinocho–. Me espera mi

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Capítulo 11

nueva mamá en mi casa. Quiero estudiar y lucirme en la


escuela, como hacen los niños buenos. Capítulo 12
–Te lo pierdes. Si vinieras la pasarías de maravillas y Tras unos meses de diversión en el País de los Juegos, a
luego podrías retornar con tu mamá –le propuso el con- Pinocho y a Palito les crecen orejas y se convierten en burros.
ductor.
–¡Ven con nosotros! Ya verás cuánto nos divertiremos
–gritaron los chicos desde el carruaje.
Pinocho dudó, pensó y finalmente dijo:
–Háganme un lugar, yo también quiero ir.
Como el carruaje estaba lleno de niños y ya no entraba Luego de andar toda la noche, al despuntar el día lle-
ninguno más, Pinocho viajó montado sobre el lomo de garon al País de los Juegos. Este país no se parecía a nin-
uno de los burros. Todo era diversión, risas y cantos. gún otro del mundo. Todos sus habitantes eran niños, los
Sin embargo, en medio de todo ese barullo a Pinocho mayores tenían catorce años y los más pequeños, apenas
le pareció escuchar una voz que decía: ocho. Había grupos de chicos por todas partes, unos ju-
–¡Pobre marioneta! Te arrepentirás. gaban a las bolitas, otros a la rayuela, otros a la pelota.
Pinocho asustado miró a todos lados y no vio a nadie. Los niños hacían lo que querían sin preocuparse de que
Pero verdaderamente sintió terror cuando notó que uno ningún adulto les dijera nada.
de los burros lloraba. Pinocho, Palito y los demás niños que habían viajado
–¡Eh, señor enano! Este burro está llorando –le dijo al juntos, apenas pusieron un pie en el piso se incorporaron
conductor del carruaje. a los juegos y rápidamente se hicieron amigos de todos.
–Déjalo llorar que ya le llegará la hora de reír –le res- –¡Qué vida tan maravillosa! –decía Pinocho cada vez
pondió él desde su lugar. que se encontraba con Palito.
–¿Ves cómo yo tenía razón? –replicaba el amigo.
Así pasaron los días y pasaron los meses. Pinocho pa-
saba el día entero jugando, comiendo, bebiendo y dur-
miendo a su antojo. Ya se había olvidado del hada buena,

47 48
Capítulo 12 Las aventuras de PINOCHO

de Gepeto, de la escuela y de su sueño de ser un niño de –¡Ay pobre de mí! –lloraba Pinocho–. ¿Y de verdad me
verdad. pasará eso?
Pero una mañana, al despertar, Pinocho recibió una –Es irremediable –respondió la marmota–. Está escri-
desagradable sorpresa. Al sentarse en la cama y rascarse la to en el libro de la sabiduría que los niños desobedientes
cabeza notó que le habían crecido las orejas. La marione- y haraganes, más tarde o más temprano, terminan con-
ta siempre había tenido orejas tan pequeñitas que apenas vertidos en burro.
se le veían. Enseguida fue a buscar un espejo, pero como –¡Esto me pasa por haberle hecho caso a Palito! –decía
no encontró ninguno, llenó una palangana con agua y al Pinocho mientras seguía llorando–. Si me hubiera que-
reflejarse en ella vio lo que nunca hubiera querido ver: un dado con el hada buena que me quiere y me cuida como
par de orejas de burro bien grandes le salían a los lados una mamá esto no me habría pasado –se lamentaba Pino-
de su cabeza. Pinocho comenzó a llorar. Lloró tan fuerte cho–. Ya mismo voy a buscar a Palito ¡y pobre de él cuan-
que una marmota que vivía en el piso de arriba acudió a do lo encuentre!
su habitación. Cuando hizo ademán de salir de la habitación, Pino-
–¿Qué pasa que lloras tan fuerte? –preguntó la mar- cho recordó que tenía orejas de burro, así que tomó un
mota. gran bonete y se lo puso para que nadie viera esas orejas.
–Estoy enfermo, muy enfermo. Mira las orejas que me Cuando encontró a Palito vio que su amigo también tenía
crecieron –dijo Pinocho y no paraba de llorar–. Fíjate si puesto un bonete.
tengo fiebre. –¿Por qué tienes ese bonete? –preguntó Pinocho.
La marmota puso su pata delantera en la frente de Pi- –Me lo recetó el médico porque me lastimé la rodilla.
nocho y dijo: ¿Y tú? –respondió Palito.
–Efectivamente, estás enfermo de fiebre. –A mí también me lo recetó el médico porque me pica
–¿De qué fiebre se trata? –preguntó Pinocho preocu- la nariz.
pado. Tras estas palabras se hizo un largo silencio. Se mira-
–De la fiebre del asno. Es muy grave. En dos o tres ho- ron fijamente hasta que ambos comenzaron a reírse.
ras te convertirás en un burrito como esos que tiran de –Aclárame una duda, querido Palito, ¿has sufrido alguna
los carruajes. enfermedad en las orejas? –dijo Pinocho en voz muy baja.

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Capítulo 12 Las aventuras de PINOCHO

–Nunca, ¿y tú? –contestó Palito. En ese momento tocaron a la puerta.


–¡Jamás! Aunque desde esta mañana me pican de una –¡Abran! Soy el enano que conduce el carruaje. Sé que
manera tremenda. ya están preparados.
–A mí me pasa lo mismo –repuso Palito–. ¿Me mues-
tras tus orejas?
–Solo si tú me muestras las tuyas –retrucó Pinocho.
–A la cuenta de “tres” los dos nos sacamos los gorros,
¿te parece? –propuso Palito.
Pinocho empezó a contar en voz alta:
–¡Uno…, dos… y… tres!
Entonces, sucedió una escena desopilante. Ambos ni-
ños, al ver que sufrían de la misma enfermedad, empeza-
ron a mover las orejas y a burlarse uno del otro. Se reían a
carcajadas con todas sus ganas. De repente, Palito se puso
serio y le dijo a su amigo:
–¡Socorro, Pinocho, ayúdame! ¡No logro sostenerme
derecho sobre las piernas!
–¡Yo tampoco! –respondió el muñeco.
Mientras decían esto, sus piernas se transformaron en
patas de burro, les brotó una cola, se les dobló la espalda.
Y mientras corrían hacia la casa sus brazos se transforma-
ron en patas, sus caras se alargaron y les creció un hocico
y sus espaldas se cubrieron de un pelaje gris y negro. Pero
lo peor llegó cuando quisieron hablar y de sus bocas, en
vez de palabras salieron unos horribles rebuznos:
–Hi-hoooo, hi-hoooo, hi-hooo.

51 52
Las aventuras de PINOCHO

te enseñarán a saltar por el aro, romper parches con la


Capítulo 13 cabeza y a bailar el vals y la polca en dos patas.
Pinocho, convertido en burro, es vendido a un circo. Allí El pobre Pinocho tuvo que aprender todas esas mone-
aprende a hacer piruetas. Finalmente, vuelven a venderlo y
rías, pero para hacerlo necesitó tres meses de entrena-
termina siendo arrojado al mar.
miento, azotes, latigazos y montones de maltratos.
Finalmente, el dueño del circo pudo anunciar en un
cartel:

GRAN NOCHE DE ESPECTÁCULO.


El enano empujó la puerta y entró en la habitación,
PRIMERA APARICIÓN EN PÚBLICO
acarició el lomo de los burritos y mientras les cepillaba el
DEL BURRO PINOCHO.
pelaje les habló:
SALTOS, DANZAS Y PIRUETAS.
–¡Buenos chicos! Rebuznan muy bien. Reconocí sus
voces desde afuera.
Luego les colocó un cabestro a cada uno y los llevó al Las gradas del circo estaban llenas de niños y niñas
mercado para venderlos. Eran tan hermosos ambos bu- acompañados por sus padres. Acabada la primera parte
rros que rápidamente fueron vendidos. Un campesino del espectáculo, el director del circo anunció:
compró a Palito y el dueño de un circo se llevó a Pinocho. –¡Señoras y señores! ¡Niñas y niños! ¡Damas y caballe-
Cuando llegaron al establo, el dueño del circo le prepa- ros! Démosle la bienvenida con un fuerte aplauso a…
ró a Pinocho agua y heno para que comiera y lo dejó solo. En ese momento se abrió un cortinado y entró el bu-
Él no quiso ni probar el heno, pero al cabo de un rato le rrito al centro de la arena. Los niños gritaban y aplaudían
dio hambre y se comió todo lo que había en el establo. Al tanto que al muñeco le dio cierto orgullo que lo aclama-
día siguiente empezó una vida muy dura para Pinocho. ran así. El director hizo una reverencia y dirigiéndose al
–¡Buenos días, burro! –gritó el amo–. Te he comprado burrito le dijo:
para que trabajes y me hagas ganar dinero, así que va- –¡Ánimo Pinocho! Antes de comenzar los ejercicios,
mos a ponernos en acción. Ven conmigo al circo que allí saluda a este respetable público.

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Capítulo 13 Las aventuras de PINOCHO

Él se inclinó obediente con sus patas delanteras hasta to- A la mañana siguiente, el veterinario examinó al burri-
car el suelo con las rodillas. Enseguida, el director hizo res- to y declaró:
tallar el látigo y el burrito, erguido en sus dos patas traseras, –Quedará rengo para toda la vida.
comenzó a bailar dando vueltas al compás de la música. Entonces el dueño del circo ordenó que llevaran a Pi-
Pinocho hizo cientos de piruetas: bailó vals y polca, an- nocho al mercado para venderlo.
duvo al trote y a la carrera. En un momento, el director –¿Para qué quiero un burro que no camina bien? Solo
levantó el brazo y disparó una pistola. Al oír el disparo, me traería gastos –dijo el dueño.
Pinocho cayó al suelo fingiéndose herido. Ya en el mercado, un campesino preguntó:
Cuando se levantó, en medio de una explosión de –¿Cuánto quieres por ese burro? Te ofrezco veinte mo-
aplausos y de gritos, alzó la cabeza y mirando hacia uno nedas, ni una más. Solo lo quiero para sacarle el cuero.
de los palcos vio a una bella señora de largo cabellos. “Es Apenas el comprador pagó sus monedas, llevó al burro
el hada buena” pensó reconociéndola al instante. Con una a lo alto de un acantilado, ató una soga con una pesada
incontenible alegría, intentó llamarla. Pero en vez de pa- piedra al cuello de Pinocho y lo arrojó al mar. Con seme-
labras, de su boca salieron unos rebuznos horribles que jante piedra, el burro se hundió en el agua y el comprador
hicieron reír a todo el público. Cuando volvió a mirar, el se sentó a esperar que se ahogara.
hada buena ya no estaba. Pinocho se sintió morir, los ojos Cuando pasaron unos cincuenta minutos, el compra-
se le llenaron de lágrimas y comenzó a llorar desconso- dor comenzó a tirar de la soga para sacar del agua el cuer-
ladamente, pero nadie se dio cuenta. El director nueva- po del burro, pero en vez de un burro apareció atada a la
mente hizo restallar su látigo y gritó: soga una marioneta vivita y coleando. Al verla, el hombre
–Ahora, mi burro le mostrará a este público cómo salta creyó que soñaba.
a través de los aros. ¡Vamos! –¿Y el burro que tiré al mar? –preguntó asombrado.
Pinocho hizo dos o tres intentos, pero cada vez que –¡Ese burro soy yo! –respondió Pinocho.
corría y llegaba al aro, en lugar de saltar pasaba por de- –¿Pero cómo es posible?
bajo. Al final logró atravesarlo, pero cuando cayó al piso –¡Fue fácil! –dijo Pinocho–. Ha sido el hada buena.
una de sus patas se lastimó y ya no pudo seguir con la –¿Qué hada? –gritó el hombre, furioso.
función. –Mi mamá. Cuando usted me arrojó al mar, ella vio

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Capítulo 13

que yo corría peligro de ahogarme y mandó a los peces


para que se comieran todo lo que me cubría, de la cabeza Capítulo 14
a los pies, hasta llegar a los huesos, o mejor dicho, hasta Una enorme ballena traga a Pinocho. Pero encuentra a
llegar a la madera. ¡Y aquí estoy! alguien y juntos logran salvarse.
–Pero a mí no me hace ninguna gracia tu historia –se-
ñaló el comprador–. ¿Quién me repondrá las veinte mo-
nedas que pagué por ti?
–No lo sé, ese no es mi problema –respondió Pinocho.
Y, al mismo tiempo que decía esto, dio un gran salto y Mientras Pinocho nadaba, vio en medio del mar un peñón
volvió a arrojarse al mar. Mientras se alejaba de la playa, muy pequeño y sobre él, un cabra que balaba indicándole que
gritaba: se acercara a ella. La cabrita tenía cabellos largos y brillantes
–Adiós, tengo que ir a buscar a mi papá. que recordaban a los del hada buena. El corazón de Pinocho
En un abrir y cerrar de ojos, Pinocho ya se había perdi- comenzó a latir cada vez con más fuerza y eso le dio energía
do en el horizonte. para nadar hasta el peñón. Pero de pronto, emergió del agua
una enorme ballena que comenzó a perseguirlo. La pobre
marioneta, por más que se esforzaba, no lograba alejarse de
esa tremenda boca.
–¡Date prisa, Pinocho! ¡Apúrate! –balaba la cabra–. ¡El
monstruo va a comerte!
Pinocho nadaba desesperadamente, ya estaba a punto de
llegar al peñón y escapar del monstruo marino; la cabra ex-
tendió una de sus patas para ayudarlo, pero fue tarde, la balle-
na lo había alcanzado. El monstruo abrió aún más su enorme
boca y absorbió a Pinocho como si fuera un huevo de gallina.
En los primeros momentos, el muñeco no se daba cuen-
ta de dónde estaba. A su alrededor había una oscuridad

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Capítulo 14 Las aventuras de PINOCHO

profunda. Luego de unos minutos, descubrió que se encon- Pinocho no podía creer lo que veían sus ojos. Sentado a una
traba en el estómago de la ballena. Se las ingenió para darse mesa estaba Gepeto comiendo a la luz de una vela.
ánimos y pensó algunas maneras de salir de allí. Pero cuando –¡Papá! –gritó lleno de alegría y emoción–. ¡Soy yo, Pino-
vio que cualquier intento era en vano, se puso a llorar. cho!
–Llorar no tiene sentido. Nadie vendrá a salvarte –dijo Gepeto reconoció a su hijo inmediatamente, saltó de la
una voz en medio de la oscuridad. silla y se abalanzó para abrazarlo.
–¿Quién habla? –preguntó Pinocho. –¡Hijo querido! ¡No sabes todo lo que te busqué! ¡Qué ale-
–Soy yo, un pobre atún que se tragó la ballena al mismo gría volver a verte! –decía lleno de emoción Gepeto mientras
tiempo que a ti. Solo nos queda esperar a que la ballena nos no paraba de darle besos.
digiera. Cuando los dos se calmaron un poco, cada uno comenzó
–¡Pero yo no quiero ser digerido, quiero salir de acá! –gritó a contar todas las peripecias que habían vivido desde la últi-
Pinocho y volvió a llorar. ma vez que se habían visto. Pinocho le contó de la Zorra y el
–Yo tampoco quiero ser alimento de esta ballena, pero Gato, de la paloma que lo llevó hasta la playa, del hada buena
como nací atún me consuelo pensando que es más digno mo- y también todo lo desobediente que había sido.
rir bajo el agua que frito en una sartén –dijo el atún. –No importa Pinocho. Todo eso ya pasó –dijo tiernamen-
Mientras conversaban a oscuras, a Pinocho le pareció ver te Gepeto–. Mi alegría es saber que estás bien y que ya esta-
a lo lejos una tenue claridad. mos juntos otra vez.
–Mira –dijo Pinocho–, allí hay una luz. Debe de ser algún –¿Y ahora qué haremos? –preguntó Pinocho.
compañero de desventura. Iré a buscarlo. A lo mejor conoce –Ahora nos quedaremos a oscuras –respondió Gepeto.
alguna forma de salir. –¡No papá! –replicó Pinocho–. Debemos encontrar la ma-
–Ojalá pueda ayudarte, marioneta. nera de salir de aquí.
–Voy a investigar. Adiós, atún. Espero volver a verte –sa- –¡Deja de soñar, hijo!
ludó Pinocho. –Hagamos esto –prosiguió Pinocho–, caminemos juntos
Mientras avanzaba por el vientre de la ballena hacia la luz hasta la boca de la ballena y en algún momento encontrare-
sentía un olor cada vez más penetrante a pescado frito. A la mos la manera de escapar. Sígueme y no tengas miedo.
vez, la luz se hacía más resplandeciente. Cuando por fin llegó, Caminaron tomados de las manos un buen trecho hasta

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Capítulo 14 Las aventuras de PINOCHO

que llegaron a la garganta de la ballena. Allí se detuvieron


para esperar el momento oportuno para la fuga.
La ballena era muy vieja y sufría de asma y palpitaciones,
por eso debía dormir con la boca entreabierta. Así que Pino-
cho se asomó y pudo ver fuera un claro cielo nocturno lleno
de estrellas.
–Este es el momento –dijo Pinocho–. La ballena duerme y
tiene la boca abierta.
Y sin soltar a Gepeto de la mano comenzaron a caminar
en puntas de pie por la lengua. La ballena era tan grande que
la lengua parecía una ancha avenida. Cuando ya estaban a
punto de dar el salto, la ballena estornudó y arrojó a Pinocho
y a Gepeto al mar.
Por suerte era una noche de luna llena y mar calmo.
–¡Ven papá! ¡Súbete a mis hombros! –propuso Pinocho–
de lo demás me encargo yo.
Pinocho nadó hasta que llegaron a la playa y una vez allí
comenzaron a caminar hacia el pueblo. No habían dado ni
cien pasos cuando vieron al costado del camino a dos indivi-
duos pidiendo limosna.
–¡Oh, Pinocho! Dale una limosna a estos dos enfermos.
–¡ Enfermos! –repitió el muñeco.
Se volvió hacia la Zorra y el Gato que tendían su mano y
les dijo:
–¡Adiós, farsantes! Ya me engañaron una vez, pero no
volverán a hacerlo –exclamó Pinocho.

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Las aventuras de PINOCHO

Capítulo 15 que ayudan cariñosamente a sus padres merecen ser re-


Pinocho deja de ser un muñeco y se convierte en un niño compensados.
de verdad. Él se despertó repentinamente. Se levantó y fue co-
rriendo a mirarse al espejo. ¡Imaginen su sorpresa cuan-
do se vio transformado en un niño de carne y hueso! Ya
no estaba la imagen de la marioneta de madera, sino la de
El carpintero y su hijo caminaron hasta que llegaron al un muchacho con el cabello castaño, los ojos azules y una
pueblo. Hacía tanto tiempo que se habían ido de allí que expresión alegre en el rostro.
todo estaba cambiado. Sin embargo, los vecinos que los Miró a su alrededor y vio su dormitorio sencillo pero
reconocían salían a saludarlos con gran alegría y les ofre- cómodo; junto a la cama encontró un traje, un gorro nue-
cían comida y ayuda. vo y un par de botas que le calzaban perfectamente.
Los dos avanzaron entre los abrazos de la gente hasta Pinocho se sentía confundido frente a todas esas ma-
que llegaron a su casa. Al día siguiente, Pinocho se levan- ravillas. Corrió a buscar a su papá para mostrarle lo que
tó temprano para ir a la escuela y al volver ayudó a Gepeto había sucedido.
en su trabajo. –Esto es mérito tuyo, Pinocho –le dijo Gepeto.
Pasaron los días, las semanas y los meses. Pinocho ya –¿Por qué?
no era el mismo niño desobediente de antes: se levantaba –Porque cuando los niños desobedientes se vuelven
temprano, preparaba el desayuno para Gepeto, iba a la buenos suceden milagros –respondió el carpintero, que
escuela y hasta había aprendido a hacer canastas de jun- se veía sano y de buen humor.
co que vendía en el mercado y con la venta de su trabajo –¿Y qué se ha hecho del viejo Pinocho de madera?
compraba todo lo necesario para vivir diariamente. Ade- –Míralo ahí –respondió Gepeto señalando a una mario-
más, por las noches practicaba lectura y escritura. neta apoyada contra una silla con la cabeza caída, los brazos
Una noche mientras la marioneta dormía se le apare- colgando y las piernas dobladas a la altura de las rodillas.
ció en sueños el hada buena. Y en el sueño le decía: Pinocho miró la marioneta y pensó: “¡Qué cómico me
–¡Muy bien, Pinocho! Por tu buen corazón te perdono veía cuando era un muñeco! ¡Y qué feliz estoy de haberme
todas las travesuras que has hecho hasta hoy. Los niños convertido en un niño de verdad!”

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Carlo Collodi (1826-1890)
Es el autor de Las aventuras de
Pinocho. Nació en Italia en 1826.
Publicó diversos libros pero llegó a ser MIS LIBROS
reconocido por su gran obra infantil. DE TERCERO
En 1883 publicó Le avventure di
Pinocchio. Storia di un burattino. ¿Qué
significa “burattino” en italiano?
¡Títere! La historia apareció capítulo
a capítulo en el diario Il Giornale dei
Bambini, es decir, El diario de los niños.
Collodi murió en 1890. Nunca
llegó a pensar que las aventuras
de su “burattino” seguirían siendo
disfrutadas por los chicos de todo el
mundo durante más de cien años.

978-950-46-5986-0

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