Las Aventuras de Pinocho
Las Aventuras de Pinocho
de PINOCHO
de Carlo Collodi
Adaptación de Marcelo Andiñach
ISBN 978-950-46-5985-3
Las aventuras
1. Literatura. 2. Escuela Primaria. I. Andiñach, Marcelo, adap. II. Título.
CDD 372.4
Este libro se terminó de imprimir en el mes de enero de 2020 en Triñanes Gráfica S.A.,
Charlone 971, Avellaneda, Buenos Aires, República Argentina.
ÍNDICE
Las aventuras
Capítulo 1 .................................................................................... 7
El Maestro Cereza, el carpintero, encontró un trozo de madera
de PINOCHO
que lloraba y reía como un niño y se lo regaló a su amigo Gepeto.
Capítulo 2 ................................................................................... 11
El Maestro Gepeto decide construir un muñeco maravilloso
y le pone por nombre Pinocho.
de Carlo Collodi Capítulo 3 ................................................................................... 14
De lo que sucedió a Pinocho con Grillo Parlante, en lo cual se
Adaptación de Marcelo Andiñach ve que los niños malos no se dejan guiar por quien les da buenos
Con la colaboración de Cinthia Kuperman, Mirta consejos.
Torres y María Elena Cuter Capítulo 4 ................................................................................... 17
Pinocho tiene hambre y encuentra un huevo que pensó preparar
para comérselo. Cuando menos lo esperaba, vio que salía volando
por la ventana.
Capítulo 5 ................................................................................... 19
Pinocho se duerme junto al brasero y al despertarse se encuentra
con los pies carbonizados.
Capítulo 6 ................................................................................... 23
Gepeto vende su chaqueta para comprarle una cartilla a Pinocho,
pero él la vende para ver una función en el teatro de títeres.
Capítulo 7 ................................................................................... 27
Los títeres reciben a Pinocho como a un hermano. El dueño
de los muñecos aparece y Pinocho y su amigo Arlequín corren
peligro de terminar de mala manera.
Capítulo 8 ................................................................................... 32
Comefuego le regala a Pinocho cinco monedas de oro para que
se las lleve a Gepeto. Pinocho se deja engañar por la Zorra y
el Gato y se marcha con ellos.
Capítulo 9 ................................................................................... 36
Pinocho siembra sus monedas. Un papagayo le cuenta la verdad
acerca de la Zorra y el Gato.
Capítulo 10 ................................................................................. 39
Pinocho llora porque desea encontrar a Gepeto. Llega a
una playa donde una bondadosa señora le asegura que él y
su padre se reencontrarán.
Capítulo 11 ................................................................................. 44
Pinocho descubre quién es la señora de largos cabellos. Pierde
la oportunidad de convertirse en niño y parte con su amigo Palito
al País de los Juegos.
Capítulo 12 ................................................................................. 48
Tras unos meses de diversión en el País de los Juegos, a Pinocho
y a Palito les crecen orejas y se convierten en burros.
Capítulo 13 ................................................................................. 53
Pinocho, convertido en burro, es vendido a un circo. Allí aprende
a hacer piruetas. Finalmente, vuelven a venderlo y termina
siendo arrojado al mar.
Capítulo 14 ................................................................................. 58
Una enorme ballena traga a Pinocho. Pero encuentra a alguien
y juntos logran salvarse.
Capítulo 15 ................................................................................. 63
Pinocho deja de ser un muñeco y se convierte en un niño
de verdad.
Las aventuras de PINOCHO
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Capítulo 1 Las aventuras de PINOCHO
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Las aventuras de PINOCHO
11 12
Capítulo 2
13 14
Capítulo 3 Las aventuras de PINOCHO
–Me iré, pero antes debo decirte una gran verdad me das! Eres una marioneta y, para peor, tienes la cabeza
–contestó el grillo. de madera.
–Dímela y lárgate. Pinocho se enojó tanto con Grillo Parlante que le arro-
–¡Ay de los niños caprichosos y de los que se rebe- jó uno de los martillos que había por allí y que fue justo
lan contra sus padres! Nunca encontrarán la paz en este a darle en medio de la cabeza, de manera que el pobre
mundo y, más tarde o más temprano, se arrepentirán. Grillo apenas pudo decir cri-cri antes de quedar tieso y
–¡Bah! Deja de decir pavadas, Grillo. Canta lo que se aplastado contra la pared.
te antoje. Ya tomé la decisión de irme cuando amanezca,
antes de que me pase lo que les sucede a todos los niños,
es decir, me mandarán a la escuela y no tengo ninguna
ganas de estudiar. Es mucho más divertido cazar mari-
posas y treparse a los árboles.
–Pobre bobalicón, ¿no sabes que, si no vas a la escuela,
de mayor serás un burro y todos se burlarán de ti?
–¡Cállate Grillo! –gritó furioso Pinocho.
Pero Grillo, que era sabio y tranquilo, en vez de enojar-
se continuó diciéndole:
–Si no te gusta ir a la escuela, puedes aprender un ofi-
cio.
–De todos los oficios que existen, solo hay uno que me
gusta –respondió Pinocho.
–¿Y cuál es ese oficio?
–El de comer, beber, dormir, divertirme y llevar de la
noche a la mañana la vida de vagabundo.
–Pues te advierto que todos los que se dedican a ese
oficio terminan mal en la vida. ¡Pobre Pinocho, qué pena
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Las aventuras de PINOCHO
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Capítulo 5 Las aventuras de PINOCHO
–¡Basta, Pinocho, y abre la puerta de una vez! No me pequeño hay que acostumbrarse a comer de todo. La
hagas enojar de nuevo. vida puede dar muchas vueltas.
–No puedo tenerme en pie. Te lo digo de verdad. –Quizá tengas razón –contestó Pinocho–, pero jamás
Gepeto, que cada vez le creía menos a su hijo, decidió comeré fruta que no esté pelada.
no esperar más y trepó por la pared hasta que logró entrar El bueno de Gepeto, armándose de paciencia, sacó un
a la casa por la ventana. Al principio estaba muy enojado, cuchillo, peló las tres peras y dejó las cáscaras en una es-
pero al ver a Pinocho tendido en el piso, lo tomó entre quina de la mesa.
sus brazos y comenzó a hacerle miles de mimos y caricias, Cuando Pinocho se hubo comido de dos bocados la pri-
mientras unos lagrimones caían por sus mejillas. mera pera, hizo ademán de tirar el corazón, pero Gepeto
–¡Pinocho mío! ¿Cómo te has quemado así los pies? lo agarró del brazo y le dijo:
Pinocho comenzó a contarle a Gepeto todo lo que le ha- –No lo tires. En este mundo todo puede servir.
bía pasado. Comenzó con la historia de Grillo Parlante, el Después de haberse comido las tres peras, Pinocho le
huevo con el pajarito, el hambre atroz que sentía, el agua dijo a Gepeto:
que le arrojó el viejo de otro pueblo y finalmente dijo: –Aún tengo hambre.
–Luego volví a casa y como todavía tenía hambre y –No tengo nada más que las cáscaras de estas tres peras.
frío, apoyé los pies en el brasero y entonces llegaste tú. –¡Qué le vamos a hacer! –dijo Pinocho, y se comió las
Ahora me acabo de dar cuenta de que tengo los pies que- cáscaras. Continuó luego con los corazones y, cuando ter-
mados. minó, se frotó la barriga con las manos y dijo:
De todo el largo discurso de Pinocho, Gepeto solo en- –¡Ahora sí que estoy satisfecho! Menos mal que no ti-
tendió que la marioneta estaba muerta de hambre, así raste ni las cáscaras ni los corazones.
que sacó las tres peras que tenía para su desayuno. –¿Ves cómo tenía razón –observó Gepeto– cuando te
–Estas tres peras son mi desayuno –dijo– pero con mu- decía que todo se puede aprovechar en el mundo? ¡La
cho gusto te las doy. vida da muchas vueltas!
–Si quieres que me las coma, haz el favor de pelarlas.
–¿Pelarlas? –replicó atónito Gepeto–. Hijo, nunca
pensé que fueras tan delicado. Eso no es bueno. Desde
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Las aventuras de PINOCHO
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Capítulo 6 Las aventuras de PINOCHO
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Capítulo 7 Las aventuras de PINOCHO
–Tráiganme a ese muñeco que dejé colgado de un cla- mandara ahora al fuego! ¡Pobre hombre! ¡Achís! ¡Achís!
vo. Es de buena madera seca y me servirá para avivar el –exclamó el hombrón y siguió estornudando.
fuego del asado. –¡Salud! –volvió a decir Pinocho.
Arlequín y Polichinela no querían hacerlo, pero el mie- –Gracias. Ya ves, a mí también hay que compadecerme
do a Comefuego era más grande que todo. Al poco tiem- porque no me queda leña para cocinar mi cena. Pero ya
po, volvieron con Pinocho, que se retorcía como una an- me he compadecido de ti. Así que tiraré al fuego a una
guila fuera del agua y chillaba desesperado: marioneta de mi compañía. ¡Eh, guardias, tráiganme a
–¡Papá, sálvame! ¡No quiero morir, no quiero morir! Arlequín! ¡Átenlo y arrójenlo al fuego!
Comefuego parecía un hombre terrible pero en el fon- ¡Imagínense cómo se puso Arlequín al escuchar esa or-
do no era malo. La prueba de ello es que cuando vio a den! La marioneta se asustó tanto que se tiró al piso y
Pinocho desesperado comenzó a conmoverse y no pudo comenzó a pedir piedad por su vida de madera.
evitar un estornudo. Pinocho, también desconsolado de pensar que harían
–¡Achís! –estornudó Comefuego. leña de Arlequín, se arrodilló frente a Comefuego pidién-
Al oír ese estornudo atronador, Arlequín se acercó a dole por la vida de su amigo.
Pinocho y le susurró: –¡Piedad, señor Comefuego!
–Tranquilízate. Comefuego estornuda cuando se emo- –Aquí no hay ningún señor –replicó con dureza el titi-
ciona por algo. Te has salvado. ritero.
–¡Deja ya de llorar! –gritó el titiritero haciéndose el –¡Piedad, caballero!
malo–. Tus lamentos me han producido un dolor de es- –Aquí no hay ningún caballero.
tómago que… ¡achís!, ¡achís! –Comefuego estornudó dos –¡Piedad, Excelencia!
veces más. Al oírse llamar Excelencia, Comefuego puso cara de sa-
–¡Salud! –dijo Pinocho. tisfacción. Pinocho notó el cambio de gesto del titiritero,
–Gracias. ¿Y tu papá y tu mamá están vivos? –le pre- y continuó:
guntó Comefuego. –No tiren a mi amigo al fuego. En tal caso, prefiero ser
–Mi papá, sí; a mi mamá no la he conocido. yo la leña. Arrójenme a mí a las llamas. No es justo que mi
–¡Quién sabe el disgusto que le daría a tu padre si te amigo sufra lo que debo sufrir yo.
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Capítulo 7
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Capítulo 8 Las aventuras de PINOCHO
–Buenos días –respondió Pinocho–. ¿Cómo sabes mi brotan árboles que, en pocas horas, se llenan de mi-
nombre? les de monedas.
–Porque conozco a tu papá. Lo vi ayer en la puerta de Pinocho quedó pensativo frente a esa propuesta ver-
su casa. Estaba en mangas de camisa muerto de frío. daderamente tentadora. En lugar de llegar con cinco
–Muerto de frío –agregó el Gato. monedas podría entregarle a su papá cientos o miles de
–¡Pobre papá! Por suerte, ya no volverá a tener frío monedas de oro y así nunca más tendrían ni hambre ni
porque el titiritero me dio unas monedas con las que le frío. Luego de pensarlo, decidió acompañar a la Zorra y
compraré un abrigo nuevo. Además, quiero ir al colegio. al Gato hasta ese lugar maravilloso.
–¿Ir al colegio? –dijo la Zorra–. Por ir al colegio perdí –Cuando haya centuplicado mis monedas, les daré
una pata. también a ustedes –prometió Pinocho.
–Una pata –dijo el Gato–. ¡Y yo quedé ciego de los dos –¿A nosotros? ¡No digas tonterías! –dijo la Zorra ha-
ojos! ciéndose la ofendida.
Mientras continuaban conversando, los tres seguían –¡No digas tonterías! –repitió el Gato.
camino hacia la casa de Gepeto. Pinocho les contaba –A nosotros no nos interesa el dinero, solo la felicidad
acerca de los planes que tenía y cómo pensaba invertir de los demás –prosiguió la Zorra.
esas monedas que le había regalado Comefuego. Pero como el camino era un poco largo, la Zorra propu-
Habían hecho más de la mitad del camino cuando la so detenerse a comer y descansar un rato en la posada del
Zorra se detuvo de repente y le dijo a Pinocho: Cangrejo Rojo y así lo hicieron. A medianoche, cuando Pi-
–¿Te gustaría duplicar esas monedas de oro? Tal vez nocho estaba listo para continuar la marcha, el posadero
más que duplicarlas, ¡centuplicarlas! le informó que sus amigos habían partido hacía una hora
–¡Centuplicarlas! –agregó el Gato. y que le habían pedido que le dijera que lo esperaban al
–¡Ojalá pudiera! ¿Pero cómo se puede hacer eso? amanecer en el Campo de los Milagros.
La Zorra le contó que no muy lejos de allí estaba –¿Y mis amigos pagaron su habitación y la cena? –le
el País de los Cabeza Hueca, donde existe un terre- preguntó Pinocho al posadero.
no llamado el Campo de los Milagros en el que si –¿A usted qué le parece? Son personas demasiado edu-
se plantan monedas de oro, a la mañana siguiente cadas y no querrían ofender a un señor como usted.
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Capítulo 8
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Capítulo 9 Las aventuras de PINOCHO
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Capítulo 10 Las aventuras de PINOCHO
nadó toda la noche, pero no logró encontrar a Gepeto por La señora lo miraba y se reía; su cabello se veía del
ninguna parte. color del mar.
El muñeco empezaba a sentirse agotado por el esfuer- –¿De qué te ríes? –preguntó el muñeco preocupado
zo. Desde la ventana de una casa cerca de la costa, una porque su nariz no paraba de crecer.
señora de largos cabellos lo observaba. Cuando soplaba el –Me río de las mentiras que me has contado.
viento que venía del mar, sus cabellos se agitaban y mos- Pinocho no sabía dónde meterse de la vergüenza.
traban reflejos azules. –Vamos, muchacho –dijo la buena señora–. Si me
Al salir el sol, Pinocho vio la playa a lo lejos. La tormen- ayudas a llevar estos cántaros a mi casa, te daré un peda-
ta había pasado y logró llegar a la orilla. zo de pan, coliflor y un pastel relleno de crema.
En esos momentos, la señora que lo había visto llegar Pinocho levantó los pesados cántaros. Ya en la casa,
hasta la playa se acercó a él; llevaba un cántaro de agua en comió todo lo que la señora le había ofrecido. Cuando
cada mano. no tuvo más hambre, la miró, vió sus largos cabellos y le
–¿Eres tú el muñeco llamado Pinocho? –lo interrogó pareció una persona muy especial. Entonces le contó de
con voz suave. sus deseos de ser un niño bueno y obediente.
–¡Sí! –respondió la marioneta temerosa. –Pero tú eres una marioneta, no puedes ser un niño
–¿Es verdad que eres desobediente y mentiroso y que –repuso la señora.
no escuchas los consejos de tu padre? –preguntó la señora. –¿Por qué no puedo? –preguntó Pinocho.
–¡Eso es mentira! –exclamó Pinocho–. Soy un chico es- –Porque las marionetas no crecen. Nacen marione-
tudioso y cariñoso con Gepeto. tas, viven marionetas y mueren marionetas.
Mientras respondía, el muñeco se tocó la nariz y notó –Es muy aburrido ser una marioneta –exclamó Pino-
que le había crecido tanto como la palma de su mano. cho–. Ya es hora de que me convierta en un niño.
–¿No eres tú quien sale a hacer travesuras con tus ami- –Y te convertirás si haces lo necesario para merecerlo.
gotes en vez de ir a la escuela? –volvió a interrogarlo la –¿De verdad? ¿Y cómo hago para merecerlo? –pre-
señora en cuya cara se asomaba una leve sonrisa. guntó Pinocho.
–¡Nunca haría semejante cosa! –volvió a mentir Pino- –Muy fácil. Debes acostumbrarte a ser bueno.
cho y la nariz le creció aún más. –¿No soy bueno, acaso?
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Capítulo 10
Capítulo 11
–¿Tú qué crees, Pinocho? –preguntó la señora–. Los Pinocho descubre quién es la señora de largos cabellos. Pierde
niños buenos no mienten, no desobedecen, ni se escapan la oportunidad de convertirse en niño y parte con su amigo
de la escuela. Palito al País de los Juegos.
–Tienes razón –respondió la marioneta avergonzada–.
Yo siempre hago lo que quiero, digo mentiras y la escuela
me da dolor de cabeza.
Al decir estas palabras, la nariz de Pinocho se encogió y
volvió a su tamaño normal. Al darse cuenta, dijo:
–De ahora en adelante cambiaré de vida.
–¿Me lo prometes? Al día siguiente, Pinocho fue a la escuela. Imagínense
–Te lo prometo. Voy a convertirme en un niño bueno. a los demás chicos cuando vieron entrar a una marione-
–Pues entonces, a partir de mañana irás a la escuela y ta al aula. Las carcajadas eran interminables. Le hacían
en poco tiempo podrás reencontrarte con tu papá. Es mi bromas, se reían de él, le sacaban el sombrero, le tiraban
promesa. del saco y hasta intentaron pintarle un bigote debajo de
la nariz.
Durante un rato hizo como si no le importara toda esa
burla, pero llegó un momento en que comenzó a perder la
paciencia y les dijo a sus compañeros:
–¡Cuidado, chicos! Yo no he venido aquí para ser el
centro de las burlas de nadie. Yo respeto a los demás y
pretendo que me respeten a mí.
–¡Bravo! Has hablado como un libro abierto –gritaron
los niños burlándose de él.
Pinocho prosiguió como si no escuchara a nadie y se
esforzaba día a día. Sin embargo la escuela y aprender no
era algo que le gustara demasiado.
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Capítulo 11 Las aventuras de PINOCHO
Como la señora de largos cabellos veía que Pinocho –Me voy lejos, a otro país –respondió Palito.
progresaba día a día, una tarde lo llamó y le dijo: –No puedes irte justo ahora. Mañana dejaré de ser una
–Pinocho, veo que estás progresando en la escuela. marioneta porque el hada buena me convertirá en un
Pronto podrás convertirte en un niño. niño de verdad.
–Sí –dijo Pinocho–, estoy aprendiendo mucho y tam- –Pues que te aproveche, pero yo me largo de aquí. Me
bién estoy siendo bueno. ¿Pero cómo haré para convertir- voy al País de los Juegos. ¿Por qué no vienes tú también?
me en niño? ¿Quién puede hacer que eso suceda? –No puedo. Le prometí al hada que nunca más desobe-
–Yo puedo –respondió la bella señora. decería y en recompensa ella me transformará en un niño
–¿Cómo? ¿Acaso eres un hada buena? –se asombró la de carne y hueso.
marioneta. –Como quieras –respondió Palito–, pero yo me quedo
–Puede ser… –dijo la señora y agregó–: invita a algunos aquí a esperar la carreta que me llevará al País de los Jue-
de tus amigos a merendar mañana y te convertiré en un gos. Allí todo es diversión, no hay que aprender nada. Es
niño como todos los demás. el mejor lugar del mundo.
Resulta difícil imaginar la alegría de Pinocho ante esa Una vez más, a Pinocho comenzó a picarle el bichito
noticia. Todos sus amigos serían invitados a una gran me- de la desobediencia. Le prometió a Palito que se quedaría
rienda en casa del hada y ella lo convertiría en un niño de con él hasta que pasara la carreta, solo para hacerle com-
carne y hueso. pañía. Luego de varias horas, cerca de la medianoche, una
En ese mismo momento, Pinocho le pidió permiso al luz tenue apareció en el camino. Cuando llegó hasta don-
hada para salir por la ciudad a invitar a sus amigos para de estaban Palito y Pinocho pudieron ver que se trataba
la merienda del día siguiente. De todos los chicos de la de un carruaje tirado por seis pares de burros lleno de ni-
escuela, Palito era su mejor amigo. Su nombre era Romeo, ños que hacían gran barullo. El conductor del carruaje, un
pero le decían así porque era delgado y larguirucho. Pino- enano barrigón y risueño, invitó a los niños a subir. Palito
cho lo buscó por todos lados y, finalmente, lo encontró en rápidamente se hizo un lugar entre los demás niños.
la puerta de la casa de unos campesinos. –¿Y tú, marioneta, vienes con nosotros? –preguntó el
–Por fin te encuentro –le dijo Pinocho–. ¿Qué haces conductor a Pinocho.
aquí? –Yo me quedo –respondió Pinocho–. Me espera mi
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Capítulo 11
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Capítulo 12 Las aventuras de PINOCHO
de Gepeto, de la escuela y de su sueño de ser un niño de –¡Ay pobre de mí! –lloraba Pinocho–. ¿Y de verdad me
verdad. pasará eso?
Pero una mañana, al despertar, Pinocho recibió una –Es irremediable –respondió la marmota–. Está escri-
desagradable sorpresa. Al sentarse en la cama y rascarse la to en el libro de la sabiduría que los niños desobedientes
cabeza notó que le habían crecido las orejas. La marione- y haraganes, más tarde o más temprano, terminan con-
ta siempre había tenido orejas tan pequeñitas que apenas vertidos en burro.
se le veían. Enseguida fue a buscar un espejo, pero como –¡Esto me pasa por haberle hecho caso a Palito! –decía
no encontró ninguno, llenó una palangana con agua y al Pinocho mientras seguía llorando–. Si me hubiera que-
reflejarse en ella vio lo que nunca hubiera querido ver: un dado con el hada buena que me quiere y me cuida como
par de orejas de burro bien grandes le salían a los lados una mamá esto no me habría pasado –se lamentaba Pino-
de su cabeza. Pinocho comenzó a llorar. Lloró tan fuerte cho–. Ya mismo voy a buscar a Palito ¡y pobre de él cuan-
que una marmota que vivía en el piso de arriba acudió a do lo encuentre!
su habitación. Cuando hizo ademán de salir de la habitación, Pino-
–¿Qué pasa que lloras tan fuerte? –preguntó la mar- cho recordó que tenía orejas de burro, así que tomó un
mota. gran bonete y se lo puso para que nadie viera esas orejas.
–Estoy enfermo, muy enfermo. Mira las orejas que me Cuando encontró a Palito vio que su amigo también tenía
crecieron –dijo Pinocho y no paraba de llorar–. Fíjate si puesto un bonete.
tengo fiebre. –¿Por qué tienes ese bonete? –preguntó Pinocho.
La marmota puso su pata delantera en la frente de Pi- –Me lo recetó el médico porque me lastimé la rodilla.
nocho y dijo: ¿Y tú? –respondió Palito.
–Efectivamente, estás enfermo de fiebre. –A mí también me lo recetó el médico porque me pica
–¿De qué fiebre se trata? –preguntó Pinocho preocu- la nariz.
pado. Tras estas palabras se hizo un largo silencio. Se mira-
–De la fiebre del asno. Es muy grave. En dos o tres ho- ron fijamente hasta que ambos comenzaron a reírse.
ras te convertirás en un burrito como esos que tiran de –Aclárame una duda, querido Palito, ¿has sufrido alguna
los carruajes. enfermedad en las orejas? –dijo Pinocho en voz muy baja.
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Capítulo 12 Las aventuras de PINOCHO
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Las aventuras de PINOCHO
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Capítulo 13 Las aventuras de PINOCHO
Él se inclinó obediente con sus patas delanteras hasta to- A la mañana siguiente, el veterinario examinó al burri-
car el suelo con las rodillas. Enseguida, el director hizo res- to y declaró:
tallar el látigo y el burrito, erguido en sus dos patas traseras, –Quedará rengo para toda la vida.
comenzó a bailar dando vueltas al compás de la música. Entonces el dueño del circo ordenó que llevaran a Pi-
Pinocho hizo cientos de piruetas: bailó vals y polca, an- nocho al mercado para venderlo.
duvo al trote y a la carrera. En un momento, el director –¿Para qué quiero un burro que no camina bien? Solo
levantó el brazo y disparó una pistola. Al oír el disparo, me traería gastos –dijo el dueño.
Pinocho cayó al suelo fingiéndose herido. Ya en el mercado, un campesino preguntó:
Cuando se levantó, en medio de una explosión de –¿Cuánto quieres por ese burro? Te ofrezco veinte mo-
aplausos y de gritos, alzó la cabeza y mirando hacia uno nedas, ni una más. Solo lo quiero para sacarle el cuero.
de los palcos vio a una bella señora de largo cabellos. “Es Apenas el comprador pagó sus monedas, llevó al burro
el hada buena” pensó reconociéndola al instante. Con una a lo alto de un acantilado, ató una soga con una pesada
incontenible alegría, intentó llamarla. Pero en vez de pa- piedra al cuello de Pinocho y lo arrojó al mar. Con seme-
labras, de su boca salieron unos rebuznos horribles que jante piedra, el burro se hundió en el agua y el comprador
hicieron reír a todo el público. Cuando volvió a mirar, el se sentó a esperar que se ahogara.
hada buena ya no estaba. Pinocho se sintió morir, los ojos Cuando pasaron unos cincuenta minutos, el compra-
se le llenaron de lágrimas y comenzó a llorar desconso- dor comenzó a tirar de la soga para sacar del agua el cuer-
ladamente, pero nadie se dio cuenta. El director nueva- po del burro, pero en vez de un burro apareció atada a la
mente hizo restallar su látigo y gritó: soga una marioneta vivita y coleando. Al verla, el hombre
–Ahora, mi burro le mostrará a este público cómo salta creyó que soñaba.
a través de los aros. ¡Vamos! –¿Y el burro que tiré al mar? –preguntó asombrado.
Pinocho hizo dos o tres intentos, pero cada vez que –¡Ese burro soy yo! –respondió Pinocho.
corría y llegaba al aro, en lugar de saltar pasaba por de- –¿Pero cómo es posible?
bajo. Al final logró atravesarlo, pero cuando cayó al piso –¡Fue fácil! –dijo Pinocho–. Ha sido el hada buena.
una de sus patas se lastimó y ya no pudo seguir con la –¿Qué hada? –gritó el hombre, furioso.
función. –Mi mamá. Cuando usted me arrojó al mar, ella vio
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Capítulo 13
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Capítulo 14 Las aventuras de PINOCHO
profunda. Luego de unos minutos, descubrió que se encon- Pinocho no podía creer lo que veían sus ojos. Sentado a una
traba en el estómago de la ballena. Se las ingenió para darse mesa estaba Gepeto comiendo a la luz de una vela.
ánimos y pensó algunas maneras de salir de allí. Pero cuando –¡Papá! –gritó lleno de alegría y emoción–. ¡Soy yo, Pino-
vio que cualquier intento era en vano, se puso a llorar. cho!
–Llorar no tiene sentido. Nadie vendrá a salvarte –dijo Gepeto reconoció a su hijo inmediatamente, saltó de la
una voz en medio de la oscuridad. silla y se abalanzó para abrazarlo.
–¿Quién habla? –preguntó Pinocho. –¡Hijo querido! ¡No sabes todo lo que te busqué! ¡Qué ale-
–Soy yo, un pobre atún que se tragó la ballena al mismo gría volver a verte! –decía lleno de emoción Gepeto mientras
tiempo que a ti. Solo nos queda esperar a que la ballena nos no paraba de darle besos.
digiera. Cuando los dos se calmaron un poco, cada uno comenzó
–¡Pero yo no quiero ser digerido, quiero salir de acá! –gritó a contar todas las peripecias que habían vivido desde la últi-
Pinocho y volvió a llorar. ma vez que se habían visto. Pinocho le contó de la Zorra y el
–Yo tampoco quiero ser alimento de esta ballena, pero Gato, de la paloma que lo llevó hasta la playa, del hada buena
como nací atún me consuelo pensando que es más digno mo- y también todo lo desobediente que había sido.
rir bajo el agua que frito en una sartén –dijo el atún. –No importa Pinocho. Todo eso ya pasó –dijo tiernamen-
Mientras conversaban a oscuras, a Pinocho le pareció ver te Gepeto–. Mi alegría es saber que estás bien y que ya esta-
a lo lejos una tenue claridad. mos juntos otra vez.
–Mira –dijo Pinocho–, allí hay una luz. Debe de ser algún –¿Y ahora qué haremos? –preguntó Pinocho.
compañero de desventura. Iré a buscarlo. A lo mejor conoce –Ahora nos quedaremos a oscuras –respondió Gepeto.
alguna forma de salir. –¡No papá! –replicó Pinocho–. Debemos encontrar la ma-
–Ojalá pueda ayudarte, marioneta. nera de salir de aquí.
–Voy a investigar. Adiós, atún. Espero volver a verte –sa- –¡Deja de soñar, hijo!
ludó Pinocho. –Hagamos esto –prosiguió Pinocho–, caminemos juntos
Mientras avanzaba por el vientre de la ballena hacia la luz hasta la boca de la ballena y en algún momento encontrare-
sentía un olor cada vez más penetrante a pescado frito. A la mos la manera de escapar. Sígueme y no tengas miedo.
vez, la luz se hacía más resplandeciente. Cuando por fin llegó, Caminaron tomados de las manos un buen trecho hasta
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Capítulo 14 Las aventuras de PINOCHO
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Las aventuras de PINOCHO
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Carlo Collodi (1826-1890)
Es el autor de Las aventuras de
Pinocho. Nació en Italia en 1826.
Publicó diversos libros pero llegó a ser MIS LIBROS
reconocido por su gran obra infantil. DE TERCERO
En 1883 publicó Le avventure di
Pinocchio. Storia di un burattino. ¿Qué
significa “burattino” en italiano?
¡Títere! La historia apareció capítulo
a capítulo en el diario Il Giornale dei
Bambini, es decir, El diario de los niños.
Collodi murió en 1890. Nunca
llegó a pensar que las aventuras
de su “burattino” seguirían siendo
disfrutadas por los chicos de todo el
mundo durante más de cien años.
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