Estudio 04
EVANGELIO DE JUAN 4
Bienvenido mi apreciado amigo al comienzo de la exégesis de este hermoso y apasionante
libro que nos hemos dispuesto a estudiar como lo es el evangelio de Juan.
Si me has seguido desde los estudios anteriores, recordarás que dedicamos tres secciones
para hacer la introducción que creo que era más que necesaria.
Allí mencionábamos detalles como el hecho de que Juan, su autor, el discípulo amado, era
el último de los discípulos con vida y los cristianos de aquel entonces que eran en su gran
mayoría gentiles le piden que escribiera un relato de la vida de Jesús pero en un idioma
claro y aceptable para la cultura y el pensamiento gentil y especialmente griego que era el
grueso de la membresía de aquella iglesia pos-apostólica.
Juan accede y le agrega el condimento del cúmulo de conocimientos que había cosechado
de los años al lado del Maestro pero también de más de 70 años de vida cristiana que
habían formado en el un creyente maduro que podía entender muchos mensajes del Señor
que estando él en vida nos lo entendía como ahora.
Dijimos también que el propósito de Juan no era tanto el presentar una recopilación
biográfica del ministerio de Jesús sino más bien transmitir el mensaje que Dios vino a dar
en la persona de su Hijo Jesucristo, y cada milagro, cada discurso, cada acción nos deja una
enseñanza eterna y profunda que en los demás evangelios llamados sinópticos está velado.
Entremos hoy al desarrollo del libro comenzando con la doxología que va desde el
versículo 1-14. La forma en que comienza este evangelio me hace apreciar más la distancia
que cubrió Cristo al condescender con el hombre y salvarlo. Porque Él se nos presenta aquí
como el Dios preexistente y eterno como quizás no se nos presenta en ningún otro pasaje de
las escrituras los versículos 1 y 2 rezan así: “En el principio era el verbo, y el verbo era
Dios, y el verbo era con Dios. Este era en el principio con Dios”.
Esta coigualdad eterna del Verbo junto al Padre se presenta existiendo desde el principio. O
sea que antes de lo creado Cristo ya existía. Es verdad que el concepto de eternidad es
demasiado grande para ser comprendido por la mente humana.
Si tu intentas cerrar por un momento los ojos y pensar en esta palabra “eternidad” pero en
el sentido más estricto de la palabra, pensar por un momento que algo o alguien nunca haya
comenzado a existir sino que simplemente siempre estuvo allí, existiendo, que ese mismo
ser nunca acabará, nunca dejará de ser, la palabra “siempre”... no puedes captarlo, ¿verdad?
No precisas captarlo o entenderlo porque simplemente no puedes, debes aceptarlo por fe.
Sí, la palabra de Dios es un libro que se acepta por la fe. No hay otra manera. Juan,
impregnado seguramente del mismo concepto que ocupaba la mente de Moisés al escribir
Génesis 1:1 descarta la posibilidad de discutir acerca de la preexistencia de Dios, lo lanza al
aire para que sea aceptado por todos aquellos que viven la vida de fe y que desean conocer
a Dios por la fe. No hay otra manera de relacionarse con Dios que no sea a través de la fe.
Sin fe es imposible agradar a Dios.
¿Quieres estudiar la Biblia con migo, y analizar este evangelio de Juan? pues bien entonces
debes acercarte con fe y aceptar que desde el principio, en la eternidad pasada, cuando no
existía todavía el tiempo, Dios padre existió en coigualdad con el Dios, y con Dios Espíritu
Santo.
Esto resume de una manera muy escueta la doctrina de la trinidad que no podemos estudiar
al detalle porque nos llevaría varias semanas apartándonos de la exégesis de Juan, pero
podemos decir a modo de repaso que el único Dios eterno y creador de todo lo que se ve
siempre existió en tres manifestaciones distintas pero con una identidad de esencia
indestructible e indivisible. Cada una de las tres formas en que el Dios eterno existe
comparte y contiene la totalidad y potencialidad de las otras dos formas de existencia. O sea
que Dios es en esencia uno pero en existencia tres, con oficios bien diferenciados y
definidos y actividades específicas y distintas pero sin denotar superioridad o rango de uno
sobre otro.
Es lamentable que este versículo tan profundo y contundente tocante a la doctrina de la
trinidad y a la preexistencia de este Dios trino, en algunas versiones de la Biblia ha sido
cambiado, y donde se debe leer “y el Verbo era Dios”, se lee: “y el Verbo era un dios.”
Parece insignificante que una palabra tan pequeña pueda alterar tanto esa frase, pero al
decir que Cristo no es Dios mismo sino simplemente un dios subordinado al Dios mayor,
estamos quitando una de las columnas principales que sostiene el cristianismo como lo es la
coigualdad del Padre con el hijo desde su estado eterno. Si la Biblia que tienes en tus manos
ahora mi estimado radioescucha tiene esa alteración de traducción, por favor, ahora mismo
déjala de lado y consigue una que diga lo correcto: “Él era Dios”.
La palabra “Verbo” es hasta aquí un concepto nuevo en las escrituras y es de patrimonio
exclusivo de Juan. Aunque para el lector judío sonaba extraño este concepto del “Verbo”,
no era así para con el griego. Juan utiliza esta palabra en 1:1, ya lo leímos, en 1:14 “Y
Aquel Verbo fue hecho carne”, y en 1ª Juan 1:1: “...tocante al Verbo de vida.” El vocablo
en Griego es “Logos” que en nuestro castellano más raso significaría simplemente
“palabra”. Sí. Cristo es la palabra de Dios y esa palabra existía desde el principio. Esta
palabra logos para los griegos formaba parte de sus tradiciones y cultura como un ente
gobernador, sustentador y creador de todo lo existente, el gran problema era que ese “ente”
no tenía traducción a la experiencia humana, era algo lejano, abstracto que ni aún sus
mismos filósofos eran capaces de explicar.
Es Juan el que en este prólogo se encargará de una manera muy minuciosa de hacer “cable
a tierra” con ese logos misterioso y lejano de su cultura y explicarles que Aquel que reúne
todos esos atributos de eternidad, individualidad y coigualdad con Dios, no es ni más ni
menos que el Dios hecho carne y habitando en forma de hombre en la persona del Jesús de
Nazareth que hacía ya más de 60 años había caminado por las polvorientas calles de Judea
y sus alrededores y de quien los griegos tenían un vago recuerdo.
Es Aquel Verbo que ellos aún no conocían que dirá luego en el versículo 14 “que fue hecho
carne y habitó entre nosotros y vimos su gloria”. Es muy gráfica la idea de Cristo como “la
palabra”. Porque ¿Qué es en sí mismo una palabra?, bueno podemos decir que la palabra es
la manifestación externa y audible de un pensamiento, concepto o idea interno e invisible
que tenemos en la mente.
Tu ahora me estás escuchando y entonces sabes en qué estoy pensando pero si me callo la
boca por unos segundos tu no podrás saber en que pensé por que no hubo palabras. Así que
la palabra es la exteriorización de los pensamientos. La palabra, dijo alguien con acierto, es
el estuche o envoltura de los pensamientos. En este aspecto Cristo fue la manifestación
visible para el ser humano del pensamiento de Dios acerca del hombre, del pecado y del
estado eterno del alma. Es la traducción más exacta posible de Dios al lenguaje humano, de
tal modo que quien ve a Jesús ha visto al Padre. Por eso dijo Jesús en este mismo evangelio
14:9 “el que me ha visto a mí, ha visto al Padre”
Continuamos con el versículo tres y leemos. “Todas las cosas por Él fueron hechas y sin Él,
nada de lo que ha sido hecho fue hecho”.
Este Verbo o palabra preexistente, Cristo Jesús, se nos presenta ahora como creador de
todas las cosas. El énfasis que Juan pone en la estrecha relación que une al Dios-Hijo con la
creación del mundo, se basa en una herejía gnóstica que argumentaba que desde la
eternidad juntamente con Dios existía también la materia pero que esta era inherentemente
mala. Dios en su estado santo no podía tocar esa materia para dar forma al mundo por lo
tanto creó una serie de emanaciones de su misma persona. Cada una de esas emanaciones
existía en un estado más lejano de Dios y hasta llegó a haber una emanación de Dios que
era tan lejana a Él que ni le conocía y además le era hostil y enemiga. Esa emanación mala
fue la que creó el mundo material. De esta manera divorciaban al Dios Creador del Dios
real, y Juan dice: ¡NO! Dios creó todas las cosas por medio de su palabra, el ente creador,
Cristo, el Hijo eterno.
¿Qué lecciones nos dejan estas profundas declaraciones de Juan?. Básicamente que los
asuntos divinos se aceptan por la fe y no por la lógica o el raciocinio o filosofías humana.
Estos destinatarios griegos para quien fue escrito este evangelio perdieron años preciosos
de su historia tratando de entender y aplicar el concepto de un Dios creador, sublime pero
inaccesible y estaban perdiendo de vista que esa enorme distancia que existía entre Dios y
el Hombre no debía ser transitada por el hombre para encontrar a Dios, más bien Dios fue
el que la cubrió, caminó hacia abajo, descendió y en la persona de su Hijo eterno vino y
habitó entre nosotros, nos dijo que Dios nos amaba y que Él venía a darnos vida real. Sólo
debíamos creerle por la fe y aceptarlo para empezar a vivir la vida abundante y verdadera.
¿Lo has hecho tu mi amigo mi amiga? ¿Has recibido el mensaje del cielo y el regalo de
Dios que Cristo nos vino a traer hace ya más de 2000 años? Si sigues intentando escalar los
cielos para llegar a Dios a través de tus esfuerzos pierdes el tiempo y morirás en el intento.
Él ya vino a ti y a mí, está a tu lado, es una suave palabra que revela la mente de Dios.
Cierra ahora mismo tus ojos e intenta escuchar su suave susurro que te dice al oído: “ven a
mí, te amo”.
Entrégate a Él y entonces tu mente se abrirá a las cosas eternas porque las cosas espirituales
se han de discernir espiritualmente. ¡Que Dios te bendiga!