SERMON DEL DESCENDIMIENTO
"Informado por el centurión, Pilato,
concedió el cuerpo a José de Arimatea,
quien, comprando una sábana lo descolgó
de la cruz y lo envolvió en la misma". (Mc
15,45-46)
Cuando Jesús desciende de la cruz, se besa
el cielo con la tierra, la divinidad con la
humanidad, la muerte con la vida, la
alegría con la tristeza, la fe con la duda y la
desilusión con la esperanza.
Santos Varones, despojen de la cabeza
de Jesús la Corona de espinas y que las
espinas que punzan hoy la cabeza de
nuestra Patria se transformen en laureles
de vida y de progreso; no sigamos
coronando a Jesús con las coronas
confeccionadas por nosotros a fuerza de
angustia y de tristeza, no coronemos a
Jesús con espinas de muerte y de miseria y
si dejémonos coronar por él con la corona
de su amor y su alegría; no coronemos a
Jesús con coronas ensangrentadas
producto de la violencia que vive nuestro
pueblo, coronemos al Señor de la vida con
la corona de nuestros buenos sentimientos
y propósitos; hoy te quitamos Señor la
corona de espinas de tu cabeza, vuélvela
gloriosa y redentora.
Santos Varones, bajen el brazo
derecho de Jesús, el brazo del progreso,
el brazo de la bendición, el brazo de la
ternura, brazo de Jesús que levanta, brazo
de Jesús que redime, brazo que corrige,
brazo de poder, brazo de esperanza, brazo
que orienta, brazo que sana; que nuestro
brazo derecho sea hermanos y hermanas
signo de victoria en medio del conflicto.
que tu brazo papá y mamá sea para
bendecir a tus hijos, sea para estrecharlos
en su pecho, sea para corregirlos cuando
se equivoquen y sea para levantarlos
cuando caigan.
Santos Varones bajen el brazo
izquierdo de nuestro salvador, es el
brazo de la resurrección, es el brazo que
empuña la bandera de la vida sobre las
huestes de la muerte, es el brazo que
sostuvo al ciego, al paralítico y también a
la hemorroisa, ese brazo encaminó y alentó
a sus discípulos cuando en cierta población
fueron despreciados; que este brazo
izquierdo de Jesús sea nuestro propio brazo
hábil y capaz en la construcción y
edificación de nuestra vida,
construyámonos y erijámonos como
verdaderos hijos de Dios en la humildad y
en el servicio.
Santos Varones bajen los pies de
Jesús, pies sagrados que con sus dulces
huellas bendicen nuestra tierra; son los
pies que caminaron por las calles
polvorientas de la Galilea, son los pies que
dejan a su paso alegría y bendición, son los
pies descalzos de los pobres que anhelan
calzarse las sandalias de la oportunidad de
trabajo para su sustento; son los pies de los
militares mutilados por el fantasma de la
guerra y la barbarie; son los pies del
campesino que camina ahora acongojado
por su tierra y por sus campos esperando
encontrase con una mina anti persona; son
los pies del desplazado que después de
acariciar el roció de la mañana depositado
en los pastos frescos de la vida, ahora
acaricia con sus pies el frio asfalto de las
grandes urbes; son los pies del deportista
que si bien corre detrás de un premio,
debería correr también en pos de la
conquista de la corona de la gloria:
Jesucristo.
Santos varones bajen el cuerpo de
Jesús y pónganlo en el sepulcro, pero no
en el sepulcro de la muerte y del luto, sino
en el sepulcro hecho puente para
contemplar la vida, pónganlo en el sepulcro
sus no de la condena, sino de la salvación,
pónganlo en el sepulcro de la gloria, en el
sepulcro de sum nuestra humanidad que
con viva ilusión desea contemplar la luz del
resucitado, junto a los días de gozo
representados en la paz para nuestro
pueblo.
Hermanos y hermanas que esta escena
que tenemos ante nuestros ojos, el cuerpo
de Jesús en el sepulcro, nos lleve a pensar
que en muchas oportunidades nuestras
palabras como nuestros actos pueden
enviar a Jesús al sepulcro o por el contrario
a la resurrección gloriosa.
María Santísima, concédenos acompañar a
Jesús en su muerte y caminar con él hacia
la resurrección.
Meditación ante el Santo Sepulcro De las
meditaciones de San Juan Pablo II97
Muy pronto este sepulcro se convertirá en
el primer anuncio de alabanza y exaltación
del Hijo de Dios en la gloria del Padre. Fue
crucificado, muerto y sepultado (...) al
tercer día resucitó de entre los muertos".
Con la colocación del cuerpo sin vida de
Jesús en el sepulcro, a los pies del Gólgota,
la Iglesia inicia la vigilia del Sábado Santo.
María conserva en lo profundo de su
corazón y medita la pasión del Hijo; las
mujeres se citan para la mañana del día
siguiente del sábado, para ungir con
aromas el cuerpo de Cristo; los discípulos
se reúnen, ocultos en el Cenáculo, hasta
que no haya pasado el sábado.
Esta vigilia acabará con el encuentro en el
sepulcro, el sepulcro vacío del Salvador.
Entonces el sepulcro, testigo mudo de la
resurrección, hablará.
La losa levantada, el interior vacío, las
vendas por tierra, será lo que verá Juan,
llegado al sepulcro junto con Pedro: "Vio y
creyó" ( Juan 20, 8).Y, con él, creyó la
Iglesia, que desde aquel momento no se
cansa de transmitir al mundo esta verdad
fundamental de su fe: "Cristo ha resucitado
de entre los muertos, primicia de todos los
que han muerto" ( 1 Corintios 15, 20).
El sepulcro vacío es signo de la victoria
definitiva, de la verdad sobre la mentira,
del bien sobre el mal, de la misericordia
sobre el pecado, de la vida sobre la
muerte. El sepulcro vacío es signo de la
esperanza que "no defrauda" (Romanos 5,
5). "Nuestra esperanza está llena de
inmortalidad" (Sabiduría 3, 4).
97 Beato Juan Pablo II. Conclusión del Via
Crucis del Viernes Santo del Año Jubilar
2000.
ORACIÓN
Señor Jesucristo, que por el Padre,con la
potencia del Espíritu Santo,fuiste llevado
desde las tinieblas de la muertea la luz de
una nueva vida en la gloria,haz que el
signo del sepulcro vacíonos hable a
nosotros y a las generaciones futuras y se
convierta en fuente viva de fe,de caridad
generosa y de firmísima esperanza.A ti,
Jesús, presencia escondida y victoriosaen la
historia del mundohonor y gloria por los
siglosR./. Amén.
Sábado Santo.
SOLEDAD DE MARÍA.
“Junto a la cruz de Jesús estaban su
Madre, la hermana de su madre, María
de Cleofás, María la Magdalena. Jesús,
viendo a su Madre y al lado al
discípulo predilecto dice a su Madre:
—Mujer: Ahí tienes a tu hijo. Luego
dice al discípulo: — ahí tienes a tu
Madre. Y desde aquel momento el
discípulo la acogió como la suya
propia"
Juan. 19, 25-27.
María Junto a la cruz, más que un recuerdo
de uno de los evangelistas, es la presencia
solidaria y fiel de la Mujer, de todas, de
manera especial, de las discípulas del
Maestro, ennoblecida por el carácter
definitivo de la que es llamada con razón
La Madre. Es ella el consuelo y la fortaleza
en esta hora dramática que vive la
humanidad.
Ella es la madre del Verbo hecho carne 98,
ella el testimonio privilegiado del silencio
de la infancia y de la juventud del hijo, ella,
la que abre el ministerio del Salvador con
su presencia en Caná de Galilea, revelada
allí como la que nos instruye con su
testimonio de fe y nos sigue exhortando a
“hacer lo que él diga”99 para que se siga
realizando el Reino, la vida, la esperanza, la
presencia del Señor. Qué bien nos lo
enseñó el Papa Francisco100, hace ya unos
años:
“Contemplamos a María, mujer fuerte. De
ella queremos aprender a estar de pie al
lado de la cruz. Con su misma decisión y
valentía, sin evasiones ni espejismos. Ella
supo acompañar el dolor de su Hijo, tu Hijo,
Padre, sostenerlo en la mirada, cobijarlo
con el corazón. Dolor que sufrió, pero no la
resignó. Fue la mujer fuerte del “sí”, que
sostiene y acompaña, cobija y abraza.
Ella es la gran custodia de la esperanza.
Nosotros también, Padre, queremos ser
una Iglesia que sostiene y acompaña, que
sabe decir: ¡Aquí estoy! en la vida y en las
cruces de tantos cristos que caminan a
nuestro lado. En María aprendemos la
fortaleza para decir “sí” a quienes no se
han callado y no se callan ante una cultura
del maltrato y del abuso, del desprestigio y
la agresión y trabajan para brindar
oportunidades y condiciones de seguridad
y protección.
En María aprendemos a recibir y hospedar
a todos aquellos que han sufrido el
abandono, que han tenido que dejar o
perder su tierra, sus raíces, sus familias, su
trabajo. Padre, como María queremos ser
Iglesia, la Iglesia que propicie una cultura
que sepa acoger, proteger, promover e
integrar; que no estigmatice y menos
generalice en la más absurda e
irresponsable condena de identificar a todo
emigrante como portador del mal social.
De ella queremos aprender a estar de pie
al lado de la cruz, pero no con un corazón
blindado y cerrado, sino con un corazón
que sepa acompañar, que conozca de
ternura y devoción; que entienda de piedad
al tratar con reverencia, delicadeza y
comprensión. Queremos ser una Iglesia de
la memoria que respete y valorice a los
ancianos y reivindique el lugar que tienen
como custodios de nuestras raíces. Padre,
como María queremos aprender a estar.
Hoy en muchas partes se debería cantar
Stabat Mater”.
Acompañemos orando los dolores de María,
camino de paz. Leamos ahora este camino,
alternando la contemplación de los dolores
con el Poeta Epifanio Mejía en sus gozos a
la Candelaria.
1er Dolor:
La profecía de Simeón en la
presentación del Niño Jesús
Virgen María: por el dolor que sentiste
cuando Simeón te anunció que una espada
de dolor atravesaría tu alma, por los
sufrimientos de Jesús, y ya en cierto modo
te manifestó que tu participación en
nuestra redención sería a base de dolor; te
acompañamos en este dolor... Y, por los
méritos del mismo, haz que seamos dignos
hijos tuyos y sepamos imitar tus virtudes.
Dios te salve María, llena eres de gracia, El
Señor es contigo, bendita tu eres entre
todas las mujeres, y bendito es el fruto de
tu vientre, Jesús. Santa María Madre de
Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora
y en la hora de nuestra muerte, Amén.
2do Dolor:
La huida a Egipto con Jesús y José
Virgen María: por el dolor que sentiste
cuando tuviste que huir precipitadamente
tan lejos, pasando grandes penalidades,
sobre todo al ser tu Hijo tan pequeño; al
poco de nacer, ya era perseguido de
muerte el que precisamente había venido a
traernos vida eterna; te acompañamos en
este dolor . . . Y, por los méritos del mismo,
haz que sepamos huir siempre de las
tentaciones del demonio.
Dios te salve María, llena eres de gracia, El
Señor es contigo, bendita tu eres entre
todas las mujeres, y bendito es el fruto de
tu vientre, Jesús. Santa María Madre de
Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora
y en la hora de nuestra muerte, Amén.
3er Dolor:
La pérdida de Jesús
Virgen María: por las lágrimas que
derramaste y el dolor que sentiste al
perder a tu Hijo; tres días buscándolo
angustiada; pensarías qué le habría podido
ocurrir en una edad en que todavía
dependía de tu cuidado y de San José; te
acompañamos en este dolor . . . Y, por los
méritos del mismo, haz que los jóvenes no
se pierdan por malos caminos.
Dios te salve María, llena eres de gracia, El
Señor es contigo, bendita tu eres entre
todas las mujeres, y bendito es el fruto de
tu vientre, Jesús. Santa María Madre de
Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora
y en la hora de nuestra muerte, Amén.
4to Dolor:
El encuentro de Jesús con la cruz a
cuestas camino del calvario
Virgen María: por las lágrimas que
derramaste y el dolor que sentiste al ver a
tu Hijo cargado con la cruz, como cargado
con nuestras culpas, llevando el
instrumento de su propio suplicio de
muerte; Él, que era creador de la vida,
aceptó por nosotros sufrir este desprecio
tan grande de ser condenado a muerte y
precisamente muerte de cruz, después de
haber sido azotado como si fuera un
malhechor y, siendo verdadero Rey de
reyes, coronado de espinas; ni la mejor
corona del mundo hubiera sido suficiente
para honrarle y ceñírsela en su frente; en
cambio, le dieron lo peor del mundo
clavándole las espinas en la frente y,
aunque le ocasionarían un gran dolor físico,
aún mayor sería el dolor espiritual por ser
una burla y una humillación tan grande;
sufrió y se humilló hasta lo indecible, para
levantarnos a nosotros del pecado; te
acompañamos en este dolor . . . Y, por los
méritos del mismo, haz que seamos dignos
vasallos de tan gran Rey y sepamos ser
humildes como Él lo fue.
Dios te salve María, llena eres de gracia, El
Señor es contigo, bendita tu eres entre
todas las mujeres, y bendito es el fruto de
tu vientre, Jesús. Santa María Madre de
Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora
y en la hora de nuestra muerte, Amén.
5to Dolor:
La crucifixión y la agonía de Jesús
Virgen María: por las lágrimas que
derramaste y el dolor que sentiste al ver la
crueldad de clavar los clavos en las manos
y pies de tu amadísimo Hijo, y luego al
verle agonizando en la cruz; para darnos
vida a nosotros, llevó su pasión hasta la
muerte, y éste era el momento cumbre de
su pasión; Tú misma también te sentirías
morir de dolor en aquel momento; te
acompañamos en este dolor. Y, por los
méritos del mismo, no permitas que jamás
muramos por el pecado y haz que podamos
recibir los frutos de la redención.
Dios te salve María, llena eres de gracia, El
Señor es contigo, bendita tu eres entre
todas las mujeres, y bendito es el fruto de
tu vientre, Jesús. Santa María Madre de
Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora
y en la hora de nuestra muerte, Amén.
6to Dolor:
La lanzada y el recibir en brazos a
Jesús ya muerto
Virgen María: por las lágrimas que
derramaste y el dolor que sentiste al ver la
lanzada que dieron en el corazón de tu
Hijo; sentirías como si la hubieran dado en
tu propio corazón; el Corazón Divino,
símbolo del gran amor que Jesús tuvo ya no
solamente a Ti como Madre, sino también a
nosotros por quienes dio la vida; y Tú, que
habías tenido en tus brazos a tu Hijo
sonriente y lleno de bondad, ahora te lo
devolvían muerto, víctima de la maldad de
algunos hombres y también víctima de
nuestros pecados; te acompañamos en
este dolor... Y, por los méritos del mismo,
haz que sepamos amar a Jesús como El nos
amo.
Dios te salve María, llena eres de gracia, El
Señor es contigo, bendita tu eres entre
todas las mujeres, y bendito es el fruto de
tu vientre, Jesús. Santa María Madre de
Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora
y en la hora de nuestra muerte, Amén.
7mo Dolor:
El entierro de Jesús y la soledad de
María
Virgen María: por las lágrimas que
derramaste y el dolor que sentiste al
enterrar a tu Hijo; El, que era creador,
dueño y señor de todo el universo, era
enterrado en tierra; llevó su humillación
hasta el último momento; y aunque Tú
supieras que al tercer día resucitaría, el
trance de la muerte era real; te quitaron a
Jesús por la muerte más injusta que se
haya podido dar en todo el mundo en todos
los siglos; siendo la suprema inocencia y la
bondad infinita, fue torturado y muerto con
la muerte más ignominiosa; tan caro pagó
nuestro rescate por nuestros pecados; y
Tú, Madre nuestra adoptiva le
acompañaste en todos sus sufrimientos: y
ahora te quedaste sola, llena de aflicción;
te acompañamos en este dolor . . . Y, por
los méritos del mismo, concédenos a cada
uno de nosotros la gracia particular que te
pedimos…
Dios te salve María, llena eres de gracia, El
Señor es contigo, bendita tu eres entre
todas las mujeres, y bendito es el fruto de
tu vientre, Jesús. Santa María Madre de
Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora
y en la hora de nuestra muerte, Amén.
▪ Primer dolor.Paz que brota en el alma de
María cuando, en la circuncisión de Cristo
preludia sus dolores101.
Epifanio Mejía102 canta:
Abre, derramando aromas, Gabriel
Arcángel las alas, Y a su saludo contestas,
hágase en mi su palabra, Blanco vaso de
perfumes, Urna de Dios solitaria, Ruega al
Señor por nosotros, Virgen de la
Candelaria.
7 veces Dios te salve María, Gloria.
▪ Segundo Dolor:o Paz que la inunda
cuando, subiendo la escalinata del
templo, escucha la voz recibe la
profecía de Simeón103.
Diste al presentar tu hijo, de Dios en la
Santa
Casa, un bello par de Palomas y cinco
ciclos de plata, Simeón te hizo,
entonces, su predicción funeraria.
Ruega por todos nosotros, Virgen de la
Candelaria. 7 veces Dios te salve María,
Gloria.
▪ Tercer Dolor: o Paz en la huida a
Egipto104,
para que el caminar hacia el destierro se
convierta en voz de esperanza para los
que hoy, de tantos modos lo padecen y
lo sufren con crueldad.
Sin techo en que refugiarte, en el portal
entre pajas Diste a luz tu rubio niño
quedando pura y sin mancha, Sin techo
cuando de todos eres casa hospitalaria,
ruega por todos nosotros Virgen de la
Candelaria.
7 veces Dios te salve María, Gloria.
▪ Cuarto Dolor. Paz en el encuentro en la
calle de la Amargura105,
de modo que por los dolores de Cristo se
llene de alegría el mundo y se entienda que
la vida se hace esperanza para cuantos
sufren con El que viene a traer la
reconciliación al mundo.
La Calle de la Amargura Al fin te dio, Virgen
Santa, Negra copa de dolores Llena de
esencias amargas Tú por salvarnos a todos
La apuraste voluntaria. Ruega por todos
nosotros, Virgen de la Candelaria.
7 veces Dios te salve María, Gloria.
▪ Quinto Dolor.Paz en el Calvario106,
mientras agoniza el Hijo y mientras
comienza a reinar el Salvador.
Cuando en el triste Calvario Viste la cruz
levantada Y en ella vertiendo sangre Al
Hijo de tus entrañas Por sus verdugos al
cielo Alzaste humilde plegaria Ruega
por todos nosotros, Virgen de la
Candelaria 7 veces Dios te salve María,
Gloria.
▪ Sexto Dolor. Paz en el
descendimiento107,
cuando la escena de Belén se transforma
en recuerdo y el mismo regazo virginal
en el que se recostó el Emanuel se hace
trono para el Rey. Tú María, Virgen
pura, Templo de todas las gracias,
Refugio de pecadores, Tú concebida sin
mancha, De nuestra noche de penas, se
la estrella solitaria. Ruega por todos
nosotros, Virgen de la Candelaria 7
veces Dios te salve María, Gloria.
• Séptimo Dolor. Paz en el corazón de la
Madre que contempla como el Cuerpo de
su Hijo Muerto aguarda la nobleza de
Nicodemo para que le envuelva en lienzos
de misericordia y la generosidad de José de
Arimetea que lo reciba en su mausoleo
Creciste como la rosa que nace entre
verdes ramas, Triste y oculta violeta de la
judaica montañaTú del jardín de los cielos
escondida trinitaria Ruega por todos
nosotros, Virgen de la Candelaria.
7 veces Dios te salve María, Gloria.
A la Reina de los Dolores, nuestra devota
alabanza, y a su Hijo, el Glorioso Maestro
de la verdad, de la vida, de la paz, sea la
gloria por toda la eternidad. Amén.