SEMINARIO DE POESIA- DIPLOMADO- UNTREF
CLASE 2
El NO SE y EL FAISAN
MATERIAL DEL LECTURA
1- El “no sé”. De lo que se resiste a ser nombrado a la posibilidad de un lenguaje poético
y la voz propia.
Leemos a:
WISLAWA SYMBORSKA- (Selección)
MARIA NEGRONI- “Archivo Dickinson” (Selección)
BLANCA VARELA- (Selección)
2- “La poesía es un faisán que desaparece entre la maleza”
Leemos a:
WALLACE STEVENS- (Selección)
WISLAWA SYMBORSKA
El discurso de Wislawa Symborska al recibir el Premio Nobel en el año 1996 .
Link al discurso completo:
https://www.ersilias.com/discurso-de-wislawa-szymborska-al-recoger-el-premio-nobel-de-liter
atura-de-1996/#:~:text=Discurso%20de%20Wislawa%20Szymborska%20al,que%20debo%20ha
blar%20sobre%20poes%C3%ADa.%20A%20ambas%20poetas%20las%20leeremos%20en%20la
%20segunda%20Clase.
La mujer de Lot (del libro “El gran número”)
Tal vez miré hacia atrás por curiosidad.
Pero además de curiosidad pude tener otras razones.
Miré hacia atrás porque me dio tristeza la escudilla de plata.
Por distracción: amarrándome el cordón de la sandalia.
Para no mirar más la nuca justa
de mi marido, Lot.
Por la seguridad repentina de que si yo muriera,
él no se detendría
Por la desobediencia natural de los humildes.
Escuchando cómo nos perseguían.
Conmovida por el silencio, pensando que Dios cambiaría de idea.
Nuestras dos hijas se perdían ya tras la colina.
Sentí la vejez en mí. El alejamiento.
Lo inútil de viajar. Sueño.
Miré hacia atrás mientras ponía mi hatillo en el suelo.
Miré hacia atrás preocupada por el siguiente paso.
En mi camino aparecieron serpientes,
arañas, ratones de campo y polluelos de buitre.
Ni buenos, ni malos; simplemente lo vivo, todo,
brincaba y se arrastraba por un temor colectivo.
Miré hacia atrás por soledad.
Por la vergüenza de huir a escondidas.
Por las ganas de gritar, de regresar.
O porque justo entonces se soltó el viento,
desató mi pelo y me levantó el vestido.
Sentí que me veían desde los muros de Sodoma
y se morían de risa, una y otra vez.
Miré hacia atrás llena de rabia.
Para gozar plenamente su ruina.
Miré hacia atrás por todas las razones mencionadas.
Miré hacia atrás sin querer.
Fue sólo que una roca giró gruñendo bajo mis pies.
Que una grieta de pronto me cortó el paso.
En la orilla un hámster agitaba las patas delanteras.
Y entonces ambos miramos hacia atrás.
No, no. Yo seguí corriendo, arrastrándome y trepando
hasta que la oscuridad cayó del cielo,
y con ella grava ardiendo y aves muertas.
Por falta de aliento varias veces perdí el equilibrio.
Si alguien me hubiera visto, pensaría que bailaba.
Es posible que haya tenido los ojos abiertos.
Que haya caído mirando hacia la ciudad.
Gente en el puente (del libro “Gente en el puente”)
Extraño este planeta y extraña en él la gente.
Acatan el tiempo, pero no lo reconocen.
Tienen maneras de expresar su desacuerdo.
Producen, por ejemplo, escenas como ésta:
Nada especial en un primer momento.
Se ve agua.
Se ve una orilla del agua.
Se ve contra corriente avanzar una barca.
Se ve un puente sobre el agua y se ve en él a la gente.
Se ve muy bien cómo la gente apura el paso,
pues, en ese instante, desde una nube negra
comienza a azotar la lluvia.
La cosa es que después no pasa nada.
La nube no cambia ni de color ni de forma.
La lluvia ni es más intensa ni cede.
La barca navega sin moverse.
La gente en el puente corre
exactamente ahí donde corría.
Difícil no hacer un comentario:
Esta no es para nada una imagen inocente.
Aquí fue detenido el tiempo.
Dejaron de considerarse sus leyes.
Se le privó de influencia en la evolución de los hechos.
Fui desdeñado y ofendido.
Por culpa de un rebelde,
un tal Hiroshige Utagawa
(ser que, por lo demás,
hace mucho y como corresponde ha transcurrido),
el tiempo tropezó y cayó de bruces.
Tal vez se trate de una broma sin mayor significado,
una travesura a escala de apenas un par de galaxias,
por si acaso, sin embargo,
agreguemos lo que sigue:
Es aquí de buen tono
apreciar mucho esta escena,
maravillarse con ella y conmoverse por generaciones
Hay algunos a quienes ni siquiera esto les basta.
Oyen incluso el rumor de la lluvia,
sienten el frío de las gotas en la nuca y en la espalda,
miran el puente y a la gente
como si se vieran a sí mismos
en esa misma carrera interminable,
en ese camino sin fin por recorrer eternamente,
y creen, en su osadía,
que así es en realidad.
Paisaje con grano de arena (De “Gente en el puente”, 1986. Version Abel Murcia)
Lo llamamos grano de arena.
Pero él no se llama a sí mismo ni grano ni arena.
Prescinde de nombre
común, individual,
fugaz, duradero,
erróneo o adecuado.
Indiferente a nuestra mirada, al tacto.
No se siente ni visto ni tocado.
Y si cae en el alféizar de la ventana
la vivencia es nuestra, no suya.
A él tanto le da donde caer
sin la certeza de estar cayendo
o de haber caído ya.
Desde la ventana hay una bella vista sobre el lago,
pero esta vista no es capaz de verse a sí misma.
Incolora, informe,
inaudible, inodora
e indolora vive en este mundo.
El fondo del lago nunca toca el fondo,
sus orillas no tienen orillas.
Sus aguas no se mojan ni tampoco se secan.
Las olas no se sienten singulares ni plurales.
Susurran sordas a su susurro
entre piedras ni pequeñas ni grandes.
Y todo sucede bajo un cielo de por sí inceleste,
donde el sol se pone sin ponerse nunca
y sin ocultarse se oculta tras una nube inconsciente,
que el viento alborota por el mero impulso
de soplar.
Transcurre un segundo.
Otro segundo.
Un tercer segundo.
Pero son sólo nuestros tres segundos.
El tiempo ha volado cual mensajero con una noticia urgente.
Pero sólo es un símil por nosotros elaborado.
Personaje inventado, atribuida la prisa,
inhumana la noticia.
Cierta gente ( Poemas nuevos Traducción de David Carrión Sánchez)
Cierta gente huyendo de otra gente.
En cierto país bajo el sol
y bajo ciertas nubes.
Dejando atrás sus todos respectivos,
campos sembrados, ciertas gallinas, perros,
espejos en los que ahora sólo el fuego se contempla.
Llevan a la espalda hatillos y cántaros
día tras día más pesados, cuanto más vacíos.
El agotamiento de alguien tiene lugar en silencio,
el arrancamiento a alguien de su pan en el tumulto
y el acunamiento del niño muerto de alguien.
Ante ellos un incesante "por aquí no",
no es ése el puente que necesitan
sobre un río extrañamente rosado.
Alrededor unos disparos, a veces más cerca, a veces más lejos,
en lo alto un avión que parece dar vueltas.
Vendría bien alguna invisibilidad,
alguna oscura pedregosidad,
y aún mejor un no-haber-sido
por un tiempo breve o incluso largo.
Alto todavía ocurrirá, pero dónde y qué.
Alguien saldrá a su encuentro, pero cuándo, quién,
desempeñando qué papel y con qué intenciones.
Si tiene elección,
quizás no quiera ser un enemigo
y los deje con cierta vida por delante.
FOTOGRAFÍA DEL 11 DE SEPTIEMBRE
Saltaron hacia abajo desde los pisos en llamas:
uno, dos, todavía unos cuantos
más arriba, más abajo.
La fotografía los mantuvo con vida,
y ahora los conserva
sobre la tierra, hacia la tierra.
Todos siguen siendo un todo
con un rostro individual
y con la sangre escondida.
Hay suficiente tiempo
para que revolotee el cabello
y de los bolsillos caigan
llaves, algunas monedas.
Siguen ahí al alcance del aire,
en el marco de espacios
que justo se acaban de abrir.
Solo dos cosas puedo hacer por ellos:
describir ese vuelo
y no decir la última palabra.
BAILE (Versión de Gerardo Beltrán)
Mientras no se sepa aún algo seguro,
pues no nos llegan todavía señales,
mientras la Tierra siga siendo diferente
a los planetas hasta ahora cercanos y lejanos,
mientras no se diga ni se escuche nada
sobre otras hierbas honradas por el viento,
sobre otros árboles ceñidos por coronas,
sobre otros animales comprobados como aquí,
mientras no haya un eco, además del nativo,
que sea capaz de entrecortar palabras,
mientras no haya noticia
de peores o mejores mozarts,
edisons, platones,
mientras nuestros crímenes
puedan rivalizar sólo entre sí,
mientras nuestra bondad
siga sin parecerse a nada
y siendo excepcional hasta en su imperfección,
mientras nuestras cabezas llenas de ilusiones
se consideren las únicas cabezas llenas de ilusiones,
mientras sólo desde la bóveda de nuestras bocas
pueda ponerse un grito en el cielo,
sintámonos huéspedes de este refugio,
distinguidos y extraordinarios,
bailemos al son de la banda local
y hagamos como si éste fuera
el baile de los bailes.
No sé si para otros,
para mí esto es del todo suficiente
para ser feliz e infeliz:
un rincón modesto,
en el que las estrellas den las buenas noches
y hacia el que parpadeen
sin mayor significado.
Fin y principio (De "Fin y principio" 1993- Versión de Abel A. Murcia)
Después de cada guerra
alguien tiene que limpiar.
No se van a ordenar solas las cosas,
digo yo.
Alguien debe echar los escombros
a la cuneta
para que puedan pasar
los carros llenos de cadáveres.
Alguien debe meterse
entre el barro, las cenizas,
los muelles de los sofás,
las astillas de cristal
y los trapos sangrientos.
Alguien tiene que arrastrar una viga
para apuntalar un muro,
alguien poner un vidrio en la ventana
y la puerta en sus goznes.
Eso de fotogénico tiene poco
y requiere años.
Todas las cámaras se han ido ya
a otra guerra.
A reconstruir puentes
y estaciones de nuevo.
Las mangas quedarán hechas jirones
de tanto arremangarse.
Alguien con la escoba en las manos
recordará todavía cómo fue.
Alguien escuchará
asintiendo con la cabeza en su sitio.
Pero a su alrededor
empezará a haber algunos
a quienes les aburra.
Todavía habrá quien a veces
encuentre entre hierbajos
argumentos mordidos por la herrumbre,
y los lleve al montón de la basura.
Aquellos que sabían
de qué iba aquí la cosa
tendrán que dejar su lugar
a los que saben poco.
Y menos que poco.
E incluso prácticamente nada.
En la hierba que cubra
causas y consecuencias
seguro que habrá alguien tumbado,
con una espiga entre los dientes,
mirando las nubes.
Traducción de Abel A. Murcia
NUBES
Con la descripción de las nubes
debería darme mucha prisa,
en una milésima de segundo
dejan de ser ésas y empiezan a ser otras.
Es propio de ellas
no repetirse nunca
en formas, matices, posturas y orden.
Sin la carga de ningún recuerdo
se elevan sin problemas sobre los hechos.
¡De qué van a ser testigos!,
en un segundo se disipan en todas direcciones.
En comparación con las nubes
la vida parece tener los pies sobre la tierra,
se diría que es inmutable y prácticamente eterna.
Frente a las nubes
hasta una piedra parece un hermano
en el que se puede confiar
y las nubes, nada, primas lejanas y frívolas.
Que exista la gente si quiere,
y después que se muera uno tras otro,
poco les importan a las nubes
esas cosas
tan curiosas.
Sobre toda Tu vida
y también la mía, aún incompleta,
desfilan pomposas igual que desfilaban.
No tienen la obligación de morir con nosotros.
No necesitan ser vistas para poder pasar.
Trad. Abel A. Murcia Serrano
MARIA NEGRONI
“Seis fragmentos a favor de lo indócil”: discurso de María Negroni en Filba
2022
https2//www.eternacadencia.com.ar/blog/filba/item/seis-fragmentos-a-favor-de-lo-in
docil-el-discurso-de-maria-negroni-en-filba.html
Selección del libro “Archivo Dickinson” (ed. La Bestia Equilátera)
Extravagancia
Toda la vida quise que el yo estuviera ausente, que las
abejas –ciegas— dieran ser al ser. Por ese anhelo, pasa
un panal de silencio, y un coraje nace, para el que no
existe forma pronominal.
Me gusta soñar otros mundos, escribir – con los
labios— la abstracción del deseo.
Cuerpo abajo, la irrealidad liba —frenética.
Si sigo así, me quedaré del todo huérfana.
Sueño
La mujer avanzaba por un jardín de escarchas. La blan-
cura le pareció un engaño, algo así como un tedio irre-
suelto. Esperó a que un zorro la acostara en la vida.
“El problema,” pensó, “es que retornaré como ceniza.
A esto le llamamos: perfección imperfecta, durar,
exiliarse en la carne de la propia astucia, sin renun-
ciar jamás a las neuralgias –ningún día en un año.”
La mujer sucumbió sin dejar rastros o el jardín se esfu-
mó con las fauces abiertas.
Biografía
Me llamo Emily. Nací en Nueva Inglaterra, un 10 de
diciembre muy blanco y altivo, y otra vez blanco. Mi
padre nos leía la Biblia con ojos de Pentateuco, afirmando
que ese libro, que es el Libro de los Libros, contiene
cuanto existe de inhallable en lo real. Tuve que buscar
cómo engendrarme de algún modo, recurrir al silencio
que es nido muy vacío, muy en paz. Así inventé los bosques,
el desquiciado mundo, la antigüedad del agua. Esa
fue mi forma de partir. Aún no he regresado.
Aéreo
Un brío espiritual, un boceto de idea, casi nada. De esa
luna parto. De ese lustre –líquida linterna— como
chispazo entre dos nadas. Y después me alejo, astuta, en
ánimo, de la casa terrestre, y amo sagradamente: con-
fundo el bosque del cuerpo con el cuerpo del bosque,
hecho de mañanas de gran sonido que anochecen lejos.
Algo así, muy preciso. Como un terror que viene, que
se llena de figura humana y repta por el polvo.
Nacimiento
Un templo es un país inconsolable.
Alli el alma respinga y la muerte atraviesa las puertas del
Mundo, llevando o trayendo el cero del lenguaje.
Decepciones
Lo que se desactiva nunca más volverá a ser. Ninguna
lucidez alcanzaría. Como una luz no puede combatir su
propia oscuridad, ni con paciencia o nada. Hay por nin-
gún lado adónde ir, ningún alfabeto que sirva. Alondra
amotinada, la escritura desoye conveniencias y se cose
-sin algo que la inspire- a lo incurable. Yo no sé. Me
parece que no quiero entender.
Islas
Una muchacha insiste en llenar un lugar que nunca
va a estar lleno. Cada vez más propensa al polvo de las
frases, piensa: “La sombra que se esconde en la verdad
está torcida”. En algún sitio del tiempo, batiéndose muy
junta, la Ocasión -como dama pequeñísima-exhuma
huesos. El arte es una suma de errores ejemplares.
BLANCA VARELA
A lo mejor eres tú mismo el tren que pita y se mete bajo...
A lo mejor eres tú mismo el tren que pita y se mete bajo
tierra rumbo al infierno o la estrella de chatarra que te
lleva frente a otro muro lleno de espejos y de gestos,
endiablados gestos sin dueño y tú tras ellos, solo, feliz
propietario de una boca escarlata que muge.
Pega el oído a la tierra que insiste en levantarse y respirar.
Acaríciala como si fuera carne, piel humana capaz de
conmoverte, capaz de rechazarte.
Acepta la espera que no siempre hay lugar en el caos.
Acepta la puerta cerrada, el muro cada vez más alto, el
saltito, la imagen que te saca la lengua.
No te trepes sobre los hombros de los fantasmas que es
ridículo caerse de trasero with music in your soul.
Casa de cuervos (del libro “Ejercicios materiales”)
porque te alimenté con esta realidad
mal cocida
por tantas y tan pobres flores del mal
por este absurdo vuelo a ras del pantano
ego te absuelvo de mí
laberinto hijo mío
no es tuya la culpa
ni mía
pobre pequeño mío
del que hice este impecable retrato
forzando la oscuridad del día
párpados de miel
y la mejilla constelada
cerrada a cualquier roce
y la hermosísima distancia
de tu cuerpo
tu náusea es mía
la heredaste como heredan los peces
la asfixia
y el color de tus ojos
es también el color de mi ceguera
bajo el que sombras tejen
sombras y tentaciones
y es mía también la huella
de tu talón estrecho
de arcángel
apenas posado en la entreabierta ventana
y nuestra
para siempre
la música extranjera
de los cielos batientes
ahora leoncillo
encarnación de mi amor
juegas con mis huesos
y te ocultas entre tu belleza
ciego sordo irredento
casi saciado y libre
con tu sangre que ya no deja lugar
para nada ni nadie
aquí me tienes como siempre
dispuesta a la sorpresa
de tus pasos
a todas las primaveras que inventas
y destruyes
a tenderme -nada infinita-
sobre el mundo
hierba ceniza peste fuego
a lo que quieras por una mirada tuya
que ilumine mis restos
porque así es este amor
que nada comprende
y nada puede
bebes el filtro y te duermes
en ese abismo lleno de ti
música que no ves
colores dichos
largamente explicados al silencio
mezclados como se mezclan los sueños
hasta ese torpe gris
que es despertar
en la gran palma de dios
calva vacía sin extremos
y allí te encuentras
sola y perdida en tu alma
sin más obstáculo que tu cuerpo
sin más puerta que tu cuerpo
así este amor
uno solo y el mismo
con tantos nombres
que a ninguno responde
y tú mirándome
como si no me conocieras
marchándote
como se va la luz del mundo
sin promesas
y otra vez este prado
este prado de negro fuego abandonado
otra vez esta casa vacía
que es mi cuerpo
a donde no has de volver
Auvers-sur-oise
Nadie te va a abrir la puerta. Sigue golpeando.
Insiste.
Al otro lado se oye música. No. Es la campanilla del
teléfono.
Te equivocas.
Es un ruido de máquinas, un jadeo eléctrico, chirridos,
latigazos.
No. Es música.
No. Alguien llora muy despacio.
No. Es un alarido agudo, una enorme, altísima lengua que
lame el cielo pálido y vacío.
No. Es un incendio.
Todas las riquezas, todas las miserias, todos los hombres,
todas las cosas desaparecen en esa melodía ardiente.
Tú estás solo, al otro lado.
No te quieren dejar entrar.
Busca, rebusca, trepa, chilla. Es inútil.
Sé el gusanito transparente, enroscado, insignificante.
Con tus ojillos mortales dale la vuelta a la manzana, mide
con tu vientre turbio y caliente su inexpugnable
redondez.
Tú, gusanito, gusaboca, gusaoído, dueño de la muerte y
de la vida.
No puedes entrar.
Dicen.
Canto villano
y de pronto la vida
en mi plato de pobre
un magro trozo de celeste cerdo
aquí en mi plato
observarme
observarte
o matar una mosca sin malicia
aniquilar la luz
o hacerla
hacerla
como quien abre los ojos y elige
un cielo rebosante
en el plato vacío
rubens cebollas lágrimas
más rubens más cebollas
más lágrimas
tantas historias
negros indigeribles milagros
y la estrella de oriente
emparedada
y el hueso del amor
tan roído y tan duro
brillando en otro plato
este hambre propio
existe
es la gana del alma
que es el cuerpo
es la rosa de grasa
que envejece
en su cielo de carne
mea culpa ojo turbio
mea culpa negro bocado
mea culpa divina náusea
no hay otro aquí
en este plato vacío
sino yo
devorando mis ojos
y los tuyos
Curriculum vitae
digamos que ganaste la carrera
y que el premio
era otra carrera
que no bebiste el vino de la victoria
sino tu propia sal
que jamás escuchaste vítores
sino ladridos de perros
y que tu sombra
tu propia sombra
fue tu única
y desleal competidora.
Historia
puedes contarme cualquier cosa
creer no es importante
lo que importa es que al aire mueva tus labios
o que tus labios muevan el aire
que fabules tu historia tu cuerpo
a toda hora sin tregua
como una llama que a nada se parece
sino a una llama
A media voz
la lentitud es belleza
copio estas líneas ajenas
respiro
acepto la luz
bajo el aire ralo de noviembre
bajo la hierba
sin color
bajo el cielo cascado
y gris
acepto el duelo y la fiesta
no he llegado
no llegaré jamás
en el centro de todo
esta el poema intacto
sol ineludible
noche sin volver la cabeza
merodeo su luz
su sombra animal
de palabras
husmeo su esplendor
su huella
sus restos
todo para decir
que alguna vez
estuve atenta
desarmada
sola casi
en la muerte
casi en el fuego
WALLACE STEVENS
Anécdota de hombres por millares (Traducción de Daniel Chirom)
El alma, dijo, está compuesta
del mundo exterior.
Hay hombres del Este, dijo,
que son del Este.
Hay hombres de una provincia
que son esa provincia.
Hay hombres de un valle
que son ese valle.
Hay hombres cuyas palabras
son como los sonidos naturales
de sus lugares,
como la cháchara de los tucanes
en el lugar de los tucanes.
La mandolina es el instrumento
de un lugar.
¿Hay mandolinas en las montañas occidentales?
¿Hay mandolinas en el claro de luna
septentrional?
El vestido de una mujer de Lhassa,
en su lugar,
es un invisible elemento de ese lugar
hecho visible.
Metáforas de un magnífico
Veinte hombres que cruzan un puente,
Y entran a un pueblo,
Son veinte hombres que cruzan veinte puentes,
Y entran en veinte pueblos,
O un hombre
que cruza un solo puente y entra a un pueblo.
Ésta es una vieja
canción que no se deja conocer...
Veinte hombres que cruzan un puente,
Y entran en un pueblo.
Son
Veinte hombres que cruzan un puente
Y entran en un pueblo
No se deja conocer,
Sin embargo tiene sentido...
Las botas de los hombres chocan
Con los bordes del puente.
El primer muro blanco del pueblo
Surge entre árboles frutales
¿En qué estaba pensando?
El significado se me escapa.
El primer muro blanco del pueblo...
Los árboles frutales...
Seis pasajeros expresivos
En China
Un anciano se sienta
A la sombra de un pino.
Ve un delfinio,
Azul y blanco,
Al borde de la sombra,
Moviéndose con el viento.
Su barba se mueve con el viento.
El pino oscila con el viento.
Así corre el agua
Sobre las yerbas.
II
La noche tiene el color
Del brazo de una mujer:
Noche, la mujer,
Oscura,
Fragante y dócil
Se oculta a sí misma.
Un estanque brilla,
Como un brazalete
Agitado en un baile.
III
Me mido
Contra un alto árbol.
Y me doy cuenta que soy muy alto,
Pues alcanzo directamente el sol
Con mi ojo;
Y alcanzo la orilla del mar
Con mi oreja.
Sin embargo, me disgusta
La forma como las hormigas
Se arrastran dentro y fuera de mi sombra.
IV
Cuando mi sueño estaba próximo a la luna,
Los blancos pliegues de su túnica
Se llenaron de luz amarilla.
Las plantas de sus pies
Enrojecieron.
Su pelo se cubrió
Con ciertas cristalizaciones azules
De estrellas
No lejanas.
No todos los cuchillos de los arbotantes,
Ni los cinceles de las largas calles,
Ni los martillos de los domos
Y las altas torres,
Pueden esculpir
Lo que una estrella puede esculpir,
Brillando a través de las hojas de la vid.
VI
Los racionalistas, que usan sombreros cuadrados,
Piensan, en cuartos cuadrados,
Mirando hacia el suelo,
Mirando hacia el techo.
Se restringen a sí mismos
A triángulos rectángulos.
Si intentaran los romboides,
Conos, líneas onduladas, elipses–
Como, por ejemplo, la elipse de la media
luna–
Los racionalistas usarían sombreros.
De la superficie de las cosas
En mi cuarto, el mundo está más allá de mi
entendimiento;
Pero cuando camino veo que consiste en tres o cuatro
colinas y una nube.
II
Desde mi balcón, examino el aire amarillo,
Leyendo donde he escrito:
"La primavera es como una bella desvistiéndose."
III
El árbol dorado es azul.
El cantante ha jalado su capa sobre su cabeza.
La luna está en los pliegues de la capa.
Trece formas de mirar un mirlo
Entre veinte montañas nevadas
Sólo se movía
El ojo de un mirlo.
II
Tenía tres deseos
Como un árbol
En el que hay tres mirlos.
III
El mirlo que hacía cabriolas en el viento de otoño
Era una pequeña parte de la pantomima.
IV
Un hombre y una mujer
Son uno.
Un hombre y una mujer y un mirlo
Son uno.
V
No sé qué preferir,
La belleza de las inflexiones
O la belleza de las insinuaciones,
El trino del mirlo
O después.
VI
Los carámbanos llenaron la larga ventana
Con vidrio bárbaro.
La sombra del mirlo
Lo cruzó, de un lado a otro.
El humor
Trazó en la sombra
Una causa indescifrable.
VII
Oh, magros hombres de Haddam,
¿Por qué imaginan pájaros de oro?
¿No ven acaso cómo el mirlo
Sigue los pasos
De las mujeres que los rodean?
VIII
Yo sé nobles acentos
Y lúcidos ritmos, inescapables;
Pero también, sé,
Que el mirlo forma parte
De lo que yo sé.
IX
Cuando el mirlo se perdió de vista
Señaló el límite de uno de muchos círculos.
A la vista de mirlos
Volando en la luz verde,
Aun el parloteo de la eufonía
Gritaría agudamente.
XI
En una calesa de cristal
Recorrió Connecticut.
Una vez, lo traspasó un temor
Cuando confundió
Con los mirlos
La sombra de su equipaje.
XII
Se mueve el río.
Debe estar volando el mirlo.
XIII
Fue de noche toda la tarde.
Estaba nevando
E iba a nevar.
El mirlo se posó
En la rama del cedro.