CUESTIONAMIENTOS CONTRACTUALES DEL ABORTO FRENTE LOS
PRINCIPIOS MORALES DE LA BIOÉTICA
Introducción
El aborto siempre ha sido y será un tema controversial, ya que las opiniones alrededor de
este cuestionamiento se encuentran divididas, porque las personas que defienden este
procedimiento se basan teóricamente en el principio de la autonomía personal, pero todo ello
depende de la interpretación de este planteamiento. Siurana (2010) lo sitúa directamente como el
reconocimiento a los puntos de vista individuales, para tomar decisiones y ejecutar acciones
apoyadas en valores y reconocimientos personales; al asegurarse la agudeza y atrevimiento
particular del personal médico a potenciar la disposición del paciente sobre el propio ser.
El inconveniente radica directamente en la conmoción inoportuna del nuevo individuo
que viene en camino, y que está sujeto a un sinfín de arbitrariedades tras poner en discusión la
autonomía del feto sobre las prominencias selectivas de la madre mediante la consideración de
diversos escenarios atribuidos, en caso de tener un hijo no deseado; dependiendo claro de los
antecedentes que generaron este inconveniente personal.
Con respecto a este cuestionamiento la filósofa Jarvis citada en el estudio de Sebastiani
(2018) considera que la mujer es quien debería tomar la decisión si se encuentra o no preparada
para tener un hijo en una etapa determinada de su vida, tras argumentar que un feto no tiene
derecho a apoderarse de un cuerpo. Pues, así como la sociedad y la justicia no obliga donar un
órgano para salvar una vida, tampoco hay que obligar a una mujer tener a su hijo cuando no lo
desea. Por tanto, el principio bioético de la justicia delimita una existencia equitativa, porque si
no se castiga a una persona por no ayudar a otro individuo con la donación de órganos, no se
debería castigar a una mujer por tomar la decisión de no seguir con su embarazo; lo que lleva a
concernir directamente a una decisión autónoma que no debe depender de la moral de los demás.
(UNESCO, 2018)
Tesis
La moralidad juega un papel importante al momento de tomar una posición frente al
aborto, ya que algunos lo consideran un procedimiento incorrecto que va en contravía de lo que
antepone el derecho a la vida establecido en la Declaración Universal de los derechos humanos
(1948) al mencionar que: “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad
de la persona” (art. 3). Pero quienes están en contra de este principio universal no consideran al
feto como una persona porque están a favor de la interrupción del embarazo antes del primer
trimestre, ya que en este plazo según ellos aún no se adquiere los derechos como ser humano
alegados por los Pro-vida. (Zúñiga, 2011)
Con respeto a esta posición Lariguet (2010) considera posible velar por la vida del feto, y
la decisión autónoma que tiene la mujer frente al embarazo, tras resaltar que desde la perspectiva
ontológica no se adquiere los derechos como persona hasta después de la duodécima semana, por
lo cual no se le está violando un derecho ni cometiendo un crimen. Esto significa que
moralmente el aborto sería permitido, si se hace en el transcurso de este periodo de tiempo; y de
esta manera se estaría respetando la autonomía de la madre al decidir sobre el futuro de su
embarazo. Por otra parte, la teoría de la No-maleficencia, trata básicamente no dañar y en este
caso al realizar el procedimiento antes de los tres meses de gestación, no se está dañando al feto
porque no se le está causando dolor, ya que el mismo no puede sentir dolor durante esta fase
inicial de desarrollo orgánico establecido por el proceso natural de la procreación de vida y a su
vez no se está privando a la mujer de la libertad autónoma de decidir sobre el destino secuencial
de su cuerpo con respecto al estado de embarazo, lo que llevaría por voluntad propia evaluar
todo aquello que considere correcto para ella o su integridad personal. (León, 2010)
Exponiendo así a la beneficencia de ambas partes, porque si está el caso en que la
interrupción del embarazo sea porque la madre fue abusada y no quiere tener un hijo producto de
una violación, es inaudito que sea obligada por la ley o la sociedad a continuar el proceso de
gestación de un hijo no deseado por voluntad propia, y eso porque un acto tan violento de esta
categoría afectaría permanentemente la salud mental de la mujer y a su vez la crianza del infante
si se analiza desde la amplitud de la secuela emocional (Silva, s,f). Sería distinto que el
procedimiento se aplicara después del tercer trimestre y por otra situación diferente a esta, como
atentar contra el derecho a la vida de esa personita, tras tener desarrollado la mayor parte de su
organismo vital.
No obstante, la retórica del aborto en el contexto actual, es un argumento que debe de
estar valorándose constantemente, y eso es por la simple razón del escenario contractual a la que
puede estar expuesta tanto la madre como el futuro bebe en camino, al presentarse un amplio
margen de contrariedades desfavorables para la vida y desarrollo personal de los involucrados;
pues como se ha visto en diferentes contextos de la sociedad agentes externos están interviniendo
sutil y directamente en la persección de los afectados por cuestionamientos inoportunos al caso,
al plantear idilios morales que pueden alterarse directamente en la mentalidad del individuo, solo
para alcanzar el beneficio personal en vez del bienestar colectivo. (Cálix, 2010)
Bajo esta perspectiva se puede alegar que el debate sobre el aborto desde la
representación categórica de la bioética, se halla estancada en una confrontación moral y jurídica
al adjudicar el supuesto absoluto del derecho a la vida desde sus orígenes hasta la culminación de
la misma; todo sea por causas naturales y no considera las afectaciones personales, producto de
efectos ajenos a las decisiones personales del afectado. Claro está que todo esto tiende a
mantener una diversidad de factores que solo se puede caracterizarse de manera individualista, al
comprender que cada mujer tiene un carácter que la diferencia de las demás, y por ende las
opiniones de los agentes externos que no presenten un valor agregado y encomendado en
plantear una solución viable a los conflictos de la persona; no deberían de exponer argumentos
que no generan mejoras en la calidad de vida, especialmente en la toma de una decisión tan
trascendental.
Con base a lo anterior Sigal (2015) plantea el término de los choques absolutos que
genera un cuestionamiento de falsedad qué resulta inapropiado desde el ámbito legal, porque éste
efecto tiene un limitante a los derechos de terceros, lo que pone en valoración un conflicto
ponderado, donde cierto ordenamiento o más bien ningún derecho tiene una preminencia
superior sobre otro elemento en conformidad a su naturaleza indivisible, interdependiente y no
jerarquizada. Lo cual diversos países o naciones del mundo dentro de su sistema judicial
incluyen el aborto como un derecho particular de la mujer que solamente es aplicado bajo ciertas
circunstancias y en terceros se prohíbe sin lugar a dudas, pero distintivamente estas posiciones
han de consolidarse bajo estimaciones éticas, religiosas, políticas y culturales. Es bastante común
que dichos temas se han tomado como una insignia política para determinados agentes de
gobierno que estén incluyendo proyectos o políticas públicas enfocadas en esta secuencia de
gestión (Taboada, 2018).
Ese efecto se puede evidenciar la lucha constante de movimientos activistas para generar
un cambio radical al paradigma que tiene la sociedad sobre el aborto en cuanto a la
despenalización del mismo, pero la Corte Constitucional (2020) en su boletín número 25 se
mantiene firme sobre su postura al declarar inexequible esta petición por parte de los
movimientos feministas al adjudicar la ausencia de la claridad, contundencia, idoneidad y
suficiencia frente los cargos de la inconstitucionalidad planteados en contra del artículo 122 del
Código Penal, a lo que llega a plantear que la presente ley sobre el aborto no presentará una
renovación parcial ni completa tras decidir inhibirse y no abrir discusión entre dos potencias que
hayan llegado a su mesa.
Cómo ha de conocer en Colombia solamente hay tres caminos para considerar legalmente
un procedimiento de este alcance de acuerdo a los planteamientos de la sentencia C - 355 de
2006 que dictamina que este procedimiento puede realizarse cuando: 1) el embarazo genera un
riesgo inminente para la vida o la salud de la mujer; 2) cuando el feto ha de proceder una gran
malformación que hagan poco probable una vida plena y 3) cuando el embarazo haya sido
producto de una conducta denunciada correspondiente un acceso carnal o acto sexual sin el
consentimiento expreso de la persona afecta, entre otros factores.
Conclusión
Se puede decir que los argumentos contra el aborto parecen apoyarse más bien por un
paralelismo deontológico, mientras que los profesionales de la salud parecen apoyarse en un
horizonte consecuencialista en donde cada acción desarrollada puede describirse como moral e
inmoral, según los principios éticos que subyacen la conducta del individuo que se topa en un
escenario de este nivel refiriéndose a mantener un idilio moral frente la “naturaleza humana”.
Aun así, esta exposición no tiene en cuenta la cuestión moral y ética del individuo y mucho
menos los principios legales que han de constituir las directrices para determinar lo que es
correcto, especialmente dentro de entornos sociales caracterizados por la polarización de las
ideas que dificulta significativamente el consenso general que en el largo plazo parece tender a
comprender el efecto del aborto como una normalidad de la vida por aceptar; al consolidarlo
como un tema que se maneja con mucho tabú, pese que la civilización se topa actualmente por
un proceso de depuración de ideas tradicionalistas que no pueden concebir que los tiempos y las
visiones de la humanidad giran en torno a nuevos principios e intereses.
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