0% encontró este documento útil (0 votos)
52 vistas7 páginas

Tema 2 DEPENDENCIA EMOCIONAL Y TERAPIA GESTALT

Cargado por

Luis Mantilla
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
52 vistas7 páginas

Tema 2 DEPENDENCIA EMOCIONAL Y TERAPIA GESTALT

Cargado por

Luis Mantilla
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

DEPENDENCIA EMOCIONAL Y TERAPIA GESTALT

Sobre la dependencia se ha escrito mucho desde diferentes aspectos. No se puede negar que todos
experimentamos el afecto, las emociones y los sentimientos, dependiendo de la manera cómo nos
comportamos. Cuando esto se manifiesta da origen a la dependencia que llamamos emocional,
que si no se sabe manejar, puede originar serios problemas que pueden dar paso a desequilibrios
físicos y psíquicos, si la dependencia afectiva no se ha podido controlar.

La Dependencia Emocional es un trastorno de la personalidad enmarcado dentro de las


dependencias afectivas. Sin embargo, para otros autores, se trata de un trastorno adictivo, en el
que el objeto que provoca la adicción es la relación de pareja, y su objetivo es llenar un vacío en
el sujeto que la padece. Se relaciona con las emociones y la capacidad/calidad para establecer
vínculos significativos con otras personas.

La dependencia emocional es un patrón crónico de necesidades emocionales insatisfechas desde


la infancia que ahora de adultos buscamos satisfacer, mediante relaciones interpersonales muy
estrechas.

El dependiente emocional continuamente se encuentra sufriendo graves necesidades


emocionales, principalmente de falta de afecto. No espera o busca cariño porque nunca lo ha
recibido y tampoco por esa misma razón está capacitado para darlo. Simplemente se apega a
alguien que idealiza. Su deficiente autoestima le provoca fascinación al encontrar una persona
tremendamente segura de sí misma, con cierto nivel de éxito o capacidades, a veces más
supuestas que reales. Entiende el amor como “apego”, enganche, sumisión, admiración a la otra
persona y no como un intercambio recíproco de afecto.

Necesitan excesivamente la aprobación los demás. Por supuesto, a medida que el vínculo es más
relevante la necesidad es mayor, pero también hay cierta preocupación por “caer bien” incluso a
desconocidos. Este es uno de los rasgos más molestos en estas personas, motivo frecuente de
enfados y rupturas. La necesidad de la pareja (o del amigo, hijo …) es realmente una dependencia
como se produce en las adicciones, lo que genera que el otro sujeto se sienta con frecuencia
invadido o absorbido. El dependiente emocional quiere disponer continuamente de la presencia
de la otra persona como si estuviera “enganchado” a ella.

Generalmente adoptan posiciones subordinadas a las relaciones, que se pueden calificar de


“relaciones asimétricas”. Su papel se basa en complacer el inagotable narcisismo de sus parejas,
pero lo asumen siempre que sirva para preservar la relación. Esta característica ha sido muy
estudiada en la investigación sobre la personalidad conducen al dependiente emocional a una
continua y progresiva degradación.

Esta subordinación es un medio, y no un fin. Es importante diferenciar la subordinación altruista,


que puede darse en personalidades abnegadas o en codependiente, de la egoísta, que es la que
aparece aquí. Los dependientes emocionales dan para recibir por su terrible anhelo de mantener
la relación, como el jugador patológico gasta todos sus ahorros por la irresistible necesidad de
continuar jugando.

Sus relaciones no llenan el vacío emocional que sufren, pero sí lo atenúan. Las parejas que forman
suelen ser tan insatisfactorias como patológicas porque no se produce un intercambio recíproco
de afecto, responsable del incremento de la autoestima y de la calidad de vida de sus
componentes. Sin embargo, estas personas están tan poco acostumbradas a amar y a ser queridas
que no esperan cariño de su pareja, simplemente se enganchan obsesivamente a ella y persisten
en la relación por muy frustrante que sea. La rotura les supone un auténtico trauma, pero sus
deseos de tener una relación son tan grandes que una vez han empezado a recuperar buscan otra
con el mismo ímpetu. A pesar de lo patológico e insatisfactorio de este tipo de relaciones, el
trauma que supone la ruptura es verdaderamente devastador, y constituye a menudo el
acontecimiento precipitante de episodios depresivos mayores.

Presentan cierto déficit de habilidades sociales. Su baja autoestima y constante necesidad de


agradar impide que desarrollen una adecuada asertividad. Además, si su demanda de atención
hacia otra persona llega a ciertos límites, pueden manifestarse sin importar.

La relación conduce a una continua y progresiva degradación: Soporta desprecios, maltrato físico
o emocional y humillaciones. No recibe verdadero afecto, sus propios gustos e intereses son
relegados a un segundo plano.

Vive preocupado por caer bien, incluso a personas que ve por primera vez o desconocidos, se
empeña en lucir una buena apariencia. Expresa de distinta manera sus demandas de atención y
afecto: haciendo regalos o favores que no le piden, preocupándose y estando pendientes de los
demás, etc.

De la dependencia emocional a la autorealización

En una era definida por el tránsito vertiginoso de la información, las presiones constantes y las
demandas incesantes de una sociedad que parece no detenerse, cada vez más individuos se hallan
sumergidos en las tumultuosas aguas de la dependencia emocional. Este fenómeno, donde los
límites personales se diluyen, dando paso a una fusión nociva de identidades, genera un ciclo
pernicioso de insatisfacción y ansiedad, donde el yo se pierde y se contamina por las expectativas
y necesidades del otro.

Es en este contexto donde surge la vital importancia del reencuentro consigo mismo, una travesía
introspectiva y liberadora que permite al individuo descubrir y afirmar su esencia auténtica,
emancipándose de los lazos tóxicos que lo aprisionan. Este periplo de autodescubrimiento y
sanación no solo es deseable, sino absolutamente necesario para fomentar relaciones saludables,
con bases sólidas en el respeto mutuo y la comprensión.

Afortunadamente, para aquellos que se sienten atrapados en estas dinámicas destructivas, existen
rutas bien trazadas hacia la recuperación y el florecimiento personal. Una de las más destacadas
es la terapia Gestalt, un enfoque terapéutico holístico que enfatiza la consciencia plena, el aquí y
el ahora, permitiendo a las personas reconectarse con sus necesidades, deseos y emociones
genuinas.

La terapia Gestalt no solo proporciona las herramientas necesarias para desenredar el intrincado
nudo de la dependencia emocional, sino que también ilumina un camino de autorealización,
donde cada individuo puede aprender a honrar su singularidad, abrazando su poder personal y
cultivando un sentido de autoaceptación profundo.

En el transcurso de este artículo, nos embarcaremos en un análisis detenido de cómo se manifiesta


la dependencia emocional, explorando sus raíces y las formas en que puede erosionar la salud
mental y el bienestar de un individuo. Desde esta base, trazaremos un camino hacia la
recuperación y el crecimiento personal, delineando las estrategias y técnicas que la terapia Gestalt
pone a nuestra disposición para facilitar el reencuentro consigo mismo, un reencuentro que
promete no solo aliviar el sufrimiento, sino también desbloquear un potencial humano más rico
y pleno.

Así, con una mirada esperanzada pero crítica, nos disponemos a explorar el vasto territorio del
ser humano, con la firme convicción de que dentro de cada uno de nosotros reside una fuerza
vital inexplorada, una fuente de sabiduría y realización personal que espera ser descubierta.

1. Reconociendo la Dependencia Emocional

Definición y Síntomas

En los albores de nuestro viaje hacia la autorealización, es imprescindible primero identificar y


entender profundamente lo que constituye la dependencia emocional. Este fenómeno no es más
que una intrincada red de comportamientos y dinámicas relacionales que se basan en una
necesidad excesiva y casi obsesiva de aprobación y reconocimiento externo.
El individuo dependiente emocionalmente a menudo desemboca en una serie de
comportamientos que evidencian una marcada dificultad para establecer límites saludables, no
solo con los demás, sino también consigo mismo. Esto se traduce en una tendencia a priorizar las
necesidades, opiniones y deseos de los demás por encima de los propios, generando un ciclo
donde la validación externa se convierte en el único barómetro de autoestima y bienestar.
Los síntomas pueden variar ampliamente, incluyendo pero no limitándose a una tolerancia
excesiva hacia comportamientos dañinos, miedo a la soledad, inseguridad crónica y una perpetua
sensación de vacío que parece imposible de llenar. Es fundamental destacar que la persona
atrapada en este ciclo puede no reconocer conscientemente estas dinámicas, y a menudo se
requiere un proceso de introspección profunda para comenzar a desentrañar los patrones de
dependencia emocional.

Implicaciones a Largo Plazo

Al mirar más allá de los síntomas inmediatos, es vital considerar las ramificaciones a largo plazo
de permanecer en un estado de dependencia emocional. Cuando no se trata adecuadamente, esta
dependencia no solo puede estancar el crecimiento personal, sino que puede derivar en una serie
de repercusiones severas para la salud mental.

El deterioro progresivo de la autoestima es una consecuencia casi inevitable, donde el individuo


comienza a ver su valor a través de los ojos de los demás, descuidando y, en última instancia,
perdiendo la conexión con su núcleo auténtico. Esto puede sentar las bases para la emergencia
de trastornos ansiosos y depresivos, donde la incertidumbre y la inseguridad se vuelven
compañeras constantes, socavando la calidad de vida del individuo.

Además, en este ciclo destructivo, pueden surgir adicciones y comportamientos compulsivos


como intentos desesperados de llenar el vacío interno y mitigar el dolor emocional crónico. En
este contexto, las relaciones interpersonales sufren enormemente, atrapadas en dinámicas tóxicas
que perpetúan el sufrimiento y la insatisfacción.

No obstante, identificar y reconocer la presencia de dependencia emocional es el primer paso


crucial hacia la recuperación. Una vez que se ha arrojado luz sobre estas dinámicas destructivas,
el individuo está mejor equipado para comenzar el proceso de sanación y autodescubrimiento,
forjando un camino hacia una vida más auténtica y gratificante. En la siguiente sección,
exploraremos cómo la terapia Gestalt puede servir como una brújula invaluable en este viaje
hacia la autorealización.

2. La Terapia Gestalt como Puente hacia la Autorealización

Fundamentos de la Terapia Gestalt

Al emprender el camino hacia la autorealización, encontramos en la terapia Gestalt una guía


sagaz y empática. Este enfoque terapéutico, creado por Fritz Perls en la década de los 50, brinda
una mirada fresca y rejuvenecedora a la psicoterapia, poniendo un énfasis particular en el
presente, en el “aquí y ahora”.

Esta modalidad terapéutica se distingue por fomentar una consciencia plena del mosaico de
emociones, pensamientos y acciones que conforman nuestra experiencia diaria. La centralidad
del momento presente es, pues, una piedra angular en la terapia Gestalt, una invitación a habitar
plenamente cada instante, permitiéndonos discernir con claridad nuestras sensaciones internas y
las dinámicas que se desarrollan en nuestras relaciones.

Al fomentar una mayor conciencia de uno mismo, esta terapia no solo desentraña los nudos de
la dependencia emocional, sino que también pavimenta un camino dorado hacia la
autorealización, facilitando el descubrimiento y la afirmación de nuestra verdadera esencia. Es
una terapia que nos invita a liberarnos de los grilletes del pasado y las ansiedades por el futuro,
ayudándonos a enraizarnos firmemente en el presente, un lugar desde donde podemos construir
relaciones más saludables y satisfactorias.

Herramientas y Técnicas

Para alcanzar este nivel de consciencia plena, la terapia Gestalt dispone de una amplia gama de
herramientas y técnicas meticulosamente diseñadas para promover la introspección y la
autoexploración. Entre ellas, encontramos ejercicios de meditación y atención plena que nos
permiten centrarnos en nuestras sensaciones físicas y emociones, fomentando una conexión más
profunda y armoniosa con nuestro ser interior.

Además de promover la consciencia sobre uno mismo, las técnicas gestálticas también animan a
los individuos a expresar auténtica y abiertamente sus emociones, facilitando así una
comunicación más transparente y honesta tanto con uno mismo como con los demás. Esto se
logra a través de ejercicios que enfatizan el diálogo abierto, la retroalimentación constructiva y
la responsabilidad personal.

A través de ejercicios como el “silla vacía”, que permite explorar las relaciones desde diferentes
perspectivas, o técnicas de dramatización que facilitan el acceso a emociones profundamente
arraigadas, la terapia Gestalt ofrece un espacio seguro y nutriente para el crecimiento personal.
En este espacio terapéutico, se cultiva la habilidad de reconocer y aceptar nuestras emociones sin
juicio, aprendiendo a navegar el mundo emocional con una nueva lente, más clara y comprensiva.

En este trayecto de auto-exploración, los individuos tienen la oportunidad de deshacerse de


patrones de pensamiento y comportamiento limitantes, abriendo paso a un ser más auténtico y
libre. Es un proceso que, paso a paso, nos lleva de la mano hacia una integración más saludable
de todas las partes de nuestro ser, propiciando una vida más plena y autorealizada.

Con el bagaje de esta terapia, cada individuo se equipa para enfrentar los desafíos de la vida con
una fortaleza renovada, estableciendo relaciones más auténticas y saludables, y abriendo el
camino hacia una existencia donde la felicidad y el bienestar no son meros ideales, sino realidades
palpables y alcanzables.

3. La Autorealización a través de la Perspectiva Gestalt

Definición de Autorealización

Adentrándonos más profundamente en el camino hacia la autorealización, es pertinente definir


claramente qué entendemos por este término desde la perspectiva de la terapia Gestalt. La
autorealización es un estado de armonía y equilibrio interno, donde el individuo logra una
conexión profunda y respetuosa consigo mismo, llegando a una plena aceptación de su ser en su
totalidad: virtudes, limitaciones y todas las facetas que lo componen.

En este estado de autorealización, se alcanza una significativa madurez emocional, que se traduce
en una capacidad autónoma para tomar decisiones congruentes con el propio sistema de valores,
necesidades y deseos. Se nutre una saludable autoestima que permite establecer relaciones
interpersonales saludables, donde los límites personales se respetan y se honran mutuamente,
dando lugar a vínculos equilibrados y nutritivos.

La autorealización, entonces, no es un destino fijo, sino más bien un proceso continuo de


crecimiento y desarrollo personal, una jornada de descubrimiento y redescubrimiento personal
donde cada individuo puede florecer en su auténtica esencia, libre de ataduras y constricciones
externas.

Beneficios de la Autorealización

La consecución del estado de autorealización lleva consigo una cornucopia de beneficios que
trascienden el bienestar individual, permeando y enriqueciendo todas las áreas de la vida del
individuo. Es como una fuente inagotable que, desde el interior del ser, irradia bienestar,
comprensión y amor tanto hacia uno mismo como hacia los demás.

Uno de los beneficios primordiales es la profundización de las relaciones interpersonales. Al


cultivar una comprensión más profunda de uno mismo, estamos mejor equipados para entender
y respetar las necesidades y límites de los demás, dando lugar a relaciones más auténticas,
profundas y significativas.

Además, la autorealización potencia la creatividad y la innovación, al permitir que el individuo


se exprese libremente, sin el miedo a ser juzgado o rechazado. Esta libertad promueve un flujo
constante de ideas nuevas y perspectivas frescas, que pueden ser aplicadas en diversos campos,
desde el artístico hasta el profesional.

También es importante destacar que alcanzar un estado de autorealización conlleva una mayor
resiliencia frente a los desafíos de la vida, una capacidad reforzada para recuperarse de las
adversidades y mantener un estado de equilibrio y bienestar mental, incluso en circunstancias
difíciles.

En resumen, la autorealización, vista a través del prisma de la terapia Gestalt, no solo es una llave
maestra hacia el bienestar individual, sino también una puerta abierta hacia una comunidad más
armónica y consciente, donde cada individuo, arraigado en su autenticidad, contribuye a crear
una red de relaciones humanas más saludable, respetuosa y compasiva. Es una exploración
perpetua, un danzar constante con los ritmos naturales de la vida, donde cada paso hacia adelante
es un paso hacia una existencia más plena y rica en significado.

Conclusión

En este recorrido introspectivo que hemos trazado a lo largo del análisis detallado y profundo de
la dependencia emocional y el papel regenerador de la terapia Gestalt, hemos iluminado un
camino viable y fecundo para quienes aspiran a liberarse de las ataduras de la dependencia y
alcanzar una versión más auténtica y plena de sí mismos.

El viaje hacia la autorealización, aunque sembrado de desafíos, emerge como una travesía
enriquecedora, donde cada etapa representa una oportunidad para el crecimiento y la
consolidación de una identidad firme y consciente. Es un camino que requiere valentía y
determinación, una ruta que demanda el coraje de mirarse a sí mismo con una honestidad radical,
dispuesto a enfrentar y transformar las sombras internas que habitan en cada uno de nosotros. Sin
embargo, las recompensas son inmensamente gratificantes, prometiendo una existencia imbuida
de riqueza interior y satisfacción profunda.

Es imperativo subrayar que el reencuentro consigo mismo no es un destino final, sino un viaje
perenne, un flujo constante de crecimiento y redescubrimiento que se va desplegando día tras
día, paso tras paso. Cada avance, cada nuevo entendimiento y aceptación de nosotros mismos, se
configura como una victoria significativa, una celebración del espíritu humano en su búsqueda
incansable de bienestar y plenitud.

En este contexto, la terapia Gestalt se alza como una compañera inquebrantable, un bastión de
sabiduría y comprensión que nos brinda las herramientas necesarias para navegar las turbulentas
aguas del alma humana. Desde sus técnicas vivenciales hasta su enfoque holístico centrado en el
presente, nos ofrece un abanico de estrategias terapéuticas para fomentar la autoconciencia y la
autoaceptación.

Para cerrar, es preciso resaltar la belleza intrínseca de este proceso de autoexploración y


autorealización, un camino donde cada individuo tiene la oportunidad de convertirse en el artífice
de su propio bienestar, tejiendo con hilos dorados una existencia auténtica y gratificante, rica en
experiencias significativas y relaciones profundas y nutritivas.

De este modo, el llamado a la autorealización mediante la terapia Gestalt no es solo una invitación
a la sanación individual, sino una convocatoria hacia la construcción de una sociedad más
consciente y saludable, donde cada ser humano, fortalecido en su singularidad y unido en su
humanidad, contribuye a un tejido social más cálido, comprensivo y armónico, en una danza
continua de autodescubrimiento y regeneración colectiva.
BIBLIOGRAFÍA:

− Castelló, J. (2005). Dependencia emocional. Características y tratamiento. Madrid.


Alianza Editorial.
− Delisle, Gilles. (2005). Las perturbaciones de la personalidad: una perspectiva gestáltica.
Madrid. Los libros del CTP.
− Francesetti, G. Gecele, M. Roubal, J. (2013) Terapia Gestalt en la práctica clínica. De la
psicopatología a la estética del contacto. Los libros del CTP.
− Perls, Fritz (1976). El enfoque guestáltico. Testimonios de terapia. Santiago de Chile.
Cuatro Vientos.
− Perls, F. S. Hefferline, R. F. y Goodman, P. (1951) PHG. Terapia Gestalt: Excitación
y crecimiento de la personalidad humana. Madrid. Los libros del CTP.
− Robine, J-M. (2004) Manifestarse gracias al otro. Madrid. Los libros del CTP.
− Robine, J-M. (1997) Contacto y relación en Psicoterapia. Santiago de Chile. Cuatro Vientos
− Shapiro, David (1999) Estilos Neuróticos. Madrid. Gaia Ediciones.
− Yontef, Gary (1995). Proceso y diálogo en Psicoterapia Gestáltica. Santiago de Chile.
Cuatro Vientos.

También podría gustarte