Historia del estructuralismo – Dosse
Introducción
El estructuralismo francés que tuvo éxito entre los años 50 y 70. Dos razones de
ese éxito espectacular:
Se presentó a la vez como un método riguroso que podía dar esperanzas
sobre algunos avances decisivo s hacia la ciencia.
El hecho de que el estructuralismo fuese un momento particular de la
historia del pensamiento que se puede calificar de tiempo fuerte de la
conciencia crítica.
El triunfo del paradigma estructuralista es el resultado en primer lugar de un
contexto histórico particular, marcado desde fines del siglo XIX por la
inclinación progresiva de Occidente hacia una temporalidad fría. Pero es también
el fruto del notable desarrollo de las ciencias sociales, que se enfrentó al dominio
hegemónico de la vieja Sorbona, detentadora de la legitimidad científica, y
dispensadora de las humanidades clásicas. Una verdadera estrategia inconsciente
de superación del academicismo en el poder se encarnó entonces en un programa
estructuralista, que tuvo una doble función de impugnación y de contracultura.
Expresión de la protesta, el estructuralismo se corresponde con un momento de la
historia occidental en tanto que expresión de una cierta dosis de
autoaborrecimiento, de rechazo de la cultura occidental tradicional, de hambre de
modernismo a la búsqueda de modelos nuevos.
Ciencias faro: La psicología y la antropología.
Es también el momento en que la lingüística hace el papel de ciencia piloto que
guía los pasos de la adquisición científica para las ciencias sociales en general.
Luego, de repente, todo se dio la vuelta y un destino funesto golpeó al
estructuralismo a comienzos de los años ochenta. La mayoría de los héroes
franceses de esta gesta épica de proyección internacional desaparecieron de golpe
de la escena de los vivos para pasar al otro escenario, como si los teóricos de la
muerte del hombre se hubiesen dejado llevar al mismo tiempo por un tránsito
espectacular.
> Estas desapariciones simultáneas y su carácter fuera de lo común acentuaron la
impresión de fin de una época.
¿De donde viene el concepto de estructuralismo? Derivado de estructura, tiene de
partida un sentido arquitectónico. La estructura designa «la forma en que está
construido un edificio». En los siglos xvii-xviii, el sentido del término estructura
se modifica y se amplía por analogía con los seres vivos: tanto el cuerpo humano
percibido como una construcción en Fontenelle, como la lengua con Vaugelas o
Bernot. El término adquiere entonces el sentido de la descripción acerca de la
forma en que las partes de un ser concreto se organizan en una totalidad. Puede
revestir múltiples aplicaciones (estructuras anatómicas, psicológicas, geológias,
matemáticas...). La vía estructural no se apropia verdaderamente del campo de
las ciencias humanas hasta un segundo momento, reciente, a partir del siglo xix
con Spencer, Morgan y Marx.
Se trata entonces de un fenómeno duradero que vincula de forma compleja las
partes de un conjunto en una acepción más abstracta. El término estructura,
ausente aún en Hegel, y poco frecuente en Marx, es consagrado a fines del siglo
XIX por Durkheim {Las reglas del método sociológico , 1895). La estructura da
origen entonces a lo que el Vocabulaire de André Lalande califica de
neologismo: el estructuralismo, entre 1900 y 1926. El estructuralismo nace entre
los psicólogos para oponerse a la psicología funcional a comienzos de siglo , pero
el verdadero punto de partida del camino en su acepción moderna a escala de
todas las ciencias humanas proviene de la evolución de la lingüística. Si bien
Saussure no emplea más que tres veces el término estructura en su Curso de
lingüística general, es sobre todo la escuela de Praga (Troubetzkoy y Jakobson)
la que va a extender el uso de los términos estructura y estructuralismo. La
referencia al término estructuralismo como programa fundador, tendencia que se
hace específica por su desarrollo, es reivindicada por el lingüista danés
Hjelmslev, que funda en 1939 la revista Acta lingüistica, cuyo primer artículo
trata de «lingüística estructural». A partir de este núcleo lingüístico , el término
va a provocar una verdadera revolución de todas las ciencias humanas en el
corazón del siglo xx. Estas creen adquirir así su acta de bautismo científico.
El momento estructuralista abrió un periodo particularmente fecundo de la
investigación en ciencias humanas. Es una historia compleja la que hay que
reconstruir, puesto que los contornos de la referencia estructuralista son
particularmente vagos.
Se puede efectuar una distinción que no oculta las fronteras disciplinares: por un
lado, un estructuralismo cientificista, representado especialmente por Claude
Lévi-Strauss, Algirdas-Julien Greimas o Jacques Lacan, que por lo tanto atañen a
la vez a la antropología, la semiótica y el psicoanálisis; y por el otro, contiguo a
esta búsqueda de la Ley, un estructuralismo más flexible, más ondulante y
tornasolado con Roland Barthes, Gérard Genette, Tzvetan Todorov o Michel
Serres, que se podría calificar de estructuralismo semiológico. Por último, existe
también un estructuralismo historizado o epistémico donde encontraríamos a
Louis Althusser, Piene Bourdieu, Michel Foucault, Jacques Derrida, JeanPierre
Ventant y de forma más general la tercera generación de los Annales. Pero, más
allá de estas diferencias, se puede observar una comunidad de lenguaje y de
objetivos que da a veces la impresión de leer el mismo libro a pesar de las
variaciones de estilo y de disciplina que separan a un Barthes, un Foucault, un
Derrida, un Lacan…
El punto central a partir del cual la actividad estructuralista irradia más
intensamente en el campo intelectual e s el año 1966. Es el momento-faro de este
periodo por la intensidad, el brillo, la mezcla del universo de los signos que
realiza más allá de todas las fronteras disciplinares establecidas. Hasta 1966, es la
expansión que parece irresistible, la fase ascendente de la actividad
estructuralista. Desde 1967, es el comienzo del reflujo, de las críticas, de los
distanciamientos respecto al fenómeno estructuralista adulado en toda la prensa.
El reflujo precede por lo tanto al acontecimiento del 68, está ya latente en 1967,
cuando los cuatro mosqueteros no paraban de marcar sus distancias respecto al
fenómeno estructuralista
Algunas de ellas, como la lingüística, la sociología, la antropología o el
psicoanálisis, encontraron en el estructuralismo el medio que les permitió invocar
un modelo científico. Otras, más instaladas en el campo universitario, más al
abrigo de las turbulencias epistemológicas, como la historia, se transformarán
más tarde, integrándose en el programa estructuralista en el momento de su
retroceso generalizado. Desfases temporales, fluctuaciones disciplinarias en estos
juegos de intercambio del campo intelectual: en todo caso, el estructuralismo
permitió entablar numerosos diálogos, multiplicar coloquios e investigaciones
fecundas, trasladar la atención de forma activa a los trabajos y avances de las
disciplinas vecinas.
Communications 4: un manifiesto semiológico
La difusión del modelo de la lingüística estructural en el campo literario se
presenta como un programa futuro en este año 1964 en el número 4 de la revista
Communications. Es la ocasión de que Tzvetan Todorov escriba su primer
artículo en francés: « La description de la signification en littérature». Elabora
aquí una estratigrafía de ios niveles de análisis y distingue la distribución
fonemàtica sobre la que el nivel de contenido no influye, y el plano gramatical, al
que define como el de la forma del contenido y que desempeña un papel decisivo
para el significado en literatura; en cuanto a nivel de la sustancia del contenido,
depende de la semántica. La aproximación pretende ser radicalmente formalista,
y si bien Todorov reconoce en la literatura huellas de otros sistemas
significativos que derivan de la vida social o nacional, «el estudio de estos
sistemas queda evidentemente fuera del análisis literario propiamente dicho».
En este número de Communications aparecen «Les éléments de sémiologie» de
Roland Barthe; que son la traducción de un seminario que impulsa en la VI
sección de la EPHE. Cambia entonces de estatuto y hace el papel de manifiesto
para una nueva ciencia: la semiología. Esta presentación teórica se ofrece por
otra parte como marco de las propias investigaciones de Barthes, puesto que al
mismo tiempo redacta Sistema de la moda. Es el momento en que Barthes
experimenta una auténtica «embriaguez metodológica»’'-’ y deja de lado su
propia actividad de escritura en beneficio de una investigación que pretende ser
obra científica. En esta tensión entre el semiólogo y el escritor, Roland Barthes se
encuentra en este momento en lo más álgido de la negación de su naturaleza de
escritor, de su subjetividad, sacrificada en nombre de la ciencia.
«Les éléments de sémiologie», aparecidos en Cornmunications número 4,
ofrecen una exposición didáctica que presenta las enseñanzas saussurianas y
hjelmslevianas con vistas a la construcción de esta ciencia nueva. Barthes retoma
los pares saussurianos lengua/habla, significante/significado, sintagma y sistema,
y se inscribe desde este punto de vista en una estricta ortodoxia estructuralista.
Añade a estas dicotomías la redistribución hjelmsleviana de los términos de
Saussure, es decir, la diferenciación de tres planos distintos: el esquema (la
lengua en sentido saussuriano), la norma (la lengua como forma material), y el
uso (la lengua como conjunto de costumbres de una sociedad dada). Esta trilogía
permite a Helmslev formalizar radicalmente el concepto de lengua y sustituir la
pareja saussuriana lengua/habla por el par esquema/uso.
Barthes retiene de esta revolución lingüística su alcance general para la
construcción de una ciencia nueva, y a este respecto invierte la proposición
saussuriana de una semiología como horizonte del desarrollo de la lingüística. Al
contrario, define el programa de una semiología como subconjunto de la
lingüística”, y para mostrar su eficacia, invoca todos los esfuerzos realizados en
las diversas disciplinas. Esta ciencia futura, por construir, la semiología, se
presenta como la ciencia por excelencia de la sociedad en tanto que ésta
significa: «El alcance sociológico del concepto lengua/habla es evidente»
La semantización universal de lo s u so s engendra una realidad que se define
como lo que es inteligible. La sociología se identifica entonces con una socio-
lógica y el significado es el resultado de! proceso que une significante y
significado, ya sea en su versieSn saussuriana o en su versión hjelmsviana.
La semiología debe trazar sus líneas fronterizas, sus límites; se organizará
alrededor del principio de pertinencia, a saber, el campo de significación de los
objetos analizados en sí mismos, a partir de una situación de inmanencia. A este
respecto, el corpus debe ser homogéneo y rechazar por definición ios otros
sistemas, de orden psicológico, sociológico… La otra orientación de esta ciencia
será su antihistoricismo : «El corpus debe eliminar al máximo los elementos
diacrónicos; debe coincidir con un estado de! sistema, una pausa de la historia»'".
En cuanto al instrumento utilizado en esta búsqueda del sentido, Barthes lo
encuentra esencialmente en una lingüística connotativa que retoma la oposición
de Hjelmslev entre denotación/connotación.
Barthes define la actividad estructuralista
En 1964 Barthes realiza una recopilación de lo esencial de su actividad como
cronista de 1953 a 1963 en una recopilación que titula Ensayos críticos.
En esta recopilación, Barthes define lo que entiende por estructuralismo. No se
puede encerrar el fenómeno en una escuela que presuponga una comunidad de
investigación y una solidaridad inexistente entre todos estos autores. «El
estructuralismo es esencialmente una actividad.... Ei fin de toda actividad
estructuralista es reconstituir un objeto, de forma que esta reconstrucción ponga
de manifiesto las reglas de funcionamiento de este objeto, La estructura es
entonces, de hecho, un simulacro del objeto».
Este hombre estructural se define por el hecho de que produce sentido, y la vía
consiste en interesarse esencialmente por el acto productor de sentido más que
por el contenido mismo de éste. Esta actividad estructuralista es considerada
como «una actividad de imitación.
Desde una aproximación muy saussuriana, Barthes define el estructuralismo no
como una simple reproducción del mundo tal y como es, sino como generador de
una nueva categoría que no se reduce a lo real ni a lo racional. La actividad
estructuralista remite a lo funcional, al estudio de las condiciones de lo pensable,
de lo que hace posible e! sentido y no su contenido singular. El sentido es un
hecho de cultura que tiene tendencia a la naturalización, y es ese proceso el que
la semiología debe descodificar. Este programa predica una función radicalmente
crítica de la ideología social dominante en su pretensión desestabilizadora del
sentido llamado natural, inmutable.
La tarea del semiólogo no es por lo tanto descifrar un sentido subyacente.
Presente ya en la obra estudiada, sino explicar las presiones de elaboración del
sentido, las condiciones de su validez. Esta deconstrucción de la ideología, del
sentido establecido, su pluralización, son otras tantas formas de un historicismo
radical que vuelve a aparecer sistematizado en Michel Foucault, combinado con
un antihistoricismo propio del postulado sincrónico.
La vocación critica
La crítica barthesiana, como la del conjunto de los estructuralistas, va a ejercerse
en la desestabilización de los valores occidentales dominantes, la crítica radical
de la ideología pequeña burguesa, de la opinión, de la doxa. Esta conciencia
paradigmática o conciencia de la paradoja, que pretende quebrantar la doxa, pasa
por la consideración y el desarme interno de las lógicas y los modelos, de las
formas de ser y de parecer de las construcciones ideológicas. Es entonces el
superyó de los razonamientos de la racionalidad dominante, lo que connotan, lo
que será objeto de la crítica, y esto presupone un conocimiento riguroso del modo
de funcionamiento del lenguaje.
La sociedad técnica, de consumo en masa de la cultura hace por lo tanto más
difícil y casi ilusoria la posibilidad de escapar de sus redes para lanzar un grito,
expresar una rebelión, un rechazo. Es sin duda una de las razones por las cjue la
semiología como discurso con vocación científica y crítica aparece como el
refugio, la playa de libertad que permite, a falta de ser un Rimbaud, un Bataille o
un Artaud, desmontar los mecanismos de la dominación y ocupar así una
posición inexpugnable, irreductible, de extraterritorialidad, posición del afuera en
nombre de la positividad científica. La subversión del lenguaje pasa entonces por
el propio lenguaje.