Patentes
En este módulo se ha expuesto el lugar que ocupan las patentes en la propiedad intelectual.
Las patentes son una de las formas más antiguas de protección de la propiedad intelectual.
Al ofrecer la posibilidad de que la persona que realiza una invención reciba una recompensa
material, el sistema de patentes acelera el desarrollo tecnológico y, al mismo tiempo, facilita
la divulgación de nuevos conocimientos tecnológicos.
La protección por patente es aplicable tanto a las nuevas creaciones como a los desarrollos
ulteriores de creaciones ya existentes. Un gran avance de la ciencia, como la invención de
la penicilina, es tan susceptible de protección por patente como una nueva palanca que
acelere el funcionamiento de una máquina. Las patentes protegen las invenciones y, en
general, se entiende que una invención consiste en una nueva forma de hacer algo o una
nueva solución técnica a un problema. El Derecho de patentes no exige que la invención
esté plasmada en forma física para obtener protección. No obstante, hay invenciones que
no se pueden patentar, como los descubrimientos, las variedades vegetales o animales, las
teorías científicas, los métodos comerciales o empresariales y los métodos matemáticos. Por
otro lado, en muchos países se excluyen de la patentabilidad los métodos diagnósticos,
terapéuticos y quirúrgicos para el tratamiento de seres humanos o animales (a diferencia de
los productos médicos), así como las invenciones cuya explotación sería contraria al orden
público o la moral.
Una vez que se ha presentado una solicitud de patente, existen dos enfoques generales: en
algunos pases se examinan únicamente los requisitos de forma, mientras que en otras
jurisdicciones un experto técnico lleva a cabo un examen sustantivo para determinar si se
han satisfecho los criterios de patentabilidad. Dichos criterios son los siguientes:
• debe ser nueva;
• debe implicar una actividad inventiva (es decir, no ser evidente),
• debe ser susceptible de aplicación industrial (es decir, útil).
En resumen, una patente es un trato entre el público y la persona que ha realizado una
invención. El Estado protege a quien sea titular de una patente durante un periodo limitado
de tiempo, pero le impone la obligación de divulgar públicamente su invención. La protección
por patente se concede en general por un plazo de 20 años, contados a partir de la fecha de
presentación de la solicitud, siempre que se paguen las tasas de mantenimiento
correspondientes. Cuando una patente expira o caduca, o cuando es revocada o invalidada,
la invención entra en el dominio público, lo que significa que cualquiera puede explotarla
comercialmente en el país correspondiente sin infringir la patente, y la responsabilidad de
supervisar, detectar y tomar medidas contra quienes infringen una patente recae en su titular.
Puesto que no existen las patentes internacionales, la persona que realiza una invención
debe presentar, en principio, una solicitud de patente en todos los países en los que quiera
obtener protección por patente. En caso de que quiera solicitar dicha protección en varios
países del mundo, puede optar por presentar una solicitud internacional en virtud del PCT.
Diseños Industriales
Los diseños industriales guardan relación con la apariencia de un artículo; su dimensión
ornamental o estética, que puede consistir en características tridimensionales –como la
forma de un objeto– o bidimensionales –como motivos, líneas o colores–. Al igual que otras
formas de propiedad intelectual, los diseños industriales pueden gozar de protección.
La protección de un diseño industrial concede a su creador un derecho exclusivo contra la
copia o imitación no autorizada de sus diseños por parte de terceros durante un período de
tiempo de al menos 10 años (si bien la duración de la protección puede ser mayor en función
de la legislación nacional o regional).
En la mayoría de los países, los diseños industriales deben registrarse para gozar de
protección en virtud de la legislación sobre diseños industriales. En algunos países, los
diseños industriales están protegidos por la ley de patentes como "patentes de diseño".
Por regla general, para que un diseño industrial pueda gozar de protección, este ha de ser
"nuevo" u "original". La noción de novedad u originalidad puede variar de un país a otro.