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CaFa 2023 -Ficha 9 – La historia de José (el soñador)
Oración Inicial
Ven Espíritu Santo. Envía desde el cielo un rayo de tu luz.
Ven Padre de los pobres. Dios espléndido, luz de los corazones. Amén
La historia de José (el soñador)
José era uno de los doce hijos de Jacob y, según dice la Biblia, el
favorito de su padre. Cuando José tenía diecisiete años de edad su
padre le regaló una túnica de colores. Los hermanos ya estaban
resentidos con él debido a que José le contaba a su padre las cosas
malas que ellos hacían. La túnica vino a aumentar el rencor en ellos.
Como si fuera poco, José tenía un don especial: Dios le revelaba a
través de sueños cosas que sucederían en el futuro.
En el segundo sueño José vio el sol, la luna y once estrellas - que
representaban a sus padres y sus hermanos - inclinándose ante él.
Como es de esperar, ninguno de los dos sueños les sentó bien a sus
hermanos. El enojo y la envidia crecieron en sus corazones así que comenzaron a tramar la forma de
deshacerse de José. Su padre, sin embargo, reflexionaba sobre esos sueños.
La realidad es que ambos sueños venían de Dios y hablaban de algo que llegó a cumplirse con el pasar de
los años.
Luego de soportar muchos pesares e injusticias José llegó a ser alguien muy importante y toda su familia
tuvo que inclinarse ante él.
José el soñador, vendido como esclavo
En una ocasión, los hermanos de José estaban en otro lugar apacentando las ovejas. Jacob, el papá, envió
a José a ver si sus hermanos y el rebaño estaban bien. Cuando los hermanos vieron a José el soñador -
como le llamaban - de lejos, vestido con su túnica de colores, comenzaron a tramar un plan. ¡Querían
deshacerse de él! (Génesis 37:12-36)
La idea original era bastante macabra lo cual nos revela la condición del corazón de algunos de sus
hermanos:
Se dijeron unos a otros: Ahí viene ese soñador. Ahora sí que le llegó la hora. Vamos a matarlo y echarlo
en una de estas cisternas, y diremos que lo devoró un animal salvaje. ¡Y a ver en qué terminan sus sueños!
(Génesis 37:19-2)
Sin embargo, Rubén -el hermano mayor- se opuso a que le hicieran daño a José. Él propuso que lo
arrojaran a una cisterna y lo dejaran allí. En realidad, su plan era venir luego a rescatar a su hermano y
llevarlo de vuelta a casa, con vida.
Pero el plan tomó un giro inesperado cuando los otros hermanos vieron una caravana de mercaderes
medianitas que se dirigía a Egipto. Judá, uno de los hermanos, sugirió no matar a José, sino venderlo y así
lo hicieron. Así fue como José se encontró vendido como esclavo y camino a Egipto.
Los hermanos tomaron la túnica de colores de José y la empaparon con sangre de cabrito. Al llegar a casa
le hicieron creer a su papá, Jacob, que José había muerto devorado por un animal salvaje
Por su parte, los mercaderes al llegar a Egipto, vendieron a José por segunda vez. Allí lo compró un
funcionario de faraón y capitán de la guardia llamado Potifar.
José comenzó a trabajar para él y todo lo que hacía salía bien, algo que no pasó desapercibido. Por esta
razón, Potifar decidió nombrar a José mayordomo de su casa y administrador de sus bienes.
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CaFa 2023 -Ficha 9 – La historia de José (el soñador)
Por causa de José, el Señor bendijo la casa del egipcio Potifar a partir del momento en que puso a José a
cargo de su casa y de todos sus bienes. La bendición del Señor se extendió sobre todo lo que tenía el
egipcio. (39,5)
La casa prosperaba y todos estaban contentos. Lo único que Potifar no compartía con José era,
obviamente, su mujer. Por desgracia, la mujer de Potifar se antojó con seducir a José y ahí comenzaron
los problemas. José no cedía al acoso y ella lo resentía.
Un día, cuando todos los que trabajaban en la casa estaban en otro lugar, la mujer aprovechó para
acercarse a José y agarrarlo por la ropa. Él salió corriendo porque tenía temor de Dios y porque no quería
causar pesar a Potifar. Al salir corriendo dejó su manto en las manos de la mujer.
Ella, despechada, decidió contar la historia a su manera. Llamó a los siervos de la casa gritando y les
enseñó el manto de José diciendo que él había intentado aprovecharse de ella. Cuando el marido llegó,
ella le contó la misma historia y el, enfurecido, mando que echaran a José donde estaban los presos del
Faraón.
José, el intérprete de sueños
La Biblia dice en Génesis 39:20b-21 que «aún en la cárcel el Señor estaba con él y no dejó de mostrarle su
amor». José se ganó con facilidad la confianza del guardia de la cárcel y este lo puso como encargado de
todos los prisioneros y de todo lo que se hacía allí.
Como el Señor estaba con José y hacía prosperar todo lo que él hacía, el guardia de la cárcel no se
preocupaba de nada de nada de lo que dejaba en sus manos (Génesis 39:23)
Una vez más, tal y como había sucedido con Potifar, José vio cómo Dios le daba gracia ante los ojos de
la persona encargada.
Luego de un tiempo, el faraón se enojó con dos de sus funcionarios, el jefe de los coperos y el jefe de los
panaderos. Los envió a prisión, a la misma cárcel donde estaba José. Una noche, tanto el copero como el
panadero tuvieron un sueño.
Por la mañana, José los notó algo inquietos y les preguntó qué les pasaba. Ellos le confesaron que habían
tenido dos sueños y que no encontraban a nadie que pudiera decirles el significado de estos. José les
contestó lleno de confianza en Dios:
¿Acaso no es Dios quien da la interpretación? —Preguntó José—. ¿Por qué no me cuentan lo que
soñaron? (Génesis 40:8b)
El sueño del jefe de los coperos
El primero en relatar su sueño fue el jefe de los coperos. Él vio en su sueño una vid con tres ramas que
comenzó a florecer y produjo uvas. Se vio a sí mismo sosteniendo la copa del faraón, exprimiendo uvas
antes de entregar la copa a su jefe. José le dijo que el sueño significaba que en tres días el copero sería
indultado y volvería a su trabajo anterior como copero del faraón.
José aprovechó para pedirle al jefe de los coperos que cuando regresara a su trabajo, se acordara de él.
Su deseo era que intercediera por él ante el faraón. Quizás así el faraón mostraría misericordia al darse
cuenta de que había sido injusto con José y le permitiría salir de la cárcel.
El sueño del jefe de los panaderos
Cuando el jefe de los panaderos vio que la interpretación para el copero era positiva, se llenó de valor y
le contó su sueño a José. En el sueño, él se había visto con tres canastas de pan sobre su cabeza. En la
canasta de arriba había un gran surtido de repostería, pero las aves venían y se comían lo que había en
las canastas.
José le dijo que en tres días el faraón lo mandaría a decapitar colgándole de un árbol. Las aves vendrían y
devorarían su cuerpo. Al cabo de tres días sucedió tal y como José había dicho: el jefe de los coperos
volvió a su trabajo, pero ahorcaron al jefe de los panaderos.
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Los sueños del faraón
Pasaron dos años. José ya tenía treinta años y permanecía preso. Una noche, el faraón tuvo dos sueños.
En el primero él se encontraba de pie junto al río Nilo. De pronto vio siete vacas gordas y hermosas que
salieron del río y se pusieron a pastar. Detrás de ellas salieron otras siete vacas que eran muy flacas y feas
y estas se comieron a las primeras. Pero aun así ni engordaron ni se vieron más fuertes.
En el segundo sueño el faraón vio siete espigas de trigo grandes y hermosas que salían de un tallo. Tras
ellas brotaron siete espigas muy delgadas y quemadas. Al igual que había visto en el sueño de las vacas,
las siete espigas delgadas se comieron a las más grandes, pero permanecieron igual de delgadas y
quemadas.
El faraón se levantó preocupado y envió a llamar a todos los magos y sabios de Egipto, pero ninguno logró
interpretar sus sueños. Fue en ese momento que el copero del rey se acordó de José. Le contó al faraón
cómo José había interpretado correctamente su sueño y el del panadero dos años atrás. El faraón mandó
a llamar a José y fueron a buscarlo a la cárcel.
José interpreta los sueños del faraón
José se afeitó, se arregló bien y se presentó ante el faraón. Este le comentó que se había enterado de que
José interpretaba sueños. Una vez más, tal como había hecho frente al copero y al panadero, José le dio
la gloria a Dios.
No soy yo quien puede hacerlo —respondió José—, sino que es Dios quien le dará al faraón una respuesta
favorable. (Génesis 41:16)
El Faraón le contó sus sueños a José y él los interpretó. José dijo que los dos sueños significaban lo mismo
y que el hecho de que soñara dos veces mostraba que Dios estaba decidido a realizar lo que anunciaba.
Vendrían siete años de mucha abundancia a Egipto, pero a estos les seguirían siete años de escasez y
hambre. Serían de tal magnitud que la gente ni siquiera se acordaría de toda la abundancia que habían
disfrutado en los años anteriores. José tuvo la valentía de aconsejar al faraón. Le dijo que debía encontrar
a una persona sabia y competente que se encargara de administrar bien a Egipto. El propósito sería usar
sabiamente los recursos disponibles y acumular suficiente para los años de escasez que vendrían. José dio
consejos muy sabios al faraón y este contestó:
¿Podremos encontrar una persona así, en quien repose el espíritu de Dios?
Luego le dijo a José: Puesto que Dios te ha revelado todo esto, no hay nadie más competente y sabio
que tú. Quedarás a cargo de mi palacio, y todo mi pueblo cumplirá tus órdenes. Solo yo tendré más
autoridad que tu porque soy el Faraón.
José, gobernador de Egipto
Fue así como José pasó de estar en la cárcel injustamente a ser el gobernador de Egipto. El faraón le dio
un nuevo nombre a José, Zafenat Panea, y le dio una esposa, una mujer llamada Asenat, hija de un
sacerdote.
José comenzó a trabajar diligentemente para el faraón. Durante los siete años de abundancia logró
acumular alimento más que suficiente para todos. La escasez comenzó y no solo afectó a Egipto, sino que
se extendió por todas las naciones, pero el pueblo de Egipto estaba preparado.
Poco a poco empezó a llegar gente de todo el mundo a Egipto con el propósito de comprar alimentos.
Diez de los hermanos de José estaban entre los que llegaron desde otros países y regiones del mundo en
busca de alimento. Al final, ellos sí se postraron ante José pidiendo su favor y comida, tal y como José
había soñado cuando tenía solo diecisiete años.
Los hermanos de José en Egipto
José reconoció a sus hermanos, pero no dijo nada y ellos no se dieron cuenta de que era José. Él les hizo
algunas preguntas para conseguir más información sobre su padre y sobre Benjamín, el hermano menor.
José también intentaba entender el estado del corazón de sus hermanos.
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CaFa 2023 -Ficha 9 – La historia de José (el soñador)
Primero los acusó de ser espías. Ellos se defendieron, pero él dijo que no les creía y los metió en la cárcel
por 3 días.
Al tercer día les dijo: Yo soy un hombre temeroso de Dios. Hagan lo siguiente y salvarán su vida. Si en
verdad son honrados, quédese uno de ustedes bajo custodia, y vayan los demás y lleven alimento para
calmar el hambre de sus familias. Pero tráiganme a su hermano menor y pruébenme que dicen la verdad.
Así no morirán. Ellos aceptaron la propuesta, pero se decían unos a otros: Sin duda estamos sufriendo las
consecuencias de lo que hicimos con nuestro hermano. Aunque vimos su angustia cuando nos suplicaba
que le tuviéramos compasión, no le hicimos caso.
José ordenó que les devolvieran el dinero sin que ellos lo supieran y en el camino de regreso a casa ellos
se dieron cuenta de que aún tenían el dinero. Se asustaron y pensaron que era una trampa para volver a
apresarlos. Sin embargo, no fue así y consiguieron llegar a su casa, todos menos Simeón, que se había
quedado en Egipto bajo custodia.
Jacob, el papá, no quería que sus hijos regresaran a Egipto, menos aún que se llevaran a Benjamín con
ellos. El tiempo pasó, pero llegó el momento en el que necesitaban más comida. ¡Debían regresar! Judá
se responsabilizó por la seguridad de Benjamín y emprendieron el viaje. Iban cargados de regalos y
productos de la región. También llevaban el doble del dinero por insistencia del padre que esperaba
proteger a sus hijos de más contratiempos.
Reunión familiar
José, al verlos, pidió que los llevaran a su casa y prepararan una gran cena. Ellos se asustaron, pero el
mayordomo de José les dijo que estaba todo bien. Simeón, el hermano que había permanecido en Egipto,
se reunió con ellos. Al mediodía, José se reunió con ellos para comer. Preguntó cómo estaba el papá y al
ver a Benjamín, se emocionó. Se escondió para llorar y luego se reunió con sus hermanos para comer y
beber juntos.
Luego, José le ordenó a su mayordomo que al colocar los alimentos en sus bolsos, escondiera su copa de
plata entre las cosas de Benjamín. El mayordomo lo hizo y poco después de ellos salir en su viaje de
regreso a Canaán, el mayordomo los persiguió y les preguntó: « ¿Por qué me han pagado mal por bien?
¿Por qué han robado la copa que usa mi señor para beber y para adivinar?» (Génesis 44:4-5).
Ellos lo negaron, pero obviamente, él encontró la copa en la bolsa de Benjamín. Ellos se atemorizaron
pues no podían permitir que apresaran a Benjamín. Sería un golpe demasiado fuerte para Jacob, su padre.
José, al verlos tan exaltados, no pudo más y les reveló que él era José, el hermano que habían vendido a
los madianitas.
Yo soy José, el hermano de ustedes, a quien vendieron a Egipto. Pero ahora, por favor no se aflijan más ni
se reprochen el haberme vendido, pues en realidad fue Dios quien me mandó delante de ustedes para
salvar vidas (Génesis 45:4-5)
Él les comunicó su plan: ellos buscarían al papá y vendrían a vivir a la región de Gosén en Egipto. Todavía
quedaban varios años de hambre, pero en Egipto no les faltaría nada. Así lo hicieron. Buscaron a Jacob y
él volvió a ver a su hijo José después de tantos años.
Sin embargo, Jacob pidió que al morir no lo enterraran en Egipto sino junto a sus antepasados en Canaán.
Cuando llegó el momento, José y sus hermanos honraron su petición y llevaron su cuerpo a Canaán, al
lugar que él les había indicado (Gen 50 :12-1).
Reflexionando en grupo:
¿Podemos identificar a los personajes en nuestra vida actual? ¿En nuestra sociedad se encuentran aún
presentes los hermanos de José?
¿Es correcta la conducta del hermano mayor, Rubén? A veces ¿no nos sentimos como Rubén ante una
injusticia?
¿Cómo puedo mejorar? ¿Cómo puedo parecerme más a José y ablandar mi corazón ante los enemigo?