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Política Exterior de México (1917-1940)

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Chapter Title: CONCLUSIONES

Book Title: La marca del nacionalismo


Book Author(s): Lorenzo Meyer
Published by: El Colegio de Mexico

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CONCLUSIONES

Los años que van de 1917 a 1940 constituyen un periodo de gran


actividad -y efectividad- en la política exterior de México. El cen-
tro de esta política fue la defensa del proyecto revolucionario formu-
lado en el Congreso Constituyente de Querétaro de 1916 frente a las
presiones externas que buscaban excluir a los intereses económicos
de las grandes potencias de los efectos de las transformaciones revo-
lucionarias. Esas transformaciones buscaban, entre otras cosas, re-
distribuir la propiedad de la principal fuente de la riqueza social -la
tierra-, dar al Estado una mayor participación y control en la explo-
tación de los recursos naturales no renovables -principalmente el
petróleo--, otorgar una mayor protección al trabajador frente al ca-
pital -la legislación laboral-, excluir la protección diplomática en
la relación entre el capital extranjero y las autoridades mexicanas
-Cláusula Calvo-- y negar al reconocimiento diplomático su carác-
ter de arma política de las potencias para dar o restar legitimidad a las
configuraciones internas del poder -Doctrina Estrada.
En la defensa de todos los principios enumerados, los gobiernos
del nuevo régimen buscaron reafirmar el principio central. de la polí-
tica exterior mexicana: el de la no intervención de un Estado en los
asuntos internos y externos de otro. Peró la defensa de este principio
rector implicó algo más que·intentar lev.antar una muralla protectora
alrededor de México: fue también el auxilio que dio México, en la
medida en que le fue posible, a otros gobiernos cuando éstos lo so-
licitaron para combatir al enemigo interno apoyado desde el exterior.
Ése fue al menos el argumento mexicano para dar una modesta ayu-
da material y otra más importante de carácter político al gobierno
liberal de Nicaragua en los años veinte y al republicano español en
los treinta. En ambos casos, hubo algo más que introducir en el con-
cepto de la ·no intervención: el derecho de un gobierno a apoyar a
otro legítimamente constituido. Hubo también un elemento antiim-

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150 LA MARCA DEL NACIONALISMO

perialista, pues las dos acciones mexicanas significaron enfrentar al


intervencionismo norteamericano en Centroamérica y al expansio-
nismo del fascismo y nacionalsocialismo en Europa.
Al empezar a estabilizarse la situación política mexicana durante
los gobiernos de Venustiano Carranza y Alvaro Obregón -la his-
toriografía señala a 1920 como el fin de la guerra civil- las gran-
des potencias con intereses en México iniciaron acciones para for-
zar a México a compensar a sus ciudadanos por los daños que la
Revolución Mexicana había causado en sus propiedades y perso-
nas. Frente a tales demandas, México sostendría que los estallidos
revolucionarios eran fenómenos de tal magnitud que imposibilita-
rían a cualquier gobierno a dar la protección debida a los intereses
tanto de nacionales como de extranjeros, y que las pérdidas produ-
cidas por esos terremotos sociales no eran imputables a negligen-
cias gubernamentales. Las cancillerías de las potencias extranjeras
no aceptaron el razonamiento mexicano y, a final de cuentas, Méxi-
co debió firmar convenciones de reclamaciones con Estados Uni-
dos y varios países europeos, pero sin aceptar que sentaban prece-
dente y logrando disminuir el pago a una fracción mínima del
reclamo original.
La reanudación del pago de la deuda externa -pago que había
sido suspendido por el gobierno militar de Victoriano Huerta- fue
otro de los frentes donde la política exterior de México debió manio-
brar con mucho cuidado. El erario de los gobiernos del nuevo régi-
men simplemente no tenía la posibilidad de hacer frente a la liquida-
ción del principal en su valor nominal y de los intereses acumulados.
Los diferentes acuerdos de la época entre los· gobiernos mexicanos y
el Comité Internacional de Banqueros fueron firmados en situacio-
nes extraordinarias y para tratar de disminuir la presión de ese pode-
roso grupo de capitalistas norteamericano y europeo, pero una y otra
vez México encontró políticamente imposible canalizar sus limitados
recursos a satisfacer las demandas de los banqueros en detrimento
de sus legítimas prioridades internas. De ahí que con la misma facili-
dad con que los gobiernos revolucionarios aceptaron a lo largo de
tres presidencias los acuerdos firmados entre Adolfo de la Huerta,
Alberto J. Pani y Luis Montes de Oca con Thomas Lamont, los hi-
cieran inoperantes y pospusieran para un mejor momento el pago de

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CONCLUSIONES 151

la deuda externa. Fue una forma peculiar pero efectiva de ejercer la


soberanía.
La negociación en tomo al retomo de las empresas ferrocarrileras
y tranviarias, tomadas por las autoridades en los momentos críticos
de la guerra civil, fue otra de las áreas de conflicto entre los gobier-
nos mexicanos y los intereses externos. El retorno de las diferentes
líneas ferroviarias, propiedad de extranjeros, no fue sólo un asunto
de mera transferencia de una administración pública a una privada,
sino que implicó sobre todo la negociación en tomo al pago por el
uso y desgaste del material ferroviario a lo largo de varios años.
El monto y la naturaleza de la compensación a una actividad que
había perdido su atractivo para los accionistas extranjeros, se prolon-
garon a todo lo largo del periodo, de tal manera que el diferendo sólo
se solucionaría en una época posterior, cuando las posibilidades eco-
nómicas del gobierno mexicano aumentaron y el interés externo en
seguir controlando ferrocarriles en México disminuyó aún más.
La defensa del proyecto revolucionario frente a las presiones ex-
ternas fue difícil y, en determinados momentos, peligrosa. En efecto,
en un par de ocasiones la tensión estuvo a punto de desembocar en
un conflicto armado entre México y el principal poder que se negaba
a aceptar el cambio de la situación de los intereses creados extranje-
ros: Estados Unidos. La primera crisis, la más seria, tuvo lugar en la
segunda mitad de la administración de Venustiano Carranza, cuando
fuerzas del Departamento de Estado y del Congreso norteamerica-
no, acicateadas por grupos de interés, consideraron que era posible
y conveniente llevar al gobierno norteamericano, presidido por un
Woodrow Wilson física y políticamente debilitado, a destruir de tajo
el nudo gordiano que les habían creado la Revolución Mexicana y
Venustiano Carranza. Otro momento igualmente crítico tuvo lugar
entre 1926 y 1927 a raíz de la promulgación de la primera Ley Regla-
mentaria del Petróleo y que afectaba -por limitar en el tiempo y
alcance- los derechos de propiedad adquiridos por las poderosas
empresas petroleras al final del antiguo régimen.
La intensidad y persistencia del conflicto entre México y su entor-
no exterior, así como la debilidad relativa. de México frente a las
presiones de las grandes potencias, le llevaron a ceder terreno en
varios renglones -reforma agraria, reforma petrolera o reclamació-

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152 LA MARCA DEL NACIONALISMO

nes-, pero nunca al punto de clausurar el esfuerzo reformista. Al fi-


nal de nuestro periodo de estudio, durante la administración del pre-
sidente Lázaro Cárdenas, la política exterior mexicana logró algunos
de sus más notables triunfos, entre los que destacan las expropiacio-
nes de propiedades agrarias de extranjeros y la nacionalización de la
industria petrolera, además de mantener la moratoria en el pago de
la deuda externa. Dos elementos explican estos hechos. Por un
lado, la existencia de tensiones en el sistema internacional que forza-
ron a las grandes potencias a concentrar su atención unas en las
otras, lo que abrió espacios de libertad para países como México. Por
el otro, la creación de organizaciones de masas que sirvieron de fuer-
te base social al régimen y que se movilizaron en apoyo del gobierno
en contra de las presiones externas en momentos críticos. De esta
manera, la política exterior, que hasta la llegada del general Cárdenas
a la presidencia había sido un área de competencia casi exclusiva de
la élite política, se transformó también en un asunto en el que las
organizaciones obreras y agrarias desempeñaron un papel sustanti-
vo. Las movilizaciones masivas en favor de la expropiación petrolera
o de las expropiaciones agrarias convencieron a las cancillerías de los
gobiernos interesados de que para echar abajo esas políticas sería
necesario no sólo presionar a un presidente sino destruir el corazón
del sistema político mexicano, lo que representaba riesgos y costos
muy considerables.
En 1917 las influencias externas sobre México provenían princi-
palmente de Estados Unidos, pero las inversiones, el comercio y las
acciones de Gran Bretaña, Francia o Alemania eran importantes.
Al concluir la Primera Guerra Mundial, el papel que tuvo Europa en
las consideraciones de los responsables de la política exterior mexi-
cana disminuyó, y ésa no fue una situación pasajera sino permanente.
Para 1940, cuando ya había estallado la nueva contienda mundial, la
concentración del intercambio mexicano con Estados Unidos era
mayor, como también lo era la influencia política norteamericana
sobre México. A partir de entonces, fue muy poco lo que los países
europeos pudieran hacer en el campo político, económico o cultural
para neutralizar o balancear la presencia norteamericana en México.
En las conferencias interamericanas de La Habana, Montevideo o
Buenos Aires, los representantes mexicanos cooperaron con aque-

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CONCLUSIONES 153

llos países latinoamericanos que buscaban crear una estructura jurí-


dica interamericana que limitara las tendencias intervencionistas de
Estados Unidos, y que facilitara la solución pacífica de los conflictos
dentro de la región. Sin embargo, más allá de esta cooperación en la
construcción del sistema interamericano, las relaciones de Méxi-
co con el resto de los países latinoamericanos fueron más formales
que sustantivas. Con Asia y África el carácter simbólico de esas rela-
ciones fue evidente --condena de la agresión japonesa a China y de
la italiana a Etiopía-, aunque hubo algunos intercambios económi-
cos con Japón y momentos de tensión en la relación con China por
la política mexicana de deportación de súbditos de ese país.
La Sociedad de Naciones -a la que se tuvo acceso bastante tarde
por los enconos que la Revolución Mexicana había despertado entre
los gobiernos de las grandes potencias que dominaban esa organiza-
ción- fue utilizada por México en el único sentido en que podía
hacerlo: como caja de resonancia para insistir en la validez de los
principios centrales de su política internacional, es decir, los de la no
intervención, la igualdad jurídica de los estados, la solidaridad con las
víctimas de la agresión externa, y otras nociones de soberanía útiles
a un país débil y que en repetidas ocasiones había sido objeto de
agresiones por parte de los poderosos.
Aunque en el periodo estudiado la esencia de la relación política
de México con el exterior fue la defensa del nuevo régimen, no se
puede dejar de lado que en ciertos momentos ese mundo externo
se transformó de amenaza en apoyo de los gobiernos revoluciona-
rios, aunque a un costo. En efecto, tras los Acuerdos de Bucareli en
1923, y los del presidente Calles con el embajador Morrow en 1927
y 1928 --que significaron una disminución de la soberanía mexica-
na-, el gobierno de Estados Unidos prestó apoyo al de México para
derrotar a movimientos rebeldes de importancia, como lo fueron las
rebeliones delahuertista, cristera y escobarista. Finalmente, en 1940
las autoridades estadounidenses se negaron a dar su apoyo a la opo-
sición encabezada por Juan Andrew Almazán, oposición que amena-
zó con un nuevo levantamiento tras sufrir una derrota electoral que
tuvo visos de fraude. Esa vez, la acción norteamericana fue incondi-
cional, pues no exigió al cardenismo ninguna concesión a cambio de
desoír los ofrecimientos de los almazanistas. El temor a la expansión

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154 LA MARCA DEL NACIONALISMO

de la influencia fascista en América Latina bastó para que, pese a su


oposición a las expropiaciones del cardenismo, el presidente Roose-
velt no intentara desestabilizar a un gobierno mexicano probada-
mente antifascista.
Tras poner en la balanza los éxitos y los fracasos de la política
exterior mexicana en el periodo de consolidación del movimiento
revolucionario, es posible concluir que esa política sirvió bien al in-
terés nacional, que consistió en llevar adelante los cambios propues-
tos por la Constitución de 1917.

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