Filosofía
Texto 7
El cuerpo y los ideales hegemónicos de belleza
Autorretrato de Marie Gabrielle Capet, realizado en 1783, actualmente se encuentra en Museo Nacional Western
Art de Tokyo Japón.
La dulzura del Rococó (siglo XVIII) Mujeres dulces de ojos grandes, con rubor en las mejillas y en los
labios servían de inspiración a los artistas de la época. La piel era blanca e impoluta, mostrando
vitalidad y sensualidad. Frente al realismo del barroco, el gusto del Rococó es más exquisito y delicado.
La preferencia en el siglo XVIII era llevar la piel lo más blanca posible. Con respecto a los cosméticos
que se utilizaban en esa época, el producto con el que se maquillaban el rostro a modo de base era la
cera. Luego la moda se hizo más complicada, primero una capa de maquillaje blanco en el rostro, sobre
la cual se aplicaba polvo blanco y finalmente los labios bien colorados y las mejillas a tono, para lo cual
se disponía del rouge.
A lo largo del tiempo, cada sociedad selecciona modelos, ideales y valores estéticos acerca de los
cuerpos de mujeres y varones; ellos tienen un fuerte impacto en la construcción de la imagen corporal
de unas y otros. Muchas veces, los ideales corporales que se manifiestan en imágenes de cuerpos
considerados bellos y perfectos se reducen a una mínima cantidad de fenotipos que no son los más
frecuentes en las poblaciones. En la construcción de la subjetividad interviene, entre otras cosas, “la
mirada “sobre el propio cuerpo y la del ajeno. En nuestra sociedad, donde las imágenes tienen un rol
tan destacado, y particularmente las imágenes sobre los cuerpos, muchas veces la complejidad de la
condición humana suele reducirse a la valoración de ciertas representaciones e imágenes consideradas
ideales. En este sentido, tener un cuerpo “bello” se asocia linealmente con el “éxito” y la “felicidad”.
Los medios de comunicación masiva y la publicidad construyen estereotipos, de manera más o
menos directa, en la producción de imágenes corporales, marcando el canon de belleza en una
época en la cual, por ejemplo, la extrema delgadez de los cuerpos forma parte de cierto ideal de
belleza.
El canon de belleza representa aquello que una comunidad considera “agradable estéticamente”, y
varía en función de la época y el lugar. A lo largo de la historia los cánones de belleza han ido
cambiando y evolucionando, aunque en muchas ocasiones tienen similitudes.
La palabra canon viene del griego “kanon” que significaba “regla o vara para medir”. El canon de
belleza representa lo que una comunidad interpreta como agradable estéticamente, o lo que se ajusta
a los parámetros establecidos para un conjunto de personas o cosas. Aplicado al cuerpo humano, el
canon de belleza se refiere a la idea del “cuerpo perfecto”, al que se le atribuyen una serie de
características.
Actualmente existe un culto al cuerpo parecido al que practicaban los antiguos cuando los cánones de
belleza se basaban en la simetría perfecta y la armonía de esta proporción clásica se perseguía
mediante el deporte y la buena alimentación.
Aunque el culto al cuerpo viene de antes. Los antiguos egipcios ya se maquillaban, aunque no fuera
solo por estética, sino también para proteger la piel del sol y ahuyentar a los insectos.
Más tarde en la Edad Media, y debido a la definitiva implantación y expansión del Cristianismo, la
belleza pasó a ser por y para Dios. La belleza era creación divina porque solo Dios podía crear belleza a
su imagen y semejanza. Aunque es en esta época cuando el canon cambia y ya no es, por lo menos
primordialmente, una belleza material o física. Es entonces cuando surge el concepto tan usado de “la
belleza está en el interior”. La forma de vestir se caracterizó por la ausencia de maquillaje. Todo esto lo
sabemos porque ha quedado reflejado en el arte. Como también tenemos constancia de la censura
existente a la hora de representar desnudos artísticos, pues la moral cristiana los consideraba
impúdicos.
El Renacimiento se cimienta sobre estas tendencias de finales del medievo, pero ésta es también una
época floreciente, de renovación.
La dama del armiño por Leonardo da Vinci
No obstante, es imposible de desprenderse de los 1000 años anteriores. Así que aquí también se
estilaba la tez blanca del periodo anterior, pero las formas son más redondeadas, los manos y los pies
pequeños, las caderas también redondeadas y, en contra de la austeridad anterior, los labios y las
mejillas se visten con un poco de carmín, lo suficiente para demostrar jovialidad.
Ya en el Barroco (siglo XVII y siglo XVIII), la tendencia fue más o menos la misma, pero como uno de los
elementos distintivos, ahora le toca el turno a las pelucas, tanto en hombres como en mujeres, además
del abuso de perfume, los polvos blancos en la cara y el cuerpo o maquillarse y recalcar las venas. Sin
olvidar, por supuesto, la tortura de los corsés, que literalmente llegaban a privar de aire a quienes los
vestían, produciendo desmayos y malformaciones óseas.
Con la entrada del siglo XX, la imagen de la mujer ideal se correspondía con una silueta en forma de
“S”, de cintura estrecha y abdomen plano, que se conseguía con la ayuda de un corsé, destacando el
pecho y las caderas.
Este prototipo comenzó a flaquear tras la Primera Guerra Mundial, cuando una mujer más andrógina
empezó a tomar protagonismo, ocultando pechos y cintura y dando lugar a una silueta más plana y una
imagen casi de eterna adolescente.
Los años 50 estuvieron marcados por una tendencia lucir un busto imponente y unas caderas
poderosas. Claro ejemplo de esta época son celebridades como Rita Hayworth, Ava Gardner o la
mismísima Marilyn Monroe, quien puso de moda el rubio platino.
Marilyn Monroe, actriz estadounidense (1926 – 1962)
Tras el destape de estas épocas y con la llegada de los 60 llegó una revolución estética con la que se
volvió al prototipo de los años 20, volviendo así a estar de moda las mujeres más delgadas y los cortes
de pelo más cortos.
Pero si hablamos de cardados y de excentricidad, hemos de referirnos a los 80. No podemos hablar de
esta década sin mencionar a Madonna y el principio del boom de la cirugía plástica.
Con la llegada de los 90, comenzaron a verse modelos desfilando en pasarelas para importantes firmas
y diseñadores, primando una silueta algo más delgada, pero aún no en exceso. Cindy Crawford, Naomi
Campbell o Claudia Schiffer fueron, sin lugar a dudas, claros iconos de esta época.
El canon de belleza actual de occidente tiene algunas similitudes con el griego, ya que se busca que el
cuerpo esté atlético y delgado mediante el ejercicio físico y la buena alimentación.
Actualmente las mujeres ‘perfectas’ son aquellas que son altas y muy delgadas, con caderas
pronunciadas y pechos grandes, firmes, simétricos y sólidos. Estas características se concretan en las
conocidas medidas de 90-60-90. Asimismo, son cualidades del canon de belleza femenino la piel
bronceada y tersa, los ojos grandes, la nariz pequeña, los labios gruesos, el vientre liso, el pelo largo y
las piernas largas y torneadas. En cuanto a los hombres, se prefiere a aquellos que están delgados y
musculosos, con muy poca grasa corporal. A estas características se agrega también un cuidado del
cuerpo cada vez más frecuente, con una preocupación por el pelo, el vestuario y el vello corporal que
antes no tenían los hombres.
En general el canon de belleza actual se basa en aparentar juventud y tener una figura firme. Es por
ello que tanto hombres como mujeres pasan horas en el gimnasio y quieren seguir dietas para
mantener el cuerpo delgado. Asimismo se recurre al uso de cosméticos y tratamientos de estética.
La preocupación constante por el aspecto físico es una característica más de la sociedad actual.
Aunque no hay nada de malo en cuidar la apariencia, una preocupación desmedida por el aspecto
físico puede conducir a la aparición de trastornos alimenticios y pérdida de autoestima.