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El amor a sf mismo
y la confianza en uno mismo
Soy viajero y navega
Y cada dia descubro un nuevo contini
en las profundidades de mi al
KHALIL GlB
La autopercepcion
La autopercepcion hace tomar conciencia de los diver
aspectos de la propia personalidad: rasgos ffsicos y psi
logicos, cualidades morales, necesidades, conocimientc
recursos, capacidades y limites, fuerzas y debilidades.
Asf, si alguien me pidiera que describiese mi percepc
de mf mismo actualmente, dirfa: «Soy un hombre; ejew
sacerdocio; trabajo como profesor; me esfuerzo por ser
buen comunicador; soy algo tfmido y, sin embargo, me g
tan los desaffos». Y podrfa proseguir enumerando los di,
sos aspectos de la persona que soy. Reconozco como II
las cualidades que me reenvfa mi entorno. Sin embargo,
dependo por completo de la apreciacion ajena. Cuanta r
madurez adquiero, tantas mas cualidades y aspectos intf
santes descubro en mf mediante la reflexion y la experi
cia. En resumen, la autoestima que me he construido dep
de a la vez de la apreciacion ajena y de la propia.
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La autoconciencia esta, pues, en el origen de los juicio
valorizadores 0 desvalorizadores que se hacen sobre la pro
pia persona y sus competencias. El nifio es mas dependien
te de la apreciacion ajena y suele compararse con los dema
para evaluarse a sf mismo. Pero poco a poco, con la adqui
sicion de mayor autonomfa, la estima de su valia personal:
de su competencia se construye comparandose mas consi
go mismo y con sus propios progresos. Y es el conjunto dl
los juicios emitidos sobre uno mismo 10 que constituira 1:
autoestima.
Una distincion importante
De entrada, quiero establecer una importante distinciol
entre la autoestima referida a la propia persona y la autoes
tima referida a las propias competencias. En los medio:
pedagogicos norteamericanos coexisten dos corrientes d(
ideas: unos ponen el acento en la autoestima referida a 1:
persona misma, concebida como un valor unico e infinito
los otros, en la autoestima referida a la propia competencia
Virginia Satir, representante del primer grupo, afirma
«Yo soy yo. En el mundo no hay ninguna otra persona exac·
tamente igual a mf». E insiste en el reconocimiento que ha)
que conceder a la unicidad de la persona y a la aceptacior
de todos sus rasgos corporales, emociones, necesidades
facultades, cualidades, errores, etc. Su acto de fe en el valOl
inestimable de la persona relega a un segundo plano sw
realizaciones y su rendimiento.
Nathaniel Branden, por su parte, insiste en el desarrollc
de las aptitudes. Su filosoffa de la autoestima se reflejc
enteramente en la definicion que da de la misma: «La auto-
estima es la dis posicion a confiar en que uno mismo es aptc
para responder a los desaffos fundamentales de la vida y
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digno de felicidad»'. Branden hace ante todo hincapie en la
responsabilidad y el rendimiento. El valor de la persona y
el respeto que se Ie debe ocupan en el un segundo lugar.
"Como conciliar estas dos tendencias, por una parte, la
de amarse y aceptarse a uno mismo y, por otra, la de valo-
rarse en funci6n de las aptitudes y del rendirniento? En mi
opini6n se trata de un falso problema. Las dos form as de
autoestima deben ser valoradas de igual manera. Conce-
deremos, sin embargo, priori dad a la autoestima referida a
la propia persona, segun el principio filos6fico de que el
actuar sigue al ser (agere sequitur esse).
(V ease la estrategia «Distinguir la autoestima referida a
la propia persona de la autoestima referida a la propia com-
petencia». Todas las estrategias mencionadas en este libro
se encuentran en Estrategias para desarrollar la autoesti-
rna y la estirna del Yo profunda, de pr6xima aparici6n).
La autoestima referida a la propia persona
Cuando uno se ama realmente,
cuando se aprueba y se acepta tal como es,
todo marcha bien en la vida.
Son como pequeiios milagros que surgen par doquier.
L OU ISE H AY
He aqui cuatro sign os que permiten reconocer la autoestima
referida al propio ser.
1. N . BRA NDEN, The Six Pillars of Self-Esteem, Bantam Books, New York
1994, p. 27 (trad. cast. : Los seis piLares de La autoestima, Paid6s Iberica,
Barcelona 1997).
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R econocerse el derecho a vivir
La afirmaci6n de la vida es un acto espiritlA
por el que el hombre deja de actuar de manera irreflexi
y comienza a reverenciar su vi,
a fin de contemplarla en su justo val,
ALBERT SCHWEITZ
Solemos considerar el derecho a la vida como algo evide
te, excepto en determinadas situaciones, frente a un pelig
mortal, por ejemplo, en cuyo caso se siente vivamente
urgencia en virtud del instinto de supervivencia.
l,Que decir de la persona que, debido a un sufrimien
excesivo, ha perdido el deseo de vivir 0 incluso el ins tin
de hacerlo? Debe recuperar imperativamente su instinto
vida. l,C6mo? Lo primero que se Ie ocurrira sera pel
ayuda; existen, en efecto, varios medios de controlar
sufrimiento. Despues decidira que quiere vivir y vivir bit
A una madre afligida por la depresi6n de su nina de cin
anos Ie decfa un medico: «Esta bien que usted haga todo
po sible para que su hija siga viviendo, pero es ella qui
debe decidir vivir. Nadie puede hacerlo en su nombre».
Hay, por otra parte, suicidios sutiles que van en coni
del instinto vital: fumar, beber en demasfa 0 drogarse, cc
ducir a velocidad excesiva, etc. Lo menos que puede u
hacer para reconocerse el derecho a la vida es evitar perj
dicarla 0 degradarla.
Las convicciones que refuerzan el des eo de vivir y
derecho a hacerlo son las siguientes: tengo derecho a ex
tir; soy responsable de mi existencia; soy responsable de •
integridad ffsica; quiero vivir y hacerlo en buenas condici
nes ffsicas; no hago nada para perjudicar mi salud, etc.
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Ser consciente de ser alguien unico e insustituible
El valor de un hombre se mide
por la estima que siente por sf mismo.
FRAN<;:OIS RABELAIS
Apreciar el propio valor como alguien unico e insustituible
no consiste en creerse perfecto 0 mejor que los demas.
Tampoco lleva a compararse con los otros, entrar en com-
petici6n con ell os ni rebajarlos. Sino que ser consciente de
la propia unicidad como persona supone reconocer el senti-
miento de inviolabilidad de la propia conciencia, la con-
fianza serena y el orgullo respecto de uno mismo.
Por desgracia, hay quien duda constantemente del valor
de su persona. Se cree falso e indigno de admiraci6n y de
amor, y se considera marc ado por taras congenitas. Hay
tambien quien se compara continuamente con los demas,
vieja costumbre adquirida en la infancia, como consecuen-
cia de haber recibido mensajes de este tipo: «i., Yes 10 que
hace tu herman a mayor?»; «Tu primo es mejor que tu»;
«No eres tan aplicado como los demas» ; etc. Cada nino, ca-
da persona es unica; no esta justificada comparaci6n algu-
na. Max Ehrmann dice: «Si os comparais con los demas,
podeis volveros orgullosos y amargados, porque siempre
existira gente mejor y peor que vosotros» .
Para contrarrestar estas actitudes tan desvalorizadoras,
es importante reforzar las propias convicciones sobre el
valor y la unicidad personales: poseo valor; soy unico en el
mundo e incomparable; soy muy importante; me trato con
respeto y espero de los demas el mismo trato; poseo digni-
dad personal; me siento digno de aprecio; estoy orgulloso
de mf mismo; soy el mejor testigo de mi vida interior (de 10
que en ella veo, oigo y siento); etc.
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Aceptar todos los aspectos de la propia persona
sin censurarlos ni negarlos
Dado que reconozco como mio todo 10 que es "
puedo conocerme me.
Obrando asi, puedo amarme y estar en buena relac
con todas las partes de mi perso
VIRGINIA Sf
Es este un gran desaffo planteado a la autoestima: apren
a aceptar todos los aspectos del propio cuerpo, la diversi(
y variabilidad de las propias emociones, pensamient
deseos, sueiios, e inc1uso de las propias sombras, co
parte integrante de la propia personalidad. Lo ideal es dE
emerger en uno el material consciente e inconsciente
interpretarlo, racionalizarlo, expresarlo 0 tomar concien
de el. Tenemos tendencia a censurar las sensaciones de
gradables, el malestar, las emociones embarazosas, los P'
samientos molestos, los deseos indecentes 0 los suej
locos. Tendemos a evitarlos, ocultarlos y rechazarlos co
fenomenos inaceptables. Y estas maniobras no haran s
aumentar el volumen de la propia sombra (vease el anal
de la sombra de la personalidad, pp. 145-154). Lo que
queremos reconocer y aceptar sigue actuando en nue~
persona a pesar de nuestra voluntad.
Para evitar esta nefasta represion, hay que adoptaI
postura de un observador que, en lugar de identificarse (
los propios estados de animo, los deje pasar como nu
evanescentes. Este es el papel y el efecto de la meditac
autentica.
Quien se acoja en todas las facetas de su ser, se dej
guiar por las siguientes convicciones: acepto experimer
todas las partes de mi ser sin mas razon que la de perte
cerme; acepto la presencia de mis pensamientos, aunque
siempre pueda hacerlos realidad; acepto sentir mis emo(
nes y mis sentimientos, aunque sean dolorosos 0 frustran
trato de estar en armonia con todas las partes de mi ser; I
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Considerarse amado y amarse a uno mismo
La peor de las soledades no es estar solo,
sino ser un companero espantoso para uno mismo.
La soledad mas violenta es aburrirse
en la propia companla.
JACQUES SALOME
Las muestras gratuitas de atencion y afecto prodigadas pOI
familiares y educadores incitan al nifio a tratarse de mane-
ra benevola y calida. Aprende asf a considerarse su «mejor
amigo» . l,Como se manifestani esto? Un amigo fntimo es-
cucha, comprende, anima y expresa su amor benevolo y
compasivo. EI ser que se considera amado actua de la mis-
rna manera con respecto a sf mismo.
EI amor a uno mismo comienza por una compasion
autentica por la propia persona. Lejos de refiirse por los
propios errores, cui parse en el sufrimiento y humillarse en
los fracasos, la persona que se ama se escucha, se consue-
la, se da animos y conffa en sf misma.
El am or fiel y constante por uno mismo desempefia tam-
bien un papel determinante en el am or al projimo. Sin amor
a uno mismo, el am or a los demas es imposible.
El amor a uno mismo se fundamenta en las siguientes
convicciones: tengo la seguridad de ser amado y amable;
soy compasivo con respecto a mf mismo; me perdono mis
errores y faltas; soy mi mejor amigo; me hablo con temura;
me animo en los momentos diffciles, etc.
La autoestima referida a la pro pia competencia
La segunda forma de autoestima tiene que ver con la com-
petencia de la persona. Se traduce en un sentimiento de
confianza en las propias capacidades, en la voluntad de
poder con las tareas que se presentan ante uno y en la deter-
minacion de realizar los propios proyectos y suefios. No
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tiene nada que ver con el sentimiento de ser omnipotente ;
omnisciente. Permite creer en la propia capacidad dl
aprender, afrontar el trabajo y responder a los desaffo:
corrientes de la vida.
Veamos las manifestaciones de esta autoestima y la
convicciones que la sostienen.
Creer en la propia capacidad de aprender
Buen numero de personas no tienen confianza en su capa
cidad de aprender. Dudan de sf mismas, no se consideral
tan inteligentes como los de mas y estan convencidas de n(
tener su brio. Tienen la creencia de ser limitadas, de tene
que trabajar mas que los demas para alcanzar el exito, dl
tener que aprenderlo todo de memoria, por ejemplo. EI
suma, obedecen los dictados de los malos educadores, qUi
siempre les han desalentado y les han inducido a dudar dl
sus capacidades.
~n cambio, la persona que se estima, conffa en su
facultades mentales: su inteligencia, su imaginacion, su jui
cio, su capacidad de aprender de manera metodica, etc. Po
ejemplo, yo conozco a un hombre que a los ochenta y do
afios ha aprendido a utilizar el ordenador. No solo domin:
el procesador de textos, sino que tambien reproduce su
dibujos a fin de mejorarlos.
Tales personas alimentan en sf la seguridad en 10 qUi
respecta a su capacidad de aprender. Cultivan en su perso
na las convicciones siguientes: estoy dotada de cualidade
intelectuales; estoy segura de poder realizar las tareas ordi
narias y responder a los desaffos cotidianos; me establezcl
objetivos realizables y se llevarlos a termino, etc.
Aceptar el propio nivel de competencia
sin compararse con los demos
EI reconocimiento de las propias aptitudes y de las limita
ciones personales actuales, y la negativa a compararse SOl
dos condiciones esenciales para adquirir una autoestim:
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justa en el orden de la competencia. Es esencial, por otra
parte, medir bien las propias aptitudes y sus limitaciones
para intentar superarlas. En lugar de sonar con proezas
fabulosas 0 imposibles, la persona debeni contentarse con
su competencia dentro de los lfmites actuales. De 10 con-
trario, se dara cuenta enseguida de que ha colocado el lis-
t6n demasiado alto. Es 10 que me sucedi6 durante la redac-
ci6n de mi tesis doctoral. Me decfa: «Hoy tendrfa que escri-
/ bir diez paginas». Al final de la jomada, despues de no
haber conseguido redactar ni una sola pagina, me sentia
frustrado, ansioso y deprimido. Deje, pues, de obligarme a
10 imposible y aprendi a sentirme satisfecho de 16 poco que
lograba. Las pequenas realizaciones valen mas que las
grandes pretensiones.
La persona que tiene confianza en si misma vence su
miedo al riesgo. No Ie obsesiona la posibilidad de cometer
errores y, si los comete, sabe repararlos; los considera otras
tantas ocasiones de aprender 10 que no debe hacerse.
Esta confianza es alimentada por las convicciones
siguientes: me siento capaz; no necesito compararme con
los demas; es mejor que compare mis realizaciones con las
del pasado; acepto mi actual nivel de competencia, al
mismo tiempo que trato de mejorar sin cesar; me atrevo a
aceptar nuevos desafios; transformo mis errores en otras
tantas informaciones sobre 10 que no se debe hacer; estoy
seguro de poder llevar a termino mis proyectos, etc.
Saber valorarse despues de los exitos,
por pequeiios que sean
Quien se estima correctamente recuerda sus exitos pasados
y encuentra en ellos un aliciente. Vive sin cesar con la espe-
ranza de triunfar de nuevo. El exito engendra el exito. Esta
persona mira el futuro con optimismo. No duda de sus posi-
bilidades de exito. Se ve y se siente en vias de triunfar y se
10 dice a sf misma. Esta visi6n Ie proporciona aliento y
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esperanza. La perspectiva de los obstaculos y las dificulta-
des que encontrara, lejos de desanimarla, la estimula a
avanzar. Ha adquirido la seguridad de superados gracias a
su ingenio y al apoyo de los demas.
Las convicciones que sostienen este tipo de autoestima
son las siguientes: me siento alentado por mis pequefios
exitos; me pongo objetivos realizables; me felicito por mis
exitos; me yeo triunfando; aprendo a vencer los obstaculos,
etc.
Buscar la propia mision y tratar de cumplirla
El ultimo nivel de la confianza en uno mismo consiste en
cumplir la mision personal. En mi opinion, la mision no se
reduce a desempefiar un trabajo 0 tener una carrera confor-
table, sino que responde al «suefio del alma», a una incli-
nacion profunda del corazon hacia el servicio a la comuni-
dad. Es algo que trasciende las ambiciones del ego, situ an-
dose mas bien en la orbita del Sf-mismo. Pero, cuidado, si
no se goza de una gran autoestima referida a la propia com-
petencia, de una fuerte confianza en uno mismo, es poce
probable que se asuma el riesgo de responder a la mision
personal.
Una vez descubierto el «suefio del alma» y adquirida la
conviccion de poder realizado sean cuales sean los sacrifi-
cios que comporte, se alcanzara un estado inefable de ple-
nitud. La persona que tenga el coraje de seguir el impulse
de su corazon se sentira viva y creativa al servicio de la
sociedad.
Para apoyar su impulso en la busqueda de su mision, la
persona alimentara las convicciones siguientes: estoy segu-
ra de tener una mision personal; la buseo en 10 que mas me
apasiona y entusiasma; Ie sere fiel a pesar de los obstaculm
y la oposicion de mi entomo; en este momenta soy cons-
ciente de tener una vocacion unica y de poder desempefiaI
un papel de co-creadora del universo, etc.
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Conclusion
i, Cabe imaginar que alguien tenga una altfsima estima por
su persona sin tener confianza en sus capacidades? Tendrfa
probablemente tendencia a no asumir sus responsabilidades
y a evitar correr riesgos. Por otra parte, exigirfa ser acepta-
do y amado a pesar de sus incapacidades y su pasividad. Se
«hipersocializarfa» para hacer olvidar su falta de iniciativa
y su pereza. Pretenderfa que su encanto y su belleza Ie dis-
pensaran de llevar a cabo tareas ordinarias 0 de sus respon-
sabilidades. Se especializarfa en la seducci6n y las excusas,
manipulando a los demas a su servicio.
A la inversa, imaginemos el caracter de alguien que,
despues de haber desarrollado al maximo sus talentos, no
hay a adquirido estima por su persona. Se habra convertido
en un obseso del trabajo, perfeccionista, salvador perfecto
y manfaco del deber. Por su trabajo y su dedicaci6n, espe-
rara recibir muchas muestras de atenci6n, aguardando que
la gente termine por manifestarle afecto. Pero, desgraciada-
mente, esta persona carente en el terreno afectivo no logra-
ra hacerse amar. Incluso en medio de sus mayores proezas,
tendra la sensaci6n de ser falsa y sufrini la angustia secreta
de no ser amada. Yo he conocido a una joven que evitaba
incluso utilizar sus numerosos talentos por miedo a ser
apreciada unicamente por su competencia. Su falta de esti-
rna por su persona la llevaba a sabotear sus gran des talen-
tos por temor a ser explotada.
No es raro encontrar personas que toman conciencia de
que su carrera 0 su profesi6n les han hecho esclavas de su
trabajo. En particular en la mitad de la vida, despiertan para
constatar que no se aman y que no son amadas. Esta tom a
de conciencia las lleva a deprimirse y a desvalorizar las
aptitudes que anteriormente constitufan su gloria.
Tanto la estima por la propia persona como por la pro-
pia competencia son necesarias. Es importante encontrar un
justo equilibrio entre ambas y armonizarlas correctamente.
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