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Antologà A Textos S. XV

Vv
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ANTOLOGÍA DE TEXTOS – EDAD MEDIA: SIGLO XV 1

1º BACHILLERATO

ANTOLOGÍA DE TEXTOS- EDAD MEDIA: SIGLO XV


1. LÍRICA TRADICIONAL EN CASTELLANO. LOS VILLANCICOS
a) Mayas: canciones que exaltan el triunfo de la primavera y el amor:

Entra mayo y sale abril,


tan garridito lo vi venir.
Entra mayo con sus flores,
sale abril con sus amores,
y los dulces amadores
comienzan a bien servir.

b) Canciones de trabajo para hacer más leves las faenas del campo:

Tres morillas me enamoran y tornaban desmaídas


en Jaén, y las colores perdidas.
Axa y Fátima y Marién. En Jaén,
Tres morillas tan garridas Axa y Fátima y Marién.
iban a coger olivas Tres morillas tan lozanas,
y hallábanlas cogidas iban a coger manzanas
En Jaén, y cogidas las hallaban
Axa y Fátima y Marién. En Jaén,
Y hallábanlas cogidas, Axa, Fátima y Marién

c) Canciones que ponderan la belleza femenina:

Muy graciosa es la doncella, que las armas vestías


¡cómo es bella y hermosa! si el caballo o las armas o la guerra
Digas tú el marinero es tan bella.
que en las naves vivías, Digas tú el pastorcico
si la nave o la vela o la estrella que el ganadico guardas,
es tan bella. si el ganado o los valles o la sierra
Digas tú el caballero es tan bella.

d) Canciones donde la naturaleza es símbolo del amor:

A los árboles altos


los lleva el viento
y a los enamorados,
el pensamiento.

e) Canciones que hablan de niñas enamoradas:

La niña que amores ha Aquel caballero, madre, Pues el tiempo se me Madre, la mi madre,
sola, ¿cómo dormirá? tres besicos le mandé: pasa, guardas me ponéis;
creceré y dárselos he. madre mía, en buena fe, que si yo no me guardo,
sola yo no dormiré. no me guardaréis.

f) La monja a la fuerza:

¿Agora que sé de amor caballero,


me metéis monja? ¿agora me metéis monja
¡Ay, Dios, qué grave cosa! en el monasterio?
Agora que sé de amor, ¡Ay, Dios, qué grave cosa!
ANTOLOGÍA DE TEXTOS – EDAD MEDIA: SIGLO XV 2
1º BACHILLERATO

g) Albadas: canciones amorosas al amanecer:

Ya cantan los gallos, no descubra el día


amor mío y vete; los nuestros placeres.
cata que amanece. Cata que los gallos
Vete, alma mía, según me parece,
más tarde no esperes, dicen que amanece

h) Símbolos de la pasión:
La «muerte» por amor

Si los delfines mueren de amores, En Ávila, mis ojos,


¡triste de mí! ¿Qué harán los hombres dentro en Ávila.
que tienen tiernos los corazones? En Ávila del Río,
¡Triste de mí! ¿Qué harán los hombres? mataron a mi amigo,
dentro en Ávila.

Símbolos de la pasión: el beso robado Símbolos de la pasión: fuentes y flores

¿Por qué me besó Perico, En la fuente del rosel


por qué me besó el traidor? lavan la niña y el doncel.
Dijo que en Francia se usaba En la fuente de agua clara
y por eso me besaba, con sus manos lavan la cara.
y también porque sanaba Él a ella y ella a él,
con el beso su dolor. lavan la niña y el doncel.
¿Por qué me besó Perico, En la fuente del rosel
por qué me besó el traidor? lavan la niña y el doncel

El dolor del amor La espera de amor: amor como prisión

Mal ferida iba la garza No te tardes que me muero,


enamorada: carcelero,
sola va y gritos daba. no te tardes que me muero.

El cabello suelto

Soltáronse mis cabellos,


madre mía;
¿con qué me los prendería?

2. EL ROMANCERO VIEJO

1. Romances de la tradición histórica nacional


ROMANCE DE DON RODRIGO

— ¡Afuera, afuera, Rodrigo, mi padre te dio las armas,


el soberbio castellano! mi madre te dio el caballo,
Acordársete debía yo te calcé espuela de oro
de aquel buen tiempo pasado porque fueses más horado;
que te armaron caballero pensando casar contigo,
en el altar de Santiago, ¡no lo quiso mi pecado!,
ANTOLOGÍA DE TEXTOS – EDAD MEDIA: SIGLO XV 3
1º BACHILLERATO

cuando el rey fue tu padrino, casástete con Jimena,


tú, Rodrigo, el ahijado hija del conde Lozano;
con ella hubiste dineros, los de pie y los de a caballo,
conmigo hubieras estados; pues de aquella torre mocha
dejaste hija del rey una vira me han tirado!,
por tomar la de un vasallo. no traía el asta hierro,
En oír esto Rodrigo el corazón me ha pasado,
volviose mal angustiado: ¡ya ningún remedio siento,
—¡Afuera, afuera, los míos, sino vivir más penado!

2. Romances fronterizos

Los romances fronterizos daban cuenta de los sucesos ocurridos en la frontera con los moros durante la
Reconquista. En el siguiente romance, Abenámar, se narra cómo Juan II de Castilla llega ante Granada,
que no quiere rendirse. El diálogo entre el rey y la ciudad, imaginada ésta como una mujer, tiene raíces
árabes.

— ¡Abenámar, Abenámar, que mentira no dijese, El otro es Generalife,


moro de la morería, que era grande villanía: huerta que par no tenía;
el día que tú naciste por tanto, pregunta, rey el otro Torres Bermejas,
grandes señales había! que la verdad te diría castillo de gran valía.
Estaba la mar en calma, —Yo te agradezco, Abenámar, Allí habló el rey don Juan,
la luna estaba crecida, aquesa tu cortesía bien oiréis lo que decía:
moro que en tal signo nace ¿Qué castillos son aquéllos? —Si tú quisieses, Granada,
no debe decir mentira. ¡Altos son y relucían contigo me casaría,
Allí respondiera el moro —El Alhambra era, señor, darete en arras y dote
bien oiréis lo que diría: y la otra la mezquita, a Córdoba y a Sevilla.
—Yo te la diré, señor, los otros los Alixares, —Casada soy, rey don Juan,
aunque me cueste la vida, labrados a maravilla. Casada soy, que no viuda;
porque soy hijo de un moro El moro que los labraba El moro que a mí me tiene
y una cristiana cautiva; cien doblas ganaba al día Muy grande bien me quería.
siendo yo niño y muchacho y el día que no los labra
mi madre me lo decía otras tantas se perdía.

3. Romances novelescos y líricos

Además de los temas heroicos, los romances viejos desarrollaban temas novelescos, inventados,
frecuentemente amorosos, y algunos cargados de hondo lirismo

Un sueño soñaba anoche, —Un día no puede ser, la Muerte me está buscando,
soñito del alma mía, una hora tienes de vida. junto a ti, vida sería.
soñaba con mis amores Muy de prisa se calzaba, —Vete bajo la ventana
que en mis brazos los tenía. más de prisa se vestía; donde labraba y cosía,
Vi entrar señora tan blanca ya se va para la calle te echaré cordón de seda
muy más que la nieve fría. en donde su amor vivía. para que subas arriba,
— ¿Por dónde has entrado, amor? —Ábreme la puerta, Blanca. y si el cordón no alcanzare
¿Cómo has entrado, mi vida? Ábreme la puerta, niña. mis trenzas añadiría.
Las puertas están cerradas, —¿Cómo te podré yo abrir La fina seda se rompe;
ventanas y celosías si la ocasión no es venida? la Muerte que allí venía:
—No soy el amor, amante: MI padre no fue a palacio, —Vamos, el enamorado,
la Muerte que Dios te envía. mi madre no está dormida. que la hora ya está cumplida.
—¡Ay, Muerte tan rigurosa, —Si no me abres esta noche,
Déjame vivir un día! ya no me abrirás, querida;
ANTOLOGÍA DE TEXTOS – EDAD MEDIA: SIGLO XV 4
1º BACHILLERATO

El famosísimo Romance del prisionero, un magnífico ejemplo de romance-escena, con final abrupto.

Que por mayo era por mayo sino yo, triste, cuitado,
cuando hace la calor, que vivo en esta prisión.
cuando los trigos encañan que ni sé cuándo es de día
y están los campos en flor, ni cuándo las noches son,
cuando canta la calandria sino por una avecilla
y responde el ruiseñor, que me cantaba al albor.
cuando los enamorados Matómela un ballestero:
van a servir al amor, ¡dele Dios mal galardón!

El Romance del infante Arnaldos puede resultar enigmático y, desde luego, es muy sugestivo; se trata de
un fragmento de otro romance que explica la historia.

¡Quien hubiera tal ventura que la mar ponía en calma,


sobre las aguas del mar los vientos hace amainar;
como hubo el infante Arnaldos los peces que andan al hondo,
la mañana de san Juan! arriba los hace andar;
Andando a buscar la caza las aves que van volando,
para su falcón cebar, al mástil viene posar.
vio venir una galera Allí habló el infante Arnaldos,
que a tierra quiere llegar; bien oiréis lo que dirá:
las velas trae de seda, —Por tu vida, el marinero
la jarcia de oro torzal, digasme ora ese cantar.
áncoras tiene de plata Respondiole el marinero,
tablas de fino coral. tal respuesta le fue a dar:
Marinero que la guía, —Yo no digo mi canción,
diciendo viene un cantar, sino a quien conmigo va.

LA CELESTINA DE FERNANDO DE ROJAS

• ENCUENTRO DE CALISTO Y MELIBEA

CALISTO : En esto veo, Melibea, la grandeza de Dios.


MELIBEA : ¿En qué, Calisto?
CALISTO : En dar poder a natura que de tan perfecta hermosura te dotase, y facer a mí, inmérito, tanta
merced que verte alcanzase, y en tan conveniente lugar, que mi secreto dolor manifestarte pudiese. Sin
duda, incomparablemente es mayor tal galardón que el servicio, sacrificio, devoción y obras que por este
lugar alcanzar yo tengo a Dios ofrecido. ¿Quién vio en esta vida cuerpo glorificado de ningún hombre como
ahora el mío? Por cierto, los gloriosos santos que se deleitan en la visión divina, no gozan más que yo ahora
en el acatamiento tuyo. Mas, ¡oh triste!, que en esto diferimos, que ellos puramente se glorifican sin temor
de caer de tal bienaventuranza, y yo, mixto, me alegro con recelo del esquivo tormento que tu ausencia me
ha de causar.
MELIBEA : ¿Por gran premio tienes este, Calisto?
CALISTO : Téngolo por tanto, en verdad, que si Dios me diese en el cielo la silla sobre sus santos, no lo
tendría por tanta felicidad.
MELIBEA : Pues, aún más igual galardón te daré yo, si perseveras.
CALISTO : ¡Oh bienaventuradas orejas mías, que indignamente tan gran palabra habéis oído!
MELIBEA : Más desventuradas de que me acabes de oír, porque la paga será tan fiera cual me parece tu
loco atrevimiento, y el intento de tus palabras, Calisto, ha sido, como de ingenio de tal hombre como tú,
ANTOLOGÍA DE TEXTOS – EDAD MEDIA: SIGLO XV 5
1º BACHILLERATO

haber de salir para perderse en la virtud de tal mujer como yo. ¡Vete, vete de ahí, torpe, que no puede mi
paciencia tolerar que haya subido en corazón humano, conmigo el ilícito amor comunicar su deleite!
CALISTO : Iré como aquel contra quien solamente la adversa Fortuna pone su estudio con odio cruel.

• CALISTO Y SU CRIADO SEMPRONIO

Calisto comunica a su criado Sempronio el amor que le consume y dialoga con él acerca de la naturaleza
de este amor. Sempronio le escucha, fingiendo interés, pero en el fondo está pensado en aprovecharse de
la debilidad de su amo:

CALISTO : ¡Sempronio, Sempronio, Sempronio! ¿Dónde está este maldito?


SEMPRONIO : Aquí estoy, señor, cuidando de estos caballos.
CALISTO : Pues, ¿cómo sales de la sala?
SEMPRONIO : Abatióse el gerifalte1 y vínele a enderezar en el alcándara2.
CALISTO : ¡Así los diablos te ganen! ¡Así por infortunio arrebatado perezcas o perpetuo intolerable tormento
consigas, el cual en grado incomparablemente a la penosa y desastrada muerte que espero, traspasa! ¡Anda,
anda, malvado, abre la cámara y endereza la cama!
SEMPRONIO : Señor, luego hecho es3.
CALISTO: Cierra la ventana y deja la tiniebla acompañar al triste y al desdichado en su ceguedad. Mis
pensamientos tristes no son dignos de luz. ¡Oh, bienaventurada muerte aquella que, deseada, a los afligidos
viene! ¡Oh si vivieses ahora, Erasítrato, médico, sentirías mi mal! ¡Oh piedad de Seleuco 4, inspira en el
plebérico5 corazón, para que sin esperanza de salud no envíe el espíritu perdido con el desastrado Píramo y
de la desdichada Tisbe6!
SEMPRONIO: ¿Qué cosa es?
CALISTO: ¡Vete de ahí! No me hables, si no, quizá antes del tiempo de mi rabiosa muerte, mis manos
causarán tu arrebatado fin.
SEMPRONIO. Iré, pues solo quieres padecer tu mal.
CALISTO: ¡Ve con el diablo!
[…]
CALISTO: ¡Sempronio!
SEMPRONIO. ¿Señor?
CALISTO: Dame acá el laúd.
SEMPRONIO: Señor, vesle aquí.
CALISTO: ¿Cuál dolor puede ser tal
que se iguale con mi mal?
SEMPRONIO: Destemplado está ese laúd.
CALISTO: ¿Cómo templará el destemplado? ¿Cómo sentirá el armonía aquel que consigo está tan discorde;
aquel en quien la voluntad a la razón no obedece; quien tiene dentro del pecho aguijones, paz, guerra,
tregua, amor, enemistad, injurias, pecados, sospechas, todo a una causa? Pero tañe, y canta la más triste
canción que sepas.
SEMPRONIO:
Mira Nero de Tarpeia
a Roma cómo se ardía:
gritos dan niños y viejos

1
Gerifalte: ave de caza.
2
Alcándara: percha donde suele estar el halcón y demás aves de altanería.
3
Al instante, enseguida.
4
Probablemente, una errata. Debe leerse “celestial”
5
Pleberico: expresión culta que se refiere al corazón de Melibea, hija de Pleberio.
6
Píramo y Tisbe: historia trágica de amor que Ovidio cuenta en las Metamorfosis. Píramo y Tisbe son dos jóvenes enamorados que pertenecen a
familias rivales. Como su amor es imposible, deciden fugarse y se citan a las afueras de la ciudad. Tisbe llega la primera, pero una leona la ahuyenta.
En su huida pierde el velo que la leona desgarra y ensangrienta. Cuando Píramo llega al lugar de la cita, ve el velo de Tisbe y cree que la leona lo ha
matado. Desesperado, se suicida clavándose una espada. Cuando Tisbe descubre a su amado muerto, se mata también.
ANTOLOGÍA DE TEXTOS – EDAD MEDIA: SIGLO XV 6
1º BACHILLERATO

y él de nada se dolía. 7
CALISTO: Mayor es mi fuego, y menor la piedad de quien yo agora digo.
SEMPRONIO: (Aparte.) No me engaño yo, que loco está este mi amo.
CALISTO: ¿Qué estás murmurando, Sempronio?
SEMPRONIO: No digo nada.
CALISTO : Di lo que dices, no temas.
SEMPRONIO : Digo que ¿cómo puede ser mayor el fuego que atormenta un vivo, que el que quemó tal ciudad
y tanta multitud de gente?
CALISTO : ¿Cómo? Yo te lo diré. Mayor es la llama que dura ochenta años que la que en un día pasa, y mayor
la que mata un ánima que la que quema cien mil cuerpos. Como de la apariencia a la existencia, como de lo
vivo a lo pintado, como de la sombra a lo real, tanta diferencia hay del fuego aquel que dices al que me
quema. Por cierto, si el del purgatorio es tal, más querría que mi espíritu fuese con los de los brutos animales,
que por medio de aquél ir a la gloria de los santos.
SEMPRONIO : (Aparte.) ¡Algo es lo que digo! ¡A más ha de ir este hecho! No basta loco, sino hereje.
CALISTO : ¿No te digo que hables alto cuando hablares? ¿Qué dices?
SEMPRONIO : Digo que nunca Dios quisiera tal, que es especie de herejía lo que agora dijiste.
CALISTO : ¿Por qué?
SEMPRONIO : Porque lo que dices contradice la cristiana religión.
CALISTO : ¿Qué, a mí?
SEMPRONIO : ¿Tú no eres cristiano?
CALISTO : ¿Yo? Melibeo soy, y a Melibea adoro, y en Melibea creo, y a Melibea amo.
SEMPRONIO : Tú te lo dirás. Como Melibea es grande, no cabe en el corazón de mi amo, que por la boca le
sale a borbollones. No es más menester, bien sé de qué pie cojeas. Yo te sanaré.

• LA VIEJA CELESTINA

Como hemos visto antes, Calisto, rechazado por Melibea, comunica sus preocupaciones a su criado
Sempronio; este le propone que pida ayuda a Celestina, maestra en vencer la resistencia de las mujeres.
Otro criado, Pármeno, previene a su señor contra ella y se la describe así:

PÁRMENO : Si, entre cien mujeres, va y alguno dice: “¡Puta vieja!”, sin ningún empacho luego vuelve la
cabeza y responde con alegre cara. En los convites, en las fiestas, en las bodas, en las cofradías, en los
mortuorios, en todos los ayuntamientos de gente, con ella pasan tiempo. Si pasa por los perros, a aquello
suena su ladrido; si está cerca de las aves, otra cosa no cantan; si cerca los ganados, balando la pregonan; si
cerca la bestias, rebuznando dicen: “¡Puta vieja!”; las ranas de los charcos otra cosa no suelen mentar. Si va
entre los herreros, aquello dicen sus martillos. carpinteros y armeros, herradores, caldereros, arcadores,
todo oficio de instrumentos forma en el aire su nombre. Cántanla los carpinteros, péinanla los peinadores;
téjenla los tejedores; labradores en las huertas, en las aradas, en las segadas, con ella pasan el afán
cotidiano. Al perder en los tableros, luego suenan sus loores. Todas cosas que son hacen, a doquier que ella
está, el tal nombre representan. ¡Oh, qué comedor de huevos asados era su marido! Qué quieres más, sino
que, si una piedra topa con otra, luego suena: “¡Puta vieja!”

Celestina se prepara para visitar a Melibea y, para ello, elabora una philocaptio, un conjuro de amor:

CELESTINA. Conjúrote, triste Plutón, señor de la profundidad infernal, emperador de la corte dañada,
capitán soberbio de los condenados ángeles, señor de los sulfúreos fuegos que los hervientes étnicos montes
manan, gobernador y veedor de los tormentos y atormentadores de las pecadoras ánimas, regidor de las
tres furias, Tesífore, Megera, y Aleto, administrador de todas las cosas negras del regno de Estige y Dite, con
todas sus lagunas y litigioso caos, mantenedor de las volantes arpías, con toda la otra compañía de
espantables y pavorosas hidras. Yo, Celestina, tu más conocida cliéntula, te conjuro por la virtud y fuerza de
estas bermejas letras, por la sangre de aquella nocturna ave con que están escritas, por la gravedad de
aquestos nombres y signos que en este papel se contienen, por la áspera ponzoña de las víboras de que este
7
La canción de Sempronio cuenta cómo Nerón incendió Roma para que la tragedia le inspirara un poema.
ANTOLOGÍA DE TEXTOS – EDAD MEDIA: SIGLO XV 7
1º BACHILLERATO

aceite fue hecho, con el cual unto este hilado, vengas sin tardanza a obedecer mi voluntad y en ella te
envuelvas, y con ello estés sin partir ni un momento, hasta que Melibea con aparejada oportunidad que
haya lo compre, y con ello de tal manera quede enredada que cuanto más lo mirare, más su corazón se
ablande a conceder mi petición, y se le abras y lastimes del crudo y fuerte amor de Calisto: tanto que,
despedida toda honestidad, se descubra a mí y me galardone mis pasos y mensajes; y esto hecho, pide y
demanda de mí a tu voluntad. Si no lo haces con presto movimiento me tendrás por capital enemiga; heriré
con luz tus cárceles tristes y oscuras; acusaré cruelmente tus continuas mentiras; apremiaré con mis ásperas
palabras tu horrible nombre. Y otra y otra vez te conjuro. Y así, confiando en mi mucho poder, me parto
para allá con mi hilado, donde creo te llevo ya envuelto.

La vieja Celestina se entrevista con Melibea. Comienza tratando de inspirarle lástima por ser vieja.

CELESTINA : A la mi fe, la vejez ni es sino mesón de enfermedades, posada de pensamientos, amiga de


rencillas, congoja continua, llaga incurable, mancilla de lo pasado, pena de lo presente, cuidado triste de los
porvenir, vecina de la muerte, choza sin rama que se llueve por cada parte,, cayado de mimbre que con poca
carga se doblega.
MELIBEA : ¿Por qué dices, madre, tanto mal de lo que todo el mundo, con tanta eficacia, gozar y ver desea?
CELESTINA : Desean harto mal para sí, desean harto trabajo. Desean llegar allá, porque llegando viven y el
vivir es dulce, y viviendo envejecen. Así, que el niño desea ser mozo, y el mozo viejo, y el viejo más, aunque
con dolor. Todo por vivir, porque, como dicen, “viva la gallina con su pepita”. Pero ¿quién te podría contar,
señora, sus daños, sus inconvenientes, sus fatigas, sus cuidados, sus enfermedades, su frío, su calor, su
descontentamiento, su rencilla, su pesadumbre; aquel arrugar de la cara, aquel mudar de cabellos su
primera y fresca color, aquel poco oír, aquel debilitado ver, puestos los ojos a la sombra, aquel hundimiento
de boca, aquel caer de dientes, aquel carecer de fuerza, aquel flaco andar, aquel espacioso comer? Pues ¡ay,
ay, señora!, si lo dicho viene acompañado de pobreza, allí verás callar todos los otros trabajos cuando sobra
la gana y falta la provisión, que jamás sentí peor ahíto que de hambre.

• MUERTE DE CELESTINA

Celestina (Acto VI) da cuenta a Calisto de la buena marcha de sus tercerías. El mancebo, loco de contento,
vuelve a hacerle regalos. Celestina vuelve a ver a Melibea que no puede ya ocultarle su pasión por
Calisto. Al final, queda concertada una entrevista de los amantes en el huerto de Melibea, que no puede
celebrarse y queda aplazada para la noche siguiente. Celestina ha cobrado su salario: una cadena de oro.
Pero Pármeno y Sempronio, los criados de Calisto, quieren participar en la ganancia. Y van a casa de
Celestina a exigirle parte de la paga. Sin embargo, ella se niega de manera rotunda a darles nada, aunque
trata de engatusarlos con buenas palabras.

SEMPRONIO : Déjate conmigo de razones. A perro viejo, no cuz cuz. Danos las dos partes por cuenta de
cuanto de Calisto has recibido, no quieras que se descubra quién tú eres. ¡A los otros, a los otros esos
halagos, vieja!
CELESTINA : ¿Quién soy yo, Sempronio? ¿Me quitaste tú de la putería? Calla tu lengua, no amengües mis
canas, que soy una vieja cual Dios me hizo, no peor que todas. Vivo de mi oficio, como cada cual oficial del
suyo, muy limpiamente. A quien no me quiere, no lo busco. De mi casa me vienen a sacar, en mi casa
ruegan. Si bien o mal vivo, Dios es el testigo de mi corazón. Y no pienses con tu ira maltratarme, que justicia
hay para todos, y a todos es igual; tan bien yo seré oída, aunque mujer, como vosotros muy peinados.
Déjame en mi casa con mi fortuna. Y tú, Pármeno, no pienses que soy tu cautiva, por saber mis secretos y mi
vida pasada y los casos que nos acaecieron a mí y a la desdichada de tu madre.
PÁRMENO : ¡No me hinches las narices con esas memorias! ¡Si no te enviaré con nuevas a ella, donde mejor
te puedas quejar
CELSTINA : (Llamando.) ¡Elicia, Elicia, levántate de esa cama, dame mi manto presto, que, por los santos de
Dios, para la justicia me vaya bramando como una loca! ¿Qué es esto? ¿Qué quieren decir tales amenazas
en mi casa? ¿Con una vieja mansa tenéis vosotros manos y braveza? ¿Con una gallina atada? ¿Con una
vieja de sesenta años? ¡Allá, allá, con los hombres como vosotros! Contra los que ciñen espada mostrad
ANTOLOGÍA DE TEXTOS – EDAD MEDIA: SIGLO XV 8
1º BACHILLERATO

vuestras iras, no contra m flaca rueca. Señal es de gran cobardía acometer a los menores y a los que poco
pueden. Las sucias moscas nunca pican sino a los bueyes magros y flacos, los gozques labradores a los
pobres peregrinos aquejan con mayor ímpetu (...) Como nos veis mujeres, habláis y pedís demasías, lo cual,
si hombre sintieseis en la posada, no haríais; que, como dicen, el duro adversario entibia las iras y sañas.
SEMPRONIO : ¡Oh vieja avarienta, garganta muerta de sed por dinero! ¿No serás contenta con la tercia
parte de lo ganado?
CELESTINA : ¡Qué tercia parte! Vete con Dios de mi casa tú y ese otro que no dé voces, no allegue la
vecindad. No me hagáis salir de seso; no queráis que salgan a plaza las cosas de Calisto y vuestras.
SEMPRONIO : Da voces o gritos, que tú cumplirás lo que prometiste, o cumplirás hoy tus días.
ELICIA: Mete, por Dios, la espada. Deténle, Pármeno, deténle; no la mate ese desvariado.
CELESTINA : ¡Justicia, justicia, señores vecinos! ¡Justicia, que me matan en mi casa estos rufianes!
SEMPRONIO :¿Rufianes o qué? Espera, doña hechicera, que yo te haré ir al infierno con cartas.
CELESTINA : ¡Ay, que me ha muerto ! ¡Ay, ay! ¡Confesión, confesión!
PÁRMENO : Dale, dale, acábala, pues comenzaste, que nos sentirán. ¡Muera, muera! De los enemigos, los
menos.
CELESTINA : ¡Confesión!

• PASIÓN DE CALISTO MELIBEA

En el Auto XIX Calisto y Melibea se encuentran en el huerto de esta última. Con ellos está la criada de
Melibea, Lucrecia. Calisto escucha a Melibea que canta mientras lo espera.

CALISTO : Vencido me tiene el dulzor de tu suave canto. No puedo más sufrir tu penado esperar. ¡Oh, mi
señora y mi bien todo! ¿Cuál mujer podía haber nacida que superase tu gran merecimiento? ¡Oh salteada
melodía, oh gozoso rato, oh corazón mío! Y ¿cómo no pudiste más tiempo sufrir sin interrumpir tu gozo y
cumplir el deseo de entrambos?
MELIBEA : ¡Oh sabrosa traición, oh dulce sobresalto! ¿Es mi señor de mi alma? ¿Es él? No lo puedo creer.
¿Dónde estabas, luciente sol? ¿Dónde me tenías tu claridad escondida? ¿Hacía rato que me escuchabas?
¿Por qué me dejabas echar palabras sin seso al aire, con mi ronca voz de cisne? Todo se goza en este huerto
con tu venida. Mira la luna cuán clara se nos muestra, mira las nubes cómo huyen. Oye la corriente de agua
de esta fuentecica, cuánto más suave murmullo lleva por entre las frescas hierbas. Escucha los altos
cipreses, cómo se dan paz unos ramos con otros por intercesión de un templadico viento que los menea.
Mira sus quietas sombras, cuán oscuras están y aparejadas para encubrir nuestro deleite. Lucrecia, ¿qué
sientes, amiga? ¿Tórnaste loca de placer? Déjamelo, no me lo despedaces, no le trabajes sus miembros con
tus pesados abrazos. Déjame gozar lo que es mío, no me ocupes mi placer.
CALISTO : Pues, señora y gloria mía, si mi vida quieres, no cese tu suave canto. No sea de peor condición mi
presencia, con que te alegras, que mi ausencia, que te fatiga.
MELIBEA : ¿Qué quieres que cante, amor mío? ¿Cómo cantaré, que tu deseo era el que regía mi son y hacía
sonar mi canto? Pues conseguida tu venida, desaparecióse el deseo, destemplóse el tono de mi voz. Y pues
tú, señor, eres el dechado de cortesía y buena crianza, ¿cómo mandas a mi lengua hablar y no a tus manos
que estén quedas? ¿Por qué no olvidas estas mañas? Mándalas estar sosegadas y dejar su enojoso uso y
conversación insoportable. Cata, ángel mío, que, así como me es agradable tu vista sosegada, me es
enojoso tu riguroso trato; tus honestas burlas me dan placer, tus deshonestas manos me fatigan cuando
pasan de la razón. Deja estar mis ropas en su lugar, y si quieres ver si el hábito de encima es de seda o de
paño, ¿para qué me tocas en la camisa? Pues cierto es de lienzo. Holguemos y burlemos de otros mil modos
que yo te mostraré; no me destroces ni maltrates como sueles. ¿Qué provecho te trae dañar mis vestiduras?
CALISTO : Señora, el que quiere comer el ave, quita primero las plumas.
LUCRECIA: (Aparte.) ¡Mala landre me mate si más los escucho! ¿Vida es esta? ¡Que me esté yo deshaciendo
de dentera y ella esquivándose por que la rueguen! Ya, ya apaciguado es el ruido; no hubo menester
separadores. Pero también me lo haría yo si estos necios de sus criados me hablasen entre día, pero esperan
que los tengo de ir a buscar.
ANTOLOGÍA DE TEXTOS – EDAD MEDIA: SIGLO XV 9
1º BACHILLERATO

MUERTE DE CALISTO Y MELIBEA

Estando en el jardín con Melibea, Calisto oye que sus criados riñen en la calle con unos rufianes. Echa una
escala de cuerda para bajar, pero se cae:

TRISTÁN: Tente, señor, no bajes, que idos son; que no era sino Traso el cojo y otros bellacos que pasaban
voceando, que ya se torna Sosia. Tente, tente, señor, con las manos a la escala.
CALISTO : ¡Oh, válgame Santa María! ¡Muerto soy! ¡Confesión!
TRISTÁN : Llégate pronto, Sosia, que el triste de nuestro amo es caído de una escala, y no habla ni se bulle.
SOSIA : ¡Señor, señor! Tan muerto es como mi abuelo. ¡Oh gran desventura!
LUCRECIA : (A Melibea) Escucha, escucha, gran mal es este.
MELIBEA : ¿Qué es esto, qué oigo? ¡Amarga de mí!
TRISTÁN : ¡Oh, mi señor y mi bien muerto! ¡Oh, mi señor y nuestra honra despeñado! ¡Oh triste muerte y sin
confesión! Coge, Sosia, esos sesos de esos cantos y júntalos con la cabeza del desdichado amo nuestro. ¡Oh
día aciago! ¡Oh arrebatado fin!
MELIBEA : ¡Oh desconsolada de mí! ¿Qué es esto? ¿Qué puede ser tan áspero acontecimiento como oigo?
Ayúdame a subir, Lucrecia, por estas paredes. Veré mi dolor, si no, hundiré con alaridos la casa de mi padre.
Mi bien y placer todo es ido en humo; mi alegría es perdida; consumióse mi gloria.
LUCRECIA. Tristán, ¿qué dices, mi amor? ¿Qué es eso que lloras tan sin mesura?
TRISTÁN (Afuera.) Lloro mi gran mal, lloro mis muchos dolores. Cayó mi señor Calisto del escala y es muerto;
su cabeza está en tres partes; sin confesión pereció. Díselo a la triste y nueva amiga que no espere más su
penado amor. Toma tú, Sosia, de esos pies; llevemos el cuerpo de nuestro querido amo donde no padezca su
honra detrimento, aunque sea muerto en este lugar. Vaya con nosotros llano, acompáñemos soledad,
síganos desconsuelo, visítenos tristeza, cúbranos luto y doloroso luto.
MELIBEA. ¡Oh la más de las tristes, triste, tan poco tiempo poseído el placer, tan presto venido el dolor!
LUCRECIA. Señora, no rasgues tu cara ni meses tus cabellos. Ahora en placer, ahora en tristeza. ¿Qué
planeta hubo que tan presto contrarió su operación? ¿Qué poco corazón es este? Levanta, por Dios, no seas
hallada de tu padre en tan sospechoso lugar, que serás sentida. Señora, señora, ¿no me oyes? No te
amortezcas, por Dios, ten esfuerzo para sufrir la pena, pues tuviste osadía para el placer.
MELIBEA. ¿Oyes lo que aquellos mozos van hablando? ¿Oyes sus tristes cantares? ¡Rezando llevan con
responso mi bien todo! ¡Muerta llevan mi alegría! No es tiempo de yo vivir. ¿Cómo no gocé más del gozo?
¿Cómo tuve en tan poco la gloria que entre mis manos tuve? ¡Oh ingratos mortales, jamás conocéis
vuestros bienes sino cuando de ellos carecéis!

Melibea se encierra en una torre. Por una ventana, confiesa a su padre todo lo sucedido, y acaba
arrojándose por ella. La tragicomedia termina con el llanto de Pleberio, que expresa el fin moral de la
obra: prevenir contra la pasión que ha destruido a aquellos infelices amadores.

PLEBERIO : ¡Oh mi hija y mi bien todo, crueldad sería que yo viva sobre ti! Más dignos eran mis sesenta años
de la sepultura que tus veinte. Turbose la orden del morir con la tristeza que te aquejaba. ¡Oh mis canas,
salidas para haber pesar, mejor de vosotras gozara la tierra que de aquellos rubios cabellos que presentes
veo! […] ¡Oh duro corazón de padre! ¿Cómo no te quiebras de dolor, que ya quedas sin tu amada heredera?
¿Para quién edifiqué torres? ¿Para quién adquirí honras? ¿Para quién planté árboles? ¿Para quién fabriqué
navíos? ¡Oh tierra dura! ¿Cómo me sostienes? ¿Adónde hallará abrigo mi desconsolada vejez? ¡Oh, Fortuna
variable, ministra y mayordoma de los temporales bienes! ¿Por qué no ejecutaste tu cruel ira, tus mudables
ondas, en aquello que a ti es sujeto? ¿Por qué no destruiste mi patrimonio? ¿Por qué no quemaste mi
morada? ¿Por qué no asolaste mis grandes heredamientos? [...]
¡Oh amor, amor, que no pensé que tenías fuerza ni poder de matar a tus sujetos! Herida fue de ti mi
juventud, por medio de tus brasas pasé. ¿Cómo me soltaste para darme la paga de la huida en mi vejez?
Bien pensé que de tus lazos me había librado cuando a los cuarenta años toqué, cuando fui contento con mi
conyugal compañera, cuando me vi con el fruto que me cortaste el día de hoy. No pensé que tomaras en los
ANTOLOGÍA DE TEXTOS – EDAD MEDIA: SIGLO XV 10
1º BACHILLERATO

hijos la venganza de los padres, ni sé si hieres con hierro ni si quemas con fuego. Sana dejaste la ropa;
lastimas el corazón. Haces que feo amen y hermoso les parezca. ¿Quién te dio tanto poder? ¿Quién te puso
nombre que no te conviene? Si amor fueses, amarías a tus sirvientes. Si los amases, no les darías pena. Si
alegres viviesen, no se matarían, como ahora mi amada hija. ¿En qué pararon tus sirvientes y ministros? La
falsa alcahueta Celestina murió a manos de los más fieles compañeros que ella, para su servicio
emponzoñado, jamás halló. Ellos murieron degollados, Calisto despeñado, mi triste hija quiso tomar la
misma suerte por seguirle. Esto todo causas. Dulce nombre te dieron; amargos hechos haces. No das iguales
galardones; inicua es la ley que a todos igual no es. Alegra tu sonido, entristece tu trato. Bienaventurados
los que no conociste o de los que no te curaste. Cata que Dios mata los que crió, tú matas los que te siguen.
Enemigo de toda razón, a los que menos te sirven das mayores dones, hasta tenerlos metidos en tu
congojosa danza. Enemigo de amigos, amigo de enemigos, ¿por qué te riges sin orden ni concierto? Ciego te
pintan, pobre y mozo. Te ponen un arco en la mano con que tires a tiento; más ciegos son tus ministros que
jamás siente ni ven el desabrido galardón que se saca de tu servicio. Tu fuego es ardiente rayo que jamás
hace señal donde llega. La leña que gasta tu llama son almas y vidas de humanas criaturas, las cuales son
tantas que de quién comenzar pueda apenas se me ocurre, no sólo de cristianos, mas de gentiles y judíos, y
todos en pago de buenos servicios. […]
Del mundo me quejo, porque en sí me crió; porque no me dando vida no naciera Melibea; no nacida, no
amara; no amando, cesara mi queja. ¡Oh mi compañera buena, y mi hija despedazada! ¿Por qué no
impediste su muerte? ¿Por qué no hubiste lástima de tu querida y amada madre? ¿Por qué te mostraste tan
cruel con tu viejo padre? ¿Por qué me dejaste, cuando yo te había de dejar? ¿Por qué me dejaste penado?
¿Por qué me dejaste triste y solo in hoc lacrymarum valle?

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