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Impacto de la Revolución Rusa en el Mundo

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La Revolución Rusa

En 1917 la caída del obsoleto gobierno autocrático del zar, la ejecución


masiva de la familia imperial, y el repudio de las deudas contraídas por el
gobierno zarista, aterrorizaron literalmente a los sectores propietarios y
patronales del mundo entero. Se temía – y no con total irracionalidad – una
extensión del movimiento bolchevique a nivel mundial. La creación en Moscú
de la Tercera Internacional (el Komintern), la Internacional Comunista, parecía
anunciarlo.
Los aliados favorecieron de todas las formas posibles, especialmente
con armas y dinero a las fuerzas “blancas” que pretendieron
derrocar al
gobierno comunista. Winston S. Churchill174 llegó a sugerir el envío de tropas
aliadas a Rusia. Pero el descontento de sus propios pueblos, abrumados por
tantos años de sangrienta guerra, muertes y sacrificios, los frenó.
Y así, Trotsky175 creó el Ejército Rojo y lo condujo a la victoria sobre los
«blancos» y a un virtual empate con los polacos, dirigidos por generales
franceses. Hubo grandes dificultades, caída de la producción y general
173 Deberá tenerse en cuenta que esta expresión que se refiere concretamente a un solo tratado,
el que se firmó con Alemania, se utiliza con el propósito didáctico de no recargar su memoria con la
mención de nada menos que diecinueve (19) tratados, los de Versalles, Trianón, Sevres, Nancy, etc.
que se firmaron entre los aliados vencedores y cada una de las naciones vencidas en la primera Guerra
Mundial, como así también con algunos estados que se crearon o resurgieron como tales a raíz de la
conclusión de esta conflagración
174
ˇ (1874-1965) Famoso político inglés, sucesivamente diputado conservador, Subsecretario
liberal de Colonias, ministro, de Comercio y Trabajo, luego del Interior, era Primer Lord del
Almirantazgo (ministro de Marina)al comenzar la Primera Guerra Mundial. Tras éxitos muy importantes
en su inicio, el grave fracaso de los Dardanelos motivó su renuncia en 1915. Tras combatir en el frente,
fue Ministro de Municiones y, tras la guerra, Guerra y Aire, y luego de Colonias. Parecía haber
alcanzado un escalón hacia el puesto de Primer Ministro como Ministro de Finanzas en 1925, pero su
desastrosa gestión lo desacreditó y perdió su banca en 1929. Vuelto a las filas conservadoras, fue
nuevamente diputado entre 1932 y 1939, denunciando en solitaria oposición una nueva guerra futura.
En setiembre de 1939, Chamberlain debió designarlo nuevamente en el Almirantazgo, y lo sucedió
como Primer Ministro en mayo de 1940. Tras convertirse en el padre de la victoria y ser derrotado en
1945, no abandonó la política y volvió al primer puesto en 1951, para retirarse en 1955. – Falleció en
1965
175 León Davidovich Bronstein (1877-1941), conocido por este seudónimo, destacado dirigente
revolucionario de 1905 y de 1917, primero Comisario del Pueblo para las Relaciones Exteriores, y
luego de Defensa.
276
desabastecimiento. Lenín176 debió recurrir a la Nueva Política Económica
(N.E.P.), que atenuaba el colectivismo y permitía la existencia de algún nivel de
actividad privada y estímulos resultantes de la ganancia.
Al morir Lenin, en 1923, nadie dudaba de que su sucesor sería el
refulgente Trotsky, pero éste, sencillamente, se dejó estar, convencido de su
indudable superioridad y quien asumió el poder fue José Stalin177, hasta
entonces figura de segundo orden, pero que se proyectaría como gobernante
supremo de Rusia hasta 1953, y que sería uno de los más terribles tiranos de
la historia. Trotsky tuvo que marchar al exilio, cambiar varias veces de país de
refugio, y terminó siendo asesinado en México en 1941.
Stalin, abandonando el criterio trotskista de la «Revolución Permanente»
acometió su propia idea de «la construcción del socialismo en un solo país».
Rusia, no obstante el repudio de la deuda externa zarista, encontró que
«negocios son negocios» ayuda externa de capitalistas privados para participar
en parte en su desarrollo posterior, pero basó éste en el sacrificio de su
población, particularmente de los sectores agrícolas (con la exclusión de los
propietarios rurales o kulaks, que fueron eliminados físicamente) e industriales.
A partir del Primer Plan Quinquenal (1927/32) se consagró a la construcción de
una poderosa industria pesada, sin atender a las necesidades, muchas veces
imperiosas, del pueblo ruso, al que se sacrificó a ese fin.
Para asegurar el cumplimiento de estos objetivos de gobierno, desarrolló
una poderosa policía política e incrementó enormemente el Ejército Rojo,
contando con la colaboración clandestina de las fuerzas armadas remanentes,
que aportaban su capacidad profesional y de entrenamiento a cambio de la
oportunidad real de reorganizarse ocultamente en Rusia, con armas, tanques,
aviones y grandes cañones, que el Tratado de Versalles les vedaba.
La revolución Rusa aterró a los patronos y propietarios, como así
también a sectores de las clases medias. En cambio, entusiasmó a muchos
176 Vladimiro Ilich Ulianov (1870-1924), brillante teórico del marxismo, jefe de la fracción
bolchevique y gobernante de Rusia desde fines de 1917 hasta su muerte.
177 Joseph Dzugaschvili, (1879 -1953) agitador, teórico del marxismo y dictador ruso de 1927 a su
muerte.
277
obreros, que iniciaron movimientos revolucionarios en Alemania178, en Hungría,
en China y hasta en la lejana América del Sur179 . El terror rojo, que cundió entre
los patrones, los llevó a establecer su propio terror blanco y acometer con
durísimas represalias. Así apoyaron gobiernos de «mano dura» y verdaderas
tiranías.
La situación de los países europeos en la posguerra
Los resultados fueron nefastos para las libertades civiles. El período fue
bautizado por una historiadora norteamericana, con toda razón, como «La
Europa de las dictaduras». No se debe caer en el error de suponer que todas
estas dictaduras eran militares, porque si bien buena parte de ellas lo fueron,
no fue así en todos los casos. Sus apoyos no provenían exclusivamente de las
clases altas, sino también, y en no pequeña medida, de las clases medias
bajas, amenazadas de proletarización por la caída de sus ingresos y
empeñadas en mantenerse por encima de la clase obrera.
Por otra parte, otra dificultad derivó del fin de la guerra y de la
disminución de la actividad de las fábricas de implementos bélicos, en el
preciso momento en que la desmovilización de los ejércitos devolvía a la vida
civil a millones de hombres que encontraban que su antiguo trabajo estaba
ocupado por una mujer o por alguien que no había combatido. Esto generó una
tremenda desocupación.
En cuanto a las consecuencias del Tratado de Versalles, el economista
inglés John Maynard Keynes en su obra “Las consecuencias económicas de la
paz” encontró que contribuyó a generar “naciones satisfechas” y “naciones
insatisfechas”, siendo estas últimas un número considerable.
La población de los Estados Unidos, que creía haber entrado en la
guerra para «concluir para siempre con las guerras» y, naturalmente,
comprendía cuan lejos se estaba de ello, votó masivamente en las elecciones
legislativas al Partido Republicano, y el presidente Wilson, no sólo no pudo
obtener la adhesión de su propio país a la Sociedad de las Naciones que su
178 Los espartaquistas, aniquilados en 1919, incluido el asesinato de sus líderes Kart Liebknecht
y Rosa Luxemburgo
.
179 Concretamente, la “Semana de Enero” o “Semana Trágica” de 1919 en Buenos Aires.
278
inspiración había creado, sino que en su esfuerzo y su fracaso por obtener un
tercer período de gobierno (La Constitución, por entonces lo permitía) agotó
sus fuerzas y su salud y dejó - por el corto tiempo que le quedó de vida – de
ser una fuerza política eficiente. Los Estados Unidos entraron en uno de sus
períodos de aislacionismo y retiro de la intervención en el exterior, salvo en lo
que se refiriera al pago de las considerables deudas que los países extranjeros
contrajeran con sus bancos y empresas180.
Gran Bretaña, duramente afectada por las pérdidas humanas de la
guerra, vio el rápido crecimiento político del Partido Laborista, creado en 1909
sobre la base de grupos de teóricos y de las Trade Unions181. Rápidamente fue
desplazando al Partido Liberal en las preferencias del electorado. Este, sin
embargo, volvió al gobierno poco después. La desafortunada gestión de
Winston S. Churchill al frente de la Cancillería del Exchequer o Ministerio de
Economía, debilitó las exportaciones, provocó la huelga general de 1926 y
originó otra publicación de John M. Keynes: “Las consecuencias económicas
de Mister Churchill”.
En 1929, una nueva derrota electoral de los liberales llevó otra vez al
poder a los laboristas, reemplazados dos años después y ante la crisis, por una
coalición que integraron. En los años 30, imperaba el pacifismo en el país, al
que agitó la muerte de Jorge V y la posterior abdicación de Eduardo VIII182. Una
nueva elección devolvió el gobierno a los conservadores.
En Francia, que con Bélgica eran las naciones más afectadas por la
guerra, con sus millones de muertos, con el consiguiente descenso de la
natalidad, su región industrial del este devastada por la lucha, sus muy
numerosos heridos y mutilados convertidos en pensionados de guerra, vio
agravarse la situación económico social. Los gobiernos habían confiado en que

las indemnizaciones, que debía pagar Alemania al concluir la guerra,


recompondrían la situación. Pero Alemania se mostró incapacitada para pagar.
Inútil resultó que Francia ocupase militarmente la región carbonífera del Ruhr.
180 Podría agregarse a ello la protección armada de las inversiones privadas norteamericanas en
América Central.
181 Sindicatos ingleses. Los teóricos incluían a Beatrice y Sidney Webb, George Bernard Shaw y la
Sociedad Fabiana, etc.
182 El nuevo rey renunció al trono para poder casarse con una mujer divorciada. Lo sucedió su hermano
menor, Jorge VI, padre, a su vez, de la actual reina Isabel II.
279
Finalmente, banqueros norteamericanos facilitaron a Alemania las
grandes sumas que suponían los primeros pagos, pero este dinero volvía a
cruzar velozmente el Atlántico por el pago de las deudas de guerra 1que
Francia, Gran Bretaña, Bélgica e Italia habían contraído con sus proveedores
norteamericanos entre 1914 y 1918. Así pues, lo que los bancos
norteamericanos financiaban se convertía en los pagos de sus propios créditos.
Francia, tras una primera elección favorable a las derechas, comenzó a
dividirse políticamente en forma asombrosa. Las dificultades financieras
francesas llevaron al surgimiento de la “República de los camaradas” en la que
la clase política encubría los errores y aún los negociados de sus integrantes, y
generó una profunda desconfianza de la población en los políticos, que
repercutía en los constantes cambios de gabinete.
El único sentimiento político generalizado era el pacifismo. El Pacto
Briand–Kellog, propugnado por el primer ministro francés Briand y el Secretario
de Estado norteamericano Kellog183, fue una demostración de ello. Empero, la
acción de la Sociedad de las Naciones, privada del fuerte brazo de los Estados
Unidos, solía quedar reducida a declaraciones y resoluciones que no se podían
aplicar. El desarme continuaba en la categoría de mito.
1
Esta situación, a su vez, llevó a la construcción por Francia, en la
década del 30, de la Línea Maginot, poderoso sistema de fortificaciones que
cubría la frontera alemana, desde Suiza a Bélgica. Pero dificultades financieras
obligaron a interrumpirlo allí, dejando así librada la suerte de esa defensa
inatacable al destino de los militarmente débiles Bélgica y Luxemburgo.
Alemania, obligada a ceder territorios, algunos conquistados muchos
años antes, a perder sus colonias africanas, oceánicas y asiáticas y a reducir a
un mínimo (100.000 soldados voluntarios) el poderoso ejército de que se sentía
tan orgullosa, añadió a ello el ver ocupadas militarmente partes de su propio
territorio, a lo que se agregó el grave error francés de usar preferentemente en
las misiones de ocupación tropas africanas que despertaban el racismo
alemán.
183 Al cual adhirió la República Argentina, que se había destacado en 1919 con su postulación –
concepto del Presidente Hipólito Irigoyen - en la Asamblea de las Naciones, que creó la Sociedad, de la
igualdad de todos los estados, vencedores, neutrales y vencidos, posición que no fue tratada en la Asamblea
y que motivó el retiro de la delegación argentina. Recién volveríamos a incorporarnos a la Sociedad de las
Naciones en la presidencia Alvear.
280
Austria, Hungría y Checoslovaquia, naciones surgidas del
desmembramiento del Imperio Austro-húngaro, habiendo perdido además
Croacia, Eslovenia y Bosnia Herzegovina, aparte de los territorios reintegrados
a Polonia, veían destruido su sistema comercial y de distribución, cortado por
las nuevas fronteras, sus mercados y sus complementaciones agroindustriales.
Italia, nación vencedora, sólo recibió el Trentino de las promesas de
1915184. Había tenido más de 600.000 muertos y 500.000 heridos. Ni Túnez, ni
la costa dálmata del Adriático, ni Fiume, le fueron entregados.
Japón, otra de las naciones vencedoras, sólo recibió las islas y
concesiones alemanas del Pacífico. Ni Manchuria ni sectores de China pasaron
a su poder.
En cuanto a las nuevas naciones surgidas de la guerra y del derrumbe
de los cuatro imperios185, muy lejos estaban de sentirse satisfechas.
En Finlandia, persistía el temor a un ataque ruso para restaurar su
anterior dominio y ello mantuvo – más allá de la Constitución y de las leyes –
en una situación de preeminencia política al héroe militar que lideró su guerra
de independencia, aunque la moderación de éste lo alejó de la idea de una
dictadura. Una situación similar afectaba a Estonia, Letonia y Lituania, pero en
estos casos la situación evolucionó inevitablemente hacia gobiernos fuertes,
que pronto se tornaron dictatoriales.
Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Yugoslavia, presentaban problemas
de poblaciones a las que una desgraciada combinación de reclamos históricos,
desplazamientos poblacionales muy anteriores a la independencia, problemas
religiosos y lingüísticos, y las naturales ambiciones económicas de los nuevos
estados se aunaron con la ingenuidad del presidente norteamericano Wilson
para generar conflictos fronterizos que los separaban.
En Polonia, tras comienzos inciertos, la elección como presidente de un
artista de fama internacional y su posterior asesinato, impulsaron al Mariscal
184 Permítaseme intercalar una anécdota personal. En los años ´60, me decía un señor que ya ha
fallecido: “Yo nací austriaco. En 1915 combatí `por Italia, quería ser italiano. Si llegaba a caer prisionero,
hubiera sido fusilado. Luego, por muchos años fui italiano. Pero, ahora, creo que soy yugoslavo”. Me parece
que sintetiza muchas situaciones.
185 Alemán, Austro – Húngaro, Turco y Ruso.
281
Pilsudski (otro héroe nacional) a asumir una dictadura que duraría hasta su
muerte y que sería sucedida por sus “coroneles”.
Checoslovaquia, el país nuevo más industrializado, pudo salvarse de la
tendencia autoritaria, pero perdió, con la independencia, sus mercados de
Austria, Hungría y los territorios que pasaron a integrar Yugoslavia. Arrastraba
el serio problema de más de 2.000.000 de habitantes de origen alemán, «los
Sudetes», y el de la absoluta desconexión entre los bohemios protestantes,
industrializados y urbanizados y los eslovacos católicos, agricultores y
tradicionalistas.
Austria, privada de la industria checa y de los territorios agrícolaganaderos
independizados, vio resurgir la idea de la “Gran Alemania”, anterior
a la unificación de 1870. Tras atravesar una conflictiva vida política, en la que
se enfrentaban socialistas, conservadores y agrarios, desembocaría en la crisis
económica y en la dictadura del Dr. Engelbert Dollfuss186 (1892-1934), ligado a
sectores eclesiásticos católicos.
En Hungría, a la guerra y la independencia, siguió una dictadura
comunista que duró aproximadamente un año, que fue aplastada militarmente
por los conservadores y monárquicos. Pero los Aliados se negaron
rotundamente al entronizamiento de un miembro de la antigua familia imperial y
Hungría sería por más de veinte años un reino sin rey, gobernado con dura
mano por un almirante, pese a carecer de costas187.
Yugoslavia (el país de los eslavos del sur), que rivalizaba con Italia por
Trieste, Fiume y la costa dálmata, era un conglomerado de pueblos eslavos y
una minoría italiana congregados bajo la hegemonía del rey de Servia188, donde
croatas, eslovenos, bosnios y montenegrinos entraban a disgusto, separados
por creencias religiosas y modalidades idiomáticas, agudizadas durante los
siglos que pasaron bajo los dominios húngaro y turco. Existían, además, y no
eran los menos importantes, problemas derivados de la distribución de la
propiedad de las tierras. El mismo rey acabó por convertirse en virtual dictador.
186 Este dictador sería asesinado por los nazis austriacos en 1935
187 El Regente de Hungría, Nicolás Horthy, era un almirante de la armada austrohúngara, pero su
país al perder Eslovenia, Croacia y Dalmacia, integradas a Yugoslavia, ya no tenía costas ni puertos.
188
ˇ Que por su parte, desde que obtuvo su independencia del Imperio Turco, en el siglo XIX, había sido
un estado sumamente inestable, varios de cuyos reyes habían sido asesinados por rivalidades dinásticas.
282
Rumania, engrandecida con territorios antes húngaros, era otro país con
problemas agrarios, y en el que comenzaban a explotarse sus yacimientos
petrolíferos. Acabó por hacer lo propio bajo esa extraña personalidad, el rey
Carol, sucesivamente ascendido al trono, depuesto y exilado y vuelto al poder.
Bulgaria, que como Rumania, tenía serios problemas económicos con su
estructura agraria y su inequitativa distribución de la propiedad rural, siguió un
camino parecido, aunque no fuese el rey quien la oprimiese.
Albania, el más pequeño, y el más pobre de los países balcánicos,
obtuvo su independencia de Turquía bajo Zogú Bey, quien pronto se proclamó
rey y gobernó despóticamente.
En Grecia se sucedieron las alternativas, con la expulsión de la familia
real, cuyo origen alemán la había hecho sospechosa durante la conflagración
mundial, su retorno al poder y la afirmación final de la dictadura del general
Metazas, primer ministro del reino.
Por otra parte, Grecia, Servia, Montenegro (ahora unidos en Yugoslavia),
Rumania, Bulgaria y Albania habían sido activos participantes de las guerras
balcánicas previas a 1914, y estaban separados por profundos rencores.
Turquía, tras la derrota en la Gran Guerra, dividida profundamente entre
los partidos y facciones, había perdido su imperio, Egipto, Arabia189,
Mesopotamia190, Siria, Libano191 y Palestina192 quedando reducido a la Anatolia
asiática y un minúsculo sector de Europa.
Los antiguos miembros de los Jóvenes Turcos, partido que había
conducido al país a la Guerra Mundial, rivalizaron entre sí, y el rutilante Enver
Pachá fue vencido por el callado Mustafá Kemal (1881-1938), el
189 Yemen, los “Estados de la Tregua”, hoy Sultanatos Árabes Unidos, y Arabia propiamente dicha, que
fue dominada por el rey Ibn Saud, de donde deriva Arabia Saudita.
190 Irak, estado creado por el Ministro británico de Colonias Winston S. Churchill y su asesor el coronel
191 Lawrence (“Lawrence de Arabia) donde colocaron como rey a uno de los miembros de la familia de
los Jerifes de la Meca que habían combatido contra Turquía en la guerra.
ˇ Siria y Líbano, fueron declarados “Mandatos” de la Sociedad de las Naciones, y se comisionó a
Francia para que los gobernara hasta que alcanzaren un grado de desarrollo político eventual que los llevara a
la independencia.
192 A su vez “Mandato” británico, complicado por la Declaración Balfour, de 1917, que prometió al pueblo
judío, esparcido en el mundo, un “hogar nacional” en su antigua patria, que habían debido abandonar en el año
70 de la era cristiana y las aspiraciones de la población árabe autóctona. Inicialmente, y para compensar a otro
miembro de la familia hachemita, expulsada por Ibn Saud (ver nota 11), se creó un estado árabe con los
territorios al otro lado del río Jordán, llamado Transjordania, hoy Jordania.
283
cual creó un nuevo ejército, expulsó al sultán, venció a los griegos y rechazó el
tratado de Sevres, obteniendo la retirada de griegos, italianos y hasta de la
escuadra anglofrancesa que ocupaba Constantinopla.
El sombrío pero empeñoso, progresista y activo dictador turco proclamó
la república, separó la religión islámica del estado laico por el creado e inició
una acelerada occidentalización del país, reformando la educación, la condición
de las mujeres, y hasta la vestimenta y adoptando el alfabeto latino. El
congreso turco acabó, al establecer la obligación de sus ciudadanos de adoptar
un apellido, por otorgar al general Kemal (era un sobrenombre, el "Perfecto") el
apellido de Ataturk (Padre de los Turcos), con el que ha ingresado a la historia.

El caso italiano
En Italia, la crisis económica y social originada en el cese de la
fabricación de materiales bélicos, y la desmovilización que enviaba millones de
ex soldados a la desocupación y la miseria, unida a los fracasos en la
obtención de nuevos territorios que ya se ha expuesto, generaron una
exaltación obrera revolucionaria en el norte industrial, que desbordó la acción
policial, sucediéndose huelgas, ocupaciones de fábricas y vio-len-tos
enfrentamientos armados.
Para enfrentar a los revolucionarios izquierdistas, entusiasmados con la
Revolución Rusa, apareció justamente un ex izquierdista, Benito Mussolini,
(1883-1945) maestro de escuela, profesor de francés, eximio periodista y
experto agitador. Calificado otrora por Lenin, con quien colaboró en el común
exilio suizo, como “mi mejor discípulo”, había sido excluido en 1915 del Partido
Socialista, del que había llegado a ser Secretario de Prensa por su apoyo a la
entrada de Italia en guerra. Fundó un periódico, combatió como reservista y,
herido y licenciado, regresó a la dirección del periódico sin haber pasado del
modesto grado de sargento.
Emprendió en 1919 una campaña de captación de ex combatientes, a
los que organizó en los fascios di combatimento, escuadras de represión medio
armadas, que vestían camisas negras y atacaban a los huelguistas, socialistas
284
y comunistas. Los industriales del norte lo financiaron, los débiles gobiernos
parlamentarios lo toleraron y la lucha obrera declinó.
En 1922, Mussolini, que tras reiterados fracasos electorales había
conseguido ser electo diputado, organizó la «Marcha sobre Roma”. Veinte mil
«camisas negras» desde distintas zonas del país marcharon sobre la capital,
en camiones, ómnibus, trenes, automóviles, carros, caballos, mulas, bicicletas,
a pie. Pero al llegar a sus arrabales fueron detenidos sin lucha por la presencia
del ejército italiano.
Empero, el rey había decidido nombrar a Mussolini como primer ministro
y éste formó un gobierno de coalición, que gobernó con mano dura. Tres años
después, un grupo de fascistas exaltados secuestró y asesinó a un destacado
opositor. Mussolini, no sólo dio el golpe, sino que lo aprovechó. En un discurso
radial, asumió la responsabilidad política del crimen, aunque siempre negaría
haberlo dispuesto: “No he dado la orden, pero es como si yo mismo hubiera
apretado el gatillo”.
Convirtió su gobierno de mano dura en una dictadura totalitaria. Se
suprimieron los cuerpos parlamentarios, que fueron reemplazados por la
Cámara de los Fascios, que representaban al Partido Nazionale Fascista (único
permitido) y la Cámara de las Corporaciones, en las que fueron refundidos los
sindicatos obreros y las organizaciones patronales.
Los demás partidos fueron disueltos y prohibido su accionar. Los
sindicatos corrieron idéntica suerte, quedando las corporaciones fascistas
como representantes de la supuesta unión obrero patronal.
«Nada, absolutamente nada, puede existir en Italia fuera del Estado»
decía Il Duce. Las madres concebían a sus hijos para que fuesen soldados, el
trabajo era un deber para honrar al Estado. Se desalentó la emigración, para
aumentar el número de soldados bajo bandera193 .
Las organizaciones juveniles y aún infantiles fascistas reemplazaron a
los boy scouts. Se creó la Milicia, cuerpo paramilitar que no dependía del
gobierno, sino del partido (aunque Mussolini mandaba en ambos).
193 En realidad, el servicio militar obligatorio, entre otras cosas tiene la finalidad no declarada de
disminuir la desocupación juvenil.
285
Desarrolló una política exterior sumamente agresiva, aumentando
considerablemente las fuerzas armadas, y amenazando – y a veces atacando –
a sus vecinos más débiles. Emprendió gran número de obras públicas, algunas
de las cuales tuvieron gran éxito, como la desecación de los pantanos italianos,
que incorporó nuevas tierras fértiles a la agricultura y disminuyó los mosquitos
y el paludismo (“Malaria”). Pero, sobre todo su objetivo era reducir el nivel de
desocupación y lo consiguió, por lo que muchos acabaron por acatarlo.
Una agresiva propaganda, que utilizaba tanto la prensa escrita como el
nuevo medio de difusión que era la radio, proclamaba las consignas del
régimen: “Mussolini siempre tiene razón”, “Mussolini nunca se equivoca”, “El
cadáver putrefacto de la libertad”, “Vivire pericolosamente194” imponía el tuteo
generalizado y adoptaba frases del área más grosera del habla popular “Me ne
frega”. La exaltación de la acción, de la fuerza, del ímpetu, la desvalorización
de lo intelectual eran alimentadas por los mismos intelectuales fascistas.
Los opositores fueron duramente tratados. Pero, a diferencia de Hitler,
Mussolini no era sanguinario. Encarcelaba a sus adversarios o los confinaba en
pueblos pequeños y aislados, donde no hallaban pares con quienes alternar.
Ante la gran crisis del capitalismo, en 1929, Il Duce requirió a los italianos que
entregaran sus anillos de casamiento para respaldar el valor de la lira, y la
inmensa mayoría lo hizo.
Obtuvo un gran éxito diplomático con la firma del Concordato con el
Papa. Desde la toma de Roma por el ejército italiano, en 1870, Pío IX se
encerró en el Palacio del Vaticano, declarándose prisionero del estado italiano.
León XIII, Pío X, y Pío XI, mantuvieron esta posición hasta que – en 1929 - el
cardenal Pacelli, Secretario de Estado (y futuro Pío XII), firmó con Mussolini el
tratado que creaba el Estado independiente del Vaticano, de sólo 21 km². Ello
permitió el retorno de los católicos, mayoría absoluta en Italia, a la vida pol ítica
y estatal. Aunque años antes, el Vaticano había exigido la disolución del
Partido Popolare, antecesor de la democracia cristiana.
En la cuarta década del siglo XX la política exterior italiana se tornaría
todavía más agresiva, pese a haber firmado Mussolini el Tratado de Locarno,
por el cual se postulaba el desarme europeo.
194 Frase de Niestche.
286
El caso alemán
Alemania había adoptado en el Congreso de Weimar una constitución
republicana federal avanzada. Hubiera podido considerársela perfecta si no
hubiera sido una construcción puramente teórica, que no se adaptaba a la
realidad alemana. Por una parte, los jueces y funcionarios públicos habían
crecido y desarrollado sus personalidades en el marco del autoritarismo
imperial, y no se adaptaban a las nuevas reglas. Por el otro, los partidos
políticos, de derecha a izquierda, tampoco lo hacían. Pronto cada uno de ellos
contaría con su propia fuerza paramilitar, compuesta en su mayoría por ex
combatientes, armados no sólo con palos y cachiporras, sino muchos de ellos
con armas cortas de fuego, botín de guerra que habían traído del campo de
batalla.
El espectro de estos grupos iba desde la “Bandera Roja” a los “Cascos
de Acero”, surcando el mapa político. El partido con mayor número de
adherentes, el Zentrum 195 católico, creado en el siglo XIX para oponerse a la
laicización del canciller Bismarck, carecía de fuerza para oponerse a los
extremistas.
En 1919, un grupo de extrema izquierda, los espartaquistas intentaron
un golpe de estado en Berlín. El presidente socialista Ebert, desbordado,
recurrió para reprimirlo no sólo al Ejército regular, sino también a los Cuerpos
Francos, ex combatientes de la Gran Guerra que luego de ella habían luchado
en Finlandia, Estonia, Letonia, Lituania y Polonia contra los soviéticos. Los
espartaquistas fueron masacrados y sus líderes Kart Liebknecht196 y Rosa
Luxemburgo197 fueron asesinados sin forma de juicio y sus cuerpos arrojados a
un curso de agua.
195 Puede resultar irónico que uno de sus principales dirigentes se apellidara Marx.
196 (1871-1919)El único diputado socialista que había votado en 1914 contra la aprobación de los
créditos de guerra y que estuvo encarcelado durante la misma. En 1919, liberado por los amotinados, fue quien
proclamó la República en Berlín. Era hijo del célebre sindicalista alemán a quien se comisionó sin que nunca
hubiera pisado el país para representar a la Argentina en el Congreso de París de 1889 que creó la Segunda
Internacional de Trabajadores.
197
ˇ (1871-1919) Importante teórica del marxismo, escritora y propagandista en los años anteriores a la
guerra. Su condición de mujer no le valió ante sus verdugos para evitar su trágico fin
287
Con todo, la República Alemana, con sus amplísimas libertades, su
ejército limitado, su marina de guerra igualmente limitada y prohibida la
posesión de aviones de combate y grandes cañones, con su administración
judicial heredada del imperio y su administración pública igualmente hostil,
conseguía salir adelante.
Pero el fallecimiento del presidente Friedrich Ebert la puso en grave
riesgo. La inflación en aumento y el malestar económico, con el temor de las
clases medias con ingresos fijos a verse proletarizadas, y el de los obreros
cuyos salarios eran cada vez más insuficientes, el disgusto de advertir las
fortunas que algunos habían hecho con los aprovisionamientos militares
durante la contienda, unidos al descontento de los ex combatientes, inducía a
la población a aferrarse a cualquiera que prometiera soluciones simplistas, al
alcance intelectual de todos.
En consecuencia, los partidos que deseaban mantener la situación,
recurrieron a ofrecer la candidatura presidencial (por 7 años, al anciano
Mariscal Von Hindenburg (1847-1934), el gran héroe alemán de la guerra. El
mariscal era tan poco republicano que viajó a Holanda, donde se entrevisto con
el ex Kaiser, que estaba allí refugiado, y le pidió permiso para presentar su
candidatura.
Autorizado por el hombre a quien había jurado lealtad siendo
adolescente, ganó las elecciones. Se mostró leal a la Constitución de Weimar.
Empero, carecía de experiencia política, era muy anciano y el régimen de
gobierno era parlamentario, dependiendo de mayorías siempre indefinidas y
cambiantes en el Reichstag (Congreso).
La política oficial de desvalorizar el marco198 para aliviar el pago de ., la
deuda externa resultante del Tratado de Versalles, había llegado a su
paroxismo y el dólar llegó a costar 1.846.000 marcos por unidad en 1923. Se
pagaba a los obreros al mediodía para que sus esposas pudieran comprar
antes de las subas de precios de la tarde.
En el paroxismo de la crisis hiperinflacionaria, sin precedentes en la
historia del sistema capitalista, Estados Unidos, cuyos banqueros habían
invertido considerables capitales en Alemania tras la guerra, acudió en su
198 Moneda alemana
288
auxilio. El Secretario norteamericano del Tesoro, Dawes, autorizó un
importante préstamo y aprobó un plan de estabilización, incluyendo un cambio
de moneda. El nuevo marco se estabilizó y la situación tendió a normalizarse.
Pero el destino reservaba al país un negro destino.
El más cruel de los regímenes totalitarios - sólo comparable con el
soviético – se establecería en la civilizada Alemania. Adolfo Hitler (1889-1945),
nacido en Austria, hijo de un empleado aduanero de baja jerarquía, rechazado
dos veces en el examen de ingreso a la Academia de Bellas Artes, huyó de su
casa a los catorce años y vivió entre la miseria total y la bohemia en Viena,
hasta huir a Alemania para evitar el servicio militar austriaco.
Al comenzar la Gran Guerra se alistó como soldado voluntario en el
ejército bávaro, combatió, obtuvo un par de condecoraciones, fue víctima de los
gases venenosos, curado en un hospital y devuelto al frente. Su carencia de
estudios le impidió superar el grado de cabo. Tras el Armisticio de 1918, solicitó
permanecer en el ejército, pero su mala salud lo destinó a ser dado de baja.
Poco antes, un oficial de informaciones le había encargado espiar las
actividades de un pequeño partido político, el National Socialitische Deustche
Albeiters Partie. De esta manera equívoca se acercó al partido, cuyas ideas le
agradaron y en el que fue el afiliado Nº 13. Convertido en uno de sus
dirigentes, logró el crecimiento de éste en medio de la hiperinflación alemana.
En 1923 intentó, con la colaboración de un alto oficial del ejército, un golpe de
estado en Baviera, que fracasó ruidosamente.
Encarcelado, escribió en la cárcel Mein Kampf (Mi lucha) en el que
formulaba su proyecto, bastante similar al del fascismo italiano, con los
agregados del reclamo para Alemania de territorios en el centro de Europa («el
espacio vital», extraído de la geopolítica, y del violento racismo antijudío que
fue una de sus características. Probablemente muy pocas personas creyeron
que sería capaz de ejecutarlo.
Reducida su sentencia, puesto en libertad, obtuvo la ciudadanía
alemana, pero la recuperación económica redujo el crecimiento de los nazis y
perdieron votos, así como los comunistas.
La gran crisis mundial de 1929/30 los devolvió al primer plano. El país
era un caos político. La recurrente desesperación impulsaba a los extremismos.
En las elecciones de 1931 los partidos de centro y de derecha debieron
289
postular la reelección del presidente Hindenburg. El anciano estaba casi
totalmente esclerótico. Ganó la elección, pero Hitler con más de 13.000.000 de
votos quedó en segundo lugar, con una estrecha diferencia con el comunista
Thalmann.
Los gabinetes caían uno tras otro. A fines de 1932, sectores
conservadores decidieron aliarse con los nazis. Hitler fue designado canciller 199
en una coalición que sus aliados creían controlar.
Pero el incendio del edificio del Reichstag, provocado por un
semidemente, le abrió el campo: acusó a los comunistas. Su partido fue
disuelto y expulsados sus diputados. Continuó la disolución de partidos,
mediante leyes o por decisión de ellos mismos, movidos por el temor200, hasta
que sólo quedó el nazismo. Oficializó sus fuerzas paramilitares, la Schutz
Abeitung (SA) y la Schutz Staffel (SS). Difundió sus organizaciones juveniles, a
las que fueron incorporadas todas las existentes en el país, y eliminó, en una
sola y sangrienta noche201 a sus adversarios internos en el partido, llegando la
matanza incluso a personas que no tenían nada que ver, incluido un amigo
personal de Hitler, asesinado por error.
Al fallecer el anciano presidente en 1934, un plebiscito, con 33.000.000
de votos a favor, le consagró Presidente – Canciller. Sucesivamente convocó al
servicio militar obligatorio, rompiendo con el Tratado de Versalles, promovió un
plebiscito en el Ruhr cuya población votó masivamente por su reincorporación
a Alemania, ocupó las provincias renanas, en las que el mismo tratado prohibía
a Alemania mantener fuerzas militares, creó una fuerza aérea e intentó
expandir su influencia a su Austria natal. El golpe de estado fracasó por el
respaldo que prestó Mussolini a la dictadura austriaca, pero el dictador
austriaco fue asesinado.
Eliminada la libertad de prensa y de palabra, suprimidos los sindicatos,
extendido el poder nazi, se estableció una rigurosa disciplina laboral y se
emprendieron grandes obras públicas.
199 Primer Ministro.
200 El Zentrum católico.
201 La Noche de los Cuchillos Largos.
290
El doctor Hjalmar Schacht fue puesto al frente de la economía, y adoptó
medidas de corte keynesiano, aunque robustecidas por el sistema totalitario
que se iba imponiendo. El desempleo desapareció con la incorporación de
clases enteras a las fuerzas armadas, el desarrollo de las industrias bélicas y
las obras públicas emprendidas.
Los países gobernados dictatorialmente de los Balcanes y Hungría
fueron atraídos a una red de pactos bilaterales que posibilitaban la expansión
de las exportaciones alemanas y le aseguraban alimentos y materias primas,
como el petróleo rumano. La construcción de tanques y buques de guerra
reactivó la industria del acero.
El Japón, que en 1933 había establecido un estado títere en la
Manchuria china, invadió en 1935 a China y comenzó una larga guerra.
Entretanto, en Alemania se emprendió la persecución a los adversarios
políticos, y, en forma larvada al principio y a partir de 1938202 abiertamente, a
los judíos y gitanos, apareciendo los campos de concentración. Se inició el
exterminio disimulado de los enfermos mentales y de los disminuidos físicos,
además de un gran número de judíos.
Su único freno – paralizadas las naciones que habían formado los
Aliados en la guerra por sus conflictos interiores y el temor generalizado a una
nueva conflagración – era el fascismo italiano, con sus “ocho millones de
bayonetas” y con el que rivalizaba. Pero al emprender Mussolini en 1935 la
conquista de Etiopía, la Sociedad de las Naciones aplicó sanciones
económicas a Italia. Hitler vio allí su oportunidad, acudió en auxilio de Italia, y
se aliaron hasta la muerte de ambos.
En 1936, intervinieron unidos en la Guerra Civil Española, en apoyo del
bando “nacionalista”. Y en 1938 firmaron el Pacto de Acero, que creaba un
«Eje», frente anti-comunista Roma-Berlín, al que se unió un año después
Japón, dominado por una dictadura militar sin escrúpulos.
La Guerra Civil Española, iniciada en julio de 1936, vio la declaratoria de
neutralidad de los estados europeos, abiertamente violada por Portugal, Italia
que envió material aéreo, tanques y divisiones enteras de «camisas negras»,
Alemania, que remitió también armamento y la “Legión Cóndor” y Rusia, que no
202 La Noche de los Cristales Rotos.
291
sólo envió armamento y organizó las Brigadas Internacionales, sino que
colaboró con mandos militares, favoreciendo el avance del comunismo al
control del gobierno republicano español. Finalmente, el 1º de abril de 1939, el
vencedor general Franco escribió en su diario de guerra “La guerra ha
terminado”. España sirvió a unos y otros para la experimentación de nuevas
armas, nuevas estrategias y nuevas tácticas, que arrojaron un millón de
muertos.
En abril de 1938, aterrorizado previamente el gobierno austriaco,
Alemania invadió sin lucha ese país, al que anexó.
COMIENZA LA GUERRA
AVANCE DEL EJE (1939-1942)
Francia e Inglaterra habían organizado un sistema de alianzas llamada
“La Pequeña Entente”, en Europa Centro Oriental, pero los países integrantes
estaban en el fondo divididos por reclamaciones territoriales de unos contra
otros, y el sistema no funcionó. En setiembre de 1938 Hitler resucitó sus
exigencias sobre sectores de Checoslovaquia fronterizos con Alemania. Europa
pareció al fin reaccionar. Pero entonces, Mussolini convocó a una conferencia
cuatripartita en Munich para octubre, en la que, a trueque de salvar una
precaria paz, Gran Bretaña y Francia aceptaron la partición de esa república y
Hitler obtuvo los territorios checos poblados por mayoría alemana. Al regresar a
Gran Bretaña, el primer ministro Neville Chamberlain, “el hombre del paraguas”
manifestó: “traigo la paz para nuestro tiempo”. Una vez más, estaba
equivocado por completo.
En febrero de 1939, Alemania absorbió el resto: Bohemia y Moravia
formaron un “protectorado” y Eslovaquia se constituyó en una república agraria
sometida a Hitler.
Tras reclamar territorios polacos que habían sido alemanes hasta 1914,
Alemania efectuó una asombrosa pirueta en su tan proclamado anticomunismo.
En junio se firmó en Moscú el Tratado de No Agresión Germano Soviético
(Tratado Ribbentrop-Stalin), y en la madrugada del 1º de setiembre de 1939 la
292
aviación alemana, sin declaración de guerra, bombardeó a Polonia y destruyó
la aviación militar polaca sin darle tiempo a despegar de tierra.
En la tarde de este día, las tropas alemanas invadieron Polonia, que se
defendió con tremendo coraje Pero las restricciones presupuestarias en todos
los países, excepto la Alemania hitleriana, habían mantenido ejércitos
anticuados, con tracción mayoritariamente hipomóvil, y los materiales
anticuados y la prioridad otorgada a la antigüedad para los ascensos había
congelado el desarrollo doctrinario de la estrategia, pese a excepciones como
el Capitán Lidell Hart en Gran Bretaña o el Coronel De Gaulle (1890-1970) en
Francia.
Pero Lidell Hart sólo era un militar retirado convertido en periodista y
escritor, y De Gaulle vio demorada su carrera por sus ideas que contradecían
la voluntad de sus superiores, mientras el alemán Heinz Guderian encontró
amplio eco para sus conceptos.
Alemania había mecanizado en gran proporción su ejército y la lucha
entre un ejército estancado en 1919 y otro actualizado en 1939 era muy
desigual. Así, era inútil que las valientes brigadas de lanceros de Cracovia
embrazaran las lanzas, y espolearan sus caballos para atacar las formaciones
de tanques.
Aún más, a mediados de setiembre, mientras Hitler martillaba el oeste
de Polonia, se reveló la primera cláusula secreta del Pacto de No Agresión
Germano – Soviético: El Ejército Rojo, invadió Polonia por el este. A fines de
octubre, Polonia había dejado de existir.
Gran Bretaña y Francia declararon la guerra apenas fue atacada
Polonia, conforme a los compromisos contraídos, pero su actuación inicial fue
pro formula. Se limitaron a disparar algunos tiros contra las defensas que Hitler
había construido en el oeste, y que eran muy sólidas. Tenían problemas de
movilización, sus planes estaban mal trazados y se llamó inicialmente a filas a
personal de la industria bélica que resultaba esencial y que debió ser
licenciado. Los franceses, especialmente, confiaban en la Línea Maginot. Con
todo, hubo en 1939 duros combates marítimos, como la Batalla del Río de la
Plata o la entrada de un submarino alemán en las aguas de la base británica de
Scapa Flow.
293
La Unión Soviética aprovechó el tiempo para engullirse, literalmente,
Estonia, Letonia y Lituania, que no recobrarían su independencia hasta 1992, y
atacar a Finlandia, que resultó más difícil de dominar. En la dura campaña de
invierno, paralizadas las tropas rusas, los esquiadores fineses obtuvieron
importante victorias y recibieron esporádicas ayudas aliadas, y hasta de
Hungría e Italia. Pero, al derretirse las nieves, Finlandia se vio obligada a ceder
considerable territorio a los rusos.
Tras un duro invierno boreal, que dificultó la organización y
entrenamiento de las tropas anglofrancesas, Alemania, dependiente de las
importaciones de hierro que hacía de Suecia, decidió asegurarlas en primer
lugar. Y sin declaración de guerra, atacó por sorpresa en abril a dos naciones
neutrales: Noruega y Dinamarca. Dinamarca ni siquiera tenía ejército
propiamente dicho. La Guardia Real, sin tiempo para vestir el uniforme de
combate, luchó – inútilmente, con los vistosos uniformes azules y los altos
morriones de piel de oso del uniforme de gala. La flota inglesa logró destruir los
buques alemanes que habían atacado Noruega, pero las tropas ya habían
desembarcado y les llegaron abastecimientos y refuerzos por vía aérea,
además del novedoso empleo de tropas paracaidistas. Noruega, débilmente
apoyada por los aliados, cayó a fines de mayo.
Entre tanto, el 10 de mayo de 1940, Hitler atacó en el oeste. Francia y
las neutrales Holanda y Bélgica fueron el blanco esta vez. Los países neutrales
eran, para Hitler, meros caminos hacia sus objetivos militares. Un enorme
despliegue de aviones, y tanques, en una combinación inesperada, los ataques
de paracaidistas y un nuevo concepto estratégico, el empleo de la radio como
medio de comunicación, descartando los vulnerables teléfonos.,
desconcertaron a los aliados. Luxemburgo fue arrasado en un solo día,
Holanda cayó en diez, Bélgica, pese a la ayuda anglofrancesa, tardía e
insuficiente, en dieciocho días, y a fines de mayo, renunciante el primer
ministro inglés y nombrado en su lugar el ya anciano W.S. Churchill, debieron
ser evacuados por mar desde Dunquerque - donde estaban rodeados –
350.000 soldados aliados. Cuatro generales franceses murieron en la defensa
de Dunquerque. Pero los hombres que se evacuaban, ingleses en su mayoría
sólo llevaban sus armas de mano y el material pesado, tanques, cañones,
ametralladoras, debió ser abandonado en las playas, pese al gigantesco
294
esfuerzo cumplido. Los generales alemanes, Reichenau, Guderian, Hoth,
Rommel, se hacían fama mundial en tan corto tiempo.
Uno de los más altos jefes militares franceses, encargado de un mando
vital, murió en un accidente de automóvil, y tardó días enteros en ser
reemplazado; el desconcierto cundía, pese a cambios en el alto mando.
Mussolini declaró la guerra a Francia a principios de junio. Tras quince días
más de derrotas, nombrado primer ministro el anciano Mariscal Phillipe Petain
(1856-1951), héroe de Verdún en 1914-15, Francia capituló, y Hitler, triunfante,
presenció el desfile alemán debajo del Arco de Triunfo de París. Sólo un
general francés, Charles De Gaulle, escapó a Londres, desde donde llamó por
radio a continuar la resistencia.
Siguió a esto la Batalla de Inglaterra, una serie de devastadores ataques
aéreos con bombas sobre Inglaterra, atacando objetivos militares y a la
población civil indiscriminadamente, que finalmente fueron contenidos por la
Real Fuerza Aérea británica. «Nunca tantos debieron tanto a tan pocos» afirmó
Churchill.
Había Hitler logrado el control de Europa Occidental. Italia, Hungría,
Bulgaria, Rumania y Yugoslavia eran era sus aliadas. La España de Franco,
con la cual contaba, insistió en permanecer neutral, como lo eran Portugal,
Suecia, Suiza y Finlandia, tan castigada por Rusia. Austria, Checoslovaquia,
Francia, bajo el gobierno títere de Petain, Luxemburgo, Bélgica, Holanda,
Dinamarca, Noruega y Polonia habían sido conquistadas. Controlaba el hierro
de Suecia y de Francia, el petróleo rumano, además de su propio carbón. Sólo
Gran Bretaña, dirigida por la firme determinación de Churchill, y apoyada por
sus colonias, resistía, sólo acompañada por De Gaulle, algunos pocos miles de
soldados franceses que lo seguían y un par de colonias francesas de África y el
Pacífico que reconocieron su jefatura.
En agosto de 1940, a bordo de buques de guerra, Churchill y el
presidente norteamericano Roosevelt se entrevistaron en las orillas de
Terranova y firmaron la “Carta del Atlántico”. [Link]. “prestaba” a Gran Bretaña
50 buques de guerra en desuso, le abría un amplio crédito para sus compras
de armamentos y aseguraba la lucha antisubmarina dentro de la “Zona
295
Interamericana de Seguridad Recíproca”203. Pero Roosevelt había obtenido su
segunda reelección comprometiéndose ante su pueblo a “mantener a Estados
Unidos fuera de la guerra”, y no podía ir más allá.
Mussolini quiso también tener laureles propios. En 1939 había absorbido
Albania, y a fines de octubre de 1940 invadió Grecia sin avisar previamente a
Hitler, a quien recién se lo dijo cuando sus tropas habían cruzado la frontera.
Los griegos, apoyados por los ingleses, combatieron con valor, mientras el
gobierno yugoslavo se debatía entre los partidarios del Eje y los pro-aliados.
Finalmente, Alemania, Italia, Bulgaria, Hungría y Rumania atacaron a
Yugoslavia por sorpresa, la sometieron y conquistaron Grecia.
Las fuerzas italianas en Etiopía, imposibilitadas de recibir auxilio, fueron
vencidas por británicos, hindúes y sudafricanos. Las que estaban en Libia,
jaqueadas por los ingleses de Egipto, recibieron a través del Mediterráneo
algunas divisiones alemanas y un general muy competente.
Pero Hitler tenía otro plan secreto, que estas operaciones demoraron. El
22 de junio de 1941, a pesar del Pacto Germano-Soviético, atacó a Rusia sin
declaración de guerra, aliado a Finlandia, Hungría, Bulgaria, Rumania e Italia.
Stalin pidió ayuda a Gran Bretaña. Churchill, el eterno anticomunista, dijo en el
Parlamento: “Si Hitler invadiera el infierno, al menos yo haría una mención
favorable al demonio en la Cámara, e Inglaterra se unió a esta aliada forzosa e
inesperada”.
El ataque alemán a Rusia produjo, al principio, grandes resultados.
Ejércitos enteros fueron derrotados, y en los primeros meses los germanos y
sus aliados mataron 600.000 rusos y tomaron más de 2.000.000 de prisioneros.
Stalin, el hombre de la Tercera Internacional, de la propaganda antirreligiosa, el
teórico de una doctrina que afirmaba que «los estados son creaciones
artificiales de la burguesía para engañar, distraer, y dividir a la clase obrera»
hablaba ahora en público de la «Santa Madre Rusia», cesó las campañas
antirreligiosas y ordenó a los popes predicar la lucha por la independencia
nacional.
Miles de oficiales y soldados polacos prisioneros fueron extraídos de los
campos de concentración soviéticos y trasladados a Irán, donde se los entregó
203 Establecida por la Unión Panamericana en la Conferencia Extraordinaria de Lima en 1938, ante la
inminencia de la guerra mundial.
296
a los británicos que organizaron el Grupo de Brigadas Polacas que combatiría
contra los alemanes…en cualquier lugar lejos de Rusia y de Polonia.
La ofensiva alemana se centraba en el sur, tratando de capturar los
pozos petrolíferos y las industrias rusas. A su vez, los ejércitos rusos
combatían tenazmente, tratando de demorar el avance nazi, para permitir el
traslado de las industrias hacia Siberia, mientras aguardaban la llegada del
“General Morosow” (la nieve).
Los japoneses, entretanto, habían ocupado las colonias francesas de
Indochina204, las holandesas de Insulindia205, las inglesas de Malasia (que les
aseguraban el control de la mayor parte de la producción mundial de caucho),
invadían Birmania, tomaban Singapur y amenazaban la India y Australia.
Para octubre-noviembre de 1941 Hitler parecía haber ganado la guerra.
Los países ocupados le suministraban materia prima, productos industriales y
trabajadores esclavos, que se sumaban al trabajo forzoso de los judíos en los
campos de concentración. Decidió, pues, lanzar la «Solución Final». Los
campos de concentración judíos se fueron convirtiendo en campos de
exterminio, con la idea central de exterminar a esa comunidad. Pero entonces –
aunque no por ello - comenzaron las grandes dificultades.
EL RETROCESO DEL EJE (1942 – 1943)
En el frente ruso, llegó al fin «Morosow». Y los camiones y tanques
alemanes no estaban adaptados para moverse en la nieve y los abrigos de las
tropas eran propios de un clima más benigno. La ofensiva relámpago, la
blitzkrieg, que tanto éxito había tenido en Europa Occidental y en los Balcanes,
se estancó. Entre la nieve, los rusos contraatacaban con desesperación.
Los ingleses, a su vez, comenzaban a bombardear por aire a Alemania.
Los aliados japoneses del Eje, abrumados por las restricciones
norteamericanas a su comercio exterior, con pericia táctica, mala fe y escaso
204 Hoy Viet Nam, Laos y Camboya.
205
ˇ Luego Indonesia.
297
sentido de la oportunidad, atacaron por sorpresa206, la base naval
norteamericana de Pearl Harbour, en Hawai. Muchos barcos de guerra fueron
destruidos, otros inutilizados207, murieron muchos marinos y soldados, pero los
portaviones habían salido al mar días antes. Esto arrojó sobre Roosevelt la
sospecha de que el servicio de espionaje le había avisado y lo calló para tener
un motivo para intervenir en la guerra.
De todos modos, la indignación norteamericana fue inmensa y
justificada. Estados Unidos entró en guerra. Roosevelt y el general Marshall
habían levantado nuevas tropas, pero el ejército y la aviación eran aún
insuficientes. Los ataques japoneses a Filipinas, Guam, Wake y otras islas
resultaron exitosos y el Gral. Mac Arthur debió resignase a exclamar
“Volveremos”. Lo cumplió.
Estados Unidos recibió la alianza inmediata de Brasil, que le suministró
bases navales y aéreas, su apoyo incondicional y el caucho amazónico. Acabó
Brasil por enviar tropas que combatieron en África e Italia. A cambio, Estados
Unidos le suministró armamento moderno, buques de guerra, aviones y
construyó Volta Redonda, la primera acería de América del Sud.
México también declaró espontáneamente la guerra al Eje, y junto con
Cuba, envió sus barcos de guerra a patrullar el Caribe, pero no aportó fuerzas
terrestres, como tampoco lo hicieron las demás naciones hispanoamericanas,
desde Guatemala y Haití a la mediterránea Bolivia, que, presionadas por
Estados Unidos en la Conferencia Panamericana de Río de Janeiro, también lo
hicieron. Sólo Chile y la Argentina continuaron neutrales.
La primavera boreal del ´42 dio nuevo brío a las operaciones. Los
convoyes aliados de Estados Unidos y Canadá eran atacados por los
submarinos alemanes, lo mismo que los que se dirigían a Murmansk, el único
puerto ruso que podían alcanzar. Los alemanes y sus aliados reanudaban sus
ataques en Rusia y en África, aunque Finlandia comenzaba a retraerse.
206
ˇ Aunque existen algunos indicios de que el gobierno norteamericano estaba al tanto y no adoptó
medidas defensivas para enfervorizar a su pueblo con el ataque alevoso.
207
ˇ Entre ellos uno que, posteriormente reparado fue vendido en 1952 a la Argentina, donde sirvió
primero bajo el nombre de “17 de octubre” y luego “General Belgrano”, para ser gloriosamente hundido en
1982.
298
Cayó Crimea, los alemanes alcanzaron el Cáucaso y atacaban
Stalingrado.
En África, los ítalo-alemanes, reforzados, retomaron la ofensiva,
conquistaron Tobruk y avanzaron hacia Egipto, defendido por británicos,
australianos, hindúes, neocelandeses, sudafricanos, y algunos miles de
franceses libres y polacos.
Los japoneses tomaban Batán, y conquistaban isla tras isla, avanzaban
a través de las selvas birmanas hacia la India, capturaban la “inatacable”
Singapur y desembarcaban en Nueva Guinea, como paso previo a la
proyectada invasión de Australia., sin abandonar las operaciones continentales
contra China.
En octubre de 1942 el nuevo mando británico en Egipto detuvo, primero,
y rechazó después a los ítalo-germanos, liderados por Rommel, a los que
persiguió pese a la ahora heroica defensa de la infantería italiana, entrando, a
su vez, en Libia y Tripolitania.
El VI Ejército Alemán logró, por fin, y tras sangrienta batalla, entrar en
Stalingrado pero se encontró, a su vez, rodeado y sitiado muy rápidamente. En
enero de 1943 debió rendirse a los rusos.
En noviembre de 1942, fuerzas norteamericanas desembarcaron en
África del Norte Francesa208 . Los soldados coloniales franceses, mandados por
el segundo de Petain, salvaron su honor disparando algunos tiros y pidieron un
armisticio, inmediatamente concedido. Pronto se volcaron a las filas de los
aliados, y, tras algunos tironeos y rivalidades alentados por la escasa simpatía
que el alto y soberbio general despertaba en Londres y Washington, acabaron
por reconocer la jefatura de De Gaulle, al que se unieron todas las colonias y
mandatos franceses, incluso Siria, donde un general petainista había sido
reducido por la fuerza por los británicos.
En la conferencia de Casablanca, en diciembre de 1942, se reunieron
Churchill, Roosevelt y De Gaulle para coordinar acciones. En agosto de 1943 lo
hicieron Churchill, Roosevelt y el presidente chino Chiang Kai Shek en El Cairo,
y en diciembre, en Teherán Roosevelt, Stalin y Churchill.
208 Hasta fines de octubre, Estados Unidos reconocía al régimen de Vichy (Petain) y mantenía con él
relaciones diplomáticas.
299
El reloj del nazismo empezaba a atrasar. En mayo de 1943 debieron
rendirse las últimas fuerzas ítalo germanas de África del Norte. Se inició la
invasión de Sicilia, Cerdeña y Córcega, seguida por los desembarcos en el
territorio continental italiano, en Calabria y en Salerno. El rey depuso a
Mussolini, lo arrestó y en julio, Italia capituló incondicionalmente.
Los alemanes ocuparon velozmente Italia y lograron en un golpe de
mano la liberación de Mussolini, que formó un gobierno nominal en el norte del
país. Pero la mayor parte de las fuerzas armadas italianas fueron desarmadas
y disueltas. Una parte se unió a los alemanes y otra a los aliados. Sobre la
desdichada península se desató una verdadera “pelea de perros”, en que nadie
lograba obtener ventajas.
Por casi un año la situación se mantuvo indecisa. Japón era derrotado
en el aire y en los mares. Los alemanes cedían palmo a palmo terreno en el
Este y sólo en Italia debían combatir en el Oeste, pero sufrían cada vez más
intenso y nutrido bombardeo de la RAF209, ahora reforzada por los grandes
aviones de la USAF210 En una sola noche se arrojaron 30.000 toneladas de
bombas incendiarias sobre la ciudad alemana de Dresde. Los alemanes
reclutaban cada vez más miembros de los pueblos sometidos para el trabajo
esclavo en su industria de guerra.
Desde 1942 continuaban silenciosamente con el siniestro plan hitleriano
Bajo la dirección inmediata de Adolf Eichman, 6.000.000 de judíos, muchos
gitanos, y otros adversarios fueron masacrados en los campos de
concentración. Existía información de ello en Occidente, pero se ocultaba a la
opinión pública.
AVANCE DE LOS ALIADOS (1944-1945)
Finalmente, el 6 de junio de 1944, 176.000 norteamericanos, británicos y
canadienses, al mando del general norteamericano Dwigth Einsenhower, ya
vencedor en África del Norte, desembarcaban en Normandía y perforaban la
«Muralla del Atlántico». Previamente, las regiones que rodeaban a este punto
209 Real Fuerza Aérea británica.
210 Fuerza Aérea de los Estados Unidos.
300
habían sido arrasadas por los bombardeos y los actos de sabotaje de la
Resistencia Francesa que arruinaron especialmente las comunicaciones y los
transportes.
En julio de 1944, en Bretton Woods, pequeña localidad del estado
norteamericano de Nueva Hampshire, se reunieron expertos financieros y
económicos de 44 estados, bajo la inspiración de las ideas de Lord Keynes.
Aprobaron un futuro sistema monetario basado en la estabilidad del dólar como
moneda de referencia, y crearon el Banco Internacional de Reconstrucción y
Fomento (luego Banco Mundial), el Fondo Monetario Internacional y el Acuerdo
General de Comercio y Tarifas (G.A.T.T.), sustituido más adelante por la
Organización Mundial de Comercio.
Por otra parte, en los altos círculos aliados se aprobaba el Plan
Morgenthau, que preveía convertir a Alemania, luego del fin de la guerra en un
país exclusivamente agrícola, idea descabellada que, por suerte, no llegó a
tener principio de ejecución.
El 20 de julio, un grupo de altos jefes militares alemanes atentó con una
bomba contra la vida de Hitler. Fracasaron, unos fueron reprimidos con
asombrosa ferocidad y otros se suicidaron. De todos modos, Hitler, sacudido
por el golpe psíquico, no volvió a ser el enérgico conductor que había sido, y
dio muestras de verdadera demencia, aunque el temor que inspiraba lo sostuvo
hasta el final.
El 20 de agosto, una división de Francia Libre, designada al efecto por
Eisenhower, entraba vencedora en París, mientras el 6º Ejército
Norteamericano y el 1er. Ejército de Francia Libre desembarcaban el Sur de
Francia.
Con todo, los alemanes siguieron luchando, mostrando nuevas armas
secretas y más de 1.000 bombas voladoras, impulsadas por cohetes, se
lanzaron sobre Gran Bretaña. Pero Hitler dispuso que no se lanzaran sobre los
puertos de embarque y los objetivos militares, sino sobre la ciudad de Londres
y su población civil.
En la Conferencia de Yalta, en el sur de Rusia, febrero de 1945, Stalin
recibió a Roosevelt y a Churchill, negándose absolutamente a que participara
De Gaulle, pues desconocía a Francia como gran potencia. Allí se hicieron los
arreglos definitorios para el reparto de zonas de influencia luego de la Guerra, y
301
se convino que la Unión Soviética declararía la guerra a Japón, a cambio de lo
cual recibiría la isla de Sakalin y parte de Corea. Roosevelt consideraba a
Stalin como un hombre bonachón, algo así como un campesino gruñón y
estaba mucho más dispuesto que el líder británico a hacerle concesiones.
Al este, los desesperados judíos del Ghetto de Varsovia se levantaron
contra los alemanes. Nadie los ayudó y fueron masacrados.
El Ejército Rojo continuaba su vigorosa ofensiva. Rumania, Bulgaria y
sucesivamente Hungría fueron cayendo en manos rusas. El movimiento
guerrillero yugoslavo, dirigido por el comunista Josip Broz (“Mariscal Tito”)
lograba liberar su país de enemigos sin ayuda soviética.
En Italia, Roma había sido liberada y los alemanes formaron una línea
defensiva más al norte.
Finlandia firmaba un armisticio con los rusos y pasaba a atacar a las
fuerzas alemanas que habían entrado como aliadas en su territorio.
Las exportaciones alemanas, japonesas, británicas, francesas e italianas
habían quedado totalmente interrumpidas, perdiendo sus mercados. Estados
Unidos procuró ocupar su lugar, en la medida de lo posible. Sin embargo,
aquellos países latinoamericanos que habían emprendido el proceso de
sustitución de importaciones lograron posicionarse en los mercados de sus
vecinos. La emblemática SIAM argentina incluso llegó a exportar algunas
máquinas a la propia Gran Bretaña.
Estados Unidos y Canadá abastecían de alimentos a los aliados, pero
Gran Bretaña seguía dependiendo de las exportaciones argentinas y
uruguayas de carne. Un telegrama de Churchill a su embajador en Washington
decía literalmente: “en cuanto a América del Sur, firme lo que los
norteamericanos quieran, excepto si se trata de carne de vaca o de carnero”.
“Vaca y carnero” eran la Argentina y el Uruguay.
Estados Unidos presionaba fuertemente a los gobiernos argentino y
chileno para obtener la declaración de guerra a Alemania y Japón. Chile, acabó
por ceder. La Argentina, declaró la ruptura de relaciones diplomáticas en enero
de 1944.
Los nombres de los altos jefes aliados, Alexander, Montgomery, Bradley,
Patton, Clark, Leclerc, De Lattre de Tassigny, Juin, Zhukov, Koniev, Voroshilov
se hacían famosos.
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Pero una inesperada derrota aliada en una grande y arriesgada
operación combinada con paracaidistas en Holanda fracasó, y en diciembre,
bajo la nieve, Alemania lanzó su última gran ofensiva en las Ardenas. Estuvo al
borde de triunfar, pero no logró conseguirlo.
En enero de 1945, las fuerzas norteamericanas de Bradley hallaron un
puente ferroviario sobre el Rin que no había sido destruido y penetraron en
Alemania, rápidamente seguidos por Patton, y los británicos de Montgomery.
Los soviéticos de Zhukov y Koniev, penetraron en Alemania por el este.
Los norteamericanos primero, y los soviéticos después comenzaron a hallar
campos de exterminio abandonados, con algunos pocos sobrevivientes.
Eisenhower, espantado, ordenó que todos los soldados los visitasen y
comprobaran sus horrores.
En el mismo mes, Franklin Delano Roosevelt, caso sin precedentes ni
émulos, juró por cuarta vez como Presidente de los Estados Unidos, y
comenzaron, en San Francisco de California las deliberaciones de la Asamblea
fundacional de la Organización de las Naciones Unidas. El 30 de marzo, la
Argentina declaró la guerra a Alemania y Japón y la delegación argentina,
superando la oposición de la Unión Soviética fue admitida en la Conferencia.
El 12 de abril murió de un derrame cerebral, Franklin D. Roosevelt. Lo
sucedió el vicepresidente Harry S. Truman, un político provinciano sin
experiencia en política internacional.
El 27 de ese mes, rotas las líneas alemanas del Norte de Italia y
próximas estas tropas a capitular, Benito Mussolini y su joven amante, que
intentaban escapar a Alemania o a Suiza, fueron capturados por guerrilleros
comunistas italianos, fusilados y sus cadáveres colgados de los pies en una
estación de servicio en Milán.
El 29, mientras restos de la Wehrmacht y la Schutz Staffel, ancianos y
niños combatían contra los soviéticos en las ruinas de Berlín, Adolf Hitler, en su
atrincheramiento de la Cancillería, se casó con quien era su compañera desde
diez años atrás, envenenó a ella y a su perro favorito y se suicidó de un
disparo. Los cadáveres fueron incinerados por su orden. Otros jerarcas nazis y
sus familias también se suicidaron.
El 9 de mayo, rendida Alemania, cesaron las hostilidades en Europa.
303
Rusia declaró finalmente la guerra a Japón.
En Postdam, en las inmediaciones de Berlín, tuvo lugar otra
Conferencia. La última. Se reunieron Stalin, Truman y Churchill, quien había
convocado a elecciones generales y concurrió acompañado del líder laborista
mayor Clement Atlee, integrante del gabinete de coalición que había
colaborado con él durante toda la guerra. Poco después, Churchill, derrotado
en las elecciones, debió retirarse y el nuevo primer ministro Atlee ocupó su
lugar.
El 6 y 9 de agosto, culminó el proyecto secreto Manhattan, dirigido por el
profesor Oppenheimer. Aviones norteamericanos lanzaron sendas bombas
atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki. El Japón se rindió del 10 de agosto al
general Mac Arthur, quien exigió que el Mikado (emperador) emitiera un
mensaje radial al pueblo, para admitir que no era un dios viviente, sino un
simple ser humano.
Europa estaba literalmente arrasada. Habían muerto 30.000.000 de
personas, millones quedaron inválidos, las fábricas, los puentes, los
ferrocarriles y las viviendas habían sido bombardeadas, excepto en Portugal,
Suecia y Suiza. España, también neutral, arrostraba las consecuencias de su
propia y devastadora guerra civil.
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BIBLIOGRAFÍA
CORTES CONDE, Roberto (2003) Historia Económica Mundial. Desde
el medioevo hasta los tiempos contemporáneos. Editorial Ariel. Buenos Aires
CHURCHILL, Winston. (1958) Historia de Inglaterra y de los pueblos de
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FERNÁNDEZ, Antonio (1994) “Edad Contemporánea” en Historia
Universal. Barcelona. Editorial Vicens Vives.
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Barcelona.
HOWARD, Michaels; LOUIS, W. Roger (1998) Historia Oxford del siglo
XX. Editorial Planeta. Barcelona.
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Barcelona.
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