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Ilustración

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Para otros usos de este término, véase Ilustración (desambiguación).

Pintura de Charles Gabriel Lemonnier que


representa la lectura de una tragedia de Voltaire, por entonces en el exilio, El
huérfano de la China (1755), en el salón literario de madame Geoffrin en la
calle Saint-Honoré de París. Los personajes más notables reunidos en torno al
busto de Voltaire
son Rousseau, Montesquieu, Diderot, D'Alembert, Buffon, Quesnay, Du
Plessis y Condillac. Además, figuran Gresset, Marivaux, Marmontel, Vien, La
Condamine, Raynal, Rameau, mademoiselle
Clairon, Hènault, Choiseul, Bouchardon, Soufflot, Saint-Lambert, el conde de
Caylus, Felice, el barón de
Aulne, Malesherbes, Maupertuis, Mairan, D'Aguesseau, Clairaut, la condesa de
Houdetot, Vernet, Fontenelle, el duque de
Nivernais, Crébillon, Duclos, Helvètius, Vanloo, Lekain, Lespinasse, Boccage,
Réaumur, Graffigny, Jussieu y Daubenton.
La Ilustración fue un movimiento cultural e intelectual europeo1 que tuvo lugar
desde mediados del siglo XVIII hasta principios del siglo XIX, especialmente
en Inglaterra, Francia y Alemania.2 Inspiró profundos cambios culturales y
sociales; la Revolución francesa y el racismo científico fueron algunos de sus
efectos más drásticos.3 El siglo XVIII es conocido, por estos motivos, como
el Siglo de las Luces4 y del asentamiento de la fe en el progreso. Las ideas
desarrolladas durante esta época estuvieron enfocadas en conceptos como la
búsqueda de la felicidad, la soberanía de la razón, y la evidencia de los
sentidos como fuentes primarias del aprendizaje. Entre las ideas que tuvieron
su origen durante la Ilustración se incluyen tales como la libertad, la igualdad, el
progreso, la tolerancia, la fraternidad, el gobierno constitucional y la separación
Iglesia-Estado.56Existió también una Ilustración española e hispanoamericana,
la de la Escuela Universalista Española del siglo XVIII, aunque más científica y
humanística que política.7

Los pensadores de la Ilustración sostenían que el conocimiento humano podía


combatir la ignorancia, la superstición y la tiranía para construir un mundo
mejor. La Ilustración tuvo una gran influencia en aspectos científicos,
económicos, políticos y sociales de la época. Este tipo de pensamiento se
expandió en la población y se expandió por los hombres de letras, pensadores
y escritores que creaban nuevas formas de entender la realidad y la vida
actual. Se expandió también a través de nuevos medios de publicación y
difusión, así como en libros, periódicos, reuniones, o en cafés en las grandes
ciudades continentales y británicas, en las que participaban intelectuales y
políticos a fin de discutir y debatir acerca de la ciencia, política, economía,
sociología, leyes, filosofía y literatura. La Ilustración fue marcada por su
enfoque en el método científico y en el reduccionismo, el dividir problemas y
sistemas en sus componentes al momento de encontrar una solución y/o
entender mejor cómo funciona el sistema o problema.

Definición del término


[editar]
La Ilustración significa el abandono del hombre de una infancia mental de la que él
mismo es culpable. Infancia es la incapacidad de usar la propia razón sin la guía de
otra persona. Esta puericia es culpable cuando su causa no es la falta de inteligencia,
sino la falta de decisión o de valor para pensar sin ayuda ajena. Sapere
aude «¡Atrévete a saber!» He aquí la divisa de la Ilustración.
Immanuel Kant, ¿Qué es la Ilustración?

La Ilustración (Lumières, en francés; Enlightenment, en inglés; Illuminismo, en


italiano; Aufklärung, en alemán),8 en frase de uno de sus más importantes
representantes, D'Alembert, «lo discutió, analizó y agitó todo, desde las
ciencias profanas a los fundamentos de la revelación, desde la metafísica a las
materias del gusto, desde la música hasta la moral, desde las
disputas escolásticas de los teólogos hasta los objetos del comercio, desde los
derechos de los príncipes a los de los pueblos, desde la ley natural hasta las
leyes arbitrarias de las naciones, en una palabra, desde las cuestiones que
más nos atañen a las que nos interesan más débilmente». Esto mismo nos
indica que, más que el contenido mismo de sus doctrinas, lo original del
movimiento fue la forma de pensamiento y valoración.

Según las interpretaciones marxistas, entre cuyas opciones se encuentra la


de Lucien Goldmann, la Ilustración puede ser definida como «una etapa
histórica de la evolución global del pensamiento burgués». Como tal, insertaría
su filiación doctrinal en el Renacimiento y, especialmente, en las corrientes
racionalistas y empiristas del siglo XVII (de Descartes, a Locke, pasando
por Bacon, Bayle, Galileo, Grocio, Hobbes, Leibniz, Newton, Spinoza, o
los libertinos), y basa su posibilidad sociológica de desarrollo en las
revoluciones políticas neerlandesa e inglesa, en el empuje de la burguesía y en
las transformaciones económicas en gestación, apoyadas en una coyuntura en
alza, que desembocarán en la Revolución francesa.

Esquema general e hispánico


[editar]
Retrato de cuerpo entero de Jovellanos, pintado
por Francisco de Goya y Lucientes en 1798, considerado uno de los más
emblemáticos personajes de la Ilustración española. Este intelectual español
accedió al cargo de ministro y emprendió reformas que no llegaron a
consolidarse. En el fondo se aprecia una estatua de Minerva, diosa de la
sabiduría, que parece estar "bendiciéndole".
Desde Gran Bretaña, donde algunos de los rasgos esenciales del movimiento
se dieron antes que en ningún otro lugar, la Ilustración se asentó en Francia,
donde la anglofilia fue difundida por Voltaire, y produjo en Francia un cuerpo
ideológico, el enciclopedismo, y sus más difundidas personalidades
(Montesquieu, Diderot, Rousseau, Buffon, etc). Ahora bien, la filosofía ilustrada
más sólida fue sin duda la más tardía alemana, que con Kant culminará la
creación del pensamiento propiamente moderno, ya muy por encima de la
ideología enciclopedista. La Ilustración también dio sus frutos propios en otros
lugares europeos y americanos. En ocasiones se recrearon proyectos
ilustrados más o menos autónomamente, pero en la mayoría de casos
vinculados al pensamiento inglés y, sobre todo en lo que se refiere a la
ideología enciclopedista, a Francia (así en Países
Bajos, Polonia, Rusia, Suecia, la península italiana y la ibérica, etc., o en
sus colonias americanas). Desde el punto de vista sociopolítico fueron frutos
condicionados por el grado de desarrollo ideológico adquirido en el momento
de lanzamiento de la nueva ideología y por el proceso interno seguido a lo
largo de su desarrollo. Si la Ilustración alemana fue por necesidad teórica de
asimilación lenta y compleja, el ideologismo ilustrado lo fue rápido y con la
superficialidad característica que le amparaba en la vida mundana, de la moda
y las costumbres.9

La Ilustración en España
[editar]
Artículo principal: Ilustración en España
En España la Ilustración coincidió con los reinados de Fernando VI y Carlos III.
Si bien la situación en que se encontraba el país obstaculizó una eclosión
inmediata, el auge dinámico de algunas de sus zonas geográficas
(especialmente Cataluña10) y la actuación coadyuvante del poder político
facilitaron la aparición de un nutrido y valioso grupo de ilustrados
(Cabarrús, Cadalso, Campomanes, Capmany, Feijoo, Floridablanca, Jovellanos
, etc.)11 condicionado, no obstante, por el arraigo y la preponderancia del
pensamiento escolástico tradicional. La creación de las Reales Academias de
la Lengua, de la Historia, de la Medicina y del Real Gabinete de Historia
Natural (actual Museo Nacional de Ciencias Naturales), son reflejo de los
logros de la Ilustración española, que ni mucho menos fue relativa al influjo
francés.12

La polémica acerca de la existencia o no de una Ilustración española


(polarizada en las opiniones contrarias de Ortega y Gasset y Eugenio D'Ors13),
más el añadido de una escasamente articulada investigación posterior durante
gran parte del siglo XX, atendía a razones más políticas que científicas y tuvo
como consecuencia un gran retraso en el reconocimiento de la existencia y
reconstrucción de una sólida e internacionalizada Ilustración española o
hispánica, tanto humanística como científica, empirista y cristiana, progresista
pero muy escasamente política, una tardía Ilustración universalista de gran
envergadura, encabezada por Juan Andrés, creador de la Historia universal de
las letras y las ciencias, Lorenzo Hervás y Antonio Eximeno, constructores de
hecho de la Comparatística moderna. Se trata de una nutrida gama de
intelectuales, algunos de primer orden (Miguel Casiri, Raimundo Diosdado
Caballero, Juan Bautista Muñoz, Juan de la Concepción, Pedro Franco
Dávila, Antonio José Cavanilles, José Celestino Mutis, Vicente Requeno, Juan
Ignacio Molina, Pedro José Márquez, Francisco Javier Clavijero, entre otros),
en buena parte jesuitas españoles expulsos en 1767, pero también americanos
y filipinos. Es lo que se ha venido en llamar Escuela Universalista Española del
siglo XVIII.14

La Ilustración en Hispanoamérica
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Artículo principal: Ilustración hispanoamericana
A Hispanoamérica llegaron las ideas de la Ilustración a través de la metrópoli.15
Existe, junto al marbete de Ilustración Española, el más general de Ilustración
Hispánica, que abarca tanto el español como el hispanoamericano.16

En los ámbitos de la política y la economía, las reformas impulsadas por el


despotismo ilustrado a finales del reinado de Fernando VI y durante el de su
sucesor Carlos III tenían por objeto reafirmar el dominio efectivo del gobierno
de Madrid sobre la sociedad colonial y contener o frenar el ascenso de las
elites criollas.

Las autoridades españolas procedían a una explotación más sistemática y


profunda de las colonias. Procuraban, además, fortalecer y aumentar la marina
de guerra y establecer unidades del ejército regular español en las diversas
regiones de América.
En la Nueva España (México), en el ámbito de los colegios de la Compañía de
Jesús, vemos surgir un importante grupo de científicos y filósofos ilustrados,
encabezados por José Rafael Campoy (1723-1777), que defienden una clara
separación entre la filosofía y las ciencias naturales, una mayor especialización
en el estudio científico y una simplificación en el método de la enseñanza
filosófica, evitando las sutilezas silogísticas, así como la sumisión incondicional
a las autoridades.17 En este grupo de estudiosos que trabaja principalmente en
la Ciudad de México, Tepotzotlán, Guadalajara y Valladolid (Morelia), destacan
el historiador y naturalista, jesuita expulsado, Francisco Javier Clavijero (1731-
1787), miembro sobresaliente de la Escuela Universalista Española del
siglo XVIII, que empleaba un método histórico sistemático y sorprendetemente
moderno; el filósofo Andrés de Guevara y Basoazábal (1748-1801), que se
basa en Bacon, Descartes y los censistas para plantear la necesidad de una
filosofía moderna, justificar el método inductivo y experimental, y denunciar el
abuso del método deductivo; y principalmente Juan Benito Díaz de Gamarra y
Dávalos (1745-1783), crítico de la escolástica y defensor de la ciencia y de la
modernidad, cuyo eclecticismo ilustrado está principalmente regido por los
valores del buen sentido, la racionalidad, la tolerancia y la utilidad para el
hombre.

En el sur del continente, el pensamiento ilustrado tuvo un primer gran empuje


en la Real Audiencia de Quito mediante la llamada Escuela de la Concordia,
fundada en la ciudad de Quito por el Dr. Eugenio Espejo en 1791, y a la cual
pertenecían nobles de la élite criolla y profesionales mestizos. Los
pensamientos y debates surgidos en la Escuela de la Concordia plantaron las
primeras semillas de nacionalismo e independencia de Sudamérica, ya que a
partir de varios sucesos ocurridos con sus diferentes miembros, la ilustración
se propagaría hacia el resto de territorios de los virreinatos de Nueva
Granada y Perú.

Contexto histórico
[editar]
Introducción
[editar]
El término Ilustración se refiere específicamente a un movimiento intelectual
histórico. Existen precedentes e incluso una propia Ilustración
en Inglaterra y Escocia a finales del siglo XVII, como inmediatamente después
en Alemania, si bien en su vertiente política el movimiento se considera
originalmente francés. La Ilustración francesa tuvo una expresión estética,
denominada Neoclasicismo, a diferencia de la alemana,
prototípicamente Gotthold Ephraim Lessing, que se alejaba por completo de
esta, a la que despreciaba. Desde Francia se expandió un tipo de ilustración
sociopolítica por toda Europa y América renovando especialmente los criterios
políticos y sociales. La Estética como disciplina es una de las grandes
invenciones dieciochistas, inglesa (Francis Hutcheson y los empiristas) y sobre
todo alemana (especialmente a partir de Alexander Gottlieb Baumgarten).18

Siglo XVII: la era de la Razón


[editar]
Estatua de Newton en Trinity College,
Cambridge.
Según muchos historiadores, los límites de la Ilustración han alcanzado la
mayor parte del siglo XVI, aunque otros prefieren llamar a esta época la Era de
la Razón. Ambos períodos se encuentran en cualquier caso, unidos y
emparentados, e incluso es igualmente aceptable hablar de ambos períodos
como de uno solo.

A lo largo del siglo XVI y siglo XVII, Europa se encontraba envuelta en guerras
de religión. Cuando la situación política se estabilizó tras la Paz de
Westfalia (acuerdo entre católicos y protestantes, 1648) y el final de la guerra
civil en Inglaterra, existía un ambiente de agitación que tendía a centrar las
nociones de fe y misticismo en las revelaciones «divinas», captadas de forma
individual como la fuente principal de conocimiento y sabiduría. En lugar de
esto, la Era de la Razón trató entonces de establecer una filosofía basada en el
axioma y el absolutismo como bases para el conocimiento y la estabilidad.

Este objetivo de la Era de la Razón, que estaba construido sobre axiomas,


alcanzó su madurez con la Ética de Baruch Spinoza, que exponía una
visión panteísta del universo donde Dios y la Naturaleza eran uno, en la línea
de la expresión bíblica: 'En Él vivimos, nos movemos y existimos'. Esta idea se
convirtió en el fundamento para la Ilustración, desde Isaac
Newton hasta Thomas Jefferson.

La Ilustración estaba influida en muchos sentidos por las ideas de Blaise


Pascal, Gottfried Leibniz, Galileo Galilei y otros filósofos del período anterior. El
pensamiento europeo atravesaba por una ola de cambios, ejemplificados por la
filosofía natural de Sir Isaac Newton, un matemático y físico brillante. Las ideas
de Newton, que combinaban su habilidad de fusionar las pruebas axiomáticas
con las observaciones físicas en sistemas coherentes de predicciones
verificables, proporcionaron el sentido de la mayor parte de lo que sobrevendría
en el siglo posterior tras la publicación de sus Philosophiae Naturalis Principia
Mathematica. Pero Newton no estaba solo en su revolución sistemática
pensadora, sino que era simplemente el más famoso y visible de sus ejemplos.
Las ideas de leyes uniformes para los fenómenos naturales se reflejaron en
una mayor sistematización de una variedad de estudios.

Siglo XVIII: el inicio de las revoluciones


[editar]
Existen desacuerdos sobre la neutralidad en el punto de vista de la
versión actual de este artículo o sección.
Motivo: Redacción tendenciosa, con pocas o ninguna fuentes
En la página de discusión puedes consultar el debate al respecto.

Portada de Elementos de la filosofía de


Newton (1738), que Voltaire y Émilie du Châtelet publicaron con gran éxito. En
ella, explicaron de forma sencilla los principios básicos de los descubrimientos
de Newton en matemáticas, astronomía y óptica, haciendo accesible la nueva
física para el público francés.
El siglo XVIII constituye, en general, una época de progreso de los
conocimientos racionales y de perfeccionamiento de las técnicas de la ciencia.
Fue un período de enriquecimiento que potenció a la nueva burguesía, si bien
se mantuvieron los derechos tradicionales de los órdenes privilegiados dentro
del sistema monárquico absolutista. Sin embargo, la historia del
siglo XVIII consta de dos etapas diferenciadas: la primera supone una
continuidad del Antiguo Régimen (hasta la década de 1770), y la segunda, de
cambios profundos, culmina con la Revolución estadounidense, la Revolución
francesa y Revolución Industrial en Inglaterra.

Esta corriente abogaba por la razón como la forma de establecer un sistema


autoritario ético. Entre 1751 y 1765 se publicó en Francia la
primera Encyclopédie, de Denis Diderot y Jean Le Rond D'Alembert, que
pretendía recoger el pensamiento ilustrado. Querían educar a la sociedad,
porque una sociedad culta que piensa por sí misma era la mejor manera de
asegurar el fin del Antiguo Régimen (el absolutismo y las dictaduras se basan
en la ignorancia del pueblo para dominarlo). En su redacción colaboraron otros
pensadores ilustrados como Montesquieu, Rousseau y Voltaire. Por lo demás,
existen lados oscuros en la Ilustración enciclopedista francesa: de una parte
aquello que se refiere a ciertos aspectos plagiarios en la realización de la
Enciclopedia como proyecto intelectual y las circunstancias confusas que la
rodearon; de otra el extremado y gratuito proceso sanguinario a que
innecesariamente condujo, razón esta que llevó a Friedrich Schiller a rechazar
la carta de ciudadano de París y elaborar una teoría de la revolución sin
violencia.19

Los líderes intelectuales del movimiento enciclopedista se consideraban a sí


mismos la élite de la sociedad, cuyo principal propósito era liderar al mundo
hacia el progreso, sacándolo del largo periodo de tradiciones, superstición,
irracionalidad y tiranía-despotismo (periodo que ellos creían iniciado durante la
llamada Edad Oscura). Este movimiento trajo consigo el marco intelectual en el
que se produciría la Guerra de Independencia de los Estados Unidos y
la Revolución francesa, así como el auge del capitalismo y el nacimiento
del socialismo. Frente a la dominante música del barroco europea, las artes en
Francia responderán al movimiento Neoclásico y Rococó.

Kant en su madurez.
Otro destacado movimiento filosófico del siglo XVIII, íntimamente relacionado
con la Ilustración, se caracterizaba por centrar su interés en la fe y la piedad.
Sus partidarios trataban de usar el racionalismo como vía para demostrar la
existencia de un ser supremo. En este periodo, la fe y la piedad eran parte
integral en la exploración de la filosofía natural y la ética, además de las teorías
políticas del momento. Sin embargo, prominentes filósofos ilustrados
como Voltaire y Jean-Jacques Rousseau cuestionaron y criticaron la misma
existencia de instituciones como la Iglesia y el Estado.

El siglo XVIII vio también el continuo auge de las ideas empíricas en la filosofía,
ideas que eran aplicadas a la política económica, al gobierno y a ciencias como
la física, la química y la biología.

En la historia nada es casual, un hecho es la consecuencia inevitable de otros


que lo precedieron. La Revolución francesa, si bien tuvo otras causas, no
hubiera sido posible sin la presencia del iluminismo que, poniendo luz sobre el
oscurantismo de la Edad Media se alejó de los dogmas religiosos para explicar
el mundo y sus acontecimientos, para hacerlos a la luz de la razón.

El iluminismo tampoco hubiera existido de no haberlo precedido un


debilitamiento del poder de la Iglesia a causa de la reforma protestante, que
dividió al mundo cristiano; y del humanismo, movimiento filosófico que centró
en el hombre el objeto de las preocupaciones terrenales, quitando a la religión
ese privilegio y desechando el teocentrismo.

Contexto social, difusión y pensamiento


[editar]

«-¿Debéis tener, le dijo Cándido al turco, una


extensa y magnífica tierra?

-Solo tengo veinte arpendes, contestó el turco;


los cultivo con mis hijos; el trabajo aleja de
nosotros tres grandes males, el aburrimiento,
el vicio y la necesidad.

-También sé, dijo Cándido, que tenemos que


cultivar nuestro jardín.»
— Voltaire, Cándido

Cesare Beccaria, padre de la teoría penal


clásica (1738-1794).
Ya se ha dicho que, socialmente, la Ilustración se halla inscrita en el ámbito de
la burguesía ascendente, pero sus animadores no fueron ni todas las capas
burguesas, ni solamente estas. Por un lado, tuvo sus adversarios en
determinados sectores de la alta burguesía comercial (como, por ejemplo, el
dedicado al tráfico negrero), y, por otra parte, ciertos elementos del bajo clero o
de la nobleza cortesana (caso del conde de Aranda en España, o de
los Argenson en Francia), e incluso el propio aparato estatal de despotismo
ilustrado (Federico II, Catalina II, José II), la apoyaron, aunque, en este último
caso, en sus manifestaciones más tímidas y, muchas veces, como simple arma
de política internacional.
Los medios de que se valió el movimiento para su difusión fueron múltiples
(entre otros, las sociedades secretas, como la masonería), pero, en primer
lugar, hay que señalar las sociedades de pensamiento, específicas de la
época, como los Amigos del país en España, o conocidas ya antes, pero
potenciadas ahora, como las academias y los salones (estos en muchas
ocasiones, regidos por «femmes de lettres», como el influyente salón de los
que Napoleón llamó «ideólogos» o Sociedad de Auteuil). Otros vehículos de
enorme importancia fueron la prensa periódica y la internacionalización de las
ediciones. Por otra parte, la independencia económica del profesional de las
letras, antes sujeto al mecenazgo, dio mayor autonomía a su pensamiento.

Aunque existieron diversas tendencias entre los ilustrados (que, a veces, dieron
lugar a largas polémicas entre ellos —por ejemplo, en torno a problemas de la
propiedad, que enfrentó a fisiócratas y utópicos— y a enemistades duraderas,
como la de Diderot-Rousseau), reconocieron también una línea maestra
común, que los hizo solidarios en su lucha. Su arma es la razón, desprovista de
contenido preestablecido y convertida en un seguro instrumento de búsqueda,
cuyo poder no consiste en poseer, sino en adquirir (libido sciendi). Con ella
luchan contra la superstición las formas religiosas tradicionales y reveladas
(llegando al deísmo o al ateísmo), al argumento de autoridad y las estructuras
políticas y sociales anquilosadas, intentando eliminar cualquier elemento de
misterio, extrañeza o milagro; es, por lo tanto, una ideología antropocéntrica –
Pope diría que «el estudio propio del género humano es el hombre»–, llena de
un optimismo activo frente al futuro, porque cree en el progreso conseguido a
través de la razón, en la posibilidad de instaurar la felicidad en la Tierra y de
mejorar a los hombres, de por sí buenos (Rousseau). En este sentido es un
movimiento entusiasta, basado no en un frío racionalismo, sino convencido de
que la sensibilidad, como aptitud para la emoción, es una potenciadora de la
razón, si viene guiada por la experiencia: «a medida que el espíritu adquiere
más luces, el corazón adquiere más sensibilidad», se lee
en L'Encyclopédie (artículo “foible”). Al mismo tiempo, la Ilustración, forma de
pensamiento de una economía de intercambio basada en el contrato comercial,
tiene como rasgos distintivos el individualismo, el igualitarismo formal,
el universalismo iusnaturalista, la tolerancia y el postulado de la libertad.

Características
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Este artículo o sección tiene referencias, pero necesita más para
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Este aviso fue puesto el 11 de marzo de 2024.


David Hume, retrato de Allan Ramsay (1766).

Voltaire, a la izquierda, en la corte de Federico II


de Prusia. Fue este último quien pronunció la famosa frase «Todo para el
pueblo, pero sin el pueblo», cita que resume el despotismo ilustrado.
En la segunda mitad del siglo XVIII, pese a que más del 70 % de los europeos
eran analfabetos, la intelectualidad y los grupos sociales más relevantes
descubrieron el papel que podría desempeñar la razón, íntimamente unida a
las leyes sencillas y naturales, en la transformación y mejora de todos los
aspectos de la vida humana.

Para entender correctamente el fenómeno de la Ilustración hay que recurrir a


sus fuentes de inspiración fundamentales: la filosofía de Descartes -basada en
la duda metódica para admitir solo las verdades claras y evidentes- y la
revolución científica de Isaac Newton, apoyada en unas sencillas leyes
generales de tipo físico. Los ilustrados pensaban que estas leyes podían ser
descubiertas por el método cartesiano y aplicadas universalmente al gobierno y
a las sociedades humanas. Por ello la élite de esta época sentía enormes
deseos de aprender y de enseñar lo aprendido, siendo fundamental la labor
desarrollada por Diderot y D'Alembert cuando publicaron la Encyclopédie
raisonée des Sciences et des Arts entre 1751 y 1765, inspirada por los
principios laicos y materialistas de la burguesía francesa y completada en 1764
con el crítico Dictionnaire philosophique, de Voltaire. La obra Ensayo sobre el
gobierno civil de John Locke es una de las precursoras.20
Como característica común hay que señalar una extraordinaria fe en
el progreso y en las posibilidades de los varones y mujeres para dominar y
transformar el mundo. Los ilustrados exaltaron la capacidad de la razón laica
para descubrir las leyes naturales y la tomaron como guía en sus análisis e
investigaciones científicas. Defendían la posesión de una serie de derechos
naturales inviolables, así como el reformismo frente al abuso de poder
del absolutismo y la rigidez de la sociedad estamental del Antiguo Régimen; fue
precisamente el fracaso de este reformismo el que convirtió a la Ilustración
en Liberalismo al estallar la Revolución francesa. Criticó la intolerancia en
materia de religión, las formas religiosas tradicionales y al Dios castigador de la
Biblia, y rechazó toda creencia que no estuviera fundamentada en una
concepción naturalista de la religión. Estos planteamientos, relacionados
íntimamente con las aspiraciones y valores laicos y materialistas de
la burguesía ascendente, penetraron en otras capas sociales potenciando un
ánimo crítico hacia el sistema económico, social y político establecido por los
estamentos nobiliario y clerical que culminó en la Revolución francesa.

Antropocentrismo: Hay un nuevo Renacimiento en que todo gira en torno


al ser humano y en particular en torno a su razón material y sensible de forma
aún más pronunciada que en el siglo XVI, aunque el papel que entonces
representó Italia lo desempeña esta vez Francia. La fe se traslada
de Dios al hombre: hay confianza y optimismo en lo que este puede hacer, y se
piensa en que el progreso (surge en este siglo la palabra) humano es continuo
e indefinido, (Condorcet escribe su Cuadro de los progresos del espíritu
humano) y los autores modernos son mejores que los antiguos y los pueden
perfeccionar. Se formuló la filosofía del optimismo (Leibniz) frente
al pesimismo característico de la Edad Media y el Barroco. La sociedad se
seculariza y la noción de Dios y la religión empieza a perder, ya definitivamente
(como había empezado a mediados del XVII con la Paz de Westfalia), la
importancia que en todos los órdenes había tenido hasta ahora; se desarrolla
una cultura exclusivamente laica e incluso antirreligiosa y anticlerical. Empiezan
a formularse las expresiones más tolerantes de
espiritualidad: nihilismo libertario (Casanova, Pierre Choderlos de
Laclos), Masonería, deísmo (Voltaire), agnosticismo; incluso se formulan ya
claramente las propuestas del ateísmo (Pierre Bayle, Baruch Spinoza, Paul
Henri Dietrich) y el libertinismo, expuesto por algunos personajes de novelas
escandalosas de la época (Marqués de Sade, etc.). La atención a los aspectos
más oscuros del hombre constituye lo que se ha venido a llamar "la cara
oscura del siglo de las luces".

Racionalismo: Todo se reduce a la razón y la experiencia sensible, y lo que


ella no admite no puede ser creído. Durante la Revolución francesa, incluso se
rindió culto a la «diosa Razón», que se asocia con la luz y el progreso del
espíritu humano (Condorcet). Las pasiones y sentimientos son un mal en sí
mismos. Todo lo desprovisto de armonía, todo lo desequilibrado y asimétrico,
todo lo desproporcionado y exagerado se considera monstruoso en estética.

Hipercriticismo y su subsecuente reformismo: Los ilustrados no asumen sin


crítica la tradición del pasado: con la Enciclopedia se replantean todo el
conocimiento anterior filtrándolo a la luz de la razón y desdeñan cuanto no se
somete a los principios laicos y materialistas que esta impone. Por ello
desdeñan toda superstición y superchería (los "errores comunes" de Benito
Jerónimo Feijoo), incluyendo a menudo la religión. Los consideran signos de
oscurantismo y de una sociedad periclitada: es preciso depurar el pasado de
todo lo que es oscuro y poco racional para construir una sociedad mejor y más
pura. Se usa la literatura (el teatro, la fábula, la sátira) para corregir los defectos
de la sociedad y mejorarla (castigat ridendo mores, "corrige riendo las
costumbres", escribe Horacio): se educa, no se entretiene sino para conseguir
lo primero. La tragedia expone los funestos resultados de la pasión o
sentimiento fuera de control; la comedia ridiculiza los defectos morales del ser
humano; la fábula suministra ejemplos de conductas útiles y prudentes y
antiejemplos opuestos. La historia se empieza a documentar con rigor;
las ciencias se vuelven exclusivamente empíricas y experimentales; la
sociedad misma y sus formas de gobierno comienzan a ser sometidas a
la crítica social, lo que culmina en las revoluciones al fin del periodo. Hay un
enorme deseo de utopía política, que Jean-Jacques Rousseau formula con su
concepto de voluntad general para inspirar gobiernos más justos;
igualmente, Montesquieu exige una justicia mejor preconizando el principio
de separación de poderes; la revolución americana declara buscar la felicidad
aquí en la tierra y proclama el derecho democrático a elegir los gobernantes
frente al modelo monárquico. Empieza a hablarse de constituciones. Se crean
sociedades para mejorar todas las disciplinas (academias científicas como la
Royal Society, bibliotecas públicas, museos, Sociedades económicas de
amigos del país...), las ciencias (Isaac Newton, Leibniz, Georges Louis
Leclerc, Linneo, Lavoisier, Euler, Franklin), la medicina (vacuna, primeros
intentos de higienización), la tecnología (máquina de vapor, pila voltaica,
reinvención de la porcelana, lanzadera volante, lámpara de
gas, cronómetro, termómetro, sextante), la economía (Adam Smith) avanzan
notablemente gracias a esta preocupación, por lo que hay un gran crecimiento
demográfico.

Charles Louis de Secondat, Barón


de Montesquieu.
Pragmatismo: Solo lo útil merece hacerse; se desarrolla la filosofía
del Utilitarismo preconizada por Jeremías Bentham, que halla un principio ético
general en la felicidad enunciada por Epicuro, bajo la fórmula de «la mayor
felicidad para el mayor número de gente». Las literaturas y las artes en general
han de tener un fin útil, que puede ser didáctico (enseñanza), moral (depurar de
las insanas pasiones) o social (sátira de las malas costumbres, para
corregirlas). De ahí que entren en crisis géneros como la novela o que se
cultiven las novelas de aprendizaje y que se pongan de moda las fábulas,
las enciclopedias, los ensayos, las sátiras, los informes y en general los
géneros ensayísticos. El teatro pretende corregir las costumbres con
la comedia y limpiar de pasiones el alma con la tragedia. Es esta la Poética
finalista del Neoclasicismo francés, comúnmente rechazada por el Empirismo
inglés y la Ilustración alemana.

Imitación: La mímesis se hace relativa a la mathesis cartesiana. La


originalidad se considera un defecto en el restrictivo neoclasicismo francés, que
no supo asumir a Shakespeare, y se estima que se pueden lograr obras
maestras «con receta», imitando lo mejor de los autores grecorromanos
(clasicismo o neoclasicismo), que se constituyen en modelos para la
arquitectura, la escultura, la pintura y la literatura. El academicismo impera en
el terreno artístico y sofoca toda creatividad en Francia y toda cultura sujeta a
su influencia El buen gusto es el criterio principal y se excluye lo imperfecto, lo
feo, lo decadente, lo supersticioso y oscuro, la violencia, la noche, las pasiones
desatadas y la muerte. El teatro debe someterse a las reglas de las tres
unidades, no ya estatuidas por Aristóteles sino un tanto burdamente
simplificadas: unidad de acción, lugar y tiempo; es más, los franceses añaden
la unidad de estilo. Inglaterra mediante la estética empirista y, en especial,
Alemania, es decir, los pivotes representados paradigmáticamente
por Lessing y Kant, definirán una posición evolucionada, que rechazará
frontalmente todo teatro francés, y la propuesta de la originalidad del genio.21

Idealismo: El buen gusto exige rechazar lo vulgar: no se cuenta con los


criterios estéticos del pueblo y la realidad que ofrece la literatura es mejor de lo
que la realidad es, es estilizada, neoclásica. El lenguaje no admite groserías ni
insultos, y busca el purismo, aunque con frecuencia se contagia de galicismos;
no se presentan crímenes ni críticas a un poder que es inmutable (no se trata,
por ejemplo, el tema del tiranicidio en el teatro, ni aparecen mezcladas las
clases populares con las elevadas por decoro, ni temas de mal gusto como
el suicidio (que solo aparecerá en el Romanticismo con el Werther de Goethe),
y todo es amable y elevado. Se excluye lo temporal y lo histórico, cualquier
forma de cambio "desde abajo" de la cosmovisión ilustrada.

Universalismo: El molde generalizador y objetivizador de la razón conduce a


los ilustrados a asumir una tradición cultural cosmopolita, a asumir la relatividad
cultural (Cartas persas de Montesquieu, críticas a la diversidad de las religiones
de Voltaire, gusto por el exotismo de los libros de viajes) y funden todo tipo de
tradiciones en la horma grecorromana que les sirve de fuente principal. Sienten
interés por lo exótico, pero no lo asumen, porque buscan en él lo
específicamente humano y universal. Y como la tradición literaria más universal
es la clásica y el academicismo francés la ha incorporado, todo lo francés se
pone de moda y poseer la lengua francesa se transforma en un signo de
distinción: el arte y la cultura francesa influye en Alemania, España y Rusia y
sus lenguas se llenan de galicismos. Se habla de "las Grecias, las Romas y las
Francias" porque no existe (aún) el subjetivo nacionalismo romántico ni la
teoría de los caracteres nacionales y se siguen los géneros puros e
intemporales del clasicismo grecolatino: la fábula, la tragedia, la comedia,
la oda, la elegía, la égloga o pastoral, la sátira, el poema didáctico o moral y se
arrinconan géneros propios de otras culturas barrocas como
la tragicomedia lopesca o el drama isabelino, o de aire medieval como
la comedia de santos o el auto sacramental, modelos desviados y apartados
del clasicismo universal. Es más, el universalismo ilustrado empieza a
elaborar utopías de gobierno colectivo cuyo choque con la realidad
desencadenará la Revolución francesa. Por otra parte, la Ilustración inglesa,
empirista, y la Ilustración alemana, de tendencia idealista, promoverán una
filosofía y un arte, sobre todo esta última, de mucho mayor calado que el
formado por el neoclasicismo francés. De raíz española, si bien en gran medida
transterrada a Italia por la expulsión jesuita de 1767, fue la importante y tardía
Ilustración española o hispánica, universalista y comparatista encabezada
por Juan Andrés, el lingüista Lorenzo Hervás, el musicólogo Antonio Eximeno y
los grandes botánicos y los filipinistas y americanistas.

Racismo científico: durante la Ilustración se instituyó la idea


de poligenismo en el que cada raza tenía un origen independiente, frente al
monogenismo bíblico de un único origen. Henri de Boulainvilliers, Voltaire y
otros ilustrados fueron los precursores de las teorías de la existencia de una
raza superior.

La filosofía ilustrada
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Immanuel Kant.
La Ilustración se nutrirá filosóficamente de varios movimientos y corrientes del
pensamiento, empezando por el moderno del siglo XVII. Entre ellos, cabe
destacar el Antropocentrismo, el Racionalismo (René Descartes, Blaise
Pascal, Nicolas Malebranche, Baruch Spinoza, Gottfried Wilhelm Leibniz),
el Empirismo (Francis Bacon, John Locke y David Hume), el Materialismo (La
Mettrie, D'Holbach), el Hipercriticismo, el Pragmatismo, el Idealismo (George
Berkeley e Immanuel Kant) y el Universalismo. En los campos de
la filosofía, metafísica, geometría, astronomía, astrofísica, geografía, lógica, étic
a, derecho, estética, deontología, religión, ciencia, política cabe destacar la
obra de Immanuel Kant, que sigue teniendo sobrada vigencia, en esos temas,
hoy en día.

Todo el movimiento filosófico tiene su expresión en el resto de los órdenes de


la vida social nacional y europea.

La política en la Ilustración
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«La guerra es el arte de destruir hombres, la


política es el arte de engañarlos», frase atribuida a Jean Le Rond
d'Alembert (1717-1783). Científico y pensador francés de la Ilustración,

promotor de la Enciclopedia junto con Diderot. Al


igual que otros filósofos de la Ilustración, Jean-Jacques Rousseau fue crítico
con el comercio atlántico de esclavos.22
En política surge el despotismo ilustrado que llevará pronto, aun a su pesar, a
la teoría de la separación de poderes. Se subordina el poder religioso al civil
(secularización) y dentro del religioso aparecen las primeras señales de
independencia de las iglesias nacionales respecto al absolutismo del papa
(regalismo) y aparece el concepto de contrato social que se hará fuerte
con Rousseau y el socialismo utópico.
Para los ilustrados, el destino del hombre es la epicúrea felicidad, y la
propia Constitución de los Estados Unidos acogerá este propósito como uno de
los derechos de los ciudadanos. Hacia el final del siglo el liberalismo, con
la Revolución francesa a partir de 1789 aunque iniciado en Gran Bretaña de
forma menos traumática con las ideas de John Locke, Adam Smith, Thomas
Paine, Jeremy Bentham y John Stuart Mill, expande las conquistas sociales de
la Ilustración por Europa y Norteamérica, dándose fin al Antiguo Régimen.

Acaba progresivamente la sociedad estamental que se viene arrastrando desde


el feudalismo y emerge una nueva clase social, la burguesía, que adquiere
conciencia de su poder económico y su impotencia política, de forma que
conquistará el gobierno de su destino a lo largo del siglo siguiente a través de
diversas revoluciones (1820, 1830, 1848) en que va ampliando su presencia en
los órganos políticos del estado relegando a la aristocracia a un papel
subalterno.

En el ámbito de la jurisprudencia, Cesare Beccaria (1738-1794) publicó en


Livorno en 1764 Dei delitti e delle pene,23 obra que sienta las bases de la
moderna ciencia criminal. Beccaria establece la gravedad de los delitos y la
proporción de las penas a partir de los principios de la filosofía ilustrada
francesa y la teoría contractualista y utilitarista (J. Locke). El jurista italiano
entiende el delito como violación del orden social y la pena como una defensa
del mismo. En Dei delitti e delle pene plantea también una dura crítica a los
métodos judiciarios de la época (como la tortura o la pena de muerte, “ni útil ni
necesaria”). Algunos legisladores europeos asimilaron la lección de Beccaria:
Catalina II de Rusia, por ejemplo, promovió una reforma del código penal
inspirada en la obra del filósofo italiano.24

La religión en la Ilustración
[editar]
Véase también: Ateísmo en la Ilustración
Al replantearse de un modo hipercrítico todo el conocimiento anterior, la
ilustración mira de una nueva manera la religión e intenta quitarle cualquier
resto de superstición. La Historia de la Iglesia se examina de un modo más
crítico, por ejemplo: el padre Enrique Flórez desmonta así numerosas
devociones, tradiciones y creencias falsas y legendarias en su España
sagrada, y el benedictino Benito Jerónimo Feijoo hace algo muy parecido con
lo que llama "errores comunes" con su Teatro crítico universal.
La predicación pedante cuyo propósito directo no es edificar y corregir al
creyente es satirizada así sin piedad por el jesuita español José Francisco de
Isla en su novela satírica Fray Gerundio de Campazas.

Bajo la luz de la razón los seglares realizan también las primeras formulaciones
del deísmo (Voltaire, Volney, Rousseau) y el ateísmo (Diderot, Holbach, La
Mettrie) y se esboza por primera vez un cierto comparatismo en la historia de
las religiones (véase religión comparada), que aparece, por ejemplo, en
el relativismo de Voltaire. El libertinismo (que no cree en los milagros) y
el librepensamiento se extienden. Pero lo fundamental es un laicismo que se va
instalando con fuerza cada vez mayor en los gobiernos de Europa como una
consecuencia natural del Tratado de Westfalia (1648), que consagró el fin
del cesaropapismo; los mismos monarcas católicos empiezan a ver los
beneficios económicos que reportan el regalismo y las desamortizaciones para
el estado: se discute el excesivo papel que tenían las órdenes religiosas en las
universidades y su monopolio en la educación general, que hacía encauzasen
los mejores talentos hacia la carrera eclesiástica en vez de a las ciencias
prácticas.

En 1759 el marqués de Pombal, ministro del rey portugués José I de Portugal,


expulsó a los jesuitas, últimos defensores del cesaropapismo, en lo que le
siguieron la mayoría de los países europeos (Francia, 1762; España, 1767;
Parma, 1768; el propio papa disuelve la Compañía en 1773). El emperador
católico de Austria José II cerró los claustros y los conventos para evitar el
desperdicio de vidas que a su juicio representaba la clausura... abriendo así
además la vía para la secularización y desamortización general de sus
bienes. Carlos III produjo una expulsión que, en razón de sus territorios,
abarcaba no solo España sino toda la América hispánica y Filipinas. Si ha sido
discutida la gran transcendencia del perjuicio intelectual y académico de esta
expulsión, lo cierto en cualquier caso es que estos jesuitas hispánicos
contribuyeron decisivamente a una madura Ilustración cristiana desplegada
desde Italia, lugar de acogida de los miembros de esta orden española.

En los países protestantes, el pietismo de August Hermann Francke y Nicolaus


Ludwig von Zinzendorf, que propugnaba una religiosidad puramente espiritual y
personal, se enfrentó igualmente a la ortodoxia clerical establecida más
mundana. La religión se empieza a contemplar a través de criterios científicos y
laicistas como si se estudiara a la naturaleza misma y desde un punto de vista
utilitarista que abandona las viejas y supersticiosas concepciones. Para la
mayoría de los filósofos, la ilustración incluía un rechazo del cristianismo
tradicional. Y la aparición de estas tendencias laicas culminó con la Revolución
francesa. Inversamente, un espíritu universal como el de Leibniz da un gran
apoyo a la creencia en Dios con su Théodicée (1710).

En un siglo caracterizado por la soberanía de la razón, el Ensayo sobre el


entendimiento humano (1690) de John Locke reclamaba pruebas de
los dogmas religiosos y entabló un combate general contra el dogmatismo. En
Inglaterra, el repudio de la tradición religiosa acrítica había derivado
rápidamente hacia el deísmo, que ya solo reconocía a Dios, a la virtud y a la
inmortalidad como los tres fundamentos de una religión natural universal; la
obra del primer deísta John Toland Christianity not Misterious (1696) había
señalado el punto de partida de este movimiento que, en el siglo XVIII, contó
a Gotthold Ephraim Lessing, a Voltaire y a Volney como a sus principales
adeptos.

Pero la tendencia intelectual más radical en el "estudio" de la religión fue


el materialismo francés del siglo XVIII. En 1745 un médico, Julien Offray de La
Mettrie, publica su Histoire naturelle de l'âme ("Historia natural del alma"), en la
que llega a la conclusión de que esta es material. Aunque la obra fue quemada
por mano del verdugo a causa del mandato del Parlamento del París, el autor
desarrolló su teoría y publicó en 1747 su libro principal, L'Homme Machine, en
que define al hombre como una máquina y defiende ostensiblemente un
materialismo ateo. Federico el Grande lo llamó a su Academia de Berlín, donde
el filósofo acudió de buen grado, ya que era perseguido en Francia por sus
concepciones políticas, reputadas de peligrosas. Su seguidor, el barón de
Holbach, expuso las teorías del materialismo francés en su Système de la
Nature (1770) mezclándolos con los restantes elementos de la
doctrina empírica, el Sensualismo de Condillac, el Determinismo ateo de Denis
Diderot y la moral del egoísmo preconizada por Helvetius, llegando a la
conclusión de que, en realidad, nada existe fuera de la materia eterna de la que
provienen todos los movimientos de los cuerpos y que, por consiguiente, la
concepción de Dios es inútil y la religión es una invención de los curas para
aprovecharse ellos únicamente de la moral, por lo que solo puede perjudicar al
bienestar del pueblo. Sus ideas, divulgadas por el grupo que Jean-Jacques
Rousseau llamó coterie holbachique, empezaron a calar seriamente entre los
pensadores libres y ya el propio Rousseau había defendido una religiosidad
natural en su "Profesión de fe del vicario saboyano", dentro de su Emilio. "Por
vez primera se produce un rechazo firme de toda religión revelada en nombre
del materialismo puro y una nueva visión del mundo se enfrenta a la
concepción teológica que hasta entonces había sido válida"25
Algunos philosophes incluso, como Charles-François Dupuis, reducen la idea
de Jesucristo a la de un mito solar.

Por otra parte, sociedades secretas como la Francmasonería, los Rosacruz y


los Iluminati identificaban a Dios como un laico arquitecto racional del universo
y condenaban la religión como una superstición vulgar; lo importante para ellos
era construir el templo de la humanidad sobre las bases de la caridad activa y
la ética como categorías superiores a toda religión. La primera gran logia
masónica se fundó en Londres en 1717 y en 1723 James Anderson escribió
sus Constituciones o estatutos. La masonería se propagará por todo el mundo
y, por ejemplo, tendrá una gran importancia en la secesión y constitución de la
primera república presidencial del siglo XVIII: los Estados Unidos, que no
reconoce ninguna religión como oficial. Incluso algunos eclesiásticos y
monarcas fueron masones, como Federico el Grande, e intelectuales
como Wieland, Goethe y Lessing, entre muchos otros, fueron masones.

Se difunde una concepción más espiritual, personal y sobre todo tolerante de la


iglesia. La religión se convierte en un compromiso personal con Dios que
abandona las imposiciones dogmáticas e institucionales de las iglesias, que,
según los ilustrados, ocupan el lugar verdadero de Dios. La Ilustración se
caracterizaba por la pluralidad y la tolerancia. La tolerancia es el principio que
exponen Voltaire y Lessing en sus obras. Voltaire escribirá que "en un país
donde hay una sola religión, no se puede vivir; en donde hay dos, hay guerra
civil; pero en Inglaterra, donde hay treinta, existe paz". Y Lessing, en su
drama Natán el Sabio (1779), proclamó el evangelio del amor tolerante en su
forma más pura y en su Erziehung des Menschengeschlechtes ("Educación del
género humano", 1780) trata además de resolver la contradicción entre la
revelación y la razón, explicando que la ética es la última meta de todas las
religiones. Convivirán ortodoxos, católicos y protestantes; deístas y partidarios
de la llamada religión natural que llama a Dios "Ser supremo" y al que incluso
consagró un ara o altar en Nôtre Dame durante la Revolución francesa. Pero
también había ateos y nihilistas o libertinos (el marqués de Sade, Choderlos de
Laclos, Restif de la Bretonne), también llamados pirrónicos o llanamente
descreídos.
La Iglesia estaba sometida al Estado absoluto, lo cual generó conflictos en los
países católicos, ya que dependían a su vez de las decisiones del pontífice en
Roma.

Las Artes y las Ciencias en la Ilustración


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Si la Ilustración francesa permanece consustancial al Neoclasicismo, según
antes quedó referido, la inglesa y el Empirismo se constituyen en importante
esfera prerromántica y preidealista en los más diferentes campos del saber, al
margen de las ciencias experimentales y la sociales que entonces se atisban.
La Ilustración alemana será, en las artes, fundamento de la
inmediata Romantik, tras el Sturm und Drang.

En física, óptica y matemáticas, los avances son decisivos gracias a las


contribuciones de sir Isaac Newton y otros estudiosos. Igualmente en botánica.
Surge la economía política como ciencia moderna gracias a las aportaciones
de los fisiócratas y sobre todo del liberalismo de Adam Smith y su monumental
obra La riqueza de las naciones. Para la visión del mundo es importante que la
geografía terminase de cartografiar todo el globo, a excepción de los círculos
polares y algunas regiones de África.

La Enciclopedia significó una ruptura del concepto histórico en favor de una


visión esquematizada. Sin embargo, por otra parte, la historiografía moderna y
su fundamentación epistemológica fue una de las grandes realizaciones
ilustradas, tanto desde el punto de vista del tratamiento del objeto como del
método, lo cual pretendió oscurecer el romanticismo.26

Juan Andrés (1740-1817).


En Italia el reformismo ilustrado se entrecruzó con la gran tradición humanista
de matriz renacentista: los resultados de más relieve se enmarcan en los
ámbitos de la teoría política y jurídica (el antes referido Cesare Beccaria, los
hermanos Alessandro y Pietro Verri, Antonio Genovesi, Gaetano
Filangieri o Francesco Mario Pagano) y la historiografía,27 tanto civil (Ludovico
Antonio Muratori, en cuanto precursor) como literaria (Girolamo Tiraboschi).
La Storia della letteratura italiana de Tiraboschi, obra paradigmática de la
erudición dieciochesca italiana, es el primer gran ejemplo de historia literaria
nacional en Europa.

La Ilustración universalista española, importante para la geografía y las


exploraciones desde tiempos anteriores a sus precursores más inmeditos
Pedro Murillo Velarde y Jorge Juan, culminará la creación de
la Comparatística moderna, tanto desde el punto de vista de la historiografía
universal de las letras y las ciencias (Origen, progresos y estado actual de toda
la literatura) por Juan Andrés, como de la lingüística (Catálogo de las lenguas
de las naciones conocidas) por Lorenzo Hervás,28 que contó con una gran red
intercontinental de colaboradores, y la musicología universal por Antonio
Eximeno. Las importantes obras de la Ilustración universalista española se
publican originalmente en Italia y en lengua italiana. Por otra parte, la Escuela
española, ya inicialmente interesada por la física y la meteorología,
especialmente a partir de las obras de Andrés, originó una tradición de estudios
meteorológicos, también sísmicos, fundamental que alcanzaría posteriormente
sus grandes maestros y descubridores en las figuras de Benet Viñes y Federico
Faura, creadores de los observatorios de La Habana y Manila.29
El pensamiento de la Ilustración entresaca de la marcha efectiva de la ciencia
desde la época de su restauración la prueba concreta, directa, convincente, de
que esta unión y conciliación de 10 positivo y lo racional no es antojadiza, sino
algo alcanzable, un ideal que se puede cumplir con todo rigor.

Véase también
[editar]
 Ateísm Ilustración según
o en la regiones
Ilustrac
ión  Ilustración
 Estado en España
laico  Ilustración
 Filantr hispanoamer
opía icana
 Escuela  Il
Univer u
salista st
Españo r
la del a
siglo ci
XVIII ó
 Neocla n
sicismo e
 Racion n
alismo E
 Sapere c
aude u
 Haskal a
á d
o
 Repúbl
r
ica de
 Ilustración
las
letras en Italia
 Ilustración
política en
Italia
 Ilustración
en Estados
Unidos
 Ilustración
escocesa
Referencias
[editar]

1. ↑ Chordá, Frederic; Martín, Teodoro; González, Isabel Rivero (24 de


febrero de 2012). Diccionario de términos históricos y afines. Ediciones
AKAL. ISBN 9788446030980. Consultado el 23 de febrero de 2018.
2. ↑ Fazio, Mariano (1 de marzo de 2002). Historia de la filosofía III:
Filosofía moderna. Palabra. ISBN 9788482396071. Consultado el 23 de
febrero de 2018.
3. ↑ Gerardo López Sastre, María José Villaverde (2015). Civilizados y
salvajes: la mirada de los ilustrados sobre el mundo no europeo. Centro
de Estudios Políticos y Constitucionales (Universidad de California).
4. ↑ Sesboüé, Bernard; Theobald, Christoph (1997). Historia de los
dogmas. Secretariado Trinitario. ISBN 9788488643322. Consultado el 23 de
febrero de 2018.
5. ↑ Outram, Dorinda (2006). Panorama of the Enlightenment. Getty
Publications. p. 29. ISBN 978-0892368617.
6. ↑ Zafirovski, Milan (2010). The Enlightenment and Its Effects on Modern
Society. p. 144. ISBN 978-1-4419-7387-0.
7. ↑ Cf. P. Aullón de Haro, La Escuela Universalista Española del
siglo XVIII, Madrid, Sequitur, 2016; A. García Martín, La Ilustración
Hispánica, Madrid, AECID, 2018.
8. ↑ U. Im Hof, La Europa de la Ilustración, Barcelona, Crítica, 1993, cap I.
9. ↑ Cf. Cf. F. Sánchez-Blanco Parody, Europa y el pensamiento español
del siglo XVIII, Madrid, editorial Alianza, 1991.
10.↑ Ocampo Suárez-Valdés, Joaquín. «Los catalanes en España y la
Economía política de la Ilustración : ¿«Conquista pacífica» o Españas
vencidas?». [Link]. Consultado el 12 de mayo de
2022. «Revista de historia moderna nº 29, 2011, pp.185-204. ISSN
0212-5862».
11.↑ J.A. Maravall, Estudios de la historia del pensamiento español (siglo
XVIII), Madrid, Mondadori, 1991.
12.↑ Cf. F. Sánchez-Blanco Parody, Europa y el pensamiento español del
siglo XVIII, ob. cit.
13.↑ Cf. P. Aullón de Haro, Los géneros ensayísticos en el siglo XVIII,
Madrid, Taurus, 1987.
14.↑ Cf. P. Aullón de Haro, La Escuela Universalista Española del
siglo XVIII, ob. cit.
15.↑ Cf. D. Soto Arango, La Ilustración en América Colonial. Bibliografía
crítica, Madrid, CSIC, 1995.
16.↑ Cf. Araceli García Martín (ed.), La Ilustración Hispánica, ob. cit.
17.↑ Cf. S. Vargas Alquicira, La singularidad novohispana en los jesuitas
del siglo XVIII, México, UNAM, 1989.
18.↑ Cf. E. Cassirer (1932), La Filosofía de la Ilustración, México, FCE,
1972, 3ª ed.
19.↑ En Cartas sobre la educación estética del hombre (1795).
20.↑ Crossman, Richard Howard (1 de enero de 2014). Biografía del
Estado moderno. Fondo de Cultura Económica. p. 52. ISBN 9786071621405.
Consultado el 23 de febrero de 2018.
21.↑ Cf. E. Cassirer (1932), La Filosofía de la Ilustración, ob. cit.
22.↑ «Abolitionism - The Abolition of The Slave Trade». Abolitionism (en
inglés). Consultado el 4 de mayo de 2016.
23.↑ La obra de Beccaria fue traducida al español pocos años después de
su publicación: Tratado de los delitos y de las penas, trad. de D. Juan
Antonio de las Casas, Madrid, por Joaquín Ibarra, 1774. Existen
numerosas ediciones modernas: la más reciente es la preparada por
Juan Antonio Delval sobre la versión de J. A. de las Casas, edición que
incluye también el comentario escrito por Voltaire (De los delitos y de
las penas, Madrid, Alianza, 2014, 3ª ed.).
24.↑ Cf. F. Venturi, “Beccaria, Cesare”, Dizionario biografico degli italiani,
vol. 7, 1970, consultable en [Link]
beccaria_(Dizionario-Biografico)/
25.↑ A. Schönberger y H. Soehnner, El rococó y su época. Barcelona:
Salvat S. A. - Alianza Editorial S. A, 1971, p. 11
26.↑ Cf. E. Cassirer (1932), La Filosofía de la Ilustración, ob. cit.
27.↑ F. Arato, La storiografia letteraria del Settecento italiano, Pisa, ETS,
2002.
28.↑ Cf. Puede verse en general F. Lázaro Carreter, Las ideas lingüísticas
en España durante el siglo XVIII, ed. de M. Breva Claramonte,
Barcelona, Crítica, 1985; específicamente para Hervás, Mª. del Carmen
Rodríguez de la Mora, Lorenzo Hervás y Panduro. Su aportación a la
filología comparada, Madrid, Partenón, 1971; E. Coseriu, “Lo que
sabemos de Hervás”, Estudios ofrecidos a Emilio Alarcos, Oviedo,
1978, vol. 3, pp. 35-58.
29.↑ Esta evolución científica fue proseguida por José María Algué y
Miguel Saderra Masó y permanece en nuestro tiempo ya desaparecido
el vínculo de esos países tropicales con la antigua metrópoli.

Bibliografía general
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 Datos: Q12539

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 Racionalismo
 Revolución científica
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