Sample 149551
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Nació en 1886 en Arjonilla (Jaén), pero vivió su infancia en Granada. Proveniente de una
familia con ideas liberales, su padre, el Dr. Gumersindo García Corpas, era un médico rural
especializado en oftalmología. Su madre, doña Casiana Morente y Serrano, perteneciente a
una familia acomodada de Porcuna, era prima del influyente general Serrano. Falleció cuando
García Morente apenas tenía nueve años.
Entre 1894 y 1903, fue enviado, junto a sus dos hermanas, al Liceo Nacional de Bayona –
ubicado en el País Vasco francés– para completar sus estudios escolares y de bachillerato.
La educación que allí recibió le brindó una sólida formación y lo distanció de las creencias
religiosas arraigadas en la sociedad española en aquella época.
Manuel García Morente culminó su bachillerato en letras y se trasladó a París en 1903 para
realizar sus estudios universitarios. Aunque su padre tenía la intención de que estudiara
Medicina, su interés por la Filosofía, que ya había surgido durante su tiempo en el Liceo de
Bayona, lo llevó a inscribirse en la Facultad de Letras de la Sorbona. Allí obtuvo su
licenciatura en Filosofía en tan solo dos años, de 1903 a 1905. En ese período, García
Morente fue testigo del ambiente intelectual de la Facultad, donde destacaban profesores
como Victor Brochard, Émile Boutroux y Victor Delbos, y la filosofía se enseñaba
principalmente desde la perspectiva del positivismo sociologista de Émile Durkheim y sus
seguidores.
Sin embargo, la influencia del cientificismo positivista en la Sorbona pudo haber dejado en
García Morente una sensación de aridez y dogmatismo, lo cual lo llevó a buscar una nueva
visión de la realidad más acorde con sus inquietudes filosóficas. Fue entonces cuando
descubrió a Henri Bergson en el Colegio de Francia, cuyas ideas ofrecían una perspectiva
fresca y satisfactoria para muchos jóvenes insatisfechos de su generación. García Morente,
más adelante, escribirá:
Yo conocí a don José Ortega y Gasset hace veintisiete años. ¡Veintisiete años!
Durante estos veintisiete años, la amistad fraternal que nos ha unido no ha sido
enturbiada por una sola nueve. Han sido veintisiete años de convivencia diaria, de
compenetración íntima. ¿Puede usted imaginar lo que eso ha representado para mí?
(…) Desde el momento en que tuve la intuición cierta de hallarme en presencia de un
gran pensador auténtico, sobrecogióme un sentimiento extraño, sentimiento desde
luego de admiración, pero, además, de gratitud y de efusión, y también de satisfacción
personal y de respeto. (…) Vi en él, veo en él el tipo perfecto de pensador. [Carta a
un amigo: evolución filosófica de Ortega y Gasset, en: OC I, vol. 2, pp. 537-538].
Durante ese tiempo, García Morente también entró en contacto con Francisco Giner de los
Ríos mientras cursaba su asignatura de Filosofía del Derecho en la Universidad de Madrid.
Morente encontraba en Giner una fuente constante de admiración, y valoraba su nobleza de
carácter, así como su incansable dedicación a transmitir conocimientos. Tras obtener su
licenciatura, Giner le ofreció a Morente un puesto como profesor en la Institución Libre de
Enseñanza, donde trabajó durante un año y colaboró frecuentemente en su Boletín.
Nadie de los que le conocieron y trataron escapó a su poderoso influjo. Desde los
primeros años de su vida viril fue centro y guía; él promovió y alentó vocaciones, él
sostuvo ánimos desfallecientes; él infundió valor y energía, cuando la necesitaron, a
sus amigos, los de la primera como los de la última hora. [Fragmentos de la memoria
sobre el tema «D. Francisco Giner, su vida y su obra», en: OC I, vol. 2, p. 76].
3. Formación en Alemania
De este modo, Manuel García Morente emprendió un nuevo capítulo en su vida en enero de
1910. Como pensionado oficial, aunque no auspiciado por la Junta de Ampliación de
Estudios, se dirigió a Munich para sumergirse en el estudio de la Estética en Alemania.
Durante siete meses, dedicó intensamente su tiempo a dominar el idioma de Goethe. Sin
embargo, el agotamiento derivado de este esfuerzo lo llevó a una convalecencia durante el
otoño, lo que finalmente lo llevó de regreso a París a principios de 1911.
En la memoria que envió a la Junta sobre su trabajo del año anterior, se puede apreciar su
admiración por la teoría de la proyección sentimental (Einfühlung) y la estética psicológica
de Theodor Lipps. Además, coincide con el movimiento fenomenológico en su deseo de
superar el psicologismo. La memoria concluye con una pregunta provocadora: «¿No será la
Estética el último escollo al que los psicólogos se aferran para evitar naufragar por
completo?»
A principios de marzo de 1911, encontramos a Morente en Berlín, listo para asistir a los
cursos del semestre de verano en aquella universidad. Allí seguirá las lecciones de destacados
académicos como Cassirer, Fleischer, Vierkand, Simmel y Wilamowitz. Durante esos meses,
su enfoque filosófico se centró por completo en la obra de Kant. En una carta a don José
Castillejo, escribió: «Estoy completamente inmerso en Kant». Tras año y medio de ausencia,
regresó a Madrid para presentar su tesis doctoral que tituló La Estética de Kant, obteniendo
el grado de doctor en la Universidad Central el 9 de octubre de 1911, con calificación de
sobresaliente. Fue en este periodo en el que también tradujo al castellano la Crítica del Juicio.
La publicación de esta última, con el prólogo de su trabajo doctoral, tuvo lugar en Madrid
tres años después.
Una vez más como pensionado, esta vez patrocinado por la Junta de Ampliación de Estudios,
el joven doctor García Morente volvió a Alemania, pero esta vez su destino fue Marburgo.
Atraído por la filosofía neokantiana, durante el semestre de invierno de 1911 a 1912, mientras
se preparaba para sus oposiciones a cátedra, Morente asistió a los cursos de Herman Cohen,
Paul Natorp y Nicolai Hartmann. También entabló frecuentes conversaciones con Ortega,
quien había obtenido la cátedra de Metafísica en la Universidad Central y en ese momento
se encontraba en Marburgo.
4. Catedrático de Ética
En abril de 1912, García Morente regresa a Madrid para realizar las oposiciones a la cátedra
de Ética de la Universidad Central. Aunque se plantea si Morente era un filósofo neokantiano,
Ortega niega esta afirmación en su Prólogo para Alemanes, indicando que el grupo al que
pertenecía ya no se identificaba como neokantiano. Aunque se observa su antipositivismo en
sus escritos, no está claro si Morente había adoptado completamente la filosofía
fenomenológica. En todo caso, la orientación fenomenológica está presente en sus análisis.
Para Morente la tarea filosófica coincide con el método fenomenológico, ya que como él
mismo reconocerá: «pensar es mirar las esencias de las cosas simplemente para conocerlas.
Pensar es, dicho en términos filosóficos, intuición de las esencias».
Con la obtención de su cátedra en octubre de ese mismo año a la edad de veinticinco años,
«el catedrático más joven de España», se integra en la vida pública de España. Sin embargo,
su actitud crítica, su postura irreligiosa y su desprecio hacia la realidad española de aquellos
años hacen que su relación con otros no siempre sea fácil. Su matrimonio en 1913 y el
nacimiento de sus hijas marcan un cambio en su vida privada. Desgraciadamente, su esposa
fallecerá en 1923, dejándolo viudo a la edad de treinta y siete años.
Desde que García Morente asumió la cátedra, se dedicó principalmente a tres actividades: la
tarea universitaria, la labor editorial y su producción intelectual. Aunque la política no era su
verdadera vocación, se le menciona como miembro de la «Liga de Educación Política
Española» fundada por Ortega, y participó en la redacción de las ponencias aprobadas por la
Asamblea general del Programa del Partido Reformista en 1918.
Porque, y sirva esto de consejo para los jóvenes que quieren hacer filosofía, si se lee
únicamente los últimos libros, por brillantes que sean, no se es filósofo; para ser
filósofo es menester una larga estancia de meses –me atrevo a decir de años– en el
estudio minucioso, línea por línea, de alguno de los grandes gigantes del pensamiento
humano; para ser filósofo, pásese uno o dos años con Aristóteles, con Platón, o con
Descartes, o con Kant. Pero si no es así, eso no se podrá ser jamás. [La filosofía en
España, en: OC I, vol. 2, p. 421].
En este curso destacó también la inauguración en enero del nuevo edificio en la Ciudad
Universitaria y la realización del famoso Crucero Universitario por el Mediterráneo en el
verano de 1933.
En cuanto a su obra escrita, publicó una serie de ensayos importantes, con tesis originales y
una estructura elaborada. Entre ellos se encuentran El espíritu filosófico y la feminidad
(1929), Símbolos del pensador (1931), Definición de las épocas “modernas” en la historia
(1934), Ensayo sobre la vida privada (1935) y Virtudes y vicios de la profesión docente
(1936). Pero especialmente destaca sus Ensayos sobre el progreso (1932), presentados como
discurso de ingreso en la Academia de Ciencias Morales y Políticas. En ellos cuestiona la fe
ciega en el progreso y expone su pensamiento ético basado en la ética material de los valores,
influenciado por Max Scheler. Morente denuncia la falsedad del formalismo kantiano y
argumenta que la obsesión por el progreso, simbolizada en la prisa, ha llevado a la humanidad
a perder la apreciación de los valores objetivos. Considera que el contenido y la materia de
las acciones y creaciones humanas también tienen valor, no solo la voluntad, y critica la
concepción puramente formalista del progreso propuesta por Kant.
Durante aquellos años, la figura de García Morente adquirió proyección internacional.
Participó en Weimar con ocasión del Centenario de Goethe en 1931; en Roma, en la
conferencia Volta de 1932; y en Jerusalén y Atenas dentro del programa de conferencias
organizado en el Crucero Universitario de 1933. Sin embargo, fue en 1934, durante su primer
viaje a América, cuando su personalidad alcanzó mayor relevancia en el extranjero. Invitado
por la Institución Cultural Española, García Morente ofreció ciclos de conferencias en
Argentina y Uruguay, generando un gran impacto y atrayendo a numerosos seguidores.
En ese curso de 1934 en Buenos Aires, titulado De la Metafísica de la Vida a una Teoría
General de la Cultura, García Morente expuso su filosofía de manera amplia y original,
influenciado notablemente por Ortega y Gasset. En esencia, presentó una filosofía de la vida
en la que superaba tanto el realismo como el idealismo. Según él, tanto el yo como el mundo
no son parte uno del otro, sino que ambos forman parte de su vida. Esta concepción se aplicó
al problema de la cultura, presentando una teoría filosófica de gran interés en la que la cultura
se revela como la forma esencial en la que el ser humano se salva y trasciende su naturaleza,
siendo la libertad la principal condición para su existencia.
Además, durante el curso previo a la Guerra Civil, García Morente comenzó a publicar
artículos de prensa los fines de semana, con un estilo literario de alta calidad, abordando
temas diversos aparentemente alejados de los acontecimientos sociales de aquellos tiempos
turbulentos. Estos escritos reflejaban tanto la maestría intelectual como la madurez humana
del autor, y revelaban su creciente preocupación por la situación general que afectaba su
alma.
Tras el estallido de la Guerra Civil en 1936, García Morente sufrió las consecuencias de su
posición intelectual. Fue destituido de su cargo académico, registraron su casa y se vio
amenazado por una comisión depuradora del profesorado. Ante el peligro inminente, tuvo
que separarse de su familia y abandonar Madrid, buscando refugio en Francia. A pesar de la
adversidad, la Providencia le depararía un hecho extraordinario.
La última etapa de la vida de García Morente, que transcurrió entre otoño de 1936 y 1942,
fue principalmente religiosa. Durante este tiempo, viviendo en condiciones precarias en París
mientras intentaba sacar a su familia de España, experimentó una serie de eventos que
parecían tener un sentido coherente y que lo llevaron a considerar la existencia de Dios y su
providencia en su vida. Este pensamiento lo llevó a reflexionar sobre la libertad humana y la
posibilidad de dejarse guiar por la voluntad divina. En un momento de profunda reflexión,
escuchando música de Berlioz, se abrió paso en su mente la idea del Dios encarnado en
Jesucristo. Fue en esta atmósfera espiritual, en la noche del 29 al 30 de abril de 1937 en París,
que García Morente experimentó una singular vivencia religiosa, que luego relató en su obra
El Hecho extraordinario y que lo llevó a convertirse al cristianismo.
Finalmente, logró reunirse con su familia y aceptó una invitación inesperada para enseñar en
una universidad en Argentina. En junio de 1937, partió hacia América y se hizo cargo del
Departamento de Filosofía y Letras en la Universidad Nacional de Tucumán, donde dictó
cursos de filosofía y psicología. Sus lecciones en Tucumán quedaron plasmadas en las
célebres Lecciones Preliminares de Filosofía publicadas en 1938, donde expuso de manera
coherente la historia de la filosofía desde los presocráticos hasta Husserl y Heidegger,
culminando en una ontología de la vida inspirada en Ortega y Gasset. Durante su estancia en
Argentina, también escribió ensayos importantes y ofreció conferencias en otras ciudades,
abordando temas como la relación entre técnica, ciencia y ética, los orígenes del nacionalismo
español y la idea de la Hispanidad.
En cuanto a su actitud religiosa, García Morente mantuvo en secreto su nueva situación
interior desde el episodio en París en abril de 1937. Evitó mencionar el problema teológico
en sus lecciones en Tucumán, aunque aludió brevemente a la religión cristiana en
conferencias y en cartas. Sin embargo, en una carta extensa al obispo de Madrid-Alcalá en
abril de 1938, reveló su intención de convertirse en sacerdote y solicitó ayuda para su regreso
a España. Aunque expresó sus convicciones religiosas en conferencias posteriores, no se
conserva registro de ellas. García Morente consideró prematuro publicar sus conferencias
sobre Dios, ya que todavía estaba explorando los problemas teológicos dentro de la doctrina
católica y buscando la forma adecuada de expresar sus convicciones religiosas en el contexto
filosófico contemporáneo. Enfatizó su compromiso de presentar la verdad cristiana sin
comprometerla, pero reconoció que aún no estaba en condiciones de hablar adecuadamente
sobre Dios en 1940.
Después de su regreso a España y siguiendo la indicación del obispo Leopoldo Eijo y Garay,
García Morente se retiró en el monasterio de Poyo, cerca de Pontevedra, desde septiembre
de 1938 hasta junio de 1939. Durante este tiempo, García Morente comenzó a familiarizarse
con la vida religiosa y a estudiar teología y filosofía cristiana, especialmente las obras de
Santo Tomás de Aquino.
Después de su estancia en el monasterio, García Morente retomará su trabajo como
catedrático en la Universidad Central, siendo el único profesor de la Facultad de Filosofía
que había pertenecido a la Escuela de Madrid. Continuará impartiendo la asignatura de Ética,
además de otras como Introducción a la Filosofía, Cosmología y Teodicea. Al mismo tiempo,
ingresó como seminarista en el Seminario Conciliar de la ciudad, donde estudió Teología.
Superó sus exámenes y, a los cincuenta y cuatro años, recibió las órdenes sagradas, siendo
ordenado sacerdote el 21 de diciembre de 1940. Durante este período, escribió un Diario de
los ejercicios espirituales en el que reflejaba su intensa vida espiritual.
Durante los dos años siguientes, García Morente desempeñó el papel de capellán en el
Colegio de la Asunción en Madrid, mientras continuaba enseñando filosofía en la
Universidad. Su labor principal se centró en la predicación y en su interés por profundizar en
las relaciones entre la razón y la fe, abordando esta cuestión en destacados escritos y
conferencias como La razón y la fe en santo Tomás de Aquino (1940), El clasicismo de santo
Tomás (1941) y Análisis ontológico de la fe (1942). Pero también encontramos en sus últimos
escritos diversos temas y reflexiones sobre una incipiente filosofía de la persona.
Además de su trabajo filosófico, García Morente también se interesó por la historia de
España. Consideraba que la historia debía ser entendida desde una perspectiva vital y sus
reflexiones fueron desarrolladas en Ideas para una Filosofía de la Historia de España (1942).
Sostenía que el verdadero objeto de la historia es la persona y defendía la identidad y el
sentido de la aventura histórica de España, enfatizando la figura del «caballero cristiano»
como símbolo de la cultura hispánica.
Lamentablemente, la vida de Manuel García Morente fue breve. Falleció en la mañana del 7
de diciembre de 1942, su hija mayor le encontró en su lecho con la Suma Teológica de Santo
Tomás de Aquino entre sus manos. Su partida ocurrió apenas dos meses después de publicar
su último libro, dejando un legado como filósofo comprometido con la verdad, así como con
la comprensión y valoración de la historia de España.
7. Bibliografía