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M anuel García Morente (1886-1942) fue un eminente filósofo español de la generación

de Ortega y Gasset, perteneciente a la Escuela de Madrid, cuya influencia se extendió por la


vida intelectual española durante el primer tercio del siglo XX. Sin embargo, la persona y
legado de Morente sigue despertando un profundo interés en el siglo XXI, especialmente
debido a su renombre como maestro, traductor infatigable y humilde converso al catolicismo.

1. Los primeros años de formación en Francia

Nació en 1886 en Arjonilla (Jaén), pero vivió su infancia en Granada. Proveniente de una
familia con ideas liberales, su padre, el Dr. Gumersindo García Corpas, era un médico rural
especializado en oftalmología. Su madre, doña Casiana Morente y Serrano, perteneciente a
una familia acomodada de Porcuna, era prima del influyente general Serrano. Falleció cuando
García Morente apenas tenía nueve años.
Entre 1894 y 1903, fue enviado, junto a sus dos hermanas, al Liceo Nacional de Bayona –
ubicado en el País Vasco francés– para completar sus estudios escolares y de bachillerato.
La educación que allí recibió le brindó una sólida formación y lo distanció de las creencias
religiosas arraigadas en la sociedad española en aquella época.
Manuel García Morente culminó su bachillerato en letras y se trasladó a París en 1903 para
realizar sus estudios universitarios. Aunque su padre tenía la intención de que estudiara
Medicina, su interés por la Filosofía, que ya había surgido durante su tiempo en el Liceo de
Bayona, lo llevó a inscribirse en la Facultad de Letras de la Sorbona. Allí obtuvo su
licenciatura en Filosofía en tan solo dos años, de 1903 a 1905. En ese período, García
Morente fue testigo del ambiente intelectual de la Facultad, donde destacaban profesores
como Victor Brochard, Émile Boutroux y Victor Delbos, y la filosofía se enseñaba
principalmente desde la perspectiva del positivismo sociologista de Émile Durkheim y sus
seguidores.
Sin embargo, la influencia del cientificismo positivista en la Sorbona pudo haber dejado en
García Morente una sensación de aridez y dogmatismo, lo cual lo llevó a buscar una nueva
visión de la realidad más acorde con sus inquietudes filosóficas. Fue entonces cuando
descubrió a Henri Bergson en el Colegio de Francia, cuyas ideas ofrecían una perspectiva
fresca y satisfactoria para muchos jóvenes insatisfechos de su generación. García Morente,
más adelante, escribirá:

El renombre de que goza M. Bergson como escritor y conferenciante es casi tan


grande como el de filósofo. A sus clases semanales del Collège de France asiste un
público mundano y copioso que acaso busca más la emoción estética que la
intelectual. (…) Pero se explica por la naturaleza de la inspiración filosófica que
anima el pensamiento de M. Bergson. La filosofía, según él, tiene afinidades radicales
con el arte. (…) Y no es sólo la filosofía. La influencia del pensamiento bergsoniano
se extiende allende los límites de la pura especulación e invade otros terrenos. [La
filosofía de Henri Bergson, en: OC I, vol. 1, pp. 55-56].

2. Los primeros pasos en España: Ortega y Gasset y la Institución Libre de


Enseñanza
Tras completar sus estudios en París, Manuel García Morente regresó a España en 1907. En
ese momento, el país gozaba de estabilidad política bajo el reinado de Alfonso XIII y el
gobierno de Antonio Maura. El joven filósofo encontraría también un nuevo entorno familiar.
Su padre se había vuelto a casar y había decidido establecerse en Málaga. Fue allí
precisamente donde el joven filósofo conoció a Miguel de Unamuno y a quien se convertiría
con el tiempo en su futura esposa, Carmen García del Cid.
García Morente, para convalidar su licenciatura francesa y obtener su doctorado, tuvo que
trasladarse a Madrid, ciudad que terminó convirtiéndose en su lugar de residencia habitual.
Fue en la Universidad Central de Madrid donde obtuvo su licenciatura en Filosofía y Letras
en abril de 1908. Durante ese año académico fue cuando conoció a José Ortega y Gasset,
quien había ganado su primera cátedra en la Escuela Superior del Magisterio de Madrid.
Desde el primer encuentro, Morente sintió una profunda admiración por él, estableciendo
una relación de amistad que perduraría toda la vida. Con motivo de las bodas de plata de
Ortega y Gasset con la Universidad de Madrid por su cátedra de Metafísica, Morente
publicará en El Sol, el 8 de marzo de 1936, la siguiente carta:

Yo conocí a don José Ortega y Gasset hace veintisiete años. ¡Veintisiete años!
Durante estos veintisiete años, la amistad fraternal que nos ha unido no ha sido
enturbiada por una sola nueve. Han sido veintisiete años de convivencia diaria, de
compenetración íntima. ¿Puede usted imaginar lo que eso ha representado para mí?
(…) Desde el momento en que tuve la intuición cierta de hallarme en presencia de un
gran pensador auténtico, sobrecogióme un sentimiento extraño, sentimiento desde
luego de admiración, pero, además, de gratitud y de efusión, y también de satisfacción
personal y de respeto. (…) Vi en él, veo en él el tipo perfecto de pensador. [Carta a
un amigo: evolución filosófica de Ortega y Gasset, en: OC I, vol. 2, pp. 537-538].

Durante ese tiempo, García Morente también entró en contacto con Francisco Giner de los
Ríos mientras cursaba su asignatura de Filosofía del Derecho en la Universidad de Madrid.
Morente encontraba en Giner una fuente constante de admiración, y valoraba su nobleza de
carácter, así como su incansable dedicación a transmitir conocimientos. Tras obtener su
licenciatura, Giner le ofreció a Morente un puesto como profesor en la Institución Libre de
Enseñanza, donde trabajó durante un año y colaboró frecuentemente en su Boletín.

Nadie de los que le conocieron y trataron escapó a su poderoso influjo. Desde los
primeros años de su vida viril fue centro y guía; él promovió y alentó vocaciones, él
sostuvo ánimos desfallecientes; él infundió valor y energía, cuando la necesitaron, a
sus amigos, los de la primera como los de la última hora. [Fragmentos de la memoria
sobre el tema «D. Francisco Giner, su vida y su obra», en: OC I, vol. 2, p. 76].

En marzo de 1909, García Morente logró obtener, a través de un concurso de oposición, el


cargo de Profesor Auxiliar de lengua francesa en el Instituto de San Isidro de Madrid. Sin
embargo, al finalizar el año, solicitó a la Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones
Científicas la posibilidad de utilizar sus fondos para realizar estudios en el extranjero.

3. Formación en Alemania
De este modo, Manuel García Morente emprendió un nuevo capítulo en su vida en enero de
1910. Como pensionado oficial, aunque no auspiciado por la Junta de Ampliación de
Estudios, se dirigió a Munich para sumergirse en el estudio de la Estética en Alemania.
Durante siete meses, dedicó intensamente su tiempo a dominar el idioma de Goethe. Sin
embargo, el agotamiento derivado de este esfuerzo lo llevó a una convalecencia durante el
otoño, lo que finalmente lo llevó de regreso a París a principios de 1911.
En la memoria que envió a la Junta sobre su trabajo del año anterior, se puede apreciar su
admiración por la teoría de la proyección sentimental (Einfühlung) y la estética psicológica
de Theodor Lipps. Además, coincide con el movimiento fenomenológico en su deseo de
superar el psicologismo. La memoria concluye con una pregunta provocadora: «¿No será la
Estética el último escollo al que los psicólogos se aferran para evitar naufragar por
completo?»
A principios de marzo de 1911, encontramos a Morente en Berlín, listo para asistir a los
cursos del semestre de verano en aquella universidad. Allí seguirá las lecciones de destacados
académicos como Cassirer, Fleischer, Vierkand, Simmel y Wilamowitz. Durante esos meses,
su enfoque filosófico se centró por completo en la obra de Kant. En una carta a don José
Castillejo, escribió: «Estoy completamente inmerso en Kant». Tras año y medio de ausencia,
regresó a Madrid para presentar su tesis doctoral que tituló La Estética de Kant, obteniendo
el grado de doctor en la Universidad Central el 9 de octubre de 1911, con calificación de
sobresaliente. Fue en este periodo en el que también tradujo al castellano la Crítica del Juicio.
La publicación de esta última, con el prólogo de su trabajo doctoral, tuvo lugar en Madrid
tres años después.
Una vez más como pensionado, esta vez patrocinado por la Junta de Ampliación de Estudios,
el joven doctor García Morente volvió a Alemania, pero esta vez su destino fue Marburgo.
Atraído por la filosofía neokantiana, durante el semestre de invierno de 1911 a 1912, mientras
se preparaba para sus oposiciones a cátedra, Morente asistió a los cursos de Herman Cohen,
Paul Natorp y Nicolai Hartmann. También entabló frecuentes conversaciones con Ortega,
quien había obtenido la cátedra de Metafísica en la Universidad Central y en ese momento
se encontraba en Marburgo.

4. Catedrático de Ética

En abril de 1912, García Morente regresa a Madrid para realizar las oposiciones a la cátedra
de Ética de la Universidad Central. Aunque se plantea si Morente era un filósofo neokantiano,
Ortega niega esta afirmación en su Prólogo para Alemanes, indicando que el grupo al que
pertenecía ya no se identificaba como neokantiano. Aunque se observa su antipositivismo en
sus escritos, no está claro si Morente había adoptado completamente la filosofía
fenomenológica. En todo caso, la orientación fenomenológica está presente en sus análisis.
Para Morente la tarea filosófica coincide con el método fenomenológico, ya que como él
mismo reconocerá: «pensar es mirar las esencias de las cosas simplemente para conocerlas.
Pensar es, dicho en términos filosóficos, intuición de las esencias».
Con la obtención de su cátedra en octubre de ese mismo año a la edad de veinticinco años,
«el catedrático más joven de España», se integra en la vida pública de España. Sin embargo,
su actitud crítica, su postura irreligiosa y su desprecio hacia la realidad española de aquellos
años hacen que su relación con otros no siempre sea fácil. Su matrimonio en 1913 y el
nacimiento de sus hijas marcan un cambio en su vida privada. Desgraciadamente, su esposa
fallecerá en 1923, dejándolo viudo a la edad de treinta y siete años.
Desde que García Morente asumió la cátedra, se dedicó principalmente a tres actividades: la
tarea universitaria, la labor editorial y su producción intelectual. Aunque la política no era su
verdadera vocación, se le menciona como miembro de la «Liga de Educación Política
Española» fundada por Ortega, y participó en la redacción de las ponencias aprobadas por la
Asamblea general del Programa del Partido Reformista en 1918.

4.1. Tarea universitaria

En la Universidad Central, su pensamiento de calidad, sus explicaciones claras y su actitud


exigente lo convirtieron rápidamente en un profesor de gran prestigio. Además, su integridad
moral quedó demostrada cuando, durante un año, acumuló oficialmente sus cursos y
emolumentos para entregárselos a la esposa de su colega Julián Besteiro, quien había sido
destituido de su cátedra y condenado a cadena perpetua tras la huelga de agosto de 1917. Su
preocupación por la organización de la enseñanza universitaria se manifestó desde sus
primeros trabajos publicados en el Boletín de la Institución y se confirmó en su importante
ensayo de 1919 sobre La autonomía universitaria y el estatuto de la Universidad de Madrid.
Estas preocupaciones le llevaron, en la década de 1930, a desempeñar importantes tareas en
política educativa y universitaria.

La decadencia de la Universidad española es atribuible a muchas causas ciertamente;


pero una de ellas, y de no escasa importancia, es el alejamiento de la sociedad, en que
la Universidad ha ido malviviendo. No sólo nadie se ha interesado por la Universidad,
pero ni tan siquiera concebíase que la Universidad pudiera ser interesante. Pensábase
que no servía para gran cosa; a lo sumo para expedir los títulos imprescindibles, a los
cuales se atribuye un valor meramente administrativo o de trámite. La verdadera
preparación científica y profesional de nuestra juventud queda fuera de los muros de
las facultades y se verifica después de obtenido el título, acudiendo el joven
licenciado a hospitales, ateneos, bufetes, academias preparatorias, o en la soledad de
una labor autodidacta. Pero a nadie se le ha ocurrido buscar en la Universidad el
centro, el hogar del trabajo intelectual. [La autonomía universitaria y el estatuto de
la Universidad de Madrid, en: OC I, vol. 2, p. 146].

4.2. Labor editorial

En cuanto a su labor editorial, cabe destacar su colaboración en varias empresas editoriales


de Ortega, como la revista España en 1915, el periódico El Sol en 1917 y la Revista de
Occidente en 1923. También trabajó arduamente en la editorial Calpe de Nicolás María de
Urgoiti, especialmente en la dirección de su «Colección Universal». Además, se destacó
como un prolífico traductor, vertiendo al español obras filosóficas de la lengua alemana. A
lo largo de más de veinte años, desde 1913 hasta 1936, tradujo incansablemente las tres
Críticas (la primera, incompleta) y la Fundamentación de la metafísica de las costumbres de
Kant, así como otros textos clásicos de Descartes, Leibniz, Schiller, Heine, Stendhal o Franz
Brentano. También tradujo obras de autores contemporáneos como Bergson, Simmel,
Rickert, Schlick, Born, von Uexküll, Worringer, el conde de Keyserling, Heimsoeth o
Pfänder, e incluso obras capitales como La Decadencia de Occidente de Oswald Spengler,
las Investigaciones Lógicas de Edmund Husserl (en colaboración con José Gaos) o la
monumental Historia Universal en diez volúmenes dirigida por Walter Goetz. Su labor como
editor y traductor es impagable y perdura hasta el día de hoy.

Porque, y sirva esto de consejo para los jóvenes que quieren hacer filosofía, si se lee
únicamente los últimos libros, por brillantes que sean, no se es filósofo; para ser
filósofo es menester una larga estancia de meses –me atrevo a decir de años– en el
estudio minucioso, línea por línea, de alguno de los grandes gigantes del pensamiento
humano; para ser filósofo, pásese uno o dos años con Aristóteles, con Platón, o con
Descartes, o con Kant. Pero si no es así, eso no se podrá ser jamás. [La filosofía en
España, en: OC I, vol. 2, p. 421].

4.3. Producción intelectual

En cuanto a su propia producción intelectual, después de su memoria de 1912 sobre La


Estética de Kant y algunos ensayos y reseñas publicados en el Boletín de la Institución Libre
de Enseñanza o en la Revista de Libros, el año 1917 marcó un punto de inflexión. En ese
año, la Residencia de Estudiantes de Madrid publicó su libro La Filosofía de Henri Bergson,
basado en las conferencias que García Morente preparó para la visita a Madrid del filósofo
francés en mayo de 1916. Este libro presenta de manera sugestiva y clara el objeto y el
método de la filosofía de Bergson, así como su psicología y metafísica, y está precedido por
el discurso en francés que el propio Bergson pronunció en la Residencia de Estudiantes.
Pocos meses después, en el mismo año, García Morente publicó su segundo libro, que tenía
una intención más ambiciosa y sistemática, y posiblemente fue el único concebido desde su
origen con ese propósito: La Filosofía de Kant. Una Introducción a la Filosofía. Como se
señala en el prólogo, esta obra aspira a ser una exposición concisa y clara de la filosofía de
Kant, pero también pretende servir como introducción al estudio de los principales problemas
que preocupaban a la filosofía de su tiempo. Morente aborda en ella la naturaleza del
pensamiento lógico, matemático, físico, biológico, metafísico, ético y estético. Al leerla, se
puede apreciar la coincidencia con los filósofos neokantianos de Marburgo y Baden al
explicar el carácter objetivo de la cultura humana. No cabe duda que Morente se inscribe en
esta corriente filosófica. En su epílogo, concluye: «La objetividad es el problema».
Sin embargo, como ha señalado Juan Miguel Palacios, en este libro se encuentran también
frases que sugieren una postura contraria al idealismo, como la afirmación de que «hoy en
día no nos conformamos con que el mundo sea nuestra representación. Queremos creer en
las cosas y que nuestra creencia en ellas no sea una mera ilusión subjetiva. Queremos
convencernos de que la ciencia no es nuestra ciencia, sino la realidad y la verdad mismas».
Morente también muestra interés en replantear el problema axiológico y se muestra favorable
a una nueva lógica independiente de la psicología que pueda fundamentar la moral humana.
Posteriormente, García Morente comienza a publicar breves ensayos filosóficos en la recién
creada Revista General. A través de su estudio y diálogo con Kant, Scheler y Ortega y Gasset,
Morente encuentra una nueva vía para comprender la realidad de manera más completa y
enriquecedora. La influencia del filósofo madrileño se deja notar en su pensamiento desde el
principio. Precisamente a él se debe la primera reseña de su primer libro, las Meditaciones
del Quijote. De igual forma, realiza comentarios a las ideas pedagógicas contenidas en El
Espectador, así como al perspectivismo expuesto en El tema de nuestro tiempo.
Durante los años de la dictadura del general Primo de Rivera, la figura pública de Morente
se puso en alza. Participaba en tertulias culturales como la del palacio de Liria, ante la
duquesa de Alba, y la de la Revista de Occidente con José Ortega y Gasset y Fernando Vela.
Sin embargo, en el ámbito privado, sufrió las pérdidas de su esposa en 1923, dejándole viudo
con sus dos hijas de nueve y cuatro años; y de su hermana mayor, cinco años después, lo que
afectó profundamente a su vida personal.
Después de la caída de la dictadura y la formación de un nuevo gobierno, Morente se
involucró en la política educativa como director general de Enseñanza Superior y Secundaria
y, a continuación, como subsecretario del Ministerio de Instrucción Pública. Sin embargo,
con la proclamación de la Segunda República, el filósofo se alejó definitivamente de los
asuntos políticos.

5. Decano de la Facultad de Filosofía

En 1931 fue elegido unánimemente decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la


Universidad de Madrid, cargo que desempeñó con entusiasmo durante cuatro años y medio,
hasta el 29 de agosto de 1936, fecha en la que será destituido por Julián Besteiro. Durante
este tiempo, la Facultad de Filosofía vivió su período más prestigioso. En palabras de Julián
Marías: «La nuestra era simplemente maravillosa, la mejor institución universitaria de la
historia española, por lo menos desde el Siglo de Oro, que está demasiado lejos. (…)
probablemente era la mejor Facultad de Europa». En el curso de 1932 se puso en marcha el
llamado «Plan Morente», un plan de reforma de cuño institucionalista, diseñado para
impulsar la vida universitaria.

Notorias son las ventajas pedagógicas y sociales de esta reforma. (…).


La Facultad espera que no tardarán los estudiantes en aprender a ser libres y desde
luego está a su completa disposición para auxiliarles con su consejo y su guía en la
orientación de sus estudios. Los primeros pasos serán quizá difíciles para unos y para
otros, para alumnos y para profesores. Pero hay que darlos. Hay que salir a alta mar
y con la colaboración de todos crear una Facultad de Filosofía y Letras que pueda
parangonarse con las más ilustres y respetadas del mundo. Tengo el convencimiento
pleno de que así ha de ser. [La nueva Facultad de Filosofía y Letras en la Ciudad
Universitaria de Madrid, en: OC I, vol. 2, p. 351-353].

En este curso destacó también la inauguración en enero del nuevo edificio en la Ciudad
Universitaria y la realización del famoso Crucero Universitario por el Mediterráneo en el
verano de 1933.

Por último, séame permitido llamar la atención sobre el carácter absolutamente


cultural y pedagógico que he procurado imprimir al Crucero. Nuestro Crucero ha sido
simplemente una viaje de cultura que dos centenares de estudiosos, con afán de
perfeccionamiento espiritual, han realizado por el orbe mediterráneo para henchir su
imaginación y su inteligencia con los cuadros auténticos de las tierras en donde se
desarrollaron los comienzos de nuestra civilización y de nuestra historia. [Fragmento
de la Memoria del Crucero Universitario por el Mediterráneo y el Próximo Oriente
en el verano de 1933, en: OC I, vol. 2, p. 388].

En cuanto a su obra escrita, publicó una serie de ensayos importantes, con tesis originales y
una estructura elaborada. Entre ellos se encuentran El espíritu filosófico y la feminidad
(1929), Símbolos del pensador (1931), Definición de las épocas “modernas” en la historia
(1934), Ensayo sobre la vida privada (1935) y Virtudes y vicios de la profesión docente
(1936). Pero especialmente destaca sus Ensayos sobre el progreso (1932), presentados como
discurso de ingreso en la Academia de Ciencias Morales y Políticas. En ellos cuestiona la fe
ciega en el progreso y expone su pensamiento ético basado en la ética material de los valores,
influenciado por Max Scheler. Morente denuncia la falsedad del formalismo kantiano y
argumenta que la obsesión por el progreso, simbolizada en la prisa, ha llevado a la humanidad
a perder la apreciación de los valores objetivos. Considera que el contenido y la materia de
las acciones y creaciones humanas también tienen valor, no solo la voluntad, y critica la
concepción puramente formalista del progreso propuesta por Kant.
Durante aquellos años, la figura de García Morente adquirió proyección internacional.
Participó en Weimar con ocasión del Centenario de Goethe en 1931; en Roma, en la
conferencia Volta de 1932; y en Jerusalén y Atenas dentro del programa de conferencias
organizado en el Crucero Universitario de 1933. Sin embargo, fue en 1934, durante su primer
viaje a América, cuando su personalidad alcanzó mayor relevancia en el extranjero. Invitado
por la Institución Cultural Española, García Morente ofreció ciclos de conferencias en
Argentina y Uruguay, generando un gran impacto y atrayendo a numerosos seguidores.
En ese curso de 1934 en Buenos Aires, titulado De la Metafísica de la Vida a una Teoría
General de la Cultura, García Morente expuso su filosofía de manera amplia y original,
influenciado notablemente por Ortega y Gasset. En esencia, presentó una filosofía de la vida
en la que superaba tanto el realismo como el idealismo. Según él, tanto el yo como el mundo
no son parte uno del otro, sino que ambos forman parte de su vida. Esta concepción se aplicó
al problema de la cultura, presentando una teoría filosófica de gran interés en la que la cultura
se revela como la forma esencial en la que el ser humano se salva y trasciende su naturaleza,
siendo la libertad la principal condición para su existencia.
Además, durante el curso previo a la Guerra Civil, García Morente comenzó a publicar
artículos de prensa los fines de semana, con un estilo literario de alta calidad, abordando
temas diversos aparentemente alejados de los acontecimientos sociales de aquellos tiempos
turbulentos. Estos escritos reflejaban tanto la maestría intelectual como la madurez humana
del autor, y revelaban su creciente preocupación por la situación general que afectaba su
alma.
Tras el estallido de la Guerra Civil en 1936, García Morente sufrió las consecuencias de su
posición intelectual. Fue destituido de su cargo académico, registraron su casa y se vio
amenazado por una comisión depuradora del profesorado. Ante el peligro inminente, tuvo
que separarse de su familia y abandonar Madrid, buscando refugio en Francia. A pesar de la
adversidad, la Providencia le depararía un hecho extraordinario.

6. La última etapa de su vida

La última etapa de la vida de García Morente, que transcurrió entre otoño de 1936 y 1942,
fue principalmente religiosa. Durante este tiempo, viviendo en condiciones precarias en París
mientras intentaba sacar a su familia de España, experimentó una serie de eventos que
parecían tener un sentido coherente y que lo llevaron a considerar la existencia de Dios y su
providencia en su vida. Este pensamiento lo llevó a reflexionar sobre la libertad humana y la
posibilidad de dejarse guiar por la voluntad divina. En un momento de profunda reflexión,
escuchando música de Berlioz, se abrió paso en su mente la idea del Dios encarnado en
Jesucristo. Fue en esta atmósfera espiritual, en la noche del 29 al 30 de abril de 1937 en París,
que García Morente experimentó una singular vivencia religiosa, que luego relató en su obra
El Hecho extraordinario y que lo llevó a convertirse al cristianismo.
Finalmente, logró reunirse con su familia y aceptó una invitación inesperada para enseñar en
una universidad en Argentina. En junio de 1937, partió hacia América y se hizo cargo del
Departamento de Filosofía y Letras en la Universidad Nacional de Tucumán, donde dictó
cursos de filosofía y psicología. Sus lecciones en Tucumán quedaron plasmadas en las
célebres Lecciones Preliminares de Filosofía publicadas en 1938, donde expuso de manera
coherente la historia de la filosofía desde los presocráticos hasta Husserl y Heidegger,
culminando en una ontología de la vida inspirada en Ortega y Gasset. Durante su estancia en
Argentina, también escribió ensayos importantes y ofreció conferencias en otras ciudades,
abordando temas como la relación entre técnica, ciencia y ética, los orígenes del nacionalismo
español y la idea de la Hispanidad.
En cuanto a su actitud religiosa, García Morente mantuvo en secreto su nueva situación
interior desde el episodio en París en abril de 1937. Evitó mencionar el problema teológico
en sus lecciones en Tucumán, aunque aludió brevemente a la religión cristiana en
conferencias y en cartas. Sin embargo, en una carta extensa al obispo de Madrid-Alcalá en
abril de 1938, reveló su intención de convertirse en sacerdote y solicitó ayuda para su regreso
a España. Aunque expresó sus convicciones religiosas en conferencias posteriores, no se
conserva registro de ellas. García Morente consideró prematuro publicar sus conferencias
sobre Dios, ya que todavía estaba explorando los problemas teológicos dentro de la doctrina
católica y buscando la forma adecuada de expresar sus convicciones religiosas en el contexto
filosófico contemporáneo. Enfatizó su compromiso de presentar la verdad cristiana sin
comprometerla, pero reconoció que aún no estaba en condiciones de hablar adecuadamente
sobre Dios en 1940.
Después de su regreso a España y siguiendo la indicación del obispo Leopoldo Eijo y Garay,
García Morente se retiró en el monasterio de Poyo, cerca de Pontevedra, desde septiembre
de 1938 hasta junio de 1939. Durante este tiempo, García Morente comenzó a familiarizarse
con la vida religiosa y a estudiar teología y filosofía cristiana, especialmente las obras de
Santo Tomás de Aquino.
Después de su estancia en el monasterio, García Morente retomará su trabajo como
catedrático en la Universidad Central, siendo el único profesor de la Facultad de Filosofía
que había pertenecido a la Escuela de Madrid. Continuará impartiendo la asignatura de Ética,
además de otras como Introducción a la Filosofía, Cosmología y Teodicea. Al mismo tiempo,
ingresó como seminarista en el Seminario Conciliar de la ciudad, donde estudió Teología.
Superó sus exámenes y, a los cincuenta y cuatro años, recibió las órdenes sagradas, siendo
ordenado sacerdote el 21 de diciembre de 1940. Durante este período, escribió un Diario de
los ejercicios espirituales en el que reflejaba su intensa vida espiritual.
Durante los dos años siguientes, García Morente desempeñó el papel de capellán en el
Colegio de la Asunción en Madrid, mientras continuaba enseñando filosofía en la
Universidad. Su labor principal se centró en la predicación y en su interés por profundizar en
las relaciones entre la razón y la fe, abordando esta cuestión en destacados escritos y
conferencias como La razón y la fe en santo Tomás de Aquino (1940), El clasicismo de santo
Tomás (1941) y Análisis ontológico de la fe (1942). Pero también encontramos en sus últimos
escritos diversos temas y reflexiones sobre una incipiente filosofía de la persona.
Además de su trabajo filosófico, García Morente también se interesó por la historia de
España. Consideraba que la historia debía ser entendida desde una perspectiva vital y sus
reflexiones fueron desarrolladas en Ideas para una Filosofía de la Historia de España (1942).
Sostenía que el verdadero objeto de la historia es la persona y defendía la identidad y el
sentido de la aventura histórica de España, enfatizando la figura del «caballero cristiano»
como símbolo de la cultura hispánica.
Lamentablemente, la vida de Manuel García Morente fue breve. Falleció en la mañana del 7
de diciembre de 1942, su hija mayor le encontró en su lecho con la Suma Teológica de Santo
Tomás de Aquino entre sus manos. Su partida ocurrió apenas dos meses después de publicar
su último libro, dejando un legado como filósofo comprometido con la verdad, así como con
la comprensión y valoración de la historia de España.

7. Bibliografía

7.1. Obras de García Morente

Obras Completas. Edición de Juan Miguel Palacios y Rogelio Rovira. Madrid-


Barcelona, Fundación Caja de Madrid-Editorial Anthropos, 1996, 2 tomos en 4
volúmenes.

A continuación se detallan otras ediciones parciales de sus escritos:

Escritos autobiográficos y epistolario. Edición de Juan Carlos Infante Gómez, CEU


Ediciones, Madrid, 2023.
Estudios literarios. Prólogo de José Antonio Millán Alba, Ediciones Encuentro,
Madrid, 2021.
Lecciones preliminares de Filosofía. Prólogo de Julián Marías, Ediciones Encuentro,
Madrid, 2019.
El ideal universitario y otros ensayos. Edición de Sergio Sánchez-Migallón
Granados, EUNSA, Navarra, 2012.
Símbolos del pensador. Filosofía y pedagogía. Seguido de un Ensayo de Juan José
García Norro, Ediciones Encuentro, Madrid, 2012.
Ensayos sobre el progreso. Prólogo de Juan Miguel Palacios, Ediciones Encuentro,
Madrid, 2011.
La filosofía de Henri Bergson. Presentación de Juan Miguel Palacios, Ediciones
Encuentro, Madrid, 2011.
Ensayo sobre la vida privada. Presentación de Rogelio Rovira, Ediciones Encuentro,
Madrid, 2001.
De la Metafísica de la Vida a una Teoría General de la Cultura (Curso en Buenos
Aires de 1934). Presentación Juan Miguel Palacios y Rogelio Rovira, Facultad de
Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid, 1995.
El “Hecho extraordinario” y otros escritos. Prólogo de Antonio Millán-Puelles,
Rialp, Madrid, 1986.

7.2. Obras sobre García Morente

FORMENT, E., La interpretación de Santo Tomás en García Morente, «Espíritu:


cuadernos del Instituto Filosófico de Balmesiana», Año 35, N.º 93, 1986, pp. 13-34.
GAMBRA, R., La crisis filosófica de García Morente, «Ateneo», Núm. 32, 1953, pp.
14-15.
────. El García Morente que yo conocí. (Aquella extraordinaria irrupción de la
gracia), Nuestro Tiempo, Pamplona, Año IV, Vol. VI, Núm. 32, Feb. 1957.
GARCÍA NORRO, J. J., Manuel García Morente, en: VOLPI, F., (coord.),
Enciclopedia de obras filosóficas, vol. I, Barcelona, Herder, 2005, pp. 778-790.
GRANDE SÁNCHEZ, P. J., La triple dimensión de la vida: Sentido, finalidad y valor
en Manuel García Morente, en: GARCÍA-BARÓ, M., y PINILLA, R., (coord..),
Pensar la vida: VI Jornadas de Filosofía Comillas, Universidad Pontificia de
Comillas, Madrid, 2003, pp. 171-176.
IRIARTE, M. de, S. J., El profesor García Morente, sacerdote. Escritos íntimos y
comentario biográfico, Espasa-Calpe, Madrid, 19532.
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