El problema
Existe una antigua leyenda budista que tiene una importante lección acerca de la resolución
de problemas. Antes de intentar solucionar alguna dificultad debemos entender bien cuál es el
problema, dejando a un lado las creencias, las apariencias y los prejuicios.
En esta historia, el discípulo que logró resolver el reto planteado por el Maestro es aquel que
no se dejó llevar por el aspecto de las cosas, sino por el problema.
Dice una vieja narración que un buen día, en un monasterio ubicado en una recóndita ladera,
murió uno de los guardianes más ancianos.
Después de hacerle rituales y darle una despedida, alguien debía asumir sus funciones. Debía
encontrarse al monje adecuado para hacer su trabajo.
Un día, el Gran Maestro citó a todos los discípulos del monasterio. En la sala donde tuvo lugar
la reunión, el Maestro puso encima de una mesa un jarrón de porcelana y una rosa amarilla
muy bella y dijo:
—He aquí el problema: quien logre resolverlo será el guardián de nuestro monasterio.
Todos se quedaron asombrados mirando aquella escena. ¿Qué representaría ese bello jarrón
con flores? ¿Cuál podría ser el enigma encerrado de tan delicada belleza? Demasiadas
preguntas…
Después de un rato, uno de los discípulos se aventuró a dar una respuesta: sacó su espada y
rompió el jarrón de un golpe. Todos se quedaron pasmados ante el suceso, pero el Gran
Maestre dijo:
—Alguien se ha atrevido no solo a dar solución al problema, sino a eliminarlo. Honremos a
nuestro Guardián del Monasterio.