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Reinserción Social y Género en NL

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FACULTAD LATINOAMERICANA

DE CIENCIAS SOCIALES

Maestría en Política Pública y Género

2022 – 2024

La reinserción social de las mujeres

en el marco de la política pública

“Operación de los Centros de Reinserción Social”

Ana Sofía González Pérez

1
Capítulo I. Problema de desigualdad de género

1.1 Problema de análisis de política pública

1.2 Problema de género: Desigualdad entre mujeres y hombres privados de su libertad

1.2.1 Desigualdad estructural

1.2.2 Desigualdad de las mujeres en los centros penitenciarios

1.2.3 De la desigualdad a la violencia estructural

1.3 Desigualdad de género en la reinserción social de las mujeres

1.3.1 Preguntas de análisis y objetivos de tesis

1.3.2 Sub-preguntas y objetivos

1.4 Hipótesis

1.5 Política pública de reinserción social

1.5.1 Antecedentes de la política pública de Reinserción Social

1.6 Marco de la política pública de reinserción social

1.6.1 Marco jurídico de la política pública

1.6.2 Opinión Consultiva 29/22 de la Corte Interamericana de los Derechos Humanos

Capítulo II. Marco teórico y metodológico

2.1 Conceptos claves

2.1.1 Perspectiva de género

2.1.2 Necesidades e intereses de las mujeres

2.1.3 Políticas Públicas

2.1.4 Fases de la política pública

2.1.5 Política pública con perspectiva de género

2.1.6 Reinserción social

2
2.1.7 Reinserción social con perspectiva de género

2.2 Metodología de marcos interpretativos

2.2.1 Pasos de la metodología

2.2.2 Fuentes de información

2.2.3 Cuadro de Operacionalización

Capítulo III. Perfil de las mujeres privadas de su libertad en Nuevo León

3.1 Características de las mujeres privadas de su libertad en Nuevo León

3.2 Delitos más comunes

3.3 Situación jurídica y tiempo en prisión

3
Introducción

Este documento presenta un análisis de política pública desde una visión de género
enfocada en la fase de diseño. Aguilar (2007) define una política pública como un conjunto
de acciones intencionales y causales que buscan resolver un problema.

La política para analizar es la de reinserción social en Nuevo León durante 2016 –


2021 con la hipótesis de que dicha política pública no incorpora la perspectiva de género,
por lo tanto, no se logra la reinserción social de las mujeres privadas de su libertad,
consecuentemente, la manera en que se incorpora el género es desde su negación y omisión.

Esto se llevará a cabo mediante una investigación cualitativa y desde una perspectiva
de género, que permita identificar si el problema se aborda considerando el género y otras
determinantes estructurales derivadas de las desigualdades, así como cómo se relacionan
con este.

Capítulo 1. Problema de desigualdad de género

Este capítulo aborda el problema de desigualdad de género y el problema de política


pública identificado, posteriormente se plantea la pregunta que sirve de guía para esta
investigación, así como los objetivos y finalmente la hipótesis que la sostiene.

1.1 Problema de análisis de política pública

El problema de análisis identificado es el siguiente:

Las mujeres privadas de su libertad en los centros penitenciarios de Nuevo León


carecen de políticas públicas con perspectiva de género que faciliten su reinserción
social.

El problema de análisis comienza por identificar los principales instrumentos de la


política pública de reinserción social. Así mismo, se analizará si la política pública cuenta
con perspectiva de género desde la etapa de diseño con la finalidad de ver si cuenta con los
elementos necesarios para contar con dicha perspectiva, o si carece de estos y por lo tanto
no logra su objetivo.

4
1.2 Problema de género: Desigualdad entre mujeres y hombres privados de su
libertad

Identificar un problema público relacionado con la desigualdad de género implica


reconocer que afecta de manera diferente a mujeres y hombres, revelando así las
desigualdades existentes. Según ONU Mujeres y el Instituto Nacional de las Mujeres
(2014:36), para identificar la desigualdad de género en los problemas públicos es necesario
realizar un ejercicio comparativo que permita visualizar cómo afecta a hombres y mujeres,
en qué sentido impacta a las mujeres y niñas, si el problema se debe a la discriminación de
género, y si la raíz del problema se encuentra en los roles y expectativas asignados a
mujeres y hombres.

En México, desde la reforma de 2008 en materia del sistema penal, que se discutirá más
adelante, la estancia de las personas privadas de libertad, los espacios que utilizan y el
aprendizaje que reciben deben estar orientados a mejorar las oportunidades que tendrán al
salir, en comparación con el momento de su ingreso.

Estas actividades y tareas que realizan las mujeres privadas de su libertad permiten
identificar las acciones que desde el Sistema Penitenciario se desarrollan en los planes de
actividades, ya que, de acuerdo con la Ley Nacional de Ejecución Penal (2016), establece
que se debe de realizar un plan de actividades que esté orientado a lograr la reinserción
social de las personas privadas de la libertad.

No obstante, la Comisión Nacional de Derechos Humanos (2022) informa que la


educación y capacitación que reciben las mujeres en los centros penitenciarios están
afectadas por estereotipos de género y se limitan a tareas que se consideran "convenientes"
para ellas.

Además, el INEGI (2021) establece que el 60.9% de las mujeres considera que el haber
estado en un centro penitenciario afectará sus posibilidades de incorporarse al espacio
laboral frente al 53.5% de los hombres, para las mujeres 31.2% considera ser aceptada en
su ámbito de amistades en tanto que para los hombres es de 28.6%, para ambos es 28% las
posibilidades de ser aceptado por su familia.

5
Se debe agregar que la Comisión Nacional de Derechos Humanos (2022) informó que
únicamente el 66.62% de la población considero que sí realiza alguna actividad para la
reinserción social, el 15.7% mencionó que no y el 17.5% no respondió la pregunta.

Asimismo, Equis Justicia (s.f.) informó que siete de cada diez mujeres son abandonadas
por sus familiares mientras cumplen su pena o resuelven su situación jurídica en los centros
penitenciarios. Esto significa que no cuentan con una red de apoyo al salir, lo que resulta en
la falta de condiciones básicas como alimento, dinero para transporte y un lugar donde
dormir. En otras palabras, no existe un seguimiento específico en materia de atención
pospenal para las mujeres privadas de libertad.

Considerando la afectación diferenciada de esta problemática, las mujeres enfrentan


condiciones específicas que generan un impacto desproporcionado durante su
encarcelamiento, dificultando así su reinserción social. Este tema se abordará con mayor
detalle más adelante.

Por lo tanto, es necesario identificar si la política pública incluye un enfoque


diferenciado con perspectiva de género que garantice los derechos de este grupo
minoritario, ya que es posible que el sistema penitenciario incentive una violencia
estructural que invisibiliza los impactos diferenciados del encarcelamiento en las mujeres y
su experiencia pospenal.

Además, la perspectiva de género es una herramienta conceptual que permite


exhibir las diferencias sistémicas entre hombres y mujeres. Así, de acuerdo con García
Prince, dicha perspectiva permite visualizar y comprender que la desigualdad, basada en la
jerarquía entre hombres y mujeres, constituye la base del sistema de relaciones de poder
que perpetúa la subordinación femenina en todos los aspectos de la vida colectiva e
individual, y se expresa en normas, valores, paradigmas, identitarios y prácticas culturas
que sostienen la discriminación (García, 2008).

Las desigualdades de género entre mujeres y hombres se agudizan durante el tiempo


en que están privados de la libertad, especialmente en lo que respecta al acceso
diferenciado a los servicios y garantía de derechos durante su estancia en los centros
penitenciarios. Un ejemplo de esto se puede ver en las entrevistas cualitativas realizadas por

6
la CNDH, donde una mujer privada de su libertad en el centro penitenciario de Baja
California compartió:

Solo a las mujeres nos llevan con overol anaranjado que no sea de
nuestra talla, el punto es que nos veamos feas y humilladas, y somos las
únicas a las que nos esposan para llevarnos a notificación o a cualquier parte
del penal, solo a nosotras por ser mujeres…También somos discriminadas
en el área penal, no nos dan beneficios ni recibimos asesoría jurídica, a las
mujeres casadas que ingresan al penal no les permiten tener visita conyugal
con su esposo ni tener ningún tipo de comunicación ni enviarles o recibir
cartas de ellos, aunque estén en el mismo penal. Cuando alguien viene a
visita al área femenil lo revisan el doble que a la visita del área varonil. A
los hombres les venden comida diferente que, a las mujeres, incluso en la
visita ellos cuentan con platillos especiales y las mujeres no. No se nos
permite salir en todo el día, pasamos 23 horas encerradas en la estancia, no
tenemos trabajo, no hacemos talleres, no hay nada. (CNDH, 2022:214)

Otro testimonio que evidencia la desigualdad de género entre mujeres y


hombres:

Claro que es muy distinto el trato, ellos tienen más actividades


culturales, deportivas, de salud, incluso medicamentos, tienen más
beneficios en todos los sentidos, incluyendo en términos de
relacionarse de manera emocional y sentimental. - Mujer en CERESO
de Baja California. (CNDH, 2022:230)

Este testimonio evidencia la humillación y el trato doblemente discriminatorio


a la que se enfrentan las mujeres privadas de la libertad, desde las actividades
rutinarias se busca la oportunidad de vulnerabilizarlas por medio de la ridiculización
y acceso desigual a servicios, exponiendo el sistema social patriarcal y marcando
fuertemente la diferencia social que existe entre hombres y mujeres.

1.2.1 Desigualdad estructural

7
La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH, 2022) se ha pronunciado
sobre la desigualdad estructural que viven las mujeres privadas de la libertad en los centros
penitenciarios de México, argumentando que la desigualdad estructural se manifiesta a
través de la discriminación y el trato injusto hacia grupos de personas que ya se encuentran
en situaciones de vulnerabilidad, siendo las mujeres particularmente identificadas dentro de
este contexto.

La desigualdad estructural, definida por Galtung (1969) como la violencia originada


por la injusticia y la desigualdad como consecuencia de la propia estructura social, por
tanto, este concepto destaca aspectos de la pobreza y escasez de recursos que impactan a
numerosos sectores de la población, y su relación directa con las oportunidades para ejercer
el derecho a la igualdad y la no discriminación, permitiendo impulsar la construcción de
políticas públicas para mejorar las condiciones de vida para todas las personas.

Según la Comisión Nacional de Derechos Humanos, una consecuencia de las


disparidades sociales entre las diferentes regiones del país, la desigualdad entre mujeres y
hombres privados de libertad se hace más evidente en los centros penitenciarios ubicados
en áreas que enfrentan mayores problemas de pobreza y marginación. En muchos casos,
esto se refleja en las condiciones físicas y materiales de la prisión, así como en los recursos
disponibles y las oportunidades ofrecidas para promover una reintegración social efectiva
de la población carcelaria. En otras palabras, existe una relación directa entre las
condiciones de pobreza y marginación social en la comunidad y las condiciones de los
centros penitenciarios (2023:5).

Sin embargo, a esta situación se suma un sesgo de género, que el Instituto Nacional
de las Mujeres (2024) define como la omisión en la conceptualización de las mujeres, los
hombres y las relaciones de género en una problemática específica, y puede ocurrir al
diseñar políticas públicas que omiten el análisis de género. Por esta razón, la CNDH
informó que en ciudades donde sólo existen centros penitenciarios masculinos, las mujeres
son alojadas en espacios improvisados, justificado por el argumento de que constituyen una
minoría en comparación con los hombres, lo que perpetúa un trato institucionalmente
desigual (2023:7).

8
Tanto hombres como mujeres se enfrentan a diferentes oportunidades para ejercer
sus derechos. Sin embargo, en los centros penitenciarios la desigualdad afecta
negativamente el acceso al ejercicio de los derechos fundamentales, las oportunidades de
reinserción social y contribuye a la permanencia de violaciones de los derechos humanos,
especialmente entre los grupos más desfavorecidos, en este caso las mujeres privadas de
libertad (2023:7), por lo que cito a la CNDH:

De este modo, la desigualdad estructural perpetua y sostiene los andamiajes


sociales que favorecen la discriminación, las asimetrías en el acceso al poder, y las
ideas de superioridad/inferioridad entre hombres y las mujeres, ideas que subyacen
en la inexistencia de áreas suficientes y adecuadas para la realización de actividades
(CNDH, 2023:7).

1.2.2 Desigualdad de las mujeres en los centros penitenciarios

La desigualdad que viven las mujeres privadas de su libertad se ve reflejada en los


centros penitenciarios por medio de las obstaculizaciones para acceder a servicios,
restricciones en ejercicio de su derecho a la salud, perjudicando específicamente a niñas-
adolescentes, adultas y especialmente a las mujeres que se encuentran en zonas rurales en
condición de pobreza, abandono o cuentan con alguna discapacidad (CNDH:12).

Dichas desigualdades pueden ser sustentadas por las condiciones de celda


presentadas en la Encuesta Nacional de Población Privada de la Libertad 2021, donde el
54.1% de la población de mujeres privadas de la libertad manifestaron haber compartido
con una a cinco personas su celda, mientras que para los hombres fue el 49.7% (2021:102).

En lo que respecta a las condiciones de las celdas,los hombres tienen una estadística
mayor que las mujeres sobre el acceso a los servicios básicos y condiciones al interior de
sus celdas, en donde las mujeres resultan con un mayor porcentaje con eun 89% en
comparación con el 82.2% de los hombres en cuanto a la disponibilidad de ventanas y agua
en las áreas comunes, mientras que el porcentaje de hombres con acceso a ventanas o
tragaluz es de 82.2% (2021:104). Es importante resaltar que, a pesar de que existen
porcentajes similares en la mayoría de los servicios, salvo drenaje y sanitarios, que muestra
una diferencia notoriam como lo muestra el gráfico 1 y 2.

9
Gráfico 1. Población privada de la libertad que identificó servicios básicos al
interior de su celda o en áreas comunes, por sexo.

Fuente: ENPOL 2021, pág. 104

De igual manera, en cuanto a los bienes y servicios proporcionados en los centros


penitenciarios, las mujeres tuvieron menos acceso a estos que los hombres, reflejando un
porcentaje menor en la mayoría de los rubros:

Gráfico 2. Bienes y servicios proporcionados por los Centros Penitenciarios, por


sexo

10
Fuente: ENPOL 2021: 104

No obstante, a nivel nacional, el 22% de la población de las mujeres privadas de su


libertad con hijos(as) menores de doce años viviendo en los centros penitenciarios,
señalaron que tuvieron que pagar por alguno de los bienes o servicios que reciben sus hijos
dentro del centro penitenciario: 71.3% ha sido por medicamentos; 61% por servicios
médicos; 60.3% por pañales; 51.4% artículos de higiene personal; 40.8% calzado; 39.4%
ropa; 18.4% vacunas; 0.2% material educativo; 6.6% guardería; 6.4% permisos para salir
del centro; 2.6% atención psicológica; 2.5% baños exclusivos, y 1.3% área exclusiva para
dormir (ENPOL, 2021:110).

En cuanto a los hombres privados de su libertad, el 56.9% pagó dentro de los


centros penitenciarios; con un 56.9% pase de lista; 43.5% tener aparatos electrónicos;
34.4% cambiar celda; 32.1% tener agua potable; 29.9% recibir medicamentos; 28.4% tener
una cama, colchoneta y/o cobija; 24.3% tener acceso a un teléfono; 23.1% tener energía
eléctrica en su celda; 22.3% salir al patio de visita, y 22.3% acceder a visita íntima
(ENPOL, 2021:147).

Los datos muestran que poco más de la mitad de los hombres privados de la
libertad, es decir el 78%, sí realizan pagos para el acceso de servicios, bienes, beneficios o
permisos, no obstante, ninguno se encuentra relacionado a trabajos de cuidado. Así mismo,
las cifras reflejan formas de desigualdad que se reproducen dentro de los centros
11
penitenciarios a través del acceso a bienes y servicios, si son gratuitos o no, las condiciones
de infraestructura de las celdas de las mujeres en comparación de los hombres.

Esto evidencia la discriminación estructural, definida por Solís (2017) como un


conjunto de prácticas, tanto informales como institucionalizadas, que niegan la igualdad de
trato o producen resultados desiguales para determinados grupos sociales, en este caso las
mujeres privadas de su libertad, lo que resulta en una disminución del acceso a sus derechos
y en la perpetuación de la desigualdad social. Los datos presentados previamente muestran
la discriminación y trato desigual que sufren las mujeres privadas de su libertad en cuanto
al acceso de bienes y servicios, así como las condiciones en las que viven, los gastos
adicionales que tienen que realizar para cuestiones de salud y de cuidado, añadiendo los
sesgos de género que condicionan la experiencia y vivencia de las mujeres debido a los
mandatos de género, prejuicios y estereotipos a los que se enfrentan y que el sistema
perpetúa en las estructuras sociales existentes.

1.2.3 De la desigualdad a la violencia estructural

Galtung (1969) plantea que la violencia puede comprenderse tanto como una
privación de los derechos humanos fundamentales como una reducción en el nivel real de
satisfacción de las necesidades básicas. Utiliza la metáfora de un iceberg para representar el
fenómeno de la violencia, introduciendo los conceptos de violencia cultural, estructural y
directa.

Define la violencia cultural como aquellos aspectos de la cultura, como la religión,


ideología y arte, que pueden ser empleados para justificar o legitimar la violencia directa o
estructural. La violencia directa es visible y se manifiesta en comportamientos concretos,
respondiendo a actos violentos, por otro lado, la violencia estructural se centra en el
conjunto de estructuras que impiden la satisfacción de las necesidades básicas y se
caracteriza por la negación de estas necesidades (1969).

Tortosa y de la Parra (2003) nutren el concepto, argumentando que la violencia


estructural remite a la existencia de un conflicto entre dos o más grupos de una sociedad,
normalmente caracterizados en términos de género, en el reparto, acceso o posibilidad de

12
uso de los recursos es resuelto sistemáticamente a favor de alguno y en perjuicio del otro
debido a los mecanismos de estratificación social.

Además, la CNDH (2022) señala que para comprender la situación de las mujeres
privadas de libertad es fundamental identificar las diversas formas de violencia que
conforman un contexto de violencia estructural grave. Estas incluyen antecedentes de abuso
sexual, consumo de drogas y/o alcohol, multiparidad, maternidad adolescente, explotación
económica o sexual, y relaciones amoroso-afectivas. Estas circunstancias a menudo
influyen en la participación de las mujeres en la realización de delitos como tráfico de
drogas, secuestro y fraude, frecuentemente en compañía de sus parejas o personas de las
que dependen emocionalmente.

En su informe sobre las mujeres privadas de libertad en las Américas (2023), la


Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) señala que la mayoría de las
mujeres privadas de su libertad en América Latina se encuentran involucradas en la
comisión de delitos debido a factores asociados con la pobreza, su presunta voluntad o en el
contexto de relaciones familiares o violencia previa. La Comisión recalca que las barreras
en el acceso a la educación, la pobreza y la falta de oportunidades exponen a las mujeres a
situaciones de riesgo, convirtiéndolas en objetivos vulnerables para la delincuencia
organizada, especialmente aquellas con bajos niveles socioeconómicos y educativos,
quienes tienen un mayor riesgo de ser cooptadas para participar en actividades delictivas
como perpetradoras. Asimismo, algunas mujeres se unen a grupos delictivos organizados
de manera voluntaria en busca de protección, ya que esto les brinda acceso a armas, drogas
y dinero.

Además, la CIDH (2023) reconoce que muchas mujeres son coaccionadas para
participar en actividades ilícitas mediante violencia y/o amenazas, y se enfrentan a
"castigos de desobediencia" (2023:62) que incluyen actos de violencia de género, como
violencia sexual y asesinatos particularmente crueles y con un marcado sesgo misógino.
Además, las mujeres son víctimas de acoso y amenazas dirigidas tanto a ellas como a sus
familias con el fin de reclutarlas para organizaciones criminales y obligarlas a participar en
delitos. Como resultado, las mujeres encarceladas suelen tener antecedentes de violencia
tanto en la infancia como en relaciones de pareja.

13
Todavía cabe señalar que estas mujeres han experimentado diversas formas de
exclusión social previas a su encarcelamiento. La CNDH (2022) informa que una de las
características más comunes es la poca experiencia laboral, bajo nivel de estudios, venir de
hogares desintegrados y con otros integrantes de la familia también en centros
penitenciarios, además de antecedentes de violencia de pareja y otras formas desde la
infancia.

Hay que mencionar, además, que Tortosa y de la Parra (2003), mencionan que para
que ocurra este tipo de violencia se necesitan de instituciones estructurantes de la relación
de género que caracterizan al patriarcado, un ejemplo de esto en los centros penitenciarios
es el acceso desigual de los bienes y servicios entre hombres y mujeres, sus condiciones de
celda, entre otros.

Así, la desigualdad estructural pasa a una violencia estructural que se encuentra


embebida en las estructuras sociales patriarcales, perpetuando los procesos de
estructuración social en las interacciones interindividuales, impactando negativamente en la
oportunidad de supervivencia, bienestar y desarrollo de las mujeres, causando violaciones a
los derechos humanos y complejizando la reinserción de las mujeres en la sociedad.

1.3 Desigualdad de género en la reinserción social de las mujeres

Equis Justicia, Asociación Pro Derechos Humanos, et al argumentan que las mujeres
privadas de su libertad sufren una triple condena debido a los estereotipos asignados en
relación con su género, en donde reciben un triple reproche: social, personal y
penitenciario.

Equis Justicia (2022) señala que las mujeres privadas de su libertad enfrentan una
triple condena al salir de un centro penitenciario: además del castigo penal, sufren el juicio
social debido al incumplimiento de los estereotipos de género y las condiciones indignas y
violatorias de los derechos humanos que experimentaron en dichos centros. Así mismo, La
Asociación Pro Derechos Humanos (2020) de Andalucía añade que, en primer lugar, las
mujeres que entran a prisión rompen con el rol heteropatriarcal determinado por la
sociedad, en segundo, las mujeres presas sufren una terrible separación familiar en tanto
que en varias ocasiones su pérdida de libertad va a implicar el debilitamiento e incluso la

14
disolución de los lazos familiares ya que son ellas las que sostienen a la unidad familiar, y
en tercer lugar, como se ha mencionado anteriormente, las mujeres privadas de su libertad
tienen unas condiciones de vida desiguales que los hombres.

Así, Márquez Gento (2019) establece que el tipo de pena que se ha impuesto a las
mujeres no ha sido exclusivamente por su conducta delictiva, sino que además siempre ha
llevado implícito el castigo por la desviación social lejana a su condición femenina, por lo
que la triple condena se manifiesta desde el primer instante en donde se criminaliza a una
mujer.

Antony (2007) informa que el objetivo de los regímenes penitenciarios es devolver a


la mujer a la sociedad como una “verdadera”, para lo cual recurre a las técnicas
tradicionales de socialización, donde los trabajos y la supuesta formación profesional
impartida en los centros penitenciarios se encuentran dirigidos a actividades
estereotípicamente feminizadas, especialmente con trabajos domésticos, lo cual
imposibilitará subsistir de manera independiente en el exterior.

Así mismo, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (2023) afirma que los
programas de reinserción social de mujeres presenta distintos desafíos, donde los
obstáculos generales vinculados con la escasez de políticas de reinserción social, y una falta
de recursos destinados al funcionamiento de estos programas, la escasez de programas con
perspectiva de género, la existencia de programas que fuerzan dichos estereotipos y
restricciones que dificultan la participación de mujeres, específicamente, los desafíos
materiales relacionados con los requisitos para su ingreso y los obstáculos específicos que
enfrentan cierto grupo de mujeres.

La falta de una perspectiva de género se manifiesta claramente en la


sobrefeminización de las estrategias de reinserción social dirigidas a mujeres, las cuales
tienden a reforzar los roles de género tradicionalmente asignados, lo que a su vez limita el
desarrollo de nuevas habilidades (CIDH, 2023:13) Como resultado, las mujeres liberadas se
enfrentan a una serie de dificultades al hacer la transición de la vida en prisión a la vida en
libertad. Así, la CIDH (2023) señala que estas dificultades principales incluyen la ruptura
de lazos familiares y la falta de redes de apoyo, el estigma social, la discriminación debido
a los antecedentes penales, la escasez de oportunidades laborales debido a la falta de

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formación, las desventajas económicas, la falta de vivienda y la pérdida de documentos de
identificación personal.

Así, Antony (2007) marca que el modelo actual establece una estrecha conexión
entre lo femenino y lo maternal, lo que perpetúa vínculos que infantilizan y encasillan a las
mujeres en roles de cuidado. Esto lleva a que la condición femenina esté definida por una
serie de características impuestas por normas sociales y culturales, como la dependencia, la
falta de poder, la inferioridad física, la sumisión e incluso el sacrificio.

Otro rasgo que permite visibilizar la desigualdad de género en la reinserción social de


las mujeres es que, de acuerdo con el Instituto de las Mujeres de la Ciudad de México
(2016:52), cuando las mujeres salen en libertad, se encuentran con circunstancias que
dificultan una reintegración exitosa a la sociedad. Esto incluye la falta de oportunidades
laborales, lo cual resulta en una carencia de ingresos, la dificultad para establecer relaciones
interpersonales, así como enfrentar estigmas y estereotipos de género.

Equis Justicia refuerza este mismo dato citando a la CNDH en su informe del 2018,
en donde menciona que las personas liberadas sufren distintas dificultades para acceder a
un empleo que van desde no contar con una vestimenta adecuada para solicitarlo, no contar
con los requerimientos de experiencia laboral, pocos recursos para desplazarse en
transporte público para buscarlo, y en muchos casos, la limitante de contar con
antecedentes penales, (2022:32).

1.3.1 Preguntas de análisis y objetivos de tesis

Partiendo de lo anterior, la pregunta de análisis de la investigación es la siguiente:

¿El diseño de la política pública de reinserción social en Nuevo León


incorpora la perspectiva de género, promoviendo la reinserción social de las
mujeres privadas de su libertad durante el periodo 2016-2021?

En cuanto al objetivo, se establece el siguiente:

Identificar si el diseño de la política pública cuenta con perspectiva de


género en el Programa “Operación de Centros de Reinserción social” durante
el periodo 2016-2021.

16
1.3.2 Sub-preguntas y objetivos

A continuación, se plantean las siguientes preguntas a contestar y alcanzar los


objetivos que se plantean en la tabla 1.

Tabla 1. Subpreguntas y objetivo específicos

Subpregunta Objetivo específico


¿Existe concordancia en el diseño de la Identificar si la política pública cuenta con perspectiva
política pública y las acciones realizadas por de género desde el diseño, y en caso de ser así, verificar que
la Agencia de Administración Penitenciaria llegue a la etapa de implementación sin obstaculizar la
en relación con la reinserción social con reinserción social de las mujeres en Nuevo León.
perspectiva de género?
¿Cuáles talleres se ofrecen y cuál es el Examinar los talleres que se imparten en el centro
proceso de selección de estos, partiendo que femenil de Nuevo León durante el periodo 2016-2021 para
deben de incentivar/beneficiar a las mujeres verificar si cuentan con perspectiva de género y analizar en
privadas de su libertad en el marco de la qué sentido facilitan la reinserción social de las mujeres
reinserción social?

Es importante mencionar que esta investigación se centra en los talleres debido a que,
según la CNDH (2019), aunque la normativa jurídica sobre la ejecución de penas aborda de
diversas maneras la reinserción social y no excluye la realización de actividades culturales
o artísticas, estas actividades suelen quedar fuera. En cambio, se prioriza la realización de
oficios o talleres con la expectativa de prepararlas para retomar su proyecto de vida al
momento de salir de prisión.

1.4 Hipótesis y justificación

Para esta tesis se plantea la siguiente hipótesis:

El diseño de la política pública de reinserción social en Nuevo León no


incorpora la perspectiva de género, por lo tanto, no se promueve la reinserción
social de las mujeres privadas de su libertad durante el periodo 2016-2021.

17
Esta hipótesis se justifica en la LNEP establece que los centros penitenciarios deben
de garantizar los derechos de las personas en prisión, siendo la salud, educación, alimento,
entre otros, por medio de servicios dentro de la prisión y fuera de ella.

A lo largo de la historia, como establece Antony, la delincuencia femenina ha sido


poco estudiada, ya que muchas investigaciones se han basado en estereotipos sobre las
mujeres, lo que ha distorsionado la realidad, lo que ha llevado a que la institución
penitenciaria se haya concebido y estructurado mayormente desde una perspectiva
androcéntrica, creando políticas públicas sin perspectiva de género, incentivando patrones
discriminatorios que empeora la situación de vulnerabilidad de las mujeres.

1.5 Política pública de reinserción social

Este problema público se aborda a través de la política de reinserción social


establecida en 2008 como parte de la reforma en materia de seguridad y justicia. Esta
reforma marcó el inicio del nuevo sistema de justicia penal, sustituyendo el sistema
inquisitivo por uno de corte adversarial. Sin embargo, es importante destacar que esta
reforma no tomó en cuenta la perspectiva de género, aspecto que será explicado más
adelante.

1.5.1 Antecedentes de la política pública

Para comprender el concepto de reinserción social, es fundamental abordar la


evolución del sistema penitenciario. En este sentido, Checa Rivera explica que los centros
penitenciarios tienen su origen histórico en las "Casas de Corrección", establecidas durante
los siglos XVI y XVII. Estas instituciones surgieron con la idea de "corregir" a las personas
con el propósito de convertirlas en ciudadanía útil. Originalmente destinadas a la reclusión
tanto de hombres como de mujeres, estas casas marcaron el comienzo de una clasificación
basada en el género de los reclusos (2017:11).

Históricamente, el propósito de la reclusión no era de naturaleza penal, sino más


bien asegurativa y procesal, con el principal objetivo de servir como medida cautelar, no
como una decisión punitiva respecto a la libertad de la persona, por lo que cito a Checa
Rivera:

18
las cárceles surgieron como establecimientos para poder asegurar la
disponibilidad del reo hasta que se celebrase su juicio; por lo que en sus
orígenes no eran lugares en los que se cumpliera condena, como en las
actuales prisiones (Checa Rivera, 2017:12)

En México, según señala Sánchez Galindo, el modelo de prisión comienza


aproximadamente en 1810, donde se buscaba establecer un sistema penitenciario que
reemplazara la pena de muerte. Esto llevó a que la participación de los presos ganara
relevancia en la agenda pública, evidenciándose intentos de institucionalizar esta
preocupación, Ignacio López Rayón por medio de los Elementos Constitucionales en donde
hace referencias al trato de los presos, así como de Morelos y Pavón en su famoso
documento de Los Sentimientos de la Nación (2017:2).

A pesar de que el sistema carcelario ha ido evolucionando, Davis argumenta que las
mujeres hemos sido excluidas de las discusiones públicas, una razón de esto es que la
criminalidad masculina está históricamente normalizada, mientras que la criminalidad
femenina se ha relacionado a castigos públicos por sus malos comportamientos, y estas
mujeres “criminales” o “rebeldes” son percibidas por el Estado como más amenazadoras
para la sociedad que los hombres. Así, las mujeres continuaron siendo sujetas a formas de
castigo que no eran reconocidas como tal, por ejemplo, era más probable que una mujer
termine en una institución psiquiátrica que en una cárcel, pensada y gestionada para el
control de los varones; esto es debido a que los hombres son percibidos con comporamiento
criminal mientras que las mujeres han sido catalogadas como insanas (2003:78).

Davis explica que esto se debe a que el castigo masculino está vinculado
ideológicamente con la idea de penitencia y reforma. Sin embargo, dado que las mujeres no
eran reconocidas como poseedoras de derechos, no se consideraba que estuvieran
calificadas para participar en este proceso de redención (2003:82).

En América Latina, Salvatore y Aguirre (2017) explican que entre 1880 y 1930, la
reclusión de mujeres estaba controlada por instituciones religiosas, que veían a las mujeres
con "conducta desviada" como víctimas del vicio. Estas instituciones buscaban "rescatar" a
las mujeres, reintegrándolas como esposas o sirvientas domésticas, orientándolas hacia
roles tradicionales de género para alejarlas de la prostitución (2017:13).

19
En México, esta lógica se replicó en lugares como la casa de recogidas en
Guadalajara, donde las mujeres eran "protegidas" y "vigiladas" por diversos motivos, como
conducta desobediente o por ser consideradas escandalosas. Estas mujeres recibían una
educación religiosa estricta, permaneciendo en silencio, realizando quehaceres domésticos
y participando en actividades religiosas con la intención de reforzar las "habilidades
femeninas" (Salvatore & Aguirre, 2017).

El encarcelamiento femenino se regía por una lógica conventual, enfocada en roles


tradicionales de género, reforma moral católica, aislamiento total y falta de servicios
modernos, que eran (en teoría) accesibles a los presos varones (Salvatore y Aguirre,
2017:15). Ramos Lezama señala que esta conexión entre la iglesia y la prisión persistió
hasta mediados del siglo XX, cuando cambios políticos y sociales permitieron reformas
significativas en el sistema penitenciario (2024:19).

La Constitución de Cádiz en 1812 y las reformas de 1840 introdujeron mejoras para


las prisiones, y la Constitución de 1857 impulsó la creación de un sistema penitenciario,
con Jalisco como pionero (2024:19). Sin embargo, no fue hasta la Constitución de 1917 que
se estableció en el artículo 18 que los Estados debían organizar el sistema penal basándose
en el trabajo como medio de regeneración, y los artículos 19 y 20 mejoraron el trato a los
reclusos. A pesar de esto, Sánchez Galindo (2017) comenta que la situación no cambió
sustancialmente, debido a la falta de un sistema penal de ejecución, la sobrepoblación y la
corrupción, que provocaban violaciones constantes de los derechos humanos (2017:4).

Tras un intento fallido de institucionalizar una política criminológica con el Código


Almaraz, en 1933 se volvió a unir en la penitenciaría de Lecumberri, en Ciudad de México,
a procesados y sentenciados, hombres y mujeres. Según Sánchez Galindo, en 1954 se
construyó la primera Cárcel de Mujeres, posteriormente llamada Centro Femenil de
Readaptación Social en Santa Martha Acatitla. Posteriormente, en 1964, sucedió una
reforma al artículo 18 constitucional donde se estableció la separación de mujeres y
hombres en el sistema penitenciario, estructurado mediante el trabajo, la
formación/capacitación laboral y la educación para lograr la reinserción de los individuos,
así como la creación de instituciones específicas para la juventud infractora (2017:4).

20
Según Ramos Lezama, un hito importante ocurrió en 1957 con la adopción a nivel
internacional de las Reglas Mínimas para el Tratamiento de los Reclusos, también
conocidas como Reglas Nelson Mandela, aprobadas por las Naciones Unidas. Esto marcó
un cambio significativo en la comprensión del sistema penitenciario en el país, pasando de
un enfoque de regeneración a uno de readaptación, donde comenzaron a reconocerse y
respetarse ciertos derechos de las personas privadas de libertad. En 1965, a nivel
constitucional, se estableció el sistema penitenciario tal como se conoce en la actualidad,
incluyendo la separación entre mujeres y hombres, más adelante, en 1971, se promulgó la
Ley que Establece las Normas Mínimas sobre Readaptación Social, que estableció los
elementos esenciales para la readaptación, entre ellos se menciona el trabajo, la
capacitación para el mismo y la educación (2024:12).

A pesar de contar con una evolución significativa en cuanto a los derechos de las
personas privadas de su libertad, no fue hasta una investigación realizada por Azaola
Garrido y José Yacamán (1996) que se visibilizó la realidad de las mujeres privadas de la
libertad en México, reflejando que dichos cambios mencionados anteriormente
invisibilizaban a las mujeres privadas de la libertad por ser minoría, por lo que la
infraestructura y lógica penintenciaria respondía a un diseño pensado para los hombres. De
igual manera, ese estudio marcó un hito para la investigación de las mujeres privadas de la
libertad, ya que reflejaba el perfil de las mujeres privadas de su libertad, quienes tenían una
educación media terminada y trabajan principalmente en comercio o trabajos de cuidado no
remunerados, y la realización de sus delitos estaba fuertemente vinculada a sus relaciones
personales y marcadas por la constante violencia. Así mismo, se informó que otra
característica que compartían dichas mujeres era que vivieron tortura sexual durante el
proceso penal, dentro de prisión realizaban trabajos que perpetuaban desigualdades y había
una falta generalizada de servicios médicos, concientizando sobre la desigualdad estructural
debido al acceso desigual de servicios y realidades vividas en los centros penintenciarios
(1996).

El cambio más reciente en el sistema penitenciario mexicano tuvo lugar en 2008,


con la publicación de la reforma constitucional en materia de seguridad y justicia. Esta
reforma marcó el inicio del nuevo sistema de justicia penal, cuyo propósito, según Luis

21
María Aguilar (Aguilar, 2016), es desmontar la concepción monolítica del proceso en la
que el castigo es el único objetivo, el juicio es el único camino y el Estado es el único
tomador de decisiones. En consecuencia, se reemplazó el sistema inquisitivo por uno de
corte adversarial. Este nuevo sistema busca fomentar el uso de medios alternativos para la
resolución de conflictos. Esto implica que la prisión sólo puede ser utilizada cuando no
exista otra opción (Instituto Nacional de Estadística y Geografía, 2017).

La reforma del 2008 fue de gran trascendencia, ya que introdujo un enfoque basado
en los derechos humanos y, al mismo tiempo, institucionalizó el concepto de reinserción
social. Según la Asistencia Legal por los Derechos Humanos (2018), esta reforma marcó un
cambio de paradigma significativo. Se pasó de un modelo de "derecho penal de autor",
donde la pena se determinaba en función de aspectos inherentes a la persona, a un modelo
de "derecho penal de acto", en el cual la sanción se deriva de la acción u omisión de la
persona, y no de la evaluación de su naturaleza.

No obstante, es importante recordar que el sistema penintenciario esta permeado y


creado por y para hombres, esto repercute de manera negativa hacia las mujeres privadas de
la libertad ya que, como bien lo resalta Azaola Garrido y José Yacamán en Las Mujeres
Olvidadas, existen obstáculos sumamente arraigados a una desigualdad estructural que
obstaculiza a las mujeres poder acceder a los servicios, la precariedad de las cárceles en
cuanto a su infraestructura y necesidades, contribuyendo así a la perpetuación de
construcciones de género que generan desigualdades sociales y que, consecuentemente,
conllevan a desventajas para las mujeres, reforzando un sistema insensible a la realidad de
las mujeres.

1.6 Marco Jurídico de la Política Pública de Reinserción Social

Se presenta a continuación una serie de los principales documentos jurídicos que


forman parte del marco tanto a nivel internacional como nacional para la reinserción social.
Es importante destacar que estos documentos fueron seleccionados por su importancia en el
establecimiento de los fundamentos de la reinserción social, así como de los derechos de las
mujeres privadas de libertad.

I. Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

22
II. Ley Nacional de Ejecución Penal.
III. La Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra
la Mujer (CEDAW)
IV. Convención Americana de Derechos Humanos CADH
V. La Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia
contra la Mujer (Belém do Pará)
VI. Reglas Nelson Mandela
VII. Reglas de Bangkok
VIII. Reglas de Tokio

I. Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos

El artículo 18 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos detalla los


objetivos y principios rectores del sistema penitenciario, enfatizando el respeto a los
derechos humanos, la promoción de la reinserción social de los condenados mediante el
trabajo, la capacitación y la educación, así como la garantía de que las mujeres cumplan sus
condenas en instalaciones separadas de las destinadas para los hombres, y cito:

El sistema penitenciario se organizará sobre la base del respeto a los


derechos humanos, del trabajo, la capacitación para el mismo, la educación, la
salud y el deporte como medios para lograr la reinserción del sentenciado a la
sociedad y procurar que no vuelva a delinquir, observando los beneficios que
para él prevé la ley. Las mujeres compurgarán sus penas en lugares separados
de los destinados a los hombres para tal efecto(Constitución Política Mexicana
[CPEUM], 1917:Artículo 18)

De este artículo emanó la Ley Nacional de Ejecución Penal (LNEP), publicada en el


2016 y regula los medios para lograr la reinserción social, la cual es definida en su artículo
4 como la “restitución del pleno ejercicio de las libertades tras el cumplimiento de una
sanción o medida ejecutada con respeto a los derechos humanos” (Ley de Ejecución Penal
[LNEP], 2016, Artículo 4).

Para complementar la reforma de 2008, en 2011 el Congreso de la Unión llevó a cabo


una modificación del artículo primero de la Constitución Política de los Estados Unidos

23
Mexicanos. El Instituto de Reinserción Social de la Ciudad de México (2018) explica cómo
esta modificación condujo al reconocimiento del principio pro homine o pro personae, el
cual establece que todas las personas tienen derecho al respeto y la protección de los
derechos humanos reconocidos tanto por la Constitución como por los tratados
internacionales de los cuales México forma parte. Este principio orienta hacia una
interpretación que priorice la máxima protección a la persona en todo momento. Los
derechos humanos solo pueden ser restringidos o suspendidos en los casos expresamente
establecidos por la propia Constitución. Además, este artículo impone a las autoridades la
obligación de promover, respetar, proteger y garantizar los derechos humanos conforme a
los principios de universalidad, interdependencia, indivisibilidad y progresividad.

II. Ley Nacional de Ejecución Penal

Esta normativa tiene por objeto:

I. Establecer las normas que deben de observarse durante el internamiento por


prisión preventiva, en la ejecución de penas y en las medidas de seguridad
impuestas como consecuencia de una resolución judicial;
II. Establecer los procedimientos para resolver las controversias que surjan con
motivo de la ejecución penal, y
III. Regular los medios para lograr la reinserción social.

(Ley de Ejecución Penal [LNEP], 2016, Artículo 1)

En sus artículos 7, 10, 96 y 207 señala quienes son las autoridades corresponsables,
como será su coordinación, así como los objetivos y responsabilidades en el ámbito de la
reinserción social como lo muestra la Tabla 2.

Tabla 2. Autoridades corresponsables establecidos por la LNEP

Artículo 7.
Autoridad Son autoridades corresponsables para el cumplimiento de esta Ley, las Secretarías de:
Responsable  Gobernación,
 de Desarrollo Social,
 de Economía,
 de Educación Pública,

24
 de Cultura,
 de Salud,
 del Trabajo y Previsión Social
 Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte,
 Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia y
 Secretaría Ejecutiva del Sistema Nacional de Protección Integral de Niñas, Niños y
Adolescentes o sus equivalentes en las entidades federativas encabezada por la Secretaría de
Gobernación o su equivalente en las entidades federativas
Obligación  Diseñar e implementar los diferentes programas de servicios para la reinserción social al
interior de los centros y servicios post-penales
 Implementar mecanismos de participación y firmar convenios de colaboración con
organizaciones de la sociedad civil con el objetivo de diseñar e implementar servicios en
internamiento o de naturaleza post penal.
Artículo 10. Derechos de las mujeres privadas de su libertad en un Centro Penitenciario
Derechos de las mujeres privadas de su libertad en un Centro Penitenciario
Autoridades Las autoridades penitenciarias conjuntamente con las autoridades corresponsables
Obligación. Este artículo establece los derechos de las mujeres privadas de la libertad, teniendo derecho:
 Maternidad y lactancia.
 Recibir trato directo de personal de sexo femenino.
 Contar con instalaciones adecuadas y artículos necesarios para una estancia digna y segura.
 Recibir atención médica.
 Conservar la guardia y custodia de su hija(o) menor de tres años con el objetivo de permanecer
con la madre en el centro penitenciario.
 Recibir alimentación adecuada y saludable, así como educación, vestimenta, instalaciones
adecuadas y atención pediátrica para sus hijas(os).
Artículo 96. Coordinación Interinstitucional
Autoridades Las autoridades penitenciarias conjuntamente con las autoridades corresponsables
Obligación  Impulsar espacios de coordinación interinstitucional en las entidades federativas y en el orden
federal con la participación de los sectores privado y social, con el propósito de favorecer la
inclusión laboral de las personas privadas de la libertad próximas a ser liberadas.
Artículo 207. Servicios postpenales
Autoridades Las Autoridades Corresponsables, en coordinación con la Unidad encargada de los servicios
postpenales dentro de la Autoridad Penitenciaria.
Obligación  Establecerán centros de atención y formarán redes de apoyo postpenal con el objetivo de
facilitar la reinserción social, procurar vida digna y prevenir la reincidencia.
 Se buscará fomentar, la creación y promoción de espacios de orientación, apoyo y desarrollo

25
personal, laboral, cultural, educativo, social y de capacitación, en general, de todas las áreas
relacionadas con los ejes establecidos por el artículo 18 constitucional a fin de facilitar la
reinserción social.
 Convenios de colaboración con instituciones del sector público y privado que prestan funciones
relacionadas con los servicios postpenales
Fuente: Elaboración propia con información de la LNEP

Con este contexto resulta esencial que dichas dependencias se coordinen y realicen
normas operativas que sean efectivas para garantizar que estos derechos y obligaciones
sean de facto, adicionalmente a esto, se analizará más adelante si la política pública
sectorial en Nuevo León cumple con lo establecido en esta ley.

En el artículo 207 se detallan los servicios postpenales, que involucran a las


autoridades correspondientes en colaboración con la unidad encargada de los servicios
postpenales dentro de la Autoridad Penitenciaria. Este artículo establece la creación de
centros de atención y la formación de redes de apoyo postpenal, con el propósito de ofrecer
el respaldo necesario a personas que hayan estado privadas de su libertad, ya sea durante su
encarcelamiento o tras su liberación, así como a sus familias. El objetivo es facilitar su
reintegración social, garantizar su dignidad y prevenir la reincidencia delictiva.

Además, se enfatiza en la promoción y creación de espacios que brinden orientación,


apoyo y desarrollo personal, laboral, cultural, educativo y social, alineados con los
principios establecidos en el artículo 18 de la Constitución. Esta iniciativa busca facilitar la
reintegración social y fomentar una cultura de aceptación hacia las personas que han sido
liberadas.

Los servicios postpenales serán adaptados a las necesidades individuales de cada caso
y las posibilidades del individuo liberado y su familia. Para esto, se establecerán convenios
de colaboración con instituciones tanto del sector público como privado que ofrezcan
servicios relacionados con la reinserción social.

Esta normativa busca aumentar las probabilidades de éxito en la reinserción social de


las personas que han cumplido una condena, promoviendo su reintegración plena a la
comunidad y reduciendo el riesgo de reincidencia, no obstante, que este de jure no significa
forzosamente que suceda de facto.

26
III. La Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la
Mujer (CEDAW)

Este instrumento vinculante, reconocido a nivel mundial, consagra y reconoce los


derechos de las mujeres. Fue aprobado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en
1979 y entró en vigor en 1981. Este es el primer documento que identifica explícitamente
las condiciones estructurales de desventaja que enfrentan las mujeres, aborda las diversas
formas de discriminación que sufren y establece directrices para políticas públicas
destinadas a combatir estas desigualdades.

Los Estados que ratifican la convención, incluyendo México, tienen la obligación


legal de eliminar todas las formas de discriminación contra las mujeres en todos los
ámbitos. Deben garantizar el pleno desarrollo y avance de las mujeres, permitiéndoles
ejercer y disfrutar de sus derechos humanos y libertades fundamentales en igualdad de
condiciones con los hombres. Además, deben permitir que el Comité para la Eliminación
de la Discriminación contra la Mujer (CEDAW), encargado de supervisar la aplicación de
la convención, examine sus esfuerzos de implementación.

La recomendación general 33 de la CEDAW (2015) resalta que algunos códigos y


leyes penales, así como procedimientos, discriminan a las mujeres al tipificar como delitos
ciertos comportamientos que no lo son, o que no deberían ser sancionados con el mismo
rigor que cuando son realizados por hombres. Asimismo, dichas normativas catalogan
como delitos acciones que solo pueden ser llevadas a cabo por mujeres, como el aborto, y a
menudo no imponen sanciones o no actúan con la diligencia debida para prevenir y
proporcionar recursos en casos de delitos que afectan de manera desproporcionada o
exclusiva a las mujeres. Además, se observa que las mujeres son encarceladas por delitos
menores y/o por falta de capacidad para pagar la fianza por estos delitos.

El Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer en esta misma


recomendación (2015) subrayó que las mujeres enfrentan discriminación en casos penales
debido a la falta de alternativas a la detención que no impliquen privación de libertad y que
consideren las diferencias de género; la incapacidad para satisfacer las necesidades
específicas de las mujeres detenidas; y la ausencia de mecanismos independientes de
examen y supervisión que contemplen la perspectiva de género. La victimización

27
secundaria de las mujeres por parte del sistema de justicia penal influye en su acceso a la
justicia, dado su elevado grado de vulnerabilidad frente al abuso mental y físico, así como
las amenazas durante el arresto, el interrogatorio y la detención. Es así como las mujeres
resultan desproporcionadamente penalizadas debido a su situación o condición.

Aunque las recomendaciones del CEDAW no tienen carácter vinculante para los
Estados, son útiles para especificar y enriquecer las obligaciones que las entidades deben
asumir para garantizar la implementación del tratado en el ámbito jurídico nacional.

IV. Convención Americana de Derechos Humanos CADH


Este instrumento hace referencia a los derechos, deberes y libertades de todas las
personas, reconociendo que los derechos esenciales se fundamentan en los atributos de la
persona humana, lo que justifica su protección a nivel internacional. En su artículo 5,
establece el derecho a la integridad personal, donde se dispone que las penas privativas de
libertad deben tener como objetivo principal la reforma y readaptación social de los
condenados, permitiéndoles retomar su proyecto de vida con la capacidad de coexistir en
sociedad sin perjudicar a otros. Esto se puede realizar por medio de programas, los cuales
deben cubrir una amplia gama de áreas, que incluyen educación, formación profesional,
apoyo social, atención médica, apoyo psicológico y espiritual, orientación laboral, bienestar
físico, así como tiempo libre y actividades recreativas (Organización de los Estados
Americanos, 2016).

En el 2019 la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) presentó una


solicitud de opinión consultiva ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte
IDH) sobre enfoques diferenciados en materias de personas privadas de su libertad, en
donde se crean los estándares internacionales mínimos para la protección de los derechos
de personas en especial situación de vulnerabilidad en los centros penitenciarios,
identificando cinco grupos: mujeres embarazadas, en posparto y lactantes; personas LGBT;
personas indígenas; personas mayores; niños y niñas que viven en los centros penitenciarios
con sus madres.

La Corte interpreta que el objetivo de las penas privativas de libertad es facilitar la


reintegración del individuo a la sociedad, permitiéndole coexistir pacíficamente y respetar
la ley. Esto implica que el sistema penitenciario no debe causar un daño irreparable a la

28
persona, más allá de los efectos inevitables de la institucionalización, y debe trabajar para
minimizar estos efectos. Esto requiere que el régimen penitenciario esté diseñado para
lograr este objetivo, incluyendo la educación, formación profesional, trabajo y recreación
como funciones esenciales de los centros penitenciarios, disponibles para todos los
reclusos.

Además, las autoridades judiciales y administrativas deben considerar estas


circunstancias al imponer y evaluar las penas y las etapas del tratamiento de los reclusos,
teniendo en cuenta las necesidades específicas de diferentes grupos.

Según la Corte, la expresión "reformar" en el artículo 5.6 no puede interpretarse


literalmente, ya que esto implicaría que el Estado tendría la capacidad de intervenir en el
cuerpo, personalidad e intimidad de la persona, lo cual podría afectar otros derechos
garantizados por la Convención Americana. Por lo tanto, esta expresión debe interpretarse
de acuerdo con el propósito y objetivo del tratado, y mediante una interpretación
sistemática. En este contexto, "reformar" significa procurar inducir, con el debido respeto a
la dignidad del individuo condenado, comportamientos socialmente apropiados y que no
violen los derechos de los demás de manera que puedan reintegrarse o integrarse en la
sociedad.

La Corte, en su Opinión Consultiva 29/22, establece que los Estados tienen la


responsabilidad de satisfacer las necesidades básicas de las personas privadas de libertad,
como alimentación, trabajo, salud y educación, con el fin de aumentar sus oportunidades de
reintegración y reducir la reincidencia delictiva, así como de superar las barreras
socioeconómicas y jurídicas que puedan obstaculizar la implementación efectiva de estas
medidas.

El Tribunal enfatiza que la "rehabilitación y readaptación social" de los reclusos


requiere garantizar, sin discriminación, el acceso a programas de educación, trabajo y
recreación dentro de los centros penitenciarios. Según la UNODC (2013), los programas de
reintegración social se refieren a intervenciones diseñadas para ayudar a los delincuentes
ubicados en instituciones penitenciarias, con el propósito de proporcionarles la asistencia y
supervisión necesarias para aprender a vivir sin cometer delitos y evitar la reincidencia.

29
Estas intervenciones incluyen rehabilitación, educación, programas previos a la liberación,
libertad condicional y asistencia posterior a la liberación.

Del mismo modo, la Opinión Consultiva 29/22 estos programas deben buscar
fortalecer los lazos familiares, ya que son esenciales para la reintegración de las personas
mayores privadas de libertad. Además, es crucial involucrar a las organizaciones sociales
en la formulación e implementación de estrategias y planes con el fin de promover la
inclusión y la reintegración social de estas personas.

Además, conforme al artículo 90 de las Reglas Nelson Mandela sobre los servicios
postpenales, se establece que los planes individuales de reintegración social deben incluir
estrategias previas a la liberación y acciones de acompañamiento después de la liberación,
considerando la complejidad de la reintegración a la sociedad y la posible ausencia de redes
de apoyo.

La Corte subraya la importancia de la intervención activa de las familias y la sociedad


en la reintegración social de las personas privadas de libertad. Además, destaca la
necesidad de garantizar un trato digno y sin discriminación durante el encarcelamiento,
diseñar programas de reintegración adaptados a las necesidades individuales y
circunstancias de cada persona, y promover el contacto continuo con la familia para
facilitar la reintegración después de la liberación.

Estas obligaciones estatales deben tener en cuenta las necesidades específicas de


diferentes grupos, como las mujeres y los indígenas, para garantizar programas
culturalmente adecuados de reintegración e integración. Además, se debe prestar especial
atención a las personas mayores, teniendo en cuenta sus múltiples necesidades y
condiciones particulares.

La opinión consultiva destaca que toda persona privada de libertad tiene derecho a
vivir en condiciones dignas, sin tortura ni maltrato. También enfatiza que las penas
privativas de libertad deben facilitar la reintegración del individuo a la sociedad. Además,
subraya la importancia de la igualdad y no discriminación, y establece condiciones sobre
los servicios básicos que el Estado debe garantizar, como atención médica, alimentación,
agua potable y prevención del hacinamiento. Estas obligaciones se agrupan en tres

30
categorías: infraestructura de calidad, atención médica y psicológica, y vínculos internos y
externos, desglosados en la tabla 3.

Tabla 3. Obligaciones estatales

Rubro Sin enfoque diferenciado Mujeres


Infraestructura de  Prevenir en la sobrepoblación y hacinamiento  Todas las mujeres deben alojarse de
calidad  Personal capacitado para asegurar el adecuado y forma separada a los hombres
efectivo control
Servicios básicos  Alimentación de buena calidad y con un valor  Garantizar el acceso a agua durante
nutritivo suficiente menstruación
 Proveer agua potable con un mínimo de 15 litros  Acceso gratuito a productos de
por persona para beber, cocinar y aseo personal higiene
 Se debe de privilegiar el contacto
físico entre la madre
Asistencia médica y  Examen médico integral al momento de su entrada  Derecho a la salud reproductiva
psicológica por médicos no relacionados a autoridades  Reforzar medidas de prevención de
penitenciarias violencia obstétrica
 Atención psiquiátrica
Fuente: Generación propia con información de la OC-29/22

Como se puede ver la tabla se divide entre las obligaciones sin enfoque diferenciado,
ya que hay que recordar que el sistema penitenciario fue creado desde una visión
androcentrista por lo que la falta de representatividad es del grupo minoritario de las
mujeres, que, adicionalmente, se enfrentan a un grado de vulnerabilidad mayor al momento
de pasar el embarazo privada de su libertad.

Es por esto por lo que es tan importante la Opinión Consultiva 29/22 de la Corte
Interamericana de los Derechos Humanos, ya que marca y defiende los derechos y
condiciones mínimas desde un enfoque diferenciado para los grupos vulnerables, por lo que
se verificará más adelante si el centro de reinserción social de Nuevo León cumple con lo
establecido en el standard internacional.

V. Belém Do Pará

La Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia


contra la Mujer “Convención Belém do Pará” de 1998 es un instrumento internacional

31
indispensable cuando se habla de la reinserción social de las mujeres, ya que, establece
todos los derechos vinculados a la reinserción social.

En cuanto a la reinserción social, se establece en diversos artículos, los cuales se


presentan en la tabla 4.

Tabla 4. Reinserción social en Belém Do Pará

Artículo 6. Dicta el derecho de toda mujer a ser valorada y educada libre de patrones
estereotipados de comportamiento y prácticas sociales y culturales
Artículo 8. Establece la obligación estatal de adoptar medidas destinadas para ofrecer a la mujer
acceso a programas eficaces de rehabilitación y capacitación que le permitan participar
plenamente en la vida pública, privada y social;
modificar los patrones socioculturales de conducta de hombres y mujeres, incluyendo
el diseño de programas de educación formales y no formales para contrarrestar prejuicios y
costumbres y todo otro tipo de prácticas que se basen en la premisa de la inferioridad o
superioridad de cualquiera de los géneros
Artículo 16 Reconoce la igualdad de la mujer ante la ley y el deber de toda autoridad de evitar el
trato discriminatorio por motivos de género.
Fuente: Realización propia con información de la Convención Belem do Pará

Además, este documento es un instrumento permanente, ya que la interpretación de


su contenido debe ir a la par de la evolución de los tiempos y las condiciones de vida
actuales, por lo que el Estado tiene la tarea inamovible y constante de realizar acciones que
garanticen el cumplimiento de esta normativa, en este caso, en términos de reinserción
social para las mujeres, donde claramente establece que el diseño de las políticas debe de
estar libre de cualquier prejuicio, estereotipo y/o sesgo que incentive la desigualdad de
género.

VI. Reglas Nelson Mandela

Las Reglas Nelson Mandela, también conocidas como Reglas Mínimas para el
Tratamiento de los Reclusos, son normas adoptadas por las Naciones Unidas en 1955, y se
basan en la obligación de tratar a todos los reclusos con respeto hacia su dignidad inherente
y valor como seres humanos, además, prohíbe la tortura y cualquier otra forma de maltrato.

32
En su regla número 3 establece que las cárceles no deben de empeorar el sufrimiento
del recluso por su separación del mundo exterior y privación de su libertad, en su regla
número 4 argumenta que el objetivo final de la pena y medida privativa de la libertad es
reducir la incidencia por medio de una reinserción social exitosa, tanto desde la óptica
laboral, como desde la recuperativa, moral, espiritual, social de salud y deporte.

La regla 87 establece que la reinserción social puede lograrse a través de un programa


preparatorio para la liberación, ya sea implementado dentro del mismo centro penitenciario
o en otra institución adecuada. También se contempla la posibilidad de libertad condicional,
la cual debe ir acompañada de un seguimiento que no será responsabilidad de la policía y
que incluirá una asistencia social efectiva. Además, en su Regla 90, se establece que la
responsabilidad de la sociedad no concluye con la liberación del individuo, por lo que es
necesario contar con servicios proporcionados por organismos gubernamentales o privados
que puedan ofrecer una asistencia pospenitenciaria eficaz. Esta asistencia debe contribuir a
reducir los prejuicios contra la persona ex reclusa y facilitar su reintegración en la sociedad.

Así mismo, en su regla 107, marca que desde el comienzo de la ejecución de la pena
se debe de incentivar el mantener las relaciones con personas que puedan favorecer su
reinserción social y el interés superior de su familia, reforzando el derecho de mantener un
vínculo con el exterior, así mismo, dicta que los objetivos de la medida privativa es reducir
la reincidencia, por lo que se debe de ofrecer educación, formación profesional y trabajo.
Además, en su Regla 108, se dispone que los organismos encargados de apoyar la
reintegración de las personas a la sociedad deben proporcionar asistencia para su sustento
durante el período inmediatamente posterior a su liberación (Oficina de las Naciones unidas
contra la droga y el delito, 1955).

VII. Reglas de Bangkok

Este instrumento reconoce las necesidades específicas de las mujeres en prisión y la


existencia de medidas alternativas al encarcelamiento. Las reglas 29, 40, 43, 46, 47, 63, 67
y 69 establecen las medidas que deben de tomar los Estados para facilitar la reinserción
social de las mujeres. Estas reglas contemplan el historial de violencia y la victimización
previa al encarcelamiento, la responsabilidad del cuidado de los hijos e hijas, así como el
hecho de que cierto número de mujeres delincuentes no representan un riesgo para la

33
sociedad. Respecto a los programas de reintegración social, estipulados en la regla 46, se
enfatiza la necesidad de llevar a cabo estos programas tanto antes como después de la
liberación, adaptándolos a las necesidades específicas de las mujeres (Oficina de las
Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, 2011).

VIII. Reglas de Tokio

Las Reglas de Tokio (1990) definen una serie de principios fundamentales destinados
a promover el uso de medidas que no impliquen la privación de la libertad, al mismo
tiempo que establecen salvaguardias mínimas para aquellos sujetos a medidas alternativas a
la prisión. En términos de reinserción social, estas reglas abordan las medidas posteriores a
la sentencia, que incluyen la aplicación de permisos y la asignación a centros de transición,
la liberación para fines laborales o educativos, diversas formas de libertad condicional, la
remisión y el indulto. Además, especifican que la determinación de estas medidas después
de la condena, excepto en casos de indulto, será revisada por una autoridad judicial u otra
entidad competente e imparcial si el delincuente así lo solicita.

También establecen que se deben considerar lo antes posible las opciones para liberar
a la persona privada de la libertad de un centro penitenciario y asignarla a un programa que
no implique privación de la libertad. En cuanto al régimen de vigilancia, su objetivo es
reducir la reincidencia y ayudar a la reintegración social de la persona liberada,
minimizando la probabilidad de reincidencia delictiva. Además, se establece que se
proporcionará asistencia psicológica, social y material a las personas privadas de libertad
cuando sea necesario, así como oportunidades para fortalecer sus lazos con la comunidad y
facilitar su reinserción social.

1.6.1 Marco jurídico de la política pública

Se enlistan los siguientes documentos jurídicos que forman parte de la política


pública:

I. Plan Estatal de Desarrollo de 2016 – 2021 del Estado de Nuevo León


II. Programa Sectorial de Seguridad y Justicia
III. Programa Presupuestario Operación de los Centros de Reinserción Social

I. Plan Estatal de Desarrollo de 2016 – 2021 del Estado de Nuevo León


34
El Plan Estatal de Desarrollo se dividió en 6 ejes:

I. Un gobierno ciudadano
II. Gobierno eficaz y transparente
III. Economía incluyente
IV. Desarrollo humano y social
V. Desarrollo Sustentable
VI. Seguridad y justicia

La reinserción social entra dentro del eje seguridad y justicia, en donde estalece que
su visión es que el estado sea:

un mejor lugar para vivir, pues brinda a sus habitantes seguridad pública
efectiva y una confiable procuración de justicia a través de elementos policiales y
agentes del Ministerio Público debidamente capacitados y cuya actuación es en
estricto apego a la ley y con pleno respeto a los derechos humanos, con lo que se
promueve la confianza y la participación ciudadana en la consolidación del Estado de
derecho (Plan Estatal de Desarrollo de Nuevo León [PEDNL], 2016, pág. 203).

En el capítulo de “sistema penitenciario moderno y una efectiva reinserción social”


se informa sobre los tres centros de reinserción social para adultos, y dos centros de
internamiento y adaptación social para adolescentes, así mismo, se hace mención a los retos
a los que se enfrenta Nuevo León, siendo la sobrepoblación en los centros penitenciarios,
déficit en materia de recursos humanos y elementos de personal de custiodia, inadecuada
infraestructura penitenciaria, falta de innovaciones tecnológicas para un mayor control de
los centros y reformas al marco normativo para asegurar el funcionamiento del proceso de
reinserción social y derechos humanos. Reconoce la necesidad urgente de separar a los
internos e internas conforme a su estatus procesal, el tipo de fuero de sus delitos y su
peligrosidad con el objetivo de lograr una reinserción efectiva (2016:213). Esto se pretende
lograr por medio de la siguiente ruta de acción que visualiza la tabla 4.

Tabla 5. Reinserción social en el Plan Estatal de Desarrollo de 2016 – 2021 del


Estado de Nuevo León

Objetivo 4. Modernizar y reformar el sistema penitenciario para lograr una efectiva reinserción social

35
Estrategia Líneas de acción
4.1 4.1.1 Mantener el control de los centros de reinserción social del
Fortalecer el sistema penitenciario Estado.
a través de la inversión en 4.1.2 Modernizar los sistemas y procedimientos de vigilancia y
infraestructura y tecnología, así como la control.
profesionalización del personal 4.1.3 Ampliar y mantener en óptimo estado las instalaciones del
penitenciario. sistema penitenciario.
4.1.4 Impulsar la profesionalización del personal penitenciario,
bajo un esquema de respeto a los derechos humanos, alineación a la
reforma penal y con perspectiva de género.
4.1.5 Generar políticas institucionales de respeto a los derechos
humanos.
4.2 4.2.1 Fortalecer el uso de métodos alternos a la reclusión para
Rediseñar integralmente el quienes se vean involucrados en delitos menores.
proceso de reinserción social y de 4.2.2 Desarrollar un programa integral de reinserción que facilite
respeto a los derechos humanos la reincorporación de los internos a la vida productiva y social.
4.2.3 Reorganización del sistema penitenciario que permita la
adecuada separación de internos/as por estatus procesal, fuero de los
delitos y peligrosidad.
Fuente: Elaboración propia con elementos del Plan Estatal de Desarrollo 2016 – 2021

El PEDNL en estas líneas de acción menciona la perspectiva de género, por lo que


pareciera que reconoce entonces el problema de desigualdad entre hombres y mujeres.
También, la estrategia 4.2 resulta interesante ya que plantea el rediseño del proceso de
reinserción social, que aterriza en su línea de acción 4.2.2, donde se habla del diseño y
desarrollo de un programa integral, lo que nos lleva a la siguiente normativa a analizar, el
programa sectorial de seguridad y justicia (2016:217).

Antes de abordar la próxima normativa, es fundamental destacar que la reinserción


social figura entre las principales prioridades gubernamentales. Esto subraya que es un
tema pendiente que necesita atención inmediata para fortalecer y ampliar tanto la
infraestructura como los servicios integrales, además de asegurar los derechos de las
internas y sus familias (PEDNL, 2016:238).

36
II. Programa Sectorial de Seguridad y Justicia

Este documento refleja la planeación sexenal, describiendo las medidas a corto,


mediano y largo plazo que implementar las instituciones responsables de la seguridad y
justicia en Nuevo León, por medio de objetivos, estrategias y líneas de acción.

El programa sectorial hace referencia a la reinserción social en el objetivo 3, los


cuales se visualizan en la tabla 6.

Tabla 6. Reinserción social en el Programa Sectorial de Seguridad y Justicia

Objetivo 3. Ampliar y fortalecer la cooperación y coordinación entre instituciones, y de estas con la


sociedad civil y el sector privado
Estrategia Líneas de acción
3.3 3.3.1 Promover, con perspectiva de género, el trabajo,
Fortalecer el sistema penitenciario capacitación, educación, salud y deporte como medios de reinserción
conforme a estándares de reinserción social.
social. 3.3.2 Promover acuerdos con sectores privados y sociales,
dirigidos a impulsar acciones intramuros y extramuros tendientes a
lograr la reinserción social efectiva, con perspectiva de género.
3.3.3 Fortalecer, con perspectiva de género, los programas de
reintegración social y familiar de menores, con apego a Derechos
Humanos y a las mejores prácticas.
3.3.4 Establecer mecanismos de evaluación de la reinserción,
previo al otorgamiento de la libertad anticipada y darle seguimiento a
quienes la obtengan.
3.3.5 Establecer protocolos de control y seguridad penitenciaria
con respeto a los Derechos Humanos.
3.3.6 Fortalecer la infraestructura, equipamiento, uso de tecnología
y número de custodios, considerando la población de los Centros
Penitenciarios y del Centro de Internamiento y Adaptación para
Adolescentes Infractores.
Fuente: Elaboración propia con elementos del Programa Sectorial de Seguridad y Justicia

37
A pesar de que se mencionó en el Plan Estatal de Desarrollo de Nuevo León 2016-
2021 que el tema de reinserción social es uno prioritario para el gobierno, sólo se menciona
en este objetivo, con seis líneas de acción que repiten las obligaciones que se tienen
establecidas por Ley Nacional de Ejecución Penal, respecto a que se evaluará más adelante
si dichas líneas de acción fueron suficientes, incidentes y exitosas para la reinserción social
de las mujeres en Nuevo León.

De igual manera, es importante mencionar que se hace referencia a los programas


presupuestarios de reinserción social a cargo de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP),
los cuales son 2: operación de los centros de reinserción social y reinserción social, en otras
estrategias que no hacen referencia explícita al rediseño de la política, sino más bien, a
estrategias de fortalecimiento y adquisición de nuevas tecnologías, capacitaciones a cuerpos
policiales, sistemas de reclutamiento, entre otras.

A continuación se presenta un listado de estrategias sectoriales en donde se ubicaron


los programas presupuestarios de reinserción social, así lo muestra la tabla 7.

Tabla 7. Estrategias sectoriales en los programas presupuestarios para la reinserción


social

Programa Presupuestario Estrategia sectorial donde se ubico


Operación de los Centros de  E1.1 Fortalecer la recolección y el uso de información
Reinserción Social  E1.2 Establecer el análisis y la inteligencia como guía de las acciones
estratégicas, tácticas y operativas
 E1.3 Enfocar las acciones en la prevención del delito y de las
violencias.
 E2.1 Fortalecer la operación a través de un modelo basado en
evidencia.
 E2.2 Fortalecer los recursos materiales y de infraestructura
 E2.4 Fortalecer las capacidades humanas y de formación, así como el
nivel académico
 E3.1 Fomentar y alinear a las dependencias hacia una coordinación
interinstitucional

38
 E3.3 Fortalecer el sistema penitenciario conforme a estándares de
reinserción social

Reinserción Social  E1.2 Establecer el análisis y la inteligencia como guía de las acciones
estratégicas, tácticas y operativas
 E1.3 Enfocar las acciones en la prevención del delito y de las
violencias.
 E2.1 Fortalecer la operación a través de un modelo basado en
evidencia.
 E2.2 Fortalecer los recursos materiales y de infraestructura
 E3.1 Fomentar y alinear a las dependencias hacia una coordinación
interinstitucional
 E3.3 Fortalecer el sistema
Penitenciario conforme a estándares de reinserción social.
Fuente: Elaboración propia con elementos del Programa Presupuestario de Seguridad y Justicia

A pesar de que no se establece cuanto presupuesto se tiene destinado para los


programas presupuestarios de Reinserción Social y Operación de los Centros de
Reinserción Social, al ser mencionado en diversas estrategias, será importante verificar que
no se disuelva el presupuesto y termine destinandose poco para el objetivo 3 que es el único
que menciona explícitamente a la reinserción social.

III. Programa Presupuestario Operación de los Centros de Reinserción Social

El Programa Presupuestario Operación de los Centros de Reinserción Social es


llevado a cabo por la Agencia de Administración Penitenciaria. En relación con esta
entidad, el Reglamento Interior de la Secretaría de Seguridad Pública establece en su
artículo 54 que la Secretaría cuenta con Órganos Desconcentrados, entre los cuales se
incluye esta Institución Penitenciaria.

La Autoridad Penitenciaria estructurará la gestión y funcionamiento del Sistema


Penitenciario priorizando el respeto a los derechos humanos, así como la promoción del
trabajo, la capacitación laboral, la educación, la salud y el deporte, como medios para
procurar facilitar la reinserción de las personas a la sociedad.

39
En los artículos 78, 79, 80 y 81 del Reglamento Interior de la Secretaría de Seguridad
Pública del Estado se detallan las responsabilidades y competencias del Titular de la
Agencia de Administración Penitenciaria, el Director de Reinserción Social, así como de
los Titulares de los Centros de Reinserción Social Número 1 Norte, Número 2 Norte,
Número 3 Oriente y Centro de Reinserción Social Femenil, y del Titular del Centro de
Internamiento.

Según la categorización llevada a cabo por la Secretaría de Finanzas y Tesorería


General del Estado, el programa de Reinserción Social está considerado como estratégico,
derivando de las estrategias 4.1 y 3.3.

Se menciona que el objetivo del programa es: moderinzar y reformar el sistema


penitenciario para lograr una efectiva reinserción social por medio de mantener el control
de los centros de reinserción social del Estado; modernizar los sistemas y procedimientos
de vigilancia y control; mejorar y conservar en óptimas condiciones las instalaciones del
sistema penitenciario; promover la capacitación del personal penitenciario; respetando los
derechos humanos y adaptándose a la reforma penal con una perspectiva de género;
establecer políticas institucionales que garanticen el respeto a los derechos humanos;
fomentar el uso de alternativas a la reclusión para delitos menores; implementar un
programa completo de reinserción que facilite la reintegración de los internos a la vida
laboral y social; y reestructurar el sistema penitenciario para garantizar una adecuada
clasificación de los internos según su situación procesal, la gravedad de los delitos y el
nivel de riesgo (2021:21).

En relación con lo mencionado, es importante destacar que el Programa Sectorial de


Seguridad Pública establece que el propósito del Sistema Penitenciario es facilitar la
reinserción social de las personas privadas de libertad y prevenir la reincidencia delictiva.
Esto se realiza de acuerdo a los principios de los Derechos Humanos, el trabajo, la
capacitación, la educación, la salud y el deporte, durante el período de cumplimiento de la
sentencia. Además, el programa sectorial mencionado indica que las acciones integrales de
las distintas áreas de la dependencia están dirigidas a fomentar la participación voluntaria
de las personas privadas de libertad en los programas de reinserción, con el fin de que
adquieran habilidades y recursos que les proporcionen herramientas personales durante su

40
período de privación de libertad, necesarias para su posterior reinserción en la sociedad
(2021:21).

El documento señala similitudes entre dos o más programas cuando comparten


objetivos similares o componentes idénticos, ya que atienden a la misma población. Este es
el caso del programa presupuestario "Reinserción Social", del cual las ligas se encuentran
deshabilitadas y no está accesible en fuentes abiertas.

El programa “Operación de los Centros de Reinserción Social” incluye las mismas


estrategias dirigidas hacia las personas privadas de su libertad, es decir, no establece
estrategias diferenciadas por género, de igual manera, los datos presentados en el
documento son generalizados, al igual que el problema público, establecido como “las
personas privadas de su libertad no cuentan con suministros necesarios”, presentando el
propósito de que las personas privadas de su libertad cuentan con lo necesario para una
estancia digna en el centro penitenciario con el fin de contribuir a incrementar la
calificación de los centros de reinserción social en la evaluación nacional de los CERESOS
mediante la prestación adecuada de servicios e investigación en infraestructura y
tecnología. Sus componentes son la alimentación brindada, uniformes y blancos
entregados, sistemas de seguridad interna y externa brindados, servicios médicos brindados,
espacios adecuados habitados (2021:33).

El no tener una política con estrategias diferenciadas para hombres y mujeres en el


contexto penitenciario sería perpetuar los mandatos de género, prejuicios y estereotipos,
invisibilizando una vez más a las mujeres. Se profundizará en el tema más adelante.

Capítulo II. Marco teórico y metodológico

El propósito de este capítulo es comprender los conceptos y la metodología empleada


en la tesis. Se estructura en dos secciones: la primera se enfoca en analizar los conceptos
fundamentales que se emplearán a lo largo del estudio, mientras que la segunda parte se
centra en la metodología de los marcos interpretativos y las fuentes de información
utilizadas para determinar si la política pública incorpora una perspectiva de género.

2.1 Conceptos claves

41
A continuación, se describen seis conceptos fundamentales que son cruciales para
comprender los componentes de las políticas públicas, sus etapas y la relevancia de
analizarlas desde una perspectiva de género. También se exploran los mandatos de género
que pueden estar presentes en las políticas públicas y que contribuyen a perpetuar la
desigualdad de género que viven las mujeres privadas de libertad.

2.1.1 Políticas Públicas


Según Aguilar, una política pública se define como:

un conjunto (secuencia, sistema, ciclo, espiral) de acciones intencionales y


causales. Son acciones intencionales porque se orientan a realizar objetivos
considerados de valor para la sociedad o a resolver problemas cuya solución se
considera de interés o beneficio público, y son acciones causales porque son
consideradas idóneas y eficaces para realizar el objetivo o resolver el problema
(Aguilar, 2007:25).

Aguilar resalta que lo distintivo de una política pública es el hecho de integrar un


conjunto de acciones estructuradas, estables, sistemáticas que representan el modo en el que
el gobierno atiende a los problemas públicos, es considerado un proceso de solución de
problemas que conforman un plan específico de acción (2007).

2.1.2 Fases de la política pública

Merino (2013) cataloga las fases de las políticas públicas como un proceso
compuesto de cuatro momentos:

I. Formulación: En esta etapa se define el problema público que se pretende resolver,


la “teoría de entrada” con el fin de determinar los criterios de selección de los
problemas públicos en donde tenga que intervenir el Estado y realizar un mapa de
acción a partir de la definición del problema por medio de su conceptualización. Se
deben de encontrar las causas que originan el problema y posibles soluciones del
mismo (2013).

II. Diseño: Subirats, Peter Knoepfel, Corinne Larrue y Freceric Varonne (Análisis y
gestión de políticas públicas, 2008) señalan que esta etapa conlleva la selección de

42
los objetivos, instrumentos y procesos que se deben de poner en práctica para
resolver un problema.
Esta tesis se centra en esta fase, analizando si el diseño cuenta con
perspectiva de género y no obstruya la reinserción social de las mujeres en Nuevo
León, de igual manera, se analizará los marcos interpretativos sobre las mujeres
privadas de la libertad durante el 2016-2021, definidos por Bustelo y Lombardo
como construcciones o representaciones específicas que dan significado a dicha
realidad y estructuran la comprensión de la misma (2005), identificando los marcos
dominantes entre la reinserción social y las mujeres privadas de su libertad en
Nuevo León para entender la efectividad de la reinserción social en las diferentes
situaciones y acontecimientos que generó la política pública durante el 2016-2021.

III. Implementación: Franco Corzo lo establece como el momento donde la política


pública se pone en marcha, es la fase operativa e involucra la participación de la
pluralidad de actores, la puesta en practica concreta (2021).

IV. Evaluación: Según López y Sosa la evaluación es considerada como uno de los
elementos fundamentales en el contexto de la gestión pública. Se trata de un método
de investigación sistemática que se centra en analizar la configuración,
implementación y efectividad de una política determinada. Este proceso permite
obtener un mayor conocimiento sobre dichas políticas tanto por parte de la opinión
pública como por parte de los actores involucrados en su desarrollo (2020).

Ahora es posible llevar a cabo una evaluación con perspectiva de género, la


cual implica un nivel más alto de abstracción y generalización. Este enfoque aboga
por la modificación de todos los factores que generan desigualdad entre hombres y
mujeres, así como por el desarrollo de políticas adecuadas para garantizar un acceso
y tratamiento equitativo para las mujeres, lo que aumenta sus oportunidades y
acceso efectivo a recursos. En consecuencia, la evaluación con perspectiva de
género proporciona un enfoque funcional para comprender las relaciones sociales
desiguales basadas en el sexo/género y las relaciones institucionales en áreas donde

43
la presencia o influencia de una autoridad o programa gubernamental parece ser
limitada (2020).

2.1.3 Perspectiva de género

Marcela Lagarde (1996) sostiene que la perspectiva de género, definida por la Ley
General para la Igualdad entre Hombres y Mujeres, como la metodología y mecanismos
que permiten identificar, cuestionar y valorar la discriminación, desigualdad y exclusión de
las mujeres, justificadas frecuentemente por diferencias biológicas entre mujeres y
hombres, así como las acciones que se deben tomar para actuar sobre los factores de género
y generar las condiciones de cambio que permitan avanzar en la construcción de la igualdad
de género (2006) , facilita la comprensión de las características únicas de mujeres y
hombres, así como de sus similitudes y diferencias. Esta visión permite, también, analizar
las complejas relaciones entre ambos géneros, así como los conflictos institucionales y
cotidianos que enfrentan, junto con las estrategias que utilizan para afrontarlos.

Por otro lado, Joan Scott resalta que el género es una construcción discursiva y
cultural de los sexos biológicos (1990), mientras que Simone de Beauvoir identifica el
concepto de género como generador de una identidad femenina secundaria, dado que es un
constructo social que impone roles y estereotipos específicos según el sexo, los cuales son
internalizados por las mujeres y se convierten en parte de su identidad (El segundo sexo,
2005).

En resumen, esta perspectiva reconoce la diversidad de géneros y la existencia de


mujeres y hombres como un principio esencial en la construcción de una sociedad diversa y
democrática (Lagarde, 1996:11).

2.1.4 Necesidades e Intereses estratégicos de las mujeres

Los conceptos de necesidades e intereses estratégicos son relevantes para el acervo


teórico feminista. Kate Young (1997) ha trabajado en distinguir entre la condición y
posición de las mujeres debido a que, aun cuando la mayoría de las mujeres comparta la
experiencia de subordinación de género, la forma que toma puede diferir significativamente
y el factor común de subordinación puede obstaculizar una unidad entre las mujeres. Young
(1997) sostiene que la condición hace referencia al estado material en que la mujer se

44
encuentra y la posición hace se refiere a la ubicación social y económica de las mujeres en
relación con los hombres.

Así, Moser (1989) enriquece el acervo feminista con los conceptos de necesidades
estratégicas y necesidades prácticas. Las necesidades estratégicas surgen del análisis de las
relaciones de dominio y subordinación entre los géneros en una sociedad, mientras que las
necesidades prácticas están relacionadas con las condiciones de vida de las mujeres y
responden a la percepción de necesidades inmediatas, generalmente vinculadas a sus
funciones dentro de un triple rol: madre, esposa y responsable del hogar.

Molyneux propone diferenciar estos conceptos en dos conjuntos de intereses: los


intereses prácticos de género, que derivan del hecho de que a las mujeres se les asignan
ciertos roles por la división sexual del trabajo, y los intereses estratégicos de género, que se
originan del acceso desigual de las mujeres, como categoría social, a los recursos y al poder
(1984:181). En este último conjunto, es importante mencionar el aporte de Young (1997),
quien define los intereses estratégicos de género como aquellos que cuestionan la posición
de las mujeres en la sociedad, implicando que las desigualdades no son determinadas
genéticamente, sino que se trata de una desigualdad estructural que debe ser superada para
salir de la subordinación de género (1997:3).

Sin duda la distinción entre las necesidades e intereses prácticos y estratégicos son
conceptos fundamentales de tomar en cuenta al momento de realizar una política pública
con perspectiva de género, ya que, al no hacerlo, se dejaría fuera la interseccionalidad y
multidimensionalidad de las relaciones de las mujeres privadas de su libertad,
posicionándolas nuevamente desde la subordinación y perpetuando políticas
androcentristas.

2.1.5 Política pública con perspectiva de género

El análisis de políticas públicas permite identificar las relaciones que el Estado


establece con los distintos actores, así, Bustelo define las políticas de igualdad de género
como el conjunto de propósitos y decisiones, metas y acciones implementadas por las
autoridades públicas para promover la igualdad de género (2005).

45
De la Cruz, Cobo, Volio y Zambrano (2009) establecen que las políticas públicas de
género deben eliminar los obstáculos existentes para la consecución de la igualdad real,
compensar los efectos que ha producido la discriminación histórica hacia las mujeres y
fomentar la participación de estas en ámbitos en donde han sido excluidas.

Desde el análisis de género, se identifican dos enfoques claves en la historia de la


igualdad de género y su relación con el desarrollo. El primero, Mujeres en el Desarrollo
(MED), busca integrar a las mujeres en la estrategia de desarrollo existente, reconociendo
su contribución sin cuestionar la división tradicional del trabajo. El segundo enfoque,
surgido en los años 80 (MED), aborda la subordinación y la desigualdad de género de
manera más profunda, incorporando estas cuestiones en el debate sobre relaciones de poder
y dinámicas de género, reconociendo la desigualdad estructural y exponiendo las asímetrias
en poder, así como las ideas de inferioridad, lo que ha llevado al desarrollo de nuevas
herramientas y metodologías para la planificación (2009:60).

Ramos Lezama retoma el enfoque desarrollado por Cruz, el cual establece los
siguientes elementos como necesarios para que una política tenga una perspectiva de
género:

I. Un análisis de las repercusiones de las relaciones y disparidades de género


con el fin de evitar la reproducción o formación de sesgos discriminatorios
basados en el género.
II. Metas destinadas a mejorar las condiciones de vida de las mujeres y modificar
las dinámicas de género.
III. El reconocimiento de la necesidad de incluir a las mujeres en todos los
ámbitos en los que participan, ya sea comunitario, público o privado, y
modificar las relaciones de poder desiguales en estos contextos.
(Ramos Lezama, 2024:43).

Esta definición será fundamental para la investigación, ya que proporciona los


criterios necesarios para determinar si la política pública cuenta con lo necesario para
ofrecer resultados claros sobre las posibles discriminaciones que afectan a las mujeres.

46
Es así que la perspectiva de género debe de estar presente en todas las fases de la
política pública, desde la planificación hasta la evaluación por medio de indicadores, que
deben de evaluar si los procesos o actividades consideran las diferencias que pueden existir
entre hombres y mujeres, si las prácticas consideran buenas prácticas de género o
recomendaciones que promueven la eliminación de la desigualdad, etc. (López & Sosa
López, 2020:32).

2.1.5 Reinserción Social

En la convergencia entre la aplicación de la ley y el respeto a los derechos humanos,


la reinserción social se alza como un enfoque que aspira a conciliar la responsabilidad
punitiva con la oportunidad de rehabilitación y reintegración, sin embargo, ha sido un largo
camino llegar de jure a este concepto.

Méndez Romero y Herández Jiménez (2020) delinean diversos modelos punitivos


que suelen distinguirse en la imposición del castigo, entre los cuales se destacan cuatro
enfoques: proporcionalista, rehabilitador, reparador/restaurador e
incapacitador/inocuizador. El modelo proporcionalista se centra en la gravedad del delito
como criterio principal para su aplicación, proponiendo una graduación de sanciones que
correlaciona dicha gravedad con la magnitud de la pena. Por otro lado, el modelo
rehabilitador descarta la prisión como primera alternativa, priorizando la reintegración
social del individuo y abordando los factores específicos que lo vinculan con la comisión de
delitos, con especial énfasis en el trabajo como herramienta esencial para alcanzar dicho
fin. En contraste, el modelo reparador/restaurador se orienta hacia la víctima, buscando la
reparación del daño y la restauración de la paz social mediante un proceso que facilita el
encuentro y la resolución de conflictos entre las partes afectadas, reservando la prisión
únicamente para los casos en que la justicia restaurativa no logre sus objetivos. Por último,
el modelo incapacitador/inocuizador tiene como objetivo neutralizar al delincuente y
prevenir su reincidencia durante su periodo de privación de libertad, adoptando una
perspectiva que considera los recursos limitados del Estado y utilizando la prisión de
manera selectiva, reservándola para aquellos individuos con mayor riesgo de volver a
delinquir, con un enfoque de incapacitación diferenciada que ofrece al delincuente hasta
tres oportunidades para evitar la prisión.

47
Villagra define la reinserción en un sentido simple y general, como el acto de insertar
nuevamente a una persona al orden social legal en que la ciudadanía de cierta comunidad se
relaciona y del cual esta persona se encontraba excluida. El criterio de regresar al orden
social lo siguen otros autores, por ejemplo: Mandujano Montoya define la reinserción
social como el acto de regresar al individuo físicamente a la comunidad de forma positiva e
incentivando una responsabilización de la mujer rea hacia ella misma y hacia la sociedad
por medio del logro, sea de un mayor conocimiento de sus deberes y de una mayor
capacidad de resistencia a los estímulos que deriven del crimen (2018:35). Ojeda lo define
como el acto de volver a encauzar a la mujer que delinque dentro de la sociedad que la vio
cometer un delito (2012:70), creando una relación de causa-efecto donde el
comportamiento criminal significa un desajuste social del individuo, con una sociedad
reactiva negativamente a los esquemas y valores de la sociedad. Romero (2022) explica que
el ideario de la reinserción es el regreso de las personas privadas de su libertad a vivir en la
sociedad, buscandola dotarlas con herramientas para la vida, como la capacitación y el
empleo.

Así mismo, Villagra argumenta que la reinserción puede entenderse desde tres
perspectivas: a partir de un sentido valórico, que hace referencia a la necesidad de aceptar e
integrar en la sociedad libre a aquellas personas que han roto la ley; desde un sentido
práctico, concentrándose en la prestación de servicios en el proceso de reintegración a la
comunidad; y como un proceso dinámico bidireccional en donde las personas regresan a la
vida en libertad, y paralelamente, el conjunto de instituciones que participa en la sociedad
facilita este proceso, por lo que la reinserción puede entenderse tanto el sentido social de
integración a la sociedad de personas que han roto la ley, así como las prácticas que
incentivan y facilitan a las instituciones y personas que participan e inciden de ella
(2008:5).

En este sentido, Espinoza destaca que dos perspectivas empatan en la mayoría de los
significados de reinserción, la cual es la idea de re-vinculación del sujeto condenado por la
justicia penal, a las instituciones formales e informales de control social, así como la
necesidad de fortalecer su capital social, además, se espera un rol activo de las personas que

48
se encuentran en el proceso de reinserción, ya que su participación activa es una prueba del
cambio que se espera de su parte (2016:7).

Por otro lado, Navarro Méndez cita a Ruiz Ortega, quien define la reinserción social
como el modelo en donde la persona privada de la libertad ya no es tratada como objeto
sino como sujeto de derechos y obligaciones, por lo que, la reinserción social ya no se
concibe como una etapa ni un proceso, sino una situación jurídica de relevancia social que
se sustenta en la restitución del pleno ejercicio de las libertades, tras el cumplimiento de
una sanción o medida ejecutada con respecto a los derechos humanos, en donde la persona
recobre un sentido de vida digna (2022:30). En está linea centrada en los derechos
humanos, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos en su texto “Un Modelo de
Reinserción Social” menciona que la esencia de la reinserción es el enfoque a conseguir la
socialización efectiva de las personas que violan la ley y se les ha privado de su libertad por
ello (2019:14).

Tomando en cuenta las definiciones presentadas anteriormente, se entiende a la


reinserción como el momento en donde las personas son liberadas a la sociedad, dejandolas
a su suerte con las herramientas que, idealmente, el Estado debió de otorgar para facilitar su
integración a la vida pública, sin embargo, esta investigación pretende mostrar que la
reinserción es un proceso que debe de ser planeada y monitoreada en todas sus etapas.

Asistencia Legal por los Derechos Humanos (2018) argumenta que las reformas del
2008 y 2011 cambiaron el paradigma en la política criminológica de México, estableciendo
que el Estado debe de tener como prioridad el velar por la vida, integridad física y
psicológica de las personas en situación de reclusión. Dicho cambio de paradigma se vio
reflejado en la evolución en la concepción del fin de la pena, progresando a una visión que
proteja y luche por los derechos humanos. Así, la evolución del fin de apena se puede
identificar en tres etapas: la fase de “regeneración” y de “readaptación”, las cuales contaban
con una visión patologizan ya que las persona responsable es considerado moralmente
degradado y con afectaciones psicológicas, por lo que es sujeta a tratamiento (2018:7).

Con las reformas legislativas y en el marco del derecho penal de acto, surge la fase
de reinserción, donde el enfoque de valoración se desplaza del individuo al delito cometido.
Por lo tanto, la persona deja de ser objeto de tratamiento y se convierte en sujeto de

49
derechos y responsabilidades. Se busca rescatar el concepto de la evolución de la pena y
cómo ha cambiado el objetivo del sistema penal a lo largo del tiempo, pasando de la
regeneración moral y readaptación psicológica a la reinserción social y reconocimiento de
derechos y responsabilidades (2018:7).

Gráfico 3. Evolución de la pena

Fuente: Obtenido de Asistencia Legal para los Derechos Humanos, página 8

La Asistencia Legal para los Derechos Humanos, en su análisis, establece el


concepto de reinserción social desde una perspectiva sociológica de la criminalidad. Según
esta visión, el acto delictivo no surge únicamente por razones intrínsecas al individuo. En
otras palabras, la reinserción social se percibe como una medida de prevención especial del
delito que otorga un propósito y una justificación a la pena de privación de libertad (2018).

Bajo la perspectiva de la reinserción social, la privación de libertad no debe implicar


la restricción o supresión de derechos para aquellos que la experimentan. En otras palabras,
no debería exceder lo establecido en la sentencia judicial que fundamenta la imposición de
la pena. Esto significa que, aunque una persona esté cumpliendo una condena, sus derechos
fundamentales deben ser respetados y protegidos en todo momento, de acuerdo con lo
determinado por la autoridad judicial competente. Esto implica un cambio sustantivo en la
infraestructura, administración de los centros penitenciarios y en la forma como es
ejecutada una condena.

Así mismo, la UNODOC también establece la política pública de la reinserción


social como un proceso con las etapas del proceso de justicia penal e incluso fuera cuando
las personas privadas de su libertad son derivados de servicios y programas alternativos,
como lo muestra el gráfico 4.

50
Gráfico 4. Etapas del proceso de justicia penal

Fuente: Obtenido de UNODOC:23

Este esquema visual ilustra las distintas etapas de un programa de reinserción social,
abarcando desde el proceso de justicia penal, que comprende el momento en que se dicta la
pena, hasta después de la liberación condicional. Destaca la importancia de una
planificación integral que se extienda a lo largo de todas las intervenciones. De acuerdo con
UNODOC (2018), la probabilidad de obtener resultados positivos en la reintegración
aumenta cuando se abordan los factores que predisponen a los individuos hacia
comportamientos delictivos y cuando se atienden de manera continua e integral sus
necesidades físicas y sociales, tanto durante como después de su tiempo de
encarcelamiento. Por lo tanto, es crucial enfocarse en intervenciones completas que
garanticen una atención coherente, brindando asistencia de manera continua a las personas
privadas de su libertad tanto dentro como fuera de los centros penitenciarios. Esto resalta la
importancia de comenzar la preparación para la reinserción incluso antes de la liberación.

En esta investigación la reinserción social se considera un proceso que se inicia


desde el inicio de la pena y culmina cuando la persona se reintegra a la sociedad. Este
proceso debe orientarse hacia la facilitación de la reintegración del individuo y la

51
reanudación de su proyecto de vida, evitando la reincidencia delictiva en todas las etapas,
además, debe de ser culturalmente sensible.

2.1.6 Reinserción Social con perspectiva de género

Para Azaola, la reinserción social de las mujeres privadas de libertad se refiere al


proceso específico de preparación y apoyo para su reintegración positiva a la sociedad
después de cumplir una condena en un centro penitenciario. Dado que las mujeres pueden
enfrentar desafíos y necesidades particulares, la reinserción social para este grupo incluye
aspectos como la atención a la salud sexual y reproductiva, programas de empoderamiento,
apoyo psicológico especializado, capacitación en habilidades específicas que por lo menos
no fortalezca la segregación ocupacional por género, acceso a servicios de cuidado de niñas
y niños, entre otros. El objetivo es garantizar que las mujeres puedan reintegrarse de
manera exitosa a la sociedad, evitando la reincidencia delictiva y promoviendo su bienestar
integral (2003:14).

Como se puede ver con lo presentado anteriormente, no existe una definición unívoca
de lo que implica la reinserción social, lo que genera poca claridad conceptual. No
obstante, Altamirano Jiménez argumenta que las diversas investigaciones coinciden en que
ésta debe de ser entendida como finalidad en sí misma del tratamiento penitenciario
enfocado a la resocialización de las personas privadas de su libertad, preparándolo para su
reingreso a la sociedad por medio de distintos programas y actividades que se pueda volver
a guiar a la persona delincuente dentro de la sociedad, por lo que el Estado debe realizar lo
necesario para rehabilitar y facilitar dicho reingreso (2022:26).

Sin embargo, el concepto de reinserción social para que sea útil para los fines de
esta investigación requiere tener perspectiva de género. García Prince menciona que la
perspectiva de género permite la comprensión de que la desigualdad que se apoya en la
jerarquía existente entre hombres y mujeres es el fundamento del sistema de relaciones de
poder que consolida la subordinación de las mujeres en todos los órdenes de la vida
personal y colectiva (2008:13).

Así, la perspectiva de género reconoce un enfoque sustancial para erradicar la


desigualdad y discriminación entre hombres y mujeres es la perspectiva de género, la cual

52
tiene sus bases en el marco internacional consagrado de la Convención sobre la
Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW) en la que
insta a los Estados a incentivar acciones para la igualdad, así como en la Convención Belém
do Pará, el cual fue el primer tratado internacional que aborda específicamente la temática y
la violencia contra las mujeres, consagrando el derecho de las mujeres a tener una vida libre
de violencia tanto en el ámbito privado como público, así como por el Estado, formalizando
la definición de la violencia contra las mujeres como una violación de sus derechos
humanos, estableciendo los mecanismos de protección y defensa de las mujeres
(Organización de los Estados Americanos, 1994).

Una política pública de reinserción social con perspectiva de género deberá de,
primeramente, homologarse a los diversos instrumentos normativos que sientan las bases de
la reinserción social para las mujeres, como la OC-29/22, el cual marca el standard para
ciertos grupos vulnerables. El agregar la perspectiva de género como herramienta
metodológica permitirá, en caso de que se aplique correctamente, visibilizar a las mujeres
como actor dentro del sistema penitenciario, reconociendo la violencia estructural que
sufren y los prejuicios extra que conllevan por ser mujeres que no entran dentro de los
parámetros establecidos por medio de estereotipos en la sociedad.

2.2 Metodología de marcos interpretativos

Para el análisis de la política se utilizará el enfoque teórico-metodológico de Marcos


Interpretativos con la finalidad de identificar y analizar la representación de la perspectiva
de género en la política pública de reinserción social en Nuevo León.

Para comprender la extensión de este enfoque, se empleará como referencia la


propuesta teórica y metodológica de Verloo, Bustelo y Lombardo y López Rodríguez. Estos
autores rescatan los elementos teóricos para proponer una estrategia de análisis que facilite
la identificación de los contenidos y significados inherentes a ciertas políticas de igualdad
de género.

Bustelo y Lombardo rescatan la definición de Verloo de “marco interpretativo de


política” definida como un principio de organización que convierte la información

53
fragmentada o incidental en un problema político estructurado y significativo, que incluye,
de manera implícita o explícita, una propuesta de solución (2005:119).

El método del análisis de marcos interpretativos, y cito:

intenta identificar los marcos dominantes y/o en conflicto entre sí en el


discurso de los(as) actores(as) sociopolíticos(as), marcos que se construyen para
dar sentido a diferentes situaciones y acontecimientos, atruibuir culpas o
causalidad y sugerir líneas de actuación(Bustelo & Lombardo, 2005:119).

López Rodríguez aporta al enfoque constructivista al resaltar que la realidad está


influenciada por percepciones que se construyen mediante la interacción y el diálogo social,
generando significados colectivos contextualizados y compartidos. Por lo tanto, enfatiza la
importancia de prestar atención a la interacción comunicativa, ya que las diversas
representaciones son adoptadas y expresadas socialmente. (2007:17).

Boada establece que uno de los aspectos fundamentales de los estudios de género
implica la comprensión y la visibilización de que las relaciones de poder de género son el
resultado de una construcción social, el entender que la desigualdad estructural y la
subordinación de las mujeres provienen de comportamientos aprendidos y normalizados en
la interacción social, permite identificar aquellas prácticas que replican discriminación,
cuestionarlas y proceder a deconstruirlas; esta lógica se encuentra en los marcos
interpretativos que dan significado a nuestras realidades. Así, la metodología ayuda a
entender que las representaciones de los problemas de desigualdad de género pueden
carecer de perspectiva de género. Por lo tanto, las causas identificadas y las soluciones
propuestas podrían replicar esa visión restringida de la problemática (2018:76).

2.2.1 Pasos de la metodología

Un principio de organización que convierte la información Bustelo y Lombardo


proponen una metodología de análisis que consta de dos etapas: en la primera, se
seleccionan textos o documentos que son examinados utilizando una lista de preguntas
guía, cuyos resultados se condensan en un "supertexto", que es la descripción de los
resultados de cada documetno, buscando un significado explícito, funcionando como un
resumen sistemático y estructurado comprensible incluso para aquellos que no hayan leído

54
el documento original. En la segunda etapa, la base de datos de supertextos se somete a un
segundo análisis de carácter comparativo o incidental en un problema político estructurado
y significativo, que incluye, de manera implícita o explícita, una propuesta de solución
(2005:122).

2.2.2 Fuentes de información

Esta investigación se construye a partir de las siguientes fuentes de información:

I. Discursos estatales de noticias periodísticas digitales que hagan referencia a las


mujeres privadas de su libertad en Nuevo León durante el 2016 – 2021 en temas
relacionados a la reinserción social
II. Discurso del Estado en el programa “Operación de los Centros de Reinserción
Social” Durante 2016 – 2021
III. Solicitudes de acceso a la información sobre temas relacionados a la reinserción
social de las mujeres
IV. Reportes generados por la Comisión Estatal de Derechos Humanos 2016 – 2021
V. Reglamento Interior de Seguridad
VI. Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública
(ENVIPE)

Tanto la primera como la segunda fuentes de información permitirán identificar como


se estructura y valora a las mujeres privadas de su libertad en temas de reinserción social,
mientras que en la tercera se tiene por finalidad analizar las respuestas de las distintas
solicitudes de información. Se pretende analizar estos documentos desde la metodología de
los marcos interpretativos con perspectiva de género para verificar como se concibe y cubre
la reinserción social de las mujeres, así como si el diseño de la política pública de
reinserción social de Nuevo León cuenta con perspectiva de género, logrando el objetivo
final de retomar su proyecto de vida una vez fuera de su estancia en los centros
penitenciarios.

2.2.3 Cuadro de Operacionalización

Este apartado tiene como objetivo presentar el cuadro de operacionalización utilizado


en la presente investigación. Este cuadro establece una serie de dimensiones y

55
características que permiten vincular los conceptos teóricos con los hechos observables del
problema público.

Concepto Dimensión de Subdimensión Variables Observables o Instrumentos de


análisis Indicadores política pública
(preguntas de que se analizaran
batería) con los indicadores
Reinserción Diagnóstico Reinserción al Sentencias más ¿Cómo se
social de las momento de comunes para las define/concibe la Reglamento Interior
mujeres emitir una mujeres que reinserción social de Seguridad
sentencia cometen un delitos el Estado de
en Nuevo León Nuevo León? Reportes de la
Comisión Estatal de
¿Cómo se Derechos Humanos
define/concibe a 2016 - 2021
una mujer privada
de su libertad? Encuesta Nacional
de Victimización y
¿De qué forma se Percepción sobre
están teniendo en Seguridad Pública
cuenta u (ENVIPE)
omitiendo
distinciones de
género que
pudieran asociarse
con la obstrucción
de la reinserción
social de las
mujeres?

¿Cuáles son las


sentencias que se
emiten a las
mujeres que
cometen un
delito?
Coherencia Reinserción Cumplimiento de ¿De qué forma se Reportes de la
interna durante la los derechos de las están teniendo en Comisión Estatal de
estancia en mujeres privadas cuenta u Derechos Humanos
centros de su libertad: omitiendo las 2016 - 2021
penitenciarios infraestructura de necesidades de las
(Cumplimiento calidad, atención mujeres que Discurso de
de pena) médica y pudieran asociarse respuesta de
psicológica, y a su reinserción? solicitud de acceso
vínculos internos y ¿Se previene a la información
externos la sobrepoblación

56
y hacinamiento?
¿Se encuentran las
mujeres en centros
penitenciarios
diferente al de los
hombres?
¿Se les provee
acceso igualitario
y justo a los
servicios básicos
como agua y
alimentación
sana?
¿Se les brinda
atención en rubro
de salud mental?
¿Se les permite
mantener
comunicación con
los vínculos
exteriores, como
familiares y
amistades?
¿Se les permite
visitas
conyugales?
Definición Reinserción Post Discurso estatal ¿Qué tipo de Discurso del Estado
de soluciones - liberación sobre la acciones se en el Programa
¿Qué acción es reinserción social implementan para “Operación de
propuesta? en su fase post - incentivar la Centros de
liberación reinserción social Reinserción Social”
de las mujeres? durante el 2016 –
2021
¿Qué tipo de
lineamientos/herra [40]Discursos
mientas/condicion estatales de las
es institucionales notas periodísticas
se ofrecen a las digitales sobre la
mujeres privadas reinserción social
de su libertad para de las mujeres
su reinserción? privadas de su
libertad en Nuevo
¿En qué medida León durante el
las soluciones 2016 – 2021
previstas en el
diseño de la
política pública
57
son coherentes
con la reinserción
social, vinculación
y seguimiento?

¿Qué medidas
toma el Estado
tras la liberación
de las mujeres
privadas de su
libertad?
Perspectiva Voces presentes Sesgos de Androcentrismo ¿De qué forma la Discurso del Estado
de género en los textos género política pública en el Programa
concibe la “Operación de
perspectiva de Centros de
género en la RS? Reinserción Social”
Interseccionalidad ¿Se considera la durante el 2016 –
intersección de 2021
desigualdades de
género en las
acciones
propuestas para
contribuir a la
exitosa reinserción
social de las
mujeres? ¿De qué
manera?

Según Dombos et al. (2012), para operacionalizar el estudio de los marcos


interpretativos se pueden usar varios criterios. Los que se utilizarán en esta investigación
responden al concepto de reinserción social, entendido como un proceso que se inicia desde
el inicio de la pena y culmina cuando la persona se reintegra a la sociedad. Sobre el
concepto de perspectiva de género, se buscará si en los discursos de las fuentes de
información se cuenta con tintes de androcentrismo que obstruyan la reinserciónn social de
las mujeres, también, se analizará si en los discursos esta presente la interseccionalidad.
Además, para el análisis de los documentos Bustelo y Lombardo retoman la premisa
de Snow y Bedford en la que identifican que cada política incluye una representación de un
diagnóstico que hace referencia a un problema y por tanto busca una modificación (2005),
por lo que esta metodología permitirá identificar como se construyen y enmarcan
discursivamente el problema público de las mujeres y la reinserción social.

58
Así, el primer paso será analizar los documentos y textos mencionados en el capítulo
de fuentes de información, para proceder al segundo paso, el cual será un análisis de los
textos para identificar y analizar los marcos interpretativos, intentando identificar algún
sentido oculto; posteriormente, en el tercer pasó se realizará una identificación de los
marcos, así como un análisis de coherencia entre el programa de diagnóstico de “Operación
de los Centros de Reinserción social (028)” para la reinserción social de las mujeres en
Nuevo León.

Así mismo, los observables o indicadores se inspiró en la investigación de Dolores


Cabrera sobre la política de violencia obstétrica en el sentido del análisis de marcos
interpretativos. Su objetivo es comprender cómo se estructura la realidad a través de dicha
metodología, analizar diversas perspectivas sobre la igualdad de género, así como los
debates y las circunstancias que rodean la disparidad en el acceso a oportunidades. También
se busca evaluar la coherencia interna, ya sea evidente o no, de los enfoques utilizados para
determinar si hay conflictos y para identificar discrepancias dentro de la política pública
relacionada con el acceso a la vivienda.

Capítulo III. Perfil de las mujeres privadas de su libertad en Nuevo León

Este capítulo describe las características de las mujeres que se encuentran privadas de
su libertad en Nuevo León mediante la información disponible en informes
gubernamentales y fuentes abiertas. Así mismo, se presentan una comparativa de la
estadística desde el año 2016 al 2021 para ver cómo evolucionó el tema en el estado
neolonés.

III.1 Características de las mujeres privadas de su


libertad en Nuevo León

La información presentada en este capítulo fue la disponible relacionada al tema tras


una búsqueda de fuentes abiertas. La Encuesta Nacional de Población Privada de la
Libertad (ENPOL) informa que, en Nuevo León, las personas privadas de su libertad
durante el año 2016 eran aproximadamente 130 mil (ENPOL, 2016), sin data desagregada
por género, mientras que en el 2021 la cifra fue de 8.6 mil personas, de las cuales 94.9%

59
corresponde a la población de hombres y 5.1% corresponde a la población de mujeres
(ENPOL, 2021:12).

La Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública


(ENVIPE) proporciona información valiosa sobre la tasa de prevalencia delictiva por cada
cien mil habitantes, desglosada por sexo anualmente. Así, la gráfica 4 presenta un
recopilado de los datos desde 2016 hasta 2021 que evidencia que la diferencia entre
hombres y mujeres en la tasa delictiva no es tan amplia. Si bien la tasa de prevalencia
delictiva es mayor para los hombres que para las mujeres en todos los años considerados, el
margen de diferencia entre ambos sexos no es significativo en la mayoría de los casos.

Fuente: Elaboración propia con información obtenida de ENVIPE

El INEGI a través de la ENPOL informó que, en el año 2016, el 71.8% de las


personas privadas de su libertad en el estado de Nuevo León tenía entre 18 y 39 años
(ENPOL, 2016). Además, el 96.6% de esta población sabía leer y escribir, y el 77.9% había
completado estudios de educación básica, que incluían preescolar, primaria, secundaria o
una carrera técnica con secundaria terminada. Para 2021, el 71% de esta población estaba
en el mismo rango de edad, y el 74% indicó haber cursado estudios de educación básica
(ENPOL, 2021).

60
En 2016, el 70% de la población privada de su libertad en Nuevo León tenía
dependientes económicos al momento de su arresto, y de estos, el 63.6% tenía hijos que
dependían de ellos (ENPOL, 2016). Para 2021, esta cifra aumentó: el 77% de la población
reportó tener dependientes económicos la semana previa a su detención (ENPOL, 2021). Es
importante mencionar que en ninguno de los dos reportes la información se desagrega por
género, por lo que es imposible identificar si la responsabilidad económica de las hijas e
hijos recae más en mujeres o en hombres. Además, en el informe de 2021, no se
especificaron los vínculos con sus dependientes económicos, lo que impide determinar si
hubo un incremento en esta característica.

Sobre los antecedentes laborales de las personas privadas de su libertad en Nuevo


León, en el 2016 el 97.8% trabajó alguna vez, desempeñando una actividad específica, de
esta el 26.4% señaló haberse dedicado al manejo de maquina industrial, ensamblador,
chofer y conductor en su última ocupación (ENPOL, 2016). En el 2021, esta cifra
disminuyó a un 85.5%, de este porcentaje, el 28.4% se dedicaron a labores artesanales en su
última ocupación (ENPOL, 2021).

Sobre antecedentes personales, solo en el año 2021 se hizo un registro sobre la


orientación sexual e identidad de género, donde el 96.3% de la población privada de su
libertad en Nuevo León tienen una orientación heterosexual (ENPOL, 2021).

En cuanto a la salud de las mujeres privadas de su libertad, la única información


obtenida por la ENPOL fue en el 2021, donde se reportó que el 41.7% se realizó el examen
de Papanicolau (ENPOL, 2021).

Estos datos nos permiten observar que la población privada de la libertad de Nuevo
León cuenta con un perfil sociodemográfico estable, con una alta prevalencia a hombres
jóvenes con baja escolaridad y antecedentes laborales informales, así mismo, existe una alta
proporción de personas con dependientes económicos, lo que resalta las repercusiones
sociales del encarcelamiento.

Es importante mencionar que, a pesar de que la ENPOL presenta información valiosa


sobre la población privada de su libertad, se encuentra limitada al no estar desagregada por

61
género, por lo que imposibilita comprender las características del perfil de las mujeres
neolonesas privadas de su libertad.

3.2 Vida intracarcelaria

Durante el 2016, el 76.8% de la población privada de su libertad compartió su celda


con una y hasta cinco personas (ENPOL, 2016); en el 2021 este número disminuyó
significativamente a un 55% (ENPOL 2021). En cuanto a las condiciones de su celda, en el
2016 el 94.5% contó con una cama propia en su celda, y el 98.5% contó con energía
eléctrica en su celda (ENPOL, 2016); mientras que, en el 2021, el 97.3% de la población
manifestó que contó con una cama propia y el 96.8% señaló que contó con energía eléctrica
en su celda, por lo que no existe un cambio significativo en estos datos (ENPOL, 2021).

Sobre el acceso a los bienes y servicios proporcionados en el centro penitenciario, en


Nuevo León en el 2016 el 91.6% de la población recibió algún tipo de bien básico, donde el
más recurrente fue la ropa (97.6%), el calzado (45.8%), cobijas (29%) y artículos de
limpieza personal (7.9%) (ENPOL, 2016). En el 2021, 88.7% de las personas accedieron a
bienes, donde los más comunes fueron servicios médicos (88.7%), servicios psicológicos
(82.8), medicamentos (82.3%), servicios dentales (75.2%), toallas sanitarias (71.6%)
(ENPOL, 2021).

En cuanto a la separación entre sentenciados y procesados, en el 2016 se informó que


el 6.5% de la población identificó algún tipo de separación física, mientras que en el 2021
aumentó significativamente a un 21.3% (ENPOL, 2016).

Sobre las actividades realizadas, en el 2016 el 80.2% de la población realizó


actividades de esparcimiento, mientras que el 74.1% llevó a cabo actividades de
acondicionamiento físico (ENPOL, 2016); en el 2021 la actividad más recurrente fue de
culto religioso, con una tasa de 98.2%, seguido de actividades de esparcimiento con un
88.5% (ENPOL, 2021).

Además, en el 2016 se reportó que el 89.2% de la población privada de su libertad


realizó alguna actividad laboral en el centro penitenciario, de esta, el 25.3% llevó a cabo
tareas de maquila y el 16.6% realizó actividades de elaboración/venta de alimentos
(ENPOL 2016); en el 2021 la cifra disminuyó a un 70.2%, de estas, el 28.6% realizó

62
actividades de maquila y el 12.2% realizó actividades de elaboración/venta de alimentos,
como se puede visualizar en el gráfico 5 (ENPOL, 2021).

Gráfico 5. Actividades laborales en el centro penitenciario de Nuevo León

Fuente: Elaboración propia con información obtenida de ENPOL 2016 y 2021

Como se puede ver en el gráfico mostrado anterior, en el 2021 se registraron nuevas


actividades laborales dentro del centro penitenciario, como las labores en la cocina y
servicios personales. Sin embargo, nuevamente la información queda limitada al no
encontrarse desagregada por género, por lo que no se puede ver si existe una tendencia
hacia alguna actividad por género o si sigue algún estereotipo.

En 2016, el 14.8% de la población privada de su libertad realizó alguna actividad


laboral sin recibir beneficios monetarios; el 59.2% de ellos obtuvo una carta de buena
conducta y el 23.3% recibió comida (ENPOL, 2016). Para 2021, el porcentaje de personas
que realizaron actividades laborales sin beneficios monetarios aumentó al 21.3%; de estos,
el 63.5% recibió comida y el 24.3% obtuvo una carta de buena conducta (ENPOL, 2021).

En este mismo año, el 15.6% de la población privada de su libertad se inscribió en


programas educativos. De aquellos que no lo hicieron, el 45.7% indicó falta de interés en
continuar estudiando, mientras que el 12.9% mencionó la inexistencia de programas
educativos en su centro penitenciario (ENPOL, 2016). Por otro lado, en 2021, el 13.2% de
63
la población estaba estudiando para obtener un nivel educativo. De aquellos que no estaban
estudiando, el 25.8% citó la falta de tiempo como razón, mientras que el 18.5% mencionó
la carencia de documentos como impedimento (ENPOL, 2021).

En 2016, el 86.2% de la población privada de su libertad recibió visitas de familiares


o amigos. En el 66.3% de esos casos, los visitantes llevaron comida, y en el 65% de las
ocasiones, llevaron artículos de higiene personal (ENPOL, 2016). Por otro lado, en 2021, el
62.3% de la población informó haber recibido visitas de familiares o amigos. En el 88.4%
de esos casos, la visita trajo consigo artículos de higiene personal, y en el 61.5% de las
ocasiones, también llevaron comida (ENPOL, 2021).

De igual manera, en el 2016 se reportó que el 28.9% de la población privada de su


libertad se sintió insegura dentro de su celda, mientras que el 40.5% se sintió insegura en el
Centro Penitenciario (ENPOL, 2016). Por otro lado, en 2021, se estimó que el 16% se
sintió insegura dentro de su celda, mientras que el 26% se sintió insegura en el centro
penitenciario (ENPOL, 2021).

Se puede ver que las condiciones de sobrepoblación tuvieron una disminución del
hacinamiento, ya que, en 2021, la cantidad de personas que compartían celda disminuyó
significativamente en comparación con 2016. Así mismo, se observa un aumento
significativo en la separación física entre sentenciados y procesados entre 2016 y 2021.

Otro dato importante para resaltar es la disminución de la participación en actividades


laborales remuneradas y la aparición de dos actividades nuevas catalogados como labores
en la cocina y servicios personales, de los cuales no se ahonda por lo que no se tiene
conocimiento de la descripción de estos trabajos.

Así mismo, la Comisión Nacional de Derechos Humanos de Nuevo León (2016) en


sus reportes anuales de diagnóstico de supervisión penitenciaria realiza un análisis con
rubros previamente establecidos con la finalidad de evaluar que se cumpla con la normativa
y se mantenga un buen control, con respeto a los derechos humanos de las personas
privadas de su libertad. Sus rubros se comprenden de la siguiente manera:

1. Integridad personal del interno - Capacidad de alojamiento y población


existente, distribución y separación de personas privadas de la libertad en caso de

64
centros mixtos, servicios para la atención y mantenimiento de la salud,
supervisión por parte del responsable del Centro, prevención y atención de
incidentes violentos, de tortura y/o maltrato.
2. Estancia digna - Existencia de instalaciones, capacidad de las mismas,
condiciones materiales y de higiene, así como alimentación suficiente y de
calidad.
3. Condiciones de gobernabilidad - Normatividad que rige al Centro, personal de
seguridad y custodia, sanciones disciplinarias, autogobierno, actividades ilícitas,
extorsión y sobornos, así como capacitación del personal penitenciario.
4. Reinserción social del interno - Integración del expediente jurídico-técnico;
clasificación, funcionamiento del Comité Técnico; actividades laborales, de
capacitación para el trabajo, educativas y deportivas; beneficios de libertad
anticipada y vinculación de la persona privada de la libertad con la sociedad.
5. Atención a internos con requerimientos específicos - Mujeres, personas adultas
mayores, indígenas, con discapacidad, con VIH/SIDA o con adicciones.
Los resultados destacaron lo siguiente:

Fuente: Elaboración propia con información obtenida de la CNDH

La calificación de los CERESOS de NL muestra una tendencia general de mejora


desde 2017 hasta 2020, alcanzando su punto más alto en 2020 con una calificación de 8.06.
Sin embargo, en 2021 hubo una disminución a 6.6, aunque esta sigue siendo una mejora
respecto a los años anteriores a 2018.

Específicamente sobre los centros penitenciarios femeniles en Nuevo León, en el


2016, la CNDH reportó que el centro de reinserción social de Topo Chico, en donde se

65
encontraban las mujeres privadas de la libertad, no contaba con una separación entre
hombres y mujeres, así mismo, señaló hacinamiento e insuficiencia en los programas para
la prevención, insuficiencia de instalaciones necesarias, malas condiciones de
infraestructura así como deficiencias en la alimentación, además, señaló la necesidad de
separación entre procesados y sentenciados, no obstante, mostró un buen desempeño en el
rubro de reinserción social, con un cumplimiento de integración y funcionamiento del
comité técnico y acciones relacionadas con los beneficios de libertad anticipada (2016).

En el 2017, el centro de reinserción social Topo Chico volvió a presentar


hacinamiento, insuficiencia de instalaciones necesarias para el funcionamiento del centro,
área médica, cocina, comedores, en las instalaciones para la comunicación con el exterior,
así como inexistencia de materiales e higiene de los talleres y áreas deportivas, deficiencias
en la alimentación. En el rubro de reinserción social mostró una deficiente integración del
expediente técnico – jurídico, inadecuada clasificación de las personas privadas de la
libertad, deficiencia en separación entre procesados y sentenciados, deficiencias en la
integración y funcionamiento del comité técnico, inexistencia de actividades educativas,
deportivas, e inadecuada organización y registro para el cumplimiento del plan de
actividades (2017).

En 2018, aparece por primera vez en los reportes de la CNDH el CERESO de


Escobedo, con una calificación de 7.8, una capacidad de 500 mujeres, con una población de
396 (2018). Se detectaron insuficiencias de vías para la remisión de quejas de probables
violaciones de derechos humanos, condiciones deficientes de materiales e higiene de
instalaciones para las mujeres privadas de la libertad, así como de instalaciones para la
comunicación con el exterior y pocos materiales de los talleres e higiene en áreas
deportivas. Además, una falta de normatividad que rige al centro, deficiencia de separación
entre procesadas y sentenciadas, insuficiencia de actividades laborales y de capacitación,
así como educativas y una inadecuada vinculación de la persona privada de la libertad con
la sociedad.

En cuanto a los rasgos positivos del centro, destacó con la integración de los
expedientes técnico – jurídico, clasificación de las personas privadas de la libertad,

66
integración y funcionamiento del comité técnico y organización y registros para el
cumplimiento del plan de actividades (Comisión Nacional de Derechos Humanos, 2018).

Es importante mencionar que aún existían mujeres privadas de su libertad en el


CERESO de Topo Chico, con una capacidad de 362 y población de 404, la CNDH informó
sobre hacinamiento, deficiencias en los servicios de salud, deficiencia en la atención a
personas internas en condiciones de aislamiento, deficientes condiciones de materiales e
higiene en todas las instalaciones, insuficiencia de personal, y nuevamente, se reporta una
deficiente separación entre procesados y sentenciados (2018).

A su vez, la Comisión Estatal de Derechos Humanos de NL informó en su


diagnóstico de la situación penitenciaria de Nuevo León que el CERESO femenil estaba al
66.99% de su capacidad, albergando exclusivamente a mujeres adultas. De estas, el 47.30%
tenía una sentencia definitiva, el 10.77% había sido sentenciada, y el 41.91% estaba en
espera de la resolución de su situación legal. En este centro, 14 mujeres convivían con sus
hijos, sumando en total 4 niñas y 11 niños que vivían con sus madres.

En el 2019 la CNDH detectó deficiencias en los servicios de salud, falta de


prevención de violaciones a derechos humanos, deficientes condiciones materiales e
higiene de instalaciones en las celdas, deficientes condiciones materiales e higiene de
instalaciones para la comunicación con el exterior, deficiencias en la alimentación, una
deficiente integración de los expedientes técnico-jurídicos en el rubro de reinserción social,
así como una inadecuada organización y registros para el cumplimiento del plan de
actividades, a su vez, se detectó la deficiencia en atención a personas con discapacidad y
del grupo LGBTTTI (2019).

En el 2020 la CNDH solo reportó la calificación de los CERESOS de Apocada y


Cadereyta, dejando fuera el CERESO de Topo Chico y el femenil, esto debido a que, de
acuerdo con Proceso (2020), el 13 de noviembre de 2018, 94 internos de la cárcel de
Cadereyta fueron trasladados a otros centros penitenciarios al descubrirse un plan de motín.
Un mes después, el gobierno estatal abrió el centro de rehabilitación femenil en Escobedo,
trasladando allí a 392 mujeres del desaparecido penal de Topo Chico y del ala femenil de
Constituyentes. En marzo del año pasado, 349 reos de Topo Chico fueron enviados a
penales federales, y en agosto, otros 115 internos también fueron trasladados. Entre

67
noviembre de 2018 y febrero de 2020, más de 7 mil internos de Nuevo León fueron
reubicados como parte del plan para fortalecer el sistema penitenciario, lo cual fue un
proceso de dos años.

En el 2021, la CNDH reportó una calificación de 6.96 al CERESO femenil de


Escobedo, donde se detectó una deficiencia en la atención a personas privadas de su
libertad de aislamiento, falta de normatividad que rige al centro, insuficiencia de personal
de seguridad y custodia, deficiente integración del expediente técnico – jurídico, deficiente
separación entre procesados y sentenciados, inadecuación de la clasificación de las
personas privadas de la libertad, inadecuada organización y registros para el cumplimiento
del plan de actividad e insuficiencia o inexistencia de actividades educativas (2021).

Así mismo, se observó una apropiada atención en la prevención de violaciones a


derechos humanos, junto con la supervisión del funcionamiento por parte del titular, buenas
condiciones materiales e higiénicas en cocina, comedores, instalaciones médicas, áreas de
alojamiento, talleres y áreas deportivas, una ausencia de funciones de autogobierno, una
correcta capacitando al personal, inexistencia actividades ilícitas y extorsione, un buen
funcionamiento del Comité Técnico y correcta atención a grupos con necesidades
específicas, como las personas LGBTTTI (2021).

Los reportes de la CNDH evidencian que los CERESOS en cuanto a su atención a las
mujeres es pobre y latente. Cuando las mujeres se encontraban en el CERESO de Topo
Chico, existen testimonios como el del Canal 28 (2020) y más, en donde se relata las
injusticias y violencias que vivían las mujeres privadas de su libertad, además, la misma
razón del cierre del CERESO, según el Economista, fue debido a que, en palabras del
gobernador en turno, Rodríguez Calderón, era el centro de delincuencia más fuerte del
norte del país, con un autogobierno y entre 4,000 a 5,000 internos (2021).

Cabe añadir que después de la creación del CERESO femenil los reportes de la
CNDH intermedia, con importantes áreas de oportunidad, especialmente el cumplimiento
de las actividades y materiales suficientes y en buenas condiciones es esencial para cumplir
con la normativa, y, en esta lógica de proceso, contribuir – en la teoría – a la reinserción
social de las mujeres.

68
3.2 Delitos más comunes

La Comisión de Derechos Humanos en México en el informe diagnóstico de las


mujeres privadas de libertad, donde tras solicitudes de información a las autoridades
penitenciarias de todo el país, se destacan los delitos comunes a nivel nacional desagregado
por género de los años 2020 - 2021, como lo muestra en la tabla 7.

Tabla 7. Delitos más comunes desagregados por género a nivel nacional

Fuente: CNDH, Informe Diagnóstico sobre las condiciones de vida de las mujeres privadas de libertad desde un enfoque
interseccional, pág. 248.

Es crucial entender que la comparación entre el número total de mujeres y hombres


no es adecuada debido a las diferencias en la población, por lo tanto, esta "línea de base"
proporciona un inicio para visualizar los datos desglosados.

La Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública


(ENVIPE) brinda información sobre los delitos más comunes en el Estado de Nuevo León,
que son mostrados en la gráfica 5, donde se muestra la evolución de los delitos más
comunes en Nuevo León (NL) entre 2016 y 2021. En 2017, se registró un aumento
significativo en la mayoría de los delitos, especialmente fraudes, extorsiones y robos de
vehículos. En los años siguientes, estos delitos comenzaron a disminuir. En 2020 y 2021, la
tendencia general fue de reducción, alcanzando niveles más bajos, posiblemente debido a la
pandemia COVID-19.

Gráfica 5. Delitos más comunes en Nuevo León

69
Fuente: Elaboración propia con datos de ENVIPE

Si bien la ENVIPE no muestra el desagregado de género por delito, se pretende


mostrar más adelante la relación del delito con la sanción, con el objetivo de verificar el
tiempo de la pena establecido en el Código Penal por dichos delitos.

La Encuesta Nacional de Población Privada de la Libertad (ENPOL) proporciona


datos sobre los delitos por los cuales fueron detenidos. En 2016, el 26.4% de la población
privada de su libertad tenía una sentencia condenatoria por robo, mientras que el 20.5%
estaba siendo procesado por este delito (ENPOL, 2016). En 2021, el 27% de la población
informó haber sido procesada por algún delito anteriormente. De este grupo, el 58.1% había
sido sentenciado por robo en su último juicio, mientras que el 16.2% fue condenado por
posesión ilegal de drogas (ENPOL, 2021).

A pesar de que no se cuenta con la información desagregada por género en Nuevo


León, tomando en cuenta las cifras nacionales, se puede ver que las mujeres se encuentran
en la estructura delincuencial más baja, su encarcelamiento ha ido en aumento,
especialmente en el delito de robo. Esto, de acuerdo con Equis Justicia, se da debido a tres
factores principales: el consumo problemático de sustancia s, que genera n un patrón de
consumo que genera problemas individuales o colectivos; segundo, la necesidad económica

70
y, tercero una relación marcada por dominación o algún tipo de abuso (Equis Justicia,
2019).

3.3 Situación jurídica y tiempo en prisión

El tiempo que las mujeres pasan en prisión y el uso excesivo de la prisión preventiva
impactan de manera significativa en su capacidad para retomar su proyecto de vida una vez
que salen en libertad.
Ramos Lezama (2024) explica los dos escenarios que enfrentan las mujeres privadas
de su libertad. La primera es una medida cautelar, que en teoría busca "prevenir" que la
persona se fugue, cause daño a la víctima o interfiera con el proceso, lo que significa que la
persona está en prisión bajo la presunción de inocencia. La segunda se refiere a la prisión
como una pena tras una sentencia condenatoria, en la cual la persona ha sido hallada
culpable de uno o más delitos y no se le ha otorgado una sanción distinta a la privación de
la libertad.

Además, Ramos Lezama (2024) argumenta que distintas voces de la sociedad civil
han expresado su alarma ante la aplicación excesiva de la prisión preventiva en México.
Esta situación encuentra su fundamento en los artículos 19 Constitucional y 167 del Código
Nacional de Procedimientos Penales, los cuales establecen una lista de delitos considerados
"inexcarcelables". En la práctica, esto significa que la prisión preventiva se impone de
forma automática, sin que se genere un debate sobre su pertinencia en cada caso específico
(2024:73). En el gráfico 6 se puede observar cómo ha evolucionado la prisión preventiva en
México.

Gráfico 6. Cantidad de personas en prisión preventiva en México

71
Fuente: Obtenido de https://eljuegodelacorte.nexos.com.mx/prision-preventiva-oficiosa-datos-para-la-discusion/

Conforme a datos de Gómez et al (2022), en diciembre de 2018, aproximadamente el


37.5% de los hombres se encontraban en prisión preventiva. Para junio de 2022, esta cifra
había aumentado al 40.2%. Durante el mismo período, la proporción de mujeres en prisión
preventiva pasó del 44.7% al 50.9%. De hecho, desde julio de 2020, las mujeres en prisión
preventiva han superado consistentemente el 50%. En cuanto a los ingresos en centros
penitenciarios, entre 2020 y 2021, ingresaron 226,235 personas, de las cuales ocho de cada
diez no contaban con una sentencia (2022). Estos datos permiten visualizar que la prisión
preventiva afecta mayormente a las mujeres, donde estas han superado consistentemente el
50%.

Además, Gómez et al. (2022) señalan que, del total de delitos imputados a mujeres en
prisión preventiva, un mayor porcentaje corresponde a delitos que requieren prisión
preventiva oficiosa en comparación con los hombres. En 2021,el 46% de los delitos
atribuidos a mujeres en prisión preventiva eran de esta categoría, mientras que para los
hombres el porcentaje fue del 41.6%. Esto evidencia que la prisión preventiva oficiosa
afecta de manera desproporcionada a las mujeres (2022).

72
En 2021, en Nuevo León, el 77.9% de la población privada de su libertad había
recibido una sentencia, y el 21.8% de ellos fueron condenados a 21 años o más. Además, el
34% de aquellos que llevaron su proceso recluidos en un centro penitenciario recibieron su
sentencia en más de 6 meses y hasta 1 año. Por otro lado, el 26.4% de esta población tardó
más de 1 año y hasta 2 en obtener su sentencia (ENPOL, 2021:47).

Es fundamental que las mujeres conozcan su condición jurídica, y además, que el


Estado sea ágil y cuente con perspectiva de género al momento de juzgar, ya que, de
acuerdo con Ramos Lezama (2024) las mujeres que se encuentran en prisión preventiva, es
decir, sin sentencia, no pueden acceder a los servicios e insumos debido que estos solo se
encuentran disponibles para las personas con sentencia.

En cuanto al tiempo que pasan las mujeres en prisión, no existe la información en


fuentes abiertas en cuanto al Estado de Nuevo León. A nivel nacional, la CNDH realizó un
análisis comparativo de las penas más severas, utilizando datos recopilados de los 31
estados. Este estudio reveló que las mujeres reciben las penas más altas por delitos como
homicidio culposo, delincuencia organizada y filicidio, con una participación similar en
delitos como secuestro, trata y delitos contra la salud, como se muestra en la tabla 8. Sin
embargo, este análisis no considera la desigualdad estructural que puede influir en la
comisión de estos delitos.

Tabla 8. Penas más altas para el delito

73
Fuente: CNDH, Informe Diagnóstico sobre las condiciones de vida de las mujeres privadas de libertad desde un enfoque
interseccional:249.

Cabe destacar que, aunque solo se mencionan tres delitos en los que las mujeres
reciben las penas más altas, también son sentenciadas con igual frecuencia por delitos como
secuestro, trata y delitos contra la salud, que, además, de acuerdo a la CNDH, en caso de
que se lleva un juicio con perspectiva de género, podría reconocerse que la mujer se
encontraban en condiciones de control y sometimiento por parte de su pareja (2022:250).

Esta es una de las razones por las cuales las mujeres cumplen condenas tan largas en
prisión: el juicio sin perspectiva de género. Según Equis Justicia (2020), los juicios se basan
únicamente en el tipo de delito, la gravedad, las circunstancias en las que presuntamente se
cometió y los requisitos establecidos por la ley, sin considerar el género ni los elementos de
la vida de las imputadas que podrían explicar por qué se involucraron en los delitos o que
justificarían la preferencia por una medida alternativa. Esto se agrava debido al estigma que
pesa sobre las mujeres en conflicto con la ley.

74
Ramos Lezama (2024) asocia este uso de la prisión con una forma de refeminización,
de acuerdo con Romero García, es un proceso mediante el cual se busca que las mujeres
adquieran los parámetros de una femeninidad que en algún momento de su vida
“perdieron” (2022:20) de las mujeres y control sobre su cuerpo, tal como lo indican Davis
(2003) y Romero García (2002). Según ellos, el aparato punitivo del Estado moraliza sus
acciones y refuerza la idea de que el lugar de estas mujeres es subordinado, posicionándolas
en clases sociales subalternas.

El juzgar sin una perspectiva de género es una forma de control social que contribuye
a que las mujeres pasen largas condenas en prisión, sin siquiera la opción de reintegrarse a
la sociedad, por lo que el mismo sistema penal se contradice al momento de establecer
penas tan largas, negandoles a las mujeres la posibilidad de retomar sus vidas,
excluyendolas de la comunidad.

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