Reinserción Social y Género en NL
Reinserción Social y Género en NL
DE CIENCIAS SOCIALES
2022 – 2024
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Capítulo I. Problema de desigualdad de género
1.4 Hipótesis
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2.1.7 Reinserción social con perspectiva de género
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Introducción
Este documento presenta un análisis de política pública desde una visión de género
enfocada en la fase de diseño. Aguilar (2007) define una política pública como un conjunto
de acciones intencionales y causales que buscan resolver un problema.
Esto se llevará a cabo mediante una investigación cualitativa y desde una perspectiva
de género, que permita identificar si el problema se aborda considerando el género y otras
determinantes estructurales derivadas de las desigualdades, así como cómo se relacionan
con este.
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1.2 Problema de género: Desigualdad entre mujeres y hombres privados de su
libertad
En México, desde la reforma de 2008 en materia del sistema penal, que se discutirá más
adelante, la estancia de las personas privadas de libertad, los espacios que utilizan y el
aprendizaje que reciben deben estar orientados a mejorar las oportunidades que tendrán al
salir, en comparación con el momento de su ingreso.
Estas actividades y tareas que realizan las mujeres privadas de su libertad permiten
identificar las acciones que desde el Sistema Penitenciario se desarrollan en los planes de
actividades, ya que, de acuerdo con la Ley Nacional de Ejecución Penal (2016), establece
que se debe de realizar un plan de actividades que esté orientado a lograr la reinserción
social de las personas privadas de la libertad.
Además, el INEGI (2021) establece que el 60.9% de las mujeres considera que el haber
estado en un centro penitenciario afectará sus posibilidades de incorporarse al espacio
laboral frente al 53.5% de los hombres, para las mujeres 31.2% considera ser aceptada en
su ámbito de amistades en tanto que para los hombres es de 28.6%, para ambos es 28% las
posibilidades de ser aceptado por su familia.
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Se debe agregar que la Comisión Nacional de Derechos Humanos (2022) informó que
únicamente el 66.62% de la población considero que sí realiza alguna actividad para la
reinserción social, el 15.7% mencionó que no y el 17.5% no respondió la pregunta.
Asimismo, Equis Justicia (s.f.) informó que siete de cada diez mujeres son abandonadas
por sus familiares mientras cumplen su pena o resuelven su situación jurídica en los centros
penitenciarios. Esto significa que no cuentan con una red de apoyo al salir, lo que resulta en
la falta de condiciones básicas como alimento, dinero para transporte y un lugar donde
dormir. En otras palabras, no existe un seguimiento específico en materia de atención
pospenal para las mujeres privadas de libertad.
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la CNDH, donde una mujer privada de su libertad en el centro penitenciario de Baja
California compartió:
Solo a las mujeres nos llevan con overol anaranjado que no sea de
nuestra talla, el punto es que nos veamos feas y humilladas, y somos las
únicas a las que nos esposan para llevarnos a notificación o a cualquier parte
del penal, solo a nosotras por ser mujeres…También somos discriminadas
en el área penal, no nos dan beneficios ni recibimos asesoría jurídica, a las
mujeres casadas que ingresan al penal no les permiten tener visita conyugal
con su esposo ni tener ningún tipo de comunicación ni enviarles o recibir
cartas de ellos, aunque estén en el mismo penal. Cuando alguien viene a
visita al área femenil lo revisan el doble que a la visita del área varonil. A
los hombres les venden comida diferente que, a las mujeres, incluso en la
visita ellos cuentan con platillos especiales y las mujeres no. No se nos
permite salir en todo el día, pasamos 23 horas encerradas en la estancia, no
tenemos trabajo, no hacemos talleres, no hay nada. (CNDH, 2022:214)
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La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH, 2022) se ha pronunciado
sobre la desigualdad estructural que viven las mujeres privadas de la libertad en los centros
penitenciarios de México, argumentando que la desigualdad estructural se manifiesta a
través de la discriminación y el trato injusto hacia grupos de personas que ya se encuentran
en situaciones de vulnerabilidad, siendo las mujeres particularmente identificadas dentro de
este contexto.
Sin embargo, a esta situación se suma un sesgo de género, que el Instituto Nacional
de las Mujeres (2024) define como la omisión en la conceptualización de las mujeres, los
hombres y las relaciones de género en una problemática específica, y puede ocurrir al
diseñar políticas públicas que omiten el análisis de género. Por esta razón, la CNDH
informó que en ciudades donde sólo existen centros penitenciarios masculinos, las mujeres
son alojadas en espacios improvisados, justificado por el argumento de que constituyen una
minoría en comparación con los hombres, lo que perpetúa un trato institucionalmente
desigual (2023:7).
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Tanto hombres como mujeres se enfrentan a diferentes oportunidades para ejercer
sus derechos. Sin embargo, en los centros penitenciarios la desigualdad afecta
negativamente el acceso al ejercicio de los derechos fundamentales, las oportunidades de
reinserción social y contribuye a la permanencia de violaciones de los derechos humanos,
especialmente entre los grupos más desfavorecidos, en este caso las mujeres privadas de
libertad (2023:7), por lo que cito a la CNDH:
En lo que respecta a las condiciones de las celdas,los hombres tienen una estadística
mayor que las mujeres sobre el acceso a los servicios básicos y condiciones al interior de
sus celdas, en donde las mujeres resultan con un mayor porcentaje con eun 89% en
comparación con el 82.2% de los hombres en cuanto a la disponibilidad de ventanas y agua
en las áreas comunes, mientras que el porcentaje de hombres con acceso a ventanas o
tragaluz es de 82.2% (2021:104). Es importante resaltar que, a pesar de que existen
porcentajes similares en la mayoría de los servicios, salvo drenaje y sanitarios, que muestra
una diferencia notoriam como lo muestra el gráfico 1 y 2.
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Gráfico 1. Población privada de la libertad que identificó servicios básicos al
interior de su celda o en áreas comunes, por sexo.
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Fuente: ENPOL 2021: 104
Los datos muestran que poco más de la mitad de los hombres privados de la
libertad, es decir el 78%, sí realizan pagos para el acceso de servicios, bienes, beneficios o
permisos, no obstante, ninguno se encuentra relacionado a trabajos de cuidado. Así mismo,
las cifras reflejan formas de desigualdad que se reproducen dentro de los centros
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penitenciarios a través del acceso a bienes y servicios, si son gratuitos o no, las condiciones
de infraestructura de las celdas de las mujeres en comparación de los hombres.
Galtung (1969) plantea que la violencia puede comprenderse tanto como una
privación de los derechos humanos fundamentales como una reducción en el nivel real de
satisfacción de las necesidades básicas. Utiliza la metáfora de un iceberg para representar el
fenómeno de la violencia, introduciendo los conceptos de violencia cultural, estructural y
directa.
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uso de los recursos es resuelto sistemáticamente a favor de alguno y en perjuicio del otro
debido a los mecanismos de estratificación social.
Además, la CNDH (2022) señala que para comprender la situación de las mujeres
privadas de libertad es fundamental identificar las diversas formas de violencia que
conforman un contexto de violencia estructural grave. Estas incluyen antecedentes de abuso
sexual, consumo de drogas y/o alcohol, multiparidad, maternidad adolescente, explotación
económica o sexual, y relaciones amoroso-afectivas. Estas circunstancias a menudo
influyen en la participación de las mujeres en la realización de delitos como tráfico de
drogas, secuestro y fraude, frecuentemente en compañía de sus parejas o personas de las
que dependen emocionalmente.
Además, la CIDH (2023) reconoce que muchas mujeres son coaccionadas para
participar en actividades ilícitas mediante violencia y/o amenazas, y se enfrentan a
"castigos de desobediencia" (2023:62) que incluyen actos de violencia de género, como
violencia sexual y asesinatos particularmente crueles y con un marcado sesgo misógino.
Además, las mujeres son víctimas de acoso y amenazas dirigidas tanto a ellas como a sus
familias con el fin de reclutarlas para organizaciones criminales y obligarlas a participar en
delitos. Como resultado, las mujeres encarceladas suelen tener antecedentes de violencia
tanto en la infancia como en relaciones de pareja.
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Todavía cabe señalar que estas mujeres han experimentado diversas formas de
exclusión social previas a su encarcelamiento. La CNDH (2022) informa que una de las
características más comunes es la poca experiencia laboral, bajo nivel de estudios, venir de
hogares desintegrados y con otros integrantes de la familia también en centros
penitenciarios, además de antecedentes de violencia de pareja y otras formas desde la
infancia.
Hay que mencionar, además, que Tortosa y de la Parra (2003), mencionan que para
que ocurra este tipo de violencia se necesitan de instituciones estructurantes de la relación
de género que caracterizan al patriarcado, un ejemplo de esto en los centros penitenciarios
es el acceso desigual de los bienes y servicios entre hombres y mujeres, sus condiciones de
celda, entre otros.
Equis Justicia, Asociación Pro Derechos Humanos, et al argumentan que las mujeres
privadas de su libertad sufren una triple condena debido a los estereotipos asignados en
relación con su género, en donde reciben un triple reproche: social, personal y
penitenciario.
Equis Justicia (2022) señala que las mujeres privadas de su libertad enfrentan una
triple condena al salir de un centro penitenciario: además del castigo penal, sufren el juicio
social debido al incumplimiento de los estereotipos de género y las condiciones indignas y
violatorias de los derechos humanos que experimentaron en dichos centros. Así mismo, La
Asociación Pro Derechos Humanos (2020) de Andalucía añade que, en primer lugar, las
mujeres que entran a prisión rompen con el rol heteropatriarcal determinado por la
sociedad, en segundo, las mujeres presas sufren una terrible separación familiar en tanto
que en varias ocasiones su pérdida de libertad va a implicar el debilitamiento e incluso la
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disolución de los lazos familiares ya que son ellas las que sostienen a la unidad familiar, y
en tercer lugar, como se ha mencionado anteriormente, las mujeres privadas de su libertad
tienen unas condiciones de vida desiguales que los hombres.
Así, Márquez Gento (2019) establece que el tipo de pena que se ha impuesto a las
mujeres no ha sido exclusivamente por su conducta delictiva, sino que además siempre ha
llevado implícito el castigo por la desviación social lejana a su condición femenina, por lo
que la triple condena se manifiesta desde el primer instante en donde se criminaliza a una
mujer.
Así mismo, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (2023) afirma que los
programas de reinserción social de mujeres presenta distintos desafíos, donde los
obstáculos generales vinculados con la escasez de políticas de reinserción social, y una falta
de recursos destinados al funcionamiento de estos programas, la escasez de programas con
perspectiva de género, la existencia de programas que fuerzan dichos estereotipos y
restricciones que dificultan la participación de mujeres, específicamente, los desafíos
materiales relacionados con los requisitos para su ingreso y los obstáculos específicos que
enfrentan cierto grupo de mujeres.
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formación, las desventajas económicas, la falta de vivienda y la pérdida de documentos de
identificación personal.
Así, Antony (2007) marca que el modelo actual establece una estrecha conexión
entre lo femenino y lo maternal, lo que perpetúa vínculos que infantilizan y encasillan a las
mujeres en roles de cuidado. Esto lleva a que la condición femenina esté definida por una
serie de características impuestas por normas sociales y culturales, como la dependencia, la
falta de poder, la inferioridad física, la sumisión e incluso el sacrificio.
Equis Justicia refuerza este mismo dato citando a la CNDH en su informe del 2018,
en donde menciona que las personas liberadas sufren distintas dificultades para acceder a
un empleo que van desde no contar con una vestimenta adecuada para solicitarlo, no contar
con los requerimientos de experiencia laboral, pocos recursos para desplazarse en
transporte público para buscarlo, y en muchos casos, la limitante de contar con
antecedentes penales, (2022:32).
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1.3.2 Sub-preguntas y objetivos
Es importante mencionar que esta investigación se centra en los talleres debido a que,
según la CNDH (2019), aunque la normativa jurídica sobre la ejecución de penas aborda de
diversas maneras la reinserción social y no excluye la realización de actividades culturales
o artísticas, estas actividades suelen quedar fuera. En cambio, se prioriza la realización de
oficios o talleres con la expectativa de prepararlas para retomar su proyecto de vida al
momento de salir de prisión.
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Esta hipótesis se justifica en la LNEP establece que los centros penitenciarios deben
de garantizar los derechos de las personas en prisión, siendo la salud, educación, alimento,
entre otros, por medio de servicios dentro de la prisión y fuera de ella.
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las cárceles surgieron como establecimientos para poder asegurar la
disponibilidad del reo hasta que se celebrase su juicio; por lo que en sus
orígenes no eran lugares en los que se cumpliera condena, como en las
actuales prisiones (Checa Rivera, 2017:12)
A pesar de que el sistema carcelario ha ido evolucionando, Davis argumenta que las
mujeres hemos sido excluidas de las discusiones públicas, una razón de esto es que la
criminalidad masculina está históricamente normalizada, mientras que la criminalidad
femenina se ha relacionado a castigos públicos por sus malos comportamientos, y estas
mujeres “criminales” o “rebeldes” son percibidas por el Estado como más amenazadoras
para la sociedad que los hombres. Así, las mujeres continuaron siendo sujetas a formas de
castigo que no eran reconocidas como tal, por ejemplo, era más probable que una mujer
termine en una institución psiquiátrica que en una cárcel, pensada y gestionada para el
control de los varones; esto es debido a que los hombres son percibidos con comporamiento
criminal mientras que las mujeres han sido catalogadas como insanas (2003:78).
Davis explica que esto se debe a que el castigo masculino está vinculado
ideológicamente con la idea de penitencia y reforma. Sin embargo, dado que las mujeres no
eran reconocidas como poseedoras de derechos, no se consideraba que estuvieran
calificadas para participar en este proceso de redención (2003:82).
En América Latina, Salvatore y Aguirre (2017) explican que entre 1880 y 1930, la
reclusión de mujeres estaba controlada por instituciones religiosas, que veían a las mujeres
con "conducta desviada" como víctimas del vicio. Estas instituciones buscaban "rescatar" a
las mujeres, reintegrándolas como esposas o sirvientas domésticas, orientándolas hacia
roles tradicionales de género para alejarlas de la prostitución (2017:13).
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En México, esta lógica se replicó en lugares como la casa de recogidas en
Guadalajara, donde las mujeres eran "protegidas" y "vigiladas" por diversos motivos, como
conducta desobediente o por ser consideradas escandalosas. Estas mujeres recibían una
educación religiosa estricta, permaneciendo en silencio, realizando quehaceres domésticos
y participando en actividades religiosas con la intención de reforzar las "habilidades
femeninas" (Salvatore & Aguirre, 2017).
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Según Ramos Lezama, un hito importante ocurrió en 1957 con la adopción a nivel
internacional de las Reglas Mínimas para el Tratamiento de los Reclusos, también
conocidas como Reglas Nelson Mandela, aprobadas por las Naciones Unidas. Esto marcó
un cambio significativo en la comprensión del sistema penitenciario en el país, pasando de
un enfoque de regeneración a uno de readaptación, donde comenzaron a reconocerse y
respetarse ciertos derechos de las personas privadas de libertad. En 1965, a nivel
constitucional, se estableció el sistema penitenciario tal como se conoce en la actualidad,
incluyendo la separación entre mujeres y hombres, más adelante, en 1971, se promulgó la
Ley que Establece las Normas Mínimas sobre Readaptación Social, que estableció los
elementos esenciales para la readaptación, entre ellos se menciona el trabajo, la
capacitación para el mismo y la educación (2024:12).
A pesar de contar con una evolución significativa en cuanto a los derechos de las
personas privadas de su libertad, no fue hasta una investigación realizada por Azaola
Garrido y José Yacamán (1996) que se visibilizó la realidad de las mujeres privadas de la
libertad en México, reflejando que dichos cambios mencionados anteriormente
invisibilizaban a las mujeres privadas de la libertad por ser minoría, por lo que la
infraestructura y lógica penintenciaria respondía a un diseño pensado para los hombres. De
igual manera, ese estudio marcó un hito para la investigación de las mujeres privadas de la
libertad, ya que reflejaba el perfil de las mujeres privadas de su libertad, quienes tenían una
educación media terminada y trabajan principalmente en comercio o trabajos de cuidado no
remunerados, y la realización de sus delitos estaba fuertemente vinculada a sus relaciones
personales y marcadas por la constante violencia. Así mismo, se informó que otra
característica que compartían dichas mujeres era que vivieron tortura sexual durante el
proceso penal, dentro de prisión realizaban trabajos que perpetuaban desigualdades y había
una falta generalizada de servicios médicos, concientizando sobre la desigualdad estructural
debido al acceso desigual de servicios y realidades vividas en los centros penintenciarios
(1996).
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María Aguilar (Aguilar, 2016), es desmontar la concepción monolítica del proceso en la
que el castigo es el único objetivo, el juicio es el único camino y el Estado es el único
tomador de decisiones. En consecuencia, se reemplazó el sistema inquisitivo por uno de
corte adversarial. Este nuevo sistema busca fomentar el uso de medios alternativos para la
resolución de conflictos. Esto implica que la prisión sólo puede ser utilizada cuando no
exista otra opción (Instituto Nacional de Estadística y Geografía, 2017).
La reforma del 2008 fue de gran trascendencia, ya que introdujo un enfoque basado
en los derechos humanos y, al mismo tiempo, institucionalizó el concepto de reinserción
social. Según la Asistencia Legal por los Derechos Humanos (2018), esta reforma marcó un
cambio de paradigma significativo. Se pasó de un modelo de "derecho penal de autor",
donde la pena se determinaba en función de aspectos inherentes a la persona, a un modelo
de "derecho penal de acto", en el cual la sanción se deriva de la acción u omisión de la
persona, y no de la evaluación de su naturaleza.
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II. Ley Nacional de Ejecución Penal.
III. La Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra
la Mujer (CEDAW)
IV. Convención Americana de Derechos Humanos CADH
V. La Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia
contra la Mujer (Belém do Pará)
VI. Reglas Nelson Mandela
VII. Reglas de Bangkok
VIII. Reglas de Tokio
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Mexicanos. El Instituto de Reinserción Social de la Ciudad de México (2018) explica cómo
esta modificación condujo al reconocimiento del principio pro homine o pro personae, el
cual establece que todas las personas tienen derecho al respeto y la protección de los
derechos humanos reconocidos tanto por la Constitución como por los tratados
internacionales de los cuales México forma parte. Este principio orienta hacia una
interpretación que priorice la máxima protección a la persona en todo momento. Los
derechos humanos solo pueden ser restringidos o suspendidos en los casos expresamente
establecidos por la propia Constitución. Además, este artículo impone a las autoridades la
obligación de promover, respetar, proteger y garantizar los derechos humanos conforme a
los principios de universalidad, interdependencia, indivisibilidad y progresividad.
En sus artículos 7, 10, 96 y 207 señala quienes son las autoridades corresponsables,
como será su coordinación, así como los objetivos y responsabilidades en el ámbito de la
reinserción social como lo muestra la Tabla 2.
Artículo 7.
Autoridad Son autoridades corresponsables para el cumplimiento de esta Ley, las Secretarías de:
Responsable Gobernación,
de Desarrollo Social,
de Economía,
de Educación Pública,
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de Cultura,
de Salud,
del Trabajo y Previsión Social
Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte,
Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia y
Secretaría Ejecutiva del Sistema Nacional de Protección Integral de Niñas, Niños y
Adolescentes o sus equivalentes en las entidades federativas encabezada por la Secretaría de
Gobernación o su equivalente en las entidades federativas
Obligación Diseñar e implementar los diferentes programas de servicios para la reinserción social al
interior de los centros y servicios post-penales
Implementar mecanismos de participación y firmar convenios de colaboración con
organizaciones de la sociedad civil con el objetivo de diseñar e implementar servicios en
internamiento o de naturaleza post penal.
Artículo 10. Derechos de las mujeres privadas de su libertad en un Centro Penitenciario
Derechos de las mujeres privadas de su libertad en un Centro Penitenciario
Autoridades Las autoridades penitenciarias conjuntamente con las autoridades corresponsables
Obligación. Este artículo establece los derechos de las mujeres privadas de la libertad, teniendo derecho:
Maternidad y lactancia.
Recibir trato directo de personal de sexo femenino.
Contar con instalaciones adecuadas y artículos necesarios para una estancia digna y segura.
Recibir atención médica.
Conservar la guardia y custodia de su hija(o) menor de tres años con el objetivo de permanecer
con la madre en el centro penitenciario.
Recibir alimentación adecuada y saludable, así como educación, vestimenta, instalaciones
adecuadas y atención pediátrica para sus hijas(os).
Artículo 96. Coordinación Interinstitucional
Autoridades Las autoridades penitenciarias conjuntamente con las autoridades corresponsables
Obligación Impulsar espacios de coordinación interinstitucional en las entidades federativas y en el orden
federal con la participación de los sectores privado y social, con el propósito de favorecer la
inclusión laboral de las personas privadas de la libertad próximas a ser liberadas.
Artículo 207. Servicios postpenales
Autoridades Las Autoridades Corresponsables, en coordinación con la Unidad encargada de los servicios
postpenales dentro de la Autoridad Penitenciaria.
Obligación Establecerán centros de atención y formarán redes de apoyo postpenal con el objetivo de
facilitar la reinserción social, procurar vida digna y prevenir la reincidencia.
Se buscará fomentar, la creación y promoción de espacios de orientación, apoyo y desarrollo
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personal, laboral, cultural, educativo, social y de capacitación, en general, de todas las áreas
relacionadas con los ejes establecidos por el artículo 18 constitucional a fin de facilitar la
reinserción social.
Convenios de colaboración con instituciones del sector público y privado que prestan funciones
relacionadas con los servicios postpenales
Fuente: Elaboración propia con información de la LNEP
Con este contexto resulta esencial que dichas dependencias se coordinen y realicen
normas operativas que sean efectivas para garantizar que estos derechos y obligaciones
sean de facto, adicionalmente a esto, se analizará más adelante si la política pública
sectorial en Nuevo León cumple con lo establecido en esta ley.
Los servicios postpenales serán adaptados a las necesidades individuales de cada caso
y las posibilidades del individuo liberado y su familia. Para esto, se establecerán convenios
de colaboración con instituciones tanto del sector público como privado que ofrezcan
servicios relacionados con la reinserción social.
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III. La Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la
Mujer (CEDAW)
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secundaria de las mujeres por parte del sistema de justicia penal influye en su acceso a la
justicia, dado su elevado grado de vulnerabilidad frente al abuso mental y físico, así como
las amenazas durante el arresto, el interrogatorio y la detención. Es así como las mujeres
resultan desproporcionadamente penalizadas debido a su situación o condición.
Aunque las recomendaciones del CEDAW no tienen carácter vinculante para los
Estados, son útiles para especificar y enriquecer las obligaciones que las entidades deben
asumir para garantizar la implementación del tratado en el ámbito jurídico nacional.
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persona, más allá de los efectos inevitables de la institucionalización, y debe trabajar para
minimizar estos efectos. Esto requiere que el régimen penitenciario esté diseñado para
lograr este objetivo, incluyendo la educación, formación profesional, trabajo y recreación
como funciones esenciales de los centros penitenciarios, disponibles para todos los
reclusos.
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Estas intervenciones incluyen rehabilitación, educación, programas previos a la liberación,
libertad condicional y asistencia posterior a la liberación.
Del mismo modo, la Opinión Consultiva 29/22 estos programas deben buscar
fortalecer los lazos familiares, ya que son esenciales para la reintegración de las personas
mayores privadas de libertad. Además, es crucial involucrar a las organizaciones sociales
en la formulación e implementación de estrategias y planes con el fin de promover la
inclusión y la reintegración social de estas personas.
Además, conforme al artículo 90 de las Reglas Nelson Mandela sobre los servicios
postpenales, se establece que los planes individuales de reintegración social deben incluir
estrategias previas a la liberación y acciones de acompañamiento después de la liberación,
considerando la complejidad de la reintegración a la sociedad y la posible ausencia de redes
de apoyo.
La opinión consultiva destaca que toda persona privada de libertad tiene derecho a
vivir en condiciones dignas, sin tortura ni maltrato. También enfatiza que las penas
privativas de libertad deben facilitar la reintegración del individuo a la sociedad. Además,
subraya la importancia de la igualdad y no discriminación, y establece condiciones sobre
los servicios básicos que el Estado debe garantizar, como atención médica, alimentación,
agua potable y prevención del hacinamiento. Estas obligaciones se agrupan en tres
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categorías: infraestructura de calidad, atención médica y psicológica, y vínculos internos y
externos, desglosados en la tabla 3.
Como se puede ver la tabla se divide entre las obligaciones sin enfoque diferenciado,
ya que hay que recordar que el sistema penitenciario fue creado desde una visión
androcentrista por lo que la falta de representatividad es del grupo minoritario de las
mujeres, que, adicionalmente, se enfrentan a un grado de vulnerabilidad mayor al momento
de pasar el embarazo privada de su libertad.
Es por esto por lo que es tan importante la Opinión Consultiva 29/22 de la Corte
Interamericana de los Derechos Humanos, ya que marca y defiende los derechos y
condiciones mínimas desde un enfoque diferenciado para los grupos vulnerables, por lo que
se verificará más adelante si el centro de reinserción social de Nuevo León cumple con lo
establecido en el standard internacional.
V. Belém Do Pará
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indispensable cuando se habla de la reinserción social de las mujeres, ya que, establece
todos los derechos vinculados a la reinserción social.
Artículo 6. Dicta el derecho de toda mujer a ser valorada y educada libre de patrones
estereotipados de comportamiento y prácticas sociales y culturales
Artículo 8. Establece la obligación estatal de adoptar medidas destinadas para ofrecer a la mujer
acceso a programas eficaces de rehabilitación y capacitación que le permitan participar
plenamente en la vida pública, privada y social;
modificar los patrones socioculturales de conducta de hombres y mujeres, incluyendo
el diseño de programas de educación formales y no formales para contrarrestar prejuicios y
costumbres y todo otro tipo de prácticas que se basen en la premisa de la inferioridad o
superioridad de cualquiera de los géneros
Artículo 16 Reconoce la igualdad de la mujer ante la ley y el deber de toda autoridad de evitar el
trato discriminatorio por motivos de género.
Fuente: Realización propia con información de la Convención Belem do Pará
Las Reglas Nelson Mandela, también conocidas como Reglas Mínimas para el
Tratamiento de los Reclusos, son normas adoptadas por las Naciones Unidas en 1955, y se
basan en la obligación de tratar a todos los reclusos con respeto hacia su dignidad inherente
y valor como seres humanos, además, prohíbe la tortura y cualquier otra forma de maltrato.
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En su regla número 3 establece que las cárceles no deben de empeorar el sufrimiento
del recluso por su separación del mundo exterior y privación de su libertad, en su regla
número 4 argumenta que el objetivo final de la pena y medida privativa de la libertad es
reducir la incidencia por medio de una reinserción social exitosa, tanto desde la óptica
laboral, como desde la recuperativa, moral, espiritual, social de salud y deporte.
Así mismo, en su regla 107, marca que desde el comienzo de la ejecución de la pena
se debe de incentivar el mantener las relaciones con personas que puedan favorecer su
reinserción social y el interés superior de su familia, reforzando el derecho de mantener un
vínculo con el exterior, así mismo, dicta que los objetivos de la medida privativa es reducir
la reincidencia, por lo que se debe de ofrecer educación, formación profesional y trabajo.
Además, en su Regla 108, se dispone que los organismos encargados de apoyar la
reintegración de las personas a la sociedad deben proporcionar asistencia para su sustento
durante el período inmediatamente posterior a su liberación (Oficina de las Naciones unidas
contra la droga y el delito, 1955).
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sociedad. Respecto a los programas de reintegración social, estipulados en la regla 46, se
enfatiza la necesidad de llevar a cabo estos programas tanto antes como después de la
liberación, adaptándolos a las necesidades específicas de las mujeres (Oficina de las
Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, 2011).
Las Reglas de Tokio (1990) definen una serie de principios fundamentales destinados
a promover el uso de medidas que no impliquen la privación de la libertad, al mismo
tiempo que establecen salvaguardias mínimas para aquellos sujetos a medidas alternativas a
la prisión. En términos de reinserción social, estas reglas abordan las medidas posteriores a
la sentencia, que incluyen la aplicación de permisos y la asignación a centros de transición,
la liberación para fines laborales o educativos, diversas formas de libertad condicional, la
remisión y el indulto. Además, especifican que la determinación de estas medidas después
de la condena, excepto en casos de indulto, será revisada por una autoridad judicial u otra
entidad competente e imparcial si el delincuente así lo solicita.
También establecen que se deben considerar lo antes posible las opciones para liberar
a la persona privada de la libertad de un centro penitenciario y asignarla a un programa que
no implique privación de la libertad. En cuanto al régimen de vigilancia, su objetivo es
reducir la reincidencia y ayudar a la reintegración social de la persona liberada,
minimizando la probabilidad de reincidencia delictiva. Además, se establece que se
proporcionará asistencia psicológica, social y material a las personas privadas de libertad
cuando sea necesario, así como oportunidades para fortalecer sus lazos con la comunidad y
facilitar su reinserción social.
I. Un gobierno ciudadano
II. Gobierno eficaz y transparente
III. Economía incluyente
IV. Desarrollo humano y social
V. Desarrollo Sustentable
VI. Seguridad y justicia
La reinserción social entra dentro del eje seguridad y justicia, en donde estalece que
su visión es que el estado sea:
un mejor lugar para vivir, pues brinda a sus habitantes seguridad pública
efectiva y una confiable procuración de justicia a través de elementos policiales y
agentes del Ministerio Público debidamente capacitados y cuya actuación es en
estricto apego a la ley y con pleno respeto a los derechos humanos, con lo que se
promueve la confianza y la participación ciudadana en la consolidación del Estado de
derecho (Plan Estatal de Desarrollo de Nuevo León [PEDNL], 2016, pág. 203).
Objetivo 4. Modernizar y reformar el sistema penitenciario para lograr una efectiva reinserción social
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Estrategia Líneas de acción
4.1 4.1.1 Mantener el control de los centros de reinserción social del
Fortalecer el sistema penitenciario Estado.
a través de la inversión en 4.1.2 Modernizar los sistemas y procedimientos de vigilancia y
infraestructura y tecnología, así como la control.
profesionalización del personal 4.1.3 Ampliar y mantener en óptimo estado las instalaciones del
penitenciario. sistema penitenciario.
4.1.4 Impulsar la profesionalización del personal penitenciario,
bajo un esquema de respeto a los derechos humanos, alineación a la
reforma penal y con perspectiva de género.
4.1.5 Generar políticas institucionales de respeto a los derechos
humanos.
4.2 4.2.1 Fortalecer el uso de métodos alternos a la reclusión para
Rediseñar integralmente el quienes se vean involucrados en delitos menores.
proceso de reinserción social y de 4.2.2 Desarrollar un programa integral de reinserción que facilite
respeto a los derechos humanos la reincorporación de los internos a la vida productiva y social.
4.2.3 Reorganización del sistema penitenciario que permita la
adecuada separación de internos/as por estatus procesal, fuero de los
delitos y peligrosidad.
Fuente: Elaboración propia con elementos del Plan Estatal de Desarrollo 2016 – 2021
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II. Programa Sectorial de Seguridad y Justicia
37
A pesar de que se mencionó en el Plan Estatal de Desarrollo de Nuevo León 2016-
2021 que el tema de reinserción social es uno prioritario para el gobierno, sólo se menciona
en este objetivo, con seis líneas de acción que repiten las obligaciones que se tienen
establecidas por Ley Nacional de Ejecución Penal, respecto a que se evaluará más adelante
si dichas líneas de acción fueron suficientes, incidentes y exitosas para la reinserción social
de las mujeres en Nuevo León.
38
E3.3 Fortalecer el sistema penitenciario conforme a estándares de
reinserción social
Reinserción Social E1.2 Establecer el análisis y la inteligencia como guía de las acciones
estratégicas, tácticas y operativas
E1.3 Enfocar las acciones en la prevención del delito y de las
violencias.
E2.1 Fortalecer la operación a través de un modelo basado en
evidencia.
E2.2 Fortalecer los recursos materiales y de infraestructura
E3.1 Fomentar y alinear a las dependencias hacia una coordinación
interinstitucional
E3.3 Fortalecer el sistema
Penitenciario conforme a estándares de reinserción social.
Fuente: Elaboración propia con elementos del Programa Presupuestario de Seguridad y Justicia
39
En los artículos 78, 79, 80 y 81 del Reglamento Interior de la Secretaría de Seguridad
Pública del Estado se detallan las responsabilidades y competencias del Titular de la
Agencia de Administración Penitenciaria, el Director de Reinserción Social, así como de
los Titulares de los Centros de Reinserción Social Número 1 Norte, Número 2 Norte,
Número 3 Oriente y Centro de Reinserción Social Femenil, y del Titular del Centro de
Internamiento.
40
período de privación de libertad, necesarias para su posterior reinserción en la sociedad
(2021:21).
41
A continuación, se describen seis conceptos fundamentales que son cruciales para
comprender los componentes de las políticas públicas, sus etapas y la relevancia de
analizarlas desde una perspectiva de género. También se exploran los mandatos de género
que pueden estar presentes en las políticas públicas y que contribuyen a perpetuar la
desigualdad de género que viven las mujeres privadas de libertad.
Merino (2013) cataloga las fases de las políticas públicas como un proceso
compuesto de cuatro momentos:
II. Diseño: Subirats, Peter Knoepfel, Corinne Larrue y Freceric Varonne (Análisis y
gestión de políticas públicas, 2008) señalan que esta etapa conlleva la selección de
42
los objetivos, instrumentos y procesos que se deben de poner en práctica para
resolver un problema.
Esta tesis se centra en esta fase, analizando si el diseño cuenta con
perspectiva de género y no obstruya la reinserción social de las mujeres en Nuevo
León, de igual manera, se analizará los marcos interpretativos sobre las mujeres
privadas de la libertad durante el 2016-2021, definidos por Bustelo y Lombardo
como construcciones o representaciones específicas que dan significado a dicha
realidad y estructuran la comprensión de la misma (2005), identificando los marcos
dominantes entre la reinserción social y las mujeres privadas de su libertad en
Nuevo León para entender la efectividad de la reinserción social en las diferentes
situaciones y acontecimientos que generó la política pública durante el 2016-2021.
IV. Evaluación: Según López y Sosa la evaluación es considerada como uno de los
elementos fundamentales en el contexto de la gestión pública. Se trata de un método
de investigación sistemática que se centra en analizar la configuración,
implementación y efectividad de una política determinada. Este proceso permite
obtener un mayor conocimiento sobre dichas políticas tanto por parte de la opinión
pública como por parte de los actores involucrados en su desarrollo (2020).
43
la presencia o influencia de una autoridad o programa gubernamental parece ser
limitada (2020).
Marcela Lagarde (1996) sostiene que la perspectiva de género, definida por la Ley
General para la Igualdad entre Hombres y Mujeres, como la metodología y mecanismos
que permiten identificar, cuestionar y valorar la discriminación, desigualdad y exclusión de
las mujeres, justificadas frecuentemente por diferencias biológicas entre mujeres y
hombres, así como las acciones que se deben tomar para actuar sobre los factores de género
y generar las condiciones de cambio que permitan avanzar en la construcción de la igualdad
de género (2006) , facilita la comprensión de las características únicas de mujeres y
hombres, así como de sus similitudes y diferencias. Esta visión permite, también, analizar
las complejas relaciones entre ambos géneros, así como los conflictos institucionales y
cotidianos que enfrentan, junto con las estrategias que utilizan para afrontarlos.
Por otro lado, Joan Scott resalta que el género es una construcción discursiva y
cultural de los sexos biológicos (1990), mientras que Simone de Beauvoir identifica el
concepto de género como generador de una identidad femenina secundaria, dado que es un
constructo social que impone roles y estereotipos específicos según el sexo, los cuales son
internalizados por las mujeres y se convierten en parte de su identidad (El segundo sexo,
2005).
44
encuentra y la posición hace se refiere a la ubicación social y económica de las mujeres en
relación con los hombres.
Así, Moser (1989) enriquece el acervo feminista con los conceptos de necesidades
estratégicas y necesidades prácticas. Las necesidades estratégicas surgen del análisis de las
relaciones de dominio y subordinación entre los géneros en una sociedad, mientras que las
necesidades prácticas están relacionadas con las condiciones de vida de las mujeres y
responden a la percepción de necesidades inmediatas, generalmente vinculadas a sus
funciones dentro de un triple rol: madre, esposa y responsable del hogar.
Sin duda la distinción entre las necesidades e intereses prácticos y estratégicos son
conceptos fundamentales de tomar en cuenta al momento de realizar una política pública
con perspectiva de género, ya que, al no hacerlo, se dejaría fuera la interseccionalidad y
multidimensionalidad de las relaciones de las mujeres privadas de su libertad,
posicionándolas nuevamente desde la subordinación y perpetuando políticas
androcentristas.
45
De la Cruz, Cobo, Volio y Zambrano (2009) establecen que las políticas públicas de
género deben eliminar los obstáculos existentes para la consecución de la igualdad real,
compensar los efectos que ha producido la discriminación histórica hacia las mujeres y
fomentar la participación de estas en ámbitos en donde han sido excluidas.
Ramos Lezama retoma el enfoque desarrollado por Cruz, el cual establece los
siguientes elementos como necesarios para que una política tenga una perspectiva de
género:
46
Es así que la perspectiva de género debe de estar presente en todas las fases de la
política pública, desde la planificación hasta la evaluación por medio de indicadores, que
deben de evaluar si los procesos o actividades consideran las diferencias que pueden existir
entre hombres y mujeres, si las prácticas consideran buenas prácticas de género o
recomendaciones que promueven la eliminación de la desigualdad, etc. (López & Sosa
López, 2020:32).
47
Villagra define la reinserción en un sentido simple y general, como el acto de insertar
nuevamente a una persona al orden social legal en que la ciudadanía de cierta comunidad se
relaciona y del cual esta persona se encontraba excluida. El criterio de regresar al orden
social lo siguen otros autores, por ejemplo: Mandujano Montoya define la reinserción
social como el acto de regresar al individuo físicamente a la comunidad de forma positiva e
incentivando una responsabilización de la mujer rea hacia ella misma y hacia la sociedad
por medio del logro, sea de un mayor conocimiento de sus deberes y de una mayor
capacidad de resistencia a los estímulos que deriven del crimen (2018:35). Ojeda lo define
como el acto de volver a encauzar a la mujer que delinque dentro de la sociedad que la vio
cometer un delito (2012:70), creando una relación de causa-efecto donde el
comportamiento criminal significa un desajuste social del individuo, con una sociedad
reactiva negativamente a los esquemas y valores de la sociedad. Romero (2022) explica que
el ideario de la reinserción es el regreso de las personas privadas de su libertad a vivir en la
sociedad, buscandola dotarlas con herramientas para la vida, como la capacitación y el
empleo.
Así mismo, Villagra argumenta que la reinserción puede entenderse desde tres
perspectivas: a partir de un sentido valórico, que hace referencia a la necesidad de aceptar e
integrar en la sociedad libre a aquellas personas que han roto la ley; desde un sentido
práctico, concentrándose en la prestación de servicios en el proceso de reintegración a la
comunidad; y como un proceso dinámico bidireccional en donde las personas regresan a la
vida en libertad, y paralelamente, el conjunto de instituciones que participa en la sociedad
facilita este proceso, por lo que la reinserción puede entenderse tanto el sentido social de
integración a la sociedad de personas que han roto la ley, así como las prácticas que
incentivan y facilitan a las instituciones y personas que participan e inciden de ella
(2008:5).
En este sentido, Espinoza destaca que dos perspectivas empatan en la mayoría de los
significados de reinserción, la cual es la idea de re-vinculación del sujeto condenado por la
justicia penal, a las instituciones formales e informales de control social, así como la
necesidad de fortalecer su capital social, además, se espera un rol activo de las personas que
48
se encuentran en el proceso de reinserción, ya que su participación activa es una prueba del
cambio que se espera de su parte (2016:7).
Por otro lado, Navarro Méndez cita a Ruiz Ortega, quien define la reinserción social
como el modelo en donde la persona privada de la libertad ya no es tratada como objeto
sino como sujeto de derechos y obligaciones, por lo que, la reinserción social ya no se
concibe como una etapa ni un proceso, sino una situación jurídica de relevancia social que
se sustenta en la restitución del pleno ejercicio de las libertades, tras el cumplimiento de
una sanción o medida ejecutada con respecto a los derechos humanos, en donde la persona
recobre un sentido de vida digna (2022:30). En está linea centrada en los derechos
humanos, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos en su texto “Un Modelo de
Reinserción Social” menciona que la esencia de la reinserción es el enfoque a conseguir la
socialización efectiva de las personas que violan la ley y se les ha privado de su libertad por
ello (2019:14).
Asistencia Legal por los Derechos Humanos (2018) argumenta que las reformas del
2008 y 2011 cambiaron el paradigma en la política criminológica de México, estableciendo
que el Estado debe de tener como prioridad el velar por la vida, integridad física y
psicológica de las personas en situación de reclusión. Dicho cambio de paradigma se vio
reflejado en la evolución en la concepción del fin de la pena, progresando a una visión que
proteja y luche por los derechos humanos. Así, la evolución del fin de apena se puede
identificar en tres etapas: la fase de “regeneración” y de “readaptación”, las cuales contaban
con una visión patologizan ya que las persona responsable es considerado moralmente
degradado y con afectaciones psicológicas, por lo que es sujeta a tratamiento (2018:7).
Con las reformas legislativas y en el marco del derecho penal de acto, surge la fase
de reinserción, donde el enfoque de valoración se desplaza del individuo al delito cometido.
Por lo tanto, la persona deja de ser objeto de tratamiento y se convierte en sujeto de
49
derechos y responsabilidades. Se busca rescatar el concepto de la evolución de la pena y
cómo ha cambiado el objetivo del sistema penal a lo largo del tiempo, pasando de la
regeneración moral y readaptación psicológica a la reinserción social y reconocimiento de
derechos y responsabilidades (2018:7).
50
Gráfico 4. Etapas del proceso de justicia penal
Este esquema visual ilustra las distintas etapas de un programa de reinserción social,
abarcando desde el proceso de justicia penal, que comprende el momento en que se dicta la
pena, hasta después de la liberación condicional. Destaca la importancia de una
planificación integral que se extienda a lo largo de todas las intervenciones. De acuerdo con
UNODOC (2018), la probabilidad de obtener resultados positivos en la reintegración
aumenta cuando se abordan los factores que predisponen a los individuos hacia
comportamientos delictivos y cuando se atienden de manera continua e integral sus
necesidades físicas y sociales, tanto durante como después de su tiempo de
encarcelamiento. Por lo tanto, es crucial enfocarse en intervenciones completas que
garanticen una atención coherente, brindando asistencia de manera continua a las personas
privadas de su libertad tanto dentro como fuera de los centros penitenciarios. Esto resalta la
importancia de comenzar la preparación para la reinserción incluso antes de la liberación.
51
reanudación de su proyecto de vida, evitando la reincidencia delictiva en todas las etapas,
además, debe de ser culturalmente sensible.
Como se puede ver con lo presentado anteriormente, no existe una definición unívoca
de lo que implica la reinserción social, lo que genera poca claridad conceptual. No
obstante, Altamirano Jiménez argumenta que las diversas investigaciones coinciden en que
ésta debe de ser entendida como finalidad en sí misma del tratamiento penitenciario
enfocado a la resocialización de las personas privadas de su libertad, preparándolo para su
reingreso a la sociedad por medio de distintos programas y actividades que se pueda volver
a guiar a la persona delincuente dentro de la sociedad, por lo que el Estado debe realizar lo
necesario para rehabilitar y facilitar dicho reingreso (2022:26).
Sin embargo, el concepto de reinserción social para que sea útil para los fines de
esta investigación requiere tener perspectiva de género. García Prince menciona que la
perspectiva de género permite la comprensión de que la desigualdad que se apoya en la
jerarquía existente entre hombres y mujeres es el fundamento del sistema de relaciones de
poder que consolida la subordinación de las mujeres en todos los órdenes de la vida
personal y colectiva (2008:13).
52
tiene sus bases en el marco internacional consagrado de la Convención sobre la
Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW) en la que
insta a los Estados a incentivar acciones para la igualdad, así como en la Convención Belém
do Pará, el cual fue el primer tratado internacional que aborda específicamente la temática y
la violencia contra las mujeres, consagrando el derecho de las mujeres a tener una vida libre
de violencia tanto en el ámbito privado como público, así como por el Estado, formalizando
la definición de la violencia contra las mujeres como una violación de sus derechos
humanos, estableciendo los mecanismos de protección y defensa de las mujeres
(Organización de los Estados Americanos, 1994).
Una política pública de reinserción social con perspectiva de género deberá de,
primeramente, homologarse a los diversos instrumentos normativos que sientan las bases de
la reinserción social para las mujeres, como la OC-29/22, el cual marca el standard para
ciertos grupos vulnerables. El agregar la perspectiva de género como herramienta
metodológica permitirá, en caso de que se aplique correctamente, visibilizar a las mujeres
como actor dentro del sistema penitenciario, reconociendo la violencia estructural que
sufren y los prejuicios extra que conllevan por ser mujeres que no entran dentro de los
parámetros establecidos por medio de estereotipos en la sociedad.
53
fragmentada o incidental en un problema político estructurado y significativo, que incluye,
de manera implícita o explícita, una propuesta de solución (2005:119).
Boada establece que uno de los aspectos fundamentales de los estudios de género
implica la comprensión y la visibilización de que las relaciones de poder de género son el
resultado de una construcción social, el entender que la desigualdad estructural y la
subordinación de las mujeres provienen de comportamientos aprendidos y normalizados en
la interacción social, permite identificar aquellas prácticas que replican discriminación,
cuestionarlas y proceder a deconstruirlas; esta lógica se encuentra en los marcos
interpretativos que dan significado a nuestras realidades. Así, la metodología ayuda a
entender que las representaciones de los problemas de desigualdad de género pueden
carecer de perspectiva de género. Por lo tanto, las causas identificadas y las soluciones
propuestas podrían replicar esa visión restringida de la problemática (2018:76).
54
el documento original. En la segunda etapa, la base de datos de supertextos se somete a un
segundo análisis de carácter comparativo o incidental en un problema político estructurado
y significativo, que incluye, de manera implícita o explícita, una propuesta de solución
(2005:122).
55
características que permiten vincular los conceptos teóricos con los hechos observables del
problema público.
56
y hacinamiento?
¿Se encuentran las
mujeres en centros
penitenciarios
diferente al de los
hombres?
¿Se les provee
acceso igualitario
y justo a los
servicios básicos
como agua y
alimentación
sana?
¿Se les brinda
atención en rubro
de salud mental?
¿Se les permite
mantener
comunicación con
los vínculos
exteriores, como
familiares y
amistades?
¿Se les permite
visitas
conyugales?
Definición Reinserción Post Discurso estatal ¿Qué tipo de Discurso del Estado
de soluciones - liberación sobre la acciones se en el Programa
¿Qué acción es reinserción social implementan para “Operación de
propuesta? en su fase post - incentivar la Centros de
liberación reinserción social Reinserción Social”
de las mujeres? durante el 2016 –
2021
¿Qué tipo de
lineamientos/herra [40]Discursos
mientas/condicion estatales de las
es institucionales notas periodísticas
se ofrecen a las digitales sobre la
mujeres privadas reinserción social
de su libertad para de las mujeres
su reinserción? privadas de su
libertad en Nuevo
¿En qué medida León durante el
las soluciones 2016 – 2021
previstas en el
diseño de la
política pública
57
son coherentes
con la reinserción
social, vinculación
y seguimiento?
¿Qué medidas
toma el Estado
tras la liberación
de las mujeres
privadas de su
libertad?
Perspectiva Voces presentes Sesgos de Androcentrismo ¿De qué forma la Discurso del Estado
de género en los textos género política pública en el Programa
concibe la “Operación de
perspectiva de Centros de
género en la RS? Reinserción Social”
Interseccionalidad ¿Se considera la durante el 2016 –
intersección de 2021
desigualdades de
género en las
acciones
propuestas para
contribuir a la
exitosa reinserción
social de las
mujeres? ¿De qué
manera?
58
Así, el primer paso será analizar los documentos y textos mencionados en el capítulo
de fuentes de información, para proceder al segundo paso, el cual será un análisis de los
textos para identificar y analizar los marcos interpretativos, intentando identificar algún
sentido oculto; posteriormente, en el tercer pasó se realizará una identificación de los
marcos, así como un análisis de coherencia entre el programa de diagnóstico de “Operación
de los Centros de Reinserción social (028)” para la reinserción social de las mujeres en
Nuevo León.
Este capítulo describe las características de las mujeres que se encuentran privadas de
su libertad en Nuevo León mediante la información disponible en informes
gubernamentales y fuentes abiertas. Así mismo, se presentan una comparativa de la
estadística desde el año 2016 al 2021 para ver cómo evolucionó el tema en el estado
neolonés.
59
corresponde a la población de hombres y 5.1% corresponde a la población de mujeres
(ENPOL, 2021:12).
60
En 2016, el 70% de la población privada de su libertad en Nuevo León tenía
dependientes económicos al momento de su arresto, y de estos, el 63.6% tenía hijos que
dependían de ellos (ENPOL, 2016). Para 2021, esta cifra aumentó: el 77% de la población
reportó tener dependientes económicos la semana previa a su detención (ENPOL, 2021). Es
importante mencionar que en ninguno de los dos reportes la información se desagrega por
género, por lo que es imposible identificar si la responsabilidad económica de las hijas e
hijos recae más en mujeres o en hombres. Además, en el informe de 2021, no se
especificaron los vínculos con sus dependientes económicos, lo que impide determinar si
hubo un incremento en esta característica.
Estos datos nos permiten observar que la población privada de la libertad de Nuevo
León cuenta con un perfil sociodemográfico estable, con una alta prevalencia a hombres
jóvenes con baja escolaridad y antecedentes laborales informales, así mismo, existe una alta
proporción de personas con dependientes económicos, lo que resalta las repercusiones
sociales del encarcelamiento.
61
género, por lo que imposibilita comprender las características del perfil de las mujeres
neolonesas privadas de su libertad.
62
actividades de maquila y el 12.2% realizó actividades de elaboración/venta de alimentos,
como se puede visualizar en el gráfico 5 (ENPOL, 2021).
Se puede ver que las condiciones de sobrepoblación tuvieron una disminución del
hacinamiento, ya que, en 2021, la cantidad de personas que compartían celda disminuyó
significativamente en comparación con 2016. Así mismo, se observa un aumento
significativo en la separación física entre sentenciados y procesados entre 2016 y 2021.
64
centros mixtos, servicios para la atención y mantenimiento de la salud,
supervisión por parte del responsable del Centro, prevención y atención de
incidentes violentos, de tortura y/o maltrato.
2. Estancia digna - Existencia de instalaciones, capacidad de las mismas,
condiciones materiales y de higiene, así como alimentación suficiente y de
calidad.
3. Condiciones de gobernabilidad - Normatividad que rige al Centro, personal de
seguridad y custodia, sanciones disciplinarias, autogobierno, actividades ilícitas,
extorsión y sobornos, así como capacitación del personal penitenciario.
4. Reinserción social del interno - Integración del expediente jurídico-técnico;
clasificación, funcionamiento del Comité Técnico; actividades laborales, de
capacitación para el trabajo, educativas y deportivas; beneficios de libertad
anticipada y vinculación de la persona privada de la libertad con la sociedad.
5. Atención a internos con requerimientos específicos - Mujeres, personas adultas
mayores, indígenas, con discapacidad, con VIH/SIDA o con adicciones.
Los resultados destacaron lo siguiente:
65
encontraban las mujeres privadas de la libertad, no contaba con una separación entre
hombres y mujeres, así mismo, señaló hacinamiento e insuficiencia en los programas para
la prevención, insuficiencia de instalaciones necesarias, malas condiciones de
infraestructura así como deficiencias en la alimentación, además, señaló la necesidad de
separación entre procesados y sentenciados, no obstante, mostró un buen desempeño en el
rubro de reinserción social, con un cumplimiento de integración y funcionamiento del
comité técnico y acciones relacionadas con los beneficios de libertad anticipada (2016).
En cuanto a los rasgos positivos del centro, destacó con la integración de los
expedientes técnico – jurídico, clasificación de las personas privadas de la libertad,
66
integración y funcionamiento del comité técnico y organización y registros para el
cumplimiento del plan de actividades (Comisión Nacional de Derechos Humanos, 2018).
67
noviembre de 2018 y febrero de 2020, más de 7 mil internos de Nuevo León fueron
reubicados como parte del plan para fortalecer el sistema penitenciario, lo cual fue un
proceso de dos años.
Los reportes de la CNDH evidencian que los CERESOS en cuanto a su atención a las
mujeres es pobre y latente. Cuando las mujeres se encontraban en el CERESO de Topo
Chico, existen testimonios como el del Canal 28 (2020) y más, en donde se relata las
injusticias y violencias que vivían las mujeres privadas de su libertad, además, la misma
razón del cierre del CERESO, según el Economista, fue debido a que, en palabras del
gobernador en turno, Rodríguez Calderón, era el centro de delincuencia más fuerte del
norte del país, con un autogobierno y entre 4,000 a 5,000 internos (2021).
Cabe añadir que después de la creación del CERESO femenil los reportes de la
CNDH intermedia, con importantes áreas de oportunidad, especialmente el cumplimiento
de las actividades y materiales suficientes y en buenas condiciones es esencial para cumplir
con la normativa, y, en esta lógica de proceso, contribuir – en la teoría – a la reinserción
social de las mujeres.
68
3.2 Delitos más comunes
Fuente: CNDH, Informe Diagnóstico sobre las condiciones de vida de las mujeres privadas de libertad desde un enfoque
interseccional, pág. 248.
69
Fuente: Elaboración propia con datos de ENVIPE
70
y, tercero una relación marcada por dominación o algún tipo de abuso (Equis Justicia,
2019).
El tiempo que las mujeres pasan en prisión y el uso excesivo de la prisión preventiva
impactan de manera significativa en su capacidad para retomar su proyecto de vida una vez
que salen en libertad.
Ramos Lezama (2024) explica los dos escenarios que enfrentan las mujeres privadas
de su libertad. La primera es una medida cautelar, que en teoría busca "prevenir" que la
persona se fugue, cause daño a la víctima o interfiera con el proceso, lo que significa que la
persona está en prisión bajo la presunción de inocencia. La segunda se refiere a la prisión
como una pena tras una sentencia condenatoria, en la cual la persona ha sido hallada
culpable de uno o más delitos y no se le ha otorgado una sanción distinta a la privación de
la libertad.
Además, Ramos Lezama (2024) argumenta que distintas voces de la sociedad civil
han expresado su alarma ante la aplicación excesiva de la prisión preventiva en México.
Esta situación encuentra su fundamento en los artículos 19 Constitucional y 167 del Código
Nacional de Procedimientos Penales, los cuales establecen una lista de delitos considerados
"inexcarcelables". En la práctica, esto significa que la prisión preventiva se impone de
forma automática, sin que se genere un debate sobre su pertinencia en cada caso específico
(2024:73). En el gráfico 6 se puede observar cómo ha evolucionado la prisión preventiva en
México.
71
Fuente: Obtenido de https://eljuegodelacorte.nexos.com.mx/prision-preventiva-oficiosa-datos-para-la-discusion/
Además, Gómez et al. (2022) señalan que, del total de delitos imputados a mujeres en
prisión preventiva, un mayor porcentaje corresponde a delitos que requieren prisión
preventiva oficiosa en comparación con los hombres. En 2021,el 46% de los delitos
atribuidos a mujeres en prisión preventiva eran de esta categoría, mientras que para los
hombres el porcentaje fue del 41.6%. Esto evidencia que la prisión preventiva oficiosa
afecta de manera desproporcionada a las mujeres (2022).
72
En 2021, en Nuevo León, el 77.9% de la población privada de su libertad había
recibido una sentencia, y el 21.8% de ellos fueron condenados a 21 años o más. Además, el
34% de aquellos que llevaron su proceso recluidos en un centro penitenciario recibieron su
sentencia en más de 6 meses y hasta 1 año. Por otro lado, el 26.4% de esta población tardó
más de 1 año y hasta 2 en obtener su sentencia (ENPOL, 2021:47).
73
Fuente: CNDH, Informe Diagnóstico sobre las condiciones de vida de las mujeres privadas de libertad desde un enfoque
interseccional:249.
Cabe destacar que, aunque solo se mencionan tres delitos en los que las mujeres
reciben las penas más altas, también son sentenciadas con igual frecuencia por delitos como
secuestro, trata y delitos contra la salud, que, además, de acuerdo a la CNDH, en caso de
que se lleva un juicio con perspectiva de género, podría reconocerse que la mujer se
encontraban en condiciones de control y sometimiento por parte de su pareja (2022:250).
Esta es una de las razones por las cuales las mujeres cumplen condenas tan largas en
prisión: el juicio sin perspectiva de género. Según Equis Justicia (2020), los juicios se basan
únicamente en el tipo de delito, la gravedad, las circunstancias en las que presuntamente se
cometió y los requisitos establecidos por la ley, sin considerar el género ni los elementos de
la vida de las imputadas que podrían explicar por qué se involucraron en los delitos o que
justificarían la preferencia por una medida alternativa. Esto se agrava debido al estigma que
pesa sobre las mujeres en conflicto con la ley.
74
Ramos Lezama (2024) asocia este uso de la prisión con una forma de refeminización,
de acuerdo con Romero García, es un proceso mediante el cual se busca que las mujeres
adquieran los parámetros de una femeninidad que en algún momento de su vida
“perdieron” (2022:20) de las mujeres y control sobre su cuerpo, tal como lo indican Davis
(2003) y Romero García (2002). Según ellos, el aparato punitivo del Estado moraliza sus
acciones y refuerza la idea de que el lugar de estas mujeres es subordinado, posicionándolas
en clases sociales subalternas.
El juzgar sin una perspectiva de género es una forma de control social que contribuye
a que las mujeres pasen largas condenas en prisión, sin siquiera la opción de reintegrarse a
la sociedad, por lo que el mismo sistema penal se contradice al momento de establecer
penas tan largas, negandoles a las mujeres la posibilidad de retomar sus vidas,
excluyendolas de la comunidad.
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