0% encontró este documento útil (0 votos)
207 vistas9 páginas

Cuentos para Dormir

Cargado por

exyomara avila
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
207 vistas9 páginas

Cuentos para Dormir

Cargado por

exyomara avila
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

cuentos para dormir

Noche
Tranquila
con Jesús
Jesús Calma la
Tormenta
En cierta ocasión, Jesús y sus discípulos estaban
en un bote navegando por el mar de Galilea. De
repente, una gran tormenta se desató con fuertes
vientos y olas que sacudían el bote. Los discípulos
tenían miedo y pensaban que el bote podría
hundirse.

Mientras tanto, Jesús estaba durmiendo


tranquilamente en la parte trasera del bote. Los
discípulos, angustiados, fueron y lo despertaron,
diciendo: "¡Maestro, sálvanos, que perecemos!"

Jesús se levantó y reprendió al viento y al mar,


diciendo: "¡Silencio, cálmate!" De repente, el viento
se detuvo y el mar se calmó completamente. Todo
quedó en paz.

Entonces Jesús se volvió hacia sus discípulos y


les dijo: "¿Por qué tenéis miedo, hombres de
poca fe?" Los discípulos se quedaron
asombrados y se preguntaban entre ellos:
"¿Quién es éste, que hasta el viento y el mar le
obedecen?"

Desde ese día, los discípulos entendieron que


Jesús tenía poder incluso sobre las fuerzas de
la naturaleza. Aprendieron que podían confiar en
él en medio de cualquier situación difícil, porque
Jesús siempre está con nosotros para cuidarnos
y protegernos.
Jesús y Sus
Amigos
Hace mucho tiempo, en una tierra muy lejana,
vivía un hombre muy especial llamado Jesús.
Jesús era amable y amoroso, y a todos les
gustaba estar cerca de él, especialmente los
niños.
Un día, muchas personas trajeron a sus hijos
pequeños para que Jesús los bendijera. Los
discípulos de Jesús pensaron que era una
molestia, pero Jesús los detuvo y dijo: "Dejad
que los niños vengan a mí, y no se lo impidáis;
porque de los tales es el reino de Dios."
Entonces, Jesús tomó a los niños en sus brazos
y los abrazó con amor. Les habló sobre Dios y
les contó historias maravillosas. Los niños se
sintieron felices y seguros junto a Jesús.
Después de un tiempo, Jesús dijo a todos los
presentes: "Debéis ser como niños para
entrar en el reino de los cielos, porque los
niños son puros de corazón y tienen una fe
sincera en Dios."
Desde ese día, los niños siempre recordaron
el amor y la amabilidad de Jesús. Sabían que
Jesús los quería mucho y que siempre
estaría allí para escucharlos y cuidarlos.
Y así, la historia de cómo Jesús amaba a los
niños se convirtió en una historia que los
padres contaban a sus hijos antes de dormir,
recordándoles que Jesús siempre está cerca
y los ama con un amor especial y eterno.
Jesús y el Niño
Generoso
Hace mucho tiempo, en un pequeño pueblo
cerca del mar, vivía un niño llamado Mateo.
Mateo era conocido por ser muy generoso y
siempre compartía lo que tenía con los demás,
aunque fuera poco.
Un día, Jesús visitó el pueblo y muchas
personas se reunieron para escucharlo hablar
sobre el amor de Dios. Mateo, emocionado por
conocer a Jesús, decidió llevar lo poco que
tenía: cinco panes y dos peces. Pensó que,
aunque pareciera poco, podía ofrecérselo a
Jesús como regalo.
Cuando Jesús vio el gesto generoso de Mateo,
sonrió y agradeció por su don.
Luego, Jesús tomó los panes y los peces, los bendijo
y comenzó a repartirlos entre la multitud que había
venido a escucharlo. ¡Milagrosamente, los cinco
panes y dos peces se multiplicaron y alcanzaron
para alimentar a todas las personas presentes!
Mateo y todos los niños en el pueblo estaban
asombrados y felices de ver cómo Jesús había
convertido un pequeño regalo en algo tan grande y
especial. Desde entonces, Mateo aprendió que,
cuando compartimos lo que tenemos con amor y
generosidad, Dios puede hacer grandes cosas con
nuestras pequeñas acciones.
Esa noche, todos en el pueblo se acostaron con una
sonrisa en el rostro, recordando cómo Jesús había
enseñado a través del gesto generoso de un niño
llamado Mateo.
La Parábola del
Sembrador
Hace mucho tiempo, Jesús estaba rodeado de
muchas personas que querían escuchar sus
enseñanzas. Para enseñarles acerca del Reino de
Dios, Jesús les contó una historia maravillosa
llamada la parábola del sembrador.
Había una vez un hombre que salió a sembrar
semillas en su campo. Mientras sembraba,
algunas semillas cayeron en el camino donde la
tierra era dura. Los pájaros vinieron y se las
comieron. Otras semillas cayeron en terreno
rocoso donde había poca tierra, y aunque
brotaron rápidamente, se marchitaron porque no
tenían raíces profundas. Algunas semillas cayeron
entre espinos, que crecieron y ahogaron las
plantas.
Pero algunas semillas cayeron en tierra buena y
produjeron mucho fruto, algunas cien, otras sesenta y
otras treinta veces lo sembrado.
Cuando Jesús terminó de contar la historia, explicó
su significado a sus discípulos y a la multitud. Las
semillas representaban la Palabra de Dios que se
siembra en los corazones de las personas. El camino
duro representa a aquellos que escuchan la Palabra
pero no la entienden, y el diablo viene y se lleva la
semilla. El terreno rocoso son aquellos que reciben la
Palabra con alegría, pero cuando enfrentan
problemas o persecución, se alejan. Las espinas son
aquellos cuyas preocupaciones y riquezas del mundo
ahogan la Palabra y no pueden dar fruto. Pero la
tierra buena son aquellos que escuchan la Palabra, la
entienden y la aplican en sus vidas, produciendo
mucho fruto para Dios.
Jesús y la Oveja
Perdida
Hace mucho tiempo, en un campo verde y tranquilo, vivía
un pastor llamado Simón. Simón cuidaba un rebaño de
ovejas con mucho amor y cuidado. Entre todas las ovejas,
una de ellas era especial para Simón. Era una oveja
pequeña y traviesa que siempre se escapaba del rebaño
para explorar por su cuenta.
Un día, cuando Simón contaba las ovejas, se dio cuenta de
que la oveja especial no estaba. Se preocupó mucho y
decidió salir a buscarla. Caminó por valles y subió colinas,
llamando suavemente a la ovejita perdida. Después de
mucho buscar, finalmente encontró a la ovejita atrapada
entre unas rocas.
Simón se alegró mucho de haber encontrado a su ovejita
perdida y la cargó sobre sus hombros con cuidado.
Mientras regresaban al rebaño,

Simón cantaba y sonreía, feliz de tener de vuelta a su


ovejita.
Jesús contó esta historia para enseñar una lección muy
importante. Él dijo que Dios es como el buen pastor que
cuida de sus ovejas con amor y paciencia. Cuando una
persona se aleja de Dios, él nunca deja de buscarla y se
alegra mucho cuando esa persona decide volver a él.
Jesús ama a cada uno de nosotros como el pastor ama
a sus ovejas, y siempre está dispuesto a guiarnos y
protegernos en nuestro camino.
Y así, la historia de Jesús y la oveja perdida nos enseña
que siempre podemos confiar en el amor y el cuidado
de Dios, quien nunca nos abandona y siempre nos
espera con los brazos abiertos.
Jesús en el
Templo
Hace mucho tiempo, en una ciudad llamada
Jerusalén, vivía un niño llamado Jesús. Jesús era
especial porque era el Hijo de Dios y tenía mucho
amor por Dios y por las personas.
Cuando Jesús tenía doce años, fue con sus padres
a Jerusalén para celebrar la fiesta de la Pascua.
Después de la celebración, Jesús se quedó en el
Templo de Jerusalén sin que sus padres lo
supieran. Estaba tan fascinado por las enseñanzas
de los maestros de la ley y por hablar con ellos
sobre Dios, que perdió la noción del tiempo.
Mientras tanto, sus padres, María y José, lo
buscaron angustiados durante tres días.
Finalmente, lo encontraron en el Templo, sentado
entre los maestros, escuchándolos y haciéndoles
Todos los que escuchaban a Jesús estaban preguntas.
asombrados por su sabiduría y entendimiento.
Cuando María y José encontraron a Jesús, estaban
preocupados y le dijeron: "Hijo, ¿por qué nos has
hecho esto? Tu padre y yo te hemos buscado con
angustia". Jesús respondió con calma: "¿Por qué me
buscaban? ¿No sabían que debo estar en la casa de
mi Padre?" Entonces, Jesús se fue con sus padres a
Nazaret y les obedeció.
Esta historia nos enseña que desde una edad
temprana, Jesús tenía un profundo amor y
conocimiento de Dios. También muestra la
importancia de aprender sobre Dios y estar en su
casa para adorarlo y aprender más sobre él.
La Transfiguración
de Jesús Un día, Jesús invitó a tres de sus amigos más
cercanos, Pedro, Santiago y Juan, a subir a una
montaña alta. El sol brillaba y el cielo estaba
despejado cuando llegaron a la cima. Jesús quería
mostrarles algo muy especial.
Mientras estaban allí, de repente, Jesús comenzó a
brillar con una luz muy brillante, más brillante que el
sol. Sus ropas se volvieron tan blancas como la nieve.
Pedro, Santiago y Juan se sorprendieron y no podían
apartar la vista de Jesús.
Entonces, algo aún más increíble sucedió. Moisés y
Elías, dos personas muy importantes de la historia de
Dios, aparecieron y comenzaron a hablar con Jesús.
Pedro, emocionado, dijo: "Maestro, ¡qué bien que
estemos aquí! Vamos a hacer tres cabañas: una para
ti, una para Moisés y una para Elías". No sabía qué
Mientras Pedro hablaba, una nube los cubrió y una voz más decir porque estaba tan asombrado.
resonó desde la nube, diciendo: "Este es mi Hijo amado,
a quien he elegido. Escuchadlo". Los discípulos se
asustaron mucho y se tiraron al suelo. Pero Jesús se
acercó a ellos y los tocó, diciéndoles que no tuvieran
miedo.
Cuando miraron de nuevo, solo vieron a Jesús. Estaban
tan asombrados que no podían dejar de pensar en lo
que habían visto. Jesús les dijo que no contaran a nadie
lo que habían visto hasta que él hubiera resucitado de
entre los muertos.
Desde ese día, Pedro, Santiago y Juan sabían que Jesús
era verdaderamente especial. Vieron una pequeña
muestra de la gloria de Jesús, y eso los ayudó a
entender mejor quién era realmente Jesús: el Hijo de
Dios, lleno de luz y amor.
La Transfiguración
de Jesús Hace mucho tiempo, en una ciudad llena de gente,
vivía un hombre que había nacido ciego. Este hombre
nunca había visto el mundo a su alrededor, pero había
escuchado muchas historias sobre un hombre llamado
Jesús, que hacía milagros y sanaba a la gente.
Un día, Jesús pasó por donde estaba el hombre ciego.
Sus discípulos le preguntaron: "Maestro, ¿quién pecó,
este hombre o sus padres, para que haya nacido
ciego?" Jesús les contestó: "Ni este hombre pecó ni
sus padres, sino que esto sucedió para que las obras
de Dios se muestren en él".
Entonces, Jesús escupió en el suelo, hizo barro con la
saliva y untó el barro en los ojos del hombre ciego.

Luego le dijo: "Ve y lávate en el estanque de Siloé". El


hombre hizo lo que Jesús le dijo y, cuando se lavó los
ojos, ¡pudo ver por primera vez en su vida!
El hombre ciego estaba lleno de alegría y corrió a
contar a todos lo que Jesús había hecho por él. La
gente que lo conocía no podía creerlo y se preguntaba
si era el mismo hombre que había sido ciego desde su
nacimiento. Pero él les aseguraba: "Sí, soy yo. Jesús me
curó y ahora puedo ver".
Esta maravillosa historia de la curación del ciego de
nacimiento nos enseña que Jesús tiene el poder de
sanar y transformar nuestras vidas. Nos recuerda que,
aunque no podamos entender todas las cosas que nos
suceden, podemos confiar en que Dios tiene un
propósito y que su amor y poder pueden obrar
maravillas en nosotros.

También podría gustarte