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Cuento El Mono Coto Ok

cuento mono coto
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ANDREA Y CLAUDIA PAZ

El mono Coto
ANDREA Y CLAUDIA PAZ

El mono Coto
En la selva, el mono Coto presumía
de ser el mejor recolector de plátanos.
Era muy vanidoso porque creía ser el
animal más hábil de todos.
Este mono maleducado se burlaba
de sus compañeros y les gritaba:
«Ustedes no saben recoger plátanos.
Yo soy el único que puede ¡jo, jo, jo!».
Los demás animales de la selva
sabían que no tenían la misma
habilidad del mono. Tanto escucharon
las burlas de Coto que empezaron a
creer que nunca podrían conseguir ni
un solo plátano.
Un día, el jabalí por casualidad se
topó con un árbol de plátano y le cayó
un plátano en la cabeza.
Se dio cuenta de que no tenía la
agilidad del mono, pero que sí tenía la
fuerza para hacer caer los plátanos si
golpeaba el árbol con su cuerpo.
Así que se alejó del árbol, tomó
viada y ¡pum! cayeron los plátanos al
piso.
¡El jabalí sí pudo!
Al ver esto, el mono Coto fue
donde el caimán y le dijo: «El jabalí
pudo, pero tú no podrás coger ningún
plátano ¡jo, jo,jo!».
El caimán, harto de escuchar al
mono vanidoso, estuvo pensando en
qué cosa podría hacer para coger los
plátanos.
Abrió su gran boca y mordió y
mordió el tronco del árbol de plátano,
hasta que el tronco cayó y los plátanos
quedaron justo al alcance del caimán.

¡El caimán sí pudo!


Viendo esto, el mono Coto buscó
a un animal más pequeño y lento,
para que no pudiera competir con
él. Encontró a la tortuga Taricaya y
le dijo: «El caimán pudo, pero tú no
podrás ¡jo, jo, jo!».
La tortuga Taricaya escuchó al
mono, y con una sonrisa respondió:
«Claro que podré, ya verás».
La tortuga Taricaya avanzó unos
cuantos pasos y se detuvo. Allí se puso
a contar del diez al uno en cuenta
regresiva.
El mono empezó a reírse de la
tortuguita Taricaya, pero apenas ésta
terminó de contar, unos plátanos
maduritos cayeron del árbol hasta
donde ella estaba. Todo el tiempo
ella había estado contando los días
y estudiando cuánto tardarían en
madurar y caer.

¡La tortuga sí pudo!


Los animalitos de la selva se
pusieron felices. Antes creían que no
podían, porque pensaban que eran
lentos, torpes o muy bajitos, pero
luego descubrieron cuáles eran sus
habilidades y las utilizaron con ingenio
y creatividad para conseguir todo
aquello que se propondrían lograr.
El mono Coto se dio cuenta de
que sus amigos eran igual de capaces
que él y que, a pesar de tener distintas
habilidades, todos pudieron conseguir
los plátanos. Y nunca más volvió a
decir «tú no puedes».

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