@Tierra Salvaje
Primera edición: febrero de 2020
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A las pocas semanas de cumplir los dieciocho me dieron
unas fiebres muy altas que, aún a día de hoy, ni los médicos
saben qué es lo que pasó. Tres años prácticamente en
cama, solo podía moverme con gran esfuerzo, con dos
muletas y con muchos dolores. Después de eso, cuando las
fiebres remitieron, medía más de un metro ochenta de
altura. Pasé otro año recuperando mi musculatura e
intentando volver a mi vida anterior. Para cuando cumplí los
veintitrés y terminé, por fin, con todo ya tenía un cuerpo
atlético y perfectamente tonificado. Durante los primeros
meses de mi enfermedad, mis amigos, poco a poco, se
fueron olvidando de mí, con una única excepción, Eva, quien
en ningún momento me dejó de lado y estuvo apoyándome
durante todo el tiempo. Tras esta experiencia, a mis amigos
los clasifico en dos categorías: Eva, en un lado, en el lado
bueno de los amigos; y a mil kilómetros de distancia, los
demás.
Eva me había llamado dos días antes para quedar, porque
según dijo, me quería pedir un gran favor, algo que, por
supuesto y tratándose de ella, si estaba en mis manos lo
haría sin pensármelo dos veces. Llegué antes de la hora
acordada, no me gusta llegar tarde. Mientras esperaba
aproveché para tomar café y ojear el periódico, en eso
estaba cuando la vi llegar por la acera, acompañada de una
mujer a la que reconocí como una de sus mejores amigas
del trabajo, ya que la había visto desde lejos alguna que
otra vez, cuando habíamos quedado y había ido a buscarla,
aunque nunca fuimos presentados. La amiga en cuestión
era una de esas mujeres que, cuando entraba en algún sitio
todos los hombres se giraban para poder mirarla. Eva era
muy particular, no le gusta en absoluto mezclar su vida
personal con la laboral, si podía evitarlo, era casi obsesiva
con ello, ambas facetas las mantenía perfectamente
separadas, amistades incluidas. Cuando llegaron, y tras
presentarnos, tocó el turno de los saludos. A Eva le di dos
besos, mientras que, a su amiga Susana, simplemente le
tendí la mano, que ella estrechó mientras le dirigía una
mirada de curiosidad a Eva. Fue entonces, justo antes de
sentarnos, cuando en mi espalda sonó una voz femenina
llamándome por mi nombre, Pedro. Cuando me volví, una
rubia me saltó en los brazos dándome dos besos en las
mejillas, se trataba de Ana, mi ex. Saludó a Eva y a su
amiga, para después mantenerme sujeto por los brazos
mientras me daba un repaso de arriba abajo.
―Por ti no pasa el tiempo, sigues igual de guapo…
―Tú que me ves con buenos ojos… La que sí que está
impresionante eres tú. Solo has cambiado para mejor…
―Adulador, qué eres un adulador… ―me sonrió.
―Bueno, Ana, ¿y qué haces por aquí? Pensé que estabas en
Valencia.
―Y allí sigo, estoy aquí por trabajo, regreso esta tarde… Y,
por cierto, me voy que tengo el tiempo muy justo, solo me
he parado para saludarte… Me ha encantado verte…
―Y a mí, aunque haya sido como la visita del médico ―se
rio de mi comentario.
―Sí, tienes razón, para la próxima te prometo que haré un
hueco y te llamaré para salir a comer o a cenar, y ponernos
al día, ¿te hace?
―Hace… Te tomo la palabra…
Tras esto y decirme ella que me llamaría, nos despedimos,
saludando a Eva y a su amiga, marchándose a toda
velocidad mientras miraba el reloj. Me senté sonriendo,
observando a las dos mujeres que tenía ante mí cómo me
miraban, Eva socarrona y su amiga con curiosidad. Le
pedimos al camarero dos nuevos cafés para ellas, después
estuvimos hablando durante unos cuarenta minutos, de
diversas cosas. La amiga de Eva me pareció una mujer
inteligente, culta y muy divertida, sin embargo, del tema del
favor, Eva no dijo ni media y, desde luego, yo no pensaba
decir nada mientras estuviera su amiga delante.
―Vaya, veo que Eva tenía razón cuando me dijo que eras
muy discreto ―soltó repentinamente Susana.
― ¿Perdona, ¿cómo dices?
―Susana tenía dudas de si debía pedirte ayuda, más que
nada por si podrías mantener la discreción o no. Le he dicho
según veníamos, que tú no sacarías delante de ella el tema
del favor que te quiero pedir ―me sonrió Eva.
―Supongo que eres consciente de que me acabo de perder,
¿verdad? ¿Qué tiene que ver ella con todo esto? No creo
que me conozca de nada.
―Sí, sé que estás perdido del todo ―dijo Eva soltando una
carcajada―. Mira, el favor que pretendo que me hagas es
muy simple, quiero que acompañes a Susana a una boda,
por eso está aquí… ―se quedó mirándome sonriente.
―A ver, a ver, a ver… que me he vuelto a perder de
nuevo… Primero, sabes que, dado que me lo pides tú, si
puedo lo haré, y eso no será problema siempre que me
coincidan las fechas, algo que por otro lado supongo que ya
te has molestado también en mirar…
―Tal y como dices, sí. Es dentro de dos fines de semana, en
el puente, y lo tienes libre, porque me lo comentaste el mes
pasado… ¿Entonces acompañarás a Susana a la boda?
―Sí, claro, pero… joder, es que no me lo creo ―me pasé la
mano por la cara ―esto parece el guion de una comedia
romántica de Hollywood.
―La verdad es que, si lo piensas detenidamente, eso no te
lo puedo negar ―se rio Eva acompañada por Susana.
―Pero hay algo que no entiendo, perdóname si soy un poco
brusco ―me dirigí a Susana―, pero eres muy atractiva, por
el rato que llevamos hablando, también muy inteligente,
divertida y además tienes un cuerpo de infarto, con solo
chasquear los dedos tendrías al hombre que quisieras…
― ¿Supongo que lo que no entiendes es por qué razón Eva
te ha pedido ayuda a ti en lugar de buscarme yo un
acompañante por mi cuenta?
―Básicamente sí, no creo que hubieses tenido mucho
problema con ello…
―La idea fue mía ―replicó Eva― Susana pensaba hacer eso
mismo que has pensado, estuvimos las dos hablando de las
opciones que tenía y de con quiénes podría ir. La verdad es
que fue decepcionante, y entonces cuando me puse a
pensarlo detenidamente con quiénes más o menos podría
tener confianza para ello, viniste de inmediato a mi mente.
No sabes lo que me ha costado convencerla de que
aceptase venir, aunque simplemente fuese a conocerte… y
por lo que he visto, creo que ha quedado gratamente
sorprendida ―repuso irónica, mientras me fijé en que
Susana se sonrojaba.
―Bueno, no diré que todo esto no sea estimulante para mi
ego, que lo es, me ha subido unos cuantos enteros ―sonreí
arrancándole a las dos una carcajada―, pero creo que, ya
que voy a hacerlo, me gustaría saber qué es lo que ocurre
con esa boda, supongo que será algo tan trillado como un
exnovio, o una amiga… digamos que en plan víbora, ¿o me
equivoco?
―Para nada, se trata de mi ex, tal y como dijiste, el perfecto
guion cursi de una comedia romántica, no te lo niego, casi
da hasta repelús si lo piensas un poco ―repuso riéndose
Susana―. Verás, llevaba con mi ex desde que terminamos
la carrera. Se casan una de mis mejores amigas con uno de
sus mejores amigos, a los que nosotros presentamos y
quienes nos pidieron ser testigos, por lo que me es
imposible evitar ir, evidentemente la invitación era para los
dos, pero al romper… ―la interrumpí.
―Ahora estáis invitados los dos por separado y él va a
acudir con su nueva pareja, y tú no quieres ir sola, pero sí
con alguien en quien, al menos, puedas confiar, que tu ex
se pueda creer que es tu nueva pareja, que no sea de
vuestro grupo de conocidos o amigos, y que además no va a
tratar de aprovechar la ocasión contigo.
―Eso es, tal cual lo has dicho ―suspiró―. El problema es
que todos en los que hemos pensado o son unos babosos o
no saben tener la boca cerrada, o seguro que, y perdona lo
crudo de la expresión: se iban a tratar de meter entre mis
piernas a la mínima ocasión. Sinceramente, el único motivo
por el que he aceptado venir a conocerte es porque, por un
lado, ya estoy desesperada, y por otro, el que Eva ha puesto
la mano en el fuego por ti. Conociéndola, como la conozco,
para mí eso es el equivalente a que, por lo menos, tenía que
darte el beneficio de la duda.
―Bueno, aparte de que sigo diciendo que esto cada vez
parece más el guion de una película, dime, ¿te sirvo?
―Desde luego, además de lo que me dijo Eva, he visto por
mí misma que eres discreto. Te agradezco que me ayudes,
espero poder devolverte el favor en algún momento.
―Ya, mira Susana, si Eva te ha hablado de mí, también te
habrá dicho que soy muy claro cuando hablo ―vi cómo
asentía―. Perdona si soy un poco brusco, pero tú a mí no
me debes nada, el favor se lo estoy haciendo a Eva, que es
quien me lo ha pedido, no a ti. Por lo tanto, a quien se lo
debes es a ella, no a mí ―para mi sorpresa vi que me
sonreía aún más.
―No te preocupes, ya me avisó Eva que es lo que me dirías,
y pese a ello, también te digo yo, que os debo una muy
gorda a ambos, a ti y, por supuesto, a ella. Y antes de que
me digas nada, también sé, que solo has aceptado porque
es Eva quien te lo ha pedido ―no pude por menos que
asentir.
―Créeme que, si no es por eso no me meto yo en un
embolado de estos, ni de broma… Pero ya que estamos con
los dos pies metidos en el lio, creo que tú y yo vamos a
tener que quedar para que me pongas al día sobre todo lo
que tenga que saber y ponernos de acuerdo para cuando
nos interroguen que, si es una boda normal, lo harán, y
poder contestar los dos lo mismo. En este caso, aun con
más motivo.
―Ten este pendrive ―me extendió la mano para dármelo―
en él hay un archivo en el que te lo explico todo, también
está mi número de teléfono para que si tienes cualquier
duda me llames. Lo siento, pero mañana tengo que salir de
viaje por trabajo y no voy a estar de vuelta hasta la semana
que viene, ¿te parece que quedemos para cuando regrese
antes de ir a la boda y así cambiamos impresiones?
―Sí, me parece perfecto, le daré un vistazo a este pendrive,
si no tengo algo claro te llamaré, pero es una buena idea la
de quedar antes de irnos y terminar de aclarar cualquier
duda que tengamos.
―Te recuerdo que también tienes la despedida de Soltera
―replicó Eva dirigiéndose a Susana―, tenéis muy poco
tiempo disponible para quedar.
―Sí, es verdad, tendría que ser el martes según regrese,
porque el miércoles es la despedida y el jueves tenemos
que irnos por la mañana hacia donde van a celebrar la
boda…
―Perdonad un momento las dos, ¿irnos a dónde van a
celebrar la boda?
―Sí, es en un hotel en la costa, en el mediterráneo, la boda
es el sábado, pero todos los amigos llegaremos el jueves
para estar juntos unos días, por eso se celebra durante este
puente ―explicó Susana mientras a Eva se le escapaba una
media sonrisa, lo que no es que me diese mucha
tranquilidad conociéndola.
―De acuerdo ―asentí.
Tras esto volvimos a pedir otra consumición y continuamos
hablando los tres durante otra hora más o menos antes de
marcharnos, ellas dos por un lado y yo por otro. Al llegar a
casa lo primero que hice fue usar mi ordenador con el
pendrive y echarle un vistazo a lo que Susana me había
preparado, después de eso, me preparé algo para cenar y
tras esto, antes de acostarme, llamé a Eva para que me
contase algo más sobre su amiga, ya que era la culpable de
verme en semejante lio. Tras hora y media
aproximadamente hablando los dos de Susana y que Eva
me la vendiese como el no va más, no pude por menos que
preguntarle por sus intenciones con todo esto…
―Oye Eva, con todo esto no te estarás metiendo a
casamentera, ¿verdad?
― ¿Yo?, cómo crees que haría algo así… pero hombre,
venga ya…
―Que nos conocemos hace mucho Eva, que nos
conocemos…
―Pues por eso mismo no deberías ni haberlo pensado.
―Ya, claro, por eso mismo llevamos hablando hora y media
de ella y no ha salido ni un inconveniente, todo es perfecto
en el cuento de hadas de tu amiga Susana. Vamos, que casi
en lugar de una mujer esto parece la Anunciación de la
Virgen, no me jodas Eva, te repito, que nos conocemos…
―Bueno vale, no te he mentido en nada, pero quizá
tampoco te lo he dicho todo…
― ¿Y?
―Como te he dicho es muy dulce y bastante clara hablando
―se rio―, pero también es cierto que tiene un carácter
endemoniado, cuando se enfada es de armas tomar.
― ¿Solo eso?
―Solo eso, de verdad…
―Bien, vale. Pero conste que no por ello dejo de estar con la
mosca detrás de la oreja contigo… Seguro que aun te
guardas algo, no me trago que solo sea eso…
―Pues tú mismo, guapo… y tira para la cama, que yo
mañana tengo que madrugar, que tú te puedes levantar
cuando te dé la gana, pero yo no.
Nos despedimos, y de verdad, que empezaba a sospechar
de Eva, el que ni ella ni Susana no pudiesen encontrar a
ningún chico apto, para que acompañase a esta última, no
terminaba de convencerme por muy lógica que sonase su
argumentación. Eva tenía un puesto de relevancia en un
banco y por lo que me dijo Susana era ejecutiva,
recientemente ascendida en una multinacional, por lo que
ambas tenían un buen nivel de vida y físicamente ambas
eran una belleza, especialmente en el caso de Susana. Yo ya
sabía que Eva tenía a alguien en su punto de mira, por lo
que de ser en su caso no cualquiera le serviría para ello, si
esa persona no se prestaba, pero según me dijo, Susana no
tenía novio ni proyecto de tenerlo, por lo que cualquiera,
con un mínimo le podía haber servido, y estaba seguro de
que ambas conocían a un montón de hombres mejores que
yo, que les pudiesen servir.
Durante el periodo que estuve con las fiebres saqué los
cursos a tropezones con unas notas más que justas, lo justo
para poder llegar a la universidad cuando me recuperé. Y
todo esto gracias a una particularidad mía que nadie
conocía, ni siquiera se lo había revelado a mi familia, y no
era otra que el tener memoria eidética, o lo que es lo
mismo, memoria fotográfica. Me bastaba con dar un vistazo
a cualquier cosa durante un instante para luego recordarla
con total exactitud hasta en sus menores detalles. Por eso
cuando me recuperé me dediqué durante los tres primeros
años a cursar mis carreras a distancia mientras jugaba en
los casinos al Blackjack, mi habilidad para de un solo vistazo
recordar cada una de las cartas, más mi facilidad para los
números, una buena planificación por adelantado y mi
inteligencia me permitieron hacerme con una muy, pero que
muy buena cantidad de dinero sin despertar sospechas. Un
dinero que invertí con mucho acierto, multiplicándolo con
cierta rapidez varias veces otorgándome una economía
muchísimo más que saneada. Hice mis carreras en función
de ese dinero que tenía planeado ganar con el juego y
después con mis inversiones mediante un plan
perfectamente calculado durante esos años en que estuve
en cama sin poder hacer nada.
En el Juego sabía que no podía ser muy ambicioso para no
despertar sospechas sobre mi "suerte", por lo que unas
veces ganaba y otras no, pero al final siempre que me
retiraba de un casino para pasar a otro lo hacía con una
bonita cantidad. Ese dinero se fue multiplicando, y todo ello,
trabajando desde "casa". Evidentemente, mi dinero en
efectivo, mis cuentas y demás, quedaron por supuesto bajo
el control de Eva en su banco. Ya que tenía a mi mejor
amiga, y alguien de máxima confianza, en una buena
posición, quien mejor que ella. Pese a esto y saber Eva
perfectamente el dinero que tenía, ni por un solo instante
me preocupo que pudiese haber hablado de ello con
Susana, sabía que antes que hablar de datos concretos de
un cliente se dejaría despellejar viva. En ese momento mi
empresa contaba con un total de una treintena de
empleados y marchaba tan bien que incluso había tenido
que frenar un poco para estabilizar su crecimiento.
El martes siguiente, sabiendo por la conversación en la
cafetería que Susana regresaría por la tarde, la llame por la
mañana para quedar, me ofrecí para recogerla en el
aeropuerto y así no perder tiempo. Fui a recogerla con el
coche, un compacto de once años. Cuando la acompañaba a
que dejase sus cosas en casa me invito a cenar para, según
ella, poder hablar con más tranquilidad de todo, además de
que estaba muy cansada y no tenía ganas de salir por ahí.
Acepté, cuando llegamos a su casa, me hizo la visita
turística, luego se metió en su habitación a cambiarse para
ponerse "cómoda", que fue quitarse los tacones junto con el
traje de ejecutiva, ponerse una falda más amplia con jersey
y después directa a la cocina a preparar la cena, con lo que
la estuve ayudando. Por cierto, que debo de reseñar que
Susana resulto ser una magnifica cocinera, según me
confeso, era su hobby. Durante la cena hablamos de
multitud de cosas, no fue hasta acabar, retirar todo y
ponernos a tomar tranquilamente un café, cuando Susana
decidió entrar en materia.
― ¿Bueno, y qué te ha parecido el dosier que te he
preparado para la boda? ―sonrió.
―Mal, francamente mal ―se le borró la sonrisa de un
plumazo.
― ¿Cómo dices?
―Susana reconozco que has hecho una labor magnifica,
pero lo has complicado mucho, así nos van a terminar por
pillar. Exceso de datos que aprender y exceso de mentiras
que contar.
―Pues no sé, alguna idea… ―se aturulló.
―Sí, simplificar, decir la verdad, dentro de la mentira que
es…
―Explícate ―me miró muy seria.
―En cómo nos conocimos has metido seis párrafos
explicándolo. Dices que fue en el gimnasio, me estás dando
información del gym en el que dices que llevas mucho
tiempo, y que supongo que tu ex conocerá bien. Ante
cualquier pregunta excesivamente concreta que me haga
me va a pillar. Sería más fácil decir la verdad, que nos
presentó Eva porque nos encontramos en Gran Vía,
tomamos café y luego por culpa de ella hemos terminado
por comenzar a salir, aunque llevamos poco tiempo, solo
tendríamos que adelantar la fecha del encuentro dos meses
y arreglado… ¿me sigues con la idea? ―se quedó pensativa
dándose golpecitos en la barbilla con el dedo índice.
―Como tenemos solo un mes o un par como mucho,
todavía nos estamos conociendo, que vamos despacio y con
los horarios de trabajo, que son un problema para coincidir
todo lo que nos gustaría. Así no tenemos por qué
conocernos aún mucho y siguiendo tu ejemplo, sobre cómo
nos conocimos solo tendríamos que ponernos de acuerdo en
la fecha, todo lo demás, tal cual fue, ¿no?
―Más o menos, podemos quedar en algunas cosas, pero de
este modo, solo tendremos que memorizar unas pocas, no
las dieciséis hojas que preparaste… era una pasada de
datos Susana… nos pillan seguro ―sonreí.
―Vale, sí. Lo reconozco. Es mejor tu idea, nos permite más
margen de maniobra, e incluso meter la pata en algo
tampoco sería un desastre… Además, cualquier pregunta
incómoda o que no tengamos claro si nos pueden pillar se
podría justificar fácilmente, como que nos estamos
tanteando aun y vamos despacio…
― ¿Entonces?
―Idea aceptada, incluso podemos ponernos de acuerdo en
las pocas cosas que nos pueden preguntar sin ser la verdad,
mientras vamos a la boda y así matamos el tiempo del viaje
―se rio.
―Pues perfecto ―sonreí a mi vez.
―Oye Pedro, ¿te puedo hacer una pregunta un poco
personal?
―Depende de lo personal que sea.
―Es sobre la rubia aquella con la que te abrazaste cuando
llegamos Eva y yo, ¿era tu ex? ―preguntó curiosa.
―Sí, es mi última ex, y antes de que me lo preguntes, sí,
nos llevamos estupendamente bien. Aunque supongo que
también te lo habrá dicho Eva, ¿no?
―Bueno sí, pero es que no terminaba de creer que me decía
la verdad. Es más, creo que es la primera vez que veo algo
semejante, y más si, como me dijo Eva hacía poco más de
siete meses que lo habíais dejado…
―No es tan raro, ten en cuenta que fue de mutuo acuerdo,
le salió una oportunidad de oro en su trabajo, y cuando lo
estuvimos considerando ambos nos dimos cuenta que lo
nuestro no nos llevaba a ningún lado, más que pareja
éramos solo dos amigos con derecho a roce, la convivencia
era muy buena, el sexo también y nos teníamos cariño, pero
solo eso, y el cariño no es amor… Una vez aclarado eso,
seguir adelante ya no tenía el menor sentido. Además, el
que se tuviese que trasladar nos ha venido bien para poder
cerrar esa etapa y quedar como buenos amigos.
―Bueno, con esa explicación lo veo más lógico, no entiendo
por qué me dijo Eva cuando le pregunté que en ese aspecto
contigo alucinaba… ―dijo pensativa.
―Bueno, verás, por circunstancias, como tal, solo he tenido
tres relaciones, la última Ana, y con ella me llevo igual que
con mis dos anteriores ex, que también son dos buenas
amigas. Quizá por eso…
―A ver, a ver, que yo me aclare. ¿Me estás diciendo que la
relación con todas tus ex es idéntica a la que tienes con la
que vi el otro día?
―Sí, eso mismo… con las tres.
―Joder, ahora sí que puedo decir que de verdad entiendo a
Eva, cuando dice que contigo en ese aspecto lo flipa… no
me extraña, ahora mismo yo también estoy alucinando…
―Bueno, y cambiando ahora de tercio, me toca preguntar,
¿qué te pasó a ti con tu exnovio?
―Pues que se quemó la relación. Llevábamos un par de
años un poco mal por culpa del trabajo, nuestros horarios,
económicamente no íbamos mal, pero tampoco como para
tirar cohetes. Al poco de conseguir este trabajo y mejorar mi
situación laboral, en vez de mejorar, empezamos a discutir
casi por cualquier cosa, luego se agudizó todavía más con
mi ascenso y los viajes que tengo que realizar cada dos por
tres… Al final, la relación no aguantó, y terminó saltando por
los aires… ―vi cómo sus ojos parecieron perderse, mientras
por mi parte comenzaba a ver por dónde iban los tiros.
―Supongo que con este trabajo que tienes ahora, desde el
principio empezarías a ganar más dinero que él, ¿no?
―Sí, veo que has visto rápido el fondo del problema…
―No ha sido muy difícil, tal y como lo has explicado…
―Al comenzar a trabajar en este puesto y comenzar a
entrar aún más dinero en casa por mi parte, en lugar de
relajarnos como pensé que pasaría, pues podríamos ir
mucho más desahogados y tomarnos las cosas con más
calma, el muy gilipollas trató de aumentar su ritmo de
trabajo para igualar mis ganancias. Cuando estábamos
juntos discutíamos casi por cualquier cosa. Luego, cuando
me ascendieron, al mayor aumento de dinero se unió el
comienzo de mis viajes, llegaron los celos y sus sospechas
sobre lo que hacía o dejaba de hacer en ellos… Un fin de
semana, cuando regresé de una reunión en Lisboa me
encontré con la casa vacía, se había marchado llevándose
todas sus cosas, como despedida me dejó una simple hoja
de papel acusándome de todas las sandeces que se le
ocurrieron, incluyendo el engañarle con otros en mis
viajes…
― ¿Y lo hiciste?
―No, nunca ―negó con la cabeza apoyando su
afirmación―. Cuando estoy con alguien soy leal con mi
pareja, además, en estos viajes ni, aunque quisiese ―se
sonrió. Excepto para trabajar y dormir, los demás no sé,
pero yo no veo como poder sacarle más horas al día para
hacer otra cosa diferente. Siempre veo el aeropuerto, la
habitación de mi hotel y el sitio donde tengo que reunirme,
he viajado a muchas ciudades y no he logrado ver ni una
sola todavía más allá de los trayectos en taxi…
―Los celos son jodidos y muy malos consejeros… ¿trataste
de arreglarlo y hablar con él después?
―No, tengo que admitir que una vez se me pasó el cabreo
inicial por la forma tan cobarde de romper, me dio igual.
Sinceramente, me molestó más por las acusaciones que
vertía que, por el dejarme de ese modo, incluso a la larga
me alegré de evitar el enfrentamiento, no sé cómo
habríamos salido si lo que me escribió me lo llega a decir a
la cara. Me di cuenta de que lo nuestro estaba acabado,
pero eso no quita para que a ese hijo de puta lo tenga
atragantado, pero por otros motivos, no por la ruptura como
tal. Como compartimos muchos amigos, me enteré de que
solo un mes después de haberse largado, comenzó a salir
con una que, por lo visto, había conocido en su trabajo… y
muy poco después se fueron a vivir juntos.
―Y ahora tú sospechas que mientras te acusaba a ti de
engañarle, él sí que te estuvo siendo infiel con su actual
pareja, ¿no?
―Efectivamente, conociéndolo no me cuadra el registro de
tiempo que me han contado, y varias personas, algunas de
confianza, que sé que no me mentirían en eso. No trago con
lo de que en menos de un mes salga con ella y que dos
meses después de separarnos ya estuviesen viviendo
juntos, sin más, sin haber tenido más relación antes que la
de simples compañeros de trabajo. Sinceramente, a estas
alturas ya me da casi igual si fue así o no, pasé página,
entendí que no merecía la pena amargarme por ese
impresentable. Pero no quiero ir sola a la boda, sé que me
va a restregar a la tía con la que está en los morros solo por
joder en cuanto no venga nadie conmigo… ―para decir no
importarle ya casi, su tono desde luego destilaba rencor a
raudales.
―Bueno, eso ahora está solucionado ―decidí cambiar de
tema―, vas a ir con nuevo novio, solo espero que te hayas
planteado bien lo que esto significa si quieres que cuele…
―Sí, sé a qué te refieres, besos, abrazos, complicidad… lo
sé, y créeme que estoy dispuesta a ello… ―replicó con
firmeza.
―Joder, lo has dicho como si fuera a ser un calvario y
prefirieras ir al dentista sin anestesia, antes que hacer algo
como eso… Muchas gracias por lo que me toca… ―sonreí
irónico.
―Tenía razón Eva, eres un poco cabrón ―se rio―, sé que
me has entendido perfectamente, así que no me vas a
hacer enfadar, para ver el genio que me gasto…
―Así que la buena de Eva también te avisó, ¿no?
―Sí, me contó lo que hablasteis por teléfono la noche en
que nos conocimos y me advirtió que, antes o después,
tratarías de enfadarme para verme en mi salsa.
― ¿También te contó que le pregunté si se estaba metiendo
a casamentera entre los dos? ―la miré sonriente.
―Sí, cuando yo misma le hice también esa pregunta, me
comentó que ya se la habías hecho también tú, y supongo
que igual que a mí, te juraría y perjuraría que no tiene esa
intención…
― ¿Y tú la crees?
―Si no llega a ser porque no me presionó ni un solo instante
con que aceptase ir contigo, no la hubiese creído. Pero como
me dejó a mi libre albedrío el que fueses tú o no, y cuando
nos reunimos prácticamente llevaba el no por bandera, sí, la
creo.
Después de esto, la conversación se dispersó en varios
otros temas, al final cuando me marché eran las once de la
noche pasadas. El Dúplex de Susana era como el doble de
tamaño que mi propio piso, con tres amplias habitaciones,
una principal de tamaño más que considerable, cocina
comedor tipo americano, terraza con jacuzzi y barbacoa de
obra incluidos. Durante la conversación logré sacarle que se
lo había comprado al ser ascendida, junto con un coche
nuevo, supuse que, si el dinero ya era un problema entre
ambos, esa muestra de poder económico por su parte
terminó de darle a la relación un golpe mortal. Los restantes
problemas de celos y demás por parte de su ex, consideré
que no eran más que el efecto colateral que terminó por
destruirles como pareja por completo. De esto pasamos a
hablar de nuestros respectivos trabajos, si bien ella se
explayó bastante, por mi parte fui un poco oscuro con el
mío, sin dar los suficientes detalles como para que supiese
de verdad lo bien que me ganaba la vida, exactamente igual
que hacía con todo el mundo. Lo cierto es que, pese a todo
lo que hablamos y pese a ser algo que deberíamos de haber
hablado por si preguntaban, supongo ahora que, a ninguno
nos interesó por nuestros propios motivos, ya que ni en un
solo instante salió a relucir por parte de ambos el nombre
de la empresa en la que trabajábamos. Susana y yo
teníamos la misma edad, de hecho, ella es mayor que yo
por veinte días, fue una de las cosas que comentamos por si
preguntaban por los cumpleaños, y demás.
El jueves, Susana pasó por mi casa, para recogerme muy
temprano, ya que quería salir antes de que nos pillase la
caravana. Antes de salir la invité a subir para enseñarle
dónde vivía. Quería que supiese como era, la distribución de
mi casa y demás, por si acaso nos hacían alguna pregunta
al respecto, tanto de su casa, que ya había visitado, como
de la mía. El coche de Susana era un BMW X7 que, por su
matrícula tendría más o menos un año, verlo me acabó de
confirmar que, tanto el dúplex como ese coche debieron de
suponer un torpedo directo al corazón de su relación, como
ella me explicó, si ya venían teniendo problemas por
motivos económicos. Durante el viaje estuvimos de lo más
entretenidos intercambiando datos, tratando de crear una
historia convincente de modo que tuviésemos que falsear lo
menos posible, para evitar pillarnos los dedos. El hotel era
una auténtica preciosidad, a orillas del mediterráneo.
Cuando llegamos se hicieron cargo de nuestro equipaje y
del coche de Susana, hicimos el registro y fuimos
acompañados a la suite que ella tenía reservada. Tras dejar
allí nuestras maletas, le di una buena propina al botones
para después cerrar la puerta y recorrer la habitación,
donde me llevé la primera en la frente cuando vi la enorme
cama de matrimonio que había…
― ¿Y esto? ―señalé a la cama.
―Pues obvio, la cama, ¿no? ―sonrió.
―Por tu sonrisita supongo que no es ningún error y que, en
todo momento, has sido consciente de esto, ¿o me
equivoco?
―Para nada, y antes de que me preguntes, sí, Eva también
lo sabía…
―Empiezo a entender porque buscabas que te acompañase
alguien de confianza a esta boda y no encontrabais a nadie
―crucé los brazos mirándola seriamente.
―Obvio, aunque en la sala de estar hay un sofá muy
cómodo…
―Bien, me gusta eso de que vayas a dormir en el sofá…
― ¿Cómo dices? ―frunció el ceño.
―Digo, que, si es tan cómodo, vas a estar en la gloria,
porque ya te digo desde ahora, que yo pienso dormir en la
cama.
―Vale, igual que yo. Dije lo del sofá por si te sentías
incómodo durmiendo conmigo, no porque te estuviese
diciendo que lo hicieses allí.
― ¿Entonces no te importa compartir cama conmigo, ¿no?
―La verdad es que no, en absoluto. Eva responde por ti y yo
confío plenamente en ella. Además, por lo poco que he visto
de ti sé que no te vas a aprovechar de la situación,
dormiremos los dos la mar de a gusto y relajados… ―me dio
unas cariñosas palmaditas en un hombro, que me sonaron
poco menos que a recochineo, con un toque de ironía.
―Pues mira, después de esta jugarreta, yo que tú no estaría
tan segura de que no decidiese aprovechar la ocasión, como
tú dices. Oye, que igual hasta te pone que lo haga… ―le
intenté devolver la pelota.
―Pues nada, hazlo, tú pásate, aunque solo sea un poquito,
que verás cómo te va a poner de marchoso la patada en los
huevos que te voy a meter… ―sonrió de forma beatífica,
pero echando chispas por los ojos.
―Bueno, bueno, eso ya lo veremos… ―le piqué riéndome.
―Dejando esto a parte, ¿qué te parece si nos vamos a ver
los pueblos cercanos y de paso comemos por ahí?
―De acuerdo, me parece un buen plan.
―Pues venga.
―Oye Susana ―se volvió para mirarme―, sabes que, antes
o después, vas a tener que encontrarte con él y con todos
tus amigos, ¿verdad?
―Sí, lo sé ―me contestó seria―, pero la verdad es que
estoy un poco cansada del viaje y ahora mismo no me
apetece aguantar a nadie, ni a los suyos, ni a los míos, y
muchísimo menos al imbécil ese. Por eso prefiero que nos
vayamos los dos por ahí… si te parece bien.
―Ya te dije que sí, que el irnos esta tarde y hacer un poco
de turismo los dos me parece una magnífica idea. Además,
se nos está echando encima la hora de comer, y te confieso
que tengo hambre.
―Pues venga, vámonos antes de que nos crucemos con
alguien y se nos apunten…
Cuando llegamos a la puerta del hotel, el coche nos estaba
esperando, supuse que Susana en algún despiste mío
habría llamado a recepción para que nos lo llevasen. Tanto
las visitas como la comida estuvieron de lo más entretenido.
Susana la verdad es que, como pareja de visitas o de
comida era muy entretenida y merecía la pena ir con ella.
Después de la comida hice intención de llamar a Eva
mientras íbamos de un pueblo a otro, estaba comenzando a
marcar cuando Susana me preguntó si llamaba a Eva, ante
mi afirmación me pidió que esperase un momento y
configuró el manos libres del coche para mi teléfono. Al
mirarla sorprendido, me dijo que ella también quería hablar
con Eva y de ese modo podíamos hacerlo lo dos a la vez…
No me negué, además, sonreí para mí al pensarlo…
―Eva, cariño, sabes que eres un poquito hija de puta,
¿verdad? ―pregunté con retintín.
―Veo que ya has descubierto que solo tenéis una habitación
para los dos y la cama es de matrimonio ―me soltó irónica
mientras se reía.
―Es toda una putada, esta te la guardo…
―Venga no te enfades, eras el único tío en el que podía
confiar que no pretendiese aprovechar la ocasión…
Deberías de sentirte halagado…
―Eva, no me toques las narices que me lio la manta a la
cabeza y le meto mano a tu amiga a la primera que se me
presente. Que menudo fin de semanita que me has
preparado… te aseguro que de esta te vas a acordar,
mona… ―miré de reojo a Susana, a la que le estaba
costando no soltar la carcajada al escucharnos.
―Menos lobos, no te hagas el mártir que no cuela... mono
―me soltó con recochineo.
― ¿Qué no me haga el mártir? Eva, que me has metido a
compartir cama con tu amiga Susana… ¿Qué esta buena?
No, lo siguiente… Qué tiene media docena de polvos y la
voy a tener a centímetros durante la noche y en la misma
cama… ―me sonreí al ver como a Susana al escucharme le
dejo de parecer graciosa la situación.
―Como Susana te escuche decir eso de ella… ―se rio.
―Bueno, pues teniendo en cuenta que vamos en su coche y
con el manos libres, diría que nos ha estado escuchando, y
que por su cara creo que muy atentamente…
― ¿Susana…? ―preguntó sorprendida Eva.
―Hola Eva. Oye, ¿estás segura de que tu amiguito Pedro,
aquí presente, de verdad no es un capullo? ―estalló en
carcajadas siguiéndola Eva, a través del teléfono.
―Un poquito sí, pero solo lo justo, querida, ten en cuenta
que es un hombre, tampoco le podemos pedir peras al
olmo… ―dijo riendo Eva.
―Vaya par de brujas ―me reí―. Oye Eva, ahora en serio,
me lo tenías que haber dicho, lo de la cama, me refiero.
― ¿Te hubieses negado?
―Sabes que no, me lo pedias tú y no, no me hubiese
negado, pero no me gusta lo que has hecho.
―Lo siento, fue una chiquillada, pretendía que fuese una
broma, sabía de sobra que aun así no te negarías. Créeme
que si hubiese tenido alguna duda te lo habría contado para
que decidieras…
―Disculpas aceptadas, pero esta me la debes…
―Vale, te debo una gordísima. Susana, ¿todo bien por ahí?
―Perfectamente, tenías razón en todo, y muchas gracias
por esto. Y yo te debo una a ti muy gorda.
―Bueno, eso será si no te enamoras de Pedro, ¿no?
―empezó a reírse escandalosamente.
―Será más bien, si él no se enamora de mí, ¿no? ―le
replicó, estallando a su vez en carcajadas…
―Bueno, os dejo que tengo que prepararme, tengo planes
para esta noche y ya voy retrasada… chao… ―tras eso
colgó.
Tras colgar Eva, a Susana la risa todavía le duró un par de
minutos más. Durante toda la tarde y hasta la cena,
estuvimos viendo los pueblos de los alrededores, y lo cierto,
confieso, que me lo pasé muy bien con ella, prácticamente
como si hubiese estado Eva conmigo, el mismo plan de
colegueo. Después de cenar y mientras nos marchábamos
de regreso al hotel vimos un desvío, donde se indicaba la
presencia de un mirador en lo alto del acantilado. Le pedí a
Susana que lo tomara. Estuvimos allí un buen rato, sentados
en el murete que hacía de pared hacia el mar y que nos
llegaba más o menos a medio muslo. Estuvimos hablando
allí de sus amigos y amigas, de quién era cada uno, de lo
que podía esperarme de ellos y quiénes eran los…
"peligrosos". Estábamos a punto de irnos ya, cuando se me
ocurrió una opción que no había tenido en cuenta todavía y
que preferí aclarar…
―Susana, una pregunta…
―Dime…
―Se me acaba de ocurrir, no me lo había planteado antes,
porque mi intención era estar únicamente contigo y no
tontear con nadie, dado que se supone que soy tu novio.
Pero no sé qué opinas tú de esto, entonces si surge algo,
¿cómo lo hacemos? o, mejor dicho, ¿qué hacemos?...
―Como has dicho, oficialmente estamos saliendo, por lo
que no debe de haber "algo" con nadie, por ninguna de las
dos partes ―contestó muy seria.
―Vale, punto aclarado. Ahora el siguiente: si alguien se
pone pesado o pesada, ¿interviene el otro o cada uno
solucionamos nuestro problema? ―vi cómo se quedó un
momento pensativa.
―Creo que, lo mejor sería que cada uno trate de solventar
la papeleta por su cuenta, solo si vemos que es
"complicado", entonces sí, que intervenga el otro.
Después de esto decidimos regresar al hotel y acostarnos,
porque con la tontería ya eran las doce pasadas y al día
siguiente no queríamos levantarnos muy tarde. Esa misma
noche recibí la primera en la frente con Susana, sí, ingenuo
de mí al principio pensé que para dormir sabiendo lo de la
cama de matrimonio usaría algún tipo de pijama, me sacó
de mi error a los diez minutos de estar en la habitación. Se
metió en el servicio para cambiarse, mientras yo lo hacía en
la habitación, pensando qué ponerme para dormir, ya que
pensando en habitaciones separadas no tenía más que un
par de bermudas que, de milagro y pensando en el mar
había metido en la bolsa de la ropa. Por lo menos, cuando
entramos dejamos solo un par de pequeñas luces
encendidas en la habitación, lo que la dejaba en una
especie de penumbra.
Cuando Susana salió del baño lista para acostarse casi me
da un soponcio, la niña llevaba para dormir una braguita y
un top que le quedaba medio palmo por encima del
ombligo… y con el par de tetas que se gastaba… Uf. Me
empalmé al instante, cosa que, pese a la poca luz, se notó
perfectamente, aun con el bóxer, los bermudas y la
camiseta por encima de este, para colmo, la cabrona, se dio
cuenta comenzando a reírse a carcajadas. Confieso que, se
me cruzaron los cables, ni corto, ni perezoso me quité los
bermudas ante sus asombrados ojos, luego me metí
tranquilamente en la cama con el bóxer, la camiseta de
manga corta y una carpa que hacía que las del circo se
quedaran pequeñas… Y no penséis que la hija de su madre
se inmutó, que no, tardó aun unos minutos en dejar de
reírse por "la carpa" y meterse también en la cama. Tardó
poco en dormirse, parecía que estuviese sola en la cama, y
no con un tío empalmado que prácticamente estaba solo
con la ropa interior a su lado. Confieso que me dormí,
aunque tarde lo mío, acordándome de Eva y de todos sus
muertos por el embolado en que me había metido,
pensando en los días con sus noches que aún me quedaban
por pasar junto a Susana, pero sobre todo y casi en
exclusividad, en las noches, en la misma cama… en cómo
estaba de buena la hija de su madre, y para colmo de los
males, con esa ropita para dormir… ¡Madre mía, qué noches
me esperaban, joder la que se me avecinaba!
Me levanté pronto, como era mi costumbre en casa, nunca
he sido de dormir hasta muy tarde excepto en ocasiones
puntuales. Procuré que Susana no se despertara. Cuando
me puse de pie me quedé mirándola, estaba con la ropa de
cama bajo su brazo, rodeándole el pecho por la parte
superior, tenía una cara de serenidad que la hacía parecer
aún más hermosa. Con mucho cuidado saqué ropa limpia de
mi maleta junto con la ropa interior, luego me metí en la
ducha, tras secarme bien, me vestí allí mismo y volví a mi
maleta, a por la Tablet que me había llevado. Me fui a la
antesala de la habitación con el fin de conectarme y
comenzar a revisar los últimos documentos que me habían
enviado desde la oficina el día anterior, y que por el viaje no
tuve tiempo de ocuparme de ellos. Estuve con ello como
una hora cuando escuché un ruido y vi asomarse a Susana,
quien me sonrió para, de nuevo, desaparecer en la
habitación. Poco después escuché el ruido de la ducha y
como una hora después salía ella a la salita preguntándome
si nos íbamos ya a desayunar, quedándome un poco
alucinado por cómo se había vestido.
―No pensarás bajar así, ¿verdad?
―Sí, por qué, ¿algún problema?
―La verdad es que sí, no creo que sea lo más apropiado
que vayas de ese modo, ¿no crees que es un poquito…
escaso para estas horas?
―Te das cuenta de que no eres mi novio realmente,
¿verdad? ―dijo, mirándome muy seria.
―Sí, sé perfectamente quién soy y lo que hago aquí, pero
como creo que no me has entendido, te lo diré de otro
modo. No creo que sea muy inteligente por tu parte bajar
con ese vestido, hablando en plata, vas a quedar como el
culo.
―Explícate ―se cruzó de brazos.
―Por lo que me has contado no hace falta ser ningún genio
para suponer que más de uno y de una, va a estar
pendiente de vosotros dos, ¿o me equivoco? ―asintió―. Si
ese vestido, el conjunto en general, ya te digo que, por mi
parte no tiene nada de malo para salir por la noche si vas a
divertirte, pero a estas horas, se ve a la legua que va
destinado a tu ex y a su novia. Sin contar en cómo me vas a
dejar a mí, que me da igual ―me apresuré a aclarar―. Pero
si no me equivoco, por lo que he visto hasta ahora, a quien
te conozca medianamente bien, le demostrarías que no te
importo un pimiento, y al primer patinazo por algo que nos
pregunten se nos va a desmoronar todo el chiringuito que
hemos montado. Además, ten en cuenta que, si nos vamos
a visitar algo o a dar una vuelta con alguien, vas a tener
que subir a cambiarte, y se te va a ver el plumero por
completo… piensa en ello. Yo que tú me cambiaría por ropa
más normal y esa ropa la dejaría para esta noche si nos
vamos a algún sitio a divertirnos o surge algún plan. Ahora,
que tú puedes hacer lo que quieras ―se me quedó mirando
unos segundos.
―Voy a cambiarme, puede que tengas razón ―admitió.
Tras esto, se volvió de nuevo a la habitación a cambiarse,
saliendo de la misma completamente cambiada, vaqueros,
un jersey y una cazadora, junto con unas botas. El conjunto
os aseguro que, pese a todo, era deslumbrante, dado que
me miraba desafiante preferí no abrir la boca, salvo para
decirle que estaba preciosa. Tras ver el cambio de ropa
tampoco me quedó muy claro si lo del vestido no lo había
hecho a propósito para ver qué decía, algo no me cuadraba,
era demasiado inteligente para semejante patinazo. Lo
cierto es que yo iba más o menos igual: vaqueros, jersey,
cazadora y unos mocasines de lo más cómodo, ya que mi
intención, si a ella le parecía bien, era seguir visitando los
alrededores.
Cuando bajamos al comedor del hotel vimos que ya había
bastante gente desayunando, le pregunté dónde quería que
nos sentásemos y eligió una mesa situada en un rincón, en
un punto donde se veía la puerta de entrada, pero a
nosotros no, salvo que mirasen directamente hacia donde
estábamos. La noté nerviosa, por lo que traté de entablar
una conversación inocua y lo más alejada posible de la boda
para que se relajase. Al poco, se quedó callada y
mirándome fijamente…
―Oye Pedro, no tendrías trabajo que hacer y lo has dejado
de lado por venirte conmigo, ¿verdad?
― ¿Lo dices porque estaba con la Tablet cuando te has
levantado?
―Sí, por lo poco que vi no me pareció que fuese un libro o
algo así…
―No, tienes razón. Era trabajo, pero no te preocupes, que
no tenía nada urgente que hacer. Me suelo despertar
pronto, y decidí levantarme, luego para hacer tiempo
aproveché para ir adelantando trabajo. Tengo un horario
flexible y muchas veces incluso trabajo desde casa, por eso
lo que vaya adelantando ahora, en estos tiempos muertos
que no tengo nada que hacer, supone que el lunes estaré
mucho más desahogado, e incluso si adelanto lo suficiente,
puede que me lo tome hasta libre. ¿Más tranquila ahora?
―Pues no ―se cruzó de brazos―. Ahora lo que me da es
envidia, ojalá yo pudiese hacer lo mismo… ―soltamos la
carcajada los dos a la vez, poniéndonos después a comer en
silencio.
Estábamos desayunado tranquilamente, cuando me di
cuenta que hacía ya un par de minutos que me miraba
como si quisiera decirme o preguntarme algo y no se
atreviera.
― ¿Qué me quieres preguntar? ―le ofrecí.
―Bueno, verás, es sobre lo que me contaste de tus ex, me
dio por darle vueltas a lo que hablamos y… bueno… ―se
detuvo al verme sonreír.
―Ya, y no entiendes cómo es posible que me lleve tan bien,
y además con todas ellas, ¿no? ―asintió―. Tranquila que no
eres ni la primera, ni supongo que serás la última que me lo
pregunte.
― ¿Te lo han preguntado más veces? ―se interesó.
―Una cuantas, créeme, unas cuantas.
― ¿Y?
―Bueno, no es ningún misterio, con las tres la ruptura, por
llamarlo de algún modo, fue de mutuo acuerdo y
llevándonos bien, simplemente la relación no nos llevaba a
nada. El sexo y la convivencia eran buenas, pero… nos
faltaba ese algo ―me encogí de hombros―. Seguir no tenía
sentido, no te diré que fue un camino de rosas, porque no,
siempre es duro separarte y pensar que lo mismo vas a
hacer daño a alguien a quien, aunque sea como amiga,
sigues queriendo. Luego, bueno, la cosa se normaliza y tan
amigos…
―No, a ver, todo eso lo entiendo. Es raro que sea igual con
las tres que has estado, pero bueno, lo comprendo, es de
mutuo acuerdo y tal, no hay terceros, no hay daños, si me
entiendes lo que quiero decir. También supongo que no es:
hoy rompemos y mañana tan amigos, que pasaría algún
tiempo hasta normalizarse todo…
― ¿Entonces? ―la interrumpí para evitar que siguiese
divagando.
―Pues me refiero a tu nueva pareja, y el que la anterior sea
tan amiga… como… ya sabes… la rubia, tu última ex
―pareció un poco apurada.
―Entiendo, te refieres a cómo se lo tomaron cuando lo
descubrieron, ¿no?
―Sí, básicamente. Eso es, en realidad, lo que me tiene
perpleja y no acabo de entenderlo… Sinceramente, visto lo
de tu última ex cuando nos conocimos, si fuese yo y viera
algo como eso, no sé cómo me lo tomaría…
―Pues creo que aun te sorprenderá más, si te digo que las
tres se han convertido en buenas amigas…
―¡¡No me jodas!! ―exclamó sobresaltada con los ojos muy
abiertos.
―Pues no, aunque no te creas, que algunas veces sí que me
dan ganas de hacerlo, que estás muy buena ―le dije
sonriendo malicioso.
―Pero qué cabrón que eres ―se rio por mi comentario―.
¿Pero lo de que son amigas lo dices en serio?
―Completamente, incluso han salido las tres juntas de
marcha alguna que otra vez cuando yo aún estaba con Ana,
y por lo que sé, aun lo hacen cuando se juntan. Mira, no lo
sé, supongo que cuando vieron que no tenían nada que
temer por parte de la otra, u otras, en el caso de Ana,
cuando discutíamos o nos enfadábamos podían hablar con
alguien que tenía conocimiento de causa sobre ello. Pienso
que, luego una cosa llevó, poco a poco a la otra… Pero
bueno, sinceramente, fácil no creo que les fuese, pero me
alegro de que haya sido así.
―Lo vuelvo a decir, yo contigo alucino… Cada vez
comprendo mejor a qué se refería Eva… lo tuyo es que es…
increíble…
― ¿Y tú con la suite? ―le cambié de tema.
― ¿Cómo? ―puso cara de no entender.
―Bueno, la suite vale una pasta, hace varios meses que
rompiste con tu ex, y la reserva es imposible que no la
tuvieses ya cuando aún estabais juntos. No entiendo como
no la cambiaste por una habitación más… digamos que más
normal.
―Lo dices por lo de la cama, ¿el no cambiar a una con
dos…?
―No exactamente, me refiero a la habitación como tal. Por
cuando entiendo que hiciste la reserva, como digo, creo que
todavía estabais juntos, que esto fue, quizá, un intento por
tu parte de arreglar un poco los problemas que teníais… ¿o
me equivoco?
―No, para nada. Verás, lo cierto es que, sí lo pensé, pero
con la ruptura me centré mucho más en el trabajo y no me
volví a preocupar de esto, como aún tenía tiempo para
cancelarla, no me corría prisa…
―Entiendo, se te pasó la fecha tope y perderías la señal que
dejaste…
―No, para nada. Verás, la jugada de la suite me salió mal,
cuando se lo conté al imbécil de mi ex discutimos por la
pasta que valía, fue peor el remedio que la enfermedad
como se suele decir, y al final rompió conmigo. Unos meses
después me llamó Norma por el tema de la suite…
― ¿La novia? ―la interrumpí.
―Sí, la novia. Cuando lo hizo estaban con el manos libres
porque iban los dos en su coche, Juan Carlos me explicó que
un amigo suyo estaba buscando una suite para darle una
sorpresa a su pareja y estaban todas agotadas, como yo
tenía la mía y había roto, me ofreció la posibilidad de
dejársela a cambio de la habitación que ellos tenían
reservada… ―se sonrió con malicia.
―Y te enteraste que esa pareja era la de tu ex, ¿no?
―interrumpí viendo venir lo que había ocurrido.
―Sí, al saber de quiénes se trataba dije que no, que la suite
me la quedaba yo para mí. Por si tenía novio en ese
momento… ―me guiño un ojo riéndose.
―Ya veo. ¿Pero cómo te enteraste de que era para ellos?
―Pues por Norma. Cuando Juan Carlos me dijo lo de su
amigo, Norma enseguida me puntualizó de quién se trataba.
Por ese entonces yo tenía un mosqueo de muy señor mío,
porque esos dos se habían ido a vivir juntos unos veinte días
antes. Por eso no tragué… y dije que no, que me la quedaba
yo.
― ¿Y ese mosqueo? Creo recordar que me dijiste que te
sentiste aliviada cuando te dejó.
―Ya, pero mira. Cuando comenzamos a salir, me costó que
aceptase hacerlo porque no se decidía, era lo más inseguro
que ha parido madre, no te digo ya el que nos fuésemos a
vivir juntos, más de siete meses machacando hasta que
aceptó y a regañadientes… Y ese mismo tío, ¿de pronto en
un mes enamoradísimo y otro mes después se va a vivir
junto con esa tía…? No te haces una idea de cómo me sentó
de mal y de lo que pensé automáticamente al conocer los
detalles por amigos mutuos.
―Y, además, supongo que también influyó el hecho de que
estuviese dispuesto a gastarse la pasta en la suite con ella,
mientras que contigo discutió por ello, ¿no?
―Sí, eso ya fue el remate. A mí me montó un cisco que ni te
imaginas por la cantidad de dinero que me iba a gastar en
una gilipollez, según sus propias palabras. ¿Y luego resulta
que él quería hacer lo mismo que yo, pero para esa tía…?
Me sentó como una patada…, de modo que me cerré en
banda y me quedé con la suite. ¡¡Que se joda…!! ―gruñó al
final por lo bajo.
―Pues nada, que se joda… Por cierto, que esos dos que
acaban de entrar creo que te conocen, porque ella acaba de
señalarnos y vienen los dos hacia aquí…
―Sí, son amigos míos… ―se empezó a levantar, imitándola
por mi parte.
Según llegaron a nosotros los dos se abrazaron a ella que de
inmediato me presento. Resultaron ser Marta y Miguel, ella
era una de sus tres mejores amigas junto con la novia. Se
unieron a nosotros para desayunar, y su amiga Marta
comenzó de inmediato con el interrogatorio, tardó en
comenzar lo que terminó de echarle a Susana en cara que
no hubiese dicho ni media de que estaba volviendo a salir
con alguien, además de recalcarle que se preparase para
cuando Norma y Elena, su otra amiga, se enteraran. Mi idea
de usar la verdad en todo lo posible funcionó a la
perfección. Susana contó lo nuestro al conocernos como si
hubiese ocurrido un par de meses antes, e incluso tuvo la
picardía de saltarse la parte de Ana, mi ex, cuando apareció
y me saltó a los brazos. Por lo que contaron ellos, llegaron el
día anterior por la noche, y el único motivo de no
encontrárnoslos es que, nosotros nos habíamos marchado a
hacer turismo y cenamos fuera del hotel. Por lo que dijo
Marta, la otra amiga, Elena y Juan, su novio, también habían
llegado un poco después de ellos, cenando los cuatro juntos.
No nos dio tiempo a terminar, antes aparecieron los que
faltaban, incluidos los novios, de hecho, tuvimos que pegar
otra mesa a la nuestra para poder estar los ocho… Se habló
de todo un poco, incluidos nosotros dos, con una única
excepción, el ex de Susana, al cual no se mentó, ni de
pasada. Una cosa con la que me quedé con intención de
preguntarle luego a Susana, fue con algo que dijo Marta,
que ahora entendía lo de los últimos meses…
Cuando estábamos los ocho, comenzaron los cuatro nuevos
a volver a preguntarnos por cómo nos conocimos, cuanto
llevábamos juntos y todo lo típico. Noté a Susana un poco
envarada, cuando estaba contando el habernos encontrado
cuando ella iba con Eva, aproveché para cogerle la mano
encima de la mesa y darle un pequeño apretón. Luego,
durante su explicación de lo que hablamos y de cómo
quedamos para la semana siguiente, aproveché para
soltarle una pequeña broma y darle un golpecito con el
hombro, arrancándole una risa, devolviéndome la broma un
poco después, cuando yo estaba explicando lo que pasó
cuando quedamos a cenar en su casa... o algo muy parecido
a la realidad. El resultado es que, de ese primer examen,
salimos con nota, ya que dimos la apariencia de ser
bastante cómplices entre nosotros. A los novios los vimos
después del desayuno, pero por poco tiempo, excepto en la
comida para la que nos citaron a los seis, ya que estaría
todo el grupo de amigos de ambos. Con las otras dos
parejas quedamos para irnos por la tarde, después de
comer a dar una vuelta. Nosotros aprovechamos que los
otros se disculparon por no salir, para irnos por nuestra
cuenta hasta la hora de comer.
―Ha ido bastante bien, ¿no crees? ―me preguntó.
―Sí, por cierto, cuando nos sentemos a comer, tenemos
que seguir con los juegos, como antes ―repliqué pasándole
un brazo por los hombros y atrayéndola hacia mí.
―Vale ―me contestó, tras un momento de vacilación y
pasarme después su brazo por la cintura.
―Muy bien, pero no dudes Susana, recuerda, somos novios,
esto de ir así enlazados es de lo más inocente, pero también
muy normal ―le dije, deteniéndome para hablar mirándola
a los ojos.
―Tienes razón, es que me has tomado por sorpresa…
―Lo sé, por eso mismo lo he hecho, te he notado tensa esta
mañana cuando nos hemos juntado los ocho. Prefiero probar
ahora que estamos solos y que cualquier duda o conflicto lo
podamos arreglar de forma discreta. Es la típica cosa con la
que no podemos descuidarnos o sospecharan.
―Me parece bien, y tienes razón, es mejor que empecemos
ya, y dado que estamos solos, si hay algún problema, como
bien dices, lo podemos solucionar sin que nadie se dé
cuenta de nada… ―tomándome por sorpresa se puso de
puntillas y me besó en los labios, pasando su lengua por los
míos, dejándome clavado sin saber muy bien qué hacer.
―Vaya, ahora el que se ha quedado parado he sido yo…
―repliqué en cuanto me repuse.
―Pues mira, como tú mismo me has dicho hace un instante,
por eso mismo lo he hecho… ―se rio―. Y de paso
devolverte la sorpresa, ¿y sabes? Me ha gustado la cara de
pasmo que has puesto… ―me dio un golpecito en el pecho
con el dorso de la mano, riéndose.
― ¿Pues sabes tú qué?, que la sorpresa me ha gustado…
―respondí, cargando contra sus labios, juntando los míos y
empujando con mi lengua, introduciéndola en su boca
poniéndome a jugar con la suya, mientras veía cómo sus
ojos estaban abiertos como platos mirándome…
― ¿Sabes que, cuando pones esa carita de sorprendida,
estás aún mucho más preciosa? ―le dije tras dejar de
besarla.
Viendo la cara de mala leche que empezaba a poner, me
hice a un lado, le di un cachetito en el culo y soltando la
carcajada salí corriendo. No tardó ni dos segundos en salir
corriendo detrás de mí riéndose también, mientras me
gritaba que era un cabronazo, que en cuanto me cogiese
me iba a enterar de lo que valía un peine… Aflojé la
velocidad y la esperé, cuando consideré que estaba lo
bastante cerca, frené en seco dándome la vuelta con los
brazos abiertos, no fue capaz de esquivarme y chocó contra
mí. En cuanto la sentí pegada, cerré los brazos en torno a su
cintura y apretándola contra mí, la levanté del suelo,
poniéndome a girar sobre mí mismo con ella en el aire.
Apenas tardó unos segundos en empezar a reírse y pedirme
que, por favor, la bajase, que estaba comenzando a
marearse. Riéndonos seguimos con el paseo.
― ¿Te puedo hacer una pregunta? ―dije.
―Claro, es más, a estas alturas esa pregunta sobra. Creo
que ya tenemos la suficiente confianza como para
preguntar directamente.
―Creo que tienes razón, algo de confianza sí hemos cogido
―me reí.
―Desde luego ―me acompañó en las risas―. ¿Qué me
querías preguntar?
―Es sobre lo que dijo tu amiga Marta, lo de los últimos
meses.
―Bueno, he estado muy ocupada con el trabajo, la boda se
acercaba y estas no hacían otra cosa que tratar de
presentarme hombres… ―se encogió de hombros.
―Entiendo, supongo que no pararías de ponerles excusas
para no quedar…
―Sí, bueno, lo cierto es que, además, les pedí que dejasen
de tratar de concertarme citas, porque no pensaba ir, que
no las necesitaba… ―me sonrió irónica.
―¡¡Aah!!, claro. Ahora aparezco yo aquí contigo y acaban de
sumar dos más dos, ¿o me equivoco?
―Para nada, se han figurado que mi negativa y el porqué
me puse tan seria con ellas es por tu culpa… ―se rio.
―Vaya, muchas gracias, ya sabía yo que, en este fin de
semana sería culpable de algo, es mi sino. Mi novia es muy
injusta conmigo ―gemí teatralmente llevándome las manos
al corazón, arrancando sus carcajadas.
―Por supuesto, es una de las ventajas de ser tu novia, que
te puedo culpar de lo que quiera y me perdonarás, porque
me quieres ―me dijo con tono zumbón.
―Yo no me reiría tanto ―le respondí socarrón―, creo que te
has olvidado de los daños colaterales de todo esto. Ahora
entiendo porque tus amigas han estado tan comedidas en
sus preguntas. Eres consciente de que, en cuanto te puedan
pillar a solas, te van a acribillar, ¿verdad? ―vi el gesto de
sorpresa que ponía, haciéndome reír con ello.
―Ostras, es verdad, me van a someter a un tercer grado…
Uff… a ver qué digo… ―se quedó pensativa.
―No te rayes, sigue con lo que hablamos. Por lo menos,
ahora ya tienes una ventaja que esta mañana mientras
desayunábamos no tenías… ―le dije irónico.
― ¿Cuál?
―Pues que ya sabes cómo beso, ¿o no? ―me reí al ver que
se ponía colorada.
―Eres un cabrón, que razón tenía Eva cuando decía que no
me fiase de ti, ni un pelo, que eras peligroso.
―Oye Susana, te aseguro que no voy a… ―me cortó
sonriendo.
―Vale, no lo decía en ese sentido, sé que no vas a tratar de
aprovechar la situación.
― ¿Entonces?
―Se-cre-to ―dijo lentamente, mientras me daba un
golpecito en el pecho por cada silaba.
Tras esto, dejamos el tema aparcado y continuamos
hablando de otras cosas, incluidos nuestros respectivos
trabajos, aunque por mi parte, la verdad es que una vez
más lo hice de modo que tampoco fuese capaz de discernir
mucho, sabía que pensaba que trabajaba en una pequeña
empresa de inversiones, lo que evité fue que pudiera darse
cuenta de que, en realidad, yo era el dueño. Por otro lado,
también es cierto que el nivel de vida que vio ella cuando
me fue a buscar o por lo que me vio, tampoco era como
para sospecharlo. Mi piso estaba en un barrio obrero y mi
coche era un compacto generalista de más de diez años…
En realidad, este era uno de los principales motivos, aunque
no el único, por el que mi amiga Eva dijese que cada vez
flipaba más conmigo, como la persona que llevaba mi
dinero en el banco, tanto el personal como las cuentas de la
empresa, era más que consciente de las cantidades que
manejaba, en realidad.
Durante todo el rato estuvimos de continuas bromas,
mientras conversábamos y planificábamos posibles
situaciones que nos pudiesen surgir durante los próximos
días. Todo iba a pedir de boca hasta el momento en que
regresamos al hotel con la intención de darnos una ducha, y
prepararnos para luego bajar a comer con todo el grupo de
amigos de los novios. Nada más entrar por la puerta noté
enseguida que Susana se ponía tensa, me volví hacia ella, vi
sus ojos despedir chispas, y siguiendo la dirección de su
mirada, me fijé en una pareja que estaba en recepción. No
hacía falta ser ningún lince para saber que aquellos debían
de ser su ex con su nueva novia. Antes de que pudiese
arrancarse hacia él, la cogí de la mano llevándomela hacia
los ascensores, por fortuna me siguió sin poner la menor
traba…
―Cálmate, vamos a arreglarnos con tranquilidad, sabes que
los vamos a ver en la comida…
―Lo sé, pero es que solo ver a ese idiota me subleva…
―Pues es algo que no te puedes permitir, tienes que estar
con la cabeza fría cuando te encuentres frente a él ―le dije
pasándole el brazo por los hombros y dándole un cariñoso
apretón.
―Lo intentaré, cuento contigo por si ves que me paso, me
avises…
―No te preocupes, si veo que te emocionas, te daré una
patada… ―me reí…
―Trato hecho, pero como me duela te la devuelvo… ―se rio
ella también pasando su brazo por mi cintura.
Después de esto cambiamos de conversación, estuvimos
todo el tiempo hablando, incluso mientras uno estaba en la
ducha y el otro vistiéndose para la cena. Antes de bajarnos
le repetí que estuviese calmada y mantuviese la cabeza fría,
que procurase no alterarse para evitar cualquier conflicto o
un enfrentamiento abierto y no amargarles la boda a los
novios. Riéndose me dijo que por lo del enfrentamiento no
me preocupase, que ese imbécil nunca daba la cara cuando
le hacían frente, lo que me dejo sorprendido, ya que siendo
como veía que era Susana no entendía el que hubiese
aguantado tanto con alguien como me describía a su ex al
hablar de él, eran polos opuestos. Cuando llegamos al
comedor nos fijamos en la mesa que habían reservado para
nosotros y que ya estaba comenzando a ocuparse, incluido
los novios que ya estaban sentados hablando. Vimos que los
amigos de la novia estaban a un lado y los del novio al otro.
Al vernos llegar, la novia, Norma, nos señaló justo los dos
sitios que quedaban a su lado.
Al fijarme en que, justo enfrente, junto al novio había otros
dos sitios libres y el ex de Susana aún no había llegado me
dio mala espina, no quería pensar que los novios hubiesen
cometido semejante error de bulto conociendo como debían
de conocer la situación entre estos dos. Al sentarnos, como
de pasada y en tono de broma le pregunté a la novia, tras
darle un beso y estrechar la mano del novio, si los sitios
junto a ellos eran para los testigos… algo que admitió
riendo, además, dijo que quería tenerlos cerquita. Creo que
fue la primera de las pataditas que le di a Susana en cuanto
vi su intención de hablar, tras la respuesta de su amiga.
Cuando se la di me miró volviendo a echar chispas por los
ojos, pero para mi tranquilidad vi que, poco a poco, se
controlaba. Diez minutos después entraba en escena su ex,
Roberto, que llegaba junto con su novia, Clara. Tras la
presentación, lo primero que pensé fue que este chico más
gilipollas y no nace. Y eso que aún no había abierto la boca
como después hizo… Estábamos todos sentados hablando
los unos con los otros, cuando el muy capullo le soltó la
primera perla a Susana:
―Por cierto, veo que has aumentado bastante de peso en
estos meses… ―repuso con tono malicioso, dándole yo por
mi parte una patadita a Susana para que no saltase a su
yugular.
―Sí, como verás por fin ha cogido su peso y está aún más
atractiva. Todo gracias a que, como en estos últimos meses
ya no se tiene que matar a trabajar para alimentar a un
parasito, por fin tiene más tiempo para ella ―le repliqué,
adelantándome a Susana y a la novia.
Los novios me miraban con la boca abierta por la andanada,
tuve que darle una nueva patada a Susana, para que no se
empezase a descojonar de risa con la cara tan blanca que
se le había quedado al muy cretino de su ex por mi
contestación. Se repuso bastante rápido, por su parte, se
giró para conversar con su novia y quienes estaban al lado
de esta. Con todo, me quedaron claras dos cosas: que
Susana tenía razón cuando dijo que ese no provocaría el
menor enfrentamiento abierto, y que los novios estaban
empezando a darse cuenta de que lo de ponerlos frente a
frente, desde luego, no había sido la mejor de sus ideas. El
memo solo tardó unos pocos minutos en volver a cargar
contra Susana aprovechando que algunos le hicieron
preguntas. Sin embargo, esta vez no me dio tiempo a
contestarle, Susana se me adelantó, saltándole al cuello,
cuando soltó su segunda perla:
― ¿De modo que, al final, has encontrado a alguien que te
aguante? Qué suerte has tenido, pensé que nadie sería
capaz de ello ―le espetó en tono malicioso a Susana.
―Sí, la verdad es que me aguanta que no veas, la que
normalmente no lo hace soy yo. Es un auténtico hombre, no
como otros, que no duran ni treinta segundos y encima se
las dan de machotes, cuando no llegan ni al medio asalto
sin desinflarse por el camino.
―No creo que lo digas por mí, porque en este caso no hay
más que preguntarle a Clara si aguanto o no… los celos son
muy malos… ¿sabes? ―le replicó a Susana
―¡¡Uy!! La verdad es que, si no fuese tan celosa, se lo
prestaba a tu novia, para que probase a mi chico y pudiese
disfrutar, por fin, del sexo sin tener que aliviarse ella con
algún juguetito después de quedarse a medias. Y así, de
paso, podría saber lo que es un auténtico matador y
compensar el pobre trabajo del manso ―Susana al decir lo
de manso le mostró la mano derecha, con los dedos
meñique e índice extendidos, y el resto de dedos cerrados…
Tras esto, se cortó el cruce de ataques, con la intervención
de los novios llamándolos al orden, con voz de mala leche y
cambiando drásticamente de tema con la colaboración del
resto de amigos, que tenían cierta sonrisita irónica cuando
miraban al ex de Susana. Supuse acertadamente que, tras
esto, el muy capullo no pensaba dejarlo estar, aunque
también tenía muy claro, que evitaría nuevamente el
enfrentamiento directo. Aproveché un momento en el que
todos hablaban a la vez, para comentárselo a Susana y
pedirle que mantuviese como hasta ahora la cabeza fría…
Me sonrió, me cogió de la mano por encima de la mesa y
me la apretó para que confiase en ella, dándome a entender
que mantendría la cabeza fría y la lengua afilada. También
me fijé en que ese gesto de cogerme la mano con aparente
cariño tampoco le pasó desapercibido a Roberto, quien
torció el gesto, cosa de la que también se dio cuenta
Susana, y evitando que él la viese, me guiñó un ojo. Miedo
me empezó a dar lo que podía significar esa sonrisa sumada
a su anterior comentario…
El siguiente encontronazo vino, porque durante la
conversación con una de las amigas de Susana, Elena, me
preguntó dónde vivía, algo que conté porque no tenía el
menor interés en andar mintiendo sobre eso. Después salió
el tema del coche de Susana y Roberto me preguntó si yo
tenía también un BMW, a lo que respondí que no, dando el
modelo de mi coche. Al cretino le faltó tiempo para volver a
saltar a por Susana, esta vez usándome a mí como
proyectil… Aunque esta vez, gracias a Juan, el novio de
Elena, que era una especie de gurú de la electrónica por lo
que luego me enteraría, se la volvimos a dar en los
morros…
―Vaya Susana, ahora te lías con curritos… ¡Qué bajo has
caído, ¿no?
―Pues no, teniendo en cuenta que antes de estar con Pedro
vengo de estar liada con un gilipollas, creo que he salido
ganando en muchos aspectos. Además, no sé por qué
piensas que es un currito… ―le di una patadita para que no
siguiese por ahí.
―Bueno, un potentado desde luego no es… ¿albañil o
basurero? ―se rio.
― ¿Idiota o cabestro? ―pregunté yo poniéndome muy serio,
vi cómo me apartaba la mirada en lugar de contestarme.
―Creo que un albañil o un basurero no usaría una Tablet
con acceso directo a la red para trabajar con su oficina,
porque sería raro que trabajasen en una oficina con un
ordenador, ¿verdad…? ―se adelantó a responder Susana
cortando el intento de respuesta de su ex.
― ¿Qué Tablet usas? ―preguntó en ese momento con
curiosidad Juan, adelantándose al "cabestro".
―Una Surface Pro 4 ―repliqué
―La de 128…
―No, es la de un terabyte… Cuando no estoy en la oficina y
tengo que usarla además de la potencia necesito la máxima
capacidad de almacenamiento interno posible.
―Joder, eso son más de seis mil euros de Tablet… ―silbó.
―Sí, en realidad casi los siete mil más el costo del software
específico que lleva que también es un buen pico.
―Pedro es de los que solo se compran lo que necesitan,
opina que, para ver la hora, para qué se va a comprar un
Rolex de veinte mil euros, cuando un Casio de trescientos
como el que lleva está genial, es de buen material, de
buena calidad y le sirve para lo mismo. No como otros, que
pretenden alquilar suites en un hotel muy caro, cuando no
tienen ni dónde caerse muertos, ahora que ya no tienen a
quien los mantenga ―dejó caer Susana sonriendo sarcástica
a su ex.
Desde luego, ni por un instante dudó nadie de que el golpe
que acababa de soltar Susana iba dirigido hacia su ex, con
toda la mala leche del mundo, máxime cuando todos los
conocían. Este, nuevamente, volvió a palidecer y ella no
disimuló en lo más mínimo su gesto de desprecio hacia él, al
decir eso. De nuevo, los novios tuvieron que intervenir para
que el enfrentamiento no se disparase, creo que a esas
alturas ya estaban completamente seguros de que la idea
de guardar el sitio para sentar a los padrinos, unos frente de
los otros, no había sido la mejor idea para la boda. Para
amenizar la comida y también por joder al capullo ese, me
incliné sobre Susana, le solté en voz alta un "buen golpe
cariño", para, a continuación, buscar su boca, aceptándome
el beso y dándonos un morreo que hizo que su ex aun
pusiese mucha peor cara que antes. Los ojos de Susana
brillaban de placer con cada golpe que recibía su ex. Si
alguien piensa que el ex se quedó tan tranquilo, que se
olvide, en cuanto tuvo ocasión, el imbécil, volvió a por
más…
― ¿Y cómo lleva el Romeo que su novia esté más tiempo
por ahí de viaje rodeada de tíos que con él? ―soltó con toda
la mala baba del mundo y sin venir a cuento.
―Pues muy bien, como tengo horario flexible y puedo
trabajar la mayor parte del tiempo desde casa, algunas
veces aprovecho y me voy con ella.
―Claro, para hacer turismo a su costa, ¿no? ―soltó con
auténtico veneno.
―Sí, para eso mismo, cuando ha venido conmigo todo el
tiempo libre lo hemos dedicado a hacer turismo desnudos
por toda la habitación… ―dijo con doble intención, después
me mandó un besito y un guiño que todo el mundo pudo ver
perfectamente.
―Bueno, reconoce que también hemos hecho turismo en los
ascensores, los servicios de algunos restaurantes, los
asientos traseros de tu coche durante el camino cuando
hemos ido con él, alguna que otra terraza, la piscina, el
jacuzzi… ―le devolví el guiño, arrancándole una carcajada.
―Joder, vaya dos, al final vais a ser peor que los conejos…
―soltó divertida Marta, la amiga de Susana, principalmente
para cortar la conversación, provocando la risa de todo
menos la de Roberto.
―Envidiosa… ―le replicó Susana sacándole la lengua.
Lo único que sí me sorprendió, al igual que a Susana fue
que, en todos los cruces de comentarios, la novia de su ex
no abrió la boca ni una sola vez. Y digo en todos, porque
aun salió trasquilado tres o cuatro veces más, en las que
volvió a abrir la boca contra Susana, quien reconoció que se
lo había pasado genial, lamentando incluso que la comida
terminase y no poder darle más caña a su ex. De quien me
quedó claro, que se le iba la fuerza por la boca, y de
cojones, pocos, reconociendo en mi interior, que si alguna
de las contestaciones que recibió me la dan a mí, se lía
parda. Por la tarde, nosotros nos fuimos con las amigas de
Susana mientras que el capullo se marchó con los amigos
del novio, resultó de lo más obvio que había sido idea de
estos el que cada grupo se fuese por separado para evitar
que estos dos siguiesen con sus encontronazos. Esa misma
tarde, la novia, llamó a Susana para que, por favor, durante
la ceremonia evitase en todo lo posible al idiota de su ex,
palabras textuales de la misma, explicándole también que,
Juan Carlos, el novio, iba a hablar con él, para que se
estuviese calladito y sin meter más la pata. Todo esto
terminó por alegrarle, por completo, el día a Susana.
Es misma tarde nos fuimos nosotros dos con el coche de
Susana, y ellos cuatro con el de Miguel, el novio de Marta.
Aprovechamos ir solos para hablar tranquilamente de lo
ocurrido con su ex y lo gilipollas que podía ser el pobre
hombre. Fue en ese primer trayecto cuando la novia llamó a
Susana para que se moderase un poco con su ex. Nos
estuvimos riendo un buen rato a costa de todo esto. Cuando
nos juntamos los seis en un pueblo cercano para pasear por
él y verlo tranquilamente, mi trabajo volvió a salir en la
conversación:
― ¿Pero en qué trabajas exactamente? ―me preguntó Juan.
―Bueno, trabajo en inversiones.
― ¿Es decir, que la empresa en que trabajas se dedica a
invertir el dinero de la gente que os lo confía? Parecido a un
fondo de esos que suelen ofrecer los bancos a los buenos
clientes, ¿no? ―preguntó Marta.
―No, no exactamente. Nos dedicamos a invertir en
empresas que, por una u otra causa, necesita una inyección
de capital.
―Empresas que van mal, te refieres… ―indagó,
nuevamente, Juan.
―No necesariamente tienen porqué ir mal, la necesidad de
capital puede ser debido a muchos motivos. Por ejemplo,
pueden necesitar liquidez, porque van a sacar un nuevo
producto, pero se han quedado sin ella, sin que por ello
tengan pérdidas, y la opción de acudir a un crédito bancario
por las circunstancias que sea no les es algo deseable…
Aunque sí, en algunos casos, sí tienen problemas financieros
y necesitan ese nuevo capital para poder salir del hoyo.
Algunas veces, incluso, nos contratan simplemente para
que verifiquemos si una empresa es viable o no antes de
comprarla, si todo está correcto y no existen situaciones…
digamos que dudosas.
― ¿Y cómo funciona eso exactamente?, lo de las inversiones
me refiero ―me preguntó esta vez Elena.
―Bueno, cuando nos piden financiación, lo que hacemos es
en primer lugar comprobar su contabilidad, verificar que
todo esté en orden en ese aspecto, que la empresa tiene
viabilidad para salir adelante y, muy importante, que nos
van a dejar trabajar. Si todo esto se da invertimos el dinero
necesario a cambio de un porcentaje de sus acciones
durante un periodo de tiempo determinado, durante el cual
nosotros decidimos la política de la empresa. Cuando el
tiempo se cumple, les revendemos las acciones a precio de
mercado tras tasar nuevamente el precio global de la
empresa, de ese modo recuperamos el dinero y obtenemos
beneficios… Si la empresa va bien, claro, sino podemos
perder incluso el total de la inversión.
―Sí, claro, si va mal es lógico. Pero… ¿y si no quieren
recomprarlas? ―preguntó interesada Susana―. No se me
había ocurrido preguntarle esto antes, y creo que es algo
que podría pasar, ¿no? ―aclaró al ver la cara de sorpresa de
sus amigas por la pregunta.
―Depende, si la inversión está siendo especialmente
rentable y nos interesa mantenerlas en nuestro poder, nos
quedamos con esas acciones incluyéndolas en una cartera
que tenemos especialmente creada para ello. Si no nos
interesa de ese modo, simplemente tratamos de
vendérselas a otros, incluso llegado el caso a su más directa
competencia ―le contesté.
― ¿Y esto último se ha dado alguna vez? Porque, joder,
sería una putada de las gordas… ―inquirió Juan.
―Si te refieres a venderlas a la competencia, que yo sepa
no. Ten en cuenta que, por contrato, se especifica
claramente que, cuando finaliza el tiempo establecido, la
dirección de la empresa o sus accionistas tienen la opción
unilateral de decidir si compran o no nuestras acciones a
precio de mercado. Es muy raro que no quieran
recuperarlas, pero desde luego si no lo hacen, el problema
es de ellos, nosotros solo tratamos de rentabilizar ese
dinero.
― ¿Y si os denuncian por ello, por vendérselas a la
competencia? ―replicó Marta―
―Perderían, incluso dudo mucho que se lo admitiesen a
trámite. Ten en cuenta que, cuando digo unilateral, se
supone que ellos pueden decidir que nos las compran aun
sin que a nosotros nos interese revendérselas. La decisión a
ese respecto es exclusivamente suya, y si no desean
hacerlo tienen que notificárnoslo por escrito, no solo de
palabra, con lo cual… ―me encogí de hombros.
― ¿Y qué preparación se necesita para trabajar en algo así?
―preguntó Marta.
―Bueno, ten en cuenta que una sola persona no se puede
hacer cargo, realmente somos un equipo de gente
complementándonos, cada uno somos especialistas en un
punto muy concreto, simplemente hacemos nuestra parte.
― ¿Y en tu caso? ―preguntó Elena.
―Bueno, yo soy contable forense, tengo también
económicas… ―me interrumpió Miguel.
―Vamos que tú te encargas de revisar su contabilidad y ver
que todo en esa empresa anda como debe ser, que no hay
pérdidas de dinero y otras cosas raras… ¿no?
―Una forma muy diplomática de decir que no hay chorizos
que se estén llevando el dinero o falseando las cuentas
llevando una contabilidad B… ―me reí, arrancando también
las risas de los demás y evitando de ese modo seguir
contestando en lo posible.
Tras esto, parecieron conformase y cambiaron de
conversación para mi completo alivio, me pregunte qué
pensarían de saber que, tras llevarme tres millones de euros
con las apuestas, en mi primera incursión en ese mundo
usando casi la práctica totalidad de mi dinero, me lleve más
de cuarenta millones de euros de beneficio tras impuestos,
al venderse la empresa antes de que se cumpliese el plazo
para que me pudiesen recomprar las acciones con las que
me hice a cambio de la inversión, y que semejante cantidad
de dinero no había supuesto el menor cambio en mi modo
de vida. Si me fijé en que Susana me miró con una cara un
tanto extraña, aunque no le di mayor importancia. En
cuanto nos fuimos a otro pueblo para seguir de turismo y
nos quedamos solos en su coche, para mi sorpresa, volvió
de nuevo al asunto de mi trabajo.
―Pedro, si no quieres no me respondas, pero verás, es que
hay algo que no me cuadra. Con lo de la Tablet, con ese
precio ya he supuesto que no te ganarías muy mal la vida,
pero por lo que has explicado de tu trabajo, deduzco que te
la ganas, pero que muy bien…
―Sí, bueno, no me puedo quejar de ello, la verdad…
―No sé cuánto ganarás, ni me interesa. Pero, por mi puesto,
digo antes de este último ascenso, he trabajado con
diversas empresas de consultoría que se dedican, por
ejemplo, como tú has dicho a revisar la contabilidad de las
empresas para ver que todo este correcto y esas cosas.
―Sí, bien, ¿y?
―Pues que sé cuánto facturan, por lo que me puedo
suponer lo que pueden cobrar sus empleados especialistas,
como has dicho que es tu caso… Tu casa, tu coche… ―me
miró unos segundos, dejando colgada la pregunta, pero sin
llegar a hacérmela.
―Como tú has dicho en la comida, compro lo que necesito o
lo que me gusta, pero no derrocho o, al menos, no lo que yo
considero que no es más que un derroche.
―Pero… ―la interrumpí con un gesto.
―El piso era de mis padres, se lo compré cuando se
marcharon al pueblo, al jubilarse mi padre. Yo me quedé con
la casa, que es donde he vivido toda mi vida, es mi barrio
de siempre, llámalo si quieres la comodidad de conocerlo
todo. Y mi coche, cuando lo necesité, fue el que más me
gustó dentro de lo que buscaba. Ahora mismo, para que me
entiendas, me va bien y no me ha dado nunca el menor
problema, cuando comience a dármelos o diga que hasta
ahí ha llegado, entonces me plantearé qué hago, qué
necesito y qué me compro. Que podría tener algo mejor, sí;
pero si con este me va bien, para qué me voy a gastar más
en algo que no necesito ni me produce ningún beneficio
más allá de aparentar. Sin embargo, también he de decirte,
y esto si quieres puedes corroborarlo con Eva, que lo que no
me gasto para mí, no me importa hacerlo para la gente que
de verdad me importa, mis padres, mi pareja, la propia
Eva...
―Eres muy rarito, ¿sabes?
―Sí, alguna vez me lo han dicho… ―le sonreí.
La verdad es que no mentí en eso de ser rarito, aparte de
Eva las otras dos personas que me traían frito con ello eran
mis propios padres, además, claro de lo típico, que me
buscase ya una mujer para casarme y darles nietos, pero
esa es otra guerra. Cuando decidieron que se marchaban al
pueblo, empezaron a mirar posibles casas con intención de
comprar una para irse allí a vivir. Me adelanté a ellos
comprándoles una que estaba medio derruida justo en todo
el centro del pueblo y que tenía una gran extensión de
terreno en su parte trasera, a modo de patio. Si bien el
coste de la compra no fue excesivamente alto, sí que salió
por un pico la reconstrucción de la casa, arreglar el patio, la
tapia que rodeaba a este, la piscina… Además de eso, me
quedé yo con el coche de mi padre que era el que tenía en
esos momentos. Mientras que a él le compré un potente 4x4
para que pudiese moverse con seguridad por el pueblo y los
caminos que lo rodeaban, incluidas las pistas forestales.
Cuando se encontraron con todo el pastel preparado casi
me matan por lo que creían que tenía que haberme
gastado, y eso que se quedaron algo cortos en sus
apreciaciones. De hecho, ese fue el principal motivo de
comprarles el piso de Madrid, una imposición de ellos el que
aceptase el piso a cambio de lo que me había gastado en su
casa del pueblo. Realmente, lo de la compra fue una
tontería, ya que soy hijo único, pero preferí hacerlo cuando
me lo exigieron, únicamente por tener la fiesta en paz con
ellos... Por este tipo de cosas es por lo que los dos opinaban
como Eva, que no podía ser más rarito viviendo así, cuando
podía permitirme cosas mucho mejores.
Mis ex no saben tampoco que, en realidad, la empresa para
la que trabajo es mía. Cuando la monté me puse una
nómina que yo consideré normal para lo que necesitaba y el
puesto que ocuparía dentro de su organigrama, de modo
que, con ello, nunca les dio por indagar más, y a mí
tampoco me dio por comentárselo. Supongo que, en ningún
momento tuve claro que esas relaciones fuesen
determinantes, no sabría explicarlo muy bien, pero, por
unas u otras cosas, entre las que también estaba que una
vez la relación fue avanzando, el ver cómo explicárselo
luego, sin que me matasen y tuviésemos la mundial. Como
nunca preguntaron o sospecharon, al final opté por
quedarme calladito, y no, increíblemente, que yo sepa,
tampoco a día de hoy ninguna lo había descubierto… Al
principio, tampoco ellas andaban muy conformes con esto
de vivir así por mí parte, sabiendo que ganaba más que
suficiente como para permitirme algo mejor, pero la verdad
es que nunca trataron tampoco de presionarme. Con ellas,
llegado el caso, sí que no tenía problemas en gastar el
dinero, supongo que eso también influyó en que lo
aceptasen, se veía claro que no lo hacía por tacañería, sino
por mi forma de pensar. Quitando Marina, que se vino a vivir
conmigo, con Sara y con Ana había sido yo quien se mudó
con ellas, cerrando entonces mi piso, hasta el momento de
dejar la relación y regresar de nuevo.
Con el juego gané muchísimo dinero, a sospechar. Si bien
usaba, normalmente, ropa comprada en cualquiera de las
tiendas del barrio o grandes almacenes, también tenía en
mi armario ropa, calzado, complementos… todo de las
mejores firmas, para las ocasiones en que era necesario
mostrar cierto nivel. Del mismo modo, en el garaje de la
empresa había aparcados un par de coches de lujo en
renting para, al igual que con la ropa, cuando tenías que
demostrar cierto nivel de éxito y presentar una determinada
imagen de triunfador. Confieso que, me parecía una
absoluta estupidez que me juzgaran más por lo que
aparentaba que, por lo bueno que era luego en mi trabajo,
pero, desgraciadamente es cómo funciona el mundo.
Esa tarde estuvimos los seis por ahí hablando de muchas
cosas, incluidos los trabajos de cada uno de nosotros.
Después, cenamos en un pueblo a unos sesenta kilómetros
del hotel y luego volvimos para descansar, porque al día
siguiente era la ceremonia y, desde luego, ese día sería de
muchísimo ajetreo. Por lo pronto, según me enteré durante
la cena, las mujeres, todas ellas, tenían cita obligada por la
mañana en la peluquería del hotel. Susana y sus dos amigas
como tenían tiempo antes de la hora que les habían dado
en la peluquería, también habían concertado un masaje y
un paso por el Spa. Una vez terminasen, quedaríamos para
comer y luego subir a las habitaciones a preparase para la
ceremonia. Por lo que observé, Juan y Miguel tenían para el
día siguiente por la mañana los mismos planes que yo:
ninguno, aunque a ellos creo que no les sorprendió para
nada los planes de sus novias, puede que fuese el único
ingenuo de toda la boda que no se lo esperaba. De repente,
me encontré con toda una mañana libre sin saber qué
demontres hacer con mi tiempo…
Esa noche, al acostarnos, fue aun peor que la anterior.
Primero, porque me llamaron por teléfono y mientras
hablaba, se metió ella corriendo al servicio para cambiarse,
saliendo con un conjuntito muy similar al de la noche
anterior, pero mucho más reducido en tela, por lo que aún
me puse peor. Tras eso, no tuve otra que cambiarme
también en el servicio, para no dar el cante completo al
quitarme los pantalones. Tardé alrededor de diez minutos en
calmarme y que se me bajase antes de salir, solo que esta
vez decidí ser también yo un poco cabrón. Decidí quedarme
solo con el bóxer como indumentaria para dormir.
Fue mi gozo en un pozo, cuando salí del baño me encontré
con Susana completamente dormida, destapada, de lado,
medio encogida, con las tetas que parecían quererse
escapar del top y mostrando un culazo impresionante,
estaba para que, a alguien, al verla así, le diese un ataque
al corazón. La verdad es que no me chupo el dedo
precisamente, y la escena era tan perfecta, que me pareció
especialmente creada para mi consumo. De modo que me
acerqué despacio a ella, me incliné y le di un besito en la
frente, susurrándole después al oído:
―La próxima vez que te hagas la dormida, cuando se
acerquen a ti no cambies la respiración… ―abrió los ojos de
inmediato, fijándolos en los míos.
―No he cambiado la respiración… ―susurró con un tono
que parecía enojada.
―No, pero has abierto los ojos y me has contestado ―le
sonreí irónico, dándole otro besito en la frente como con
recochineo…
Lo siguiente que recuerdo es cómo me sujetó con ambas
manos por los brazos, sentí el contacto de sus piernas con
las mías, que una de ellas medio rodeó mi cintura, y que
solo un par de segundos después me encontraba tumbado
sobre la cama de espaldas, con los brazos estirados a
ambos lados, con Susana sentada a horcajadas sobre mí,
mirándome con gesto divertido y ojos de loba. Después,
noté cómo pareció comenzar a frotar su entrepierna contra
la zona de mi pelvis, empalmándome en el acto.
Hice un giro brusco con mis muñecas y luego tiré con
relativa fuerza contra el punto más débil de la pinza que
hacían sus manos sobre ellas con el fin de liberarme de su
agarre. Una vez liberado la sujeté por la cintura alzándola lo
suficiente como para que se tuviese que incorporar y dejase
de frotarse contra mí.
―Vale, suficiente, como broma esto ya ha ido demasiado
lejos… ―la miré muy serio.
― ¿Y a ti quién te ha dicho que esté bromeando? ―me
replicó, quitándose el top ante mis asombrados ojos,
dejando al descubierto un par de perfectos pechos, que se
alzaban completamente erguidos y con los pezones
aparentemente duros como rocas…
―Susana, deja de jugar de una vez. Te recuerdo que si
viniste conmigo es por algo, y te advierto que me queda ya
muy poquito autocontrol para no lanzarme sobre ti… ¡¡Ya
vale!!, por favor… ―la reprendí.
― ¡Qué más tengo que hacer para demostrarte que no
estoy jugando en absoluto y que voy muy en serio con lo
que quiero de ti! ¿Te sirve esto? ―preguntó.
Entonces, se alzó un poco más sobre sus rodillas, metió su
mano por debajo de la goma de mi bóxer, sujetándome la
polla, mientras su cabeza bajaba velozmente para poner sus
labios sobre los míos, introduciéndome su lengua en mi
boca, en un beso, desde luego, nada casto o de amigos. Ahí
fue donde ya perdí definitivamente todo el control sacando
mi lengua a por la suya, mientras que mis manos
abandonaron su cintura para pasar a acariciar sus pechos.
Por su parte, no sé cómo se las apañó para quitarse su
braguita, bajarme los bóxers y antes de que me diese
cuenta, enterrarse mi polla hasta los huevos de una sola
sentada. Me estuvo follando de ese modo, mientras que yo
usaba mi boca sobre sus pechos, como unos diez minutos
antes de que alcanzase el primer orgasmo. En lugar de
acelerar para correrme con ella, hice justo todo lo contrario,
pararme en seco cuando alcanzó su orgasmo y aprovechar
para hacerla voltear sobre la cama y quedar debajo de mí.
Como conocía bien mi cuerpo y sabía cuál era mi límite para
correrme, aproveché su debilidad momentánea para
bajarme hasta su sexo y con cuidado comenzar a usar mi
lengua, con mucho cuidado de no tocar por el momento sus
zonas más sensibles. Cuando trató de que subiese otra vez
hacia arriba tirando de mi cabeza, fue cuando directamente
me lancé sobre su sexo con mi lengua, llevándola a un
nuevo orgasmo en menos de cinco minutos, al usar dos de
mis dedos para su interior y el pulgar sobre su clítoris
haciendo círculos intermitentes.
Finalmente, tras recuperarse de este segundo orgasmo me
obligó a subir y volver a clavársela, esta vez en la típica
posición del misionero, hasta que, los dos, nos corrimos a la
vez. Cuando intenté retirarme de ella para no correrme
dentro, me encontré con que, además de pedirme que no lo
hiciese, cruzó sus piernas por detrás de mis caderas como si
fueran un cepo, impidiéndome todo movimiento para salir,
vaciándome con ello en su interior. Obviamente, si me
preocupó era por el hecho de no haber usado preservativo,
al empezar del modo que empezamos, es que ni se me pasó
por la cabeza. Comenzaba otra vez a recuperarme y
empecé nuevamente a besarla:
―Ya vale por hoy, que si seguimos no vamos a dormir en
toda la noche y mañana tenemos un día completito.
― ¿Solo esto entonces? ―pregunté poniendo carita de niño
bueno.
―No me pongas esa carita con esos ojitos de cordero
degollado que no cuela. Ya me gustaría a mí también que no
tuviésemos que madrugar y seguir hasta las tantas, pero
sabes que tengo razón. Lo que ahora parece una magnífica
idea sabes que hará que mañana nos arrepintamos y
estemos machacados.
―Lo sé, pero no por ello tiene que gustarme, ¿no? ―me reí,
arrancándole también a ella la risa.
―Oye Susana, no hemos usado… ―me interrumpió.
―No te preocupes, tomo la píldora y, además, sé que los
dos estamos limpios… Ni tú, ni yo somos de irnos por ahí
con cualquiera… ―al verme intención de hablar, me guiñó
un ojo, añadiendo― recuerda que tengo mis fuentes para
saber cómo eres…
Tras esto y besarnos durante un par de minutos, que, por
cierto, ella cortó para evitar que nos volviésemos a liar, se
durmió abrazada a mí y, obviamente, yo abrazado a ella.
Por la mañana, cuando nos sonó el despertador yo tenía
poco que hacer, pero ella tenía la mañana perfectamente
planificada para prepararse para la ceremonia de la tarde.
Se levantó rápida con rumbo al servicio, supongo que lo
hizo para evitar que pudiese hablarle. Confieso que me
quedé mirando su culito como hipnotizado, hasta que cerró
la puerta del baño y es que, menuda maravilla que tenía
Susana, no digamos ya de cómo lo sabía mover… Me volví a
poner brutote, brutote de nuevo.
Tras salir del baño, con tan solo una braguita puesta, me
metí yo sin querer mirarla dos veces, ya que con la primera
había servido ya para que me empalmase de nuevo. Al
pasar por su lado me dio una palmadita en el culo,
diciéndome que se alegraba que demostrase de forma tan
evidente que me gustaba. Durante dos décimas de
segundo, por un instante, tuve en mente la idea de darme
media vuelta, tirarla de nuevo sobre la cama y follármela
hasta cansarnos los dos, pero por fortuna, mi sentido común
vino en mi ayuda. Tras ducharme y vestirnos los dos,
bajamos a desayunar, con la fortuna de que aun parecía no
haberse levantado ninguna de sus amigas, ni, por supuesto,
el cretino de su ex, que hubiese sido ya lo único que nos
habría faltado. Por lo menos, nos vino bien para poder
hablar los dos tranquilos.
―Susana, lo de anoche… ―me cortó.
―Si vas a decir que lo sientes ahórratelo, porque yo no lo
lamento en lo más mínimo.
―Te iba a decir que no lo entendía, se supone que el venir
yo contigo era precisamente para evitar que ocurriese algo
así. Pero, créeme, que tampoco lo lamento y, desde luego,
no me arrepiento de ninguna de las maneras.
―Bueno, la culpa, desde luego, es tuya…
―Vaya hombre, culpa mía ―dije, luego ella se rio.
―Sí, estuviste calentándome aun sin tener intención de ello
durante todo el día, algo que, desde luego, aunque no te lo
creas, aun me excitó más. Con tanto besito, tanto juego,
tantos cariñitos, tanta complicidad, más los cortes a mi ex…
y encima tú tan formalito con lo que habíamos acordado,
fue mortal…. Para cuando volvíamos anoche en el coche
después de cenar ya te tenía unas ganas que no te haces
una idea, volví pensando todo el camino en cómo llevarte al
huerto sin que te escapases...
―Vaya, no me di ni cuenta… ―admití.
―Créeme que de eso soy absolutamente consciente. ¡¡Tío!!
Si anoche casi, casi te tuve que violar para que follases
conmigo…
―Bueno ―carraspeé―, al final sí que me di cuenta de ello…
―Toma, claro, en cuanto te agarré la polla con la mano y la
llevé hacia mi coño…, ¡cómo para no darte cuenta, no te
jode! ―se rio nuevamente arrastrándome a mí con ella.
― ¿Ahora qué tienes, peluquería?
―No, primero voy al Spa, luego masaje y al final la
peluquería. ¿Y tú qué vas a hacer?
―Pues no lo sé… ―me encogí de hombros.
―Las llaves de mi coche las he dejado en el cajón de la
mesilla de mi lado, si quieres dar una vuelta por ahí
llévatelo.
―No, no creo que salga, igual me voy a la habitación a
trabajar un rato y adelantar para poder tener el lunes libre…
―Jo, qué envidia que me das, ojalá yo pudiese hacer igual…
Después de desayunar cada uno nos fuimos por nuestro
sitio, en mi caso a la habitación, donde tras coger la Tablet
me salí a la terraza, que tenía unas vistas espectaculares al
mar y en la que colocándome de forma apropiada no me
daba el sol. Un tiempo después, no podría decir si fueron
dos o tres las horas, estaba cansado de mirar informe tras
informe de nuestra nueva operación, por lo que decidí
dejarlo por el momento y bajarme a tomar alguna cosa. La
cafetería con que contaba el bar era desde luego
espectacular, sobre todo la terraza en los jardines traseros
del mismo. Me senté en una mesa que estaba libre y pedí
un café, si no recuerdo mal. Como a los cinco minutos de
estar con el café, confieso que pensando en lo que había
leído de los informes que me mandaron de la empresa, se
acercó Clara, la novia del ex de Susana y me pidió permiso
para poder sentarse en mi mesa, cosa que, más por
curiosidad que por otra cosa, desde luego le di.
A ver, tonto no soy, he salido con algunas mujeres a parte
de las relaciones con mis ex, y como creo que le pasa a todo
hijo de vecino, algunas veces es cierto que no hay forma de
entenderlas. Pero a esta desde luego la vi venir a los tres
minutos de estar hablando, estaba tirando la caña de un
modo lo suficientemente descarado como para que hasta el
más obtuso se diese cuenta… Tenía dos opciones válidas:
me hacía el tonto esquivándola y después marchándome a
seguir con lo que estaba haciendo o bien, directamente,
cortaba el ataque y trataba de dejarle las cosas claras para
evitar futuros malentendidos. La primera tenía la ventaja de
no enfrentarme a ella, pero el inconveniente de que podía
darle por continuar estando cerca Susana, lo que podía ser
muy malo, porque no sería mi novia real, pero a su ex no
podía ni verlo, y el que la novia de este tratase de meterse
en su terreno podría suponer que saltase sobre su cuello. La
segunda, tenía el inconveniente de que podía terminar con
un enfrentamiento con ella por mi parte, lo que no me
apetecía en absoluto, pero contaba con la ventaja de que
las cosas se solucionasen en ese mismo momento sin el
riesgo de que fuesen a mayores durante la ceremonia o
posteriormente.… De modo que tomé mi decisión:
―Oye Clara, no te lo tomes a mal, ¿vale? Pero déjalo. No
vas a conseguir nada. Ni pienso engañar a Susana, ni me
gusta liarme con nadie que no esté libre, no hago lo que no
me gustaría que me hiciesen.
―Pues tú te lo pierdes, porque te aseguro que tu Susana,
ahora mismo estará divirtiéndose con Roberto, con el que,
por cierto, tengo una relación abierta, por lo que no estaría
haciendo nada que él no sepa qué voy a hacer ―me miró
divertida.
―Pues si Susana se está divirtiendo con tu novio sería
buena idea que fueras corriendo… ―le sonreí.
―Te he dicho que tenemos una relación abierta, me da igual
que, en este mismo momento, se esté tirando a tu novia…
―me interrumpió, mirándome sarcástica.
―Creo que te estás confundiendo, si te he dicho que era
mejor que salieses corriendo, es para que evites que Susana
cape a ese imbécil en el mismo momento en que se le
acerque… no por otra cosa.
―No creo que llegue la sangre al rio, han estado mucho
tiempo juntos, Roberto sabrá cómo tratarla para que se abra
de piernas… ―me miró maliciosa.
― ¿Pero, de verdad que tenéis a Susana por alguien tan
estúpida como para no saber a estas alturas que vosotros
dos ya estabais liados antes de que ellos se separasen? ―le
solté sarcástico, para ver si picaba.
― ¿Cómo dices? ―se puso un poco pálida tras dar un leve
respingo.
―Lo que has escuchado, me has entendido perfectamente.
Y ahora dime, ¿de verdad piensas que tu novio no va a salir
trasquilado como haga el tonto? Claro que, si Susana es lo
bastante inteligente y, créeme que lo es y mucho, con las
ganas que le tiene a ese gilipollas solo tiene que dejarle
acercarse lo suficiente en una situación comprometida, y
luego ponerse a chillar que la quieren violar… Puede ser
muy divertido ver cómo lo detienen, porque supongo que no
hará nada tan idiota como tratar de suplantar al masajista
con el que tenía hora para aprovecharse, ¿verdad?… ―solté
la carcajada, al ver cómo palidecía aún más que antes…
Mientras observaba irónico como se marchaba a toda
velocidad sin despedirse y me reía, me quedé un poco
pensativo. Por lo que conocía a Susana de estos días, como
al muy imbécil le diese por tratar de hacerle algo, esta era
más que capaz de escabecharlo vivo después de cortársela.
Me dejé de reír en cuanto me di cuenta de la que se podía
organizar como a ese capullo le diese por hacer alguna
tontería de las suyas y por cómo palideció su novia…. Pensé
que como ese se acercase a Susana era capaz de joderles el
día a los novios, por lo que me levanté marchando detrás de
Clara casi a la misma velocidad que ella. Me quedé más
tranquilo cuando la vi hablando con el impresentable muy
cerca de donde estaban las instalaciones de relax del hotel,
lo que quería decir que lo había interceptado antes de que
pudiese meter la pata. Me quité todo lo que pude de su
línea de visión, buscando un buen sitio desde el que
observar sin ser visto, y me gustó el panorama. Los dos
parecían estar discutiendo entre numerosos aspavientos. Al
poco, los vi dirigirse hacia los ascensores, una vez entraron
y se cerraron las puertas, decidí hacer lo mismo y subirme a
la habitación a seguir con los informes a la espera de que
volviese Susana.
Cuando esta llegó, lo primero que hizo fue saludarme con
un besito, que quedó muy cerca de mis labios, no voy a
negar las ganas que me dieron de corregir eso y meterle un
morreo de campeonato, pero me aguanté recordando
porqué había sido yo quién había ido con ella. Cuando me
preguntó que había hecho, se lo conté, incluido lo de Clara,
y por el cambio de expresión según estaba hablando, no
hacía falta ser muy observador para ver que le estaba
sentando como una patada. Si ya de por sí, el hecho de que
me hubiese tirado la caña le sentó mal, pero que muy mal,
porque como tuvo a bien explicarme cuando la traté de
calmar, novio de verdad o no, eso era lo que
aparentábamos y el intento quedaba de lo más obvio. Con
la reacción de Clara había llegado a la misma conclusión
que yo, que efectivamente, esos dos ya estaban liados
desde antes de separarse, y con mis sospechas de lo que el
muy imbécil pretendía con ella quiso ir a por él a su propia
habitación para tirarlo por el balcón de la misma. Me costó
lo que no está en los escritos que se calmase un poco y,
pese a ello, no paraba de refunfuñar por lo bajo que aún le
quedaba tiempo más que de sobra para pillarle por banda.
Cuando nos bajamos a comer, lo hicimos con sus dos
amigas y sus respectivos novios, durante los primeros diez
minutos de la comida Susana estuvo más pendiente de si
esos dos entraban en el comedor, que, de nosotros, al punto
que sus dos amigas se dieron cuenta y le preguntaron qué
pasaba. Salió del paso como buenamente pudo, eso sí,
cuando nuevamente vi que se volvía a perder mirando a la
puerta de entrada, le solté una patada por debajo de la
mesa, llamándole la atención con la mirada. Al final, como
seguía, yo no hacía más que darle pataditas para que se
centrase y como no podía ser de otro modo, sus amigas se
dieron cuenta y se pusieron serias a preguntar qué era lo
que ocurría. Susana les dijo que, según le había contado,
Clara había tratado de tirarme la caña, mientras que su ex
trataba de liarse con ella, por lo que quería agradecérselo a
ambos, y a ser posible con las dos manos a la vez, pero que
yo no le dejaba "vete a saber por qué"…
Me pasó el marrón a mí. Les conté lo que hablé con Clara
hasta donde fue prudente y por qué no quería que Susana
hiciese ninguna estupidez. Pese a contar lo justo, fue más
que suficiente para que ellas dos también se enfadasen con
esos memos por sus brillantes ideas, al final entre los novios
de las dos y yo tuvimos que hacer de bomberos con las tres,
porque… ojito cómo se pusieron, parecían alimentarse unas
a otras en su cabreo. Lo malo fue que, tras lo que parecía un
incendio apagado, Marta le dijo a Susana que se andase con
cuidado, porque esa seguramente no cejase en sus intentos
de acostarse conmigo y podía tratar de liarnos alguna, con
lo que el fuego se reavivó. Desde luego, pensé que, si de
verdad Susana y yo por algún tipo de carambola algún día
llegásemos a ser novios, conociéndola como empezaba a
hacerlo, con el genio que se traía, el comentario de Marta
me habría metido un caimán en mi dormitorio como se
oliese algo raro. Miedo me estaba dando la ceremonia y la
cena, pero, sobre todo, el después de esta, cuando llegase
el baile, con todo el mundo juntito y sin obstáculos físicos de
por medio…
Una vez en la habitación nos arreglamos. Susana era una
especie de Diosa del Olimpo, la mujer más guapa que había
visto en mi vida. La ceremonia de la boda en un pueblecito
cercano, en una ermita, fue preciosa y sin el menor
incidente. Como suele ser normal, a un lado los invitados
del novio, familia y amigos, en el otro, los de la novia. Eso
sí, los amigos de ambos tuvieron la precaución de ponerse
todos los posibles entre donde estaban Susana y su ex.
Susana miró hacia donde este estaba, lo que no tenía tan
claro en ese momento, es si miraba a su ex, o más bien, a
su novia. Antes de que esa me intentase tirar la caña habría
apostado por su ex sin dudarlo, pero después de ver cómo
se puso cuando se lo conté, en esos momentos ya no
estaba tan seguro. Desde allí, tras firmar los testigos, por
separado y sin que se viesen siquiera, eso sí, los novios esta
vez no se quisieron arriesgar a que estos dos se juntasen y
nos fuimos marchando hacia el hotel para la cena. Solo se
quedaron los novios, sus padres, padrinos y familia más
directa. Con nosotros se vinieron su amiga Marta y su novio.
Antes de pasar a la cena nos pusieron un entrante en una
de las terrazas del hotel, para mi sorpresa, Susana ni una
sola vez miró o trató de ir hacia su ex o su novia… Cuando
por fin nos sentamos en la mesa para cenar…
― ¿Sorprendido?
― ¿De qué? ―le respondí sin saber muy bien a que se
refería.
―Pues de que no me haya intentado acercar a esos dos
imbéciles
―Bueno, te confieso que un poco sí, te vi muy cabreada
cuando te lo conté y tus miradas durante la ceremonia no
es que hiciesen presagiar nada bueno.
―Es que es como para estarlo, aún tengo ganas de partirles
la cara a los dos, sigo muy cabreada.
―Eso no te lo negaré, como bien dijiste, sea o no tu novio,
lo intentó y lo del otro gilipollas ya ni hablamos. Es como
para que te cabrees, pero sí, me has sorprendido.
―Lo que pasa es que, hasta cierto punto, me ha dado
tiempo a calmarme y poder pensar. No merece la pena que
me moleste con ninguno, solo son dos ratas, y si les
enfrento lo único que haría sería estropearle la boda a
Norma y Juan Carlos.
―Una decisión muy madura por tu parte.
―Gracias. Por cierto, ¿con eso de madura a que te referías?,
no sería a mi edad, ¿verdad? ―me sonrió socarrona.
―Pues no ―le susurré al oído―, por madura te comparo con
la fruta, lista para comerte despacito y por entero, con
restos de zumo chorreando por la comisura de los labios...
―Cuando quieras, ya sabes que yo contigo me dejo… para
lo que sea ―me susurró al oído, para después reírse.
―Pienso tomarte la palabra en cuanto subamos a la
habitación…
―Eso mismo espero, procura que esta vez no tenga que
casi violarte para que me folles… ―me guiñó un ojo.
―Confieso que me empalmé como un burro tras lo que dijo,
se me pasaron las ganas de todo, excepto de subirnos los
dos a la carrera a nuestra habitación.
La cena fue excepcionalmente bien, sobre todo porque
nosotros y el ex de Susana estuvimos en extremos opuestos
de la sala del convite, con un montón de mesas y gente
entre nosotros, supuse que tras lo de la comida ya habían
escarmentado sobre estos dos. Nos pusieron en una mesa
circular para seis personas con las dos amigas de Susana y
sus respectivos. Ellas tres estuvieron buena parte de la cena
despellejando vivos al ex y a la novia de este. En un
momento dado, los novios de las otras dos y yo nos
mirábamos con cara de circunstancias ante la sarta de
animaladas que estas soltaban sin el menor empacho. No sé
cómo a esos dos no les reventaron los oídos con lo que
estaban llamándoles… Otro tema diferente fue luego el
baile. Confieso que, en ese sí que hubo un par de ocasiones
en las que sudé con Susana.
El primer conato de bronca lo desactivaron las dos amigas
de Susana cuando esta ya se dirigía hacia su ex, para
decirle cuatro cositas en plan guantazos, pero con el puño
cerrado. Por lo que me enteré, aunque no sé exactamente
qué, este hizo un poco inteligente y bastante ofensivo
comentario sobre Susana, no tengo claro como lo supo, pero
sí que, por lo que sus amigas comentaron, salió disparada a
arrancarle la cabeza. Entre las dos consiguieron calmarla. La
segunda, la tuve que calmar yo interceptándola cuando se
dirigía a por Clara como una especie de miura desatado,
con ganas de partirle la crisma. En un momento dado, nos
quedamos sin bebida y me ofrecí a ir a por ella. Tenía que, o
bien cruzar la pista de baile aprovechando que no había
mucha gente en ese momento, o bien rodearla, para poder
llegar a la barra. Decidí cruzarla, siendo interceptado en ella
por Clara que, sin decir nada se me echó encima
pasándome los brazos por el cuello y sujetándome con
fuerza. Decidí no armar un espectáculo, y acepté el baile
con ella, era una lenta, también evité en lo más posible
pegarme a ella. En cuanto pude, miré hacia Susana, que
miraba hacia nosotros con cara de pocos amigos, le hice un
gesto alzando los ojos y luego guiñándola uno, para hacerle
saber que no era por mi gusto, luego le lancé un besito que
la hizo reírse. La risa se le cortó cuando vio perfectamente
cómo, de pronto Clara, abandonando mi cuello me sujetó
por el culo, con las dos manos y me atrajo hacia ella con
fuerza… Vi salir disparada a Susana, en media décima de
segundo decidí ir a por ella dejando plantada en mitad de la
pista a Clara. La recibí con los brazos abiertos y para
distraerla le di un beso en los labios que ella convirtió en un
señor morreo en toda regla. Me costó, pero conseguí que
aceptase apartarse conmigo hasta donde estaban sus
amigas, y no ir a por Clara para partirle la crisma.
Sobre las tres de la mañana la gente comenzó a desfilar de
camino a sus habitaciones. Tras despedirnos de los novios,
Susana me cogió del brazo y me arrastró hacia nuestra
suite. Fue cerrar la puerta y Susana comenzar a tratar de
desnudarme con prisas mientras me besaba. Apenas un
minuto después de comenzar, estábamos los dos sobre el
sofá del saloncito, yo sentado y ella sobre mí, con mi polla
clavada hasta el mango, saltando y moviéndose como una
enajenada, mientras la sujetaba por la cintura para que no
se fuese hacia atrás y se despatarrase de la leche que se
podía pegar… Una vez que se corrió la obligué a detenerse
tras su orgasmo, para tratar de evitar correrme, aproveché
su momentánea debilidad para cambiar de posición con
ella, la hice apoyarse en el respaldo mientras me situaba
detrás, metiéndosela después por su coñito. Nuevamente
estaba más que dispuesta a seguir follando conmigo, movía
sus caderas que era una delicia, además su coño parecía
creado especialmente para mi polla, parecía llenarla por
completo y sus paredes me la aprisionaban que era una
locura… No paraba de gemir y pedirme que le diese más,
que acelerase, que frenase, que más fuerte, que más suave,
que… Estaba absolutamente descontrolada.
Del sofá pasamos a la mesa del saloncito, me hizo quitarme
de su espalda para poder sentarse encima, cogiendo mi
polla y guiándola a la entrada de su coño, pidiéndome que
se la enterrase de un solo golpe. Una vez dentro pasó sus
dos piernas por mi cintura, abrazándose con fuerza a mi
cuello, mientras movía con fuerza sus caderas. En realidad,
estuvo follándose ella misma, usándome como si fuese un
simple dildo con patas, algo que entre gemidos no hacía
otra cosa que repetirme, mientras me pedía que me
corriese de una puta vez. Confieso que no sé ni cómo
aguanté sin vaciarme en su interior, el morbo que me
estaba dando al tratarme así era exagerado. Tras su
orgasmo aflojó su presa, momento que aproveché para
quitarla de allí, con el fin de calmarme la tomé en brazos
llevándomela a la cama, donde nuevamente, una vez más,
terminó derribándome. Pero, en esta ocasión, no llegó a
subirse encima, me engañó, traté de evitarlo y me quedé a
su merced, en realidad su objetivo no era otro que mi polla,
la cual se metió en la boca. Se la introdujo hasta tocar casi
su garganta, luego la sacó, mostrando un hilo de saliva
desde el glande a sus labios, cosa que fue de lo más erótico.
Mirándome fijamente, avanzó despacio con sus labios hasta
mi polla, cuando pensé que volvería a metérsela en la boca,
sacó la lengua comenzando a lamerla en toda su extensión,
jugando con mi glande, haciéndome ver el paraíso,
llevándome por dónde le dio la gana hasta obligarme a
correrme en su boca. Cuando noté las primeras
contracciones de mi polla avisándome de que estaba a
punto, se lo dije, para que me indicara donde quería que me
corriese. Ni corta ni perezosa, la engulló hasta dentro del
todo en el mismo momento en que mi polla comenzaba a
descargarse, tragándose todo lo que esta soltó. Cuando
terminó, en lugar de retirarse, comenzó de nuevo a
lamérmela alegando hacerlo para dejarme limpio. Después
de esto, fue mi gozo en un pozo, Susana riéndose dijo que
era hora de dormir que, al día siguiente, nos esperaba el
viaje de vuelta y llevábamos mucho trote encima con la
boda. Seguí insistiéndole un poco más, solo por jugar,
porque la verdad es que no estaba para muchos más trotes.
Por la mañana, tuve la fortuna de despertarme primero, y
tras quedarme unos segundos mirándola dormir,
admirándome de la preciosidad de mujer que era. Me sonreí
maliciosamente para mí, al recordar que los dos estábamos
desnudos. Conseguí apartarle la ropa de cama con
muchísima suavidad, después con unas leves caricias en el
interior de sus muslos, logré que abriese un poco más las
piernas sin que se despertase, lo suficiente como para que
en el hueco entre ambas entrase mi cabeza. Muy despacito,
con extremada delicadeza y suavidad, comencé a lamerle el
coñito. Cuando por fin se despertó y logró saber qué era lo
que sucedía, ya estaba perdida, tenía los pezones erizados,
el coño encharcado y sus piernas sobre mis hombros. Al
sentir cómo se despertaba del todo y trataba de moverse,
hice cepo con sus muslos, sujetándolos con fuerza contra mi
cabeza mientras mi lengua seguía atacando su sexo. Pegó
un berrido cuando alcanzó, por fin, el orgasmo, quedando
laxa sobre la cama. Cuando se recuperó, me dijo riéndose
que era un cabrón y que me lo pensaba hacer pagar.
Nuevamente, me consiguió derribar y subirse sobre mí
cogiendo mi polla con su mano para, de seguido, dirigirla
hacia su coño, enfundándosela hasta el fondo. Cuando
comenzó a moverse…
―Eres un cabronazo, tenemos que irnos, pero antes de eso,
te pienso follar hasta dejarte seco… Me has encendido y vas
a tener que apagarme…
―No finjas, que no eres más que una putita a la que le
gusta más una polla que un caramelo a un niño… ―le
repliqué sonriéndole.
―En eso te equivocas, no me gusta una polla, lo que me
gusta es tu polla, cacho cabronazo, que aparte de cómo la
manejas, la noto perfecta para mí, la justa medida para
llenarme por completo y correrme como una burra…
―Pues venga, aprovéchala todo lo que puedas, que ella se
deja… ―me reí, contagiándola―.
Tras conseguir que nos corriésemos ambos casi a la par, se
levantó metiéndome prisa. Aunque, en esta ocasión no le
faltaba razón, con el polvo se nos había echado el tiempo
encima e íbamos más que justos para dejar la habitación a
la hora y ponernos luego en camino. El viaje de regreso fue
de lo más entretenido, estuvimos hablando los dos como
cotorras de un montón de cosas, increíblemente, ni una sola
vez tuvimos que recurrir al tan manido trabajo de cada uno.
Me dejó en mi casa y confieso que me dejó un poco "así",
puesto que la despedida fue un poco… digamos que
aséptica, para todo lo que habíamos vivido juntos, se limitó
a un leve besito en la mejilla y un hasta luego, igual de
manido. Esa noche me resulto difícil conciliar el sueño,
dando vueltas en la cama por culpa de Susana, me costaba
una vida el poder dejar de pensar en ella y dormirme. Por
fortuna con el trabajo había adelantado lo suficiente para
tomarme el lunes libre. Por la mañana decidí llamar a
Yolanda, mi secretaria, para informarle de que no iría,
porque esa noche apenas había pegado ojo más de dos
horas. No diré que no me preocupó lo de esa noche, porque
mentiría, especialmente, cuando nunca antes con mis
anteriores novias me había pasado algo así, de metérseme
en la cabeza una tía como para no dejarme ni dormir en
paz. Ese lunes por la mañana me llamó Eva para quedar a
comer, ya que según dijo, tenía que contarle todo lo que
había pasado en la boda… Obviamente acepté, qué se le va
a hacer, Eva era y sigue siendo mi debilidad, en el buen
sentido de la palabra, es casi más una hermana que una
amiga. De hecho, cuando mis padres se refieren a ella,
siempre lo hacen como "tu hermana", con lo de mi
enfermedad y su constante apoyo, se los ganó bien ganados
a los dos.
Durante la comida, Eva me sometió a un interrogatorio del
que, si bien me sacó mucho de lo que ocurrió durante toda
la boda, no solté prenda sobre lo ocurrido entre nosotros en
la habitación. Tras la comida, cada uno nos marchamos por
nuestro lado, no hacía falta ser ningún genio como para
saber que Eva en esa misma semana quedaría con Susana,
para informarse de qué tal había ido todo. Ya desde las
primeras preguntas de Eva vi por donde iba, a ella le
interesaba bastante más saber si entre Susana y yo había
pasado algo, que la propia boda en sí. Mientras me
marchaba no podía evitar sonreírme para mí, pensando en
que la jodida casamentera volvía a atacar de nuevo,
exactamente igual que cuando rompí con Marina y con Sara,
mis dos primeras ex, que se empeñó en presentarme a
todas las mujeres que pudo, aunque al final, a Ana la conocí
yo por otro lado, quien, por cierto, a Eva le cayó genial. En
este caso y tras la noche pasada, sinceramente no podría
poner la mano en el fuego, porque la muy puñetera no
hubiese hecho un pleno, por lo menos en mi caso.
No voy a mentir, y menos hacerlo a mí mismo, pronto me di
cuenta de que Susana me tenía bien enganchado. Si el
domingo no hice más que pensar en Susana, el resto de la
semana no me fue mucho mejor, no podía parar de pensar
en ella, tenía todo el tiempo el móvil cerca por si le daba por
llamarme, mientras los dedos se me hacían huéspedes de
ganas de llamarla yo, aunque sin atreverme. El viernes me
llamó Eva por si quería salir con ella por ahí, le puse la
excusa de que estaba cansado y que prefería quedarme en
casa ese fin de semana, disimuladamente, le tiré que podía
llamar a Susana para salir con ella. Lo hice tan bien, tan
bien, que casi ni me notó el interés que tenía en saber si lo
haría. Riéndose me soltó un: "tranquilo campeón, que está
fuera de Madrid, hasta el lunes no regresa, y está
trabajando, se olvida hasta de comer”. Después de
semejante perla, que me sacó una sonrisa de oreja a oreja,
lo confieso, me colgó despidiéndose de mí, llamándome
Romeo, y aconsejándome que no lo dejase pasar si ella no
me llamaba, porque Susana ya tenía bastante presión de
tíos "cercanos" como para que me andase con remilgos.
Aguante sin llamarla hasta el martes por la tarde, justo
hasta entrar por la puerta de casa… Me tiré toda la mañana
auto convenciéndome de que era lo que tenía que hacer…
llamarla… así que, lo hice.
― ¿Dígame?
―Hola Susana, soy Pedro
―Pedro, ¿qué Pedro?
―Bueno, ya sabes ―se me vino el alma a los pies, me
aturullé por la respuesta, que no me la esperaba para nada,
fue un bajón de cuidado― ya sabes, tu novio, el de la
boda…
―¡¡Ahhh, ese Pedro!!! – y empezó a reírse a carcajadas―.
Vaya vocecita que has puesto cuando te he preguntado qué
Pedro ―la cabrona no podía casi ni hablar de la risa―,
perdona, perdona, era una broma, por supuesto que sabía
que eras tú, pero es que no me he podido resistir.
―Eres una desgraciada, me lo has hecho pasar mal… vaya
susto que me has dado so… so… ¡¡bruja!! ―le dije también
riéndome.
―Te lo mereces por tardar una semana en llamarme.
―Perdona, rica, pero también podías haber llamado tú, digo
yo, ¿eh?
―De eso nada, soy una chica decente, que espera siempre
a que el chico dé el primer paso ―soltó con recochineo.
―Sí, claro, ya vi durante la boda lo que esperas tú a que el
chico dé el primer paso… ―le devolví el cachondeo.
―Eso era diferente, en la boda no estaba con un chico,
estaba con mi novio, y cómo era muy paradito no me quedó
otra que atacarlo directamente si es que quería follar…
Bueno, y dime, ¿te hace quedar para cenar…, por ejemplo,
el viernes? Así luego, como el sábado no tenemos que
madrugar, podemos estar jugando los dos juntitos desnudos
hasta las tantas…
―Joder Susana, me acabas de reventar el plan…
― ¿Qué plan?
―Pues cuál va a ser, el de invitarte a cenar para camelarte
y que acabásemos follando los dos como conejos en tu casa
o en la mía, en la que más cerca nos pillase del restaurante.
―¡¡¡Mmm!!! Con eso no contaba, no pensaba que
cenásemos en un restaurante, mi intención era cenar en mi
casa, no por ahí fuera, de ese modo ya te tenía en mis
manos y si tú no te lanzabas, te pensaba violar
aprovechando que te tendría en un sitio donde no te ibas a
poder escapar.
―Bueno, para arreglar esto y quedar los dos conformes,
podemos hacer una cosa, a ver qué te parece. Quedamos a
cenar en un restaurante que a ambos nos apetezca, yo
invito, y después, tú te invitas a tomar la última copa en tu
casa.
―Perfecto, me parece perfecto, tú invitas a cenar, y yo a la
primera copa nada más entrar en mi casa, y a la última
después de que nos hayamos puesto las botas a follar los
dos… buen plan, ¿no? ―se rio.
―Bueno no, es un plan perfecto… fíjate si estaré de acuerdo
con él, que en este mismo momento tienes dos rotundos
síes, uno de mi cabeza superior, y otro de la inferior…
Después de esta sarta de burradas hablamos de varias otras
cosas, incluida Eva, riéndonos los dos porque se la
empezaba a notar frustrada, pese a la buena cara que
ponía. Ninguno de los dos le habíamos soltado prenda sobre
las noches en la suite, salvo para decir que dormimos juntos
la mar de a gusto y relajados. Ojo, que ni por un solo
instante digo que a Eva la engañásemos en lo más mínimo,
que no, lo que le jodía y frustraba es que no soltásemos
prenda sobre los detalles. Sobre cualquier otro momento
éramos de lo más detallistas, pero sobre la suite y las
noches, con tres o cuatro palabras pasábamos a otra cosa.
Estuve hasta el viernes planeando cómo poder arrancarle a
Susana un sí, para empezar a salir conmigo como pareja, a
ver qué tal funcionábamos, aunque fuese jugando sucio con
ella, y conste que también por nuestra conversación era de
lo más consciente de que yo no le era tampoco indiferente,
otra cosa es ya el tratar de ir un paso más allá, que era de
lo que no me encontraba tan seguro con respecto a ella.
Salir y follar como amigos era una cosa, una relación más o
menos formal otra muy diferente y, aunque tenía fundadas
esperanzas, no sabía realmente cómo se tomaría esta
última opción.
El jueves por la mañana, a primera hora, mi secretaria me
tenía concertada una entrevista con un posible cliente en mi
despacho, se trataba de un importante ejecutivo de una
multinacional con sede en España, y confieso que no sabía
muy bien que era lo que ocurría o que podía querer esa
empresa de nosotros. Tras indagar un poco sobre mi
contraparte en esta entrevista me olía a algo raro, el tío no
me gustaba ni media, me había encontrado con demasiados
rumores de que no era trigo limpio como para estar
tranquilo. Yolanda me había pasado toda la documentación
reunida sobre el maromo y esa multinacional el martes por
la mañana, y contra más leía, menos conforme me quedaba
y más se encendían todas mis alarmas. Desde luego,
cuando por fin llegó, en menos de un minuto me quedó muy
claro que mi intuición seguía funcionando a la perfección, y
de que los rumores posiblemente fueran completamente
ciertos.
Lo primero que no me gustó es que nada más entrar, ya lo
hizo con el pie izquierdo, me trató con una prepotencia y
una condescendencia que, si no le pegué dos hostias para
sacarle después cogido por el cuello, a modo de saludo por
mi parte es, porque eso a determinados niveles se ve mal,
pero no fue por falta de ganas. Lo segundo que hizo, fue
presentarme una oferta de compra de la empresa de lo más
ridícula para que se la trasladase a los accionistas de la
misma. Eso ya me indicó lo que se había molestado ese
imbécil en investigar la empresa o a mí, ya que en todo
momento se dirigió a mi únicamente como al director
gerente de la misma, que era el puesto que,
aparentemente, ocupaba dentro del organigrama.
Cuando le dije que lo haría así, pero que ya le podía
anticipar el no por parte de los accionistas, aparte de
caerme el muy gilipollas como una patada en el culo como
persona, me remató el que también el precio por el que
pretendía comprar la empresa resultaba incluso ofensivo. La
oferta era del todo ridícula. Cuando le dije que le anticipaba
el no, llegó la tercera estupidez, el muy cretino me ofreció
una sustanciosa cantidad si hablaba en favor de la oferta,
para luego terminar amenazando para que les dijese a los
accionistas que, si no vendían por las buenas, se limitaría a
contratar a casi todos los trabajadores que tenían para
hundirlos. Obviamente, con nula sutileza dejó claro que ese
casi todos era por mí… Después de esto, se levantó, y sin
molestarse en despedirse, tan solo me soltó antes de salir,
que ya sabía, si apoyaba la oferta tendría una bonita
cantidad para mí, pero sino… bueno… que ya sabía a qué
atenerme y que la cola del paro era muy grande. Lo que él
no sabía, ni sabía tampoco nadie, excepto mi secretaria
para todo y mi abogado, es que en mi despacho tenía varios
micros junto con tres cámaras, con las que podía grabar
aquellas entrevistas que estimase que podían ser
problemáticas. Y desde luego, con la mala espina que me
daba, esta la grabé.
Los tres años de mi enfermedad los pasé entre sufrimientos
y una minuciosa planificación de mi vida una vez que todo
eso pasase, algo de lo que no tenía la menor duda, porque
de no haberlo hecho así me hubiese hundido del todo. Gran
parte de haber salido adelante fue por el fuerte apoyo que
recibí tanto de mis padres, familia y Eva. Cuando comencé
con la empresa lo primero que hice fue hacerme con los
servicios de un buen bufete, pero en lugar de querer contar
con uno de los socios, decidí elegir a un joven abogado muy
brillante y que tenían contratado como pasante en exclusiva
para mis asuntos, en tres años gracias a mi apoyo le
hicieron socio, algo que no fue gratuito, valía cada euro que
pagué al bufete por sus servicios y cada prima que él se
llevó de manera independiente como si fuese un empleado
mío más. Era de los que opinaban que toda, casi toda ley,
por algún sitio tenía su trampa, y que era la jurisprudencia
la que terminaba acotando los huecos. Gracias a él, esto de
grabar las conversaciones en mi despacho, era totalmente
legal, había encontrado una brecha en la ley de protección
de datos, por la que nos escurrimos para poder hacer esto
de manera legal, pese a que la contraparte no tuviese
consciencia voluntaria de ello.
Nada más irse estuve llamando uno por uno a todos mis
empleados o, al menos, a todos los que me dio tiempo.
Continué con los que me faltaban el viernes por la mañana,
dejando para el final a mi secretaria y persona de confianza
en la oficina. Yolanda era mi secretaria para todo:
secretaria, recepcionista, llevaba el peso de los contratos y
compras relativos a la oficina y a las plazas de parking
propiedad de la misma en el mismo edificio, etc…, valía
cada euro que le pagaba. Recuerdo que ese viernes tenía
prisa porque había quedado con Susana, pero me quedaba
hablar con Yolanda, por lo que la llamé para explicarle que
iría un poco más tarde, porque me había surgido un
problema que tenía que solucionar sin demora. Lo aceptó y
simplemente me indicó que, en lugar de ir a buscarla, me
dirigiese directamente al restaurante. No hice más que
colgar, cuando Yolanda se asomó para decirme que se
marchaba diez minutos antes que acababa de llegar su
marido a buscarla… Le pedí que por favor pasase que tenía
que hablar con ella, y que si le parecía bien entrase también
su marido, porque el asunto concernía a su trabajo…
Entraron los dos, mientras se sentaban me apresuré a
tranquilizarles.
―Primero de todo, que sepas que tu trabajo no está en
peligro, ni muchísimo menos.
―Buf, ya me habías asustado ―me sonrió, cogiendo la
mano de su marido.
―Segundo. Te aclaro que hablemos lo que hablemos y pase
lo que pase, tienes asegurada tu prima correspondiente a
las próximas operaciones que, si no recuerdo mal, porque
hablo de memoria, va a rondar entre los sesenta y los
setenta mil euros, dependiendo de la situación dentro de
veinte días cuando finalice del todo y se hagan las cuentas
tras impuestos ―vi cómo ambos sonreían de oreja a oreja al
escuchar las cantidades.
―Bien, entrando en materia. El gilipollas ese con el que me
reuní ayer por la mañana, ha hecho una oferta por la
empresa, me pidió que se la pasase a la junta de
accionistas, e incluso tuvo a bien ofrecerme una bonita
cantidad para que influyese en ellos para que vendiesen…
―Y los accionistas resulta que no quieren vender, ¿a qué
no? ―me preguntó socarrona sabiendo de sobra que el
único dueño de la empresa era yo.
―Eso mismo ―le sonreí―. El problema es que, en ese caso,
ha amenazado con contratar a los empleados de la
empresa, a todos, excepto a mí, si no lo consigo, claro.
―Pues vaya lince… ―se rio―.
―Sí, sin duda. Pero me preocupa que os haga alguna
jugarreta. No, escúchame, por favor ―alcé la mano para
que me dejase terminar―.
―Sé que me vas a decir, que no aceptarás. Te lo agradezco,
pero quiero que cuando te hagan la oferta, que te la harán,
la consideres. Si te interesa y crees que te favorecerá, que
te den el contrato y llévaselo a Jorge al despacho para que
te asesore ―le expliqué―.
―Yo me quedo ―me aseguró con firmeza.
―Creo que eso deberías consultarlo con tu marido, quizá os
interese más la oferta que te hagan… ―con toda educación
me interrumpió Daniel, el marido.
―Don Pedro, perdone que le interrumpa. Pero quiero aclarar
que quien tiene que decidir es Yolanda y tiene todo mi
apoyo decida lo que decida. Pero si me preguntase,
mientras que supiésemos seguro que, al frente de esta
empresa seguiría estando usted, le diría que no se moviera
de aquí.
―Te lo agradezco Daniel, pero a tu esposa le digo lo que le
he dicho a todos los demás compañeros, cada uno tiene que
mirar por sus intereses, si le beneficia quiero que se lo
piense. Lo que no quiero de ninguna manera es que os
engañen, cualquier contrato que te den llévaselo a Jorge
para que él le dé un vistazo, te asesore e incluya algunas
cláusulas para que no te puedan echar después a los dos
meses dándote una, con perdón, patada en el culo y una
mierda como indemnización...
― Esta conversación sobra, no tengo la menor intención de
aceptar irme por mucho que me ofrezcan. No, déjame
seguir ―impidió que hablase, poniéndose seria y pasando a
tratarme de usted―.
―Usted sabe tan bien como yo, que si me voy ya no podría
regresar, aunque solo fuese porque mi puesto, más antes
que después, estaría ocupado por alguien, incluso ya desde
el día siguiente. Sé que estoy cobrando casi el doble de lo
que me pagarían en cualquier otra empresa por el mismo
trabajo, además de tener derecho a mi propia parte del
bonus de prima por el negocio igual que cualquier otro
miembro de la empresa. Y esto sabe de sobra que con mi
puesto es algo que no encontraré en ningún otro lugar al
que vaya por mucho que me prometan. De momento ya
este año, a parte de mi sueldo, por lo que ya me ha dicho,
me voy a llevar, además, cerca de sesenta mil euros en
concepto de prima. Vamos, que de aquí y mientras usted
sea el jefe, no me mueven.
―Vale, todo lo que has dicho me parece perfecto, pero, de
todos modos, quiero que seas consciente que hagas lo que
hagas, cuentas con mi apoyo y mi agradecimiento por estos
años trabajando a mi lado.
―Jefe, cualquier contrato que me vayan a ofrecer, ahora
mismo y por mucho que me den, sé que va a ser pan para
hoy y hambre para mañana. Y ni de broma me van a hacer
ganar lo que estoy ganando con usted, o las ventajas que
tengo por estar aquí trabajando, como sin ir más lejos poder
acudir al abogado de la empresa para cualquier problema
personal o tomarme los días libre que necesite sin dar más
explicación que el avisar con tiempo de ello.
―Bueno, pero sabes que esto último no es así del todo…
―Sé de sobra que eso es porque mi trabajo está bien hecho
cuando corresponde, también porque si luego, en un
momento puntual, me tengo que quedar más tiempo lo
hago y también porque no abuso de ello. Pero del mismo
modo sabe usted, que esto es algo que tampoco lo voy a
tener fuera de aquí, por mucho que haga lo mismo que
hago trabajando para usted. La decisión es obvia, es que
vamos, no tiene ni discusión posible. Le repito, ese contrato,
por muy bueno que sea, no me compensaría para nada lo
que perdería a cambio…
Después de esto y despedirse, recogí mis cosas,
marchándome hacia el restaurante donde había quedado
con Susana. En lugar de irme con el coche, lo dejé en el
parking pidiendo un taxi. No pude por menos que sonreír a
lo que dijo Yolanda, porque pensaba como ella, visto al
prepotente que fue a negociar, también opinaba que,
cualquier oferta procedente de ese mamarracho, sería pan
para hoy y hambre para mañana, incluida la compra de la
propia empresa para mí. Y digo la compra, en el caso de que
hiciese una oferta que mereciese la pena considerar, y no la
mierda de oferta que había hecho, que no llegaba ni al
setenta y cinco por ciento de su valor real de mercado. Si
hubiese tenido que apostar, lo habría hecho porque ese
gilipollas me había investigado muy por encima, obtenido
los datos de mis cuentas personales o de las más visibles al
menos de mis propiedades, y poco menos que me
consideraba un muerto de hambre al que poder manipular
ofreciéndome una bonita cantidad para ablandarle el
terreno con la junta de accionistas. Después de hablar con
todos mis empleados, todos me habían dicho lo mismo, que,
puesto que yo se lo pedía, le darían un vistazo a la oferta
que les hiciesen antes de rechazarla sin paliativos y tirarla a
la basura. Ninguno de ellos parecía dispuesto a dejar su
puesto bajo ninguna circunstancia.
De nuevo, gracias a mi abogado y al apoyo de Eva en su
banco, la cuenta donde iba a parar mi sueldo, mis
domiciliaciones, mis beneficios, mis activos financieros y la
cuenta a la que estos se asociaban, iban por otro lado y se
regía de otro modo. Era algo completamente legal que el
banco aceptaba, Hacienda tenía constancia y, al pagarse
religiosamente todos los impuestos, tampoco tenía el menor
problema, de hecho, los dos primeros años de este sistema
me hicieron dos inspecciones fiscales pasadas con
sobresaliente, por lo que Hacienda tan feliz. Lo admito, en
según qué o con qué cosas soy un poco paranoico. Si
alguien desde dentro del banco se pusiese en serio a revisar
mis datos, los obtendría con mayor o menor dificultad, pero
lo haría, claro que también Eva se enteraría de ello y de
rebote yo, lo que no me haría la menor gracia. Después de
eso tardaría segundo y medio en estar pidiendo
explicaciones varios puestos por encima del de Eva, y que el
que hubiese sido fuese rezando por estar bien anclado a su
puesto y tuviese una buena razón para ello, porque de
poder, me cobraría su cabeza, sí o sí. En realidad, me
preocupaba bastante poco el que mis empleados se
pudiesen marchar, en veinte días terminaban varios
contratos de inversión por valor de unos sesenta millones
que nos serían reembolsados. Si todo iba bien, la recompra
de acciones por parte de las juntas directivas sería un
hecho, lo que nos dejaría la bonita cantidad de unos quince
millones y pico aproximadamente de beneficios. De estos
millones, aproximadamente, tres y un pico alto se irían en
primas para los veintinueve empleados y Jorge, el abogado.
Este año, del resto de los beneficios, un millón sería para mí
y el sobrante tras los impuestos, que tampoco se pagaba
tanto como pudiese parecer a primera vista, iría directo a la
reinversión en la empresa, para seguir trabajando y poder
ampliar aún más la cartera de clientes.
Llegué al restaurante justo a la vez que Susana, ambos nos
bajamos del taxi en el mismo momento. Parecía que nos
hubiésemos puesto de acuerdo. Durante la cena, el tema
trabajo salió a relucir, pero tan solo de pasada, yo le
comenté un par de cosas, obvio que, ni que yo era el dueño
de la empresa, ni la oferta que me habían hecho para
comprármela, y ella por su parte, me habló del viaje, pero
sin entrar en detalles, más allá de su horario y dejarme
claro que salvo dormir, no había tenido tiempo libre para
nada más. Después de cenar, pedimos un taxi y nos
marchamos directamente a su casa, ya en el ascensor
comenzamos a besarnos como dos desesperados, o por lo
menos por mi parte, que según se cerraron las puertas me
lancé a por ella como un lobo hambriento. Fue cerrar la
puerta de su casa y comenzar a desnudarnos el uno al otro,
dejando un reguero de ropa desde la entrada a los pies de
su cama. Como ya venía siendo habitual con Susana, se las
apañó para que acabase tumbado sobre la cama con ella
encima. En esta ocasión, no quiso ni caricias, ni besitos, ni
como ella mismo me dijo, otras zarandajas, quería polla,
polla y más polla… Se la enfundó hasta el fondo a los tres
segundos de estar sentada sobre mí….
Estábamos los dos en la cama, con Susana sobre mí, con mi
polla completamente en su interior, moviéndose
suavemente mientras mis manos acariciaban sus pechos.
Poco a poco, fue aumentando la velocidad, viéndome
obligado en un momento dado a abandonar sus pechos para
sujetarla por la cintura, ya que a medida que aceleraba sus
movimientos, estos se hacían más incontrolados, era una
delicia ver esos magníficos pechos botar. Reconozco que,
aguanté menos que ella, me corrí dando aullidos, por lo que
ese coñito le estaba haciendo a mi polla. Cuando Susana
notó las primeras contracciones de mi polla aceleró aún más
el ritmo, escurriéndome del todo a la vez que ella alcanzaba
su orgasmo, derrumbándose sobre mí. Estaba exhausta
después de la paliza que se había dado… Esperé sin hacer
otra cosa que darle besitos y acariciarle la espalda mientras
se recuperaba…
― Qué ganas tenía de tener a mi novio para mí… de
nuevo… ―me soltó de repente―.
― Y yo de volver a sentir en mis brazos a mi novia. Que te
quede claro que, si esto es una oferta, te la voy a aceptar
en el acto, me encanta mi novia.
― Y a mí, mi novio…
― Pues conste que, con esta declaración por tu parte,
nuevamente, me acabas de reventar toda una semana de
planificación, esta vez para camelarte y que aceptases salir
conmigo… Llevo pensando en ti desde que nos separamos
el domingo de la boda ―la besé en los labios, subiendo
rápidamente en intensidad―.
― Me ha pasado igual, si no te llamé es porque no iba a
estar en Madrid, quería estar disponible para quedar de
inmediato y conquistarte ―levantó la cabeza para mirarme
con una sonrisita en los labios―. ¿Crees que deberíamos
tener una charlita los dos con la casamentera?
― Bueno, pienso que sí, que primero le tendríamos que
echar una buena bronca por la jugarreta, y después darle
las gracias por presentarnos ―le guiñe un ojo, dándonos a
los dos por reírnos de la situación―.
― La madre que la parió, ¿te acuerdas en la boda cuándo
me preguntaste que me dijo y te contesté que era secreto?
―dijo Susana enterrando su cara en mi pecho mientras se
reía―.
― Sí, claro… ―la miré intrigado―.
― Me dijo que tuviese mucho cuidado contigo, y que no nos
pusiésemos muy cariñosos los dos, porque, al final, me iba a
enamorar de ti como una tonta, que eras más peligroso de
lo que parecías a primera vista…
― Pues mira, me alegro de que nos pusiésemos muy
cariñosos los dos y que hayamos terminado gustándonos
como para querer ambos algo más…
― Y yo, pero pese a todo, ¡hablamos con ella…! ―se rio―.
― Pues qué quieres que te diga, de momento, prefiero
entretenerme contigo y no preocuparme de ella ―le
repliqué riéndome también a mi vez y tumbándola de
espaldas―.
Sus ojos brillaban, comencé a bajar lentamente por su
cuerpo lamiéndoselo despacio, recreándome en ciertos
sitios, como sus pezones, su ombligo, el interior de sus
muslos, avanzando lentamente hacia su sexo mientras que
ella ponía una mano sobre mi cabeza gimiendo levemente.
Para el momento en que me centre en su sexo, ya tenía sus
dos manos sobre mi cabeza, tratando de enterrármela en su
interior, sus gemidos cada vez eran más fuertes. Mientras
que mi lengua trabajaba su clítoris, tenía dos dedos
moviéndose en su interior, arrancándole cada vez gemidos
más fuertes, así como palabras inconexas. Justo en el
momento en que alcanzó el orgasmo, además de mover
suavemente en círculos los dos dedos del interior de su
coñito, por su culito le introduje, de golpe, el dedo corazón
de la otra mano, soltando Susana un berrido al sentirlo,
según se corría, que se debió de escuchar en todo el
edificio. Estuvimos follando hasta pasadas las cuatro de la
mañana, momento en que ambos caímos completamente
exhaustos. Por la mañana, el momento de levantarnos
estuvo presidido por un montón de besos y caricias. Si en
ese momento no volvimos a follar fue porque ambos
estábamos de verdad más que muertos del tute de por la
noche… Los dos, completamente desnudos, nos preparamos
el desayuno y aprovechamos para aclarar la situación.
Nada más terminar de ponernos de acuerdo en la forma en
que íbamos a seguir adelante con lo nuestro, me di cuenta
de un detalle que me hizo empezar a reírme, mirándome
Susana sorprendida.
― ¿De qué te ríes? ―me preguntó―.
― De nosotros dos y lo que acabamos de discutir, que tiene
guasa…
― Pues yo no la veo.
― Pues es simple, acabamos de quedar de acuerdo en ir
despacio y con calma, pero yo ahora me voy a mi casa a
traerme algo de ropa para tener aquí para el fin de semana.
Ropa que, seguro que se queda aquí, mientras que la
semana que viene eres tú la que se vendrá con ropa a mi
casa… ―vi que me miraba perpleja―.
― Leches, es verdad, no lo había pensado ―se empezó a
reír también―.
― Traduciendo, hemos quedado en ir despacio de lunes a
jueves, y rápido de viernes a domingo, vísperas y festivos…
―le guiñé un ojo, riéndonos los dos a la par―.
Después de un rato, me levanté con intención de ir a por
mis cosas, me acerqué a ella y la besé en los labios. Al final,
se lio la cosa cuando ya estábamos los dos sobre el sofá, yo
sentando y ella encima, con el jersey levantado y mi boca
sobre sus pechos, haciéndola gemir, no sé ni cómo se
levantó, poniendo la mesa entre nosotros, ya que me fui
detrás ella de inmediato…
― No, quieto ahí ―me señaló extendiendo la mano―, ni te
acerques, que te tienes que ir a por las cosas.
― Venga cariño, solo un besito… ―le pedí poniendo carita
de niño bueno―.
― Ni de broma, que ya nos dimos antes un besito y casi
terminamos follando…
― Venga, solo uno…
― Que no, que con el calentón que llevo del besito nos
vamos directos a follar y esta vez no seré capaz de
pararme…
― Pues no te pares… ―le sonreí―.
― Qué te vayas ya, venga ―se rio mientras rodeaba la
mesa, escapando de mi para impedir que la pudiese
alcanzar―.
― Eres mala, vas a dejar que tu novio se vaya así… ―le
señalé mi más que evidente empalme―.
― Por supuesto que sí, como castigo por dejarme a mi
completamente cachonda perdida y con ganas de follarme
al cabrón de novio que me he echado… Venga, tira a por tus
cosas, que, contra más tardes en volver, mas vas a tardar
en poder disfrutar de este ―se dio una palmada en un
cachete del culo―.
― Pero, ¡qué hija de tu madre! ―le solté babeando por lo
que me había dicho―.
― Tú verás, como tardes mucho te quedas sin premio ―dijo
socarrona, con los ojos muy brillantes―.
Riéndome me marché a por mi coche. Al llegar a la calle
paré un taxi y le pedí que me llevase a la empresa para
recogerlo, luego desde allí me dirigí a casa. Me preparé ropa
suficiente como para poder estar cómodo hasta el domingo
y marcharme el lunes a trabajar desde casa de Susana, algo
que me llevó prácticamente todo el resto de la mañana.
Cuando llegué, casi a la hora de comer, me llevé la sorpresa
del día, estaba Eva hablando con ella, las dos sentadas en el
salón. Le di un fuerte abrazo a Eva, quien rápidamente se
levantó para abrazarme y felicitarme, al oído me dijo que no
me arrepentiría, porque Susana era una gran chica. De Eva
pasé a Susana, a la que di un soberano morreo, cogiéndola
por el culo con las dos manos y apretándola contra mí, al
oído le dije que no pensase ni por un solo instante que no
me pensaba cobrar lo prometido esa misma noche…
Durante la comida, sorprendentemente, me llamaron mis
tres ex, si me chupase el dedo hubiese pensado que era
simple casualidad, pero como no me lo chupo, tuve una
conversación la mar de entretenida con Eva y Susana, en
cuanto colgó Ana, que fue la última en llamar. Las tres
hablaron conmigo, con Eva y con mi nueva novia, a la que,
por lo visto, felicitaron, además de decirle que no me dejase
escapar, porque merecía la pena, cosa que a ella pareció
gustarle, algo sobre lo que, por cierto, no se me ocurrió
abrir la boca para nada… Con Eva no sabía si agradecerle lo
de mis ex, puesto que había salido bien o matarla por el
susto de muerte que me había llevado cuando todas
quisieron hablar con Susana. Una vez que Eva se marchó,
puedo decir que el resto del fin de semana fue más de lo
mismo, follar, follar y follar… Y no, ese fin de semana, al
final, no me cobré mi premio, aunque me lo dejé apuntado
para un próximo futuro en el que mi polla no estuviese tan
dolorida. Susana era insaciable. Con el tiempo descubriría
que Susana podía estar tranquilamente una semana de
viaje sin follar, pero que cuando volvía, tenía tendencia a
querer recuperar todas las veces que nos habíamos perdido
por estar separados, hasta que ambos llegábamos a un
punto en que no dábamos para más.
La semana estuvo tranquila, hablamos todas las noches. El
martes Susana tuvo que viajar, no regresó hasta el jueves
por la mañana. Quedamos para el viernes por la noche,
directamente en mi casa. Ese mismo viernes por la mañana
tenía la visita del idiota que hizo la oferta por la empresa, y
que, al rechazar la compra, estuvo tanteando a todos los
empleados, llevándose en todos los casos una negativa. El
martes estuve hablando con Jorge, el abogado de la
empresa, a quien le puse la grabación de la entrevista que
tuvimos los dos y quien, por cierto, se pilló un buen cabreo,
cuando terminó de escucharle. Su consejo fue proceder
legalmente contra ese sujeto a todos los niveles posibles.
Me aconsejó cómo proceder y que, por supuesto, la nueva
entrevista también quedase grabada, solo por si acaso le
daba por soltar alguna majadería más, que pudiésemos
aprovechar si me decidía a ir contra él. El miércoles me
llamó la cabrona de Eva por temas de trabajo, quien, por
cierto, se lleva genial con Yolanda, y cuando le dijo que le
pasase conmigo, se identificó como la mejor amiga de mi
novia. En el primer descanso para tomar un café que hice,
según entré en la sala de descanso que teníamos para el
personal, me cayó encima Yolanda para que le contase. Lo
cierto, es que, aún sin entrar en detalles, no me daba el
menor apuro hablar sobre las maravillas de Susana con la
tontería esa que tenemos todos los primeros días.
El viernes por la mañana estaba esperando al
impresentable, cuando Yolanda me hizo saber que estaba
allí la visita que esperaba, diciéndole, por mi parte, que le
hiciera pasar. Qué cara de panoli que se me quedó cuando
vi a Susana entrando en mi despacho vestida con su traje
de ejecutiva y su correspondiente maletín. En cuanto pude
cerrar la boca, me empecé a calentar, mi mente se empezó
a llenar de pensamientos lujuriosos, al pensar que, puesto
que Yolanda lo sabía, supuse que Susana debía de haberle
dicho que era mi novia y que quería darme una sorpresa, y
por eso no me dijo que era ella. Creo que, entre eso, y que,
en cuanto me recuperé solo podía pensar en ponerla
mirando a cuenca allí mismo, sobre mi mesa, no me fijé en
el gesto de evidente sorpresa en ella, al verme allí, a medio
levantar para saludarla, con la boca abierta.
― Cariño ―salí a su encuentro, dándole un beso en los
labios que me devolvió―. ¿Qué haces aquí? No me digas
que has venido para darme el premio que me debes… ―le
susurré al oído mientras le besaba el cuello―.
― No, para por favor ―me puso una mano en el pecho
apartándome mientras soltaba un gemidito― Un momento,
sino, no me dejas pensar ―finalmente consiguió poner su
cartera entre ambos para separarme―. No sabía que
estabas aquí, he venido a ver al director gerente de esta
empresa… ―me miró a los ojos con evidente sorpresa,
aunque bastante turbios ya, por el deseo…―.
― Vaya, no sabía que tenía ninguna cita contigo… ―me
sorprendí―. La única que tenía para hoy era con un
ejecutivo de ****
― Ese es el compañero que tenía que venir, pero no ha
podido y me han pasado la operación a mí… ―de repente,
se detuvo, mirándome fijamente y poniéndose
repentinamente muy seria―. Perdona, ¿has dicho que tú
tenías la cita con él?
― Sí, soy el director gerente de esta empresa.
― ¿Entonces tú…? ―la interrumpí―.
― Primero vamos a sentarnos tranquilamente, porque
tenemos que hablar, ¿te llevas bien con ese compañero que
tenía que venir?
― No sé qué tiene eso que ver con… ―nuevamente la
interrumpí―.
― Por favor, contéstame, porque es importante, ¿te llevas
bien con él?
― No, lo cierto es que no. Lo tengo bastante atragantado,
pero no te voy a decir más, son asuntos internos de mi
empresa ―vi que empezaba a sulfurarse―.
― Cálmate, no te lo he preguntado por preguntar. Siento
decirte que te acaban de colar un gol y por toda la
escuadra, si entiendes el símil. Ahora, al ser tú mi
interlocutor, tengo un problema, porque pensaba haber
tomado medidas legales contra tu compañero y tu empresa,
en cuanto se marchase de esta entrevista…
― Pero… ―me miró asombrada―.
― Te han colocado un marrón de cuidado, creo que te han
mandado a recoger los posibles beneficios de la actuación
de tu compañero la vez anterior que hablamos, y que
cargues tú con las consecuencias.
Antes de que pudiese hablar, le pedí que, por favor,
guardase silencio y escuchase, estuve hablando con ella
como una media hora, sinceramente, con lo poco que pude
sacarle a Susana, no me quedó claro cómo pensaba joderla
su compañero, aunque fue muy visible que ella sí tenía que
tener una más que especifica idea de ello. Llamé a Yolanda,
presentándole a Susana como mi novia, quedándose con la
boca abierta, luego le expliqué que le habían puesto una
zancadilla y le pedí que, por favor, llamase a Jorge a ver si
se podía pasar por allí lo antes posible o que me llamase,
que era muy urgente. Dejamos de hablar los dos. Cuando
Jorge me llamó le estuve explicando la situación, luego pasé
a enumerar las medidas de todas las que me aconsejó que
había decidido llevar adelante. Cuarenta minutos después,
tenía más o menos claro lo que se podía hacer y no hacer
para evitar perjudicar a Susana, y que el culpable se llevase
los beneficios de su jugada. Tras colgar me volví a Susana,
cuya cara tras escucharme hablar con mi abogado era todo
un poema.
― Obviamente, estando tú de por medio no voy a moverme,
pero me jodería mucho que ese cabrón se fuera de rositas.
No sé cómo habrá maniobrado para pasarte el muerto, pero
supongo que, por lo que he podido observar cuando
hablábamos, tú sí que lo sabes. Tras escucharme hablar con
el abogado de la empresa, te habrás dado cuenta de que la
situación en la que ese se encontraba por venir hoy a verme
era delicada.
― El muy cabrón llamó diciendo que estaba malo y no podía
venir, por eso mi jefe me lo ha encargado a mí ―explotó―.
Ese hijo de puta seguro que se olía que le podía caer alguna
encima y se ha quitado de en medio ―continuó,
visiblemente cabreada―.
― ¿Tienes en tu empresa alguien con quién hablar? Me
refiero a alguien fiable en esta situación.
― Sí, lo tengo, podría hablarlo ―se quedó pensativa―, pero
el problema es que mi jefe directo, a quien me tendría que
dirigir en primer lugar, es uña y carne con él, de hecho, fue
el que me mandó venir hoy. Sé que hay rumores de que han
dado quejas de este capullo, se hablaba por lo bajo sobre
cosas como esta… pero… ―alzó las manos muy enfadada―.
― Pero de ser así, supongo que no ha ocurrido nada, porque
todas las quejas quedaban detenidas en el despacho de tu
jefe.
― Si, eso sospechamos todos… y ahora, después de esto,
ya estoy segura de ello ―admitió, mordiéndose los labios de
rabia―. Siento mucho haberte puesto en esta situación con
tu empresa.
― Por mí no te preocupes, haga lo que haga o decida lo que
decida, te aseguro que no va a tener consecuencias para mi
puesto, si es lo que temes. Quien está en peligro eres tú, de
esta te has librado porque han dado conmigo, pero puede
que no tengas tanta suerte la próxima. Por eso quiero
arreglarlo ahora, que lo tenemos cogido por los huevos,
junto con tu empresa y le podemos hundir… ―me quedé
mirándola pensativo―. Susana, ¿tú podrías acudir a alguien
por encima de tu jefe?
― Bueno… ―se quedó un momento pensativa―. Creo que
sí, que algo podría hacer. De hecho, tengo que ver esta
tarde a primera hora al director territorial, que es quien
dirige las delegaciones en la península, por la negociación
que he llevado esta semana y a la que tiene que dar él su
visto bueno definitivo. Es algo que no tiene relación con
esto, pero podría tratar de hablar con él, lo que no sé es
cómo se tomará que me salte dos puestos por encima de mi
propio jefe y le vaya directamente.
― Bien, perfecto, y créeme, no creo que te pase nada,
porque quiero que hagas una cosa cuando lo veas. Si lo
consigues, a ti te van a deber una, pero tanto tu compañero,
como tu jefe, si no se ven en la calle les va a faltar el ancho
de una pestaña… Pero tienes que conseguir hablar con él y
hacer lo que te voy a pedir.
Estuve hablando distendidamente con Susana durante más
de una hora mientras tomábamos un café, ya
completamente relajados los dos, y Yolanda me preparaba
algo que le pedí. Antes de irse le entregué un voluminoso
sobre cerrado que me pasó Yolanda, para que se lo diese al
directivo que me dijo que vería. Otra cosa que le dejé muy
claro a Susana, para que después no se llevase a error por
si acaso la dejaban en esta negociación, es que la empresa
no estaba en venta, y que se podían ahorrar los intentos,
por mucho que mejorasen la oferta, de la que, por cierto,
incluso ella misma se enfadó cuando le presenté la que me
hizo su compañero, por considerarla casi como un insulto
por las condiciones y el valor de la misma. Aunque me lo
pidió, me negué a explicarle lo que tenía contra su
compañero, algo que vi que no le gustaba, pero que se tuvo
que tragar al acudir por mi parte al tan socorrido secreto
empresarial, que tanto iba a usar en el futuro con ella, y ojo,
que ella también se aficionó a usarlo conmigo. Ese mismo
día ya empecé a ver claro que, si de verdad seguíamos con
esta relación, el trabajo iba a ser un punto de fricción entre
ambos, si no lo acotábamos con rapidez, y por lo que
hablamos esa misma noche después los dos en mi casa,
Susana lo vio también del mismo modo. Lo mejor que
teníamos ambos era que no teníamos pelos en la lengua a
la hora de hablar las cosas, por lo que era difícil que
cualquier problema se pudiese quedar enquistado entre los
dos al dejarlo pasar hasta mejor ocasión.
El viernes salimos por la noche a cenar y después a
divertirnos, cuando llegamos a mi casa, simplemente nos
marchamos a dormir, no pasamos más allá de unos besos y
unas caricias, lo cierto que es ambos estábamos
completamente exhaustos. Otra cosa fue el sábado por la
mañana, que mi despertar fue de lo más placentero, ya que
cuando abrí los ojos un poco perdido de lo que ocurría,
Susana estaba muy entretenida haciéndome una señora
mamada. Fue abrir los ojos, centrarlos, mirar hacia el lugar
de donde procedían mis sensaciones placenteras y
segundos después entrar mi mente en cortocircuito al
correrme en su boca. Una vez terminé me quedé mirándola.
Se empezó a relamer pasando su lengua por sus labios. Al
ver que se levantaba la sujeté por las muñecas tirando de
ella hacia mí, cayendo sobre mi cuerpo, aproveché su
sorpresa para terminar por tumbarla de espaldas sobre la
cama. Entonces, le dije que antes de levantarse, me tocaba
devolverle el favor que me acababa de hacer, no la dejé
hablar, cuando fue a abrir la boca la besé introduciéndole la
lengua hasta casi tocarle las amígdalas. Desde allí fui
lamiéndola y besándola por todo el cuerpo, hasta llegar, por
fin, a su sexo, empleando mi lengua para comenzar a
llevarla hacia un orgasmo. Me cuidé mucho de que pudiese
correrse a la primera. Susana estaba como una moto, todo
su afán es que le permitiese correrse de una vez, en un
momento dado, logré desesperarla por completo llevándola
al final a un orgasmo realmente arrollador, en el que pareció
que el coño se le licuaba vivo de la cantidad de jugos que
escurrió hacia mi boca, tragándomelo todo de forma más
que ostensible. Según sus propias palabras, cuando se
recuperó, Susana me advirtió de que no me follaba en ese
momento, porque tenía planeada la mañana y me quería en
plena forma para esa misma noche, en la que no me
pensaba dejar dormir en absoluto.
Estuve toda la mañana en el centro divirtiéndome con ella,
nos lo pasamos en grande, aunque confieso que esperaba
que, en algún momento, me dijese algo sobre lo que le
había pedido que hiciera. A la hora de comer, encontramos
un restaurante la mar de coqueto y discreto, nos sentamos,
pedimos, y mientras acabábamos con el primer plato, me
empezó a contar lo que había pasado el viernes por la tarde,
aunque desde luego, lo que hablamos no fue ciertamente lo
que yo me esperaba, fue algo que me puso por un buen
rato el corazón en un puño.
― El viernes estuve entregando el informe…
― ¿Y bien?
― Le di el sobre, le expliqué la situación tal y como me
pediste, incluido nuestra relación personal. Lo abrió, estuvo
echando un vistazo a lo que había dentro, luego me dio las
gracias y me dijo que me llamaría a lo largo de la semana
para hablar conmigo.
― ¿Crees que tendrás problemas? ―le pregunté
preocupado, ya que mencionar nuestra relación no fue cosa
mía, sino que lo hizo Susana por iniciativa propia―.
― No, para nada, tranquilízate, eso ha sido lo primero que
me aseguró una vez que me dijo que me llamaría la semana
que viene, que no temiese por mi puesto en absoluto, que
por lo que había podido ver por encima, les acababa de
hacer un favor muy gordo. Por la reacción que he visto en
él, creo que, mencionar nuestra relación muy posiblemente
incluso ha ayudado…
― Entiendo… ―me quedé un momento pensativo―.
― Supongo que no me lo explicarás ―indagó ella―.
― Creo que es mejor que no sepas nada, por lo menos de
momento. No es que no confíe en ti en esto, y lo sabes, pero
quiero asegurarme que, de ocurrir algo, tú no saldrás
perjudicada.
― Está bien, confiaré en ti, pero ten clara una cosa, bajo
ningún concepto quiero que, por favorecerme a mí, tú seas
quien salga perdiendo. Y esto sí que no es negociable entre
los dos ―me replicó muy seria―.
― Susana, mírame. Sabes que no me callo, si tengo que
decirte algo, te lo digo, y que no te miento. Con este asunto
puede que no te lo cuente todo, pero te garantizo que no te
estoy engañando en lo que te digo. Te aseguro que nadie
me va a echar de mi empresa y que haga lo que haga no
me voy a llevar ninguna bronca o posible sanción tampoco.
¿Vale?
― Está bien. Supongo que te creo, aunque me rechine. Pero
tengo que contarte otra cosa.
― Dime…
― Cuando volví a mi despacho después de la reunión, me
encontré con que estaba esperándome Roberto…
― ¿Tu ex? ―me sorprendí―.
― Sí, el mismo… Quiere que regresemos… ―me dijo sin
dejar de comer mientras me miraba fijamente―.
― ¿Y su novia qué? ―le pregunté tratando de mantener la
sangre fría mientras trataba de no reaccionar, aunque
reconozco que en cuanto la escuché me pareció que me iba
a crecer una úlcera―.
― Por lo que me dijo rompió con ella, la pilló enrollándose
con otro. Sinceramente, después de que tratase de hacerlo
contigo en la boda, no diré que esto me haya extrañado en
absoluto, por mucho que esa te dijera a ti que tenían una
relación abierta.
― Bueno, pienso igual que tú, que tampoco es que me
sorprenda mucho, visto lo que vimos… Por lo poco que
hablé con ella y pese a lo que dijo sobre su relación, me dio
la impresión de que la fidelidad no era una de sus
cualidades, precisamente…
― Roberto me besó, y eso me trajo muchos recuerdos…
―me dijo, repentinamente, muy seria, dejando de comer y
mirándome a los ojos―.
― Entiendo… ¿Y qué piensas hacer? ―le pregunté con toda
la calma del mundo, aunque la procesión, como se suele
decir, iba por dentro. En ese momento me di cuenta de lo
profundo que se me había metido Susana, mucho más de lo
que suponía, si a resultas de esto dejábamos la relación lo
iba a pasar fatal―.
― No lo sé, ¿tú que crees que debería hacer? ―apartó su
plato, entrelazó sus manos y apoyó la barbilla sobre el dorso
de estas, mientras continuaba mirándome fijamente a los
ojos―.
― No soy yo quien debe tomar esa decisión, eres tú la que
tiene que decidir qué quiere hacer o no, esa cuestión
sobra… Preguntarme a mí que deseo que hagas es inútil. Lo
que te respondería, a estas alturas, ya debería ser de lo más
obvio para ti.
― Sí, eso es cierto, sé lo que me dirías, que no le haga caso,
que recuerde lo que ocurrió con él, y que piense en lo que
estamos tratando de empezar… Lo sé…
― Pues entonces, creo que, como te he dicho, esa pregunta
sobraba.
― ¿Y si te dijese que necesito pensarlo, que necesito algo
de tiempo, que me des espacio para poder aclararme? ―sus
ojos no perdían los míos, ni por un solo instante―.
― Te diría que es tu decisión y que la respeto. Que, en
cuanto acabásemos de comer, iría contigo para llevar a tu
casa la cosas que dejaste anoche en la mía, con el fin de
darte lo que me has pedido ―le contesté muy serio―.
― ¿Y después?
― Bueno, creo que eso es lo que tú deberías preguntarte a
ti misma, y no a mí, ¿no crees?
― Creo que me has entendido sobradamente como para
pretender esquivar la pregunta. Si me decidiese por Roberto
está claro, pero sabes que no es por eso por lo que te he
preguntado, de modo que voy a ser aún más clara. ¿Y si
después decidiese que te prefiero a ti…?
― Bueno, en un caso o en otro, creo que ya tendrías claro lo
que deseas, sin dudas, ¿o no?
― Me vas a terminar por enfadar, sabes que no es eso lo
que estoy preguntándote, te repito, no trates de esquivar la
respuesta, porque no te lo pienso permitir. Por favor,
contéstame… ―por algún motivo, esta contestación de
Susana me alegró por lo que intuía que suponía, aunque era
consciente de que mi respuesta no iba a gustarle―.
― Está bien, te seré muy claro, para que no haya la menor
sombra de duda. Si me pides eso para poder pensarte quién
de los dos te conviene más, o a quién quieres de verdad, es
que esto que estamos tratando de empezar no es lo
suficientemente fuerte como para durar, por lo que desde el
mismo instante en que sacase todas mis cosas de tu casa
cerraría esta página para siempre… Daría lo nuestro por
concluido, definitivamente. Lo siento mucho, si no es lo que
querías escuchar, pero es lo que pienso y lo que haría.
― Bien, en algo sí que estoy completamente de acuerdo
contigo, si necesitase pensarme si seguir contigo o volver
con el cretino de mi ex, especialmente después de los
antecedentes, desde luego, esto nuestro no nos llevaría a
nada, seria perder el tiempo ―me replicó con una sonrisa
que iluminaba su rostro―.
― Perdona, debo de ser muy obtuso, pero no te sigo ―la
miré sorprendido y completamente descolocado por su
respuesta, pese a que mi intuición me decía que podía
esperar algo parecido―.
― Lo imagino, solo quería ver cómo reaccionarías si te
planteaba esta situación. La realidad es que, cuando
regresé a la oficina me dijo mi secretaria que tenía una
visita y le dije que lo hiciese pasar. Cuando entró, resultó ser
ese imbécil. Te puedes imaginar la sorpresa cuando vi quién
era, pero bueno, lo saludé con toda la cordialidad que soy
capaz de aguantar con ese capullo sin tratar de destriparlo
vivo.
― Pero… ―me interrumpió―.
― No, déjame terminar. Como te decía, lo saludé y el muy
cretino me pidió volver, porque, según él, aun me amaba y
seguro que yo no le había olvidado. Te puedes imaginar
cómo me quedé cuando me soltó semejante memez, con la
boca abierta. No sé qué se le pasaría al muy gilipollas por la
cabeza, o que se pensaría que iba a conseguir, pero encima
y por si eso no hubiera sido suficiente, justo cuando entraba
mi secretaria, me pasó el brazo por la cintura, me atrajo
hacia él y me besó…. ¡¡Puag, casi vomito!! ―puso cara de
asco― eso sí, me solté de su abrazo y al muy gilipollas le
pegué una patada en salva sea la parte que aún le debe de
estar doliendo, porque se cayó redondo… ―me miró
sonriendo, esperando a que reaccionase―.
― ¡No me jodas que le pegaste una patada en los…! ―creo
que mis ojos se debieron de abrir como platos, cuando, por
fin, asimilé lo que me decía, porque mi cabeza era un
maremágnum―.
― Pues ya te digo que sí, y que si mi secretaria no me llega
a sujetar lo mato por atreverse a besarme. Cuando me
calmé lo suficiente llamé a seguridad para que sacasen a la
piltrafa de mi despacho.
― ¡Ay! La leche… ―no pude evitar reírme a carcajadas―.
Perdona, pero es que… no lo he podido evitar…, me lo he
imaginado… y es que… no puedo ―me fue imposible parar
de reír en un par de minutos, me costó incluso hablar, me
trababa y se me saltaban hasta las lágrimas―.
― Bueno, ya vale, ¿no?… ―me pidió con cara mosqueada y
una sonrisita en los labios que desmentía su pose―.
― Cierto, vale, ya paro ―me costó, pero dejé de reír, luego
volví a ponerme serio―. Susana, entonces… ―me cortó―.
― Entonces, esto, ¿a qué ha venido?
―No lo entiendo. Bueno, evidentemente el que me lo
cuentes sí, evita posibles malentendidos si llegase a mis
oídos, además es de agradecer y debe de ser siempre la
norma entre nosotros esta sinceridad. Pero lo otro, eso de
pedirme tiempo, sinceramente… es que… ―me paré
dubitativo sin saber exactamente qué más decir―.
― Pues todo esto viene a que quería conocer tu reacción
cuando te lo contase poniéndotelo un poco negro, y
francamente me has sorprendido mucho ―levantó la mano
para impedirme hablar―, y para bien. Esperaba que ya
simplemente con lo del beso pusieses mala cara, pero,
sobre todo, que después con lo de pedirte tiempo
explotases, que me pidieses explicaciones, me tratases de
disuadir, convencerme… algo. Lo que no me imaginé es
esto, que dejases completamente la decisión en mis manos,
sin tratar de influenciarme o reaccionar de manera…,
digamos que, alterada. Aunque, también es cierto, que no
me esperaba esa decisión tan drástica del final. Te confieso
que, cuando me dejaste a mí la decisión de qué hacer si te
pedía tiempo, me sorprendiste porque como te he dicho, no
me lo esperaba. Cuando te pregunte qué pasaría luego,
pensé que lógicamente por mi aparente indecisión me
marcarías algún coste en la relación por semejante
petición… algo totalmente comprensible, y nuevamente me
volviste a dejar a cuadros con esa decisión tan extrema de
pasar página definitivamente.
― Creo que entiendo lo que pretendías… ―asentí
pensativo―.
― Eso espero. Y no me malinterpretes, el que me sorprenda
no quiere decir que no esté de acuerdo contigo hasta cierto
punto o que te lo hubiese podido luego reprochar. Pero la
verdad es que, con esto, me has dejado mucho más
tranquila de lo que ahora mismo te puedas llegar a
imaginar…
― ¿Y eso? ―la miré sorprendido―.
― Pues principalmente porque has estado calmado, has
permanecido con la cabeza fría y me has dejado explicarme
como he querido, pese a lo que te estaba contando. Estoy
segura de que con cualquier otro, según dije lo del beso en
la forma en que lo he hecho, ya habríamos comenzado con
la bronca e incluso quizá un poco más allá. Aunque, te
confieso que, cuando no reaccionaste con ello pensé que
tenías muy poquita sangre o que esto te importaba más
bien poco, aunque esa opinión me ha durado lo que has
tardado en decirme que mi indecisión significaría el fin de
nuestra relación. Entonces, fue cuando me di cuenta de que
tenías las cosas muy claras respecto a nosotros, mucho más
de lo que me podía haber imaginado.
― Vaya… me alegro de que esto te haya servido para
aclararte las cosas con respecto a lo serio que veo lo
nuestro y estés más relajada en ese aspecto.
― Esto me da la tranquilidad de saber que, cualquier
problema futuro, independientemente de que al final
quedemos de acuerdo o no, desde el principio lo podremos
tratar como personas razonables… Aunque te confieso que,
de ser al contrario, no sé si habría sido capaz de estar tan
fría como tú hasta el final, y no sé si te hubiera saltado al
cuello en mitad de la conversación… ―se rio―.
― Es decir, que ahora sabes que hablaremos de cualquier
problema sin tirarnos los trastos a la cabeza o decir algo de
lo que luego tengamos que arrepentirnos para tratar de
arreglarlo. A eso te refieres, ¿no? ―le pregunté sardónico―.
― Sí, por lo menos tengo claro que primero hablaríamos
tranquilos y serenos, aunque en mi caso no te garantizo que
después no vuelen las cosas… y en todas direcciones,
porque además mi puntería tirando cosas es pésima ―se
rio―.
― Ves, eso último por cómo te voy conociendo, sí que lo veo
también muy posible ―me reí con ella―, lo de que vuelen
cosas por el aire, digo.
― Por cierto, esta noche no me quejaré si me quieres
castigar un poquito por haber sido tan mala contigo y
hacerte pasar un mal rato ―me miró con cara de lujuria,
pasándose la lengua por los labios, poniéndome la polla
como el mástil de la bandera en segundos―.
Muy civilizados, mucho cachondeo con su curiosidad por
conocer mi reacción a lo ocurrido con su ex, pero, si en ese
momento llego a cruzarme con el tal Roberto, lo hago
cachitos y luego me busco unos cuantos cerdos para
echárselo de comida.
El sábado por la tarde, después de comer y de darme la
muy cabrona semejante susto, decidimos relajarnos un
poco. Elegimos ir al cine a ver una película, optamos por
una gran superficie comercial que había cerca de mí casa,
pasando primero por esta para recoger mi coche por si
luego volvíamos muy tarde. Al llegar a la taquilla como no
nos pusimos de acuerdo en la película, lo echamos a suerte
tocándole la decisión de qué ver a Susana. Para mi sorpresa
fue a escoger una sesión a las once de la noche y una
película que parecía verdaderamente infumable. Cuando le
pregunté por la hora de la sesión que había escogido, me
tomó de la mano explicándome lo que haríamos esa tarde
hasta la hora de entrar al cine. Primero iríamos a ver las
tiendas del gran centro comercial en el que estábamos,
después a cenar en uno de los locales de restauración de
allí, para luego meternos en el cine… Confieso que Susana,
lo que se dice comprar, no compró nada, pero ni sé el
número de tiendas que pudimos ver en esas horas
anteriores a la cena y lo que pudo buscar y rebuscar en
ellas, según dijo para saber si quería comprarse algo o no. A
la que llegamos al restaurante italiano que eligió Susana, yo
ya iba con un hambre de lobo.
Tras cenar nos fuimos al cine, entregamos las entradas y lo
primero que hizo Susana fue ir al servicio. Luego, no quiso
que comprásemos nada o más bien, se negó en redondo.
Cuando entramos, Susana se fue al fondo de la sala, justo
debajo de las ventanas del proyector, para cuando empezó
la infumable solo nosotros estábamos en la sala, algo que
socarrón le comenté, aunque justo en ese instante entró
otra pareja, sentándose en la parte central, pero pegados a
la pared contraria a la de la entrada. A los quince minutos
de aguantar la chapa de película que estaban proyectando,
le di con el codo a Susana, señalándole con un gesto a la
parejita, donde solo se veía una cabeza, la del chico, porque
la chica parecía haberse esfumado… Cuando mejor me lo
estaba pasando, pinchando a Susana, esta se incorporó un
poco, pegó su boca a mi oreja y me susurró que le sujetase
una cosita… En mi mano puso un pequeño pedazo de tela
que resulto ser su tanga, la muy cabrona se lo había quitado
en el servicio, según me dijo… Luego, tardó menos de
veinte segundos en sacarme la polla del pantalón y hacer lo
mismo que debía estar haciendo la chica de la otra pareja
de la sala…
Tardó menos de un minuto en dejarme la polla chorreando
saliva, y menos de un minuto en bajarme los pantalones, lo
suficiente, como para poder colocarse de espaldas a mí
sobre ella y sentarse encima, poco a poco,
introduciéndosela en el coño despacio. Comenzó a moverse
lentamente, con mi polla enterrada en ella hasta el mango.
Pude comprobar que la parejita en ese momento, de la que
perdí la pista en cuanto Susana empezó con su maniobra,
estaban más o menos como nosotros, excepto que ahora
era el chico quien había desaparecido mientras que la chica
estaba mirando hacia nosotros. Era evidente que el chaval
se había tumbado hacia abajo para sacar su cintura del
asiento y ella se había sentado sobre él, se sujetaba al
respaldo del asiento y prácticamente imitaba los
movimientos de Susana al follarme. Por la posición de las
cabezas de ambas, debían de estar las dos mirándose
mutuamente, viendo como sus siluetas se movían, cómo se
follaban a sus parejas… Susana alcanzó un suave orgasmo
que la hizo tumbarse sobre mí jadeante, apoyando su
espalda en mi pecho mientras volvía la cara buscando mis
labios para besarnos.
Por la situación de los asientos, cada fila lo suficientemente
alta como para que los asientos delanteros estuviesen
mucho más bajos que los de detrás, tuve una idea, ya que
Susana quería jugar, pensaba hacerlo yo también. Con ella
encima de mí, con mi polla dura como un poste aún en su
interior, me moví, echándome hacia adelante, pasando mis
piernas por encima del respaldo de la butaca de delante.
Luego, levanté a pulso a Susana, buscando con mi polla
colocarla bien para poder metérsela por el culito. Cuando
vio mis intenciones, la muy cabrona comenzó a moverse
para que la cabeza de mi polla lograse su objetivo,
metiendo su mano por debajo de ella para sujetarla y
apuntarla bien. Me pidió que la sujetase por la cintura y que
la dejase a ella. Poco a poco, se la fue introduciendo,
cuando ya tenía la cabeza, me pidió su tanga, algo que me
costó un poco de sacar de uno de mis bolsillos, pero se lo di,
sin entender muy bien para qué lo quería. Me puso cardíaco
cuando vi que se lo metía en la boca… Luego, la muy bestia
se sentó de golpe, emitiendo un sordo gemido de dolor, que
el tanga eficazmente amortiguó casi en su totalidad.
Después de eso se sacó el tanga, lo dejó sobre la butaca del
lado derecho y jadeando me pidió que no me moviese, para
dejarla acostumbrarse al grosor de mi polla. Me levanté a
pulso con ella encima apoyando mis antebrazos sobre los
del asiento, moviéndome lo suficiente como para que
Susana permaneciese sentada sobre mí, que me permitiese
moverme para follármela, que quedase contra mi pecho y
de ese modo, con una de mis manos, poder masturbarla
mientras me movía. Una vez comencé a moverme, a
follármela, fueron diez minutos de locura y descontrol.
Mientras que movía mi cadera con fuertes golpes, mi mano
derecha estaba sobre su coño, moviéndose con dos dedos
dentro de ella y el pulgar mojado en saliva moviéndose en
círculos sobre su clítoris. Mi otra mano tenía las dos
primeras falanges de mi mano en su boca, mientras ella los
chupaba entre gemidos. Su orgasmo fue espectacular,
aunque no muy diferente de mi corrida, que me dejó
derrengado. Por fortuna, tuvimos la suerte de que, ni mi
semen, ni el flujo que ella expulsó llegaron a tocar nuestra
ropa. Cuando por fin nos recuperamos del polvo, nos dimos
cuenta, o por lo menos, fue cuando yo lo hice, de que la
otra pareja ya no estaba en la sala. Riéndonos decidimos
hacer lo mismo que esos dos, largarnos de allí a mi casa. A
seguir exactamente por el mismo sitio en que lo
acabábamos de dejar… Parecíamos dos adolescentes con
las hormonas desbocadas.
Salimos de los cines directos al parking a recoger el coche.
Lo cierto es que cuando entramos no llegamos ni a la cama,
de la puerta hacia el salón ya nos habíamos desnudado los
dos. Susana terminó sobre la mesa, con las piernas abiertas
abrazada a mí y yo con mi polla enterrada hasta el mango
en su coño, empujando como si me fuese la vida en ello,
mientras nuestras bocas parecían querer devorar la del otro.
Cuando ella alcanzó el orgasmo, paré en seco para evitar
correrme. De la mesa pasamos el sofá, donde la tumbé para
pegarle una comida buena de coño, que volvió a llevarla al
éxtasis, de allí, dado que me dijo que estaba muerta y que
no se podía mover, me la eché al hombro como si fuese un
fardo entre sus risas, para terminar, tirándola sobre mi
cama. Allí, la cabrona se puso a cuatro patas, mirándome
por encima de su hombro, y preguntándome a qué esperaba
para volver a romperla el culito. Ni me lo pensé, eso sí,
tomé de mi mesilla un tubo de Nivea Soft, usándola para
lubricar tanto su culito como mi polla. Al estar ya bastante
dilatado de la follada del cine y con la ayuda de la crema,
esta vez entró sin la menor dificultad. Mientras usaba una
de mis manos para sujetarla por el pelo, la otra la apoyaba
en la cama para mantenerme en vilo. Ella, por su parte, se
frotaba con fuerza el clítoris mientras aguantaba gimiendo
mis embestidas. Al final nos corrimos los dos, yo primero y
solo un par de empujones después, fue Susana quien se
derrumbó sobre la cama al alcanzar su orgasmo. Cuando
unos minutos después nos recuperamos lo suficiente, usé
nuevamente la Nivea, esta vez para refrescarle e hidratar
un poco la piel de su culito tras el maltrato sufrido, algo que
según me dijo le alivió bastante. Lo poco que quedó de
noche, nos dormimos abrazados.
Por la mañana, cuando nos levantamos, Susana parecía
radiante y feliz. Nos fuimos los dos a la ducha, lavándonos
el uno al otro, aunque de follar nada, tras el palizón de la
noche anterior. Susana estaba dolorida y mi polla no mucho
mejor que su culito. Esa misma mañana, desayunando los
dos entre bromas, me di cuenta de que, hasta el momento,
había sido siempre Susana excepto cuando yo la llamé,
quien había estado tomando la iniciativa, y de un modo muy
directo, a decir verdad. No pude por menos que curioso,
preguntárselo…
― Bueno, normalmente no soy así, tan lanzada. Supongo
que contigo ha sido en parte por las circunstancias en que
nos conocimos, en el hotel durante la boda, si yo no llego a
dar el paso, tú jamás lo hubieses dado.
― Bueno, te confieso que me gustaste desde el principio, y
de verdad, que cuando vi la cama de matrimonio pensé que
mataría a Eva por la putada de hacerme dormir con un
monumento como tú siendo intocable para mí ―se ruborizó,
riéndose también.
― Te confieso, que esa primera noche estuve bastante
tiempo despierta…
― Entiendo, no te fiabas…
― No, no me fiaba de ti no. No me terminaba de fiar, pero
de mí, que es diferente. Con otro cualquiera durmiendo a mi
lado esa noche, sé que por su culpa no hubiese sido capaz
de pegar ojo en esa situación, pero contigo estaba tranquila
de que no moverías un dedo, algo de lo que en ese
momento me alegró darme cuenta. Al final, me dormí…
aunque ―se echó a reír―, lo que más temía en realidad era
que me diese por abrazarme a ti por la noche al dormirme…
y la pudiésemos liar.
― Vaya…
― Sí, tengo la costumbre al dormir, de abrazar la almohada
o, como ya te habrás dado cuenta a estas alturas, a mi
pareja, cuando la he tenido. Contigo en la cama estaba
temiendo que pasase lo segundo, porque ya me gustabas, y
mucho. Pero por fortuna, al ser almohadas independientes
no pasó eso…
― Una lástima…
― No te preocupes, que ya sabes que desde que nos
acostamos la primera vez, me gusta dormirme abrazada a
ti… ―se rio de nuevo―.
― Me encanta cómo eres, en todos los aspectos…
― Y tú a mí ―se incorporó para darme un beso de tornillo.
― Ya desde la primera noche te tenía ganas ―se empezó a
reír―, pero como eras amigo de Eva, ella había intercedido
para que me ayudases, hacías todo esto por mí y eras tan
buen tío… ―se encogió de hombros sonriéndome― no me
atrevía a hacer nada.
― Pues quien lo hubiese dicho, guapa… ―me reí―.
― Lo que pasa es que el viernes por la noche ya no podía
aguantar más con lo caliente que me tenías, y decidí tratar
de provocarte. Lo malo fue que, al decirme que me hacía la
dormida, con esos besitos en la frente, se me fue de las
manos, fue superior a mis fuerzas, no me pude aguantar
más. Me tenías como una moto, tras eso solo podía pensar
en follarte, a como diese lugar, y que luego saliese el sol por
donde fuera…
― Pues me alegro, porque no sé, supongo que, si no
llegamos a follar, no se me hubiese ocurrido llamarte
después, pese a lo mucho que me gustabas…
― No te preocupes por eso, para entonces, con lo que ya
me gustabas y como te estabas portando, de no haber
sucedido nada ya me hubiese encargado yo de que nos
volviésemos a ver, aunque hubiese tenido que usar a Eva
de carabina para ello. Cuando se me mete algo en la cabeza
no cejo en mi empeño, y créeme que tú, lo hiciste, y
mucho…
― Pues te digo lo mismo, creo que me colgué contigo casi
desde el primer día. ¿Y lo de hoy del cine, cómo se te
ocurrió algo así, porque seguro que lo tenías en mente
desde el principio? ―le pregunté curioso
― Pues mira, la verdad es que con el gilipollas de Roberto
algo así hubiese sido imposible, pero después de lo que
hablamos en la comida, y como me respondiste… Bueno, te
confieso que el ver cómo te afectaba, aunque no me dijiste
nada, me calentaste de nuevo, sentí la imperiosa necesidad
de sentirte mío. Y bueno, acuérdate que desde donde
estábamos se veía un teatro, fue cuando se me ocurrió la
idea de darte una sorpresa en el cine, y digo cine, porque en
un teatro, sin duda hubiese sido imposible sin que
montásemos un espectáculo, que sino… ―me miró como
una loba en celo.
― Pues me alegro de que se te ocurriese, me pusiste al
límite… especialmente cuando no pusiste el menor
problema a que te sodomizase…
― Lo cierto es que tenía muchas ganas de probarlo.
Hablando con amigas, unas decían que no les gustaba,
otras que sí, pero que dolía mucho, y otras que después del
primer momento, si sabían hacerlo, el placer era extremo.
― ¿Nunca lo habías hecho antes? ―le pregunté sorprendido
― Aunque te cueste creerlo por lo desinhibida que soy con
el sexo, no. Con Roberto hubiese sido imposible, era un
negado, nunca me hubiese atrevido, sé que me habría
hecho polvo. Y con mis anteriores parejas no llegué nunca
con la relación a un punto como para permitirlo. Supongo
que lo preguntas porque entraste mucho más fácil de lo que
podías haber esperado, ¿no?
― Si, aunque no es que sea un experto, pero la verdad, me
pareció que lo tenías ya algo dilatado, no sé exactamente,
era como si no hubiese sido tu primera vez… Que no es que
me importe, que conste, solo es una mera observación ―me
apresuré a aclarar―.
― Bueno, desde antes incluso de que te lo ofreciese, desde
antes que me marchase de viaje y hablásemos de quedar lo
tenía en mente. De hecho, me compré un pequeño plug
para ir preparándolo. Porque tenía muy claro que contigo
quería hacerlo sí o sí, que te pensaba conquistar como
fuese, y este era un arma más en mis manos, además de,
como ya te he dicho, estar como loca por probarlo contigo…
Me tienes muy enganchada, ¿sabes? ―me volvió a besar
con pasión.
― Lo mismo digo, cariño. Me tienes muy pillado ―volví a
besarla.
El domingo estuvimos los dos de lo más tranquilos. Vimos
varias películas tumbados en el sofá, con Susana encima de
mí, besándonos cada dos por tres. Solo lo dejamos para
comer y cenar. Cuando nos fuimos a la cama, de las
películas nos habíamos enterado, poco o nada, y los labios
de ambos estaban bastante castigados, riéndonos dijimos,
casi a la vez, que al día siguiente nos convenía pasar por la
farmacia a por varias barras de cacao. Durante la semana,
con el trabajo, tan solo hablábamos por teléfono.
El martes me dijo que tenía que salir de viaje toda la
semana, que si podía acabar para el viernes me avisaría
para que la recogiese en el aeropuerto, pero que se temía
que hasta la semana siguiente no pudiese volver. Su voz
sonó triste, la trate de animar, además le comenté que si no
podía volver aprovecharía para pasarme a visitar a mis
padres, algo que pareció animarla. Por cierto, que me dejo
un poco perplejo, aunque a ella no le dije nada, el que me
dijese que para eso no hacía falta que ella no estuviese,
que, si volvía el viernes y quería, podíamos los dos ir el
sábado a verlos y volvernos luego el domingo si me parecía
bien. No hace falta decir que acepté. La verdad es que me
parecía un poco pronto, pero lo cierto es que, en todas mis
relaciones, tres, nunca había escondido a mis novias de mis
padres, llevándolas a casa incluso antes de que estos
tuviesen la menor ocasión de pedírmelo para que se las
presentase.
El jueves tuve noticias del jefe territorial de Susana en
forma de visita del mismo. A media mañana, me informó
Yolanda de que tenía visita, el Señor Alejandro Ramírez, en
cuanto me dijo el nombre supe en el acto de quién se
trataba, sin dudar le dije que, por favor, le acompañase.
Tras los saludos de rigor, le pedí a Yolanda que nos trajese
algo de beber, en mi caso un café y en el de él un té.
Estuvimos charlando de diversas cosas, llegando por fin al
meollo del asunto cuando me dio las gracias por lo que le
había enviado con Susana y que decidí dejarle claro…
― Sr. Ramírez, perdone, pero la verdad es que esto no ha
sido ningún favor hacia su empresa. Sé que es consciente
de que, si no llega a ser porque enviaron a la señorita
Susana en el lugar de ese impresentable, a estas horas
quienes estarían hablando serían nuestros abogados.
― Lo sé, Susana me lo explicó, incluido el hecho de que es
su novia, y que era por eso, por lo que no iba usted a tomar
medidas.
― Me alegro de que no se lo ocultase, porque no es a mí a
quien le deben el favor, sino a ella.
― Lo sé, sé perfectamente a quién se lo debemos. ¿Podría,
por favor, decirme si de todo lo que me mandó tiene usted
pruebas sólidas y estaría dispuesto a compartirlas? Porque
me gustaría disponer de ellas para tomar medidas con todo
esto que ha ocurrido…
― Sí, las tengo… y no tengo mayor problema en cederle
una copia …
― Bien, será más que suficiente… gracias ―me replicó―.
Saqué un CD y el dispositivo que había preparado con la
conversación que tuve con el cafre que me enviaron, del
cual ya tenía una copia lista para entregarle. Pude observar
tranquilamente su rostro, según escuchaba la conversación.
Pese a que logró mantener su cara de póker en casi todo
momento, hubo un par de veces en que su gesto fue de lo
más elocuente, se vieron muy claras las ganas de
despellejar vivo a alguien por la cantidad de majaderías que
estaba escuchando. Cuando terminé, saqué el CD y se lo
tendí. Se levantó un poco, tomándolo y guardándoselo en la
chaqueta.
― La situación está clara, y en muchos sentidos, lo que no
sé es si esta grabación sería válida en caso de tener que
llegar a juicio, pero al menos sí me servirá para tomar
algunas medidas a nivel interno…
― Un momento, por favor… ―le pedí mientras usaba el
teléfono.
Dado que, por medio estaba Susana, decidí llamar a Jorge
para que hablase con él y le aclarase el tema de la
grabación. Durante casi veinte minutos estuvieron hablando
los dos a través del manos libres bajo mi atenta mirada,
quedando bastante impresionado este con Jorge, al punto
de pedirle permiso para que yo le facilitase su teléfono para
poder hablar con él de algunos asuntos legales.
Obviamente, dije que mientras que a Jorge no le supusiese
ningún conflicto no tenía el menor problema en facilitárselo,
ante la aceptación por parte de este, le facilité una de las
tarjetas de él que yo tenía en mi poder…
― No pude por menos que preguntarle, como es posible que
tuviesen en ese puesto al inútil que enviaron para negociar,
que además de lo que él mismo había podido escuchar,
encima quedó muy claro que ni siquiera había hecho la más
mínima investigación sobre nosotros.
― Pues porque tiene padrino, obviamente, el cual, hasta
este momento, ha podido cubrir sus errores. Pero gracias a
lo que usted acaba de proporcionarme, esos dos van a tener
muchos problemas ―el modo y entonación en que lo dijo,
me hizo pensar que este hombre estaba menos en la inopia
de lo que se podrían llegar a pensar en su empresa, y que
ya andaba detrás de estos sujetos antes de todo esto―.
― Entiendo, espero que de verdad le sirvan para poder
actuar contra esta clase de gente, que desde luego no le
hacen el menor favor a su empresa.
― Créame que me servirá, Sr. Vázquez, créame que sí. Por
cierto, me ha hecho usted hoy dos grandes favores. Uno es
este cd que, según lo explicado por su abogado, es
perfectamente legal y otra el teléfono del mismo. Por ello
quiero devolvérselos…
― No hace falta, estoy encantado de poder hacerlo, por el
motivo que ya puede usted suponer.
― Sí, sé perfectamente el motivo, y es por eso mismo que
quiero devolvérselo. Verá, aunque sea un asunto interno de
la empresa y no tenga por qué decirle nada, por los
movimientos que ha estado haciendo su novia antes de salir
de viaje, supongo que no sabe que es el dueño, y no
únicamente un empleado. Creo que teme que, por su culpa,
tenga usted algún problema y está tratando de arreglarlo a
su manera.
― ¿Perdone, no lo entiendo? ―le repliqué visiblemente
preocupado.
― Su novia, la Srta. Susana, está intentando que la
trasladen de su departamento a otro, donde no le cause a
usted problemas con su empresa si le piden explicaciones.
Pero ese traslado perjudicará en gran medida su propia
proyección profesional. No le voy a engañar, su novia es una
profesional impresionante, puede llegar muy lejos, en otras
circunstancias no lo permitiría, pero ahora mismo no pasa
de ser una mera promesa, muy brillante, pero como tantos
otros, solo una promesa, y esta decisión apagaría, muy
posiblemente, su estrella.
― Muchas gracias por el aviso, hablaré con ella, si pudiese
hacerme otro favor más, si le llega la petición… ―me
interrumpió.
― No se preocupe, la que ha enviado se ha traspapelado…
―me sonrió―, directamente en mi papelera.
― Gracias.
― No me las dé. Su novia es tan solo una promesa, pero
como le he dicho, es muy brillante, no me gustaría perder a
alguien como ella por un malentendido. Además, esto
tampoco ha sido estrictamente gratuito, me ha gustado lo
que he podido ver cuando les he investigado, me ha
impresionado lo que han estado consiguiendo con sus
inversiones y trabajos externos. Tras esto, me ha quedado
claro que su absorción podría incluso sernos
contraproducente, sin embargo, sí que serían una excelente
opción como asesores externos en un momento dado.
― Y supongo que la presencia de Susana, además, a usted
le da un plus de garantía de que no seamos influenciados
por nadie en caso de contratarnos, ¿verdad? ―le pregunté
viendo por donde iban los tiros.
― Sí, no se lo negaré, sé de sobra por lo que he podido ver
sobre ustedes que son completamente legales con sus
clientes, incluso ignorando posibilidades que les
beneficiarían que, aun siendo en ciertas situaciones
éticamente cuestionables, pero desgraciadamente muy
comunes, son completamente legales. Pero lo cierto es que,
si en este caso su novia es una buena baza, aunque tras
conocer su ética solo sea para aligerar considerablemente
las negociaciones con usted, en caso de querer contar
rápidamente con sus servicios.
Después de su visita, le pedí a Yolanda que no me pasase ni
más visitas, ni más llamadas, a no ser que estas fuesen
imprescindibles, o evidentemente, de Eva, mis padres o
Susana. Me recosté en mi sillón, cruzando los brazos sobre
el pecho, perdiéndome en mis pensamientos, tratando de
organizar mis ideas tras todo lo que había hablado con el Sr.
Vázquez. Y muy especialmente, sobre el asunto que me
había contado de Susana. Por un lado, la entendía, pero por
otro me molestaba un poco que no hubiese confiado en mí
como le pedí, cuando le dije que no tendría el menor
problema y, para terminar, también tenía el problema de
cómo iba a contarle que yo era el dueño real de mi
empresa… Estuve barajando varias opciones posibles,
alegrándome por primera vez, que Susana no fuese a poder
venir el fin de semana, lo que me dejaba más tiempo para
poder pensar en algo.
El jueves pasó sin más incidentes, otro cantar fue el viernes,
que sobre las once de la mañana recibí la llamada de una
emocionadísima Susana, para decirme que regresaba esa
misma tarde, dándome el vuelo, terminal y hora de llegada
al aeropuerto. Nos despedimos con un te quiero por ambas
partes, cuando colgué me quedé pensativo, acababa de
terminárseme el tiempo del que creía disponer. Era obvio
que tenía que hacer algo y rápido con lo de Susana, si
quería impedir que cometiese un error, y la solución para
ello era de lo más sencilla y obvia. El problema no era tanto
el cómo poder hacerlo de modo que fuese consciente de
que hablaba completamente en serio con lo de mi empresa
cuando se lo contase, sino más bien, el que no me matase
por ocultárselo, lo bueno es que no llevábamos tampoco
mucho de relación como para que el cabreo fuese muy
gordo. Al final, con Susana había llegado mucho antes de lo
esperado a la situación que por unas causas u otras había
logrado esquivar en mis otras tres relaciones y que,
ciertamente, temía.
Estuve pensando en cómo se podía tomar todo esto,
especialmente el hecho de mi forma de vivir. Seguía en el
antiguo piso de mis padres, en mi barrio de siempre y con
un coche, un compacto generalista de más de once años
con sus más que buen kilometraje a sus espaldas, porque
no me gustaba malgastar el dinero en cosas que no veía
necesarias y que me importaban un pimiento, teniendo un
sueldo más que bueno. Eso Susana se lo tomó
relativamente bien, porque pensaba que yo era
adorablemente modesto en comparación con el cabestro de
su ex, que solo quería presumir sin tener de qué. Además, a
estas alturas también sabía que no lo hacía así por
tacañería, que si tenía que gastar dinero en algo no me
dolía lo más mínimo el hacerlo. Sin embargo, otra cosa era
su opinión sobre el coche tan viejo que tenía, sus
muchísimos kilómetros a la espalda, sumado al modelo que
era muy normalito, sin ser tampoco para más inri el más
alto de su gama, sino tirando hacia la parte baja de la
misma, ganando ese dinero que tenía de sueldo, le chirriaba
y mucho. Ya veríamos cómo se tomaba Susana mi adorable
modestia, después de confesar lo de mi empresa, cuando
repentinamente pasase de un plumazo de tener un sueldo
mucho más que bueno, a estar completamente forrado…
Miedo me daba su famoso genio.
Se me ocurrió una idea de cómo poder contener su humor,
o al menos si no todo, sí lo suficiente como para que no me
matase, pensé en buscarme una aliada. Me puse de
inmediato en marcha, primero llamé a Eva para saber si
podía quedar esa misma noche para cenar conmigo y con
Susana. Al principio puso pegas, ya que según dijo tenía ya
un compromiso, como la conocía bien, para convencerla usé
el hecho de que, al día siguiente, iba a presentar a Susana a
mis padres. Ahí acepto enseguida, me dijo que eso no se lo
perdía, que cancelaba la noche con sus amigas, y que al día
siguiente se apuntaba con nosotros dos a ver a mis padres,
que hacía mucho que no los veía. Eso fue algo que aún me
alegro mucho más, porque era algo que me venía de perlas,
supongo que con la presión del momento no lo medité bien,
porque no pensé ni por un momento en mi madre. Después
de esto le mandé un WhatsApp a Susana para informarla de
que cenaríamos con Eva. Me contestó al poco, aceptando,
pero que hablase con ella para hacerlo cerca de su casa ya
que llegaría muy cansada y al día siguiente teníamos que
viajar a ver a mis padres. Hablé con Eva, que aceptó
contenta, y nuevamente le mandé un WhatsApp a Susana,
para confirmárselo y, además, explicarle que Eva se había
apuntado a venir con nosotros. Me contestó con varias
caritas sonrientes. Una vez todo esto quedó listo, llamé a
mis padres para darles la noticia, ambos se pusieron muy
contentos, tanto de que fuese con mi nueva novia, como de
que Eva, a la que querían como a una hija, nos
acompañase.
El viernes recogí a Susana en el aeropuerto y la llevé a su
casa. Por el modo de mirarme durante el camino, no quise
subir con ella porque la veía excitada, aunque al final no me
quedó otra opción, ya que me puso una carita que daba
lástima y me dijo que la maleta pesaba muchísimo. Entré el
primero arrastrando su maleta, no habría dado ni cuatro
pasos dentro de su casa cuando escuché perfectamente el
clac de la cerradura de la puerta al echarle la llave… Me
volví rápido, para ver cómo los zapatos de Susana salían
volando, cómo se desabrochaba la chaqueta dejándola caer
al suelo mientras avanzaba hacia mí con una cara de salida
que daba miedo… Le recordé que habíamos quedado con
Eva para cenar, su contestación fue que entonces no
perdiese más tiempo y que le diese lo que quería… Fue
divertido, estuvimos follando como dos animales durante
casi una hora, luego Susana se metió a todo correr en la
ducha, mientras yo lo hacía después, terminó de arreglarse
en tiempo récord, y una vez estuvo lista, se dedicó a
meterme a mí prisa, porque veía que, al final, llegábamos
tarde a la cena… Para matarla… a polvos, eso sí.
Para irnos a la cena, dado que después, según me explicó
Susana, habían estado las dos hablando y decidieron que
pasaríamos por casa de Eva a recoger sus cosas para irnos
al día siguiente desde casa de Susana. Por eso decidió
llevarse su coche y dejarle en un parking cercano al
restaurante. Por el camino le conté, más o menos, la visita
de su jefe y algunas de las cosas de las que hablamos. Si
bien, cuando le comenté que por lo hablado tenía toda la
pinta de que el jefe territorial pensaba tomar medidas
personalmente con su compañero y su jefe se alegró
bastante, aunque justo después, puso un gesto de tristeza
que rápidamente reprimió. Supuse el motivo de esa
expresión, y por ello volví a recalcarle que no se preocupase
por mí, que mis acciones no iban a tener la menor
consecuencia, que, por favor, me tomase en serio cuando
se lo decía. Me aseguro que sí, pero sinceramente, no la creí
ni por un solo instante, estaba claro que tenía su propia idea
formada y no iba a salir de ahí sin un buen motivo más allá
de que yo se lo asegurase. Cuando llegamos aun tuvimos
que esperar unos minutos a Eva.
Durante la cena, las dos estuvieron cambiando impresiones
y hablando de muchas cosas, en un momento dado, Eva,
que ya sabía por mi lo que pretendía hacer Susana y cómo
me había enterado…
― Oye Susana, te veo algo baja. Me ha contado Pedro lo de
tu compañero y lo que ocurrió, no estarás pensando hacer
ninguna tontería, ¿verdad?
― No, ya me dijo Pedro que el ayudarme no tendría
repercusiones en su empresa para él ―sonrió, pero de un
modo un tanto forzado―.
― Susana, sé lo que has hecho, has pedido un cambio de
departamento, porque piensas que si no lo haces me vas a
terminar por perjudicar. Te lo repito, yo no voy a tener el
menor problema en mi empresa… ―le dije―.
― Supongo que te lo dijo el Sr. Ramírez, ¿no? ―me preguntó
tensa―.
― Evidentemente. Cuando terminamos de hablar y le
facilité ciertos datos, a modo de devolver el favor que tú le
habías hecho, me explicó la estupidez que estabas a punto
de cometer.
― No es ninguna estupidez, sé cómo funcionan estas cosas
y que tú no me comentarías tampoco nada si te hubiesen
dicho algo para que no me preocupase ―me rebatió―.
― Eva, por favor, se lo puedes decir tú… ―a su muda
pregunta le contesté con un leve gesto de asentimiento―.
― Cariño ―tomó la mano de Susana sobre la mesa, dándole
un apretón cariñoso―, si hubiese tenido algún problema,
créeme que Pedro te lo habría dicho sin la menor duda. Sé
que aun así no te vas a fiar, con estas cosas eres muy dura
de mollera como se te meta algo en la cabeza, pero créeme,
no va a tener la menor dificultad.
― Eva, sé que no hace falta que te explique cómo se puede
volver la tortilla en una junta general de un momento para
otro como haya algo que no le guste a alguien, le puede
terminar por costar la cabeza al más pintado. Y en una
pequeña empresa como la de Pedro, que hablamos de los
dueños puede ser peor aún. No me voy a arriesgar a
perjudicarle después de que me ha salvado la cabeza, por
mucho que digáis ―explicó Susana―.
― Susana ―la miré fijamente―, el principal motivo por el
que no voy a tener el menor problema, es porque la
empresa en realidad es mía, al cien por cien ―puso cara de
incredulidad, por lo que continué―. Y si no me crees, solo le
tienes que preguntar a Eva, que es quien lleva todas mis
cuentas, incluidas las de la empresa y los activos de la
misma ―la miró con los ojos muy abiertos―.
― Es completamente cierto, le empresa es de Pedro,
aunque a estas alturas creo que ya conoces como es. Se
puso el cargo de director gerente con un sueldo adecuado a
dicho puesto, y a eso se limita… ―le dijo Eva
completamente seria―.
― A ver, a ver, a ver, que yo me aclare ―Susana apartó su
plato poniendo mala cara―. ¿Me estás diciendo que llevo
jodida y preocupada todo este tiempo por este gilipollas, por
si lo que había hecho por echarme una mano tenía
consecuencias para él, y resulta que la empresa es suya?
―terminó con un tono de cabreo bastante serio―.
― Eso mismo que tú has dicho. Aunque, en este caso, debo
señalar que buena parte de la culpa es tuya, por no tomarle
en serio, y creo que por lo que sé sobre cómo va la cosa
entre vosotros dos, por lo que ambos me habéis ido
contando, a estas alturas, Pedro, seguro que ya te ha dado
sobradas muestras de que no te miente cuando te dice algo.
― Pero… ―se detuvo, poniendo un gesto raro en su cara―.
Oye ―señaló a Eva―, todo esto no será un plan de los dos
para que me tranquilice y no haga nada, ¿verdad?, porque
esto no hay quién se lo crea…
― Susana cielo, ―suspiró Eva mirando a su amiga, mientras
hablaba con un cierto tono irónico―, ¿pero tú por qué crees
que siempre digo que yo con este idiota alucino cada vez
más?, ¿qué es solo por lo de sus ex?... Pues no, bonita, no.
Es por todo, y más que nada, porque con lo que gana no se
da ni siquiera el capricho de cambiar la tartana esa de
coche que tiene…
― Joder qué manía todo el mundo con mi coche, ¿si me va
bien para que voy a cambiarlo…?
― Tío, te recuerdo que yo sí sé lo que ya has ganado de
verdad en este año, no me jodas, ¿quieres…? ―me remachó
Eva, recalcando el de verdad, con pinta de estar también
enfadándose―.
― Me da miedo preguntar cuánto, porque soy capaz de
matarlo… ―dijo Susana apretando los dientes, dándose
perfecta cuenta del "de verdad" de Eva―.
― No le hagas caso, los beneficios los reinvierto en la
empresa, así que ese dinero no cuenta ―le sonreí―.
― ¿Eva…? ―le preguntó, mirándome de mala manera―.
― Lo siento Susana, sin su permiso no voy responderte a
eso, y lo sabes…
― No quiero cifras, pero, ¿más que yo? ―me continuó
mirando muy seria, mientras preguntaba a Eva, que a su
vez me miró también y nuevamente asentí.
― En la última operación que ha cerrado su empresa. Este
año se ha llevado un bonus de prima de siete dígitos
―contestó socarrona tras mi señal afirmativa con la
cabeza―. También es cierto que normalmente, otros años,
casi todos los beneficios que ha obtenido una vez
descontados impuesto y bonus de prima de todos sus
empleados, han sido reinvertidos en la empresa y no se los
ha quedado él cómo podría haber hecho, se ha limitado a su
sueldo, que es más que sustancioso.
― Espera, espera, ¿quieres decir que este cretino por el que
he estado jodida, en lo que va de año ya se ha llevado solo
como prima al menos un millón de euros? ―casi se
atragantó―.
― Bueno, coño, vale ya de ponerme verde, ¿no?
― Eso mismo he dicho con lo de los siete dígitos ―continuó
Eva sin hacerme ni puñetero caso―. Por eso, Susana, deja
de hacer el idiota y no te preocupes por su situación, la
empresa es suya, nadie le va a hacer nada.
― Me están dando ganas de arrancarle la cabeza… ―siseo,
parecía una serpiente apunto de morderme.
― Si es porque no te ha dicho nada hasta ahora, ahórrate el
enfado ―le dijo Eva mientras seguía comiendo tan
tranquila―. Con decirte, que ninguna de sus ex lo sabe, de
hecho, creo que, salvo sus padres, sus empleados, yo y
ahora tú, no creo que, de su círculo cercano nadie más
conozca el pequeño detalle de que la empresa en la que
trabaja es suya o la cantidad de dinero que maneja de
realmente este "angelito"…
― Y será verdad… ―dijo Susana, que me miró con cara de
alucinada. Confieso que, al verla, me costó mantener mi
cara de póker y no reírme, más que nada por temor a su
posible reacción si lo hacía―.
― Al cien por cien… ―le verificó Eva―, y si aceptas mi
consejo, ahórrate el cabreo. Este es así y no hay modo de
que cambie. Cuando ni su madre ni yo hemos conseguido
que entre por el aro… es ya un caso perdido… ―bufó Eva.
― ¡¡La madre que lo parió…!! ―exclamó Susana,
mirándome con cara de querer matarme muy lentamente y
haciéndome sufrir antes todo lo posible―.
Tras continuar con la conversación, metiéndose las dos
conmigo, entre el primer y segundo plato ambas se
marcharon al servicio. Cuando se fue Susana tenía cara de
querer arrancarme hasta el hígado y luego hacérmelo
tragar, mientras que Eva parecía bastante divertida con la
situación. Realmente, no sé qué hablarían las dos allí,
porque cuando regresaron, Susana parecía ya totalmente
calmada, y conste que no es que me fiase lo más mínimo de
su aparente tranquilidad. Seguimos hablando los tres,
finalmente, Susana pareció aceptar que, siendo soltero, me
sintiese unido tanto a la casa como al barrio donde me
había criado desde niño, eso sí, lo del coche fue otro cantar,
las dos la tomaron con el pobre, y aun con más vehemencia
que antes. Cuando por la noche nos acostamos, tras follar
los dos como descosidos, porque ya me dejó claro que una
cosa no tenía nada que ver con la otra y desde luego, no
pensaba castigarse ella sin sexo, porque yo "fuese un
soberano gilipollas". Incluso antes de dormirnos tuvimos un
nuevo encontronazo a cuenta del dichoso coche, ya que,
según sus propias palabras, no le entraba en la cabeza que,
teniendo esa cantidad de dinero, aunque solo fuese ya por
las mejoras actuales existentes en seguridad y dado que mi
coche encima no tenía ni las que en su época se podían
pagar como extras, aun siguiese con semejante cacharro.
No pude evitarlo, en vez de callarme me dio por tratar de
explicarme, y así me fue, como el culo. No diré que me
diese un ultimátum al respecto, pero sí que me dejó claro
que, con eso no pensaba dejar de insistirme y que, antes o
después, tendría que entrar por el aro, luego juraría que la
escuché susurrar un "antes de que me cabree en serio".
A la mañana siguiente salimos los tres hacia el pueblo de
mis padres, evidentemente en el coche de Susana, que no
quiso ni oír hablar de ir con el mío, contando además con el
más que evidente apoyo de Eva en esto. Confieso que iba
mosca con las dos, tras el bombazo que le solté el día
anterior a Susana, el que fuese de risas con Eva, sin dar el
menor síntoma de enojo y como me miraba de sardónica
esta última, me empezaba a poner nervioso. Como ya he
dicho antes en alguna ocasión, no me chupo el dedo
precisamente, y si bien a Susana aun no la conocía lo
bastante como para poder discernir algo concreto en su
comportamiento, con Eva no tenía ese problema, y estaba
viendo excesivamente claro con ella que estas dos habían
tramado algo conmigo como protagonista y por eso estaban
tan risueñas. Dado que íbamos a ver a mis padres, era fácil
suponer que estos tenían algo que ver, y sino los dos,
porque de mi padre podía permitirme dudar, con mi madre
estaba más que seguro… Pensaba en mi madre y su más
que probable reacción, a la que su niño llevaba a
presentarle a su nueva novia, íntima de mi gran amiga de la
infancia, mi hermana Eva, la cual siempre hacía frente con
mi madre para tratar de ponerme derecho. Para más inri,
íbamos en el cochazo de mi flamante nueva novia, porque
el rarito de su hijo no se gastaba un chavo en un capricho
que él considerase innecesario ni, aunque lo matasen. Si
bien mi madre con todas mis ex se ha llevado muy bien, en
este caso, Susana aparte de ser adorable, es intima de Eva,
lo que para mi madre seguro que iba a ser un auténtico plus
de confianza y que la aceptase ya casi con solo el haberse
presentado tan pronto ante ellos…
Cuando llegamos, mis padres, Pedro y Carmen, salieron a la
puerta a recibirnos, en la cara de mi madre, tras saludar a
Susana, pude apreciar un gesto de aprobación, y en el la de
mi padre, uno de disimulada admiración, más que nada
porque si lo pilla mi madre mirando inapropiadamente a una
novia mía lo escabecha. Ni cinco minutos con ellos, y ya me
arrearon la primera en la frente…
― Hijo, dame la alegría de que ese cochazo en el que habéis
llegado es tuyo… ―me preguntó con cara esperanzada.
― No Carmen, es de Susana, él sigue con su tartana ―le
contestó sarcástica una sonriente Eva…
― No, si ya decía yo que era raro que este se comprase un
coche nuevo, y menos uno con pinta de ser tan bueno…
―suspiró mi madre.
― Pero lo hará, doña Carmen, créame que lo hará, aunque
solo sea por no tener que escucharme a mí… este aún no
sabe con quién se ha ido a juntar ―le dijo mirándome con
los ojos chispeantes Susana.
― ¡¡¡Hija mía!!! ―la abrazó mi madre―, tienes todo mi
apoyo, el de mi marido y el de Eva para lo que necesites
con este gañán de hijo que tengo… Y no quiero volver a
escuchar lo de Doña, para ti Carmen…
― ¡¡¡Mamaaaaaaa!!!
― Ni mamá, ni leches, que con lo que gan… ―se calló,
mirando de reojo a Susana…―.
― Tranquila Carmen, Susana ya sabe que es el dueño de su
propia empresa… se lo tuvo que confesar… ―se rio Eva
mientras se lo decía―.
― ¡¡Aleluya!! Bueno Susana ―la cogió de un brazo, con el
otro a Eva, llevándoselas a ambas con ella a la cocina
mientras hablaba―, si ya sabes que este hijo mío tiene su
propia empresa y que gana un muy buen dinero, a ver si
eres capaz de meterlo en vereda con esa manía suya de
conformarse con cualquier cosa... y me lo espabilas de una
vez, que es un sosaina…
― Hijo ―mi padre me puso la mano en el hombro, mirando
hacia donde desaparecían las tres mujeres cogiditas del
brazo―, creo que con esta novia te acabas de caer con todo
el equipo. A tu madre le gusta, encima es de confianza de
Eva y para colmo, sabe de tu empresa y posiblemente
incluso lo que ganas. Tampoco la veo muy por la labor de no
atarte en corto… Creo que deberías de ir haciéndote a la
idea de que tu vida, esa de "vivo a mi aire porque no tengo
que rendir cuentas", va a cambiar drásticamente…
― Sí, papá, eso mismo me estoy empezando a temer yo
también ―le repliqué con la vista fija en la puerta por la que
habían desaparecido las tres mujeres, fue cuando empecé a
sospechar muy seriamente que quizá esa visita tan pronto
no hubiese sido muy buena idea, y menos aún
acompañados de Eva―.
La visita fue genial, mis padres y Susana hicieron muy
buenas migas, especialmente con mi madre, mi padre
sabiamente se quitó de en medio en todas las
conversaciones de las tres conmigo haciendo frente común.
Con lo del coche intenté colar la presencia de los dos coches
de alta gama en el aparcamiento de mi empresa si
necesitaba alguno en un momento dado, pero no funcionó.
Mi madre, Susana y Eva se encargaron de dejármelo muy
claro cuando se lo intenté explicar. Otra cosa que me temía
con mi madre y las ganas que tenía de un nieto, es que
visto como los dos nos llevábamos, lo acaramelados que
parecíamos y lo bien que se estaban entendiendo las dos,
intentase que me mudase con ella cuanto antes. Pero, para
mi sorpresa, no. No solo no ocurrió eso, sino que para mí
total, sospechosa y absoluta sorpresa, fueron las tres
quienes, con mi progenitora a la cabeza dejaron caer que
hacíamos bien en ir despacio y marcarnos unos tiempos
antes de decidir vivir juntos. La carrera de Susana salió a
colación, así como el puesto que ocupaba y el trabajo que
desempeñaba, algo que a mi madre también le encantó,
que su futura nuera, como comenzó a llamar a Susana fuese
una mujer más que capaz de valerse por sí misma, pero,
sobre todo, con el suficiente carácter como para no dejarse
manejar por mí y ponerme las cosas claras. En eso de
manejarla sí que le tuve que dar toda la razón a mi madre,
más que nada porque si me ponía a hacer balance de lo que
llevábamos de relación, había sido ella quien me había
manejado a mí en todo momento y no al revés.
Durante la noche que estuvimos en casa de mis padres,
pensé que Susana no querría hacer nada, pero me
equivoqué, resultó tan loba o más que cuando estábamos
en una de nuestras casas, la única diferencia es que se
contenía mucho más en sus gemidos, gritos y volumen al
hablar conmigo mientras follábamos. La verdad es que más
suerte no había podido tener con el asunto aquel de la
boda. El guion de comedia romántica me había traído una
novia físicamente impresionante, con una enorme
personalidad, una auténtica dama, una puta insaciable en la
cama, que me quería, que se llevaba a partir un piñón con
mis padres, con Eva, y muy sincera cuando tenía que hablar
de algo. La parte mala era el genio endemoniado que se
gastaba el angelito cuando se cabreaba de verdad, y eso
que, según Eva, aún no había podido verla en todo su
furioso esplendor. Al mes siguiente, me tocó a mí visitar a
su familia por primera vez, su hermano, su hermana y sus
padres quedaron encantados conmigo y yo con ellos,
quienes le dijeron a Susana que ya iba siendo hora de que
saliese con alguien normal y no con un gilipollas, como
acostumbraba a hacer, aunque juraría que la escuché
rechinar un poco los dientes cuando escuchó aquello,
mientras clavaba sus ojos sobre mí, que parecían querer
taladrarme. Obvio decir que no abrí la boca ni media, sobre
todo, porque Susana no paraba de mirarme de reojo,
mientras sus padres la felicitaban, porque por fin
demostraba su buen juicio… Por la cara de Susana, cuando
dijeron lo del gilipollas, amenazaba tormenta si se me
ocurría decir lo más mínimo, sé cuándo llevo las de perder,
y estaba visto que después de conocer la verdad, lo de mi
forma de pensar con respecto a mi forma de vivir,
resultaba… cuanto menos, controvertido para ella.
El cuarto mes tras esta visita estuvo de lo más entretenido,
de hecho, por culpa de dos cosas. Lo primera fue mi coche,
que no es que me empezase a dar problemas, pero tuve la
mala suerte de que se juntasen varios mantenimientos, y de
los caros, distribución, frenos incluyendo los discos,
embrague completo, aceite, filtros, neumáticos… sin
olvidarnos de pasar la dichosa ITV. Vamos, que la broma se
iba a un pico, ni qué decir tiene que, cuando Susana se
enteró, le faltó tiempo para recordarme mis propias
palabras sobre "cuando el coche comenzase a dar
problemas". Lo cierto es que tampoco le hizo falta mucho
para convencerme, el volumen del gasto en un coche con
cerca de trescientos mil kilómetros y más de once años, aun
sin la presión de Susana, antes de decírselo, también me
había hecho dudar por mí mismo sobre qué sería mejor,
máxime no siendo el dinero un problema. Cuando me decidí
a comprar otro coche, aparte de Susana, mi madre y la
propia Eva cuando se enteraron, también me dijeron que no
hiciese el tonto, y que dado lo que ya llevaba ganado, por
una vez me diese un capricho para mí. Por supuesto, las dos
insistieron en ir conmigo a ver modelos, y si mi madre no se
apuntó arrastrando tras ella a mi padre, fue porque a
ninguno de los dos les gustaba salir del pueblo si podían
evitarlo, y mi madre tenía plena confianza en mi hermana y
su nuera, para que no hiciese alguna de mis habituales
tonterías.
Me decidí a darme un capricho, me fui con las dos a ver
cierto deportivo en cuya parrilla hay un caballo al galope,
concretamente, directo al modelo más alto que se vende
aquí con intención de meterle todos los extras habidos y por
haber. Contra lo que esperaba y es que ambas intentasen
que optase por algo más lujoso, o al menos más formal y no
un deportivo, las dos me apoyaron en la idea. Como soy
como soy y el precio que me ofrecieron me pareció
razonable, hice la reserva del coche en ese mismo
instante… Lo que me mató cuando regresábamos a casa de
Susana, fue lo que me dijo Eva riéndose y haciendo reír a
Susana. Me soltó que aprovechase el coche todo lo que
pudiera, porque debía de ser de los pocos afortunados que
tenía una novia a la que le gustaban más los deportivos que
los Suv o Todoterrenos, pese al bicharraco que se compró, y
que, en cuanto viviésemos juntos seguro que trataba de
camelarme para que cambiásemos los coches para
movernos… Evidentemente, riéndome le contesté a Eva que
no se lo creía ni ella, y la muy cabrona de mi novia le dijo a
Eva que no se preocupase por ello, que sabía cómo tocar las
teclas necesarias para convencerme, que con hacerme la
pregunta mientras follábamos arreglado, porque en esos
instantes era incapaz de negarle nada, al no pensar con la
cabeza, provocando las carcajadas de las dos. Y lo peor es
que tenía toda la razón del mundo. Con mi coche haciendo
aguas y hasta que me diesen el nuevo, Susana decidió que
ella me llevaría y recogería del trabajo, ya que como tenía
horario flexible me podía adaptar a los suyos. Para no
darnos paseos inútiles, también tomo la decisión de que
permaneciésemos juntos en una u otra casa, en eso, la
verdad es que, según ella para no presionarme, me dejó la
decisión de cuál de las dos a mí… de traca.
Lo segundo que ocurrió en este mes, y que, si a mí me hizo
reír, a ella la puso de mala hostia, un día sí y al otro
también. Volvía a casa que mordía, de hecho, le vino bien
que estuviésemos juntos para poder desahogarse conmigo
en, como ella misma decía, cuerpo presente y follable.
Resultó que, al idiota de su ex no le debió de quedar claro
con la patada en los mismísimos que le pegó, y volvió
nuevamente a por más. Como supongo que tonto del todo
no llegaba a ser, debió de considerar que el cara a cara no
era la mejor de las opciones por el riesgo que corría de que
se la rompiese a guantazos. Inició con Susana una ofensiva
de flores, bombones y todo tipo de regalos, acompañados
siempre de una tarjeta con un texto de lo más almibarado y
cursi… o como me decía Susana, de lo más vomitivo. La
parte buena de esto, es que Susana luego en casa conmigo,
se desestresaba follando como una animal, resultaba
insaciable y yo, por mi parte, sin la menor pega. Al final,
terminamos antes de tiempo viviendo juntos en casa de
Susana, por culpa del gilipollas este, que, por cierto, tras
mudarme alquilé la mía, cosa que nunca hice con mis ex,
dinero que iba directo a la letra del piso de Susana, pese a
que esta al principio se trató de oponer. Por supuesto, que
esto fue porque vi el percal en que me podía meter si decía
algo del estilo de pagarlo yo, aunque se lo intentase vender
como si fuese un préstamo. Con lo del alquiler, me costó,
pero finalmente conseguí dejarla sin argumentos válidos
para oponerse frontalmente.
El acoso e intento de derribo del pollo sobre Susana, la cual
por cierto no me dejó intervenir, duró dos meses, justo lo
que tardó Susana en ponerle las manos encima, el muy
gilipollas apareció ante nosotros una noche que estábamos
cenando en una terraza, con una cajita y un anillo, para
pedirle la mano. Menos mal que, como ya la iba conociendo,
no me fie para nada de ella, porque casi se la concedió,
pero con el puño cerrado y en las narices… Me costo lo que
no está en los escritos parar el puñetazo, no sé ni cómo lo
conseguí, y que después no se lanzara a su cuello para
matarlo, fue una movida impresionante, intervino hasta la
policía de la que se lio… Al final, delante de los agentes, al
impresentable le dejé muy claro que, si volvía a molestar de
nuevo a Susana, le pensábamos meter una denuncia por
acoso, y por lo penal… eso finalmente parece que sí que le
hizo reaccionar y salir de nuestras vidas para siempre.
De todo esto, ya hace un año. Ahora mismo llevamos un
mes comprometidos, aunque de momento y, pese a las
presiones de nuestras respectivas familias, no hemos
elegido aun la fecha. Según nos dice Eva, si no lo hacemos
ya solo es por joder la marrana un poco. Nuestras familias
ya se conocen y hacen muy buenas migas, especialmente
con el tema de la boda, y ambos pensamos que, de
momento, se están guardando lo de los nietos hasta que
pasemos por la vicaría. Normalmente, el X7 lo conduzco yo,
y mi flamante deportivo de mis amores con su caballo al
galope en la parrilla, lo lleva mi querida novia, a la que le
costó una semana entera de polvos pillarme con la guardia
baja para que aceptase. Lo cachondo del caso es que, al día
siguiente de aceptar, la amenacé con que, si se llevaba mi
coche, me pensaba comprar otro y, riéndose, me dijo que
no tenía narices, que me acompañaba ella misma en ese
instante a que lo eligiese, y si lo compraba de verdad, mi
madre, Eva y ella me ponían una medalla para que
recordase tan increíble momento. Eso sí, muerta de la risa,
me soltó que también me mandarían al psicólogo, por si el
gasto innecesario me suponía algún tipo de trauma…
Estuvo dos o tres días con el cachondeo, pinchándome
mientras se descojonaba para que me comprase otro, eso
sí, la única condición que me ponía es que fuese de
diferente color, para que ella pudiese ir alternándolos.
Evidentemente, no me compré otro, ya que estando el X7 y
pese al armatoste que es, lo veía algo innecesario. Lo sé, no
tengo remedio, ¿qué se le va a hacer?
Susana aun no me ha dicho nada, supongo que, para no
asustarme antes de casarnos, pero Eva ya me ha dejado
caer partiéndose de risa cuando le dije que nuestros
respectivos debían de estar esperando a que nos
casásemos para machacarnos con los niños, que mis padres
y suegros con lo de los nietos no iban a tener que insistir
mucho. Luego tuvo a bien explicarme que, mi flamante
prometida con menos de dos niños no se iba a conformar, y
eso siempre que, al menos, uno de los dos fuese niña, por lo
que más me valía que me fuese preparando para hacer
puntería, porque conociéndola no pararía hasta conseguirlo.
Ya me veo con un monovolumen, con suficiente capacidad
como para poder llevar a un regimiento, porque si algo me
ha quedado claro en este tiempo que llevamos juntos, es
que, como a Susana se le meta algo en la cabeza, lo
persigue hasta que lo consigue… y en esto, ni mis padres, ni
mis suegros tienen ganas de contrariar a mi mujer.