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Un Novio Por Encargo

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Elena Urtasun
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@Tierra Salvaje

Primera edición: febrero de 2020

Copyright

Todos los derechos reservados. Queda prohibida la


reproducción total o parcial de este libro, por cualquier

medio electrónico o mecánico, sin la autorización previa y

por escrito del autor.


A las pocas semanas de cumplir los dieciocho me dieron

unas fiebres muy altas que, aún a día de hoy, ni los médicos

saben qué es lo que pasó. Tres años prácticamente en

cama, solo podía moverme con gran esfuerzo, con dos


muletas y con muchos dolores. Después de eso, cuando las

fiebres remitieron, medía más de un metro ochenta de

altura. Pasé otro año recuperando mi musculatura e

intentando volver a mi vida anterior. Para cuando cumplí los


veintitrés y terminé, por fin, con todo ya tenía un cuerpo

atlético y perfectamente tonificado. Durante los primeros

meses de mi enfermedad, mis amigos, poco a poco, se

fueron olvidando de mí, con una única excepción, Eva, quien

en ningún momento me dejó de lado y estuvo apoyándome

durante todo el tiempo. Tras esta experiencia, a mis amigos

los clasifico en dos categorías: Eva, en un lado, en el lado


bueno de los amigos; y a mil kilómetros de distancia, los

demás.

Eva me había llamado dos días antes para quedar, porque

según dijo, me quería pedir un gran favor, algo que, por

supuesto y tratándose de ella, si estaba en mis manos lo

haría sin pensármelo dos veces. Llegué antes de la hora

acordada, no me gusta llegar tarde. Mientras esperaba

aproveché para tomar café y ojear el periódico, en eso

estaba cuando la vi llegar por la acera, acompañada de una

mujer a la que reconocí como una de sus mejores amigas


del trabajo, ya que la había visto desde lejos alguna que

otra vez, cuando habíamos quedado y había ido a buscarla,

aunque nunca fuimos presentados. La amiga en cuestión

era una de esas mujeres que, cuando entraba en algún sitio

todos los hombres se giraban para poder mirarla. Eva era

muy particular, no le gusta en absoluto mezclar su vida

personal con la laboral, si podía evitarlo, era casi obsesiva

con ello, ambas facetas las mantenía perfectamente

separadas, amistades incluidas. Cuando llegaron, y tras


presentarnos, tocó el turno de los saludos. A Eva le di dos

besos, mientras que, a su amiga Susana, simplemente le


tendí la mano, que ella estrechó mientras le dirigía una

mirada de curiosidad a Eva. Fue entonces, justo antes de

sentarnos, cuando en mi espalda sonó una voz femenina


llamándome por mi nombre, Pedro. Cuando me volví, una

rubia me saltó en los brazos dándome dos besos en las

mejillas, se trataba de Ana, mi ex. Saludó a Eva y a su

amiga, para después mantenerme sujeto por los brazos

mientras me daba un repaso de arriba abajo.

―Por ti no pasa el tiempo, sigues igual de guapo…

―Tú que me ves con buenos ojos… La que sí que está

impresionante eres tú. Solo has cambiado para mejor…

―Adulador, qué eres un adulador… ―me sonrió.

―Bueno, Ana, ¿y qué haces por aquí? Pensé que estabas en

Valencia.

―Y allí sigo, estoy aquí por trabajo, regreso esta tarde… Y,


por cierto, me voy que tengo el tiempo muy justo, solo me

he parado para saludarte… Me ha encantado verte…

―Y a mí, aunque haya sido como la visita del médico ―se

rio de mi comentario.

―Sí, tienes razón, para la próxima te prometo que haré un

hueco y te llamaré para salir a comer o a cenar, y ponernos

al día, ¿te hace?

―Hace… Te tomo la palabra…

Tras esto y decirme ella que me llamaría, nos despedimos,

saludando a Eva y a su amiga, marchándose a toda

velocidad mientras miraba el reloj. Me senté sonriendo,

observando a las dos mujeres que tenía ante mí cómo me

miraban, Eva socarrona y su amiga con curiosidad. Le

pedimos al camarero dos nuevos cafés para ellas, después

estuvimos hablando durante unos cuarenta minutos, de

diversas cosas. La amiga de Eva me pareció una mujer


inteligente, culta y muy divertida, sin embargo, del tema del

favor, Eva no dijo ni media y, desde luego, yo no pensaba

decir nada mientras estuviera su amiga delante.

―Vaya, veo que Eva tenía razón cuando me dijo que eras

muy discreto ―soltó repentinamente Susana.

― ¿Perdona, ¿cómo dices?

―Susana tenía dudas de si debía pedirte ayuda, más que

nada por si podrías mantener la discreción o no. Le he dicho

según veníamos, que tú no sacarías delante de ella el tema


del favor que te quiero pedir ―me sonrió Eva.

―Supongo que eres consciente de que me acabo de perder,

¿verdad? ¿Qué tiene que ver ella con todo esto? No creo

que me conozca de nada.

―Sí, sé que estás perdido del todo ―dijo Eva soltando una

carcajada―. Mira, el favor que pretendo que me hagas es


muy simple, quiero que acompañes a Susana a una boda,

por eso está aquí… ―se quedó mirándome sonriente.

―A ver, a ver, a ver… que me he vuelto a perder de

nuevo… Primero, sabes que, dado que me lo pides tú, si

puedo lo haré, y eso no será problema siempre que me

coincidan las fechas, algo que por otro lado supongo que ya

te has molestado también en mirar…

―Tal y como dices, sí. Es dentro de dos fines de semana, en

el puente, y lo tienes libre, porque me lo comentaste el mes


pasado… ¿Entonces acompañarás a Susana a la boda?

―Sí, claro, pero… joder, es que no me lo creo ―me pasé la

mano por la cara ―esto parece el guion de una comedia


romántica de Hollywood.

―La verdad es que, si lo piensas detenidamente, eso no te


lo puedo negar ―se rio Eva acompañada por Susana.
―Pero hay algo que no entiendo, perdóname si soy un poco

brusco ―me dirigí a Susana―, pero eres muy atractiva, por


el rato que llevamos hablando, también muy inteligente,

divertida y además tienes un cuerpo de infarto, con solo


chasquear los dedos tendrías al hombre que quisieras…

― ¿Supongo que lo que no entiendes es por qué razón Eva


te ha pedido ayuda a ti en lugar de buscarme yo un

acompañante por mi cuenta?

―Básicamente sí, no creo que hubieses tenido mucho


problema con ello…

―La idea fue mía ―replicó Eva― Susana pensaba hacer eso
mismo que has pensado, estuvimos las dos hablando de las

opciones que tenía y de con quiénes podría ir. La verdad es


que fue decepcionante, y entonces cuando me puse a

pensarlo detenidamente con quiénes más o menos podría


tener confianza para ello, viniste de inmediato a mi mente.

No sabes lo que me ha costado convencerla de que


aceptase venir, aunque simplemente fuese a conocerte… y
por lo que he visto, creo que ha quedado gratamente

sorprendida ―repuso irónica, mientras me fijé en que


Susana se sonrojaba.

―Bueno, no diré que todo esto no sea estimulante para mi

ego, que lo es, me ha subido unos cuantos enteros ―sonreí


arrancándole a las dos una carcajada―, pero creo que, ya

que voy a hacerlo, me gustaría saber qué es lo que ocurre


con esa boda, supongo que será algo tan trillado como un
exnovio, o una amiga… digamos que en plan víbora, ¿o me

equivoco?

―Para nada, se trata de mi ex, tal y como dijiste, el perfecto


guion cursi de una comedia romántica, no te lo niego, casi

da hasta repelús si lo piensas un poco ―repuso riéndose


Susana―. Verás, llevaba con mi ex desde que terminamos

la carrera. Se casan una de mis mejores amigas con uno de


sus mejores amigos, a los que nosotros presentamos y

quienes nos pidieron ser testigos, por lo que me es


imposible evitar ir, evidentemente la invitación era para los

dos, pero al romper… ―la interrumpí.

―Ahora estáis invitados los dos por separado y él va a

acudir con su nueva pareja, y tú no quieres ir sola, pero sí


con alguien en quien, al menos, puedas confiar, que tu ex

se pueda creer que es tu nueva pareja, que no sea de


vuestro grupo de conocidos o amigos, y que además no va a

tratar de aprovechar la ocasión contigo.

―Eso es, tal cual lo has dicho ―suspiró―. El problema es


que todos en los que hemos pensado o son unos babosos o
no saben tener la boca cerrada, o seguro que, y perdona lo

crudo de la expresión: se iban a tratar de meter entre mis


piernas a la mínima ocasión. Sinceramente, el único motivo

por el que he aceptado venir a conocerte es porque, por un


lado, ya estoy desesperada, y por otro, el que Eva ha puesto

la mano en el fuego por ti. Conociéndola, como la conozco,


para mí eso es el equivalente a que, por lo menos, tenía que

darte el beneficio de la duda.


―Bueno, aparte de que sigo diciendo que esto cada vez
parece más el guion de una película, dime, ¿te sirvo?

―Desde luego, además de lo que me dijo Eva, he visto por

mí misma que eres discreto. Te agradezco que me ayudes,


espero poder devolverte el favor en algún momento.

―Ya, mira Susana, si Eva te ha hablado de mí, también te


habrá dicho que soy muy claro cuando hablo ―vi cómo

asentía―. Perdona si soy un poco brusco, pero tú a mí no


me debes nada, el favor se lo estoy haciendo a Eva, que es

quien me lo ha pedido, no a ti. Por lo tanto, a quien se lo


debes es a ella, no a mí ―para mi sorpresa vi que me

sonreía aún más.

―No te preocupes, ya me avisó Eva que es lo que me dirías,

y pese a ello, también te digo yo, que os debo una muy


gorda a ambos, a ti y, por supuesto, a ella. Y antes de que

me digas nada, también sé, que solo has aceptado porque


es Eva quien te lo ha pedido ―no pude por menos que
asentir.

―Créeme que, si no es por eso no me meto yo en un


embolado de estos, ni de broma… Pero ya que estamos con

los dos pies metidos en el lio, creo que tú y yo vamos a


tener que quedar para que me pongas al día sobre todo lo

que tenga que saber y ponernos de acuerdo para cuando


nos interroguen que, si es una boda normal, lo harán, y

poder contestar los dos lo mismo. En este caso, aun con


más motivo.

―Ten este pendrive ―me extendió la mano para dármelo―


en él hay un archivo en el que te lo explico todo, también

está mi número de teléfono para que si tienes cualquier


duda me llames. Lo siento, pero mañana tengo que salir de

viaje por trabajo y no voy a estar de vuelta hasta la semana


que viene, ¿te parece que quedemos para cuando regrese

antes de ir a la boda y así cambiamos impresiones?

―Sí, me parece perfecto, le daré un vistazo a este pendrive,


si no tengo algo claro te llamaré, pero es una buena idea la
de quedar antes de irnos y terminar de aclarar cualquier

duda que tengamos.

―Te recuerdo que también tienes la despedida de Soltera


―replicó Eva dirigiéndose a Susana―, tenéis muy poco

tiempo disponible para quedar.

―Sí, es verdad, tendría que ser el martes según regrese,

porque el miércoles es la despedida y el jueves tenemos


que irnos por la mañana hacia donde van a celebrar la

boda…

―Perdonad un momento las dos, ¿irnos a dónde van a


celebrar la boda?

―Sí, es en un hotel en la costa, en el mediterráneo, la boda

es el sábado, pero todos los amigos llegaremos el jueves


para estar juntos unos días, por eso se celebra durante este
puente ―explicó Susana mientras a Eva se le escapaba una
media sonrisa, lo que no es que me diese mucha
tranquilidad conociéndola.

―De acuerdo ―asentí.

Tras esto volvimos a pedir otra consumición y continuamos


hablando los tres durante otra hora más o menos antes de

marcharnos, ellas dos por un lado y yo por otro. Al llegar a


casa lo primero que hice fue usar mi ordenador con el
pendrive y echarle un vistazo a lo que Susana me había
preparado, después de eso, me preparé algo para cenar y
tras esto, antes de acostarme, llamé a Eva para que me

contase algo más sobre su amiga, ya que era la culpable de


verme en semejante lio. Tras hora y media
aproximadamente hablando los dos de Susana y que Eva
me la vendiese como el no va más, no pude por menos que

preguntarle por sus intenciones con todo esto…

―Oye Eva, con todo esto no te estarás metiendo a


casamentera, ¿verdad?
― ¿Yo?, cómo crees que haría algo así… pero hombre,

venga ya…

―Que nos conocemos hace mucho Eva, que nos


conocemos…

―Pues por eso mismo no deberías ni haberlo pensado.

―Ya, claro, por eso mismo llevamos hablando hora y media


de ella y no ha salido ni un inconveniente, todo es perfecto

en el cuento de hadas de tu amiga Susana. Vamos, que casi


en lugar de una mujer esto parece la Anunciación de la
Virgen, no me jodas Eva, te repito, que nos conocemos…

―Bueno vale, no te he mentido en nada, pero quizá

tampoco te lo he dicho todo…

― ¿Y?
―Como te he dicho es muy dulce y bastante clara hablando
―se rio―, pero también es cierto que tiene un carácter
endemoniado, cuando se enfada es de armas tomar.

― ¿Solo eso?

―Solo eso, de verdad…

―Bien, vale. Pero conste que no por ello dejo de estar con la
mosca detrás de la oreja contigo… Seguro que aun te

guardas algo, no me trago que solo sea eso…

―Pues tú mismo, guapo… y tira para la cama, que yo


mañana tengo que madrugar, que tú te puedes levantar
cuando te dé la gana, pero yo no.

Nos despedimos, y de verdad, que empezaba a sospechar


de Eva, el que ni ella ni Susana no pudiesen encontrar a
ningún chico apto, para que acompañase a esta última, no
terminaba de convencerme por muy lógica que sonase su

argumentación. Eva tenía un puesto de relevancia en un


banco y por lo que me dijo Susana era ejecutiva,
recientemente ascendida en una multinacional, por lo que
ambas tenían un buen nivel de vida y físicamente ambas

eran una belleza, especialmente en el caso de Susana. Yo ya


sabía que Eva tenía a alguien en su punto de mira, por lo
que de ser en su caso no cualquiera le serviría para ello, si
esa persona no se prestaba, pero según me dijo, Susana no

tenía novio ni proyecto de tenerlo, por lo que cualquiera,


con un mínimo le podía haber servido, y estaba seguro de
que ambas conocían a un montón de hombres mejores que
yo, que les pudiesen servir.

Durante el periodo que estuve con las fiebres saqué los


cursos a tropezones con unas notas más que justas, lo justo
para poder llegar a la universidad cuando me recuperé. Y
todo esto gracias a una particularidad mía que nadie
conocía, ni siquiera se lo había revelado a mi familia, y no

era otra que el tener memoria eidética, o lo que es lo


mismo, memoria fotográfica. Me bastaba con dar un vistazo
a cualquier cosa durante un instante para luego recordarla

con total exactitud hasta en sus menores detalles. Por eso


cuando me recuperé me dediqué durante los tres primeros
años a cursar mis carreras a distancia mientras jugaba en
los casinos al Blackjack, mi habilidad para de un solo vistazo

recordar cada una de las cartas, más mi facilidad para los


números, una buena planificación por adelantado y mi
inteligencia me permitieron hacerme con una muy, pero que
muy buena cantidad de dinero sin despertar sospechas. Un

dinero que invertí con mucho acierto, multiplicándolo con


cierta rapidez varias veces otorgándome una economía
muchísimo más que saneada. Hice mis carreras en función
de ese dinero que tenía planeado ganar con el juego y

después con mis inversiones mediante un plan


perfectamente calculado durante esos años en que estuve
en cama sin poder hacer nada.

En el Juego sabía que no podía ser muy ambicioso para no

despertar sospechas sobre mi "suerte", por lo que unas


veces ganaba y otras no, pero al final siempre que me
retiraba de un casino para pasar a otro lo hacía con una
bonita cantidad. Ese dinero se fue multiplicando, y todo ello,
trabajando desde "casa". Evidentemente, mi dinero en
efectivo, mis cuentas y demás, quedaron por supuesto bajo
el control de Eva en su banco. Ya que tenía a mi mejor

amiga, y alguien de máxima confianza, en una buena


posición, quien mejor que ella. Pese a esto y saber Eva
perfectamente el dinero que tenía, ni por un solo instante
me preocupo que pudiese haber hablado de ello con

Susana, sabía que antes que hablar de datos concretos de


un cliente se dejaría despellejar viva. En ese momento mi
empresa contaba con un total de una treintena de
empleados y marchaba tan bien que incluso había tenido
que frenar un poco para estabilizar su crecimiento.

El martes siguiente, sabiendo por la conversación en la


cafetería que Susana regresaría por la tarde, la llame por la
mañana para quedar, me ofrecí para recogerla en el
aeropuerto y así no perder tiempo. Fui a recogerla con el

coche, un compacto de once años. Cuando la acompañaba a


que dejase sus cosas en casa me invito a cenar para, según
ella, poder hablar con más tranquilidad de todo, además de
que estaba muy cansada y no tenía ganas de salir por ahí.
Acepté, cuando llegamos a su casa, me hizo la visita
turística, luego se metió en su habitación a cambiarse para
ponerse "cómoda", que fue quitarse los tacones junto con el

traje de ejecutiva, ponerse una falda más amplia con jersey


y después directa a la cocina a preparar la cena, con lo que
la estuve ayudando. Por cierto, que debo de reseñar que
Susana resulto ser una magnifica cocinera, según me

confeso, era su hobby. Durante la cena hablamos de


multitud de cosas, no fue hasta acabar, retirar todo y
ponernos a tomar tranquilamente un café, cuando Susana
decidió entrar en materia.

― ¿Bueno, y qué te ha parecido el dosier que te he


preparado para la boda? ―sonrió.

―Mal, francamente mal ―se le borró la sonrisa de un


plumazo.

― ¿Cómo dices?
―Susana reconozco que has hecho una labor magnifica,
pero lo has complicado mucho, así nos van a terminar por

pillar. Exceso de datos que aprender y exceso de mentiras


que contar.

―Pues no sé, alguna idea… ―se aturulló.

―Sí, simplificar, decir la verdad, dentro de la mentira que


es…

―Explícate ―me miró muy seria.

―En cómo nos conocimos has metido seis párrafos


explicándolo. Dices que fue en el gimnasio, me estás dando
información del gym en el que dices que llevas mucho
tiempo, y que supongo que tu ex conocerá bien. Ante

cualquier pregunta excesivamente concreta que me haga


me va a pillar. Sería más fácil decir la verdad, que nos
presentó Eva porque nos encontramos en Gran Vía,
tomamos café y luego por culpa de ella hemos terminado
por comenzar a salir, aunque llevamos poco tiempo, solo
tendríamos que adelantar la fecha del encuentro dos meses

y arreglado… ¿me sigues con la idea? ―se quedó pensativa


dándose golpecitos en la barbilla con el dedo índice.

―Como tenemos solo un mes o un par como mucho,

todavía nos estamos conociendo, que vamos despacio y con


los horarios de trabajo, que son un problema para coincidir
todo lo que nos gustaría. Así no tenemos por qué
conocernos aún mucho y siguiendo tu ejemplo, sobre cómo
nos conocimos solo tendríamos que ponernos de acuerdo en

la fecha, todo lo demás, tal cual fue, ¿no?

―Más o menos, podemos quedar en algunas cosas, pero de


este modo, solo tendremos que memorizar unas pocas, no

las dieciséis hojas que preparaste… era una pasada de


datos Susana… nos pillan seguro ―sonreí.

―Vale, sí. Lo reconozco. Es mejor tu idea, nos permite más


margen de maniobra, e incluso meter la pata en algo
tampoco sería un desastre… Además, cualquier pregunta
incómoda o que no tengamos claro si nos pueden pillar se

podría justificar fácilmente, como que nos estamos


tanteando aun y vamos despacio…

― ¿Entonces?

―Idea aceptada, incluso podemos ponernos de acuerdo en


las pocas cosas que nos pueden preguntar sin ser la verdad,
mientras vamos a la boda y así matamos el tiempo del viaje
―se rio.

―Pues perfecto ―sonreí a mi vez.

―Oye Pedro, ¿te puedo hacer una pregunta un poco


personal?

―Depende de lo personal que sea.

―Es sobre la rubia aquella con la que te abrazaste cuando


llegamos Eva y yo, ¿era tu ex? ―preguntó curiosa.

―Sí, es mi última ex, y antes de que me lo preguntes, sí,


nos llevamos estupendamente bien. Aunque supongo que
también te lo habrá dicho Eva, ¿no?

―Bueno sí, pero es que no terminaba de creer que me decía

la verdad. Es más, creo que es la primera vez que veo algo


semejante, y más si, como me dijo Eva hacía poco más de
siete meses que lo habíais dejado…

―No es tan raro, ten en cuenta que fue de mutuo acuerdo,


le salió una oportunidad de oro en su trabajo, y cuando lo
estuvimos considerando ambos nos dimos cuenta que lo
nuestro no nos llevaba a ningún lado, más que pareja
éramos solo dos amigos con derecho a roce, la convivencia

era muy buena, el sexo también y nos teníamos cariño, pero


solo eso, y el cariño no es amor… Una vez aclarado eso,
seguir adelante ya no tenía el menor sentido. Además, el
que se tuviese que trasladar nos ha venido bien para poder

cerrar esa etapa y quedar como buenos amigos.


―Bueno, con esa explicación lo veo más lógico, no entiendo
por qué me dijo Eva cuando le pregunté que en ese aspecto
contigo alucinaba… ―dijo pensativa.

―Bueno, verás, por circunstancias, como tal, solo he tenido

tres relaciones, la última Ana, y con ella me llevo igual que


con mis dos anteriores ex, que también son dos buenas
amigas. Quizá por eso…

―A ver, a ver, que yo me aclare. ¿Me estás diciendo que la


relación con todas tus ex es idéntica a la que tienes con la
que vi el otro día?

―Sí, eso mismo… con las tres.

―Joder, ahora sí que puedo decir que de verdad entiendo a


Eva, cuando dice que contigo en ese aspecto lo flipa… no
me extraña, ahora mismo yo también estoy alucinando…
―Bueno, y cambiando ahora de tercio, me toca preguntar,
¿qué te pasó a ti con tu exnovio?

―Pues que se quemó la relación. Llevábamos un par de


años un poco mal por culpa del trabajo, nuestros horarios,
económicamente no íbamos mal, pero tampoco como para

tirar cohetes. Al poco de conseguir este trabajo y mejorar mi

situación laboral, en vez de mejorar, empezamos a discutir


casi por cualquier cosa, luego se agudizó todavía más con

mi ascenso y los viajes que tengo que realizar cada dos por
tres… Al final, la relación no aguantó, y terminó saltando por

los aires… ―vi cómo sus ojos parecieron perderse, mientras

por mi parte comenzaba a ver por dónde iban los tiros.

―Supongo que con este trabajo que tienes ahora, desde el


principio empezarías a ganar más dinero que él, ¿no?

―Sí, veo que has visto rápido el fondo del problema…

―No ha sido muy difícil, tal y como lo has explicado…

―Al comenzar a trabajar en este puesto y comenzar a


entrar aún más dinero en casa por mi parte, en lugar de
relajarnos como pensé que pasaría, pues podríamos ir

mucho más desahogados y tomarnos las cosas con más

calma, el muy gilipollas trató de aumentar su ritmo de


trabajo para igualar mis ganancias. Cuando estábamos

juntos discutíamos casi por cualquier cosa. Luego, cuando


me ascendieron, al mayor aumento de dinero se unió el

comienzo de mis viajes, llegaron los celos y sus sospechas

sobre lo que hacía o dejaba de hacer en ellos… Un fin de


semana, cuando regresé de una reunión en Lisboa me

encontré con la casa vacía, se había marchado llevándose


todas sus cosas, como despedida me dejó una simple hoja

de papel acusándome de todas las sandeces que se le

ocurrieron, incluyendo el engañarle con otros en mis


viajes…

― ¿Y lo hiciste?

―No, nunca ―negó con la cabeza apoyando su

afirmación―. Cuando estoy con alguien soy leal con mi

pareja, además, en estos viajes ni, aunque quisiese ―se


sonrió. Excepto para trabajar y dormir, los demás no sé,

pero yo no veo como poder sacarle más horas al día para

hacer otra cosa diferente. Siempre veo el aeropuerto, la


habitación de mi hotel y el sitio donde tengo que reunirme,
he viajado a muchas ciudades y no he logrado ver ni una

sola todavía más allá de los trayectos en taxi…

―Los celos son jodidos y muy malos consejeros… ¿trataste

de arreglarlo y hablar con él después?

―No, tengo que admitir que una vez se me pasó el cabreo


inicial por la forma tan cobarde de romper, me dio igual.

Sinceramente, me molestó más por las acusaciones que

vertía que, por el dejarme de ese modo, incluso a la larga


me alegré de evitar el enfrentamiento, no sé cómo

habríamos salido si lo que me escribió me lo llega a decir a

la cara. Me di cuenta de que lo nuestro estaba acabado,


pero eso no quita para que a ese hijo de puta lo tenga

atragantado, pero por otros motivos, no por la ruptura como


tal. Como compartimos muchos amigos, me enteré de que

solo un mes después de haberse largado, comenzó a salir

con una que, por lo visto, había conocido en su trabajo… y


muy poco después se fueron a vivir juntos.

―Y ahora tú sospechas que mientras te acusaba a ti de

engañarle, él sí que te estuvo siendo infiel con su actual

pareja, ¿no?
―Efectivamente, conociéndolo no me cuadra el registro de

tiempo que me han contado, y varias personas, algunas de

confianza, que sé que no me mentirían en eso. No trago con


lo de que en menos de un mes salga con ella y que dos

meses después de separarnos ya estuviesen viviendo


juntos, sin más, sin haber tenido más relación antes que la

de simples compañeros de trabajo. Sinceramente, a estas

alturas ya me da casi igual si fue así o no, pasé página,


entendí que no merecía la pena amargarme por ese

impresentable. Pero no quiero ir sola a la boda, sé que me

va a restregar a la tía con la que está en los morros solo por


joder en cuanto no venga nadie conmigo… ―para decir no

importarle ya casi, su tono desde luego destilaba rencor a


raudales.

―Bueno, eso ahora está solucionado ―decidí cambiar de

tema―, vas a ir con nuevo novio, solo espero que te hayas

planteado bien lo que esto significa si quieres que cuele…

―Sí, sé a qué te refieres, besos, abrazos, complicidad… lo


sé, y créeme que estoy dispuesta a ello… ―replicó con

firmeza.
―Joder, lo has dicho como si fuera a ser un calvario y

prefirieras ir al dentista sin anestesia, antes que hacer algo


como eso… Muchas gracias por lo que me toca… ―sonreí

irónico.

―Tenía razón Eva, eres un poco cabrón ―se rio―, sé que


me has entendido perfectamente, así que no me vas a

hacer enfadar, para ver el genio que me gasto…

―Así que la buena de Eva también te avisó, ¿no?

―Sí, me contó lo que hablasteis por teléfono la noche en

que nos conocimos y me advirtió que, antes o después,


tratarías de enfadarme para verme en mi salsa.

― ¿También te contó que le pregunté si se estaba metiendo


a casamentera entre los dos? ―la miré sonriente.

―Sí, cuando yo misma le hice también esa pregunta, me

comentó que ya se la habías hecho también tú, y supongo

que igual que a mí, te juraría y perjuraría que no tiene esa


intención…

― ¿Y tú la crees?

―Si no llega a ser porque no me presionó ni un solo instante

con que aceptase ir contigo, no la hubiese creído. Pero como


me dejó a mi libre albedrío el que fueses tú o no, y cuando

nos reunimos prácticamente llevaba el no por bandera, sí, la

creo.

Después de esto, la conversación se dispersó en varios


otros temas, al final cuando me marché eran las once de la

noche pasadas. El Dúplex de Susana era como el doble de

tamaño que mi propio piso, con tres amplias habitaciones,


una principal de tamaño más que considerable, cocina

comedor tipo americano, terraza con jacuzzi y barbacoa de

obra incluidos. Durante la conversación logré sacarle que se


lo había comprado al ser ascendida, junto con un coche

nuevo, supuse que, si el dinero ya era un problema entre


ambos, esa muestra de poder económico por su parte

terminó de darle a la relación un golpe mortal. Los restantes

problemas de celos y demás por parte de su ex, consideré


que no eran más que el efecto colateral que terminó por

destruirles como pareja por completo. De esto pasamos a


hablar de nuestros respectivos trabajos, si bien ella se

explayó bastante, por mi parte fui un poco oscuro con el

mío, sin dar los suficientes detalles como para que supiese
de verdad lo bien que me ganaba la vida, exactamente igual
que hacía con todo el mundo. Lo cierto es que, pese a todo

lo que hablamos y pese a ser algo que deberíamos de haber


hablado por si preguntaban, supongo ahora que, a ninguno

nos interesó por nuestros propios motivos, ya que ni en un

solo instante salió a relucir por parte de ambos el nombre


de la empresa en la que trabajábamos. Susana y yo

teníamos la misma edad, de hecho, ella es mayor que yo


por veinte días, fue una de las cosas que comentamos por si

preguntaban por los cumpleaños, y demás.

El jueves, Susana pasó por mi casa, para recogerme muy

temprano, ya que quería salir antes de que nos pillase la


caravana. Antes de salir la invité a subir para enseñarle

dónde vivía. Quería que supiese como era, la distribución de

mi casa y demás, por si acaso nos hacían alguna pregunta


al respecto, tanto de su casa, que ya había visitado, como

de la mía. El coche de Susana era un BMW X7 que, por su


matrícula tendría más o menos un año, verlo me acabó de

confirmar que, tanto el dúplex como ese coche debieron de

suponer un torpedo directo al corazón de su relación, como


ella me explicó, si ya venían teniendo problemas por

motivos económicos. Durante el viaje estuvimos de lo más


entretenidos intercambiando datos, tratando de crear una
historia convincente de modo que tuviésemos que falsear lo

menos posible, para evitar pillarnos los dedos. El hotel era


una auténtica preciosidad, a orillas del mediterráneo.

Cuando llegamos se hicieron cargo de nuestro equipaje y


del coche de Susana, hicimos el registro y fuimos

acompañados a la suite que ella tenía reservada. Tras dejar


allí nuestras maletas, le di una buena propina al botones

para después cerrar la puerta y recorrer la habitación,

donde me llevé la primera en la frente cuando vi la enorme


cama de matrimonio que había…

― ¿Y esto? ―señalé a la cama.

―Pues obvio, la cama, ¿no? ―sonrió.

―Por tu sonrisita supongo que no es ningún error y que, en

todo momento, has sido consciente de esto, ¿o me

equivoco?

―Para nada, y antes de que me preguntes, sí, Eva también


lo sabía…

―Empiezo a entender porque buscabas que te acompañase

alguien de confianza a esta boda y no encontrabais a nadie


―crucé los brazos mirándola seriamente.

―Obvio, aunque en la sala de estar hay un sofá muy

cómodo…

―Bien, me gusta eso de que vayas a dormir en el sofá…

― ¿Cómo dices? ―frunció el ceño.

―Digo, que, si es tan cómodo, vas a estar en la gloria,

porque ya te digo desde ahora, que yo pienso dormir en la


cama.

―Vale, igual que yo. Dije lo del sofá por si te sentías

incómodo durmiendo conmigo, no porque te estuviese

diciendo que lo hicieses allí.

― ¿Entonces no te importa compartir cama conmigo, ¿no?

―La verdad es que no, en absoluto. Eva responde por ti y yo


confío plenamente en ella. Además, por lo poco que he visto

de ti sé que no te vas a aprovechar de la situación,

dormiremos los dos la mar de a gusto y relajados… ―me dio


unas cariñosas palmaditas en un hombro, que me sonaron

poco menos que a recochineo, con un toque de ironía.

―Pues mira, después de esta jugarreta, yo que tú no estaría

tan segura de que no decidiese aprovechar la ocasión, como


tú dices. Oye, que igual hasta te pone que lo haga… ―le
intenté devolver la pelota.

―Pues nada, hazlo, tú pásate, aunque solo sea un poquito,

que verás cómo te va a poner de marchoso la patada en los

huevos que te voy a meter… ―sonrió de forma beatífica,


pero echando chispas por los ojos.

―Bueno, bueno, eso ya lo veremos… ―le piqué riéndome.

―Dejando esto a parte, ¿qué te parece si nos vamos a ver

los pueblos cercanos y de paso comemos por ahí?

―De acuerdo, me parece un buen plan.

―Pues venga.

―Oye Susana ―se volvió para mirarme―, sabes que, antes

o después, vas a tener que encontrarte con él y con todos

tus amigos, ¿verdad?

―Sí, lo sé ―me contestó seria―, pero la verdad es que


estoy un poco cansada del viaje y ahora mismo no me

apetece aguantar a nadie, ni a los suyos, ni a los míos, y


muchísimo menos al imbécil ese. Por eso prefiero que nos

vayamos los dos por ahí… si te parece bien.


―Ya te dije que sí, que el irnos esta tarde y hacer un poco

de turismo los dos me parece una magnífica idea. Además,

se nos está echando encima la hora de comer, y te confieso


que tengo hambre.

―Pues venga, vámonos antes de que nos crucemos con

alguien y se nos apunten…

Cuando llegamos a la puerta del hotel, el coche nos estaba

esperando, supuse que Susana en algún despiste mío


habría llamado a recepción para que nos lo llevasen. Tanto

las visitas como la comida estuvieron de lo más entretenido.


Susana la verdad es que, como pareja de visitas o de

comida era muy entretenida y merecía la pena ir con ella.

Después de la comida hice intención de llamar a Eva


mientras íbamos de un pueblo a otro, estaba comenzando a

marcar cuando Susana me preguntó si llamaba a Eva, ante


mi afirmación me pidió que esperase un momento y

configuró el manos libres del coche para mi teléfono. Al

mirarla sorprendido, me dijo que ella también quería hablar


con Eva y de ese modo podíamos hacerlo lo dos a la vez…

No me negué, además, sonreí para mí al pensarlo…


―Eva, cariño, sabes que eres un poquito hija de puta,
¿verdad? ―pregunté con retintín.

―Veo que ya has descubierto que solo tenéis una habitación


para los dos y la cama es de matrimonio ―me soltó irónica

mientras se reía.

―Es toda una putada, esta te la guardo…

―Venga no te enfades, eras el único tío en el que podía

confiar que no pretendiese aprovechar la ocasión…


Deberías de sentirte halagado…

―Eva, no me toques las narices que me lio la manta a la

cabeza y le meto mano a tu amiga a la primera que se me


presente. Que menudo fin de semanita que me has

preparado… te aseguro que de esta te vas a acordar,

mona… ―miré de reojo a Susana, a la que le estaba


costando no soltar la carcajada al escucharnos.

―Menos lobos, no te hagas el mártir que no cuela... mono

―me soltó con recochineo.

― ¿Qué no me haga el mártir? Eva, que me has metido a

compartir cama con tu amiga Susana… ¿Qué esta buena?


No, lo siguiente… Qué tiene media docena de polvos y la
voy a tener a centímetros durante la noche y en la misma

cama… ―me sonreí al ver como a Susana al escucharme le

dejo de parecer graciosa la situación.

―Como Susana te escuche decir eso de ella… ―se rio.

―Bueno, pues teniendo en cuenta que vamos en su coche y


con el manos libres, diría que nos ha estado escuchando, y

que por su cara creo que muy atentamente…

― ¿Susana…? ―preguntó sorprendida Eva.

―Hola Eva. Oye, ¿estás segura de que tu amiguito Pedro,

aquí presente, de verdad no es un capullo? ―estalló en


carcajadas siguiéndola Eva, a través del teléfono.

―Un poquito sí, pero solo lo justo, querida, ten en cuenta

que es un hombre, tampoco le podemos pedir peras al

olmo… ―dijo riendo Eva.

―Vaya par de brujas ―me reí―. Oye Eva, ahora en serio,


me lo tenías que haber dicho, lo de la cama, me refiero.

― ¿Te hubieses negado?

―Sabes que no, me lo pedias tú y no, no me hubiese


negado, pero no me gusta lo que has hecho.
―Lo siento, fue una chiquillada, pretendía que fuese una

broma, sabía de sobra que aun así no te negarías. Créeme


que si hubiese tenido alguna duda te lo habría contado para

que decidieras…

―Disculpas aceptadas, pero esta me la debes…

―Vale, te debo una gordísima. Susana, ¿todo bien por ahí?

―Perfectamente, tenías razón en todo, y muchas gracias

por esto. Y yo te debo una a ti muy gorda.

―Bueno, eso será si no te enamoras de Pedro, ¿no?


―empezó a reírse escandalosamente.

―Será más bien, si él no se enamora de mí, ¿no? ―le

replicó, estallando a su vez en carcajadas…

―Bueno, os dejo que tengo que prepararme, tengo planes

para esta noche y ya voy retrasada… chao… ―tras eso


colgó.

Tras colgar Eva, a Susana la risa todavía le duró un par de

minutos más. Durante toda la tarde y hasta la cena,

estuvimos viendo los pueblos de los alrededores, y lo cierto,


confieso, que me lo pasé muy bien con ella, prácticamente

como si hubiese estado Eva conmigo, el mismo plan de


colegueo. Después de cenar y mientras nos marchábamos
de regreso al hotel vimos un desvío, donde se indicaba la

presencia de un mirador en lo alto del acantilado. Le pedí a


Susana que lo tomara. Estuvimos allí un buen rato, sentados

en el murete que hacía de pared hacia el mar y que nos

llegaba más o menos a medio muslo. Estuvimos hablando


allí de sus amigos y amigas, de quién era cada uno, de lo

que podía esperarme de ellos y quiénes eran los…


"peligrosos". Estábamos a punto de irnos ya, cuando se me

ocurrió una opción que no había tenido en cuenta todavía y

que preferí aclarar…

―Susana, una pregunta…

―Dime…

―Se me acaba de ocurrir, no me lo había planteado antes,

porque mi intención era estar únicamente contigo y no


tontear con nadie, dado que se supone que soy tu novio.

Pero no sé qué opinas tú de esto, entonces si surge algo,


¿cómo lo hacemos? o, mejor dicho, ¿qué hacemos?...

―Como has dicho, oficialmente estamos saliendo, por lo

que no debe de haber "algo" con nadie, por ninguna de las


dos partes ―contestó muy seria.

―Vale, punto aclarado. Ahora el siguiente: si alguien se

pone pesado o pesada, ¿interviene el otro o cada uno


solucionamos nuestro problema? ―vi cómo se quedó un

momento pensativa.

―Creo que, lo mejor sería que cada uno trate de solventar

la papeleta por su cuenta, solo si vemos que es


"complicado", entonces sí, que intervenga el otro.

Después de esto decidimos regresar al hotel y acostarnos,

porque con la tontería ya eran las doce pasadas y al día

siguiente no queríamos levantarnos muy tarde. Esa misma


noche recibí la primera en la frente con Susana, sí, ingenuo

de mí al principio pensé que para dormir sabiendo lo de la


cama de matrimonio usaría algún tipo de pijama, me sacó

de mi error a los diez minutos de estar en la habitación. Se

metió en el servicio para cambiarse, mientras yo lo hacía en


la habitación, pensando qué ponerme para dormir, ya que

pensando en habitaciones separadas no tenía más que un

par de bermudas que, de milagro y pensando en el mar


había metido en la bolsa de la ropa. Por lo menos, cuando

entramos dejamos solo un par de pequeñas luces


encendidas en la habitación, lo que la dejaba en una
especie de penumbra.

Cuando Susana salió del baño lista para acostarse casi me

da un soponcio, la niña llevaba para dormir una braguita y

un top que le quedaba medio palmo por encima del


ombligo… y con el par de tetas que se gastaba… Uf. Me

empalmé al instante, cosa que, pese a la poca luz, se notó


perfectamente, aun con el bóxer, los bermudas y la

camiseta por encima de este, para colmo, la cabrona, se dio

cuenta comenzando a reírse a carcajadas. Confieso que, se


me cruzaron los cables, ni corto, ni perezoso me quité los

bermudas ante sus asombrados ojos, luego me metí

tranquilamente en la cama con el bóxer, la camiseta de


manga corta y una carpa que hacía que las del circo se

quedaran pequeñas… Y no penséis que la hija de su madre


se inmutó, que no, tardó aun unos minutos en dejar de

reírse por "la carpa" y meterse también en la cama. Tardó

poco en dormirse, parecía que estuviese sola en la cama, y


no con un tío empalmado que prácticamente estaba solo

con la ropa interior a su lado. Confieso que me dormí,


aunque tarde lo mío, acordándome de Eva y de todos sus
muertos por el embolado en que me había metido,

pensando en los días con sus noches que aún me quedaban


por pasar junto a Susana, pero sobre todo y casi en

exclusividad, en las noches, en la misma cama… en cómo

estaba de buena la hija de su madre, y para colmo de los


males, con esa ropita para dormir… ¡Madre mía, qué noches

me esperaban, joder la que se me avecinaba!

Me levanté pronto, como era mi costumbre en casa, nunca

he sido de dormir hasta muy tarde excepto en ocasiones


puntuales. Procuré que Susana no se despertara. Cuando

me puse de pie me quedé mirándola, estaba con la ropa de

cama bajo su brazo, rodeándole el pecho por la parte


superior, tenía una cara de serenidad que la hacía parecer

aún más hermosa. Con mucho cuidado saqué ropa limpia de


mi maleta junto con la ropa interior, luego me metí en la

ducha, tras secarme bien, me vestí allí mismo y volví a mi

maleta, a por la Tablet que me había llevado. Me fui a la


antesala de la habitación con el fin de conectarme y

comenzar a revisar los últimos documentos que me habían


enviado desde la oficina el día anterior, y que por el viaje no
tuve tiempo de ocuparme de ellos. Estuve con ello como

una hora cuando escuché un ruido y vi asomarse a Susana,

quien me sonrió para, de nuevo, desaparecer en la


habitación. Poco después escuché el ruido de la ducha y

como una hora después salía ella a la salita preguntándome


si nos íbamos ya a desayunar, quedándome un poco

alucinado por cómo se había vestido.

―No pensarás bajar así, ¿verdad?

―Sí, por qué, ¿algún problema?

―La verdad es que sí, no creo que sea lo más apropiado

que vayas de ese modo, ¿no crees que es un poquito…

escaso para estas horas?

―Te das cuenta de que no eres mi novio realmente,


¿verdad? ―dijo, mirándome muy seria.

―Sí, sé perfectamente quién soy y lo que hago aquí, pero

como creo que no me has entendido, te lo diré de otro

modo. No creo que sea muy inteligente por tu parte bajar


con ese vestido, hablando en plata, vas a quedar como el

culo.
―Explícate ―se cruzó de brazos.

―Por lo que me has contado no hace falta ser ningún genio

para suponer que más de uno y de una, va a estar

pendiente de vosotros dos, ¿o me equivoco? ―asintió―. Si


ese vestido, el conjunto en general, ya te digo que, por mi

parte no tiene nada de malo para salir por la noche si vas a


divertirte, pero a estas horas, se ve a la legua que va

destinado a tu ex y a su novia. Sin contar en cómo me vas a

dejar a mí, que me da igual ―me apresuré a aclarar―. Pero


si no me equivoco, por lo que he visto hasta ahora, a quien

te conozca medianamente bien, le demostrarías que no te

importo un pimiento, y al primer patinazo por algo que nos


pregunten se nos va a desmoronar todo el chiringuito que

hemos montado. Además, ten en cuenta que, si nos vamos


a visitar algo o a dar una vuelta con alguien, vas a tener

que subir a cambiarte, y se te va a ver el plumero por

completo… piensa en ello. Yo que tú me cambiaría por ropa


más normal y esa ropa la dejaría para esta noche si nos

vamos a algún sitio a divertirnos o surge algún plan. Ahora,

que tú puedes hacer lo que quieras ―se me quedó mirando


unos segundos.
―Voy a cambiarme, puede que tengas razón ―admitió.

Tras esto, se volvió de nuevo a la habitación a cambiarse,

saliendo de la misma completamente cambiada, vaqueros,


un jersey y una cazadora, junto con unas botas. El conjunto

os aseguro que, pese a todo, era deslumbrante, dado que


me miraba desafiante preferí no abrir la boca, salvo para

decirle que estaba preciosa. Tras ver el cambio de ropa

tampoco me quedó muy claro si lo del vestido no lo había


hecho a propósito para ver qué decía, algo no me cuadraba,

era demasiado inteligente para semejante patinazo. Lo

cierto es que yo iba más o menos igual: vaqueros, jersey,


cazadora y unos mocasines de lo más cómodo, ya que mi

intención, si a ella le parecía bien, era seguir visitando los


alrededores.

Cuando bajamos al comedor del hotel vimos que ya había

bastante gente desayunando, le pregunté dónde quería que

nos sentásemos y eligió una mesa situada en un rincón, en


un punto donde se veía la puerta de entrada, pero a

nosotros no, salvo que mirasen directamente hacia donde

estábamos. La noté nerviosa, por lo que traté de entablar


una conversación inocua y lo más alejada posible de la boda
para que se relajase. Al poco, se quedó callada y

mirándome fijamente…

―Oye Pedro, no tendrías trabajo que hacer y lo has dejado

de lado por venirte conmigo, ¿verdad?

― ¿Lo dices porque estaba con la Tablet cuando te has


levantado?

―Sí, por lo poco que vi no me pareció que fuese un libro o


algo así…

―No, tienes razón. Era trabajo, pero no te preocupes, que

no tenía nada urgente que hacer. Me suelo despertar


pronto, y decidí levantarme, luego para hacer tiempo

aproveché para ir adelantando trabajo. Tengo un horario

flexible y muchas veces incluso trabajo desde casa, por eso


lo que vaya adelantando ahora, en estos tiempos muertos

que no tengo nada que hacer, supone que el lunes estaré

mucho más desahogado, e incluso si adelanto lo suficiente,


puede que me lo tome hasta libre. ¿Más tranquila ahora?

―Pues no ―se cruzó de brazos―. Ahora lo que me da es

envidia, ojalá yo pudiese hacer lo mismo… ―soltamos la


carcajada los dos a la vez, poniéndonos después a comer en

silencio.

Estábamos desayunado tranquilamente, cuando me di


cuenta que hacía ya un par de minutos que me miraba

como si quisiera decirme o preguntarme algo y no se

atreviera.

― ¿Qué me quieres preguntar? ―le ofrecí.

―Bueno, verás, es sobre lo que me contaste de tus ex, me


dio por darle vueltas a lo que hablamos y… bueno… ―se

detuvo al verme sonreír.

―Ya, y no entiendes cómo es posible que me lleve tan bien,

y además con todas ellas, ¿no? ―asintió―. Tranquila que no


eres ni la primera, ni supongo que serás la última que me lo

pregunte.

― ¿Te lo han preguntado más veces? ―se interesó.

―Una cuantas, créeme, unas cuantas.

― ¿Y?

―Bueno, no es ningún misterio, con las tres la ruptura, por

llamarlo de algún modo, fue de mutuo acuerdo y


llevándonos bien, simplemente la relación no nos llevaba a
nada. El sexo y la convivencia eran buenas, pero… nos
faltaba ese algo ―me encogí de hombros―. Seguir no tenía

sentido, no te diré que fue un camino de rosas, porque no,


siempre es duro separarte y pensar que lo mismo vas a

hacer daño a alguien a quien, aunque sea como amiga,

sigues queriendo. Luego, bueno, la cosa se normaliza y tan


amigos…

―No, a ver, todo eso lo entiendo. Es raro que sea igual con

las tres que has estado, pero bueno, lo comprendo, es de

mutuo acuerdo y tal, no hay terceros, no hay daños, si me


entiendes lo que quiero decir. También supongo que no es:

hoy rompemos y mañana tan amigos, que pasaría algún


tiempo hasta normalizarse todo…

― ¿Entonces? ―la interrumpí para evitar que siguiese

divagando.

―Pues me refiero a tu nueva pareja, y el que la anterior sea

tan amiga… como… ya sabes… la rubia, tu última ex


―pareció un poco apurada.

―Entiendo, te refieres a cómo se lo tomaron cuando lo

descubrieron, ¿no?
―Sí, básicamente. Eso es, en realidad, lo que me tiene

perpleja y no acabo de entenderlo… Sinceramente, visto lo


de tu última ex cuando nos conocimos, si fuese yo y viera

algo como eso, no sé cómo me lo tomaría…

―Pues creo que aun te sorprenderá más, si te digo que las

tres se han convertido en buenas amigas…

―¡¡No me jodas!! ―exclamó sobresaltada con los ojos muy


abiertos.

―Pues no, aunque no te creas, que algunas veces sí que me

dan ganas de hacerlo, que estás muy buena ―le dije

sonriendo malicioso.

―Pero qué cabrón que eres ―se rio por mi comentario―.


¿Pero lo de que son amigas lo dices en serio?

―Completamente, incluso han salido las tres juntas de

marcha alguna que otra vez cuando yo aún estaba con Ana,

y por lo que sé, aun lo hacen cuando se juntan. Mira, no lo


sé, supongo que cuando vieron que no tenían nada que

temer por parte de la otra, u otras, en el caso de Ana,

cuando discutíamos o nos enfadábamos podían hablar con


alguien que tenía conocimiento de causa sobre ello. Pienso
que, luego una cosa llevó, poco a poco a la otra… Pero
bueno, sinceramente, fácil no creo que les fuese, pero me

alegro de que haya sido así.

―Lo vuelvo a decir, yo contigo alucino… Cada vez

comprendo mejor a qué se refería Eva… lo tuyo es que es…


increíble…

― ¿Y tú con la suite? ―le cambié de tema.

― ¿Cómo? ―puso cara de no entender.

―Bueno, la suite vale una pasta, hace varios meses que

rompiste con tu ex, y la reserva es imposible que no la

tuvieses ya cuando aún estabais juntos. No entiendo como


no la cambiaste por una habitación más… digamos que más
normal.

―Lo dices por lo de la cama, ¿el no cambiar a una con


dos…?

―No exactamente, me refiero a la habitación como tal. Por


cuando entiendo que hiciste la reserva, como digo, creo que
todavía estabais juntos, que esto fue, quizá, un intento por

tu parte de arreglar un poco los problemas que teníais… ¿o


me equivoco?
―No, para nada. Verás, lo cierto es que, sí lo pensé, pero
con la ruptura me centré mucho más en el trabajo y no me

volví a preocupar de esto, como aún tenía tiempo para


cancelarla, no me corría prisa…

―Entiendo, se te pasó la fecha tope y perderías la señal que


dejaste…

―No, para nada. Verás, la jugada de la suite me salió mal,

cuando se lo conté al imbécil de mi ex discutimos por la


pasta que valía, fue peor el remedio que la enfermedad
como se suele decir, y al final rompió conmigo. Unos meses

después me llamó Norma por el tema de la suite…

― ¿La novia? ―la interrumpí.

―Sí, la novia. Cuando lo hizo estaban con el manos libres


porque iban los dos en su coche, Juan Carlos me explicó que
un amigo suyo estaba buscando una suite para darle una

sorpresa a su pareja y estaban todas agotadas, como yo


tenía la mía y había roto, me ofreció la posibilidad de
dejársela a cambio de la habitación que ellos tenían

reservada… ―se sonrió con malicia.


―Y te enteraste que esa pareja era la de tu ex, ¿no?

―interrumpí viendo venir lo que había ocurrido.

―Sí, al saber de quiénes se trataba dije que no, que la suite

me la quedaba yo para mí. Por si tenía novio en ese


momento… ―me guiño un ojo riéndose.

―Ya veo. ¿Pero cómo te enteraste de que era para ellos?

―Pues por Norma. Cuando Juan Carlos me dijo lo de su


amigo, Norma enseguida me puntualizó de quién se trataba.

Por ese entonces yo tenía un mosqueo de muy señor mío,


porque esos dos se habían ido a vivir juntos unos veinte días
antes. Por eso no tragué… y dije que no, que me la quedaba
yo.

― ¿Y ese mosqueo? Creo recordar que me dijiste que te


sentiste aliviada cuando te dejó.

―Ya, pero mira. Cuando comenzamos a salir, me costó que


aceptase hacerlo porque no se decidía, era lo más inseguro
que ha parido madre, no te digo ya el que nos fuésemos a

vivir juntos, más de siete meses machacando hasta que


aceptó y a regañadientes… Y ese mismo tío, ¿de pronto en
un mes enamoradísimo y otro mes después se va a vivir
junto con esa tía…? No te haces una idea de cómo me sentó
de mal y de lo que pensé automáticamente al conocer los
detalles por amigos mutuos.

―Y, además, supongo que también influyó el hecho de que


estuviese dispuesto a gastarse la pasta en la suite con ella,
mientras que contigo discutió por ello, ¿no?

―Sí, eso ya fue el remate. A mí me montó un cisco que ni te


imaginas por la cantidad de dinero que me iba a gastar en

una gilipollez, según sus propias palabras. ¿Y luego resulta


que él quería hacer lo mismo que yo, pero para esa tía…?
Me sentó como una patada…, de modo que me cerré en

banda y me quedé con la suite. ¡¡Que se joda…!! ―gruñó al


final por lo bajo.

―Pues nada, que se joda… Por cierto, que esos dos que

acaban de entrar creo que te conocen, porque ella acaba de


señalarnos y vienen los dos hacia aquí…

―Sí, son amigos míos… ―se empezó a levantar, imitándola


por mi parte.

Según llegaron a nosotros los dos se abrazaron a ella que de

inmediato me presento. Resultaron ser Marta y Miguel, ella


era una de sus tres mejores amigas junto con la novia. Se
unieron a nosotros para desayunar, y su amiga Marta

comenzó de inmediato con el interrogatorio, tardó en


comenzar lo que terminó de echarle a Susana en cara que
no hubiese dicho ni media de que estaba volviendo a salir
con alguien, además de recalcarle que se preparase para

cuando Norma y Elena, su otra amiga, se enteraran. Mi idea


de usar la verdad en todo lo posible funcionó a la
perfección. Susana contó lo nuestro al conocernos como si

hubiese ocurrido un par de meses antes, e incluso tuvo la


picardía de saltarse la parte de Ana, mi ex, cuando apareció
y me saltó a los brazos. Por lo que contaron ellos, llegaron el

día anterior por la noche, y el único motivo de no


encontrárnoslos es que, nosotros nos habíamos marchado a
hacer turismo y cenamos fuera del hotel. Por lo que dijo

Marta, la otra amiga, Elena y Juan, su novio, también habían


llegado un poco después de ellos, cenando los cuatro juntos.
No nos dio tiempo a terminar, antes aparecieron los que

faltaban, incluidos los novios, de hecho, tuvimos que pegar


otra mesa a la nuestra para poder estar los ocho… Se habló
de todo un poco, incluidos nosotros dos, con una única
excepción, el ex de Susana, al cual no se mentó, ni de

pasada. Una cosa con la que me quedé con intención de


preguntarle luego a Susana, fue con algo que dijo Marta,
que ahora entendía lo de los últimos meses…

Cuando estábamos los ocho, comenzaron los cuatro nuevos


a volver a preguntarnos por cómo nos conocimos, cuanto
llevábamos juntos y todo lo típico. Noté a Susana un poco

envarada, cuando estaba contando el habernos encontrado


cuando ella iba con Eva, aproveché para cogerle la mano
encima de la mesa y darle un pequeño apretón. Luego,

durante su explicación de lo que hablamos y de cómo


quedamos para la semana siguiente, aproveché para
soltarle una pequeña broma y darle un golpecito con el
hombro, arrancándole una risa, devolviéndome la broma un

poco después, cuando yo estaba explicando lo que pasó


cuando quedamos a cenar en su casa... o algo muy parecido
a la realidad. El resultado es que, de ese primer examen,

salimos con nota, ya que dimos la apariencia de ser


bastante cómplices entre nosotros. A los novios los vimos
después del desayuno, pero por poco tiempo, excepto en la

comida para la que nos citaron a los seis, ya que estaría


todo el grupo de amigos de ambos. Con las otras dos

parejas quedamos para irnos por la tarde, después de


comer a dar una vuelta. Nosotros aprovechamos que los
otros se disculparon por no salir, para irnos por nuestra

cuenta hasta la hora de comer.

―Ha ido bastante bien, ¿no crees? ―me preguntó.

―Sí, por cierto, cuando nos sentemos a comer, tenemos


que seguir con los juegos, como antes ―repliqué pasándole
un brazo por los hombros y atrayéndola hacia mí.

―Vale ―me contestó, tras un momento de vacilación y


pasarme después su brazo por la cintura.

―Muy bien, pero no dudes Susana, recuerda, somos novios,


esto de ir así enlazados es de lo más inocente, pero también
muy normal ―le dije, deteniéndome para hablar mirándola

a los ojos.

―Tienes razón, es que me has tomado por sorpresa…

―Lo sé, por eso mismo lo he hecho, te he notado tensa esta


mañana cuando nos hemos juntado los ocho. Prefiero probar
ahora que estamos solos y que cualquier duda o conflicto lo
podamos arreglar de forma discreta. Es la típica cosa con la
que no podemos descuidarnos o sospecharan.

―Me parece bien, y tienes razón, es mejor que empecemos


ya, y dado que estamos solos, si hay algún problema, como
bien dices, lo podemos solucionar sin que nadie se dé

cuenta de nada… ―tomándome por sorpresa se puso de


puntillas y me besó en los labios, pasando su lengua por los
míos, dejándome clavado sin saber muy bien qué hacer.

―Vaya, ahora el que se ha quedado parado he sido yo…


―repliqué en cuanto me repuse.

―Pues mira, como tú mismo me has dicho hace un instante,


por eso mismo lo he hecho… ―se rio―. Y de paso
devolverte la sorpresa, ¿y sabes? Me ha gustado la cara de
pasmo que has puesto… ―me dio un golpecito en el pecho

con el dorso de la mano, riéndose.

― ¿Pues sabes tú qué?, que la sorpresa me ha gustado…

―respondí, cargando contra sus labios, juntando los míos y


empujando con mi lengua, introduciéndola en su boca
poniéndome a jugar con la suya, mientras veía cómo sus

ojos estaban abiertos como platos mirándome…


― ¿Sabes que, cuando pones esa carita de sorprendida,
estás aún mucho más preciosa? ―le dije tras dejar de

besarla.

Viendo la cara de mala leche que empezaba a poner, me

hice a un lado, le di un cachetito en el culo y soltando la


carcajada salí corriendo. No tardó ni dos segundos en salir
corriendo detrás de mí riéndose también, mientras me
gritaba que era un cabronazo, que en cuanto me cogiese

me iba a enterar de lo que valía un peine… Aflojé la


velocidad y la esperé, cuando consideré que estaba lo
bastante cerca, frené en seco dándome la vuelta con los

brazos abiertos, no fue capaz de esquivarme y chocó contra


mí. En cuanto la sentí pegada, cerré los brazos en torno a su
cintura y apretándola contra mí, la levanté del suelo,

poniéndome a girar sobre mí mismo con ella en el aire.


Apenas tardó unos segundos en empezar a reírse y pedirme
que, por favor, la bajase, que estaba comenzando a

marearse. Riéndonos seguimos con el paseo.

― ¿Te puedo hacer una pregunta? ―dije.

―Claro, es más, a estas alturas esa pregunta sobra. Creo


que ya tenemos la suficiente confianza como para
preguntar directamente.

―Creo que tienes razón, algo de confianza sí hemos cogido


―me reí.

―Desde luego ―me acompañó en las risas―. ¿Qué me


querías preguntar?

―Es sobre lo que dijo tu amiga Marta, lo de los últimos


meses.

―Bueno, he estado muy ocupada con el trabajo, la boda se

acercaba y estas no hacían otra cosa que tratar de


presentarme hombres… ―se encogió de hombros.

―Entiendo, supongo que no pararías de ponerles excusas


para no quedar…

―Sí, bueno, lo cierto es que, además, les pedí que dejasen

de tratar de concertarme citas, porque no pensaba ir, que


no las necesitaba… ―me sonrió irónica.

―¡¡Aah!!, claro. Ahora aparezco yo aquí contigo y acaban de


sumar dos más dos, ¿o me equivoco?

―Para nada, se han figurado que mi negativa y el porqué

me puse tan seria con ellas es por tu culpa… ―se rio.


―Vaya, muchas gracias, ya sabía yo que, en este fin de
semana sería culpable de algo, es mi sino. Mi novia es muy
injusta conmigo ―gemí teatralmente llevándome las manos

al corazón, arrancando sus carcajadas.

―Por supuesto, es una de las ventajas de ser tu novia, que


te puedo culpar de lo que quiera y me perdonarás, porque

me quieres ―me dijo con tono zumbón.

―Yo no me reiría tanto ―le respondí socarrón―, creo que te

has olvidado de los daños colaterales de todo esto. Ahora


entiendo porque tus amigas han estado tan comedidas en
sus preguntas. Eres consciente de que, en cuanto te puedan
pillar a solas, te van a acribillar, ¿verdad? ―vi el gesto de

sorpresa que ponía, haciéndome reír con ello.

―Ostras, es verdad, me van a someter a un tercer grado…

Uff… a ver qué digo… ―se quedó pensativa.

―No te rayes, sigue con lo que hablamos. Por lo menos,


ahora ya tienes una ventaja que esta mañana mientras

desayunábamos no tenías… ―le dije irónico.

― ¿Cuál?
―Pues que ya sabes cómo beso, ¿o no? ―me reí al ver que
se ponía colorada.

―Eres un cabrón, que razón tenía Eva cuando decía que no


me fiase de ti, ni un pelo, que eras peligroso.

―Oye Susana, te aseguro que no voy a… ―me cortó


sonriendo.

―Vale, no lo decía en ese sentido, sé que no vas a tratar de

aprovechar la situación.

― ¿Entonces?

―Se-cre-to ―dijo lentamente, mientras me daba un


golpecito en el pecho por cada silaba.

Tras esto, dejamos el tema aparcado y continuamos


hablando de otras cosas, incluidos nuestros respectivos
trabajos, aunque por mi parte, la verdad es que una vez

más lo hice de modo que tampoco fuese capaz de discernir


mucho, sabía que pensaba que trabajaba en una pequeña
empresa de inversiones, lo que evité fue que pudiera darse

cuenta de que, en realidad, yo era el dueño. Por otro lado,


también es cierto que el nivel de vida que vio ella cuando
me fue a buscar o por lo que me vio, tampoco era como
para sospecharlo. Mi piso estaba en un barrio obrero y mi
coche era un compacto generalista de más de diez años…

En realidad, este era uno de los principales motivos, aunque


no el único, por el que mi amiga Eva dijese que cada vez
flipaba más conmigo, como la persona que llevaba mi

dinero en el banco, tanto el personal como las cuentas de la


empresa, era más que consciente de las cantidades que
manejaba, en realidad.

Durante todo el rato estuvimos de continuas bromas,

mientras conversábamos y planificábamos posibles


situaciones que nos pudiesen surgir durante los próximos
días. Todo iba a pedir de boca hasta el momento en que

regresamos al hotel con la intención de darnos una ducha, y


prepararnos para luego bajar a comer con todo el grupo de
amigos de los novios. Nada más entrar por la puerta noté

enseguida que Susana se ponía tensa, me volví hacia ella, vi


sus ojos despedir chispas, y siguiendo la dirección de su
mirada, me fijé en una pareja que estaba en recepción. No

hacía falta ser ningún lince para saber que aquellos debían
de ser su ex con su nueva novia. Antes de que pudiese
arrancarse hacia él, la cogí de la mano llevándomela hacia

los ascensores, por fortuna me siguió sin poner la menor


traba…

―Cálmate, vamos a arreglarnos con tranquilidad, sabes que


los vamos a ver en la comida…

―Lo sé, pero es que solo ver a ese idiota me subleva…

―Pues es algo que no te puedes permitir, tienes que estar


con la cabeza fría cuando te encuentres frente a él ―le dije

pasándole el brazo por los hombros y dándole un cariñoso


apretón.

―Lo intentaré, cuento contigo por si ves que me paso, me

avises…

―No te preocupes, si veo que te emocionas, te daré una

patada… ―me reí…

―Trato hecho, pero como me duela te la devuelvo… ―se rio


ella también pasando su brazo por mi cintura.

Después de esto cambiamos de conversación, estuvimos


todo el tiempo hablando, incluso mientras uno estaba en la

ducha y el otro vistiéndose para la cena. Antes de bajarnos


le repetí que estuviese calmada y mantuviese la cabeza fría,
que procurase no alterarse para evitar cualquier conflicto o
un enfrentamiento abierto y no amargarles la boda a los
novios. Riéndose me dijo que por lo del enfrentamiento no

me preocupase, que ese imbécil nunca daba la cara cuando


le hacían frente, lo que me dejo sorprendido, ya que siendo
como veía que era Susana no entendía el que hubiese

aguantado tanto con alguien como me describía a su ex al


hablar de él, eran polos opuestos. Cuando llegamos al
comedor nos fijamos en la mesa que habían reservado para

nosotros y que ya estaba comenzando a ocuparse, incluido


los novios que ya estaban sentados hablando. Vimos que los
amigos de la novia estaban a un lado y los del novio al otro.
Al vernos llegar, la novia, Norma, nos señaló justo los dos

sitios que quedaban a su lado.

Al fijarme en que, justo enfrente, junto al novio había otros

dos sitios libres y el ex de Susana aún no había llegado me


dio mala espina, no quería pensar que los novios hubiesen
cometido semejante error de bulto conociendo como debían

de conocer la situación entre estos dos. Al sentarnos, como


de pasada y en tono de broma le pregunté a la novia, tras
darle un beso y estrechar la mano del novio, si los sitios
junto a ellos eran para los testigos… algo que admitió
riendo, además, dijo que quería tenerlos cerquita. Creo que

fue la primera de las pataditas que le di a Susana en cuanto


vi su intención de hablar, tras la respuesta de su amiga.
Cuando se la di me miró volviendo a echar chispas por los

ojos, pero para mi tranquilidad vi que, poco a poco, se


controlaba. Diez minutos después entraba en escena su ex,
Roberto, que llegaba junto con su novia, Clara. Tras la
presentación, lo primero que pensé fue que este chico más

gilipollas y no nace. Y eso que aún no había abierto la boca


como después hizo… Estábamos todos sentados hablando
los unos con los otros, cuando el muy capullo le soltó la

primera perla a Susana:

―Por cierto, veo que has aumentado bastante de peso en

estos meses… ―repuso con tono malicioso, dándole yo por


mi parte una patadita a Susana para que no saltase a su
yugular.

―Sí, como verás por fin ha cogido su peso y está aún más


atractiva. Todo gracias a que, como en estos últimos meses
ya no se tiene que matar a trabajar para alimentar a un
parasito, por fin tiene más tiempo para ella ―le repliqué,

adelantándome a Susana y a la novia.

Los novios me miraban con la boca abierta por la andanada,


tuve que darle una nueva patada a Susana, para que no se

empezase a descojonar de risa con la cara tan blanca que


se le había quedado al muy cretino de su ex por mi
contestación. Se repuso bastante rápido, por su parte, se

giró para conversar con su novia y quienes estaban al lado


de esta. Con todo, me quedaron claras dos cosas: que
Susana tenía razón cuando dijo que ese no provocaría el

menor enfrentamiento abierto, y que los novios estaban


empezando a darse cuenta de que lo de ponerlos frente a
frente, desde luego, no había sido la mejor de sus ideas. El

memo solo tardó unos pocos minutos en volver a cargar


contra Susana aprovechando que algunos le hicieron
preguntas. Sin embargo, esta vez no me dio tiempo a
contestarle, Susana se me adelantó, saltándole al cuello,

cuando soltó su segunda perla:

― ¿De modo que, al final, has encontrado a alguien que te

aguante? Qué suerte has tenido, pensé que nadie sería


capaz de ello ―le espetó en tono malicioso a Susana.
―Sí, la verdad es que me aguanta que no veas, la que
normalmente no lo hace soy yo. Es un auténtico hombre, no
como otros, que no duran ni treinta segundos y encima se
las dan de machotes, cuando no llegan ni al medio asalto

sin desinflarse por el camino.

―No creo que lo digas por mí, porque en este caso no hay

más que preguntarle a Clara si aguanto o no… los celos son


muy malos… ¿sabes? ―le replicó a Susana

―¡¡Uy!! La verdad es que, si no fuese tan celosa, se lo

prestaba a tu novia, para que probase a mi chico y pudiese


disfrutar, por fin, del sexo sin tener que aliviarse ella con
algún juguetito después de quedarse a medias. Y así, de

paso, podría saber lo que es un auténtico matador y


compensar el pobre trabajo del manso ―Susana al decir lo
de manso le mostró la mano derecha, con los dedos

meñique e índice extendidos, y el resto de dedos cerrados…

Tras esto, se cortó el cruce de ataques, con la intervención

de los novios llamándolos al orden, con voz de mala leche y


cambiando drásticamente de tema con la colaboración del
resto de amigos, que tenían cierta sonrisita irónica cuando
miraban al ex de Susana. Supuse acertadamente que, tras
esto, el muy capullo no pensaba dejarlo estar, aunque
también tenía muy claro, que evitaría nuevamente el
enfrentamiento directo. Aproveché un momento en el que

todos hablaban a la vez, para comentárselo a Susana y


pedirle que mantuviese como hasta ahora la cabeza fría…
Me sonrió, me cogió de la mano por encima de la mesa y

me la apretó para que confiase en ella, dándome a entender


que mantendría la cabeza fría y la lengua afilada. También
me fijé en que ese gesto de cogerme la mano con aparente

cariño tampoco le pasó desapercibido a Roberto, quien


torció el gesto, cosa de la que también se dio cuenta
Susana, y evitando que él la viese, me guiñó un ojo. Miedo

me empezó a dar lo que podía significar esa sonrisa sumada


a su anterior comentario…

El siguiente encontronazo vino, porque durante la

conversación con una de las amigas de Susana, Elena, me


preguntó dónde vivía, algo que conté porque no tenía el
menor interés en andar mintiendo sobre eso. Después salió

el tema del coche de Susana y Roberto me preguntó si yo


tenía también un BMW, a lo que respondí que no, dando el
modelo de mi coche. Al cretino le faltó tiempo para volver a
saltar a por Susana, esta vez usándome a mí como
proyectil… Aunque esta vez, gracias a Juan, el novio de

Elena, que era una especie de gurú de la electrónica por lo


que luego me enteraría, se la volvimos a dar en los
morros…

―Vaya Susana, ahora te lías con curritos… ¡Qué bajo has


caído, ¿no?

―Pues no, teniendo en cuenta que antes de estar con Pedro


vengo de estar liada con un gilipollas, creo que he salido
ganando en muchos aspectos. Además, no sé por qué

piensas que es un currito… ―le di una patadita para que no


siguiese por ahí.

―Bueno, un potentado desde luego no es… ¿albañil o


basurero? ―se rio.

― ¿Idiota o cabestro? ―pregunté yo poniéndome muy serio,

vi cómo me apartaba la mirada en lugar de contestarme.

―Creo que un albañil o un basurero no usaría una Tablet

con acceso directo a la red para trabajar con su oficina,


porque sería raro que trabajasen en una oficina con un
ordenador, ¿verdad…? ―se adelantó a responder Susana

cortando el intento de respuesta de su ex.

― ¿Qué Tablet usas? ―preguntó en ese momento con

curiosidad Juan, adelantándose al "cabestro".

―Una Surface Pro 4 ―repliqué

―La de 128…

―No, es la de un terabyte… Cuando no estoy en la oficina y


tengo que usarla además de la potencia necesito la máxima

capacidad de almacenamiento interno posible.

―Joder, eso son más de seis mil euros de Tablet… ―silbó.

―Sí, en realidad casi los siete mil más el costo del software
específico que lleva que también es un buen pico.

―Pedro es de los que solo se compran lo que necesitan,


opina que, para ver la hora, para qué se va a comprar un
Rolex de veinte mil euros, cuando un Casio de trescientos

como el que lleva está genial, es de buen material, de


buena calidad y le sirve para lo mismo. No como otros, que
pretenden alquilar suites en un hotel muy caro, cuando no

tienen ni dónde caerse muertos, ahora que ya no tienen a


quien los mantenga ―dejó caer Susana sonriendo sarcástica
a su ex.

Desde luego, ni por un instante dudó nadie de que el golpe


que acababa de soltar Susana iba dirigido hacia su ex, con
toda la mala leche del mundo, máxime cuando todos los
conocían. Este, nuevamente, volvió a palidecer y ella no

disimuló en lo más mínimo su gesto de desprecio hacia él, al


decir eso. De nuevo, los novios tuvieron que intervenir para
que el enfrentamiento no se disparase, creo que a esas

alturas ya estaban completamente seguros de que la idea


de guardar el sitio para sentar a los padrinos, unos frente de
los otros, no había sido la mejor idea para la boda. Para

amenizar la comida y también por joder al capullo ese, me


incliné sobre Susana, le solté en voz alta un "buen golpe
cariño", para, a continuación, buscar su boca, aceptándome

el beso y dándonos un morreo que hizo que su ex aun


pusiese mucha peor cara que antes. Los ojos de Susana
brillaban de placer con cada golpe que recibía su ex. Si
alguien piensa que el ex se quedó tan tranquilo, que se

olvide, en cuanto tuvo ocasión, el imbécil, volvió a por


más…
― ¿Y cómo lleva el Romeo que su novia esté más tiempo
por ahí de viaje rodeada de tíos que con él? ―soltó con toda

la mala baba del mundo y sin venir a cuento.

―Pues muy bien, como tengo horario flexible y puedo


trabajar la mayor parte del tiempo desde casa, algunas

veces aprovecho y me voy con ella.

―Claro, para hacer turismo a su costa, ¿no? ―soltó con

auténtico veneno.

―Sí, para eso mismo, cuando ha venido conmigo todo el


tiempo libre lo hemos dedicado a hacer turismo desnudos

por toda la habitación… ―dijo con doble intención, después


me mandó un besito y un guiño que todo el mundo pudo ver
perfectamente.

―Bueno, reconoce que también hemos hecho turismo en los


ascensores, los servicios de algunos restaurantes, los

asientos traseros de tu coche durante el camino cuando


hemos ido con él, alguna que otra terraza, la piscina, el
jacuzzi… ―le devolví el guiño, arrancándole una carcajada.

―Joder, vaya dos, al final vais a ser peor que los conejos…
―soltó divertida Marta, la amiga de Susana, principalmente
para cortar la conversación, provocando la risa de todo

menos la de Roberto.

―Envidiosa… ―le replicó Susana sacándole la lengua.

Lo único que sí me sorprendió, al igual que a Susana fue


que, en todos los cruces de comentarios, la novia de su ex
no abrió la boca ni una sola vez. Y digo en todos, porque

aun salió trasquilado tres o cuatro veces más, en las que


volvió a abrir la boca contra Susana, quien reconoció que se
lo había pasado genial, lamentando incluso que la comida
terminase y no poder darle más caña a su ex. De quien me

quedó claro, que se le iba la fuerza por la boca, y de


cojones, pocos, reconociendo en mi interior, que si alguna
de las contestaciones que recibió me la dan a mí, se lía

parda. Por la tarde, nosotros nos fuimos con las amigas de


Susana mientras que el capullo se marchó con los amigos
del novio, resultó de lo más obvio que había sido idea de

estos el que cada grupo se fuese por separado para evitar


que estos dos siguiesen con sus encontronazos. Esa misma
tarde, la novia, llamó a Susana para que, por favor, durante

la ceremonia evitase en todo lo posible al idiota de su ex,


palabras textuales de la misma, explicándole también que,
Juan Carlos, el novio, iba a hablar con él, para que se
estuviese calladito y sin meter más la pata. Todo esto
terminó por alegrarle, por completo, el día a Susana.

Es misma tarde nos fuimos nosotros dos con el coche de


Susana, y ellos cuatro con el de Miguel, el novio de Marta.
Aprovechamos ir solos para hablar tranquilamente de lo

ocurrido con su ex y lo gilipollas que podía ser el pobre


hombre. Fue en ese primer trayecto cuando la novia llamó a
Susana para que se moderase un poco con su ex. Nos

estuvimos riendo un buen rato a costa de todo esto. Cuando


nos juntamos los seis en un pueblo cercano para pasear por
él y verlo tranquilamente, mi trabajo volvió a salir en la
conversación:

― ¿Pero en qué trabajas exactamente? ―me preguntó Juan.

―Bueno, trabajo en inversiones.

― ¿Es decir, que la empresa en que trabajas se dedica a


invertir el dinero de la gente que os lo confía? Parecido a un

fondo de esos que suelen ofrecer los bancos a los buenos


clientes, ¿no? ―preguntó Marta.
―No, no exactamente. Nos dedicamos a invertir en
empresas que, por una u otra causa, necesita una inyección
de capital.

―Empresas que van mal, te refieres… ―indagó,


nuevamente, Juan.

―No necesariamente tienen porqué ir mal, la necesidad de


capital puede ser debido a muchos motivos. Por ejemplo,
pueden necesitar liquidez, porque van a sacar un nuevo

producto, pero se han quedado sin ella, sin que por ello
tengan pérdidas, y la opción de acudir a un crédito bancario
por las circunstancias que sea no les es algo deseable…

Aunque sí, en algunos casos, sí tienen problemas financieros


y necesitan ese nuevo capital para poder salir del hoyo.
Algunas veces, incluso, nos contratan simplemente para

que verifiquemos si una empresa es viable o no antes de


comprarla, si todo está correcto y no existen situaciones…
digamos que dudosas.

― ¿Y cómo funciona eso exactamente?, lo de las inversiones


me refiero ―me preguntó esta vez Elena.
―Bueno, cuando nos piden financiación, lo que hacemos es
en primer lugar comprobar su contabilidad, verificar que

todo esté en orden en ese aspecto, que la empresa tiene


viabilidad para salir adelante y, muy importante, que nos
van a dejar trabajar. Si todo esto se da invertimos el dinero

necesario a cambio de un porcentaje de sus acciones


durante un periodo de tiempo determinado, durante el cual
nosotros decidimos la política de la empresa. Cuando el

tiempo se cumple, les revendemos las acciones a precio de


mercado tras tasar nuevamente el precio global de la
empresa, de ese modo recuperamos el dinero y obtenemos
beneficios… Si la empresa va bien, claro, sino podemos

perder incluso el total de la inversión.

―Sí, claro, si va mal es lógico. Pero… ¿y si no quieren

recomprarlas? ―preguntó interesada Susana―. No se me


había ocurrido preguntarle esto antes, y creo que es algo
que podría pasar, ¿no? ―aclaró al ver la cara de sorpresa de

sus amigas por la pregunta.

―Depende, si la inversión está siendo especialmente


rentable y nos interesa mantenerlas en nuestro poder, nos

quedamos con esas acciones incluyéndolas en una cartera


que tenemos especialmente creada para ello. Si no nos

interesa de ese modo, simplemente tratamos de


vendérselas a otros, incluso llegado el caso a su más directa
competencia ―le contesté.

― ¿Y esto último se ha dado alguna vez? Porque, joder,


sería una putada de las gordas… ―inquirió Juan.

―Si te refieres a venderlas a la competencia, que yo sepa


no. Ten en cuenta que, por contrato, se especifica
claramente que, cuando finaliza el tiempo establecido, la

dirección de la empresa o sus accionistas tienen la opción


unilateral de decidir si compran o no nuestras acciones a
precio de mercado. Es muy raro que no quieran

recuperarlas, pero desde luego si no lo hacen, el problema


es de ellos, nosotros solo tratamos de rentabilizar ese
dinero.

― ¿Y si os denuncian por ello, por vendérselas a la


competencia? ―replicó Marta―

―Perderían, incluso dudo mucho que se lo admitiesen a


trámite. Ten en cuenta que, cuando digo unilateral, se
supone que ellos pueden decidir que nos las compran aun
sin que a nosotros nos interese revendérselas. La decisión a
ese respecto es exclusivamente suya, y si no desean
hacerlo tienen que notificárnoslo por escrito, no solo de

palabra, con lo cual… ―me encogí de hombros.

― ¿Y qué preparación se necesita para trabajar en algo así?


―preguntó Marta.

―Bueno, ten en cuenta que una sola persona no se puede


hacer cargo, realmente somos un equipo de gente

complementándonos, cada uno somos especialistas en un


punto muy concreto, simplemente hacemos nuestra parte.

― ¿Y en tu caso? ―preguntó Elena.

―Bueno, yo soy contable forense, tengo también


económicas… ―me interrumpió Miguel.

―Vamos que tú te encargas de revisar su contabilidad y ver


que todo en esa empresa anda como debe ser, que no hay
pérdidas de dinero y otras cosas raras… ¿no?

―Una forma muy diplomática de decir que no hay chorizos


que se estén llevando el dinero o falseando las cuentas

llevando una contabilidad B… ―me reí, arrancando también


las risas de los demás y evitando de ese modo seguir
contestando en lo posible.

Tras esto, parecieron conformase y cambiaron de


conversación para mi completo alivio, me pregunte qué
pensarían de saber que, tras llevarme tres millones de euros

con las apuestas, en mi primera incursión en ese mundo


usando casi la práctica totalidad de mi dinero, me lleve más
de cuarenta millones de euros de beneficio tras impuestos,

al venderse la empresa antes de que se cumpliese el plazo


para que me pudiesen recomprar las acciones con las que
me hice a cambio de la inversión, y que semejante cantidad

de dinero no había supuesto el menor cambio en mi modo


de vida. Si me fijé en que Susana me miró con una cara un
tanto extraña, aunque no le di mayor importancia. En
cuanto nos fuimos a otro pueblo para seguir de turismo y

nos quedamos solos en su coche, para mi sorpresa, volvió


de nuevo al asunto de mi trabajo.

―Pedro, si no quieres no me respondas, pero verás, es que


hay algo que no me cuadra. Con lo de la Tablet, con ese
precio ya he supuesto que no te ganarías muy mal la vida,
pero por lo que has explicado de tu trabajo, deduzco que te
la ganas, pero que muy bien…

―Sí, bueno, no me puedo quejar de ello, la verdad…

―No sé cuánto ganarás, ni me interesa. Pero, por mi puesto,


digo antes de este último ascenso, he trabajado con
diversas empresas de consultoría que se dedican, por

ejemplo, como tú has dicho a revisar la contabilidad de las


empresas para ver que todo este correcto y esas cosas.

―Sí, bien, ¿y?

―Pues que sé cuánto facturan, por lo que me puedo


suponer lo que pueden cobrar sus empleados especialistas,

como has dicho que es tu caso… Tu casa, tu coche… ―me


miró unos segundos, dejando colgada la pregunta, pero sin
llegar a hacérmela.

―Como tú has dicho en la comida, compro lo que necesito o


lo que me gusta, pero no derrocho o, al menos, no lo que yo
considero que no es más que un derroche.

―Pero… ―la interrumpí con un gesto.

―El piso era de mis padres, se lo compré cuando se

marcharon al pueblo, al jubilarse mi padre. Yo me quedé con


la casa, que es donde he vivido toda mi vida, es mi barrio

de siempre, llámalo si quieres la comodidad de conocerlo


todo. Y mi coche, cuando lo necesité, fue el que más me
gustó dentro de lo que buscaba. Ahora mismo, para que me

entiendas, me va bien y no me ha dado nunca el menor


problema, cuando comience a dármelos o diga que hasta
ahí ha llegado, entonces me plantearé qué hago, qué

necesito y qué me compro. Que podría tener algo mejor, sí;


pero si con este me va bien, para qué me voy a gastar más
en algo que no necesito ni me produce ningún beneficio

más allá de aparentar. Sin embargo, también he de decirte,


y esto si quieres puedes corroborarlo con Eva, que lo que no
me gasto para mí, no me importa hacerlo para la gente que
de verdad me importa, mis padres, mi pareja, la propia

Eva...

―Eres muy rarito, ¿sabes?

―Sí, alguna vez me lo han dicho… ―le sonreí.

La verdad es que no mentí en eso de ser rarito, aparte de

Eva las otras dos personas que me traían frito con ello eran
mis propios padres, además, claro de lo típico, que me
buscase ya una mujer para casarme y darles nietos, pero
esa es otra guerra. Cuando decidieron que se marchaban al
pueblo, empezaron a mirar posibles casas con intención de
comprar una para irse allí a vivir. Me adelanté a ellos

comprándoles una que estaba medio derruida justo en todo


el centro del pueblo y que tenía una gran extensión de
terreno en su parte trasera, a modo de patio. Si bien el

coste de la compra no fue excesivamente alto, sí que salió


por un pico la reconstrucción de la casa, arreglar el patio, la
tapia que rodeaba a este, la piscina… Además de eso, me

quedé yo con el coche de mi padre que era el que tenía en


esos momentos. Mientras que a él le compré un potente 4x4
para que pudiese moverse con seguridad por el pueblo y los
caminos que lo rodeaban, incluidas las pistas forestales.

Cuando se encontraron con todo el pastel preparado casi


me matan por lo que creían que tenía que haberme
gastado, y eso que se quedaron algo cortos en sus

apreciaciones. De hecho, ese fue el principal motivo de


comprarles el piso de Madrid, una imposición de ellos el que
aceptase el piso a cambio de lo que me había gastado en su

casa del pueblo. Realmente, lo de la compra fue una


tontería, ya que soy hijo único, pero preferí hacerlo cuando
me lo exigieron, únicamente por tener la fiesta en paz con
ellos... Por este tipo de cosas es por lo que los dos opinaban

como Eva, que no podía ser más rarito viviendo así, cuando
podía permitirme cosas mucho mejores.

Mis ex no saben tampoco que, en realidad, la empresa para

la que trabajo es mía. Cuando la monté me puse una


nómina que yo consideré normal para lo que necesitaba y el
puesto que ocuparía dentro de su organigrama, de modo

que, con ello, nunca les dio por indagar más, y a mí


tampoco me dio por comentárselo. Supongo que, en ningún
momento tuve claro que esas relaciones fuesen

determinantes, no sabría explicarlo muy bien, pero, por


unas u otras cosas, entre las que también estaba que una
vez la relación fue avanzando, el ver cómo explicárselo

luego, sin que me matasen y tuviésemos la mundial. Como


nunca preguntaron o sospecharon, al final opté por
quedarme calladito, y no, increíblemente, que yo sepa,

tampoco a día de hoy ninguna lo había descubierto… Al


principio, tampoco ellas andaban muy conformes con esto
de vivir así por mí parte, sabiendo que ganaba más que
suficiente como para permitirme algo mejor, pero la verdad
es que nunca trataron tampoco de presionarme. Con ellas,

llegado el caso, sí que no tenía problemas en gastar el


dinero, supongo que eso también influyó en que lo
aceptasen, se veía claro que no lo hacía por tacañería, sino

por mi forma de pensar. Quitando Marina, que se vino a vivir


conmigo, con Sara y con Ana había sido yo quien se mudó
con ellas, cerrando entonces mi piso, hasta el momento de
dejar la relación y regresar de nuevo.

Con el juego gané muchísimo dinero, a sospechar. Si bien


usaba, normalmente, ropa comprada en cualquiera de las

tiendas del barrio o grandes almacenes, también tenía en


mi armario ropa, calzado, complementos… todo de las
mejores firmas, para las ocasiones en que era necesario

mostrar cierto nivel. Del mismo modo, en el garaje de la


empresa había aparcados un par de coches de lujo en
renting para, al igual que con la ropa, cuando tenías que
demostrar cierto nivel de éxito y presentar una determinada

imagen de triunfador. Confieso que, me parecía una


absoluta estupidez que me juzgaran más por lo que
aparentaba que, por lo bueno que era luego en mi trabajo,

pero, desgraciadamente es cómo funciona el mundo.


Esa tarde estuvimos los seis por ahí hablando de muchas
cosas, incluidos los trabajos de cada uno de nosotros.
Después, cenamos en un pueblo a unos sesenta kilómetros

del hotel y luego volvimos para descansar, porque al día


siguiente era la ceremonia y, desde luego, ese día sería de
muchísimo ajetreo. Por lo pronto, según me enteré durante
la cena, las mujeres, todas ellas, tenían cita obligada por la

mañana en la peluquería del hotel. Susana y sus dos amigas


como tenían tiempo antes de la hora que les habían dado
en la peluquería, también habían concertado un masaje y

un paso por el Spa. Una vez terminasen, quedaríamos para


comer y luego subir a las habitaciones a preparase para la
ceremonia. Por lo que observé, Juan y Miguel tenían para el

día siguiente por la mañana los mismos planes que yo:


ninguno, aunque a ellos creo que no les sorprendió para
nada los planes de sus novias, puede que fuese el único

ingenuo de toda la boda que no se lo esperaba. De repente,


me encontré con toda una mañana libre sin saber qué
demontres hacer con mi tiempo…

Esa noche, al acostarnos, fue aun peor que la anterior.


Primero, porque me llamaron por teléfono y mientras
hablaba, se metió ella corriendo al servicio para cambiarse,
saliendo con un conjuntito muy similar al de la noche
anterior, pero mucho más reducido en tela, por lo que aún

me puse peor. Tras eso, no tuve otra que cambiarme


también en el servicio, para no dar el cante completo al
quitarme los pantalones. Tardé alrededor de diez minutos en

calmarme y que se me bajase antes de salir, solo que esta


vez decidí ser también yo un poco cabrón. Decidí quedarme
solo con el bóxer como indumentaria para dormir.

Fue mi gozo en un pozo, cuando salí del baño me encontré


con Susana completamente dormida, destapada, de lado,
medio encogida, con las tetas que parecían quererse

escapar del top y mostrando un culazo impresionante,


estaba para que, a alguien, al verla así, le diese un ataque
al corazón. La verdad es que no me chupo el dedo

precisamente, y la escena era tan perfecta, que me pareció


especialmente creada para mi consumo. De modo que me
acerqué despacio a ella, me incliné y le di un besito en la

frente, susurrándole después al oído:

―La próxima vez que te hagas la dormida, cuando se

acerquen a ti no cambies la respiración… ―abrió los ojos de


inmediato, fijándolos en los míos.

―No he cambiado la respiración… ―susurró con un tono


que parecía enojada.

―No, pero has abierto los ojos y me has contestado ―le


sonreí irónico, dándole otro besito en la frente como con
recochineo…

Lo siguiente que recuerdo es cómo me sujetó con ambas


manos por los brazos, sentí el contacto de sus piernas con
las mías, que una de ellas medio rodeó mi cintura, y que

solo un par de segundos después me encontraba tumbado


sobre la cama de espaldas, con los brazos estirados a
ambos lados, con Susana sentada a horcajadas sobre mí,

mirándome con gesto divertido y ojos de loba. Después,


noté cómo pareció comenzar a frotar su entrepierna contra
la zona de mi pelvis, empalmándome en el acto.

Hice un giro brusco con mis muñecas y luego tiré con


relativa fuerza contra el punto más débil de la pinza que
hacían sus manos sobre ellas con el fin de liberarme de su

agarre. Una vez liberado la sujeté por la cintura alzándola lo


suficiente como para que se tuviese que incorporar y dejase

de frotarse contra mí.

―Vale, suficiente, como broma esto ya ha ido demasiado

lejos… ―la miré muy serio.

― ¿Y a ti quién te ha dicho que esté bromeando? ―me


replicó, quitándose el top ante mis asombrados ojos,

dejando al descubierto un par de perfectos pechos, que se


alzaban completamente erguidos y con los pezones
aparentemente duros como rocas…

―Susana, deja de jugar de una vez. Te recuerdo que si


viniste conmigo es por algo, y te advierto que me queda ya

muy poquito autocontrol para no lanzarme sobre ti… ¡¡Ya


vale!!, por favor… ―la reprendí.

― ¡Qué más tengo que hacer para demostrarte que no

estoy jugando en absoluto y que voy muy en serio con lo


que quiero de ti! ¿Te sirve esto? ―preguntó.

Entonces, se alzó un poco más sobre sus rodillas, metió su


mano por debajo de la goma de mi bóxer, sujetándome la
polla, mientras su cabeza bajaba velozmente para poner sus
labios sobre los míos, introduciéndome su lengua en mi
boca, en un beso, desde luego, nada casto o de amigos. Ahí
fue donde ya perdí definitivamente todo el control sacando
mi lengua a por la suya, mientras que mis manos

abandonaron su cintura para pasar a acariciar sus pechos.


Por su parte, no sé cómo se las apañó para quitarse su
braguita, bajarme los bóxers y antes de que me diese

cuenta, enterrarse mi polla hasta los huevos de una sola


sentada. Me estuvo follando de ese modo, mientras que yo
usaba mi boca sobre sus pechos, como unos diez minutos
antes de que alcanzase el primer orgasmo. En lugar de

acelerar para correrme con ella, hice justo todo lo contrario,


pararme en seco cuando alcanzó su orgasmo y aprovechar
para hacerla voltear sobre la cama y quedar debajo de mí.

Como conocía bien mi cuerpo y sabía cuál era mi límite para


correrme, aproveché su debilidad momentánea para
bajarme hasta su sexo y con cuidado comenzar a usar mi

lengua, con mucho cuidado de no tocar por el momento sus


zonas más sensibles. Cuando trató de que subiese otra vez
hacia arriba tirando de mi cabeza, fue cuando directamente

me lancé sobre su sexo con mi lengua, llevándola a un


nuevo orgasmo en menos de cinco minutos, al usar dos de
mis dedos para su interior y el pulgar sobre su clítoris
haciendo círculos intermitentes.

Finalmente, tras recuperarse de este segundo orgasmo me


obligó a subir y volver a clavársela, esta vez en la típica
posición del misionero, hasta que, los dos, nos corrimos a la

vez. Cuando intenté retirarme de ella para no correrme


dentro, me encontré con que, además de pedirme que no lo
hiciese, cruzó sus piernas por detrás de mis caderas como si

fueran un cepo, impidiéndome todo movimiento para salir,


vaciándome con ello en su interior. Obviamente, si me
preocupó era por el hecho de no haber usado preservativo,

al empezar del modo que empezamos, es que ni se me pasó


por la cabeza. Comenzaba otra vez a recuperarme y
empecé nuevamente a besarla:

―Ya vale por hoy, que si seguimos no vamos a dormir en


toda la noche y mañana tenemos un día completito.

― ¿Solo esto entonces? ―pregunté poniendo carita de niño


bueno.

―No me pongas esa carita con esos ojitos de cordero

degollado que no cuela. Ya me gustaría a mí también que no


tuviésemos que madrugar y seguir hasta las tantas, pero

sabes que tengo razón. Lo que ahora parece una magnífica


idea sabes que hará que mañana nos arrepintamos y
estemos machacados.

―Lo sé, pero no por ello tiene que gustarme, ¿no? ―me reí,
arrancándole también a ella la risa.
―Oye Susana, no hemos usado… ―me interrumpió.

―No te preocupes, tomo la píldora y, además, sé que los

dos estamos limpios… Ni tú, ni yo somos de irnos por ahí


con cualquiera… ―al verme intención de hablar, me guiñó
un ojo, añadiendo― recuerda que tengo mis fuentes para

saber cómo eres…

Tras esto y besarnos durante un par de minutos, que, por

cierto, ella cortó para evitar que nos volviésemos a liar, se


durmió abrazada a mí y, obviamente, yo abrazado a ella.

Por la mañana, cuando nos sonó el despertador yo tenía

poco que hacer, pero ella tenía la mañana perfectamente


planificada para prepararse para la ceremonia de la tarde.

Se levantó rápida con rumbo al servicio, supongo que lo


hizo para evitar que pudiese hablarle. Confieso que me

quedé mirando su culito como hipnotizado, hasta que cerró

la puerta del baño y es que, menuda maravilla que tenía

Susana, no digamos ya de cómo lo sabía mover… Me volví a


poner brutote, brutote de nuevo.

Tras salir del baño, con tan solo una braguita puesta, me

metí yo sin querer mirarla dos veces, ya que con la primera


había servido ya para que me empalmase de nuevo. Al
pasar por su lado me dio una palmadita en el culo,

diciéndome que se alegraba que demostrase de forma tan

evidente que me gustaba. Durante dos décimas de

segundo, por un instante, tuve en mente la idea de darme

media vuelta, tirarla de nuevo sobre la cama y follármela


hasta cansarnos los dos, pero por fortuna, mi sentido común

vino en mi ayuda. Tras ducharme y vestirnos los dos,

bajamos a desayunar, con la fortuna de que aun parecía no

haberse levantado ninguna de sus amigas, ni, por supuesto,

el cretino de su ex, que hubiese sido ya lo único que nos


habría faltado. Por lo menos, nos vino bien para poder

hablar los dos tranquilos.

―Susana, lo de anoche… ―me cortó.

―Si vas a decir que lo sientes ahórratelo, porque yo no lo

lamento en lo más mínimo.

―Te iba a decir que no lo entendía, se supone que el venir

yo contigo era precisamente para evitar que ocurriese algo


así. Pero, créeme, que tampoco lo lamento y, desde luego,

no me arrepiento de ninguna de las maneras.

―Bueno, la culpa, desde luego, es tuya…


―Vaya hombre, culpa mía ―dije, luego ella se rio.

―Sí, estuviste calentándome aun sin tener intención de ello

durante todo el día, algo que, desde luego, aunque no te lo

creas, aun me excitó más. Con tanto besito, tanto juego,

tantos cariñitos, tanta complicidad, más los cortes a mi ex…

y encima tú tan formalito con lo que habíamos acordado,

fue mortal…. Para cuando volvíamos anoche en el coche

después de cenar ya te tenía unas ganas que no te haces

una idea, volví pensando todo el camino en cómo llevarte al

huerto sin que te escapases...

―Vaya, no me di ni cuenta… ―admití.

―Créeme que de eso soy absolutamente consciente. ¡¡Tío!!

Si anoche casi, casi te tuve que violar para que follases

conmigo…

―Bueno ―carraspeé―, al final sí que me di cuenta de ello…

―Toma, claro, en cuanto te agarré la polla con la mano y la

llevé hacia mi coño…, ¡cómo para no darte cuenta, no te

jode! ―se rio nuevamente arrastrándome a mí con ella.

― ¿Ahora qué tienes, peluquería?


―No, primero voy al Spa, luego masaje y al final la

peluquería. ¿Y tú qué vas a hacer?

―Pues no lo sé… ―me encogí de hombros.

―Las llaves de mi coche las he dejado en el cajón de la

mesilla de mi lado, si quieres dar una vuelta por ahí

llévatelo.

―No, no creo que salga, igual me voy a la habitación a

trabajar un rato y adelantar para poder tener el lunes libre…

―Jo, qué envidia que me das, ojalá yo pudiese hacer igual…

Después de desayunar cada uno nos fuimos por nuestro

sitio, en mi caso a la habitación, donde tras coger la Tablet

me salí a la terraza, que tenía unas vistas espectaculares al

mar y en la que colocándome de forma apropiada no me

daba el sol. Un tiempo después, no podría decir si fueron

dos o tres las horas, estaba cansado de mirar informe tras

informe de nuestra nueva operación, por lo que decidí

dejarlo por el momento y bajarme a tomar alguna cosa. La

cafetería con que contaba el bar era desde luego

espectacular, sobre todo la terraza en los jardines traseros

del mismo. Me senté en una mesa que estaba libre y pedí


un café, si no recuerdo mal. Como a los cinco minutos de

estar con el café, confieso que pensando en lo que había

leído de los informes que me mandaron de la empresa, se

acercó Clara, la novia del ex de Susana y me pidió permiso

para poder sentarse en mi mesa, cosa que, más por

curiosidad que por otra cosa, desde luego le di.

A ver, tonto no soy, he salido con algunas mujeres a parte

de las relaciones con mis ex, y como creo que le pasa a todo

hijo de vecino, algunas veces es cierto que no hay forma de

entenderlas. Pero a esta desde luego la vi venir a los tres

minutos de estar hablando, estaba tirando la caña de un

modo lo suficientemente descarado como para que hasta el

más obtuso se diese cuenta… Tenía dos opciones válidas:

me hacía el tonto esquivándola y después marchándome a

seguir con lo que estaba haciendo o bien, directamente,

cortaba el ataque y trataba de dejarle las cosas claras para

evitar futuros malentendidos. La primera tenía la ventaja de

no enfrentarme a ella, pero el inconveniente de que podía

darle por continuar estando cerca Susana, lo que podía ser

muy malo, porque no sería mi novia real, pero a su ex no

podía ni verlo, y el que la novia de este tratase de meterse


en su terreno podría suponer que saltase sobre su cuello. La

segunda, tenía el inconveniente de que podía terminar con

un enfrentamiento con ella por mi parte, lo que no me

apetecía en absoluto, pero contaba con la ventaja de que

las cosas se solucionasen en ese mismo momento sin el

riesgo de que fuesen a mayores durante la ceremonia o

posteriormente.… De modo que tomé mi decisión:

―Oye Clara, no te lo tomes a mal, ¿vale? Pero déjalo. No

vas a conseguir nada. Ni pienso engañar a Susana, ni me

gusta liarme con nadie que no esté libre, no hago lo que no

me gustaría que me hiciesen.

―Pues tú te lo pierdes, porque te aseguro que tu Susana,

ahora mismo estará divirtiéndose con Roberto, con el que,

por cierto, tengo una relación abierta, por lo que no estaría

haciendo nada que él no sepa qué voy a hacer ―me miró

divertida.

―Pues si Susana se está divirtiendo con tu novio sería

buena idea que fueras corriendo… ―le sonreí.

―Te he dicho que tenemos una relación abierta, me da igual

que, en este mismo momento, se esté tirando a tu novia…


―me interrumpió, mirándome sarcástica.

―Creo que te estás confundiendo, si te he dicho que era


mejor que salieses corriendo, es para que evites que Susana

cape a ese imbécil en el mismo momento en que se le

acerque… no por otra cosa.

―No creo que llegue la sangre al rio, han estado mucho

tiempo juntos, Roberto sabrá cómo tratarla para que se abra


de piernas… ―me miró maliciosa.

― ¿Pero, de verdad que tenéis a Susana por alguien tan


estúpida como para no saber a estas alturas que vosotros

dos ya estabais liados antes de que ellos se separasen? ―le


solté sarcástico, para ver si picaba.

― ¿Cómo dices? ―se puso un poco pálida tras dar un leve

respingo.

―Lo que has escuchado, me has entendido perfectamente.

Y ahora dime, ¿de verdad piensas que tu novio no va a salir


trasquilado como haga el tonto? Claro que, si Susana es lo

bastante inteligente y, créeme que lo es y mucho, con las


ganas que le tiene a ese gilipollas solo tiene que dejarle

acercarse lo suficiente en una situación comprometida, y


luego ponerse a chillar que la quieren violar… Puede ser
muy divertido ver cómo lo detienen, porque supongo que no

hará nada tan idiota como tratar de suplantar al masajista


con el que tenía hora para aprovecharse, ¿verdad?… ―solté

la carcajada, al ver cómo palidecía aún más que antes…

Mientras observaba irónico como se marchaba a toda


velocidad sin despedirse y me reía, me quedé un poco

pensativo. Por lo que conocía a Susana de estos días, como


al muy imbécil le diese por tratar de hacerle algo, esta era

más que capaz de escabecharlo vivo después de cortársela.


Me dejé de reír en cuanto me di cuenta de la que se podía

organizar como a ese capullo le diese por hacer alguna


tontería de las suyas y por cómo palideció su novia…. Pensé

que como ese se acercase a Susana era capaz de joderles el


día a los novios, por lo que me levanté marchando detrás de

Clara casi a la misma velocidad que ella. Me quedé más


tranquilo cuando la vi hablando con el impresentable muy

cerca de donde estaban las instalaciones de relax del hotel,


lo que quería decir que lo había interceptado antes de que

pudiese meter la pata. Me quité todo lo que pude de su


línea de visión, buscando un buen sitio desde el que
observar sin ser visto, y me gustó el panorama. Los dos
parecían estar discutiendo entre numerosos aspavientos. Al

poco, los vi dirigirse hacia los ascensores, una vez entraron


y se cerraron las puertas, decidí hacer lo mismo y subirme a

la habitación a seguir con los informes a la espera de que


volviese Susana.

Cuando esta llegó, lo primero que hizo fue saludarme con


un besito, que quedó muy cerca de mis labios, no voy a

negar las ganas que me dieron de corregir eso y meterle un


morreo de campeonato, pero me aguanté recordando
porqué había sido yo quién había ido con ella. Cuando me

preguntó que había hecho, se lo conté, incluido lo de Clara,


y por el cambio de expresión según estaba hablando, no

hacía falta ser muy observador para ver que le estaba


sentando como una patada. Si ya de por sí, el hecho de que

me hubiese tirado la caña le sentó mal, pero que muy mal,


porque como tuvo a bien explicarme cuando la traté de

calmar, novio de verdad o no, eso era lo que


aparentábamos y el intento quedaba de lo más obvio. Con

la reacción de Clara había llegado a la misma conclusión


que yo, que efectivamente, esos dos ya estaban liados
desde antes de separarse, y con mis sospechas de lo que el

muy imbécil pretendía con ella quiso ir a por él a su propia


habitación para tirarlo por el balcón de la misma. Me costó

lo que no está en los escritos que se calmase un poco y,


pese a ello, no paraba de refunfuñar por lo bajo que aún le

quedaba tiempo más que de sobra para pillarle por banda.

Cuando nos bajamos a comer, lo hicimos con sus dos


amigas y sus respectivos novios, durante los primeros diez

minutos de la comida Susana estuvo más pendiente de si


esos dos entraban en el comedor, que, de nosotros, al punto

que sus dos amigas se dieron cuenta y le preguntaron qué


pasaba. Salió del paso como buenamente pudo, eso sí,

cuando nuevamente vi que se volvía a perder mirando a la


puerta de entrada, le solté una patada por debajo de la

mesa, llamándole la atención con la mirada. Al final, como


seguía, yo no hacía más que darle pataditas para que se

centrase y como no podía ser de otro modo, sus amigas se


dieron cuenta y se pusieron serias a preguntar qué era lo

que ocurría. Susana les dijo que, según le había contado,


Clara había tratado de tirarme la caña, mientras que su ex
trataba de liarse con ella, por lo que quería agradecérselo a
ambos, y a ser posible con las dos manos a la vez, pero que

yo no le dejaba "vete a saber por qué"…

Me pasó el marrón a mí. Les conté lo que hablé con Clara

hasta donde fue prudente y por qué no quería que Susana


hiciese ninguna estupidez. Pese a contar lo justo, fue más

que suficiente para que ellas dos también se enfadasen con


esos memos por sus brillantes ideas, al final entre los novios

de las dos y yo tuvimos que hacer de bomberos con las tres,


porque… ojito cómo se pusieron, parecían alimentarse unas
a otras en su cabreo. Lo malo fue que, tras lo que parecía un

incendio apagado, Marta le dijo a Susana que se andase con


cuidado, porque esa seguramente no cejase en sus intentos

de acostarse conmigo y podía tratar de liarnos alguna, con


lo que el fuego se reavivó. Desde luego, pensé que, si de

verdad Susana y yo por algún tipo de carambola algún día


llegásemos a ser novios, conociéndola como empezaba a

hacerlo, con el genio que se traía, el comentario de Marta


me habría metido un caimán en mi dormitorio como se

oliese algo raro. Miedo me estaba dando la ceremonia y la


cena, pero, sobre todo, el después de esta, cuando llegase
el baile, con todo el mundo juntito y sin obstáculos físicos de
por medio…

Una vez en la habitación nos arreglamos. Susana era una

especie de Diosa del Olimpo, la mujer más guapa que había


visto en mi vida. La ceremonia de la boda en un pueblecito

cercano, en una ermita, fue preciosa y sin el menor


incidente. Como suele ser normal, a un lado los invitados

del novio, familia y amigos, en el otro, los de la novia. Eso


sí, los amigos de ambos tuvieron la precaución de ponerse

todos los posibles entre donde estaban Susana y su ex.


Susana miró hacia donde este estaba, lo que no tenía tan

claro en ese momento, es si miraba a su ex, o más bien, a


su novia. Antes de que esa me intentase tirar la caña habría

apostado por su ex sin dudarlo, pero después de ver cómo


se puso cuando se lo conté, en esos momentos ya no

estaba tan seguro. Desde allí, tras firmar los testigos, por
separado y sin que se viesen siquiera, eso sí, los novios esta
vez no se quisieron arriesgar a que estos dos se juntasen y

nos fuimos marchando hacia el hotel para la cena. Solo se


quedaron los novios, sus padres, padrinos y familia más

directa. Con nosotros se vinieron su amiga Marta y su novio.


Antes de pasar a la cena nos pusieron un entrante en una
de las terrazas del hotel, para mi sorpresa, Susana ni una

sola vez miró o trató de ir hacia su ex o su novia… Cuando


por fin nos sentamos en la mesa para cenar…

― ¿Sorprendido?

― ¿De qué? ―le respondí sin saber muy bien a que se


refería.

―Pues de que no me haya intentado acercar a esos dos


imbéciles

―Bueno, te confieso que un poco sí, te vi muy cabreada

cuando te lo conté y tus miradas durante la ceremonia no


es que hiciesen presagiar nada bueno.

―Es que es como para estarlo, aún tengo ganas de partirles

la cara a los dos, sigo muy cabreada.

―Eso no te lo negaré, como bien dijiste, sea o no tu novio,


lo intentó y lo del otro gilipollas ya ni hablamos. Es como
para que te cabrees, pero sí, me has sorprendido.

―Lo que pasa es que, hasta cierto punto, me ha dado

tiempo a calmarme y poder pensar. No merece la pena que


me moleste con ninguno, solo son dos ratas, y si les
enfrento lo único que haría sería estropearle la boda a
Norma y Juan Carlos.

―Una decisión muy madura por tu parte.

―Gracias. Por cierto, ¿con eso de madura a que te referías?,


no sería a mi edad, ¿verdad? ―me sonrió socarrona.

―Pues no ―le susurré al oído―, por madura te comparo con


la fruta, lista para comerte despacito y por entero, con
restos de zumo chorreando por la comisura de los labios...

―Cuando quieras, ya sabes que yo contigo me dejo… para


lo que sea ―me susurró al oído, para después reírse.

―Pienso tomarte la palabra en cuanto subamos a la


habitación…

―Eso mismo espero, procura que esta vez no tenga que

casi violarte para que me folles… ―me guiñó un ojo.

―Confieso que me empalmé como un burro tras lo que dijo,


se me pasaron las ganas de todo, excepto de subirnos los
dos a la carrera a nuestra habitación.

La cena fue excepcionalmente bien, sobre todo porque

nosotros y el ex de Susana estuvimos en extremos opuestos


de la sala del convite, con un montón de mesas y gente
entre nosotros, supuse que tras lo de la comida ya habían
escarmentado sobre estos dos. Nos pusieron en una mesa

circular para seis personas con las dos amigas de Susana y


sus respectivos. Ellas tres estuvieron buena parte de la cena
despellejando vivos al ex y a la novia de este. En un
momento dado, los novios de las otras dos y yo nos

mirábamos con cara de circunstancias ante la sarta de


animaladas que estas soltaban sin el menor empacho. No sé
cómo a esos dos no les reventaron los oídos con lo que
estaban llamándoles… Otro tema diferente fue luego el

baile. Confieso que, en ese sí que hubo un par de ocasiones


en las que sudé con Susana.

El primer conato de bronca lo desactivaron las dos amigas


de Susana cuando esta ya se dirigía hacia su ex, para
decirle cuatro cositas en plan guantazos, pero con el puño

cerrado. Por lo que me enteré, aunque no sé exactamente


qué, este hizo un poco inteligente y bastante ofensivo
comentario sobre Susana, no tengo claro como lo supo, pero
sí que, por lo que sus amigas comentaron, salió disparada a

arrancarle la cabeza. Entre las dos consiguieron calmarla. La


segunda, la tuve que calmar yo interceptándola cuando se
dirigía a por Clara como una especie de miura desatado,

con ganas de partirle la crisma. En un momento dado, nos


quedamos sin bebida y me ofrecí a ir a por ella. Tenía que, o
bien cruzar la pista de baile aprovechando que no había
mucha gente en ese momento, o bien rodearla, para poder
llegar a la barra. Decidí cruzarla, siendo interceptado en ella

por Clara que, sin decir nada se me echó encima


pasándome los brazos por el cuello y sujetándome con
fuerza. Decidí no armar un espectáculo, y acepté el baile
con ella, era una lenta, también evité en lo más posible

pegarme a ella. En cuanto pude, miré hacia Susana, que


miraba hacia nosotros con cara de pocos amigos, le hice un
gesto alzando los ojos y luego guiñándola uno, para hacerle
saber que no era por mi gusto, luego le lancé un besito que

la hizo reírse. La risa se le cortó cuando vio perfectamente


cómo, de pronto Clara, abandonando mi cuello me sujetó
por el culo, con las dos manos y me atrajo hacia ella con
fuerza… Vi salir disparada a Susana, en media décima de

segundo decidí ir a por ella dejando plantada en mitad de la


pista a Clara. La recibí con los brazos abiertos y para
distraerla le di un beso en los labios que ella convirtió en un
señor morreo en toda regla. Me costó, pero conseguí que

aceptase apartarse conmigo hasta donde estaban sus


amigas, y no ir a por Clara para partirle la crisma.

Sobre las tres de la mañana la gente comenzó a desfilar de


camino a sus habitaciones. Tras despedirnos de los novios,
Susana me cogió del brazo y me arrastró hacia nuestra

suite. Fue cerrar la puerta y Susana comenzar a tratar de


desnudarme con prisas mientras me besaba. Apenas un
minuto después de comenzar, estábamos los dos sobre el
sofá del saloncito, yo sentado y ella sobre mí, con mi polla

clavada hasta el mango, saltando y moviéndose como una


enajenada, mientras la sujetaba por la cintura para que no
se fuese hacia atrás y se despatarrase de la leche que se
podía pegar… Una vez que se corrió la obligué a detenerse

tras su orgasmo, para tratar de evitar correrme, aproveché


su momentánea debilidad para cambiar de posición con
ella, la hice apoyarse en el respaldo mientras me situaba
detrás, metiéndosela después por su coñito. Nuevamente

estaba más que dispuesta a seguir follando conmigo, movía


sus caderas que era una delicia, además su coño parecía
creado especialmente para mi polla, parecía llenarla por
completo y sus paredes me la aprisionaban que era una

locura… No paraba de gemir y pedirme que le diese más,


que acelerase, que frenase, que más fuerte, que más suave,
que… Estaba absolutamente descontrolada.

Del sofá pasamos a la mesa del saloncito, me hizo quitarme


de su espalda para poder sentarse encima, cogiendo mi
polla y guiándola a la entrada de su coño, pidiéndome que
se la enterrase de un solo golpe. Una vez dentro pasó sus
dos piernas por mi cintura, abrazándose con fuerza a mi

cuello, mientras movía con fuerza sus caderas. En realidad,


estuvo follándose ella misma, usándome como si fuese un
simple dildo con patas, algo que entre gemidos no hacía
otra cosa que repetirme, mientras me pedía que me

corriese de una puta vez. Confieso que no sé ni cómo


aguanté sin vaciarme en su interior, el morbo que me
estaba dando al tratarme así era exagerado. Tras su
orgasmo aflojó su presa, momento que aproveché para

quitarla de allí, con el fin de calmarme la tomé en brazos


llevándomela a la cama, donde nuevamente, una vez más,
terminó derribándome. Pero, en esta ocasión, no llegó a
subirse encima, me engañó, traté de evitarlo y me quedé a
su merced, en realidad su objetivo no era otro que mi polla,
la cual se metió en la boca. Se la introdujo hasta tocar casi
su garganta, luego la sacó, mostrando un hilo de saliva

desde el glande a sus labios, cosa que fue de lo más erótico.


Mirándome fijamente, avanzó despacio con sus labios hasta
mi polla, cuando pensé que volvería a metérsela en la boca,
sacó la lengua comenzando a lamerla en toda su extensión,

jugando con mi glande, haciéndome ver el paraíso,


llevándome por dónde le dio la gana hasta obligarme a
correrme en su boca. Cuando noté las primeras
contracciones de mi polla avisándome de que estaba a
punto, se lo dije, para que me indicara donde quería que me

corriese. Ni corta ni perezosa, la engulló hasta dentro del


todo en el mismo momento en que mi polla comenzaba a
descargarse, tragándose todo lo que esta soltó. Cuando
terminó, en lugar de retirarse, comenzó de nuevo a

lamérmela alegando hacerlo para dejarme limpio. Después


de esto, fue mi gozo en un pozo, Susana riéndose dijo que
era hora de dormir que, al día siguiente, nos esperaba el
viaje de vuelta y llevábamos mucho trote encima con la
boda. Seguí insistiéndole un poco más, solo por jugar,
porque la verdad es que no estaba para muchos más trotes.

Por la mañana, tuve la fortuna de despertarme primero, y


tras quedarme unos segundos mirándola dormir,

admirándome de la preciosidad de mujer que era. Me sonreí


maliciosamente para mí, al recordar que los dos estábamos
desnudos. Conseguí apartarle la ropa de cama con
muchísima suavidad, después con unas leves caricias en el

interior de sus muslos, logré que abriese un poco más las


piernas sin que se despertase, lo suficiente como para que
en el hueco entre ambas entrase mi cabeza. Muy despacito,
con extremada delicadeza y suavidad, comencé a lamerle el
coñito. Cuando por fin se despertó y logró saber qué era lo

que sucedía, ya estaba perdida, tenía los pezones erizados,


el coño encharcado y sus piernas sobre mis hombros. Al
sentir cómo se despertaba del todo y trataba de moverse,
hice cepo con sus muslos, sujetándolos con fuerza contra mi

cabeza mientras mi lengua seguía atacando su sexo. Pegó


un berrido cuando alcanzó, por fin, el orgasmo, quedando
laxa sobre la cama. Cuando se recuperó, me dijo riéndose
que era un cabrón y que me lo pensaba hacer pagar.
Nuevamente, me consiguió derribar y subirse sobre mí
cogiendo mi polla con su mano para, de seguido, dirigirla
hacia su coño, enfundándosela hasta el fondo. Cuando

comenzó a moverse…

―Eres un cabronazo, tenemos que irnos, pero antes de eso,


te pienso follar hasta dejarte seco… Me has encendido y vas
a tener que apagarme…

―No finjas, que no eres más que una putita a la que le

gusta más una polla que un caramelo a un niño… ―le


repliqué sonriéndole.

―En eso te equivocas, no me gusta una polla, lo que me


gusta es tu polla, cacho cabronazo, que aparte de cómo la
manejas, la noto perfecta para mí, la justa medida para

llenarme por completo y correrme como una burra…

―Pues venga, aprovéchala todo lo que puedas, que ella se


deja… ―me reí, contagiándola―.

Tras conseguir que nos corriésemos ambos casi a la par, se


levantó metiéndome prisa. Aunque, en esta ocasión no le

faltaba razón, con el polvo se nos había echado el tiempo


encima e íbamos más que justos para dejar la habitación a
la hora y ponernos luego en camino. El viaje de regreso fue
de lo más entretenido, estuvimos hablando los dos como
cotorras de un montón de cosas, increíblemente, ni una sola

vez tuvimos que recurrir al tan manido trabajo de cada uno.


Me dejó en mi casa y confieso que me dejó un poco "así",
puesto que la despedida fue un poco… digamos que
aséptica, para todo lo que habíamos vivido juntos, se limitó

a un leve besito en la mejilla y un hasta luego, igual de


manido. Esa noche me resulto difícil conciliar el sueño,
dando vueltas en la cama por culpa de Susana, me costaba
una vida el poder dejar de pensar en ella y dormirme. Por

fortuna con el trabajo había adelantado lo suficiente para


tomarme el lunes libre. Por la mañana decidí llamar a
Yolanda, mi secretaria, para informarle de que no iría,
porque esa noche apenas había pegado ojo más de dos

horas. No diré que no me preocupó lo de esa noche, porque


mentiría, especialmente, cuando nunca antes con mis
anteriores novias me había pasado algo así, de metérseme
en la cabeza una tía como para no dejarme ni dormir en
paz. Ese lunes por la mañana me llamó Eva para quedar a

comer, ya que según dijo, tenía que contarle todo lo que


había pasado en la boda… Obviamente acepté, qué se le va
a hacer, Eva era y sigue siendo mi debilidad, en el buen

sentido de la palabra, es casi más una hermana que una


amiga. De hecho, cuando mis padres se refieren a ella,
siempre lo hacen como "tu hermana", con lo de mi
enfermedad y su constante apoyo, se los ganó bien ganados
a los dos.

Durante la comida, Eva me sometió a un interrogatorio del


que, si bien me sacó mucho de lo que ocurrió durante toda
la boda, no solté prenda sobre lo ocurrido entre nosotros en
la habitación. Tras la comida, cada uno nos marchamos por

nuestro lado, no hacía falta ser ningún genio como para


saber que Eva en esa misma semana quedaría con Susana,
para informarse de qué tal había ido todo. Ya desde las
primeras preguntas de Eva vi por donde iba, a ella le

interesaba bastante más saber si entre Susana y yo había


pasado algo, que la propia boda en sí. Mientras me
marchaba no podía evitar sonreírme para mí, pensando en
que la jodida casamentera volvía a atacar de nuevo,
exactamente igual que cuando rompí con Marina y con Sara,

mis dos primeras ex, que se empeñó en presentarme a


todas las mujeres que pudo, aunque al final, a Ana la conocí
yo por otro lado, quien, por cierto, a Eva le cayó genial. En

este caso y tras la noche pasada, sinceramente no podría


poner la mano en el fuego, porque la muy puñetera no
hubiese hecho un pleno, por lo menos en mi caso.

No voy a mentir, y menos hacerlo a mí mismo, pronto me di

cuenta de que Susana me tenía bien enganchado. Si el


domingo no hice más que pensar en Susana, el resto de la
semana no me fue mucho mejor, no podía parar de pensar
en ella, tenía todo el tiempo el móvil cerca por si le daba por
llamarme, mientras los dedos se me hacían huéspedes de

ganas de llamarla yo, aunque sin atreverme. El viernes me


llamó Eva por si quería salir con ella por ahí, le puse la
excusa de que estaba cansado y que prefería quedarme en
casa ese fin de semana, disimuladamente, le tiré que podía

llamar a Susana para salir con ella. Lo hice tan bien, tan
bien, que casi ni me notó el interés que tenía en saber si lo
haría. Riéndose me soltó un: "tranquilo campeón, que está
fuera de Madrid, hasta el lunes no regresa, y está

trabajando, se olvida hasta de comer”. Después de


semejante perla, que me sacó una sonrisa de oreja a oreja,
lo confieso, me colgó despidiéndose de mí, llamándome

Romeo, y aconsejándome que no lo dejase pasar si ella no


me llamaba, porque Susana ya tenía bastante presión de
tíos "cercanos" como para que me andase con remilgos.
Aguante sin llamarla hasta el martes por la tarde, justo
hasta entrar por la puerta de casa… Me tiré toda la mañana

auto convenciéndome de que era lo que tenía que hacer…


llamarla… así que, lo hice.

― ¿Dígame?

―Hola Susana, soy Pedro

―Pedro, ¿qué Pedro?

―Bueno, ya sabes ―se me vino el alma a los pies, me


aturullé por la respuesta, que no me la esperaba para nada,
fue un bajón de cuidado― ya sabes, tu novio, el de la
boda…

―¡¡Ahhh, ese Pedro!!! – y empezó a reírse a carcajadas―.

Vaya vocecita que has puesto cuando te he preguntado qué


Pedro ―la cabrona no podía casi ni hablar de la risa―,
perdona, perdona, era una broma, por supuesto que sabía
que eras tú, pero es que no me he podido resistir.
―Eres una desgraciada, me lo has hecho pasar mal… vaya

susto que me has dado so… so… ¡¡bruja!! ―le dije también
riéndome.

―Te lo mereces por tardar una semana en llamarme.

―Perdona, rica, pero también podías haber llamado tú, digo


yo, ¿eh?

―De eso nada, soy una chica decente, que espera siempre
a que el chico dé el primer paso ―soltó con recochineo.

―Sí, claro, ya vi durante la boda lo que esperas tú a que el

chico dé el primer paso… ―le devolví el cachondeo.

―Eso era diferente, en la boda no estaba con un chico,

estaba con mi novio, y cómo era muy paradito no me quedó


otra que atacarlo directamente si es que quería follar…

Bueno, y dime, ¿te hace quedar para cenar…, por ejemplo,

el viernes? Así luego, como el sábado no tenemos que


madrugar, podemos estar jugando los dos juntitos desnudos

hasta las tantas…

―Joder Susana, me acabas de reventar el plan…

― ¿Qué plan?
―Pues cuál va a ser, el de invitarte a cenar para camelarte

y que acabásemos follando los dos como conejos en tu casa

o en la mía, en la que más cerca nos pillase del restaurante.

―¡¡¡Mmm!!! Con eso no contaba, no pensaba que


cenásemos en un restaurante, mi intención era cenar en mi

casa, no por ahí fuera, de ese modo ya te tenía en mis


manos y si tú no te lanzabas, te pensaba violar

aprovechando que te tendría en un sitio donde no te ibas a

poder escapar.

―Bueno, para arreglar esto y quedar los dos conformes,


podemos hacer una cosa, a ver qué te parece. Quedamos a

cenar en un restaurante que a ambos nos apetezca, yo

invito, y después, tú te invitas a tomar la última copa en tu


casa.

―Perfecto, me parece perfecto, tú invitas a cenar, y yo a la

primera copa nada más entrar en mi casa, y a la última

después de que nos hayamos puesto las botas a follar los


dos… buen plan, ¿no? ―se rio.

―Bueno no, es un plan perfecto… fíjate si estaré de acuerdo

con él, que en este mismo momento tienes dos rotundos


síes, uno de mi cabeza superior, y otro de la inferior…

Después de esta sarta de burradas hablamos de varias otras

cosas, incluida Eva, riéndonos los dos porque se la


empezaba a notar frustrada, pese a la buena cara que

ponía. Ninguno de los dos le habíamos soltado prenda sobre


las noches en la suite, salvo para decir que dormimos juntos

la mar de a gusto y relajados. Ojo, que ni por un solo

instante digo que a Eva la engañásemos en lo más mínimo,


que no, lo que le jodía y frustraba es que no soltásemos

prenda sobre los detalles. Sobre cualquier otro momento


éramos de lo más detallistas, pero sobre la suite y las

noches, con tres o cuatro palabras pasábamos a otra cosa.

Estuve hasta el viernes planeando cómo poder arrancarle a


Susana un sí, para empezar a salir conmigo como pareja, a

ver qué tal funcionábamos, aunque fuese jugando sucio con

ella, y conste que también por nuestra conversación era de


lo más consciente de que yo no le era tampoco indiferente,

otra cosa es ya el tratar de ir un paso más allá, que era de


lo que no me encontraba tan seguro con respecto a ella.

Salir y follar como amigos era una cosa, una relación más o

menos formal otra muy diferente y, aunque tenía fundadas


esperanzas, no sabía realmente cómo se tomaría esta

última opción.

El jueves por la mañana, a primera hora, mi secretaria me

tenía concertada una entrevista con un posible cliente en mi


despacho, se trataba de un importante ejecutivo de una

multinacional con sede en España, y confieso que no sabía

muy bien que era lo que ocurría o que podía querer esa
empresa de nosotros. Tras indagar un poco sobre mi

contraparte en esta entrevista me olía a algo raro, el tío no


me gustaba ni media, me había encontrado con demasiados

rumores de que no era trigo limpio como para estar

tranquilo. Yolanda me había pasado toda la documentación


reunida sobre el maromo y esa multinacional el martes por

la mañana, y contra más leía, menos conforme me quedaba


y más se encendían todas mis alarmas. Desde luego,

cuando por fin llegó, en menos de un minuto me quedó muy

claro que mi intuición seguía funcionando a la perfección, y


de que los rumores posiblemente fueran completamente

ciertos.

Lo primero que no me gustó es que nada más entrar, ya lo

hizo con el pie izquierdo, me trató con una prepotencia y


una condescendencia que, si no le pegué dos hostias para

sacarle después cogido por el cuello, a modo de saludo por


mi parte es, porque eso a determinados niveles se ve mal,

pero no fue por falta de ganas. Lo segundo que hizo, fue


presentarme una oferta de compra de la empresa de lo más

ridícula para que se la trasladase a los accionistas de la

misma. Eso ya me indicó lo que se había molestado ese


imbécil en investigar la empresa o a mí, ya que en todo

momento se dirigió a mi únicamente como al director

gerente de la misma, que era el puesto que,


aparentemente, ocupaba dentro del organigrama.

Cuando le dije que lo haría así, pero que ya le podía

anticipar el no por parte de los accionistas, aparte de


caerme el muy gilipollas como una patada en el culo como

persona, me remató el que también el precio por el que

pretendía comprar la empresa resultaba incluso ofensivo. La


oferta era del todo ridícula. Cuando le dije que le anticipaba

el no, llegó la tercera estupidez, el muy cretino me ofreció

una sustanciosa cantidad si hablaba en favor de la oferta,


para luego terminar amenazando para que les dijese a los

accionistas que, si no vendían por las buenas, se limitaría a


contratar a casi todos los trabajadores que tenían para

hundirlos. Obviamente, con nula sutileza dejó claro que ese

casi todos era por mí… Después de esto, se levantó, y sin


molestarse en despedirse, tan solo me soltó antes de salir,

que ya sabía, si apoyaba la oferta tendría una bonita

cantidad para mí, pero sino… bueno… que ya sabía a qué


atenerme y que la cola del paro era muy grande. Lo que él

no sabía, ni sabía tampoco nadie, excepto mi secretaria


para todo y mi abogado, es que en mi despacho tenía varios

micros junto con tres cámaras, con las que podía grabar

aquellas entrevistas que estimase que podían ser


problemáticas. Y desde luego, con la mala espina que me

daba, esta la grabé.

Los tres años de mi enfermedad los pasé entre sufrimientos

y una minuciosa planificación de mi vida una vez que todo


eso pasase, algo de lo que no tenía la menor duda, porque

de no haberlo hecho así me hubiese hundido del todo. Gran


parte de haber salido adelante fue por el fuerte apoyo que

recibí tanto de mis padres, familia y Eva. Cuando comencé

con la empresa lo primero que hice fue hacerme con los


servicios de un buen bufete, pero en lugar de querer contar
con uno de los socios, decidí elegir a un joven abogado muy

brillante y que tenían contratado como pasante en exclusiva


para mis asuntos, en tres años gracias a mi apoyo le

hicieron socio, algo que no fue gratuito, valía cada euro que

pagué al bufete por sus servicios y cada prima que él se


llevó de manera independiente como si fuese un empleado

mío más. Era de los que opinaban que toda, casi toda ley,
por algún sitio tenía su trampa, y que era la jurisprudencia

la que terminaba acotando los huecos. Gracias a él, esto de

grabar las conversaciones en mi despacho, era totalmente


legal, había encontrado una brecha en la ley de protección

de datos, por la que nos escurrimos para poder hacer esto


de manera legal, pese a que la contraparte no tuviese

consciencia voluntaria de ello.

Nada más irse estuve llamando uno por uno a todos mis

empleados o, al menos, a todos los que me dio tiempo.


Continué con los que me faltaban el viernes por la mañana,

dejando para el final a mi secretaria y persona de confianza

en la oficina. Yolanda era mi secretaria para todo:


secretaria, recepcionista, llevaba el peso de los contratos y

compras relativos a la oficina y a las plazas de parking


propiedad de la misma en el mismo edificio, etc…, valía
cada euro que le pagaba. Recuerdo que ese viernes tenía

prisa porque había quedado con Susana, pero me quedaba


hablar con Yolanda, por lo que la llamé para explicarle que

iría un poco más tarde, porque me había surgido un

problema que tenía que solucionar sin demora. Lo aceptó y


simplemente me indicó que, en lugar de ir a buscarla, me

dirigiese directamente al restaurante. No hice más que

colgar, cuando Yolanda se asomó para decirme que se


marchaba diez minutos antes que acababa de llegar su

marido a buscarla… Le pedí que por favor pasase que tenía


que hablar con ella, y que si le parecía bien entrase también

su marido, porque el asunto concernía a su trabajo…

Entraron los dos, mientras se sentaban me apresuré a


tranquilizarles.

―Primero de todo, que sepas que tu trabajo no está en

peligro, ni muchísimo menos.

―Buf, ya me habías asustado ―me sonrió, cogiendo la

mano de su marido.

―Segundo. Te aclaro que hablemos lo que hablemos y pase


lo que pase, tienes asegurada tu prima correspondiente a
las próximas operaciones que, si no recuerdo mal, porque

hablo de memoria, va a rondar entre los sesenta y los


setenta mil euros, dependiendo de la situación dentro de

veinte días cuando finalice del todo y se hagan las cuentas

tras impuestos ―vi cómo ambos sonreían de oreja a oreja al


escuchar las cantidades.

―Bien, entrando en materia. El gilipollas ese con el que me

reuní ayer por la mañana, ha hecho una oferta por la

empresa, me pidió que se la pasase a la junta de


accionistas, e incluso tuvo a bien ofrecerme una bonita

cantidad para que influyese en ellos para que vendiesen…

―Y los accionistas resulta que no quieren vender, ¿a qué

no? ―me preguntó socarrona sabiendo de sobra que el


único dueño de la empresa era yo.

―Eso mismo ―le sonreí―. El problema es que, en ese caso,

ha amenazado con contratar a los empleados de la


empresa, a todos, excepto a mí, si no lo consigo, claro.

―Pues vaya lince… ―se rio―.

―Sí, sin duda. Pero me preocupa que os haga alguna


jugarreta. No, escúchame, por favor ―alcé la mano para
que me dejase terminar―.

―Sé que me vas a decir, que no aceptarás. Te lo agradezco,


pero quiero que cuando te hagan la oferta, que te la harán,

la consideres. Si te interesa y crees que te favorecerá, que

te den el contrato y llévaselo a Jorge al despacho para que


te asesore ―le expliqué―.

―Yo me quedo ―me aseguró con firmeza.

―Creo que eso deberías consultarlo con tu marido, quizá os

interese más la oferta que te hagan… ―con toda educación

me interrumpió Daniel, el marido.

―Don Pedro, perdone que le interrumpa. Pero quiero aclarar


que quien tiene que decidir es Yolanda y tiene todo mi

apoyo decida lo que decida. Pero si me preguntase,

mientras que supiésemos seguro que, al frente de esta


empresa seguiría estando usted, le diría que no se moviera

de aquí.

―Te lo agradezco Daniel, pero a tu esposa le digo lo que le

he dicho a todos los demás compañeros, cada uno tiene que


mirar por sus intereses, si le beneficia quiero que se lo

piense. Lo que no quiero de ninguna manera es que os


engañen, cualquier contrato que te den llévaselo a Jorge

para que él le dé un vistazo, te asesore e incluya algunas

cláusulas para que no te puedan echar después a los dos


meses dándote una, con perdón, patada en el culo y una

mierda como indemnización...

― Esta conversación sobra, no tengo la menor intención de


aceptar irme por mucho que me ofrezcan. No, déjame

seguir ―impidió que hablase, poniéndose seria y pasando a

tratarme de usted―.

―Usted sabe tan bien como yo, que si me voy ya no podría


regresar, aunque solo fuese porque mi puesto, más antes

que después, estaría ocupado por alguien, incluso ya desde

el día siguiente. Sé que estoy cobrando casi el doble de lo


que me pagarían en cualquier otra empresa por el mismo

trabajo, además de tener derecho a mi propia parte del


bonus de prima por el negocio igual que cualquier otro

miembro de la empresa. Y esto sabe de sobra que con mi

puesto es algo que no encontraré en ningún otro lugar al


que vaya por mucho que me prometan. De momento ya

este año, a parte de mi sueldo, por lo que ya me ha dicho,

me voy a llevar, además, cerca de sesenta mil euros en


concepto de prima. Vamos, que de aquí y mientras usted
sea el jefe, no me mueven.

―Vale, todo lo que has dicho me parece perfecto, pero, de


todos modos, quiero que seas consciente que hagas lo que

hagas, cuentas con mi apoyo y mi agradecimiento por estos


años trabajando a mi lado.

―Jefe, cualquier contrato que me vayan a ofrecer, ahora

mismo y por mucho que me den, sé que va a ser pan para

hoy y hambre para mañana. Y ni de broma me van a hacer


ganar lo que estoy ganando con usted, o las ventajas que

tengo por estar aquí trabajando, como sin ir más lejos poder

acudir al abogado de la empresa para cualquier problema


personal o tomarme los días libre que necesite sin dar más

explicación que el avisar con tiempo de ello.

―Bueno, pero sabes que esto último no es así del todo…

―Sé de sobra que eso es porque mi trabajo está bien hecho

cuando corresponde, también porque si luego, en un


momento puntual, me tengo que quedar más tiempo lo

hago y también porque no abuso de ello. Pero del mismo


modo sabe usted, que esto es algo que tampoco lo voy a
tener fuera de aquí, por mucho que haga lo mismo que

hago trabajando para usted. La decisión es obvia, es que

vamos, no tiene ni discusión posible. Le repito, ese contrato,


por muy bueno que sea, no me compensaría para nada lo

que perdería a cambio…

Después de esto y despedirse, recogí mis cosas,

marchándome hacia el restaurante donde había quedado


con Susana. En lugar de irme con el coche, lo dejé en el

parking pidiendo un taxi. No pude por menos que sonreír a


lo que dijo Yolanda, porque pensaba como ella, visto al

prepotente que fue a negociar, también opinaba que,

cualquier oferta procedente de ese mamarracho, sería pan


para hoy y hambre para mañana, incluida la compra de la

propia empresa para mí. Y digo la compra, en el caso de que

hiciese una oferta que mereciese la pena considerar, y no la


mierda de oferta que había hecho, que no llegaba ni al

setenta y cinco por ciento de su valor real de mercado. Si


hubiese tenido que apostar, lo habría hecho porque ese

gilipollas me había investigado muy por encima, obtenido

los datos de mis cuentas personales o de las más visibles al


menos de mis propiedades, y poco menos que me
consideraba un muerto de hambre al que poder manipular

ofreciéndome una bonita cantidad para ablandarle el


terreno con la junta de accionistas. Después de hablar con

todos mis empleados, todos me habían dicho lo mismo, que,


puesto que yo se lo pedía, le darían un vistazo a la oferta

que les hiciesen antes de rechazarla sin paliativos y tirarla a

la basura. Ninguno de ellos parecía dispuesto a dejar su


puesto bajo ninguna circunstancia.

De nuevo, gracias a mi abogado y al apoyo de Eva en su

banco, la cuenta donde iba a parar mi sueldo, mis

domiciliaciones, mis beneficios, mis activos financieros y la


cuenta a la que estos se asociaban, iban por otro lado y se

regía de otro modo. Era algo completamente legal que el


banco aceptaba, Hacienda tenía constancia y, al pagarse

religiosamente todos los impuestos, tampoco tenía el menor

problema, de hecho, los dos primeros años de este sistema


me hicieron dos inspecciones fiscales pasadas con

sobresaliente, por lo que Hacienda tan feliz. Lo admito, en

según qué o con qué cosas soy un poco paranoico. Si


alguien desde dentro del banco se pusiese en serio a revisar

mis datos, los obtendría con mayor o menor dificultad, pero


lo haría, claro que también Eva se enteraría de ello y de
rebote yo, lo que no me haría la menor gracia. Después de

eso tardaría segundo y medio en estar pidiendo


explicaciones varios puestos por encima del de Eva, y que el

que hubiese sido fuese rezando por estar bien anclado a su

puesto y tuviese una buena razón para ello, porque de


poder, me cobraría su cabeza, sí o sí. En realidad, me

preocupaba bastante poco el que mis empleados se


pudiesen marchar, en veinte días terminaban varios

contratos de inversión por valor de unos sesenta millones

que nos serían reembolsados. Si todo iba bien, la recompra


de acciones por parte de las juntas directivas sería un

hecho, lo que nos dejaría la bonita cantidad de unos quince

millones y pico aproximadamente de beneficios. De estos


millones, aproximadamente, tres y un pico alto se irían en

primas para los veintinueve empleados y Jorge, el abogado.


Este año, del resto de los beneficios, un millón sería para mí

y el sobrante tras los impuestos, que tampoco se pagaba

tanto como pudiese parecer a primera vista, iría directo a la


reinversión en la empresa, para seguir trabajando y poder

ampliar aún más la cartera de clientes.


Llegué al restaurante justo a la vez que Susana, ambos nos

bajamos del taxi en el mismo momento. Parecía que nos


hubiésemos puesto de acuerdo. Durante la cena, el tema

trabajo salió a relucir, pero tan solo de pasada, yo le

comenté un par de cosas, obvio que, ni que yo era el dueño


de la empresa, ni la oferta que me habían hecho para

comprármela, y ella por su parte, me habló del viaje, pero


sin entrar en detalles, más allá de su horario y dejarme

claro que salvo dormir, no había tenido tiempo libre para

nada más. Después de cenar, pedimos un taxi y nos


marchamos directamente a su casa, ya en el ascensor

comenzamos a besarnos como dos desesperados, o por lo


menos por mi parte, que según se cerraron las puertas me

lancé a por ella como un lobo hambriento. Fue cerrar la

puerta de su casa y comenzar a desnudarnos el uno al otro,


dejando un reguero de ropa desde la entrada a los pies de

su cama. Como ya venía siendo habitual con Susana, se las

apañó para que acabase tumbado sobre la cama con ella


encima. En esta ocasión, no quiso ni caricias, ni besitos, ni

como ella mismo me dijo, otras zarandajas, quería polla,


polla y más polla… Se la enfundó hasta el fondo a los tres
segundos de estar sentada sobre mí….

Estábamos los dos en la cama, con Susana sobre mí, con mi

polla completamente en su interior, moviéndose

suavemente mientras mis manos acariciaban sus pechos.


Poco a poco, fue aumentando la velocidad, viéndome

obligado en un momento dado a abandonar sus pechos para


sujetarla por la cintura, ya que a medida que aceleraba sus

movimientos, estos se hacían más incontrolados, era una

delicia ver esos magníficos pechos botar. Reconozco que,


aguanté menos que ella, me corrí dando aullidos, por lo que

ese coñito le estaba haciendo a mi polla. Cuando Susana

notó las primeras contracciones de mi polla aceleró aún más


el ritmo, escurriéndome del todo a la vez que ella alcanzaba

su orgasmo, derrumbándose sobre mí. Estaba exhausta


después de la paliza que se había dado… Esperé sin hacer

otra cosa que darle besitos y acariciarle la espalda mientras

se recuperaba…

― Qué ganas tenía de tener a mi novio para mí… de


nuevo… ―me soltó de repente―.
― Y yo de volver a sentir en mis brazos a mi novia. Que te

quede claro que, si esto es una oferta, te la voy a aceptar


en el acto, me encanta mi novia.

― Y a mí, mi novio…

― Pues conste que, con esta declaración por tu parte,


nuevamente, me acabas de reventar toda una semana de

planificación, esta vez para camelarte y que aceptases salir


conmigo… Llevo pensando en ti desde que nos separamos

el domingo de la boda ―la besé en los labios, subiendo

rápidamente en intensidad―.

― Me ha pasado igual, si no te llamé es porque no iba a


estar en Madrid, quería estar disponible para quedar de

inmediato y conquistarte ―levantó la cabeza para mirarme

con una sonrisita en los labios―. ¿Crees que deberíamos


tener una charlita los dos con la casamentera?

― Bueno, pienso que sí, que primero le tendríamos que

echar una buena bronca por la jugarreta, y después darle

las gracias por presentarnos ―le guiñe un ojo, dándonos a


los dos por reírnos de la situación―.
― La madre que la parió, ¿te acuerdas en la boda cuándo
me preguntaste que me dijo y te contesté que era secreto?

―dijo Susana enterrando su cara en mi pecho mientras se

reía―.

― Sí, claro… ―la miré intrigado―.

― Me dijo que tuviese mucho cuidado contigo, y que no nos


pusiésemos muy cariñosos los dos, porque, al final, me iba a

enamorar de ti como una tonta, que eras más peligroso de

lo que parecías a primera vista…

― Pues mira, me alegro de que nos pusiésemos muy


cariñosos los dos y que hayamos terminado gustándonos

como para querer ambos algo más…

― Y yo, pero pese a todo, ¡hablamos con ella…! ―se rio―.

― Pues qué quieres que te diga, de momento, prefiero

entretenerme contigo y no preocuparme de ella ―le


repliqué riéndome también a mi vez y tumbándola de

espaldas―.

Sus ojos brillaban, comencé a bajar lentamente por su

cuerpo lamiéndoselo despacio, recreándome en ciertos


sitios, como sus pezones, su ombligo, el interior de sus
muslos, avanzando lentamente hacia su sexo mientras que

ella ponía una mano sobre mi cabeza gimiendo levemente.

Para el momento en que me centre en su sexo, ya tenía sus


dos manos sobre mi cabeza, tratando de enterrármela en su

interior, sus gemidos cada vez eran más fuertes. Mientras


que mi lengua trabajaba su clítoris, tenía dos dedos

moviéndose en su interior, arrancándole cada vez gemidos

más fuertes, así como palabras inconexas. Justo en el


momento en que alcanzó el orgasmo, además de mover

suavemente en círculos los dos dedos del interior de su


coñito, por su culito le introduje, de golpe, el dedo corazón

de la otra mano, soltando Susana un berrido al sentirlo,

según se corría, que se debió de escuchar en todo el


edificio. Estuvimos follando hasta pasadas las cuatro de la

mañana, momento en que ambos caímos completamente

exhaustos. Por la mañana, el momento de levantarnos


estuvo presidido por un montón de besos y caricias. Si en

ese momento no volvimos a follar fue porque ambos


estábamos de verdad más que muertos del tute de por la

noche… Los dos, completamente desnudos, nos preparamos

el desayuno y aprovechamos para aclarar la situación.


Nada más terminar de ponernos de acuerdo en la forma en
que íbamos a seguir adelante con lo nuestro, me di cuenta

de un detalle que me hizo empezar a reírme, mirándome

Susana sorprendida.

― ¿De qué te ríes? ―me preguntó―.

― De nosotros dos y lo que acabamos de discutir, que tiene


guasa…

― Pues yo no la veo.

― Pues es simple, acabamos de quedar de acuerdo en ir


despacio y con calma, pero yo ahora me voy a mi casa a

traerme algo de ropa para tener aquí para el fin de semana.


Ropa que, seguro que se queda aquí, mientras que la

semana que viene eres tú la que se vendrá con ropa a mi

casa… ―vi que me miraba perpleja―.

― Leches, es verdad, no lo había pensado ―se empezó a


reír también―.

― Traduciendo, hemos quedado en ir despacio de lunes a


jueves, y rápido de viernes a domingo, vísperas y festivos…

―le guiñé un ojo, riéndonos los dos a la par―.


Después de un rato, me levanté con intención de ir a por

mis cosas, me acerqué a ella y la besé en los labios. Al final,

se lio la cosa cuando ya estábamos los dos sobre el sofá, yo


sentando y ella encima, con el jersey levantado y mi boca

sobre sus pechos, haciéndola gemir, no sé ni cómo se

levantó, poniendo la mesa entre nosotros, ya que me fui


detrás ella de inmediato…

― No, quieto ahí ―me señaló extendiendo la mano―, ni te

acerques, que te tienes que ir a por las cosas.

― Venga cariño, solo un besito… ―le pedí poniendo carita

de niño bueno―.

― Ni de broma, que ya nos dimos antes un besito y casi


terminamos follando…

― Venga, solo uno…

― Que no, que con el calentón que llevo del besito nos

vamos directos a follar y esta vez no seré capaz de

pararme…

― Pues no te pares… ―le sonreí―.

― Qué te vayas ya, venga ―se rio mientras rodeaba la


mesa, escapando de mi para impedir que la pudiese
alcanzar―.

― Eres mala, vas a dejar que tu novio se vaya así… ―le

señalé mi más que evidente empalme―.

― Por supuesto que sí, como castigo por dejarme a mi


completamente cachonda perdida y con ganas de follarme

al cabrón de novio que me he echado… Venga, tira a por tus

cosas, que, contra más tardes en volver, mas vas a tardar


en poder disfrutar de este ―se dio una palmada en un

cachete del culo―.

― Pero, ¡qué hija de tu madre! ―le solté babeando por lo

que me había dicho―.

― Tú verás, como tardes mucho te quedas sin premio ―dijo


socarrona, con los ojos muy brillantes―.

Riéndome me marché a por mi coche. Al llegar a la calle

paré un taxi y le pedí que me llevase a la empresa para

recogerlo, luego desde allí me dirigí a casa. Me preparé ropa


suficiente como para poder estar cómodo hasta el domingo

y marcharme el lunes a trabajar desde casa de Susana, algo


que me llevó prácticamente todo el resto de la mañana.

Cuando llegué, casi a la hora de comer, me llevé la sorpresa


del día, estaba Eva hablando con ella, las dos sentadas en el
salón. Le di un fuerte abrazo a Eva, quien rápidamente se

levantó para abrazarme y felicitarme, al oído me dijo que no


me arrepentiría, porque Susana era una gran chica. De Eva

pasé a Susana, a la que di un soberano morreo, cogiéndola

por el culo con las dos manos y apretándola contra mí, al


oído le dije que no pensase ni por un solo instante que no

me pensaba cobrar lo prometido esa misma noche…


Durante la comida, sorprendentemente, me llamaron mis

tres ex, si me chupase el dedo hubiese pensado que era

simple casualidad, pero como no me lo chupo, tuve una


conversación la mar de entretenida con Eva y Susana, en

cuanto colgó Ana, que fue la última en llamar. Las tres

hablaron conmigo, con Eva y con mi nueva novia, a la que,


por lo visto, felicitaron, además de decirle que no me dejase

escapar, porque merecía la pena, cosa que a ella pareció


gustarle, algo sobre lo que, por cierto, no se me ocurrió

abrir la boca para nada… Con Eva no sabía si agradecerle lo

de mis ex, puesto que había salido bien o matarla por el


susto de muerte que me había llevado cuando todas

quisieron hablar con Susana. Una vez que Eva se marchó,


puedo decir que el resto del fin de semana fue más de lo

mismo, follar, follar y follar… Y no, ese fin de semana, al


final, no me cobré mi premio, aunque me lo dejé apuntado

para un próximo futuro en el que mi polla no estuviese tan

dolorida. Susana era insaciable. Con el tiempo descubriría


que Susana podía estar tranquilamente una semana de

viaje sin follar, pero que cuando volvía, tenía tendencia a


querer recuperar todas las veces que nos habíamos perdido

por estar separados, hasta que ambos llegábamos a un

punto en que no dábamos para más.

La semana estuvo tranquila, hablamos todas las noches. El


martes Susana tuvo que viajar, no regresó hasta el jueves

por la mañana. Quedamos para el viernes por la noche,

directamente en mi casa. Ese mismo viernes por la mañana


tenía la visita del idiota que hizo la oferta por la empresa, y

que, al rechazar la compra, estuvo tanteando a todos los


empleados, llevándose en todos los casos una negativa. El

martes estuve hablando con Jorge, el abogado de la

empresa, a quien le puse la grabación de la entrevista que


tuvimos los dos y quien, por cierto, se pilló un buen cabreo,

cuando terminó de escucharle. Su consejo fue proceder


legalmente contra ese sujeto a todos los niveles posibles.
Me aconsejó cómo proceder y que, por supuesto, la nueva

entrevista también quedase grabada, solo por si acaso le

daba por soltar alguna majadería más, que pudiésemos


aprovechar si me decidía a ir contra él. El miércoles me

llamó la cabrona de Eva por temas de trabajo, quien, por


cierto, se lleva genial con Yolanda, y cuando le dijo que le

pasase conmigo, se identificó como la mejor amiga de mi

novia. En el primer descanso para tomar un café que hice,


según entré en la sala de descanso que teníamos para el

personal, me cayó encima Yolanda para que le contase. Lo


cierto, es que, aún sin entrar en detalles, no me daba el

menor apuro hablar sobre las maravillas de Susana con la


tontería esa que tenemos todos los primeros días.

El viernes por la mañana estaba esperando al

impresentable, cuando Yolanda me hizo saber que estaba


allí la visita que esperaba, diciéndole, por mi parte, que le
hiciera pasar. Qué cara de panoli que se me quedó cuando

vi a Susana entrando en mi despacho vestida con su traje


de ejecutiva y su correspondiente maletín. En cuanto pude
cerrar la boca, me empecé a calentar, mi mente se empezó
a llenar de pensamientos lujuriosos, al pensar que, puesto
que Yolanda lo sabía, supuse que Susana debía de haberle

dicho que era mi novia y que quería darme una sorpresa, y


por eso no me dijo que era ella. Creo que, entre eso, y que,
en cuanto me recuperé solo podía pensar en ponerla

mirando a cuenca allí mismo, sobre mi mesa, no me fijé en


el gesto de evidente sorpresa en ella, al verme allí, a medio
levantar para saludarla, con la boca abierta.

― Cariño ―salí a su encuentro, dándole un beso en los


labios que me devolvió―. ¿Qué haces aquí? No me digas
que has venido para darme el premio que me debes… ―le

susurré al oído mientras le besaba el cuello―.

― No, para por favor ―me puso una mano en el pecho

apartándome mientras soltaba un gemidito― Un momento,


sino, no me dejas pensar ―finalmente consiguió poner su
cartera entre ambos para separarme―. No sabía que

estabas aquí, he venido a ver al director gerente de esta


empresa… ―me miró a los ojos con evidente sorpresa,
aunque bastante turbios ya, por el deseo…―.

― Vaya, no sabía que tenía ninguna cita contigo… ―me


sorprendí―. La única que tenía para hoy era con un
ejecutivo de ****

― Ese es el compañero que tenía que venir, pero no ha


podido y me han pasado la operación a mí… ―de repente,

se detuvo, mirándome fijamente y poniéndose


repentinamente muy seria―. Perdona, ¿has dicho que tú
tenías la cita con él?

― Sí, soy el director gerente de esta empresa.

― ¿Entonces tú…? ―la interrumpí―.

― Primero vamos a sentarnos tranquilamente, porque


tenemos que hablar, ¿te llevas bien con ese compañero que
tenía que venir?

― No sé qué tiene eso que ver con… ―nuevamente la


interrumpí―.

― Por favor, contéstame, porque es importante, ¿te llevas


bien con él?

― No, lo cierto es que no. Lo tengo bastante atragantado,


pero no te voy a decir más, son asuntos internos de mi
empresa ―vi que empezaba a sulfurarse―.

― Cálmate, no te lo he preguntado por preguntar. Siento


decirte que te acaban de colar un gol y por toda la
escuadra, si entiendes el símil. Ahora, al ser tú mi
interlocutor, tengo un problema, porque pensaba haber
tomado medidas legales contra tu compañero y tu empresa,

en cuanto se marchase de esta entrevista…

― Pero… ―me miró asombrada―.

― Te han colocado un marrón de cuidado, creo que te han


mandado a recoger los posibles beneficios de la actuación
de tu compañero la vez anterior que hablamos, y que

cargues tú con las consecuencias.

Antes de que pudiese hablar, le pedí que, por favor,


guardase silencio y escuchase, estuve hablando con ella

como una media hora, sinceramente, con lo poco que pude


sacarle a Susana, no me quedó claro cómo pensaba joderla
su compañero, aunque fue muy visible que ella sí tenía que

tener una más que especifica idea de ello. Llamé a Yolanda,


presentándole a Susana como mi novia, quedándose con la
boca abierta, luego le expliqué que le habían puesto una

zancadilla y le pedí que, por favor, llamase a Jorge a ver si


se podía pasar por allí lo antes posible o que me llamase,
que era muy urgente. Dejamos de hablar los dos. Cuando

Jorge me llamó le estuve explicando la situación, luego pasé


a enumerar las medidas de todas las que me aconsejó que
había decidido llevar adelante. Cuarenta minutos después,

tenía más o menos claro lo que se podía hacer y no hacer


para evitar perjudicar a Susana, y que el culpable se llevase
los beneficios de su jugada. Tras colgar me volví a Susana,
cuya cara tras escucharme hablar con mi abogado era todo

un poema.

― Obviamente, estando tú de por medio no voy a moverme,

pero me jodería mucho que ese cabrón se fuera de rositas.


No sé cómo habrá maniobrado para pasarte el muerto, pero
supongo que, por lo que he podido observar cuando

hablábamos, tú sí que lo sabes. Tras escucharme hablar con


el abogado de la empresa, te habrás dado cuenta de que la
situación en la que ese se encontraba por venir hoy a verme
era delicada.

― El muy cabrón llamó diciendo que estaba malo y no podía


venir, por eso mi jefe me lo ha encargado a mí ―explotó―.

Ese hijo de puta seguro que se olía que le podía caer alguna
encima y se ha quitado de en medio ―continuó,
visiblemente cabreada―.
― ¿Tienes en tu empresa alguien con quién hablar? Me

refiero a alguien fiable en esta situación.

― Sí, lo tengo, podría hablarlo ―se quedó pensativa―, pero


el problema es que mi jefe directo, a quien me tendría que

dirigir en primer lugar, es uña y carne con él, de hecho, fue


el que me mandó venir hoy. Sé que hay rumores de que han
dado quejas de este capullo, se hablaba por lo bajo sobre

cosas como esta… pero… ―alzó las manos muy enfadada―.

― Pero de ser así, supongo que no ha ocurrido nada, porque


todas las quejas quedaban detenidas en el despacho de tu

jefe.

― Si, eso sospechamos todos… y ahora, después de esto,

ya estoy segura de ello ―admitió, mordiéndose los labios de


rabia―. Siento mucho haberte puesto en esta situación con
tu empresa.

― Por mí no te preocupes, haga lo que haga o decida lo que


decida, te aseguro que no va a tener consecuencias para mi
puesto, si es lo que temes. Quien está en peligro eres tú, de

esta te has librado porque han dado conmigo, pero puede


que no tengas tanta suerte la próxima. Por eso quiero
arreglarlo ahora, que lo tenemos cogido por los huevos,

junto con tu empresa y le podemos hundir… ―me quedé


mirándola pensativo―. Susana, ¿tú podrías acudir a alguien
por encima de tu jefe?

― Bueno… ―se quedó un momento pensativa―. Creo que


sí, que algo podría hacer. De hecho, tengo que ver esta

tarde a primera hora al director territorial, que es quien


dirige las delegaciones en la península, por la negociación
que he llevado esta semana y a la que tiene que dar él su

visto bueno definitivo. Es algo que no tiene relación con


esto, pero podría tratar de hablar con él, lo que no sé es
cómo se tomará que me salte dos puestos por encima de mi
propio jefe y le vaya directamente.

― Bien, perfecto, y créeme, no creo que te pase nada,


porque quiero que hagas una cosa cuando lo veas. Si lo

consigues, a ti te van a deber una, pero tanto tu compañero,


como tu jefe, si no se ven en la calle les va a faltar el ancho
de una pestaña… Pero tienes que conseguir hablar con él y

hacer lo que te voy a pedir.

Estuve hablando distendidamente con Susana durante más


de una hora mientras tomábamos un café, ya
completamente relajados los dos, y Yolanda me preparaba
algo que le pedí. Antes de irse le entregué un voluminoso
sobre cerrado que me pasó Yolanda, para que se lo diese al

directivo que me dijo que vería. Otra cosa que le dejé muy
claro a Susana, para que después no se llevase a error por
si acaso la dejaban en esta negociación, es que la empresa

no estaba en venta, y que se podían ahorrar los intentos,


por mucho que mejorasen la oferta, de la que, por cierto,
incluso ella misma se enfadó cuando le presenté la que me

hizo su compañero, por considerarla casi como un insulto


por las condiciones y el valor de la misma. Aunque me lo
pidió, me negué a explicarle lo que tenía contra su
compañero, algo que vi que no le gustaba, pero que se tuvo

que tragar al acudir por mi parte al tan socorrido secreto


empresarial, que tanto iba a usar en el futuro con ella, y ojo,
que ella también se aficionó a usarlo conmigo. Ese mismo

día ya empecé a ver claro que, si de verdad seguíamos con


esta relación, el trabajo iba a ser un punto de fricción entre
ambos, si no lo acotábamos con rapidez, y por lo que

hablamos esa misma noche después los dos en mi casa,


Susana lo vio también del mismo modo. Lo mejor que
teníamos ambos era que no teníamos pelos en la lengua a
la hora de hablar las cosas, por lo que era difícil que

cualquier problema se pudiese quedar enquistado entre los


dos al dejarlo pasar hasta mejor ocasión.

El viernes salimos por la noche a cenar y después a


divertirnos, cuando llegamos a mi casa, simplemente nos
marchamos a dormir, no pasamos más allá de unos besos y
unas caricias, lo cierto que es ambos estábamos

completamente exhaustos. Otra cosa fue el sábado por la


mañana, que mi despertar fue de lo más placentero, ya que
cuando abrí los ojos un poco perdido de lo que ocurría,

Susana estaba muy entretenida haciéndome una señora


mamada. Fue abrir los ojos, centrarlos, mirar hacia el lugar
de donde procedían mis sensaciones placenteras y

segundos después entrar mi mente en cortocircuito al


correrme en su boca. Una vez terminé me quedé mirándola.
Se empezó a relamer pasando su lengua por sus labios. Al

ver que se levantaba la sujeté por las muñecas tirando de


ella hacia mí, cayendo sobre mi cuerpo, aproveché su
sorpresa para terminar por tumbarla de espaldas sobre la
cama. Entonces, le dije que antes de levantarse, me tocaba
devolverle el favor que me acababa de hacer, no la dejé

hablar, cuando fue a abrir la boca la besé introduciéndole la


lengua hasta casi tocarle las amígdalas. Desde allí fui
lamiéndola y besándola por todo el cuerpo, hasta llegar, por

fin, a su sexo, empleando mi lengua para comenzar a


llevarla hacia un orgasmo. Me cuidé mucho de que pudiese
correrse a la primera. Susana estaba como una moto, todo
su afán es que le permitiese correrse de una vez, en un

momento dado, logré desesperarla por completo llevándola


al final a un orgasmo realmente arrollador, en el que pareció
que el coño se le licuaba vivo de la cantidad de jugos que

escurrió hacia mi boca, tragándomelo todo de forma más


que ostensible. Según sus propias palabras, cuando se
recuperó, Susana me advirtió de que no me follaba en ese

momento, porque tenía planeada la mañana y me quería en


plena forma para esa misma noche, en la que no me
pensaba dejar dormir en absoluto.

Estuve toda la mañana en el centro divirtiéndome con ella,


nos lo pasamos en grande, aunque confieso que esperaba
que, en algún momento, me dijese algo sobre lo que le

había pedido que hiciera. A la hora de comer, encontramos


un restaurante la mar de coqueto y discreto, nos sentamos,
pedimos, y mientras acabábamos con el primer plato, me
empezó a contar lo que había pasado el viernes por la tarde,

aunque desde luego, lo que hablamos no fue ciertamente lo


que yo me esperaba, fue algo que me puso por un buen
rato el corazón en un puño.

― El viernes estuve entregando el informe…

― ¿Y bien?

― Le di el sobre, le expliqué la situación tal y como me


pediste, incluido nuestra relación personal. Lo abrió, estuvo
echando un vistazo a lo que había dentro, luego me dio las

gracias y me dijo que me llamaría a lo largo de la semana


para hablar conmigo.

― ¿Crees que tendrás problemas? ―le pregunté


preocupado, ya que mencionar nuestra relación no fue cosa
mía, sino que lo hizo Susana por iniciativa propia―.

― No, para nada, tranquilízate, eso ha sido lo primero que


me aseguró una vez que me dijo que me llamaría la semana
que viene, que no temiese por mi puesto en absoluto, que

por lo que había podido ver por encima, les acababa de


hacer un favor muy gordo. Por la reacción que he visto en
él, creo que, mencionar nuestra relación muy posiblemente

incluso ha ayudado…

― Entiendo… ―me quedé un momento pensativo―.

― Supongo que no me lo explicarás ―indagó ella―.

― Creo que es mejor que no sepas nada, por lo menos de


momento. No es que no confíe en ti en esto, y lo sabes, pero

quiero asegurarme que, de ocurrir algo, tú no saldrás


perjudicada.

― Está bien, confiaré en ti, pero ten clara una cosa, bajo
ningún concepto quiero que, por favorecerme a mí, tú seas
quien salga perdiendo. Y esto sí que no es negociable entre

los dos ―me replicó muy seria―.

― Susana, mírame. Sabes que no me callo, si tengo que


decirte algo, te lo digo, y que no te miento. Con este asunto

puede que no te lo cuente todo, pero te garantizo que no te


estoy engañando en lo que te digo. Te aseguro que nadie
me va a echar de mi empresa y que haga lo que haga no

me voy a llevar ninguna bronca o posible sanción tampoco.


¿Vale?
― Está bien. Supongo que te creo, aunque me rechine. Pero
tengo que contarte otra cosa.

― Dime…

― Cuando volví a mi despacho después de la reunión, me


encontré con que estaba esperándome Roberto…

― ¿Tu ex? ―me sorprendí―.

― Sí, el mismo… Quiere que regresemos… ―me dijo sin


dejar de comer mientras me miraba fijamente―.

― ¿Y su novia qué? ―le pregunté tratando de mantener la


sangre fría mientras trataba de no reaccionar, aunque
reconozco que en cuanto la escuché me pareció que me iba

a crecer una úlcera―.

― Por lo que me dijo rompió con ella, la pilló enrollándose

con otro. Sinceramente, después de que tratase de hacerlo


contigo en la boda, no diré que esto me haya extrañado en
absoluto, por mucho que esa te dijera a ti que tenían una
relación abierta.

― Bueno, pienso igual que tú, que tampoco es que me


sorprenda mucho, visto lo que vimos… Por lo poco que

hablé con ella y pese a lo que dijo sobre su relación, me dio


la impresión de que la fidelidad no era una de sus

cualidades, precisamente…

― Roberto me besó, y eso me trajo muchos recuerdos…

―me dijo, repentinamente, muy seria, dejando de comer y


mirándome a los ojos―.

― Entiendo… ¿Y qué piensas hacer? ―le pregunté con toda

la calma del mundo, aunque la procesión, como se suele


decir, iba por dentro. En ese momento me di cuenta de lo
profundo que se me había metido Susana, mucho más de lo

que suponía, si a resultas de esto dejábamos la relación lo


iba a pasar fatal―.

― No lo sé, ¿tú que crees que debería hacer? ―apartó su


plato, entrelazó sus manos y apoyó la barbilla sobre el dorso
de estas, mientras continuaba mirándome fijamente a los
ojos―.

― No soy yo quien debe tomar esa decisión, eres tú la que


tiene que decidir qué quiere hacer o no, esa cuestión

sobra… Preguntarme a mí que deseo que hagas es inútil. Lo


que te respondería, a estas alturas, ya debería ser de lo más
obvio para ti.
― Sí, eso es cierto, sé lo que me dirías, que no le haga caso,
que recuerde lo que ocurrió con él, y que piense en lo que
estamos tratando de empezar… Lo sé…

― Pues entonces, creo que, como te he dicho, esa pregunta


sobraba.

― ¿Y si te dijese que necesito pensarlo, que necesito algo


de tiempo, que me des espacio para poder aclararme? ―sus
ojos no perdían los míos, ni por un solo instante―.

― Te diría que es tu decisión y que la respeto. Que, en


cuanto acabásemos de comer, iría contigo para llevar a tu

casa la cosas que dejaste anoche en la mía, con el fin de


darte lo que me has pedido ―le contesté muy serio―.

― ¿Y después?

― Bueno, creo que eso es lo que tú deberías preguntarte a


ti misma, y no a mí, ¿no crees?

― Creo que me has entendido sobradamente como para


pretender esquivar la pregunta. Si me decidiese por Roberto
está claro, pero sabes que no es por eso por lo que te he

preguntado, de modo que voy a ser aún más clara. ¿Y si


después decidiese que te prefiero a ti…?
― Bueno, en un caso o en otro, creo que ya tendrías claro lo
que deseas, sin dudas, ¿o no?

― Me vas a terminar por enfadar, sabes que no es eso lo


que estoy preguntándote, te repito, no trates de esquivar la
respuesta, porque no te lo pienso permitir. Por favor,

contéstame… ―por algún motivo, esta contestación de


Susana me alegró por lo que intuía que suponía, aunque era
consciente de que mi respuesta no iba a gustarle―.

― Está bien, te seré muy claro, para que no haya la menor


sombra de duda. Si me pides eso para poder pensarte quién

de los dos te conviene más, o a quién quieres de verdad, es


que esto que estamos tratando de empezar no es lo
suficientemente fuerte como para durar, por lo que desde el
mismo instante en que sacase todas mis cosas de tu casa

cerraría esta página para siempre… Daría lo nuestro por


concluido, definitivamente. Lo siento mucho, si no es lo que
querías escuchar, pero es lo que pienso y lo que haría.

― Bien, en algo sí que estoy completamente de acuerdo


contigo, si necesitase pensarme si seguir contigo o volver

con el cretino de mi ex, especialmente después de los


antecedentes, desde luego, esto nuestro no nos llevaría a
nada, seria perder el tiempo ―me replicó con una sonrisa

que iluminaba su rostro―.

― Perdona, debo de ser muy obtuso, pero no te sigo ―la


miré sorprendido y completamente descolocado por su

respuesta, pese a que mi intuición me decía que podía


esperar algo parecido―.

― Lo imagino, solo quería ver cómo reaccionarías si te


planteaba esta situación. La realidad es que, cuando
regresé a la oficina me dijo mi secretaria que tenía una

visita y le dije que lo hiciese pasar. Cuando entró, resultó ser


ese imbécil. Te puedes imaginar la sorpresa cuando vi quién
era, pero bueno, lo saludé con toda la cordialidad que soy
capaz de aguantar con ese capullo sin tratar de destriparlo

vivo.

― Pero… ―me interrumpió―.

― No, déjame terminar. Como te decía, lo saludé y el muy


cretino me pidió volver, porque, según él, aun me amaba y
seguro que yo no le había olvidado. Te puedes imaginar

cómo me quedé cuando me soltó semejante memez, con la


boca abierta. No sé qué se le pasaría al muy gilipollas por la
cabeza, o que se pensaría que iba a conseguir, pero encima
y por si eso no hubiera sido suficiente, justo cuando entraba
mi secretaria, me pasó el brazo por la cintura, me atrajo
hacia él y me besó…. ¡¡Puag, casi vomito!! ―puso cara de

asco― eso sí, me solté de su abrazo y al muy gilipollas le


pegué una patada en salva sea la parte que aún le debe de
estar doliendo, porque se cayó redondo… ―me miró

sonriendo, esperando a que reaccionase―.

― ¡No me jodas que le pegaste una patada en los…! ―creo

que mis ojos se debieron de abrir como platos, cuando, por


fin, asimilé lo que me decía, porque mi cabeza era un
maremágnum―.

― Pues ya te digo que sí, y que si mi secretaria no me llega


a sujetar lo mato por atreverse a besarme. Cuando me
calmé lo suficiente llamé a seguridad para que sacasen a la

piltrafa de mi despacho.

― ¡Ay! La leche… ―no pude evitar reírme a carcajadas―.

Perdona, pero es que… no lo he podido evitar…, me lo he


imaginado… y es que… no puedo ―me fue imposible parar
de reír en un par de minutos, me costó incluso hablar, me
trababa y se me saltaban hasta las lágrimas―.
― Bueno, ya vale, ¿no?… ―me pidió con cara mosqueada y
una sonrisita en los labios que desmentía su pose―.

― Cierto, vale, ya paro ―me costó, pero dejé de reír, luego


volví a ponerme serio―. Susana, entonces… ―me cortó―.

― Entonces, esto, ¿a qué ha venido?

―No lo entiendo. Bueno, evidentemente el que me lo


cuentes sí, evita posibles malentendidos si llegase a mis

oídos, además es de agradecer y debe de ser siempre la


norma entre nosotros esta sinceridad. Pero lo otro, eso de
pedirme tiempo, sinceramente… es que… ―me paré

dubitativo sin saber exactamente qué más decir―.

― Pues todo esto viene a que quería conocer tu reacción


cuando te lo contase poniéndotelo un poco negro, y

francamente me has sorprendido mucho ―levantó la mano


para impedirme hablar―, y para bien. Esperaba que ya
simplemente con lo del beso pusieses mala cara, pero,

sobre todo, que después con lo de pedirte tiempo


explotases, que me pidieses explicaciones, me tratases de
disuadir, convencerme… algo. Lo que no me imaginé es

esto, que dejases completamente la decisión en mis manos,


sin tratar de influenciarme o reaccionar de manera…,
digamos que, alterada. Aunque, también es cierto, que no

me esperaba esa decisión tan drástica del final. Te confieso


que, cuando me dejaste a mí la decisión de qué hacer si te
pedía tiempo, me sorprendiste porque como te he dicho, no

me lo esperaba. Cuando te pregunte qué pasaría luego,


pensé que lógicamente por mi aparente indecisión me
marcarías algún coste en la relación por semejante

petición… algo totalmente comprensible, y nuevamente me


volviste a dejar a cuadros con esa decisión tan extrema de
pasar página definitivamente.

― Creo que entiendo lo que pretendías… ―asentí


pensativo―.

― Eso espero. Y no me malinterpretes, el que me sorprenda


no quiere decir que no esté de acuerdo contigo hasta cierto
punto o que te lo hubiese podido luego reprochar. Pero la

verdad es que, con esto, me has dejado mucho más


tranquila de lo que ahora mismo te puedas llegar a
imaginar…

― ¿Y eso? ―la miré sorprendido―.


― Pues principalmente porque has estado calmado, has

permanecido con la cabeza fría y me has dejado explicarme


como he querido, pese a lo que te estaba contando. Estoy
segura de que con cualquier otro, según dije lo del beso en

la forma en que lo he hecho, ya habríamos comenzado con


la bronca e incluso quizá un poco más allá. Aunque, te
confieso que, cuando no reaccionaste con ello pensé que

tenías muy poquita sangre o que esto te importaba más


bien poco, aunque esa opinión me ha durado lo que has
tardado en decirme que mi indecisión significaría el fin de
nuestra relación. Entonces, fue cuando me di cuenta de que

tenías las cosas muy claras respecto a nosotros, mucho más


de lo que me podía haber imaginado.

― Vaya… me alegro de que esto te haya servido para


aclararte las cosas con respecto a lo serio que veo lo
nuestro y estés más relajada en ese aspecto.

― Esto me da la tranquilidad de saber que, cualquier


problema futuro, independientemente de que al final
quedemos de acuerdo o no, desde el principio lo podremos

tratar como personas razonables… Aunque te confieso que,


de ser al contrario, no sé si habría sido capaz de estar tan
fría como tú hasta el final, y no sé si te hubiera saltado al
cuello en mitad de la conversación… ―se rio―.

― Es decir, que ahora sabes que hablaremos de cualquier


problema sin tirarnos los trastos a la cabeza o decir algo de
lo que luego tengamos que arrepentirnos para tratar de
arreglarlo. A eso te refieres, ¿no? ―le pregunté sardónico―.

― Sí, por lo menos tengo claro que primero hablaríamos


tranquilos y serenos, aunque en mi caso no te garantizo que

después no vuelen las cosas… y en todas direcciones,


porque además mi puntería tirando cosas es pésima ―se
rio―.

― Ves, eso último por cómo te voy conociendo, sí que lo veo


también muy posible ―me reí con ella―, lo de que vuelen
cosas por el aire, digo.

― Por cierto, esta noche no me quejaré si me quieres


castigar un poquito por haber sido tan mala contigo y

hacerte pasar un mal rato ―me miró con cara de lujuria,


pasándose la lengua por los labios, poniéndome la polla
como el mástil de la bandera en segundos―.
Muy civilizados, mucho cachondeo con su curiosidad por
conocer mi reacción a lo ocurrido con su ex, pero, si en ese

momento llego a cruzarme con el tal Roberto, lo hago


cachitos y luego me busco unos cuantos cerdos para
echárselo de comida.

El sábado por la tarde, después de comer y de darme la

muy cabrona semejante susto, decidimos relajarnos un


poco. Elegimos ir al cine a ver una película, optamos por
una gran superficie comercial que había cerca de mí casa,

pasando primero por esta para recoger mi coche por si


luego volvíamos muy tarde. Al llegar a la taquilla como no
nos pusimos de acuerdo en la película, lo echamos a suerte
tocándole la decisión de qué ver a Susana. Para mi sorpresa

fue a escoger una sesión a las once de la noche y una


película que parecía verdaderamente infumable. Cuando le
pregunté por la hora de la sesión que había escogido, me

tomó de la mano explicándome lo que haríamos esa tarde


hasta la hora de entrar al cine. Primero iríamos a ver las
tiendas del gran centro comercial en el que estábamos,

después a cenar en uno de los locales de restauración de


allí, para luego meternos en el cine… Confieso que Susana,

lo que se dice comprar, no compró nada, pero ni sé el


número de tiendas que pudimos ver en esas horas
anteriores a la cena y lo que pudo buscar y rebuscar en
ellas, según dijo para saber si quería comprarse algo o no. A

la que llegamos al restaurante italiano que eligió Susana, yo


ya iba con un hambre de lobo.

Tras cenar nos fuimos al cine, entregamos las entradas y lo


primero que hizo Susana fue ir al servicio. Luego, no quiso

que comprásemos nada o más bien, se negó en redondo.


Cuando entramos, Susana se fue al fondo de la sala, justo
debajo de las ventanas del proyector, para cuando empezó

la infumable solo nosotros estábamos en la sala, algo que


socarrón le comenté, aunque justo en ese instante entró
otra pareja, sentándose en la parte central, pero pegados a

la pared contraria a la de la entrada. A los quince minutos


de aguantar la chapa de película que estaban proyectando,
le di con el codo a Susana, señalándole con un gesto a la

parejita, donde solo se veía una cabeza, la del chico, porque


la chica parecía haberse esfumado… Cuando mejor me lo
estaba pasando, pinchando a Susana, esta se incorporó un
poco, pegó su boca a mi oreja y me susurró que le sujetase
una cosita… En mi mano puso un pequeño pedazo de tela
que resulto ser su tanga, la muy cabrona se lo había quitado

en el servicio, según me dijo… Luego, tardó menos de


veinte segundos en sacarme la polla del pantalón y hacer lo
mismo que debía estar haciendo la chica de la otra pareja

de la sala…

Tardó menos de un minuto en dejarme la polla chorreando


saliva, y menos de un minuto en bajarme los pantalones, lo
suficiente, como para poder colocarse de espaldas a mí

sobre ella y sentarse encima, poco a poco,


introduciéndosela en el coño despacio. Comenzó a moverse
lentamente, con mi polla enterrada en ella hasta el mango.

Pude comprobar que la parejita en ese momento, de la que


perdí la pista en cuanto Susana empezó con su maniobra,
estaban más o menos como nosotros, excepto que ahora

era el chico quien había desaparecido mientras que la chica


estaba mirando hacia nosotros. Era evidente que el chaval
se había tumbado hacia abajo para sacar su cintura del
asiento y ella se había sentado sobre él, se sujetaba al
respaldo del asiento y prácticamente imitaba los
movimientos de Susana al follarme. Por la posición de las

cabezas de ambas, debían de estar las dos mirándose


mutuamente, viendo como sus siluetas se movían, cómo se
follaban a sus parejas… Susana alcanzó un suave orgasmo

que la hizo tumbarse sobre mí jadeante, apoyando su


espalda en mi pecho mientras volvía la cara buscando mis
labios para besarnos.

Por la situación de los asientos, cada fila lo suficientemente

alta como para que los asientos delanteros estuviesen


mucho más bajos que los de detrás, tuve una idea, ya que
Susana quería jugar, pensaba hacerlo yo también. Con ella

encima de mí, con mi polla dura como un poste aún en su


interior, me moví, echándome hacia adelante, pasando mis
piernas por encima del respaldo de la butaca de delante.

Luego, levanté a pulso a Susana, buscando con mi polla


colocarla bien para poder metérsela por el culito. Cuando
vio mis intenciones, la muy cabrona comenzó a moverse
para que la cabeza de mi polla lograse su objetivo,
metiendo su mano por debajo de ella para sujetarla y
apuntarla bien. Me pidió que la sujetase por la cintura y que

la dejase a ella. Poco a poco, se la fue introduciendo,


cuando ya tenía la cabeza, me pidió su tanga, algo que me
costó un poco de sacar de uno de mis bolsillos, pero se lo di,

sin entender muy bien para qué lo quería. Me puso cardíaco


cuando vi que se lo metía en la boca… Luego, la muy bestia
se sentó de golpe, emitiendo un sordo gemido de dolor, que

el tanga eficazmente amortiguó casi en su totalidad.

Después de eso se sacó el tanga, lo dejó sobre la butaca del


lado derecho y jadeando me pidió que no me moviese, para
dejarla acostumbrarse al grosor de mi polla. Me levanté a

pulso con ella encima apoyando mis antebrazos sobre los


del asiento, moviéndome lo suficiente como para que
Susana permaneciese sentada sobre mí, que me permitiese
moverme para follármela, que quedase contra mi pecho y

de ese modo, con una de mis manos, poder masturbarla


mientras me movía. Una vez comencé a moverme, a
follármela, fueron diez minutos de locura y descontrol.

Mientras que movía mi cadera con fuertes golpes, mi mano


derecha estaba sobre su coño, moviéndose con dos dedos

dentro de ella y el pulgar mojado en saliva moviéndose en


círculos sobre su clítoris. Mi otra mano tenía las dos
primeras falanges de mi mano en su boca, mientras ella los

chupaba entre gemidos. Su orgasmo fue espectacular,


aunque no muy diferente de mi corrida, que me dejó
derrengado. Por fortuna, tuvimos la suerte de que, ni mi

semen, ni el flujo que ella expulsó llegaron a tocar nuestra


ropa. Cuando por fin nos recuperamos del polvo, nos dimos
cuenta, o por lo menos, fue cuando yo lo hice, de que la
otra pareja ya no estaba en la sala. Riéndonos decidimos

hacer lo mismo que esos dos, largarnos de allí a mi casa. A


seguir exactamente por el mismo sitio en que lo
acabábamos de dejar… Parecíamos dos adolescentes con

las hormonas desbocadas.

Salimos de los cines directos al parking a recoger el coche.


Lo cierto es que cuando entramos no llegamos ni a la cama,
de la puerta hacia el salón ya nos habíamos desnudado los

dos. Susana terminó sobre la mesa, con las piernas abiertas


abrazada a mí y yo con mi polla enterrada hasta el mango
en su coño, empujando como si me fuese la vida en ello,
mientras nuestras bocas parecían querer devorar la del otro.
Cuando ella alcanzó el orgasmo, paré en seco para evitar

correrme. De la mesa pasamos el sofá, donde la tumbé para


pegarle una comida buena de coño, que volvió a llevarla al
éxtasis, de allí, dado que me dijo que estaba muerta y que
no se podía mover, me la eché al hombro como si fuese un

fardo entre sus risas, para terminar, tirándola sobre mi


cama. Allí, la cabrona se puso a cuatro patas, mirándome
por encima de su hombro, y preguntándome a qué esperaba

para volver a romperla el culito. Ni me lo pensé, eso sí,


tomé de mi mesilla un tubo de Nivea Soft, usándola para
lubricar tanto su culito como mi polla. Al estar ya bastante

dilatado de la follada del cine y con la ayuda de la crema,


esta vez entró sin la menor dificultad. Mientras usaba una
de mis manos para sujetarla por el pelo, la otra la apoyaba

en la cama para mantenerme en vilo. Ella, por su parte, se


frotaba con fuerza el clítoris mientras aguantaba gimiendo
mis embestidas. Al final nos corrimos los dos, yo primero y

solo un par de empujones después, fue Susana quien se


derrumbó sobre la cama al alcanzar su orgasmo. Cuando
unos minutos después nos recuperamos lo suficiente, usé
nuevamente la Nivea, esta vez para refrescarle e hidratar

un poco la piel de su culito tras el maltrato sufrido, algo que


según me dijo le alivió bastante. Lo poco que quedó de
noche, nos dormimos abrazados.

Por la mañana, cuando nos levantamos, Susana parecía


radiante y feliz. Nos fuimos los dos a la ducha, lavándonos
el uno al otro, aunque de follar nada, tras el palizón de la

noche anterior. Susana estaba dolorida y mi polla no mucho


mejor que su culito. Esa misma mañana, desayunando los
dos entre bromas, me di cuenta de que, hasta el momento,

había sido siempre Susana excepto cuando yo la llamé,


quien había estado tomando la iniciativa, y de un modo muy
directo, a decir verdad. No pude por menos que curioso,
preguntárselo…

― Bueno, normalmente no soy así, tan lanzada. Supongo


que contigo ha sido en parte por las circunstancias en que
nos conocimos, en el hotel durante la boda, si yo no llego a
dar el paso, tú jamás lo hubieses dado.
― Bueno, te confieso que me gustaste desde el principio, y
de verdad, que cuando vi la cama de matrimonio pensé que
mataría a Eva por la putada de hacerme dormir con un

monumento como tú siendo intocable para mí ―se ruborizó,


riéndose también.

― Te confieso, que esa primera noche estuve bastante


tiempo despierta…

― Entiendo, no te fiabas…

― No, no me fiaba de ti no. No me terminaba de fiar, pero


de mí, que es diferente. Con otro cualquiera durmiendo a mi
lado esa noche, sé que por su culpa no hubiese sido capaz
de pegar ojo en esa situación, pero contigo estaba tranquila

de que no moverías un dedo, algo de lo que en ese


momento me alegró darme cuenta. Al final, me dormí…
aunque ―se echó a reír―, lo que más temía en realidad era
que me diese por abrazarme a ti por la noche al dormirme…

y la pudiésemos liar.

― Vaya…

― Sí, tengo la costumbre al dormir, de abrazar la almohada


o, como ya te habrás dado cuenta a estas alturas, a mi

pareja, cuando la he tenido. Contigo en la cama estaba


temiendo que pasase lo segundo, porque ya me gustabas, y
mucho. Pero por fortuna, al ser almohadas independientes
no pasó eso…

― Una lástima…

― No te preocupes, que ya sabes que desde que nos


acostamos la primera vez, me gusta dormirme abrazada a
ti… ―se rio de nuevo―.

― Me encanta cómo eres, en todos los aspectos…


― Y tú a mí ―se incorporó para darme un beso de tornillo.

― Ya desde la primera noche te tenía ganas ―se empezó a

reír―, pero como eras amigo de Eva, ella había intercedido


para que me ayudases, hacías todo esto por mí y eras tan
buen tío… ―se encogió de hombros sonriéndome― no me

atrevía a hacer nada.

― Pues quien lo hubiese dicho, guapa… ―me reí―.

― Lo que pasa es que el viernes por la noche ya no podía


aguantar más con lo caliente que me tenías, y decidí tratar
de provocarte. Lo malo fue que, al decirme que me hacía la

dormida, con esos besitos en la frente, se me fue de las


manos, fue superior a mis fuerzas, no me pude aguantar
más. Me tenías como una moto, tras eso solo podía pensar

en follarte, a como diese lugar, y que luego saliese el sol por


donde fuera…
― Pues me alegro, porque no sé, supongo que, si no
llegamos a follar, no se me hubiese ocurrido llamarte

después, pese a lo mucho que me gustabas…

― No te preocupes por eso, para entonces, con lo que ya


me gustabas y como te estabas portando, de no haber
sucedido nada ya me hubiese encargado yo de que nos

volviésemos a ver, aunque hubiese tenido que usar a Eva


de carabina para ello. Cuando se me mete algo en la cabeza
no cejo en mi empeño, y créeme que tú, lo hiciste, y

mucho…

― Pues te digo lo mismo, creo que me colgué contigo casi


desde el primer día. ¿Y lo de hoy del cine, cómo se te
ocurrió algo así, porque seguro que lo tenías en mente

desde el principio? ―le pregunté curioso

― Pues mira, la verdad es que con el gilipollas de Roberto


algo así hubiese sido imposible, pero después de lo que
hablamos en la comida, y como me respondiste… Bueno, te
confieso que el ver cómo te afectaba, aunque no me dijiste

nada, me calentaste de nuevo, sentí la imperiosa necesidad


de sentirte mío. Y bueno, acuérdate que desde donde
estábamos se veía un teatro, fue cuando se me ocurrió la

idea de darte una sorpresa en el cine, y digo cine, porque en


un teatro, sin duda hubiese sido imposible sin que
montásemos un espectáculo, que sino… ―me miró como
una loba en celo.

― Pues me alegro de que se te ocurriese, me pusiste al


límite… especialmente cuando no pusiste el menor
problema a que te sodomizase…

― Lo cierto es que tenía muchas ganas de probarlo.

Hablando con amigas, unas decían que no les gustaba,


otras que sí, pero que dolía mucho, y otras que después del
primer momento, si sabían hacerlo, el placer era extremo.

― ¿Nunca lo habías hecho antes? ―le pregunté sorprendido


― Aunque te cueste creerlo por lo desinhibida que soy con
el sexo, no. Con Roberto hubiese sido imposible, era un
negado, nunca me hubiese atrevido, sé que me habría

hecho polvo. Y con mis anteriores parejas no llegué nunca


con la relación a un punto como para permitirlo. Supongo
que lo preguntas porque entraste mucho más fácil de lo que
podías haber esperado, ¿no?

― Si, aunque no es que sea un experto, pero la verdad, me


pareció que lo tenías ya algo dilatado, no sé exactamente,
era como si no hubiese sido tu primera vez… Que no es que
me importe, que conste, solo es una mera observación ―me

apresuré a aclarar―.

― Bueno, desde antes incluso de que te lo ofreciese, desde


antes que me marchase de viaje y hablásemos de quedar lo
tenía en mente. De hecho, me compré un pequeño plug

para ir preparándolo. Porque tenía muy claro que contigo


quería hacerlo sí o sí, que te pensaba conquistar como
fuese, y este era un arma más en mis manos, además de,
como ya te he dicho, estar como loca por probarlo contigo…
Me tienes muy enganchada, ¿sabes? ―me volvió a besar
con pasión.

― Lo mismo digo, cariño. Me tienes muy pillado ―volví a


besarla.

El domingo estuvimos los dos de lo más tranquilos. Vimos


varias películas tumbados en el sofá, con Susana encima de

mí, besándonos cada dos por tres. Solo lo dejamos para


comer y cenar. Cuando nos fuimos a la cama, de las
películas nos habíamos enterado, poco o nada, y los labios
de ambos estaban bastante castigados, riéndonos dijimos,

casi a la vez, que al día siguiente nos convenía pasar por la


farmacia a por varias barras de cacao. Durante la semana,
con el trabajo, tan solo hablábamos por teléfono.

El martes me dijo que tenía que salir de viaje toda la

semana, que si podía acabar para el viernes me avisaría


para que la recogiese en el aeropuerto, pero que se temía
que hasta la semana siguiente no pudiese volver. Su voz
sonó triste, la trate de animar, además le comenté que si no

podía volver aprovecharía para pasarme a visitar a mis


padres, algo que pareció animarla. Por cierto, que me dejo
un poco perplejo, aunque a ella no le dije nada, el que me

dijese que para eso no hacía falta que ella no estuviese,


que, si volvía el viernes y quería, podíamos los dos ir el
sábado a verlos y volvernos luego el domingo si me parecía

bien. No hace falta decir que acepté. La verdad es que me


parecía un poco pronto, pero lo cierto es que, en todas mis
relaciones, tres, nunca había escondido a mis novias de mis

padres, llevándolas a casa incluso antes de que estos


tuviesen la menor ocasión de pedírmelo para que se las
presentase.

El jueves tuve noticias del jefe territorial de Susana en

forma de visita del mismo. A media mañana, me informó


Yolanda de que tenía visita, el Señor Alejandro Ramírez, en
cuanto me dijo el nombre supe en el acto de quién se
trataba, sin dudar le dije que, por favor, le acompañase.

Tras los saludos de rigor, le pedí a Yolanda que nos trajese


algo de beber, en mi caso un café y en el de él un té.

Estuvimos charlando de diversas cosas, llegando por fin al


meollo del asunto cuando me dio las gracias por lo que le
había enviado con Susana y que decidí dejarle claro…

― Sr. Ramírez, perdone, pero la verdad es que esto no ha

sido ningún favor hacia su empresa. Sé que es consciente


de que, si no llega a ser porque enviaron a la señorita
Susana en el lugar de ese impresentable, a estas horas

quienes estarían hablando serían nuestros abogados.

― Lo sé, Susana me lo explicó, incluido el hecho de que es


su novia, y que era por eso, por lo que no iba usted a tomar
medidas.

― Me alegro de que no se lo ocultase, porque no es a mí a

quien le deben el favor, sino a ella.

― Lo sé, sé perfectamente a quién se lo debemos. ¿Podría,


por favor, decirme si de todo lo que me mandó tiene usted
pruebas sólidas y estaría dispuesto a compartirlas? Porque
me gustaría disponer de ellas para tomar medidas con todo
esto que ha ocurrido…

― Sí, las tengo… y no tengo mayor problema en cederle

una copia …

― Bien, será más que suficiente… gracias ―me replicó―.

Saqué un CD y el dispositivo que había preparado con la


conversación que tuve con el cafre que me enviaron, del
cual ya tenía una copia lista para entregarle. Pude observar

tranquilamente su rostro, según escuchaba la conversación.


Pese a que logró mantener su cara de póker en casi todo
momento, hubo un par de veces en que su gesto fue de lo

más elocuente, se vieron muy claras las ganas de


despellejar vivo a alguien por la cantidad de majaderías que
estaba escuchando. Cuando terminé, saqué el CD y se lo

tendí. Se levantó un poco, tomándolo y guardándoselo en la


chaqueta.
― La situación está clara, y en muchos sentidos, lo que no
sé es si esta grabación sería válida en caso de tener que
llegar a juicio, pero al menos sí me servirá para tomar
algunas medidas a nivel interno…

― Un momento, por favor… ―le pedí mientras usaba el


teléfono.

Dado que, por medio estaba Susana, decidí llamar a Jorge


para que hablase con él y le aclarase el tema de la

grabación. Durante casi veinte minutos estuvieron hablando


los dos a través del manos libres bajo mi atenta mirada,
quedando bastante impresionado este con Jorge, al punto
de pedirle permiso para que yo le facilitase su teléfono para

poder hablar con él de algunos asuntos legales.


Obviamente, dije que mientras que a Jorge no le supusiese
ningún conflicto no tenía el menor problema en facilitárselo,

ante la aceptación por parte de este, le facilité una de las


tarjetas de él que yo tenía en mi poder…
― No pude por menos que preguntarle, como es posible que
tuviesen en ese puesto al inútil que enviaron para negociar,
que además de lo que él mismo había podido escuchar,

encima quedó muy claro que ni siquiera había hecho la más


mínima investigación sobre nosotros.

― Pues porque tiene padrino, obviamente, el cual, hasta


este momento, ha podido cubrir sus errores. Pero gracias a

lo que usted acaba de proporcionarme, esos dos van a tener


muchos problemas ―el modo y entonación en que lo dijo,
me hizo pensar que este hombre estaba menos en la inopia

de lo que se podrían llegar a pensar en su empresa, y que


ya andaba detrás de estos sujetos antes de todo esto―.

― Entiendo, espero que de verdad le sirvan para poder


actuar contra esta clase de gente, que desde luego no le

hacen el menor favor a su empresa.


― Créame que me servirá, Sr. Vázquez, créame que sí. Por
cierto, me ha hecho usted hoy dos grandes favores. Uno es
este cd que, según lo explicado por su abogado, es
perfectamente legal y otra el teléfono del mismo. Por ello

quiero devolvérselos…

― No hace falta, estoy encantado de poder hacerlo, por el


motivo que ya puede usted suponer.

― Sí, sé perfectamente el motivo, y es por eso mismo que

quiero devolvérselo. Verá, aunque sea un asunto interno de


la empresa y no tenga por qué decirle nada, por los
movimientos que ha estado haciendo su novia antes de salir
de viaje, supongo que no sabe que es el dueño, y no

únicamente un empleado. Creo que teme que, por su culpa,


tenga usted algún problema y está tratando de arreglarlo a
su manera.

― ¿Perdone, no lo entiendo? ―le repliqué visiblemente

preocupado.
― Su novia, la Srta. Susana, está intentando que la

trasladen de su departamento a otro, donde no le cause a


usted problemas con su empresa si le piden explicaciones.
Pero ese traslado perjudicará en gran medida su propia

proyección profesional. No le voy a engañar, su novia es una


profesional impresionante, puede llegar muy lejos, en otras
circunstancias no lo permitiría, pero ahora mismo no pasa

de ser una mera promesa, muy brillante, pero como tantos


otros, solo una promesa, y esta decisión apagaría, muy
posiblemente, su estrella.

― Muchas gracias por el aviso, hablaré con ella, si pudiese

hacerme otro favor más, si le llega la petición… ―me


interrumpió.

― No se preocupe, la que ha enviado se ha traspapelado…


―me sonrió―, directamente en mi papelera.

― Gracias.
― No me las dé. Su novia es tan solo una promesa, pero
como le he dicho, es muy brillante, no me gustaría perder a
alguien como ella por un malentendido. Además, esto

tampoco ha sido estrictamente gratuito, me ha gustado lo


que he podido ver cuando les he investigado, me ha
impresionado lo que han estado consiguiendo con sus
inversiones y trabajos externos. Tras esto, me ha quedado

claro que su absorción podría incluso sernos


contraproducente, sin embargo, sí que serían una excelente
opción como asesores externos en un momento dado.

― Y supongo que la presencia de Susana, además, a usted

le da un plus de garantía de que no seamos influenciados


por nadie en caso de contratarnos, ¿verdad? ―le pregunté
viendo por donde iban los tiros.

― Sí, no se lo negaré, sé de sobra por lo que he podido ver

sobre ustedes que son completamente legales con sus


clientes, incluso ignorando posibilidades que les
beneficiarían que, aun siendo en ciertas situaciones

éticamente cuestionables, pero desgraciadamente muy


comunes, son completamente legales. Pero lo cierto es que,
si en este caso su novia es una buena baza, aunque tras

conocer su ética solo sea para aligerar considerablemente


las negociaciones con usted, en caso de querer contar
rápidamente con sus servicios.

Después de su visita, le pedí a Yolanda que no me pasase ni

más visitas, ni más llamadas, a no ser que estas fuesen


imprescindibles, o evidentemente, de Eva, mis padres o
Susana. Me recosté en mi sillón, cruzando los brazos sobre

el pecho, perdiéndome en mis pensamientos, tratando de


organizar mis ideas tras todo lo que había hablado con el Sr.
Vázquez. Y muy especialmente, sobre el asunto que me
había contado de Susana. Por un lado, la entendía, pero por

otro me molestaba un poco que no hubiese confiado en mí


como le pedí, cuando le dije que no tendría el menor
problema y, para terminar, también tenía el problema de

cómo iba a contarle que yo era el dueño real de mi


empresa… Estuve barajando varias opciones posibles,
alegrándome por primera vez, que Susana no fuese a poder
venir el fin de semana, lo que me dejaba más tiempo para
poder pensar en algo.

El jueves pasó sin más incidentes, otro cantar fue el viernes,

que sobre las once de la mañana recibí la llamada de una


emocionadísima Susana, para decirme que regresaba esa
misma tarde, dándome el vuelo, terminal y hora de llegada

al aeropuerto. Nos despedimos con un te quiero por ambas


partes, cuando colgué me quedé pensativo, acababa de
terminárseme el tiempo del que creía disponer. Era obvio

que tenía que hacer algo y rápido con lo de Susana, si


quería impedir que cometiese un error, y la solución para
ello era de lo más sencilla y obvia. El problema no era tanto

el cómo poder hacerlo de modo que fuese consciente de


que hablaba completamente en serio con lo de mi empresa
cuando se lo contase, sino más bien, el que no me matase
por ocultárselo, lo bueno es que no llevábamos tampoco
mucho de relación como para que el cabreo fuese muy
gordo. Al final, con Susana había llegado mucho antes de lo

esperado a la situación que por unas causas u otras había


logrado esquivar en mis otras tres relaciones y que,
ciertamente, temía.

Estuve pensando en cómo se podía tomar todo esto,


especialmente el hecho de mi forma de vivir. Seguía en el
antiguo piso de mis padres, en mi barrio de siempre y con

un coche, un compacto generalista de más de once años


con sus más que buen kilometraje a sus espaldas, porque
no me gustaba malgastar el dinero en cosas que no veía

necesarias y que me importaban un pimiento, teniendo un


sueldo más que bueno. Eso Susana se lo tomó
relativamente bien, porque pensaba que yo era
adorablemente modesto en comparación con el cabestro de

su ex, que solo quería presumir sin tener de qué. Además, a


estas alturas también sabía que no lo hacía así por
tacañería, que si tenía que gastar dinero en algo no me

dolía lo más mínimo el hacerlo. Sin embargo, otra cosa era


su opinión sobre el coche tan viejo que tenía, sus
muchísimos kilómetros a la espalda, sumado al modelo que
era muy normalito, sin ser tampoco para más inri el más

alto de su gama, sino tirando hacia la parte baja de la


misma, ganando ese dinero que tenía de sueldo, le chirriaba
y mucho. Ya veríamos cómo se tomaba Susana mi adorable
modestia, después de confesar lo de mi empresa, cuando

repentinamente pasase de un plumazo de tener un sueldo


mucho más que bueno, a estar completamente forrado…
Miedo me daba su famoso genio.

Se me ocurrió una idea de cómo poder contener su humor,


o al menos si no todo, sí lo suficiente como para que no me

matase, pensé en buscarme una aliada. Me puse de


inmediato en marcha, primero llamé a Eva para saber si
podía quedar esa misma noche para cenar conmigo y con
Susana. Al principio puso pegas, ya que según dijo tenía ya

un compromiso, como la conocía bien, para convencerla usé


el hecho de que, al día siguiente, iba a presentar a Susana a
mis padres. Ahí acepto enseguida, me dijo que eso no se lo

perdía, que cancelaba la noche con sus amigas, y que al día


siguiente se apuntaba con nosotros dos a ver a mis padres,
que hacía mucho que no los veía. Eso fue algo que aún me

alegro mucho más, porque era algo que me venía de perlas,


supongo que con la presión del momento no lo medité bien,

porque no pensé ni por un momento en mi madre. Después


de esto le mandé un WhatsApp a Susana para informarla de
que cenaríamos con Eva. Me contestó al poco, aceptando,

pero que hablase con ella para hacerlo cerca de su casa ya


que llegaría muy cansada y al día siguiente teníamos que
viajar a ver a mis padres. Hablé con Eva, que aceptó

contenta, y nuevamente le mandé un WhatsApp a Susana,


para confirmárselo y, además, explicarle que Eva se había
apuntado a venir con nosotros. Me contestó con varias

caritas sonrientes. Una vez todo esto quedó listo, llamé a


mis padres para darles la noticia, ambos se pusieron muy
contentos, tanto de que fuese con mi nueva novia, como de

que Eva, a la que querían como a una hija, nos


acompañase.

El viernes recogí a Susana en el aeropuerto y la llevé a su

casa. Por el modo de mirarme durante el camino, no quise


subir con ella porque la veía excitada, aunque al final no me
quedó otra opción, ya que me puso una carita que daba

lástima y me dijo que la maleta pesaba muchísimo. Entré el


primero arrastrando su maleta, no habría dado ni cuatro
pasos dentro de su casa cuando escuché perfectamente el
clac de la cerradura de la puerta al echarle la llave… Me
volví rápido, para ver cómo los zapatos de Susana salían

volando, cómo se desabrochaba la chaqueta dejándola caer


al suelo mientras avanzaba hacia mí con una cara de salida
que daba miedo… Le recordé que habíamos quedado con

Eva para cenar, su contestación fue que entonces no


perdiese más tiempo y que le diese lo que quería… Fue
divertido, estuvimos follando como dos animales durante

casi una hora, luego Susana se metió a todo correr en la


ducha, mientras yo lo hacía después, terminó de arreglarse
en tiempo récord, y una vez estuvo lista, se dedicó a
meterme a mí prisa, porque veía que, al final, llegábamos

tarde a la cena… Para matarla… a polvos, eso sí.

Para irnos a la cena, dado que después, según me explicó

Susana, habían estado las dos hablando y decidieron que


pasaríamos por casa de Eva a recoger sus cosas para irnos
al día siguiente desde casa de Susana. Por eso decidió

llevarse su coche y dejarle en un parking cercano al


restaurante. Por el camino le conté, más o menos, la visita
de su jefe y algunas de las cosas de las que hablamos. Si
bien, cuando le comenté que por lo hablado tenía toda la
pinta de que el jefe territorial pensaba tomar medidas

personalmente con su compañero y su jefe se alegró


bastante, aunque justo después, puso un gesto de tristeza

que rápidamente reprimió. Supuse el motivo de esa


expresión, y por ello volví a recalcarle que no se preocupase

por mí, que mis acciones no iban a tener la menor

consecuencia, que, por favor, me tomase en serio cuando


se lo decía. Me aseguro que sí, pero sinceramente, no la creí

ni por un solo instante, estaba claro que tenía su propia idea

formada y no iba a salir de ahí sin un buen motivo más allá


de que yo se lo asegurase. Cuando llegamos aun tuvimos

que esperar unos minutos a Eva.

Durante la cena, las dos estuvieron cambiando impresiones

y hablando de muchas cosas, en un momento dado, Eva,


que ya sabía por mi lo que pretendía hacer Susana y cómo

me había enterado…

― Oye Susana, te veo algo baja. Me ha contado Pedro lo de

tu compañero y lo que ocurrió, no estarás pensando hacer

ninguna tontería, ¿verdad?


― No, ya me dijo Pedro que el ayudarme no tendría

repercusiones en su empresa para él ―sonrió, pero de un


modo un tanto forzado―.

― Susana, sé lo que has hecho, has pedido un cambio de


departamento, porque piensas que si no lo haces me vas a

terminar por perjudicar. Te lo repito, yo no voy a tener el

menor problema en mi empresa… ―le dije―.

― Supongo que te lo dijo el Sr. Ramírez, ¿no? ―me preguntó

tensa―.

― Evidentemente. Cuando terminamos de hablar y le

facilité ciertos datos, a modo de devolver el favor que tú le


habías hecho, me explicó la estupidez que estabas a punto

de cometer.

― No es ninguna estupidez, sé cómo funcionan estas cosas

y que tú no me comentarías tampoco nada si te hubiesen


dicho algo para que no me preocupase ―me rebatió―.

― Eva, por favor, se lo puedes decir tú… ―a su muda


pregunta le contesté con un leve gesto de asentimiento―.

― Cariño ―tomó la mano de Susana sobre la mesa, dándole


un apretón cariñoso―, si hubiese tenido algún problema,
créeme que Pedro te lo habría dicho sin la menor duda. Sé

que aun así no te vas a fiar, con estas cosas eres muy dura

de mollera como se te meta algo en la cabeza, pero créeme,


no va a tener la menor dificultad.

― Eva, sé que no hace falta que te explique cómo se puede


volver la tortilla en una junta general de un momento para

otro como haya algo que no le guste a alguien, le puede


terminar por costar la cabeza al más pintado. Y en una

pequeña empresa como la de Pedro, que hablamos de los

dueños puede ser peor aún. No me voy a arriesgar a


perjudicarle después de que me ha salvado la cabeza, por

mucho que digáis ―explicó Susana―.

― Susana ―la miré fijamente―, el principal motivo por el

que no voy a tener el menor problema, es porque la

empresa en realidad es mía, al cien por cien ―puso cara de


incredulidad, por lo que continué―. Y si no me crees, solo le

tienes que preguntar a Eva, que es quien lleva todas mis

cuentas, incluidas las de la empresa y los activos de la


misma ―la miró con los ojos muy abiertos―.

― Es completamente cierto, le empresa es de Pedro,


aunque a estas alturas creo que ya conoces como es. Se
puso el cargo de director gerente con un sueldo adecuado a

dicho puesto, y a eso se limita… ―le dijo Eva

completamente seria―.

― A ver, a ver, a ver, que yo me aclare ―Susana apartó su

plato poniendo mala cara―. ¿Me estás diciendo que llevo


jodida y preocupada todo este tiempo por este gilipollas, por

si lo que había hecho por echarme una mano tenía

consecuencias para él, y resulta que la empresa es suya?


―terminó con un tono de cabreo bastante serio―.

― Eso mismo que tú has dicho. Aunque, en este caso, debo


señalar que buena parte de la culpa es tuya, por no tomarle

en serio, y creo que por lo que sé sobre cómo va la cosa

entre vosotros dos, por lo que ambos me habéis ido


contando, a estas alturas, Pedro, seguro que ya te ha dado

sobradas muestras de que no te miente cuando te dice algo.

― Pero… ―se detuvo, poniendo un gesto raro en su cara―.

Oye ―señaló a Eva―, todo esto no será un plan de los dos


para que me tranquilice y no haga nada, ¿verdad?, porque

esto no hay quién se lo crea…


― Susana cielo, ―suspiró Eva mirando a su amiga, mientras
hablaba con un cierto tono irónico―, ¿pero tú por qué crees

que siempre digo que yo con este idiota alucino cada vez

más?, ¿qué es solo por lo de sus ex?... Pues no, bonita, no.
Es por todo, y más que nada, porque con lo que gana no se

da ni siquiera el capricho de cambiar la tartana esa de

coche que tiene…

― Joder qué manía todo el mundo con mi coche, ¿si me va


bien para que voy a cambiarlo…?

― Tío, te recuerdo que yo sí sé lo que ya has ganado de


verdad en este año, no me jodas, ¿quieres…? ―me remachó

Eva, recalcando el de verdad, con pinta de estar también

enfadándose―.

― Me da miedo preguntar cuánto, porque soy capaz de

matarlo… ―dijo Susana apretando los dientes, dándose


perfecta cuenta del "de verdad" de Eva―.

― No le hagas caso, los beneficios los reinvierto en la


empresa, así que ese dinero no cuenta ―le sonreí―.

― ¿Eva…? ―le preguntó, mirándome de mala manera―.


― Lo siento Susana, sin su permiso no voy responderte a
eso, y lo sabes…

― No quiero cifras, pero, ¿más que yo? ―me continuó


mirando muy seria, mientras preguntaba a Eva, que a su

vez me miró también y nuevamente asentí.

― En la última operación que ha cerrado su empresa. Este

año se ha llevado un bonus de prima de siete dígitos

―contestó socarrona tras mi señal afirmativa con la


cabeza―. También es cierto que normalmente, otros años,

casi todos los beneficios que ha obtenido una vez


descontados impuesto y bonus de prima de todos sus

empleados, han sido reinvertidos en la empresa y no se los

ha quedado él cómo podría haber hecho, se ha limitado a su


sueldo, que es más que sustancioso.

― Espera, espera, ¿quieres decir que este cretino por el que


he estado jodida, en lo que va de año ya se ha llevado solo

como prima al menos un millón de euros? ―casi se

atragantó―.

― Bueno, coño, vale ya de ponerme verde, ¿no?


― Eso mismo he dicho con lo de los siete dígitos ―continuó

Eva sin hacerme ni puñetero caso―. Por eso, Susana, deja


de hacer el idiota y no te preocupes por su situación, la

empresa es suya, nadie le va a hacer nada.

― Me están dando ganas de arrancarle la cabeza… ―siseo,

parecía una serpiente apunto de morderme.

― Si es porque no te ha dicho nada hasta ahora, ahórrate el

enfado ―le dijo Eva mientras seguía comiendo tan


tranquila―. Con decirte, que ninguna de sus ex lo sabe, de

hecho, creo que, salvo sus padres, sus empleados, yo y

ahora tú, no creo que, de su círculo cercano nadie más


conozca el pequeño detalle de que la empresa en la que

trabaja es suya o la cantidad de dinero que maneja de

realmente este "angelito"…

― Y será verdad… ―dijo Susana, que me miró con cara de

alucinada. Confieso que, al verla, me costó mantener mi


cara de póker y no reírme, más que nada por temor a su

posible reacción si lo hacía―.

― Al cien por cien… ―le verificó Eva―, y si aceptas mi

consejo, ahórrate el cabreo. Este es así y no hay modo de


que cambie. Cuando ni su madre ni yo hemos conseguido

que entre por el aro… es ya un caso perdido… ―bufó Eva.

― ¡¡La madre que lo parió…!! ―exclamó Susana,

mirándome con cara de querer matarme muy lentamente y


haciéndome sufrir antes todo lo posible―.

Tras continuar con la conversación, metiéndose las dos

conmigo, entre el primer y segundo plato ambas se

marcharon al servicio. Cuando se fue Susana tenía cara de


querer arrancarme hasta el hígado y luego hacérmelo

tragar, mientras que Eva parecía bastante divertida con la

situación. Realmente, no sé qué hablarían las dos allí,


porque cuando regresaron, Susana parecía ya totalmente

calmada, y conste que no es que me fiase lo más mínimo de

su aparente tranquilidad. Seguimos hablando los tres,


finalmente, Susana pareció aceptar que, siendo soltero, me

sintiese unido tanto a la casa como al barrio donde me

había criado desde niño, eso sí, lo del coche fue otro cantar,
las dos la tomaron con el pobre, y aun con más vehemencia

que antes. Cuando por la noche nos acostamos, tras follar

los dos como descosidos, porque ya me dejó claro que una


cosa no tenía nada que ver con la otra y desde luego, no
pensaba castigarse ella sin sexo, porque yo "fuese un

soberano gilipollas". Incluso antes de dormirnos tuvimos un


nuevo encontronazo a cuenta del dichoso coche, ya que,

según sus propias palabras, no le entraba en la cabeza que,

teniendo esa cantidad de dinero, aunque solo fuese ya por


las mejoras actuales existentes en seguridad y dado que mi

coche encima no tenía ni las que en su época se podían

pagar como extras, aun siguiese con semejante cacharro.


No pude evitarlo, en vez de callarme me dio por tratar de

explicarme, y así me fue, como el culo. No diré que me

diese un ultimátum al respecto, pero sí que me dejó claro


que, con eso no pensaba dejar de insistirme y que, antes o

después, tendría que entrar por el aro, luego juraría que la

escuché susurrar un "antes de que me cabree en serio".

A la mañana siguiente salimos los tres hacia el pueblo de

mis padres, evidentemente en el coche de Susana, que no


quiso ni oír hablar de ir con el mío, contando además con el

más que evidente apoyo de Eva en esto. Confieso que iba

mosca con las dos, tras el bombazo que le solté el día


anterior a Susana, el que fuese de risas con Eva, sin dar el

menor síntoma de enojo y como me miraba de sardónica


esta última, me empezaba a poner nervioso. Como ya he

dicho antes en alguna ocasión, no me chupo el dedo

precisamente, y si bien a Susana aun no la conocía lo


bastante como para poder discernir algo concreto en su

comportamiento, con Eva no tenía ese problema, y estaba

viendo excesivamente claro con ella que estas dos habían


tramado algo conmigo como protagonista y por eso estaban

tan risueñas. Dado que íbamos a ver a mis padres, era fácil

suponer que estos tenían algo que ver, y sino los dos,
porque de mi padre podía permitirme dudar, con mi madre

estaba más que seguro… Pensaba en mi madre y su más


que probable reacción, a la que su niño llevaba a

presentarle a su nueva novia, íntima de mi gran amiga de la

infancia, mi hermana Eva, la cual siempre hacía frente con


mi madre para tratar de ponerme derecho. Para más inri,

íbamos en el cochazo de mi flamante nueva novia, porque

el rarito de su hijo no se gastaba un chavo en un capricho


que él considerase innecesario ni, aunque lo matasen. Si

bien mi madre con todas mis ex se ha llevado muy bien, en

este caso, Susana aparte de ser adorable, es intima de Eva,


lo que para mi madre seguro que iba a ser un auténtico plus
de confianza y que la aceptase ya casi con solo el haberse

presentado tan pronto ante ellos…

Cuando llegamos, mis padres, Pedro y Carmen, salieron a la

puerta a recibirnos, en la cara de mi madre, tras saludar a

Susana, pude apreciar un gesto de aprobación, y en el la de


mi padre, uno de disimulada admiración, más que nada

porque si lo pilla mi madre mirando inapropiadamente a una

novia mía lo escabecha. Ni cinco minutos con ellos, y ya me


arrearon la primera en la frente…

― Hijo, dame la alegría de que ese cochazo en el que habéis


llegado es tuyo… ―me preguntó con cara esperanzada.

― No Carmen, es de Susana, él sigue con su tartana ―le

contestó sarcástica una sonriente Eva…

― No, si ya decía yo que era raro que este se comprase un

coche nuevo, y menos uno con pinta de ser tan bueno…

―suspiró mi madre.

― Pero lo hará, doña Carmen, créame que lo hará, aunque

solo sea por no tener que escucharme a mí… este aún no


sabe con quién se ha ido a juntar ―le dijo mirándome con

los ojos chispeantes Susana.


― ¡¡¡Hija mía!!! ―la abrazó mi madre―, tienes todo mi
apoyo, el de mi marido y el de Eva para lo que necesites

con este gañán de hijo que tengo… Y no quiero volver a

escuchar lo de Doña, para ti Carmen…

― ¡¡¡Mamaaaaaaa!!!

― Ni mamá, ni leches, que con lo que gan… ―se calló,

mirando de reojo a Susana…―.

― Tranquila Carmen, Susana ya sabe que es el dueño de su

propia empresa… se lo tuvo que confesar… ―se rio Eva


mientras se lo decía―.

― ¡¡Aleluya!! Bueno Susana ―la cogió de un brazo, con el


otro a Eva, llevándoselas a ambas con ella a la cocina

mientras hablaba―, si ya sabes que este hijo mío tiene su

propia empresa y que gana un muy buen dinero, a ver si


eres capaz de meterlo en vereda con esa manía suya de

conformarse con cualquier cosa... y me lo espabilas de una


vez, que es un sosaina…

― Hijo ―mi padre me puso la mano en el hombro, mirando


hacia donde desaparecían las tres mujeres cogiditas del

brazo―, creo que con esta novia te acabas de caer con todo
el equipo. A tu madre le gusta, encima es de confianza de
Eva y para colmo, sabe de tu empresa y posiblemente

incluso lo que ganas. Tampoco la veo muy por la labor de no

atarte en corto… Creo que deberías de ir haciéndote a la


idea de que tu vida, esa de "vivo a mi aire porque no tengo

que rendir cuentas", va a cambiar drásticamente…

― Sí, papá, eso mismo me estoy empezando a temer yo

también ―le repliqué con la vista fija en la puerta por la que

habían desaparecido las tres mujeres, fue cuando empecé a


sospechar muy seriamente que quizá esa visita tan pronto

no hubiese sido muy buena idea, y menos aún

acompañados de Eva―.

La visita fue genial, mis padres y Susana hicieron muy


buenas migas, especialmente con mi madre, mi padre

sabiamente se quitó de en medio en todas las

conversaciones de las tres conmigo haciendo frente común.


Con lo del coche intenté colar la presencia de los dos coches

de alta gama en el aparcamiento de mi empresa si

necesitaba alguno en un momento dado, pero no funcionó.


Mi madre, Susana y Eva se encargaron de dejármelo muy

claro cuando se lo intenté explicar. Otra cosa que me temía


con mi madre y las ganas que tenía de un nieto, es que
visto como los dos nos llevábamos, lo acaramelados que

parecíamos y lo bien que se estaban entendiendo las dos,

intentase que me mudase con ella cuanto antes. Pero, para


mi sorpresa, no. No solo no ocurrió eso, sino que para mí

total, sospechosa y absoluta sorpresa, fueron las tres

quienes, con mi progenitora a la cabeza dejaron caer que


hacíamos bien en ir despacio y marcarnos unos tiempos

antes de decidir vivir juntos. La carrera de Susana salió a

colación, así como el puesto que ocupaba y el trabajo que


desempeñaba, algo que a mi madre también le encantó,

que su futura nuera, como comenzó a llamar a Susana fuese

una mujer más que capaz de valerse por sí misma, pero,


sobre todo, con el suficiente carácter como para no dejarse

manejar por mí y ponerme las cosas claras. En eso de

manejarla sí que le tuve que dar toda la razón a mi madre,


más que nada porque si me ponía a hacer balance de lo que

llevábamos de relación, había sido ella quien me había

manejado a mí en todo momento y no al revés.

Durante la noche que estuvimos en casa de mis padres,

pensé que Susana no querría hacer nada, pero me


equivoqué, resultó tan loba o más que cuando estábamos

en una de nuestras casas, la única diferencia es que se


contenía mucho más en sus gemidos, gritos y volumen al

hablar conmigo mientras follábamos. La verdad es que más

suerte no había podido tener con el asunto aquel de la


boda. El guion de comedia romántica me había traído una

novia físicamente impresionante, con una enorme

personalidad, una auténtica dama, una puta insaciable en la


cama, que me quería, que se llevaba a partir un piñón con

mis padres, con Eva, y muy sincera cuando tenía que hablar

de algo. La parte mala era el genio endemoniado que se


gastaba el angelito cuando se cabreaba de verdad, y eso

que, según Eva, aún no había podido verla en todo su


furioso esplendor. Al mes siguiente, me tocó a mí visitar a

su familia por primera vez, su hermano, su hermana y sus

padres quedaron encantados conmigo y yo con ellos,


quienes le dijeron a Susana que ya iba siendo hora de que

saliese con alguien normal y no con un gilipollas, como

acostumbraba a hacer, aunque juraría que la escuché


rechinar un poco los dientes cuando escuchó aquello,

mientras clavaba sus ojos sobre mí, que parecían querer


taladrarme. Obvio decir que no abrí la boca ni media, sobre

todo, porque Susana no paraba de mirarme de reojo,


mientras sus padres la felicitaban, porque por fin

demostraba su buen juicio… Por la cara de Susana, cuando

dijeron lo del gilipollas, amenazaba tormenta si se me


ocurría decir lo más mínimo, sé cuándo llevo las de perder,

y estaba visto que después de conocer la verdad, lo de mi

forma de pensar con respecto a mi forma de vivir,


resultaba… cuanto menos, controvertido para ella.

El cuarto mes tras esta visita estuvo de lo más entretenido,


de hecho, por culpa de dos cosas. Lo primera fue mi coche,

que no es que me empezase a dar problemas, pero tuve la

mala suerte de que se juntasen varios mantenimientos, y de


los caros, distribución, frenos incluyendo los discos,

embrague completo, aceite, filtros, neumáticos… sin

olvidarnos de pasar la dichosa ITV. Vamos, que la broma se


iba a un pico, ni qué decir tiene que, cuando Susana se

enteró, le faltó tiempo para recordarme mis propias

palabras sobre "cuando el coche comenzase a dar


problemas". Lo cierto es que tampoco le hizo falta mucho

para convencerme, el volumen del gasto en un coche con


cerca de trescientos mil kilómetros y más de once años, aun

sin la presión de Susana, antes de decírselo, también me

había hecho dudar por mí mismo sobre qué sería mejor,


máxime no siendo el dinero un problema. Cuando me decidí

a comprar otro coche, aparte de Susana, mi madre y la

propia Eva cuando se enteraron, también me dijeron que no


hiciese el tonto, y que dado lo que ya llevaba ganado, por

una vez me diese un capricho para mí. Por supuesto, las dos
insistieron en ir conmigo a ver modelos, y si mi madre no se

apuntó arrastrando tras ella a mi padre, fue porque a

ninguno de los dos les gustaba salir del pueblo si podían


evitarlo, y mi madre tenía plena confianza en mi hermana y

su nuera, para que no hiciese alguna de mis habituales

tonterías.

Me decidí a darme un capricho, me fui con las dos a ver

cierto deportivo en cuya parrilla hay un caballo al galope,


concretamente, directo al modelo más alto que se vende

aquí con intención de meterle todos los extras habidos y por

haber. Contra lo que esperaba y es que ambas intentasen


que optase por algo más lujoso, o al menos más formal y no

un deportivo, las dos me apoyaron en la idea. Como soy


como soy y el precio que me ofrecieron me pareció

razonable, hice la reserva del coche en ese mismo

instante… Lo que me mató cuando regresábamos a casa de


Susana, fue lo que me dijo Eva riéndose y haciendo reír a

Susana. Me soltó que aprovechase el coche todo lo que

pudiera, porque debía de ser de los pocos afortunados que


tenía una novia a la que le gustaban más los deportivos que

los Suv o Todoterrenos, pese al bicharraco que se compró, y

que, en cuanto viviésemos juntos seguro que trataba de


camelarme para que cambiásemos los coches para

movernos… Evidentemente, riéndome le contesté a Eva que

no se lo creía ni ella, y la muy cabrona de mi novia le dijo a


Eva que no se preocupase por ello, que sabía cómo tocar las

teclas necesarias para convencerme, que con hacerme la

pregunta mientras follábamos arreglado, porque en esos


instantes era incapaz de negarle nada, al no pensar con la

cabeza, provocando las carcajadas de las dos. Y lo peor es

que tenía toda la razón del mundo. Con mi coche haciendo


aguas y hasta que me diesen el nuevo, Susana decidió que

ella me llevaría y recogería del trabajo, ya que como tenía


horario flexible me podía adaptar a los suyos. Para no
darnos paseos inútiles, también tomo la decisión de que
permaneciésemos juntos en una u otra casa, en eso, la

verdad es que, según ella para no presionarme, me dejó la


decisión de cuál de las dos a mí… de traca.

Lo segundo que ocurrió en este mes, y que, si a mí me hizo


reír, a ella la puso de mala hostia, un día sí y al otro

también. Volvía a casa que mordía, de hecho, le vino bien

que estuviésemos juntos para poder desahogarse conmigo


en, como ella misma decía, cuerpo presente y follable.

Resultó que, al idiota de su ex no le debió de quedar claro

con la patada en los mismísimos que le pegó, y volvió


nuevamente a por más. Como supongo que tonto del todo

no llegaba a ser, debió de considerar que el cara a cara no

era la mejor de las opciones por el riesgo que corría de que


se la rompiese a guantazos. Inició con Susana una ofensiva

de flores, bombones y todo tipo de regalos, acompañados

siempre de una tarjeta con un texto de lo más almibarado y


cursi… o como me decía Susana, de lo más vomitivo. La

parte buena de esto, es que Susana luego en casa conmigo,

se desestresaba follando como una animal, resultaba


insaciable y yo, por mi parte, sin la menor pega. Al final,
terminamos antes de tiempo viviendo juntos en casa de
Susana, por culpa del gilipollas este, que, por cierto, tras

mudarme alquilé la mía, cosa que nunca hice con mis ex,

dinero que iba directo a la letra del piso de Susana, pese a


que esta al principio se trató de oponer. Por supuesto, que

esto fue porque vi el percal en que me podía meter si decía

algo del estilo de pagarlo yo, aunque se lo intentase vender


como si fuese un préstamo. Con lo del alquiler, me costó,

pero finalmente conseguí dejarla sin argumentos válidos

para oponerse frontalmente.

El acoso e intento de derribo del pollo sobre Susana, la cual


por cierto no me dejó intervenir, duró dos meses, justo lo

que tardó Susana en ponerle las manos encima, el muy

gilipollas apareció ante nosotros una noche que estábamos


cenando en una terraza, con una cajita y un anillo, para

pedirle la mano. Menos mal que, como ya la iba conociendo,

no me fie para nada de ella, porque casi se la concedió,


pero con el puño cerrado y en las narices… Me costo lo que

no está en los escritos parar el puñetazo, no sé ni cómo lo

conseguí, y que después no se lanzara a su cuello para


matarlo, fue una movida impresionante, intervino hasta la
policía de la que se lio… Al final, delante de los agentes, al
impresentable le dejé muy claro que, si volvía a molestar de

nuevo a Susana, le pensábamos meter una denuncia por

acoso, y por lo penal… eso finalmente parece que sí que le


hizo reaccionar y salir de nuestras vidas para siempre.

De todo esto, ya hace un año. Ahora mismo llevamos un


mes comprometidos, aunque de momento y, pese a las

presiones de nuestras respectivas familias, no hemos

elegido aun la fecha. Según nos dice Eva, si no lo hacemos


ya solo es por joder la marrana un poco. Nuestras familias

ya se conocen y hacen muy buenas migas, especialmente

con el tema de la boda, y ambos pensamos que, de


momento, se están guardando lo de los nietos hasta que

pasemos por la vicaría. Normalmente, el X7 lo conduzco yo,

y mi flamante deportivo de mis amores con su caballo al


galope en la parrilla, lo lleva mi querida novia, a la que le

costó una semana entera de polvos pillarme con la guardia

baja para que aceptase. Lo cachondo del caso es que, al día


siguiente de aceptar, la amenacé con que, si se llevaba mi

coche, me pensaba comprar otro y, riéndose, me dijo que

no tenía narices, que me acompañaba ella misma en ese


instante a que lo eligiese, y si lo compraba de verdad, mi

madre, Eva y ella me ponían una medalla para que


recordase tan increíble momento. Eso sí, muerta de la risa,

me soltó que también me mandarían al psicólogo, por si el

gasto innecesario me suponía algún tipo de trauma…


Estuvo dos o tres días con el cachondeo, pinchándome

mientras se descojonaba para que me comprase otro, eso

sí, la única condición que me ponía es que fuese de


diferente color, para que ella pudiese ir alternándolos.

Evidentemente, no me compré otro, ya que estando el X7 y


pese al armatoste que es, lo veía algo innecesario. Lo sé, no

tengo remedio, ¿qué se le va a hacer?

Susana aun no me ha dicho nada, supongo que, para no

asustarme antes de casarnos, pero Eva ya me ha dejado

caer partiéndose de risa cuando le dije que nuestros


respectivos debían de estar esperando a que nos

casásemos para machacarnos con los niños, que mis padres

y suegros con lo de los nietos no iban a tener que insistir


mucho. Luego tuvo a bien explicarme que, mi flamante

prometida con menos de dos niños no se iba a conformar, y

eso siempre que, al menos, uno de los dos fuese niña, por lo
que más me valía que me fuese preparando para hacer

puntería, porque conociéndola no pararía hasta conseguirlo.

Ya me veo con un monovolumen, con suficiente capacidad

como para poder llevar a un regimiento, porque si algo me


ha quedado claro en este tiempo que llevamos juntos, es

que, como a Susana se le meta algo en la cabeza, lo

persigue hasta que lo consigue… y en esto, ni mis padres, ni


mis suegros tienen ganas de contrariar a mi mujer.

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