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La religión en Roma tenía un sentido utilitario, el lema era “do ut des” (yo doy para que tú me des) y
estaba al servicio de los individuos y del estado. Alejados de cualquier contenido moral, todos los ritos y
sacrificios pretendían obtener el beneficio de los dioses.
En un principio, los romanos divinizaron todas las fuerzas de la naturaleza y los actos más
trascendentales de la vida de los hombres y las mujeres.
Las divinidades específicas tenían una naturaleza agraria y pastoril de acuerdo con los orígenes de
Roma.
Las principales divinidades son:
Fauno: Era el dios protector de la agricultura y el ganado. Se identificaba con el dios Pan. Se
representaba con piernas y pies de cabra, la cabeza con dos cuernos y barba desordenada.
Flora: Diosa de la juventud eterna que cuidaba de los jardines y las flores. Se representaba coronada
de flores y las fiestas llamadas florales duraban 6 días.
Jano: Dios que presidia el inicio de todos los acontecimientos más importantes. Se le representaba
con dos caras, una mirando hacia adelante y otra mirando hacia atrás.
Pales: Diosa de los pastores. Se representaba coronada de laurel y romero. Su fiesta se celebraba en
abril y en ella los pastores encendían grandes fuegos y los saltaban por encima.
Pomona: Diosa de los frutos. Se representaba junto a una cesta de frutas y flores, o bien con
manzanas y otros frutos.
Silvanos: Llamados sátiros también. Habitaban en los bosques y tenían los pies de cabra. Su carácter
alegre, alocado y malicioso hacía que los pastores le temieran y les ofrecieran las primeras crías de sus
rebaños.
Término: Dios o Gurdián de las propiedades y protector de los límites al que se representaba con
figura humana, pero sin pies ni brazos.
Vesta: Diosa del hogar. Sacerdotisa de culto que debía mantenerse virgen y vigilar que en su tiempo
no se apagase el fuego sagrado.
Al entrar en contacto con Grecia, los romanos asimilaron rápidamente a los dioses griegos y a su
mitología.
El nacimiento
Cuando nacía un niño este era depositado en el suelo, si el padre lo reconocía lo tomaba en brazos y lo
levantaba. Nueve días más tarde era purificado en el altar doméstico y se le imponía el nombre.
Los romanos distribuían este periodo del niño en tres etapas:
o Infans – Era la etapa donde el niño todavía no habla.
o Puer – Etapa que comprendía hasta los 7 años.
o Adulescens – Era la etapa de adolescente.
La niña, a los 12 años, pasaba de infans a puella, edad en la que era considerada oficialmente una mujer
adulta.