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Ponerse el “termómetro” es algo que todos conocemos. Este aparato tan corriente también tiene un
nombre de origen griego. Es una palabra compuesta del adjetivo θερμoς -η -ov, que significa ‘caliente’, y
del sustantivo μετρov -ou, que significa ‘medida’. El termómetro sirve para medir la temperatura corporal,
el calor del cuerpo.
Los termómetros actuales son digitales, pero, no hace mucho, el termómetro consistía en una barra
alargada de cristal que contenía otra barra de mercurio. La barra de cristal tenía unas marcas escritas
con los grados de la temperatura corporal (desde los 35º a los 42º) y sus respectivas décimas. El
mercurio es un mineral líquido que se dilata ante un aumento de temperatura. Cuando alguien tenía fiebre
y se ponía el termómetro, el mercurio que estaba dentro de la barra de cristal se dilataba, y las marcas
del cristal indicaban cuál era su temperatura corporal.
La s divinidades mistéricas.
Desde época temprana, Deméter recibió un tipo de culto basado en unas ideas religiosas bastante
diferentes de las que sustentaban el Panteón oficial, La figura de Deméter, relacionada siempre con la de
su hija Core o Perséfone y la de Hades, dio lugar a otro tipo de religiosidad que conocemos con el nombre
de religión mistérica.
Pese a exigir rituales colectivos, esta religión tenía una importancia individual y establecía un vínculo más
personal entre el ser humano y dios.
La religión mistérica ponía el acento no tanto en el rito cuanto en la moral -se exigía el cumplimiento de
una serie de preceptos morales, no solo rituales-, y el relato mítico en el que se fundaba casi se vivía
como un dogma. Cuando la religión olímpica oficial fue degenerando en monótonos y acostumbrados
rituales, el individuo se refugió en otro tipo de religión que aportaba creencias, sentimientos y una
especie de esperanza para después de la muerte.
Movidos siempre a partir del mito, los griegos diseñaron un esquema religioso que los romanos
adaptaron a su propia sociedad. Pero, vaciados del color y del brillo que les daba el mito original, aquellos
dioses sucumbieron definitivamente en Roma siglos después ante el empuje imparable del cristianismo.
Perdidos los fieles, perdidos los rituales, quedaron vivos los mitos.
El vestido y el peinado
Los vestidos se confeccionaban con lana, lino o seda. Se empleaban hebillas, broches y cinturones. Los
vestidos más frecuentes entre los griegos eran la túnica y el manto.
La túnica.
Se asemejaba a una camisa rectangular y se usaba como prenda interior. Había dos clases de túnica: el
peplo y el quitón.
- El peplo no tenía mangas y lo usaban las mujeres. Se ceñía al cuerpo con un cinturón.
- El quitón tenía mangas y también se sujetaba con cinturón. Lo usaban mujeres y hombrees.
El manto
Era una prenda exterior, la que se usaba para ir a la calle. Había dos clases de manto: el himatión y la
clámide.
- El himatión, vestido rectangular de una pieza. Lo usaban las mujeres y los hombres.
- La clámide, capa corta de lana, se sujetaba a un hombro. Lo usaban los jinetes y viajeros.
Las mujeres llevaban peinados muy elaborados. Además, utilizaban perfumes, cosméticos y joyas.
Los hombres se afeitaban y cortaban el pelo en las peluquerías por la tarde.