Literatura Guia
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ASIGNATURA: LITERATURA I
La forma de expresión propia de la literatura es, el lenguaje literario. Sabemos que desde que el
hombre existe ha sentido la necesidad de comunicarse, de expresar sus sentimientos, de cultivar su
imaginación y lo ha hecho por medio de la palabra. Ésta puede utilizarse de distintas maneras: unas
veces lo principal es transmitir ideas claras y exactas; mientras otras se pretenden impresionar al
receptor a través de un mensaje elaborado especialmente con tal finalidad. Esto es lo que se conoce
como el lenguaje literario.
Para poder interpretar un texto literario es importante conocer los distintos recursos lingüísticos
que utilizan los escritores para expresar sus ideas de una manera original y bella, los cuales son
llamados marcas de literariedad, por lo que a continuación se describen: La primer marca de
literariedad es el lenguaje connotativo o figurado, que es cuando se expresa una idea con palabras
a las que se les da un significado distinto al literal, como cuando se dice que a alguien “se le pegaron
las sábanas”, “se le fue el tren” o “se le durmió el gallo” para expresar que se ha levantado tarde;
un texto que nos permite ejemplificar lo anterior es la siguiente estrofa de uno de los poemas de
Octavio Paz en la que se refiere al sol.
La segunda marca de literaliedad es la polisemia, que se refiere a aquellas palabras con múltiples
significados que utilizan los escritores para poder dar fuerza y elegancia a sus mensajes, como se
puede observar en el siguiente poema de Charles Baudelaire en el que primero se refiere a las
quimeras como unas bestias y posteriormente se refiere a ellas como aquellas ilusiones o fantasías
que oprimen a los hombres y los conducen hacia un “sin sentido”.
La tercera marca de literariedad son las figuras retóricas Las figuras retóricas, figuras literarias o
recursos estilísticos son maneras no convencionales de utilizar el lenguaje para reforzar o
intensificar un determinado mensaje. Para tener una idea más clara, estas figuras del lenguaje
tienen la capacidad de brindarle al mensaje un sentido distinto.
El verso
El verso es un conjunto compacto de palabras, cortado artificialmente. Es una unidad porque se
puede medir en número de sílabas o en duración de tiempo, incluso en número de acentos.
A manera de marco referencial se enlistará enseguida los principales movimientos literarios en la
historia de occidente. No se tiene en mente un cuadro exhaustivo, sino simplemente un resumen
esquemático que sirva para ubicar y registrar un movimiento, un autor, una tendencia y quizá
también una obra.
Géneros y subgéneros literarios
Desde el punto de vista tradicional, existen tres grandes géneros: la narrativa, la lírica y la dramática.
La épica cuenta un gran acontecimiento, no nos lo muestra, sino que nos lo cuenta (oposición
contar-mostrar).
En la narrativa es evidente que hay una persona que nos cuenta los acontecimientos. En la
antigüedad clásica, la épica se presentaba como epopeya, o mitos o leyendas. Estas formas eran
historias contadas en verso. Todas esas formas con el paso del tiempo abandonaron el verso y se
escribieron en prosa. A partir de este hecho surgió la novela. Según algunos teóricos la novela está
hecha de muchos cuentos, pero con un hilo conductor, es decir, conservando el protagonista y el
tema. El cuento siempre ha existido, pero por su brevedad e informalidad (escrito en prosa) no
recibía atención ni valor literario. El relato como sinónimo de cuento está presente en todas las
culturas. No sería extraño pensar entonces que este relato breve, al igual que muchos otros géneros
igualmente breves y populares (cuentos satíricos, fábulas, cuentos impúdicos, etcétera), se
incorporaran a la novela.
La lírica nos expone las alegrías, tristezas, temores, sinsabores que da la vida, amores no
correspondidos, y una variedad muy grande de sentimientos. La lírica siempre viene en verso. Toda
lírica viene en forma de poema, pero no toda poesía es lírica. Puede haber poesía narrativa, como
el corrido mexicano, el cual es un romance, es decir, poema, con versos de ocho sílabas.
La dramática no nos cuenta lo que dijeron e hicieron los personajes, sino que nos lo muestra; nos
lo muestra a través de la conversación entre los personajes. Cuando una historia de este tipo se nos
presenta sólo en la forma escrita, se le designa drama, pero cuando es representado le llamamos
teatro. El gran atractivo mágico del teatro es que nos muestra a los personajes en carne propia, en
persona, frente a nosotros, discutiendo, en conflicto, planeando, difiriendo.
Tipos de narrador
Narrador protagonista o personaje
Las historias las puede contar uno mismo, es decir, se pueden contar en primera persona. En estos
casos todo gira alrededor de uno mismo. Uno mismo es el protagonista y todo se cuenta desde la
perspectiva de uno mismo. Es muy atractivo este punto de vista porque vuelve cualquier relato en
realista y verosímil. De hecho, en la actualidad es un género muy socorrido. Las más famosas
novelas, escritas en primera persona, de la novela picaresca en la España del Renacimiento son El
lazarillo de Tormes (anónima), o La vida del Buscón de Francisco de Quevedo; en México del siglo
XIX tenemos El periquillo sarniento de Joaquín Fernández de Lizardi.
La historia puede ser contada en primera persona en la que uno no es personaje de la historia sino
un testigo. Uno casi es personaje, pero lo que uno cuenta le sucede a los demás. Cuando los hechos
referidos son de la vida real se le conoce como Memorias, si los hechos son ficcionales entonces son
cuento o novela.
Narrador omnisciente
El tercer tipo de narrador es aquel en el que los hechos son narrados desde un punto de vista
impersonal. Alguien indeterminado es el que cuenta. Y ese alguien normalmente sabe mucho,
incluso conoce los pensamientos de sus personajes, como si fuera Dios, que todo lo sabe. Se le llama
narrador de tercera persona omnisciente. La gran novela del realismo psicológico del siglo XIX, por
ejemplo, fue escrita de esta manera. Son novelones Los hermanos Karamazov de Dostoyevski, La
guerra y la paz de Tolstoi, Grandes esperanzas, de Dickens.
En el nivel más particular, la obra literaria ofrece dos aspectos: primero, se trata de una historia o
diégesis, que muchas veces suele ser ya conocida por quienes la leen. Pongamos por caso la historia
de Superman. A pesar de eso, aunque ya conocemos la historia vemos con interés cada nueva
versión de la misma historia, es decir, cada nueva trama del mismo tema. En la actualidad no
importa tanto la originalidad para que una obra tenga éxito, es más, es casi imposible que lo sea.
Existe un número finito de historias a las que se les conoce como lugares comunes o topoi: el amor
no correspondido, el amor sacrificado de la madre, la traición o la fidelidad del amigo, la
perseverancia del héroe, etcétera. Lo que es infinito (segundo aspecto) es la manera de tratar tales
temas, o sea la trama, con la atención puesta en cada uno de los elementos que la integran. Esos
elementos son: quién cuenta la historia (una persona común y corriente, el héroe mismo cuando
habla en primera persona (es el caso de los relatos autobiográficos); un muerto, un animal
personificado (Jolstomer, la historia de un caballo, de Tolstói), un cerro que recuerda (Recuerdos
del porvenir, de Elena Garro): en realidad no hay límites. O quizá se ponga énfasis en la relación que
guardan los personajes: un siervo que no hace caso a su amo (los criados en Calixto y Melibea); un
héroe confundido, mediocre, sin aspiraciones (Leopold Bloom, en Ulises, de James Joyce). Muchas
veces se nos cuentan historias tradicionales, pero en un contexto actual, es decir, refuncionalizadas,
por ejemplo, la historia de Caín y Abel como empleados en un banco: Caín es honesto y pacífico, y
Abel, un ladrón asesino.
Características del cuento
El cuento es un subgénero más de la narrativa, por lo que comparte con sus otros hermanos los
siguientes puntos: personajes, espacio y tiempo.
Los personajes son quienes aparecen en las obras realizando las acciones, y éstos se clasifican por
su importancia en principales, secundarios y ambientales. Los personajes tienen tres planos, el
físico, el sociocultural y el psicológico.
Personaje principal o Protagonista (pueden ser uno, varios o un pueblo):es quien realiza las
acciones más importantes en la obra; es quien intenta resolver el problema que se plantea en el
texto; es quien aparece de principio a fin. Todos los personajes giran en torno a él.
En “La Caperucita roja” el personaje tiene la característica física de ser tan pequeña, por lo que
requiere de la ayuda de otro personaje para resolver el problema. En los cuentos infantiles son los
héroes, las princesas; más en la literatura contemporánea, los personajes no están llenos de
virtudes, sino que también poseen defectos, son más reales y hasta pueden llegar a tener
características negativas, ser asesino, por ejemplo.
Personaje secundario: tiene la función de caracterizar al personaje principal; es decir, mostrar las
características internas de aquel: La obediencia en la relación Mamá-Caperucita; cariño en la
relación Abuelita-caperucita; inocencia en la relación Lobo-Caperucita; vulnerable en la relación
Cazador-Caperucita.
Personaje ambiental: tiene la función de caracterizar el lugar donde se desarrollan las acciones, es
donde se mueve o traslada el personaje principal: en el cuento de la Caperucita los hechos se
llevan a cabo en el bosque, por lo que se supone debe de haber cazadores.
Espacio: es el lugar, o la serie de lugares físicos donde se realizan las acciones: el bosque, el
campo, el desierto, la montaña, la ciudad. En el caso de Caperucita, el bosque.
Tiempo: es el tiempo que transcurre en el cuento, desde el inicio de las acciones hasta el final de
ellas: horas, días, meses, años o siglos. El tiempo que transcurre en La Caperucita, desde la salida
de su casa; el encuentro con el lobo; cruzar el bosque; llegar a la casa de la abuela, ser devorada
ella y su abuelita por el lobo; la ayuda salvadora del cazador. Al parecer todo se da en el transcurso
de un día.
Elementos de la novela
Los elementos de la novela corresponden a los propios del género narrativo. Como la novela es un
subgénero de la narrativa, encontramos que sus elementos son narradores, personajes, espacio,
tiempo, ambiente. La novela es un subgénero más de la narrativa, por lo que comparte con sus otros
hermanos los siguientes puntos: personajes, espacio y tiempo.
Los personajes son quienes aparecen en las obras realizando las acciones, y éstos se clasifican por
su importancia en principales, secundarios y ambientales. A los personajes, se les suele describir
por los planos en que se ve necesariamente involucrado, el físico, el psicológico y el sociológico.
Personaje Principal o Protagonista (pueden ser uno, varios o un pueblo): es quien realiza las
acciones más importantes en la obra; es quien intenta resolver el problema que se plantea en el
relato; es quien aparece de principio a fin. Todos los personajes giran en torno a él.
Personaje Secundario: tiene la función de caracterizar al personaje principal; es decir, mostrar las
características internas de aquel.
Personaje Ambiental: tiene la función de caracterizar el lugar donde se desarrollan las acciones, es
donde se mueve o traslada el personaje principal.
Espacio: es el lugar, o la serie de lugares físicos donde se realizan las acciones: el bosque, el
campo, el desierto, la montaña, la ciudad
Tiempo: es el tiempo que transcurre en el cuento, desde el inicio de las acciones hasta el final de
ellas: horas, días, meses, años o siglos
NOMBRE DEL ALUMNO: (Iniciando por apellido)
ASIGNATURA: LITERATURA I
1.- ¿Por qué la literatura es considerada como una forma de expresión artística?
4.- ¿Cuáles son las formas de presentación del discurso literario? Realiza un ejemplo de cada uno.
Ejemplo: Ejemplo:
5.-Con las siguientes palabras realiza otros ejemplos de figuras retóricas:
La niña perversa
Esta tarde empujé a Arturo a la fuente. Cayó en ella y se puso a hacer gluglú con la boca,
pero también gritaba y fue oído. Papá y mamá llegaron corriendo. Mamá lloraba porque
creía que Arturo se había ahogado. Pero no era así. Ha venido el doctor. Arturo está ahora
muy bien. Ha pedido pastel de mermelada y mamá se lo ha dado. Sin embargo, eran las
siete, casi hora de acostarse, cuando pidió pastel, y a pesar de eso mamá se lo dio. Arturo
estaba muy contento y orgulloso. Todo el mundo le hacía preguntas. Mamá le preguntó
cómo había podido caerse, si se había resbalado, y Arturo ha dicho que sí, que se tropezó.
Es gentil que haya dicho eso, pero yo sigo detestándolo y volveré a hacerlo en la primera
ocasión.
Por lo demás. si no ha dicho que lo empujé yo, quizá sea sencillamente porque sabe muy
bien que a mamá le horrorizan las delaciones. El otro día, cuando le apreté el cuello con la
cuerda de saltar y se fue a quejar con mamá diciendo: "Elena me ha hecho esto", mamá le
ha dado una terrible palmada y le ha dicho: "¡No vuelvas a hacer una cosa así!" Y cuando
llegó papá ella se lo ha contado y papá también se puso furioso. Arturo se quedó sin postre.
Por eso comprendió, y esta vez, como no ha dicho nada, le han dado pastel de mermelada.
Me gusta enormemente el pastel de mermelada: se lo he pedido a mamá yo también, tres
veces, pero ella ha puesto cara de no oírme. ¿Sospechará que yo fui la que empujó a Arturo?
Antes, yo era buena con Arturo, porque mamá y papá me festejaban tanto como a él.
Cuando él tenía un auto nuevo, yo tenía una muñeca, y no le hubieran dado pastel sin darme
a mí. Pero desde hace un mes, papá y mamá han cambiado completamente conmigo. Todo
es para Arturo. A cada momento le hacen regalos. Con esto no mejora su carácter. Siempre
ha sido un poco caprichoso, pero ahora es detestable. Sin parar está pidiendo esto y lo otro.
Y mamá cede casi siempre. A decir verdad, creo que en todo un mes solo lo han regañado
el día de la cuerda de saltar, y lo raro es que esta vez no era culpa suya.
Me pregunto por qué papá y mamá, que me querían tanto, han dejado de repente de
interesarse en mí. Parece que ya no soy su niñita. Cuando beso a mamá, ella no sonríe. Papá
tampoco. Cuando van a pasear, voy con ellos, pero continúan desinteresándose de mí.
Puedo jugar junto a la fuente lo que quiera. Les da igual. Sólo Arturo es gentil conmigo de
cuando en cuando, pero a veces se niega a jugar conmigo. Le pregunté el otro día por qué
mamá se había vuelto así conmigo. Yo no quería hablarle del asunto, pero no pude evitarlo.
Me ha mirado desde arriba, con ese aire burlón que toma adrede para hacerme rabiar, y
me ha dicho que era porque mamá no quiere oír hablar de mí. Le dije que no era verdad. Él
me dijo que sí, que había oído a mamá decirle eso a papá y que le ha dicho: "No quiero oír
hablar nunca de ella." Ese fue el día que le apreté el cuello con la cuerda. Después de eso,
yo estaba tan furiosa, a pesar de la paramada que él había recibido, que fui a su recámara
y le dije que lo mataría.
Esta tarde me ha dicho que mamá, papá y él iban a ir al mar, y que yo no iría. Se río y me
hizo muecas. Entonces lo empujé a la fuente.
Ahora duerme y papá y mamá también. Dentro de un momento iré a su recámara y esta vez
no tendrá tiempo de gritar, tengo la cuerda de saltar en las manos. Él la olvidó en el jardín
y yo la tomé.
Con esto, se verán obligados a ir al mar sin él. Y luego me iré a acostar sola, al fondo de ese
maldito jardín, en esa horrible caja blanca en la que me obligan a dormir desde hace un
mes.
10.-Lee con atención el siguiente fragmento de novela y responde las preguntas después del texto.
Frankenstein
Capítulo V
Una triste noche del mes de noviembre pude, por fin, ver realizados mis sueños. Con una ansiedad
casi agónica dispuse a mi alrededor los instrumentos necesarios para infundir vida en el ser inerte
que reposaba a mis pies. El reloj había dado ya la una de la madrugada, y la lluvia tamborileaba
quedamente en los cristales de mi ventana. De pronto, y aunque la luz que me alumbraba era ya
muy débil, pude ver cómo se abrían los ojos de aquella criatura. Respiró profundamente y sus
miembros se agitaron con un estremecimiento convulsivo.
Quisiera poder describir las emociones que hicieron presa de mí ante semejante catástrofe, o tan
sólo dibujar al ser despreciable que tantos esfuerzos me había costado formar. Sus miembros, eso
es cierto, eran proporcionados a su talla, y las facciones que yo había creado me llegaron a parecer
bellas... ¡Bellas! ¡Santo cielo! Su piel era tan amarillenta que apenas lograba cubrir la red de
músculos y arterias de su interior; su cabello, negro y abundante, era lacio; sus dientes mostraban
la blancura de las perlas... Sin embargo, esta mezcla no conseguía sino poner más de manifiesto lo
horrible de sus vidriosos ojos, cuyo color se aproximaba al blanco sucio de sus cuencas, y de todo su
arrugado rostro, en el que destacaban los finos y negros labios.
Aunque muy numerosos, los accidentes de la vida no son tan variables como los sentimientos
humanos. Durante casi dos años, yo, por este inmundo ser, me había privado del descanso en mi
empeño por infundirle la vida; lo había deseado con todo el ardor de que era capaz, y ahora que lo
había conseguido, la triste realidad llenaba mis sueños de horror y repugnancia. Incapaz de soportar
por más tiempo la vista de aquella obra, hui del taller a mi dormitorio, donde intenté en vano
conciliar el sueño. Poco a poco, vencido por el cansancio y sin despojarme siquiera de mis ropas de
trabajo, logré dormir... para ser presa de horribles pesadillas. Creí ver a Elizabeth, desbordante de
salud, paseando por las calles de Ingolstadt; yo, sorprendido y feliz, iba a abrazarla; pero al depositar
un beso en sus labios, sentía que quedaban tersos y fríos y veía cómo su cara palidecía como la de
un muerto; entonces, el cuerpo que tenía en mis brazos se convertía en el de mi propia madre,
envuelta en un sudario por el que corrían los gusanos. Desperté de mi sueño temblando de horror,
completamente empapado de sudor, con mis dientes castañeteando de frío y agitado por una
convulsión de todo mi cuerpo. De pronto, a la pálida luz de los rayos de la luna, sentí que alguien
apartaba las coberturas de mi cama y se quedaba mirándome fijamente: era el miserable engendro
que yo había creado. Abrió su boca y emitió unos sonidos mientras una horrible mueca contraía sus
mejillas. Es posible que hablara, aunque en medio de mi terror no me fue posible escucharlo. Una
de sus manos se tendía hacia mí como si quisiera tocarme, pero de un salto conseguí escapar y me
lancé escaleras abajo hasta llegar al patio. Allí pasé el resto de la noche, paseando de un extremo a
otro, lleno de agitación y con el oído atento al menor ruido que se produjera y que pudiera indicarme
la proximidad del cadáver demoníaco al que tan miserablemente había dado la vida.