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Literatura Guia

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NOMBRE DEL ALUMNO: (Iniciando por apellido)

ASIGNATURA: LITERATURA I

NOMBRE DEL DOCENTE: MIE Laura Judith López Valenzuela FECHA:


GUIA PARA EVALUACIÓN EXTRAORDINARIA GRUPO: N/L:
PERÍODO: AGOSTO 2022 – ENERO 2023 ACIERTOS: CALIFICACIÓN:

INSTRUCCIONES GENERALES: La presente guía se divide en dos partes. La primera es de SOLO


LECTURA (NO IMPRIMIR), se trata del marco teórico que te ayudará a contestar La segunda, que se
anexa a continuación.
El primer apartado, consiste en una explicación teórica. El segundo apartado es la guía como tal, la
cual deberás IMPRIMIR y contestar. Presta especial atención a las instrucciones descritas en cada
apartado.
A parte de IMPRIMIRLA, CONTÉSTALA CON LÁPIZ, EN CASO DE TENER QUE REALIZAR
ILUSTRACIONES DEBERÁS EMPLEAR COLORES PARA ELABORARLOS.

PARTE I.- MARCO TEÓRICO


(No imprimir)
LA LITERATURA COMO ARTE

La forma de expresión propia de la literatura es, el lenguaje literario. Sabemos que desde que el
hombre existe ha sentido la necesidad de comunicarse, de expresar sus sentimientos, de cultivar su
imaginación y lo ha hecho por medio de la palabra. Ésta puede utilizarse de distintas maneras: unas
veces lo principal es transmitir ideas claras y exactas; mientras otras se pretenden impresionar al
receptor a través de un mensaje elaborado especialmente con tal finalidad. Esto es lo que se conoce
como el lenguaje literario.

Para poder interpretar un texto literario es importante conocer los distintos recursos lingüísticos
que utilizan los escritores para expresar sus ideas de una manera original y bella, los cuales son
llamados marcas de literariedad, por lo que a continuación se describen: La primer marca de
literariedad es el lenguaje connotativo o figurado, que es cuando se expresa una idea con palabras
a las que se les da un significado distinto al literal, como cuando se dice que a alguien “se le pegaron
las sábanas”, “se le fue el tren” o “se le durmió el gallo” para expresar que se ha levantado tarde;
un texto que nos permite ejemplificar lo anterior es la siguiente estrofa de uno de los poemas de
Octavio Paz en la que se refiere al sol.
La segunda marca de literaliedad es la polisemia, que se refiere a aquellas palabras con múltiples
significados que utilizan los escritores para poder dar fuerza y elegancia a sus mensajes, como se
puede observar en el siguiente poema de Charles Baudelaire en el que primero se refiere a las
quimeras como unas bestias y posteriormente se refiere a ellas como aquellas ilusiones o fantasías
que oprimen a los hombres y los conducen hacia un “sin sentido”.

La tercera marca de literariedad son las figuras retóricas Las figuras retóricas, figuras literarias o
recursos estilísticos son maneras no convencionales de utilizar el lenguaje para reforzar o
intensificar un determinado mensaje. Para tener una idea más clara, estas figuras del lenguaje
tienen la capacidad de brindarle al mensaje un sentido distinto.

Ahora bien, a lo largo de la historia, la Literatura ha sufrido grandes cambios y transformaciones,


relacionadas con cada época y cultura. Debido a ello, se suele hablar de distintos Movimientos
Literarios en un intento de realizar una clasificación general de las distintas etapas por las que ha
evolucionado la Literatura.

FORMAS DE PRESENTACIÓN DEL DISCURSO LITERARIO


La prosa
En la prosa se presentan los textos como normalmente escribimos, es la forma más natural de
expresarse por escrito, expresiones simples que conforman párrafos; sin embargo, para darle el
carácter literario se hace necesario acudir a la función poética, la cual concretaremos con las figuras
retóricas (ver más adelante).

El verso
El verso es un conjunto compacto de palabras, cortado artificialmente. Es una unidad porque se
puede medir en número de sílabas o en duración de tiempo, incluso en número de acentos.
A manera de marco referencial se enlistará enseguida los principales movimientos literarios en la
historia de occidente. No se tiene en mente un cuadro exhaustivo, sino simplemente un resumen
esquemático que sirva para ubicar y registrar un movimiento, un autor, una tendencia y quizá
también una obra.
Géneros y subgéneros literarios

Desde el punto de vista tradicional, existen tres grandes géneros: la narrativa, la lírica y la dramática.
La épica cuenta un gran acontecimiento, no nos lo muestra, sino que nos lo cuenta (oposición
contar-mostrar).
En la narrativa es evidente que hay una persona que nos cuenta los acontecimientos. En la
antigüedad clásica, la épica se presentaba como epopeya, o mitos o leyendas. Estas formas eran
historias contadas en verso. Todas esas formas con el paso del tiempo abandonaron el verso y se
escribieron en prosa. A partir de este hecho surgió la novela. Según algunos teóricos la novela está
hecha de muchos cuentos, pero con un hilo conductor, es decir, conservando el protagonista y el
tema. El cuento siempre ha existido, pero por su brevedad e informalidad (escrito en prosa) no
recibía atención ni valor literario. El relato como sinónimo de cuento está presente en todas las
culturas. No sería extraño pensar entonces que este relato breve, al igual que muchos otros géneros
igualmente breves y populares (cuentos satíricos, fábulas, cuentos impúdicos, etcétera), se
incorporaran a la novela.

La lírica nos expone las alegrías, tristezas, temores, sinsabores que da la vida, amores no
correspondidos, y una variedad muy grande de sentimientos. La lírica siempre viene en verso. Toda
lírica viene en forma de poema, pero no toda poesía es lírica. Puede haber poesía narrativa, como
el corrido mexicano, el cual es un romance, es decir, poema, con versos de ocho sílabas.

La dramática no nos cuenta lo que dijeron e hicieron los personajes, sino que nos lo muestra; nos
lo muestra a través de la conversación entre los personajes. Cuando una historia de este tipo se nos
presenta sólo en la forma escrita, se le designa drama, pero cuando es representado le llamamos
teatro. El gran atractivo mágico del teatro es que nos muestra a los personajes en carne propia, en
persona, frente a nosotros, discutiendo, en conflicto, planeando, difiriendo.

La estructura de la narración y sus elementos


Desde el punto de vista de la trama, hay muchos tipos de personajes, pero el principal es el
protagonista, al que casi siempre identificamos como héroe. Es muy fácil identificar al héroe porque
todo mundo quiere ser como él. Las historias tradicionales comienzan describiendo una situación,
el lugar donde van a ocurrir los acontecimientos; el narrador nos presenta a los personajes, dónde
viven, en qué trabajan, cómo piensan, etcétera. (Todo lo anterior es la situación inicial) Después
empieza la historia propiamente con un hecho que rompe la rutina. Ejemplo: todos los días
Aristóteles salía a pescar a la laguna, pero un día atrapó un tiburón… Aquí entonces comienza la
historia con una acción complicante. Entonces se desarrolla y se desarrolla, la acción sube de tono,
se vuelve cada vez más tensa y de repente se rompe con una crisis y un clímax. Este patrón puede
ser recurrente, repitiéndose en uno y otro capítulo; el héroe se va volviendo más seguro de sí mismo,
más osado, y la tensión en cada vuelta se vuelve mayor hasta que explota. Después del clímax, viene
el desenlace y, por último, el fin.

Clasificación de los personajes


Desde la perspectiva de las funciones de los personajes en una historia, podemos decir con una
amplia generalidad que los textos narrativos, los cuentos, por ejemplo, nos hablan de un personaje
(sujeto, al que generalmente designamos como héroe) el que, por alguna razón, sale en busca de
algo o alguien (objeto deseado), efectivamente puede ser un objeto o una persona). Alguien le
solicita que haga ese mandado (destinador), y lo hace para beneficiar a alguien (destinatario).
Digamos que el héroe va en busca de la princesa porque se lo pidió el rey, o el padre. En este caso
el destinatario será el mismo rey, pero puede ser el héroe cuando éste se casa con la princesa pues
él resultaría el beneficiario final. Probablemente él héroe sólo con sus propias fuerzas no pueda
rescatar a la princesa puesto que está en manos de un ogro o de un dragón (opositor); necesita la
ayuda de una persona (ayudante, puede ser un mago, o puede ser un sabio o un maestro) quien le
proporcionará armas especiales o el don mágico: una espada, unas sandalias especiales para volar,
un escudo, un anillo que lo vuelve invisible, etcétera. En camino al rescate nuestro protagonista
superará muchos obstáculos, cada uno en sí es un capítulo del libro y a su vez es una aventura, de
la que sale más fuerte y decidido. Aparecen por supuesto otros elementos de los que ya hemos
hablado; el narrador, por ejemplo, pero también toda acción ocurre en un tiempo y en un lugar
determinado. Considérense para el caso una historia de piratas en la Edad Media con botes de velas
impulsados por la fuerza del viento y/o por los remos, y la comparada con una historia actual de
piratas en el Golfo Pérsico con todos los adelantos de la tecnología.

Tipos de narrador
Narrador protagonista o personaje
Las historias las puede contar uno mismo, es decir, se pueden contar en primera persona. En estos
casos todo gira alrededor de uno mismo. Uno mismo es el protagonista y todo se cuenta desde la
perspectiva de uno mismo. Es muy atractivo este punto de vista porque vuelve cualquier relato en
realista y verosímil. De hecho, en la actualidad es un género muy socorrido. Las más famosas
novelas, escritas en primera persona, de la novela picaresca en la España del Renacimiento son El
lazarillo de Tormes (anónima), o La vida del Buscón de Francisco de Quevedo; en México del siglo
XIX tenemos El periquillo sarniento de Joaquín Fernández de Lizardi.

La historia puede ser contada en primera persona en la que uno no es personaje de la historia sino
un testigo. Uno casi es personaje, pero lo que uno cuenta le sucede a los demás. Cuando los hechos
referidos son de la vida real se le conoce como Memorias, si los hechos son ficcionales entonces son
cuento o novela.

Narrador omnisciente
El tercer tipo de narrador es aquel en el que los hechos son narrados desde un punto de vista
impersonal. Alguien indeterminado es el que cuenta. Y ese alguien normalmente sabe mucho,
incluso conoce los pensamientos de sus personajes, como si fuera Dios, que todo lo sabe. Se le llama
narrador de tercera persona omnisciente. La gran novela del realismo psicológico del siglo XIX, por
ejemplo, fue escrita de esta manera. Son novelones Los hermanos Karamazov de Dostoyevski, La
guerra y la paz de Tolstoi, Grandes esperanzas, de Dickens.

Ordenación de los hechos: historia y trama

En el nivel más particular, la obra literaria ofrece dos aspectos: primero, se trata de una historia o
diégesis, que muchas veces suele ser ya conocida por quienes la leen. Pongamos por caso la historia
de Superman. A pesar de eso, aunque ya conocemos la historia vemos con interés cada nueva
versión de la misma historia, es decir, cada nueva trama del mismo tema. En la actualidad no
importa tanto la originalidad para que una obra tenga éxito, es más, es casi imposible que lo sea.
Existe un número finito de historias a las que se les conoce como lugares comunes o topoi: el amor
no correspondido, el amor sacrificado de la madre, la traición o la fidelidad del amigo, la
perseverancia del héroe, etcétera. Lo que es infinito (segundo aspecto) es la manera de tratar tales
temas, o sea la trama, con la atención puesta en cada uno de los elementos que la integran. Esos
elementos son: quién cuenta la historia (una persona común y corriente, el héroe mismo cuando
habla en primera persona (es el caso de los relatos autobiográficos); un muerto, un animal
personificado (Jolstomer, la historia de un caballo, de Tolstói), un cerro que recuerda (Recuerdos
del porvenir, de Elena Garro): en realidad no hay límites. O quizá se ponga énfasis en la relación que
guardan los personajes: un siervo que no hace caso a su amo (los criados en Calixto y Melibea); un
héroe confundido, mediocre, sin aspiraciones (Leopold Bloom, en Ulises, de James Joyce). Muchas
veces se nos cuentan historias tradicionales, pero en un contexto actual, es decir, refuncionalizadas,
por ejemplo, la historia de Caín y Abel como empleados en un banco: Caín es honesto y pacífico, y
Abel, un ladrón asesino.
Características del cuento

El cuento es un subgénero más de la narrativa, por lo que comparte con sus otros hermanos los
siguientes puntos: personajes, espacio y tiempo.

Los personajes son quienes aparecen en las obras realizando las acciones, y éstos se clasifican por
su importancia en principales, secundarios y ambientales. Los personajes tienen tres planos, el
físico, el sociocultural y el psicológico.

Personaje principal o Protagonista (pueden ser uno, varios o un pueblo):es quien realiza las
acciones más importantes en la obra; es quien intenta resolver el problema que se plantea en el
texto; es quien aparece de principio a fin. Todos los personajes giran en torno a él.

En “La Caperucita roja” el personaje tiene la característica física de ser tan pequeña, por lo que
requiere de la ayuda de otro personaje para resolver el problema. En los cuentos infantiles son los
héroes, las princesas; más en la literatura contemporánea, los personajes no están llenos de
virtudes, sino que también poseen defectos, son más reales y hasta pueden llegar a tener
características negativas, ser asesino, por ejemplo.

Personaje secundario: tiene la función de caracterizar al personaje principal; es decir, mostrar las
características internas de aquel: La obediencia en la relación Mamá-Caperucita; cariño en la
relación Abuelita-caperucita; inocencia en la relación Lobo-Caperucita; vulnerable en la relación
Cazador-Caperucita.

Personaje ambiental: tiene la función de caracterizar el lugar donde se desarrollan las acciones, es
donde se mueve o traslada el personaje principal: en el cuento de la Caperucita los hechos se
llevan a cabo en el bosque, por lo que se supone debe de haber cazadores.

Espacio: es el lugar, o la serie de lugares físicos donde se realizan las acciones: el bosque, el
campo, el desierto, la montaña, la ciudad. En el caso de Caperucita, el bosque.

Tiempo: es el tiempo que transcurre en el cuento, desde el inicio de las acciones hasta el final de
ellas: horas, días, meses, años o siglos. El tiempo que transcurre en La Caperucita, desde la salida
de su casa; el encuentro con el lobo; cruzar el bosque; llegar a la casa de la abuela, ser devorada
ella y su abuelita por el lobo; la ayuda salvadora del cazador. Al parecer todo se da en el transcurso
de un día.

Elementos de la novela

Los elementos de la novela corresponden a los propios del género narrativo. Como la novela es un
subgénero de la narrativa, encontramos que sus elementos son narradores, personajes, espacio,
tiempo, ambiente. La novela es un subgénero más de la narrativa, por lo que comparte con sus otros
hermanos los siguientes puntos: personajes, espacio y tiempo.

Los personajes son quienes aparecen en las obras realizando las acciones, y éstos se clasifican por
su importancia en principales, secundarios y ambientales. A los personajes, se les suele describir
por los planos en que se ve necesariamente involucrado, el físico, el psicológico y el sociológico.

Personaje Principal o Protagonista (pueden ser uno, varios o un pueblo): es quien realiza las
acciones más importantes en la obra; es quien intenta resolver el problema que se plantea en el
relato; es quien aparece de principio a fin. Todos los personajes giran en torno a él.

Personaje Secundario: tiene la función de caracterizar al personaje principal; es decir, mostrar las
características internas de aquel.

Personaje Ambiental: tiene la función de caracterizar el lugar donde se desarrollan las acciones, es
donde se mueve o traslada el personaje principal.

Espacio: es el lugar, o la serie de lugares físicos donde se realizan las acciones: el bosque, el
campo, el desierto, la montaña, la ciudad

Tiempo: es el tiempo que transcurre en el cuento, desde el inicio de las acciones hasta el final de
ellas: horas, días, meses, años o siglos
NOMBRE DEL ALUMNO: (Iniciando por apellido)
ASIGNATURA: LITERATURA I

NOMBRE DEL DOCENTE: MIE Laura Judith López Valenzuela FECHA:


GUIA PARA EVALUACIÓN EXTRAORDINARIA GRUPO: N/L:
PERÍODO: AGOSTO 2022 – ENERO 2023 ACIERTOS: CALIFICACIÓN:

PARTE II.- GUIA


(Imprimir)
I.- Responde las siguientes preguntas con la información de la Parte I.- Marco Teórico

1.- ¿Por qué la literatura es considerada como una forma de expresión artística?

2.- ¿Cuáles son las características del lenguaje literario?

3.- ¿Qué y cuáles son las marcas de literariedad?

4.- ¿Cuáles son las formas de presentación del discurso literario? Realiza un ejemplo de cada uno.

Formas de presentación del discurso literario


Forma 1: Forma 2:
Definición: Definición:

Ejemplo: Ejemplo:
5.-Con las siguientes palabras realiza otros ejemplos de figuras retóricas:

6.- Coloca en el paréntesis la respuesta correcta.


7.-Lee atentamente el siguiente cuento e identifica los elementos de las secuencias y
completa el cuadro propuesto.

Un pacto con el diablo


Juan José Arreola

Aunque me di prisa y llegué al cine corriendo, la película había comenzado. En el


salón oscuro traté de encontrar un sitio. Quedé junto a un hombre de aspecto
distinguido.
-Perdone usted -le dije-, ¿no podría contarme brevemente lo que ha ocurrido en la
pantalla?
-Sí. Daniel Brown, a quien ve usted allí, ha hecho un pacto con el diablo.
-Gracias. Ahora quiero saber las condiciones del pacto: ¿podría explicármelas?
-Con mucho gusto. El diablo se compromete a proporcionar la riqueza a Daniel
Brown durante siete años. Naturalmente, a cambio de su alma.
- ¿Siete nomás?
-El contrato puede renovarse. No hace mucho, Daniel Brown lo firmó con un poco
de sangre.
Yo podía completar con estos datos el argumento de la película. Eran suficientes,
pero quise saber algo más. El complaciente desconocido parecía ser hombre de
criterio. En tanto que Daniel Brown se embolsaba una buena cantidad de monedas
de oro, pregunté:
-En su concepto, ¿quién de los dos se ha comprometido más?
-El diablo.
- ¿Cómo es eso? -repliqué sorprendido.
-El alma de Daniel Brown, créame usted, no valía gran cosa en el momento en que
la cedió.
-Entonces el diablo…
-Va a salir muy perjudicado en el negocio, porque Daniel se manifiesta muy deseoso
de dinero, mírelo usted.
Efectivamente, Brown gastaba el dinero a puñados. Su alma de campesino se
desquiciaba. Con ojos de reproche, mi vecino añadió:
-Ya llegarás al séptimo año, ya.
Tuve un estremecimiento. Daniel Brown me inspiraba simpatía. No pude menos de
preguntar:
-Usted, perdóneme, ¿no se ha encontrado pobre alguna vez?
El perfil de mi vecino, esfumado en la oscuridad, sonrió débilmente. Apartó los ojos
de la pantalla donde ya Daniel Brown comenzaba a sentir remordimientos y dijo sin
mirarme:
-Ignoro en qué consiste la pobreza, ¿sabe usted?
-Siendo así…
-En cambio, sé muy bien lo que puede hacerse en siete años de riqueza.
Hice un esfuerzo para comprender lo que serían esos años, y vi la imagen de Paulina,
sonriente, con un traje nuevo y rodeada de cosas hermosas. Esta imagen dio origen
a otros pensamientos:
-Usted acaba de decirme que el alma de Daniel Brown no valía nada: ¿cómo, pues,
el diablo le ha dado tanto?
-El alma de ese pobre muchacho puede mejorar, los remordimientos pueden hacerla
crecer -contestó filosóficamente mi vecino, agregando luego con malicia-: entonces
el diablo no habrá perdido su tiempo.
- ¿Y si Daniel se arrepiente?…
Mi interlocutor pareció disgustado por la piedad que yo manifestaba. Hizo un
movimiento como para hablar, pero solamente salió de su boca un pequeño sonido
gutural. Yo insistí:
-Porque Daniel Brown podría arrepentirse, y entonces…
-No sería la primera vez que al diablo le salieran mal estas cosas. Algunos se le han
ido ya de las manos a pesar del contrato.
-Realmente es muy poco honrado -dije, sin darme cuenta.
- ¿Qué dice usted?
-Si el diablo cumple, con mayor razón debe el hombre cumplir -añadí como para
explicarme.
-Por ejemplo… -y mi vecino hizo una pausa llena de interés.
-Aquí está Daniel Brown -contesté-. Adora a su mujer. Mire usted la casa que le
compró. Por amor ha dado su alma y debe cumplir.
A mi compañero le desconcertaron mucho estas razones.
-Perdóneme -dijo-, hace un instante usted estaba de parte de Daniel.
-Y sigo de su parte. Pero debe cumplir.
-Usted, ¿cumpliría?
No pude responder. En la pantalla, Daniel Brown se hallaba sombrío. La opulencia
no bastaba para hacerle olvidar su vida sencilla de campesino. Su casa era grande y
lujosa, pero extrañamente triste. A su mujer le sentaban mal las galas y las alhajas.
¡Parecía tan cambiada!
Los años transcurrían veloces y las monedas saltaban rápidas de las manos de
Daniel, como antaño la semilla. Pero tras él, en lugar de plantas, crecían tristezas,
remordimientos.
Hice un esfuerzo y dije:
-Daniel debe cumplir. Yo también cumpliría. Nada existe peor que la pobreza. Se ha
sacrificado por su mujer, lo demás no importa.
-Dice usted bien. Usted comprende porque también tiene mujer, ¿no es cierto?
-Daría cualquier cosa porque nada le faltase a Paulina.
- ¿Su alma?
Hablábamos en voz baja. Sin embargo, las personas que nos rodeaban parecían
molestas. Varias veces nos habían pedido que calláramos. Mi amigo, que parecía
vivamente interesado en la conversación, me dijo:
- ¿No quiere usted que salgamos a uno de los pasillos? Podremos ver más tarde la
película.
No pude rehusar y salimos. Miré por última vez a la pantalla: Daniel Brown
confesaba llorando a su mujer el pacto que había hecho con el diablo.
Yo seguía pensando en Paulina, en la desesperante estrechez en que vivíamos, en la
pobreza que ella soportaba dulcemente y que me hacía sufrir mucho más.
Decididamente, no comprendía yo a Daniel Brown, que lloraba con los bolsillos
repletos.
-Usted, ¿es pobre?
Habíamos atravesado el salón y entrábamos en un angosto pasillo, oscuro y con un
leve olor de humedad. Al trasponer la cortina gastada, mi acompañante volvió a
preguntarme:
-Usted, ¿es muy pobre?
-En este día -le contesté-, las entradas al cine cuestan más baratas que de ordinario
y, sin embargo, si supiera usted qué lucha para decidirme a gastar ese dinero.
Paulina se ha empeñado en que viniera; precisamente por discutir con ella llegué
tarde al cine.
-Entonces, un hombre que resuelve sus problemas tal como lo hizo Daniel, ¿qué
concepto le merece?
-Es cosa de pensarlo. Mis asuntos marchan muy mal. Las personas ya no se cuidan
de vestirse. Van de cualquier modo. Reparan sus trajes, los limpian, los arreglan una
y otra vez. Paulina misma sabe entenderse muy bien. Hace combinaciones y
añadidos, se improvisa trajes; lo cierto es que desde hace mucho tiempo no tiene un
vestido nuevo.
-Le prometo hacerme su cliente -dijo mi interlocutor, compadecido-; en esta
semana le encargaré un par de trajes.
-Gracias. Tenía razón Paulina al pedirme que viniera al cine; cuando sepa esto va a
ponerse contenta.
-Podría hacer algo más por usted -añadió el nuevo cliente-; por ejemplo, me
gustaría proponerle un negocio, hacerle una compra…
-Perdón -contesté con rapidez-, no tenemos ya nada para vender: lo último, unos
aretes de Paulina…
-Piense usted bien, hay algo que quizás olvida…
Hice como que meditaba un poco. Hubo una pausa que mi benefactor interrumpió
con voz extraña:
-Reflexione usted. Mire, allí tiene usted a Daniel Brown. Poco antes de que usted
llegara, no tenía nada para vender, y, sin embargo…
Noté, de pronto, que el rostro de aquel hombre se hacía más agudo. La luz roja de
un letrero puesto en la pared daba a sus ojos un fulgor extraño, como fuego. Él
advirtió mi turbación y dijo con voz clara y distinta:
-A estas alturas, señor mío, resulta por demás una presentación. Estoy
completamente a sus órdenes.
Hice instintivamente la señal de la cruz con mi mano derecha, pero sin sacarla del
bolsillo. Esto pareció quitar al signo su virtud, porque el diablo, componiendo el
nudo de su corbata, dijo con toda calma:
-Aquí, en la cartera, llevo un documento que…
Yo estaba perplejo. Volvía a ver a Paulina de pie en el umbral de la casa, con su traje
gracioso y desteñido, en la actitud en que se hallaba cuando salí: el rostro inclinado
y sonriente, las manos ocultas en los pequeños bolsillos de su delantal. Pensé que
nuestra fortuna estaba en mis manos. Esta noche apenas si teníamos algo para
comer. Mañana habría manjares sobre la mesa. Y también vestidos y joyas, y una
casa grande y hermosa. ¿El alma?
Mientras me hallaba sumido en tales pensamientos, el diablo había sacado un pliego
crujiente y en una de sus manos brillaba una aguja.
“Daría cualquier cosa porque nada te faltara.” Esto lo había dicho yo muchas veces
a mi mujer. Cualquier cosa. ¿El alma? Ahora estaba frente a mí el que podía hacer
efectivas mis palabras. Pero yo seguía meditando. Dudaba. Sentía una especie de
vértigo. Bruscamente, me decidí:
-Trato hecho. Sólo pongo una condición.
El diablo, que ya trataba de pinchar mi brazo con su aguja, pareció desconcertado:
- ¿Qué condición?
-Me gustaría ver el final de la película -contesté.
- ¡Pero ¡qué le importa a usted lo que ocurra a ese imbécil de Daniel Brown! Además,
eso es un cuento. Déjelo usted y firme, el documento está en regla, sólo hace falta
su firma, aquí sobre esta raya.
La voz del diablo era insinuante, ladina, como un sonido de monedas de oro. Añadió:
-Si usted gusta, puedo hacerle ahora mismo un anticipo.
Parecía un comerciante astuto. Yo repuse con energía:
-Necesito ver el final de la película. Después firmaré.
- ¿Me da usted su palabra?
-Sí.
Entramos de nuevo en el salón. Yo no veía en absoluto, pero mi guía supo hallar
fácilmente dos asientos.
En la pantalla, es decir, en la vida de Daniel Brown, se había operado un cambio
sorprendente, debido a no sé qué misteriosas circunstancias.
Una casa campesina, destartalada y pobre. La mujer de Brown estaba junto al fuego,
preparando la comida. Era el crepúsculo y Daniel volvía del campo con la azada al
hombro. Sudoroso, fatigado, con su burdo traje lleno de polvo, parecía, sin embargo,
dichoso.
Apoyado en la azada, permaneció junto a la puerta. Su mujer se le acercó, sonriendo.
Los dos contemplaron el día que se acababa dulcemente, prometiendo la paz y el
descanso de la noche. Daniel miró con ternura a su esposa, y recorriendo luego con
los ojos la limpia pobreza de la casa, preguntó:
-Pero, ¿no echas tú de menos nuestra pasada riqueza? ¿Es que no te hacen falta
todas las cosas que teníamos?
La mujer respondió lentamente:
-Tu alma vale más que todo eso, Daniel…
El rostro del campesino se fue iluminando, su sonrisa parecía extenderse, llenar
toda la casa, salir del paisaje. Una música surgió de esa sonrisa y parecía disolver
poco a poco las imágenes. Entonces, de la casa dichosa y pobre de Daniel Brown
brotaron tres letras blancas que fueron creciendo, creciendo, hasta llenar toda la
pantalla.
Sin saber cómo, me hallé de pronto en medio del tumulto que salía de la sala,
empujando, atropellando, abriéndome paso con violencia. Alguien me cogió de un
brazo y trató de sujetarme. Con gran energía me solté, y pronto salí a la calle.
Era de noche. Me puse a caminar de prisa, cada vez más de prisa, hasta que acabé
por echar a correr. No volví la cabeza ni me detuve hasta que llegué a mi casa. Entré
lo más tranquilamente que pude y cerré la puerta con cuidado.
Paulina me esperaba.
Echándome los brazos al cuello, me dijo:
-Pareces agitado.
-No, nada, es que…
- ¿No te ha gustado la película?
-Sí, pero…
Yo me hallaba turbado. Me llevé las manos a los ojos. Paulina se quedó mirándome,
y luego, sin poderse contener, comenzó a reír, a reír alegremente de mí, que
deslumbrado y confuso me había quedado sin saber qué decir. En medio de su risa,
exclamó con festivo reproche:
- ¿Es posible que te hayas dormido?
Estas palabras me tranquilizaron. Me señalaron un rumbo. Como avergonzado,
contesté:
-Es verdad, me he dormido.
Y luego, en son de disculpa, añadí:
-Tuve un sueño, y voy a contártelo.
Cuando acabé mi relato, Paulina me dijo que era la mejor película que yo podía
haberle contado. Parecía contenta y se río mucho.
Sin embargo, cuando yo me acostaba, pude ver cómo ella, sigilosamente, trazaba
con un poco de ceniza la señal de la cruz sobre el umbral de nuestra casa.
8.- Contesta correctamente los siguientes enunciados, seleccionando la respuesta
correcta.
9.-Lee el siguiente cuento.

La niña perversa
Esta tarde empujé a Arturo a la fuente. Cayó en ella y se puso a hacer gluglú con la boca,
pero también gritaba y fue oído. Papá y mamá llegaron corriendo. Mamá lloraba porque
creía que Arturo se había ahogado. Pero no era así. Ha venido el doctor. Arturo está ahora
muy bien. Ha pedido pastel de mermelada y mamá se lo ha dado. Sin embargo, eran las
siete, casi hora de acostarse, cuando pidió pastel, y a pesar de eso mamá se lo dio. Arturo
estaba muy contento y orgulloso. Todo el mundo le hacía preguntas. Mamá le preguntó
cómo había podido caerse, si se había resbalado, y Arturo ha dicho que sí, que se tropezó.
Es gentil que haya dicho eso, pero yo sigo detestándolo y volveré a hacerlo en la primera
ocasión.

Por lo demás. si no ha dicho que lo empujé yo, quizá sea sencillamente porque sabe muy
bien que a mamá le horrorizan las delaciones. El otro día, cuando le apreté el cuello con la
cuerda de saltar y se fue a quejar con mamá diciendo: "Elena me ha hecho esto", mamá le
ha dado una terrible palmada y le ha dicho: "¡No vuelvas a hacer una cosa así!" Y cuando
llegó papá ella se lo ha contado y papá también se puso furioso. Arturo se quedó sin postre.
Por eso comprendió, y esta vez, como no ha dicho nada, le han dado pastel de mermelada.
Me gusta enormemente el pastel de mermelada: se lo he pedido a mamá yo también, tres
veces, pero ella ha puesto cara de no oírme. ¿Sospechará que yo fui la que empujó a Arturo?

Antes, yo era buena con Arturo, porque mamá y papá me festejaban tanto como a él.
Cuando él tenía un auto nuevo, yo tenía una muñeca, y no le hubieran dado pastel sin darme
a mí. Pero desde hace un mes, papá y mamá han cambiado completamente conmigo. Todo
es para Arturo. A cada momento le hacen regalos. Con esto no mejora su carácter. Siempre
ha sido un poco caprichoso, pero ahora es detestable. Sin parar está pidiendo esto y lo otro.
Y mamá cede casi siempre. A decir verdad, creo que en todo un mes solo lo han regañado
el día de la cuerda de saltar, y lo raro es que esta vez no era culpa suya.

Me pregunto por qué papá y mamá, que me querían tanto, han dejado de repente de
interesarse en mí. Parece que ya no soy su niñita. Cuando beso a mamá, ella no sonríe. Papá
tampoco. Cuando van a pasear, voy con ellos, pero continúan desinteresándose de mí.
Puedo jugar junto a la fuente lo que quiera. Les da igual. Sólo Arturo es gentil conmigo de
cuando en cuando, pero a veces se niega a jugar conmigo. Le pregunté el otro día por qué
mamá se había vuelto así conmigo. Yo no quería hablarle del asunto, pero no pude evitarlo.
Me ha mirado desde arriba, con ese aire burlón que toma adrede para hacerme rabiar, y
me ha dicho que era porque mamá no quiere oír hablar de mí. Le dije que no era verdad. Él
me dijo que sí, que había oído a mamá decirle eso a papá y que le ha dicho: "No quiero oír
hablar nunca de ella." Ese fue el día que le apreté el cuello con la cuerda. Después de eso,
yo estaba tan furiosa, a pesar de la paramada que él había recibido, que fui a su recámara
y le dije que lo mataría.

Esta tarde me ha dicho que mamá, papá y él iban a ir al mar, y que yo no iría. Se río y me
hizo muecas. Entonces lo empujé a la fuente.

Ahora duerme y papá y mamá también. Dentro de un momento iré a su recámara y esta vez
no tendrá tiempo de gritar, tengo la cuerda de saltar en las manos. Él la olvidó en el jardín
y yo la tomé.

Con esto, se verán obligados a ir al mar sin él. Y luego me iré a acostar sola, al fondo de ese
maldito jardín, en esa horrible caja blanca en la que me obligan a dormir desde hace un
mes.

9.1.-A partir de la lectura, responde las siguientes preguntas.

1.- ¿Qué tipo de narrador tiene el cuento?

2. ¿Qué personajes aparecen en el cuento?

3. ¿Qué problema presenta el personaje?


4. Anota una característica interna de la niña

5. ¿Cuál es el tema del cuento?

10.-Lee con atención el siguiente fragmento de novela y responde las preguntas después del texto.

Frankenstein
Capítulo V

Una triste noche del mes de noviembre pude, por fin, ver realizados mis sueños. Con una ansiedad
casi agónica dispuse a mi alrededor los instrumentos necesarios para infundir vida en el ser inerte
que reposaba a mis pies. El reloj había dado ya la una de la madrugada, y la lluvia tamborileaba
quedamente en los cristales de mi ventana. De pronto, y aunque la luz que me alumbraba era ya
muy débil, pude ver cómo se abrían los ojos de aquella criatura. Respiró profundamente y sus
miembros se agitaron con un estremecimiento convulsivo.

Quisiera poder describir las emociones que hicieron presa de mí ante semejante catástrofe, o tan
sólo dibujar al ser despreciable que tantos esfuerzos me había costado formar. Sus miembros, eso
es cierto, eran proporcionados a su talla, y las facciones que yo había creado me llegaron a parecer
bellas... ¡Bellas! ¡Santo cielo! Su piel era tan amarillenta que apenas lograba cubrir la red de
músculos y arterias de su interior; su cabello, negro y abundante, era lacio; sus dientes mostraban
la blancura de las perlas... Sin embargo, esta mezcla no conseguía sino poner más de manifiesto lo
horrible de sus vidriosos ojos, cuyo color se aproximaba al blanco sucio de sus cuencas, y de todo su
arrugado rostro, en el que destacaban los finos y negros labios.

Aunque muy numerosos, los accidentes de la vida no son tan variables como los sentimientos
humanos. Durante casi dos años, yo, por este inmundo ser, me había privado del descanso en mi
empeño por infundirle la vida; lo había deseado con todo el ardor de que era capaz, y ahora que lo
había conseguido, la triste realidad llenaba mis sueños de horror y repugnancia. Incapaz de soportar
por más tiempo la vista de aquella obra, hui del taller a mi dormitorio, donde intenté en vano
conciliar el sueño. Poco a poco, vencido por el cansancio y sin despojarme siquiera de mis ropas de
trabajo, logré dormir... para ser presa de horribles pesadillas. Creí ver a Elizabeth, desbordante de
salud, paseando por las calles de Ingolstadt; yo, sorprendido y feliz, iba a abrazarla; pero al depositar
un beso en sus labios, sentía que quedaban tersos y fríos y veía cómo su cara palidecía como la de
un muerto; entonces, el cuerpo que tenía en mis brazos se convertía en el de mi propia madre,
envuelta en un sudario por el que corrían los gusanos. Desperté de mi sueño temblando de horror,
completamente empapado de sudor, con mis dientes castañeteando de frío y agitado por una
convulsión de todo mi cuerpo. De pronto, a la pálida luz de los rayos de la luna, sentí que alguien
apartaba las coberturas de mi cama y se quedaba mirándome fijamente: era el miserable engendro
que yo había creado. Abrió su boca y emitió unos sonidos mientras una horrible mueca contraía sus
mejillas. Es posible que hablara, aunque en medio de mi terror no me fue posible escucharlo. Una
de sus manos se tendía hacia mí como si quisiera tocarme, pero de un salto conseguí escapar y me
lancé escaleras abajo hasta llegar al patio. Allí pasé el resto de la noche, paseando de un extremo a
otro, lleno de agitación y con el oído atento al menor ruido que se produjera y que pudiera indicarme
la proximidad del cadáver demoníaco al que tan miserablemente había dado la vida.

Mary Shelley. (inglesa, 1797-1851)

1. ¿Qué tipo de narrador tiene el texto?

2. ¿Qué piensa del ser creado?

3. ¿Cuáles son las características físicas de la creatura?

4. ¿Dónde se están realizando las acciones?

5. ¿Dentro de qué movimiento literario se encuentra la novela?

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