0% encontró este documento útil (0 votos)
31 vistas44 páginas

Historia de Córdoba: Itinerarios

Cargado por

Silvia Bredanini
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
31 vistas44 páginas

Historia de Córdoba: Itinerarios

Cargado por

Silvia Bredanini
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

ITINERARIOS

RECORRIDOS POR LA
HISTORIA DE CÓRDOBA
6

ITINERARIOS
RECORRIDOS POR LA
HISTORIA DE CÓRDOBA

Ayelén Ceballos, Consuelo Navarro


y Marta Philp (coordinadoras)
Autoridades UNC Autoridades Provincia de Córdoba
Rector Gobernador de la Provincia de Córdoba
Dr. Hugo Oscar Juri Cr. Juan Schiaretti

Vicerrector Vicegobernador de la Provincia de Córdoba


Dr. Ramón Pedro Yanzi Ferreira Dr. Oscar González

Secretario General Ministro de Educación de la Provincia de Córdoba


Ing. Roberto Terzariol Prof. Walter Mario Grahovac

Prosecretario General Secretaria de Educación Sec. Relac. Institucionales


Ing. Agr. Esp. Jorge Dutto Prof. Delia María Provinciali Dr. Carlos Alberto Sánchez

Directores de Editorial de la UNC Subsecretario de Promoción de Dirección General de


Dr. Marcelo Bernal Igualdad y Calidad Educativa Programas Especiales
Mtr. José E. Ortega Dr. Horacio Ademar Ferreyra Prof. Carlos Pedetta

Coordinación Philp, Marta


Equipo Interinstitucional Itinerarios: recorridos por la historia de Córdoba / Marta Philp;
Ayelén Ceballos Ayelén Ceballos; Consuelo Navarro; compilado por Marta Philp;
Ayelén Ceballos; Consuelo Navarro; ilustrado por Juan Delfini.
Consuelo Navarro
- 1a ed. - Córdoba: Editorial de la UNC; Córdoba: Escuela de
Marta Philp Historia FFyH-UNC y Ministerio de Educación, Gobierno de la
Provincia de Córdoba, 2018.
Equipo Interinstitucional Libro digital, PDF
Eliana Adán
Mariano Campilia Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-987-707-085-9
Paulina Garnero
Verónica Heredia 1. Educación. 2. Historia. 3. Córdoba . I. Philp, Marta, comp.
Pablo Iparraguirre II. Ceballos, Ayelén, comp. III. Navarro, Consuelo, comp. IV.
Denise Reyna Berrotarán Delfini, Juan, ilus. V. Título.
CDD 982.54
Ana Carol Solis

Las opiniones vertidas en los ca- Diseño de colección y portada: Lorena Díaz
pítulos reflejan exclusivamente la
opinión de los/as autores/as. Ilustración: Juan Delfini

Diagramación: Marco J. Lio

ISBN 978-987-707-085-9

Impreso en Argentina.
Universidad Nacional de Córdoba,
Ministerio de Educación, Gobierno de la
Provincia de Córdoba 2018
Índice

Prólogo del Prof. Walter M. Grahovac 9

Presentación del Dr. Juan Pablo Abratte 11

Introducción 13

Itinerarios. Recorridos por la Historia de Córdoba 17


Capítulo 1: La Historia como ciencia y memoria de las sociedades. Una mirada
desde Córdoba. Marta Philp, Verónica Canciani Vivanco, Eduardo Escudero,
Denise Reyna Berrotarán 19
Capítulo 2: Ciencias Sociales, Historia y Género en Córdoba. Julia Gómez
y Laura Misetich 45
Capítulo 3: Los primeros habitantes de la provincia de Córdoba. Andrea
Recalde y Diego Rivero 67
Capítulo 4: Historia colonial de Córdoba, Gobernación del Tucumán
(siglos XVI a XVIII). María Elizabeth Rustán, Isabel Castro Olañeta, Carlos
Crouzeilles, Leticia Carmignani, Lucas Borrastero, Virginia Zelada, Florencia
Plomer, Magdalena Schibli y María de la Paz Moyano 105
Capítulo 5: Indígenas y Cristianos en la frontera sur de la provincia de
Córdoba. Retazos de sus historias. Graciana Pérez Zavala, Marcela
Tamagnini, Ernesto Olmedo y Gustavo Torres 141
Capítulo 6: Córdoba en el siglo XIX: espacios, actores y dinámicas
locales/nacionales. Mariana Dain, Alejandro Franchini, Virginia
Ramos, Agustín Rojas, Damián Santa y Camila Tagle. 173
Capítulo 7: La expropiación de las tierras de la Comunidad de indios de
San Marcos a finales del siglo XIX: una mirada desde el presente y desde
la construcción del territorio provincial. Pablo Reyna Manero 209
Capítulo 8: Entre la modernización y la tradición. sociedad, economía,
política y cultura en Córdoba. 1870-1930. Javier Moyano, Pablo Emmanuel
Fernández Seffino, Pablo Iparraguirre y Denise Reyna Berrotarán 235
Capítulo 9: Lxs deseables e indeseables en Córdoba: una mirada sobre
la construcción de los otrxs a partir del siglo XIX. Laura Misetich y
Pablo Reyna Manero 261
Capítulo 10: Las trabajadoras cordobesas a principio del Siglo XX.
Constanza Bosch Alessio 285
Capítulo 11: De la crisis del consenso liberal a los gobiernos peronistas
(1930-1955). Jessica Blanco, Lisandro Angelini, Yesica Bonino, Rebeca Camaño
Semprini, Nicolás Daniele, Sebastián Malecki y Desirée del Valle Osella 309
Capítulo 12: Participación política de las mujeres hasta la aprobación del
voto femenino. Una mirada desde Córdoba. Marina Inés Spinetta 345
Capítulo 13: Inestabilidad política, democracia proscriptiva y golpes de Estado.
Córdoba, 1955-1976. Leandro Inchauspe, Graciela Gonano y Laura Ortiz 375
Capítulo 14: Refundar un orden. La dictadura cívico-militar, el terrorismo
de Estado, la reestructuración económica y las políticas culturales juveniles.
Ana Carol Solís, Verónica Canciani Vivanco, Yanina Floridia, Marina Giraudo,
Alejandra Soledad González, Silvia Morón, Laura Ortiz, Marta Philp,
y Federico Reche 405
Capítulo 15: Córdoba entre la reconstrucción democrática y la crisis del
2001. Ana Elisa Arriaga, Julieta Almada, Gabriel Carini, Rosa Gleser, María
Paula Puttini y Laura Valdemarca 441
Capítulo 16: El mundo rural en la Córdoba actual Transformaciones y
conflictividad. Erika Decándido 483
11

Capítulo 11
Córdoba, de la crisis del consenso
liberal a los gobiernos peronistas
(1930-1955)

Jessica Blanco, Lisandro Angelini, Yesica Bonino, Rebeca Camaño


Semprini, Nicolás Daniele, Sebastián Malecki y Desirée del Valle Osella
Escuela de Historia. FFyH - UNC
11

Introducción
En este capítulo, nos proponemos analizar la dinámica política del perío-
do comprendido entre 1930 y 1955, atendiendo a las transformaciones
en el ámbito estatal y sus relaciones con las modificaciones en la vida
social y los cambios ocurridos en el movimiento obrero organizado de
Córdoba. Para ello, pretendemos dar respuesta a los siguientes interro-
gantes: ¿Cómo se organizó la dinámica económica y política en Córdoba
en relación a la crisis del consenso liberal? ¿Cómo impactaron en la pro-
vincia los procesos de reestructuración estatal y de modernización social
(consumos, vida, hábitat, etc.)? ¿Cómo se articularon las demandas del
movimiento obrero ante un Estado en reestructuración y cuál fue su rela-
ción con otros actores políticos?
Con fines analíticos, el período se subdivide en dos: 1) los años
1930-1943, signados por los dos primeros golpes de Estado realizados
por las Fuerzas Armadas y 2) el período 1943-1955, años del gobier-
no militar -resultante del segundo golpe- y del peronismo. Atendiendo
a esto, en primer lugar, se reconstruye el proceso iniciado con la crisis
del consenso liberal en la década de 1930 y la posterior instauración del
Estado de Compromiso Social durante el peronismo. En segundo lugar,
se discute cuál fue el impacto que tuvieron en Córdoba los procesos de
reestructuración estatal y de modernización social (consumos, vida, há-
bitat, etc.) desde los años treinta. En tercer lugar, se evalúan los cambios
y continuidades que experimentó el movimiento obrero en su composi-
ción, tradiciones ideológicas y dinámicas de relación con otros actores
políticos y con el Estado.
Para comenzar debemos contextualizar qué estaba sucediendo en el
mundo. Tras la finalización de la Primera Guerra Mundial, se produjo un

311
reordenamiento de la economía mundial; las economías europeas se vieron
seriamente afectadas por las consecuencias de la guerra. Asimismo, en el
plano internacional, tanto los Estados Unidos como Japón, tuvieron un
vigoroso crecimiento económico y un creciente rol de liderazgo. Como
contrapartida a ese crecimiento, el aumento de la deuda de los países he-
gemónicos tradicionales y la inflexibilidad del patrón oro como parámetro
de los intercambios fueron agudizando los problemas. En 1929, la caída
de la bolsa de Nueva York constituye el indicador más importante de este
proceso, que anticipó la crisis económica y social más profunda que sufrió
el capitalismo en su historia. Conocida como la Gran Depresión, se trató
de una crisis global que en economías como la argentina provocó la re-
ducción de las inversiones extranjeras y la caída abrupta de las ventas y los
precios de las materias primas. Esto tuvo consecuencias en todas las facetas
de la vida nacional. En el plano económico y social, supuso el aumento del
desempleo y generó la articulación por parte del Estado, en sus diversos
niveles, de medidas destinadas a morigerar los efectos de la crisis, como el
modelo de sustitución de importaciones y un acercamiento a los sindica-
tos. En el plano político, el nuevo escenario global fue producto de lo que
se conoce como crisis del consenso liberal.
Como destaca Mariano Ben Plotkin (2013), el liberalismo dotó a
las élites económicas y sociales argentinas del siglo XIX de una base so-
bre la cual cimentar un consenso ideológico. Este se basó en la creencia
de que el mantenimiento de una sociedad sin conflictos y formalmente
democrática era la precondición social y política adecuada para lograr el
crecimiento económico. Sin embargo, dicha idea entró en crisis hacia
1930, con el avance de los totalitarismos europeos y la crisis económica
mundial. Entonces, la viabilidad del sistema democrático empezó a ser
cuestionada por sectores de la élite, los militares y el Ejército. La demo-
cracia liberal ya no fue percibida como el único sistema de gobierno le-
gítimo. A su vez, las funciones asignadas al Estado en materia económica
se redefinieron.
El golpe de Estado producido en Argentina en 1930 desencadenó la
interrupción del sistema democrático y la instauración de gobiernos frau-
dulentos que terminaron por desprestigiar la política. Desde entonces las
Fuerzas Armadas se convirtieron en un actor político de peso, con una
presencia e incidencia cada vez mayor en la vida política nacional. Con la
emergencia del peronismo a mediados de los cuarenta, se abrió una etapa
política signada por la ampliación de derechos y nuevos ciclos de conflic-
tividad política.

312
11

Los años treinta en Córdoba (1930-1943)


Córdoba entre los dos golpes militares: transparencia
electoral y recomposición del sistema de partidos
Aventura corporativista, abstención radical y gobierno demócrata
El golpe de Estado de 1930 fue produc-
to, entre otras cuestiones, de la crisis eco-
nómica y de la creciente deslegitimación
que sufría el sistema democrático libe- Ley Sáenz Peña
ral. Para Luis Alberto Romero (2011), Ley electoral N° 8871 pro
mulga-
da por el Congreso de la Na
las condiciones que hicieron posible la ción
el 13 de febrero de 1912, baj
o la
caída del segundo gobierno de Hipólito presidencia de Roque Sáe
nz Peña.
Yrigoyen -a dos años de haber triunfado Estableció el sufragio sec
reto y
obligatorio para todos los
en los comicios- fueron, por un lado, mayores de 18 años, y el
varones
que las expectativas despertadas por enr ola-
miento en base al padrón
militar.
el presidente se frustraron por la crisis El secreto del voto, garant
iza-
económica mundial y, por el otro, la ba la independencia del votan-
situación política, que desde 1928 se te, mientras que la obliga
torie-
dad amplió la participació
hizo cada vez más violenta, con en- n de
la ciudadanía.
frentamientos entre organizaciones A criterio de Waldo Ansal
paramilitares afines y opositoras al di
(2000), con la ampliació
n
gobierno y el asesinato del dirigente electoral registrada a partir
mendocino opositor Washington Len- de esta ley, se produjo en
cinas, entre otros episodios. En este Argentina el paso de un rég
i-
clima político, el gobierno recurrió men oligárquico a un régim
en
democrático.
al fraude en aquellos lugares, como
Mendoza y Córdoba, en los que es-
peraba un resultado desfavorable en
las elecciones para la renovación del Congreso. Como señala Fernando
Devoto (2005), otros dos elementos contribuyeron a la caída de Yrigoyen:
las intrigas entre funcionarios del Gobierno y sectores militares y la opo-
sición de las élites intelectuales conservadoras a la ampliación política que
significó la Ley Sáenz Peña.
Ahora bien, una vez producido el golpe no resultó sencillo determi-
nar el camino a seguir. Romero (2007) señala que los sectores que habían
concurrido a derribar el gobierno constituían un “mosaico heterogéneo”,
que oscilaba entre un proyecto de regeneración nacional, cuyo portavoz
era el teniente general José Felix Uriburu, secundado por los nacionalis-
tas; y el de restauración constitucional, liderado por Agustín P. Justo y

313
respaldado por los partidos políticos. El primero, de tipo corporativista,
proponía una completa transformación del orden político. A diferencia del
sistema democrático liberal que funda su sistema representativo en la idea
de individuo y ciudadano, el corporativismo proponía un sistema parla-
mentario basado en la representación de grupos o sectores sociales institu-
cionalizados, las llamadas “fuerzas vivas”, como la industria, los sindicatos,
el comercio o el agro. Por su parte, el proyecto de regeneración constitu-
cional suponía un retorno al orden político previo a 1916.
Como destaca Desirée Osella (2016), desde 1928 Córdoba era go-
bernada por el radical José Antonio Ceballos, cuya gestión fue desacre-
ditada por la oposición partidaria y la prensa debido a la parálisis legisla-
tiva, el fraude y la violencia política que la caracterizaron. Esta situación
facilitó que parte de la oposición pasara de respetar las reglas de juego
democrático a una actitud de deslealtad hacia ellas y apoyara el golpe de
Estado del general Uriburu contra Yrigoyen.
Tras el golpe, Uriburu designó como In-
terventor Federal de Córdoba a Carlos
Ibarguren (1930/1931), un intelectual
Intelectual nacionalista de
derecha nacionalista de derecha, representante
Los intelectuales son pensadores de una élite tradicional que temía perder
que intervienen políticamente en sus privilegios, debido a que entendía la
la esfera pública. Lo que carac- democratización como un peligro. Ibar-
terizaba a estos sectores era el
ser antiliberales, anticomunistas,
guren era un aristócrata que solo conce-
general (pero no necesariamente) bía una sociedad dirigida por hombres de
ultra católicos, y desconfiar de la la élite, considerados como los únicos le-
democracia. Como señala David gítimos y capaces para ocupar espacios de
Rock (1993), el movimiento
nacionalista no dejó nunca de poder (Echeverría, 2009). Como expre-
constituir una pequeña fracción sión de dicho temor, se propuso reformar
dividida en numerosos grupos la Constitución Nacional para adoptar
rivales, que si bien en ciertas opor-
tunidades influyeron y penetraron
un régimen de tipo corporativo, enten-
en los partidos políticos, nunca dible en el contexto internacional de las
constituyeron un partido político. experiencias fascistas europeas, pero con
características particulares. Sin embargo,
como destaca Alain Rouquié (1983), la
exaltación del corporativismo en Argentina no puede asimilarse al fascismo
italiano, dado que los nacionalistas argentinos no compartían la apelación a
las masas y su movilización. Esta iniciativa no prosperó por la oposición de
los partidos políticos que temían verse desplazados del poder. Sin embargo,
dos corporaciones que sí apoyaban ese proyecto, el Ejército y la Iglesia –que
denostaba los partidos políticos–, se erigieron como actores políticos cen-
trales. De hecho, Agustín P. Justo ganó las elecciones de 1931 a presidente

314
11

con el apoyo castrense. En estos comicios,


en algunas provincias -como Buenos Aires
Partido Demócrata Nacio
y Mendoza- el Gobierno Nacional apeló nal
Coalición de diversas agrupa
al fraude electoral, convirtiéndose en una ciones
conservadoras provinciales
creada
práctica sistemática desde 1935, cuando en 1931. Los principales par
tidos
la UCR levantó la abstención electoral que la integraron fueron el Par
tido
Conservador de Buenos Air
que había decretado en 1931. Partido Demócrata de Có
es y el
rdoba.
En aquel año, la no concurrencia
a las urnas del radicalismo permitió un
abrumador triunfo del Partido Demó-
crata Nacional con el binomio Agustín P. Pedro J. Frías fue un dirigen
te
Justo-Julio A. Roca para el ejecutivo na- político del Partido Demó
crata.
cional (1932-1938), el predominio de los Fue legislador provincial y
minis-
tro de obras Públicas de Ram
demócratas a nivel provincial y en el mu- J. Cárcano (1925.1928).
ón
En las
nicipio cordobés y un aumento de la ocu- elecciones generales de nov
iembre
pación de espacios de poder –legislativo de 1931, acompañó a Emilio
F.
Olmos en la fórmula que
e intendencias del interior cordobés– por triunfó
en las elecciones de gobern
el Partido Socialista (Osella, 2014). ador de
Córdoba. Estos asumieron
en febre-
Como parte de este clima político, ro de 1932, pero Olmos ren
unció
surgió en 1931 la Legión Cívica Argen- inm ediatamente, por encontrar
se
enfermo de gravedad, del
tina, un grupo paramilitar que se auto- egando el
ejecutivo en Frías, quien
gobernó la
proclamaba defensor del orden y actua- provincia hasta 1936.
ba como fuerza de choque, generando
episodios de violencia, para apoyar a
Uriburu, aunque continuó operando lue-
go de su caída. Durante la gobernación
Para más información sob
demócrata de Pedro Frías la Legión no sinato político de José Gu
re el ase-
fue disuelta y, si bien las autoridades eva ra pue-
den consultar el artículo per
iodístico
cuestionaron su existencia, no adoptaron de César Tcach, “Crimen
Político en
medidas para disolverla, pese a que ésta Bar rio Güemes”. Disponible
en:
[Link]
produjo numerosos actos de violencia. mas/cri-
men-politico-en-barrio-gu
En Córdoba, el más conocido de ellos emes

fue el asesinato en 1933 del diputado


provincial socialista José Guevara.
Desde el periódico de la Federación Socialista de Córdoba, se analiza-
ba en clave política la muerte de Guevara de la siguiente manera:

Esa voz viril que en la Cámara [de Diputados]y en la tribuna marcaba


cual hierro candente a la reacción, al clero y al fascismo era necesaria
eliminarla, y aprovechando las horas de la noche las cobardes y ruines
hordas fascistas asesináronlo al pie de la tribuna Socialista (Tribuna
Socialista, 10/10/1933, p. 2).

315
Córdoba, ¿“isla democrática” en la “década infame”?

Durante mucho tiempo el período com-


prendido entre 1930-1943 fue definido
Có rdo ba como “década infame”, término acu-
Partido Demócrata de
aci ón pol ític a org áni ca que a ñado por el periodista José Luis Torre,
Agrup
leó a las
partir de finales de 1913 nuc quien denunció el fraude y la corrup-
esas.
fuerzas conservadoras cordob ción que se registró por entonces. La
extensión del uso de dicho calificati-
vo, llevó a que a todos estos años se les
Conservadores otorgara una homogeneidad inexisten-
El adjetivo conservador suscita te, caracterizada por el uso sistemático
diversos inconvenientes, dado del fraude por parte de los opositores al
que al hablar en Argentina de
conservadores no se alude a sec- yrigoyenismo para mantenerse en el po-
tores contrapuestos a los liberales. der. Sin embargo, numerosos autores,
Como subraya Ortiz, el país no como Dolores Béjar, coinciden hoy en
experimentó una división entre
conservadores y liberales; sino
señalar que el fraude no fue sistemático
que ambas corrientes quedaron sino a partir de 1935, y que la imagen
“encolumnadas conjuntamente”. de esos años obedeció a considerarlo
Dicho autor, utiliza el término como un período “intermedio”, en base
para designar la “unión de diversos
sectores e intereses regionales a lo que interrumpió (yrigoyenismo) o
frente al enemigo común que era precedió (peronismo).
el radicalismo”. Es decir, “fuerzas En Córdoba, no se recurrió al uso sis-
conservadoras en el sentido de
temático del fraude en las elecciones, lo
preservar el manejo político del
régimen” (Ortiz, 1992). que pone en cuestión la generalización
del término “infame” para denominar
dicha etapa. Esta nominación peyorati-
va supone asignar unidad al período en función de lo que sucedía princi-
palmente en la provincia de Buenos Aires. Por el contrario, los años treinta
no pueden ser reducidos a su dimensión política, puesto que en su trans-
curso tuvieron lugar importantes transformaciones económicas, sociales
y culturales. Además, es importante recalcar que, en Córdoba el Partido
Demócrata, como parte de su tradición, se negó a instrumentalizar prác-
ticas fraudulentas y permitió la libre participación del candidato radical,
Amadeo Sabattini, y respetó su triunfo en las urnas. A partir de su asun-
ción en 1936, la prensa nacional, como el diario La Nación presentaba a
Córdoba como una “isla democrática”, no solo por el respeto al sufragio
sino también al pluralismo político y a las organizaciones sindicales. Sin
embargo, en el imaginario nacional la idea de Córdoba como “cuna de
virtudes cívicas” antecedía al sabattinismo y perduraría en el tiempo.

316
11

El triunfo de Sabattini tardó en ser aceptado por los sectores conserva-


dores y clericales de Córdoba, sobre todo por su perfil laicista y anticlerical
y el apoyo electoral que tuvo del Partido Comunista. Estos resquemores
se acentuaron una vez que comenzó a implementar sus políticas sociales
(particularmente enfocadas en los sectores trabajadores, como la regula-
ción del trabajo doméstico y la mayor injerencia estatal en los conflictos
obreros), económicas (fueron impulsadas leyes que no lograron su aproba-
ción por la mayoría opositora en el Senado, como las reformas tributaria
y agraria) y, fundamentalmente, culturales. Entre estas últimas se destacó
su proyecto de enseñanza laica de agosto de 1936, el que fue duramente
resistido por conservadores y clericales, que estaban presentes aún dentro
del radicalismo cordobés. Su oposición se conjugó con la de los grupos
nacionalistas, perseguidos por el gobierno provincial, en un intento por
lograr la intervención federal de Córdoba. Se trasladó también al ámbito
de la Legislatura, donde los demócratas conservaban la mayoría en el
Senado (Tcach, 2009). El gobierno de su sucesor, Santiago del Castillo
(1940-1943), se caracterizó por una dinámica cooperativa y la búsqueda
de soluciones concertadas dentro del ámbito legislativo. Algunas de sus
políticas, sin embargo, continuaron generando fuerte oposición, lo que
condujo a que el golpe de Estado de 1943 fuera bien recibido por los sec-
tores que las cuestionaban.

La Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial en la política


cordobesa
La lucha civil española (1936-1939) instaló en el escenario nacional el con-
flicto político en torno al fascismo, lo que llevó a diversos sectores a tomar
partido por los republicanos o los nacionalistas. Córdoba no fue la excep-
ción. Para un variopinto colectivo de grupos políticos y sociales -como ra-
dicales, comunistas, organizaciones de estudiantes, colectivos de mujeres y
asociaciones profesionales–, la “causa anti-fascista” emergió como un gran
refugio ideológico, desde el que se buscó interpretar la situación políti-
ca local y definir programas políticos, lo que contribuyó a constituir una
identidad política compartida (Bisso, 2005).
Esas banderas políticas se prolongaron con el comienzo de la Segun-
da Guerra Mundial (1939-1945) entre los grupos que apoyaron a las po-
tencias aliadas y los que se declararon neutrales. Estos alineamientos se
produjeron al interior del radicalismo, el Partido Demócrata e, incluso,
las Fuerzas Armadas, pero en realidad expresaban divisiones ideológicas
y programáticas de viejo cuño. Por ejemplo, en los grupos radicales in-
transigentes perduraban aquellas proclamas nacionalistas expresadas en

317
su momento por el propio Yrigoyen, quien sostuvo, a pesar de críticas y
cuestionamientos internos, la neutralidad ante la Primera Guerra Mundial.
En ciertos grupos de las Fuerzas Armadas existían quienes reivindicaban
un nacionalismo en clave de neutralismo frente a la guerra, lo que era
interpretado como un posicionamiento cercano al Eje. Estas diferentes mi-
radas en torno a qué alineamientos políticos internacionales debía exhibir
el Estado argentino fueron una de las principales causas de tensiones al
interior de los partidos políticos y de las Fuerzas Armadas. Al promediar la
Segunda Guerra Mundial, socialistas, comunistas, demócratas progresistas
y radicales antipersonalistas (alvearistas) expresaron su adhesión al bando
aliado. En cambio, la intransigencia radical en Córdoba, con Sabattini a
la cabeza, sostuvo la defensa de la neutralidad frente al conflicto mundial.

Transformaciones estatales y sociales durante la década


del treinta
El modelo de industrialización por sustitución de importaciones
Entre las dos guerras mundiales Argentina inició una nueva etapa econó-
mica, social y política. La crisis del modelo agro-exportador, pilar funda-
mental de acumulación económica hasta 1930, tuvo como contrapartida
un significativo crecimiento de la industria nacional, a partir de la sustitu-
ción de bienes industriales fabricados en el exterior por productos locales.
El nuevo escenario permitió el impulso del modelo de industrialización
por sustitución de importaciones (ISI) que, vale apuntar, ya había comen-
zado tibiamente a mostrar sus primeros ensayos durante el transcurso de
la Primera Guerra Mundial (1914-1918), cuando la merma comercial con
los países centrales favoreció las primeras experiencias sustitutivas de bie-
nes industriales. En sectores como el automotriz, más allá de la industria
de ensamblado de partes importadas, se desarrollaron pequeñas industrias
de repuestos y servicios conexos; sin embargo, vale aclarar que ese proceso
se evidenció con mayor intensidad en la industria liviana, en rubros como
el textil, alimenticio y de bebidas.
Esta nueva etapa se manifestó con mayor claridad en las principales
ciudades, donde existía el capital, los trabajadores calificados y la iniciativa
privada necesaria. Córdoba fue una de ellas. En dicho proceso, el Estado
tuvo un rol activo, diseñando políticas económicas destinadas a paliar los
efectos de la crisis internacional, tales como las medidas adoptadas para
resolver problemas de la balanza comercial (aumento de aranceles), la de-
valuación cambiaria y la operatoria de la oficina de control de cambios,
entre otras. En relación con esto, podemos diferenciar dos momentos: una

318
11

primera etapa, hasta principios de la década de 1950, signada por el desa-


rrollo de la industria liviana; mientras que una segunda etapa transcurrió
desde comienzos de la década de 1950 hasta el golpe de Estado de 1976 y
estuvo centrada en la pretensión de desarrollar una industria pesada.

La obra pública en la ciudad de Córdoba


A partir de la década del treinta se produjo una serie de procesos sociales,
económicos y culturales que impactaron en Córdoba y que fueron trans-
formando los modos de vivir y habitar. Junto a ello, no debe subestimarse
una paulatina transformación del Estado que, en esos años, adquirió ma-
yores características intervencionistas en el plano económico y, en menor
medida, en lo social. Esto produjo tensiones con quienes hasta ese en-
tonces se encargaban de la asistencia social -sociedades de beneficencia, la
Iglesia católica y la caridad privada- (Moreyra, 1997).
Las gobernaciones radicales -cuyo lema fue “agua para el norte, ca-
minos para el sur y escuelas para toda la provincia”- buscaron generar un
mayor protagonismo del Estado, sobre todo a través de la obra pública,
con una activa política de construcción de diques -Cruz del Eje y La Viña-
, embalses -San Jerónimo y Los Alazanes- y canales de riego. También fue
importante el tendido de nuevas rutas provinciales. En el ámbito de la ciu-
dad de Córdoba, a una serie de transformaciones previas -como el ensan-
che de la avenida Colón en 1927, sobre la que se construyeron en los años
treinta los primeros edificios modernos- los gobiernos radicales sumaron
un ambicioso plan de obras públicas con eje en la enseñanza. El resultado
fue la construcción de seis escuelas-incluyendo la Sarmiento o la Yrigoyen-
en los barrios aledaños al centro. Su estilo moderno -toda una novedad
para la arquitectura estatal-, ubicación estratégica en esquina y escala, las
convirtieron en referencias simbólicas.

Al fondo, fachada de la Escuela Yrigoyen, en


las esquinas de las actuales Castro Barros y
Brandsen (barrio San Martín). Fuente: Inv.
2662. Archivo Histórico Municipal

319
Luego de la gran inundación de 1939, el gobierno provincial decidió
emprender una solución definitiva a los problemas que causaba regular-
mente el arroyo La Cañada con su paso por el centro de Córdoba, atrave-
sando un área urbana consolidada. Para ello, se elaboró un proyecto de sis-
tematización del arroyo, lo que supuso construir un canal que contuviera
sus crecidas máximas, que además rectificaba parte de su cauce.
El entorno urbano de La Cañada fue objeto de numerosas represen-
taciones literarias y, sobre todo, en pintura y grabado, ya que sus puentes,
balcones, enrejados y vegetación le daban un aire pintoresquista. De allí
que parte de la prensa de la época se lamentara respecto de esos valores
estéticos perdidos: “casi nadie medita un instante en que el progreso está
borrando a golpe de maza, la ancianidad vigorosa, recia y joven aún, valga
la paradoja, de una de las primeras obras públicas de Córdoba” (La Voz del
Interior, 27/03/1946).

Fuente: Barbieri, Sergio y Boixadós, Cristi-


na, El cauce viejo de la Cañada. Fotogafías 1885-
1945, Talleres Gráficos Biffignandi, Córdoba,
2005, p. 87.

El proceso de urbanización en Córdoba entre 1930 y 1947


La planta urbana experimenta transformaciones más graduales que los re-
cambios de gobierno. Para el caso de la ciudad de Córdoba, el período
comprendido entre 1930 y 1955 corresponde a dos momentos diferen-
tes del proceso de urbanización. Y es que hasta finales de la década del
cuarenta, la ciudad todavía vivía parte del primer ciclo de modernización
urbana que comenzó hacia 1870. Este ciclo se caracterizó por un fuerte y
sostenido crecimiento demográfico y urbano, la creación de nuevos barrios
por fuera de la cuadrícula colonial original -como Alta Córdoba, Alberdi,
San Vicente, General Paz, San Martín-, la incorporación de un conjunto

320
11

edilicio importante -bancos, escuelas, hospitales, teatros, etc.- y de alguna


obra de infraestructura destacada.
Pero también impactaron en la ciudad diversos procesos de moderni-
zación del habitar. Como en el resto de Argentina, la progresiva expansión
de los servicios de provisión de energía eléctrica, agua corriente y gas, junto
a una creciente tecnificación del hogar (como la incorporación de las coci-
nas a gas y la heladera), permitieron una modernización de los modos de
habitar. A diferencia de la tradicional “casa chorizo” -sucesión de habita-
ciones conectadas por una galería, en cuyo último lugar estaban los baños
y la cocina- aquellas novedades técnicas posibilitaron la compactación de
los espacios domésticos, incorporando la cocina y los baños al interior de
la casa, en lo que se conoce como “casa cajón”. Modelo de casa que para la
década del treinta ya estaba consolidada y difundida, por lo menos en sec-
tores medios y altos, y cuya vigencia perdura hasta hoy. Junto a esta nueva
tipología de vivienda hizo su aparición el estilo del “chalet californiano”
para viviendas residenciales de los sectores altos y para residencias rurales
de fin de semana. Para esta época, comenzaron a construirse los primeros
barrios residenciales con jardín, como el Cerro de las Rosas, donde se rea-
lizaron los primeros chalets.
Si bien el auto tuvo presencia en la ciudad desde principio del siglo
XX, fue hacia comienzos de la década del treinta que la cultura del au-
tomóvil fue ganándole espacio e importancia a otras formas de tracción
-como el tranvía y el tren- hasta desplazarlas en los años sesenta. En la ciu-
dad de Córdoba comenzaron a funcionar las primeras líneas de ómnibus
en 1931. Durante esta década, una serie de iniciativas del Automóvil Club
Argentino (ACA) junto a la recientemente constituida Dirección Nacional
de Vialidad produjeron una importante reorganización territorial del país
con la implantación de un sistema de vialidad nacional que se superpuso
a la existente red de ferrocarriles. La nueva cultura del automóvil, junto a
la creación de parques nacionales -como el de las Cataratas del Iguazú o el
del lago Nahuel Huapi- y el fomento al turismo nacional, contribuyeron a
consolidar y difundir un imaginario territorial, como parte de una reafir-
mación de la soberanía nacional en concordancia con el auge del naciona-
lismo de la época.

La participación social de las mujeres cordobesas


Otro proceso de importancia para la época fue la transformación del rol de
la mujer en la sociedad, debido a su mayor presencia en los espacios pú-
blicos: muchas se sumaron al mercado laboral para sostener a sus familias
o lograron ingresar en la universidad y obtener títulos profesionales. Ese

321
accionar público contrastaba con las vi-
Maternalismo
siones de amplios sectores sociales, para
Visión que presupone a las
los que la principal actividad de la mu-
mujeres la responsabilidad y la jer era el cuidado del hogar y la fami-
capacidad maternal, relacionada al lia y su espacio de intervención la casa.
cuidado, la crianza y la transmi- Esto coincide con el tipo de actividades
sión de valores. Esas capacidades
se replicarían en otros ámbitos, que ellas desarrollaban, guiadas por las
como lo político y lo público. ideas del maternalismo. Los trabajos
que frecuentemente realizaban se aso-
ciaban al cuidado y crianza de niños/as
(docencia, parteras), al mantenimiento del hogar (servicio doméstico), a ta-
reas que requerían delicadeza (costura) o “poco esfuerzo” físico (telefonía).
De todas maneras, cabe aclarar que estas actividades fundamentadas en el
maternalismo, fueron centrales para la participación e intervención política
de las mujeres en la vida pública, brindándoles posibilidades antes vedadas.
A nivel político, no se las consideraba
capaces por lo que no podían elegir
Sufragismo ni ser elegidas. De todas maneras, con
Movimiento que exige el reco- la modificación del Código Civil en
nocimiento de derechos políticos 1926, algunos derechos como los labo-
para aquellos/as ciudadanos/as rales, la patria potestad y la disponibi-
que carecen de ellos. Esencial-
mente exigen el ejercicio del voto. lidad de sus bienes, fueron equiparados
a los del hombre. Al mismo tiempo, se
fueron sumando a ciertos partidos po-
líticos (radical, socialista, comunista). Allí, sus luchas se enmarcaron en
el sufragismo, pero también pedían mejorar las condiciones de trabajo
de las obreras, o ampliar sus derechos sociales. Esta postura sufragista
fue militada con fuerza por las mujeres y hombres socialistas, pero tam-
bién por radicales y algunos conservadores. Esa demanda se cristalizó en
la elaboración de ciertos proyectos de ley presentados en el Congreso de la
Nación, que habilitaban el voto de las
mujeres. En 1932 se dio lugar al debate
Derechos sociales parlamentario de la propuesta de sufra-
Son aquellos derechos que le per- gio femenino. Sin embargo, como nos
miten a los/as ciudadanos/as de dice Silvana Palermo (1997), “el voto
una comunidad desenvolverse en
femenino obligatorio y sin restricciones
condiciones de igualdad (trabajo
digno, educación, vivienda). ganó la mayoría en Diputados, pero
nunca alcanzó a tratarse en la Cámara
de Senadores”.
Un ejemplo local de militancia sufragista fue la experiencia de fren-
te antifascista denominado “Junta Feminista de Córdoba”, formada hacia

322
11

1945. Estaba compuesta por mujeres profesionales y trabajadoras, de in-


clinación socialista, radical y comunista. Su objetivo era luchar por la nor-
malización institucional, y exigir derechos políticos (el voto) y económicos
para las mujeres. El discurso antifascista y antiautoritario se encontraba de
la mano con ciertos sectores de la tendencia antiperonista, que resultó ser
un nexo con otros movimientos feministas de la época. Protagonizaron un
gran número de actos públicos y asambleas con eje en la democratización
Finalmente, tres meses después quienes conformaban la junta ejecutiva
renunciaron señalando no haber podido realizar las tareas esperadas, pro-
vocando la desintegración de la agrupación feminista. Se cree que esto
se debió a un repliegue de las militantes hacia sus organizaciones, ante la
posibilidad que parecía ofrecer el estatuto de los partidos políticos (que
finalmente se derogó).
Otra forma de participación pública se dio en el marco de la Iglesia
católica: las autoridades centrales aceptaron e incluso fomentaron activi-
dades sociales y organizativas para mujeres. Nacieron varias sociedades de
señoras (laicas pertenecientes a sectores sociales medios o altos, que reali-
zaban acciones dentro de las parroquias) que se dedicaban, mayormente, a
tareas asistencialistas relacionadas a esa visión maternalista que señalamos:
organizaban colectas para los sectores desposeídos de la ciudad, convo-
cando eventos y donaciones; asistían a madres solteras y trabajadoras (a
pesar de las reticencias de la Iglesia); proveían de vivienda a trabajadores y
trabajadoras, entre otras actividades.
El mayor protagonismo femenino interpeló al Estado argentino a
discutir temáticas que implicaban a las mujeres (como el divorcio, los de-
rechos de trabajadoras, el voto), incluyéndolas en la agenda del gobierno.

Estado y movimiento obrero

El primer lustro de la década de 1930: ambivalencia intervencionista


laboral
Hacia 1930 existían en el país cuatro centrales obreras que ideológicamen-
te respondían al anarquismo, comunismo, sindicalismo y socialismo. Ese
año se fundó, a instancias de las dirigidas por los dos últimos, la Central
General de Trabajadores (CGT), con la intención de dotar de mayor poder
de negociación al movimiento obrero, más allá de las diferencias ideológi-
cas o partidarias. Hasta diciembre de 1935 la CGT estuvo dominada por
la corriente llamada sindicalista, que se proclamaba apartidaria pero era
proclive a la negociación con el Estado. Desde 1936, fueron los socialistas
quienes lideraron la Central que pasó a estar integrada también por los co-

323
munistas. Este cambio de liderazgo provocó en 1935 la división de la CGT
en dos: una sindicalista (disuelta en 1943) y otra socialista, que sufrió una
nueva escisión en 1943.
En las relaciones Estado-sindicatos se asistió a un proceso de acerca-
miento mutuo basado en el pragmatismo: el primero para evitar por las
vías de la intervención y la concesión los desbordes sociales y los segundos
para subsistir y ser considerados interlocutores válidos en las negociaciones
con la patronal (Doyon, 2006).
Por entonces, la orientación ideológica de los sindicatos en Córdoba
también mostraba un panorama heterogéneo. Así, los comunistas tenían
una presencia significativa entre los obreros gráficos y las ramas producti-
vas (construcción, metalurgia y alimentación), mientras los socialistas pre-
dominaban en el sector terciario y de servicios (empleados de comercio,
ferroviarios y tranviarios). Entre las organizaciones de la economía rural
(oficios varios, estibadores, conductores de carros), los anarquistas y comu-
nistas tenían fuerte presencia.
En el contexto de una fuerte crisis económica, la intervención del
Estado provincial comenzó a significar un cambio de postura, traducido
en una mayor presencia. Desde la perspectiva de las instituciones labora-
les, los aportes más importantes del gobierno demócrata de Frías fueron
la ampliación de la intervención estatal a través de la creación de la Junta
del Trabajo para combatir el paro forzoso y la creación de los tribunales
de arbitraje y conciliación obligatoria. Sin embargo, y al igual que en la
esfera nacional, la Oficina Provincial del Trabajo carecía de poder coerciti-
vo, dado que el cumplimiento de sus resoluciones tanto para los patrones
como para los sindicatos era voluntario. Esto se tradujo en una efectividad
relativa de la mediación estatal en las relaciones capital-trabajo.
Los reclamos de los conflictos obreros urbanos y rurales se concen-
traban en la demanda de mejores condiciones de trabajo, la restricción
de la jornada laboral y aumentos salariales. Al respecto, en esta década la
jornada de 48 horas fue acortada a 44, por el progresivo cumplimiento de
la ley del sábado inglés –descanso semanal desde las 12 horas del sábado–,
aunque todavía pocos sindicatos habían conseguido el reconocimiento de
las vacaciones pagas.

Los gobiernos radicales: mayor intervencionismo laboral y promoción


de la organización sindical
Las estadísticas del Departamento Provincial del Trabajo dan cuenta que
las gestiones radicales fueron centrales para el fomento de las organizacio-
nes obreras, que se duplicaron entre 1936 y 1941. Durante estos gobiernos

324
11

también se emprendieron prácticas de conciliación (trabajadores y patro-


nes buscan solucionar sus conflictos con la colaboración de un tercero,
en este caso el Estado provincial) y arbitraje (el Estado provincial resuelve
el conflicto), al tiempo que sus intervenciones se caracterizaron por un
sesgo pro-obrero, es decir, que las decisiones gubernamentales tendieron a
favorecer a los trabajadores frente a las patronales. El percibir un potencial
aliado en el gobierno incentivaba el accionar de los sindicatos, lo que, si-
multáneamente, llevaba a los sectores opositores a calificarlo de “promotor
de huelgas”. No solo en la capital provincial se desarrollaron importantes
reclamos obreros (en particular en los molinos harineros, la fábrica de ce-
mento Minetti y la industria panadera) sino también en el interior cordo-
bés. En Río Cuarto, por ejemplo, sastres, panaderos y estibadores alcanza-
ron importantes reivindicaciones con el respaldo del gobierno sabattinista.
Como señala Marta Philp (1998), el rol jugado por el Departamen-
to Provincial del Trabajo (antes Oficina) como instrumento mediador del
Estado, así como su reorganización en 1939 simbolizaron un cambio en
la concepción que tenían las autoridades provinciales del problema social,
que se tradujo en una profundización de la construcción institucional lega-
da por los gobiernos anteriores en pos de responder a las nuevas demandas
de una sociedad que se complejizaba.

Un nuevo concepto de Estado, guardián de leyes y creador de derechos,


se imponía frente a la imagen de Estado vigilante, predominante en
la provincia durante las primeras décadas del siglo (…) un nuevo
modelo estatal no debía limitarse a respetar las leyes sino que, como
tarea fundamental, debía crear derechos (Philp, 1998: p. 82).

Entre estos derechos se destaca la legislación laboral referida al trabajo


domiciliario y la que regulaba el servicio doméstico. Sin embargo, la efec-
tividad estatal en el cumplimiento de las leyes laborales y los convenios co-
lectivos siguió siendo relativa, ya que debió enfrentar las reticencias de los
sectores conservadores, manifiestas particularmente a través de la prensa,
y empresarios, expresadas en la inobservancia de los convenios de trabajo
y de las leyes de trabajo. Al respecto, resultan ilustrativos los casos de los
obreros de los comedores del ferrocarril que afirmaban trabajar 16 horas
y el reclamo de la Asociación de Enfermeros y Anexos y de la Asociación
Católica de enfermeras por el cumplimiento de las leyes de descanso y
jornada legal.1

1 La Voz del Interior, 25 y 27/08 1940, p.12; El País, 29/08/1942, p. 9; Archivo de Gobierno
de la Provincia de Córdoba, Serie Gobierno, 1941, Tomo 51, p. 8.

325
En pleno desorden vincia a base de la
de fundar el gobierno de la pro
“El rosado paraíso que preten de bus car un mejoramiento en la
ideo logí as que cultiva y so pretexto
exa ltac ión de las los dictados que imponen
aniza y sindicaliza conforme a
clase trabajadora, a la que org paso a paso, aunque
extranjero, va constituyéndose
los métodos introducidos del el prim er empuje (…) Es que
que no han de resistir
sobre cimientos tan deleznables a agit ació n. Tien de a malear todos
vincia es de plen
la política del gobierno de la pro n y el confusionismo,
s para producir la perturbació
los factores y resortes sociale rosa s envenenadas con la
ar el apo yo arm ado de las clases meneste
soñand o con logr ierdistas y comunizantes
han logrado los gobiernos izqu
propaganda malsana, como lo o imperativo el que exige
e esa huella (…) Es un enérgic
de Madrid y Barcelona. Se sigu que haya que lamentar
as vuelvan a su quicio antes de
a todos bregar porque las cos
ula sin esfuerzo”
daños cuya magnitud se calc
cipi os, 03 /08/1936
Editorial de Los Prin

El peronismo mediterráneo
Oficialismo, oposición y centralización político-adminis-
trativa
Durante décadas estudios sobre el peronismo, como los de Gino Germani,
Torcuato Di Tella o Juan Carlos Torre, estuvieron centrados en Buenos
Aires y, teniendo en cuenta las características que asumió en ese espacio,
destacaron el rol del movimiento obrero en los orígenes del peronismo
y discutieron el papel jugado por los migrantes internos en ese proceso.
Desde fines del siglo XX, investigadores como César Tcach han señala-
do que, en Córdoba así como en otras latitudes del interior argentino, el
peronismo no tuvo en sus orígenes al movimiento obrero como columna
vertebral y a la oligarquía como su enemiga natural ni los migrantes re-
cientes cumplieron un papel relevante. Por el contrario, predominaron
en su interior elementos tradicionales que permiten hablar de una matriz
conservadora. Nos referimos aquí a ciertos apoyos políticos e institucio-
nales definidos: dirigentes del Partido Demócrata del interior provincial,
radicales de extracción nacionalista y antiliberal y la propia Iglesia a través,
fundamentalmente, de la asociación laical Acción Católica. Esta compo-
sición influyó en los modos de hacer política del peronismo cordobés y,
consecuentemente, tanto en sus relaciones intrapartidarias como con los
partidos opositores, dado que predominaban sectores poco propensos a
buscar soluciones concertadas y a tomar decisiones de forma consensuada.

326
11

La llegada del peronismo al gobierno provincial abrió un período ca-


racterizado por la crisis política fundada en la incapacidad de oficialismo
y oposición para consensuar los térmi-
nos del juego político y, por lo tanto,
arribar a soluciones de compromiso. Intervenciones Federales
Dado que el apoyo a la candidatura El artículo 6º de la Constituc
ión
Argentina, reconoce al Est
de Perón provino de distintos sectores ado
nacional el derecho para,
(ex radicales, laboristas, nacionalistas, en
determinados casos de con
flicto
etc.), recién una vez que llegó al poder social o político, intervenir
las
comenzó a organizarlos en un partido provincias.
Tanto durante los gobiern
único. El hecho de que la construcción os
conservadores, radicales y
del partido político se hiciera ya sien- de
facto (1930-1932; 1943-4
6), las
do gobierno y disponiendo del apa- provincias fueron interve
nidas por
el gobierno nacional, com
rato del Estado hizo que los distintos o instru-
mento para su control pol
sectores compitieran por encabezar el ític o.
Los interventores federales
fueron
partido y ocupar cargos estatales. En generalmente militares, per
o tam-
Córdoba el conflicto condujo a un bié n los hubo civiles.
Posteriormente, durante
enfrentamiento entre el gobernador gobierno peronista la pro
el
Argentino Auchter (ex radical) y el vi- vincia de
Córdoba fue intervenida
en sus
cegobernador Ramón Asís (laborista) tres poderes (ejecutivo, leg
islativo
y entre el Poder Ejecutivo provincial y judicial) entre mediados
de 1947
y principios de 1949.
y la Legislatura cordobesa. Esta crisis
culminó con la intervención de la
provincia en junio de 1947.
Como nota distintiva, en el espacio cordobés se sufrió un proceso de
centralización político-administrativa que tenía su expresión más nítida en
la ausencia de elecciones municipales y la concentración de funciones en
distintos organismos centralizadores que se sucedieron entre 1943 y 1955,
como la Oficina de Municipalidades, la Dirección de Municipalidades,
la Inspección General de Comunas y el
Consejo Provincial de Municipalidades.
Recién en noviembre de 1951, en forma Por autonomía municipal nos
coincidente con las elecciones provin- referimos a la facultad de una
ciales y nacionales (en las que Perón fue población para elegir a sus auto-
ridades políticas (intendente y
reelecto como presidente), se realizaron concejales) y de administrar sus
comicios en las localidades de la provin- recursos económicos (presupues-
cia de Córdoba. Sin embargo, estuvieron to y fondos disponibles).
lejos de significar un retorno a las auto-
nomías municipales.
Por el contrario, se vieron restringidos a un exiguo número de lo-
calidades privilegiadas -entre las que no se encontraba la capital provin-

327
cial- que eligieron tanto Intendente como Concejo Deliberante. En casi
todas ellas ganó el peronismo, con la única excepción de Bell Ville, donde
triunfó la UCR, pero la municipalidad fue intervenida poco después de la
asunción de las autoridades (Camaño Semprini, 2016).
Durante esos años asistimos a la institucionalización del peronismo
en el poder con la consagración del justicialismo como doctrina nacional,
es decir, que desde el gobierno nacional se pretendía que todos los ciuda-
danos argentinos conocieran y defendieran las banderas del justicialismo.
En este sentido, en Córdoba la Doctrina Justicialista fue establecida como
materia obligatoria en todas las escuelas de la provincia durante el gobierno
del brigadier San Martín; en 1953 el panorama se completó al modificar el
Estatuto del Magisterio y establecer en su artículo 9º que para poder ejercer
la docencia en la provincia era requisito estar identificado con la doctrina
nacional justicialista. Simultáneamente, se imponían restricciones y mayo-
res controles a la oposición política a través de la limitación en el uso del
espacio público, el estado de sitio, la expropiación y la censura de medios
de comunicación, la aplicación de la ley de desacato, y de una nueva ley de
partidos políticos que exigía para su reconocimiento que una organización
política tuviera presencia en todas las provincias (Doyon, 1984).
Estas modificaciones introducidas uni-
lateralmente por el peronismo en las
reglas del juego político (dado que
fue el
La Revolución Libertadora tenía mayoría absoluta en el Congre-
ducido
tercer golpe de Estado pro
n invo- so Nacional y por lo tanto su volun-
en nuestro país. Estuviero
mil itar es, el con jun to tad siempre se imponía como ley), así
lucrados los
se pol ític a no per oni sta y
de la cla como la acentuación del clivaje pero-
re los
amplios sectores civiles, ent nismo/antiperonismo, llevaron a los
Iglesia y
que se destacó el rol de la
el catolicismo cordobés.
sectores opositores a emprender una
oposición disruptiva o desleal. Ello
significaba que estaban dispuestos a
buscar el apoyo de los militares y otros
sectores para desestabilizar al gobierno
nte cim ien to en e intentar hacer un golpe de Estado.
Sobre este aco
ar el
Córdoba, pueden consult En este proceso ocupó un lugar clave
5. Ni
documental “Golpe de 195
revolución ni libertadora”
(2015), la Iglesia católica, en conflicto con el
por El Cu art o Pat io. peronismo por cuestiones tanto de ín-
producido
ible en htt ps: //w ww .youtu-
Dis pon
nAl4
dole moral, social y educativa como
[Link]/watch?v=45HYlyC estrictamente políticas. Su papel en el
levantamiento de septiembre de 1955
que culminó con la caída del peronismo resulta insoslayable. Precisamente
Córdoba fue el epicentro de la autodenominada “Revolución Libertadora”.

328
11

Festejos de la “Libertadora” en Córdoba.


Fuente: Archivo General de la Nación

Transformaciones en el Estado
El peronismo conformó un Estado árbitro y negociador de los problemas
laborales que respaldó la política social a nivel normativo con institucio-
nes reguladoras de las relaciones sociales y con una legislación integral
de protección al obrero, realizando un conjunto de garantías a través de
mejoras salariales, beneficios laborales y seguridad social. Esto dio lugar
a la creación de un Estado de Compromiso Social que buscaba cana-
lizar las demandas sociales de forma institucionalizada, procurando una
“democratización del bienestar”. Este término, acuñado por Juan Carlos
Torre y Elisa Pastoriza (2000) hace referencia a que la redistribución del
ingreso significó para los obreros más establecidos, los empleados y las
clases medias, el acceso a una mayor variedad de bienes y un mejor apro-
vechamiento de los beneficios de las políticas sociales, particularmente en
materia habitacional, sanitaria y educativa.
Para aquellos sectores más desamparados de la población que queda-
ban, en los hechos, fuera de las instituciones de protección social basadas
en la participación en el mercado laboral, fue creada la Fundación Eva Pe-
rón. A través de esta institución se construyeron hogares para huérfanos,
madres solteras y ancianos indigentes, comedores escolares, hospitales
de niños y policlínicos, colonias de va- caciones y hoteles de turismo,
viviendas de bajo costo y escuelas de en-
fermería. Como parte de esta idea de una
ampliación de derechos, se destacó el su- Sobre el voto femenino, pue
den
fragio femenino logrado en 1947, que, consultar el capítulo especí
fico
sin embargo, debe verse como el resulta- incorporado en este mater
ial
didáctico.
do de un camino de lucha previo.

329
Por otro lado, en la reformulación estatal
Banderas del Justicialismo resultó fundamental la idea de planifi-
La justicia social se refiere a una cación –establecimiento de objetivos y
distribución justa de los ingresos, procedimientos para su cumplimiento–,
que permitan no solo satisfacer las
necesidades básicas, sino también
con proyectos que permitieran llevar ade-
el acceso a bienes y servicios lante buena parte de las políticas del pe-
como educación, turismo, espar- ronismo, entre las que se destacaron los
cimiento, etc. dos Planes Quinquenales (1946-1951 y
La independencia económica 1952-1957). A través de éstos se buscó
implica el desarrollo de una
economía que no esté atada a los fortalecer al Estado mediante un aumen-
designios del mercado mundial. to del gasto público que lo convertía en
La soberanía política significa la articulador y orientador de la vida nacio-
plena autonomía en la toma de nal. Eran programas de cinco años que
decisiones gubernamentales, sin la
intervención de países extranjeros. estaban pensados para el fomento de la
industria como una forma de lograr la
independencia económica (bandera del
justicialismo, conjuntamente con la justicia social y la soberanía política).
Mientras el primero se centró en la nacionalización de los servicios públi-
cos –trenes, agua, luz– y la promoción de la industria liviana, el segundo se
enfocó en el desarrollo de la industria pesada con apoyo del capital extran-
jero. En combinación con las actividades privadas previstas por este Estado
consolidado, el gasto público apuntaba a lograr el pleno empleo de los
factores productivos, dando lugar a un círculo virtuoso tendiente a facilitar
el acceso de la población a todo aquello que constituyera sus consumos
necesarios, más allá de sus necesidades básicas de subsistencia.
Los alcances y características de estos procesos en los espacios pro-
vinciales fueron variables y estuvieron influidos tanto por las condiciones
previas como por las características que asumió el peronismo en cada uno
de ellos. En Córdoba los conflictos al interior del partido y la Intervención
Federal impuesta en 1947 implicaron una permanente rotación de funcio-
narios y gobernadores que se tradujo en dificultades para impulsar políticas
públicas firmes, por lo menos hasta 1948. De todos modos, se desplegaron
iniciativas en áreas como la sanitaria (creación de la Dirección de Salud
Pública), la laboral (nueva legislación, mayor injerencia y control estatal) y
la energética (bases para la instalación de la Empresa Provincial de Energía
Eléctrica -EPEC-).
A partir de 1949 y de la gobernación del Brigadier Juan Ignacio
San Martín se inició un período de mayor impulso de las obras públicas,
eficacia administrativa y construcción institucional, tanto en las áreas ya
mencionadas como en educación, vivienda, seguridad, infraestructura e
industria. En lo que respecta a esta última, la creciente importancia del

330
11

consumo interno y el intervencionismo estatal coincidieron con una co-


yuntura internacional favorable, estimulando el desarrollo de diferentes
actividades fabriles, como la aeronáutica, la automotriz, la fabricación
de maquinaria e implementos agrícolas, así como la producción de cal
y cemento en Dumesnil y Yocsina, que convirtieron al sector industrial
en el más vigoroso de la economía cordobesa. Con la Ley de Promoción
Industrial (1951) se abrieron las puertas a la iniciativa privada, que se
combinaría con la estatal. En 1952 se crearon Industrias Aeronáuticas y
Mecánicas del Estado (IAME), un hito en la expansión industrial argen-
tina, con productos tan conocidos como el utilitario Rastrojero, la moto
Puma y el tractor Pampa.

Utilitario Rastrojero 1952 (izquierda),


Publicidad de la moto Puma 1952 (derecha).
Fuente: Picabea, Facundo y Thomas, Hernán,
Autonomía tecnológica y desarrollo nacional.
Historia del Rastrojero y la moto Puma, UNQ,
Bernal, 2014, pp. 89 y 171, respectivamente.

IAME fue la base del desarrollo fabril cordobés, que pronto sumó la
instalación de las fábricas automotrices Fiat (1953) y Kaiser (1955). De
todas maneras, Córdoba ya contaba con cierta tradición técnico-industrial
gracias a la creación de la Fábrica Militar
de Aviones en 1927 que el peronismo po-
tenció, logrando crear en 1947 Pulqui I, el Parte de la historia indust
rial de la
primer avión propulsado con un motor a provincia puede recorrers
e en el
Museo de la Industria, ubi
reacción en Sudamérica. cado en
Libertad 1130, barrio Gener
al Paz,
Este conjunto de industrias forjó el ciudad de Córdoba. https:
//es-la.
perfil industrial de la provincia, signado [Link]/museodelain
dustria
por el avance de estos sectores y el posi-

331
cionamiento de Córdoba dentro de los centros urbanos con un mayor
grado de industrialización del país. Asimismo, contribuyeron al proceso
migratorio hacia la ciudad, que transformó la estructura social de Córdo-
ba, pasando a tener una fuerte presencia de masas obreras y un creciente
mercado de consumo local.

La urbanización en Córdoba entre 1947 y 1955


Hacia finales de la década del cuarenta, se abrió un nuevo ciclo urbano en
Córdoba que se extendió hasta los setenta, en el que la ciudad duplicó su
población, densificó su área central, consolidó sus barrios intermedios y
vivió un crecimiento exponencial de su periferia. En buena medida, este
nuevo ciclo fue producto de una serie de políticas y proyectos impulsados
durante el decenio peronista, algunos de carácter local, otros de orden na-
cional, aunque su verdadero impacto se evidenció a partir de los sesenta. A
nivel nacional, podemos mencionar la aprobación en 1948 de la nueva ley
de propiedad horizontal, que permitió una densificación del área central
con un boom de edificaciones en altura y cambió el paisaje urbano en unos
pocos años. Por otra parte, en 1949 la Fundación Eva Perón, como parte de
su política nacional centrada en la enseñanza, la salud y la vivienda, empezó
la construcción de la “Ciudad Universitaria de Córdoba” destinada a alojar
estudiantes y docentes así como algunas actividades académicas. Al momen-
to del golpe de septiembre de 1955, el predio estaba en plena construcción.
Desde el ámbito provincial se comenzó con la sistematización del río
Suquía, proyecto que preveía erradicar las precarias viviendas que todavía
existían en el área, higienizar su rivera y canalizar su cauce. El proyecto
fue terminado en los ochenta. Siguiendo el impulso del gobierno nacional
en su política de “derecho a la vivienda” –incluido en la Constitución de
1949–, la provincia llevó adelante un plan de viviendas, de las que se cons-
truyeron unas 1500 unidades, a lo que deberíamos sumarle los primeros
tres monobloques (el de barrio Juniors, el de avenida Patria y el de barrio
San Martín) que suponían una novedosa tipología de vivienda agrupada en
altura. Esto se complementaba con los créditos otorgados por el Banco Hi-
potecario Nacional a través del Plan Eva Perón que permitieron terminar
de consolidar numerosos barrios –Cofico, Juniors, Parque Vélez Sársfield–
con los famosos chalet californianos.
Por su parte, la Municipalidad de Córdoba, especialmente durante la
gestión peronista de Martín Federico, llevó adelante diferentes proyectos
y propuestas urbano-arquitectónicas que tuvieron como actor central al
arquitecto italiano Ernesto La Padula. Entre las más destacadas, podemos
mencionar la construcción del Palacio Municipal que se convirtió en uno
de los edificios más modernos de Córdoba. La Padula, además, fue el res-

332
11

ponsable de las primeras normativas para poner en valor el patrimonio


arquitectónico de Córdoba, adelantándose en varios años al resto del país.
En tal sentido, los primeros trabajos se realizaron sobre la Catedral, elimi-
nándose las construcciones que se le habían agregado al edificio original.
Pero, sin dudas, el mayor emprendimiento urbano fue la realización del
Plan Regulador, enmarcado en el segundo Plan Quinquenal, que sentó
las bases para una serie de intervenciones, sobre todo en la estructura vial,
como la ampliación de avenidas y el anillo de circunvalación.

El movimiento obrero y el peronismo


En 1943 se produjo un golpe de Estado militar en contra del gobierno
de Ramón Castillo, tras el cual los gobiernos provinciales fueron interve-
nidos como medida de control político. En Córdoba, esta Intervención
Federal disolvió los poderes Ejecutivo y Legislativo. La actividad gremial,
en correspondencia con lo que sucedía en todo el país, fue reprimida a
través de la intervención de la CGT local, liderada por los socialistas, la
clausura de todas las entidades sindicales y la suspensión de asambleas,
reuniones públicas y comisiones directivas. Dichas medidas desplazaron
a sectores sindicales que dejaron vacíos de representación aprovechados
por otros actores, como la asociación laical Círculo Católico de Obreros
de Córdoba, a través de la reestructuración de sindicatos preexistentes o la
promoción de nuevos.
Con la asunción de Perón a fines de 1943 al frente del Departamento
Nacional del Trabajo –luego Secretaría– la represión sindical fue dejando
paso a una política laboral centrada en la atracción de los trabajadores, con
el Estado como mediador entre el capital y el trabajo. Esta consistió en
la implementación de mecanismos de intermediación y control, como los
convenios colectivos y los tribunales de trabajo y disposiciones cada vez más
respetadas. También en el otorgamiento de beneficios largamente exigidos,
como el reconocimiento de las organizaciones sindicales y de los derechos
de los trabajadores rurales, las vacaciones pagas, el aguinaldo y la generali-
zación de las jubilaciones. Cabe destacar que estas concesiones no fueron
ajenas a cierto temor estatal a la radicalización de las demandas sociales.

…la consigna severa a la que ajustamos nuestra labor desde


entonces[asunción en la cartera de Trabajo]: “Buscamos suprimir la
lucha de clases, suplantándola por un acuerdo justo entre obreros y
patrones, al amparo de la justicia que emana del Estado.”
Discurso de Juan D. Perón a los trabajadores, 1 de mayo de 1944,
citado en Altamirano, 2001:118.

333
Como afirma Louise Doyon (2006), el esquema de mediación estatal
acotado de los años ’30 recién se modificó con resoluciones de 1944 y
1945, que conformaron el marco general regulatorio del sistema de rela-
ciones laborales, convirtiendo la conciliación dictada por el gobierno en
obligatoria. Fue recién durante la experiencia peronista cuando se amplió,
profundizó y generalizó el papel efectivo de intervención estatal.
Uno de los tópicos centrales sobre el peronismo refiere a sus apoyos
sociales. El ya referido Germani (1962) centró su mirada en los nuevos tra-
bajadores industriales del gran Buenos Aires como parte de un fenómeno
de migración interna que, con sus modos de vida rurales y tradicionales,
habrían sido permeables al liderazgo carismático de Perón. Sin embargo,
trabajos posteriores como los de Murmis y Portantiero (1971), Del Campo
(1983), Torre (1990) y Doyon (2006), coinciden en que la vieja guardia
sindical, es decir dirigentes prestigiosos, experimentados y con una tradi-
ción reformista basada en el socialismo y el sindicalismo, posibilitaron una
alianza entre la clase obrera y la elite política, motivados en años de frustra-
ciones y en la rapidez con la que el Estado les otorgaba antiguos reclamos
antes de solicitarlos. De este modo, la injerencia de los trabajadores en el
nuevo escenario político estuvo mediada por el apoyo de sus sindicatos al
gobierno y la incorporación de los dirigentes gremiales en cargos públicos.
El costo de la alianza de los sindicatos con el Estado peronista fue un poder
de negociación relativo, expresado institucionalmente a través de la CGT
y del Partido Laborista. Para analizar
estas relaciones, estos y otros autores
como Elena Pont (1984), hablan de
ado en
El Partido Laborista fue cre autonomía sindical y heteronomía
yar la
octubre de 1945 para apo política. La primera es cuando los sin-
presidencia
candidatura de Perón a la
feb rer o de 194 6, dicatos controlan sus propias condi-
en las elecciones de
e con una fra cci ón de ciones de existencia, comportamiento
conjuntament
R-Junta
la Unión Cívica Radical (UC y funcionamiento. La segunda refiere
triun-
Renovadora). Luego de su a la incapacidad del movimiento sin-
ión de
fo, Perón ordenó la disoluc
inte gra r el dical de actuar independientemente
ambas agrupaciones para
ución. Sin
Partido Único de la Revol de orientaciones políticas diferentes
laboris-
embargo, algunos dirigentes de su clase y de plantearse el acceso
vieron su
tas se resistieron y mantu al gobierno a través de un partido po-
fue disu elto
autonomía. Finalmente,
ar a for ma r parte lítico propio. Siguiendo al sociólogo
en 1947 para pas
del Partido Per onista . Max Weber, así explica la autora la
relación entre ambos conceptos:

...[en lo sindical] es posible que a lo largo del período considerado,


1945-1955, el movimiento sindical haya cedido parcialmente su
autonomía en la dimensión estructural pero no en la ideológica dada

334
11

su identificación con la doctrina peronista; en cambio en el caso de


la autonomía política hubo una transición hacia una dependencia
estructural e ideológica de la clase obrera organizada, representada por
la disolución del Partido Laborista y la creación del Partido Peronista
(Pont, 1984:19).

A la atracción centrípeta de Perón solo se habrían opuesto los di-


rigentes comunistas y algunos socialistas y sindicalistas intransigentes,
combatidos por el gobierno a través del hostigamiento a sus actividades y
el otorgamiento de la personería gremial (que desde 1945 era única por
rama de actividad) a organizaciones paralelas. Con éstas se buscaba así
reemplazar a las antiguas organizaciones obreras por otras nuevas afines al
naciente peronismo.
Hacia mediados de 1944, la Delegación Regional de la Secretaría de
Trabajo y Previsión replicó la política nacional de atracción sindical. Como
ya señalamos, la conformación conservadora del peronismo de Córdoba
(con predominio de ex dirigentes radicales y demócratas y sectores vincu-
lados a la Iglesia), no contó con la participación de la vieja guardia sindical
local, compuesta mayoritariamente por dirigentes comunistas y socialistas.
Esto obligó al oficialismo local a constituir su base de sustentación obrera
mediante el fomento de sindicatos paralelos o en sectores aún no agremia-
dos, pero también captó aquellos recientemente creados o rediseñados por
el Círculo Católico de Obreros; excepcionalmente sumó a unos pocos diri-
gentes de trayectoria socialista y anarquista. Por el contrario, los sindicatos
que se mantuvieron opositores al peronismo sufrieron la competencia de
organizaciones paralelas a las que se les otorgó la personería gremial co-
rrespondiente, como los sindicatos de los obreros de la construcción y del
dulce, metalúrgicos, sastres y empleados de comercio. En Río Cuarto, la
oposición sindical y política del Comité de Unidad Sindical (bajo conduc-
ción comunista) se tradujo en el apoyo a la fórmula de la Unión Democrá-
tica –contraria a Perón– en las elecciones de febrero de 1946.

Hacia la sujeción de los sindicatos a la CGT


Como señala Jessica Blanco (2016), los primeros años peronistas muestran
un panorama gremial todavía segmentado política e ideológicamente, con
muchos sindicatos resistiéndose a entrar a la CGT local, situación que se
revirtió hacia 1947 cuando ésta logró imponerse como la única central
sindical. La CGT nacional la intervino en enero de 1948 y a partir de esa
fecha logró la integración de los sindicatos que aún no se habían adherido
a través del desplazamiento y neutralización de los dirigentes sindicales
izquierdistas presentes en ellos, como en la Unión General de Mozos, gas-

335
tronómicos, ladrilleros, pintores, panaderos y gráficos. Asimismo, la CGT
nacional y su regional de Córdoba también impusieron la disciplina sin-
dical a través de las intervenciones a las organizaciones gremiales. En su
trabajo Rebeca Camaño (2016b) afirma que en Río Cuarto se produjo
una situación similar a partir de fines de 1947, con la intervención de la
delegación local de la CGT y de los gremios opositores al peronismo y la
creación de sindicatos paralelos.
Como ya mencionamos, la bonanza económica durante los años ini-
ciales de la primera presidencia de Perón permitió al gobierno una redis-
tribución del ingreso que mejoró ostensiblemente la calidad de vida de
los sectores más postergados y activó el mercado interno a través de la
producción y el consumo de bienes. No obstante, esta situación dependía
de las reservas monetarias. En 1948 el modelo empezó a evidenciar sus
límites, inaugurándose un nuevo ciclo inflacionario. Como marca Doyon
(2006), la prosperidad cedió a la austeridad, manifestada en una política
sindical conservadora que vinculaba las huelgas con el desorden social. El
instrumento disciplinante del gobierno para anular la iniciativa obrera fue
la CGT, a través de la intervención en la vida interna de los sindicatos.
Los mismos funcionarios de la central nacional exigían deponer medios de
reclamos que atentaran contra la productividad del país, aunque las direc-
tivas no eran acatadas por todos los gremios.
La segunda presidencia peronista se caracterizó por el deterioro eco-
nómico y el aumento de los controles sociales y políticos. Como señala
Doyon, el Congreso de la Productividad de 1955 debe leerse dentro de
la lógica de la austeridad, con vistas a incrementar la producción a costa
del esfuerzo de los trabajadores. Proponía premios a la productividad,
esquemas de incentivación, limitación en las atribuciones de las comisio-
nes internas de reclamo, revisión de los convenios colectivos de trabajo,
etc. No obstante, el alineamiento de la GCT con el gobierno no era
acrítico, incondicional ni uniforme en su interior: los delegados de la
CGT rechazaron las medidas de flexibilidad laboral reclamadas por los
empresarios. Además, el golpe de Estado de septiembre de 1955 abortó
su implementación.
En Córdoba fue notable la disminución de conflictos laborales dados
a conocer por la prensa local, como La Voz del Interior, respecto de la prime-
ra presidencia. Estos se reducían a los paros de gastronómicos, molineros y
tranviarios en 1952 y de panaderos y trabajadores de la Unión Tranviarios
Automotor los dos años siguientes, mayormente motivados por pedidos de
aumento salarial. Empero, esto no implica negar la efervescencia sindical
en la cotidiana militancia de base o en los niveles micro conflictivos de los
lugares de trabajo. En este sentido dialogan investigaciones como el dossier

336
11

dirigido por Nicolás Contreras y José Marcilese (2013), sobre organizacio-


nes y prácticas de los trabajadores durante el primer peronismo -entre ellas,
el papel de las comisiones internas en el proceso de empoderamiento de los
trabajadores–que cuestionan el relato de subordinación organizacional de
la CGT y los sindicatos para el período, haciendo hincapié en la conflic-
tividad, tanto dentro del sindicalismo peronista, en el que por momentos
coexistieron y hasta convivieron diversas tendencias ideológicas, como con
otros actores del peronismo.

Conclusiones
En los años treinta, el consenso ideológico sobre las bondades del liberalis-
mo político y económico como camino a seguir para la consecución de so-
ciedades más justas, terminó de quebrarse. De esta crisis, el Estado emergió
como un actor central, tanto a nivel mundial, nacional como provincial.
En materia política, en el período estudiado las Fuerzas Armadas se
hicieron cargo ilegalmente dos veces (1930-1932 y 1943-1946) del poder
político, a través de golpes de Estado que contaron con la aquiescencia de
sectores políticos y civiles de la sociedad. Entre estos dos golpes en Córdo-
ba sobresale la experiencia de los gobiernos radicales (1936-1943), que no
vieron obstaculizado su llegada al poder por prácticas fraudulentas y cuyo
desempeño se caracterizó por las amplias libertades otorgadas a los distin-
tos actores políticos provinciales.
Esta experiencia se vio truncada por el golpe de Estado de 1943, que
significó la intervención del gobierno provincial y el inicio de un proceso
de centralización política y administrativa que culminó durante los go-
biernos peronistas. A diferencia del peronismo nacional, asentado sobre
el movimiento obrero, el cordobés tuvo en sus orígenes un predominio
de sectores tradicionales –vinculados a otras experiencias políticas previas:
radicales, demócratas y católicos militantes– por sobre el ala obrera. Las
diferencias entre estos sectores, ahondadas una vez que el peronismo llegó
al poder condujeron a la intervención de la provincia y profundizó la con-
centración del poder.
A nivel económico, la crisis económica global, que se manifestó con
más intensidad a partir del año 1929, incidió en la transformación gra-
dual del perfil productivo cordobés y nacional. Este contexto, supuso un
desafío y una oportunidad; tanto el Estado nacional, a través de políticas
macroeconómicas, como del Estado provincial mediante un rol más acti-
vo, generaron las condiciones propicias para un desarrollo industrial que
se evidencia con claridad hacia fines del período trabajado. En paralelo,

337
y como consecuencia de ello, el mercado laboral fue gradualmente mu-
tando; principalmente en donde el desarrollo industrial fue más marcado,
como la ciudad de Córdoba, surgió un creciente segmento social de tra-
bajadores calificados.
El intervencionismo dubitativo y acotado de los gobiernos demócra-
tas, dejó paso con los radicales a una concepción del Estado como garante
y creador de derechos, concepción que sin embargo terminó de materia-
lizarse durante las gestiones peronistas. Esta continuidad constituye una
nota distintiva de Córdoba, lo mismo que la influencia que logra la Iglesia
en materia de organización sindical, en la composición del peronismo me-
diterráneo o como activo desestabilizador institucional en los prolegóme-
nos del golpe de 1955.
Para finalizar, cabe destacar que la centralidad del Estado peronista
como organizador y regulador de las relaciones sociales, fue notable res-
pecto de sus relaciones con el movimiento obrero, que en la misma inte-
racción sufrió modificaciones ideológicas y en prácticas. Si bien la vieja
guardia sindical cordobesa mostró mayores resistencias que la nacional al
alineamiento peronista, finalmente terminó siendo reemplazada a través de
desplazamientos individuales, desconocimiento de personerías gremiales e
intervenciones sindicales.

338
11

Glosario

Autonomía: capacidad de un actor colectivo (como un partido o sindica-


to) para organizarse y funcionar con independencia de otros sectores socia-
les que no pertenecen a él o tienen intereses contrapuestos a los definidos
como propios por los actores interactuantes.

Corporativismo: a diferencia del sistema democrático liberal que funda


su sistema representativo en la idea de individuo y ciudadano, el corpora-
tivismo propone un sistema parlamentario basado en la representación de
grupos o sectores sociales institucionalizados, las llamadas “fuerzas vivas”,
como la industria, los sindicatos, el comercio o el agro.

Edificios modernos/ Arquitectura moderna: la arquitectura moderna,


surgida del período de entreguerras europea, se caracteriza en su expresión
externa por una fachada libre de ornamentos diseñada a partir de volúme-
nes, que le confiere una estética “racional”.

Estado de Compromiso Social: tipo de conformación política basada en


la incorporación de sectores medios y la movilización de las masas traba-
jadoras desde el Estado. Además de la ampliación de las bases sociales,
en Argentina este proceso se caracterizó por la interpelación popular y la
intervención estatal.

Golpe de Estado: acto de interrupción institucional llevado a cabo por ór-


ganos del mismo estado (como funcionarios o fuerzas armadas), utilizando
elementos que forman parte de su aparato. Implica la incautación de los
órganos y las atribuciones del poder político.

Grupos paramilitares: grupos armados conformados o tolerados por el


Estado, pero que se encuentran por fuera de su estructura formal.

339
Liberalismo: filosofía política basada en la defensa de la libertad indivi-
dual que promueve la iniciativa privada y busca delimitar la intervención
del Estado a una mínima expresión.

Oposición leal/semileal/desleal: la primera es aquella que utiliza y se ha-


lla comprometida públicamente con los medios legales para llegar al poder
y rechaza el uso de la fuerza para ello; mientras que la desleal, por el con-
trario, está dispuesta a buscar el apoyo de los militares o de otros sectores
con fines desestabilizadores y a actuar con ellos para derribar gobiernos; la
presencia intermitente, atenuada o ambivalente de alguna de estas caracte-
rísticas define, finalmente, a una oposición semileal.

Sistema de partidos: conjunto de interacciones resultante de la competen-


cia entre partidos políticos.

340
11

Bibliografía

Altamirano, Carlos, Bajo el signo de las masas (1943-1973), Ariel, Buenos Ai-
res, 2001.
Ansaldi, Waldo, “La trunca transición del régimen oligárquico al democráti-
co”, en Falcón, Ricardo (comp.), Democracia, conflicto social y renovación
de ideas. Nueva Historia Argentina, Tomo VI, Sudamericana, Buenos Ai-
res, 2000, pp.15-57.
Ansaldi, Waldo y Giordano, Verónica (comps.), América Latina: la construc-
ción del orden, Ariel, Buenos Aires, 2012.
Ballent, Anahí y Liernur, Jorge, La casa y la multitud. Vivienda, política y cul-
tura en la Argentina moderna, FCE, Buenos Aires, 2014.
Bisso, Andrés, Acción Argentina. Un antifascismo Nacional en tiempos de Guerra
Mundial, Prometeo, Buenos Aires, 2005.
Blanco, Jessica, “Del protagonismo al ocaso. Las dirigencias sindicales comu-
nistas de Córdoba ante la irrupción del peronismo (1936-1948)”, en
Izquierdas, Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de San-
tiago de Chile, 28, julio de 2016, pp. 1-26. Disponible en [Link]
[Link]/images/pdf/2016/n28/[Link]
Bobbio, Norberto, Matteucci, Nicola; Pasquino, Gianfranco (dirs.), Dicciona-
rio de política.a-j, Siglo XXI, Buenos Aires, 2011[1976].
Camaño Semprini, Rebeca, “Centralización administrativa y nacionalización
de la política: las elecciones durante el peronismo (Córdoba, 1946-
1951)”, en Estudios,Nº35, enero-junio 2016 (a). Córdoba, Centro de
Estudios Avanzados. pp. 123-144. Disponible en [Link]
ar/[Link]?script=sci_arttext&pid=S1851-28792016000300003
Camaño Semprini, Rebeca, “El Partido Comunista en clave local: viejas estrategias en
un nuevo escenario político”, en Quinto Sol, Vol. 20, Nº3, Universidad Nacio-
nal de La Pampa, Santa Rosa, 2016 (b). Disponible en [Link]
ar/pdf/quisol/v20n3/[Link]
Contreras, Nicolás, Marcilese, José, Los trabajadores durante los años del primer
gobierno peronista. Nuevas miradas sobre sus organizaciones, sus prácticas

341
y sus ideas (1946 – 1955), Dossier 35 de [Link], julio de
2013. Disponible en [Link]
res-peronismo/
Del Campo, Hugo, Sindicalismo y peronismo. Los comienzos de un vínculo
perdurable, CLACSO, Buenos Aires, 1983.
Devoto, Fernando, Nacionalismo, fascismo y tradicionalismo en la Argentina
Moderna. Una historia, Buenos Aires, Siglo XXI, 2005.
Doyon, Louise, “La organización del movimiento sindical peronista, 1946-
1955” en Desarrollo Económico, v. 24, Nº 94, julio- septiembre de 1984.
Doyon, Louise, Perón y los trabajadores. Los orígenes del sindicalismo peronista
1943-1955, Siglo XXI, Buenos Aires, 2006 [1978].
Echeverría, Olga, Las Voces del Miedo: Los intelectuales autoritarios argentinos
en las primeras décadas del siglo XX, Prohistoria, Rosario, 2009.
Germani, Gino, Política y sociedad en una época de transición, Paidós, Buenos
Aires, 1962.
Jáuregui, Aníbal, “La planificación económica en el peronismo (1945-55)”,
en Prohistoria, año IX, N°9, Rosario, Argentina, 2005, pp. 15-40. Dis-
ponible en [Link]
Kalyvas, Stathis, Arjona Ana, “Paramilitarismo: una perspectiva teórica”, en
Alfredo Rangel (Ed.), El poder paramilitar, Bogotá, Planeta, 2005.
Linz, Juan, La quiebra de las democracias, Alianza, Madrid, 1996.
Malecki, Juan Sebastián, “La ciudad dislocada. El proceso de urbanización en
la ciudad de Córdoba, 1947-1970” en Cuadernos de historia. Serie econo-
mía y sociedad, N°13/14, [Link] en [Link]
ar/[Link]/cuadernosdehistoriaeys/article/view/11288/11819
Malecki, Juan Sebastián, “Ernesto La Padula en Córdoba: Peronismo y ciu-
dad, 1946-1955” en Anuario de Estudios Americanistas, en prensa.
Mastrángelo, Mariana, Rojos en la Córdoba obrera 1930-1943, Imago Mundi,
Buenos Aires, 2011.
Moreyra, Beatriz, Solveira, Beatriz, Estado, economía y sociedad en Córdoba,
1880-1950 I, CEH, Córdoba, 1997.
Murmis, Miguel, Portantiero, Juan Carlos, Estudios sobre los orígenes del pero-
nismo, Siglo XXI, Buenos Aires, 1972, vol I.
Nallim, Jorge, Las raíces del antiperonismo. Orígenes históricos e ideológicos, Ca-
pital Intelectual, Buenos Aires, 2014.
Ortiz, Esteban Rafael, “Los conservadores de Córdoba y el Poder”, edición del
autor, Buenos Aires, 1992.
Ortiz Bergia, María José et al, Procesos amplios, miradas locales: una historia de
Córdoba entre 1880 y 1955, Centro de Estudios Históricos “Prof. Carlos
S.A. Segreti”, Córdoba, 2015.

342
11

Osella, Desirée, “El Partido Demócrata de Córdoba ante las elecciones de no-
viembre de 1931”, en Anuario del Instituto de Historia Argentina, N°14,
2014. Disponible en [Link]
view/IHAn14a05
Osella, Desirée, “Fraude electoral y violencia política: en torno al secuestro de
fiscales del Partido Demócrata de Córdoba en 1930”, en Estudios, N°35,
enero-junio 2016, pp. 75-96. Disponible en: [Link]
[Link]/restudios/article/view/15662
Palermo, Silvana, “El sufragio femenino en el Congreso Nacional: ideologías
de género y ciudadanía en la Argentina (1916-1955)”, en Boletín del Ins-
tituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani”, Tercera
serie, N° 16 y 17, 2° semestre de 1997 y 1° de 1998.
Philp, Marta, En nombre de Córdoba. Sabattinistas y peronistas: estrategias polí-
ticas en la construcción del Estado, Ferreyra, Córdoba, 1998.
Plotkin, Mariano Ben, Mañana es San Perón. Propaganda, rituales políticos y
educación en el régimen peronista (1946-1955). Buenos Aires, EDUN-
TREF, 2013.
Pont, Elena, Partido Laborista: estado y sindicatos, CEAL, Buenos Aires, 1984.
Rock, David, La Argentina autoritaria. Los nacionalistas, su historia y su in-
fluencia en la vida pública, Buenos Aires, Ariel, 1993.
Romero, Luis Alberto, Breve Historia Contemporánea de la Argentina, Buenos
Aires, Fondo de Cultura Económica, 2007.
Rouquie, Alain, Poder militar y sociedad política en la Argentina. Buenos Aires,
Emece, 1983. Vol. 1.
Sartori, Giovanni,Partidos y sistemas de partidos, Alianza, Madrid, 1980 [1976].
Spinetta, Marina “Antifascismo y feminismo en Córdoba: prácticas y discur-
sos en el 45”, en II Taller de Encuentro e Intercambio sobre Memoria,
Política y Género en el Campo de la Historia y las Ciencias Sociales, Río
Cuarto, 2016.
Tcach, César, Sabattinismo y peronismo. Partidos políticos en Córdoba (1943-
1955), Biblos, Buenos Aires, 2006 [1991].
Tcach, César, “San Martín. Disciplinamiento social y desarrollo industrial en
Córdoba”, en Rein Ranan y Panella Claudio, Los indispensables. Dirigen-
tes de la segunda línea peronista (comps.),UNSAM, Buenos Aires, 2017.
Tcach, César, “Un parto frustrado: la intervención federal a Córdoba (1936-
37), en Macor, Darío y Piazzesi, Susana, Territorios de la política argen-
tina. Córdoba y Santa Fe 1930-1945, Universidad Nacional del Litoral,
Santa Fe, 2009.
Torre, Juan Carlos, La vieja guardia sindical y Perón. Sobre los orígenes del pero-
nismo, Buenos Aires, Sudamericana, 1990.

343
Torre, Juan Carlos y Pastoriza, Elisa (2002). “La democratización del bienes-
tar”. En Torre, Juan Carlos (comp.), Nueva Historia Argentina. Tomo VIII.
Los años peronistas (1943-1955), Sudamericana, Buenos Aires, 2002.
Vidal, Gardenia,“El Feminismo Católico de Córdoba: Congregación de Ntra.
Sra. de Lourdes y San José, 1944-1955”, en Delaware Review of Latin
American Studies, vol. 12, N°2, noviembre de 2016. Disponible en
[Link]
pdf?sequence=1&isAllowed=y
Zanatta, Loris, Del Estado liberal a la Nación católica. Iglesia y Ejército en los
orígenes del peronismo. 1930-1943, Editorial de la Universidad de Quil-
mes, Buenos Aires, 1996.

344

También podría gustarte