Historia de Córdoba: Itinerarios
Historia de Córdoba: Itinerarios
RECORRIDOS POR LA
HISTORIA DE CÓRDOBA
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ITINERARIOS
RECORRIDOS POR LA
HISTORIA DE CÓRDOBA
Las opiniones vertidas en los ca- Diseño de colección y portada: Lorena Díaz
pítulos reflejan exclusivamente la
opinión de los/as autores/as. Ilustración: Juan Delfini
ISBN 978-987-707-085-9
Impreso en Argentina.
Universidad Nacional de Córdoba,
Ministerio de Educación, Gobierno de la
Provincia de Córdoba 2018
Índice
Introducción 13
Capítulo 11
Córdoba, de la crisis del consenso
liberal a los gobiernos peronistas
(1930-1955)
Introducción
En este capítulo, nos proponemos analizar la dinámica política del perío-
do comprendido entre 1930 y 1955, atendiendo a las transformaciones
en el ámbito estatal y sus relaciones con las modificaciones en la vida
social y los cambios ocurridos en el movimiento obrero organizado de
Córdoba. Para ello, pretendemos dar respuesta a los siguientes interro-
gantes: ¿Cómo se organizó la dinámica económica y política en Córdoba
en relación a la crisis del consenso liberal? ¿Cómo impactaron en la pro-
vincia los procesos de reestructuración estatal y de modernización social
(consumos, vida, hábitat, etc.)? ¿Cómo se articularon las demandas del
movimiento obrero ante un Estado en reestructuración y cuál fue su rela-
ción con otros actores políticos?
Con fines analíticos, el período se subdivide en dos: 1) los años
1930-1943, signados por los dos primeros golpes de Estado realizados
por las Fuerzas Armadas y 2) el período 1943-1955, años del gobier-
no militar -resultante del segundo golpe- y del peronismo. Atendiendo
a esto, en primer lugar, se reconstruye el proceso iniciado con la crisis
del consenso liberal en la década de 1930 y la posterior instauración del
Estado de Compromiso Social durante el peronismo. En segundo lugar,
se discute cuál fue el impacto que tuvieron en Córdoba los procesos de
reestructuración estatal y de modernización social (consumos, vida, há-
bitat, etc.) desde los años treinta. En tercer lugar, se evalúan los cambios
y continuidades que experimentó el movimiento obrero en su composi-
ción, tradiciones ideológicas y dinámicas de relación con otros actores
políticos y con el Estado.
Para comenzar debemos contextualizar qué estaba sucediendo en el
mundo. Tras la finalización de la Primera Guerra Mundial, se produjo un
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reordenamiento de la economía mundial; las economías europeas se vieron
seriamente afectadas por las consecuencias de la guerra. Asimismo, en el
plano internacional, tanto los Estados Unidos como Japón, tuvieron un
vigoroso crecimiento económico y un creciente rol de liderazgo. Como
contrapartida a ese crecimiento, el aumento de la deuda de los países he-
gemónicos tradicionales y la inflexibilidad del patrón oro como parámetro
de los intercambios fueron agudizando los problemas. En 1929, la caída
de la bolsa de Nueva York constituye el indicador más importante de este
proceso, que anticipó la crisis económica y social más profunda que sufrió
el capitalismo en su historia. Conocida como la Gran Depresión, se trató
de una crisis global que en economías como la argentina provocó la re-
ducción de las inversiones extranjeras y la caída abrupta de las ventas y los
precios de las materias primas. Esto tuvo consecuencias en todas las facetas
de la vida nacional. En el plano económico y social, supuso el aumento del
desempleo y generó la articulación por parte del Estado, en sus diversos
niveles, de medidas destinadas a morigerar los efectos de la crisis, como el
modelo de sustitución de importaciones y un acercamiento a los sindica-
tos. En el plano político, el nuevo escenario global fue producto de lo que
se conoce como crisis del consenso liberal.
Como destaca Mariano Ben Plotkin (2013), el liberalismo dotó a
las élites económicas y sociales argentinas del siglo XIX de una base so-
bre la cual cimentar un consenso ideológico. Este se basó en la creencia
de que el mantenimiento de una sociedad sin conflictos y formalmente
democrática era la precondición social y política adecuada para lograr el
crecimiento económico. Sin embargo, dicha idea entró en crisis hacia
1930, con el avance de los totalitarismos europeos y la crisis económica
mundial. Entonces, la viabilidad del sistema democrático empezó a ser
cuestionada por sectores de la élite, los militares y el Ejército. La demo-
cracia liberal ya no fue percibida como el único sistema de gobierno le-
gítimo. A su vez, las funciones asignadas al Estado en materia económica
se redefinieron.
El golpe de Estado producido en Argentina en 1930 desencadenó la
interrupción del sistema democrático y la instauración de gobiernos frau-
dulentos que terminaron por desprestigiar la política. Desde entonces las
Fuerzas Armadas se convirtieron en un actor político de peso, con una
presencia e incidencia cada vez mayor en la vida política nacional. Con la
emergencia del peronismo a mediados de los cuarenta, se abrió una etapa
política signada por la ampliación de derechos y nuevos ciclos de conflic-
tividad política.
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respaldado por los partidos políticos. El primero, de tipo corporativista,
proponía una completa transformación del orden político. A diferencia del
sistema democrático liberal que funda su sistema representativo en la idea
de individuo y ciudadano, el corporativismo proponía un sistema parla-
mentario basado en la representación de grupos o sectores sociales institu-
cionalizados, las llamadas “fuerzas vivas”, como la industria, los sindicatos,
el comercio o el agro. Por su parte, el proyecto de regeneración constitu-
cional suponía un retorno al orden político previo a 1916.
Como destaca Desirée Osella (2016), desde 1928 Córdoba era go-
bernada por el radical José Antonio Ceballos, cuya gestión fue desacre-
ditada por la oposición partidaria y la prensa debido a la parálisis legisla-
tiva, el fraude y la violencia política que la caracterizaron. Esta situación
facilitó que parte de la oposición pasara de respetar las reglas de juego
democrático a una actitud de deslealtad hacia ellas y apoyara el golpe de
Estado del general Uriburu contra Yrigoyen.
Tras el golpe, Uriburu designó como In-
terventor Federal de Córdoba a Carlos
Ibarguren (1930/1931), un intelectual
Intelectual nacionalista de
derecha nacionalista de derecha, representante
Los intelectuales son pensadores de una élite tradicional que temía perder
que intervienen políticamente en sus privilegios, debido a que entendía la
la esfera pública. Lo que carac- democratización como un peligro. Ibar-
terizaba a estos sectores era el
ser antiliberales, anticomunistas,
guren era un aristócrata que solo conce-
general (pero no necesariamente) bía una sociedad dirigida por hombres de
ultra católicos, y desconfiar de la la élite, considerados como los únicos le-
democracia. Como señala David gítimos y capaces para ocupar espacios de
Rock (1993), el movimiento
nacionalista no dejó nunca de poder (Echeverría, 2009). Como expre-
constituir una pequeña fracción sión de dicho temor, se propuso reformar
dividida en numerosos grupos la Constitución Nacional para adoptar
rivales, que si bien en ciertas opor-
tunidades influyeron y penetraron
un régimen de tipo corporativo, enten-
en los partidos políticos, nunca dible en el contexto internacional de las
constituyeron un partido político. experiencias fascistas europeas, pero con
características particulares. Sin embargo,
como destaca Alain Rouquié (1983), la
exaltación del corporativismo en Argentina no puede asimilarse al fascismo
italiano, dado que los nacionalistas argentinos no compartían la apelación a
las masas y su movilización. Esta iniciativa no prosperó por la oposición de
los partidos políticos que temían verse desplazados del poder. Sin embargo,
dos corporaciones que sí apoyaban ese proyecto, el Ejército y la Iglesia –que
denostaba los partidos políticos–, se erigieron como actores políticos cen-
trales. De hecho, Agustín P. Justo ganó las elecciones de 1931 a presidente
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Córdoba, ¿“isla democrática” en la “década infame”?
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su momento por el propio Yrigoyen, quien sostuvo, a pesar de críticas y
cuestionamientos internos, la neutralidad ante la Primera Guerra Mundial.
En ciertos grupos de las Fuerzas Armadas existían quienes reivindicaban
un nacionalismo en clave de neutralismo frente a la guerra, lo que era
interpretado como un posicionamiento cercano al Eje. Estas diferentes mi-
radas en torno a qué alineamientos políticos internacionales debía exhibir
el Estado argentino fueron una de las principales causas de tensiones al
interior de los partidos políticos y de las Fuerzas Armadas. Al promediar la
Segunda Guerra Mundial, socialistas, comunistas, demócratas progresistas
y radicales antipersonalistas (alvearistas) expresaron su adhesión al bando
aliado. En cambio, la intransigencia radical en Córdoba, con Sabattini a
la cabeza, sostuvo la defensa de la neutralidad frente al conflicto mundial.
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Luego de la gran inundación de 1939, el gobierno provincial decidió
emprender una solución definitiva a los problemas que causaba regular-
mente el arroyo La Cañada con su paso por el centro de Córdoba, atrave-
sando un área urbana consolidada. Para ello, se elaboró un proyecto de sis-
tematización del arroyo, lo que supuso construir un canal que contuviera
sus crecidas máximas, que además rectificaba parte de su cauce.
El entorno urbano de La Cañada fue objeto de numerosas represen-
taciones literarias y, sobre todo, en pintura y grabado, ya que sus puentes,
balcones, enrejados y vegetación le daban un aire pintoresquista. De allí
que parte de la prensa de la época se lamentara respecto de esos valores
estéticos perdidos: “casi nadie medita un instante en que el progreso está
borrando a golpe de maza, la ancianidad vigorosa, recia y joven aún, valga
la paradoja, de una de las primeras obras públicas de Córdoba” (La Voz del
Interior, 27/03/1946).
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accionar público contrastaba con las vi-
Maternalismo
siones de amplios sectores sociales, para
Visión que presupone a las
los que la principal actividad de la mu-
mujeres la responsabilidad y la jer era el cuidado del hogar y la fami-
capacidad maternal, relacionada al lia y su espacio de intervención la casa.
cuidado, la crianza y la transmi- Esto coincide con el tipo de actividades
sión de valores. Esas capacidades
se replicarían en otros ámbitos, que ellas desarrollaban, guiadas por las
como lo político y lo público. ideas del maternalismo. Los trabajos
que frecuentemente realizaban se aso-
ciaban al cuidado y crianza de niños/as
(docencia, parteras), al mantenimiento del hogar (servicio doméstico), a ta-
reas que requerían delicadeza (costura) o “poco esfuerzo” físico (telefonía).
De todas maneras, cabe aclarar que estas actividades fundamentadas en el
maternalismo, fueron centrales para la participación e intervención política
de las mujeres en la vida pública, brindándoles posibilidades antes vedadas.
A nivel político, no se las consideraba
capaces por lo que no podían elegir
Sufragismo ni ser elegidas. De todas maneras, con
Movimiento que exige el reco- la modificación del Código Civil en
nocimiento de derechos políticos 1926, algunos derechos como los labo-
para aquellos/as ciudadanos/as rales, la patria potestad y la disponibi-
que carecen de ellos. Esencial-
mente exigen el ejercicio del voto. lidad de sus bienes, fueron equiparados
a los del hombre. Al mismo tiempo, se
fueron sumando a ciertos partidos po-
líticos (radical, socialista, comunista). Allí, sus luchas se enmarcaron en
el sufragismo, pero también pedían mejorar las condiciones de trabajo
de las obreras, o ampliar sus derechos sociales. Esta postura sufragista
fue militada con fuerza por las mujeres y hombres socialistas, pero tam-
bién por radicales y algunos conservadores. Esa demanda se cristalizó en
la elaboración de ciertos proyectos de ley presentados en el Congreso de la
Nación, que habilitaban el voto de las
mujeres. En 1932 se dio lugar al debate
Derechos sociales parlamentario de la propuesta de sufra-
Son aquellos derechos que le per- gio femenino. Sin embargo, como nos
miten a los/as ciudadanos/as de dice Silvana Palermo (1997), “el voto
una comunidad desenvolverse en
femenino obligatorio y sin restricciones
condiciones de igualdad (trabajo
digno, educación, vivienda). ganó la mayoría en Diputados, pero
nunca alcanzó a tratarse en la Cámara
de Senadores”.
Un ejemplo local de militancia sufragista fue la experiencia de fren-
te antifascista denominado “Junta Feminista de Córdoba”, formada hacia
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munistas. Este cambio de liderazgo provocó en 1935 la división de la CGT
en dos: una sindicalista (disuelta en 1943) y otra socialista, que sufrió una
nueva escisión en 1943.
En las relaciones Estado-sindicatos se asistió a un proceso de acerca-
miento mutuo basado en el pragmatismo: el primero para evitar por las
vías de la intervención y la concesión los desbordes sociales y los segundos
para subsistir y ser considerados interlocutores válidos en las negociaciones
con la patronal (Doyon, 2006).
Por entonces, la orientación ideológica de los sindicatos en Córdoba
también mostraba un panorama heterogéneo. Así, los comunistas tenían
una presencia significativa entre los obreros gráficos y las ramas producti-
vas (construcción, metalurgia y alimentación), mientras los socialistas pre-
dominaban en el sector terciario y de servicios (empleados de comercio,
ferroviarios y tranviarios). Entre las organizaciones de la economía rural
(oficios varios, estibadores, conductores de carros), los anarquistas y comu-
nistas tenían fuerte presencia.
En el contexto de una fuerte crisis económica, la intervención del
Estado provincial comenzó a significar un cambio de postura, traducido
en una mayor presencia. Desde la perspectiva de las instituciones labora-
les, los aportes más importantes del gobierno demócrata de Frías fueron
la ampliación de la intervención estatal a través de la creación de la Junta
del Trabajo para combatir el paro forzoso y la creación de los tribunales
de arbitraje y conciliación obligatoria. Sin embargo, y al igual que en la
esfera nacional, la Oficina Provincial del Trabajo carecía de poder coerciti-
vo, dado que el cumplimiento de sus resoluciones tanto para los patrones
como para los sindicatos era voluntario. Esto se tradujo en una efectividad
relativa de la mediación estatal en las relaciones capital-trabajo.
Los reclamos de los conflictos obreros urbanos y rurales se concen-
traban en la demanda de mejores condiciones de trabajo, la restricción
de la jornada laboral y aumentos salariales. Al respecto, en esta década la
jornada de 48 horas fue acortada a 44, por el progresivo cumplimiento de
la ley del sábado inglés –descanso semanal desde las 12 horas del sábado–,
aunque todavía pocos sindicatos habían conseguido el reconocimiento de
las vacaciones pagas.
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11
1 La Voz del Interior, 25 y 27/08 1940, p.12; El País, 29/08/1942, p. 9; Archivo de Gobierno
de la Provincia de Córdoba, Serie Gobierno, 1941, Tomo 51, p. 8.
325
En pleno desorden vincia a base de la
de fundar el gobierno de la pro
“El rosado paraíso que preten de bus car un mejoramiento en la
ideo logí as que cultiva y so pretexto
exa ltac ión de las los dictados que imponen
aniza y sindicaliza conforme a
clase trabajadora, a la que org paso a paso, aunque
extranjero, va constituyéndose
los métodos introducidos del el prim er empuje (…) Es que
que no han de resistir
sobre cimientos tan deleznables a agit ació n. Tien de a malear todos
vincia es de plen
la política del gobierno de la pro n y el confusionismo,
s para producir la perturbació
los factores y resortes sociale rosa s envenenadas con la
ar el apo yo arm ado de las clases meneste
soñand o con logr ierdistas y comunizantes
han logrado los gobiernos izqu
propaganda malsana, como lo o imperativo el que exige
e esa huella (…) Es un enérgic
de Madrid y Barcelona. Se sigu que haya que lamentar
as vuelvan a su quicio antes de
a todos bregar porque las cos
ula sin esfuerzo”
daños cuya magnitud se calc
cipi os, 03 /08/1936
Editorial de Los Prin
El peronismo mediterráneo
Oficialismo, oposición y centralización político-adminis-
trativa
Durante décadas estudios sobre el peronismo, como los de Gino Germani,
Torcuato Di Tella o Juan Carlos Torre, estuvieron centrados en Buenos
Aires y, teniendo en cuenta las características que asumió en ese espacio,
destacaron el rol del movimiento obrero en los orígenes del peronismo
y discutieron el papel jugado por los migrantes internos en ese proceso.
Desde fines del siglo XX, investigadores como César Tcach han señala-
do que, en Córdoba así como en otras latitudes del interior argentino, el
peronismo no tuvo en sus orígenes al movimiento obrero como columna
vertebral y a la oligarquía como su enemiga natural ni los migrantes re-
cientes cumplieron un papel relevante. Por el contrario, predominaron
en su interior elementos tradicionales que permiten hablar de una matriz
conservadora. Nos referimos aquí a ciertos apoyos políticos e institucio-
nales definidos: dirigentes del Partido Demócrata del interior provincial,
radicales de extracción nacionalista y antiliberal y la propia Iglesia a través,
fundamentalmente, de la asociación laical Acción Católica. Esta compo-
sición influyó en los modos de hacer política del peronismo cordobés y,
consecuentemente, tanto en sus relaciones intrapartidarias como con los
partidos opositores, dado que predominaban sectores poco propensos a
buscar soluciones concertadas y a tomar decisiones de forma consensuada.
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cial- que eligieron tanto Intendente como Concejo Deliberante. En casi
todas ellas ganó el peronismo, con la única excepción de Bell Ville, donde
triunfó la UCR, pero la municipalidad fue intervenida poco después de la
asunción de las autoridades (Camaño Semprini, 2016).
Durante esos años asistimos a la institucionalización del peronismo
en el poder con la consagración del justicialismo como doctrina nacional,
es decir, que desde el gobierno nacional se pretendía que todos los ciuda-
danos argentinos conocieran y defendieran las banderas del justicialismo.
En este sentido, en Córdoba la Doctrina Justicialista fue establecida como
materia obligatoria en todas las escuelas de la provincia durante el gobierno
del brigadier San Martín; en 1953 el panorama se completó al modificar el
Estatuto del Magisterio y establecer en su artículo 9º que para poder ejercer
la docencia en la provincia era requisito estar identificado con la doctrina
nacional justicialista. Simultáneamente, se imponían restricciones y mayo-
res controles a la oposición política a través de la limitación en el uso del
espacio público, el estado de sitio, la expropiación y la censura de medios
de comunicación, la aplicación de la ley de desacato, y de una nueva ley de
partidos políticos que exigía para su reconocimiento que una organización
política tuviera presencia en todas las provincias (Doyon, 1984).
Estas modificaciones introducidas uni-
lateralmente por el peronismo en las
reglas del juego político (dado que
fue el
La Revolución Libertadora tenía mayoría absoluta en el Congre-
ducido
tercer golpe de Estado pro
n invo- so Nacional y por lo tanto su volun-
en nuestro país. Estuviero
mil itar es, el con jun to tad siempre se imponía como ley), así
lucrados los
se pol ític a no per oni sta y
de la cla como la acentuación del clivaje pero-
re los
amplios sectores civiles, ent nismo/antiperonismo, llevaron a los
Iglesia y
que se destacó el rol de la
el catolicismo cordobés.
sectores opositores a emprender una
oposición disruptiva o desleal. Ello
significaba que estaban dispuestos a
buscar el apoyo de los militares y otros
sectores para desestabilizar al gobierno
nte cim ien to en e intentar hacer un golpe de Estado.
Sobre este aco
ar el
Córdoba, pueden consult En este proceso ocupó un lugar clave
5. Ni
documental “Golpe de 195
revolución ni libertadora”
(2015), la Iglesia católica, en conflicto con el
por El Cu art o Pat io. peronismo por cuestiones tanto de ín-
producido
ible en htt ps: //w ww .youtu-
Dis pon
nAl4
dole moral, social y educativa como
[Link]/watch?v=45HYlyC estrictamente políticas. Su papel en el
levantamiento de septiembre de 1955
que culminó con la caída del peronismo resulta insoslayable. Precisamente
Córdoba fue el epicentro de la autodenominada “Revolución Libertadora”.
328
11
Transformaciones en el Estado
El peronismo conformó un Estado árbitro y negociador de los problemas
laborales que respaldó la política social a nivel normativo con institucio-
nes reguladoras de las relaciones sociales y con una legislación integral
de protección al obrero, realizando un conjunto de garantías a través de
mejoras salariales, beneficios laborales y seguridad social. Esto dio lugar
a la creación de un Estado de Compromiso Social que buscaba cana-
lizar las demandas sociales de forma institucionalizada, procurando una
“democratización del bienestar”. Este término, acuñado por Juan Carlos
Torre y Elisa Pastoriza (2000) hace referencia a que la redistribución del
ingreso significó para los obreros más establecidos, los empleados y las
clases medias, el acceso a una mayor variedad de bienes y un mejor apro-
vechamiento de los beneficios de las políticas sociales, particularmente en
materia habitacional, sanitaria y educativa.
Para aquellos sectores más desamparados de la población que queda-
ban, en los hechos, fuera de las instituciones de protección social basadas
en la participación en el mercado laboral, fue creada la Fundación Eva Pe-
rón. A través de esta institución se construyeron hogares para huérfanos,
madres solteras y ancianos indigentes, comedores escolares, hospitales
de niños y policlínicos, colonias de va- caciones y hoteles de turismo,
viviendas de bajo costo y escuelas de en-
fermería. Como parte de esta idea de una
ampliación de derechos, se destacó el su- Sobre el voto femenino, pue
den
fragio femenino logrado en 1947, que, consultar el capítulo especí
fico
sin embargo, debe verse como el resulta- incorporado en este mater
ial
didáctico.
do de un camino de lucha previo.
329
Por otro lado, en la reformulación estatal
Banderas del Justicialismo resultó fundamental la idea de planifi-
La justicia social se refiere a una cación –establecimiento de objetivos y
distribución justa de los ingresos, procedimientos para su cumplimiento–,
que permitan no solo satisfacer las
necesidades básicas, sino también
con proyectos que permitieran llevar ade-
el acceso a bienes y servicios lante buena parte de las políticas del pe-
como educación, turismo, espar- ronismo, entre las que se destacaron los
cimiento, etc. dos Planes Quinquenales (1946-1951 y
La independencia económica 1952-1957). A través de éstos se buscó
implica el desarrollo de una
economía que no esté atada a los fortalecer al Estado mediante un aumen-
designios del mercado mundial. to del gasto público que lo convertía en
La soberanía política significa la articulador y orientador de la vida nacio-
plena autonomía en la toma de nal. Eran programas de cinco años que
decisiones gubernamentales, sin la
intervención de países extranjeros. estaban pensados para el fomento de la
industria como una forma de lograr la
independencia económica (bandera del
justicialismo, conjuntamente con la justicia social y la soberanía política).
Mientras el primero se centró en la nacionalización de los servicios públi-
cos –trenes, agua, luz– y la promoción de la industria liviana, el segundo se
enfocó en el desarrollo de la industria pesada con apoyo del capital extran-
jero. En combinación con las actividades privadas previstas por este Estado
consolidado, el gasto público apuntaba a lograr el pleno empleo de los
factores productivos, dando lugar a un círculo virtuoso tendiente a facilitar
el acceso de la población a todo aquello que constituyera sus consumos
necesarios, más allá de sus necesidades básicas de subsistencia.
Los alcances y características de estos procesos en los espacios pro-
vinciales fueron variables y estuvieron influidos tanto por las condiciones
previas como por las características que asumió el peronismo en cada uno
de ellos. En Córdoba los conflictos al interior del partido y la Intervención
Federal impuesta en 1947 implicaron una permanente rotación de funcio-
narios y gobernadores que se tradujo en dificultades para impulsar políticas
públicas firmes, por lo menos hasta 1948. De todos modos, se desplegaron
iniciativas en áreas como la sanitaria (creación de la Dirección de Salud
Pública), la laboral (nueva legislación, mayor injerencia y control estatal) y
la energética (bases para la instalación de la Empresa Provincial de Energía
Eléctrica -EPEC-).
A partir de 1949 y de la gobernación del Brigadier Juan Ignacio
San Martín se inició un período de mayor impulso de las obras públicas,
eficacia administrativa y construcción institucional, tanto en las áreas ya
mencionadas como en educación, vivienda, seguridad, infraestructura e
industria. En lo que respecta a esta última, la creciente importancia del
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11
IAME fue la base del desarrollo fabril cordobés, que pronto sumó la
instalación de las fábricas automotrices Fiat (1953) y Kaiser (1955). De
todas maneras, Córdoba ya contaba con cierta tradición técnico-industrial
gracias a la creación de la Fábrica Militar
de Aviones en 1927 que el peronismo po-
tenció, logrando crear en 1947 Pulqui I, el Parte de la historia indust
rial de la
primer avión propulsado con un motor a provincia puede recorrers
e en el
Museo de la Industria, ubi
reacción en Sudamérica. cado en
Libertad 1130, barrio Gener
al Paz,
Este conjunto de industrias forjó el ciudad de Córdoba. https:
//es-la.
perfil industrial de la provincia, signado [Link]/museodelain
dustria
por el avance de estos sectores y el posi-
331
cionamiento de Córdoba dentro de los centros urbanos con un mayor
grado de industrialización del país. Asimismo, contribuyeron al proceso
migratorio hacia la ciudad, que transformó la estructura social de Córdo-
ba, pasando a tener una fuerte presencia de masas obreras y un creciente
mercado de consumo local.
332
11
333
Como afirma Louise Doyon (2006), el esquema de mediación estatal
acotado de los años ’30 recién se modificó con resoluciones de 1944 y
1945, que conformaron el marco general regulatorio del sistema de rela-
ciones laborales, convirtiendo la conciliación dictada por el gobierno en
obligatoria. Fue recién durante la experiencia peronista cuando se amplió,
profundizó y generalizó el papel efectivo de intervención estatal.
Uno de los tópicos centrales sobre el peronismo refiere a sus apoyos
sociales. El ya referido Germani (1962) centró su mirada en los nuevos tra-
bajadores industriales del gran Buenos Aires como parte de un fenómeno
de migración interna que, con sus modos de vida rurales y tradicionales,
habrían sido permeables al liderazgo carismático de Perón. Sin embargo,
trabajos posteriores como los de Murmis y Portantiero (1971), Del Campo
(1983), Torre (1990) y Doyon (2006), coinciden en que la vieja guardia
sindical, es decir dirigentes prestigiosos, experimentados y con una tradi-
ción reformista basada en el socialismo y el sindicalismo, posibilitaron una
alianza entre la clase obrera y la elite política, motivados en años de frustra-
ciones y en la rapidez con la que el Estado les otorgaba antiguos reclamos
antes de solicitarlos. De este modo, la injerencia de los trabajadores en el
nuevo escenario político estuvo mediada por el apoyo de sus sindicatos al
gobierno y la incorporación de los dirigentes gremiales en cargos públicos.
El costo de la alianza de los sindicatos con el Estado peronista fue un poder
de negociación relativo, expresado institucionalmente a través de la CGT
y del Partido Laborista. Para analizar
estas relaciones, estos y otros autores
como Elena Pont (1984), hablan de
ado en
El Partido Laborista fue cre autonomía sindical y heteronomía
yar la
octubre de 1945 para apo política. La primera es cuando los sin-
presidencia
candidatura de Perón a la
feb rer o de 194 6, dicatos controlan sus propias condi-
en las elecciones de
e con una fra cci ón de ciones de existencia, comportamiento
conjuntament
R-Junta
la Unión Cívica Radical (UC y funcionamiento. La segunda refiere
triun-
Renovadora). Luego de su a la incapacidad del movimiento sin-
ión de
fo, Perón ordenó la disoluc
inte gra r el dical de actuar independientemente
ambas agrupaciones para
ución. Sin
Partido Único de la Revol de orientaciones políticas diferentes
laboris-
embargo, algunos dirigentes de su clase y de plantearse el acceso
vieron su
tas se resistieron y mantu al gobierno a través de un partido po-
fue disu elto
autonomía. Finalmente,
ar a for ma r parte lítico propio. Siguiendo al sociólogo
en 1947 para pas
del Partido Per onista . Max Weber, así explica la autora la
relación entre ambos conceptos:
334
11
335
tronómicos, ladrilleros, pintores, panaderos y gráficos. Asimismo, la CGT
nacional y su regional de Córdoba también impusieron la disciplina sin-
dical a través de las intervenciones a las organizaciones gremiales. En su
trabajo Rebeca Camaño (2016b) afirma que en Río Cuarto se produjo
una situación similar a partir de fines de 1947, con la intervención de la
delegación local de la CGT y de los gremios opositores al peronismo y la
creación de sindicatos paralelos.
Como ya mencionamos, la bonanza económica durante los años ini-
ciales de la primera presidencia de Perón permitió al gobierno una redis-
tribución del ingreso que mejoró ostensiblemente la calidad de vida de
los sectores más postergados y activó el mercado interno a través de la
producción y el consumo de bienes. No obstante, esta situación dependía
de las reservas monetarias. En 1948 el modelo empezó a evidenciar sus
límites, inaugurándose un nuevo ciclo inflacionario. Como marca Doyon
(2006), la prosperidad cedió a la austeridad, manifestada en una política
sindical conservadora que vinculaba las huelgas con el desorden social. El
instrumento disciplinante del gobierno para anular la iniciativa obrera fue
la CGT, a través de la intervención en la vida interna de los sindicatos.
Los mismos funcionarios de la central nacional exigían deponer medios de
reclamos que atentaran contra la productividad del país, aunque las direc-
tivas no eran acatadas por todos los gremios.
La segunda presidencia peronista se caracterizó por el deterioro eco-
nómico y el aumento de los controles sociales y políticos. Como señala
Doyon, el Congreso de la Productividad de 1955 debe leerse dentro de
la lógica de la austeridad, con vistas a incrementar la producción a costa
del esfuerzo de los trabajadores. Proponía premios a la productividad,
esquemas de incentivación, limitación en las atribuciones de las comisio-
nes internas de reclamo, revisión de los convenios colectivos de trabajo,
etc. No obstante, el alineamiento de la GCT con el gobierno no era
acrítico, incondicional ni uniforme en su interior: los delegados de la
CGT rechazaron las medidas de flexibilidad laboral reclamadas por los
empresarios. Además, el golpe de Estado de septiembre de 1955 abortó
su implementación.
En Córdoba fue notable la disminución de conflictos laborales dados
a conocer por la prensa local, como La Voz del Interior, respecto de la prime-
ra presidencia. Estos se reducían a los paros de gastronómicos, molineros y
tranviarios en 1952 y de panaderos y trabajadores de la Unión Tranviarios
Automotor los dos años siguientes, mayormente motivados por pedidos de
aumento salarial. Empero, esto no implica negar la efervescencia sindical
en la cotidiana militancia de base o en los niveles micro conflictivos de los
lugares de trabajo. En este sentido dialogan investigaciones como el dossier
336
11
Conclusiones
En los años treinta, el consenso ideológico sobre las bondades del liberalis-
mo político y económico como camino a seguir para la consecución de so-
ciedades más justas, terminó de quebrarse. De esta crisis, el Estado emergió
como un actor central, tanto a nivel mundial, nacional como provincial.
En materia política, en el período estudiado las Fuerzas Armadas se
hicieron cargo ilegalmente dos veces (1930-1932 y 1943-1946) del poder
político, a través de golpes de Estado que contaron con la aquiescencia de
sectores políticos y civiles de la sociedad. Entre estos dos golpes en Córdo-
ba sobresale la experiencia de los gobiernos radicales (1936-1943), que no
vieron obstaculizado su llegada al poder por prácticas fraudulentas y cuyo
desempeño se caracterizó por las amplias libertades otorgadas a los distin-
tos actores políticos provinciales.
Esta experiencia se vio truncada por el golpe de Estado de 1943, que
significó la intervención del gobierno provincial y el inicio de un proceso
de centralización política y administrativa que culminó durante los go-
biernos peronistas. A diferencia del peronismo nacional, asentado sobre
el movimiento obrero, el cordobés tuvo en sus orígenes un predominio
de sectores tradicionales –vinculados a otras experiencias políticas previas:
radicales, demócratas y católicos militantes– por sobre el ala obrera. Las
diferencias entre estos sectores, ahondadas una vez que el peronismo llegó
al poder condujeron a la intervención de la provincia y profundizó la con-
centración del poder.
A nivel económico, la crisis económica global, que se manifestó con
más intensidad a partir del año 1929, incidió en la transformación gra-
dual del perfil productivo cordobés y nacional. Este contexto, supuso un
desafío y una oportunidad; tanto el Estado nacional, a través de políticas
macroeconómicas, como del Estado provincial mediante un rol más acti-
vo, generaron las condiciones propicias para un desarrollo industrial que
se evidencia con claridad hacia fines del período trabajado. En paralelo,
337
y como consecuencia de ello, el mercado laboral fue gradualmente mu-
tando; principalmente en donde el desarrollo industrial fue más marcado,
como la ciudad de Córdoba, surgió un creciente segmento social de tra-
bajadores calificados.
El intervencionismo dubitativo y acotado de los gobiernos demócra-
tas, dejó paso con los radicales a una concepción del Estado como garante
y creador de derechos, concepción que sin embargo terminó de materia-
lizarse durante las gestiones peronistas. Esta continuidad constituye una
nota distintiva de Córdoba, lo mismo que la influencia que logra la Iglesia
en materia de organización sindical, en la composición del peronismo me-
diterráneo o como activo desestabilizador institucional en los prolegóme-
nos del golpe de 1955.
Para finalizar, cabe destacar que la centralidad del Estado peronista
como organizador y regulador de las relaciones sociales, fue notable res-
pecto de sus relaciones con el movimiento obrero, que en la misma inte-
racción sufrió modificaciones ideológicas y en prácticas. Si bien la vieja
guardia sindical cordobesa mostró mayores resistencias que la nacional al
alineamiento peronista, finalmente terminó siendo reemplazada a través de
desplazamientos individuales, desconocimiento de personerías gremiales e
intervenciones sindicales.
338
11
Glosario
339
Liberalismo: filosofía política basada en la defensa de la libertad indivi-
dual que promueve la iniciativa privada y busca delimitar la intervención
del Estado a una mínima expresión.
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