Psicología y Psicopatología Perinatal
Psicología y Psicopatología Perinatal
Editora Appris Ltda. 1ra Edición Copyright© 2021 por el autor Derechos de edición reservados
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Editora y Librería Appris Ltda. Av. Manoel Ribas, 2265 – Mercês Curitiba/PR – CEP: 8081
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FICHA TÉCNICA
AGRADECIMIENTOS
Es muy difícil saber con quién empezar mi agradecimiento, porque eso siempre da un sentido
de prioridad. Todas las personas que mencionaré aquí fueron relevantes tanto en mi vida
como en la creación de este libro.
A mi marido, José Antônio, mi compañero de toda la vida, que notaba mis momentos de
resistencia y vacilación y me animaba a ir a la computadora, preguntando siempre: “¿Ya
está listo nuestro libro?”
A mis tres nietos les agradezco por mostrarme que el amor no tiene límites, es infinito.
A mi amigo Dr. Francisco Batista, cuya opinión es muy importante. Estoy muy agradecida
por haberme mostrado y “autorizado” diferentes posibilidades y potencialidades dentro
de mí, ayudándome a aceptarme y crecer. ¡Gracias por presentar este libro!
Por último, pero no menos importante, agradezco a mi colega y amiga Scheila Krenkel
quien ha sido única en su disponibilidad, atención y cuidado, dedicando horas y horas de su
tiempo y de su alma a revisar todo este libro con todo el cuidado posible. Se llamó a sí misma
mi “doula” para este primer nacimiento literario. Sin embargo, fue tanta su dedicación que,
ahora que nació, la ascendí a madrina de mi bebé.
Nosotros que aún no hemos logrado la paz, nosotros que todavía somos testigos de
genocidios escandalosos, tenemos el deber de interrogarnos sobre la forma en que acogemos
a nuestros hijos y preparamos el futuro.
(Myriam Szejer)
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PRESENTACIÓN
inventiva.
Es un recorrido realista que muestra todos los aspectos relacionados con el embarazo,
como los embarazos de alto riesgo y sus distintos factores, como el embarazo tardío,
la negación del embarazo y los trastornos psiquiátricos de la madre que son
perjudiciales para ella y el bebé. Hay momentos en los que nuestra guía demuestra
lo familiar que está con el camino y sus paradas, como cuando nos presenta el
nacimiento del bebé, con todas las implicaciones psicológicas y sucesos derivados del nacimiento.
Los relatos de sus experiencias son conmovedores.
El viaje tiene sus puntos tristes, y ocurren cuando, inevitablemente, llegamos al momento
más lamentable que puede ocurrir en un embarazo: la pérdida del bebé. La cuna vacía, como
también se le llama, que va en contra del orden natural del ciclo vital, que es que un niño
muera antes que sus padres, con todas las consecuencias que este hecho conlleva para la
pareja. El tren avanza y es en la siguiente estación donde nos encontramos con madres que
cargan con odio maternal. Son madres que llevan dentro de sí de forma
ambivalente el sentimiento de amor y odio, simultáneamente, hacia su hijo. En
esta parada, nuestra guía nos presenta a varios compañeros de otros viajes que le enseñaron
el camino que actualmente nos ofrece, como: Freud, Melanie Klein, Winnicott, Bion,
Benhaim y Kauffmann.
Cuando nos detenemos en el punto dedicado a las complicaciones que le suceden al bebé
durante el embarazo y después del nacimiento, nuestro conductor habla de los fantasmas
que acechan a los padres durante el embarazo y en los momentos previos al nacimiento, así
como de las expectativas de perfección del niño. quien va a nacer. Nos muestra que los
casos de prematuridad, deficiencias y malformaciones generan repercusiones
psíquicas en los padres, provocadas por cada situación.
La maquinista no se limita a teorizar, mostrando las estaciones desde el interior del tren; En
cierto momento salta de la locomotora y decide mostrar cómo se hace, enseñando qué
técnicas se pueden utilizar en la atención psicológica a padres y bebés. Instruye, con
ejemplos clínicos, cómo brindar apoyo emocional a los padres, desde el embarazo, durante
el parto y en el puerperio, con todos los acontecimientos que puedan ocurrir.
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Felicito a María Helena por este excelente viaje que nos trae un abanico de información
y detalles sobre este fenómeno único de la naturaleza que es el embarazo y el
posterior parto, cuyos intrincados caminos, con todos sus matices, se pueden
encontrar en este libro que hará las delicias de todos. ustedes lectores.
medico psiquiatra
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PREFACIO
Este libro es la realización del sueño de la autora, en el que relata su trayectoria laboral de
más de 40 años en el área de Perinatalidad. Es resultado de la pasión, presente en la
dedicación y estudio continuo de teorías e investigaciones en el área, que la llevaron a
investigaciones propias durante sus estudios de maestría y doctorado en la Universidad
Federal de Santa Catarina, así como a la experiencia de observar bebés con el método
psicoanalítico desarrollado por la analista británica Esther Bick.
En el origen del libro también hay intensas experiencias como supervisora clínica y
psicoterapeuta de mujeres embarazadas y posparto, así como su deseo de agudizar la
curiosidad y la fascinación del lector por el desarrollo del ser humano, desde la concepción
hasta los 30 meses de vida. edad.
Por último, pero no menos importante, está el cumplimiento del deseo expresado de dejar su
aporte a los profesionales que quieran dedicarse a esta compleja y desafiante área del
desarrollo humano. Por ello, en los 15 capítulos que componen el libro, encontramos la
genuina preocupación del autor por ofrecer una bibliografía amplia, resultado de una
revisión exhaustiva, enriquecida con viñetas clínicas que ilustran su fundamento
teóricotécnico.
Desde la segunda mitad del siglo pasado, varios psiquiatras infantiles, dedicados al
tratamiento de niños mayores, comenzaron a tratar también a menores, bebés y
prematuros, llegando hasta la psiquiatría fetal. Vale la pena recordar, por su importancia
para el desarrollo de la Perinatalidad, el 1er Coloquio – Mónaco 1996, organizado por M.
Soulé, B. Golse, Missonnier y Kreisler, entre otros. Profesionales clínicos e investigadores
interesados en el feto, la madre embarazada, el padre y el equipo se reunieron para
discutir sus experiencias e investigaciones hasta la fecha. El destaque fue el bebé,
quien se interesó por la investigación y la atención clínica a partir del reconocimiento de su
participación activa en el proceso de desarrollo y relación con el medio ambiente.
Avalaron la existencia de un sistema interactivo entre madre y feto desde el inicio de la vida
intrauterina. Además, denominaron a esta etapa prenatal el inicio de la biografía humana y
la primera fase del desarrollo psicológico, destacando la continuidad entre el antes y el
posparto.
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La asociación con la brillante intuición clínica de Freud (1926, p. 162) es inevitable, basada en
una profunda dedicación a la investigación psicoanalítica del alma humana: “Hay mucha
más continuidad entre la vida intrauterina y la primera infancia que la impresionante cesura
del acto. de nacimiento nos permite saber”.
También tenemos mucho que aprender sobre los posibles cambios a largo plazo que la
biotecnología ha provocado en la maternidad, en la relación madrebebé y en el bebé.
¿Cuáles son las repercusiones psíquicas de un proceso de concepción, antes privado y vivido
en la intimidad del cuerpo de una mujer, que se hace público y sufre intervención,
precisamente en una etapa tan inicial y crucial del desarrollo humano? Es importante
reflexionar sobre las repercusiones emocionales de todo el
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proceso de fertilización asistida, ya que esta zona toca puntos de extrema vulnerabilidad,
que no son vistos ni valorados.
Este capítulo nos lleva a preguntas importantes que invitan a la reflexión para las que no
tenemos respuestas y que aún requieren más experiencia clínica, estudio y debate. Qué
registros de memoria quedarán en el niño desde el principio con otro miembro de la
familia distinto a la madre (vientre solidario). ¿Qué pasa con el miembro de la familia que
lleva al bebé? ¿Cómo es tener un bebé para una hija, una hermana, un hijo y entregarlo
después del nacimiento?
¿Es posible ser un mero “portador” de un bebé? En ocasiones la hermana o la madre lleva más
de un bebé debido a embarazos múltiples. Finalmente, ¿qué pasa con la persona que debería
ser protagonista de esta historia, el bebé? ¿Cómo dejará atrás esta historia?
A medida que nos dedicamos a la lectura y nos acercamos al final del libro,
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Concluimos, junto con el autor, que la Perinatalidad es un complejo multiforme, que exige un
abordaje inter o transdisciplinario, y presenta gran ambigüedad y exigencias a los participantes
del cuidado: los padres con sus relatos actualizados; los bebés, los infantes que
viven en su mundo primitivo y no verbal; varios profesionales de diferentes trayectorias, de
diferentes instituciones, todos enfrentados con sus propias historias y los trastornos psicológicos
que enfrenta el nacimiento de una madre, un padre y un bebé. Todos ellos están
simultáneamente involucrados y enfocados en comprender y localizar las
dificultades madrebebé, o padrebebé, o madrepadrebebé.
Les deseo a todos una excelente lectura y espero que este libro cumpla la función de
estimular la curiosidad y la búsqueda del conocimiento en Perinatalidad, para que
también pueda influir en el desarrollo y profundización de este período fundamental en la vida
del ser humano.
Referencia
resumen
INTRODUCCIÓN 19
CAPITULO 1
CAPITULO 2
LOS BEBÉS 31
CAPÍTULO 3
CAPÍTULO 4
CAPÍTULO 5
EMBARAZO DE RIESGO 55
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CAPÍTULO 6
CAPÍTULO 7
CAPÍTULO 8
CAPÍTULO 9
CAPÍTULO 10
CAPÍTULO 11
CAPITULO 12
CAPITULO 13
CAPITULO 14
CAPITULO 15
INTRODUCCIÓN
La idea de escribir sobre Psicología Perinatal fue fecundada por el afectuoso estímulo de
mi familia, colegas y alumnos del curso denominado “Psicología y Psicopatología
Perinatal”, que imparto en el Instituto País/Bebês de Florianópolis, desde 2014, y en otras
entidades, desde hace más de 20 años. Sin embargo, no sin dudas y ambivalencia decidí
convertir el curso antes mencionado en un libro.
Siempre digo que me siento mejor hablando que escribiendo. Sin embargo, a los 66 años
comencé a pensar de manera más efectiva que me gustaría hacer un aporte a los
profesionales que piensan y sienten como yo respecto a este tema, o que quieren iniciarse en
esta especialidad. En relación con las personas con las que vivo y trabajo, me siento
honrada de compartir mi experiencia y la belleza poética que es la comprensión
psicológica de la perinatalidad. Ahora que el libro está listo me siento como
una nueva madre: agotada, pero muy feliz y orgullosa de mi “hijo”. Espero que os guste
como a mí.
Los temas que componen este libro surgen de teorías visitadas durante las clases que
imparto, de investigaciones de maestría y doctorado realizadas en la Universidad Federal de
Santa Catarina, bajo la dirección de la Dra. María Aparecida Crepaldi, y de la Observación de la
MadreBebé. Relación mediante el método Esther Bick, que realicé bajo la supervisión de la
Dra. Nara Caron, psicoanalista de la Sociedad Psicoanalítica de Porto
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Todos los capítulos son míos, a excepción del Capítulo 6, que solicité a mi colega
María Gabriela Pinho Peixe, por su considerable experiencia en el seguimiento de parejas
“en prueba” en el proceso de Reproducción Asistida. Cabe mencionar también que
di preferencia a temas que tuve la oportunidad de experimentar en mi práctica clínica y,
por eso, a pesar de reconocer su relevancia, no incluí en este libro temas como las
nuevas constituciones familiares, la adopción y la abuelidad.
Respecto a la prevención en Salud Mental, entiendo, al igual que Motta (2002), no la búsqueda
de la normalidad (en el sentido normativo), sino la comprensión de la función materna
y paterna como un desarrollo subjetivo, en el que las intervenciones tempranas apoyan
y/o facilitan la desarrollo de estas funciones esenciales lo antes posible o “a tiempo”.
Esto ayuda a que sea posible identificar y promover lugares y funciones más saludables,
cuando están amenazados, paralizados, reprimidos y, muchas veces, involucrados en
secretos familiares en el proceso de construcción psíquica del niño y de la nueva identidad
parental.
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En vista de lo anterior, sin aspirar a la novedad ni crear nuevas teorías, este libro
pretende ofrecer apoyo a los psicólogos y otros profesionales de la salud que abordan
diariamente los fenómenos psíquicos involucrados en el embarazo, el parto, el
puerperio y sus vicisitudes. También tiene como objetivo facilitar la comprensión y
elaboración de lo que sucede con las mujeres embarazadas, parturientas y que han
dado a luz recientemente y sus familias, así como con los equipos en el período
perinatal, que brinda indicaciones o tratamientos adecuados.
REFERENCIAS
MOTTA, SPP Prevención de la salud mental: ¿por qué no? En: BERNARDINO, LMF;
ROHENKOHL, CMF (org.). El Bebé y la Modernidad: aproximaciones teóricoclínicas.
São Paulo: Casa do Psicólogo, 2002. p. 109116.
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CAPITULO 1
los síntomas corporales expresan conflictos psicológicos y viceversa. Desde el punto de vista de la
Psicología Perinatal, las mujeres ya no son vistas, por ejemplo, sólo como pechos –que “deben”
amamantar para el sano desarrollo del bebé–, sino que deben considerarse en función de sus ansiedades
y motivos emocionales que, en ocasiones, pueden , impedir su desarrollo para amamantar.
Asimismo, esta especialidad aborda el devenir psíquico del bebé a partir de sus relaciones corporales
y psicológicas con los objetos que desempeñan funciones maternas y paternas.
Antes de pasar a una descripción detallada de los fenómenos psíquicos involucrados en la paternidad
y la perinatalidad de manera más específica, quiero traer pensamientos y citas que
guían este libro.
la maternidad y la paternidad son un mundo, mucho más inconsciente que consciente (DELASSUS,
2002);
2004);
en este período perinatal hay un desbordamiento del inconsciente, que puede ocurrir con el
nacimiento del niño y en la relación con él, una repetición sintomática o el desarrollo
de una paternidad creativa (LEBOVICI, 2004).
el bebé, antes de nacer, ya ha vivido una larga historia. Trae consigo características
constitucionales y reaccionarias a la vida intrauterina (SZEJER, 1997);
debido a su total inmadurez, el niño depende de los cuidados físicos y de las condiciones
psicológicas de sus padres, o sustitutos, para convertirse en sujeto. Necesidad de experimentar
sentimientos de afiliación y aceptación incondicional. Un bebé sin madre no existe
(WINNICOTT, 2002);
La interacción entre padres e hijos puede ser saludable o patológica. Para comprender las
manifestaciones sintomáticas del bebé, el énfasis de
Psicopatología perinatal
Para muchos padres y madres, debido a sus historias individuales de infancia o realidades
adversas, las gratificaciones que surgen del recién nacido son insuficientes para elaborar
fuertes tensiones, emociones, miedos y ansiedades (re)vividas conscientes e
inconscientes. Y, si la interacción padres/bebé, vínculo principal y fundacional que forma la
psique, comienza dolorosamente, puede perpetuarse, dando lugar a patologías presentes y
futuras.
Aunque los autores antes mencionados, y muchos otros, ya nos han contemplado con sus
estudios, lo cierto es que constantemente se demuestra, en la práctica clínica, que cada
niño, embarazo, parto, posparto y vínculo con el bebé, es único para cada uno. de los padres y
diferentes para la llegada de cada niño. Por lo tanto, se confirma que la característica más
evidente del período perinatal es la singularidad y
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A su vez, el bebé sufre influencias paternas desde el vientre materno donde es “marinado
durante nueve meses en líquido amniótico con sabor a la vida emocional de la madre...
sabor que se repite durante toda la vida” (CUADRELLI, 2016). Si bien ya existen importantes
descubrimientos sobre las habilidades del bebé en el útero e inmediatamente después
del nacimiento, todavía no tiene las condiciones para “ensamblar” su subjetividad
por sí solo (JERUSALINSKI, 2014).
En todas estas situaciones, las familias y los equipos necesitan información y apoyo
emocional, propuesto por la Psicología Perinatal. El enfoque psicológico perinatal puede
identificar contenidos simbólicos que perjudican la oportunidad madurativa de la Crianza,
promoviendo la salud global, “leyendo” la vida mental más profunda de las personas,
resolviendo vulnerabilidades que pueden traducirse en un fracaso básico, con graves
consecuencias para padres y bebés.
REFERENCIAS
BADINTER, E. Un amor conquistado: el mito del amor maternal. Río de Janeiro: Nueva
Frontera, 1985.
JERUSALINSKI, J. La creación del niño: juego, disfrute y habla entre madre y bebé.
Salvador: Ágalma Psicânica Editora, 2014.
MALDONADO, MT Psicología del Embarazo. 17. ed. São Paulo: Editora Saraiva,
2005.
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RAPHAELLEFF, J. Embarazo: la historia interna. Porto Alegre: Editora Artes Médicas, 1997.
SILVA, MCP; SOLISPONTON, L. (org.) Ser padre, ser madre, ser padre: un desafío para el tercer
milenio. São Paulo: Casa do Psicólogo, 2004.
SOIFER, R. Psicología del embarazo, parto y puerperio. Traducido por Ilka Valle de Carvalho. Porto
Alegre: Editora Artes Médicas, 1984.
SZEJER, M.; STEWARD, R. Nueve meses en la vida de una mujer: una aproximación
psicoanalítica al embarazo y al parto. São Paulo: Casa do Psicólogo, 1997.
VIDELA, M. El parto en el hospital. (Dar a luz y nacer en el hospital). Buenos Aires: Ediciones
Nueva Visión, 1993.
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WINNICOTT, DW Los bebés y sus madres. São Paulo: Martins Fontes, 2002.
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CAPITULO 2
En este capítulo, por tanto, priorizaré las teorías y autores que defienden la
importancia relacional en la construcción de la psique, es decir, lo que los padres,
en sus diferentes roles, necesitan conocer, recibir, atender y comprender a su bebé,
dándole sobre todo, condiciones básicas de seguridad, para constituirse a
posteriori en un individuo independiente.
Los estudios psicoanalíticos actuales, como los de Lasnik (2013), Dolto (2016)
y Parlatto (2020), han descrito, cada vez con mayor refinamiento, las potencialidades
y competencias de los bebés, desde antes de su nacimiento, en términos de
percepción y reacciones ante. su entorno, eminentemente en relación con la psique y
las manifestaciones de la figura materna. Sin embargo, todavía es innegable que los
bebés dependen física y mentalmente de sus cuidadores. Para Winnicott (1978),
pediatra y psicoanalista, es muy importante proporcionar al bebé la sensación de
continuidad en las condiciones de vida intrauterina y una introducción progresiva de
estímulos y privaciones, so pena de desencadenar ansiedades insoportables en el bebé.
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Para Ribeiro, Santos y Zornig (2016), el entorno sensitivo facilitador para el bebé
prepara las condiciones para que éste viva lo que el psicoanálisis llama la experiencia de
omnipotencia primaria, contribuyendo a la constitución primaria del ser. Esta pregunta
supone que la madre se relaciona de manera especializada y se dedica e identifica con
ese sujeto, a descifrar sus movimientos y ritmos singulares, pudiendo alcanzar un grado
de previsibilidad de estar en el lugar esperado, en el momento esperado.
Todo este cuidado atento y dedicado, que ha sido descrito como la “función materna”, que
se materializa a través del “fino trabajo de bordado de la madre entre el cuerpo y el lenguaje”
(JERUSALINSKI, 2014, p. 25) se manifiesta a través de ciertos comportamientos
interaccionales. Dentro de ellas:
continencia, descrita por Bion (apud ZIMERMAN, 2004) como una condición de
disponibilidad para acoger, decodificar, transformar
decodificar y nombrar el llanto y los movimientos corporales, que son las primeras
manifestaciones de comunicación del bebé. Los comportamientos corporales
sintomáticos pueden ser una expresión de que la relación entre padres y bebés no va bien.
Las madres deprimidas, por ejemplo, con dificultades para invertir emocionalmente en su bebé,
dificultades en la estructura familiar y/o con falta de una red de apoyo, pueden no ser capaces
de estar disponibles para su hijo como lo necesita. Como consecuencia, el bebé puede
desarrollar síntomas como: anorexia, reflujo intermitente, problemas digestivos y de
sueño, infecciones de repetición, manifestaciones que expresan, a través del
cuerpo, sus necesidades.
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el contacto piel con piel, a través de la lactancia materna, el cuidado del cuerpo, el baño, los
mimos, las caricias y el juego facilitan la constitución de la “Ipiel”; concepto creado por
Didier Anzieu (2000), en el que se utiliza al bebé para representarse como yo, con sus
contenidos psíquicos basados en la experiencia de la superficie del cuerpo; una
interfaz que permite la distinción entre exterior e interior.
Creación del yo corporal, distinto del cuerpo de la madre;
Junto al contacto corporal, el juego y la mirada, las palabras dichas al bebé atribuyen
significados y significados a su existencia. Son parte de la formación del apego y de lo
que Dolto (1999) llamó “baño de lenguaje”, en el que el bebé al que se le habla y se le
habla pasa a sentirse importante, amado, valorado en cada logro, desarrollando su
autoestima, identidad, diferenciación. e individuación.
Es importante prestar siempre atención a los adjetivos y las comparaciones.
Françoise Dolto (1999) advierte sobre la relevancia de preocuparse por lo que se le dice
al niño, sobre el niño y alrededor del niño, ya que la memoria se inscribe en el
inconsciente del niño, además de que “el bebé está sometido a los efectos del
lenguaje”. que se le escapa, del inconsciente de sus padres (SZEJER, 2016, p. 9);
Por otro lado, las madres que se sienten ausentes, porque no reconocen la angustia del
niño y no la nombran, pueden desencadenar lo que Bion (apud ZIMERMAN, 2004) llamó
“terror sin nombre”; un sentimiento de aniquilación, sobre todo si la madre no
aparece, no comprende y responde con impaciencia.
Sin embargo, estos son casos extremos y pueden minimizarse cuando se tratan
psicoterapéuticamente.
REFERENCIAS
ANZIEU, D. La AutoPiel. Traducido por Zakie Rizkallah y Rosaly Mahfuz. 2da ed.
São Paulo: Casa del Psicólogo, 2000.
DOLTO, F. Todo es lenguaje. Traducido por Luciano Machado. São Paulo: Martins Fontes,
1999.
LASNIK, MC La hora y el turno del bebé. São Paulo: Instituto Langage, 2013.
RIBEIRO, FS; SANTOS, NTG; ZORNIG, SNAJ ¿Divididos en dos? La experiencia materna en
casos de gemelos. 2016. Disponible en: [Link]
NH/article/view/222. Consultado el: enero. 2021.
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SPITZ, R. El primer año de vida. São Paulo: Ed. Martins Fontes, 2004.
SZEJER, M. Si los bebés pudieran hablar. São Paulo: Instituto Langage, 2016.
WINNICOTT, DW Los bebés y sus madres. São Paulo: Martins Fontes, 2002.
CAPÍTULO 3
Como se mencionó en capítulos anteriores, nadie nace padre o madre, las personas
se convierten en padres y madres (DELASSUS, 2003). Los estudios psicoanalíticos
actuales, basados en eminentes psicoanalistas posfreudianos, como Mahler,
Bion, Winnicott, Françoise Dolto, Lebovici y otros, han enfatizado la dimensión
interactiva e intersubjetiva en la formación de la psique infantil. Por este motivo, es
importante estudiar la psique de los padres.
Así, es con el bagaje psíquico individual, con las representaciones de su propio nacimiento,
de su infancia y de la relación con sus propios padres, que el hombre y la mujer se
relacionarán con su hijo. Muchas veces, lo que la pareja quiere con y para su hijo es
compartido y similar, uniéndolos aún más; pero, en otras circunstancias, las parejas pueden
incluso separarse después de convivir con el hijo, en esta transición hacia la paternidad, más
allá de la conyugalidad.
Otra cuestión importante que interfiere decisivamente en la interacción entre padres e hijos
y en la formación de la paternidad es la transmisión intergeneracional y
transgeneracional. Como atestigua Granjon (2000, p. 24), los procesos de
transmisión intergeneracional de pensamientos, afectos e historia implican
Sin embargo, este trabajo puede fracasar, y la transmisión psíquica puede volverse
alienante, violenta, impuesta, sin espacio para la recuperación y la transformación,
creando vacíos, secretos, enigmas. A diferencia de la transmisión intergeneracional, la
función de la transmisión transgeneracional es “contener y mantener fuera del alcance ciertos
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REFERENCIAS
KLAUS, MH; KENNEL, J.; KLAUS, PH Vinculación: construyendo las bases para un apego seguro y
la independencia. Porto Alegre: Editora Artes Médicas, 2000.
CAPÍTULO 4
(Françoise Dolto)
Al reflexionar sobre el tema de este capítulo, tuve dudas sobre su título: si debería
llamarse Psicología del Embarazo o Psicología de la Maternidad, tal es la
superposición entre los dos temas. Elegí discutir los aspectos emocionales relacionados
con las experiencias físicas y psicológicas del desarrollo del feto en el cuerpo de la
mujer, aunque el tema de la maternidad está asociado.
Por ello, definí los siguientes objetivos: (1) reafirmar que el embarazo no es un
proceso exclusivamente biológico, como ya lo han hecho Videla, Maldonado,
Szejer, Bydlowski y otros autores. Como resultado, (2) comprender los factores
psicológicos y absolutamente subjetivos que intervienen en el embarazo y (3)
aclarar por qué “no se nace madre, se llega a ser madre” (DELASSUS,
2003), es decir, identificar la maternidad como un proceso .
capacidad reproductiva: procrear como única forma de ser reconocida, hasta el punto de que las
mujeres estériles son asimiladas a grupos de hombres en tribus más primitivas, siendo
“celebrada” la menarquia en ritos de paso, pasando la mujer a un lugar de descrédito
después del nacimiento. , o ser discriminadas y excluidas si tenían dificultades
para quedar embarazadas o mantener un embarazo.
Aunque algunos de estos elementos culturales todavía permanecen hoy en una forma menos
explícita, las experiencias sociales y psicológicas de la maternidad se han ido modificando
gradualmente con la llegada de los avances tecnológicos y los cambios en la vida profesional
de las mujeres. Los avances de la Medicina, que sin duda redujeron las tasas de
Según un detallado estudio de Vera Iaconelli (2015), a lo largo del tiempo en nuestra cultura, a
pesar de la transformación del rol social de las mujeres, las expectativas sobre ellas aún
incluyen la procreación, hecho relacionado no solo con la perpetuación de la especie, sino
también con una importancia creciente. atribuidos a la atención primaria y a la lactancia
materna en la reducción de la mortalidad infantil.
La creciente inclusión de la mujer en el mundo laboral, así como las técnicas de reproducción
asistida, han generado ambivalencia y mayores dudas respecto a
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Algunos psicoanalistas atentos, como Maldonado, Videla y Szejer, dan algunas indicaciones
sobre cómo reconocer las expresiones del inconsciente en las mujeres embarazadas.
Todos los seres humanos han pasado por un vientre (útero materno) y tienen inscritos
en su inconsciente recuerdos reales y fantaseados de su propio embarazo, parto y
relación con su madre y su padre. Entre los fenómenos psíquicos que ocurren durante
el embarazo, Monique Bydlowski (2009) definió como “transparencia psíquica” el estado
mental de la mujer embarazada que presenta un cierto nivel de regresión psíquica y un
ablandamiento de las defensas represivas, permitiendo a un oyente atento
comprender los principales conflictos. revivido durante este período.
La mujer embarazada se adapta al desarrollo del feto, su cuerpo se expande y crece para dejar
espacio al bebé. En cualquier caso, “cuando el embarazo avanza, ha habido un 'acuerdo' entre
el feto, la placenta y la madre que, a su vez, confirma una capacidad de acoger y tolerar
esta diferencia en sí misma” (DONELLI;
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CARÓN; LOPES, 2012, pág. 398). La mujer tiene entonces un tiempo determinado para crear
espacio y reconocimiento psíquico para su bebé, es decir, necesita comprender que ese
ser, visceralmente vinculado a ella, es otro ser, con su propia historia.
Sobre todo porque, como señala RaphaelLeff (1997), la motivación inconsciente de las
mujeres respecto al embarazo puede variar mucho. Algunas realmente desean tener un
hijo, pero no pueden soportar el embarazo; otras desean realmente el embarazo, sin
pensar en el futuro hijo, lo que demuestra, una vez más, la necesidad de comprender la
subjetividad de cada mujer en particular. Además, la experiencia corporal del embarazo
puede traer muchas ganancias secundarias, que hacen tolerables posibles
malestares físicos, totalmente intolerables para otras mujeres, debido al sentimiento
de ser consumidas o destruidas desde dentro.
Otros síntomas comunes en este período inicial son la diarrea y el estreñimiento, que se
relacionan con recuerdos de fantasías anales de concepción infantil, como demostró
Freud (1905) en los Tres ensayos sobre la sexualidad infantil. La diarrea sería el miedo, o el
deseo, de perder al bebé; y el estreñimiento, la defensa contra esta pérdida. Recordando siempre
que estas son algunas interpretaciones posibles dentro de la inmensidad simbólica que trae
consigo cada síntoma.
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Sin embargo, es sin duda el conflicto edípico femenino, desencadenado por el complejo
de castración, el que puede presentarse en multiplicidad de significados y síntomas durante el
embarazo, consecuencia directa y “prueba” de una vida sexual activa.
Recordando a los lectores que existe una diferencia importante entre los conflictos
masculinos y femeninos. De maneira simplificada, no que se refere ao conflito edípico
masculino, o menino, após entender que é insuficiente para seu amor – a mãe –, e por medo de
ser castrado pelo pai, identificase com esse para no futuro ter uma mulher igual la madre. La niña,
cuando se da cuenta de que ya está castrada, se aleja con resentimiento de su primer objeto de
amor, su madre, y se vuelve afectuosamente hacia su padre, con la esperanza de tener un pene
y más tarde un hijo con él. Sólo después de una nueva decepción y shock de la realidad
vuelve a identificarse con su madre para, en el futuro, poder tener un hombre como su padre y
ser madre como su madre (RAPHAELLEFF, 1997).
Esta narrativa sintetizada sería la solución ideal al conflicto edípico. Se sabe, sin embargo, que,
dependiendo de las respuestas del entorno –seducción, represión, rechazo o indiferencia–,
de la posibilidad de represión y de otras funciones conscientes e inconscientes de cada niño,
hay muchos intentos y fracasos en el proceso. de resolver este problema. Lo que Lebovici (2004)
llamó el “desbordamiento psíquico” del período perinatal es que el complejo de Edipo,
acompañado de sus ansiedades típicas, se revive y recuerda inconscientemente y se
manifiesta mediante síntomas físicos y psíquicos, así como sueños durante el
embarazo.
El segundo cuarto parece un poco más tranquilo. La mujer ya ha tenido tiempo de superar su
ambivalencia y empieza a disfrutar de este momento creativo. El vínculo con el bebé se va
construyendo porque los movimientos fetales y la prominencia del abdomen se hacen
más evidentes. Según Soifer (1984), la mujer está muy atenta a los movimientos y cambios
de posición del bebé y puede atribuirles diferentes significados, a través de fantasías proyectivas
sobre él.
El tercer trimestre, por lo general, suele estar ocupado por pensamientos y miedos sobre
el parto. Recuerdos de historias familiares, historias de amigos, consuelos, mucho
terrorismo por parte de otras mujeres, que demuestran así envidia, crítica,
competencia, que en nada ayuda a la embarazada. La mujer sabe que, inevitablemente,
tendrá que pasar por el parto. Algunas mujeres
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Prueban alternativas para controlar la fecha y forma del nacimiento, que no siempre
funcionan, incluso a través de sueños anticipados. Pasa por estados de ansiedad y depresión,
sufre trastornos del sueño. Puedes sufrir fobias, como miedo a que tu cuerpo no vuelva a
su forma anterior –igual que la tuya–, o miedos respecto al bebé, como miedo a
excesivos o malformaciones, posición de identidad dentro del útero, movimientos
insuficientes, que muchas veces corresponden. al bebé desconocido, a la culpa por la
ambivalencia (SZEJER, 1997).
Es un período de contradicciones porque, al mismo tiempo que la mujer quiere ver a su bebé
y tenerlo en brazos, también extraña con anticipación su vientre. Se extraña esa convivencia
diaria visceral, y algunos incluso dicen que “ahora el bebé siempre va conmigo”, “sé que aquí
tiene todo lo que necesita”, “aquí afuera el mundo es tan duro”, “nunca me he sentido sola”. de
nuevo ".
Por lo tanto, en términos psíquicos, las mujeres embarazadas oscilan entre alegría, un
sentimiento de poder y esperanza por la renovación de la vida con y a través de su bebé,
e inseguridades e incertidumbres sobre su nuevo papel, culpa por el “triunfo edípico”,
reexperiencias de sus debilidades. Como advierten Donelli, Caron y Lopes (2012), las
mujeres embarazadas dependen de sus estructuras de personalidad, de sus
defensas y de sus potencialidades, para superar ansiedades de causa inconsciente y
realidades adversas, si las hubiera.
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Hay muchos estudiosos que estudian la vida mental de los bebés antes del nacimiento en
todo el mundo. Me basaré en estudios fisiológicos, neurológicos, bioquímicos y psicológicos,
así como en investigaciones internacionales compiladas por el Dr.
Thomas Verny y John Kelly (1988) para presentar lo que ya se sabe sobre
el tema.
El bebé intrauterino, a partir del sexto mes de embarazo, es capaz de ver, oír, saborear y
aprender, incluso de forma primitiva. Y lo más importante, podrás sentir y tener una vida
emocional activa. Las emociones del bebé dependen en parte de los mensajes
que recibe sobre él, así como de los sentimientos maternos que lo inundan dentro del útero.
La alegría, el placer y las buenas expectativas pueden contribuir significativamente al
desarrollo físico y emocional saludable del bebé.
El bebé necesita, al igual que después del nacimiento, sentirse amado y querido. Él
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Necesita que su madre y su padre hablen con él, que piensen en él. Si te sientes
ignorado emocionalmente, tu cuerpo comenzará a debilitarse. Lo increíble es que los
estudios comprueban esta reacción depresiva en los bebés, como si no tuvieran
motivos para crecer. Un ejemplo de este tipo de conexión de abandono es el bebé, el
hijo de una madre que niega la percepción de embarazo, que normalmente
no se coloca ostensiblemente en el útero de la madre, sino que crece erguido a lo
largo de la columna vertebral de la madre, casi como en connivencia con ella.
Recientemente, las mujeres embarazadas han comenzado a comunicarse más con sus
bebés: hablan, cantan, tocan música, organizan la hora de dormir, lo que representa
un avance muy importante. Siempre recomiendo a las mujeres embarazadas, cuando
sientan tristeza, enfado o ansiedad, que se lo cuenten a su bebé. Él comprende y
puede referirse al malestar físico y emocional que le transmiten las hormonas, como
la adrenalina y el cortisol, o los latidos modificados del corazón de la madre.
Otro ejemplo fue una mujer embarazada que chocó su auto, se asustó mucho y su
bebé se movía mucho, hasta el punto de sentir dolor. Su marido se acordó de contarle
al bebé lo sucedido y hacerle saber que todo estaba bien entre él y su madre, y pudo
calmarse, reduciendo también el dolor de su madre.
creen que el bebé puede comprender, madres psicóticas y muchas otras con
fuertes sentimientos ambivalentes. Evidentemente, no se puede decir que toda la
formación de la personalidad del bebé dependa del habla de la madre. Sin embargo,
cuando el lenguaje verbal se inserta desde el útero, el bebé se introduce en el mundo.
Las mujeres embarazadas que reciben atención psicológica prenatal tienen la
oportunidad de ser ayudadas en su angustia y ambivalencia y de fortalecer su
vínculo con su hijo, también a través del habla.
REFERENCIAS
DONELLI, TS; CARÓN, N.; LOPES, RCS La experiencia materna del parto: enfrentamiento
al desamparo. Revista de Psicoanálisis de la Sociedad Psicoanalítica de Porto Alegre,
Porto Alegre, v. 19, núm. 2, pág. 295314, agosto. 2012.
FREUD, S. (1905). Tres ensayos sobre la sexualidad infantil. Traducido por Jayme
Salomão. En: Obras completas. Río de Janeiro: Imago Editora, 1976.
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SOIFER, R. Psicología del embarazo, parto y puerperio. Traducido por Ilka Valle
de Carvalho. Porto Alegre: Editora Artes Médicas, 1984.
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VERNY, T.; KELLY, J. La vida secreta del bebé antes de nacer. (La vida
secreta del niño antes de nacer). Barcelona: Ediciones Urano, 1988.
CAPÍTULO 5
EMBARAZO DE RIESGO
Los embarazos llamados de riesgo, según el Manual Técnico del Ministerio de Salud (2010), son
situaciones límite que pueden implicar riesgos tanto para la madre como para el feto, durante el
transcurso del embarazo o el parto.
Una mujer que presenta algún trastorno psiquiátrico durante el embarazo debe
ser considerada una gestante de alto riesgo, para que pueda ser tratada con la
especial atención que merecen estas patologías, por el gran daño que pueden causar
a la madre, al embarazo, al feto y, posteriormente, al niño (CAMACHO;
CANTINELLI; RENNÓ JR, 2010, p. 151).
En estos casos, al igual que en los riesgos físicos, existe una sobrecarga
emocional por los avatares del proceso del embarazo y la patología ya presente.
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En mi práctica clínica he observado que la mayoría de los pacientes que ya están recibiendo
tratamiento psiquiátrico y/o psicológico continúan con sus tratamientos, aunque hay otros que
tienden a interrumpir sus tratamientos psicológicos, negando dificultades en un momento tan
idealizado. Otros se asustan por sus intensos sentimientos depresivos y ansiedades y,
incluso si nunca han sido tratados, buscan atención especializada por iniciativa propia o
mediante derivación.
En embarazos en los que existe riesgo, por tanto, es muy importante detectar
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cita por un obstetra u otro profesional de la salud, para que la mujer embarazada, en
cualquiera de las condiciones antes mencionadas, tenga la oportunidad de someterse a
un tratamiento psicológico preventivo, evitando mayores complicaciones para
ella, el bebé y sus familias. Por eso es tan importante el apoyo psicológico individual o grupal
a estas mujeres embarazadas, para que se sientan acogidas en sus miedos y animadas a
cuidarse y superar sus debilidades físicas y emocionales.
Hiperemesis
Lo que informan los equipos de los hospitales de maternidad es que estas pacientes
tienden a ser hospitalizadas varias veces durante el embarazo. Algunos tienen antecedentes
de regresar en la misma semana o incluso el mismo día del alta hospitalaria. El
tratamiento farmacológico consiste básicamente en sueros, antihistamínicos, antieméticos y
otros medicamentos indicados, caso por caso.
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Las valoraciones apresuradas y estereotipadas pueden indicar hiperemesis como rechazo del
bebé. Sin embargo, “este rechazo por parte del niño muchas veces puede deberse a
circunstancias económicas adversas, dificultades sociales, falta de amor del marido, etc.”
(LANGER, 1986, pág. 193). Asimismo, la hiperemesis puede representar un grito de
auxilio, una forma de llamar la atención sobre su sufrimiento psicológico. Existe, por ejemplo,
la culpa por no alimentar al bebé, el miedo a destruir el feto o a tener un hijo deforme.
El estado de hiperemesis se presenta en mujeres con una fuerte tendencia a una dependencia
exagerada de la propia madre que no está adecuadamente elaborada, o con proyecciones
hostiles sobre la figura del feto, que se presenta en el inconsciente materno como un
representante psíquico de la propia madre. interiorizado tan poco
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Durante el tratamiento psicoterapéutico, la embarazada puede entender que frases como “se
le pasará”, “esto es señal de que realmente estás embarazada”, “en nuestra familia todas las
mujeres vomitan así”, no incluyen la recepción y comprensión de que necesitan en el momento.
La psicoterapia puede ayudarte a reconocer las fuentes de agresión en relación
con el embarazo y a dejar de proyectarlas sobre tu marido, tu bebé o tu equipo, experimentando
tu duelo sin tener que recurrir a somatizaciones y actuaciones.
pseudociesis
cuerpo, el estado emocional interfiere con el estado de ánimo y las hormonas y viceversa.
Los síntomas son similares a los de un embarazo real. En publicación del 17 de julio de 2018,
en el sitio web Espaço Winnicott, se enumeran náuseas, ausencia de menstruación,
aumento del volumen abdominal, inicio de la lactancia, pudiendo la mujer sentir el bebé
moverse en su vientre y presentar cambios en la marcha. como las mujeres embarazadas,
a menudo lo desarrollan. Investigaciones realizadas por Bianchi, Garbelini, Basílio,
Lopes y Jorge (2008) revelan que la incidencia de estos casos es de 1 en 5000 mujeres, que
se encuentran en diferentes grupos de edad y niveles socioeconómicos, que no tienen hijos,
que son solteras o casadas. infértil, con tendencias neuróticas.
Mola hidatidiforme
También llamada embarazo molar, la mola hidatidiforme ocurre cuando un feto no viable se
convierte en un tumor benigno (tumor trofoblástico gestacional). Al analizar el
tumor se puede encontrar la presencia residual de un embrión o tejido placentario. El síntoma
principal es el sangrado. La incidencia es de 1 caso por cada 2000 embarazos. El tratamiento
se produce mediante el vaciado del útero. Es necesario un mayor control, mediante
ecografías, para controlar la involución de los quistes ováricos, y exámenes radiológicos
para detectar posibles metástasis asintomáticas (MINISTÉRIO DA SAÚDE, 2010).
En caso de complicación o persistencia del tumor celular que se vuelve maligno, el tratamiento
pasa a ser quimioterapia (ANDRADE, 2009). En la dimensión psicológica, el sufrimiento
es inevitable, porque, además de descubrir que ya no está embarazada, la mujer tiene que
afrontar y controlar una enfermedad compleja, con potencial maligno. Exactamente como
en las situaciones anteriores, en la mujer conviven sentimientos de decepción, ansiedad
y duelo. Psicodinámicamente, la historia de la mujer señalará las causas, y en
psicoterapia se pueden elaborar las consecuencias de esta situación.
gemelo
La vía del parto se decide vigilando las condiciones respiratorias y la posición de los fetos,
aunque la mayor incidencia de partos gemelares es por cesárea.
Son pocos los estudios publicados sobre la situación emocional de las madres de gemelos.
Teniendo en cuenta los temas discutidos hasta ahora, se puede asumir el riesgo psicológico
en el sentido de sobrecarga física y exigencias reales y fantasiosas en relación con los bebés.
Se imagina que, a menos que el embarazo múltiple sea un deseo consciente como forma
de continuar la tradición familiar, por ejemplo, la noticia de gemelos siempre es una sorpresa,
y los miedos y ansiedades comunes a cualquier embarazo se multiplican. Además, existe la
posibilidad de que uno de ellos no sobreviva o enferme.
Otro temor frecuente es que, ante la posibilidad de prematuridad, que llevaría a uno o
todos los gemelos a la UCI neonatal, la madre y los niños tendrán que ser retirados
inmediatamente después del nacimiento. A esto se suman ciertos mitos sociales respecto a los
gemelos que pueden asustar a los padres, como por ejemplo: 1) las madres no pueden amamantar
a sus gemelos; 2) la madre necesita una amplia red de apoyo (yo, personalmente, considero
que este punto es un hecho, no un mito) y 3) siempre hay un gemelo bueno y uno malo (DAVID
et al., 2000).
sobrevivió, más pequeño y más tranquilo, llamado así en honor al hermano favorito de su madre.
Este y muchos otros ejemplos prácticos demuestran que el apego, el vínculo, ocurre con los
gemelos, pero puede manifestarse de diferentes maneras, dependiendo de las proyecciones
de la madre y del padre desde el embarazo.
La mayoría de los artículos investigados hablan de la relación de la mujer con los gemelos
durante la formación del apego después del nacimiento. Aunque no forma parte del objetivo de
este libro, es importante resaltar algunas peculiaridades: los gemelos tienden a complementarse,
incluso turnándose en sus necesidades de caricia y lactancia, y tienden a establecer sus
propios códigos de lenguaje y comunicación. Es muy importante que los padres los
diferencien lo más rápido posible, es decir, que no sean tratados como uno solo, lo que
les llevaría a desarrollar una dependencia patológica entre sí y con la madre.
Sin embargo, creo que, para dar continuidad al devenir, recomendado por Winnicott
(2011), la separación de los hermanos debe ser gradual. Es evidente lo cómodos que se sienten
los gemelos recién nacidos cuando duermen uno cerca del otro o cuando su madre los sostiene
a ambos en brazos. Una red de apoyo es fundamental para evitar el estrés materno.
Embarazo en la adolescencia
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Aún hoy, el embarazo precoz, entre los 13 y los 18 años, es visto como resultado
de la ignorancia y la promiscuidad, aunque ocurre en todos los niveles socioeconómicos,
afectando significativamente a las familias. El tema preocupante en materia de
salud maternofetal es que muchas adolescentes ocultan, o niegan, su realidad,
imposibilitando la detección temprana de dificultades y patologías. En las clases
bajas, Videla (1993) señala la relación directa entre el alto riesgo de embarazo
adolescente y la pobreza, la desnutrición y la fragilidad de la salud.
Flores (2012) demuestran que existe conflicto entre el amor y el arrepentimiento, se sienten
presionadas a demostrar que pueden ser buenas madres.
Los autores citados también plantean la cuestión social de los adolescentes que ven perdidas
o pospuestas oportunidades de trabajo y estudio, a pesar de demostrar
madurez después del nacimiento de sus hijos.
No es raro que familiares y amigos se sorprendan por la facilidad y conexión entre los
adolescentes y sus bebés.
Esta situación, como todas las demás situaciones que implican riesgos físicos y
emocionales, debe ser el foco de atención de la salud, con un adecuado seguimiento médico
y apoyo psicológico a las adolescentes embarazadas, sus parejas y familiares, para disolver
mitos y creencias, trabajar ambivalencias y desarrollar el potencial de la adolescente para
poder cuidar a su hijo de la forma más completa posible.
Embarazo tardío
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Supuestamente, la experiencia vital y una identidad consolidada hacen que estas mujeres
se sientan mejor preparadas para aceptar al bebé y sus exigencias, reconociéndolo
como un individuo único y separado de ella, lo que proporciona un desarrollo emocional
más exitoso. Por otro lado, las investigaciones indican mayor dificultad en relación a la
disposición física y más ansiedad en el posparto.
Los riesgos físicos son la posibilidad de abortos espontáneos, anomalías fetales, diabetes,
hipertensión, hemorragias, partos prematuros, partos disfuncionales, cesáreas, bajo
peso al nacer, mayores índices de sufrimiento fetal y menores índices en las
pruebas de Apgar del bebé en el quinto minuto de vida. (GOMES et al., 2008).
Si bien las mujeres actuales quedan embarazadas hasta los 45 años, la clasificación
automática de “embarazo de riesgo” en los embarazos posteriores a los 35 años tiende a
incrementar las dificultades psicológicas del embarazo normal, ya que introduce una
preocupación real tanto sobre sus condiciones de salud como sobre sus condiciones de salud. los de tu bebe
Como cualquier mujer embarazada incluida en este grupo, puede sentirse más
frágil, aprensiva e impotente, lo que acaba aumentando sus niveles de ansiedad.
Como repercusiones, dichas ansiedades se relacionan con problemas con el progreso del
embarazo, el parto y la posterior relación con el bebé. Investigaciones
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Una vez más, resalto que el abordaje del equipo de salud trasciende el criterio de
edad y observa la historia de vida y las condiciones psicosociales de la gestante. Sin
negar la reconocida necesidad de atención médica, también es importante en estos
casos incluir la dimensión psicológica en los tratamientos, promoviendo una mayor
tranquilidad para la pareja madrebebé.
Como no tengo experiencia clínica con esta situación, compartiré las ideas de
Gonçalves (2014), quien me pareció bastante minucioso en su estudio sobre el
tema. La negación del embarazo consiste en que una mujer pasa mucho tiempo
durante el embarazo, o hasta el momento del parto, sin saber que está esperando un
hijo. El interés científico por este suceso es bastante antiguo, habiéndose
desarrollado varias teorías sobre causas sociales y emocionales, así como la
posibilidad de errores médicos y diferentes clasificaciones nosológicas. Sin
embargo, el consenso en todas las investigaciones es que este fenómeno
implica patología mental.
columna vertebral. Lo curioso es que, si una mujer “descubre” su embarazo, a los pocos
días, su vientre empieza a sobresalir y comienza a sentir movimientos fetales.
Una característica que confunde a todos los involucrados es la permanencia del ciclo
menstrual. Otra situación intrigante es que el entorno familiar y médico muchas veces coincide
con la negación, reforzando racionalmente la idea de que algunos síntomas detectados no
se deben a un posible embarazo. Las consecuencias, en términos biológicos, son un
aumento estadísticamente significativo del riesgo neonatal: nacimiento de bebés que
pesan menos de 2.500 kg, presencia de retraso mental, elevada mortalidad, mayor frecuencia
de nacimientos prematuros, uso continuado de drogas, tabaco y alcohol, conductas de
riesgo y posturas, exposición a procedimientos nocivos, como los rayos X.
bebé en las primeras 24 horas de vida del recién nacido. Lo que sucede es que algunas
mujeres, al escuchar el llanto de su bebé y visualizar su materialidad, entran en pánico y
desesperación y tratan de guardar silencio ante la prueba de que han dado a luz a un bebé.
Bebés en riesgo
También hay casos en los que la mujer embarazada necesita someterse a exámenes
y/o procedimientos intrauterinos riesgosos y dolorosos para salvar al bebé, como la
cirugía cardíaca del feto. Situaciones que exigen valentía y que traen miedo a ambos: madre e
hijo. También existen casos de malformaciones y discapacidades físicas, como falta de
cerebro (anencefalia), riñones, patologías pulmonares graves o síndromes raros,
cuando la mujer embarazada tiene derecho por jurisprudencia a interrumpir el
embarazo. En todos estos casos, el sufrimiento de los padres es grande, traduciéndose en
gran tensión, ansiedad o depresión, al tener que vivir con realidades difíciles y no tener a su
hijo en brazos, a pesar de costosos intentos en términos de inversiones, tanto físicas como
emocionales. y, a menudo, financiera.
2. Trastornos alimentarios
Los principales problemas en estos casos se refieren a la pérdida nutricional del feto y los
cambios corporales durante el embarazo, interfiriendo con la imagen corporal patológica de
estas pacientes que no soportan sentirse gordas. Debido al bajo peso del feto y la posible
prematuridad, la cesárea es la indicación frecuente para el parto, y se debe controlar la
capacidad y fuerza del bebé para amamantar. La recomendación es un seguimiento
constante por parte de un equipo interdisciplinario, que incluya nutricionista, endocrinólogo,
pediatra y ginecólogo.
En el posparto, los síntomas pueden comenzar en las primeras 48 horas y durar hasta
un año, incluyendo miedo excesivo, flashbacks relacionados con el parto, confusión,
ansiedad, ira y sentimientos negativos relacionados con la maternidad (MITSUHIRO, 2010).
4. Depresión
REFERENCIAS
CAMACHO, RS; CANINELLI, FS; RENNÓ JR, J. Otros trastornos psiquiátricos durante el
embarazo y el puerperio. En: VASCONCELOS, AAJ; TENG, CT (org.). Psiquiatría perinatal:
diagnóstico y tratamiento. São Paulo: Editora Atheneu, 2010.
DAVID, DL y cols. Tríada de contacto íntimo: apego entre madre e hijos gemelos.
2000. Disponible en:
[Link]/ojs/indexphp/biociecias/article/view/29. Consultado el: febrero. 2020.
MALDONADO, MT Psicología del Embarazo. 17. ed. São Paulo: Editora Saraiva,
2005.
SOIFER, R. Psicología del embarazo, parto y puerperio. Traducido por Ilka Valle de
Carvalho. Porto Alegre: Editora Artes Médicas, 1984.
CAPÍTULO 6
Hasta hace muy poco, quienes experimentaban frustración por un embarazo que no se
produjo después de haber sido planificado, deseado y esperado, tenían dos opciones:
adoptar un niño o resignarse a una vida sin experimentar la paternidad. Sin embargo, en
1978, un hecho causó revuelo y grandes expectativas en el mundo científico:
el nacimiento del primer “bebé probeta” del mundo, un acontecimiento
que cambiaría para siempre la ciencia y la vida de quienes no habían podido tenerlo.
niños hasta entonces (PETRACCO et al., 2018). La bebé en cuestión, llamada
Louise Brown, llegó al mundo y trajo a muchos la esperanza de nuevas posibilidades
para construir proyectos parentales.
Datos del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) de 2018 estiman que
en Brasil entre seis y ocho millones de parejas enfrentan dificultades para quedar
embarazadas de forma espontánea (KOTECKI, 2018). Para alrededor del 10 al 14%
de la población mundial en edad reproductiva, la llegada del bebé no se produce
de inmediato ni según sus planes. Quizás sólo pueda superarse con la ayuda de un
tratamiento médico especializado y no dependa única y exclusivamente de
una planificación, de intentos incesantes, ni de una infinidad de factores.
emociones conscientes e inconscientes.
Cuando la pareja decide tener hijos se inician una serie de procesos psicológicos y
cambios subjetivos en la psique de los futuros padres, identificados por Zornig (2010)
como la transición a la paternidad. Houzel (2004) define la “práctica de
crianza” como el cuidado parental, tanto desde el punto de vista físico como
psicológico. Sin embargo, aquellas que quedarán embarazadas mediante alguna
intervención médica asistida necesitarán un trabajo psicológico y emocional adicional
durante esta transición (ALKOLOMBRE, 2008).
En este sentido, ante una imposibilidad o dificultad, los individuos necesitan lidiar
con una herida narcisista que se abre y con la frustración que rodea a la
pérdida de su capacidad reproductiva natural, así como con todas las
repercusiones emocionales que de ello se derivan. La búsqueda de profesionales
especializados en medicina reproductiva renueva esperanzas y expectativas, al
mismo tiempo que éstas pueden ir acompañadas de nuevas pérdidas y frustraciones,
ya que la experiencia única de la infertilidad y la concepción de un hijo, en este
contexto, involucrará relaciones íntimas, conscientes y inconsciente, sobre el
proyecto parental (ARAUJO et al., 2019).
La infertilidad conyugal es el término que se utiliza para identificar a una pareja que
intenta quedar embarazada mediante relaciones sexuales constantes y sin
protección y no logra hacerlo en el plazo de un año, periodo considerado normal para que
se produzca el embarazo, según la Sociedad Estadounidense de Medicina Reproductiva
(ASRM). ). Las tecnologías de reproducción asistida (TRA) aparecen como una luz
en medio de la gran oscuridad que puede ser el universo de la infertilidad. Para Corrêa
(2001 apud TAMANINI, 2009, p. 26), “la reproducción asistida es el término que define
un conjunto de técnicas de tratamiento médicopaliativo, en condiciones de
hipo/infertilidad humana, con vistas a la fecundación”.
Este tipo de técnicas que sustituyen a las relaciones sexuales en la reproducción biológica
implican la intervención en el acto de fecundación de más sujetos que la pareja: el
médico y su equipo. Con la ayuda de alta tecnología, se facilita el encuentro del
óvulo maduro con el espermatozoide en condiciones ambientales controladas en
el laboratorio. Las ART incluyen la fertilización in vitro (FIV) clásica, la
inyección intracitoplasmática de espermatozoides (ICSI), la biopsia de embriones para
detectar enfermedades genéticas, la criopreservación de células reproductivas y
embriones, además de la transferencia de embriones al útero materno (BADALOTTI et al., 2019 ).
En términos más generales, la inseminación intrauterina (IIU) también se
considera una técnica de reproducción asistida, aunque menos compleja (LEMOS
et al., 2008).
Para algunas parejas, hay un capítulo extra en las historias de cómo hicieron realidad
su hermoso sueño de tener un bebé en brazos, y esto pasa por descubrir la infertilidad,
exámenes, búsqueda de clínicas especializadas y técnicas de reproducción asistida.
Un dicho común es: todos saben cómo llegar allí, pero lo que les espera es incierto.
Este capítulo extra muchas veces comienza con un tratamiento sencillo desde el punto
de vista médico, pero que suele provocar una gran angustia y estrés. Se trata de controles
ovulatorios, que se producen a través de ecografías seriadas, con el objetivo de
monitorizar el crecimiento y desarrollo de los folículos –es dentro de ellos donde
crecen los óvulos–.
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Una hermosa viñeta ilustra la experiencia de muchos pacientes que pasan por esto
tratamiento:
Parece una gincana dirigida por el médico... dice: “hoy ovularás al final del día”. Entonces
necesito salir corriendo de la clínica, ir a la farmacia a ponerme otra dolorosa y costosa inyección
en el estómago, volver al trabajo sin que nadie sospeche lo que pasa e irme a casa a
prepararme para seducir a mi marido para que no lo haga. Date cuenta de que hoy es el día
D. Si se entera, sentirá mucha presión y luego se acabará, no habrá ninguna cita.
Acordamos que esto sería mejor, déjame encargarme de esa parte (Informe del paciente A).
Muchas veces resulta demasiado agotador experimentar este tratamiento, y la búsqueda de una
mayor probabilidad de éxito se convierte rápidamente en una opción más atractiva y llena de
expectativas positivas. Es importante resaltar que técnicas de alta complejidad suelen ser el
siguiente paso o incluso, en la mayoría de los casos, la primera opción de tratamiento elegida.
Son el último recurso y el más especializado, pero también el que mayores posibilidades
ofrece de obtener el resultado positivo que sueñas.
La inseminación intrauterina (IIU) tiene como objetivo facilitar el encuentro del óvulo con el
espermatozoide en el interior del cuerpo de la mujer: consiste en inyectar en el útero
espermatozoides previamente seleccionados en el laboratorio. La fertilización se
producirá de forma natural en las trompas uterinas y el embrión migrará espontáneamente
al útero y se implantará allí (LEMOS et al., 2008). La IIU sólo está indicada en algunos casos, ya
que tiene tasas de éxito relativamente bajas, muy cercanas a las del embarazo en ciclos
naturales. La FIV e ICSI clásicas, que se describen a continuación, prometen tasas altas
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laboratorio por hasta cinco días, hasta la etapa de blastocisto. Los embriones sobrantes, si son
viables, se criopreservarán mediante vitrificación, una técnica de congelación en nitrógeno
líquido a 196 grados (BADALOTTI et al., 2018).
Las técnicas mencionadas no sólo son utilizadas por parejas que quedarán embarazadas a partir
de sus células reproductivas. Existe una demanda grande y creciente por parte de los pacientes
que necesitan gametos donados: óvulos y esperma. Este hecho se da en casos de
monoparentalidad, o producción independiente, en relaciones entre personas del
mismo sexo y también cuando uno de los miembros de la pareja no posee células
reproductivas viables. También hay un enorme aumento de casos en los que las parejas
deciden quedarse embarazadas cuando la edad reproductiva de la mujer ya no les
favorece quedar embarazada sin un óvulo donado.
En esta situación especial se encuentra, por un lado, la mujer que está dispuesta a donar
óvulos de forma anónima a otra que no los tiene y no puede ser madre. Por otro lado, una
mujer que necesita darse cuenta de lo que significa para ella ya no tiene esa posibilidad,
sin importar lo que haga para conseguirla y cuánto la desee. Para muchas, escuchar del médico
que el bebé de sus sueños no nacerá si no aceptan un óvulo donado es demasiado devastador.
Para otros, es la luz al final del túnel.
Algunas parejas se enfrentan a una situación aún más compleja: la gestación subrogada. Por
diversos motivos, algunas pacientes no tienen útero viable, o no lo tienen, y necesitan pedir
un favor muy especial a un familiar de hasta cuarto grado: prestarles su útero para que puedan
convertirse en padres. Esta posibilidad de paternidad involucra a un gran número de
personas: el padre y la madre biológicos, la mujer que se someterá a una transferencia uterina
temporal, su pareja, hijos, familiares cercanos y otros. Todas estas personas necesitan
comprender, aceptar y afrontar bien lo que sucederá durante los meses de embarazo.
Para aquellos que aún no han llegado al punto en el que les gustaría tener su
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niños, pero que quizás quieran hacerlo en el futuro, recientemente los ginecólogos han
comenzado a recomendar congelar sus óvulos para quedar embarazadas más tarde. Las
mujeres que priorizan varias opciones antes de la maternidad, o que no mantienen una relación
sentimental, y otras que aún no están seguras se sienten aliviadas de poder preservar su
fertilidad. Esta también es una posibilidad para los pacientes que necesitan someterse a un
tratamiento contra el cáncer y pueden congelar sus óvulos para usarlos en el futuro.
La barrera que impone este diagnóstico representa una crisis imprevista en el ciclo vital, que
llega de forma aguda y permanece por un período de tiempo indefinido.
Este descubrimiento está marcado por varias pérdidas, como la experiencia y alegría de
concebir de manera fácil y privada, ya que esta experiencia pertenecía únicamente a la pareja,
la pérdida de la esperanza de continuar con el linaje familiar caracterizado por el
origen biológico, entre muchas más. Ante esto, resulta difícil distinguir qué causa más
dolor y sufrimiento: la ausencia del hijo tan deseado que no fue concebido, la herida narcisista o
los sentimientos de impotencia, fracaso, pérdida e inseguridad respecto de lo que está por
venir y sucederá. .
No ser como los demás parece ser uno de los mayores factores que generan angustia y
sufrimiento. Por qué me ha ocurrido esto a mi? tal vez sea el
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pregunta que se escucha con mayor frecuencia en este contexto, seguida de informes dolorosos como:
¿Por qué Dios me hizo esto? ¿Qué castigo cometí para merecer tal cosa? Todas mis amigas
están embarazadas, tienen hijos pequeños o ya van por el segundo. Y lo peor es la mirada de lástima
que me miran, por eso preferimos no decirle a nadie que lo estamos intentando, porque nadie entiende
lo que sentimos y ya están diciendo que estamos llenos de niños necesitados. ser adoptado o que es
vanidad. Queremos esto más, que nuestra vida ya es lo suficientemente buena (Informe del paciente
B).
Los síntomas psicológicos que surgen de este diagnóstico pueden verse influenciados por varios
factores, como las diferencias de género, las causas y la duración de la infertilidad, la
etapa específica de la investigación y la etapa del tratamiento, además de las capacidades
individuales para adaptarse al problema, la motivación para tener hijos y de una serie de
motivaciones inconscientes.
[...] Vengo aquí y veo al médico examinar a mi esposa y no entiendo nada de lo que
está haciendo, sólo sé que aquí no sirvo para nada, sólo tengo que ir allí y recoger
el semen. Todavía no sé si podré verlo ponerse ese aparato y embarazar a mi esposa,
es demasiado vergonzoso (sic).
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La vida conyugal pasa a girar en torno a poder tener un hijo, y la vida sexual se vuelve
mecánica, escasa y sin placer, ya que la escisión entre el cuerpo erógeno y
procreador provoca un enorme sufrimiento.
Evidentemente, por diferentes motivos, no todo el mundo elige este camino, pero la
decisión por la reproducción asistida no es un proceso fácil, directo y lineal, ya que
va mucho más allá de la elección de pareja sentimental, la interacción sexual, el
embarazo y el parto (FARINATI; RIGONI; MULLER , 2006). Las parejas pasan de la
esperanza, con la posibilidad de un embarazo, a la incredulidad y el desconcierto, ante
la noticia de la situación de infertilidad, hasta llegar al reconocimiento de sus
limitaciones, para que el embarazo pueda producirse sin intervención médica.
En este sentido, cada uno encuentra una manera muy particular de entender, trabajar y vivir
la infertilidad. Quizás este diagnóstico y experiencia, o no, de un tratamiento de reproducción
asistida proporcione, para algunas personas y parejas, una experiencia reparadora y
positiva, independientemente del resultado.
Experimentando un tratamiento
reproducción asistida
No es raro escuchar cómo los intentos mensuales de quedar embarazada, ya sea con
asistencia médica o no, generan una gran presión y aumentan el nivel de ansiedad y
sentimientos de responsabilidad por el fracaso, es decir: no quedar embarazada.
Cada mes es una nueva oportunidad para “alcanzar la meta”, y cada menstruación es una
prueba de una derrota y una (re)vivencia más de la pérdida y un momento de duelo.
Superado el impacto del duelo –aunque no del todo elaborado– provocado por el
embarazo que no se produjo, un camino más o menos común para todos es: la
búsqueda de un profesional especializado, seguido de un
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Para sentirse partícipes activos del proceso de reproducción asistida que se está llevando
a cabo, algunos pacientes estudian mucho y apropian términos y lenguaje técnico y
científico, convirtiéndose en “expertos en su tratamiento” y en el tema. Para ellas, la
racionalización se convierte en un mecanismo de defensa indispensable en la vivencia de
cada etapa, ya que las aleja emocionalmente de su vacío y dolor al darse cuenta de que su
útero continúa sin un bebé.
En ocasiones, otras crean una relación muy estrecha con sus médicos y extienden a
los equipos de los centros de reproducción asistida sus expectativas y necesidad de ser
atendidas y atendidas, ya que están psíquicamente involucionadas, sintiéndose impotentes
y demasiado frágiles tras el sufrimiento perpetrado por la infertilidad. y por repetidos
resultados negativos y frustraciones.
Estar apegado emocionalmente y crear una relación maternal con los embriones que aún
se están desarrollando en el laboratorio parece fortalecer y animar a las pacientes a
enfrentar sus miedos y seguir adelante, como se puede ver en la declaración de una
paciente: “Consideraba a los embriones como hijos nuestros desde Desde el principio...
hablaba con ellos todos los días”. Los embriones representan, para muchas pacientes, la
posibilidad de realizar su sueño de maternidad, la
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que pueden ser recientes o años de intentos fallidos, sin ser juzgados, señalados o
incomprendidos. Los pacientes claramente se benefician de un espacio que parece
ser el lugar donde encuentran la oportunidad de mostrar sus miedos y debilidades,
su dolor y su desesperación. Además de compartir sentimientos con un profesional
que acaba de conocer, muchas emociones se verbalizan frente a una pareja que
no tenía idea de que las sentía y pensaba. En otras ocasiones descubren juntos
cómo se sienten y que pueden contar el uno con el otro. Darse cuenta de esto les
brinda alivio y consuelo, ya que logran romper una barrera silenciosa que separaba
dos bandos asustados y frágiles.
Poder hablar de fantasías y dudas, de las consecuencias del tratamiento, del duelo
por tu bebé idealizado que no será concebido mediante un acto de amor en la
intimidad de tu hogar, sino mediante la intervención de un equipo médico, la El
shock financiero tras una Fertilización In Vitro calma y alivia enormemente
la angustia que sienten. Es como si le dieran a alguien en quien confiar todo el
sufrimiento que no pueden manejar por sí solos. Sin embargo, muchos pacientes
prefieren no tener contacto con el servicio de psicología. Es como si el psicólogo
tuviera el poder de develar los misterios y deseos inconscientes.
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que bloquean la llegada de su bebé o quizás tienen mucho miedo de decir y escuchar
cosas que creen que no tienen fuerzas para soportar, ya que están completamente
expuestas y se sienten impotentes mientras hacen lo suyo.
tratamiento.
De forma general y objetiva, estas son algunas actuaciones que pueden orientar y
ayudar en la labor de los psicólogos en los servicios de reproducción asistida:
brindar espacio para la reflexión sobre lo que está pasando, sobre el miedo al tratamiento,
el miedo a no poder tener hijos, al fracaso y todo aquello que sea importante para
cada paciente;
minimizar el estrés provocado por las elecciones a tomar y las dudas que surgen a lo largo
del tratamiento, estando presente siempre que el paciente lo necesite;
Una paciente en edad reproductiva llegó una vez al consultorio, con antecedentes de más
de una cirugía para extirpar innumerables fibromas de su útero.
Fue enviada por un médico para prepararse emocionalmente para quedar embarazada o,
por el contrario, necesitaría someterse a otra cirugía dolorosa e invasiva en poco tiempo.
Esas eran sus únicas dos posibilidades.
Después de algunas sesiones, se dio cuenta de lo seguro que era mantener su útero ocupado
en todo momento para evitar tener hijos a toda costa. Ella llamó a su útero "mi bolsa de
piedras". En ciertos momentos, se refirió al útero de manera afectuosa, pero, poco
después, comenzó a reportar crecientes malestares, dolores y daños en su vida sexual,
imagen corporal y malestar físico. Obviamente en su familia era una idea inaceptable
que ella no completara este importante paso en su ciclo vital, ya que siempre fue una mujer
que hacía todo lo posible para estar a la altura de las expectativas de todos y
le parecía imposible aceptarlo. principalmente por ella misma, que tener hijos no
era su deseo.
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Actualmente muchas personas se han permitido descubrir que no quieren tener hijos,
pero tomar esta decisión no siempre es tarea fácil. La ayuda de la psicoterapia es
fundamental para que movilicen sus fuerzas para afrontar la sociedad, sus familias,
sus amigos y, principalmente, sus propias creencias, sus miedos y sus fantasías de las que
no hay salida, encontrando así sus verdades.
equípate con conocimientos específicos y actualizados para recibir casos como los
mencionados a lo largo de este capítulo u otros.
REFERENCIAS
FARINATI, DM Crianza de los hijos – Los (des)caminos del deseo. En: AVELAR, C.
W.; CAETANO, JPJ (org.). Psicología en la Reproducción Humana SBRH. São
Paulo: SBRH, 2018. pág. 4145.
SHARF, CN; WEINSHEL M. Infertilidad y embarazo tardío. En: PAPP, P. (org.). Parejas
en apuros: nuevas pautas para terapeutas. Porto Alegre: Artmed Editora, 2002. p. 119144.
STAUBE, KM Hombre, infertilidad y recepción de semen. São Paulo, agosto. 2019. Disponible
en: https: [Link] Acceso en: mar. 2020.
SZEJER, M.; STEWART, T. Nueve meses en la vida de una mujer: una aproximación
psicoanalítica al embarazo y al parto. São Paulo: Casa do Psicólogo, 1997.
CAPÍTULO 7
(Myrian Szejer)
En este capítulo abordo, con más énfasis, el parto “normal”, “natural”, que se produce por
vía baja, vaginal, y que fue objeto de mi investigación de maestría. Debido a que tiene
características distintas, el parto por cesárea se analizará más adelante, así como la
experiencia de los bebés al nacer. Empiezo con una descripción breve y simplificada de
la fisiología del parto para luego centrarme en los fenómenos psíquicos involucrados en
este proceso.
dilatación: contracciones uterinas hasta que el cuello uterino –parte inferior del útero–
alcance los 10 cm; período de duración variable, al final del cual el mercado de valores
puede quebrar;
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Los principales signos que denotan el inicio del parto son: desprendimiento del
tapón mucoso, contracciones (notables o no), rotura de la bolsa de agua, dolor,
posible sangrado.
Los nacimientos pueden ser: (1) espontáneos, cuando comienzan sin intervención de
atención activa; (2) inducida, cuando se utilizan medicamentos o maniobras especiales,
como la ruptura mecánica de agua; (3) dirigida, cuando hay intervención activa del obstetra –
uso de oxitocina, episiotomía–; (4) operativa, cuando se trata de un procedimiento
quirúrgico; (5) normal o eutócica, cuando no hay complicaciones; (6) distócica, cuando ocurren
anomalías e imprevistos durante el proceso del parto.
Desde la Biblia, la temible frase “¡Con dolor darás a luz!” Se interioriza en el inconsciente
femenino, despertando aprensiones, ansiedades y dudas hasta el día de hoy. Desde el
Renacimiento y, más especialmente, desde el siglo XIX, el desarrollo científico ha
aportado numerosos beneficios a la salud de la mujer.
Es importante que una mujer pueda vivir el nacimiento de su hijo de forma activa y consciente.
Lo que se advierte, la mayoría de las veces, sin embargo, son reacciones emocionales,
verbalizaciones y somatizaciones que sólo quien detecta las razones psicológicas de la
parturienta puede ayudar.
Cada mujer es única en su manera de soportar el dolor, dependiendo por ejemplo de sus
características personales, nivel de dependencia, necesidad subjetiva de ser cuidada,
confianza o falta de confianza en sus propias capacidades y experiencias históricas
desde su propia vida intrauterina. Psicológicamente, entonces, los significados y
experiencias de las mujeres pueden ser diferentes según su historia personal y familiar. “Es la
futura madre la que está ahí, pero según su relato, todas las madres y todas las hijas que ha
sido a lo largo de su vida”
(SZEJER, 1997, pág. 244). Está la niña identificada con su madre frente a la feminidad, que
soñaba con ofrecer un hijo a su propio padre, la adolescente que vibra con sus
experiencias sexuales y la adulta que vive este inusitado dolor en sus entrañas.
Marie Langer (1986) refuerza que, durante el parto, las mujeres experimentan ansiedades que
condensan la infancia y situaciones y fantasías actuales, conscientes e inconscientes.
Inconscientemente, puedes revivir tu propio nacimiento y tu primera relación con tu madre,
mezclado con dependencia, ira, miedo, sentimientos de culpa, abandono, gratificación y
aprecio. Debido a la experiencia de dolor e incontrolabilidad dentro del cuerpo y la regresión
emocional a la que está sometida, es bastante común evocar el recuerdo de la madre, tanto
en sus características de cuidado y acogida, como en aspectos conflictivos. Si los
sentimientos de culpa y los conflictos son intensos, las fantasías de castigo pueden
materializarse en el temor a represalias superegoicas (ansiedad de castración), en forma
de preocupaciones por daños al cuerpo, órganos internos y vagina, laceraciones y marcas
irreversibles, así como efectos negativos. sobre tu sexualidad.
Por todos estos factores, “vivir la regresión física y emocional que se produce durante el parto
es verdaderamente un desafío máximo para la mujer en sus límites y en su flexibilidad
para transitar por los diferentes niveles de su estructura psíquica”
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(DONELLI; CARON; LOPES, 2012). Durante el trabajo de parto, Klaus y Kennel (1993)
afirman que, a medida que las contracciones aumentan en duración, intensidad y
frecuencia, las emociones de la mujer también se intensifican y disminuyen, llegando a
un pánico o furia momentáneos en el momento álgido de una contracción, seguidos
de intervalos de relajación y calma en el medio. . Sus sentimientos van desde la rendición
hasta la ansiedad, la irritación, el lamento y la desesperación.
Otra posibilidad es revivir la violencia y los abusos sufridos, trayendo consigo fantasías
de castración, daños irreversibles en sus órganos, delirios persecutorios e incluso
miedo a la muerte.
Ella se quejó fuertemente del dolor y comenzó a pedir que alguien la matara,
para acabar con el dolor y gritando: “¡Mátenme!”, “¡Alguien mátenme!”, lo que dejó
perplejos a todo el equipo. Por suerte, una empleada de la maternidad, amiga
de la paciente, fue a verla y nos dijo a mí y al médico residente que la madre de
esta mujer había muerto durante el parto. A partir de entonces, la doctora se dedicó
casi en exclusiva a ella, asignando otros pacientes a su colega. La llevó a la ducha
y luego le explicó que todo estaba bien para ella. Una vez en la sala de partos, la
paciente seguía descontrolada y fue entonces cuando el médico la devolvió a
la realidad, pidiéndole que la ayudara con el parto, ya que su hija no podía
permanecer allí mucho más tiempo.
Otro proceso biológico del parto es “la separación de dos organismos que
vivían juntos, uno dentro del otro, en una relación de total dependencia y
contacto íntimo permanente” (SOIFER, 1984, p. 51), en el que la mujer revive la
separación de su madre. La propia madre, identificada con el desamparo del
bebé, revive su propio paso por el canal vaginal materno. Según Soifer (1984),
éste es uno de los mayores dolores humanos: la separación de la madre. Es
por esto que algunas personalidades más regresivas viven buscando un regreso
al “paraíso perdido”, a través de relaciones fusionales y simbióticas.
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En estos casos, parece que los bloqueos psíquicos asociados a la detención del parto,
[...] más que el síntoma manifiesto del sentimiento de cansancio, soledad, desintegración [...]
las ansiedades son tan fuertes que dificultan a la madre reconstituirse y reconocer a su
bebé, así como a la Ley Traje
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La tocofobia se define como el “terror que sienten algunas mujeres, excesivo e incluso
ilógico, en relación al parto, a pesar de desear mucho el hijo” (CAMACHO;
CANTINELLI; RENNÓ JR, 2010, p. 137). Este miedo exacerbado al parto se clasifica
en: (1) primario: cuando las mujeres no tienen antecedentes obstétricos, aparentemente
se protegen del embarazo y sólo aceptan quedar embarazadas si se les garantiza
que tendrán una cesárea; (2) secundaria – que ocurre después de una historia traumática
de uno o más nacimientos anteriores, a veces seguida de muerte fetal,
desencadenando síntomas muy similares a los del Trastorno de Estrés
Postraumático (TEPT); (3) terciario: como síntoma de depresión durante el embarazo.
Las mujeres que han tenido experiencias frustrantes en embarazos anteriores, como
abortos y pérdidas intraparto, o al poco tiempo de nacer, procedimientos fallidos de
Reproducción Asistida, fetos malformados y otros, pueden traer consigo cierto
trauma y miedo a “fallar” o a que “caiga un rayo”. nuevamente en el mismo lugar”,
demostrando su incapacidad ante el “destino cruel”. En otras palabras, si algo sale
mal con ella o el bebé, podría probar sus fantasías de culpa, falta de merecimiento,
castigo (castración) y/o impotencia como mujer. Por lo que se recomienda atención
psicológica especializada, ya que estas mujeres pueden ser consideradas mujeres
embarazadas, parturientas y puérperas en riesgo emocional.
Sin embargo, todas las fantasías y estados de confusión pueden ser superados por
el deseo de dar a luz, con la ayuda de quienes asisten a la parturienta y,
sobre todo, a través del contacto con el niño. “Ver a tu hijo recién nacido y tenerlo en
brazos es la única manera de entrar en razón, de recuperar la identidad perdida [...]
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muda –después de muchos gritos durante el preparto– y sin querer mirar a su bebé, ni
abrazarla, a pesar del estímulo de las enfermeras.
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Traigo ahora otro caso que ilustra la posibilidad de una parada psíquica de las
contracciones uterinas durante el parto. Se trata de una paciente de 42 años, en trabajo de parto
relativamente tranquilo y silencioso. La paciente pasó la mayor parte del tiempo respirando, con
los ojos cerrados y rezando un rosario que mantenía entre los dedos. Me atendió un
residente muy amable y acogedor.
Cuando alcanzó los 8 cm de dilatación, la residente se acercó y le anunció que tendría que
salir un rato para participar en una reunión y que sería atendida por un colega. La escuché
decir: “Te espero”. Dijo que le resultó difícil, ya que su proceso avanzaba bien y que tal vez
no hubiera suficiente tiempo y que cualquiera de los residentes la cuidaría bien. Luego
reafirmó que quería tener a su bebé con él.
Después de una hora y media, cuando finalmente regresó, encontró al paciente que le sonrió,
con la misma dilatación de 8 cm. A los pocos minutos comenzó su parto y la residente
le dio un parto completamente diferente a los estándares de ese Centro Obstétrico, con
música, sombras y silencio. Médico residente y paciente se despidieron con mucho cariño y
agradecimiento mutuo tras el nacimiento. Finalmente, fui testigo en vivo y en color de la
posibilidad de “detener” las dilataciones y las contracciones para garantizar
una atención confiable durante el parto, despertando asombro en todo el equipo.
Após o parto, evidências mostram os benefícios do contato pele a pele e olhar entre mãe e
bebê na primeira hora, a chamada Golden Hour – Hora Dourada, em que a natureza instintual
da mãe e do bebê está propícia a construir a relação de apego entre los dos. Esto no significa
que el vínculo no pueda construirse a lo largo de la relación madre/padrebebé, ya que el
nacimiento de un hijo puede tener profundos efectos terapéuticos, que permiten a la mujer,
a través de la reparación y la identificación con su hijo, recuperarse de frustraciones
tempranas. experiencias emocionales.
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De ahí la cita de Szejer (1997, p. 244) al comienzo del capítulo: “Cada mujer que
está de parto está dando a luz a sí misma”, reviviendo su propio nacimiento y
renaciendo en una nueva identidad. Pacientes posparto sometidas a
psicoterapia expresaron lo fuertes y poderosas que comenzaron a sentirse después
de dar a luz. “¡¡Si pude pasar el parto y que todo saliera bien, puedo hacer cualquier cosa!!”.
Sin embargo, todas las reglas de la actual “humanización del parto”, ya sea
hospitalario o domiciliario, en mi opinión, siempre deben discutirse y aplicarse
según la subjetividad de la parturienta. Evidentemente, salvo posibles
complicaciones que requieran una intervención urgente.
No tengo una posición política ni quiero debatir los partos domiciliarios que, en mi opinión,
deben ser opción y responsabilidad de quienes los eligen. En este sentido, vale la
pena caracterizar qué constituye “violencia obstétrica” y por qué ha sido discutida
y resaltada hoy. Videla (1997) destaca como tales las siguientes actitudes: (1) la
denigración verbal y corporal de las mujeres, especialmente de las de bajos
ingresos, en todo el mundo; (2) la atención mecanizada, técnica, impersonal y masiva
del parto; (3) dolores a los que son sometidas por el equipo, a veces sin previo aviso,
como inducción del parto mediante oxitocina, exámenes vaginales, episiotomías y
maniobras de Kristeller.
Sin embargo, los equipos, a su vez, también están sujetos a muchos tipos de mecanismos
de transferencia y defensivos, como los persecutorios y agresivos por parte de las
parturientas. Evidentemente, médicos más sensibles y dedicados se han actualizado y
humanizado, pero, lamentablemente, persiste mucha violencia, ya sea por ideologías y
condiciones institucionales, ya sea por impotencia o falta de preparación psicológica y
capacitación de los equipos de salud.
Al igual que los partos “normales”, las cesáreas no son todas iguales. Se definen por la
extracción quirúrgica del bebé, pero equipo y paciente están sujetos a vicisitudes diferentes.
Una cesárea a petición, con fecha prevista, “parece” más tranquila. La solicitud del parto
quirúrgico por parte de las mujeres embarazadas proviene de diferentes
motivaciones, como la vanidad, el miedo a dañar los genitales (agrandamiento) y las
características psicológicas pasivodependientes exacerbadas, la falta de confianza en sí
mismas para afrontar el parto y los fantasmas provocados por la desinformación o
los mitos familiares. Ejemplo: “no sirve de nada soñar, en nuestra familia todas las mujeres
tienen cesárea”.
Si bien muchas mujeres optan por esperar al inicio del parto para operarse, permitiendo
que el bebé disfrute de los beneficios del parto natural, como “saber” que va a nacer,
pueden surgir circunstancias inesperadas, como tener un parto rápido. el parto y el
nacimiento del niño Antes de que se realice la cirugía, los latidos del corazón del bebé
comienzan a fallar, la presión arterial de la mujer aumenta y muchas otras posibilidades, lo que
ciertamente genera tensión y ansiedad hasta que se determina que ella y el bebé no se
encuentran en ninguna situación. peligro.
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Para evitar esta discontinuidad traumática, el citado autor sugirió un tipo de parto
más suave, con menos agresión sensorial, como menos luces.
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Sin embargo, si la madre estuvo muy ansiosa o deprimida durante el embarazo y/o durante el
parto, el bebé se “contamina” con los sentimientos de la madre; y, si el entorno es
demasiado intrusivo, el parto puede volverse traumático. “La continuidad personal del
individuo se ve interrumpida por reacciones a invasiones prolongadas” (WINNICOTT,
1978, p. 326). Si el trauma es significativo, queda grabado en la memoria y puede
reactivarse en situaciones similares hasta la edad adulta.
Hay autores que creen que la forma de nacer, dolorosa o fácil, pacífica o violenta, determina,
en gran medida, la futura personalidad y visión del mundo que tendrá el bebé. De ahí la
importancia de un contexto facilitador y acogedor, tanto para la madre como para el
bebé, durante el parto e inmediatamente después del mismo. La tranquilidad y minimización de
miedos y ansiedades, mediante la reducción de procedimientos invasivos o violentos, es lo
que constituye el objetivo del llamado parto humanizado.
Además, para quienes estudian a los bebés, a pesar de ser muchas veces indicada, necesaria
y urgente para la supervivencia del bebé y de la madre, una cesárea puede representar
emocionalmente una verdadera violencia para el bebé. Sin embargo, a pesar de la evolución
de la medicina y de todas las posibilidades para preparar a las madres para el parto, a través de
técnicas de yoga, fisioterapia pélvica, pilates, grupos para embarazadas, sugeridas en
blogs, sitios de internet y revistas especializadas, Myriam Szejer (2016, p. 137) afirma que “el
nacimiento sigue siendo un momento crítico en el que siempre puede producirse una
emergencia”.
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Entonces, ¿cómo podemos ayudar a las madres y a los bebés en estas circunstancias? Szejer responde:
[...] la emergencia no impide las palabras [...]. Las palabras dichas al niño,
incluso a uno muy pequeño, quedarán almacenadas en su inconsciente y le
permitirán construir su historia, sin romper con la vida que memorizaron antes
de nacer (2016, p. 144).
REFERENCIAS
CAMACHO, RS; CANTINELLI, FS; RENNÓ JR, J. Otros trastornos psiquiátricos durante
el embarazo y el puerperio. En: VASCONCELOS, AAJ; TENG, CT (org.) Psiquiatría perinatal:
diagnóstico y tratamiento. São Paulo: Editora Atheneu, 2010.
DONELI, TS; CARÓN, N.; LOPES, RCS La experiencia materna del parto: enfrentamiento al
desamparo. Revista de Psicoanálisis SPPA, Porto Alegre, v. 19, núm. 2, pág. 295314, agosto.
2012.
FREUD, S. (1926). Inhibición, síntoma y angustia. Traducido por J. Salomão. En: FREUD,
S. Obras Completas, Río de Janeiro: Imago Editora, 1976.
MALDONADO, MT Psicología del Embarazo. 17. ed. São Paulo: Editora Saraiva,
2005.
ROSFELTER, P. El nacimiento de una madre: bebe blues. Buenos Aires: Editora Nueva
Visión, 1992.
SOIFER, R. Psicología del embarazo, parto y puerperio. Traducido por Ilka Valle de
Carvalho. Porto Alegre: Editora Artes Médicas, 1984.
SZEJER, M. Si los bebés pudieran hablar. São Paulo: Instituto Langage, 2016.
CAPÍTULO 8
Emocionalmente, para llegar al lugar y tiempo donde ya existe una rutina, se establecen
códigos y ritmos entre madre y bebé, entre madre y padre, entre padre y bebé y entre la tríada
familiar. Las mujeres, especialmente, tienen que pasar por algo que compararé con un puente.
Este puente, que será más largo o más corto, más ancho o más estrecho, más firme o más
oscilante como si de una suspensión se tratase, es el posparto inmediato.
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Al igual que el embarazo y el parto, este período no es uniforme ni estándar para todos.
Por el contrario, es en la experiencia concreta de la maternidad donde emergerán
particularidades, estilos maternales, facilidades y dificultades, teniendo siempre como
referencia básica la historia de la madre como hija y como mujer.
El puerperio inmediato (el puente imaginario) ocurre dentro de los dos primeros meses
después del nacimiento del bebé. Las mujeres tienen que atravesarlo, enfrentando ajustes
biológicos, como el cambio hormonal, la recuperación del parto, con algunas molestias
físicas, el dolor causado por una episiotomía si la practicaron o por una cesárea, sangrados,
las vicisitudes del inicio de la lactancia, concomitantes. a la emoción por el nacimiento
del niño.
Narcisistamente, el posparto puede ser un momento difícil, ya que la mujer que durante
el embarazo vivió sus derechos privilegiados en autobuses, colas y otras situaciones, que
era exaltada por la belleza y exuberancia de su vientre, pasa a quedar en un segundo plano,
porque ahora las miradas y el interés de las personas que les rodean se dirigen al bebé
que se convierte en el protagonista del momento. Otra “tarea” de la puérpera es lidiar con
el entorno que la rodea, como visitas, intromisiones, opiniones no solicitadas y, al
mismo tiempo, con un sentimiento de “soledad acompañada”, al no sentir espacio para
hablar. ella misma, a pesar de necesitarlo mucho.
Durante este período, las mujeres suelen volver al obstetra y visitar al pediatra varias
veces. Cuando pueden, llaman a asesoras en lactancia materna, o buscan opiniones
de amigas que ya son madres, así como de grupos en internet, tratando de encontrar a
alguien que las entienda y escuche sus dudas.
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Laura Gutman (2007, p. 63) describe el posparto como “un viaje de ida, el inicio
de un estilo de comunicación con el propio ego”. La inestabilidad y la
fluctuación emocional de las mujeres son parte de este período, ya que representan
una situación desconocida –especialmente para las madres de primeros hijos–,
que implica ajustes y provoca cambios intra e interpersonales.
sentimiento emocional doloroso, en el que el útero vacío le hace sentir que ha perdido una
parte de sí misma y le hace recordar, según Soifer (1984), una de las ansiedades más
arcaicas, que es la separación de su propia madre.
La conexión y el amor de la madre por su hijo pueden no ser inmediatos, pero se desarrollan
naturalmente a medida que la pareja se conoce y está dispuesta a decodificar formas de
comunicación no verbal. La madre, “dedicada” a su hijo, como decía Winnicott (1978), se
siente cansada por las noches de insomnio, pero al mismo tiempo, muy gratificada de ver
a su bebé mirarla insistentemente, crecer, empezar a sonreír, calmarse cuando está.
en tu regazo. A veces se siente agotada, pero se siente muy bien al sentirse importante y
necesaria.
El sentimiento de gratitud hacia el niño, que ofrece a la madre el placer de poder amarlo,
puede llevar a una actitud en la que la máxima preocupación de la madre se dirija hacia
el bienestar del bebé, asociado a su propia gratificación y a su propio bienestar.
ser. Klein y Rivière (1975, p. 110) destacan que
Por otra parte, ya no se puede considerar que la relación a establecer con el bebé esté
eminentemente determinada por la madre. Estudios relevantes sobre bebés,
como los de Lasnik (2013) y Parlatto (2020), del Instituto Langage, además de
Jerusalinski (2002; 2014) y otros en Brasil, han demostrado que las características que
acompañan al bebé, como como características corporales – genéticas,
neuromotoras, sensoriales, experiencias
–, intrauterinas y otras – también pueden definir
y dirigir la relación madre/padrehijo.
Hay situaciones muy concretas y obvias que se destacarán en el Capítulo 12, como
casos de prematuridad, deficiencias y malformaciones. Sin embargo, actualmente
también se han podido detectar otras situaciones, antes invisibles al inicio de la vida
del bebé, que aparecen más tarde con diagnósticos dramáticos, como la
psicosis infantil y el autismo.
Aquí estoy recordando lo que dicen varios autores sobre la diferencia entre el bebé real
y el bebé ideal, soñado por madres y padres. Y esa es una realidad. En casos
extremos, a veces el bebé puede haber sido muy idealizado por los padres –el
niño como resultado del narcisismo de los padres– hasta el punto de negar las dificultades de
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tratar con un recién nacido, por ejemplo; pero en otros, el bebé real trae consigo
sufrimientos y dificultades nunca imaginadas.
Son muchas las mujeres que afrontan las vicisitudes puerperales con
predominio de la empatía hacia su hijo; otras afrontan el posparto con mayor
ambivalencia y conflicto, pudiendo la madre o el bebé desarrollar síntomas
temporales, como depresión y ansiedad, y el bebé teniendo dificultades para
dormir y amamantar (Cramer; Palácio Espasa, 1993). De ahí la necesidad de
intervenir en la relación madrebebé para comprender estos síntomas y evitar
sufrimientos y patologías futuras. Algunos, sin embargo, con estructuras más
frágiles, pueden desarrollar trastornos mentales, como los que se describen a continuación.
Las causas de la tristeza posparto son complejas, implican el fin del estrés
del embarazo y el parto, nuevas condiciones hormonales, pero, principalmente,
una desorganización del ego materno, como se describió anteriormente. El blues
es parte de la preparación de la madre para la aprehensión y comprensión de las
necesidades del bebé, de la reorganización de la identidad materna, lo que, de
alguna manera, explica su universalidad (MORAES, 2010). Algunas mujeres se
asustan ante la intensidad de estas sensaciones en los primeros días y semanas,
imaginándose con depresión posparto.
“La DPP es limitante y puede durar meses sin mejoría espontánea y sin ayuda, se
convierte en un calvario doloroso en el primer año de vida del bebé” (BYDLOWSKI,
1997, p. 193). Su prevalencia ronda el 25% en investigaciones con mujeres en
posparto, pero existen sospechas de subregistro por dos razones principales.
Primero, porque las mujeres tienden a silenciar sus sentimientos y malestares,
por vergüenza y sentimiento de insuficiencia ante el “mito del amor maternal”
característico de la cultura occidental (BADINTER, 1985). En segundo lugar,
por la invisibilidad de la Fiscalía por desconocimiento o falta de condiciones técnicas.
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El DPP tiende a ser más intenso cuando hay una ruptura de las expectativas respecto del
bebé, de sí misma como madre y del tipo de vida que se establece con la
presencia del niño, lo que resulta en postración, desilusión, impresión de no ser capaz
de afrontarlo. situación. La mujer, en su identificación regresiva con el bebé, pasa a
solicitar cuidados y atención para sí misma, movilizando preocupación en los
familiares (MALDONADO, 2005).
Los principales síntomas del PPD pueden presentar: desánimo profundo, cese del interés
por el mundo exterior, pérdida de la capacidad de amar, inhibición de toda actividad,
baja autoestima, estado de ánimo deprimido, irritabilidad, llanto frecuente, falta
de energía, agitación o retraso psicomotor, disminución de la capacidad de
pensar y concentrarse, falta de apetito o su contrario, insomnio o somnolencia,
sentimientos de impotencia y desesperanza, sensación de no poder cuidar al bebé,
sentimientos de inutilidad y culpa, pensamientos recurrentes de muerte, como así como
diversas manifestaciones psicosomáticas, entre ellas, cefalea, hemorragias,
infecciones, fisuras mamarias, dificultades en la lactancia (SOIFER, 1984;
MALDONADO, 2005; RUSCHI et al., 2007).
relativos a la vida conyugal: actitud negativa del padre del niño hacia el embarazo,
ausencia de pareja, conflictos conyugales, violencia doméstica, desempleo de la pareja.
Los síntomas y la psicodinámica del PPD son similares a cualquier trastorno del
estado de ánimo, diferenciándose de ellos porque es desencadenado por la
corporalidad del bebé, que saca a relucir la psique previamente reprimida de la madre.
Delassus (2002) caracteriza y define la DPP como una “enfermedad de la maternidad”.
De ahí que, entre otros rasgos, destaquen los sentimientos de culpa en relación al bebé
o las dudas sobre la capacidad para ser madre.
Lo que tenemos son madres deprimidas que presentan lo que Cramer y PalacioEspasa
(1993) denominaron “preocupación materna patológica”. Las dificultades recaen en el
ejercicio de las funciones maternas y en la construcción de un espacio psíquico y real para
el bebé. La patología se establece básicamente en las interacciones con el niño.
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Al ejercer el rol maternal, la mujer deprimida puede percibir que el niño agota a la madre,
quitándole cosas. Al mismo tiempo, existe un sentimiento de incompetencia a la hora de
proporcionar lo que el niño necesita, ya que no puede dar lo que él mismo no recibió cuando
era bebé. En este sentido, el PPD destaca una carencia original, un sentimiento de no
tener fuerzas para afrontar las exigencias de la maternidad, al no elaborarse el duelo por
los propios deseos de amor frustrados, debido a dificultades tempranas en la relación con
la propia madre.
Por otro lado, para Delassus (2003), no hay mayor dolor en el mundo que una
maternidad imposible o con graves problemas. Un niño muerto trae un gran dolor, pero un
niño que nace sin vida, al mismo tiempo que la madre se siente morir, es un dolor aún mayor.
En situaciones extremas de proyecciones masivas de desapego, abandono, invasión,
violencia sutil, como dejar que el niño enferme por negligencia, o violencia abierta –maltrato,
abuso, agresión– lo que se ve es la incapacidad total de las madres que generalmente
no lo eran. abrazado por sus propias necesidades y miedos proyectados sobre el bebé.
En estos casos, los niños tienen que lidiar solos con su angustia, reflejando en sus
personalidades el vacío de sus primeras interacciones, repitiendo
transgeneracionalmente la historia de abandono psíquico. Además, cuando una mujer
presenta PPD, puede mencionar el deseo de suicidarse o matar al bebé. Desafortunadamente,
la tasa de mortalidad materna más alta en el primer año de vida de un bebé se debe a la
depresión posparto, que culmina en suicidio.
Una condición patológica similar es lo que André Green (2012) llamó “la madre muerta”, en
la que la madre “no existe”, o existe como nomuerta, lo que resulta en una profunda
identificación del niño con este “no ser”, que es una madre
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Además, “las mujeres que tienen malos resultados en la maternidad son rechazadas [...] No es
bueno ser madre cuando es difícil ser madre [...] es una vergüenza y un ultraje al orden
establecido [. ..]” ( DELASSUS, 2003, p. 244). Sin embargo, a pesar del sufrimiento,
muchas mujeres no quieren saber y no quieren hacer públicas sus dificultades, ya que
esto va en contra de la idealización visceral asociada a la maternidad.
En conclusión, el DPP, como manifestación sintomática del conflicto de las mujeres respecto de
la maternidad, tiene su origen intrapsíquico y puede verse agravado por
circunstancias externas; pero, sin duda, perturba, complica y en ocasiones imposibilita la
relación con el bebé. Al bebé, a su vez, le quedan dos alternativas: esforzarse en
hacerse ver por esta madre y conseguir sacarla de la depresión, o renunciar a sí mismo para
cuidarla, desarrollando lo que se llama un “falso yo”, teniendo en cuenta los deseos de la
Madre de mantenerla viva y dejarla para nunca más ser.
Otro trastorno psicológico importante del puerperio es la Psicosis Puerperal, que se presenta
entre el 0,1 y el 0,4% de los nacimientos, más común en primíparas (RENNÓ JR;
RIBEIRO; RIBEIRO, 2010). La psicosis aguda ocurre en madres jóvenes primíparas, con un
alto grado de recurrencia en embarazos posteriores. El cuarenta por ciento de las mujeres
hospitalizadas prenatalmente por trastorno bipolar o psicosis son hospitalizadas
nuevamente después del parto.
En la forma paranoide, los delirios pueden estar relacionados con el robo del bebé o con
que el bebé es un representante del diablo, por ejemplo, y por lo tanto deben ser eliminados,
asociados con órdenes de matar al bebé. En la forma esquizofrénica, hay dificultad
para percibir al bebé como separado de uno mismo, permaneciendo en un vínculo simbiótico,
negando en ocasiones que el niño haya nacido (MARQUES, 2003).
La psicosis puerperal siempre debe ser tratada como una emergencia psiquiátrica y recibir
tratamiento inmediato, necesariamente mediante el uso de psicofármacos.
Actualmente, la psiquiatría perinatal ya cuenta con medicamentos que no requieren abandonar
la lactancia materna. Otra medida de protección que en ocasiones es necesaria es la
hospitalización psiquiátrica, aunque requiera la separación madrebebé. Se debe establecer
una sólida alianza terapéutica entre el médico, el paciente y sus familiares, para que el
tratamiento pueda iniciarse lo más rápido posible. Cuando existe la posibilidad de encuentros
supervisados entre la madre hospitalizada y su hijo, el fortalecimiento del vínculo emocional
entre madre e hijo aumenta y la
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La relación con el bebé, tan confusa y confusa, comienza a aclararse, sobre todo cuando
las madres identifican que sus sentimientos y rasgos, o los de objetos importantes (madre, padre,
abuelos), están siendo proyectados en el niño, como se verá más adelante. discutido en el
Capítulo 14.
REFERENCIAS
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1985.
BYDLOWSKI, M. Je rêve un infant. (Sueño con un niño). París: Éditions Odile Jacob, 2000.
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aproximación psicoanalítica a los problemas que dificultan la relación madrebebé.
Publicación Ceapia, Porto Alegre, v. VII, núm. 7, pág. 1234, 1994.
FELICIANO, DS; SOUZA, ASL Más allá del pecho materno: una propuesta de intervención
psicoanalítica padrebebé basada en las dificultades de la lactancia materna.
Revista de Psicoanálisis, São Paulo, v. 44, núm. 81, 2011.
JERUSALINSKI, J. La creación del niño: juego, disfrute y habla entre madre y bebé.
Salvador: Ágalma, 2014.
KLEIN, M.; RIVIÈRE, J. Amor, odio y reparación. Río de Janeiro: Editora Imago;
São Paulo: Ed. de la Universidad de São Paulo, 1975.
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LIMA, JL ¿Con qué ojos ves un embarazo? En: DEGANI, R. et al. La analista
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MALDONADO, MT Psicología del Embarazo. 17. ed. São Paulo: Editora Saraiva,
2005.
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AAJ; TENG, CT Psiquiatría Perinatal: diagnóstico y tratamiento. São Paulo: Editora
Atheneu, 2010.
SOIFER, R. Psicología del embarazo, parto y puerperio. Traducido por Ilka Valle de Carvalho.
Porto Alegre: Editora Artes Médicas, 1984.
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CAPÍTULO 9
En la época contemporánea, las madres viven una dicotomía: al mismo tiempo que se
preparan, desde el embarazo, para amamantar y son conducidas socialmente a
hacerlo debido a fuertes campañas a favor de la lactancia materna, junto con
su función modificada con la necesaria y exitosa inserción. En el mercado laboral
suelen surgir dudas e incertidumbres sobre poder afrontar ambas situaciones
simultáneamente.
Lo que se puede comprobar, en la realidad de las madres actuales, es que algunas pasan por
todos los procedimientos existentes en busca de la ansiada y ansiada lactancia
materna. Algunas tienen éxito solas o con la ayuda de otras mujeres, enfermeras, doulas y/
o asesores en lactancia con experiencia. Otros desisten y se entregan a las fórmulas y
mantienen la calma; Otras sienten mucha culpa por no amamantar.
Según Feliciano y Souza (2011), los profesionales de la salud mental reconocen la riqueza
que el encuentro proporcionado por la lactancia materna puede ofrecer para el desarrollo
psicológico del niño, además de facilitar un vínculo de intimidad y satisfacción mutua. Por
otro lado, los episodios de desacuerdo y sufrimiento que establecen algunas dinámicas
pueden complicar mucho la relación madrebebé, creando un clima de tensión familiar con
gran sufrimiento para todos.
Si la posibilidad biológica materna y el correcto “enganche” del bebé no son suficientes para
facilitar el proceso, a menudo ansiogénico, de la lactancia materna, se vuelve a evidenciar la
probabilidad de la existencia de significados emocionales particulares y de un
funcionamiento psíquico absolutamente individual para cada mujer. . La calma, la confianza
y la tranquilidad favorecen una buena lactancia materna. Por el contrario, el miedo,
la depresión, la ansiedad tienden a provocar dificultades y “sacrificios”.
Por tanto, los trastornos de la lactancia materna y el destete precoz pueden entenderse
como síntomas resultantes de un conjunto de factores intrínsecos a la madre, su bebé, el
padre y su entorno. En este sentido, según Feliciano y Souza
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subjetivo a través del vínculo que se establece, aliviando el posible trauma de la separación
al nacer, como se explica en el Capítulo 2.
Para la madre, dar a luz a su hijo mediante la lactancia materna puede aliviar la ansiedad
por separación del niño que lleva en el vientre; la madre comienza a vincularse con su bebé
real y se siente gratificada por el desarrollo saludable del niño, lo que puede hacerla sentir
narcisistamente competente y gratificada. Para las mujeres, además de los beneficios
orgánicos, como la vuelta del útero a su tamaño normal resultado de la estimulación
hormonal que implica la lactancia materna y los beneficios económicos de tener siempre
disponible la comida del bebé, la lactancia materna se está convirtiendo casi en un
sinónimo. de la maternidad, dedicación materna en un momento fundamental para la
supervivencia del bebé
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dependiente. Además, a través de su hijo, puede recuperar su satisfacción oral frustrada, o no,
de cuando ella misma era un bebé (MALDONADO, 2005).
Las investigaciones actuales y los tratamientos psicoanalíticos de las mujeres revelan que
esta dificultad y los verdaderos desacuerdos se producen por condiciones psicológicas de las
mujeres, como he podido comprobar en mi práctica psicoterapéutica, o por características
especiales de los bebés, como síndromes, deficiencias o dificultades neuromotoras.
si la mujer era un bebé muy voraz, puede temer represalias (por parte de su superyó) y ser
“devorada” y consumida por su bebé, sobre el cual proyecta su propia oralidad agresiva
(LANGER, 1981);
los temores sobre la leche débil o demasiado fuerte, que se cree que causan cólicos y
reflujo, pueden reflejar sentimientos de insuficiencia en relación con la maternidad;
otros derivados de la historia relacional de la mujer que amamanta con su propia madre,
pueden surgir síntomas psicosomáticos, como ingurgitación de los senos que dificultan el
agarre del bebé, mastitis y fisuras que hacen que la lactancia sea con mucho dolor como
"castigo" por sus fantasías o falta de deseo consciente de la lactancia materna, o como
justificación para “tener” que evitar la lactancia materna, o incluso para repetir lo que la propia
madre pasó con ella.
Videla (1993) señala que lo relevante es el deseo de la mujer. Winnicott (2002, p. 23) afirma
que “en los casos en que la madre tenga dificultades para amamantar, será un error intentar
forzar una situación que debe, en cierta medida, fracasar, e incluso podría convertirse en un
desastre”.
Estos factores emocionales muchas veces son desconocidos e ignorados por los
profesionales de la salud que, en su afán de obedecer los protocolos institucionales,
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Incluso pueden perjudicar el progreso y el calendario del proceso, que de otro modo sería
natural. Há situações, como eu mesma já testemunhei, em que as profissionais
encarregadas de “ensinar” as mães a amamentar demonstram raiva explícita, criando
teorias e julgando a mãe como “dengosa”, “preguiçosa”, ou que não gosta ou não
deve ter planejado el bebé.
Ya escuché a una mujer posparto decir durante una psicoterapia que había salvado a
su hijo al no amamantarlo, porque se sentía tan mal que temía envenenarlo con su
leche. Estos y otros ejemplos pueden aclarar las diferencias subjetivas en los trastornos de
la lactancia materna.
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Además de los motivos conscientes e inconscientes, las actitudes del entorno que rodea
a la mujer también tienen relevancia en la facilidad, o dificultad, de la lactancia materna.
Las expectativas familiares y las “opiniones” no solicitadas de otras mujeres, incluidas la madre
y la suegra, a menudo obstaculizan la espontaneidad del proceso de lactancia.
Winnicott y otros autores abordan la necesidad de que la mujer se sienta apoyada por su
marido o pareja, no sólo como padre del niño, sino como pareja.
Esto puede estimular tu confianza en la no tan simple “misión paterna”, brindándote
privacidad y descanso, entendiendo la importancia de estos primeros meses de
simbiosis entre madre e hijo, aunque a veces puedas sentirte excluido, respetando el
tiempo de la madre. dúo de bebés, observando sus reacciones, compartiendo cuidados
con el bebé.
Algunas parejas incluso se separaron por distintos motivos, como celos exagerados por
parte del marido, no dejar espacio para el bebé y la lactancia materna o, por el
contrario, por constantes acusaciones y descalificaciones por parte de la mujer ante su
indisponibilidad para amamantar. En uno de estos casos, el relato del padre explicaba la
proyección sobre la esposa de su madre que lo había abandonado; no lo amamantó
–lo que provocó que muriera de hambre– y, a los seis meses, lo donó a su abuela. Aunque
su hijo estaba sobrealimentado, con reflujo por el exceso de ingesta de leche, el padre no pudo
darse cuenta de ello, limitándose a acusar a su esposa de ser una mala y negligente madre.
Así, tanto mujeres como hombres están sujetos a una regresión psíquica cuando tienen hijos,
reviviendo sus historias a través de sus hijos.
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Además, en algunas situaciones, los conflictos con los abuelos se hacen notorios.
Algunas mujeres compiten con sus hijas o nueras, envidian sus posibilidades
creativas, cuando, casualmente, se encuentran en decadencia reproductiva debido a
la transformación hormonal de la menopausia y muchas otras situaciones que las distancian.
La competencia aparece a través de la crítica y la descalificación de las nuevas madres.
También ocurre lo contrario, cuando las nuevas madres proyectan a sus malas madres en sus
suegras, cuñadas u otras figuras femeninas.
Una vez vi a una amorosa madre adoptiva sugerirle a su hija, que acababa de tener un bebé,
que se la diera a una amiga para que la amamantara, ya que ella no podía hacerlo. Era el
primer día de vida del bebé. La hija tomó posición diciendo que era natural y que esperaría,
ya que quería amamantar. No pude evitar notar la preocupación de la abuela por su
nieto que aún no se había alimentado ese día, pero pensé en la posibilidad de que esta
abuela estuviera inconscientemente celosa, porque su hija podía hacer algo que
ella no podía. Afortunadamente, con los recursos actuales, incluso las madres adoptivas
pueden satisfacer su inmenso deseo de amamantar, lo que confirma la influencia y el peso
del deseo materno sobre la lactancia materna.
A menos que la mujer se sienta absoluta y racionalmente justificada, cualquiera que sea
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Cualquiera que sea el motivo del destete prematuro, casi siempre implica un
sentimiento de culpa. Y, cuando la lactancia materna se establece como parte integral de la
placentera relación madrebebé, la madre y el niño pueden sentir el destete como una pérdida.
Algunas mujeres necesitan ayuda para poder vivir esta separación “obligatoria”.
Esta separación se puede vivir de una manera más gradual y menos traumática, cuando
madre y bebé se preparan para ella (MALDONADO, 2005). Esta separación es muy importante
para el desarrollo del bebé, significando una castración simbólica renunciando a la
posesión del cuerpo de la madre y para la madre, renunciando a su hijo como falo. Es una
limitación de separación y organización para la independencia y la individuación, un fin necesario
del período simbiótico (FERRARI; CHERER; PICCININI, 2017).
Las madres deprimidas pueden amamantar, pero este proceso tiene algunas características
específicas, como: pasar menos tiempo mirando, tocando y hablando con sus bebés,
presentando más expresiones negativas que positivas, siendo menos espontáneo, menos
receptivo. O por el contrario, presentar conductas intrusivas, sin reconocer los ritmos y
necesidades del bebé (FRIZZO; PICCININI, 2007). Las madres deprimidas tienden a amamantar
con menos frecuencia, interrumpen la lactancia antes y se sienten menos seguras de su
capacidad para amamantar (VITOLO et al., 2007).
En relación con el bebé, las investigaciones muestran que la lactancia materna puede
proteger al bebé del impacto negativo de la DPP, favoreciendo la relación afectiva
(DOSSIER de L'ALLAITEMENT, n. 74). Otra posibilidad es el bebe.
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intentando asumir el papel de animar a la madre, intentando devolverla a la vida (STERN, 1991).
Si no puede, recurre a otros objetos, como su padre. Si no encuentras otro objeto, puedes empezar a
experimentar síntomas depresivos, anorexia, vómitos y otros síntomas, como alteraciones del
sueño o enfermedades recurrentes.
Múltiples, diversos, subjetivos e inagotables son los significados psicológicos de la lactancia materna
en el DPP, como lo demuestran los tratamientos psicoterapéuticos de las mujeres afectadas
por este trastorno:
2 lactancia materna ofrecida como elemento compensador de fuerte ambivalencia u odio explícito
hacia el bebé;
5 lactancia materna sentida como sumisión a un bebé exigente y voraz (proyección de las exigencias
de su superyó o madre rígida);
7 negativa a amamantar por enfado del niño, miedo a ser tragado, utilizado, abusado por
proyección de la propia voracidad;
10 Transgeneracionalidad: “En nuestra familia nadie puede amamantar” o “Si no puedes
amamantar, pide ayuda a tu prima”. Las abuelas boicotean la lactancia materna,
ofrecen tés, descalifican la leche: “este niño todavía tiene hambre, ¿tiene suficiente leche?”
Incluso cuando la madre está disponible y bien equipada para ofrecerle el pecho al bebé,
algunos niños tienen características que dificultan la lactancia. Es el caso de
los niños con rasgos autistas, que se niegan a mamar, que se muestran lentos, débiles o
inertes a consecuencia de trastornos fisiológicos o neurológicos.
Como vengo enfatizando, existen varias maneras para que los bebés se
sientan amados e importantes. Al igual que Winnicott (2002), creo que la lactancia
materna es una oportunidad única en la vida de las madres y de los bebés, pero, si
no es posible, el cariño, el regazo, la mirada, la voz y la inclusión del bebé en los padres
' espacio psíquico ya garantizan el respeto a la subjetividad del bebé. Y, según las ideas
de Szejer (1997), no hay circunstancia entre madre e hijo que no pueda expresarse
con palabras para que el bebé las entienda.
REFERENCIAS
BYDLOWSKI, M. Je rêve um enfant. (Sueño con un niño). París: Éditions Odile Jacob, 2000.
FELICIANO, DS; SOUZA, ASL Más allá del pecho materno: una propuesta de intervención
psicoanalítica padrebebé basada en las dificultades de la lactancia materna.
Revista de Psicoanálisis, São Paulo, v. 44, núm. 81, 2011.
MALDONADO, MT Psicología del Embarazo. 17. ed. São Paulo: Editora Saraiva, 2005.
SZEJER, M. Nueve meses en la vida de una mujer: una aproximación psicoanalítica al embarazo
y al parto. São Paulo: Casa do Psicólogo, 1997.
VIDELA, M. El parto en el hospital. (Dar a luz y nacer en el hospital). Buenos Aires: Ediciones
Nueva Visión, 1993.
CAPÍTULO 10
Entre las vicisitudes del período perinatal, sin duda, las pérdidas de fetos y bebés son las
más insólitas y difíciles de afrontar, tanto para los padres como para los equipos que los
asisten, ya que van en contra del “orden natural” de la vida. ciclo, manifestando la implicación
paradójica entre la vida y la muerte en una misma situación.
El Ministerio de Salud (2010) define muerte fetal como la muerte del feto entre las 2022
semanas de gestación, antes de su expulsión o extracción, considerándose muerte temprana
entre las 20 y 28 semanas y tardía después de las 28 semanas completas de
gestación. . Antes de las 20 semanas, la muerte del feto se considera aborto.
Las pérdidas perinatales pueden ocurrir de varias maneras: 1) aborto inducido; 2) aborto
espontáneo; 3) muerte anunciada por malformación o deficiencias congénitas; 4)
procedimientos fallidos de Reproducción Asistida; 5) prematuridad extrema; 6) muerte
del feto por dificultades, como reducción de líquido amniótico, insuficiencia placentaria,
complicaciones uterinas, enfermedades maternas, entre otras; 7) muerte del bebé durante
el parto; 8) muerte del bebé a las pocas horas o días de nacer por diversas causas, definidas
o no.
Iaconelli (2007), las mujeres embarazadas pueden sentirse frágiles y ansiosas y, por
otro lado, plenas y poderosas. La pérdida de un bebé puede desencadenar un trauma,
que requiere un intenso trabajo psíquico.
Además, cuando un niño muere, en estado embrionario o fetal, toda la estructura familiar se
ve afectada (DEFEY et al., 1997), pudiendo haber separaciones, cambios de roles
y/u otras disfunciones familiares.
Se pierde la continuidad y la descendencia, un proyecto de vida, los ideales
parentales, la posibilidad de retribuir la vida recibida, pagar una “deuda de vida”
(BYDLOWSKI, 1997), además de comprobar la madurez sexual.
La muerte fetal se vive como si fuera un no niño, una nada. No hay recuerdos, el vínculo con
el niño quedó en estado embrionario, las personas de la familia tampoco desarrollaron
una relación con el niño, lo que puede dificultar que familiares, amigos y el equipo de salud
comprendan que, para el padres, este hijo era real (DEFEY et al., 1997).
Desde el inicio del embarazo, los padres comienzan a proyectar características en este
niño, iniciando un vínculo imaginario con él. Cuando el bebé muere, la madre,
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principalmente, hay un doble duelo: el vacío interno y externo. Un poco de ella muere, lo que
dificulta seguir sintiéndose viva como mujer y como madre. Surgen dudas sobre la identidad
y capacidad materna y un sentimiento de inutilidad social.
Ante la noticia, durante una ecografía o la percepción de la falta de movimiento del bebé, pueden
haber varias reacciones: resistencia a confirmar que hay que "sacar" al bebé, miedo a enfrentarse
al muerto y a sus características desconocidas, resistencia a separarse de él. Otras mujeres
querrán “deshacerse” de él, relacionándolo con objetos mortales que pueden causar destrucción
en su cuerpo.
Del mismo modo, las mujeres sometidas a Reproducción Asistida pasan por un duelo y un
sentimiento de fracaso, teniendo que empezar de nuevo todo el proceso para intentar cumplir
su sueño de ser padres.
Las pérdidas durante el proceso del parto generalmente se caracterizan por un trauma, ya que
siempre involucran factores impredecibles, como cambios fisiológicos importantes
(hipertensión, por ejemplo), manifestaciones de enfermedades no detectadas o no
controladas, como eclampsia y Hellp, situaciones inusuales con el bebé, como así
como intervenciones médicas inapropiadas por diversos motivos.
Además de la situación traumática en sí, los padres tienen que afrontar la pérdida de su bebé.
En mi investigación de maestría fui testigo de una situación muy notable, en la que el bebé
murió durante el parto, y la paciente incluso perdió el útero, desencadenando un
ambiente de desesperación, incredulidad y luto entre los familiares y todo el equipo.
Defey et al. (1997) informan sentimientos de impotencia, confusión e impotencia entre los
padres. El parto comienza a vivirse como algo sin sentido. El dolor físico es a menudo
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más intenso, amalgamado con dolor psíquico. Además, las mujeres pueden
experimentar su propio cuerpo como mortal, un lugar que genera muerte. Un
paciente dijo: "Estaba en mi vientre y mi vientre no podía mantenerlo con vida".
Tras confirmarse la muerte del bebé, el parto, a veces inducido, a veces espontáneo,
pierde sentido y suele ser muy doloroso emocionalmente, con
sentimientos de desesperación y terror. Algunas mujeres expresan temor a sufrir
daños en los órganos internos e incertidumbre sobre su capacidad para
reproducirse en el futuro. La pérdida perinatal es un fenómeno complejo, una
experiencia marcada por el dolor y la ausencia de una figura que llorar.
¡Yo era el bebé que debería haber muerto! [Refiriéndose a que ella siempre se
sintió rechazada].
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Siempre supe que ella era inviable, pero esperaba que naciera viva y se quedara conmigo por
un tiempo. ¡Así que ya había elegido mi ropa de Navidad y Nochevieja! [El bebé murió en
noviembre].
Sabía que mi hija no iba a vivir, pero decidí mantener el embarazo de todos modos,
porque mientras ella estuviera aquí, estaría viva. [Madre de un bebé anencefálico].
¡Es un dolor absurdo! No tener una razón, un motivo, demuestra que hicimos todo bien, pero
al mismo tiempo queda la pregunta: ¿Por qué?
¡Solo puedo pensar que fue Dios quien así lo quiso! ¡Que Dios lo necesitaba en el cielo!
¡Me lo quitaron!
El duelo puede ocurrir de forma esperada, también llamada “normal”, dependiendo de las
posibilidades egoicas de integrar la pérdida, siguiendo una trayectoria que va desde el impacto
dramático en el momento de la noticia, pasando por etapas de negación, shock
(aturdimiento sin la posibilidad de simbolización), negociación (promesas), renuncia y,
finalmente, aceptación en un plazo promedio de hasta 24 meses (WORDEN, 1991).
Defey et al. (1997) añaden, entre las fases mencionadas, una de ira y otra de depresión
antes de la aceptación. Estas fases no siguen un orden fijo y pueden repetirse durante el
proceso de duelo.
En el período perinatal, las mujeres en particular tienen que afrontar pérdidas que se esperan
incluso si el embarazo transcurre normalmente, como el vaciado del vientre debido a la
separación del cuerpo del bebé. Hasta el momento del nacimiento, el feto formaba parte del
cuerpo de la madre, y después de ello la mujer tiene que lidiar con un cuerpo que no se
parece al suyo, debido al útero fláccido y vacío, la sutura de la episiotomía o la cesárea.
Además, la mujer, que suele ser el centro de atención, queda en un segundo plano, ya que
la gente tiende a identificarse y preocuparse por el bebé. Generalmente se olvida al padre. La
diferencia, sin embargo, es que, cuando el bebé está presente en su materialidad viva, la
madre puede compensar estas pérdidas con los cuidados corporales y psicológicos que
constituyen el vínculo con el bebé (SOIFER, 1984). Sin embargo, cuando muere, no hay
posibilidad de compensación y gratificación, a través del vínculo con el bebé
real. Sólo hay vacío en la cuna, en la habitación del bebé, y la madre y el padre se sienten
vacíos.
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DUELO PATOLÓGICO
En cualquiera de las circunstancias de pérdida de bebé antes mencionadas, puede ocurrir que
algunas de las fases esperadas en el proceso de duelo se prolonguen y/o los síntomas
descritos se intensifiquen, y los padres (madre y/o padre) presenten ideas o conductas
autodestructivas. , dificultades para continuar la vida en términos de trabajo, estudios y relaciones
interpersonales. También pueden presentarse ansiedad exacerbada, depresión y
manifestaciones de estrés postraumático, caracterizando un duelo patológico de
difícil resolución.
momento del ciclo vital: edad de la mujer (con mayor riesgo en la adolescencia y
embarazo avanzado);
Después del nacimiento, los padres generalmente dudan sobre si ver o tocar a su hijo
muerto o no, temen una imagen aterradora.
Poder ver y tocar a su hijo permite a la madre situarse como alguien que ha perdido a un
hijo real y ver al niño muerto como un bebé inofensivo por el que siente dolor, pero
también amor. Ya no es un fantasma, es un hijo y percibirlo como tal será
fundamental (DEFEY et al., 1997, p. 53).
No ver al bebé lleva a los padres a la necesidad de saber cómo fue, lo que se combina
con la curiosidad natural por conocer las causas de la muerte, así como la búsqueda
de culpables.
También según Defey et al. (1997), la muerte fetal es una herida narcisista, ya que la
madre puede sentir la pérdida de su hijo como un fracaso que afecta su imagen como
mujer. Dependiendo de la historia psíquica de la mujer, este evento inesperado
e irreversible confirma discapacidades autoatribuidas y/o relatadas por los
familiares. Una paciente, por ejemplo, siempre escuchó que no podía lograr nada en la
vida precisamente por ser mujer. Única niña entre cinco hermanos, nunca se sintió
valorada como tal. Intentó quedar embarazada de forma natural durante
cuatro años. Cuando perdió a su bebé, después de 10 semanas de fertilización in vitro,
entró en depresión, pues sentía que no tener un hijo era una prueba de la profecía
familiar.
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Freud, en Luto y melancolía (1914), dice que el duelo requiere un trabajo psíquico, en el
que el paso del tiempo sería un consuelo, pero no una solución. La principal tarea
del duelo sería la retirada de la libido del objeto (bebé) al propio ego. La madre y
el padre recurriendo mutuamente para trabajar sobre la pérdida del embarazo, las
fantasías sobre el hijo perdido, el papel identitario de los padres, lo inesperado que
provoca la muerte en el lugar de la vida. El vínculo que ya existe con el niño no se puede
realizar.
El profesional ético, sin juicios morales, necesita mirar, observar, escuchar la historia y
el sufrimiento de los padres en duelo, pues no siempre es posible evaluar lo que el
bebé representa para una pareja o para uno de los padres. “En este ámbito, la palabra
requiere mucho cuidado” (MERCER, 2002, p. 209), ya que se trata de la salud mental de
la madre, así como de la pareja, y por tanto de la salud familiar y social. Antes
de anunciar “Muerte Fetal”, o decir “Vete a casa y desmantela el cuarto del bebé”, es
necesario permitir el contacto con la dolorosa realidad, para que ambos padres
expresen su dolor, su confusión e incredulidad.
Sólo después de haber sido acogidos en sus sentimientos profundos, los padres
podrán tomar decisiones y elecciones de acuerdo con sus límites y potencialidades.
Ver o no ver al bebé muerto, tomar fotografías para guardarlas como recuerdo,
enterrarlo o cremarlo, enviar el cuerpo a pruebas genéticas, etc.
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Si bien existe unanimidad en relación a despedirse del niño, darle un nombre, si aún no lo
tiene, hablar con el bebé, como factores que facilitan el proceso de duelo, es necesario
tener cuidado al preguntar a los padres. y apoyarles en sus decisiones, sin imponerles nada.
Los equipos no preparados cometen errores graves, que van desde no reconocer el duelo
perinatal hasta imponer rituales de despedida sin que uno o ambos padres se sientan preparados.
O incluso no mostrar al bebé muerto. Es necesario ayudarlos a apropiarse y tomar conciencia
de la situación.
Defensivamente, es posible que los equipos no dejen espacio para que estos padres y familiares
afligidos hablen.
Cuando la madre no ve al bebé suele arrepentirse y fantasear con cómo era él. Cuando no
participan en las decisiones y rituales funerarios, fantasean con lo que se hizo con el cuerpo
del bebé, desencadenando ansiedades persecutorias, fantasías inconscientes de
robo del bebé relacionadas con el Complejo de Edipo, entre otras. En este contexto, las
fantasías de culpa proyectadas pueden llevar a la pareja a la separación o a una mayor unión.
Otro momento difícil para los padres, y especialmente para las madres, es el regreso a
casa. El descubrimiento de una cuna vacía, la duda sobre si deshacerse o no de las
pertenencias del bebé, son situaciones dolorosas que forman parte del proceso de duelo y
necesitan tiempo para ser trabajadas. “Volver a casa sin mi hijo en brazos fue lo peor que me
pasó en la vida”, dijo un paciente. Este proceso, la necesidad de hablar y recordar a tu
hijo, puede durar meses e incluso años. Defey et al. (1997) afirman que, al no tener al niño en
brazos para brindarle cuidados, la mujer no se siente madre del niño,
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Una reflexión constante de los pacientes de psicoterapia es: “¿Por qué yo?”
Además, suelen realizar un estudio exhaustivo de las posibles causas,
responsabilidades y culpas, así como de los sentimientos de insuficiencia,
impotencia y tristeza.
Otra posible reacción ante un duelo mal preparado es que algunas mujeres acaben
quedando embarazadas nuevamente en los meses siguientes a la muerte prematura del bebé,
lo que convierte al nuevo embarazo en un “amortiguador” de la pérdida. Según una
investigación presentada en el I Ciclo de Jornadas de Psicología Perinatal en España (2016),
existe poca atención por parte de las comunidades médicas al duelo perinatal y el impacto
que suele provocar en el siguiente embarazo.
Actualmente, ha surgido el concepto de “bebé arcoíris” para alguien que nace tras la
muerte de un hermano. Este concepto trae mucha esperanza y nos recuerda
la posibilidad de un nuevo comienzo y de reparación, pero conlleva una cierta
idealización en relación con el niño que, si es excesiva, puede provocar
dificultades en el vínculo o una sobrecarga de confianza. expectativas para el bebé. En
mi opinión, ninguna “clasificación” es saludable.
REFERENCIAS
DEFEY, D. et al. Duelo por un niño que muere Antes de nacer. 3ª edición.
Montevideo: Prensa Latinoamericana, 1997.
SOIFER, R. Psicología del embarazo, parto y puerperio. Traducido por Ilka Valle
de Carvalho. Porto Alegre: Editora Artes Médicas, 1984.
CAPÍTULO 11
(KAUFFMANN, 1999)
¡Toda madre tiene derecho a estar enojada! Y no siempre es del bebé. La ira suele
ser una manifestación defensiva ante una situación nueva y desconocida, la falta de una
red de apoyo o la incomprensión por parte de las personas más cercanas, las
innumerables interferencias sobre cómo actuar con el bebé, la pareja que
“desaparece”. dejándola sola, del bebé que no se parece al niño idealizado.
Sin embargo, en mi práctica clínica, lo que más hace sufrir a una nueva madre es el
enfado contra sí misma, la descalificación y la exigencia de más competencia.
Sin embargo, en este capítulo me centraré en los sentimientos de la madre hacia el bebé.
A lo largo de casi todo el libro, mencioné la conocida ambivalencia –amor y odio
concomitantes hacia el niño– como sentimiento constitutivo de la maternidad.
Aunque el título de este capítulo pueda sorprender, o parecer inaceptable para algunas
personas, mucho se ha estudiado sobre este tema y sus repercusiones en la relación
madrebebé y la formación de la psique del niño.
Los principales teóricos del Psicoanálisis presentan el odio como algo natural en el ser
humano. Todavía existe controversia sobre si es innato, como propone Melanie Klein (1975),
o una reacción a grandes frustraciones y privaciones. Freud, en 1915, en su obra
sobre Metapsicología, señaló este sentimiento como esencial para estructurar la mente,
actuar para preservar la vida y combatir el disgusto.
Winnicott (1978, p. 350351), de hecho, cree que la madre odia a su bebé desde el principio,
aunque lo ama, y da una lista de razones por las que esto es así, de las cuales
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el bebé no pertenece a los juegos infantiles, ni al hijo de su padre, ni al hijo de su hermano, etc.;
al principio no tiene idea de lo que ella hace o se sacrifica por él y no admite su odio.
Los autores citados luego enfatizan la importancia de los factores ambientales y, principalmente,
la calidad del vínculo madrebebé, las expresiones faciales de la madre, su mirada, la forma en
que la madre amamanta, el tono de su voz, la forma en que sostiene al bebé. que funciona
como un “termómetro” para el bebé, haciéndolo sentir amado u odiado.
ODIO ESTRUCTURANTE
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En la mayoría de los casos, las madres logran cambiar su constitución psíquica, incluyendo
transformaciones en su identidad como madres, y, desde el nacimiento de su hijo, comienzan
a libidinizar su cuerpo, a reconocer las especificidades de ese vínculo social y finalmente,
después del período de necesaria simbiosis inicial, admitiendo y permitiendo la alteridad de
su bebé, asociando registros sexuales y maternos en relación con el niño (BENHAÏM, 2007).
Por estructuración entendemos todo aquello que ayuda a estructurar la personalidad del
individuo, como sujeto independiente y separado de sus objetos primeros y
fusionados. Es entonces cuando se produce la individuación del individuo, elaborando
la separación psíquica de la madre.
Este mismo autor retrata el simbólico “odio suficientemente bueno”, que trae la posibilidad
de que el niño se desvincule de la madre y la madre regrese al padre, impidiendo incluso
fantasías incestuosas en relación con el bebé.
(perversión materna). La entrada del padre, como ruptura de la relación simbiótica, es aquí
esencial.
“Suficientemente” implica que el odio es necesario para toda separación, pero se basa en el
hecho de que también hubo, y todavía hay, amor. Repito, se trata de una madre que no es ni
excesiva ni fallida. Winnicott (1978) también recuerda que el odio se presenta como
estructurante, cuando la madre es capaz de presentar límites, tiempos de espera,
pensamiento y creación diferentes y adecuados a cada etapa del desarrollo. Por tanto, el odio
es estructurante cuando permite la separación de madre e hijo, quienes pueden continuar su
desarrollo hacia la individuación.
BROMA
Como se ha visto hasta ahora, el bebé será fuente de sensaciones tanto placenteras
como desagradables para la madre. Y la mezcla de estos “ingredientes” es bastante
compleja, lo que hace necesario encontrar formas de abordar el amor y el odio de manera
discriminada y, preferiblemente, de manera integrada con uno mismo, elaborándolos e
incluyéndolos en la personalidad.
Según los estudios citados por Kauffmann, la “burla” se describe como un comportamiento
que se encuentra en una zona intermedia entre las bipolaridades dolorplacer, comportamiento
hostilamistoso, seriedadbroma, destructividadconstructividad, antagonismocooperación y
deseoaversión. . “Las burlas parecen estar en algún lugar entre el amor y el odio”
(KAUFFMANN, 1999, p. 291).
entre madre y bebé, que, como los chistes, a través del humor, permite al ego
liberar impulsos agresivos o sexuales prohibidos. Para algunos autores, bien
dosificadas, sin sobrepasar los límites del bebé, las burlas pueden ser
estructurantes y benignas, cuando favorecen movimientos e iniciativas y en el
“simulación” del juego, favorecen el aprendizaje de lo inesperado (KAUFFMANN,
1999).
Nunca antes la maternidad había sido tan contradictoria, ya que las mujeres de
hoy viven con exigencias opuestas, como la importancia de ser madre, rivalizando
con la importancia de ser profesional, mantenerse joven, felizmente casada
y un imperativo social de no perder nada y tener éxito en todo lo que haces. El
hijo ya no es la única forma de recuperar el falo, como sugería la teoría de Freud
(1905), siendo sustituido por posiciones y oportunidades de igualdad social con
los hombres. Quizás, como consecuencia y compensación, surjan idealizaciones
de la paternidad, especialmente del amor maternal, como forma de negar la
ambivalencia. Como resultado, los bebés, más que nunca, han sido elogiados y,
al mismo tiempo, maltratados.
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La materialización del bebé puede sacar a la luz mucho odio mal concebido y el
mecanismo llamado “identificación con el agresor”, ya que los padres que maltratan
y odian a sus hijos, por regla general, también han sufrido violencia de todo tipo.
Es como si, inconscientemente, sintiera que ahora le toca vengarse, ya que no es la
persona más vulnerable de la relación.
Las manifestaciones de este odio destructivo, que ataca al bebé, pueden ser, en
cierto modo, ocasionales, implícitas o explícitas, según la frecuencia e intensidad.
Esto incluye “olvidar” a los bebés en diferentes lugares, como guarderías, escuelas,
autos, casas de amigos, áreas de juego en tiendas y supermercados, entre otros;
diversas formas de negligencia, como la falta de atención a la salud, la higiene,
la nutrición, por hablar de lo básico, independientemente de la clase
social; “Subcontratar” los cuidados, delegar los bebés a otras personas desde una
edad muy temprana, como una madre de gemelos que volvió a trabajar una semana
después del nacimiento de sus hijos. En casos más graves y explícitos, abandono
físico o psíquico del niño, negativa consciente a satisfacer sus necesidades;
ataques físicos explícitos; “juegos” que ponen en riesgo la salud y la vida
del niño; "encarcelamiento",
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Los hospitales infantiles son testigos diarios de niños que llegan con huesos rotos, edemas
en todo el cuerpo, quemaduras y otras lesiones provocadas por los golpes recibidos
desde temprana edad. Situaciones que generalmente van acompañadas de negación de
responsabilidad por parte de los padres, pero que en ocasiones se convierten en “casos
policiales”, denunciados por vecinos o conocidos de la familia.
La dificultad en estos casos consiste en que la madre toma al bebé como objeto
parcial, como parte y posesión de ella; hay una “engullimiento” o “devoración”
(típica de la fase oral), o una “toma” (típica de la fase anal) de la madre sobre el
bebé. Se siente esclava de este niño, siempre a su disposición, al mismo tiempo.
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Para Klein y Rivière (1975), el origen de los sentimientos hostiles maternos reside
en la envidia primaria hacia el pecho materno. Si no fuiste amamantada, por
ejemplo, es posible que lo odies porque envidias la posibilidad de que tu bebé
tenga tu propio pecho. De una de mis pacientes pude notar claramente que
estaba celosa de la madre que tenía su hijo, lo cual admitió con una amplia sonrisa.
En este sentido, al proyectar su propia oralidad agresiva, la madre puede tener
miedo de ser atacada y devorada por su hijo.
Como ya se presentó en este libro, Lebovici (2004) y otros autores señalan factores
transgeneracionales que interfieren en la relación con el bebé. Esto ocurre
cuando la madre recuerda y proyecta parte de sus antiguas relaciones, con el niño
amenazado de identificarse con otros objetos hostiles del mundo interno y con partes
inconscientes de sí misma, su propia agresividad. La clínica analítica demuestra
que lo que lleva a la madre a rechazar a su hijo y a frustrarlo, a menudo
cruelmente, proviene tanto de su identificación inconsciente con la imagen que la
madre tiene de su propia mala madre como de sus propios impulsos
infantiles (sádicos y antropofágicos) vinculados a esta imagen. .
MATERNIDAD PERVERSA
En relación con las niñas, Welldon (2008) afirma que la motivación subyacente de
la perversión es hostil y sádica, ya que se habrían sentido muy vulnerables al no
poder sentirse “salvadas” por su madre. Mientras que los hombres utilizan su pene
para sus actividades perversas, las mujeres utilizan todo su cuerpo, ya que sus
órganos reproductores sexuales están más distribuidos.
La inconsciencia implícita de la perversión femenina sería una venganza contra la propia madre
punitiva y abusiva.
También según Welldon (2008), en el caso de la maternidad perversa, el nacimiento del bebé
se convierte en un desafío, derivando en la necesidad de apegarse a su cuerpo y poseerlo.
Las madres perversas utilizan a sus hijos como objetos parciales para manipular, destruir,
abusar, despojar al bebé de toda vida propia. A través de actitudes de seducción,
complicidad o incluso manipulación sexual, crean con el niño un circuito cerrado de intensos
intercambios, en el que el padre queda excluido.
Sin embargo, la madre perversa contempla a su hijo según su propia vida sexual, tratándolo
como un objeto sexual, un amor no sublimado que puede conducir a la enfermedad mental del
niño, ya que acelera la madurez sexual. El ataque libidinoso de la madre perversa, es
decir, la manipulación del bebé por parte de la madre con objetivos eróticos, se experimenta
como una invasión, en la que el niño se siente vulnerable e impotente. Este ataque se vuelve
perturbador y confuso para la psique del niño debido a la insuficiencia de la capacidad egoica
para afrontar esta invasión.
envejecer con el pretexto de calmarlos cuando están agitados; (4) madres que
practican sexo oral a sus bebés; (5) madres y padres que incluyen a sus hijos en
orgías sexuales con otros adultos; (6) padres que mantienen relaciones sexuales en
presencia del niño de manera exhibicionista.
La maternidad perversa, por tanto, tiene un potencial traumático, trastorna el curso del
desarrollo infantil y la subjetivación del niño, siendo etiología de psicosis y perversiones.
En estos casos, la interdicción paterna se vuelve imprescindible, si no
por el propio padre, por una figura sustituta o por un psicoterapeuta.
NEONATICIDA
Para contextualizar este ítem es necesario distinguir entre los conceptos: filicidio,
infanticidio y neonaticidio. El filicidio, por definición, es el conjunto de prácticas
abiertas o encubiertas de violencia y abandono, desde las formas más sutiles hasta
las más extremas, como mutilaciones, mortificaciones, abandonos,
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Rascovsky (1975) fue uno de los investigadores que se dedicó al estudio de la violencia
parental contra sus hijos quienes se convierten en depositarios de la agresión
descontrolada del adulto debido a su proximidad, fragilidad, dependencia y los múltiples
significados conscientes e inconscientes que el niño adquiere en los padres. ' mente. Para él, el
filicidio es una característica de la especie humana, formando parte del proceso
psicosociocultural. Uno de los mayores ejemplos de filicidio, como inherente a la humanidad,
son las guerras eternas que, bajo distintos pretextos, terminan matando constantemente a
miles de jóvenes en todo el mundo.
El infanticidio se caracteriza por la muerte de un niño de hasta un año de edad por uno o
ambos padres, por motivos que sólo pueden entenderse por las patologías de la crianza
(GONÇALVES; MACEDO, 2011). Puede darse, por ejemplo, en casos de depresión o psicosis
puerperal y otras patologías, incluida la psicopatía. En casos de depresión posparto o
psicosis, algunas madres son acusadas legalmente de homicidio involuntario en lugar de
asesinato.
Aún más desconcertantes son los neonaticidas, ya que son, en su mayoría, realizados
por madres que no presentan ninguna condición psicopatológica evidente. El neonaticidio,
según Gonçalves y Macedo (2011), es la muerte de un recién nacido en las primeras 24
horas de vida. La idea de que unos padres maten a su propio hijo siempre resulta dolorosa.
Existen dos tipos de neonaticidio: (1) pasivo, caracterizado por el descuido del bebé poco
después de su nacimiento, como abandono en las calles, basura y otros y (2)
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activo, caracterizado por la muerte del bebé por asfixia, ahogamiento y otros.
[...] el bebé está condenado a vivir una paradoja: al nacer, condición que
naturalmente hace presente la necesidad de ser tomado como objeto de deseo y
cuidado por otro, encuentra el silencio y el vacío irreparable de la muerte. En una
situación extraña y paradójica, el bebé nace y muere (GONÇALVES; MACEDO, 2011,
p. 72).
Así, una vez más, se hace evidente la necesidad imperiosa de atención a las madres
desde el embarazo negado –a veces incluso por los médicos, que observan sólo
evidencias físicas–, al estado emocional de la parturienta sorprendida y
conmocionada y en las primeras relaciones de las madres. con sus bebés, ya que
todos estos temas son hechos relevantes en materia de salud psicológica materna y materna.
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REFERENCIAS
BADINTER, E. Un amor conquistado: el mito del amor maternal. Río de Janeiro: Nueva Frontera,
1985.
KLEIN, M.; RIVIÈRE, J. Amor, odio y reparación. Río de Janeiro: Editora Imago;
São Paulo: Ed. de la Universidad de São Paulo, 1975.
CAPITULO 12
Y MALFORMACIONES
características de personalidad de los padres, sus reacciones emocionales, así como las condiciones
de hospitalización y la preparación del equipo que los recibe.
ansiedades relacionadas con el propio cuerpo, el paso de niña a madre y el vínculo simbiótico
con la propia madre en la psicogénesis de estas situaciones.
En los pacientes a los que seguí en psicoterapia se evidenciaron las más diversas tensiones y
perturbaciones emocionales. Los orígenes de estas tensiones, como ya he comentado en
capítulos anteriores, son subjetivos, el recorrido consciente e inconsciente del
embarazo, las cuestiones familiares y sociales, así como el contexto médico y sus “profecías”.
Si una madre perdió un hijo antes del embarazo actual, es muy probable que, debido a la ansiedad,
quiera ver si éste nacerá y seguirá con vida, no pudiendo en ocasiones esperar hasta la
cuadragésima semana. En una situación que seguí, el médico ecografista había diagnosticado
embarazo tubárico, en un primer examen, y luego retraso mental del bebé en las primeras
semanas. Aunque visitó a otro médico y se sometió a otras pruebas, la ansiedad persecutoria
persistió y la mujer embarazada tuvo su hijo en la semana veintiocho, como para comprobar si
la profecía del primer médico se cumpliría o no; ansiedad que persistió durante mucho tiempo hasta
que la madre confirmó que el desarrollo de su hijo era normal.
Además, las investigaciones sobre la psique del bebé en la vida intrauterina han presentado
a la Psicología Perinatal las reacciones orgánicas y motoras del bebé, que funcionan como pactos
como la negación del embarazo por parte de la madre, cuando el bebé se coloca verticalmente
a lo largo de la columna vertebral para no, o formas de comunicarse con la madre; por aparecer
en el vientre de la madre
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Algunas madres y padres se distancian por miedo a apegarse y que el bebé muera, lo
que, contradictoriamente, acaba dificultando su desarrollo. Experimentan la muerte
de otros bebés, y en ocasiones el sufrimiento de los padres es tal que la muerte parece
ser una opción deseada, ya que es un medio para poner fin al sufrimiento
tanto de los padres como de los bebés prematuros (SHERMAN; BRUM, 2012). . ¿Y si
sobrevive con muchas limitaciones?
Después de la crisis del parto, sin embargo, persiste la simbiosis psíquica de la pareja
madrebebé que, a pesar de los miedos y las defensas, facilita el desarrollo del bebé.
La madre se adapta progresivamente a las necesidades del bebé. En su larga experiencia
de seguimiento de padres de bebés prematuros, Brazelton (1998) observó cinco
etapas en la construcción del apego con el bebé, incluso mientras todavía procesa su
duelo por el niño “perfecto”:
los padres se animan cuando ven que los profesionales de la UCI se acercan al bebé y
este reacciona de alguna manera;
los movimientos de respuesta del bebé, observados por los padres, lo transforman en una
persona; pero todavía no se animan a manejarlo;
los padres se atreven a levantar, sostener, mecer y alimentar a su hijo, dejando de verlo
como “un objeto aterrador y frágil y a ellos mismos como peligrosos [...]”
(BRAZELTON, 1998, pág. 81).
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En este sentido, es muy relevante el papel del equipo, cuando es capaz de reconocer a
estos padres, empatizar con ellos, validar lo que sienten y lo que necesitan, darles
información veraz sobre el bebé, hablar con ellos.
Existen diferencias en la interacción entre padres e hijos entre bebés prematuros y nacidos a
término. Sherman y Brum (2012) señalan que el proceso de mutualidad comunicativa entre
padres y bebés se ve afectado por el comportamiento particular del bebé prematuro, su estado
de salud, los ajustes psicológicos de los padres y el entorno de la UCI. Destacan la
importancia de la unidad de la pareja: cuando hay pareja, apoyo del–, equipo interdisciplinario
y de la familia, una red de apoyo a la maternidad y la carga, especialmente a la madre,
desarrollando estrategias para ayudar a afrontar el verdadero bebé.
(2008, p. 123) afirma que, en relación con los sentimientos, incluidos los más mortíferos
y ambivalentes:
[...] el psicoanalista es quien se ocupa de lo que es capaz de dar sentido a la vida del bebé
en la UCI, mientras que los médicos y enfermeras se encargan de la tarea fundamental de
apoyo orgánico al recién nacido [...] Cuando tiene lugar a la palabra, lo que acaba surgiendo
es insoportable y que, al mismo tiempo, permea todos los vínculos que se establecen.
EL BEBÉ PREMATURO
El bebé, a su vez, también sufre una separación abrupta de la madre, sin oportunidad
de establecer impronta –los primeros intercambios de miradas entre madre y bebé–, sin tiempo
para estar con ella, siendo colocado en una incubadora con estímulos distintos a los tenía en
el útero. Por ello, Brazelton (1998, p. 84) señala que los bebés prematuros pueden agotarse,
ya que sus umbrales de asimilación de estímulos se superan fácilmente: “se asustan o
parpadean ante cada sonido, se retiran ante cada contacto. Necesitan dormir para mantener
alejadas las luces fuertes [...] apoyan un estímulo a la vez y sólo en una esfera: el oído, la visión
o el tacto”.
Esta ruptura temprana del vínculo madrefeto y del desarrollo intrauterino, que constituyen
la prematuridad, puede resultar en un impacto en el desarrollo del niño y en sus capacidades
cognitivas y sociales; Trastornos psicofuncionales en el primer año de vida: trastornos digestivos,
respiratorios, del sueño y del comportamiento más lentos en relación con la adquisición
de percepciones visuales y auditivas, habilidades motoras, posturales, motricidad fina y
cognición que requieren condiciones ambientales adaptadas para minimizarlas o eliminado.
Para Krodi (2008), la ansiedad en los niños puede surgir como producto de
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[...] cada uno se enfrenta a las dificultades de la vida, a la falta absoluta de garantías
y a la certeza de su propia finitud: la muerte. Es la amenaza sin nombre que rodea a
todos en la unidad y que mantiene un ambiente de expectación ansiosa, de preparación
para lo peor [...] el inicio de una situación traumática [...]. Peligro que puede ser de
muerte, de vida, de dolor, de confirmación de un diagnóstico, de secuelas, de
daños y marcas en el cuerpo y de la psiquis, de peligro de no saber.
Según Sherman y Brum (2012), existen algunos procedimientos que ayudan a los
padres y familiares a afrontar el duelo y a concienciar sobre el encuentro con este
bebé impensado y desconocido:
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Aplicación del Método Madre Canguro – método creado en Colombia, como solución a la
sobrepoblación de bebés prematuros en salas de prematuros y al alto índice de muertes. Se
trata de un contacto piel con piel con el bebé, preferentemente con la madre, pero también se
puede realizar con el padre y, en su ausencia, o cuando el bebé esté más fuerte, con hermanos
y abuelos, por ejemplo. El bebé se coloca verticalmente entre los senos de la madre para
minimizar el shock y los problemas de aspiración. La temperatura corporal se mantiene
con el calor de la madre o del padre, además de permitir que el bebé fortalezca el vínculo
recuperando el olor de la madre y el sonido de su voz, lo que resulta muy reconfortante. La
madre comienza a experimentar afecto, a desarrollar su sentido maternal, aumentando su confianza
en sí misma al poder mirar a su hijo y tocarlo; y la producción de leche puede aumentar
significativamente;
presencia e implicación de los padres en el cuidado del recién nacido, lo que se traduce en
una mejora del sueño, una menor actividad psicomotora y una menor conducta estresante;
menos fallos respiratorios, más aumento de peso y progreso en algunas áreas de la función
cerebral mediante estimulación táctilcinestésica y planificación de cuidados individualizados,
que pueden incluso reducir el tiempo de hospitalización;
el profesional de la salud, a partir del Método de observación Bick, puede prestar atención al
comportamiento corporal del bebé e intentar poner en palabras lo que ve, además de tomar el
lugar del contenedor de la angustia y
ansiedades primitivas, ayudando a la comunicación entre padres y bebés, demostrando que el bebé
tiene el potencial de desarrollar vínculos. También puedes prestar atención y demostrar
a los padres las señales del bebé que indican que está reaccionando a su presencia, a su voz,
por ejemplo, con la aceleración de los latidos de su corazón o de los movimientos
corporales;
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apoyo psicológico a los padres de forma individual o grupal, tratando de responder a las
necesidades específicas de cada díada o tríada (madrepadre/bebé);
Otras técnicas, como colocar una prenda de vestir de la madre o un pañal con el olor de su
pecho en la incubadora, cerca del bebé, permiten que éste sienta a la madre y reviva el
ambiente intrauterino, dándole una sensación de continuidad. Del mismo modo, si la
madre tiene algo que huele a su bebé, puede hacer que la leche “baje” más
fácilmente.
frecuencia cardíaca o frecuencia respiratoria, lo que demuestra su percepción en relación con sus
padres, especialmente sus madres.
El equipo también necesita “aprender” a lidiar con las ansiedades de los padres que surgen
en términos de quejas por no sentirse respetados, considerados y no participando en las
decisiones sobre el tratamiento de su hijo. Los profesionales no sólo deben ayudar a
sobrevivir al bebé de alto riesgo, sino también ayudar a los padres a establecer vínculos con sus
hijos.
La fragilidad de los bebés prematuros también genera angustia entre los médicos, aunque hayan
elegido esta especialidad por motivos personales, conscientes o inconscientes. Entrenados para
diagnosticar y curar, a veces se encuentran impotentes ante la posibilidad de la muerte, como se
presentará en el capítulo 15 de este libro.
Para Brazelton (1998), los equipos de salud de la UCI deben orientar a los
padres antes de regresar a casa, resaltando primero los comportamientos y
reacciones positivas del bebé, fortaleciéndolos para resistir escuchar
informaciones sobre problemas y posibles deficiencias de los bebés a
tratar. En realidad, los bebés prematuros son frágiles y esfuerzos como llorar,
alimentarse o defecar pueden provocar estrés y la posibilidad de sufrir apnea.
Los padres deben estar preparados para una cierta lentitud en la comprensión
y el desarrollo de habilidades del bebé. Después de recuperarse, los bebés
prematuros suelen comenzar a ganar peso y las primeras sonrisas animan a los
padres, aunque es inevitable comparar el progreso más lento de su hijo con
el de otros. Por tanto, los grupos de madres son muy útiles para la inclusión
en mundos similares y para reducir el sentimiento de fracaso e incapacidad.
O DEFICIENCIAS
Del mismo modo que, con los niños prematuros, los padres deben pasar
inicialmente por un proceso de duelo para poder aceptar a ese niño tal como es,
muchas veces sin darse cuenta de él, rechazándolo y sintiéndolo no “su hijo”, casi un
extraño. . Ya he mencionado las fases constitutivas del duelo en el capítulo 10; pero,
en la situación de los niños con discapacidad, existen algunas especificidades, como
señalan Oiberman y Grisolia (2005):
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1 fase de shock: conmoción e incredulidad: los padres hablan del niño como si no
fuera su hijo y pueden mostrar cierto desapego, como si estuvieran viviendo
una pesadilla. Es el sentimiento de muerte del niño idealizado, y no es raro
escuchar testimonios de madres y padres que revelan que lloraron durante horas y
días seguidos, tras la noticia;
2 fase de negación: incredulidad ante el diagnóstico, búsqueda del rescate del niño
normal, peregrinación a diversos especialistas. Un comportamiento de los padres
de hoy es la búsqueda de información en internet, la defensa ante el
desconocimiento sobre la discapacidad y su hijo “intruso” y la búsqueda de “soluciones”;
Son varias las emociones vividas por los padres en el momento del diagnóstico,
que pueden persistir a lo largo de la vida: tristeza, ansiedad, fuerte
ambivalencia, ira, soledad e impotencia. Algunos padres oscilan y, en
ocasiones, alternan entre conductas sobreprotectoras y de distanciamiento emocional,
por miedo a que sus hijos mueran o porque no quieren verlos sufrir.
ansioso por verlo y saber si ésta es la única discapacidad, o si hay otras, y ya está
ansioso pensando que su hijo podría ser acosado por amigos, vecinos y
compañeros de escuela. Ella alguna vez dijo que estas cosas sólo le pasan a ella,
porque está “toda mal”, lo que nos dio la oportunidad de trabajar esa autoimagen,
las proyecciones e identificaciones inconscientes con el bebé.
Las reacciones emocionales de los padres son subjetivas, según la historia personal de
cada uno, los valores familiares y las expectativas. Por ejemplo, conocí a una pareja
que tenía un hijo con síndrome de Down. Ambos padres pasaron por todos los
momentos descritos anteriormente y más, pero, con el tiempo, las reacciones
individuales del padre y la madre se volvieron diferentes. La madre, una mujer culta e
intelectual, cuyo mayor valor familiar era la inteligencia, sufrió mucho y se sintió un
fracaso. Sin embargo, recibió gran ayuda y consuelo de su marido, que tenía un
hermano menor con discapacidad auditiva que necesitaba adaptaciones y ayuda
de la familia para llevar una vida tranquila.
INTERVENCIONES
Dentro de los equipos no capacitados para esto existe el miedo a hablar, a cómo
hablar y el miedo a no saber afrontar las reacciones. He oído historias en las que
el médico lloró en silencio con sus padres y abrazó a su madre. ¡Y eso está bien! Los
médicos son personas capaces de tener empatía, como cualquier ser humano. Sin
embargo, hay quienes no están preparados y se defienden detrás de
una aparente frialdad y neutralidad. No digo que los profesionales responsables
de las noticias deban llorar siempre, pero sí deben respetar sus sentimientos y
los de sus padres, sin intrusiones. Responder a lo que se pide, sin fomentar
el pánico ni minimizar el sufrimiento de la pareja y la familia. Una postura humana y ética.
El seguimiento del duelo de los padres y de los primeros meses del bebé es un momento
imprescindible para la intervención psicológica. La importancia de este espacio de habla y
escucha cualificada, libre de juicios e intrusiones, ayuda a los padres, o a cada uno
individualmente, a dar un nuevo significado a sus roles de padre y madre, a abrazar su
sufrimiento psicológico, a aliviar y aclarar los sentimientos de culpa. (si existen), para desafiar
tabúes y prejuicios, animarlos a asumir responsabilidades adicionales y adaptarse a los
límites impuestos por la realidad de vivir con su hijo. Y, como resultado, aumentar el apego al
niño, pudiendo relacionarse con el niño real.
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Apoyar a los padres es fundamental para que puedan apoyar a sus hijos, pues, a
pesar de presentar dificultades y limitaciones, como cambios cognitivos,
desarrollo motor más lento, dificultades del lenguaje, a veces asociadas a otras
dificultades (respiratorias, cardíacas gástricas, etc.), los niños con síndromes y las
discapacidades también necesitan ser “narcisizadas”, amadas y aceptadas tal
como son. Cada niño se ve a sí mismo y desarrolla una identidad dependiendo de
cómo lo ven los demás, especialmente su familia.
La autoimagen del niño puede hacerlo más retraído y/o tener más dificultades de
desarrollo. Por eso, es importante valorar su potencial y aceptar sus límites, para
relacionarse con el niño y no con la discapacidad. Oiberman, Grisolia y Santos (2005)
afirman que la evolución y desarrollo de los niños con diferentes tipos y niveles
de discapacidad depende de cada uno, de su historia y de la atención médica,
psicológica y de rehabilitación recibida.
y, por tanto, en primer lugar tenemos que cuidar de su bienestar y, en segundo lugar,
tenemos que crear las condiciones para que, a través de las interacciones con sus
hijos, puedan promover en ellos el máximo desarrollo (FRANCO, 20015, p. 5354). ).
En este tipo de servicio sugerido por Franco, la “estimulación” pasa a ser secundaria
a la interacción, la atención, las comunicaciones del niño y la demostración de afecto.
REFERENCIAS
SHERMAN, LB; BRUM, EHM Crianza de los hijos en el contexto del parto prematuro.
En: PICCININI, CA; Alvarenga, P. Maternidad y Paternidad: crianza en diferentes
contextos. São Paulo: Casa del Psicólogo, 2012.
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CAPITULO 13
(Autor desconocido)
El modelo de familia de principios del siglo XX era nuclear, formado por madre, padre e
hijos, siendo el padre generalmente el responsable de un trabajo rentable para sustentar a la
familia y la madre el cuidado de la casa y los hijos. También se observaron ciertos
estereotipos, como la presencia constante de la madre (al menos físicamente) y ausencia
del padre, los hijos como asunto de las mujeres, además de la idea de que la única parte
referida al padre era la concepción. Durante el embarazo, el parto y el puerperio, tenía
derecho a participar en una “cantidad insignificante” (PARSEVAL, 1986). La
mujer se definía por su rol procreador y maternal, mientras que el hombre buscaba
identidades masculinas, en contraposición a la maternidad femenina, e incluso podía sentirse
un intruso entre las mujeres en cuestiones relativas al feto o recién nacido.
En la época contemporánea, la pareja es vista como una figura fundamental para la mujer
en términos de apoyo emocional durante la vida perinatal. La participación activa de los hombres
en las relaciones paternofiliales permite a los padres y a las madres desempeñar sus
deberes de manera más plena y con menos angustia. De lo contrario, pueden surgir
conflictos, identificándose la ausencia paterna o el distanciamiento emocional como
uno de los principales motivos de la depresión posparto materna (MORAES, 2010), que
tiene consecuencias nocivas en la relación de la madre con el bebé.
Además de este rol de asistencia a la madre, Bolze y Crepaldi (2015) describen que, en
términos familiares, las funciones del padre, que tradicionalmente eran las de proveedor y
ejecutor de la disciplina, ahora se suman a la educación y el cuidado de los hijos. , provocando
discontinuidades generacionales.
A pesar del cambio en las expectativas funcionales en relación al padre, los autores antes
mencionados también enfatizan que el contexto familiar es fundamental para
determinar el compromiso paterno, dependiendo de las características de las madres, del niño
y de la relación conyugal. Las investigaciones y las declaraciones de los padres indican que el
comportamiento de las madres puede promover o impedir una mayor participación de los padres
en la vida de sus hijos. Hay madres que por sus relaciones familiares, recuerdos y sentimientos
infantiles conscientes e inconscientes, no creen en las capacidades de sus padres,
descalificando sus iniciativas, compitiendo con ellos y, por tanto,
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desmotivarlos.
y, en el extremo opuesto, una actitud tajante y sexista que puede manifestarse más
sutil o abiertamente como una exigencia y expectativa de que la mujer “le dé un hijo”.
Roig (1993) defiende las capacidades afectivas y vinculares del hombre que desea una
experiencia libre y, al mismo tiempo, comprometida, no como una obligación o como una
forma de complacer a su pareja, sino como “una forma de rescatar al hombre de ferocidad
productiva, desde redescubrir tu capacidad de ternura, de comunicación simbólica y de
encontrar el lado específicamente humano de tu realidad personal. Más un privilegio que un
deber” (1993, p. 240). El ejercicio de la paternidad, entonces, puede redundar en beneficios
para el hombre, la pareja y los hijos, ya que la paternidad tiene características específicas,
diferentes a la maternidad y en momentos diferentes.
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La madre vive visceralmente a su hijo desde los primeros síntomas del embarazo, y el padre
permanece en un plano diferente. El embarazo de un hombre ocurre en su cabeza (en
hipótesis, ilusiones y fantasías). Sin embargo, el hombre puede participar y acercarse al niño
desde el embarazo, deseándolo, idealizándolo, conociéndolo a través de la madre, percibiendo
e incluso provocando sus movimientos al hablar con él.
Según RaphaelLeff (1997), cuando el marido solicita no participar en el parto, debe ser
respetado si ésta fue una decisión consciente o basada en su historia personal. Los desmayos
de los hombres en las salas de parto, a menudo ridiculizados, son una manifestación
represiva de ansiedades insoportables.
Por otro lado, se sabe que el vínculo con el bebé puede intensificarse tras asistir al parto, ya sea
natural o por cesárea.
Al comienzo de su vida, el niño necesita más a su madre, pero el padre puede encontrar un
gran placer en cuidarlo, incluso si su relación todavía está mediada por la madre, como en
el embarazo. Hay hombres que expresan conscientemente envidia de que las mujeres puedan
amamantar, por ejemplo. Otros experimentan este proceso de forma más inconsciente. Hay
hombres que valoran el esfuerzo de sus parejas por acostumbrarse a este pequeño
desconocido, y hay otros que adoptan actitudes evitativas o competitivas, dependiendo de su
historia de vida, como veremos más adelante. En cualquier caso, la forma en que ella
cuida, juega y se relaciona con su hijo adquiere una forma diferente a la de su madre y ocupa
su lugar en la psique del bebé.
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EL PSIQUISMO PATERNAL
En términos de dinámica familiar, está la cuestión del cambio de roles en el sistema, que
anteriormente era sólo un subsistema conyugal, superponiendo funciones parentales.
Entonces llega el primer niño. Incluso después del segundo, siempre hay un cambio en el
sistema, ya que hay un “elemento nuevo”, constituyendo el subsistema “fraternal”.
Aunque muchas fantasías y sentimientos son inconscientes, como la experiencia del complejo
de Edipo, algunos remanentes se vuelven conscientes a través de lo que Lebovici (2004)
llamó el “desbordamiento psíquico” del bebé que alguna vez fue. Debido a este
desbordamiento, suele haber proyecciones de la madre sobre la esposa que se convirtió
en madre y de él mismo sobre el hijo, provocando conflictos y posibles separaciones
entre las parejas, o favoreciendo la relación padremadrebebé.
La relación del padre con su propio padre como un factor muy importante en el desarrollo
de enfermedades mentales en los hombres después del nacimiento de su hijo.
[...] la prueba pública de virilidad afecta los hábitos de toda la vida hacia la figura paterna,
liberando una creatividad bloqueada que ha sido reprimida en deferencia a la autoridad,
o poniendo fin a patrones de rebelión arrogante, a medida que el hombre se vuelve
capaz de tolerar la incertidumbre y la ambivalencia.
El vínculo con el niño, en este sentido, puede ser terapéutico para el padre, que
puede comprender y superar sus dificultades. Otros no tienen esa capacidad de
lograr una reconciliación fructífera con la imagen prohibitiva del padre y comienzan a
desarrollar síntomas, como se verá más adelante. Si esto no sucede, es importante
buscar ayuda terapéutica para vivir plenamente la paternidad.
En la tercera sesión les pedí que contaran la historia de sus vidas y las proyecciones
recíprocas quedaron muy claras: ella percibía en él las críticas y exigencias que su
madre siempre le había hecho. Él, a su vez, veía en ella una negligencia inexistente,
pero que resaltaba en cada pequeña falta de su esposa.
Cuando el padre empezó a relatar que es hijo de un encuentro casual entre su madre y
su padre, que era sumamente rechazado, que el padre nunca lo aceptó como hijo, ni le
habló, aunque vivían muy cerca y cada uno se conocía sobre el otro, y luego de que su
madre lo entregara a su abuela materna, comenzó a llorar
compulsivamente durante la sesión. Pude mostrarles tanto las proyecciones recíprocas
que dañaban el juicio real como la pérdida de una relación previamente existente
entre la pareja que comenzó a observarse mejor.
Lo más hermoso de este caso fue la reacción del bebé que, casi siempre tranquilo,
pero muy atento durante las sesiones, comenzó a gritar al ver llorar a su padre,
emitiendo un inusual e insistente “ay”, pareciendo llamar “padre”. y eso sólo se detuvo
cuando su padre le ofreció su mano, la cual tomó con sus dos manitas.
Le expliqué a él y a sus padres que entendía lo que estaba pasando. De alguna manera,
estaba pagando la preocupación de su padre por él, después de que su padre dijera que
no quería que su hijo pasara por lo que él pasó.
A esta disposición defensiva por parte de los hombres, algunos autores, entre ellos
Maldonado (2005), Parseval (1986) y RaphaelLeff (1997), llaman
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“guardia ritual” o “síndrome de couvade”, que recuerda la conducta de los hombres en los
pueblos más primitivos. En estos, las parejas de las madres que dieron a luz descansaron en
hamacas, recibieron visitas, cuidados y regalos y, eventualmente, cuidaron a los bebés, mientras
las mujeres retornaban a las actividades productivas.
Considerada un rito de paso, la protección ritual consiste en la sustitución simbólica de la
madre por el padre, en la búsqueda de la legitimación por parte del padre de sus derechos
de paternidad, cuyas formas pueden variar según las creencias religiosas y las diferencias
culturales.
Además de proporcionar una salida emocional para los sentimientos confusos de los hombres,
en un nivel intrapsíquico, el blindaje ritual es también una forma de identificación inconsciente
tanto con la mujer como con el feto, lo que permite a los hombres desviar su rivalidad hacia la
ambivalencia a través de la creatividad y ganar simpatía, atrayendo al público. atención
(RAPHAELLEFF, 1997, p. 57).
Esta protección tiende a ser más frecuente e intensa entre los padres del primer hijo. El
hombre puede negarlo o no notarlo.
conflictos en relación con el niño nacido o por nacer: ambivalencia; revivir inconscientemente
conflictos con hermanos; “choque generacional”, es decir, el padre a veces se ve a sí mismo
como padre, a veces como hijo; unas veces trata al niño como a un hijo, otras como a un
hermano; A veces trata a su esposa como a una esposa, a veces como a una madre. No
es raro que las parejas que han tenido un hijo empiecen a llamarse padre, padre, madre,
madre, confirmando esta confusión de roles;
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Síntomas psicosomáticos: desde el embarazo, y también después del nacimiento del bebé,
los hombres pueden experimentar trastornos digestivos (náuseas, vómitos, diarrea),
aumento de peso y dolor abdominal, dolores de cabeza y de espalda, extracciones
de dientes (que a menudo simbolizan el parto), trastornos otorrinolaringológicos.
Por ejemplo, conocí a un padre que estaba muy preocupado y atento por el
embarazo de su esposa –que ya había decidido que sería el
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Actuaciones paternas: las actuaciones son acciones que reemplazan las emociones
y las palabras. Los hombres pueden actuar según su personalidad y la calidad
de la relación de pareja. Estos comportamientos pueden variar desde lo común hasta lo
aberrante, por ejemplo, desde una caída que rompe un brazo o una pierna hasta un
accidente automovilístico grave. Los hombres pueden comenzar a consumir
alcohol en exceso (volver a casa “amamantando”); Pueden “desaparecer”, entregándose
a la hiperactividad deportiva, al trabajo frenético, a cursos fuera de la ciudad, a
relaciones extramatrimoniales. En la sexualidad pueden presentar inhibición sexual
por la disociación de la figura madremujer o presentar acciones sexuales
desviadas, presentando una personalidad más regresiva. Todas estas situaciones
revelan serias dificultades emocionales y una falta de condiciones egoicas para
afrontar las pérdidas y ganancias de convertirse en padre. En estas situaciones, el
hombre demuestra una personalidad dependiente y regresiva, pero también
narcisista, incapaz de soportar ser “suplantado” por el bebé y su pareja en la búsqueda
de la atención de los demás;
Los estudios de Winnicott, citados por Ferreira y Vaisberg (2006), confirman que la
presencia y participación del padre en el cuidado del bebé depende de cómo lo vive la
madre. En este sentido, “es fundamental que el padre sea verdaderamente importante
para la madre, en un sentido dramático y existencial, permitiendo un sano
establecimiento madrehijo. El padre no 'duplica' el rol materno, sino que aparece
inscrito en un proceso de diferenciación de la alteridad” (FERRERIRA; AIELLO
VAISBERG, 2006, p. 138). En otras palabras, el padre tiene que tener un lugar en
el deseo de la madre.
Sólo así el padre podrá ser una “estrella guía” para su hijo, ganándolo con
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Como otros autores dedicados a comprender la posición familiar actual del padre, Ferreira y
AielloVaisberg (2006), Parseval (1986) y Roig (1993) cuestionan el modelo de
devoción a los hijos, como exclusivo de las mujeres y de las madres biológicas,
recordando, entre otros, la cuestión del mito del amor maternal descrito por Badinter (1985). A
pesar de reconocer la relevancia del primer vínculo con la madre, creen en un ambiente
dedicado y facilitador, basado en el cuidado espontáneo, una devoción no basada en exigencias
y deberes, sino en la disponibilidad humana para el cuidado, sin duda, incluidos los hombres.
REFERENCIAS
BADINTER, E. Un amor conquistado: el mito del amor maternal. Río de Janeiro: Nueva Frontera,
1985.
KLAUS, MH; KENNEL, J.; KLAUS, PH Vinculación: construyendo las bases para un apego seguro y
la independencia. Porto Alegre: Editora Artes Médicas, 2000.
MALDONADO, MT Psicología del Embarazo. 17. ed. São Paulo: Editora Saraiva, 2005.
PARSEVAL, GD La parte del padre. Traducido por TC Stummer. Porto Alegre: L&PM, 1986.
ROIG, JC Padres e Hijos: una relación. Barcelona: Ediciones Folio SA, 1993.
CAPITULO 14
Durante el embarazo
3) Son muy conocidos los “Cursos para embarazadas”, con un número limitado de reuniones, siguiendo
un programa previo, en los que los profesionales de la salud informan sobre el embarazo, cuándo
acudir a la maternidad, qué empacar, alimentación y actividades físicas adecuadas. procedimientos, la
importancia de las consultas prenatales y ecografías, tipos de parto, cómo bañar al bebé, etc. A veces
existe la posibilidad de hacer preguntas e intercambiar experiencias en estos grupos, en otras no.
Cuando los hay, algunas mujeres muy ansiosas o deprimidas no se atreven a exponerse, como he
oído: “No quería arruinar el ambiente del grupo con mi tristeza”. Creo que la información siempre es
importante para desmitificar fantasías y creencias. Un recurso valioso, especialmente para las
primíparas de este tipo de grupos, es poder visitar la sala de partos del hospital y la
UCI Neonatal (en el caso de embarazadas de alto riesgo). Es lo que denominan “Prenatal Psicológico”
(ARRAIS, 2016) o “Canastilla Emocional”, que ha sido evaluado como muy positivo por las gestantes
que participan en el mismo.
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4) En cambio, los “grupos de gestantes” de larga duración, coordinados por psicólogos con la
participación de obstetricia, enfermería y pediatría, tienen como objetivo no sólo brindar
información técnica, sino también compartir las experiencias de los participantes,
abriendo un espacio fundamental. espacio para discutir sentimientos y ansiedades respecto a
la situación del embarazo, tipos de parto, lactancia materna, cuidados del bebé y otros temas.
Mujeres embarazadas,
[...] cuando se escuchan relatando sus experiencias e inquietudes, toman conciencia de los
hechos que les suceden a ellos mismos y a su alrededor [...] La combinación de hablar,
reflexionar y recibir información científica contribuye a reducir el miedo a la desconocido y,
en consecuencia, aliviar ansiedades (VIÇOSA, 1997, p. 307).
Las consultas ocurren en situaciones específicas, tienen como objetivo aliviar los
síntomas, fortalecer las defensas saludables del ego, recordar a las personas que
enfrentan situaciones similares, además de buscar soluciones potenciales y creativas.
La postura del psicoterapeuta sigue las mismas reglas que otros tipos de
psicoterapia, es decir, la neutralidad –sin memoria y sin deseo, según Bion (apud
ZIMERMAN, 2004)– y la ética primero. La participación del terapeuta puede ser más
activa y directiva debido al tiempo limitado, como se mencionó anteriormente, pero
nunca invasiva o intrusiva. Debe prevalecer el respeto por los tiempos y la
subjetividad de los pacientes.
Como ejemplo, hablaré de una paciente que atendí hace algún tiempo, que tenía un
miedo intenso al parto natural, diciendo que tenía miedo de morir o de que algo
malo le pasaría a su bebé, y que el médico no le daría su consentimiento. una
cesárea así lo deseaba, viéndose obligada a sufrir un parto natural. Consultando
su historia, me llamó la atención que tenía una hermana a menos de un año de
haber nacido. Esta hermana, al igual que ella, nació por vía vaginal, pero tuvo
dificultades para oxigenar su cerebro y tiene una grave lesión cerebral que interfiere
con sus actividades motoras e intelectuales hasta el día de hoy. Dijo que amaba
a su hermana, pero que lamentaba tener que crecer compartiendo a su madre con ella y, en
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muchos momentos, perdiendo a su madre por ella. La paciente creció cuidando a esta
hermana y dijo que era una gran amiga suya.
Una vez me contó un sueño en el que tenía en brazos a su hija, que acababa de nacer, y
estaba muy asustada porque la niña tenía el pelo largo y la miraba con una mezcla de sonrisa
y enfado. Al hablar del sueño y del aspecto del bebé, tomó conciencia de todos sus
sentimientos extremadamente ambivalentes hacia su hermana, su madre y su
hija, que le trajeron intensos sentimientos de culpa, imponiendo, en su fantasía, el castigo
de tener a su hija. parecerse a su hermana y pasar por el mismo sufrimiento que su madre.
Parecía muy aliviada por estos descubrimientos. Días después tuvo a su hija por cesárea
y estaba muy tranquila cuando la vi por última vez en la maternidad.
Un año después supe que había tenido una segunda hija, exactamente igual a su madre,
pero por cesárea y que nació bien y sin consecuencias, como ella temía. Me di cuenta de
que el miedo a la repetición persistía hasta comprobar si la historia se repetiría o no.
Tendría la misma suerte que su madre (dos bebés en dos años), pero no tendría el “castigo”,
ya que su hija no era atípica (“el menor de los males”).
durante el parto
Aunque no es una regla general, algunas mujeres pueden estar acompañadas por doulas
que brindan asistencia exclusiva durante el parto, minimizando las molestias físicas y
emocionales del parto. Cuando no hay doulas, los profesionales de enfermería y fisioterapia
suelen acercarse y aliviar las molestias del periodo previo al parto. Además, las
parturientas cuentan con la presencia de un acompañante que puede ser su pareja
u otro familiar elegido por ellas, lo que idealmente les da la sensación de no estar solas y
sentirse cuidadas, según lo decretado por la Ley 11.1108, de 7 de abril de 2005. .
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mecanismos adaptativos para que puedan afrontar la tensión del parto y los momentos
que lo preceden. Esta técnica no funciona como un tranquilizante, eliminando
la ansiedad, sino como un mecanismo de motivación, que permite a la mujer en trabajo
de parto realizar las acciones necesarias y reducir la parálisis de pánico.
Al revelar paso a paso a las mujeres embarazadas lo que está por venir,
advirtiendo y aclarando los procedimientos utilizados –toques vaginales,
aplicación de medicamentos u hormonas, episiotomía y otros–, las mujeres se
sienten respetadas y menos invadidas (MORAES, 2001). Cuando se produce esta
tranquilidad, las mujeres se sienten más libres y menos obligadas a expresar sus
sentimientos, sintiéndose comprendidas y pudiendo pedir nueva información
esclarecedora (CANELLA; MALDONADO, 1988).
hablar con los pacientes para detectar cualquier miedo o duda particular;
en las maternidades públicas, tratar de mantener el seguimiento por parte del mismo médico
durante el preparto y el parto, permitiendo mayor vínculo y confianza;
En las maternidades universitarias, la privacidad de los pacientes suele ser nula. El aprendizaje es
necesario, pero la información y el consentimiento de las mujeres embarazadas hace mucha diferencia para
ellas en un momento tan íntimo y expuesto;
seguimiento del contacto con los pacientes después del nacimiento, ya sean eufóricos, tranquilos o tristes
por la separación del bebé, o muy conmovidos por alguna complicación. Este contacto constante
proporciona una solución para la continuidad en la atención recibida;
después del nacimiento, permanecer con el bebé facilita el vínculo y, como dice Szejer (1997), le da a la
madre significado por todo lo que ha pasado.
En los casos en que se presente una complicación grave, como muerte del bebé, riesgo para la vida de la
madre y/o del bebé, detección de deficiencias, síndromes o malformaciones, siempre es importante que las
parturientas y sus familiares reciban el apoyo de un psicólogo que Puede facilitar la expresión de sentimientos
o acompañar los silencios necesarios. Aún hoy, es muy común observar que los equipos de salud
evitan el contacto con las parturientas en estos casos, generalmente porque no saben cómo actuar.
grupos de puérperas vía WhatsApp, en los que las madres intercambian experiencias
e información;
“Doctor Google”, que les ayuda y les aclara, a veces les confunde;
Otras situaciones que acercan a las mujeres posparto a la psicoterapia individual son:
depresión posparto; la muerte del bebé; noticias sobre discapacidades y síndromes del
niño; dificultades en la relación con el bebé (rechazo, ansiedad, miedo); síntomas que
presenta el bebé, como dificultades para alimentarse, trastornos del sueño, llanto
inconsolable, enfermedades recurrentes, problemas de crecimiento y
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3) Los grupos de apoyo para puérperas con bebés en el primer año de vida han demostrado
ser eficientes, al igual que durante el embarazo, a través del intercambio de experiencias
y la comprensión de que cada una tiene una dificultad emocional que superar y puede ser ayudada
por la otros participantes, a través de psicoterapeuta y otros profesionales invitados
como pediatra, logopeda, nutricionista.
4) En mi práctica clínica, las mujeres pueden buscar terapia con su marido, pero es más raro. En
estas ocasiones se observan dos situaciones extremas dependiendo de la relación de pareja:
1) proyecciones mutuas, expectativas respecto de los roles maternos y paternos y 2) el
significado del hijo para cada uno y para ambos.
intentan centrarse en el significado que tiene para ellos el embarazo y el hijo y los cambios en la
pareja.
proyecto común de cómo iniciar esta nueva familia más libre de fantasmas y pesos actuales
y transgeneracionales. Otra solución es la separación, dependiendo de la dinámica de
cada pareja y de su incapacidad de transformarse. La forma de vivir la paternidad por separado
debe ser objeto de discusión para que el niño no pierda ninguna de las figuras
fundamentales en su constitución como sujeto.
5) Cuando se trata de Perinatalidad, donde los “clientes” son todos los miembros de un
determinado contexto familiar: el niño, su madre, su padre y, en ocasiones, los abuelos y
otros, es muy importante buscar una atención global y no segmentada, disociados
artificialmente, a través de la Terapia Familiar.
En la realidad clínica lo más común es que la madre busque ayuda para afrontar sus
dificultades o los síntomas del bebé. Así, en lo que respecta al enfoque específicamente
materno, y recordando algunos conceptos ya descritos en este libro, se sabe que la
maternidad es un proceso esencialmente inconsciente y está intrínsecamente relacionado
con lo “extraño” que habita en la madre y con una recreación vinculada con el bebe. Es un
proceso complejo, físico y psíquico, en el que emerge lo arcaico de la madre.
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Es notorio que cuando nace un niño, la madre tarda un tiempo en percibir al bebé como real,
pues lo percibe según sus necesidades narcisistas y, ante esto, tiende a proyectar en él
su historia, sus experiencias relacionales y emocionales y sus fantasías. La madre no
siempre siente amor, cuidado, cariño y esto se relaciona con el extraño que no reconoce,
lo que concierne a todas sus experiencias desencadenadas por la maternidad [...].
Estos determinantes incluyen la historia individual de esta mujer, antes de nacer, intraútero y
después del nacimiento: el bebé que fue, su primera relación con su madre y su padre,
su desarrollo psíquico, fantasmas y mandatos transgeneracionales. Estas
transformaciones son particulares y únicas, y también pueden cambiar con cada nuevo
embarazo o puerperio de una misma mujer (MARTINS; MORAES, 2019, p. 23).
Cramer y PalacioEspasa (1993) afirman que la materialización del bebé crea una “neoformación”,
caracterizada por una forma particular de funcionamiento psíquico y su correspondiente
psicopatología, que no es reducible a la suma de los antecedentes.
La transición que todo bebé debe realizar –de organismo a sujeto– presupone
una serie de operaciones de existencia simbólica que deben realizarse dentro de
una relación, apoyada por otros padres transmisores de la estructura simbólica
(BERNARDINO, 2008, p. 17).
anorexia, sus trastornos del desarrollo, su sueño excesivo o insomnio, su apatía, su llanto
excesivo, síntomas que requieren interpretación “a tiempo”, expresión del autor. El
bebé necesita esta decodificación de sus comunicaciones y, aunque aún no
hable, está inmerso en un mundo de lenguaje desde antes de nacer.
El psicoterapeuta perinatal especialista tiene la función de mediar entre los padres, o madre,
y el bebé; hablar con la madre, tomando al bebé como alguien que habla sin palabras. El
psicoterapeuta le cuenta al bebé, en palabras accesibles, lo que le sucede a la madre o a
los padres y transforma las reacciones del bebé en palabras para los padres, buscando siempre
significados y conexiones con la historia pasada de la familia, disociando la representación
del bebé de los fantasmas transgeneracionales. para que se pueda ver tal cual es. Para ello,
uno se identifica ya sea con la madre o los padres, o con el bebé.
Los efectos esperados de esta modalidad psicoterapéutica son que los padres resuelvan
sus conflictos con las figuras parentales proyectadas sobre el niño, que sean
capaces de abrir canales de percepción y comunicación con ellos mismos y con
el niño, que puedan verlos y aceptarlos tal como son. situación un poco más difícil en
los casos de discapacidades y síndromes infantiles y que puedan iniciar una
relación nueva y creativa con su hijo, que se sentirá único, existente y valioso para
sus padres, aventurándose con ellos en la constitución de su vida psíquica. .
Una observación final es que los psicoterapeutas que atienden a padres y bebés desde
las primeras semanas en adelante recomiendan trabajar en conjunto con equipos inter
o transdisciplinarios con niños que presentan disfunciones neurológicas, motoras,
cognitivas y funcionales. Como nos recuerdan los estudios de Vítor Franco (2016),
los fallos ambientales derivan en alteraciones emocionales que pueden influir en la
forma de ser y funcionar del niño. Además, una intervención transdisciplinaria
oportuna puede contribuir significativamente, teniendo en cuenta la noción de plasticidad
neuronal, evitando mayores deficiencias y estableciendo estructuras
necesarias para el proceso de pensamiento.
sujeto, que necesita sentirse importante, perteneciente, narcisista, para luego separarse y
convertirse en un sujeto independiente. También para que las madres y los padres puedan afianzarse
en sus roles parentales con más eficacia, libertad y espontaneidad.
REFERENCIAS
ARRAIS, AR; ARAÚJO, TCCF Atención psicológica prenatal: perspectivas para el papel de los
psicólogos en Salud Materna en Brasil. Revista SBPH, Belo Horizonte, v. 19, núm. 1, pág.
10311, 2016. Disponible en: [Link].
Consultado el: 5 de abril. 2017.
BERNARDINO, LMF ¿Es posible una clínica psicoanalítica con bebés? En: KUPFER, MCM;
TEPERMAN, D. Lo que provocan los bebés en los psicoanalistas. São Paulo: Editora
Escura, 2008.
FRAIBERG, S.; ADELSON, E.; SHAPIROV. Fantasmas en la habitación del bebé: una aproximación
psicoanalítica a los problemas que dificultan la relación madrebebé.
Publicación Ceapia, Porto Alegre, v. VII, núm. 7, pág. 1234, 1994.
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CAPITULO 15
Lo que hacemos y cómo lo hacemos no es sólo una actividad, sino que forma parte de nuestra
personalidad y un cambio de conocimientos y técnicas, así como un cambio en la gestión de
nuestros recursos, supone una crisis en la estructura de nuestra personalidad.
(VIDELA, 1998).
Por último, pero no menos importante, este capítulo está dedicado a los cuidados
necesarios para los equipos de salud perinatal que trabajan en maternidades tanto públicas
como privadas, así como en clínicas multidisciplinarias.
Los profesionales que eligen esta profesión y trabajan en un hospital o clínica encuentran un
campo de práctica determinado por influencias sociohistóricopolíticas externas y
socioculturales e intrapsíquicas internas. Además de los conflictos esperados entre ideas, ideales
e individualidades en la convivencia grupal humana, los profesionales tienen que lidiar con
reacciones individuales y posibles sufrimientos psicológicos experimentados en el desempeño de
diferentes tareas.
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A las dificultades inherentes al trabajo específico en instituciones, que van más allá del
objetivo de este capítulo, se suma una gran carga de trabajo caracterizada por la
urgencia, el contacto íntimo con el dolor y el sufrimiento, la perspectiva de nacer y morir, las
constantes y estresantes exposiciones psicológicas. a las debilidades humanas, las
demandas y expectativas de pacientes a veces difíciles, hostiles y quejosos, las
reacciones psicológicas de los pacientes y sus familias ante las personas del equipo y las
vicisitudes vividas en la perinatalidad. Todo ello obliga a los profesionales sanitarios, tanto
hombres como mujeres, a realizar un esfuerzo adaptativo diario y muy intenso, que puede
situar a quienes trabajan en el ámbito sanitario en un grupo de riesgo emocional.
La psicóloga perinatal argentina Mirta Videla, que trabaja en maternidades desde hace más
de 40 años, denuncia que una defensa común y patológica en instituciones y colectivos
profesionales es el silencio de las emociones, que niega y disocia
permanentemente los sentimientos de los profesionales, apegados a una omnipotencia mítica
de la educación universitaria a la ritualización de las normas. Este ritual de protocolización de
conductas no sólo tiene la función directiva, organizativa o funcional del trabajo, sino que,
inconscientemente, protege a los profesionales de la salud de las exigencias brutas,
impredecibles y a veces traumáticas en el desempeño de su trabajo y tiene la función
de reducir aparentemente las ansiedades. .
En general, se puede pensar que las profesiones de la salud, que son el tema central de
este libro, tienen en común el deseo de atención, pero puede ser una “herencia familiar”, una
búsqueda de estatus, poder, una situación económica razonable. entre muchos
otros.
Inconscientemente, las elecciones parecen estar relacionadas con las historias familiares y
psíquicas de cada profesional. El deseo de cuidado, por ejemplo, puede estar relacionado
con el mecanismo de reparación, en el que se busca remediar daños reales o imaginarios
causados a objetos importantes de la infancia, cuidando de los demás. Pero ¿qué explica la
elección de especialidades como obstetricia, pediatría, cirugía, medicina fetal, enfermería
obstétrica o neonatal, psicología perinatal, doulage, además del útil mecanismo de la
sublimación?
disertaciones, suele tener una íntima conexión no sólo con el momento actual de la vida,
sino, en gran medida, con la constitución de las personas como sujetos psíquicos.
Las primeras cuatro preguntas fueron respondidas con respuestas vagas, políticamente
correctas y generalistas. La última pregunta tuvo un impacto emocional en todos. Algunos
lo disfrazaron, otros no. Algunos incluso dijeron: “¿Por eso elegí la obstetricia?” De los
12 médicos residentes, uno respondió que su madre siempre se refirió a la maternidad y al parto
como momentos hermosos de su vida, incluido el nacimiento de la propia residente, y decidió
intentar que otras mujeres vivieran esto también. Otro dijo que su parto fue normal, pero
que su madre casi había muerto al dar a luz a su hermano menor, los otros 10 participantes
relataron que sus madres estuvieron muy enfermas durante sus partos, y cada uno contó los
detalles privados de lo sucedido –post hemorragia mortem nacimiento, uso de fórceps,
sufrimiento del parto prolongado, en una mezcla de asombro, emoción y perspicacia.
Siempre que empiezo un curso de Psicología Perinatal intento buscar las motivaciones
de los alumnos. Lo importante es que sean conscientes de sus motivos conscientes y
descubran los inconscientes, relacionados con sus propias experiencias perinatales,
que incluyen su embarazo, su parto, su lactancia, su relación con su padre y su madre y con la
maternidad.
El objetivo de esto es facilitar a los profesionales de la salud trabajar objetivamente con los
pacientes y sus familias sin mezclarse, sin proyectar conflictos y
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dificultades, sin identificarse con el padre, con la madre o, lo que es más común,
identificarse con el bebé, perdiendo así la imprescindible neutralidad y
empatía.
Como ya he mencionado en otra parte del libro, todos pasamos por un vientre –el
“planeta útero”, como lo recordó un profesional en un estudio de caso y tenemos
inscritos, en nuestra memoria, nuestros defectos, nuestros traumas. o nuestras
gratificaciones más primitivas. Y es a través del fenómeno inconsciente llamado
Transferencia, descrito por Freud (1912), que existe la posibilidad de que se repitan
deseos, sentimientos, impresiones y fantasías reprimidas relativas a los primeros
objetos (padre y madre) desplazados a las personas en la actual sociedad. entorno,
incluidos pacientes y colegas.
Como ya había destacado al principio del libro, considero fundamental y, sobre todo, ético
que los profesionales de la salud mental (psicólogos, psiquiatras) y aquellos a los que
sistemáticamente se consulta y solicita (pediatras, obstetras, enfermeras,
fisioterapeutas, nutricionistas) quienes dedicados a asistir a la mujer, pareja y familia en el
período perinatal, proponen un desarrollo profesional serio y constante en el área de
la Perinatalidad Psíquica. El conocimiento proporciona mayor claridad en la
comprensión de la mujer embarazada, parturienta o puérpera, desarrollo de
mayor tranquilidad, menor pánico ante lo desconocido, desarrollo de técnicas de atención
psicológica que ayudan tanto: al profesional como al paciente.
capacitaciones y talleres, por ejemplo, “cómo abrazar el duelo perinatal”, que combinan
teoría y discusión de casos, y pueden incluir dramatizaciones de las llamadas
“escenas temidas” o ya vividas de manera dramática en el ejercicio de la profesión;
La perspectiva transdisciplinar no significa que todos los miembros del equipo deban
saberlo todo, perdiendo su identidad profesional. Significa la búsqueda de una comprensión
global, para que cada persona, dentro de su estilo y posibilidades personales, pueda escucharse
a sí misma, a sus compañeros y a sus pacientes. Una de las formas de lograr este
objetivo es la siguiente técnica de apoyo al equipo.
una recomposición del grupo familiar (padres y hermanos), que permita a cada persona
comprender y respetar mejor las dificultades e inhibiciones de los demás y respetarse a sí mismo;
la percepción de las cargas proyectivas que realizan y sufren les permite reconocerse mejor
en los demás, diferenciarse de los demás y ponerse en su lugar;
Zimerman (1997) todavía recuerda, y estoy completamente de acuerdo con él, que escuchar
es diferente de oír, así como ver es diferente de mirar, que decir es diferente.
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Aunque soy consciente de que en este libro se encontrarán muchos vacíos, espero haber
logrado acercar a los lectores reflexiones sobre la Psicología Perinatal y su importantísimo
papel en la búsqueda de una atención más integral a las familias, desde la salud mental
maternopaterna e infantil. salud, intentando mejorar el mundo del mañana.
REFERENCIAS
VIDELA, M. Maternidad: mito y realidad. 2da ed. Buenos Aires: Ediciones Nueva
Visión, 1997.
ZIMERMAN, DE La formación psicológica del médico. En: MELLO FILHO (org.). Psicosomática
Hoje, Porto Alegre: Editora Artes Médicas, 1992. p. 6469.
Psicóloga graduada por la Universidad de Vale do Itajaí – Univali (2006). Tiene formación
en Psicología Hospitalaria − Interhealth: Curso de Psicología de la Salud (2006) – y es
especialista en Terapia Sistémica Relacional en Familiare: Instituto Sistéticos (2010). Completó
su formación en Reproducción Asistida en la Sociedad Brasileña de Reproducción
Asistida en 2016. También es especialista en Psicología Perinatal del Instituto Pais/Bebês y
miembro del mismo Instituto en Florianópolis, SC. Trabaja como psicóloga en Clínica Fecondare
desde 2009 y brinda atención a adultos y parejas infértiles y en tratamiento de reproducción
asistida.
Orquídea: 0000000218300488.