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Poder Legislativo en Argentina

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EL PODER LEGISLATIVO

La adopción de la forma republicana de gobierno implica, entre otras condiciones, la


limitación de los órganos de gobierno, lo que clásicamente se manifiesta en la división de
poderes o funciones gubernativas. Siguiendo el modelo de la Constitución Nacional, las
provincias argentinas han organizado sus instituciones conforme la clásica división entre el
Poder Legislativo, el Poder Ejecutivo y el Poder Judicial, más allá de la existencia de
algunos órganos extra-poderes.
La división de poderes tiene el objetivo de evitar la concentración del poder
estableciendo un sistema de frenos y contrapesos, colaboración y de controles recíprocos
entre los diferentes órganos del poder.1 El Poder Legislativo tiene centralmente la función
de dictar las normas generales de alcance obligatorio, sin embargo como veremos infra no
se agota en el dictado de las leyes sino que extiende sus atribuciones a funciones de control,
atribuciones judiciales y administrativas, y a participar en la designación de importantes
funcionarios del Estado. Durante el siglo XIX los órganos legislativos ocupaban el centro
de la organización política, pero durante el siglo XX se produjo un crecimiento de la
principalidad del ejecutivo, y la consecuente reducción de la importancia de aquellos,
tendencia que sigue firme en nuestros días.2 Con todo, los órganos legislativos conservan
importantes funciones, y sobre todo reside en ellos la representación de la pluralidad de las
opiniones que existen en una comunidad política.
Los arts. 5º y 122º de la Const. Nac. imponen a las provincias la adopción de la
forma republicana de gobierno, y la consecuente división de poderes, pero no impone una
forma determinada para la organización de los gobiernos de provincia. Por lo tanto cada
provincia puede elegir en ejercicio de su autonomía la forma de sus instituciones.
Con respecto a los poderes legislativos provinciales, se han seguido dos modelos
diferentes: las legislaturas unicamerales, y las legislaturas bicamerales. Durante el
siglo XIX todas las provincias habían organizado sus legislaturas siguiendo el modelo
unicameral, sin embargo cuando se produjo la secesión de Buenos Aires luego de Caseros,
el Estado de Buenos Aires dictó la Constitución de 1854 en la cual estableció un Poder
Legislativo integrado por dos cámaras, una se Senadores y otra de diputados. 3 Si bien esa
constitución no era propiamente la de una provincia, dada la situación de secesión en que se
hallaba Buenos Aires, subsistió luego de la reunificación que siguió al Pacto de San José de
Flores. Así la provincia más grande introdujo el modelo de una legislatura bicameral, y su
poderoso influjo no tardó en encontrar varias provincias que imitaron el modelo.
Se han señalado diferentes virtudes y defectos de cada uno de los modelos de
legislatura. Así, con relación a las unicamerales se señala como ventaja el menor costo de

1
Zarza Mensaque, Alberto R. “El Poder Legislativo Provincial” en AA.VV. “Derecho Público Provincial”
Antonio M. Hernández (Coordinador) Ed. Lexis Nexis. Bs. As. 2008. Pág. 359.
2
Zuccherino, Ricardo Miguel “Tratado de Derecho Federal, Estadual y Municipal” Ed. Depalma. Bs. As. 1992.
T. II Pág. 164.
3
Mooney, Alfredo Eduardo “Derecho Público Provincial” Ed. Advocatus. Córdoba. 2001. Pág. 404.
Zuccherino, Ricardo M. Op. Cit. T. II Pág. 167.
funcionamiento, la mayor agilidad en la tramitación de los proyectos. En cuanto a las
bicamerales, se señala la mayor profundidad en el debate de las ideas, y la menor
posibilidad de que, en consecuencia, un proyecto resulte aprobado de manera apresurada o
como fruto de una mayoría circunstancial. Sin embargo, la tendencia actual indica que
paulatinamente se va generalizando el sistema unicameral.4
La Provincia de Buenos Aires ha adoptado, conforme el art. 68 y ss. de la C.P. el
sistema bicameral, cuya justificación histórica ya hemos visto. Este sistema ha recibido
numerosas críticas por cuanto el Senado representa al igual que la Cámara de Diputados al
pueblo de las diferentes secciones electorales, no justificándose la duplicación de las
cámaras en motivos de representación interna.5
ATRIBUCIONES DE LA LEGISLATURA
La función central del Poder Legislativo es, naturalmente, el dictado de las leyes.
La ley es el instrumento central del gobierno, dado que, conforme lo establecen los arts. 19
de la C.N. y 25 de la C.P. nadie está obligado a hacer lo que la ley no manda, ni privado de
lo que ella no prohíbe. En consecuencia, no existe obligación ni prohibición que no resulte
de la ley. En segundo lugar, el Poder Legislativo es la única fuente de creación de los
impuestos. Además, el Poder Legislativo tiene la atribución de aprobar el presupuesto de
gastos y recursos del Estado, es decir la ley que autoriza los gastos que el Poder Ejecutivo
puede efectuar en cumplimiento de las funciones de gobierno. El art. 103 de la C.P.
contiene una larga enumeración de las atribuciones del Poder Legislativo que puede
resumirse en el dictado de las leyes, la creación de los impuestos y la aprobación del
Presupuesto.
Además de las funciones específicamente legislativas, corresponde al Poder
Legislativo participar en la designación y destitución de determinados funcionarios de alto
rango del Estado. Esta función la ejerce de dos maneras: a) Otorgando acuerdos: el art.
73 inc. 1º establece que la Cámara de Diputados presta acuerdo para la designación de los
miembros del Consejo General de Cultura y Educación; y el art. 82 en relación con el art.
144 inc. 18 disponen que el Senado presta acuerdo para la designación del Fiscal de Estado;
el Director General de Cultura y Educación; el Presidente y los vocales del Tribunal de
Cuentas; el Presidente y los directores del Banco de la Provincia de Buenos Aires; de
acuerdo al art. 175 a los miembros del Poder Judicial y del Ministerio Público. El acuerdo
legislativo implica la aprobación (o el rechazo) de un candidato a ocupar un cargo de los
enumerados en la constitución cuya postulación ha sido formulada por el Poder Ejecutivo.
Así la designación configura un acto complejo, que se inicia con el envío del pliego del
candidato, su consideración por el órgano legislativo, su eventual aprobación o rechazo, y
finalmente el dictado del decreto de designación.

4
Zarza Mensaque, Alberto R. Op. Cit. Pág. 365 y 366.
5
Portela, Julián “El Poder legislativo Bonaerense: Hacia un Nuevo Sistema de Representación Parlamentaria”
en AA.VV. “El sistema Constitucional Bonaerense” Adolfo Gabino Ziulu Director. Ed. Librería Editora
Platense. La Plata. 2006. Pág. 164 y ss.
b) Presentado ternas alternativas: Conforme el art. 82 de la C.P. corresponde al
Senado elevar una terna alternativa para la designación por parte del Poder Ejecutivo del
Contador, subcontador, tesorero y subtesorero de la Provincia.
c) Nombrando y removiendo al Defensor del Pueblo en los términos del art. 55 de
la C.P.
Funciones Judiciales: ejerciendo el juzgamiento público, y la eventual suspensión
o destitución de determinados funcionarios de alto rango del Estado como el Gobernador,
Vicegobernador, ministros, miembros de la Suprema Corte de Justicia, Procurador General
y Sub Procurador General, y Fiscal de Estado en los términos del art. 73 inc. 2 y 79 de la
C.P. Esta atribución comúnmente denominada Juicio Político, por su importancia la
desarrollaremos infra.

LAS ASAMBLEAS LEGISLATIVAS


Si bien en general cada cámara ejerce sus funciones por separado, en los sistemas
bicamerales existen algunos supuestos en los cuales ambas artes del Poder Legislativo
deben actuar en forma conjunta conformando la Asamblea Legislativa. El art. 113 de la
C.P. enumera una serie de atribuciones de la Asamblea Legislativa, de los cuales deben
señalarse la apertura y clausura de las sesiones (en realidad, en la práctica jamás se reúne la
Asamblea para la clausura de las sesiones), recibir el juramento del gobernador y
vicegobernador, tomar conocimiento, considerar, aceptar o rechazar las renuncias que
hicieren a su cargo los mismos funcionarios; para tomar conocimiento del resultado del
escrutinio de la elección de gobernador y vicegobernador y proclamar a los electos. Lo
relativo a la elección y renuncia de los senadores nacionales ha quedado en desuso por la
reforma de 1994, puesto que a partir de ella, conforme lo dispone el art. 54 de la C.N. los
senadores nacionales se eligen en forma directa por el cuerpo electoral de cada provincia.
El art. 126 de la C.P. establece que en caso de falta definitiva del Gobernador y
Vicegobernador, el Vicepresidente Primero del Senado convocará a la Asamblea
Legislativa la cual elegirá de su seno a un Gobernador Interino, que ocupará el cargo
durante el plazo correspondiente, ya sea la mitad del período y la finalización del mismo
(conf. Art. 126 C.P.)

PROCEDIMIENTO PARA LA FORMACION Y SANCION DE LAS LEYES


El proceso de formación y sanción de las leyes es una tramitación compleja que
implica la actividad del Poder Legislativo y del Poder Ejecutivo. 6 Existe además una
marcada diferencia en este aspecto, entre las legislaturas unicamerales, y las legislaturas
bicamerales. En líneas generales podemos decir que para el funcionamiento de las cámaras
6
Montbrun, Alberto “El procedimiento para la Formación y Sanción de las Leyes en el Derecho Público
Provincial” en AA.VV. “Derecho Público Provincial y Municipal” Instituto Argentino de Estudios
Constitucionales y Políticos. Dardo Pérez Guilhou (Director) Ed. La Ley. Bs. As. 2007. T. III Pág. 41
rige el principio del quórum, es decir el número de legisladores integrantes del cuerpo que
deben estar presentes para que la sesión sea válida y el cuerpo pueda entrar a funcionar.
Este número es la mayoría absoluta del cuerpo o sea la mitad más uno de los legisladores
que integran la cámara (art. 87 C.P.) Una vez reunido ese número, para aprobar un
proyecto deberá obtener la mayoría simple de los presentes. En caso de empate decidirá el
voto del presidente. (art. 93 de la C.P.) Solamente en algunos casos particulares, la
constitución exige una mayoría especial de dos tercios. Son v.g. los casos de los arts. 55
(designación y remoción del Defensor del Pueblo), el art. 206 (reforma de la constitución)
en estos casos la constitución requiere que el cómputo se haga sobre todos los integrantes
de la cámara. En otros casos los dos tercios se computarán sobre los miembros presentes,
v.g. el art. 47 (autorización de endeudamiento de la provincia) el art. 80 (mayoría necesaria
para declarar culpable al acusado en el juicio político), el art. 99 (sanciones y expulsión de
los legisladores), y el art. 110 (rechazo del veto del Poder Ejecutivo).
Con relación al origen del proyecto, el mismo puede provenir de una iniciativa del
Poder Ejecutivo, de algún legislador o varios, de la propia legislatura (art. 104 C.P.), o de la
iniciativa popular, en los términos del art. 67 inc. 1 de la C.P.
En el caso de las legislaturas unicamerales, la intervención de una sola cámara
simplifica de manera asaz evidente el trámite dado que el proyecto una vez considerado
puede ser aprobado o rechazado. En el primero de los casos pasará al Poder Ejecutivo para
su consideración y podrá éste aceptarlo mediante la promulgación por decreto, y en su
defecto observarlo en todo o en parte, lo que se llama veto del Poder Ejecutivo, atribución
que se ejerce también por decreto. En este último caso el proyecto observado regresa a la
Legislatura para su revisión, y allí ésta podrá aceptar la observación o rechazarla, pero para
ello necesitará el voto de las dos terceras partes de los legisladores presentes. 7 La
legislatura en ningún caso podrá introducir modificaciones al proyecto observado, debiendo
limitarse a aceptar el veto o insistir en la sanción original.
Existen algunas constituciones provinciales que has establecido ciertos
procedimientos especiales, en particular la “doble lectura” o “urgente tratamiento” y “muy
urgente tratamiento” e inclusive la “aprobación ficta.” 8 En particular el sistema de doble
lectura incorporado a la Constitución de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Río Negro
y Córdoba, aunque existen entre ellos diferentes regulaciones. En particular el sistema de
la C.A.B.A. establece que una vez aprobado un proyecto de los incluidos en el art. 89 del
Estatuto Organizativo de la CABA se dará amplia publicidad del proyecto y se convocará a
una audiencia pública a la cual podrán concurrir todos quienes tengan aportes u
observaciones que formular. Luego de realizada la audiencia pública y escuchadas las
intervenciones de los interesados, se convocará a una segunda sesión de la Legislatura la
que dará o no aprobación definitiva al proyecto.
El procedimiento en las legislaturas bicamerales es de mayor complejidad puesto
que implica el reenvío de una cámara iniciadora a otra, la cámara revisora, y la eventual
7
Montbrun, Alberto Op. Cit. Pág. 61.
8
Montbrun, Alberto. Op. Cit. Pág. 51 y ss.
introducción de modificaciones. El trámite es muy similar entre las ocho provincias que
conservan el sistema bicameral que son Buenos Aires, Catamarca, Salta, San Luis,
Corrientes, Entre Ríos, Mendoza y Santa Fe, y en realidad es sustancialmente semejante al
que regía en la Constitución Nacional hasta la reforma de 1994.
En el caso de Buenos Aires, cualquier proyecto puede tener inicio por cualquiera de
las cámaras (art. 104 C.P.) La cámara por la que ingresa el proyecto será la cámara de
origen, y la restante la cámara revisora. Aprobado un proyecto por una cámara, pasará a
la otra para su revisión. Si ésta lo aprobase sin ninguna modificación el proyecto así
sancionado pasará al Poder Ejecutivo para su consideración y eventual promulgación (art.
105 C.P.)
Si la cámara revisora introduce modificaciones al proyecto remitido por la cámara
de origen, volverá a la iniciadora, y si esta aprueba las modificaciones introducidas el
proyecto pasará al Poder Ejecutivo. Si las modificaciones fueran rechazadas, para la cual le
bastará a la cámara de origen la mayoría simple, volverá por segunda vez el proyecto a la
cámara revisora, la cual necesitará dos tercios de los presentes para insistir en sus
modificaciones. Si no los consigue, el proyecto pasará al Poder Ejecutivo, con la redacción
que había sido aprobada por la cámara de origen. Si en cambio, la cámara revisora
consigue los dos tercios de los presentes para insistir con las modificaciones, el proyecto
pasará por tercera vez a la cámara de origen, y ésta necesitará de los dos tercios de los
presentes para insistir con la redacción original. Si los consigue, prevalecerá la cámara de
origen y el proyecto con la redacción original pasará al Poder Ejecutivo, pero si no logra la
mayoría especial mencionada, el proyecto con las modificaciones introducidas por la
cámara revisora pasará al Poder Ejecutivo. (Art. 106 C.P.)
Si la cámara de origen aprueba un proyecto y lo remite a la cámara revisora, y ésta
lo rechaza completamente, no podrá volver a ser tratado en ese período legislativo. (art. 107
C.P.) Un proyecto sancionado por una cámara y no tratado por la otra en ese año o en el
siguiente, se considera rechazado. (art. 107 segunda parte C.P.)
Aprobado un proyecto, pasará al Poder Ejecutivo el que deberá promulgarlo
(aprobarlo) u observarlo dentro del plazo de diez días de notificada la aprobación. 9 En el
caso de ser promulgado, el proyecto se convierte en Ley, y deberá ser publicado en el
Boletín Oficial para su eficacia y conocimiento (art. 108 C.P.). En el caso de ser observado
el proyecto, total o parcialmente, volverá a la legislatura para su tratamiento, debiendo ser
considerado primero en la cámara de origen, y luego en la revisora. La legislatura
necesitará las dos terceras partes de los presentes en cada cámara para insistir con el
proyecto, el que en ese caso quedará promulgado. En caso de que alguna de las cámaras no

9
Refiriéndose al procedimiento nacional anterior a la reforma de 1994, que es sustancialmente similar al
actualmente vigente en Buenos Aires, Bidart Campos señalaba: “Lo que el Congreso sanciona en la etapa
constitutiva de formación de la ley es, en rigor un ‘proyecto’ de ley. O sea, no es todavía ‘ley’. Para que
haya ‘ley’ debe añadirse la etapa de eficacia, configurada por la promulgación y publicación que hace el
poder ejecutivo…” (Bidart Campos, Germán J. “Tratado Elemental de Derecho Constitucional Argentino” Ed.
Ediar. Bs. As. 1993. T. II Pág. 209.
consiga esa mayoría especial para insistir, el proyecto quedará rechazado y no podrá
reiterarse en las sesiones de ese año. (art. 110 C.P.)
Si el Poder Ejecutivo dejare transcurrir el plazo de diez días sin haber hecho la
promulgación ni lo hubiere devuelto con observaciones, el proyecto se considerará
aprobado y deberá ser publicado para su vigencia (art. 108 C.P.).

INMUNIDADES DE LOS LEGISLADORES


Como garantía del funcionamiento de los órganos legislativos, el derecho
constitucional comparado reconoce determinados privilegios e inmunidades, tanto
colectivas cuanto personales para los legisladores. Los privilegios colectivos de los
órganos legislativos incluyen: el juzgamiento por cada cámara de los títulos, elecciones y
derechos de sus miembros; la competencia del órgano para darse su propio reglamento; el
poder disciplinario de cada cámara tanto sobre sus propios miembros como sobre terceros
ajenos a ella; el derecho de cada cámara de solicitar la concurrencia de los ministros
secretarios, y el derecho de aceptar las renuncias y licencias de sus miembros (arts. 92, 93 y
100 de la C.P.)10
Entre los privilegios personales de los legisladores, encontramos básicamente dos:
a) la inmunidad de opinión, por la cual ningún miembro de la cámara podrá ser
perseguido por ninguna autoridad, en cualquier tiempo, por las opiniones y votos que emita
en el ejercicio de su cargo. (art. 96 C.P.)11
b) la inmunidad ambulatoria también llamada inmunidad de arresto, por la cual
ningún miembro de una de las cámaras puede ser detenido, salvo el caso de ser sorprendido
in fraganti delito, es decir en la ejecución flagrante de algún crimen (art. 97 C.P.). 12 En
caso de producirse contra un legislador acusación criminal, deberá el juez solicitar a la
cámara el allanamiento de la inmunidad, es decir el desafuero del legislador para ponerlo a
disposición de la justicia, para lo que se requiere el voto de las dos terceras partes de la
cámara. (art. 98 C.P.)

INCOMPATIBILIDADES DE LOS LEGISLADORES


El sistema de división de poderes que rige en nuestro sistema constitucional implica
una radical separación entre cada uno de los poderes del gobierno. Por lo tanto la
constitución ha establecido la incompatibilidad del cargo de legislador con el ejercicio de
otras funciones en el Estado ya sea nacional o provincial, en particular los cargos
ejecutivos, pero también los judiciales e inclusive ser miembro delos directorios de los
establecimientos públicos de la provincia, conforme lo establecen los arts. 72 y 77 de la
C.P.
10
Conf. Bidart Campos, Germán J. Op: Cit. T. II Pág. 132.
11
Bidart Campos, Germán J. Op. Cit.T. II Pág. 135. Zuccherino, Ricardo M. Op. Cit. T. II Pág. 195 y ss.
12
Bidart Campos, Germán J. Op. Cit. T. II Pág. 139 y ss.
EL JUICIO POLITICO.
El Instrumento más significativo del control del Poder Legislativo respecto de los
otros poderes del Estado, es el Juicio Público, comúnmente conocido como Juicio Político,
denominación que, sin embargo, no es propia de la Constitución Nacional aunque sí resulta
del art. 74 de la constitución provincial. La constitución provincial emplea, no obstante, en
forma indistinta ambas denominaciones. Se manifiestan en el Juicio Público varias de las
notas características de la forma republicana de gobierno: la responsabilidad de los
funcionarios públicos, el control recíproco de los órganos de gobierno, que revela el
sistema de frenos y contrapesos propio de la forma republicana, que tiende al equilibrio del
poder.
Este instituto tiene sus antecedentes en el Juicio de Residencia del derecho indiano,
y en el impeachment inglés, pero presenta significativas diferencias con ellos. El Juicio de
Residencia era una investigación a la que se hallaban obligados ineludiblemente los
virreyes, gobernadores y otros magistrados, del período hispano, cuando finalizaban sus
respectivas funciones. Se trataba de una clara limitación a los poderes que obligaba a los
funcionarios de la corona a ajustarse a derecho en todo momento. Dado su carácter de
inevitable, el Juicio de Residencia implicaba más una rendición de cuentas que un juicio de
responsabilidad, y no requería ningún tipo de imputación ni cargo al funcionario saliente. 13
El impeachment, por su parte, se aplicó en Inglaterra desde 1376, y consistía en una
acusación contra un funcionario formulada por la Cámara de los Comunes ante la Cámara
de los Lores. Su aplicación, que revelaba una larga lucha entre el Parlamento y el
soberano, estuvo comúnmente reducida a los ministros de la Corona, dado que no era
aplicable a los jueces ni al monarca. Desde 1805 dejó de aplicarse para ser reemplazada
por la renuncia solidaria de todo el gabinete, por el solo hecho de no superar el voto de
confianza de los comunes. El instituto pasó morigerado a la Constitución de los Estados
Unidos, y de ella a nuestro sistema constitucional. Su incorporación al Derecho Público de
las provincias fue propiciada por Juan Bautista Alberdi.
El juicio político constituye una institución propia de los sistemas presidencialistas,
que no persigue hacer efectiva la responsabilidad política solidaria, que corresponde a los
sistemas parlamentarios, ni la responsabilidad jurídica, reservada al Poder Judicial. Su
objetivo primario consiste en separar de su cargo al funcionario acusado, y eventualmente
declararlo inhábil para el desempeño de cargos públicos. 14 Es un verdadero “ante-juicio”
que quita al funcionario sus inmunidades constitucionales y lo coloca a disposición de la
instancia judicial ordinaria.15

13
“…Los juicios de residencia eran procedimientos normales incoados contra todos los funcionarios para
investigar, al término de su actuación, las irregularidades que podían haber cometido. Al concluir el
desempeño de las autoridades superiores (gobernadores, intendentes y virreyes), o cada cinco años si se
trataba de magistrados permanentes (como los oidores), el Consejo de Indias designaba un juez
residenciador encargado de juzgar la actuación de esos mandatarios y de los que habían estado
subordinados a ellos. Muchas veces se nombraba como tal al reemplazante del funcionario indagado…”
Zorraquín Becú, Ricardo. “Historia del Derecho Argentino” Ed. Perrot. Buenos Aires 1978. T. I Pág. 147 y 148.
14
Badeni, Gregorio. Tratado de Derecho Constitucional. Ed. La Ley. Bs. As. 2004 t. T. II Pág. 1169.
El juicio público de destitución de los funcionarios y magistrados sometidos a ese
control es político, con propósitos políticos, promovido por culpas políticas, cuya
consideración incumbe a un cuerpo político, y con efectos políticos. Ello no significa, sin
embargo, que en el desarrollo del proceso se admita la ausencia de las garantías del debido
proceso y de la defensa en juicio, ni que se admita la arbitrariedad en la apreciación y
acreditación de los hechos investigados.16
Esta función implica el ejercicio de funciones jurisdiccionales por parte del órgano
legislativo, aunque no persigue castigar al funcionario sino separarlo de su cargo.17
En la Provincia de Buenos Aires fue incorporado ya desde la Constitución del
Estado de Buenos Aires, de 1854 (art. 24 inc. 2°), y se mantuvo su vigencia con la
Constitución de 1873 (art. 66 inc. 2°), sin variantes en la reforma de 1889. Por entonces el
sistema preveía la aplicación del juicio político sólo para los delitos o faltas cometidos en el
desempeño de las funciones públicas, y el “desafuero” votado por la Cámara de Diputados,
para el caso de comisión de delitos comunes. Este sistema fue modificado por la reforma
constitucional de 1934, que extendió el juicio político al caso de delitos comunes, pero en
este caso a requerimiento del juez interviniente. Para los otros casos se mantuvo la
posibilidad de que la denuncia fuera formulada por cualquier habitante de la Provincia.
Alcance
Conforme con lo dispuesto por el art. 73 inc. 2 de la C.P. el juicio político alcanza al
gobernador, vicegobernador, los ministros del Poder Ejecutivo, a los miembros de la
Suprema Corte de Justicia, al Procurador General de la Suprema Corte de Justicia, al
Subprocurador General de la Suprema Corte de Justicia y al Fiscal de Estado-
La disposición constitucional del art. 73 inc. 2° establece que “La ley determinará el
procedimiento para estos juicios”. Esta norma ya estaba presente en el art. 66 inc. 2° de la
Constitución de 1873. En cumplimiento de ello, la Legislatura dictó la ley 3208,
promulgada el 15 de octubre de 1909. Al modificarse en la reforma de 1934 lo relativo a
la causal de delitos comunes no vinculados con la función, se hizo necesario adecuar la
legislación, y fue por ello que la Legislatura dictó la actualmente vigente Ley 4434,
promulgada el 25 de septiembre de 1936.
La ley 4434 se encuentra muy desactualizada respecto de la legislación vigente.
Efectúa constantes remisiones a la legislación procesal penal por entonces vigente, el
llamado Código Jofré, que han quedado descolocados respecto del actualmente vigente,
Ley 11.922 y sus modificatorias.
La mayoría establecida en la norma para procederse a la acusación es la de dos
tercios de los diputados presentes. Las causales que pueden dar lugar a la acusación son:
La presunta comisión de delitos en el desempeño de las funciones propias del acusado

15
Bidart Campos, Germán J. Op. Cit. T. II Pág. 266. Ekmekdjian, Miguel Ángel. Tratado de Derecho
Constitucional. Ed. Depalma. Bs. As. 1999 T. IV Pág. 211.
16
Gelli, María Angélica. Constiutición de la Nación Argentina. Comentada. Ed. La Ley. Bs. As. 2005 Pág. 559.
17
Bidart Campos, Germán J. Op. Cit.T. II Pág. 260. Ekmekdjian, Miguel Ángel. Op. Cit. T. IV Pág. 209.
En este caso se trata de la comisión o participación en la ejecución de actos
delictivos en el ejercicio de la función pública, por acción, o por omisión. 18 El típico delito
del funcionario público es el prevaricato, pero también lo son el abuso de autoridad, el
incumplimiento de los deberes de funcionario público, la falsedad ideológica, el falso
testimonio, la asociación ilícita, la malversación de caudales públicos, el cohecho,
exacciones ilegales, etc.19 Debe tratare de una acción típica prevista en la legislación penal
anterior al hecho.20 Por ello discrepamos con la opinión de Badeni que sostiene que puede
constituir esta causal suministrar información falsa respecto de una causa judicial, dado que
esa acción no es típica.21 Se trata de una presunta comisión de delito, dado que el
funcionario no puede ser sometido a la acción de la justicia hasta que no sea eventualmente
removido por la decisión del Senado. En ese caso, recién se podrá juzgar por parte de los
magistrados ordinarios y obtenerse una sentencia firme, que es la única forma de
determinar que el funcionario ha cometido el delito del que se lo acusó. De esta manera si
un funcionario es destituido por juicio político basado en esta causal, y luego el funcionario
es absuelto en sede penal ordinaria, ello no provocará efecto alguno respecto de la
destitución dispuesta por el órgano político. 22 Se trata, en efecto, de una causal objetiva
para proceder a la destitución, que no implica la culpabilidad del funcionario, sino sólo la
verificación política de que se configuran los extremos constitucionales para la destitución
de éste y su puesta a disposición de la justicia ordinaria.
La falta de cumplimiento de los deberes de su cargo
No se trata del delito de incumplimiento de los deberes de funcionario público,
porque en ese supuesto nos hallaríamos frente al caso de un delito que caería en la causal
anterior. La falta de cumplimiento de los deberes debe asimilarse al “mal desempeño” que
prevé el art. 53 de la Constitución Nacional. En este sentido se trata de una causal amplia,
cuya consideración compete al órgano legislativo, y no está circunscripta a determinadas
figuras típicas como la causal de comisión de delitos.23 No requiere ni el dolo ni la culpa, y
puede provenir de causas ajenas inclusive a la voluntad del funcionario, como la
incapacidad sobreviviente por razones de salud, sin que pudiere o quisiere renunciar.24
Comisión de delitos comunes
El artículo 74 prevé que cuando el funcionario sea acusado por la eventual comisión
de delitos comunes, es decir aquellos que no están relacionados con el desempeño del cargo
público, puede también ser sometido al juicio político, al solo efecto de su destitución y
consecuente allanamiento de la inmunidad propia de la función, para quedar sometido a la

18
Badeni, Gregorio. Op. Cit. T.II Pág. 1171.
19
Ekmekdjian, Miguel Ángel. Op. Cit. T. IV Pág. 234.
20
Bidart Campos, Germán J. Op. Cit. T. II Pág. 260. Gelli, María Angélica. Op. Cit. Pág. 561. Ekmekdjian,
Miguel Ángel. Op. Cit. T. IV Pág. 234.
21
Badeni, Gregorio. Op. Cit. T. II Pág. 1l71.
22
Gelli, María Angélica. Op. Cit. Pág. 596 y ss.
23
“La causal de ‘mal desempeño’ es un tipo abierto en cuanto a que su contenido puede ser muy amplio.
Incluye comportamientos que pueden no ser dolosos y asociados al incumplimiento de las normas
constitucionales…” Sola, Juan Vicente. Tratado de Derecho Constitucional, Ed. La Ley, Buenos Aires 2009. T. I
Pág. 587. En el mismo sentido Ekmekdjian, Miguel Ángel. Op. Cit. T. IV Pág. 231.
24
Bidart Campos, Germán J. Op. Cit. T II Pág. 261. Gelli, María Angélica.Op. Cit. Pág. 560. Ekmekdjian, Miguel
Ángel. Op. Cit. T. IV Pág. 230 y ss.
acción de la justicia. Parte de la doctrina sostiene, analizando la constitución federal, que
se trata de delitos dolosos, graves de cualquier tipo que sean, con exclusión de los
culposos.25 Sin embargo la redacción de la constitución provincial es distinta, porque no se
habla de “crímenes comunes” como en el art. 53 de la C.N. sino que la constitución
provincial dice “delitos comunes”. No vemos motivo entonces, para excluir a priori a los
delitos culposos. De todas maneras, serán las cámaras las que resolverán, en cada caso la
procedencia o no del juicio político.
Del mismo modo que en el supuesto de delitos en el cumplimiento de sus funciones, la
absolución o sobreseimiento posterior en sede judicial no tiene ningún efecto ni devuelve el
cargo al funcionario que fuere destituido por el juicio del Senado.
Abuso de su posición oficial para realizar especulaciones de comercio
Esta causal específica para el gobernador y los ministros se encuentra prevista en el
art. 154 de la constitución. La conducta alcanzada por este supuesto puede quedar
comprendida por algunas figuras típicas como el abuso de autoridad, el incumplimiento de
los deberes del funcionario público, la malversación de fondos, etc. Sin embargo, su
inclusión como causal autónoma y específica del gobernador y sus ministros implica que no
requiere que la conducta sea típica, sino que se refiere al uso de sus influencias para desviar
operaciones comerciales a favor de determinadas empresas o proveedores de propiedad o
vinculados a los funcionarios. Teniendo en cuenta que en la adjudicación de los contratos
administrativos siempre existe un grado de discrecionalidad, que a veces es mucho más
amplio en los casos de leyes de emergencia, la posibilidad de que el funcionario con
capacidad resolutiva decida en favor de uno de los oferentes, aunque no sea la oferta más
conveniente, es siempre posible. Esta causal no alcanza a los miembros de la Suprema
Corte de Justicia, ni al Procurador General, ni al Subprocurador General, ni al Fiscal de
Estado, ni al vicegobernador. La exclusión se explica por cuanto estos funcionarios, en
principio, no tienen la posibilidad de emplear su influencia para la toma de decisiones que
impliquen beneficios directos a una empresa, ya sea proveedor del Estado o concesionario.
Sin embargo, el vicegobernador puede hallarse en ejercicio transitorio de la gobernación,
por licencia del titular. En este caso, el vicegobernador se hallaría alcanzado por la causal
del art. 154, porque en ese momento se desempeña como gobernador.
Incidencia de la renuncia del funcionario en la iniciación o prosecución del juicio
político
Cuestión controvertida en la doctrina es la posibilidad de iniciar o proseguir el juicio
político en el caso de que se produzca la renuncia del funcionario. Una primera postura,
sostiene que una vez iniciado el proceso resulta indistinta la presentación de la renuncia, y
en consecuencia el trámite puede proseguirse hasta su terminación porque la sanción,
además de la destitución puede contener la inhabilitación del acusado. 26 Otra corriente
doctrinaria, donde se inscriben Bidart Campos y Gelli, entre otros, sostienen que en el caso
de la renuncia aceptada del funcionario no corresponde ni la iniciación ni la prosecución del
juicio político, en el caso de que luego de incoado éste, se produjera la renuncia ulterior.
Fundan la postura en que el objeto del juicio es la destitución del funcionario y que ocurrida
ella, no hay motivo para continuar el juzgamiento, dado que la posibilidad de inhabilitar al
25
Ekmekdjian, Miguel Ángel. Op. Cit. T. IV Pág. 235.
26
Badeni, Gregorio. Op. Cit. T II Pág. 1175.
funcionario es sólo una accesoria de la destitución. 27 Por último, una tercera corriente
sostiene que si la aceptación de la renuncia se produce con posterioridad a la acusación por
parte de la Cámara de Diputados, no impide la culminación del proceso. Esta tesis, fue la
que sostuvo la Corte Suprema de Justicia de la Nación en el caso “Yrigoyen” (Fallos
162:152).28
Toda esta doctrina, elaborada en base a la Constitución Nacional no es aplicable
automáticamente al instituto del juicio político previsto en la constitución provincial. En
efecto, nuestra constitución contiene una disposición que está ausente en la norma federal:
el art. 73 in fine, delega en la ley la determinación del procedimiento de estos juicios. En
tales condiciones puede el legislador provincial establecer los efectos de la renuncia sobre
la prosecución del trámite. En primer término es necesario señalar que la renuncia para
tener efectos debe ser aceptada. Una renuncia no aceptada no libera al funcionario. Desde
luego si la renuncia es aceptada antes de aprobarse la acusación no puede caber ninguna
duda de que el juicio deberá archivarse porque el funcionario acusado ya habrá dejado de
serlo, y este juicio sólo procede contra un funcionario de los previstos en la constitución.
Por lo tanto, postulamos que en una eventual reforma de la ley vigente se regule que, una
vez producida la acusación, esta se comunique al Poder Ejecutivo, al Senado y a la
Suprema Corte de Justicia, y que a partir de ese momento no se pueda aceptar la renuncia
del funcionario acusado.
Titularidad de la acción para formular la denuncia
La norma analizada es clara en cuanto a que la acción para denunciar ante la
Cámara de Diputados corresponde a cualquier habitante de la Provincia, y no resulta
necesario que sea un legislador o funcionario. ¿Deberá entenderse entonces que si la
denuncia la formula alguien que viva en otra provincia o en la Ciudad Autónoma de
Buenos Aires la misma no deberá ser tomada en cuenta? No parece la solución correcta. Si
bien el giro empleado no ofrece dudas interpretativas en que se refiere a los habitantes de la
Provincia, nada impide que si la denuncia es formulada por alguien que no lo es, la misma
sea hecha propia por cualquier habitante, por ejemplo un legislador que sí es habitante, o
inclusive iniciar de oficio la Cámara de Diputados el procedimiento al tomar conocimiento
de la denuncia que hasta puede ser hecha de manera pública pero no en la Mesa de Entradas
de la cámara, sino por ejemplo en la prensa escrita.
Tampoco parece lógico, ni ajustado al espíritu del texto constitucional que una
denuncia efectuad por un vecino de otra provincia o de la Ciudad Autónoma de Buenos
Aires fuera por ello rechazada in limine.
Trámite del Juicio ante el Senado (Arts. 79, 80 y 81 de la C.P.)
El Senado es el juez natural de este juicio público, y para ello, debe constituirse en
tribunal, a cuyos efectos sus miembros deben prestar juramento o afirmación de que
desempeñarán la función de acuerdo con la constitución y la ley. 29 Este requisito lo

27
Bidart Campos, Germán J. Op. Cit. T. II Pág. 268. Gelli, María Angélica. Op. Cit. Pág. 563.
28
Badeni, Gregorio. Op. Cit. T. II Pág. 1174.
29
Analizando la norma similar contenida en la Constitución Nacional, María Angélica Gelli expresa que el
Senado “…debe constituirse en tribunal y sus integrantes prestar expreso juramento de actuar con
imparcialidad y rectitud. El juramento tiene, también, un valor simbólico de formal compromiso ante el acto
distingue de la Cámara de Diputados, que actúa en la etapa preliminar, recibiendo la
denuncia y decidiendo, luego de una investigación previa, si acusa o no ante el Senado al
funcionario denunciado, pues no se exige que los diputados presten juramento especial,
bastando para quedar habilitados para esta etapa del procedimiento con el juramento
general que hayan prestado al momento de hacerse cargo de sus respectivas bancas. En
cambio, a los senadores, por esta condición de tribunal que deben asumir, se les exige un
juramento o afirmación especial, cuya omisión acarrearía la nulidad de todo lo actuado. La
alternativa que resulta del texto, juramento o afirmación, tiende a respetar las convicciones
personales de cada senador.
La presidencia del Senado en el Juicio Político
El presidente natural del Senado es el vicegobernador, en los términos del art. 93 de
la constitución. En tal carácter preside el tribunal del juicio público, excepto que el
acusado sea el gobernador o el propio vicegobernador. En este caso presidirá el tribunal de
juicio el Presidente de la Suprema Corte de Justicia. La razón aparece clara: si el acusado
es el propio vicegobernador, es lógico que no puede él mismo presidir el tribunal que lo
está juzgando. Si el acusado es el gobernador, hay dos motivos, que sin embargo aparecen
como contradictorios: en primer lugar, como el vicegobernador ha sido electo
conjuntamente con el gobernador, y formando parte de una única fórmula, y en
representación de un mismo partido a alianza, puede pensarse que existe entre ellos un
grado de cercanía o afinidad que cuestiona su imparcialidad; por el contrario, también es
cierto que, en el caso de procederse a la destitución del gobernador sería el propio
vicegobernador el que estaría llamado a sucederlo, y por lo tanto puede dudarse de la
ecuanimidad que pudiera tener en la presidencia del tribunal. Sea cual fuere la causa, lo
cierto es que la norma aparece como razonable y justificada. La Constitución Nacional
contiene, en su artículo 59 una disposición similar, pero limitada al caso del juzgamiento
del Presidente de la Nación.30 Además la norma aclara que en el supuesto analizado el
Presidente de la Suprema Corte de Justicia no tendrá voto, aunque esta situación sólo tendrá
relevancia para resolver algunas cuestiones de procedimiento, por cuanto en la votación
final, donde se requieren dos tercios de los votos, en ningún caso quien presida el senado,
sea el vicegobernador, que es su presidente natural, o sea el Presidente de la Suprema Corte
de Justicia tendrán voto.
El trámite del Juicio Político
El trámite del juicio público se realiza conforme la ley que lo reglamenta, N° 4434.
Si bien se trata de un órgano político, y que juzga conforme criterios políticos, ello no
implica que pueda dejarse de lado la garantía de la defensa en juicio y del debido proceso
que tienen fundamento en los arts. 10 y 15 de la constitución provincial.31

trascendental que habrán de realizar…” Op. Cit. Pág. 593.


30
Gelli, María Angélica. Op. Cit. Pág. 594. Bidart Campos, Germán J. Op: Cit. T. II Pág. 261. Cueli, por su
parte, entiende que se trata de establecer una garantía de imparcialidad en el juzgamiento. Cueli, Oscar
Hugo. Constitución de la Provincia de Buenos Aires. Pág. 195 En el mismo sentido se expide Guillermo Raúl
Moreno. Constitución de la Provincia de Buenos Aires. Comentada. Ed. Librería Editora Platense. La Plata.
2008 Pág. 210.
31
Analizando la disposición similar de la Constitución Nacional, afirma Badeni que el juicio público “…tiene
naturaleza jurídica porque no configura una atribución discrecional del Congreso, sino sujeta a los límites
establecidos por la Constitución. No solamente respecto a su estructuración en los arts. 53, 59 y 60 de la Ley
La suspensión de los funcionarios acusados
El art. 12 de la ley 4434 prevé que el Senado puede, a requerimiento de la Cámara
de Diputados suspender al funcionario acusado. Esta suspensión se ha juzgado
inconstitucional analizando disposición similar contenida en el Reglamento del Senado de
la Nación (art. 4° del Reglamento Interno) por caracterizada doctrina, con la que
coincidimos.32 En efecto, no existe norma alguna de la constitución que lo permita respecto
del gobernador, del vicegobernador, de los ministros, del Procurador General y del
Subprocurador General de la Suprema Corte de Justicia, ni del Fiscal de Estado, y la
suspensión así dispuesta implica una limitación inconstitucional al desempeño de sus
elevados cargos.33 En cuanto a los miembros de la Suprema Corte de Justicia
exclusivamente, la suspensión sí es procedente, conforme a lo dispuesto por el art. 180.

Efectos del Juicio Político. La inhabilitación de los funcionarios sometidos al Juicio


Político
El juicio público tiene como objeto principal considerar la conducta del funcionario
y en este sentido el Senado puede absolver al denunciado, o condenarlo, y en este caso el
fallo podrá disponer la destitución del funcionario y eventualmente, como accesoria,
inhabilitarlo para el desempeño de cargos en la provincia. Puede disponerse la sanción
principal y no la accesoria, pero no a la inversa. 34 Sin embargo, luego de la reforma de
1994, y con la incorporación de los Tratados de Derechos Humanos a la Constitución
Nacional, por vía del art. 75 inc. 22, la Corte Suprema de Justicia de la Nación ha
considerado que la facultad que el art. 60 de la Constitución Nacional le acuerda al Senado
para aplicar juntamente con la destitución del funcionario la pena de inhabilitación resulta
inconstitucional por cuanto implica la posibilidad de que una pena como lo es la de
inhabilitación sea aplicada por un organismo que no es judicial. 35 En ese mismo fallo, el

Fundamental, sino también en orden a la rigurosa aplicación y respeto de todos los derechos y garantías
individuales que ella establece, y que han sido objeto de reglamentación por los tratados internacionales
sobre derechos humanos previstos en su art. 75 inc. 22…” Badeni, Gregorio. Op. Cit. T. II Pág. 1179 y 1180.
32
Badeni, Gregorio. Op. Cit. T. II Pág. 1183. Gelli, María Angélica. Op. Cit. Pág. 594 y 595. Bidart Campos,
Germán J. Op. Cit. T. II Pág. 262. Laplacette, Carlos J. “El proceso de juicio político y su control judicial” en
Tratado de Derecho Procesal Constitucional” (Pablo Luis Manili, Director) Ed. La Ley. Bs. As. 2009. T. II Pág.
503 y ss.
33
Sin embargo la suspensión dispuesta por el Senado de la Nación respecto del juez de la Corte Suprema
Eduardo Moliné O’Connor fue considerada constitucional por la Corte Suprema de Justicia de la Nación,
integrada por conjueces, con el dudoso argumento de que si bien no estaba autorizada por la constitución
tampoco estaba prohibido, lo que implica extrapolar el principio del art. 19 establecido para las personas a
favor del poder. C.S.J.N. 1-6-2004, “Moliné O’Connor, Eduardo” Fallos 327:2205, DJ 2004-2-1115. En el caso
“Boggiano” en cambio, dispuesta la suspensión por el Senado, el acusado planteo el Recurso Extraordinario
y la Corte Suprema, también integrada por conjueces, dispuso suspender la medida cautelar, y le corrió
traslado a la Cámara de Diputados. La cuestión no fue resuelta, por cuanto antes de ello se hizo lugar a la
destitución, y la cuestión acerca de la suspensión se declaró abstracta. C.S.J.N. 16-8-2006, Fallos 329:3535.
Conf. Laplacette, Carlos J. Op. Cit. Pág. 505.
34
Bidart Campos, Germán J. Op. Cit.T II Päg. 268.
35
C.S.J.N. 6-10-2009 “Maza, Ángel E.” en La ley diario del 12-11-2009, Pág. 7.
voto del Dr. Zaffaroni va más allá y considera que todas las normas provinciales que siguen
el modelo del art. 60 de la Constitución Nacional, como lo es el art. 80 de la constitución
provincial de Buenos Aires, resultan inaplicables por ser incompatibles con los tratados de
Derechos Humanos, y “…quedan en las respectivas constituciones como cláusulas
obsoletas, es decir, de imposible aplicación en razón de los principios de no contradicción y
pro homine…” No compartimos en absoluto la decisión comentada de la Corte Suprema de
Justicia de la Nación. Se trata de una interpretación exagerada de los principios que
resultan de los tratados de derechos humanos, y del principio de división de poderes 36, cuya
relatividad ya ha sido puesta de manifiesto. Por otra parte resulta realmente contradictorio
con lo resuelto por el propio tribunal en la causa Peláez, donde reconoció explícitamente las
facultades de las cámaras legislativas para disponer el arresto de personas que de alguna
manera menoscaben el buen nombre y honor de alguno de los miembros de la cámara o del
cuerpo en sí, siempre y cuando se garantice la posibilidad de revisión judicial suficiente. 37
En cuanto al voto del Dr. Zaffaroni resulta técnicamente inaceptable que formule
apreciaciones acerca de la legitimidad de las cláusulas constitucionales provinciales
análogas, cuando ninguna de ellas era aplicable al caso, dado que los tribunales de justicia
solamente deben expedirse en los casos concretos que tienen en consideración. Las
consideraciones teóricas, como la formulada por Zaffaroni deben quedar reducidas para la
doctrina o para la cátedra. En un fallo posterior, la C.S.J.N. al pronunciarse respecto del
juicio político seguido al gobernador de Tierra del Fuego, Mario Jorge Colazo, en el cual
fue destituido y además inhabilitado para el desempeño de cargos públicos por diez años, el
Alto Tribunal no sostuvo su anterior postura y anuló en fallo asaz dividido la inhabilitación
impuesta como accesoria, pero con el argumento de que la sala juzgadora de la legislatura
provincial había omitido dar una fundamentación autónoma para la inhabilitación,
considerando que no era suficiente la fundamentación dada para sostener la destitución, y
que ello configuraba una “afectación del debido proceso”, lo que vulnera el derecho de
defensa del enjuiciado.38
Si la acusación se refiere a un hecho único, el fallo comprenderá naturalmente ese
único asunto, pudiendo ser absolutorio o condenatorio. En este último caso, para
procederse a la destitución deberá alcanzarse la mayoría de las dos terceras partes de los
senadores presentes, conforme el art. 79. En cambio, si se formulan varios cargos
simultáneos, el fallo deberá considerar cada cargo por separado, y bastará con que sólo uno
de los cargos sea votado favorablemente por las dos terceras partes de los senadores
presentes para que la destitución proceda.
La norma en análisis nada dice acerca de la mayoría necesaria para disponer, en su
caso, la accesoria de inhabilitación para cargos públicos. Sin embargo, debe entenderse que
es exigible la misma mayoría calificada de las dos terceras partes de los senadores

36
En el caso particular, se trata del art. 23.2 de la “Convención Americana sobre Derechos Humanos” la que
establece “La ley puede reglamentar el ejercicio de los derechos y oportunidades a que se refiere el inciso
anterior (los derechos políticos), exclusivamente por razones de edad, nacionalidad, residencia, idioma,
instrucción, capacidad civil o mental, o condena, por juez competente, en proceso penal.”
37
C.S.J.N. 19-10-1995 “Peláez” Fallos 318:1967, L.L. 1996-B, 210.
38
C.S.J.N. 4-9-2012 “Colazo, Mario Jorge” P.676 XLIII. En disidencia el Dr. Eugenio Zaffaroni sostuvo su
postura acerca de que la aplicación de sanciones como la inhabilitación por parte de los órganos legislativos
es inconstitucional.
presentes. En este caso corresponde aplicar el principio de que lo accesorio sigue la suerte
de lo principal.
La votación debe ser nominal y el voto de cada senador deberá registrarse en el
Diario de Sesiones del Senado, todo ello bajo pena de nulidad. El sentido de ambas
formalidades es bien claro: se trata de establecer con toda seguridad que se haya cumplido
con el requisito de las mayorías exigidas por la constitución para hacer lugar a la
destitución, y permitir, en su caso, el más amplio ejercicio del derecho de defensa en caso
de plantearse una eventual nulidad.
La revisión judicial de lo actuado en el Juicio Político
Ninguna norma de la constitución prevé la posibilidad de que la sentencia del
Senado pueda ser recurrida. Es más, el texto del art. 79 dice que es atribución “exclusiva”
del Senado juzgar en juicio público a los acusados por la Cámara de Diputados. Sin
embargo, ello implicaría una violación a la garantía del art. 15 de la constitución provincial.
De todas maneras, como el Senado no es un tribunal de justicia, sino un tribunal político,
parece difícil encuadrar la intervención de la Suprema Corte de Justicia en alguno de los
supuestos del art. 161. Se produce aquí la misma dificultad que analizamos respecto de las
resoluciones de la Junta Electoral, en el comentario al art. 63. La Suprema Corte de
Justicia ha considerado en reiteradas oportunidades que no es admisible su intervención por
la vía del Recurso Extraordinario de Inaplicabilidad de ley, en los casos de resoluciones del
Consejo de la Magistratura, por no ser un tribunal de justicia. Lo mismo ocurrió respecto
de la Junta Electoral, con algunas pocas excepciones.
La jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia de la Nación fue también
contraria a aceptar recurso alguno, considerándola “cuestión política no judiciable”, hasta
1986. El 19 de diciembre de 1986 la Corte Suprema admitió formalmente la procedencia de
un Recurso Extraordinario contra la destitución por juicio político de miembros de la Corte
de Justicia de San Juan.39 A partir de ese fallo, se han sucedido numerosos
pronunciamientos en los cuales se admitió la procedencia del recurso del art. 14 de la ley
48.40 En general el Alto Tribunal ha entendido que las cuestiones de hecho, y las
consideraciones políticas del caso, incluyendo en esto a la decisión propiamente dicha, no
son revisables por ser de competencia exclusiva del órgano político a cargo del
juzgamiento. En cambio sí son revisables las cuestiones vinculadas con el cumplimiento de
las garantías constitucionales de defensa en juicio y debido proceso que deben estar
garantizadas en todos los casos.41 En el ya citado caso “Nicosia” (Fallos 316:2940), la
Corte Suprema de Justicia de la Nación sostuvo que “…esta Corte, a partir del precedente
‘Graffigna Latino’, ha sostenido la doctrina según la cual, las decisiones en materia de los
llamados juicios políticos o enjuiciamiento de magistrados en las esfera provincial, dictadas
por órganos ajenos a los poderes judiciales locales, configuran cuestión justiciable cuando
39
Caso “Graffigna Latino” Fallos 308:961.
40
“…Para la Corte, nada obsta a los fines del recurso extraordinario, que se equipare al Senado, al dictar su
fallo,a un ‘tribunal de justicia’ (‘Nicosia, ED, 158-237)…” Sagüés, Néstor Pedro. Op. Cit. T. 1 Pág. 694.
41
En el caso “Moliné O’Connor, Eduardo” del 1-6-2004, Fallos 327-1914, la Corte, integrada por conjueces,
entendió que la revisión judicial del fallo del Senado se limitaba a la cuestión de si hubo o no ejercicio
efectivo del derecho de defensa o violación del debido proceso. En el mismo sentido se ha expedido en
Fallos 317:874 y 328:3996. Más recientemente sostuvo esta postura en la causa “Colazo” del 4-9-2012, P
679 XLIII.
se invoca por parte interesada la violación del debido proceso. En consecuencia, fue
afirmado que tales decisiones no escapan a la revisión judicial por dichos poderes, ni a la
posterior intervención de la Corte por vía del recurso extraordinario…” para concluir que
“…Nada hay, por ende, desde el punto de vista sustancial, que obste a que el Senado de la
Nación constituido en ‘tribunal’, sea equiparado a un ‘tribunal de justicia’, a los fines del
recurso extraordinario…” En un caso más reciente, la Corte Suprema de Justicia de la
Nación sostuvo que la resolución que dispone el sometimiento de un funcionario a juicio
político no es susceptible de revisión judicial porque se trata de una apreciación que
compete constitucionalmente al Senado. Solamente una decisión definitiva es revisable por
la vía del recurso extraordinario federal, siempre y cuando se alegue la violación de la
garantía constitucional de la defensa en juicio y al debido proceso.42
La Corte Suprema de Justicia de la Nación, en el caso “Boggiano”, precisó las bases
de la moderna teoría de la revisibilidad judicial del juicio político, sosteniendo que: “La
importancia de asignarle a un cuerpo político una especial y limitada función judicial tiene
por efecto exigirle la observancia de las reglas de procedimiento que preserven las garantías
de defensa en juicio y del debido proceso que debe reconocerse a toda persona sometida a
un proceso que puede concluir con la pérdida de un derecho y que la observancia de las
reglas procesales relativas a la defensa en juicio adquiere el rango de materia revisable
judicialmente, sin que ello implique el reexamen de la solución de fondo que puede dictar
el cuerpo político, la cual queda afincada en la zona de exclusión donde residen las
cuestiones políticas no sometidas a la revisión judicial…”43
Consecuencias de la sentencia de culpabilidad
El art. 81 de la C.P. establece que el funcionario que hubiere sido condenado por el
Senado no solamente será destituido, sino que además quedará sujeto a acusación y juicio
ante los tribunales ordinarios. Es la consecuencia de la pérdida de la inmunidad
constitucional del funcionario que hubiere sido destituido, que lo coloca en un absoluto pie
de igualdad con cualquier ciudadano en los términos del art. 11 dela C.P. y 16 de la
Constitución Nacional.

42
C.S.J.N. 23-2-1995, Fallos 318:219 en L.L. 1995-C, 434 “Rodríguez, Gerardo W. c. Estado Nacional”
43
C.S.J.N. 16-8-2006 “Boggiano, Antonio” Fallos 329:3235.

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