El preámbulo
10. — Con referencia a la ideología y a los principios fundamentales de la constitución, debemos
traer a colación el preámbulo.
El preámbulo contiene y condensa las decisiones políticas fundamentales, las pautas del
régimen, los fines y objetivos, los valores y principios propugnados, el esquema del plan o programa
propuesto por el constituyente.
Si bien la jurisprudencia de nuestra Corte advierte que el preámbulo no puede ser invocado para ensanchar los
poderes del estado, ni confiere “per se” poder alguno, ni es fuente de poderes implícitos, no podemos dejar de admitir
que suministra un valioso elemento de interpretación. La propia Corte ha dicho de algunas de sus cláusulas (por ej.,
la de “afianzar la justicia”) que son operativas, y les ha dado aplicación directa en sus sentencias.
11. — El preámbulo no ha de ser tomado como literatura vana, porque los fines, principios y valores que enuncia
en su proyecto obligan a gobernantes y a gobernados a convertirlos en realidad dentro del régimen político.
Por otra parte, esos mismos fines y valores mantienen permanente actualidad, son aptos para encarnarse en
nuestra sociedad contemporánea, y además gozan de suficiente consenso por parte de la misma sociedad. Diríamos,
por eso, que goza de legitimidad sociológica.
12. — La primera definición que encontramos en el preámbulo acoge el principio de que el
poder constituyente reside en el pueblo. “Nos los representantes del pueblo…”. De inmediato cuando
dice “por voluntad y elección de las provincias…”, reconoce la preexistencia histórica de las
provincias. Ambas alusiones permiten coincidir en que el sujeto primario de nuestro poder
constituyente ha sido el pueblo “de las provincias” o, en otros términos, el pueblo diversificado en
las unidades políticas provincianas que antecedieron al estado federal.
La mención al “cumplimiento de pactos preexistentes” da razón de una fuente instrumental a
través de la cual se arribó al acto constituyente.
13. — De inmediato, cuando consigna que la constitución se establece “con el objeto de…”, el
enunciado abarcador de seis fines, bienes o valores, condensa la ideología de la constitución y el
proyecto político que ella estructura: a) unión nacional; b) justicia; c) paz interior; d) defensa común;
e) bienestar general; f) libertad.
a) Constituir la unión nacional significaba, al tiempo de la constitución, formar la unidad
federativa con las provincias preexistentes; o dicho de otro modo, dar nacimiento a un estado
(federal) que hasta entonces no existía. Pero ese objetivo inmediato mantiene y recobra su propuesta
para el presente, en cuanto se dirige a perfeccionar ahora y siempre el sistema originariamente
creado, y a cohesionar la unidad social (que no significa uniformidad opuesta al pluralismo).
b) Afianzar la justicia es reconocerla como valor cúspide del mundo jurídico-político. No se
trata solamente de la administración de justicia que está a cargo del poder judicial, ni del valor
justicia que dicho poder está llamado a realizar. Abarca a la justicia como valor que exige de las
conductas de gobernantes y gobernados la cualidad de ser justas. La Corte ha dicho que esta cláusula
es operativa, y que obliga a todo el gobierno federal.
c) Consolidar la paz interior fue también, a la fecha de la constitución, un propósito tendiente a
evitar y suprimir las luchas civiles, y a encauzar los disensos dentro del régimen político. Puede
haber adversarios, pero no enemigos. Hoy se actualiza significando la recomposición de la unidad
social, de la convivencia tranquila, del orden estable, de la reconciliación.
d) Proveer a la defensa común no es sólo ni prioritariamente aludir a la defensa bélica. La
comprende, pero la excede en mucho. El adjetivo “común” indica que debe defenderse todo lo que
hace al conjunto social, lo que es “común” a la comunidad; en primer lugar, defender la propia
constitución, y con ella, los derechos personales, los valores de nuestra sociedad, las provincias, la
población, el mismo estado democrático, el federalismo.
e) Promover el bienestar general es tender al bien común público; la Corte ha dicho que el
bienestar general del preámbulo coincide con el bien común de la filosofía clásica. Este bienestar
contiene a la prosperidad, al progreso, al desarrollo, con todos sus ingredientes materiales e
inmateriales que abastecen la buena convivencia humana social. Es el “estar bien” o “vivir-bien” los
hombres en la convivencia compartida en la sociedad políticamente organizada.
f) Asegurar los beneficios de la libertad presupone que la libertad es un bien que rinde beneficio.
La libertad es un valor primordial, como que define a la esencia del sistema democrático. Exige
erradicar el totalitarismo, y respetar la dignidad del hombre como persona, más sus derechos
individuales. La libertad forma un circuito con la justicia: sin libertad no hay justicia, y sin justicia
no hay libertad.
Por otra parte, todos estos objetivos, que son fines, bienes y valores, se hallan en reciprocidad: unos coadyuvan
a que se realicen los otros.
14. — Cuando el preámbulo enuncia: “para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los
hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino”, hemos de interpretar varias cosas: a)
una pretensión de durar y permanecer hacia y en el futuro; b) una indicación de que los fines y
valores de su proyecto político deben realizarse ya y ahora, en cada presente, para “nosotros”, los
que convivimos “hoy”, sin perjuicio de su prolongación para los que nos sucedan en el tiempo; el
futuro no relega ni amputa al presente; c) una apertura humanista y universal de hospitalidad a los
extranjeros.
15. — Finalmente viene la invocación a Dios, “fuente de toda razón y justicia”. Para el
constituyente, la medida de lo razonable y de lo justo proviene de Dios; los valores que el preámbulo
contiene hunden su raíz última en Dios, Sumo Bien. Nuestro régimen no es ateo ni neutro, sino
teísta. Y el patrón o standard para el derecho positivo justo es el derecho natural (o valor justicia).
16. — La enunciación de los valores contenidos expresamente en el preámbulo no niega ni desconoce a otros,
que podemos considerar incluidos implícitamente, como el orden, la cooperación, la solidaridad, etc.
17. — El preámbulo comparte la fuerza normativa de la constitución, y como síntesis que es, no
agota el arsenal de pautas, principios y valores que luego se completan en el articulado integral del
texto constitucional.