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Historia de Roma 3: República Tardía
La Crisis de la República:
Entre los años 133 a 44 a.C se produjo en Roma un cambio político de
gran trascendencia. Se pasó de un gobierno aristocrático, la Res Publica,
representado por el Senado, a lo que en definitiva era una monarquía, el
princeps, que se inicia bajo el mandato de Augusto.
La República se va a ver alterada, hasta el punto que simplemente
desaparecerá,aunque el propio Augusto, y sus sucesores, seguirán
manteniendo la idea de que se estaba bajo el régimen republicano, pero todas
las instituciones de éste estaban desvirtuadas y vaciadas de poder.
El cambio se dio en un contexto que coincide con una serie de conflictos
y guerras civiles, y externamente con la ampliación del Imperio por el
Mediterráneo, pudiéndose afirmar que fue el propio imperium el que creó al
emperador. Los propios contemporáneos tuvieron conciencia de que algo
estaba cambiando, pero lo que no vieron fue la trascendencia del cambio. Para
los historiadores de principios del siglo XX, entre los que destacan Mommsen y
Sime, este proceso había sido revolucionario, y llamaron a este periodo de la
historia de Roma: la Revolución Romana.
Pero este cambio, no se puede considerar como tal, ya que no
cambiaron las relaciones entre senadores y equites, es decir, no se produjo
una inversión social, que es, lo que en definitiva, se produce en una revolución.
Es por ello que en la actualidad, a este cambio se le da el nombre de crisis
como concepto de cambio y transformación.
Este cambio vino dado por las propias dimensiones del imperio romano.
Se produjo una inadecuación de las estructuras políticas, sociales y
económicas pensadas para una ciudad (hay que recordar que Roma era en su
origen una pequeña ciudad del Lacio), y no preparadas para un territorio de
tales dimensiones.
Pese a la crisis, la expansión de Roma no se detuvo, y en muchas
ocasiones, la ampliación territorial tenía un motivo personal, generales que
perseguían la gloria y la riqueza, pero también el pueblo de Roma, el Populus,
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presionaba en esa dirección, ya que se beneficiaba de los botines de las
nuevas conquistas.
La crisis afecto a la base económica de la población romana.
Tradicionalmente Roma tenía como actividad económica el cultivo de la tierra,
caracterizado por la pequeña y mediana propiedad, fundamentalmente de
subsistencia. Ésto se vio alterado en el S. II. a.C por el surgimiento de una
mano de obra barata, los esclavos, proveniente de la conquista, que eran
puestos a trabajar en las grandes fincas, cuya producción era destinada a los
mercados itálicos y extraitálicos.
Ello provocó que la gran propiedad fuera absorbiendo a la pequeña
propiedad, que era incapaz de competir con esa mano de obra. La gran elite
gastó el dinero de las conquistas en tierra, ampliando aún más sus grandes
propiedades. Ese cambio deterioró las condiciones de vida del pequeño
propietario, y la ampliación del proceso de proletarización de gran parte de la
sociedad romana. Muchos pequeños campesinos tuvieron que vender sus
tierras, y pasaron a ser ciudadanos sin tierras.
Estos proletarios o proletarii, tomaron dos caminos: uno fue enrolarse en
el ejército, e intentarán presionar a sus generales para que se les entregaran
tierras al acabar las campañas de conquista, lo que creara una relación
personal entre los soldados y sus jefes, y se trasvasará a las filas del ejercito la
clientela, lo que provocará la formación de ejércitos personales que ya no
obedecen a Roma, sino a su general, que iba a ser en definitiva el que les
concedería las [Link] situación llevará a las guerras civiles.
Otra vía de los proletarii fue la inmigración del medio rural a la capital, lo
que aumentará la plebe romana de la ciudad, que tenía en común que eran
todos ciudadanos y con derecho al voto, lo que podía ser usado por los
políticos para ocupar magistraturas o aprobar leyes.
Por otra parte, la ampliación del el imperio abrió paso a nuevos
negocios, que benefició al ordo equitem que se dedicaba a los negocios.
Tenían vedada la vida política, y no tenían acceso a los cargos políticos, por
ello reclamarán más poder, y su acceso a la vida política.
En el terreno político, habrá un ascenso de los llamados imperatores,
generales cuyo poder proviene de las conquistas. Habían conseguido gloria, y
a muchos se les dará poderes extraordinarios. Durante este periodo de la crisis
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romana será habitual la concesión de poderes a generales, que desvirtuaban
de forma continua las instituciones republicanas. Poder, riqueza y prestigio
serán tres conceptos que irán unidos en este periodo.
Se producirá una metamorfosis de las magistraturas, el Senado y los
comicios. Habrá una lucha para ampliar el poder de los comicios en reprimendo
del Senado o viceversa. Y se generalizará la violencia como poder político,
mediante bandas armadas. Se creará un procedimiento senatorial, el Senatus
Consultum Ultimum, por el cual si el Senado estimaba una circunstancia
contraria a sus intereses, declaraba la situación de emergencia y encargaba a
los magistrados, normalmente los consules, poner en práctica todos los medios
para salvar a la República.
El magistrado tenía carta libre para usar la violencia sin ninguna
limitación. Se señalaban a los enemigos de la República, los hostes publici,
quienes era privados de sus derechos como ciudadano romano, se confiscaban
todos sus bienes y se les aplicaba la infamia, lo que significaba la inhabilitación
política para él y todo sus descendientes Se aplicaba también la Dannatio
memoriae, es decir, borrar su memoria y prohibir que se le recordara.
Se produjo durante este periodo varias revueltas de esclavos, muchas
de las cuales hicieron tambalear los cimientos de Roma. También se producirá
conflictos en las provincias del Imperio, por la explotación que Roma hacía
sobre ella, y de igual modo, los Socii, ciudadanos itálicos que no tenían la
ciudadanía romana, provocarán incidentes, incluida una guerra, intentado
conseguir la ciudadanía romana.
Por otra parte, en el seno de la elite romana se producirá una lucha entre
los populares y los optimates.
Los Gracos:
La década que va del 133 a.C al 121 a.C estuvo caracterizada por el
intento de introducir reformas políticas, económicas y sociales en Roma. En
este plano destacarán los Gracos: Tiberio y Cayo Sempronio Graco, que
ocuparan el Tribunado de la Plebe, a través del cual intentaron introducir las
reformas.
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Con éstas pretendían dar más poder a los comicios, y un control de los
equites sobre los senadores, lo que suponía una perdida de poder por parte del
Senado.
En el plano social se quería reforzar al pequeño y mediano
campesinado, que había sido perjudicado por la ampliación de la gran
propiedad. Ese empobrecimiento suponía un debilitamiento de la columna
vertebral de la sociedad, pero también del grueso del ejército.
Las legiones romanas estaban compuestas exclusivamente por
ciudadanos romanos, pero solo entre aquellos ciudadanos que pudieran
costearse el equipo militar, es decir, aquellos que fueran propietarios de tierras.
Esta composición del ejercito entró también en crisis por otras causa, a
partir del S. II a. C. En primer lugar porque anteriormente la guerra era
estacional y cerca de Roma, pero desde la guerra anibálica los enfrentamientos
empiezan a ser fuera de Italia, y las legiones estarán a gran distancia de Roma
durante varios años.
Ello hacía que los soldados no podían ocuparse de cultivar sus tierras,
que acababan arruinándose, a lo que hay que unir las bajas en el frente. Ello
supuso un empobrecimiento del campesinado, que tuvieron que vender sus
tierras pasando a ser jornaleros, o en su caso colonos. Muchos tendrán que
emigrar a la capital, Roma, donde se convirtieron el proletarios.
Se producía ,por lo tanto ,una crisis militar de reclutamiento, que
coincidió con un doble frente en Hispania: la guerra contra los celtiberos (154
a.C al 133 a.C) y contra los lusitanos (del 147 a.C al 139 a.C), a lo que hay que
unir la rebelión de esclavos del 135 a.C en Sicilia.
Esto último provocó una dificultad de abastecimiento de Roma, y un alza
de precios que perjudicaba a los menos privilegiados que se tradujo en otras
revueltas de la plebe en Roma. Apiano explica esto mismo en su obra de las
Guerras civiles:
Los romanos, a medida que sometían con la guerra a las distintas
regiones de Italia, se apoderaraban de una parte de su territorio… Los ricos,
acaparando la mayor parte de esta tierra no distribuida, aumentaron con el
tiempo su confianza en que ya no se verían desposeídos de ella y, comparando
en parte por métodos persuasivos, en parte apoderándose por la fuerza de las
propiedades vecinas de ellos y de todas las demás pequeñas pertenecientes a
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campesinos humildes, cultivaban grandes extensiones de tierra en vez de
parcelas pequeñas y empleaban en ellas esclavos como agricultores y pastores
en previsión de que los trabajadores libres fueran transfereidos de la agricultura
a la milicia..
Los ricos se enriquecían al máximo y los esclavos aumentaban
muchisimo por la campiña; en tanto que la escasez y la falta de población
afligían a los pueblos itálicos, diezmados por la pobreza, los tributos y la milicia.
En este contexto se situa el tribunado de la plebe de Tiberio Sempronio
Graco. Éste era un miembro de la nobilitas, y desde el S. III su familia había
ocupado en diversos momentos el consulado. Había sido Quaestor en Hispania
en el 133 a.C cuando Numancia cae, viendo de cerca la crisis militar.
En el 133 fue elegido por el pueblo Tribunus plebi o Tribuno de la plebe,
y al poco tiempo presentó un proyecto de ley o rogatio, que contenía tres
propuestas, que tenían que ver con la agricultura. En primer lugar pretendía
limitar la superficie de ager publicum, que podía tener un ciudadano romano, a
500 iubadas , y 250 iubadas más por hijo, con un límite de 1.000.
Se desocuparía por la fuerza la tierra que excediera ese limite, y la
redistribución de la tierra resultante, tras ser dividida en parcelas, entre quienes
no tuvieran tierras, aunque la propiedad seguiría siendo del Estado debiendo
pagar un pequeño canon simbólico. Por tanto las tierras no podían ser
vendidas, pero si podían ser heredadas.
En tercer lugar, y para llevar a cabo la reforma, se preveía la formación
de una comisión elegida por la comitia tributa para proceder a realizar la
reforma, con poder para confiscar y redistribuir.
Esta actuación de Tiberio Graco no era en solitario ni mucho menos,
sino que actuaba como portavoz de un grupo de senadores, que pretendía
impulsar esas medidas utilizando el tribunado de la plebe. Entre los que le
apoyaban estaban Licinio Graso, Apio Claudio y Murcio Estebola. El primero
era Pontifex Maximus, el segundo era Princeps Senatus y augur, y el tercero
era un afamado jurista y había sido Cónsul en el 133.
Los objetivos que perseguía esta reforma era restablecer al pequeño
campesinado de forma permanente. En segundo lugar, aumentar el número de
hombres actos para la leva, y finalmente reducir el número de esclavos en el
medio rural como mano de obra, ya que suponían un gran peligro para Roma.
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Desde luego no era un objetivo dañar a los grandes propietarios, puesto
que ellos mismo lo eran, de hay que se pudiera tener hasta 1.000 iubadas,
excluyéndose de la reforma las ricas tierras de Campania donde los senadores
tenían sus magnificas villae.
Pero la mayor parte del Senado no estaba de acuerdo en la reforma, y
se opuso a ella. Tiberio Graco sabía que el Senado no aprobaría sus
proyectos, por lo que optó por no consultarlo con el Senado como era habitual
para que diera su auctoritas, aunque no era el primero que se saltaba este
trámite.
Tiberio llevó la rogatio directamente a contiones, lugar donde se
debatían las leyes, y una vez debatido se pasaba a su votación en comicios.
Pero allí se encontró la oposición de los grandes propietarios, que no admitían
ceder tierra aunque fuera pública. Esos senadores recurrieron a otro Tribuno
para que vetara, ius intercessionis, la propuesta.. De esta forma, Octavio, el
otro Tribuno, vetó a Tiberio Graco cuando iba a presentar su proyecto, por lo
que la votación no se pudo llevar a cabo.
Lo normal, en este caso, es que Tiberio hubiera retirado su proyecto,
olvidándose de él, pero éste volvió a convocar a la asamblea, y tomo una
decisión que determinó los acontecimientos siguientes. Fue una segunda
irregularidad, ya que hizo que el pueblo destituyera a Octavio, lo cual no tenía
ningún precedente en la historia de Roma. Era algo irregular según el Mos
Maiorum, y algo que iba contra la propia religión romana, ya que los Tribunos
tenían la sacrosanctitas.
La rogatio fue aprobada finalmente, pasando a convertirse en Lex. Pero
con la destitución de Octavio, Tiberio perdió muchos apoyos, incluso dentro de
su propio grupo de colaboradores.
Por otra parte, una cosa era haber aprobado la ley, y otra muy distinta
conseguir que se aplicara, debido a que había una dificultad técnica y
económica para ello. Técnicamente había que inspeccionar toda la tierra,
medirla y confiscarla, pero además de ello había que dar utillaje, animales, etc
a los nuevos propietarios, lo que requería una gran suma económica, que
debía ser financiado con las arcas del Estado.
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Pero el Senado, que era quien controlaba las finanzas, se negó
rotundamente a financiarlo, como era lógico, ya que se había opuesto a la
aprobación de la propia reforma.
Mientras Tiberio intentaba conseguir que el Senado financiara la
reforma, Attalo III de Pérgamo moría, dejando su reino a Roma. Tiberio vio aquí
su oportunidad, y presentó, una vez más en los comicios por tribus, una
propuesta sobre la disponibilidad de la herencia de Attalo.
Esto era una tercera irregularidad, ya que puso en cuestión las
competencias tradicionales del Senado romano, tanto en política exterior como
en finanzas, así como en materia de administración provincial.
En ese momento, se empezó a debatir en Roma la conducta de Tiberio,
incluso se le llegaría a acusar de aspirar al Regnum. Rumores falsos se
propagaron por Roma, en los cuales se decía que el embajador de Pergamo le
había regalado una diadema y un manto púrpura, atributos del Rex.
El tribunado de Tiberio llegó a su fin, pero una vez fuera del cargo,
quedaba fuera de la protección que éste otorgaba, y por lo tanto su vida podía
correr peligro. Tiberio decidió presentarse a la reelección para el tribunado del
132. Ello suponía una nueva irregularidad.
La Lex Villia Annalis del 180 a.C, la cual reglamentaba el Cursus
Honorum, prohibía la continuidad en el cargo más allá de un año, la
imposibilidad de ser reelegido o presentarse a otra magistratura sin un periodo
intermedio de dos años.
Todo esto hizo que Tiberio perdiera todos sus apoyos, y en la
celebración de las elecciones, Tiberio Sempronio Graco fue asesinado, y su
cadáver fue arrojado al Tiber para evitar posibles revueltas en su funeral. Su
muerte no supuso la abolición de su reforma agraria de una manera inmediata,
pero su aplicación fue casi inexistente, y hasta el 132 a.C la cuestión agraria
fue un tema de debate en Roma, a la que se sumo la cuestión de los Socii o
aliados.
Las dificultades con el tema agrario hizo finalmente que, en el 129,
Escipion Emiliano paralizara la actividad de la comisión que estaba llevando a
cabo la reforma de Tiberio. Escipión Emiliano era senador, había sido Cónsul
en el 134, y era el gran vencedor de Cartago.
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El pretexto para paralizarla era que se estaba disponiendo de tierra que
pertenecían a los Socii, y esos aliados habían recurrido a Escipion. Éste obtuvo
del Senado una orden para interrumpir el trabajo de la comisión, ya que no
tenía ningún derecho sobre la pertenencia de las tierras de los aliados.
Mientras tanto, la facción que había apoyado a Tiberio Graco se había
reconstruido y decidió hacer suya la cuestión itálica. El encargado de llevarlo a
acabo fue un Senador llamado Fulvio Flaco, que en el 125 se presentó al
consulado, y en su campaña electoral presentó una propuesta que preveía la
concesión de la ciudadanía romana a los itálicos que lo quisieran, y el derecho
de apelación contra la sentencia de un magistrado para aquellos que quisieran
conservar su nacionalidad.
Ese proyecto encontró oposición en la elite senatorial, por temor a ver
alterado el cuerpo electoral y el control que ejercían a través de sus clientelas.
También se oponía el populus por egoísmos, ya que vieron que tendrían que
compartir con muchos más la ventaja de ser ciudadano romano.
Fulvio Flaco fue elegido Cónsul, pero el Senado lo mandó a la Galia para
hacerse cargo de una revuelta, y no pudo presentar su proyecto. Ante esta
circunstancia una ciudad itálica del Lacio, Fregellae, se sublevó. Roma fue allí
con sus legiones, los venció, y la ciudad fue literalmente borrada del mapa,
siendo un castigo ejemplar para el resto de ciudades itálicas.
Cayo Sempronio Graco, hermano de Tiberio, fue elegido Tribuno en el
123, compartía como es lógico el mismo origen familiar, estando muy
preparado para la oratoria, incluso Cicerón reconoció que había sido un gran
orador. En términos generales había participado en la comisión agraria, y había
sido Quaestor en Cerdeña.
La obra de Cayo no será una mera continuación de la de su hermano, y
tampoco fue un acto de venganza, ni es una obra improvisada. Correspondía a
un ambicioso proyecto de reforma que afectaba a toda la vida romana:
finanzas, ejército, gobierno, abastecimiento, estatuto jurídico de latinos e
itálicos, etc.
Este programa de reformas no pretendía cambiar la forma de gobierno
de la República. Su principal objetivo era dar respuestas a la cuestión agraria,
la cuestión de los aliados y perfeccionar el aparato Estatal.
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Las reformas que Cayo Graco pretendió llevar a cabo pueden ser
divididas en tres bloques. Un primer bloque eran leyes de garantías legales y
procesales, en donde destacan la Lex ab actis y la lex de provocatione. La
primera era una ley de actos, por la cual un magistrado destituido por el pueblo
quedaba invalidado para investir cualquier otra magistratura.
Con esta ley Cayo quería reforzar el principio de destitución, revalidando
la destitución de Octavio llevada a cabo por su hermano Tiberio.
La segunda ley, Lex de provocatione, o ley de apelación, quería confirmar el
derecho de apelación ante las asambleas que tenía todo ciudadano romano
ante un tratamiento judicial injusto o sentencia injusta por parte de un
magistrado.
Además, se decía que solo el populus podía, en comicios, autorizar la
pena de muerte contra un ciudadano romano. Se preveía el juicio y el castigo
del magistrado que colaborase en la condena a muerte de un inocente. En
realidad se quería evitar los juicios sumarísimos que se habían producido
contra los apoyos de su hermano. De tal forma se impedía que el Senado
pudiera utilizar los tribunales para eliminar a sus enemigos políticos.
Un segundo conjunto de leyes estaban destinadas a favorecer a la masa
popular. Destacaba una ley agraria que repetía el contenido de la ley de su
hermano, con alguna modificación. Y ante la escasez de tierra se preveían
fundaciones de colonias en el Lacio, Etruria, Campania, Sur de Italia y también
se propuso fundar una colonia en el territorio de la antigua Cartago, la colonia
Iunonia.
Una segunda ley era sobre la construcción de vías, la lex viis muniendi,
que pretendía mejorar las comunicaciones y el transporte. Eso también
beneficiaba a la plebe urbana, ya que proporcionaba trabajo, y también a los
publicanos, que eran los encargados de las obras públicas.
Otra de las leyes fue la lex frumentaria, la primera que tendría Roma de
este tipo, por la cual se aseguraba redistribuciones mensuales de trigo a un
precio fijo a la plebe de Roma. La ley fue aprovechada por los enemigos de
Cayo Graco para acusarle de intentar comprar al cuerpo electoral.
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Una cuarta ley era la militar, lex militaris, que prohibía la leva de
menores de 17 años, y aseguraba el equipamiento a cargo del Estado
Otra de las leyes importantes de este bloque era la lex de provincia Asia. La
provincia de Asia se creó en el 129 a. C en el reino de Pergamo, que había
sido donado a Roma. Por esta ley se establecía que en lo sucesivo la
recaudación de los tributos de Asia se arrendaría en Roma mediante subasta, y
en bloque por los censores. Se organizaría una subasta, y la contrata se la
llevaría el que más pagase y la entregara íntegramente en el acto.
Esto beneficia a la República, ya que permitiría financiar todas las
anteriores leyes, pero también beneficiaba a los publicanos. Estos publicanos
eran poderosos y pertenecían la ordo de los equites. Era la aristocracia de los
negocios pero excluidos desde el 218 de la vida política. Con estas leyes,
además de ganarse la colaboración del populus, también consiguió la
confianza de los equites.
Había aún un tercer bloque de leyes que pretendían un mayor control de
los senadores y el Senado. Destaca la lex de repetundis, ley sobre tribunales
destinados a juzgar la corrupción en provincias. Hay que tener en cuenta una
ley anterior, la lex Calpurnia del 149, que se había aprobado a consecuencia de
los abusos de un gobernador de la Lusitania, creándose un tribunal
permanente para juzgar los casos de extorsión en las provincias. Estos
tribunales se llamaban Quaestiones Perpetuae de Repetundis.
Estos estaban compuestos por senadores, pero los enjuiciados también
eran senadores, además las denuncias debían estar tramitadas por medio de
un patronus romano, que también era senador. Por lo tanto el tribunal se hacía
totalmente inoperante, y en caso de que se dictara condena, normalmente era
devolver el dinero recaudado indebidamente.
Cayo Graco modificó esta lex Calpurnia, sustituyendo a los senadores
por equites, y quien los formaran debían tener medios, conocimiento e interés.
Confería por lo tanto a los equites el control sobre los senadores. Otra
modificación era el castigo: ahora el culpable devolvería el doble de lo que
hubiese cobrado de más.
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También se cambiaba el procedimiento, y la acusación podía ser
presentada por los provinciales directamente.
Una segunda ley es la de provincias consulares, lex de provincias
consularibus. Hasta Cayo Graco, con solo conocer el nombre de los cónsules,
se les asignaba una provincia. Cayo Graco introducía que las provincias de los
cónsules se eligieran antes de la elección, y una vez elegidos los nuevos
cónsules se sortearían.
Las leyes fueron aprobadas, lo que también le permitió a Cayo Graco
volver a ser elegido Tribuno para el próximo año, el 122 junto con Fluvio Flaco.
Teóricamente no se podía repetir en el cargo hasta pasado dos años, pero su
enorme popularidad le daba un gran apoyo. En cuanto a Fluvio, había sido
Cónsul y era muy raro que se presentara a un cargo inferior. Juntos, retomaron
la cuestión de los aliados y su acceso a la ciudadanía romana.
Los derechos de un ciudadano incluían la ius pública (derechos
públicos), en donde destacaba la ius honorum (derecho al honor), ius
sufragioius sacrorum (derecho a los sacerdocios), ius provocationis (derecho
de apelación). Por otra parte estaba el ius privata (derechos privados) en donde
se recogían el ius cannubii (matrimonio), ius commercii (comercio), ius
legisactionis (derecho a formular denuncias). Junto a estos derechos, el
ciudadano romano tenía unos deberes, como la nunera (servicio militar),
census y tributum.
Cuando Roma conquisto Italia, dio a cada una de las comunidades
conquistadas, estatus jurídicos distintos. A los latinos les reconoció el derecho
de matrimonio, comercio y el derecho de emigración por el cual podían
trasladarse a Roma. Si fijaban allí su residencia, recibirían la ciudadanía
romana plena, pero a la hora de votar, lo harían todos los latinos en una sola
tribu.
A los itálicos, los socii, los consideraban peregrini (extranjeros), y no
tenían ningún derecho, pero estaban obligados a participar en el ejército
romano en cuerpos auxiliares. Aunque los romanos accedieron a dar la
ciudadanía a los magistrados de las ciudades itálicas sin restricciones, con el
fin de obtener de ellos fidelidad hacia Roma.
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Con estos precedentes, Cayo presentó la Rogatio Sempronia sobre
aliados y del nombre latino, y el derecho de voto a los itálicos sin restricciones.
La oposición senatorial tuvo dos vías que permitieron que la rogatio no
fuera aprobada. Por una parte la apelación al egoísmo del populus, y por otra
parte, el Senado utilizó a Livio Trusia, que era también tribuno de la plebe, para
que presentara una contrarreforma, que era aún más radical.
Ésta incluía la fundación en Italia de trece colonias de tres mil personas,
a pesar que no había sitio suficiente para su fundación, pero realmente no se
tenía ninguna intención de llevarla a cabo. Se eliminaba el impuesto sobre las
parcelas redistribuidas y se reconocía a los latinos el derecho de apelación
mientras estuvieran en el ejército romano.
Esta propuesta fue aprobada, y fue acompañada de una campaña de
desprestigio sobre Cayo Graco, quien no pudo defenderse porque estaba en
Cartago con los preparativos para fundar la colonia sobre el antiguo solar de la
ciudad.
Cayo perdió las elecciones para un tercer tribunado, y el Senado vio la
oportunidad de librarse de él. Se utilizó la fundación de la colonia Iunonia,
sobre la antigua Cartago, como una violación del Mos Maiorum, ya que el solar
de Cartago había sido declarado maldito por los dioses, y había sido cubierto
de sal. Minufio Rufio, tribuno de la plebe, fue utilizado para presentar una
propuesta para abolir todas las leyes de Cayo Graco, y en particular la de la
colonia, con el pretexto de que se habían observado presagios desfavorables.
Cayo Graco y Fluvio Flaco se presentaron en el foro, con un gran grupo
de partidarios, lo que acabará ocasionando una pelea. En ésta se dio muerte a
un servidor de Opinio (éste había sido Cónsul), cuyo cadáver fue exhibido en el
foro y en la Curia, con el fin de desprestigiar a Cayo Graco.
Se creó un clima de peligro, y el Senado utilizó el Senatus Consultum
Ultimun, declarando un “Estado de excepción”, autorizando a los cónsules a
realizar un uso ilimitado de la fuerza o coercitio. Cayo Graco y sus partidarios
fueron declarados hostes publici (enemigos públicos). Fueron masacrados más
de tres mil personas y Graco, antes de que lo matasen, pidió a un esclavo suyo
que le quitara la vida.
Luego el Senado levantó un templo a la concordia, que según decían
había sido restablecido tras la muerte de los Gracos. En cambio, parte de la
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plebe, levantó estatuas de los hermanos en el lugar donde habían sido
asesinados.
Como balance final, las reformas promovidas anunciaban los problemas
de las décadas siguientes: el problema militar y la cuestión de los aliados. Por
otra parte también se puso de manifiesto distintas tendencias dentro de la
nobilitas, en donde había un grupo que apoyaba un cambio, aunque limitado,
mientras que el resto eran tradicionalistas. En el S. I a.C esos dos grupos
cristalizarán en el enfrentamiento entre populares y optimates.
Del programa reformista de los Gracos, no quedo casi ninguna ley. Solo
se mantuvo la lex frumentaria, y la ley de los tribunales permanentes. La
reforma agraria se liquido paulatinamente.
En conclusión, no se soluciono ni el problema militar ni el itálico, y tan
solo los equites sacaron un beneficio, ya que formaban parte de los tribunales
que debía sancionar la corrupción de las provincias.
Cayo Mario:
Poco es lo que se sabe de los orígenes de Cayo Mario, más allá que
nación en Arpinum. Los fundamentos de su promoción política fueron,
basicamente, sus éxitos militares: la guerra contra Yugurta (111 a.C al 105
a.C), y el fortalecimiento social y político de los equites. La época de Mario será
la de los homines novis (hombres nuevos), que según Apiano eran aquellos
que alcanzaban una distinción por sus propios meritos, y no por los de sus
antepasados.
Es decir, eran personas que llegaban al Senado sin tener antepasados
que hubieran alcanzado las altas magistraturas.
Por lo tanto Cayo Mario era un homo novus, cuya familia estaba
protegida por la de los Cecilio Metelo, una de esas familias tradicionales
perteneciente a la nobilitas, y que monopolizaban el consulado junto con otras
23 familias.
Mario siguió el Cursus Honorum tradicional. Había sido en el 119 tribuno
de la plebe, y antes había participado en el sitio de Numancia. En el 115 fue
elegido praetor, en el 114 fue gobernador en Hispania Ulterior, y en el 109 fue
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nombrado legado del Cónsul Metelo que había recibido el mando de la guerra
contra Yugurta.
Esa guerra se conoce gracias a Salustio. Sucedió en Numidia, que era
desde la guerra anibálica el principal aliado de Roma en el norte de África,
habiendo recibido parte del territorio cartagines tras la tercera Guerra Púnica.
Roma tenía en el reino de Numidia importantes intereses económicos,
donde había muchos comerciantes romanos, pero en aquel territorio existía
también un interés estratégico puesto que era la clave de la defensa de la
provincia de África, la cual dependía del apoyo militar de Numidia, ya que
Roma no tenía legiones estacionadas en su provincia africana.
En el 118 se produce en Numidia una guerra de sucesión tras la muerte
del rey Mipsa. Éste dejó su reino a sus dos hijos: Adherbal y Hiempsal, y a su
sobrino Yugurta. Pero Yugurta quería todo el reino para él, e hizo asesinar a
Himpsal, apoderándose de todo el reino de Numidia. Adherbal pidió ayuda a
Roma, que no envió fuerza militar, pero si envió una embajada presidida por el
Cónsul Opinio, quien propuso una división del reino entre los dos.
Yugurta aceptó la proposición, pero en el 113 Yugurta volvió a invadir el
territorio de Adherval, quien tuvo que refugiarse en Cirta. Dicha ciudad fue
sometida a asedio por Yugurta, tras el cual hizo matar a todos sus habitantes,
incluidos los comerciantes romanos e itálicos.
Ello provocó que en el 111 Roma declaraba la guerra a Yugurta,
otorgándose el mando de la guerra, en el 109, al Cónsul Metelo, siendo Mario
su legado. Entre el 109 y el 107 obtuvo éxitos militares, cuya mayor parte
fueron gracias a Mario, lo que le proporcionó una gran popularidad en Roma, la
cual le permitió ser elegido Cónsul en el 107 a.C, pese a los recelos de Metelo.
Cayo Mario (Caius Marius)
Lo primero que hizo como Cónsul fue presentar en comicios, a través de uno
de los tribunos, una propuesta para arrebatar a Metelo el mando de la guerra,
transmitiéndoselo así mismo. La propuesta fue aprobada, iniciándose así la
época de los imperatores, en donde tendrá mucho que ver la reforma que llevo
del ejército.
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Con dicha reforma pretendía aumentar y mejorar las tropas presentes en
África. Salustio escribiría: “recluta soldados no solo por clases según la
tradición, sino también entre todos aquellos que lo deseaban, en su mayoría
proletarios”.
Mario convirtió a los proletarios en adsidui (hombres movilizables) para
la conscriptio (la lava obligatoria). Esto lo habían intentado los Gracos mediante
el reparto de tierra entre los proletarios, pero Mario no los convirtió en
campesinos, y los reclutaba directamente. Salustio habla de esta medida de la
siguiente forma:
Alistaba él entretanto a los soldados, no conforme a la norma tradicional,
ni por clases, sino a la voluntad de cada uno, la mayoría proletarios. Unos
referían que lo hacían así por falta de gente mejor, y otros por cálculo político,
puesto que a aquella clase de hombres debía su fama y su medro, y que, para
quien busca el poder, los más necesitados son los de más provecho: aquellos
que no sienten apego por sus cosas, porque nada poseen, y a quienes les
parece bueno y honroso cuanto viene acompañado de ganancia. Así pues,
Mario, partiendo para África con un número de reclutas algo mayor que el que
se había decretado, arriba a Útica a los pocos días….
-Salustio, Guerra de Yugurta-
Llevo a cabo una leva por conscriptio por clases censitarias como era
tradicional, pero además incorporó a voluntarios entre los cuales la mayoría
eran proletarios. Esa medida venía dictada por la necesidad de acabar la
guerra, y la reforma se hizo por la vía de los hechos, es decir, que no estuvo
reglamentada. Pero lo que había comenzado como una medida de necesidad,
acabó teniendo efectos para el futuro: en primer lugar se produjo una
proletarización del ejército.
A partir de ese momento fueron cada vez más los proletarios
incorporados a las filas del ejército. En según lugar se profesionalizó el ejército,
puesto que se les pagaba una soldada, pudiendo acceder a un posible botín de
guerra, y vieron el paso por el ejército como un medio para conseguir tierras.
Aunque no existe constancia de que Mario prometiera tierras, sí que es cierto
16
que los veteranos de las legiones de Mario contra Yugurta, Cimbrios y
Teutones recibieron tierras como recompensa.
A partir de ahora, la posibilidad de obtener tierras como premio fue un
estimulo para el reclutamiento, y contribuyó a la unión entre los soldados y sus
generales. Una vez licenciados, el antiguo general se convertía en su patronus.
De todo esto se deriva un tercer efecto de la reforma: la formación de
ejércitos profesionales leales a sus generales y no a la República, germen de
las Guerras Civiles que se producirán en los años siguientes. Los soldados
serán leales a sus generales y no a la República
Por otra parte, desde Mario, el número de legionarios por legión se
estabiliza en 6000 soldados. A su vez la legión se dividía en 10 cohortes de
600 legionarios, y una cohorte la formaban 3 manípulos de 200 soldados. El
manípulo se componía de dos centurias, formada cada una por 100 legionarios.
Reformado el ejército, Mario emprendió la campaña definitiva contra
Yugurta, que concluyó en el 105, en donde se encontraba presente Lucio
Cornelio Sila, que más adelante será uno de los hombres fuertes de Roma.
Una vez vencido Yugurta, Mario volvió a Roma, siendo en el 105 elegido
otra vez Cónsul, cuyo gran prestigio le permitió ser reelegido Cónsul entre el
104 y el 100 de forma ininterrumpida, incumpliéndose la lex Villia Annalis del
180, que impedía ser reelegido hasta pasado dos años desde la última
magistratura desempeñada.
A la victoria contra Yugurta se le sumo la victoria que obtuvo contra
Cimbrios y Teutones. Estos eran pueblos nórdicos que, en torno al 120, habían
iniciado desde la península de Jutlandia un desplazamiento hacia el Sur,
atravesando el Danubio y los Alpes, y en tres enfrentamientos habían resultado
vencedores sobre los romanos.
Mario consiguió en el 102 una victoria en la localidad de Aquae Sextiae,
y una segunda en el 101 en Vercellae, acabando con la amenaza bárbara.
Mario fue proclamado como tercer fundador de Roma, después de Rómulo y
Camilo.
Se celebró un gran Triumphus (triunfo), que le permitió ser elegido una
vez más Cónsul en el año 100 a.C.
17
Por otra parte, entre el 104 y el 101, tuvo lugar la segunda rebelión de
esclavos en Sicilia, donde se concentraba la gran mano de obra servil. Solo
pudo ser sofocada en el 101 después de la victoria contra los Cimbrios y los
Teutones. Aquilio, colega de Mario en el consulado, llevó a cabo la represión,
con la matanza de miles de esclavos.
Todo esto desembocó en la llamada crisis del año 100. Esta crisis se
corresponde con un periodo de intensa movilización popular, que era
consecuencia de la proletarización del ejército, puesto que, a su regreso a la
vida civil, los veteranos del ejército reclamaron tierras al Estado. Estos apelaron
a Mario, quién firmó una alianza política con Saturnino, que era tribuno de la
plebe en el 103, quien además quería fortalecer su poder político.
Esa coalición se plasmo en una serie de propuestas formuladas por
Saturnino. En primer lugar se aprobó una ley agraria por la cual los veteranos
de Mario recibieron 100 iubadas de tierra en el norte de África. Se aprobó
también una nueva lex frumentaria para abaratar el precio del trigo que el
Estado distribuía entre los proletarios
. Y finalmente la lex apuleia de maiestate, por la cual se creaba un nuevo
tribunal permanente encargado de juzgar delitos cometidos por magistrados.
Para que el tribunal fuera eficaz debía estar compuesto por equites. Saturnino
aprovechó para esto la lex Servilia, que había sido aprobada por el tribuno del
106 Servilio Glaucia.
Esa lex Servilia devolvía a los equites en exclusiva la competencia de los
tribunales permanentes, y anulaba una ley anterior del 106 que establecía la
composición mixta.
Una parte de la nobilitas quiso acabar con el poder de Saturnino y de
Glaucia, aprovechando que en el 102 ninguno de ellos era magistrado y ya no
tenían inmunidad. Intentaron expulsarlos del Senado, y el medio fue el Censor
Metelo Numérico, quién los excluyó del álbum de senadores. Esto se tradujo en
desordenes públicos contra esa medida, y tuvieron que readmitirlos en el
Senado.
Hubo un nuevo intento de eliminarlos en el 101, y Saturnino fue llevado a
los tribunales por alta traición, pero la movilización popular presiono a los
tribunales hasta que se logró la absolución.
18
En el año 100, Mario volvía victorioso de su guerra contra cimbrios y
teutones. Mario necesitaba a Saturnino y a Glaucia para obtener las tierras
para los veteranos. Ese año Mario era Cónsul, Saturnino fue de nuevo Tribuno
y Glaucia era praetor. Los tres se pusieron de acuerdo. El tribuno Saturnino
presentó una ley de colonización y otra agraria.
Con estas leyes se autorizaba la distribución de de tierra en la Galia
Cisalpina y Transalpina, a título individual, entre los veteranos de Mario, y
además se preveía la fundación de colonias en Sicilia, Macedonia, y
probablemente en Córcega y el norte de África. Además esta política
beneficiaba también a los itálicos porque una cláusula autorizaba a Mario a
conceder la ciudadanía romana a tres habitantes de las nuevas colonias.
Esas leyes iban acompañadas de una cláusula que obligaba a los
senadores a acatar las leyes mediante juramento, bajo pena de sufrir la
expulsión de la Curia. Ante la presión de la plebe fueron aprobadas esas leyes,
y todos los senadores las juraron, menos Metelo Numérico, el cual tuvo que
marchar al exilio.
Mario había conseguido sus fines. Pero en las elecciones para el 99 la
situación política estalló. Saturnino y Glaucia debían volver a ser elegidos
magistrados para no quedar en una posición de inmunidad. Saturnino fue
elegido por la asamblea plebeya otra vez tribuno, pero Graucia se presentó a
Cónsul, pero era algo ilegal, y además Mario se opuso a ello. Mario como
cónsul debía presidir el proceso electoral y se negó a aceptar la candidatura de
Glaucia.
Para aquel entonces Mario ya no necesitaba a dos políticos tan
radicales. Saturnino y Glaucia apelaron al pueblo para que mediante un
plebiscito se anulara la decisión de Mario, pero para eso necesitaban paralizar
las elecciones. Para ello asesinaron al otro candidato al consulado. El Senado
puso en marcho el Senatus Consultum Ultimum, y Mario como Cónsul
encabezó la represión. Mario podía volver a presentarse como salvador de la
República.
Como consecuencia de esos hechos el S. II terminaba con el uso de la
violencia como método político, tanto por el Senado como por la plebe. La
palabra iba siendo cambiada por la violencia. Se caminaba hacia las Guerras
Civiles.
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En segundo lugar se había demostrado el poder político de la plebe
urbana, tanto por el voto, como grupo de presión. Mientras que en el ejército se
produjo una politización de los soldados que influyeron en las decisiones de los
magistrados. Los soldados serán un factor importante en la política.
Por último se consolidaron dos posiciones en el seno de la nobilitas: los
optimates y los populares. Una es más tradicional, la segunda era más
reformista y suponía la ruptura de la cohesión interna de la [Link]
optimates era una autodeterminación, que significaba los mejores, en poder y
en riqueza. Se presentaban como los defensores del Mos Mairoum y para ellos
sus intereses eran los del Estado, y en ello se fundamenta el Senatus
Consultum Ultimum.
El término populares fue introducido por los optimates, y significa los
próximos al pueblo, que lo utilizan para lograr sus intereses. Pretendían
introducir algunas reformas, y habían potenciado las Asambleas, pero no para
eliminar el Senado. No eran revolucionarios.
También hay que tener en cuenta que ni optimates ni populares se
pueden identificar con partidos políticos, tan solo eran tendencias que se
enfrentaran a lo largo del S. I a.C.
La guerra de los Socii:
Como se ha dicho anteriormente, Roma no tenía igualdad jurídica con
todos sus habitantes. Por muchos territorios que hubieran conquistado, aunque
dominaran toda Italia, sus habitantes no tenían en su gran mayoría la
ciudadanía romana. Por tanto, los itálicos eran considerados extranjeros.
Desde esa situación, la aspiración de éstos a la ciudadanía romana era
antigua, y era compartida tanto por la elite como por la masa.
La elite, porque participaba en el comercio y querían compartir el poder
político para influir en las decisiones económicas. La masa porque era la parte
fundamental del ejercito romano, pero excluidos de los beneficios de la guerra.
En ningun caso deseaban la independencia, sino la integración.
20
En los años anteriores había habido una gran flexibilidad para aplicar las
leyes que excluía a latinos e itálicos de la ciudadanía. Mario ya había
concedido la ciudadanía a reducidos grupos de itálicos, y en el año 97 los
censores no tuvieron inconveniente en incluir a itálicos en el cuerpo de
ciudadanos.
Sin embargo en el año 95 se aprobó la lex Licinia Mucia por la cual se
eliminaban de la lista de ciudadanos a todos los itálicos que habían conseguido
la ciudadanía mediante datos falsos, y se creaba un tribunal especial para los
casos dudosos. Esta ley fue muy mal recibida.
En el año 92 se expulso de Roma a los rectores itálicos, y en el año 91
se produjo el asesinato del tribuno Libio Druso, que representaba el último
intento de ampliar la ciudadanía a itálicos y latinos. En el año 91 había
presentado un gran programa legislativo que incluía la propuesta de conceder
la ciudadanía a todos los aliados.
Esa propuesta no fue aprobada. Druso perdió todo su apoyo, y poco
después fue asesinado. Los itálicos, de esta forma, vieron desaparecer la
última posibilidad de acceder a la ciudadanía romana, y recurrieron a la vía
militar.
Mientras se preparaban para la guerra, se produjo el incidente de
Asculo, en el que fue asesinado uno de los praetores que había sido enviado
para prevenir una posible rebelión de los aliados. Además también fueron
asesinados todos los ciudadanos romanos de la ciudad, lo que dio motivos a
Roma para declarar la guerra a los socii.
En el 91 empieza la bellum sociale, siendo la primera de las guerras
civiles, puesto que se enfrentaron en bandos opuestos los que hasta entonces
habían sido compañeros de armas.
La guerra duró del 90 al 88. No se revelaron los etruscos, ni umbros, ni
latinos. Había dos liderazgos, el de los samnitas y el de los samnios, por lo que
había dos frentes a los que Roma tenía que enfrentarse. Los rebeldes se
dotaron de una organización Estatal de carácter federal a la que denominaron
Italia.
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A imitación de Roma, se dotaron de dos cónsules, doce praetores - uno
por cada comunidad sublevada-, y de un Senado de 500 aristócratas de las
ciudades rebeldes. Fijaron la capital en Corfinium, que pasó a llamarse Itálica.
Para Roma el peligro mayor era esa organización, y su fuerza militar.
Roma tuvo que recurrir a provinciales para forma el ejercito, que estaría
compuesto de nada menos que de 14 legiones. Al mismo tiempo el Senado
romano optó desde el año 90 por la solución política, y esa solución se plasmo
en dos leyes, una del año 90, la lex Iulia, por la cual se ofrecía la ciudadanía a
todos los latinos y comunidades itálicas, siempre que no se hubieran levantado
en armas.
Además la ley autorizaba a los magistrados a conceder la ciudadanía a
los provinciales que por su lealtad se la merecieran, así como la posibilidad de
que los generales otorgaran la ciudadanía a algunos de sus soldados.
La segunda ley, la lex plauta-papiria, consistía en que todo individuo de
cualquier comunidad itálica aliada, con domicilio permanente en Italia podía
adquirir la ciudadanía romana plena, tan solo con el trámite de presentarse
ante el praetor en los 60 días siguientes a la promulgación de la ley.
Las dos medidas supusieron el final de la guerra. Todos los habitantes
de Italia se convirtieron en ciudadanos de pleno derecho. Pero los romanos los
censaron en ocho tribus de manera que si había 35 tribus, y cada una contaba
como una unidad de voto, los aliados no podían alterar el proceso electoral, ni
imponer su punto de vista.
Las consecuencias de la guerra de los socii fue que el Estado romano
coincidía por primera vez con el territorio itálico. Esa igualación tuvo
consecuencias administrativas, porque las ciudades itálicas se organizaron a
imagen y semejanza de Roma, como municipios.
Cada ciudad tenía su asamblea, su senado y sus magistrados. Es ahora
el momento de la romanización. La segunda consecuencia fue el desfase entre
la posesión de derechos y la posibilidad real de ejercerlos.
Por otra parte el Senado se reforzó. Aprovechó su protagonismo para
hacerse con el control de los tribunales permanentes, y mediante la lex Plotia
del 89 se transfirió a los senadores los casos de corrupción.
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Una cuarta consecuencia fue la privatización del ejército, puesto que la guerra
favorecía la formación de ejércitos personales.
Finalmente la guerra de los socii fue costosa por la destrucción de
ciudades, devastación de campos, y porque la guerra interrumpió la normal
recaudación de los tributos.
Los guerras civiles: Sila:
Las Guerras Civiles se van a producir coincidiendo con el conflicto entre
los optimates y los populares, que será uno de los motivos de las guerras, las
cuales acabarán con la dictadura de Sila. Todo ello, además, coincidirá también
con la guerra contra Mitrídates.
Mitrídates, aprovechando las dificultades internas de Roma, emprendió
una política expansionista por Asia Menor, que perjudicaba los intereses
económicos y geopolíticos de la provincia romana de Asia.
En el año 88, coincidiendo con la guerra de los Socii, Mitridates se
apodera de la provincia de Asia, con la consiguiente decisión senatorial de
declararle la guerra y recuperar la provincia. Ello hizo que Mitrídates, por su
parte, mandara matar a todos los romanos e itálicos de Asia.
En el año 88 era tribuno de la plebe Sulpicio Rufo, del bando popular,
quien promovió una serie de medidas legislativas. Entre éstas, la principal era
el proyecto de inscribir a los aliados en las tribus urbanas y rurales, así como a
los libertos que hasta entonces se censaban solo en las cuatro tribus urbanas.
Se encontró con la oposición de la mayor parte del Senado y del
populus. Sulpicio buscó la alianza con alguien que era un privatus en ese
momento, el cual tenía prestigio y el respaldo económico de los equites, y
sobre todo una aspiración política.
Éste era Mario -el que había sido siete veces cónsul-, y su aspiración era
obtener el mando de la guerra contra Mitrídates mediante votación popular.
Los dos llegaron a un pacto para conseguir los objetivos que se habían
fijado. mientras el Senado intentó evitar la votación de esas medidas. Ello era
debido a que el mando de la guerra debía ser para Sila, ya que era cónsul ese
año. Esa reacción senatorial dio lugar a desordenes en Roma, promovidos por
bandas dirigidas por Sulpicio Rufo. Fueron de tal magnitud que Sila tuvo que
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abandonar la ciudad porque veía peligrar su propia vida. Se trasladó a
Campania, donde estaban las legiones que debían ponerse bajo su mando en
el momento en que partiera a Asia.
En ausencia de Sila, Sulpicio consiguió aprobar su proyecto, así como
una ley que arrebataba el mando de la guerra a Sila, concediéndoselo a Mario,
que se convirtió en un privatus cum imperio, una situación que nunca se había
dado en Roma.
Inmediatamente Mario mandó legados a Sila para que se hicieran cargo
de las tropas, pero Sila mandó matar a los legados, y emprendió la primera
marcha militar sobre Roma con sus tropas. Era una acción sin precedente y
equivalía a un golpe de Estado, ya que las tropas no podían traspasar el
pomerium. Ocupó la ciudad casi sin resistencia, y se convirtió en dueño de la
situación.
Fueron anuladas las leyes de Sulpicio Rufo, además, Mario y Sulpicio
fueron declarados hostes publici. Mario huyó a África, y Sulpicio fue asesinado.
Estas medidas fueron aprobadas bajo la presión de las legiones de Sila, quién
consiguió aprobar una serie de medidas en virtud de las cuales quería disminuir
el poder de los tribunos, asambleas y comicios, al mismo tiempo que fortalecía
al Senado.
Por primera vez se habían incorporado las legiones a la lucha política, y
se abría la puerta a las guerras civiles.
Lucio Cornelio Sila (Lucius Cornelius Sulla)
Después de tomar esas medidas, Sila tuvo que hacer frente a la guerra
en Asia. Sila llegó a aquella provincia en el 87 a.C, y para entonces, Mitrídates
se había hecho con el control de Grecia. En un año, Sila recuperó los territorios
griegos, y se impuso militarmente sobre Mitrídates. Alcanzó un acuerdo de paz,
la Paz de Dardanos, en el 85. Fue un acuerdo verbal y precipitado, por la
necesidad que tenía Sila de volver a Roma, puesto que de forma paralela los
acontecimientos en la ciudad se precipitaban en su contra.
Mitrídates es debía pagar una indemnización y devolver los territorios
ocupados, pero conservaba el trono y su reino en torno al Mar Negro. Ese
compromiso no fue ratificado por el Senado, ya que en el 85 Sila había sido
declarado hostis publici en Roma, y por tanto carecía de un mando legal.
24
De todas formas, como era costumbre, los tratados de paz debían ser
aprobados por los comitia centuriata, requisito fundamental para que las
negociaciones de un magistrado se hicieran oficiales.
Lo que sucedió en Roma mientras tanto fue que, del 87 al 84, Cinna, un
popular, se hizo con el poder. Ausente Sila, sus medidas políticas fueron
abolidas. En las elecciones del 87, Cinna y Octavio fueron elegidos cónsules.
Cinna retomó la política de Sulpicio, y autorizó a volver a Mario del exilio, sin
embargo Octavio, el colega de Cinna, no estaba de acuerdo con estas medidas
y se produjo un nuevo enfretamiento en el foro entre partidarios de uno u otro
cónsul.
Ello hizo que el Senado destituyera a Cinna del consulado, obligándole a
abandonar la ciudad. Cinna, refugiado en Campania, organizó en el 87 un
ejército apoyado por las elites itálicas, e imitó lo que Sila había hecho con
anterioridad. Llevo a cabo una segunda marcha militar sobre Roma, auxiliado,
además, por Mario, quién disponía de tropas privadas. Esta segunda marcha
dio lugar a una verdadera guerra civil, ya que el otro cónsul, Octavio, le hará
frente con sus legiones.
Se iniciaba, así, una guerra entre Cinna y Octavio, siendo este último
derrotado. Cinna y Mario ganaron la guerra, e instauraron un régimen de terror
y de venganzas. Cinna promovió la declaración de Sila como enemigo público,
su legislación fue anulada, sus bienes confiscados, y su casa incendiada.
Cinna y Mario fueron elegidos cónsules en el 86, pero Mario falleció, y
Cinna se convirtió en el político popular del momento, ocupando el consulado
del 86 al 84, en un periodo conocido como Tempus Cinnarum, que sería
calificado como dominatio.
Pero Sila iba a volver a Roma, y Cinna sabía que tarde o templano una
nueva guerra civil se produciría entra ambos. Cinna quiso impedir que la guerra
fuera sobre suelo itálico, trasladando las tropas hacia Ancona, con el fin de
conducirlas hacia los Balcanes. en donde haría frente a Sila. Pero antes de
embarcar, se produjo un motín de las tropas en Ancona, y Cinna fue asesinado
en el 84 por sus propios soldados. Pero ello no evitó la guerra civil, pues esta
continuaría entre Sila y los partidarios de Cinna entre el 83 y el 82 a.C.
Sila desembarcó, en el sur de Italia, en la primavera del 83, acabando
uno por uno con los núcleos de resistencia. La batalla definitiva fue en el año
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82 en Porta Colina, en donde Sila se impuso contra un ejercito formado
prácticamente por samnitas.
Este hecho hizo que, finalmente, el Senado incluyera a los itálicos en
todas las tribus, tal y como muchos habían pedido desde hacía [Link]
trataba de impedir, de esta forma, que en el futuro los itálicos apoyaran nuevas
guerras civiles entre romanos.
En la victoria de Sila influyó la fidelidad de sus tropas. Contó con el
apoyo de una parte de la élite senatorial, que vio en él la solución a la crisis
política, no tanto porque le apoyaran, sino más por llegar de forma definitiva a
la paz. Destacaron tres senadores: Cneo Pompeyo, que había movilizado por
iniciativa propia un ejército que lo puso al servicio de Sila, Marco Licinio Craso
y Metelo Pio, los cuales también aportaron tropas a Sila.
A partir de ahora se inicia la dictadura constituyente de Sila, quien entra
victorioso en Roma en el 82, haciéndose dueño absoluto del poder, en una
Roma sin cónsules ni pretores, pues todos ellos habían fallecido en la guerra.
El primer objetivo de Sila fue consolidar su situación política, así como la
restauración de la República en un sentido tradicional. El segundo objetivo fue
la eliminación de los adversarios políticos físicamente. Los medios para
conseguir esos objetivos fueron la dictadura y la lista de proscripción para
eliminar a los enemigos, las cuales hizo públicas.
Primero se publicó una ley con ochenta nombres correspondientes a
enemigos de la República, a los cuales había que eliminar, pagándose
recompensa a quienes les dieran muerte, o al menos información sobre su
paradero.
Se amenazaba con correr la misma suerte a quienes prestasen ayuda a
los poscristos. Los descendientes de éstos quedaban inhabilitados con la
infamia, se ordenaba la confiscación de sus bienes, y la liberación de sus
esclavos. La lista estaba abierta para añadir nuevos nombres de ser necesario,
y fue repartida por todas las ciudades itálicas. La lista llegó a alcanzar un total
de 40 senadores y 1400 equites.
Los mayores beneficiarios de la confiscación de bienes fueron los
partidarios de Sila. Las tierras de Italia fueron repartidas entre los veteranos de
Sila, y lo que quedaba se sacó a subasta a precios irrisorios. Uno de los
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individuos más beneficiarios fue Licinio Craso, quien forjó una gran riqueza, la
cual utilizó en su carrera política.
Después de la entrada de Sila en Roma, se inicia la consolidación de
éste en el poder. Consiguió del Senado la legitimación de todos sus actos. El
Senado decretó que fuera levantada una estatua ecuestre de Sila, y que
incluyera dos epítetos: "Felix et Imperator". Felix era entendido como protegido
por los dioses, que se traduce en que tiene garantizado el éxito en todas sus
iniciativas. Imperator como general victorioso, pero desde Sila adquiere
connotaciones religiosas, ya que la victoria se considera una señal de la
preferencia de los dioses.
Ante el vacío de poder, el Senado designó interrex al Priceps Senatus,
que era Valerio Flaco. Pero Sila quería el poder, y envió al Senado una carta
pidiendo la dictadura. Ese mismo año 82, Valerio Flaco convocó comicios por
centurias, en los que se aprobó una lex en la que se nombraba a Sila Dictator
legibus scribundis et res publica (dictador para legislar y reconstruir la
República) por tiempo indefinido.
Después Sila, ya en la dictadura, convocó comicios para elegir cónsules
para el 81.
La dictadura era una magistratura extraordinaria pero legal.
Normalmente era el Cónsul, que tras consultar al Senado, nombraba al
dictador, aunque en este caso no había cónsules para ello. Sila se vale de esa
magistratura para adaptarla a las circunstancias extraordinarias en la que él
mismo se encontraba.
Por otra parte Sila se preocupó, en todo momento, de que todo fuera
legal, y como era usual nombró a Valerio Flaco magíster equitum.
Llevo a cabo toda una serie de reformas. Gratificó a sus soldados, a
quienes debía el poder, distribuyendo tierras de forma individual, o fundando
colonias en Umbria, Campania, Etruria. 120.000 veteranos fueron los
beneficiarios, que se convirtieron en guardianes del orden silano.
Las reformas institucionales eran: fortalecer al Senado, debilitar las
asambleas y a los tribunos de la plebe. La primera reforma afectó al tribunado:
podían seguir convocando contiones, pero no podían convocar al Senado.
Conservaron su iniciativa legislativa, pero toda propuesta tribunicia debía ser
aprobada previamente por el Senado.
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El Ius intersecciones se limitaba al auxilio de ciudadanos amenazados
por un magistrado. La reforma más grave fue que, a partir de Sila, el
desempeño de un tribunado imposibilitaba el acceso a otra magistratura.
La segunda reforma afectaba a las magistraturas en general,
modificando la Lex Villia annalis del 180. El orden del Cursus Honorum era
ahora: cuestor, pretor y cónsul, y el número de magistrados era
respectivamente 20, 8 y 2. Se fijaron edades mínimas: 30 para cuestor, 37 para
ser pretor y 40 para cónsul.
Se fijó un intervalo de dos años entre magistraturas, que en el caso del
consulado había que esperar nada menos que diez años para volver a repetir
el cargo.
La tercera reforma tiene que ver con el gobierno provincial. Reguló el
nombramiento y duración de los gobernadores provinciales. Mommsen creía
que, a partir de Sila, los cónsules debían permanecer en Roma, realizando
tareas civiles (imperium domi), y al año siguiente, ocupar un proconsulado en
alguna provincia (imperium militae). Sin embargo esto no tiene una base que se
demuestre en las fuentes, pero si que se observa una permanencia mayor de
los cónsules en la ciudad.
La cuarta reforma tenía que ver con el crimen de maiestatis, que era la
traición a la República. Sila concretó qué actos se entendían como crimen de
maiestatis: en lo que se refiere al gobierno provincial, era la permanencia en al
cargo más de mes cuando ya había llegado el sustituto del gobernador.
También era crimen abandonar la provincia sin autorización del Estado y
conducir un ejército para iniciar una guerra, o ir contra Roma. También era
delito los ataques verbales a magistrados.
La quinta reforma era la del Senado. Sila aumentó el número de
senadores, de 300 a 600, y él en persona reclutó a los nuevos senadores entre
oficiales de su ejército, así como equites que habían subvencionado sus
campañas. Desde Sila, el desempeño de la cuestura tenía directamente acceso
al Senado. Ello daba al traste con la censura, aunque no fue eliminada.
La sexta reforma tuvo que ver con los tribunales. Transfirió a los
senadores la composición de los tribunales, sin contar con los equites. Se
crearon tribunales especializados, presididos por el pretor, que tenían que ver
con la corrupción electoral, la traición al Estado, injurias personales, el falsum
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(falsificación de moneda), y malversación de fondos en provincias.
Otras reformas fueron la de aumentar el número de sacerdotes y
augures a quince. Aumentó los tributos a las provincias, y en Roma disminuyó
la distribución de trigo a la plebe. Disminuyó el lujo exagerado de las altas
clases, la frecuencia de banquetes y la ostentación en los funerales.
En el año 81, Sila renunció a la dictadura, y fue elegido Cónsul para el
80. Acabado este mandato se retiró de la vida pública, muriendo en el 78 a.C.
Por otra parte, a Sila le preocupó que su obra se mantuviera, y para ser
recordado llegó a escribir sus memorias. En monedas y epígrafes se
representaron la felicitas (éxito) de Sila, tanto en el campo de batalla como en
su relación con los dioses, com una forma de hacerse publicidad.
A pesar de este esfuerzo, no tuvo mucho éxito, y ya Cicerón le trató
como tirano una vez muerto. Por otra parte, Sila, que intentó la restauración de
la República, contribuyó realmente a la propia caída de ésta, al introducir al
ejército en la lucha política.
La supremacía de Pompeyo:
A partir de Sila, se ve evidente las aspiraciones de muchos individuos,
los llamados Imperatores, que no dudarán en realizar reformas institucionales
para adaptar la República a sus propias circunstancias. El obtener una
provincia importa, y conseguir grandes victorias al mando de las legiones, se
convirtió en lo primordial para cualquier individuo que aspirara a ser el primer
ciudadano de Roma.
Sila había sido el primero, aunque sus intenciones reales fueron siempre
las de restaurar la Républica. Sus medidas, por otra parte, no gustaron a
practicamente nadie, especialmente los que habían sido proscriptos por Sila,
que tras su muerte volvían a Roma.
Los años 70, de esta forma, estarán marcados por la reacción a los
cambios introducidos por Sila. En este contexto hay que entender el ascenso
de Pompeyo.
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Pompeyo era un nobilis, había participado en la Guerra Civil a favor de
Sila, en donde se había destacado en su capacidad mimitar. Tales fueron sus
éxitos miltares en esta época que se le había concedido, en el 88, el nombre de
Magnus, que incluyó a su nomenclatura personal. como cognomen.
Ese mismo año, recibió un imperio como propretor para acabar con los
focos de resistencia contra Sila en África y en Sicilia, celebrando en el 81 a.C.
su primer triunfo en Roma. Con estos antecedentes, destacó en la represión
contra Lépido en Italia y Sertorio en Hispania.
Marco Emilio Lepido fue elegido Cónsul para el 78, junto a Catulo.
Lepido había ganado el consulado en contra de los intereses de Sila, ya que
Lepido había estado del lado de Mario, colaborador de Cinna, y luego se pasó
al bando de Sila, cuando la situación estaba ya perdida.
Lépido presentó un programa de reformas para reintroducir las
flumentaciones, autorizar el regreso a Roma de los exiliados, la devolución de
los bienes y derechos a los proscriptos, y el restablecimiento el Triibunado de la
Plebe con sus características tradicionales.
Sus reformas no fueron aprobadas, lo que hizo que en el 78, en Fiesole,
se produjera una revuelta protagonizada por los desposeídos, quienes
expulsaron de sus antiguas propiedades a los nuevos propietarios,
instalándose en ellas.
El Senado envió a los cónsules a reprimir la revuelta, y Lepido se supo
del lado de los rebeldes -nunca un cónsul había actuado de forma contraria al
sentir del Senado-. Lépido fue llamado a Roma, y se le otorgó la Galia
Narbonense como gobernador -una forma para alejarlo de Roma-.
Sin embargo, Lépido, que aceptó el mandato del Senado, volvió con las
legiones marchando sobre Roma, exigiendo que se volviera a aceptar su
candidatura para el consulado del año siguiente -según las reformas silanas
debería esperar 10 años para volverse a presentar-.
Esta actuación hizo que el Senado declarara el Senatus Consultum
Ultimun -una situación de emergencia-, y encargó Catulo, como proconsul, que
salvase a la República, al mismo tiempo que concedió a Pompeyo un imperium
como propraetor en el año 77.
La guerra entre Lépido y Pompeyo se resolvió en dos batallas: Modena y
Cosa. Las dos victorias fueron para Pompeyo. Lépido huyó a Cerdeña, pero los
30
hombres de éste, al mando de su lugarteniente Perpenna, se refugiaron en
Hispania, donde se unieron a las fuerzos de Sertorio ese mismo año. El
Senado ordenó a Pompeyo disolver su ejército -pues su misión en Italia había
acabado-, pero Pompeyo quería ser enviado a Hispania para hacer frente a
Sertorio, y finalmente el Senado tuvo que aceptar.
Pompeyo el Grande
La rebelión de Sertorio no fue un episodio de la historia provincial,
aunque se diera en Hispania. Fue una consecuencia de las Guerras Civiles, la
reacción contra la toma de poder por Sila. La protagonizaron exiliados,
partidarios de Cinna, y a ellos se unieron provinciales rebeldes contra Roma.
El objetivo era acabar con el régimen de Sila, y Sertorio nunca se
planteó la segregación de Hispania, tal y como sus enemigos lo hicieron ver.
Sertorio, en el 87, era oficial en el ejército de Cinna, y en el 83 era pretor,
a quien se le asignó la Hispania Citerior como gobernador. Cuando Sila resultó
vencedor, Sertorio fue destituido de su gobierno en la provincia, y tuvo que huir
a África.
En el año 80, regresó a Hispania al frente de un ejército provincial del
que formaban parte los mauri de Mauritania. Se puso al frente de una
sublevación lusitana, lugar donde se estableció en un primer momento, y
venció sucesivamente a dos oficiales que habían sido mandados para acabar
con su ejercito. Roma, en el 79, envía a Cecilio Metelo Pio como procónsul,
pero Sertorio lo venció de igual modo, así como a los gobernadores de la
Hispania Ulterior y de la Narbonense.
Sertorio dejó Lusitania bajo control militar, y se trasladó a la Hispania
Citerior, consiguiente una alianza con los celtiberos. Sertorio instala su
campamento en Castra Aelia, cerca de Salduie (Zaragoza), y en el 77 a.C. se
le unieron los hombres de Perpenna. Sertorio organizó una especie de
gobierno paralelo, con un Senado y unos magistrados.
Era un gobierno en el exilio a la espera de recuperar el poder en
Roma .Convirtió a Osca en su centro político, acuñando allí abundante
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moneda, y creo una escuela para difundir a los indígenas la cultura romana.
El año 77 fue el momento en que el poder de Sertorio atravesaba su
mejor momento. El Senado recurrió a Pompeyo -más bien por la presión que
este les estaba ejerciendo para ello- para que acabara con éste. Ese año,
Pompeyo obtuvo un imperium extraordinario como procónsul. Sertorio, ante la
noticia de la llegada de Pompeyo, pactó con Mitriades -rey del Ponto-, a quien
reconoció su dominio sobre toda Asia, a cambio de ayuda económica, y de
barcos.
Para cuando esa ayuda llegó, Pompeyo ya había derrotado a las tropas
sertorianas. Tras esa derrota, aparecieron disensiones en el ejército de
Sertorio, que acabarán en el 73 a.C con una conjura, promovida por Perpenna,
para asesinar Sertorio en Osca. Más tarde, Pompeyo se encargaría de acabar
con Perpenna.
Pompeyo había acabado con el último frente abierto de las Guerras
Civiles. Su posición de poder era tal que, en el 71 a.C, no solo celebró su
triunfo, sino que exigió que se le permitiera acceder directamente al consulado,
sin haber desempeñado ninguna magistratura anterior. Una vez más el Senado
tuve que ceder, ante un ejército acampado a las puertas de Roma -ya que
Pompeyo estaba esperando celebrar el Triunfo- .
Pompeyo pudo, así, presentarse a las elecciones consulares del 70 y
salir elegido como tal. Pese a lo extraordinario, en el fondo se regularizaba la
situación de Pompeyo, quien había obtenido sendos mandos extraordinarios
sin ser magistrado.
Por otra parte, el colega de Pompeyo en el consulado sería Craso. Éste
era un nobilis, había combatido incondicionalmente con Sila, y en el 81 había
entrado en el Senado. Se había enriquecido con los bienes de los proscriptos.
Y había reunido meritos para obtener el consulado, gracias a su victoria contra
Espartaco.
La insurrección de Espartaco surgió en Capua, en el verano del 73, en
una escuela de gladiadores. Eran en principio unos 70 gladiadores, dirigidos
por Espartaco - un esclavo de origen tracio, y que antes había servido en el
ejército romano-. El objetivo en principio era huir, pero se transformó en una
revuelta servil, ya que se le unieron muchos esclavos de Campania.
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Roma no tenía en ese momento recursos para acabar con la rebelión, y
el Senado solo pudo enviar a dos pretores, con dos legiones, que fueron
vencidos por Espartaco facilmente. El Senado no le quedó más remedio que
enviar a los dos cónsules, los cuales, de igual modo, fueron vencidos en el 72.
Espartaco tenía un ejército de 100.000 esclavos a su disposición.,
mientras que Roma tenía sus legiones fuera de Italia. Con ese ejército atacaron
y saquearon ciudades. El Senado encargó a Craso que acabará con la revuelta
de los esclavos, dándole un imperium proconsular, y un ejército de diez
legiones (60.000 hombres). Espartaco intentó negociar, pero Craso quería una
victoria militar -aunque no se le permitiría celebrar un triunfo al haber derrotado
a un ejercito de esclavos-, y dijo que Roma no negociaría con rebeldes
esclavos.
Espartaco murió en batalla, y en el 71 la victoria de Craso era definitiva.
Hizo crucificar por la Via Apia, a 6.000 esclavos desde Capua a Roma, como
aviso a futuros intentos de rebelión. Pero Roma también aprendió una lección
de todo esto: en el futuro había que reducir el número de esclavos que
cultivaban las grandes extensiones de tierra.
Las principales iniciativas del consulado de Pompeyo y Craso fueron, en
primer lugar, las concernientes al Tribunado de la Plebe. En el año 75, la Lex
Aurelia había reintroducido el Tribunado de la Plebe en el Cursus Honorum. En
el 70, se aprobó la lex pompeia-licinia, por la cual se restituía a los tribunos
todas sus competencias tradicionales.
Por otra parte, en el 70, otra Lex Aurelia presentada por un pretor,
establecía una composición mixta para los tribunales, que incluyeran a
senadores, equites y tribuna aerarii (propietarios con rentas inferiores a los
equites) a partes iguales.
Un tercer hecho de este consulado de Pompeyo y Craso fue, que
después de mucho tiempo, se eligieron censores, que revisaron el album
senatorial, siendo expulsados 64 senadores. Elaboraron el censo de
ciudadanos, que era entonces de en torno 910.000 ciudadanos, y fue entonces
cuando se repartió definitivamente a los itálicos entre todas las tribus y
centurias.
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Estas acciones no anulaban el orden silano, pero si lo moderaba en
aquellos aspectos que habían sido más discutidos, ayudando a mantener la
continuidad del orden silano.
Los mandos extraordinarios, que a partir de ahora se otorgaran de forma
continua, daban mucho poder a los llamados imperatores, ya que les
proporcionaba poder, riqueza, clientelas, prestigio, y la formación de ejércitos
personales profesionales. En este proceso fue fundamental los mandos
extraordinarios que se le otorgaron a Pompeyo: en el 67, para hacer frente a
piratas; y en el 66, contra Mitriades.
Existía una piratería que dificultaba el transito de personas, y sobre todo
de mercancías, especialmente el suministro de cereal a Roma. -asunto de gran
importancia-. En principio, Roma no intervino, pero en el S. II instó a los reyes
aliados a acabar con los piratas, y ante los escasos resultados se decidió
intervenir.
En el año 74, el Senado concedió al prator Marco Antonio un mando
militar extraordinario para combatir a los piratas allí donde los encontrase.
Consiguió acabar con la piratería en el Mediterráneo occidental, pero no en el
oriental. Ese mismo año, con el fin de controlar la piratería, el territorio livio de
Cierne, que en el 96 había sido cedido a Roma mediante testamento, fue
transformado en provincia romana.
También Cilicia se convirtió en provincia en el 80. En el 67 hubo una
gran ofensiva contra los piratas, y tras ello se creo la provincia romana de
Creta.
Ese año del 67, el tribuno Gavinio presentó un proyecto de ley, que
proponía nombrar como procónsul a un senador de rango consular, con el
único objetivo de combatir a los piratas, allí donde estuvieran. En esa lex se
definían las características de ese mando proconsular: desde el punto de vista
geográfico se daba autoridad sobre las costas de todas las provincias y de
Italia, hasta un límite de 70 km en tierra, excepto sobre Roma.
Desde el punto de vista militar, se daba al procónsul poder para reclutar
soldados para las legiones y las flotas sin límites, y podía nombrar hasta 15
legados en calidad de propretores. El procónsul podría disponer de un fondo
estatal de 6.000 talentos, y se incluía un plazo máximo de tres años. para logar
la misión..El procónsul sería elegido en comicios.
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Una parte del Senado se opuso a esto, ya que era demasiado poder en
manos de una misma persona -al fin y al cabo, al elegido se le entragaba el
Mediterráneo-, pero el entonces joven Cayo Julio Cesar defendió el proyecto,
que paso a conocerse como la Lex Gavinia. Los comicios eligieron a Pompeyo
como procónsul. En tres meses acabó con el problema de la piratería, y
algunos de esos piratas fueron establecidos en ciudades como colonos.
En el año 74, el rey Nicomedes de Bitinia murió, y en su testamento legó
su reino a Roma -algó que ya se había convertido en habitual-. Roma convirtió
a Bitinia en provincia ese mismo año. Mitriades reacciono invadiendo Bitinia,
dando comienzo la segunda guerra contra Mitriades. Roma encomendó a
Licinio Lúculo conducir la guerra. Este cónsul logró recuperarla y
ocupar ,además ,el Ponto, obligando a Mitriades a huir a Armenia ,en donde
gobernaba Tigranes. Lúpulo exigió a Tigranes la entrega de Mitriades, y ante la
negativa, Lúculo invadió Armenia, pero ello hizo que al final, Mitriades
recuperará el Ponto.
Lúculo fue destituido en el 67, y el tribuno Manilio, en el año 66, presentó
una propuesta que concedía a Pompeyo directamente el gobierno de las
provincias de Cilicia y Bitinia, así como el mando de la guerra contra Mitriades.
Parte del Senado se opuso, y de nuevo Cesar le apoyó. Uno de los pretores del
67, el ya famoso abogado Cicerón, defendió también la Lex Manilia, diciendo
que debía mantenerse Asia para Roma.
Pompeyo partió a Asia al mando de un gran ejército, emulando a
Alejandro Magno. En el 66 recuperó el Ponto, y Mitriades se suicidó en el 63.
En el 65 se unió el territorio de Bitinia y el Ponto, formando la provincia de
Bitinia-Ponto. Pompeyo penetró en Armenia, llegando hasta la capital, Artaxata,
imponiéndole la paz a Tigranes, por la cual conservaba su trono a cambio de
convertirse en amigo y aliado de Roma -y ,cómo no, el pago de tributos-.
Después descendió hacia el sur, conquistando Siria, la cual transformo
en provincia en el 64. Por su parte, Judea se transformó en Estado tributario de
Roma. Sin embargo, Pompeyo se extralimitó en sus funciones, puesto que la
decisión de crear nuevas provincias dependía de una comisión de diez
senadores.
El resultado de la reorganización supuso una presencia militar en las
nuevas provincias. En las provincias romanas de oriente se mantuvo la
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organización propia de las ciudades griegas, muchas de ellas fundadas por
Alejandro Magno, pero bajo la visión de Roma. Así mismo ,los romanos
fundarán otras ciudades.
En el interior de Asia se mantuvo relaciones con los llamados Estados
aliados, cuyo estatuto se caracterizaba en que Roma les debía defender, y por
parte del Estado aliado se comprometía a prestar ayuda militar siempre que se
le solicitase. Por su parte, las legiones romanas podían entrar en sus territorios
siempre que fuera necesario. Esto permitía mantener la hegemonía en Asia
con pocos gastos.
Mientras Pompeyo estaba en guerra, en los 60, se dio una intensa
actividad legislativa desde el Tribunado de la Plebe, y se empiezan a delinear
los liderazgos de Cesar y Cicerón. Como principales acontecimientos de estos
años, están: el consulado de Cicerón, en el 63, y la conjura de Catilina, hechos
que se conocen gracias al propio Cicerón.
Marco Tulio Cicerón
Marco Tulio Cicerón era un homo novus, era de familia ecuestre itálica, y
no un nobilis. Empezó como abogado defensor, lo que le había aportado
mucha clientela. Desde la pretura, en el 63, fue elegido cónsul, y como tal,
consiguió acabar con la conjura de Catilina. Catilina era un silano, y había
destacado en su crueldad.
Había intentado presentarse a cónsul en el 65 y en el 64, pero no pudo,
debido a que estaba en un juicio por corrupción a provinciales, mientras era
gobernador de África en el 67. Catilina ,al ver que no podía llegar al consulado
legalmente, organizó un complot con otro senadores y equites para conseguirlo
por la fuerza. El apoyo popular lo consiguió prometiendo reparto de tierra.
La conjura fue abortada en su fase inicial gracias a la actuación de
Cicerón, después de recibir una denuncia formulada por Craso. Cicerón
informó al Senado de los preparativos de la revuelta, decretando del Senatus
Consultum Ultimum, y los principales implicados fueron detenidos y ejecutados
sin juicio.
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Cesar, que era pretor en estos momentos, rechazó estas condenas sin
previo juicio. En Etruria, se levantaron en armas partidarios de Catilina, y
Cicerón al mando de sus legiones consiguió reprimirla, muriendo Catilina en el
combate. Cicerón pudo proclamarse como salvador de la República, hecho que
él mismo repetirá hasta la saciedad.
La alianza de Craso, César y Pompeyo:
La alianza que realizarán Pompeyo, Craso y Cesar es denominada como
primer triunvirato, pero las fuentes antiguas no lo mencional como tal, sino que
es un nombre que le pusieron los modernos historiadores, reproduciendo la
terminología que usaron Lepido, Antonio y Octavio cuando realizaron su propio
reparto del poder, en el año 43 a.C, denominándose así mismos como
triunviros.
Pompeyo, Craso y Cesar llegaron a una primera alianza en el 59 a.C.
Era un pacto entre los hombres más poderosos del momento, pero a diferencia
del que realizarán los segundos triunviros, este pacto fue secreto y privado.
Ell proposito era ayudarse mutuamente para conseguir sus objetivos
políticos, gobernando al margen del Senado.
Las causas del pacto estaban en función de las circunstancias en la que
se encontraban los tres. Cuando Pompeyo vuelve de Oriente, en el año 62
a.C., después de cinco años de ausencia, sus apoyos en Roma habían
disminuido considerablemente. Ya no era tan poderoso como para que el
Senado le diera un trato privilegiado, y mucho menos como para aprobar todas
las decisiones que Pompeyo había tomado en Asia por cuenta propia.
Si Pompeyo esperaba que el Senado, en función de las sus victorias,
aprobara sus acta orientis, así como repartos de tierras entre sus veteranos,
estaba muy equivocado. Así mismo, el Senado rechazó la candidatura de
Pompeyo al consulado del 62, porque no habían pasado los diez años
necesarios desde su último consulado, y menos aún si esperaba presentarse
ausente de Roma, pues la ley exigía que el candidato se presentara en
persona a inscribirse.
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El tiempo pasaba y las acta orientis seguirán sin ser aprobadas. Por lo
tanto, Pompeyo necesitaba de alguien que tuviera auctoritas, y ese era Cesar.
Cesar era nobilis, de descendencia patricia. Era sobrino de Mario, y en el
63 había sido elegido por el pueblo Pontifex Maximus. En el 61 era gobernador
en Hispania Ulterior, y en el 59 fue elegido cónsul.
El Senado le había otorgado como provincia vigilar los senderos y valles
de Italia, pero Cesar quería un gran mando militar, lo que le llevará a realizar un
pacto con Pompeyo y Craso.
Pompeyo aportaba prestigio, clientelas, y la fuerza de presión de los
veteranos. Craso, fortuna e influencias; y Cesar el poder del Consulado. El
pacto al que llegaron los tres tenía como objetivo que Pompeyo consiguiera
que el Senado aprobara sus decisiones en Oriente, y otorgara tierras a sus
veteranos.
Craso se unió al pacto para ganar más dinero, pues tomaría parte de la
comisión agraria que se crearía para el reparto de las tierras, así como reducir
el canon que los publicanos pagaban por la contrata del cobro de tributos en
Asia. Y Cesar quería un mando extraordinario al finalizar su consulado, que le
permitiera éxitos militares, por lo tanto, prestigio.
Durante el consulado de Cesar, en el 59, se desarrolló una intensa
actividad legislativa, algo inusual en el Consulado. Para las aspiraciones de
Pompeyo, se aprobó una ley agraria que preveía el reparto de tierra del ager
publicus para sus veteranos, así como entre la plebe sin tierra. La financiación
correría del botín de guerra de Pompeyo y de los impuestos de las provincias.
Cesar llevó la propuesta directamente a comicios, sin presentarla al Senado.
Más tarde, una segunda ley, preveía incluir en los repartos el fértil suelo
de la Campania que aún fuera ager publicus ante el desacuerdo de los
senadores, pues allí era donde tenían sus magnificas villas de recreo. Se
beneficiaron de los repartos 20.000 plebeyos de Roma, que tuvieran al menos
tres hijos.
Se añadió una cláusula especial y excepcional por la cual todos los
senadores estaban obligados a jurar estas leyes bajo pena de exilio -medida
que ya en el pasado se había realizado-.
Fueron, también, aprobadas las iniciativas de Pompeyo en Oriente.
Mientras que Craso consiguió ser miembro de la comisión agraria que llevaría
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acabo el reparto, y consiguió una rebaja del canon de arrendamiento, que
debían pagar los publicanos, a un tercio.
Cesar también consiguió su aspiración mediante un tribuno de la plebe,
quien presentó una propuesta, ante el pueblo, por la que se concedía a Cesar
la Galia Cisalpina y el Ilírico como provincias proconsulares.
Además, se le concedían con un imperium extraordinario, puesto que el
tiempo en que estaría en ellas sería hasta el 1 de marzo del 54, con derecho a
mandar tres legiones y la posibilidad de nombrar a sus legados. Y a finales del
año59, a instancias de Pompeyo, el Senado amplió el gobierno de Cesar a la
Galia Narbonensis, con la excusa de levantamientos militares, que además iba
acompañada de una legión más.
Con ese mando, Cesar conquista la Galia, hasta el Rin, lo que le dará
una gran fama en Roma, y lo que es más importante, varias legiones que solo
le deberán fidelidad a él. El último episodio de la Guerra de las Galias fue la
victoria sobre el líder galo Vercingetorix. Cesar, desde la Galia, llevaría también
una incursión a la Britania, y se presentó así mismo como el romano que había
llegado al finis terrae.
Cesar se ocupó de mantener informada diariamente a la plebe de Roma
mediante correos, y con el botín de guerra construyó multitud de obras
públicas.
En Roma, durante los años 50, se agudizó la movilización de la plebe -
Roma llegó a alcanzar el millón de habitantes-, cuya fuera radicaba en la
capacidad de voto, y el control de la calle. En estos años la plebe encontró un
líder en la persona de Clodio, que además era nobilis y patricio, he hizo que se
aprobase en comicios curiados su transformación de patricio a plebeyo, para
poder ocupar el Tribunado de la Plebe en el 58.
Elegido como tal, presentó una serie de proyectos del que destacan: una
lex frumentaria, que incluía la redistribución de cereales a ciudadanos romanos
a cargo del Estado, y totalmente gratuita. El restablecimiento de los colegios
profesionales y religiosos, que habían sido abolidos en el 69, los cuales habían
servido para que la plebe se organizara. Ahora que eran restaurados, la plebe
se organizaría y crearía bandas armadas.
La tercera medida es la llamada lex de capite civis, por la cual se
contemplaba el exilio para el magistrado que ajusticiara a un ciudadano romano
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sin juicio previo. Esta ley iba directamente contra Cicerón -al que se culpaba de
haber dado muerte a partidarios de Catilina sin juicio previo -, y antes de que se
aprobase, Cicerón se exilió. Éste tardo un año en volver, y cuando lo hizo, en el
57, coincidiendo con graves problemas de suministros en Roma, y por lo tanto
con movilizaciones.
Por iniciativa de Cicerón se concedió un mando extraordinario a
Pompeyo para hacerse cargo del suministro de Roma, la cura annonae, que
incluía un imperium proconsular en todo el territorio del Imperio por un periodo
de cinco años, hasta el 52, además se le autorizaba a permanecer en Roma sin
renunciar al imperio proconsular.
Este mando desequilibraba el pacto de Pompeyo, Craso y Cesar, y se
tuvo que renegociar los términos de éste. En el 56 llegaron a un nuevo acuerdo
en Luca. Se acordó que Craso y Pompeyo fueran cónsules para el 55, y desde
el consulado promoverían la prolongación del mando militar de Cesar en la
Galia, y la creación de sendos mandos extraordinarios para Craso y Pompeyo
para después del consulado, con una duración similar al de Cesar.
Craso y Pompeyo consiguieron ampliar el mando de Cesar hasta el 1 de
marzo del 50. Craso recibiría el gobierno de la provincia de Siria como
procónsul, y Pompeyo el gobierno de las dos provincias de Hispania por un
periodo de cinco años, hasta la misma fecha que Cesar.
Los tres tenían plenos poderes para reclutar tropas, declarar la guerra y
firmar la paz. Esto hacía que el mando militar del ejercito estuviera ahora en
manos de tres hombres, los cuales habían arrancado al Senado su tradicional
función en política exterior, y al pueblo la declaración de la guerra y la paz.
Quedaban así los tres imperatores sobre la República.
Aplicando el acuerdo de Luca, Cesar siguió en la Galia, Pompeyo
decidió permanecer en Roma con la excusa de asegurar mejor la cura
annonae, enviando a Hispania legados. Craso, por su parte, partió hacia Siria,
y por su cuenta declaró la guerra a los partos, en búsqueda de gloria militar y
de botín -sobre todo de botín-.
Pero las cosas no irían bien para éste, ya que fue derrotado en Carras
en el 53, muriendo miles de legionarios romanos, y él mismo perdió la vida. La
derrota tuvo un gran impacto psicológico en Roma, pero se alteraba también el
pacto de poder, ya que ahora éste quedaba en manos de Pompeyo y Cesar.
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En el año 52, Pompeyo será Consul sine collega, es decir, cónsul sin
colega -una formula para no darle la Dictadura-. La causa fue la situación de
desgobierno y crisis interna que vivía Roma, como consecuencia de sucesivos
escándalos electorales en los años 54 y 53, en donde se enfrentaron los
candidatos del Senado y el de los Procónsules.
Unos y otros recurrieron al soborno y a la violencia. Entre los candidatos
del 53 estaba Clodio para la Pretura, y un tal Milón que era el candidato
presentado por los optimates para el Consulado.
La situación estallo cuando, el 18 de enero, Clodio fue asesinado por
orden de Milón, que dio lugar a graves disturbios. La plebe hizo incinerar el
cadáver dentro de la Curia Hostilia, lugar de reunión del Senado. Al final la
Curia también ardió en un acto de culpar al Senado por el asesinato de Clodio.
Ante esto, algunos pidieron la Dictadura, pero otros se resistieron. Es entonces
cuando apareció Pompeyo.
El Senado declaró el Estado de emergencia, y autorizó al Procónsul a
reclutar tropas en Italia para establecer el orden, pero a cambio Pompeyo
quería todo el poder, al cual otorgaron el consulado sin cólega -evitando, así, la
colegialidad- y sin esperar los 10 años que se necesitaban desde su último
consulado. Sin embargo, todo esto exigía el beneplácito de Cesar, y éste solo
aceptó ese consulado si se aprobaba una ley que le permitiera presentarse en
ausencia, en el año 49, para las elecciones al consulado del 48.
La ley se aprobó en el 52. Además de aprobarlo, durante el consulado
de Pompeyo, este pacificó Roma, utilizando la fuerza, y llevó a los cabecillas a
los tribunales, entre ellos Milón. Pompeyo aprovechó para hacer una purga
entre los populares y alineados con Clodio. E hizo aprobar una ley que
prorrogaba sus poderes como procónsul, en las Hispanias, por cinco años más.
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La guerra civil y César:
Durante los años 51 y 50, el debate político giró en torno a los poderes
cesarianos. Pompeyo y el Senado trataban de evitar el segundo consulado de
Cesar, y obligarle a abandonar el proconsulado en la fecha establecida. Pero
Cesar quería retener su proconsulado hasta el 49, y presentarse a las
elecciones para el consulado del 48.
Cesar, trataba de esta manera, de enlazar el proconsulado y el
consulado sin intermedio, para no quedar en la situación de privatus. Quería
utilizar la ley del 52 que le autorizaba a presentarse al consulado in ausentia.
En marzo del 50, el Senado debatió la cuestión de los poderes de Julio
Cesar, y se formuló una propuesta para destituirlo y obligar a licenciar a sus
legiones. Dicha propuesta fue vetada por el tribuno de la plebe, un tal Curion,
que era cesariano, y propuso como solución para evitar una guerra civil, que
tanto Cesar como Pompeyo abandonasen simultáneamente sus mandos
extraordinarios, y licenciar a sus respectivas tropas.
La propuesta fue aprobada mayoritariamente en el Senado el 1 de
diciembre del año 50. Pero el cónsul Marcelo, sin tener en cuenta la votación,
encargó a Pompeyo la defensa de la República, otorgándole el mando sobre
las legiones estacionadas en Italia, y poder para reclutar más legiones.
Con estos precedentes, se llega a la sesión senatorial del 1 de enero del
49, en la que se decide que Cesar licenciara sus ejércitos, pero dos tribunos de
nuevo, Marco Antonio y Casio Longino, vuelven a vetar la resolución senatorial.
Cesar hace una contraoferta, renunciando a nueve de sus diez legiones, y a las
dos Galias, pero a cambio conservaría la Ilirica, y la posibilidad de presentarse
al consulado del 48 en ausencia.
Ante la negativa de los tribunos de retirar el veto a la resolución del
Senado, éste decreta el Senatus Consultum Ultimum, obligando a los tribunos
a abandonar la Curia, y destituyendo a Cesar como procónsul de la Galia,
legitimando las medidas de Marcelo, y por lo tanto daba a Pompeyo el mando
para salvar a la República.
El 10 de enero del 49, Cesar atravesó el Rubicón -frontera que separaba
Italia de la provincia Cisalpina-, entrando con sus legiones en Italia, dando
comienzo la Guerra Civil entre los dos imperatores, Cesar y Pompeyo, por el
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poder, en donde el campo de batalla decidiría a quién dar la victoria.
Desde el punto de vista ideológico, Cesar se esforzó en convencer que
él no luchaba contra el Senado, sino contra la facción oligárquica que lo
apoyaba, y con su lucha quería devolver la libertad al pueblo romano dentro del
orden político tradicional. Pompeyo, por su parte ,defendía la República frente a
el enemigo del Estado: Cayo Julio Cesar.
En el plano militar Pompeyo se equivocó. Escogió por dar perdida Italia,
ante la llegada de Cesar a Roma con sus legiones, y porque Pompeyo tenía
sus siete legiones en Hispania. Pompeyo abandona Roma con las dos legiones
que tenía en Italia, y se traslada a Dyrrachium, en la costa Adriática, para
preparar desde allí una operación en pinza, aglutinando legiones de las
provincias orientales, y llegar a Italia con las legiones de Oriente e Hispania.
Mientras, Cesar marchó rápidamente sobre Roma, y a su paso se le
adherían las ciudades por las que pasaba. Una vez enRoma, se apoderó del
tesoro público. Desde Roma se dirigió a Hispania, consiguiendo la capitulación
de la Hispania Citerior tras la batalla de Ilerda, y a continuación capituló la
Hispania Ulterior sin necesidad de lucha. Pompeyo se quedaba sin estrategia,
había perdido las legiones de Hispania.
Cesar vuelve a Roma, donde está once días. En el verano había sido
nombrado dictador, y como tal dirigió las elecciones consulares para el 48,
donde fue elegido cónsul. Desde el 48 alternará el consulado con la dictadura ,
y a partir del 46 fue nombrado dictador por diez años, ocupando también el
consulado.
En esos once días concedió la plena ciudadanía a los habitantes de la
Gália Cisalpina que pasó a integrarse en Italia.
A comienzos del 48 desembarcó en Apolonia, se dirige hacia
Dyrrachium, donde se produce una victoria pompeyana. Tras unas
negociaciones entre ambos bandos, se llegó la batalla final en Pharsali, en el
48, donde Pompeyo es derrotado.
Pompeyo tratará de buscar ayuda en Egipto. En este país existía una
lucha entre Tolomeo XIII, y su hermana Cleopatra, que le disputaba el trono.
Tolomeo, que no quería entrar en una guerra con Roma, mandó matar a
Pompeyo al desembarcar en Alejandría.
43
Cuando llegó Cesar a Egipto se encontró que quien había sido su aliado,
yerno (Pompeyo había casado con la hija de Cesar, Julia) y oponente, estaba
muerto, y no aprobó el asesinato. Cesar en vez de volver a Roma, se quedó en
Egipto para apoyar a Cleopatra. En el transcurso de una guerra civil abierta en
Egipto ardió la biblioteca de Alejandría, que estaba continua al palacio donde
se alojaba Cesar.
Cesar hubiera podido anexionar Alejandría en ese momento, pero no lo
hizo, aunque dejo tres legiones allí, a pesar de que no era provincia. Egipto se
transformó en socio y amigo del pueblo romano. Cesar no lo anexiono porque
sus relaciones con Cleopatra eran más que diplomáticas, y tuvieron incluso un
hijo: Cesarión.
En el 47, Cesar vuelve a Roma. Pero mientras Cesar estaba en Egipto,
los partidarios de Pompeyo se habían hecho fuertes en África, con ayuda del
rey Yuba de Numiria. En Tapsos, en el 46, se produjo un nuevo enfrentamiento
entre cesarianos y pompeyanos, que se saldó con la derrota de éstos últimos.
Numiria, por el apoyo a los pompeyanos, fue anexionada. Una parte pasó a
manos de Mauritania, y la otra a la provincia de Africa Nova.
El último episodio de la resistencia pompeyana tuvo lugar en Hispania,
con los hijos de Pompeyo, que son derrotados, en el 45, en Munda. Cesar era
ahora el único general de las legiones, instalándose definitivamente en Roma.
Cuando empezó la Guerra su única legitimidad, y no clara, era la de
procónsul, por eso quiso que se le nombrara dictador. En el 49 fue dictador, y
como tal intentó una política de clementia, que era la capacidad de
comparecerse del enemigo cuando uno está en posición de poder castigarle,
para sí distanciarse de la dictadura de Sila.
Intentó integrar a los aliados de Pompeyo en vez de represaliarlos.
También rehabilitó a los hijos de los proscriptos por Sila, y todos los exiliados a
consecuencia de los juicios del 52 fueron autorizados a volver, menos Milón.
Cesar quería hacerlo todo de forma legal.
En el 48 fue cónsul, en el 47 otra vez dictador, y en el 46 otra vez cónsul,
pero a partir de ese año, después de Tapsos, se hizo nombrar dictador por diez
años, y a partir de entonces acumuló la dictadura y el consulado. En el 45 sería
cónsul único tratando se superar la dignidad de Pompeyo.
44
En febrero del 44 fue nombrado dictator perpetuus, y se hizo atribuir la
sacrosanctitas, al igual que los tribunos, lo que también significaba su
acercamiento al tribunado, y con ello se ganaba también al pueblo.
En la práctica, sus poderes eran los de imperium: dirigir las elecciones,
convocar asambleas y el Senado. A ello fue a acumulando otros poderes. En el
ámbito militar podía decidir la guerra y la paz sin consultar a los comicios y al
Senado. Después de Munda todas las legiones estaban a sus órdenes, y por lo
tanto los gobernadores de las provincias.
En el terreno económico administró las finanzas sin contar con el
Senado, y se encargó de acuñar moneda con su efigie personal. En el plano
político, después de Tapsos, asumió el derecho de hablar primero en el
Senado. A eso sumó, en el terreno religioso desde finales del 48, la condición
de augur, que la unía al Pontificado Máximo que tenía desde el 63.
Ejerció también la praefectura morum (cuidado de las costumbres), y
promulgó una ley suntuaria para combatir el lujo de los ricos y evitar las
deudas. Por otra parte, mantuvo las asambleas y las magistraturas, pero
controladas por él.
Realizaría toda una serie de reforma. La iniciativa de éstas o fueron
suyas o por personas de su confianza. Como premisa, Cesar intentó contentar
a todos. Intentó contentar a sus soldados, llevando a cabo una política de
colonización, y también para controlar el superávit de Roma. En Italia no
quedaba tierra pública, por lo que busco tierra en provincias, y por lo tanto
fundo o promovió levantar colonias en las provincias.
La novedad estaba en el número de colonizaciones que promovió.
Tuvieron lugar en África, Hispania, la Galia Narbonensis. Según Suetonio,
hasta 80.000 fueron los ciudadanos romanos asentados en las provincias.
También quería tener a la plebe contenta y controlada. La plebe había
crecido mucho en Roma, y ello daba lugar a problemas de orden público, y de
mantenimiento. En torno a 320.000 personas vivían de las flumentaciones.
Cesar procuró reducir a la mitad la plebe flumentaria, enviando a una parte a
colonias, y excluyendo de la lista a los que no cumplían los requisitos para
recibir cereal gratis.
Promovió una política de construcciones públicas, para dar trabajo a la
plebe.
45
En el plano institucional, actuó como Censor, aumentando el número de
senadores de 600 a 900, cubriendo las vacantes con equites, aristocracias
itálicas y provinciales, y miembros de su ejército de confianza. Respecto a las
magistraturas, aumentó el número, solo los tribunos y los cónsules mantuvieron
su número. Los pretores pasaron de 8 a 16, los ediles de 4 a 6, y los cuestores
llegaron a ser 40.
En la administración provincial quiso evitar gobiernos prolongados, y en
el 46 lo limitó a un año para los pretores, y a dos para los procónsules.
Se concedió a provinciales, a título individual, la ciudadanía, y se
concedió el estatuto de municipio latino o itálico a poblaciones indígenas, y con
ello promovió la romanización.
En materia religiosa, la mayor innovación fue la reforma del calendario,
que daría como resultado un año de 365 días. En el ámbito de las costumbres
se fomentó la natalidad. En el terreno judicial, la composición de los tribunales
sería de senadores y equites.
En los idus de marzo, Cesar sería asesinado. Intervinieron en su muerte
en torno a unas sesenta personas, la mayoría eran senadores y equites
pompeyanos, pero también había cesarianos que habían combatido a su lado,
pero que no quería su dictadura.
La causa de su asesinato era en primer lugar por su poder omnipotente.
Después de la guerra era necesario un poder fuerte, pero esto cambio en el 46
cuando asume la dictadura por diez años, y en febrero del 44 se le nombro
dictador vitalicio. Se empezó a temer la vuelta del Regnum, aunque Cesar
había dicho que no aceptaría ser Rex. Cuando Marco Antonio le ofreció una
diadema, Cesar la rechazó.
A esa dictadura perpetua había que sumarle otros poderes. Una ley
tribunicia daba a Cesar la potestad de designar a la mitad de los magistrados
sin tener que votarles en comicios, y a ello se le une la sacronsactitas, y una
serie de honores que lo colocaban por encima de las instituciones y de los
hombres.
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Tenía el titulo de Pater Patriae, el mes quintilis cambió a Iulius, y se le
dedicó el quinto día de los juegos romanos. Se le reconoció el derecho de usar
el manto púrpura y la corona de laurel (corona que llevaban los triunfatos el día
del triunfo), y atribuyó a su nomenclatura el apelativo militar de Imperator. Su
efigie aparecía en las monedas, y se levantaron estatuas suyas en los templos
dedicados a los dioses.
Por lo tanto, había que eliminar al tirano. Julio Cesar estaba preparando
una campaña contra los Partos, y extender los límites de Roma, emulando a
Alejandro Magno. Contaba con 16 legiones y 100.000 jinetes. Había que
eliminarle antes de que partiera a la guerra.
La ocasión vino con una reunión del Senado en el teatro de Pompeyo, el
15 de marzo. Antes de que diera comienzo, los conspiradores le apuñalaron
hasta la muerte, cayendo el cuerpo de Cesar antes la estatua de Pompeyo.
Entre los conspiradores estaban los pretores del 44, Casio Longino y Bruto,
que creían que la República se restablecería por si sola con la muerte de
Cesar. Estaban confundidos, la República había muerto para siempre.
El triunvirato:
En los años siguientes a la muerte de Cesar, Augusto irá construyendo
su primado político, en el que influyen varios factores. Primero, desde el punto
económico, la herencia de Cesar fue fundamental; segundo, las proscripciones
del 43 a.C; y el tercero, la conquista de Alejandría y Egipto que se convirtieron
en provincia romana administrada desde la casa del príncipe.
Cuando muere Cesar, Cayo Octavio, el futuro Cesar Augusto, tenía tan
solo 18 años, estaba en Apolonia en ese momento, junto con Agripa y
Mecenas, participando en maniobras militares preparatorias de la campaña que
Cesar iba a llevar contra Partos. Fue allí donde se enteró de la muerte de su tío
abuelo Cesar, y ese parentesco era todo el mérito con el que Augusto contaba
en aquel momento.
Pero el testamento de Cesar cambió la suerte de Augusto. Su tío abuelo
lo adoptaba en el testamento, nombrándolo heredero de todos sus bienes. A
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partir de ese momento tomo tres iniciativas que denotaban que aspiraba a ser
el sucesor político de Cesar.
La primera iniciativa fue la de adquirir el nombre de su padre adoptivo,
Cayo Julio Cesar, prescindiendo del de Octavio, de esta forma quedaba como
hombre piadoso y hacia visible su parentesco con el de los julios, transfiriendo
a su persona todo el carisma de Cesar. De esta forma es como se presentó
ante las tropas de Cesar, apoderándose, de paso, de los fondos de la campaña
contra los partos.
Una segunda iniciativa fue en su camino hacia Roma, al pasar por la
Campania, se entrevistó con las dos partes enfrentadas en los Idus de marzo,
entre los que estaban los que iban a ser cónsules en el 43 a.C, Hirtio y Pansa,
y al mismo tiempo con el representante de los anticesarianos o republicanos,
Cicerón.
La tercera iniciativa fue en noviembre del 44 a.C, organizando un ejército
privado a sus expensas con el que liberaría a la República de la dominatio de
una factio.
Marco Antonio Pero al mismo tiempo que Augusto movía sus cartas,
también lo hacía quien será su enemigo, Marco Antonio, de 20 años de edad,
que estaba emparentado por parte de madre con Cesar, y por ello aspiraba a
ser el heredero de Cesar.
Antonio había seguido una carrera política desde la cuestura hasta el
consulado, bajo la protección de Cesar. Había sido colaborador de Cesar y
tenía amplia experiencia militar, además era augur y flamen diales.
En el año 44 a.C, la posición política y militar de Antonio era la más
fuerte, y se presentó como el sucesor político de Cesar, reforzando esta
posición con el pacto realizado con Lépido, magister equitum de Cesar, por el
cual Lépido, además de las provincias asignadas por Cesar (Narbonense e
Hispania ulterior), recibió el pontificado máximo. Esta posición cambió con la
lectura del testamento de Cesar, la llegada de Octavio a Roma, y el regreso de
Cicerón.
El 18 de marzo de abrió el testamento, y Antonio comprobó que no era el
heredero de Cesar. Antonio supo que el poder estaba ahora en disputa.
Cuando Octavio llega a Roma, se dirigió al pueblo romano declarándose hijo y
heredero de Cesar, y se comprometió a pagar a la plebe el legado de Cesar
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según estipulaba en su testamento, y a celebrar juegos en honor a Cesar. Esta
actitud indujo a Antonio a empezar a cambiar sus planes para el proconsulado.
Estaba previsto que para el 43 a.C Antonio fuera proconsul en Macedonia, la
cual poseía cuatro legiones.
Pero Antonio prefiere estar más cerca de Roma, presentando en
comicios una lex de permutationes provinciarum, por la cual permutaba
Macedonia, en favor de la Galia Cisalpina que disponía de dos legiones, y que
el 1 de enero de 43 sería gobernador sin esperar a abril que era cuando
acababa el mandato anual de su legitimo gobernador. La tercera clausula de
esta ley ampliaba su mandato en la provincia a cinco años, manteniendo
además las cuatro legiones de Macedonia.
Ante el desarrollo de los acontecimientos, Cicerón había abandonado
Roma, pero ahora había regresado y en septiembre del 44 a.C realiza su
primer ataque contra Antonio, y poco después en forma de panfleto emitió la 2ª
filípica. Ante esa evolución, Antonio puso en práctica su plan de conseguir la
gobernación de la Galia Cisalpina por la fuerza, y antes de que concluyera su
mandato de cónsul. Optó por la vía militar, ya que era previsible que el
gobernador no se la cedería.
Esto hizo que Octavio tuviera el pretexto para formar su ejército
profesional. Reclutó un ejército en Campania, con veteranos de Cesar,
integrado por 3.000 soldados. Octavio entro en Roma con su guardia personal,
y se dirigió al pueblo romano arremetiendo contra Antonio, declarando que
ocuparía el lugar político de su padre, y se presentó como el defensor de la
República, contra la iniciativa ilegal de Antonio. En ese momento Antonio se
dirigía a Roma con las cuatro legiones macedónicas desde el sur de Italia, por
lo que plebe no prestó ayuda a Octavio.
Éste se retiró a Campania para aumentar sus efectivos militares, lo que
era un golpe de Estado contra quien era aún cónsul, pero Octavio consiguió
que dos legiones de Antonio se le unieran.
En noviembre del 44 a.C Octavio mandaba cinco legiones, mientras
tanto, en noviembre, Antonio ocupó militarmente la Galia Cisalpina, obligando a
su gobernador a cedérsela, pero éste se negó, y Antonio decidió poner sitio a
Modena. Se hacía inevitable la guerra civil.
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Octaviano necesitaba legalizar su situación, y el Senado le debía ceder
un imperium extraordinario para ello. Además el Senado necesitaba las
legiones de Octavio para hacer frente a Antonio. Cicerón se ocupó de todo, y
en diciembre del 44 a.C empieza una alianza entre Octavio y el Senado.
A comienzos de enero del 43 a.C Antonio ya no era cónsul, por lo tanto
estaba en una situación ilegal. Se celebró una reunión senatorial, y concedió a
Octavio un imperium como propretor, y fue convertido en senador con rango
consular, y una dispensa de 10 años para poder presentarse al consulado.
Por detrás de todo estaba Cicerón. Se declaró el Estado de emergencia,
y se ordeno a los cónsules del 43, Hirtio y Pansa, así como a Octavio salvar a
la República.
Se llega a una guerra civil, con las legiones que habían pertenecido a
Cesar, entre Octavio y Antonio. En Modena, la victoria correspondió a los
cónsules del 43 a.C, que murieron en la batalla, pero Octavio se llevó el mérito.
Antonio se dirigió a la Galia Narbonense y busco la ayuda de Lépido. El
joven Octavio exigió al Senado su nombramiento como cónsul. El Senado se
negó en un primer momento, pero entre abril y agosto los acontecimientos
hicieron que en agosto del 43a.C Octavio fuera nombrado cónsul con la presión
de ocho legiones.
Pero Octavio desconfiaba del Senado, decidiendo cambiar de alianzas.
Se aproxima a Antonio y Lépido, influyendo en esta decisión el poder que Bruto
y Casio habían conseguido en Oriente. Bruto y Casio eran los conspiradores de
la muerte de Cesar, y no habían conseguido el apoyo popular que necesitaban.
Desde las provincias de Creta y Cirene ambos se hicieron dueños de
Oriente, consiguiendo el apoyo de los gobernadores de las provincias
orientales así como apoderarse de los tributos que éstas proporcionaban.
La reconciliación generalizada entre Octavio, Antonio y Lépido se
produjo en una entrevista entre los tres en Bolonia. Acordaron construir una
nueva magistratura, la III viri rei publicae constituendae. Debía de durar cinco
años con poderes para nombrar magistrados, dictar leyes prescindiendo de los
comicios y el Senado, así como el reparto de provincias.
Antonio recibió la Galia Cisalpina y la Comata; Lepido la Galia
Narbonense y las dos Hispanias; y por último Octavio se quedaba con África y
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las islas de Sicilia, Corcega y Cerdeña. Italia sería dominio conjunto de los tres,
además acordaron poder acuñar moneda. La justificación de todo esto era
llevar la guerra a Bruto y Casio.
El acuerdo también recogía la recompensa a los soldados con tierras y
se decidió que 18 ciudades itálicas deberían proporcionar esas tierras a los
veteranos. La tercera parte del acuerdo fue la proscripción de los enemigos
políticos. Las instituciones siguieron funcionado como antes, pero ellos tenían
su control.
Todas las legiones de occidente estaban bajo su mando. Entre los tres
recogían unas 40 legiones. Este acuerdo fue ratificado por una ley en comicios:
la lex titia del 43.
La significación política del acuerdo tenía el carácter de una magistratura
dictatorial extraordinaria, sin precedentes en la historia de Roma. Aunque los
poderes de éstos eran dictatoriales se mantenía la forma colegial. Se colocaron
por encima del Senado y de los comicios, con lo cual la forma colegial tendía a
la monarquía.
Las proscripciones tenían un antecedente claro, las de Sila, pero estas
no seguían a una guerra sino que la precedían. Las responsabilidades de éstas
proscripciones fueron de los tres, aunque Octavio era el único que estaba en
Roma y el que las controlaba. La finalidad era doble, por una parte política y
por otra económica.
Política porque era no dejar una facción hostil al acuerdo al ausentarse
de la ciudad, también procuraba que no se produjeran huidas masivas de
republicanos a oriente con sus efectivos económicos. Era una medida terrorista
para extender el miedo entre los republicanos y que no se produjeran
resistencias.
Por último su finalidad económica fue la confiscación de los bienes de
los proscritos. Era una forma más rápida de recaudar fondos para una guerra
larga y costosa.
El procedimiento fue mediante un edicto que hicieron público grabado
sobre tablas. En ellas aparecían los nombres de los proscritos, sus castigos, y
los castigos para quien los ayudase, la recompensa para los ejecutores y
también para quienes los denunciase.
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Existía recompensa con dinero por la entrega de la cabeza del proscrito
o de información correcta para detenerlos. Se garantizaba el anonimato para el
asesino o denunciante. En estas listas se incluían nombres tanto de senadores
como de equites.
Fue una medida que por muerte, ruina y temor debilitó a la nobilitas y al
Senado. Además neutralizó políticamente a los supervivientes y a los nuevos
miembros del Senado, deudores de Octavio por conservar la vida y su posición.
Solo en el 39 a.C se puso fin a las proscripciones.
Los soldados fueron los grandes beneficiarios del acuerdo triunviral, ya
que recibieron 5.000 denarios por cabeza, más la asignación de una parcela de
tierras en el territorio de las 18 ciudades itálicas. No eran tierras públicas, sino
que era necesario expropiar a sus legítimos dueños.
Los expropiados pasaron a ser colonos, arrendatarios de sus antiguas
fincas. Otros se trasladaron a Roma como masa indigente y otros se pasaron a
bandas armadas de proscritos y expropiados. La mayor responsabilidad en la
aplicación de estos asentamientos correspondió también a Octavio y su
desprestigio afirmaba la idea de su crueldad.
La guerra contra los cesarianos se resolvió en dos batallas en el 42 a.C.
La victoria fue de Antonio y los muertos fueron sobre todo republicanos, lo que
supondrá toda una renovación de la élite de Roma. Se procedió a un nuevo
reparto de poderes y de responsabilidades. A Antonio le tocó la reorganización
de Oriente, además añadía a sus posesiones la Galia Narbonese a costa de
Lépido, renunciando a la Cisalpina.
Ésta perderá su condición de provincia para pasar a ser parte de Italia. A
Octavio le correspondió asentar a los soldados y se añadía a sus territorios las
dos Hispanias. A Lépido tan solo le quedó África. Italia seguía siendo territorio
conjunto. Finalmente Octavio y Antonio pactaron que éste se casaría con la
hermana de Octavio, Octavia, en el 40 a.C.
La tercera guerra civil es la de Perugia en el 41 a.C, liderada por Lucio
Antonio, hermano de Antonio, cónsul en aquel año, que se puso al frente de los
perjudicados por las proscripciones. Estos fueron derrotados en Perugia por
Octavio.
En el 39 a.C se produjo un nuevo acuerdo entre los triunviros y Sexto
Pompeyo, que era un hijo del gran Pompeyo. En el 43 a.C después de Modena
52
se le nombró jefe de la flota en el Mediterraneo con sede en Sicilia, y había
amenazado con bloquear el grano a Roma sino se le reconocía una posición de
poder equivalente a la de los triunviros.
Obtuvo lo que quiso, obteniendo un mando en Sicilia, Cedeña y
Peloponeso, igual que los triunviros, y se le incluía en las listas para ocupar el
consulado del año siguiente. Fue un acuerdo forzado que conllevaba por lo
tanto la reducción de poder de Augusto. Pero el acuerdo se rompió pronto, tras
una reunión que tuvieron, en Tarento, Antonio y Octavio, con la finalidad de
renovar el poder triunviral durante cinco años más, hasta el 33 a.C, eliminaron
a Sexto Pompeyo para el consulado, lo que llevó a una guerra con éste en el
36 a.C en Naulochos, en la que Octavio aprovecho un error de Lépido para
eliminarlo políticamente.
Lépido aceptó la rendición del lugarteniente de Sexto Pompeyo, antes de
que Octavio llegara al campamento enemigo, por lo que se le acusó de haber
violado el pacto de Bolonia. Realizó una ley en comicios, la lex de imperio
abrogando, por la cual destituía a Lépido como triunvirato, aunque se le
permitió seguir siendo Pontifex Maximus hasta el año de muerte, en el que será
asumido por Octavio.
El año 36 fue un punto de inflexión en la construcción del primado
político de Augusto. Octavio era dueño de Occidente y jefe de 45 legiones,
mientras que Antonio lo era de Oriente. Octavio iniciará un proyecto
institucional que acabó en el año 23 que consistía en concentrar en su persona
además del imperium, también los poderes de los tribunos de la plebe, la
tribunicia potestas, y por lo tanto el liderazgo popular, además de esta forma se
libraba de la colegialidad y sin anualidad.
A partir del 36 ensayó tres líneas de conductas: la carismática, la militar
y la populista. Esta conducta forma parte de la campaña contra Antonio.
La linea carismática trataba de exteriorizar su particular relación con los
dioses, la cual ya había iniciado en el 42 cuando el Senado declaró a Cesar
como divus, y por lo tanto emparentando a Octavio con los dioses. En el 41 fue
elegido Augur, entre el 40 y el 38 incorpora a su nomenclatura personal el
praenomen y el apelativo militar de Impertator.
Recibió asiento en espectáculos públicos, se le autorizó a portar la
corona de laurel, y se levantó en su honor una estatua dorada en el foro, con
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una inscripción en la que se declaraba restaurador de la paz por mar y tierra.
Además se convirtió en vecino de Apolo (contubernalis Apollinis), donando un
terreno de su propiedad en el Palatino donde construyó un tempo a Apolo y
una casa para él mismo al lado.
En el año 36 se le reconoció por parte del Senado la sacrosanctitas
tribunicia, y recibió también el derecho a sentarse junto a los tribunos de la
plebe, por lo que tenía las prerrogativas de tribuno pero sin serlo, y recibía por
esto apoyo popular para mostrar aprecio por la magistratura plebeya.
En cuanto a la militar, necesitaba mejorar el curriculum militar.
Necesitaba acreditar su condición de jefe militar, por lo que inicio las campañas
de Lidia entre el 35 y el 33 a.C.
La tercera línea fue la populista, necesitaba ser considerado como
protector de la plebe. Para eso aprovecho la edilidad de Agripa del 33 a.C.
Agripa ya había sido cónsul en el 37, por lo que estaba pactado que fuera edil
ya que estos influían en las condiciones de vida de la plebe romana. Agripa
saneo y embelleció Roma a expensas de Octavio, por lo que transmitía que
Octavio era quien mejoraba sus condiciones de vida.
Se mejoró la alimentación hídrica de Roma, de la cual dependían los
baños públicos, la limpieza de las calles y la lucha contra los incendios. Se
construyo el Aqua Iulia y se mejoro el drenaje de las cloacas, en general la
Cloaca Máxima. Se restauraron edificios, como la del Circo Máximo.
Se celebró a sus expensas numerosos y grandiosos juegos públicos. Se
repartió aceite y sal gratuitamente a los romanos, barberos gratuitos, y la
gratuidad de los baños públicos. Con esas medidas se transmitía que había
vuelto la paz a Roma.
Llevo a cabo una activa campaña de propaganda contra Antonio, que
tenía como finalidad presentar a Antonio como traidor a la República ante la
opinión pública. Los motivos fueron fundamentalmente las donaciones de
Alejandría, una reorganización de las provincias romanas de Oriente llevada a
cabo por Antonio, en virtud de la cual esas provincias se ponían bajo la tutela
de Egipto representado por Cleopatra y sus hijos.
Tenia un valor simbólico ya que Egipto seguía siendo aliado del pueblo
romano. Octavio utilizó las donaciones de Alejandría para acusarle de querer
donar a una monarquía extranjera territorios del pueblo romano. El segundo
54
motivo era el testamento de Antonio que fue conocido por Octavio, quien logro
hacerse con ese testamento que estaba depositado en el colegio de las
vestales, infligiendo el mos maiorum. Leyó el testamento al Senado y al pueblo
en una contio.
En ese testamento Antonio afirmaba que Cesarión era el hijo de Cesar,
confirmaba los repartos territoriales de Alejandría, y manifestaba su voluntad de
ser enterrado en Alejandría junto con Cleopatra. Octavio utilizo la tercera
voluntad, acusándolo de pretender fundar una monarquía oriental con sede en
Egipto que abría de sustituir a Roma y su imperio.
Tras conocer el testamento el Senado decidió privar a Antonio de sus
poderes como triunviro y del consulado para el 31 que estaba previsto. El
senado evitó declararlo hostis publicus para evitar otra guerra civil, aunque fue
tratado como tal. Si que Cleopatra fue declarada hostis publica, y por lo tanto
Antonio era un [Link] se divorcio de Octavia, que también fue utilizado
para desprestigiarle.
En diciembre del 33 a.C los poderes triunvirales habían llegado a su fin,
pero Octavio seguía manteniéndolos, por ello en el 32 recurrió a la iuratio por la
cual se hizo jurar en Italia y en las provincias como Dux. Buscaba así, una
especie de plebiscito, no en el Senado y en los comicios, sino en su totalidad
para confirmar sus poderes como triunviro.
En el 31 se produjo la última guerra civil, en la batalla de Actium, que fue
objeto de mitificación en la historiografía posterior como hecho de la fundación
del principado. La batalla de Actium careció de grandeza ya que Cleopatra se
volvió con las naves a Egipto, y Antonio la siguió. La última batalla en Egipto
condujo a la derrota de Antonio, con la toma el 1 de agosto del año 30 a.C de
Alejandría.
Antonio conducido por el rumor de la muerte de Cleopatra se suicidó,
mientras esta intentaba negociar algún tipo de acuerdo con Octavio. Cuanto
Octavio entró en Alejandría hizo prisionera a Cleopatra y sus hijos, e intentó
conservarla con vida para exhibirla en Roma, pero Cleopatra se suicidó con
dos cobras.
Octavio anexiono Egipto al imperio del pueblo romano. La dotó como
provincia romana con estatus especial, ya que la puso bajo control de él
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mismo, presentándose como sucesor de los Tolomeos. Octavio se reservo el
derecho para nombrar al gobernador de la provincia de Egipto.
El primer gobernador lo llamo praefectus Alexandrae et Aegypti. Seran
elegidos entre los equites y no entre senadores. La prefectura de Egipto fue
hasta el año 2 d.C la culminación política de un equite, la cual contaba con tres
legiones. Se prohibió a los senadores entrar en Egipto sin autorización del
príncipe.
Después del 31a.C la posición de poder de Octavio fue definida por sí
mismo como potitus rerum omnium per consensus universorum, es decir,
poderoso sobre todas las cosas por el consentimiento universal. Es decir, todo
el poder residía en él, pero bajo la apariencia de que se mantenía el régimen
republicano.