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JOSUE

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Libro de Desconocido

1400–1375 a.C.
JOSUÉ Posesión de la herencia
Palabras clave: Obediencia,
pacto,
valor
Autor El autor del libro de Josué no puede ser identificado por medio de la
Escritura. El uso de los pronombres nosotros y nos en 5.1, 6 respalda la
teoría de que el autor puede haber sido un testigo presencial de algunos
de los acontecimientos ocurridos durante este período. Josué 24.26
sugiere que el autor de algunas de las secciones más extensas de este
libro fue el mismo Josué.
Otros pasajes, sin embargo, no pudieron ser escritos por Josué. Su
muerte se recoge en el capítulo final (24.29–32). También se
mencionan varios acontecimientos que ocurrieron después de su
muerte: la conquista de Hebrón por Caleb (14.6–15); la victoria de
Otoniel (15.13–17); y la migración de Dan (19.47). Pasajes paralelos en
Jueces 1.10–16; 18, confirman que estos acontecimientos ocurrieron
tras la muerte de Josué.
Lo más probable es que el libro haya sido compuesto en su forma
final por un escriba o algún editor, apoyándose en relatos escritos por el
propio Josué.
Fecha El libro cubre unos veinticinco años de la historia de Israel bajo la
dirección de Josué, asistente y sucesor de Moisés.
La fecha de la muerte de Josué que comúnmente se acepta es
aproximadamente el año 1375 a.C. De ahí que el libro abarque el
período de la historia israelita que va del año 1400 a.C. al 1375 a.C.;
parece que los relatos que contiene fueron compilados algún tiempo
después.
Trasfondo El libro comienza en vísperas de la entrada de Israel a Canaán, territorio
que estaba dividido políticamente en muchas ciudades-estados, cada
una de ellas con su propio gobierno autocrático y en lucha con las
demás. Desde el punto de vista moral, existía una gran corrupción; las
ilegalidades y la brutalidad eran algo usual. La religión cananea
destacaba la fertilidad y los símbolos asociados a ella, el culto a la
serpiente y el sacrificio de niños. La escena estaba preparada y la tierra
lista para ser conquistada.
Por contraste, el pueblo de Israel había vagado sin un territorio en el
cual establecerse durante cuatrocientos años (Gn 15.13). Había vivido
sometido a los faraones egipcios, y más tarde tuvo que peregrinar
indefenso por el desierto durante cuarenta años. Pero aún permanecía
fiel, aunque no completamente, al único Dios verdadero, y asido a la
promesa que Jehová había hecho a su antecesor Abraham. Siglos antes,
Dios había prometido convertir a Abraham y sus descendientes en una
gran nación, y darles como hogar a Canaán, con la condición de que
siempre le fueran fieles y obedientes (Gn 17). Ahora estaban a punto de
contemplar el cumplimiento de esa promesa.
Contenido El libro de Josué es el sexto del Antiguo Testamento y el primero de un
grupo de libros llamados los «Profetas anteriores». Colectivamente,
estos libros describen los avances del reino de Dios en la tierra
prometida hasta la cautividad babilónica, un período de unos
novecientos años. Josué relata la entrada de Israel a Canaán por medio
de la conquista, la división y el asentamiento en la tierra prometida.
Aplicación El libro de Josué enseña que el cumplimiento de las promesas que Dios
personal había hecho de bendecir a Israel dependía de la actitud del pueblo. Las
promesas de victoria, entrega de la herencia, provisión abundante, paz y
reposo, llegarían si el pueblo se mantenía obediente a Dios. La
constante meditación en su Palabra y la fidelidad a sus mandamientos
son la clave para ser bendecidos y alcanzar la prosperidad (1.8). Casi al
final de su libro, Josué llama al pueblo a una vida de obediencia y fe
(22.5).
Hoy en día, esta certidumbre ofrece un fundamento sólido para
nuestro crecimiento y bienaventuranza. Como la bendición sigue a la
obediencia, así el castigo sigue a la desobediencia. El pecado de Acán
revela que nadie vive exclusivamente su propia vida (cap. 7), porque el
pecado de uno afecta las vidas de muchos.
Dios odia el pecado y lo castiga con tanta firmeza como bendice al
que persevera. Los principios que rigen el bendecir y el maldecir nos
dan lecciones útiles en nuestro recorrido hacia la madurez espiritual. La
vida y el liderazgo de Josué demuestran que la madurez espiritual no se
logra al margen de Dios, sino gracias a una estrecha y responsable
relación de dependencia con Él. Para alcanzar la victoria debemos
rendirnos a Dios; para guiar a otros, debemos seguirle.
El libro de Josué nos ofrece otras lecciones valiosas: actitudes que
son esenciales para recibir de Dios la victoria; principios de liderazgo;
las consecuencias fatales del orgullo; la relevancia de las peticiones
hechas al Señor; la fidelidad de Dios a su Palabra; y ejemplos del poder
milagroso del Señor.
Cristo Cristo se revela en el libro de Josué de tres maneras: en revelación
revelado directa, por medio de símbolos, e iluminando aspectos de su naturaleza.
En 5.13–15, el Dios trino se le apareció a Josué como «el Príncipe
del ejército de Jehová». Esta aparición hizo comprender a Josué que
Dios comandaba aquella empresa. La tarea de Josué fue como la
nuestra: no tanto llevar adelante los planes del Comandante, como
conocer al Comandante. Lo que se necesita es que estemos a su lado, no
Él al lado nuestro.
Un símbolo es una lección objetiva que puede extraerse de un
individuo, un ritual religioso y hasta de un acontecimiento histórico. El
mismo Josué era una representación de Cristo. Su nombre, que significa
«Jehová-Salvador», es el equivalente del griego «Jesús». Josué guió a
los israelitas a la posesión de su herencia en la tierra prometida, igual
que Jesús nos guía a la posesión de la vida eterna.
El cordón de grana en la ventana de Rahab (2.18, 21) ilustra la obra
redentora de Cristo en la cruz. Esta señal salvó a Rahab y a su familia
de la muerte. Así también, Cristo derramó su sangre colgado en la cruz
para rescatarnos de la muerte.
Otro aspecto de la naturaleza de Cristo revelado en el libro de Josué
es que en Él se cumplió la promesa. Al final de su vida, Josué testificó:
«no ha faltado una palabra de todas las buenas palabras que Jehová
vuestro Dios había dicho de vosotros» (23.14). Dios ha sostenido y
preservado fielmente a su pueblo sacándolo del desierto y guiándolo
hasta la tierra prometida. Por nosotros hará lo mismo a través de Cristo,
quien es la Promesa.
El Espíritu La obra del Espíritu Santo fluye a través de todo el libro de Josué. Su
Santo en presencia se pone de manifiesto inicialmente en 1.5, donde Dios,
acción sabiendo lo inmenso de la tarea de guiar al pueblo de Israel, promete a
Josué que su Espíritu lo acompañará siempre.
La obra del Espíritu Santo era entonces la misma que ahora: Él
conduce a la gente a una relación salvadora con Dios y realiza los
propósitos del Padre. Su propósito en Josué, como en todo el resto del
Antiguo Testamento, era la salvación de Israel; porque fue a través de
este pueblo que Dios decidió salvar al mundo (Is 63.7–9).
En Josué se pueden observar varias características de la acción del
Espíritu Santo. La obra del Espíritu Santo es continua. «No te dejaré, ni
te desampararé» (1.5). El Espíritu se compromete a terminar su obra, no
importa el tiempo que ello consuma. Su continua presencia es necesaria
para que el plan de Dios se cumpla en la vida de los seres humanos. La
obra del Espíritu Santo es recíproca. «Solamente esfuérzate y sé muy
valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo
Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para
que seas prosperado en todas las cosas que emprendas» (1.7). Se ha
dicho muy bien que: «sin Él no podemos, sin nosotros Él no lo hará».
Cooperar con el Espíritu Santo es esencial para obtener la victoria. Él
nos da poder para seguir nuestro llamado y cumplir la tarea que
tenemos por delante. La obra del Espíritu Santo es sobrenatural. La
caída de Jericó fue posible por la milagrosa destrucción de sus murallas
(6.20). En Gabaón se alcanzó la victoria cuando el Espíritu detuvo el
sol (10.12, 13). Ninguna obra verdadera de Dios, ya sea la liberación de
la servidumbre o la dádiva de una bendición, se lleva a cabo sin la
intervención del Espíritu Santo.
Bosquejo del contenido
I. Preparándose para recibir la herencia 1.1-5.15
A. La selección de un jefe militar 1.1-18
1. Josué escucha el llamado 1.1-9
2. Josué da la orden 1.10-15
3. Josué recibe aliento 1.16-18
B. Preparación del ejército para la batalla 2.1-5.15
1. Exploración del campo enemigo 2.1-24
2. Colocación del pueblo en orden de batalla 3.1-5.1
3. Preparación de las tropas para la guerra 5.2-12
4. Convencer a un líder para que actúe como servidor 5.13-15
II. En posesión de la herencia 6.1-12.24
A. El territorio central 6.1-8.35
1. La obediencia rinde fruto: Jericó es conquistada 6.1-27
2. El pecado acarrea la derrota: Acán 7.1-26
3. El arrepentimiento trae consigo la victoria: Hai 8.1-29
4. La Ley trae bendiciones: el monte Ebal y el monte Gerizim 8.30-35
B. El territorio meridional 9.1-10.43
1. El engaño trae servidumbre: los moradores de Gabaón 9.1-27
2. Los milagros traen la salvación: los amorreos 10.1-43
C. El territorio septentrional 11.1-15
D. Panorama de las conquistas 11.16-12.24
1. Los territorios 11.16-23
2. Los reyes 12.1-24
III. División de la herencia 13.1-22.34
A. Distribución de la herencia 13.1-21.45
1. Porciones aún no conquistadas 13.1-7
2. Porciones adjudicadas a Rubén, Gad y Manasés 13.8-33
3. La tierra al occidente del Jordán 14.1-5
4. Una porción para Caleb 14.6-15
5. Una porción para Judá 15.1-63
6. Una porción para Efraín y Manasés 16.1-17.18
7. Porciones de las restantes tribus 18.1-19.48
8. Una porción para Josué 19.49-51
9. Las ciudades de refugio y los levitas 20.1-21.42
10. Epílogo 21.43-45
B. Discusión sobre el futuro 22.1-34
1. Una bendición para las tribus del este 22.1-9
2. Clarificación del asunto del altar 22.10-34
IV. Discurso final y muerte de Josué 23.1-24.33
A. Josué aconseja a los líderes 23.1-16
B. Josué reta al pueblo 24.1-28
C. Josué muere 24.29-33

Capítulo 1
1.2–4 El territorio dado a Abraham se extendía desde el arroyo de Egipto (Wadi el-Arish)
hasta el río Éufrates (Gn 15.18). El gran mar es el Mediterráneo. De acuerdo con Ezequiel
47.13–21, la tierra prometida se extendía mucho más allá de las fronteras que Israel haya
poseído jamás.
1.2 Este Jordán: La mayor parte del año, este río tenía alrededor de 30 m de ancho, y sus
aguas tranquilas permitían se le cruzara con facilidad. En la primavera, alcanzaba kilómetro
y medio de anchura y se transformaba en un torrente intransitable.
1.5 No te dejaré, ni te desampararé: Esta es la garantía que Dios ofrece para alcanzar el
éxito. El Señor no permitiría que Josué se hundiera o fracasara.
1.6, 7 Véase la sección 5 de «Verdad en acción» al final de Josué.
1.6 Esfuérzate y sé valiente: Esta frase aparece cuatro veces en este capítulo (vv. 6, 7, 9,
18) y la pronuncia Dios para dar aliento a Josué ante la gran tarea que le espera. Moisés
antes había recibido un llamado de Dios para que alentara a Josué (Dt 1.38; 3.28).
1.7, 8 Véase la sección 4 de «Verdad en acción» al final de Josué.
1.8 Meditarás: La palabra hebrea denota una forma de recitación, la repetición de la
Palabra de Dios; así ella nunca se apartará de tu boca.
1.9 Véase la sección 5 de «Verdad en acción» al final de Josué.
RIQUEZA LITERARIA
1.9 valiente, chazaq; Strong #2388: Ser fuerte,
valeroso; hombría, fortaleza; firme, obstinado,
fortificado, poderoso. Generalmente las palabras
«fuerte» o «valiente» definen a chazaq, pero esta
palabra tiene una amplia gama de significados,
ya que figura más de 300 veces en el Antiguo
Testamento; por ejemplo, «fortaleció», como
cuando David se animó a sí mismo en el Señor
(1 S 30.6). Chazaq es la raíz de varios nombres
hebreos, incluyendo a «Ezequías» que significa
«Fortalecido por Jehová».
1.11 Preparaos: Hasta aquí, el pueblo de Dios ha recibido provisión y ha sobrevivido
gracias a ella. Ahora Dios empieza a desarrollar en ellos una mentalidad de responsabilidad
personal, ya que pronto cesará la provisión del maná.
1.12–18 La tierra sólo podrá ser conquistada por un Israel unido. Este compromiso también
vincula a Josué con Moisés, quien dictó la orden original (Dt 3.18–20).
1.18 Que muera: En tiempos de guerra y dificultades se impone una disciplina estricta.
Aquellos que violaran las órdenes o fueran desleales a Josué tendrían que enfrentar castigos
severos, aun la pena de muerte.
Capítulo 2
2.1 Sitim era un sitio en Moab, al este del río Jordán y frente a Jericó. Secretamente: Esta
misión encubierta revela que Josué pretendía tomar a Jericó por la fuerza y no tenía
conciencia del milagro que se avecinaba. La casa... de Rahab era un lugar perfecto para
que los espías se escondieran, debido al gran tráfico de personas. Como era una casa
pública, la gente entraba y salía. Dios había dirigido a los enviados de Josué a la única
persona en Jericó que creía en Él. Véase Hebreos 11.31.
2.2 Rey de Jericó: Las tablillas de Tell-el-Amarna, que contienen correspondencia del
siglo catorce a.C. entre los reyes cananeos y los faraones egipcios, sugieren que Canaán
estaba ocupada por ciudades-estados, cada una de ellas con su propio rey, ejército y
gobierno.
2.4-6 Mentir no se justifica nunca; en este caso es el resultado de la fe inmadura de Rahab.
2.6 Lino era una planta nativa cuyas fibras se usan para la confección de telas y pabilos de
velas. Cuando está maduro, el lino se pone en remojo para separar las fibras y luego se seca
en los techos. El terrado típico de Canaán era una superficie plana y se utilizaba a veces
para sentarse a conversar o dormir durante las calurosas noches del verano.
2.7 Quizás los mensajeros del rey se convencieron tan rápidamente de que Rahab estaba
diciendo la verdad a causa de su posición respetable en una sociedad como aquella. Las
prostitutas se desempeñaban frecuentemente como sacerdotisas en las religiones cananeas,
profesión que se consideraba honorable.
2.8–11 Véase la sección 1 de «Verdad en acción» al final de Josué.
2.8 La narración se interrumpe aquí para examinar la petición de Rahab y los detalles del
juramento que le hizo a los espías. No continúa hasta el versículo 22. Esto es típico de las
técnicas narrativas hebreas.
2.9–11 Oyendo esto: Los cananeos habían escuchado hablar de las victorias de los hebreos
en más de 60 ciudades fortificadas al este del río Jordán.
2.12 Me juréis por Jehová: Por medio del juramento se apelaba a Dios para que sirviera
de testigo a una promesa humana. Aunque no sabemos cómo Rahab adquirió la fe, su
petición es otra indicación de que creía en el único y verdadero Dios.
2.15 Algunos tramos de las murallas de Jericó tenían 4 m de ancho, y permitían que se
construyeran albergues individuales en ellas.
2.18 El cordón de grana facilitaría al ejército de Israel identificar la casa de Rahab y
proteger todo lo que allí había (vv. 12, 13). Este cordón es un símbolo de la obra redentora
de Cristo. Véase la introducción a Josué: «Cristo revelado».
2.24 Véase la sección 1 de «Verdad en acción» al final de Josué.
Capítulo 3
3.3 El arca estaba hecha de madera de acacia y cubierta de oro; contenía una porción de
maná, la vara de Aarón y los Diez Mandamientos. Representaba la presencia de Dios, y era,
sin duda, la más preciada posesión de Israel.
3.4 Hasta este momento, ellos habían sido guiados por una nube durante el día y una
columna de fuego en la noche, ahora el arca les mostraría el camino. La distancia como de
dos mil codos (cerca de mil metros) se mantenía para que la gente se sintiera impresionada
con lo sagrado del arca.
RIQUEZA LITERARIA
3.4 habéis pasado, ˓abar; Strong #5674: Cruzar,
pasar, ir más allá, traspasar, pasar por encima
de, transgredir. ˓Abar aparece más de 500 veces
en el Antiguo Testamento y por lo tanto contiene
infinidad de matices y significados. Uno de estos
es «pasar de un lado al otro», representado en
su manera más común por el cruce de un río, al
igual que ocurre en este pasaje. Un importante
derivado es ˓Ibri, descripción étnica de Abraham
y, en consecuencia, de sus descendientes.
Véanse Génesis 14.13; Éxodo 7.16; 1 Samuel
29.3. ˓Ibri también se considera como nombre
para los descendientes de Heber. Heber era el
tataranieto de Sem, hijo de Noé, progenitor de
todos los pueblos semíticos y descendiente
directo de Abraham. Véase Génesis 11.10–26.
De ahí que «hebreos» simplemente sería el
término que designa una banda o tribu de
semitas. ˓Ibri también podría referirse a alguien
que haya «cruzado» el río Éufrates desde el este,
como lo hizo Abraham.
3.5 Santificaos: Se le pidió a la gente que se separara de todo lo impuro y se consagrara
por completo al Señor.
3.7-13 Estos versículos constituyen un paréntesis en el relato central y dan una idea de la
importancia del milagro que está próximo a ocurrir.
3.7 Véase la sección 1 de «Verdad en acción» al final de Josué.
3.7 Engrandecerte: Por medio del milagro que siguió a estas palabras, el pueblo llegó al
convencimiento de que la mano de Dios estaba sobre su nuevo líder Josué.
3.14-17 La posición central que ocupa el arca destaca el sujeto principal en la acción que
acaba de tener lugar. Los detalles concernientes al Jordán desbordándose por todas sus
orillas dan realce al milagro, llamando la atención sobre lo inusitado del acontecimiento.
3.16 Adam estaba 30 km más arriba. El mar de Arabá (el Mar Salado o el Mar Muerto)
era una prolongación del río Jordán.
Capítulo 4
4.1–8 Tras cruzar el Jordán, Josué repitió la orden de 3.12. Dios mandó a construir dos
memoriales; uno donde los sacerdotes se detuvieron en el río; el otro, en el sitio donde se
hallaba el campamento.
4.4–7 Véase la sección 4 de «Verdad en acción» al final de Josué.
4.9 Hasta hoy: Alusión al tiempo cuando fue escrito el libro de Josué.
4.13 Alrededor de un tercio de los hombres se fueron a la guerra y 70.580 se quedaron en
los territorios al este del Jordán para cubrir la retaguardia (Nm 26.2, 7, 18, 34).
4.15–18 Este pasaje abunda sobre los acontecimientos de 4.11. El arca fue sacada del
Jordán con tantas ceremonias como cuando entró, a fin de fijar en la mente del pueblo su
valor sagrado y la significación del milagro.
4.16 El testimonio, en hebreo, se emplea solamente para referirse a Dios y alude a las dos
tablas de piedra contenidas en el arca. «Testimonio» y «pacto» se usan indistintamente.
4.19–24 Véase la sección 1 de «Verdad en acción» al final de Josué.
4.19 El día diez del mes primero (marzo-abril) era la fecha en que tradicionalmente se
seleccionaba el cordero que se sacrificaría en la Pascua, cuatro días antes de la celebración
de esta fiesta (véase 5.10). Dios escogió este significativo día para recordar al pueblo la
ocasión en que entró a la tierra prometida y, por lo tanto, la consumación de su promesa.
4.20-24 Construir monumentos era una práctica común en tiempos del AT. Estos debían ser
recordatorios visibles del poder de Dios para las futuras generaciones.
Capítulo 5
5.1 Hasta que hubieron pasado: En algunas traducciones, el uso de la primera persona del
plural, «hasta que hubimos», constituye una evidencia adicional de que Josué fue el autor
de esta parte del libro. Desfalleció su corazón: Dios cumplió la promesa que aparece en
Éxodo 23.27.
RIQUEZA LITERARIA
4.24 mano, yad; Strong #3027: La mano; medios
mediante los cuales se realiza un trabajo;
fortaleza, poder. Este sustantivo aparece más de
1.500 veces en el Antiguo Testamento y se
encuentra en una gran cantidad de dichos. Por
ejemplo, el ser «entregado en las manos» de
alguien denota el caer bajo la autoridad de tal
persona; el ser rescatado «de las manos» de
alguien denota libertad o liberación. Una «mano
elevada» puede describir tanto el regocijo
triunfante como la altanería. Un interesante
derivado de esta palabra es el verbo yadah, que
generalmente se traduce como «gratitud» o
«alabanza». Su significado original
probablemente era «alabar con manos
elevadas».
5.2–9 Véase la sección 4 de «Verdad en acción» al final de Josué.
5.2–8 La circuncisión fue establecida como una señal del pacto entre Dios y Abraham (Gn
17). Su práctica, sin embargo, había estado en suspenso durante 40 años, probablemente
como una manifestación de apatía y desobediencia a la ley. El cortar el prepucio tenía el
propósito de marcar al individuo e identificarlo como parte del pueblo del pacto. Este signo
externo carecía, sin embargo, de significado si no iba acompañado por el propósito interior
de alejarse de las obras de la carne; en otras palabras, por la «circuncisión del corazón» (Dt
30.6).
5.9 Aunque no está claro por qué la circuncisión estaba asociada con el oprobio de Egipto,
lo que sí está claro es que ella cortaba todos los lazos que ataban al pueblo a la servidumbre
egipcia. El yugo había sido completamente quitado.
5.10 El pueblo demostraba que creía y obedecía a Dios celebrando la Pascua (Éx 12.1–28),
ocasión en la cual recordaban que heredarían la tierra prometida, sólo por medio de la fe en
la sangre del cordero.
5.12 El maná cesó: El maná maravilloso fue provisto 6 días a la semana durante cuarenta
años. Tras la entrada a la tierra prometida, la promesa de provisión divina tomaría una
nueva forma. Mientras Dios se mantenía como el proveedor, el pueblo asumiría la
responsabilidad de labrar la tierra y alimentarse de ella.
5.13-15 Este excepcional encuentro con el cielo precedió al papel desempeñado por Jacob
en Jericó: descubrió que había un jefe, más poderoso que él, quien estaba listo para guiar al
pueblo a la conquista de la tierra prometida. (Véase la introducción a Josué: «Cristo
revelado».) Quita el calzado de tus pies: Esta era una señal de humildad y respeto.
5.14, 15 Véase la sección 7 de «Verdad en acción» al final de Josué.
Capítulo 6
6.1, 2 Jericó: Una de las más antiguas ciudades del mundo. Se la menciona por primera vez
en la Biblia en Números 22.1. Las murallas de esta ciudad fortificada abarcaban alrededor
de cuatro hectáreas de terreno; por lo que mucha gente vivía en los alrededores. Los
habitantes de Jericó se refugiaron tras las murallas, temiendo luchar con Israel.
6.8–15 La estrategia no convencional sugerida por Dios incluía caminar en silencio y
esperar. Esta peculiar marcha, repetida día tras día, sin aparentes resultados, constituía una
prueba de obediencia y confianza de parte del pueblo (Sal 37.34). También evidenciaba el
poder de los símbolos utilizados en el culto de Jehová, como se demuestra con el desfile del
arca y el continuo toque de trompetas.
6.15 El número siete simbolizaba la perfección y la obra poderosa de Dios. Se le menciona
por primera vez en la historia de la creación (Gn 2.2, 3).
DINÁMICA DEL REINO
6.10 El silenciamiento de la incredulidad.
CONFESIÓN DE FE. Muchos pasajes en la
Palabra de Dios nos instruyen a «esperar en
Dios», a estar quietos y callados en su presencia
(Moisés, Éx 14.13, 14; Josafat, 2 Cr 20.15–17;
David, Sal 37.7, 8). En este versículo, Josué
manda a los hijos de Israel que mantengan
silencio mientras caminan alrededor de la ciudad
de Jericó. No cabe duda de que Josué guardaba
el recuerdo de que los 40 años de castigo en el
desierto se debieron a la murmuración incrédula
del pueblo. En esa ocasión, los espías
regresaron con un reporte motivado por lo que la
gente ve cuando no está inspirada por el Espíritu
Santo. Su destino quedó sellado cuando pusieron
en duda la capacidad de su pueblo para tomar la
tierra prometida.
Con estas lecciones históricas en mente, la
directriz de Josué sobre mantenerse en silencio
constituye una advertencia para nosotros.
Cuando confrontes grandes retos, no permitas
que tus labios pronuncien palabras incrédulas.
No te atrevas a pronunciar palabras
desmoralizadoras. ¡Las palabras pueden atar y
desatar, de ahí la orden de guardar silencio! Tras
escuchar el grito triunfal (6.20), se verá la
salvación del Señor.
No podemos decidir lo que vemos o
escuchamos, pero la renuncia a manifestar duda
o temor inclinará nuestros corazones hacia lo que
Dios puede hacer (véase Pr 30.32).
(Nm 13.30; 14.6–9/2 Cr 6.24–31) R.H.
6.17–19 Los primeros frutos de la cosecha debían ser apartados para Dios (Lv 23.10). Así
también el botín de Jericó, el primer fruto de la conquista (guardaos del anatema).
6.18, 19 Véase la sección 3 de «Verdad en acción» al final de Josué.
6.21 Destruyeron: La civilización cananea estaba tan corrompida que coexistir con ella
habría representado una seria amenaza para la supervivencia y el bienestar espiritual del
pueblo hebreo. Aquí Israel es el instrumento de Dios para enjuiciar a aquellos que han
rehusado honrar al Señor.
6.22–25 Según lo prometido (2.12–21), Dios no sólo protegió a Rahab y a su familia
cuando se derrumbaron las murallas, sino también durante el saqueo (2.12–21). Rahab fue
la tatarabuela del rey David (Mt 1.5).
6.26, 27 La maldición invocaba la ira de Dios contra alguien. Esta maldición se cumplió
500 años más tarde con la muerte de Abiram, hijo de Hiel de Bet-el (1 R 16.34).
Capítulo 7
7.1-26 El relato de este capítulo se mueve entre dos historias: una, el pecado de Acán; la
otra, la derrota de Hai.
7.1 Josué había proclamado un bando divino que prohibía el saqueo de Jericó (6.18). Véase
la nota a Deuteronomio 2.34, 35. Sólo Acán desafió la prohibición, pero su desobediencia
es vista como la de todo el pueblo, a causa del principio de la responsabilidad colectiva que
recorre todo el AT. El pecado siempre tiene implicaciones colectivas.
7.2-5 Hai era una pequeña ciudad fortificada ubicada en la región montañosa al noroeste de
Jericó.
7.6 Rompió sus vestidos: Esta era una forma acostumbrada de expresar alguna pena o
dolor profundo, lo mismo que echarse tierra sobre la cabeza.
7.10–13 Véase la sección 6 de «Verdad en acción» al final de Josué.
7.10–12 La violación del pacto (6.17–19), debido al pecado de Acán, fue la causa por la
cual han venido a ser anatema. Al pueblo se le prometió éxito y prosperidad, pero sólo si
actuaba obedientemente (1.8, 9).
7.13-15 Santifica al pueblo: Para que el pueblo pudiese consagrarse a Dios tenía que sacar
de su seno a los transgresores.
7.16 Por sus tribus: La sociedad hebrea tenía un carácter tribal. Las doce tribus de Israel
descendían de los 12 hijos de Jacob y estaban integradas por muchos clanes y familias.
7.24 Acor significa «problema». Parece que recibió ese nombre como un recordatorio del
problema causado por Acán.
7.25 Y los quemaron: La familia de Acán fue destruida por ser copartícipe del pecado y
debido al principio de la culpa colectiva (Dt 5.9).
7.26 Un gran montón de piedras: Sirve para recordar que el arrepentimiento trae
restauración.
Capítulo 8
8.2 Israel debía aprender que la obediencia era recompensada. Dios les dijo que podían
tomar los despojos de Hai, algo que no les fue permitido hacer en Jericó.
8.10 Los ancianos de Israel eran los jefes de los clanes y familias y representaban al
pueblo en ocasiones especiales.
8.12 Estos 5.000 hombres eran un contingente separado de los 30.000 del v. 3 y fueron
despachados para tender una emboscada a cualquier refuerzo procedente de Bet-el.
8.13,14 Las tácticas nocturnas de Josué eran lo suficientemente visibles como para poner en
movimiento al rey de Hai y a su pueblo, quienes madrugaron y salieron al encuentro de
Israel.
8.17 Bet-el y Hai estaban a 3 km una de la otra, pero sólo Hai fue conquistada. Bet-el cayó
más tarde en manos de Israel (12.16).
8.23 El hecho de que capturaran al rey de Hai... vivo no constituyó una violación del
mandato de Dios (v. 2); todo lo contrario, perseguía darle realce a su muerte colgándolo de
un árbol (v. 29). Exhibir un cuerpo de esa manera indicaba una maldición divina.
8.30–35 El monte Ebal estaba ubicado a 32 km al norte de Hai. De acuerdo con la ley de
Moisés, Josué edificó un altar y renovó el pacto (Dt 27.1–10).
8.31, 32 Los holocaustos pertenecían exclusivamente a Dios. Se sacrificaba al animal, se
drenaba su sangre y entonces el fuego lo consumía completamente sobre el altar. El animal
representaba la total consagración a Dios (véase Lv 1.1–17). Las ofrendas de paz también
consistían en sacrificios de animales, pero la carne era consumida por los sacerdotes y el
pueblo. En este caso el animal simbolizaba gratitud, dedicación a Dios y compañerismo con
Él (Lv 7.11–18).
8.34, 35 Véase la sección 4 de «Verdad en acción» al final de Josué.
8.34 Las bendiciones y las maldiciones: Formaban parte del pacto. Si éste era obedecido
se recibían bendiciones; en caso contrario, maldiciones. Véase Deuteronomio 11.26–28.
La conquista de Canaán (campañas central y meridional).

Desde el campamento militar de Gilgal, Josué lanzó dos campañas, conquistando así el
área central y meridional de Canaán.
Capítulo 9
9.1, 2 Estos dos versículos sirven de introducción a los acontecimientos de los capítulos 9–
11. Este capítulo revela dos diferentes reacciones de los cananeos hacia Dios y su pueblo.
Una era tratar de unificar las hasta entonces divididas ciudades, y pelear contra Israel. La
otra era emplear la diplomacia y el engaño para pactar con él.
9.3 Gabaón: Una de las cuatro ciudades de los heveos, alrededor de 9 km al noreste de
Jerusalén.
9.3–15 El deseo de los moradores de Gabaón de pactar la paz sugiere que conocían la
estipulación bíblica de Deuteronomio 7.2; 20.10–16: los cananeos debían ser
completamente destruidos, pero se autorizaba a Israel para que estableciera alianzas con
pueblos distantes.
9.14 Véase la sección 2 de «Verdad en acción» al final de Josué.
9.14 Por segunda vez Josué actúa sin consultar a Jehová. La primera vez fue en Hai (7.2–
4).
9.15–18 Aquí se ilustra la importancia de guardar las promesas. Si Josué hubiese roto su
alianza con la gente de Gabaón, jurado en presencia de Dios, ello habría equivalido a
romper una promesa hecha a Dios, lo cual eventualmente habría suscitado que la ira divina
cayera sobre Israel (Ez 17.12–19).
9.17 La distancia entre Gilgal y Gabaón era de 30 km aproximadamente.
9.22-27 Aunque se respetó la vida de los moradores de Gabaón, les fue negada la libertad.
Se convirtieron en siervos encargados de proveer madera y agua para el altar. Los
sacrificios y limpiezas rituales consumían grandes cantidades de ambas cosas.
Capítulo 10
10.1, 2 Con la caída de Jericó y de Hai, así como con la derrota de Gabaón y sus ciudades
confederadas (9.17), los israelitas estaban tendiendo un puente entre el norte y el sur. Poco
a poco se hacían dueños de la tierra (Éx 23.30).
10.3-5 Gabaón se había rendido a Josué en lugar de pelear. Su deserción enfureció al rey
de Jerusalén, quien formó una confederación con cuatro de los reyes vecinos para atacar a
Gabaón. Este fue el primer intento serio de Canaán por resistir.
10.10, 11 Los cuatro verbos utilizados en v. 10 indican que Jehová era el sujeto de aquellas
acciones, quien conquistaba por medios sobrenaturales la victoria decisiva. Bet-horón era
un pueblo ubicado a 6 km al noroeste de Gabaón, en el camino que llevaba a Azeca y a la
costa. Se trataba de una región montañosa y consistía de dos localidades, una de ellas
situada 250 m más alto que la otra. La bajada era el lugar que se hallaba a menor altura.
10.12, 13 Este gran milagro es claramente un fruto del gran poder de Dios y una respuesta a
la oración de Josué, quien habla directamente al sol y la luna, los cuales obedecieron (por
su puesto, al mandato de Dios); la prolongación del día permite a Israel vengarse de sus
enemigos. Si excluimos lo sobrenatural en este relato, sólo nos resta especular desde el
punto de vista de la racionalidad humana. El libro de Jaser era un antiguo texto clásico de
poesía sobre los héroes y hazañas de Israel. También se menciona en 2 Samuel 1.18.
DINÁMICA DEL REINO
10.12-14 Josué y sus guerreros se paran en la
brecha, LA ORACIÓN. Fortalecidos por la
certeza divina de que saldrían victoriosos, pero
sabiendo que debían pelear para poseer esa
promesa, los guerreros seleccionados por Josué
respondieron a la petición de ayuda de Gabaón.
Esto ilustra un síndrome clásico de la vida
espiritual. Tan pronto como conquistaron a Jericó
y Hai, cinco reyes amorreos atacaron a Gabaón
para castigarla y bloquear el avance israelita. (De
manera similar, Satanás forja armas para luchar
contra los que salen a conquistar por Cristo.) La
batalla fue larga y feroz. Temeroso de que el sol
se pusiera antes de la aniquilación del enemigo,
la oración de fe de Josué apeló a la omnipotencia
de Dios: el sol y la luna, deidades amorreas, se
detuvieron a su orden, no sólo facilitando la
victoria de Israel, sino demostrando la ineficacia
de los dioses demoníacos de sus oponentes.
Josué y sus guerreros se pararon en la brecha,
contendiendo por los propósitos eternos de Dios
y demostrando el triunfo que tal fe y tenacidad
pueden realizar en la guerra espiritual.
(Éx 32.11–14, 30–34/Is 36.1–37.38) L.L.
10.16–27 Estos versículos añaden detalles a la descripción de la batalla de vv. 10 y 11, y
representan la victoria de Cristo sobre los poderes de las tinieblas. Israel domina ahora la
estratégica región central.
10.24 Poned vuestros pies sobre los cuellos: Referencia a una antigua costumbre que
hacía a los reyes victoriosos poner sus pies sobre el cuello del enemigo derrotado. Esto
ilustra la promesa divina de «hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies» (Sal
110.1).
10.28–43 La campaña meridional de Josué fue fulminante y victoriosa. Se conquistaron
otras siete ciudades, pero el territorio no fue ocupado por Israel. Las ciudades se poblaron
otra vez y se hizo necesario combatir tiempo más tarde para someterlas de nuevo (Jue 1).
La conquista de Canaán (campañaseptentrional)

Capítulo 11
11.1–23 Los vv. 1–15 se ocupan de la campaña de Josué en el norte, y los vv. 16–23
resumen todas las conquistas.
11.1–5 Al enterarse de las victorias de Josué en el sur, Jabin, rey de Hazor, reunió una
coalición de monarcas norteños para ofrecerle combate a Josué. Hazor era una ciudad
grande e importante situada a unos 16 km al noroeste del mar de Galilea.
11.4 Caballos y carros de guerra: Las fuerzas combinadas del enemigo disponían de
armas de superior calidad.
11.6 Desjarretarás: Alude a la acción de lisiar los caballos cortándoles el tendón posterior
de las patas.
11.10 La victoria de Josué en Hazor fue uno de sus triunfos más significativos. Esta ciudad
era una gran fortaleza, estratégicamente ubicada sobre la ruta principal entre Egipto y
Mesopotamia.
11.11 Véase la sección 6 de «Verdad en acción» al final de Josué.
11.13 Colinas (en hebreo, tel) eran elevaciones creadas por la costumbre de construir una
ciudad sobre las ruinas de otra. Las colinas disponían de ciertas ventajas defensivas.
11.16, 17 El territorio que Josué había conquistado se extendía desde el monte Halac, al
sur del Mar Muerto, hasta el monte Hermón, al norte; desde el mar Mediterráneo hasta el
valle del Jordán. Se había cumplido la promesa que Dios le hizo a Abraham (Gn 15.18–20).
11.18 Por mucho tiempo: La campaña en el norte duró entre cinco y siete años.
11.20 Endurecía el corazón de ellos: Los cananeos, como el Faraón (Éx 8.32), persistían
en sus costumbres paganas. Ello los llevaba inevitablemente a la destrucción.
11.21 Los anaceos, palabra que significa «hombres de cuello largo», eran los más temidos
habitantes de Canaán. Estos gigantes descendían de aquellos que 40 años antes habían
aterrorizado los corazones de Israel (Nm 13.27–33).
11.23 La presencia militar de Josué se había consolidado de tal manera que ninguno osaba
retarlo. Cuando Israel descansó de la guerra le fue permitido establecerse pacíficamente y
gozar de la herencia prometida.
Capítulo 12
12.1-6 Sehón y Og fueron dos reyes derrotados bajo el liderazgo de Moisés. Sus territorios,
localizados al este del Jordán, se extendían desde Arnón, la parte que correspondía a Sehón
en el sur, hasta el monte Hermón, la porción de Og en el norte. El territorio de estos dos
reyes vencidos fue entregado a los rubenitas, a los gaditas y a la media tribu de
Manasés.
12.4 Og, rey de Basán: La derrota de este rey se menciona a menudo en la Escritura como
un ejemplo del gran poder de Dios (Sal 135.10, 11).
12.7–24 Es la relación de los 31 reyes derrotados por Josué al oeste del Jordán. La victoria
sobre estos reyes representó la consumación del pacto con Abraham.
Capítulo 13
13.1-21.45 En la antigua sociedad hebrea la propiedad territorial pertenecía a la familia, no
al individuo. La tierra era dada por Dios. Debía permanecer en manos de la familia y no
podía ser traspasada de una tribu a otra. La Ley Mosaica contenía normas específicas sobre
el derecho de herencia y del heredero. No hacía falta dejar testamento o firmar contratos
legales para legar la propiedad, pero sí se conservaba celosamente la genealogía familiar.
Estos capítulos reflejan esta preocupación.
13.1-7 Estos versículos introducen la sección siguiente del libro: entrar en posesión de la
tierra. Por más de cuarenta años Israel ha sido un pueblo sin territorio, pero ahora está a
punto de recibir su herencia. El autor no ahorra detalles al describir este proceso.
13.1 Tierra por poseer: Dios le encargó a Josué la tarea de repartir a las restantes nueve y
media tribus la tierra que iban a ocupar en la ribera oeste del Jordán.
13.2 La tierra que queda: Territorio que aún no había sido conquistado. Se extendía desde
el norte de Damasco hasta la frontera egipcia. Las tribus debían ocupar la tierra conquistada
y extender las conquistas hacia estas regiones.
13.8-12 Esta es una descripción general de los territorios conquistados al este del Jordán,
los cuales ya habían sido divididos entre las tribus de Rubén, Gad y la media tribu de
Manasés.
13.14, 33 De acuerdo con Números 18.20, la tribu de Leví no recibió ninguna porción de
territorio. Su herencia consistía en una participación en los sacrificios ofrecidos al Señor.
Los levitas debían ser sostenidos por todas las demás tribus (Dt 18.1–8).
13.15-23 A Rubén se le entregó la parte meridional de la frontera con Moab.
13.24-28 Gad recibió el territorio de Galaad en el área central.
13.29-33 La media tribu de Manasés obtuvo el territorio de Basán en el norte.
Capítulo 14
14.1–5 Aquí se hace un recuento de cómo fue dividido el territorio al oeste del río Jordán
entre las restantes nueve y media tribus. Las doce tribus de Israel descendían de los 12 hijos
de Jacob. Como Leví no recibió porción alguna, quedaban 11 tribus. Pero los descendientes
de José fueron divididos en 2 tribus, Efraín y Manasés, haciendo que el número de tribus
ascendiera de nuevo a 12.
14.1 El reparto de la tierra debía ser ejecutado delante de Dios y presidido por Josué,
Eleazar (el líder espiritual en cuestiones de esta índole), y un representante de cada una de
las tribus (Nm 34.16–18).
14.2 Echar suertes era un método respetado para determinar la voluntad de Dios. Podía
haberse realizado escogiendo el palillo más largo o tirando pequeñas piedras. Cualquiera
que haya sido la forma utilizada, la gente aceptaba el resultado como la decisión de Dios.
14.6–12 A la edad de 85 años Caleb reclama la ciudad que se le prometió 45 años antes (Dt
1.36).
14.8, 9 Véase la sección 2 de «Verdad en acción» al final de Josué.
14.13 Hebrón estaba ubicada a 30 km al suroeste de Jerusalén. Abraham, Isaac y Jacob
vivieron allí durante un período de sus vidas (Gn 35.27); no menos de seis santos del AT
fueron enterrados allí; y fue en ese lugar que Abraham erigió un altar a Jehová tras su
separación de Lot.
14.14 Véase la sección 2 de «Verdad en acción» al final de Josué.
Capítulo 15
15.1-12 La porción de territorio entregada a la tribu de Judá se extendía desde Bet-el al
norte hasta la frontera egipcia al sur; desde el Mar Muerto al este hasta el mar Mediterráneo
al oeste.
15.13-19 Hebrón y Debir habían sido capturadas antes por Josué, pero aparentemente se
habían repoblado mientras tanto. Caleb avanzó sobre los gigantes (los anaceos) con gran
coraje y fe.
15.16,17 Como era la costumbre, Caleb prometió su hija en matrimonio al hombre que
tomara la ciudad de Debir. El sobrino de Caleb, Otoniel, aceptó el reto, tomó la ciudad y
recibió a Acsa por mujer.
15.20–62 La porción entregada a Judá contenía 124 ciudades y pueblos agrupados en 4
distritos principales: las tierras situadas en el extremo sur (vv. 21–32), en las llanuras del
oeste (vv. 33–47), en las montañas (vv. 48–60) y en el desierto (vv. 61.62).
15.63 Véase la sección 5 de «Verdad en acción» al final de Josué.
15.63 Los hijos de Judá no pudieron arrojarlos: Esta es la primera indicación de un
descalabro en la campaña de conquistas de Israel. Este fracaso afectaría las fibras de sus
sentimientos morales y su conciencia social por generaciones.
Capítulo 16
16.1–3 Los caps. 16 y 17 describen los territorios entregados a los descendientes de los dos
hijos de José: Efraín y Manasés. Véase la nota a 14.1–5. Les tocó un lote, pero la tierra fue
dividida entre las dos tribus. Estos versículos introductorios describen el límite meridional
de Efraín; bordeando el río Jordán al este de Jericó y luego hacia el oeste, hasta el mar
Mediterráneo.
16.4 Aunque Manasés era el primogénito de José, Jacob había bendecido a Efraín como su
favorito (Gn 48.19). De manera que Efraín recibió primero su heredad.
16.5-8 Efraín se estableció entre Benjamín y Dan, al sur, y al oeste de Manasés, en el norte.
16.9 Ciudades que se apartaron: También se entregaron a la tribu de Efraín algunas
ciudades situadas en el territorio de Manasés, quizás porque a Efraín le había tocado una
porción de territorio muy pequeña para albergar su población.
16.10 Véase la sección 5 de «Verdad en acción» al final de Josué.
16.10 Pero no arrojaron: Aunque obligados a pagar tributo, estos cananeos permanecerían
en Gezer cerca de 400 años, hasta que fueron sometidos por Salomón. Esta mención intenta
mostrar el fracaso de Efraín, aunque Judá tampoco pudo expulsar a los jebusitas (15.63).
Deuteronomio 7.1–5 había advertido que tales fracasos podían eventualmente apartar a los
israelitas de Dios.
Capítulo 17
17.1 Maquir era el hijo mayor de Manasés y el padre de Galaad. Como era un héroe
militar, su familia recibió una suculenta porción de territorio montañoso al este del mar de
Galilea.
17.2 Todos los nombres mencionados pertenecían a los hijos de Galaad (Nm 26.29–32).
Sus familias recibieron tierras al oeste del río Jordán.
17.3–6 Normalmente, la herencia de un hombre la recibían sólo los hijos varones. Pero
Zelofehad, el nieto de Galaad, no tuvo hijos, sino cinco hijas. Estas se habían presentado
ante Moisés exigiendo se les entregara su parte de la provisión de Dios (Nm 27.1–11). De
acuerdo con las instrucciones del Señor, Josué les entregó una porción de territorio, junto a
sus familiares masculinos, al oeste del Jordán.
17.7-13 Estos versículos describen el territorio de Manasés que estaba ubicado en el área
central, entre Efraín al sur, y Aser e Isacar al norte.
17.12, 13 Una vez más, los israelitas no siguieron el mandato de Dios de destruir totalmente
a los cananeos (véanse también 15.63; 16.10). En lugar de ello, optaron por una
componenda y los sometieron a la servidumbre. Pronto comenzaron a agitarse; la semilla de
la disensión estaba plantada.
17.12 Véase la sección 5 de «Verdad en acción» al final de Josué.
17.14,15 Aunque habían recibido las mayores porciones de territorio, las tribus de Efraín y
Manasés comenzaron a protestar porque querían todavía más. Creían que no podían talar
los bosques dentro de sus fronteras ni derrotar a los cananeos cuyas armas eran avanzadas.
17.16 No nos bastará: En el último censo, Efraín alcanzó la cifra de 32.500 personas; la
media tribu de Manasés, 26.300; un número combinado de 58.800 (Nm 26.34, 37). La
población de Dan, Zabulón e Isacar era mucho mayor, pero su territorio era
considerablemente menor. Aparentemente, Israel juzgaba el valor del territorio por las
ciudades allí establecidas y su área circundante más que por su extensión.
17.18 Véase la sección 7 de «Verdad en acción» al final de Josué.
Capítulo 18
18.1 Silo era una ciudad de Efraín ubicada a unos 56 km al norte de Jerusalén. Este nuevo
sitio fue escogido para la erección del tabernáculo, probablemente por su situación
geográfica en el área central. El arca del pacto permaneció allí durante casi 100 años, hasta
que fue capturada en una batalla con los filisteos (1 S 4.1–11).
18.2,3 Siete tribus no recibieron sus parcelas. El rechazo de que fueron objeto por parte de
Josué se explica por su negligencia y falta de iniciativa.
18.4-8 Josué propuso que tres hombres, representando a cada una de las siete tribus,
recorrieran las tierras que quedaban, hicieran una descripción de ellas y las dividieran en
siete partes. Josué entonces echaría suertes para determinar qué parte deseaba el Señor que
recibiera cada una de las siete tribus.
18.11–28 La porción de Benjamín estaba al norte de Judá y al sur de Efraín. Contenía 26
ciudades, incluyendo a Jerusalén. Aunque el territorio era pequeño, estaba estratégicamente
localizado, tanto desde el punto de vista militar como comercial.
Capítulo 19
19.1–9 Simeón recibió 17 ciudades, y las villas que las rodeaban, dentro del territorio de
Judá. Estas ciudades estaban dispersas y no congregadas a lo largo del territorio. Al fin y al
cabo, la tribu de Simeón fue asimilada a la de Judá, cumpliéndose así la profecía de Génesis
49.5–7.
19.10–16 Zabulón heredó 12 ciudades con sus villas. El Belén que se menciona aquí está
en Galilea; no es Belén de Judá en el sur. El territorio era fértil y montañoso. Se hallaba
entre el mar de Galilea y el Mediterráneo.
19.17–23 La herencia de Isacar incluyó 16 ciudades y sus villas al suroeste del mar de
Galilea. También parte del valle de Jefte-el, una rica zona agrícola y escenario de muchas
batallas a lo largo de la historia.
19.24–31 El territorio de Aser se extendía desde el norte de Sidón al monte Carmelo en el
sur; desde el Mediterráneo al oeste hasta las laderas occidentales de las colinas de Galilea al
este. La tribu de Aser prosperó debido a sus renovadas plantaciones de olivos en esta área
fértil y bien provista de agua. Sin embargo, nunca lograron expulsar a los fenicios de las
ciudades portuarias de Aco, Tiro y Sidón (Jue 1.31, 32).
19.32-39 A Neftalí le fue entregado el territorio más septentrional, una larga y estrecha
franja de tierra entre Aser y el río Jordán. La tierra era montañosa y fértil. No expulsaron a
los cananeos sino que vivieron en medio de ellos.
19.40–48 El territorio dado a Dan estaba en la región central-occidental de Canaán,
bordeando el Mediterráneo. La tribu nunca pudo mantener un firme control sobre este
territorio. Muchos de sus miembros emigraron más tarde hacia el noreste, conquistaron la
ciudad de Lais, se establecieron allí y la rebautizaron como Dan. Pronto cayeron en
prácticas idólatras (Jue 18.30).
19.49, 50 Cuando todos hubieron recibido su heredad, Josué escogió la suya y el lugar de
su descanso final. Timnat-sera se asocia tradicionalmente con la localidad donde Josué
ordenó al sol que se detuviera (10.13).
Capítulo 20
20.2-6 Los pueblos del antiguo Cercano Oriente demandaban que al que cometiese un
crimen se le castigara de la misma manera; por ejemplo, vida por vida. No se le prestaba
atención a las circunstancias. Pero las leyes de Dios consideraban los motivos. Las
ciudades de refugio se establecieron para proveer un santuario a quienes habían matado a
alguien involuntariamente. Aquí se le protegía hasta que se celebraba el juicio; y, si era
declarado inocente, o sea, homicida involuntario, tenía que permanecer allí hasta la muerte
del sumo sacerdote.
20.3 El vengador de la sangre: El pariente masculino más cercano de la víctima tenía el
deber de vengar su muerte matando al asesino.
20.4 A la puerta de la ciudad: Esta importante área se convirtió en el lugar donde se
reunía el consejo de la ciudad. Aquí escuchaban y examinaban los diversos casos los
ancianos de la ciudad, hombres de edad avanzada y de experiencia que representaban al
pueblo.
20.6 Muerte del... sumo sacerdote: Esto constituye una representación de lo que Cristo
hizo por nosotros. Sólo la muerte del sumo sacerdote podía liberar al ofensor y permitirle
regresar a su casa, lo mismo que la muerte de Cristo en la cruz nos libra del pecado para
que podamos entrar a nuestra casa celestial.
20.7,8 Seis ciudades levíticas fueron escogidas como ciudades de refugio: tres al este del
Jordán, y tres al oeste. En cada grupo de tres una estaba situada al norte, otra en la región
central y la tercera en el sur, de forma que no tomase más de medio día el llegar a una
ciudad de refugio.
Capítulo 21
21.1–45 La tribu de Leví debía dispersarse y vivir en ciudades a todo lo largo y ancho de
Israel. Debía hacer provisión para el culto y la enseñanza de la Ley (Dt 33.10). Como los
levitas no tenían tierra propia, se sostenían con el diezmo dedicado a Dios (Nm 18.24). La
tribu estaba dividida en tres clanes que descendían de los tres hijos de Leví: Gersón, Coat y
Merari. Cada clan recibió sus ciudades por medio del rito de echar suertes.
21.2 En este período de la historia de Israel, las ciudades eran sitios cerrados con murallas
fortificadas para la defensa. Se construían normalmente sobre una colina —también como
protección— y estaban rodeadas de ejidos, donde la gente apacentaba su ganado.
21.4, 5, 9–26 Los coatitas estaban divididos en 4 familias mayores y se les entregaron 23
ciudades. Una de las 4 familias descendía de Moisés y Aarón y recibió 13 ciudades en Judá,
Simeón y Benjamín. Las restantes 3 familias recibieron 10 ciudades en Efraín, Dan y
Manasés.
21.6, 27–33 Los descendientes de Gersón recibieron 13 ciudades en el territorio de Isacar,
Aser, Neftalí y al este de Manasés. Esto las convirtió en las ciudades levíticas más
septentrionales.
21.7, 34–40 Los meraritas recibieron 12 ciudades en los territorios de Rubén, Gad y
Zabulón.
División de la tierra entre las doce tribus y designación de las ciudades de refugio.

De norte a sur, y ambos lados del río Jordán, se establecieron ciudades de refugio para
ofrecer protección a quienes habían provocado involuntariamente la muerte de alguna
persona.

21.43–45 Este pasaje resume toda la primera parte del libro y su mensaje central: Dios es
fiel al obediente. El Señor prometió la tierra de Canaán a la simiente de Abraham (1.2, 3);
les prometió la victoria (1.5); y les prometió reposo (1.13). Todo lo que el Señor les
prometió se ha cumplido.
21.45 Véase la sección 1 de «Verdad en acción» al final de Josué.
Capítulo 22
22.1–9 Josué comenzó a conquistar la tierra solicitando la cooperación de las dos y media
tribus del este (1.12–15). Pone fin ahora a sus obligaciones, despidiéndolas. Más de 40.000
soldados recibieron la bendición de Josué y regresaron a reunirse con sus familias, que los
habían esperado por lo menos 7 largos años (quizás hasta 14).
22.5 Véase la sección 2 de «Verdad en acción» al final de Josué.
22.9 La tierra de Galaad: Esta expresión designa a todos los territorios al este del Jordán.
RIQUEZA LITERARIA
22.9 posesiones, ˒achuzzah; Strong #272: Algo
obtenido, aguantado, asido o agarrado. ˒Achuzzah
usualmente se refiere a la tierra de Israel (o
cualquier porción de esta), que habría de ser
pertenencia perpetua de los descendientes de
Jacob. En el Salmo 2.8 Dios promete a su
Mesías las más remotas partes de la tierra (es
decir, la totalidad de la tierra) como posesión
suya (˒achuzzah). La forma verbal ˒achaz se
relaciona estrechamente con esta palabra, la cual
significa, asir, adquirir, agarrar, obtener, tomar
posesión de o arrancar; ˒achaz se traduce
frecuentemente como «sobrecoger» (Éx 15.15 y
Job 38.13).
22.10-20 En su camino a casa, las tribus orientales construyeron un gran altar en algún
lugar cerca del río Jordán. Las tribus occidentales interpretaron esta acción como apostasía.
22.12 La Ley Mosaica prohibía los sacrificios en cualquier otro lugar que no fuera el
tabernáculo central, establecido entonces en Silo (Dt 12–14). Esta Ley tenía la intención de
preservar la pureza del culto y mantener unido al pueblo. Haber permitido celebrar
sacrificios en cualquier lugar los hubiera acercado peligrosamente al culto pagano.
22.12–16 Las tribus occidentales reaccionaron inmediatamente dispuestas a defender la Ley
(Dt 13.12–16). Mientras comenzaban los preparativos de guerra, una delegación fue
enviada a investigar.
22.17 La maldad de Peor: Alude a un incidente durante la peregrinación por el desierto
(Nm 25.1–9), cuando los israelitas cedieron a la seducción de construir un altar y adoraron
a la deidad de Peor, un dios cananeo. A consecuencia de ello, la ira de Dios se desató y
24.000 israelitas murieron en una epidemia. De la que no estamos aún limpios: El pecado
de adorar ídolos todavía se mantenía entre el pueblo.
RIQUEZA LITERARIA
22.17 congregación, ˓edah; Strong #5712:
Asamblea, muchedumbre, familia, compañía.
˓Edah es del verbo ya˓ad, «designar», lo cual
implica un grupo reunido por designación o
mutuo acuerdo. La palabra aparece más de 140
veces en el Antiguo Testamento y por lo general
se refiere a la congregación de Israel.
22.20 No pereció solo: Las tribus occidentales sabían que los pecados de un hombre
recaían sobre todos y que la incredulidad era contagiosa.
22.21-29 Las tribus orientales negaron vigorosamente aquella acusación. El altar había sido
construido para dar testimonio de que ellas adoraban al mismo Dios que las tribus
occidentales y no como un lugar para ofrecer sacrificios.
22.24 Las tribus orientales temieron que en las próximas generaciones serían separadas de
sus hermanos a causa de su ubicación en el lado este del río Jordán. Debe recordarse que no
existían puentes en los 160 km de su recorrido, por lo que constituía una barrera natural
para las comunicaciones.
22.29 Las tres ofrendas que se mencionan pretenden representar a todas las ofrendas
presentadas al Señor.
Capítulo 23
23.1–16 Este es el primero de los dos mensajes de despedida de Josué a los israelitas. El
primero estuvo dirigido a los líderes; el segundo, a todo el pueblo. En este capítulo su
mensaje recomendaba una cuidadosa observancia de la Palabra de Dios. Tres veces los
llamó a la obediencia: vv. 1–8; vv. 9–13; vv. 14–16. En cada ocasión les recordó lo que
Dios había hecho por ellos y asimismo los instó a mantenerse fieles.
23.1, 2 Josué se encontraba al final de su vida. Como un padre, deseaba dejar el tesoro de la
sabiduría que había acumulado a sus seguidores (Sal 78.1–8). Israel debía ser una bendición
para todos los pueblos que lo rodeaban (Gn 12.3), pero a causa de que estos pueblos habían
resistido a Israel como enviado de Dios se les caracteriza como enemigos.
23.5,6 Como hizo Moisés, Josué enfatizó la necesidad de obediencia para mantener y hacer
avanzar la herencia de Israel.
23.6 Véase la sección 2 de «Verdad en acción» al final de Josué.
23.7 Véase la sección 3 de «Verdad en acción» al final de Josué.
23.11 El mandato de Josué: améis a... Dios significa consagrarse a Él, cultivar la
comunicación con el Señor, ser obedientes y mantenerse apartados de la corrupción.
23.14 Véase la sección 1 de «Verdad en acción» al final de Josué.
23.14 Estoy para entrar hoy por el camino de toda la tierra: Le recordaba a Israel la
inminente muerte de Josué. Estos dos sermones finales contenían su última voluntad y su
testamento.
23.15,16 La gracia de Dios siempre ha estado en tensión con la aplicación estricta de la
justicia y su necesidad de ser un juez justo.
Capítulo 24
24.1 Siquem estaba situada en el valle entre el monte Ebal y el monte Gerizim. Poseía un
amplio anfiteatro natural que permitía reunir a todas las tribus y puede que haya sido
escogida a causa de su importancia religiosa (véase 8.30–35).
24.2 Así dice Jehová: Josué les habló proféticamente; esto es, Dios les estaba hablando por
medio de él.
24.9, 10 Balaam era un famoso personaje oriundo de Mesopotamia a quien, aun cuando no
mantenía una perfecta relación con Dios, se le reconocía como profeta de Jehová. Este
episodio (Nm 22–24) tuvo tanta significación que se menciona a Balaam tres veces en el
NT (2 P 2.15; Jud 11; Ap 2.14). Maldijese: Equivalía a invocar el castigo de Dios sobre
alguien.
24.12 Tábanos: Este término alude al miedo o pánico (Éx 23.27, 28).
24.14,15 Temed a Jehová: Reverencia y respeto hacia alguien que es amor y a la vez
justicia. La palabra servir se usa siete veces en estos dos versículos; significa dedicarse
exclusivamente a Dios. Josué no llamó al pueblo a escoger a quién servir porque creyese en
la existencia de dos opciones desde la perspectiva divina. Al hacerlo estaba confirmando su
propia lealtad a Dios e instando al pueblo a dar la misma respuesta.
24.16-18 La decidida respuesta del pueblo era indudablemente sincera; sin embargo, no
siempre se mantuvo fiel a ella. Muy pronto dejaron a Jehová.
24.19 No podréis servir a Jehová: Así les advierte Josué de lo serio de la promesa del
pacto. No sufrirá vuestras rebeliones: Las relaciones de Dios con su pueblo estaban
sujetas a una condición: si Israel se aliaba a Dios, y después se rebelaba contra Él, sería
castigado.
24.23 Véase la sección 3 de «Verdad en acción» al final de Josué.
24.25 Josué representaba al pueblo al hacer un pacto con Dios. Como el pacto del monte
Sinaí, contenía las leyes que el pueblo debía obedecer (Éx 24.3).
24.26-28 A fin de preservar la evidencia del acuerdo, sus estipulaciones se anotaron en un
libro no identificado del cual Dios fue testigo. Se levantó una gran piedra cerca del
santuario de Jehová en memoria de aquella ocasión.
24.32 El entierro de José en Siquem cumplía su pedido antes de morir (Gn 50.25).
24.33 El libro concluye con la muerte y el entierro de tres grandes figuras en la historia de
Israel: Josué, José y Eleazar. Israel había recibido su herencia y el pacto de Dios se había
cumplido.
VERDAD EN ACCIÓN a través de Josué
¡Que la vida del Espíritu Santo vivifique en el creyente las obras de la
fe!
VERDAD que Josué Texto ACCIÓN a que Josué invita
enseña
Claves para conocer 2.8–11, 24; 3.7 Espera el favor de Dios cuando sigues su
a Dios y a sus caminos Palabra y la dirección del Espíritu, y
Josué muestra cuando tus caminos le agradan.
extensamente cómo
Dios responde a quienes
se consagran a Él.
Proverbios 16.7 dice:
«Cuando los caminos
del hombre son
agradables a Jehová, aun
a sus enemigos hace
estar en paz con Él».
Josué revela muchos de
los beneficios que se
derivan de conocer los
caminos de Dios por
medio del ejemplo de
personas cuyos caminos
le agradaron.
4.19–24 Conoce que no encontrarás ningún
obstáculo que Dios no pueda enfrentar y
vencer por medio de la fe.
21.45; 23.14 Descansa en la confianza en que Dios
nunca fallará a la hora de cumplir las
promesas que te ha hecho si tus caminos
le agradan.
Pasos hacia una 9.14 Busca a Dios en oración cada vez que
devoción dinámica tomes una decisión. Conoce que no
Josué continúa llamando puedes tomar siempre buenas decisiones
al pueblo de Dios a sin consultar la Palabra y el Espíritu de
consagrarse Dios.
completamente alSeñor.
En días cuando tantos
siguen al Señor
impulsados por una
devoción tibia, Josué y
Caleb, «quienes se
consagraron
enteramente al Dios»,
ofrecen ejemplos del
tipo de vida que Dios
honra.
14.8, 9, 14 Sigue a Dios con todo tu corazón y
conságrate a Él. Así recibirás una rica
herencia.
22.5; 23.6 Sé cuidadoso a la hora de aplicar todo lo
que contiene la Palabra de Dios a todo lo
que hay en tu vida. Síguele con toda tu
alma y todo tu corazón.
Pasos hacia la 6.18, 19 No codicies las cosas de este mundo.
santidad Josué exhorta Comprende que las cosas que
continuamente al pueblo codiciamos pueden debilitar nuestro
de Dios a vivir vidas compañerismo con Dios.
consagradas. El pueblo
apartado por Dios vivirá
en Él y lejos del mundo.
Josué demuestra que
nuestro fracaso en vivir
en santidad puede y
debe tener
consecuencias amargas.
23.7 Ten cuidado en no adoptar la forma de
pensar y actuar de este mundo. En lugar
de ello, no te apartes de los
24.23 caminos de Dios y sírvele de todo
corazón.

Rechaza y apártate de este mundo y sus


caminos. Confía en que así serás libre
para dedicar a Dios tu corazón por
entero.
Orientaciones para 1.7, 8 Practica con regularidad la meditación y
crecer en piedad Crecer memorización de pasajes de la Escritura.
en santidad a través del Entonces determina de antemano cómo
conocimiento y la los pondrás en práctica. Estas promesas
práctica de la Palabra de aseguran el éxito.
Dios es un tema
recurrente en Josué. El
mero conocimiento de la
Palabra de Dios no es
suficiente. Debemos
conocer la Palabra de
Dios lo suficientemente
bien como para aplicarla
a las distintas
situaciones de la vida.
Dios promete que este
tipo de fidelidad a su
Palabra traerá consigo
una vida de éxito y
próspera.
4.4–7 Identifica los hechos importantes en tu
trayectoria espiritual.
5.2–9 Lleva un recuento de tus experiencias
de Dios. Cuéntalas para instruir y alentar
a otros
8.34, 35 Lo mismo que el pueblo de Dios recibió
la circuncisión como una señal. recibe el
bautismo. Repasa el significado y los
beneficios del bautismo (Col 2.11–15).
Conoce que esta es una clave para la
victoria espiritual.
Incorpora la lectura regular de la
Escritura como parte de la devoción
personal y colectiva
Claves para una vida 1.6, 7, 9 Descansa en la fuerza y la sabiduría de
sabia La buena teología Dios, no en la tuya. Permite que la
debe siempre ejercer una continua presencia de Dios te dé valor:
influencia saludable Conoce que las promesas de Jesús de
sobre nuestras vidas. estar siempre contigo te librarán del
Conocer la Palabra de temor y el desaliento.
Dios, pero no saber
cómo aplicarla, es
inadecuado e inútil. El
libro de Josué nos ayuda
a aplicar lo que sabemos
de la Palabra de Dios.
15.63; 16.10; 17.12 No confíes en tus propias fuerzas y
sabiduría cuando te enfrentes al pecado.
No olvides que sin Dios no tendrás
éxito.
Pasos para 7.10–13 Comprende que los pecados individuales
enfrentarse al pecado debilitan toda la iglesia. Enfréntate al
El fracaso a la hora de pecado rápida y decididamente.
detectar y enfrentar el
pecado le costó a Israel
la derrota de Hai. Éxitos
anteriores pueden
hacernos menos
vigilantes ante el
pecado. Ninguno de
nosotros debe darse el
lujo de «bajar la
guardia», porque hasta
el pecado de una sola
persona puede debilitar
la vida de toda la iglesia.
11.11 No dejes ningún pecado sin confesar ni
sin enfrentar. Piensa que un pecado no
confesado se convierte en una trampa.
Orientaciones para 5.14, 15 Somete continuamente tu vida a la
obtener la victoria Josué autoridad de Jesús. Reconoce que Él
es un símbolo de Cristo viene como Capitán de su ejército para
que siempre guía a su conducirnos a la victoria (véase Éx
pueblo a la victoria y el 17.14, 15).
triunfo. Nuestras
victorias son un
resultado de nuestra
entrega a Cristo y de
permitirle obrar por
medio nuestro para
vencer los obstáculos y
adversidades que se nos
oponen.
17.18 No olvides que independientemente de
la fuerza del enemigo, Dios puede y
quiere hacerte prevalecer

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