0% encontró este documento útil (0 votos)
41 vistas17 páginas

Embajadores de EE. UU. en México: Impacto Diplomático

Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
41 vistas17 páginas

Embajadores de EE. UU. en México: Impacto Diplomático

Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

RMPE 124 Interiores Bilingual-Book.

indb 308 12/01/23 16:03


Reseñas
El estilo personal de representar

Leonardo Curzio
Centro de Investigaciones sobre América del Norte-UNAM

Roberta Lajous, Erika Pani, Paolo Riguzzi y María Celia Toro


(coords.), Embajadores de Estados Unidos en México.
Diplomacia de crisis y oportunidades, México, El Cole-
gio de México/Secretaría de Relaciones Exteriores, 2021,
369 pp.

Hace unos meses visité a Ken Salazar (embajador de Estados Unidos) para
entrevistarlo. En la mesa del salón donde me recibió pude ver el libro ob-
jeto de esta reseña. Hablamos algunos minutos del texto antes de iniciar
la conversación televisiva, y le conté que, en mi experiencia, como obser-
vador de las relaciones bilaterales, había tenido la fortuna de entrevistar
y dialogar con varios de sus predecesores. Sin entrar en detalles, que no
tienen importancia para el propósito central de este texto, recordaba que la
interacción con John D. Negroponte en la Trilateral y en varias reuniones
sobre el Tratado de Libre Comercio de América del Norte; con Jeffrey Da-
vidow en múltiples ocasiones en México y San Diego; con Tony Garza,
de quien aprendí los alcances y límites que un embajador cercano al pre-
sidente tiene. Quedé siempre deslumbrado por la inteligencia de Pascual
y el profundo conocimiento de la técnica diplomática de Wayne. Disfruté
del talento y carisma político de Roberta Jacobson. El destino quiso que a
Christopher Landau no lo tratara directamente, pues la cita que teníamos
prevista coincidió fatalmente con el inicio de la pandemia, estuve un par
de veces con él en reuniones en Zoom y poco más.
La conversación informal y breve con Salazar antes de la entrevista1
se centró en Josephus Daniels, con quien (le decía) encontraba algunos

1
Está disponible en adn40mx, “Embajador Ken Salazar en Así Amanece”, en YouTube, 21 sep-
tiembre 2022, en [Link] (fecha de consulta: 3 de octubre de 2022).

Revista Mexicana de Política Exterior, número 124, septiembre-diciembre de 2022, pp. 309-324, ISSN 0185-6022

RMPE 124 Interiores [Link] 309 12/01/23 16:03


paralelismos. Gracias al capítulo de Paolo Riguzzi en este libro, hoy tene-
El estilo personal de representar

mos una idea más precisa de lo que representó el embajador de Roosevelt


que había sido secretario (al igual que Salazar). Mantenía una autonomía
funcional respecto a las pretensiones de las empresas estadounidenses y era
empático (hasta extremos que irritaban a Foggy Bottom) con los argumen-
tos del Gobierno mexicano.
En futuras ediciones probablemente se analizará la figura de Salazar,
que llegó a México con la etiqueta de lobista de las empresas de energía y
poco a poco su habilidad política que le ha dado acceso a la oficina presi-
dencial ha transformado su misión. Pero ése es otro tema.
Todo esto viene a cuento para decir que los embajadores de Estados Unidos
no son una pieza irrelevante en la maquinaria de una política exterior definida
en una distante oficina de la capital. Los embajadores han marcado, con su
estilo personal, la relación bilateral. Cuando pienso en el estilo personal incluyo
su trayectoria, su bagaje previo, su cercanía al presidente, su vinculación
o lejanía cultural o lingüística con México y, por supuesto, su ideología.
En una relación (como la de México y Estados Unidos), que tiene el deter-
minismo de la vecindad, se impone un tratamiento diferente al resto de Lati-
noamérica, y por ello el poder del embajador es crucial. Las relaciones
internacionales de la potencia en un sentido más amplio son vistas por el
Departamento de Estado, el Pentágono o cualquier otra agencia. En el caso
de México, el embajador desempeña un papel fundamental para delinear,
ampliar o restringir el abanico de opciones, así como darle el tono de mayor
o menor sintonía en cada una de las etapas históricas.
Es un acierto de los coordinadores centrarse (como categoría de análisis)
en los embajadores y además hacerlo con tanto rigor y buen tino. Como
se recuerda en la introducción, teníamos el muy valioso antecedente de Ana
Rosa Suárez Argüello, a quien debemos la guía de los representantes diplo-
máticos estadounidenses, pero nunca (que yo sepa) se había descendido
con tanta profundidad y con un ánimo de sistematizar el conocimiento
del rol de los representantes de Estados Unidos, como ocurre en esta obra.
En la selección de los casos estudiados, hay por supuesto algunos
muy conocidos y otros menos conspicuos, como Thomas Corwin o Henry
P. Fletcher, John W. Foster o George S. Messersmith, que sin embargo fueron
un factor clave en su momento. Hay algunos que han tenido una gravitación
visible para coadyuvar a estabilizar la vida interna del país, como Dwight W.

310 Revista Mexicana de Política Exterior, número 124, septiembre-diciembre de 2022, pp. 309-324, ISSN 0185-6022

RMPE 124 Interiores [Link] 310 12/01/23 16:03


Morrow y otros que han tenido un efecto polarizador y disruptivo como John

Leonardo Curzio
Gavin. Hubo embajadores que lograron atemperar, en momentos de gran
tensión, el clima y asegurar canales de comunicación; otros consiguieron
dar una mayor autonomía a su gestión respecto a los intereses empresa-
riales o políticos, que intentaban influir en la toma de decisiones; muchos
apostaron, hasta su propio pecunio, para desescalar la crisis y garantizar
la continuidad de la relación con México.
Cada uno de los capítulos tiene su mérito, pero la visión de conjunto les da
un alcance muy valioso para entender mejor estos dos siglos de historia.
El libro se integra por 14 estudios de caso de 17 embajadores. Sus encar-
gos se dan en momentos determinantes de la historia bilateral y la pericia
o impericia política, las restricciones ideológicas o la apertura de miras para
ampliar el entendimiento entre los dos países, dependía en gran medida
del estilo personal del embajador.
Es importante señalar que, durante gran parte del siglo XIX, la política
de Estados Unidos fue no enviar embajadores, puesto que, en la tradición
diplomática del “antiguo régimen”, éstos eran representantes del rey, condi-
ción que se le negaba al presidente de Estados Unidos. Por tanto, deja de tener
relevancia la polémica sobre si la generación de embajadores que va de Joel R.
Poinsett hasta los acreditados a finales del siglo XIX eran sólo “representantes”
y no embajadores. Esa política, nos recuerdan los coordinadores, se aplicaba
también en Gran Bretaña, Francia, Alemania e Italia, y México iba a ser el pri-
mer país americano en recibir una embajada estadounidense en 1898.
Un viejo principio, elaborado por Thomas Jefferson a finales del siglo XVIII,
establece que el máximo interés de la potencia era mantener estabilidad
en las repúblicas americanas nacientes antes que apostar por transforma-
ciones inciertas.2 Es verdad que el postulado de Jefferson se refería a la
relación de Estados Unidos con el Imperio español (relación clave para
conseguir su independencia, como lo ha demostrado Thomas E. Chávez),3
pero después se ha convertido en una “constante diplomática” en la rela-
ción con el vecino del sur, que es privilegiar la estabilidad sobre cualquier
otra consideración.

2
José Fuentes Mares, Poinsett. Historia de una gran intriga, México, Jus, 1958.
3
Thomas E. Chávez, España y la independencia de Estados Unidos, Madrid, Taurus, 2005.

Revista Mexicana de Política Exterior, número 124, septiembre-diciembre de 2022, pp. 309-324, ISSN 0185-6022 311

RMPE 124 Interiores [Link] 311 12/01/23 16:03


Como nos recuerda Ana Rosa Suárez Argüello en el primer capítulo,
El estilo personal de representar

al polémico Poinsett le tocó desempeñar el papel de promotor de las virtudes


del Gobierno republicano federal y democrático, cuando parte de la élite
mexicana se inclinaba por la monarquía. Además, le toca convencer a los
antiguos novohispanos, muchos de ellos filobritánicos, de que los ideales
de la Doctrina Monroe eran un beneficio para México. Su primer interlo-
cutor fue Lucas Alamán, quien tenía fuertes simpatías por Gran Bretaña.
Es interesante constatar cómo la mayor parte de los autores de esta magna
obra incorporan en sus análisis la percepción negativa que los diplomá-
ticos tenían de México. Suárez Argüello destaca, por ejemplo, que Poin-
sett cargaba la leyenda negra y consideraba a los mexicanos “un pueblo
más ignorante y libertino, de lo que habían sido sus antepasados”. Se ha
criticado mucho su intromisión en los asuntos internos a través de los ritos
masónicos, pero es evidente que el México moderno y el prestigio indiscu-
tible de la forma de Gobierno republicano se deben a la expansión de las
ideas impulsadas por Poinsett.
Es claro que en las primeras embajadas el temor mexicano al expansio-
nismo estadounidense marcaba la relación; la colonización de Texas es el
preámbulo de una etapa marcada por la expansión. El capítulo de Amy S.
Greenberg versa sobre Nicholas Trist y su subtítulo es revelador: “diplo-
mático sin autorización”. Aborda, por supuesto, el momento más dolo-
roso de la relación, que es la Guerra México-Estados Unidos y el Tratado
de Guadalupe Hidalgo que le puso fin. La consecuencia de ese tratado fue la
sesión territorial que (como explica la autora) fue menor a la que anhelaba
el presidente James K. Polk.
La figura de Trist ha sido revisada por varios autores,4 pero Greenberg
trabaja los papeles del propio diplomático. El que México no se haya visto
en el extremo a ceder también Baja California, Sonora y Chihuahua fue pro-
ducto de su iniciativa. Trist era el funcionario de mayor rango en el Departa-
mento de Estado, había sido alumno de Jefferson, y después se casó con su
nieta y terminó por ser albacea del inquilino de Monticello.
Trist hablaba español y era un gran conocedor de la política interna,
lo suficientemente hábil para redactar la documentación de la misión de Slidell

4
Alejandro Sobarzo, Deber y conciencia. Nicolás Trist, el negociador norteamericano en la Guerra del 47,
México, Fondo de Cultura Económica, 2000.

312 Revista Mexicana de Política Exterior, número 124, septiembre-diciembre de 2022, pp. 309-324, ISSN 0185-6022

RMPE 124 Interiores [Link] 312 12/01/23 16:03


en la que se pretendía convencer al Gobierno mexicano de vender California.

Leonardo Curzio
Según la interpretación de la autora, la negativa de México a atender esa pro-
puesta reforzó la convicción guerrera de Polk. En 1846 se asumía en muchos
sectores que la guerra sería breve y se concentró en obtener una cesión terri-
torial después de las victorias y controlar California y Nuevo México. Trist
fue nombrado representante para consolidar y formalizar esas conquistas.
La toma de la Ciudad de México por el ejército estadounidense y el aban-
dono del inestable Santa Anna propulsó aún más la decisión de ocupar todo
México, pero nuevamente la percepción negativa de los estadounidenses
sobre México desempeñó un papel crucial.
El postulado de Trist era que la paz debería conseguirse exigiendo
lo menos posible a México, consideración que no tenía precedente en la
tradición estadounidense, y además en un inusual gesto se negó a ser reti-
rado. Se consideraba el único que podía concluir un tratado y tenía la con-
vicción de que prolongar la ocupación era imprudente y la anexión de todo
el país contraproducente; convertir a México en una provincia conquistada
acabaría por corromper y destruir a Estados Unidos.
La oposición de Trist no era hija de la magnanimidad, sino del pragma-
tismo y, en el fondo, del racismo. Alguna ocasión el general Winfield Scott
escribió: “Los indios y la gente de raza mixta constituyen siete millones.
Son excesivamente inferiores a los nuestros”. “Como amante de mi país
me opuse a la mezcla de esa raza con la nuestra”. Pero su sentido moral tam-
bién estimuló su deseo por alcanzar la paz en condiciones menos inicuas.
Al regresar a Estados Unidos, Trist tuvo la animadversión de Polk y sufrió
como represalia que le retuvieran por muchos años sus emolumentos.
Marcela Terrazas se ocupa de James Gadsden y diserta sobre los espa-
cios para una diplomacia de la anexión. Gadsden era también sureño
y, al igual que Poinsett, originario de Charleston; había acompañado
a Andrew Jackson en la inspección de las fortificaciones del Golfo
de México, cuya importancia ya la subrayábamos. La misión de Gadsden
tenía cinco prioridades: mejorar la relación comercial; obtener solución
a las reclamaciones; proponer la modificación de la frontera, fijándola
sobre el paralelo 30; negociar la adquisición del territorio indispensable
para la ruta del ferrocarril, y derogar el artículo 11 del Tratado de Guada-
lupe Hidalgo, que obligaba al Gobierno de Estados Unidos a no perseguir
indios nómadas en suelo mexicano.

Revista Mexicana de Política Exterior, número 124, septiembre-diciembre de 2022, pp. 309-324, ISSN 0185-6022 313

RMPE 124 Interiores [Link] 313 12/01/23 16:03


No fue una relación fácil. Con Antonio López de Santa Anna y Manuel
El estilo personal de representar

Díez de Bonilla se fue tensando y en múltiples ocasiones el Guerrero


Inmortal de Zempoala solicitó a Washington la remoción del plenipoten-
ciario. Gadsden apostó a retrasar el pago de tres millones de dólares que se
le debían a México para precipitar la caída de Santa Anna.
Tras la ayuda recibida por Washington, el general Juan N. Álvarez dio ini-
cio al Gobierno liberal e integró a su Gobierno proestadounidenses en carte-
ras importantes. El entusiasmo de Gadsden con los liberales, sin embargo, iba
a ser limitado. El arribo de Ignacio Comonfort a la presidencia (en diciem-
bre de 1855) es un punto de inflexión. Al pago de la mencionada indem-
nización se sumó, un factor estadounidense, la presión de dos empresas
que reclamaban la construcción de la vía férrea por Tehuantepec.
Los concesionarios demandaban la mediación del ministro para hacer
prevalecer sus intereses. Gasden se opuso. Los concesionarios hicieron todo
por derrocarlo: lo acusaron de intervenir en los asuntos internos de México
y ser un obstáculo para una relación armoniosa. A Gasden le toca, en con-
secuencia, atender los asuntos de Estado y también tiene que lidiar con los
poderosos intereses de banqueros, empresarios, especuladores y agiotistas
que demostraban su creciente influencia en las decisiones de Washington.
Fue, por así decirlo, “un injerencista bipolar”.
Quienes en 1848 abogaron para que el Senado mexicano ratificara el Tra-
tado Guadalupe Hidalgo, se fundaban en el supuesto de que la frontera
pactada ponía un límite al expansionismo estadounidense. Muy pronto se per-
catarían de su error. La necesidad de conectar los dos océanos abriría un nuevo
cauce para la expansión de la joven república, lo que alteraría la relación
con México y posteriormente con Colombia y otros países de América Cen-
tral. Eran los tiempos del destino manifiesto, y en México ceder más territorio
se volvió políticamente tóxico y resueltamente antipatriótico.
Erika Pani revisa la visión de tres diplomáticos: John Forsyth Jr., Robert
M. McLane y Thomas Corwin, a quienes les tocó el impacto de la guerra civil
en México y el largo conflicto que dividió a Estados Unidos de manera casi
paralela, escindiendo a ambos en luchas intestinas. Forsyth estuvo ligado
profesional y políticamente con el estratégico puerto de Mobile, Alabama,
que desde el siglo XVIII desempeñó un papel muy importante en la salida
del Misisipi al Golfo de México, y tenía la instrucción de asegurar la com-
pra de Baja California, Sonora y parte de Chihuahua, además de abrir paso

314 Revista Mexicana de Política Exterior, número 124, septiembre-diciembre de 2022, pp. 309-324, ISSN 0185-6022

RMPE 124 Interiores [Link] 314 12/01/23 16:03


al comercio estadounidense en el mercado mexicano, entonces con una

Leonardo Curzio
gran presencia británica, y garantizar el paso por el Istmo de Tehuantepec.
En medio de la disputa entre conservadores y liberales, Buchanan decidió
enviar a Robert McLane como su representante. El designado había negociado
cuestiones comerciales con China y era egresado de West Point. Sus objeti-
vos eran, en esencia, los mismos que los de su predecesor: insistir en el paso
por Tehuantepec, la venta de Baja California y las reclamaciones. De ahí
que se concertará McLane con el ministro de Relaciones Exteriores Mel-
chor Ocampo para construir el tratado que lleva por nombre sus apellidos
(McLane-Ocampo) y considerado como el arquetipo del arreglo diplomático
vejatorio. El instrumento en cuestión reconoció el derecho de tránsito por el
Istmo de Tehuantepec y la protección militar de la ruta; se reconocía también
el derecho de paso de tropas estadounidenses entre Nogales y Guaymas,
y en cualquier punto del Río Bravo a Mazatlán. El Gobierno mexicano reci-
biría cuatro millones de dólares para atender las reclamaciones de ciudada-
nos estadounidenses y el Congreso estadounidense se arrogaba la facultad
de determinar los artículos que entrarían sin aranceles y fijar cuotas sobre
otros. Las concesiones a los estadounidenses generaron escándalo y el tra-
tado fue rechazado por el propio Senado de Estados Unidos. McLane con-
sideraba que su tratado abría el camino de la admisión de todos los estados
mexicanos a la Unión, como había ocurrido con Texas.
El nombramiento de Corwin, por parte del presidente Lincoln, fue pre-
sentado como un vuelco en la actitud del coloso hacia México. Se buscaba
establecer una relación diferente a pesar de que seguía mediada por los
intereses de inversionistas, especuladores e incluso filibusteros. El represen-
tante estadounidense vio cómo a finales de 1861 desembarcaron en Vera-
cruz las tropas de la alianza tripartita y firmó varios tratados que preveían
la extensión de un crédito para que México pudiera cubrir, una de sus debi-
lidades estadounidenses: el servicio de su deuda externa.5
Finalmente, a pesar de la fragilidad de la posición mexicana, la adquisi-
ción de territorio se frustró por la tenacidad de los dos bandos enfrentados
en México y también por las crecientes contradicciones entre el norte y el
sur de Estados Unidos en su modelo de organización social: los estados
del sur defendían el esclavismo.

5
Carlos Marichal, Historia de la deuda externa en América Latina, Madrid, Alianza, 1988.

Revista Mexicana de Política Exterior, número 124, septiembre-diciembre de 2022, pp. 309-324, ISSN 0185-6022 315

RMPE 124 Interiores [Link] 315 12/01/23 16:03


El capítulo de Heredia González se centra en el reconocimiento de Porfirio
El estilo personal de representar

Díaz en 1876. Foster, quien había hecho su carrera política de la mano de Ulys-
ses Grant, permaneció siete años en México y su prioridad fue la pacificación
de la frontera, la lucha contra el contrabando y los ataques de los llamados
“indios belicosos”, filibusteros y ladrones de ganado. El tema de la conflicti-
vidad de la frontera era tan importante que, en 1872, el Congreso de Estados
Unidos había designado una comisión especial para investigar las depreda-
ciones cometidas en Texas; la comisión mexicana respondió en 1873. Fos-
ter se encuentra, pues, con una violencia creciente y una presión texana
que buscaba, ya desde entonces, una política de mano dura contra México.
Grant fue reconocido como uno de los “mejores amigos” de México y,
a diferencia de gran parte de los sureños, trató las cuestiones mexicanas
con más equilibrio. El cambio de presidente a Rutherford Hayes implicó
una variación en la política de la frontera, pues los vecinos optaron nue-
vamente por aplicar una política de mano dura. El endurecimiento vol-
vió a levantar el fantasma de otra guerra y Foster presionaba al Gobierno
de Porfirio Díaz por una solución hasta que a finales de 1877 el oaxa-
queño, al mismo tiempo que atendía la frontera con el envío de tropas,
impulsó una campaña de promoción pública en Estados Unidos en favor
de su Gobierno, la cual, al parecer, tuvo efecto. Foster reabrió la instruc-
ción de reconocer al Gobierno de Díaz, porque Estados Unidos no podía
recibir pagos de un Gobierno que no reconocía.
El capítulo de Luis Barrón aborda la coyuntura de la Primera Guerra Mun-
dial y la embajada de Henry P. Fletcher. Mucho se ha comentado del telegrama
Zimmermann de 1917 y la posibilidad de que México abriera un frente ale-
mán para atacar Estados Unidos,6 pero como recuerda Barrón, gracias a las
personalidades de Woodrow Wilson y Venustiano Carranza, así como a sus
embajadores, el conflicto pudo conjurarse. Si Wilson ha pasado a la historia,
con todo mérito, como uno de los grandes internacionalistas, debemos a Javier
Garciadiego una lectura muy acuciosa de la política exterior de Carranza,7
quien demostró tener dotes para entender la coyuntura internacional y el
interés nacional en tiempos tan revueltos.

6
Friedrich Katz, La guerra secreta de México, México, Era, 2020.
7
Javier Garciadiego, La Revolución mexicana. Crónicas, documentos, planes y Testimonios, México,
UNAM, 2018.

316 Revista Mexicana de Política Exterior, número 124, septiembre-diciembre de 2022, pp. 309-324, ISSN 0185-6022

RMPE 124 Interiores [Link] 316 12/01/23 16:03


Fletcher era originario de Pensilvania y se sumaba a la lista de los emba-

Leonardo Curzio
jadores norteños que, por lo menos desde Corwin habían venido ocupando
esa oficina, desplazando a los sureños, que desde Poinsett hasta Forsyth
habían ocupado la representación. Fletcher tenía conexiones con J. P. Mor-
gan y Thomas Lamont; fue embajador en Bélgica y subsecretario del Depar-
tamento de Estado. Sin conseguir una declaración pública de Carranza
de que no estaría del lado alemán en caso de una confrontación con los
americanos, Fletcher quedó convencido que México se mantendría neutral.
Hizo un trabajo importante para convencer a su Gobierno de que era fun-
damental estabilizar el Gobierno de Carranza, en especial tras el ataque
de Francisco Villa a Columbus.
A los nuevos problemas se sumaban los viejos. Los intereses de los
petroleros presionaban para que Carranza modificara la Constitución. Final-
mente, aunque Alemania tenía todos los incentivos para acercarse a México,
Carranza no cayó en la tentación de rivalizar directamente con Estados
Unidos. La prioridad de Fletcher fue mantener en paz a México durante
el conflicto bélico. Lo importante para Wilson era tener las manos libres
en Europa, sin preocuparse que los alemanes estuvieran en su frontera sur.
Cuando Wilson cae enfermo, a partir de 1919, la política exterior hacia
México queda a cargo de Fletcher y Robert F. Lansing, y desde esa posición
recomendó no reconocer al nuevo Gobierno de Obregón hasta que acep-
tara las condiciones que Carranza siempre había rechazado.
A María del Carmen Collado le debemos un capítulo que estudia una de las
etapas más interesantes: el viraje a la negociación. Cuanto más se deterio-
raba la relación entre Plutarco Elías Calles y Calvin Coolidge, el presidente
estadounidense le pidió a Dwight W. Morrow (que era socio de J. P. Mor-
gan) que asumiera las funciones de embajador en México. Eran tiempos
en los que se empezaba a acusar al país de ser la punta de lanza o la quinta
columna de la Unión Soviética en contra de los intereses de Estados Unidos.
Las empresas impulsaban ese relato, peros sus abusos, descrédito y corrup-
ción llevaron a Morrow a realizar un recuento del fracaso de la diplomacia
de mano dura y recomendara una política que estuviera más allá de los
intereses corporativos.
La ley petrolera en 1925 era un tema central de confrontación. El esta-
blishment en Estados Unidos tenía la convicción de que los intereses de sus
empresas formaban parte del dominio general de su nación y debían

Revista Mexicana de Política Exterior, número 124, septiembre-diciembre de 2022, pp. 309-324, ISSN 0185-6022 317

RMPE 124 Interiores [Link] 317 12/01/23 16:03


ser defendidos con visión de un “Estado corporativo”. Entre las instruc-
El estilo personal de representar

ciones que recibió para su misión en México destacaban cuatro puntos:


lograr un acuerdo en el tema de las reclamaciones, conseguir un modus
vivendi en los asuntos petroleros que acabara con la parálisis de la indus-
tria, persuadir a la administración para que terminaran los abusos de la
reforma agraria y mantener un diálogo para valorar un embargo de armas
interpuesto contra México desde noviembre de 1926.
Es interesante el apunte de Collado de que a diferencia de sus prede-
cesores no menospreciaba a México. Veía con simpatía al vecino y era
capaz de explorar los puntos en común para establecer la colaboración.
La infancia de Morrow, plagada de limitaciones, lo hizo más compasivo
hacia los menos favorecidos, en lugar de culparlos por su condición y tal
vez proyectó esa visión hacia México. Desarrolló la idea de una “tutela
moral”, según la cual los países poderosos tienen obligaciones con los menos
favorecidos. Morrow logró aterrizar el diferendo petrolero, actualizó y rea-
brió el axioma de la estabilidad: si México es estable y seguro, los intereses
estadounidenses serán cada vez más diversificados y se beneficiarían de
su crecimiento económico.
En el caso del conflicto agrario, Morrow consiguió una solución interme-
dia. Reconociendo que el reparto agrario era un hecho consumado, parte
del panorama político del país y, por lo tanto, sólo se podían esperar venta-
jas incrementales. Ayudó al modus vivendi entre Estado e Iglesia. Fomentó
la diplomacia cultural, contrató a Diego Rivera para realizar el mural en el
Palacio de Cortés en Cuernavaca y al despedirse organizó una exposición
de artes mexicanas con el patrocinio el de la Carnegie Foundation y el cura-
dor fue René D’Harnoncourt, quien entendía las artes locales como expre-
siones de la civilización mexicana, no como copias de lo extranjero. Morrow
hizo de la cultura un vehículo de acercamiento y una estrategia para tratar
directamente los asuntos conflictivos. El abandono de largos litigios jurídi-
cos y la búsqueda de soluciones prácticas condujeron a un arreglo en temas
más espinosos. Para Collado, este viraje marca el preludio de la política de la
“buena vecindad”.
Uno de los capítulos más interesantes del libro es el consagrado a
Josephus Daniels, quien llega a México a la edad de 71 años. Bajo la presi-
dencia de Wilson, Daniels había sido secretario de Marina y, por tanto, res-
ponsable de la ocupación militar en Veracruz; tenía relaciones de amistad y

318 Revista Mexicana de Política Exterior, número 124, septiembre-diciembre de 2022, pp. 309-324, ISSN 0185-6022

RMPE 124 Interiores [Link] 318 12/01/23 16:03


alianza política con Franklin D. Roosevelt, quien había sido su subordinado

Leonardo Curzio
en la Secretaría de Marina. El interés central de su embajada fue el apego a “la
política de la buena vecindad”. La estrecha amistad de Daniels con Roosevelt
permitió que, en conjunto con Henry Morgenthau Jr., secretario del Tesoro,
se creará un ambiente más favorable para México, que permitió ejercer
un contrapeso a la actitud tradicional del Departamento de Estado y las
compañías petroleras.
Daniels, a pesar de su empatía con la realidad mexicana, no hablaba
español y tuvo que recurrir siempre a intérpretes. Los acuerdos de Bucareli
de 1923 seguían generando fricciones y le correspondió a él (en 1934) nego-
ciar un finiquito. Siempre encontró un argumento favorable para justificar
la postura mexicana, desde la penuria fiscal hasta conflictos burocráticos.
Es interesante ver cómo el proceso de radicalización política de México
también afectó a Daniels quien, a comienzos de 1938, manifestó a Roose-
velt que mientras más viejo se hacía, más radical se volvía. Daniels era un
embajador dual. Representaba a Estados Unidos, pero también era intérprete
personal de una política de buena vecindad, cuya defensa asumió como
una misión. Aunque tuvo el respaldo de Roosevelt, esta dualidad ence-
rraba una contradicción inherente que se fue agudizando conforme crecía
la radicalización de las medidas cardenistas en materia de derechos de pro-
piedad. La expropiación petrolera, que como sabemos fue la más impor-
tante de las decisiones políticas de ese Gobierno, no afectaba directamente
los grandes intereses económicos de Estados Unidos; el recuerdo de un
escándalo por la asignación ilegal de permisos de asignación de terrenos
con reservas petroleras federales a cambio de sobornos aún estaba fresca
y era una referencia en la discusión política. La reacción de Washington,
por tanto, fue moderada al no impugnar la decisión de expropiar y no res-
paldar la postura de Londres en contra de esa medida cardenista que ha
explorado con detalle Lorenzo Meyer.8
La buena vecindad no debía ser afectada por una disputa económica
provocada por la prepotencia de los intereses petroleros. La desconfianza
de Daniels hacia el Departamento de Estado y viceversa incrementó la dis-
tancia y la prevención que primó a partir de 1938, no sólo sobre su actuación,

8
Lorenzo Meyer, Su majestad británica contra la revolución mexicana, 1900-1950: el fin de un imperio
informal, México, El Colegio de México, 1991.

Revista Mexicana de Política Exterior, número 124, septiembre-diciembre de 2022, pp. 309-324, ISSN 0185-6022 319

RMPE 124 Interiores [Link] 319 12/01/23 16:03


sino sobre la información que transmitía, que empezó a ser vista como
El estilo personal de representar

incompleta, errónea y sesgada.


Blanca Torres aborda la relación bilateral durante la Segunda Guerra
Mundial. George S. Messerschmitt llegó a México prácticamente cuando
Estados Unidos entraba en el conflicto. Esa coyuntura dio lugar a un
nuevo giro en las relaciones bilaterales para profundizar en la idea de que
un México estable y cercano era lo más conveniente para Estados Unidos.
Generó las condiciones para la primera visita de Roosevelt a Monterrey y la
de Manuel Ávila Camacho a Corpus Christi.
El nuevo embajador estadounidense tuvo tareas inmediatas como
la puesta en marcha de acuerdos para ampliar los renglones de la cola-
boración bilateral: asegurar el flujo hacia Estados Unidos de alimentos
y productos mineros para apoyar el esfuerzo bélico; obtener la aceptación
de Ávila Camacho de enviar trabajadores para sustituir a los estadouniden-
ses que se incorporaban al ámbito militar; contribuir al esfuerzo de reducir
el sentimiento antiestadounidense en amplios sectores de la población mexi-
cana y aumentar el apoyo a la causa de los Aliados, tema que ha estudiado
con mucho detalle José Luis Ortiz Garza,9 y estimular al Gobierno mexicano
para que tuviera un papel activo en la promoción del apoyo a los Aliados
en países latinoamericanos, y en buscar la colaboración de otros países.
El embajador era de los que apoyaban un trato suave para los países
latinoamericanos frente a quienes favorecían las presiones y represalias polí-
ticas y económicas. Con Messerschmitt, queda más o menos claro que man-
tener un México estable y una cooperación por las buenas rendía más frutos
que la presión directa y la confrontación.
A Messerschmitt le tocó coronar la colaboración bilateral en el terreno
militar en el marco de la defensa colectiva del continente y la elaboración
de un plan de defensa conjunto. Se dieron avances entre los que figura
la participación de mexicanos que cumplían su servicio militar en Estados
Unidos, cuya cuenta se calcula entre quince mil a doscientos mil, según
las fuentes. También se llegó al acuerdo de disponer de petróleo mexicano
sin importar quién lo produjera; la posición de Messerschmitt fue favorable
al regreso de las compañías estadounidenses a la producción de petróleo,

9
José Luis Ortiz Garza, Ideas en tormenta. La opinión pública en México en la Segunda Guerra Mundial,
México, Ediciones Ruiz, 2007.

320 Revista Mexicana de Política Exterior, número 124, septiembre-diciembre de 2022, pp. 309-324, ISSN 0185-6022

RMPE 124 Interiores [Link] 320 12/01/23 16:03


mediante contratos con Petróleos Mexicanos o alguna otra modalidad. Desde

Leonardo Curzio
luego el acercamiento estrecho entre Messerschmitt y Ávila Camacho faci-
litó la comparación e intensificó las relaciones económicas.
El capítulo de Soledad Loaeza versa sobre Francis B. White. Era como
alguno de sus predecesores, un miembro distinguido del servicio exterior;
fue dos veces subsecretario para América Latina. Tuvo una experiencia
muy importante como vicepresidente de la agencia para apoyar a los tene-
dores de bonos para países en suspensión de pagos. Consolidó en México
y Estados Unidos un entendimiento tácito de orden político o estratégico
con un argumento compartido: el anticomunismo. En 1954 la relación bila-
teral dio un giro cuando Estados Unidos inauguró su funesta política de des-
fondar las frágiles democracias latinoamericanas. El embajador White, afirma
Loaeza, se desempeñó como ejecutor del intervencionismo característico
de Dwight D. Eisenhower, que se basaba en arrebatar la iniciativa a los
comunistas para darle seguridad al “mundo libre” e instauró la idea de que
había que desestabilizar las posiciones que la URSS había venido ocupando.
No era el caso de Guatemala, pero ese país se constituyó en el primer esla-
bón de esa política exterior interamericana que favorecería en los años sub-
secuentes los “regímenes de seguridad nacional”. La bendición americana
para derrocar a Jacobo Árbenz en Guatemala dejó a Adolfo Ruiz Cortines
en un dilema. White consiguió que Ruiz Cortines apoyara sus postulados
sobre Guatemala, salvo el de una intervención armada.
Durante su misión quedó claro que México formaba parte del conjunto
latinoamericano y, por tanto, de la política hemisférica, pero su posición
geográfica le confería ciertas ventajas al país, porque algunos temas reque-
rían de una combinación de enfoque internos y otros externos. Es una rela-
ción especial, como la terminó bautizando Mario Ojeda. Con el tiempo,
ese traslape entre temas internos y externos acabaría llamándose la esfera
interméstica.
En esa etapa, pues, se consolida todavía más la “constante diplomá-
tica” que preconiza que la prioridad estadounidense es que México debe
ser un país estable, seguro y colaborador en el ámbito internacional, pues
se le ubicaba como uno de los centros más importantes de administración
y propaganda del comunismo internacional.
A Ana Covarrubias le debemos el estudio de Thomas C. Mann, Mister
Latin America, que llegó a México cuando se recrudecían las tendencias

Revista Mexicana de Política Exterior, número 124, septiembre-diciembre de 2022, pp. 309-324, ISSN 0185-6022 321

RMPE 124 Interiores [Link] 321 12/01/23 16:03


de la Guerra Fría, buscando el respaldo de México a la política regional,
El estilo personal de representar

que era un objetivo significativo de su predecesor: “el acuerdo para disen-


tir” se logra después del esfuerzo por cambiar la política mexicana. Mann
era texano, aprendió el español al mismo tiempo que el inglés; Lyndon
Johnson lo nombró coordinador de la Alianza para el Progreso y secretario
adjunto para Asuntos Interamericanos.
Para Mann, al igual que para White, el gran tema era contrarrestar la ame-
naza comunista en el hemisferio. John F. Kennedy se preocupaba por que
México no parecía tomar la amenaza comunista con la misma aprensión.
Estados Unidos llegó a aceptar la política hacia Cuba, pero el camino no fue
fácil. Se supone que la designación de Mann fue el inicio del cambio de la
política estadounidense. Mann estaba convencido de que Estados Unidos
perdía poder de negociación frente a México, por lo que se propuso con-
vencer a los mexicanos que México necesitaba más a Estados Unidos de lo
que Estados Unidos a México.
En esa relación bilateral, según el embajador, necesitaba reciprocidad
y respeto mutuo y en efecto hubo un acuerdo en lo sustancial que era
la posición de México de apoyo en el conflicto bipolar con la aceptación
de algunas diferencias que permitía al país hacer un juego constructivo de
soberanía relativa y una distancia respecto a las atrocidades hemisféricas
que vendrían después.
El capítulo de Miguel Ruiz-Cabañas dedicado a John Gavin es otro de
los más interesantes. Gavin era actor y en California se vinculó a otro
actor que llegó posteriormente a ser gobernador del Estado y luego presi-
dente de Estados Unidos: Ronald Reagan. Uno de sus primeros objetivos
fue buscar un acuerdo comercial con México, pero su prioridad era reafir-
mar el liderazgo de Estados Unidos en todo el mundo, incluyendo México,
tratando de reducir el espacio de la discrepancia que se había generado
en décadas previas.
Gavin, de origen mexicano, se sintió cómodo para hacer críticas públi-
cas al Gobierno. Esas injerencias lograron alterar la constante diplomática
de que el interés supremo con respecto a México era preservar la seguri-
dad de la frontera sur. Rompió de manera atrabiliaria la tradición de abste-
nerse de realizar acciones y declaraciones de manera pública y sistemática
que pudieran debilitar al régimen. Gavin, por el contrario, sentía que Esta-
dos Unidos debía presionar a México para cambiar en lo político y lo

322 Revista Mexicana de Política Exterior, número 124, septiembre-diciembre de 2022, pp. 309-324, ISSN 0185-6022

RMPE 124 Interiores [Link] 322 12/01/23 16:03


económico, y que él personalmente era el encargado de hacerlo. Uno de

Leonardo Curzio
los terrenos de confrontación fue Chihuahua con las elecciones de 1986 y el
famoso “fraude patriótico”. La actitud de “procónsul” irritaba cada vez más
a México. Se generó también una presión muy fuerte para que Tlatelolco
se alineara con la política centroamericana de Reagan, crecientemente agre-
siva. Además, estaba el tema de las drogas y el famoso incidente de Enrique
Camarena en Guadalajara, que envenenó el ambiente. Fue un sexenio
particularmente tenso.
Roberta Lajous es autora del texto sobre John D. Negroponte, que aborda
el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), probablemente
la más grande de las transformaciones que ha tenido la relación en los
últimos años. Negroponte había trabajado en la Casa Blanca en el Consejo
Nacional de Seguridad y era cercano al presidente George H. W. Bush. Algu-
nos anticipaban una tormenta, pero en ese frente fue una gestión discreta,
en claro contraste con la de Gavin. No respondía públicamente a críticas muy
frecuentes sobre su gestión en Honduras, las cuales reflejaban la sensa-
ción de agravio que la gestión de Gavin había dejado en México. Fue un
embajador importante ya que coadyuvó a acercar a los dos países en el
tema comercial que en décadas anteriores había sido francamente divisivo.
México percibía que la integración comercial era contraria a sus intereses,
de hecho, había denunciado el marco negociado durante la Segunda Guerra
Mundial, mientras Negroponte afirmaba que la aprobación TLCAN institucio-
nalizaría la aceptación de una orientación proestadounidense de la política
exterior mexicana, es decir, una relación económica cercana con México
traería beneficios políticos a los vecinos.
Al embajador Jones le tocó la ratificación del TLCAN, que tuvo en su
momento algunas turbulencias, por las dudas de último minuto, formula-
das por el presidente entrante William Clinton.
El último de los embajadores estudiados es Carlos Pascual. Fue el enviado
de Barack Obama y llegó a México el día en que se celebraba la Cumbre de
Líderes de América del Norte en Guadalajara. Era un diplomático y aca-
démico que dominaba los temas de seguridad. Su prioridad era aterrizar
el impulso inicial que habían pactado Felipe Calderón y George W. Bush
con su predecesor, Antonio Garza, un embajador interesante que merece-
ría a mi juicio un capítulo en ediciones futuras del libro, pues fue el primer
embajador en tiempos del México de la alternancia política.

Revista Mexicana de Política Exterior, número 124, septiembre-diciembre de 2022, pp. 309-324, ISSN 0185-6022 323

RMPE 124 Interiores [Link] 323 12/01/23 16:03


Pascual hablaba español y poco a poco empezó a sentir que su papel
El estilo personal de representar

era muy relevante tanto en lo interno como en el ámbito público. Empezó


por ordenar los canales de interacción y comunicación de las agencias
de Estados Unidos con sus contrapartes y ejerció una función que durante
años se había dado por sentada: el jefe de todas las agencias estadouni-
denses con el Gobierno de México era el embajador.
Eran tiempos complicados, la violencia en México subía y para algunos
ése era un síntoma de que la estrategia de seguridad estaba tocando fibras
sensibles y, para otros, un ejemplo de su ineficacia. Las intervenciones
públicas y declaraciones a la prensa de Pascual crecían, lo que molestaba al
presidente Calderón,10 pero una revelación masiva de cables diplomáti-
cos de Estados Unidos, conocida como WikiLeaks, terminó por avinagrar
cualquier posible entendimiento entre Calderón y Pascual. El presidente
de México pidió a Obama la salida de Pascual.
En suma, el libro, Embajadores de Estados Unidos en México, ofrece
una valiosa cantidad de elementos analíticos para entender desde otra pers-
pectiva las relaciones bilaterales y, en muchos casos, a confirmar lo que
ya sabíamos. Con claridad, la obra demuestra que la tarea del embajador
de Estados Unidos en México es crucial para orientar en un sentido o en
otro la relación bilateral más importante para los dos países. Su publicación
es una buena forma de celebrar los doscientos años de relaciones bilaterales.

10
Felipe Calderón, Decisiones difíciles, México, Debate, 2020.

324 Revista Mexicana de Política Exterior, número 124, septiembre-diciembre de 2022, pp. 309-324, ISSN 0185-6022

RMPE 124 Interiores [Link] 324 12/01/23 16:03

También podría gustarte