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Cuento 3

Una historia bonita

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En un rincón del mundo, donde los ríos cantaban y los árboles susurraban antiguos

secretos, existía un pequeño pueblo llamado Valdeflor. Era un lugar mágico, aunque
sus habitantes no lo sabían. Cada mañana, las flores de Valdeflor florecían con
colores tan vivos que parecían pintados por el arco iris, y cada noche, las
estrellas brillaban tan intensamente que iluminaban los senderos entre las
montañas.

En este pueblo vivía una joven llamada Iris, conocida por su curiosidad insaciable
y su amor por la naturaleza. A menudo se la veía deambulando por los campos,
recogiendo flores o conversando con los animales. Pero había algo que inquietaba a
Iris: desde hacía algún tiempo, las flores comenzaban a marchitarse sin razón
aparente, y los animales del bosque se mostraban inquietos.

Una tarde, mientras recogía flores cerca de un arroyo, Iris notó algo extraño.
Entre las flores, había una pequeña planta que no había visto antes. Sus hojas eran
de un verde profundo, y en el centro de la planta crecía una flor negra como la
noche. Intrigada, Iris se inclinó para tocarla, pero en cuanto sus dedos rozaron
los pétalos, un viento fuerte y frío sopló a su alrededor, y la flor desapareció
como por arte de magia.

Esa misma noche, Iris no pudo dormir. Soñó con un bosque oscuro y una voz que le
susurraba que el equilibrio del mundo estaba en peligro. Al despertar, decidió
contarle a su abuela lo sucedido. La abuela de Iris era una mujer sabia, conocedora
de muchas historias y secretos del pueblo.

—Abuela, vi una flor negra en el campo, y cuando la toqué, desapareció —le dijo
Iris, preocupada—. ¿Qué significa eso?

La abuela la miró con ojos llenos de sabiduría y preocupación.

—Esa flor negra es una señal, Iris. Hay una antigua leyenda en nuestro pueblo, la
leyenda de la Flor del Ocaso. Se dice que esta flor aparece cuando el equilibrio
entre la luz y la oscuridad está en peligro. Si no hacemos algo para restaurar ese
equilibrio, el mundo podría sumirse en la oscuridad eterna.

—¿Cómo puedo ayudar? —preguntó Iris, decidida a hacer lo que fuera necesario.

—Debes encontrar el Árbol del Amanecer, el único capaz de restaurar el equilibrio.


Pero no será fácil. Está escondido en el Bosque de las Sombras, un lugar donde la
luz apenas llega y los caminos cambian constantemente. Debes ir con cuidado y
confiar en tu corazón.

Sin perder tiempo, Iris se preparó para la travesía. Tomó una pequeña bolsa con
algunas provisiones, un abrigo y una linterna que su abuela le dio, diciendo que la
luz de la linterna estaba hecha con la primera luz del amanecer.

Iris se adentró en el Bosque de las Sombras, donde la oscuridad era tan densa que
parecía un ser vivo. Encendió la linterna, y la suave luz dorada iluminó su camino.
A medida que avanzaba, escuchaba susurros y veía sombras moverse a su alrededor,
pero no dejaba que el miedo la detuviera.

Caminó durante horas, o tal vez fueron días, hasta que finalmente llegó a un claro
donde crecía el Árbol del Amanecer. Era un árbol imponente, con hojas doradas que
parecían brillar con luz propia. Pero al acercarse, Iris vio que sus ramas estaban
marchitas, y en el suelo, a su alrededor, crecían varias flores negras.

Iris sabía lo que debía hacer. Sacó de su bolsa una pequeña botella de agua
cristalina que había recogido en el arroyo de su pueblo. Recordó las palabras de su
abuela: "El agua de Valdeflor tiene el poder de devolver la vida a lo que está
marchito". Con cuidado, vertió el agua en las raíces del árbol.

Al instante, el Árbol del Amanecer comenzó a cambiar. Sus ramas se enderezaron, y


sus hojas recuperaron su resplandor dorado. Las flores negras en el suelo se
desvanecieron, y una luz cálida y suave se extendió por el claro, empujando la
oscuridad hacia las profundidades del bosque.

Satisfecha, Iris dio un paso atrás, observando cómo el equilibrio se restauraba.


Sabía que había cumplido su misión. El Bosque de las Sombras ya no parecía tan
aterrador, y el camino de regreso a Valdeflor estaba claro.

Cuando Iris regresó a su pueblo, encontró que las flores habían vuelto a florecer
con más fuerza y belleza que nunca. Los animales del bosque habían recuperado su
tranquilidad, y los habitantes del pueblo sentían una paz que no habían
experimentado en mucho tiempo.

La abuela de Iris la recibió con un abrazo cálido, sabiendo que su nieta había
salvado al mundo de un gran peligro. Desde entonces, cada mañana, Iris se
despertaba con la certeza de que, aunque los desafíos fueran grandes, siempre había
esperanza mientras hubiera luz en el corazón.

Y así, en Valdeflor, la vida continuó con el brillo del amanecer, mientras Iris, la
guardiana del equilibrio, vivía en armonía con la naturaleza y los misterios del
mundo.

Y colorín colorado, este cuento también se ha terminado.

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