0% encontró este documento útil (0 votos)
39 vistas22 páginas

Diez ensayos sobre arquitectura en Lima

Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
39 vistas22 páginas

Diez ensayos sobre arquitectura en Lima

Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

La forma construida [Extracto]

Item Type info:eu-repo/semantics/bookPart

Authors Fabbri García, Martín; Montestruque Bisso, Octavio

Publisher Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC)

Rights info:eu-repo/semantics/openAccess; Attribution-


NonCommercial-ShareAlike 4.0 International

Download date 07/08/2024 20:26:07

Item License http://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/4.0/

Link to Item http://hdl.handle.net/10757/672133


Martín Fabbri García (Lima, 1967)
Graduado de la Universidad Ricardo Palma (URP). Siguió sus estudios de maestría
en la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI) y en la Universita degli Studi La
Sapienza de Roma, en la especialidad de Restauración de Monumentos. Ha finali-
zado un doctorado en Historia del Arte Peruano y Latinoamericano en la Universi-
dad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Es candidato a doctor con una tesis
sobre arquitectura contemporánea peruana. Se desempeña como docente en el De-
partamento de Arte de la UNMSM y es miembro del Instituto de Investigaciones
Humanísticas de la misma. Ha sido conferencista invitado en diversas institucio-
nes nacionales e internacionales, entre las cuales destacan la Universidad Jaime I,
en Castellón de la Plana, Comunidad Valenciana, España; la Universidad Nacional
Autónoma de México (UNAM), Instituto de Investigaciones Estéticas; y la Escuela
de Arquitectura y Diseño ISTHMUS, en Panamá. En el ámbito nacional, ha dictado
conferencias en diversas universidades e instituciones nacionales.
ORCID: 0000-0003-0252-0117

Octavio Montestruque Bisso (Lima, 1984)


Ph. D. en Composición Arquitectónica por la Università Iuav di Venezia; magíster
en Ciencias con mención en Arquitectura: Historia, Teoría y Crítica por la Univer-
sidad Nacional de Ingeniería (UNI); y arquitecto por la Universidad Ricardo Palma
(URP). Autor de diversos artículos académicos y textos monográficos en temas de
historia, teoría y cultura del proyecto arquitectónico, entre los cuales destaca el
libro Juvenal Baracco. La memoria de la ciudad, las formas de la tradición. Ha
sido asistente de cátedra en la Università Iuav di Venezia entre 2016 y 2018, y
tutor en workshops internacionales en Cuba, Italia y Portugal. En 2022, ganó el
Premio alla Ricerca YITP (Young Investigator Training Program) de la Università
di Parma. Actualmente, es docente en la Facultad de Arquitectura de la Universi-
dad de Lima.
ORCID: 0000-0002-6211-4789
© Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC)
Autores: Martín Fabbri García y Octavio Montestruque Bisso
Edición: Luisa Fernanda Arris
Corrección de estilo: Claudia Prieto Requejo
Diseño de cubierta Dickson Cruz Yactayo
y diagramación:
Desarrollo gráfico: Alejandra Alcántara, Sofía Armas, Eliana Belleza, Ángeles Calle, Nicoletta
Corigliano, Renzo Espinoza, Valeria Juárez, Karina Mendoza, Gianella Quispe,
Sebastián Sánchez, Astrid Ruiz, Shirley Ruiz, Belén Santolalla, Ángela Sota,
Alisson Sucno, Jessica Trujillo, Gianella Untiveros, Liv Vera.
Imágenes y fotografías: Todos los gráficos fueron realizados por los autores y el equipo de investigación.
Todas las fotografías son de Martín Fabbri, a excepción de las fotografías de la
casa Chávez, que fueron tomadas por María José Barbosa, y las fotografías del
Banco de Crédito del Perú, cedidas por Felipe Ferrer para esta publicación.

Editado por:
Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas S. A. C.
Av. Alonso de Molina 1611, Lima 33 (Perú)
Teléfono: 313-3333
www.upc.edu.pe
Primera edición: setiembre de 2023
Versión e-book: setiembre de 2023

Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC)


Biblioteca
Martín Fabbri García y Octavio Montestruque Bisso
La forma construida. Diez ensayos sobre edificios canónicos en Lima
Lima: Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC), 2023
ISBN de la versión e-book PDF: 978-612-318-483-4
EDIFICIOS, ARQUITECTURA, ARQUITECTURA MODERNA, AMÉRICA LATINA, LIMA (LIMA, PERÚ),
PERÚ, SIGLO XX
720.98525 FABB

DOI: http://dx.doi.org/10.19083/978-612-318-482-7
Hecho el Depósito Legal en la Biblioteca Nacional del Perú n.° 2023-08464
Esta publicación fue sometida a un proceso de revisión de pares antes de su divulgación.
Todos los derechos reservados. Esta publicación no puede ser reproducida, ni en todo ni en parte, ni re-
gistrada en o transmitida por un sistema de recuperación de información, en ninguna forma ni por ningún
medio, sea mecánico, fotoquímico, electrónico, magnético, electroóptico, por fotocopia o cualquier otro, sin el
permiso previo, por escrito, de la editorial.
El contenido de este libro es responsabilidad de los autores y no refleja necesariamente la opinión de los editores.
▌ Índice

Introducción 7

Capítulo 1. La invención de un continente y el descubrimiento de 14


su arquitectura
1.1 Cuando nació América Latina 14
1.2 Arquitectura moderna y latinoamericana 18
1.3 Antes y después de Brasilia 20
1.4 La nueva modernidad latinoamericana 22

Capítulo 2. Deconstruyendo la modernidad peruana y la arquitectura 25


de la segunda mitad del siglo xx
2.1 El espacio peruano en el tiempo global 25
2.2 La reforma en la educación universitaria 29
2.3 La gestación de la modernidad peruana 34
2.4 El arte y la búsqueda del espacio nacional 38
2.5 Arquitectura y poder 41
2.6 El papel de la teoría y de la crítica en el Perú 46
2.7 El movimiento regional 50
2.8 Crisis y auge económico 55
2.9 Extensiones al presente 58

Capítulo 3. Diez ensayos sobre edificios canónicos en Lima 64


3.1 Edificio La Fénix Peruana, 1945-1948. Enrique Seoane 67
3.2 Edificio Guzmán Blanco, 1952. Manuel Villarán 87
3.3 Departamento de Arquitectura, 1951-1953. Mario Bianco 107
3.4 Edificio de Seguros Atlas, 1953-1955. José Álvarez Calderón, 125
Walter Weberhofer
3.5 Casa Chávez, 1958. Miguel Rodrigo 147
3.6 Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), 1966-1975. Manuel Llanos, 167
Luis Tapia
3.7 Edificio Ajax Hispania, 1980-1983. Emilio Soyer 187
3.8 Agrupamiento Chabuca Granda, 1983. José García Bryce 207
3.9 Escuela de Oficiales de la Fuerza Aérea del Perú, 1981-1984. Juvenal Baracco 229
3.10 Banco de Crédito del Perú (BCP), 1988. Arquitectonica 251

Capítulo 4. Epílogo 272


4.1 Diez edificios, diez lecciones de arquitectura 272

Referencias 277
▌Introducción

Hablar de arquitectura moderna en América Latina es hablar de actualidad. A pesar


de ser un argumento estudiado y documentado por la historiografía, aún no se ha
desarrollado una metodología que posibilite estudiar esta producción material me-
diante un proceso interpretativo. La lectura interpretativa ayuda a comprender las
razones que originaron tal o cual arquitectura en un momento determinado.
Por otro lado, interpretar nuestra arquitectura permite definir las caracterís-
ticas identitarias del continente americano. Más allá de una postura que separa lo
foráneo-occidental de lo local-autóctono, el estudio interpretativo debe incorpo-
rar los múltiples estratos temporales y todos sus matices para analizar el complejo
mundo del proyecto. Comprender plenamente nuestra producción es un paso fun-
damental para dar continuidad a la historia de la arquitectura latinoamericana.

En las últimas tres décadas se ha intensificado tanto el estudio y análisis de la ar-


quitectura moderna en América Latina, que se han producido numerosos libros,
artículos, ponencias y ensayos. [...] Puede decirse que, en general, se ha completado
el primer ciclo básico de toda historiografía: el del inventario. Como tarea colectiva,
es necesario abordar entonces una segunda etapa: la de interpretar ese inventario
(Arango, 2012a, pp. 40-41).

Muchas veces agrupadas como un conjunto, estas construcciones se deben


leer desde las propias complejidades de los territorios y las sociedades en las cuales
se gestaron. En el Perú, existe una carencia en el registro y la documentación
—al menos de forma sistemática y articulada— de nuestra arquitectura. Afortuna-
damente, durante el siglo xxi, la academia se está ocupando de llenar ese vacío.
Mayor aún es la ausencia de interpretaciones sobre la arquitectura peruana. Pocos
estudios logran, de manera metodológica y documental, establecer una lectura

Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas | 7


La forma construida | Martín Fabbri García y Octavio Montestruque Bisso

crítica sobre la arquitectura moderna y contemporánea, lo cual representa una de


las principales limitaciones para esta investigación1.
Este es un trabajo de interpretación sobre algunos edificios peruanos de la
segunda mitad del siglo xx2 y, por lo tanto, se basa en la historiografía y en la docu-
mentación disponible. Como en todo trabajo de análisis, la objetividad de los datos
está condicionada por la subjetividad de quienes los interpretan. Un tema crítico
para establecer una metodología adecuada es determinar qué material se debe in-
cluir y desde qué perspectiva será estudiado, es decir, qué historia se quiere contar.
Como toda selección, es discutible la ausencia o inclusión de algunas obras que el
lector pensará que pueden ser más o menos relevantes —o más o menos conoci-
das—. Sin embargo, cabe aclarar que esta es una lectura crítica, y en consecuencia
no busca catalogar una serie de edificios emblemáticos, sino, más bien, represen-
tativos para comprobar la hipótesis de la investigación. Esta consiste en que hay
una arquitectura peruana capaz de ser un reflejo de su tiempo y espacio o, en todo
caso, de su capacidad de enraizarse en el contexto local en un preciso momento de
la historia, sin dejar de lado su voluntad de ser universal. Así, tiene valor por ser
un reflejo de las ideas desarrolladas en la sociedad y en las culturas del Perú que
no pueden ni deben ser equiparables estilísticamente con edificios similares o con-
temporáneos de otras latitudes, a pesar de que, como veremos, esas influencias no
se niegan en ningún momento; esta es una característica compartida con los demás
países de la región.

La cultura americana oscila entre la presión de una estética de fusión devenida de


la sociedad mestiza y su rechazo en nombre de una deseada pulcritud cosmopolita,
entre las cosmogonías de una naturaleza y un paisaje violento que hay que conjurar y
la necesidad de un determinado orden racionalista [...], entre la imperfección formal
y funcional de una ciudad ex-novo, abstracta y de ciudadanía frágil y tensada por las
políticas populistas y la exigencia de organizar el escenario de una pertenencia, por
lo menos simbólica, a la modernidad (Fernández, 1999, p. 17).

La negación del mestizaje conlleva una relación apriorística con los estilos
occidentales. Esto limita la posibilidad de lectura en detalle de la obra y la con-
dena a nunca ser original, sino únicamente el resultado de una influencia formal

1 A pesar de no ser una producción extensa, se debe mencionar el trabajo de algunos arqui-
tectos contemporáneos que han contribuido en la generación de conocimiento crítico sobre
la arquitectura peruana; entre ellos, José García Bryce, Manuel Cuadra, Jorge Burga, Wiley
Ludeña, Pedro Belaúnde, José Beingolea, Juan Carlos Doblado y Elio Martuccelli.
2 Algunas ideas de este trabajo fueron planteadas en el proyecto de investigación La idea del
canon en la arquitectura moderna peruana, desarrollado en el Instituto de Investigación
Científica de la Universidad de Lima (IDIC) durante 2014 y 2015. En 2022, los autores ela-
boraron todos los gráficos y textos, y revisaron la selección de edificios. Todo el material
producido es nuevo e inédito para esta publicación.

8 | Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas


Introducción

foránea y precedente. La falta de un proceso de interpretación propio genera una


negación de nuestra cultura, del pensamiento original de nuestros arquitectos y
del desarrollo de nuestras sociedades. Esto provoca que pensemos erróneamente
que la arquitectura solo es una manifestación formal y estética, alejada del ámbito
social y cultural; y, en consecuencia, acentúa la ausencia de los diseñadores, crí-
ticos, teóricos e historiadores de la arquitectura de un debate nacional sobre la
cultura y la sociedad.
Entender las motivaciones particulares de nuestra arquitectura nos permite
trazar otro camino de interpretación de nuestra realidad. Por ello, el objetivo
principal de este libro es demostrar cómo la arquitectura —al igual que el arte, la
música, el cine o la literatura— representa una manifestación cultural vigente. Por
lo tanto, es importante reconocer el valor de la disciplina para tener otra ventana
desde la cual ver cómo se han construido las ideas en el Perú. Asimismo, se verá
cómo el ambiente cultural, político, económico y social influye directamente en
la producción arquitectónica y en la conceptualización de la obra, realizando una
necesaria lectura transversal de nuestra historia edificada.
Para ello, se ha revisado la metodología planteada por Silvia Arango (2012a),
que propone tres ejes de análisis: el estilo e influencia, la alteridad e identidad, y la
generación de los arquitectos. El primer concepto se relaciona con la idea origina-
ria y su posterior difusión como conocimiento común, como conformadora de una
tradición. El segundo concepto se vincula a las particularidades latinoamericanas
propias del periodo, es decir, una constante negociación entre ser local y ser global.
Esta dialéctica será permanente en la arquitectura peruana. Finalmente, la gene-
ración a la que pertenecen los arquitectos será interpretada como una respuesta a
la coyuntura, esto es, como un reflejo directo de las ideas de los proyectistas y el
ambiente cultural en el cual conciben su arquitectura.
Cabe señalar que “la interpretación de la obra debería siempre partir de una
lectura detallada de su realidad como hecho construido” y que “su estudio debe
basarse en sus características físicas evitando caer en elucubraciones basadas en el
significado” (Montestruque Bisso, 2022, p. 47). En este sentido, el análisis se apoya
en “una revisión exhaustiva de la realidad en la cual se ha concebido y propone
lecturas concretas, propias de la realización y materialización del hecho arquitectó-
nico” (Montestruque Bisso, 2022, p. 47). Como menciona Susan Sontag:

Nuestra misión no consiste en percibir en una obra de arte la mayor cantidad posible
de contenido, y menos aún de exprimir de la obra de arte un contenido mayor que el
ya existente. Nuestra misión consiste en reducir el contenido de modo de poder ver
en detalle el objeto. [...] La función de la crítica debiera consistir en demostrar cómo
es lo que es, inclusive qué es lo que es y no qué significa (1984, p. 27).

Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas | 9


La forma construida | Martín Fabbri García y Octavio Montestruque Bisso

Para ello, la misma autora declara que una “excesiva atención al contenido
provoca una arrogancia de la interpretación”, por lo que “se necesita, en primer
término, una mayor atención a la forma en el arte” (Sontag, 1984, p. 25). A pesar
de que Sontag se refiere al arte en general y su texto se centra en un reclamo sobre
nuevas formas de interpretación en la literatura, la crítica arquitectónica no debe-
ría escapar de esta premisa; ya que la idea de forma corresponde a una representa-
ción espacial y no temporal como sucede en la narrativa.
En el caso de la arquitectura moderna, la idea de forma consiste en relacio-
nar el sujeto con el objeto. Esta idea nace en el pensamiento sobre la estética que
se desarrolla en Alemania durante el siglo xviii y contribuía a entender el hecho
artístico como algo independiente de motivaciones sociales, pedagógicas, políticas
y teológicas (Aureli, 2009). Si bien el objetivo de esta introducción no es proponer
una revisión histórica de los estudios occidentales en estética3, cabe mencionar a
algunos autores relevantes en el desarrollo de la idea de la forma; de esta manera,
se puede entender la aproximación teórica y metodológica de este trabajo.
En la estética kantiana, se origina la teoría de la pura visibilidad y del método
formalista. Para Kant, el concepto de forma indica el proceso de conformación de
la imagen de los objetos que se presentan en la naturaleza, por lo cual no se podría
generar ningún desarrollo cognitivo sin esta producción (Gasché, 2003). Algún
tiempo después, el historiador del arte Alois Riegl incorpora la variable temporal, y
determina que existen cambios en su ideación y en el modo de determinar la forma
a lo largo de la historia (Riegl, 2008). El autor austrohúngaro tiene una propuesta
más articulada de la evolución artística y sus representaciones físicas de lo que la
teoría de la pura visibilidad había considerado hasta ese momento.
Asimismo, podemos mencionar las ideas de Rudolf Wittkower, maestro de
Colin Rowe, quien analiza la forma arquitectónica desde una postura humanista,
que puede ser traducida numéricamente en proporciones; además, es lógica y ra-
cional (Wittkower, 1949), e implementa el análisis de los ritmos que se leen en la
modulación de la planimetría básica de los edificios.
Con esta herramienta, Colin Rowe escribió un texto muy importante para el
formalismo de la segunda mitad del siglo xx, The Mathematics of the Ideal Villa.
En este explica la importancia de la lectura en detalle para determinar relaciones
entre dos arquitecturas canónicas alejadas temporalmente una obra de Andrea
Palladio, la Villa Foscari o Malcontenta, que se construyó en la región del Veneto
entre 1550 y 1560; y otra de Le Corbusier, la Villa Stein-de Monzie en Garches,
proyectada entre 1926 y 1928. La idea del “arquetipo platónico de vivienda ideal”

3 En caso de que se desee profundizar sobre el tema, se puede revisar el trabajo de los puro-
visualistas Konrad Fiedler, Alois Riegl y Heinrich Wölfflin; de los estructuralistas y postes-
tructuralistas Claude Lévi-Strauss, Roland Barthes y Michael Foucault; y de los represen-
tantes del formalismo analítico Rudolf Wittkower y Colin Rowe.

10 | Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas


Introducción

(Rowe, 1978, p. 20) es la conclusión del análisis. Si bien nuestro trabajo no busca
establecer los arquetipos, es importante repasar la metodología de análisis presen-
tada por Rowe, en la cual el estudio crítico y disciplinar ayuda a establecer relacio-
nes entre las arquitecturas de diferentes periodos históricos.
Como señala Mark Linder (2004), la obra de Rowe propone la confirmación
del modernismo como una tradición y no como una ruptura vanguardista, por lo
que su lectura de la forma no abusa de nociones tomadas de otras disciplinas; en
ese sentido, permite un análisis en los límites de la misma arquitectura y sus posi-
bilidades de representación. La crítica al estudio de Rowe recae justamente en las
limitaciones de comunicación gráfica, ya que apela a un modelo de representación
basado en la composición arquitectónica como disciplina abstracta; es decir, que
se refiere a su propia geometría y, en consecuencia, es leída de manera bidimensio-
nal. Posteriormente, Peter Eisenman retoma las ideas de Rowe, pero replantea las
estrategias de análisis gráfico prefiriendo el desarrollo de diagramas. La metodo-
logía de Eisenman privilegia el dibujo axonométrico seccionado, descomponiendo
la forma y diseccionando el edificio para luego ser recompuesto. Así, la misma ar-
quitectura constituye la fuente de las ideas y no las consideraciones externas a ella
(Allen, 2011). Este estudio de la forma marca una ruptura con la representación
clásica de la planta y la elevación —como lo hacía Rowe—, e incorpora las nociones
de espacio y movimiento en la lectura de la composición arquitectónica.
La metodología ensayada en sus estudios sobre arquitectura moderna y con-
temporánea establece que la esencia de cada acto creativo es la comunicación de
ideas originales del autor a través de un medio expresivo (Eisenman, 2009), que en
el caso de la arquitectura se da mediante la forma. Eisenman define algunos con-
ceptos pertinentes de repasar. En primer lugar, la idea del edificio canónico como
una “obra singular que no hace referencia a la procedencia de su autor” (Eisenman,
2011, p. 15), que enfatiza la arquitectura y no el proyectista. En el texto, también se
menciona lo siguiente:

Un edificio canónico requiere estudio, no en sí y de sí mismo como un objeto ais-


lado, sino en términos de su capacidad de reflexión sobre su momento concreto en el
tiempo y su relación con edificios que tanto lo precedieron como vinieron después de
él. [...] el edificio canónico requiere una lectura en detalle, también problematiza la
idea de un gran edificio u obra maestra como concepto históricamente sedimentado,
sin la movilidad ni la flexibilidad que implica lo canónico (Eisenman, 2011, pp. 19-20).

En términos del autor, el edificio canónico no se debe estudiar desde el punto


de vista objetual. Esto no solo genera una ruptura con el abstraccionismo moderno,
sino que es una manifestación de su tiempo, para lo cual recurre a la contextualiza-
ción temporal que proponía Riegl. Además, se concibe la idea de lo canónico como

Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas | 11


La forma construida | Martín Fabbri García y Octavio Montestruque Bisso

un concepto variable y abierto a la construcción colectiva, alejado del encasilla-


miento generado al catalogar las grandes obras modernas.
Es importante radicar el estudio de la forma más allá de un momento histórico
e incluir una referencia geográfica, especialmente si se busca una reflexión desde
un espacio no representativo de la teoría arquitectónica occidental. Una adecuada
lectura de la forma arquitectónica debería ser transversal e incorporar el arte, las
posibilidades constructivas, las consideraciones éticas, así como las teorías cien-
tíficas, filosóficas, estéticas y políticas, en una visión de la cultura como una red
de relaciones (Montaner, 2002), considerando que la cultura peruana contempo-
ránea se presenta como una construcción multinivel que escapa de la linealidad
(Rebaza, 2017).
El reto de realizar un estudio desde América Latina, y específicamente desde
el Perú en la segunda mitad del siglo xx, radica en que, además de las tendencias
internacionales en el arte, en la ciencia y en la filosofía, existen procesos locales
desarrollados previamente a la llegada de la influencia occidental. La lectura de la
cultura peruana debe asumir la condición de hibridación que tiene una repercu-
sión en la forma arquitectónica, sin dejar de lado las múltiples posibilidades que
presentan los diferentes matices del mestizaje americano (Fernández, 2012). Esta
constante negociación entre lo local y lo global propone una definición única si se
piensa en la forma americana moderna.
La lectura transversal de la arquitectura peruana permite generar una conti-
nuidad evolutiva de la historia, es decir, identificar los edificios que aluden a una
tradición y que al mismo tiempo generan una innovación hacia el futuro. Muchos
de ellos han sido poco estudiados por la historia de la arquitectura al no ser consi-
derados obras icónicas. Por este motivo, esta investigación no se basa en las obras
maestras —entiéndase como las más conocidas, publicadas o estudiadas—, sino
más bien en las que representan una articulación entre el pasado y el futuro. Sobre
esto, Eisenman (2011) indica lo siguiente:

Una obra canónica constituye una bisagra como una ruptura [...]. En este contexto,
canónico se refiere a una ruptura que ayuda a definir un momento de la historia. [...]
una obra canónica está ligada al tiempo y depende de un momento específico de la
historia para poder considerarla una bisagra/ruptura, tanto en la trayectoria del ar-
quitecto como en el discurso arquitectónico (p. 21).

Es decir, pensar en la obra canónica por encima de la gran obra permite arti-
cular una historia que puede ser entendida e interpretada más allá de los edificios o
de sus autores. Posiciona a la arquitectura en el plano cultural y, por lo tanto, puede
ser objeto de significado para un público más amplio que aquel que se enmarca
únicamente en la disciplina.

12 | Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas


Introducción

Sin embargo, el análisis de los edificios no pretende ser retórico. Todo lo con-
trario, se busca construir una narrativa a partir de la evidencia edificada, esto es, de
los edificios que han sido construidos en un momento determinado y con técnicas
e ideas específicas de la disciplina arquitectónica. Por ello, la lectura en detalle que
rescata Eisenman y que podemos atribuir a su maestro, Colin Rowe, es relevante en
este proceso de interpretación.
La lectura de la forma arquitectónica se desarrolla también por una estrategia
de comunicación de las ideas de interpretación. Esta investigación toma referen-
cias de los autores anteriormente mencionados, a fin de generar una propuesta de
estudio de la forma, y, al mismo tiempo, asume como reto la superación de las teo-
rías de la pura visualidad. Esto último implica una propuesta gráfica que acompañe
los análisis compositivos, y que transmita las condiciones de espacio y movimiento,
necesarias para el entendimiento de la arquitectura moderna (Zevi, 2009).
Buscando plantear una visión holística de nuestro complejo mundo cultural,
esta investigación da lectura a una forma de interpretación de la arquitectura pe-
ruana, entendiendo las claras conexiones entre la disciplina y la construcción de la
identidad. Como se mencionó anteriormente, es importante encontrar los valores
propios y, sobre todo, entenderlos desde la particularidad de nuestro medio. Solo
en ese momento se articulará una visión valiosa de nuestra producción arquitectó-
nica como una manifestación cultural del medio en el cual se desarrolla.

Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas | 13


▌ Capítulo 1

La invención de un continente
y el descubrimiento de su
arquitectura

1.1 Cuando nació América Latina


A pesar de que en la actualidad estamos sumergidos en un entorno globalizado, la
concepción del mundo y de su devenir posee una base eurocéntrica. A lo largo de la
historia, Europa ha sido considerada como el lugar de origen de la civilización y la
cultura. Esto generó una constante tensión entre la idea de un centro consolidado
y una periferia en vías de desarrollo, es decir, una confrontación entre el modelo y
aquello que aspira a convertirse en él. Esta forma de concebir las relaciones entre
las culturas implica la negación de los valores propios que, por diferir del modelo,
se pueden pensar como equivocados. Durante todo proceso de afirmación de la
identidad, es necesario tener al “otro” como espejo para definirnos por compara-
ción. Es solo a partir del “otro” que el “yo” puede reconocer sus particularidades y,
por lo tanto, reclamar una propia identidad, autodefinirse y autoafirmarse (López
Soria, 2009). En este sentido, existió —para Europa— la necesidad de establecer
una dialéctica entre el Viejo Continente y aquello que descubrió Colón. Esta crea-
ción narrativa partió de las preconcepciones de los primeros europeos en América,
quienes, como dice Tzvetan Todorov (2007), descubrieron un continente, pero no
a sus habitantes.

Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas | 14


La forma construida | Martín Fabbri García y Octavio Montestruque Bisso

Durante el siglo xv, se experimentaron cambios significativos que condiciona-


ron los procesos de modernización en diferentes partes del mundo, especialmente
en África, América y Europa4. Este periodo, conocido por la prosperidad cultural,
artística y científica europea, es también el inicio de la represión por la Inquisición, y
el traslado masivo y la esclavización de personas africanas. En América, las culturas
maya, azteca e inca se encuentran en pleno dominio del centro y sur del continente
—con desarrollos científicos, tecnológicos, sociales y urbanos diferentes al modelo
occidental— cuando llegan los europeos. Para Europa, en cambio, el siglo xv significó
el fin del Medioevo, el inicio del Renacimiento y la gestación de la Edad Moderna. En
ese momento, el pensamiento europeo era antropocéntrico y buscaba comprender
al ser humano en su totalidad. Personajes como Galileo Galilei o Nicolás Copérnico
son fundamentales para la comprensión del mundo durante el siglo xvi, así como
la instauración del método científico, apoyado en los escritos de Francis Bacon y el
trabajo de Johannes Kepler5. Mientras que en Europa se discutía sobre la razón y la
ciencia, en América, los cambios eran guiados por los procesos de evangelización de
las comunidades autóctonas. De esta manera, en Europa, el reconocimiento del “yo”
se daba con un “otro” que era el hombre racional; en cambio, en América, el “yo” se
enfrentaba al “otro” que era considerado un ser salvaje e inferior.
La conquista de América generó el primer debate filosófico sobre la subor-
dinación indígena. Así, enfrentó al sacerdote Juan Ginés de Sepúlveda, principal
defensor de la guerra justa contra los indios (Delepuech, 2018), con el dominico
Bartolomé de las Casas, quien fue nombrado “protector de los indios”6. El debate
entre ambos personajes en la Junta de Valladolid (1550-1551) no obtuvo una clara
resolución y, en esta incertidumbre sobre cómo actuar en el Nuevo Continente,
se promulgaron las Leyes de Indias, que, a fines del siglo xvii, se unificaron en la
Recopilación de leyes de los reinos de las Indias (1680).
Si bien se piensa que la conquista española significó una dominación uni-
direccional y desregulada sobre las comunidades indígenas, cabe mencionar que

4 En Asia, existió un intercambio comercial antiguo e intenso con Europa; sin embargo, su in-
fluencia cultural, junto con la estadounidense, se intensifica recién en el siglo xix. En el caso
de Oceanía, existen expediciones españolas, portuguesas y holandesas desde el siglo xvi
que fueron reemplazadas, en el siglo xviii, por las francesas e inglesas. En el primer caso, la
cultura originaria prosperó de manera orgánica; mientras que, en el segundo, se comprueba
la casi extinción de las comunidades autóctonas.
5 Francis Bacon (1561-1626) fue un filósofo e intelectual inglés pionero en el empirismo filosó-
fico, el método científico y la teoría empírica del conocimiento. Johannes Kepler (1571-1630)
fue un astrónomo y matemático alemán de vocación religiosa; gracias a su trabajo como as-
trónomo, se rompieron varios paradigmas que separaban la ciencia de la religión. El trabajo
de ambos autores fue fundamental en el desarrollo de la ciencia y la razón como estructura
metodológica para llegar a la verdad.
6 Posición administrativa otorgada por la monarquía española que buscaba garantizar el
bienestar de las poblaciones nativas.

15 | Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas


Capítulo 1 | La invención de un continente y el descubrimiento de su arquitectura

siempre se buscaba un equilibrio entre ambas partes, controlando los abusos de


los europeos y otorgando derechos a los americanos (Novoa Cain, 2002). El debate
propicia un sincretismo cultural y religioso con un carácter paternalista. Este pro-
ceso ocurre en la zona central y meridional de América, justamente en el territorio
en el que las culturas originarias alcanzaron un mayor desarrollo y, por lo tanto,
provocaban una mayor resistencia. En el norte de América, los colonos ingleses
encontraron una menor oposición por parte de las poblaciones autóctonas (Dull,
2003), lo cual propició una suerte de tabula rasa de la cultura y del territorio, y
permitió la fundación de Estados Unidos el 4 de julio de 1776, gracias a la unión de
13 colonias británicas.
Entre los siglos xviii y xix, Estados Unidos se desarrolló económica y tec-
nológicamente, mientras que las colonias españolas se debilitaron en el resto del
continente. Los enfrentamientos en el norte de América por el dominio territorial
sucedieron a mediados del siglo xix y concluyeron con la cesión de gran parte del
territorio mexicano a Estados Unidos, lo que hoy en día son los estados de Califor-
nia, Nuevo México, Arizona, Nevada, Utah y Colorado. La expansión estadouni-
dense alcanzó también a Puerto Rico —actualmente territorio no incorporado— y a
Cuba. Por esta razón, en julio de 1953, como respuesta a un Gobierno autoritario y
a la injerencia política del país del norte, se dio la Revolución cubana. En el resto de
la región, la influencia fue cultural y económica. En este momento, aparece Amé-
rica Latina, que no es más que un concepto etnográfico creado a mediados del siglo
xix y compuesto por los países de habla latina.
El primero en esbozar esta noción fue Michel Chavalier (Torres Martínez,
2016), político y economista francés, que después de emprender un viaje por Esta-
dos Unidos, México y Cuba, describió la diferencia entre una América hispánica y
una anglosajona con escaso o nulo mestizaje. El concepto fue aceptado debido a sus
connotaciones independistas, anticolonialistas y antiimperialistas (Ardao, 1980),
y utilizado por primera vez por Francisco Bilbao —filósofo y político chileno—
en 1856 (Rojas, 1991) y por José María Torres Caicedo —escritor y diplomático
colombiano— en el poema “Las dos Américas” (1857). En ambos casos, se admi-
tió el término América Latina por distanciarse de la condición hispánica y apare-
ció como un reclamo frente a la influencia cultural de Estados Unidos. La división
conceptual del continente entre una América anglosajona y una latina crea nuevas
tensiones en la definición identitaria. Inclusive, el uso del nombre América y su
gentilicio para definir únicamente a un país del continente7 contribuye con los pro-
blemas de hegemonía que se presentan en la región.

7 Como ejemplo, podemos revisar la obra del artista chileno Alfredo Jaar, A logo for America
(1987), una instalación en la ciudad de Nueva York en la que, mediante una pantalla lumi-
nosa, explica que América no es un país, sino un continente.

Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas | 16


La forma construida | Martín Fabbri García y Octavio Montestruque Bisso

Entrado el siglo xx, las influencias cultural y económica de Estados Unidos


sobre América Latina se intensifican y sufren diversos impactos en los países de
la región. Después de la Segunda Guerra Mundial, los países industrializados asu-
mieron que los territorios que habían sido colonias europeas no se encontraban en
capacidad de lograr por sí mismos un adecuado nivel de desarrollo. De este modo,
se estableció la diferencia entre países oprimidos y opresores, o atrasados y avan-
zados. Las preocupaciones por un desarrollo económico internacional, propias de
un mundo globalizado, se reforzaron luego de la creación de la Organización de
las Naciones Unidas (ONU) en 1945. Con Estados Unidos a la cabeza, se discutió
y aprobó la creación de diversas instituciones financieras que permitieran a los
países europeos y asiáticos afectados por la guerra acceder a incentivos económicos
para la reconstrucción de sus ciudades. Desde América Latina, también se gestio-
naron apoyos para los países no industrializados. Así, en 1951, se constituyó la Co-
misión Económica para América Latina (Cepal), la primera institución en brindar
respaldo a los países que no habían sido afectados directamente por la Segunda
Guerra Mundial (Liernur, 2015).
Los Gobiernos estadounidenses adoptaron como política exterior la ayuda
económica para el crecimiento de las regiones no desarrolladas. El primero en pro-
poner esta directriz fue el presidente Harry Truman en 1949 y, posteriormente,
Dwight Eisenhower en 1953. Se buscaba influir sobre los países latinoamericanos
durante la Guerra Fría, priorizar el apoyo militar y estimular las inversiones priva-
das. Tras el rechazo de este tipo de intervencionismo, los presidentes de Brasil, Jus-
celino Kubitschek, y de Argentina, Arturo Frondizi, plantearon, a fines de la década
de 1950, una revisión del apoyo estadounidense que se debería enfocar en la idea
de desarrollismo; es decir, promover el crecimiento de la industria de gran escala
en los países latinoamericanos. De esta manera, con la excusa de ayudar a América
Latina en su independencia económica poscolonial y buscando controlar posibles
brotes comunistas, el presidente John F. Kennedy estableció una política de ayuda
económica mediante la Alianza para el Progreso (Alpro) de 1961; esto generó una
influencia capitalista extendida hasta hoy en los países de la región.
Actualmente, los términos Latinoamérica o América Latina son aceptados por
los latinoamericanos después de un proceso de definición de la identidad que ha
sido largo y complejo. Todos los nombres por los cuales ha pasado América de-
terminan diversos grados de pertenencia o arraigo, desde aquellos que reclaman
un origen prehispánico —Indoamérica8, Afroamérica— hasta aquellos que buscan
mantener la hegemonía europea —Iberoamérica o Hispanoamérica— (Drago, 1991).
En todo caso, la definición del territorio americano después de la colonia, el hecho
de nombrar a la región, es una de las características principales en la definición del

8 Acuñado en el Perú en 1930 por Víctor Raúl Haya de la Torre y retomado luego, con un
énfasis socialista, por José Carlos Mariátegui.

17 | Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas


Capítulo 1 | La invención de un continente y el descubrimiento de su arquitectura

“yo” frente al “otro”, que asume la superioridad europea frente a los nativos ameri-
canos que, por esta razón, deben ser asimilados (Todorov, 2007). Justamente, esta
asimetría de las partes ocasiona que Europa haya querido otorgarle un nombre
al “otro”, para lo cual ha inventado una narrativa que justifique la existencia de
América (O’Gorman, 1995) y, por lo tanto, resulte en su invención. El solo hecho
de nombrar algo desconocido, en términos del encuentro de culturas, genera una
relación unidireccional, la cual causa serias dificultades en el proceso de definición
de la cultura originaria, enfatizando la posición de un modelo ideal y unívoco.
La invención de América y la definición de la identidad latinoamericana es
una discusión que se intensifica en el siglo xx y, en la actualidad, cobra especial re-
levancia como medio para comprender la globalización y la importancia de nuestra
posición en el mundo, además de ayudar a reconocer los procesos de dominación
mediante el estudio etnográfico. Por esta razón, la definición de la identidad desde
la propia región es un trabajo aún en curso y que se debería extender por todas
las ramas de la cultura. En nuestro caso, lo abordaremos desde la arquitectura,
esperando que se abran nuevas puertas para la exploración y la valoración de la
producción material e intelectual latinoamericana.

1.2 Arquitectura moderna y latinoamericana


El primer momento en el que aparece unificada la producción arquitectónica la-
tinoamericana es en el siglo xx, durante el auge de la modernidad en Europa y
Estados Unidos. Antes de esto, es muy difícil encontrar propuestas que estudien
un tipo de arquitectura difundida en el continente, a pesar de haber compartido un
pasado colonial y prehispánico. Durante el siglo xx, apareció la arquitectura lati-
noamericana como una categoría historiográfica que permitió identificar una serie
de edificios construidos en la región y que se asemejan formalmente a la arquitec-
tura moderna occidental. Por ello, la historia escrita de la arquitectura moderna en
América Latina se encuentra aún en construcción y se conecta con el imaginario
global construido después de la Segunda Guerra Mundial. A inicios del siglo xx, se
difundió escasamente la arquitectura latinoamericana, solo surgieron estilos na-
cionales como la nova arquitetura en Brasil o el funcionalismo radical en México.
Sin embargo, años después, algunos historiadores mostraron esta arquitectura
como ejemplos unificadores de la región, sin dejar de lado el eurocentrismo.
Bruno Zevi y Nikolaus Pevsner introducen la lectura de la arquitectura lati-
noamericana como un derivado de los movimientos europeos. El primero plan-
tea ejemplos brasileños y mexicanos para graficar la extensión y el desgaste del
racionalismo europeo (Zevi, 1950), mientras que el segundo compara la destreza
estructural de la arquitectura brasileña con las formas escultóricas de la fase expre-
sionista de Le Corbusier (Pevsner, 1942). En ambos casos, se presenta la difusión

Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas | 18


La forma construida | Martín Fabbri García y Octavio Montestruque Bisso

de la arquitectura moderna como una influencia peligrosa; ya que, en América Lati-


na, la excesiva experimentación formal, la exuberancia de la sociedad latina y las
raíces coloniales resultan en una modernidad barroca que deforma los principios
racionalistas (Del Real, 2015).
Si bien las primeras lecturas sobre América Latina provienen de Europa, una
de las mayores influencias está en América septentrional. Después de la Segunda
Guerra Mundial, Estados Unidos consiguió un enorme crecimiento económico
debido al desarrollo de la industria, lo cual consolidó a una clase media trabaja-
dora con alta capacidad de consumo. Este sentimiento de libertad y optimismo
promueve el “sueño americano” e impulsa que las familias adquieran un automó-
vil y una vivienda, fortaleciendo el crecimiento y la expansión de sus ciudades. El
fenómeno de urbanización facilitó la difusión de la cultura y el estilo de vida esta-
dounidense en América Latina y Asia, continentes que inician un proceso sostenido
de afianzamiento urbano y cosmopolita. Para la modernidad occidental, América
Latina resultaba un espacio de estudio interesante desde las perspectivas política,
económica y cultural.
A mediados del siglo xx, toda la producción arquitectónica de la región se
ha estudiado agrupada y en colectivo, de la cual recibieron una mayor difusión
aquellas manifestaciones más cercanas al mundo occidental. La exhibición que se
realizó en el MoMA de Nueva York desde el 23 de noviembre de 1955 hasta el 19 de
febrero de 1956 con el título Latin American Architecture Since 1945, curada por
el crítico e historiador de arte Henry Russell-Hitchcock, es el primer ejemplo de un
estudio orgánico sobre la arquitectura producida en esta parte del mundo9.
La muestra consolida la visibilidad de una arquitectura desconocida en Es-
tados Unidos y relacionada con el desarrollo económico de algunos países de la
región. Las apariciones más recurrentes son precisamente las de los países con una
mayor prosperidad económica y tecnológica. La arquitectura de Brasil, México y
Venezuela es protagónica. En representación del Perú, aparecen en la parte central
del catálogo el Departamento de Arquitectura (1951-1953) de Mario Bianco y el
Conjunto Habitacional Matute (1952-1954) de Santiago Agurto. En la sección de-
dicada a las fachadas urbanas, se encuentran el Edificio Nazarenas (1952-1954) de
Enrique Seoane y el Edificio Radio El Sol (1953-1954) de Luis Miró Quesada. Adi-
cionalmente, en el libro, se menciona la presencia de profesionales europeos que
emigran a América Latina, quienes, a pesar de no ser arquitectos de “reputación
establecida”, logran una “contribución positiva” como Mario Bianco y Paul Linder
en nuestro medio (Hitchcock, 1955, p. 20).

9 Existen antecedentes de reportajes especiales en revistas como L’Architecture d’Aujourd’hui,


Architectural Review, Domus, Casabella o Architectural Forum. En todas ellas, la arquitec-
tura brasileña fue protagonista.

19 | Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas


Capítulo 1 | La invención de un continente y el descubrimiento de su arquitectura

Si bien en la clasificación existen problemas propios de la historiografía mo-


derna como “la consideración objetual de la arquitectura, la consideración estilís-
tica autónoma, y la idea de fundación de una nueva tradición y su evolución po-
sitiva” (Torrent, 2015, p. 279), el historiador estadounidense consideraba que la
arquitectura producida en América Latina superaba en calidad a la anglosajona. La
selección asume un sesgo homologador, propio de la arquitectura moderna inter-
nacional, y reconoce los valores de la producción arquitectónica en esta parte del
mundo; así, subraya una antigua tradición constructiva en albañilería combinada
con las posibilidades del concreto armado, sin dejar de relacionarse con el entorno
y con el clima. Las características de la modernidad latinoamericana oscilan entre
una adecuación al nuevo lenguaje arquitectónico y las limitaciones tecnológicas de
los países menos industrializados.
Casi en simultáneo, el historiador cubano Joaquín Weiss (1957) sostuvo que
las particularidades constructivas, climáticas, políticas y sociales en América Latina
eran condiciones inamovibles que generaban una propia modernidad, sin la nece-
sidad de modelos extranjeros. Es decir, surgió un reconocimiento de lo latinoame-
ricano como posibilidad de futuro y con absoluta autonomía frente a las influencias
foráneas. De manera similar, el peruano Luis Miró Quesada (1945) propuso una
modernidad con un fuerte arraigo al territorio y a la cultura, a pesar de sostener
la necesidad de mirar a los desarrollos artísticos y arquitectónicos europeos como
modelo del tiempo contemporáneo.

1.3 Antes y después de Brasilia


Después de 1945, América Latina apareció en el panorama mundial gracias al re-
pentino y espectacular proceso de urbanización que atravesó. Para una Europa que
se recuperaba de los estragos de la Segunda Guerra Mundial, la experiencia latinoa-
mericana representaba una innovación en la planificación urbana, así como para
Estados Unidos, viendo como reflejo una idea de tabula rasa adaptada a las con-
diciones climáticas y naturales de estos territorios. La integración de arquitectura
y urbanismo nunca había sido tan intensa como en la experiencia latinoamericana
de mediados del siglo xx. Destacó la presencia de países como México, Brasil y Ve-
nezuela —y años más tarde Perú con Previ— (Bergdoll, 2015), donde los grandes
edificios públicos de escalas y complejidades funcionales nunca antes vistas, las ciu-
dades universitarias y, por supuesto, nuevos desarrollos urbanos se convirtieron en
el foco de la atención internacional. En simultáneo, se comprueba el crecimiento de
los barrios informales y su rápida expansión en las zonas periféricas (Liernur, 2015)
que hasta hoy modelan la imagen de las ciudades latinoamericanas.

Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas | 20


Para poder revisar todo el contenido de esta edición,
visite nuestra página web editorial.upc.edu.pe

También podría gustarte