CAPITULO I
DEL "ESPACIO" AL "SISTEMA URBANO"; DE LA IDEOLOGIA "ESPACIALISTA" A
LA
"URBANISTA"
1. Un punto de partida ideológico: el concepto de "espacio"
Castells inicia la construcción de su teoría sobre "lo ur-
bano", señalando la retación entre su objeto de estudio, la ciudad y el "espacio"
El considerar a la ciudad como la proyección de la socie dad en el espacio es, al mismo
tiempo, un punto de partida indispensable y una afirmación demasiado
ele- mental.
Y para establecer su postura en "El debate sobre la teo- ría del espacio" y, al mismo tiempo,
deslindarla de los planteamientos que luego criticará, define su concepción de la dialéctica
entre "espacio" y sociedad.
El espacio es un producto material en relación con otros elementos materiales, entre ellos
los hombres, los cuales contraen determinadas relaciones sociales, que dan el espacio (y a
los otros elementos de la combinación), una forma, una función, una significación social.
No es, por tanto, una mera ocasión de despliegue de la estructura social, sino la expresión
concreta de cada coniunto his- tórico en el cual una sociedad se especitica. Se trata, por
tanto, de establecer, al igual que para cualquier otro objeto real, las leyes estructurales y
coyunturales que ri-gen su existencia y su transtormación, así como su
específica articulación con otros elementos de una realidad
histórica.
De lo que se deduce que no hay teoría del espacio al margen de
una teoría social general, sea esta explícita o
implícita.1
...no existe teoría específica del espacio, sino simple mente
despliegue y especificación de la teoría de la estructura social de
modo que permita explicar las características de una forma social
particular, el espacio, y de su articulación con otras formas y
procesos históricamente dados.2
Al finalizar su amplio desarrollo sobre "Los elementos e la
estructura espacial" y pasar "del estudio del espacio" análisis de
"La ciudad", se pregunta, un poco tardiamen a nuestro juicio,
"¿qué es el espacio?" , y responde:
Cualquiera que sea la perspectiva teórica que se adopte, se tendrá
que aceptar que todo espacio se construye y que, por
consiguiente, la no delimitación teórica del espacio tratado (por
ejemplo, llamándole espacio urbano o espacio de intercambio,
etcétera), equivale a remitirio a una delimitación culturalmente
prescrita (por tanto ideológica). Al ser el espacio físico el
despliegue del conjunto de la materia, un estudio "sin a priori" de
toda forma y manifestación "espaciales volvería a establecer una
historia de la materia. Mediante esta reducción a lo absurdo
apuntamos a destruir la evidencia de este
"espacio" y a recordar este postulado epistemológico ele-mental:
la necesaria construcción, sea teórica, sea ideológica (cuando es
"dato") de todo objeto de análisis.
Si esto es así, la famosa especificidad "espacial' de la estructura
social no es más que la expresión "evidente" de una especificidad
relativa a una de las instancias fundamentales de la estructura
social o a sus relaciones. i
Refiriéndose al desplazamiento de la práctica vivida hacia el
campo de las interpretaciones suscitadas por la ideología
dominante, Castells señala en su "Advertencia
final de 1975:
Comencemos, pues, por el espacio. He aquí algo bien material,
elemento indispensable de toda actividad hu mana. Y, sin
embargo, esta misma evidencia le arrebata toda especificidad y le
impide ser utilizado directamente como una categoría en el
análisis de las relaciones socia-les. En efecto, el esbacio, como el
tiempo son dos magni tudes físicas que no nos dicen nada como
tales, sobre la relación social expresada o sobre su papel en la
determinación de la mediación de la práctica social. Una
"sociología del espacio" no puede ser más que el análisis de
determinadas prácticas sociales dadas sobre cierto espacio, y por
lo tanto, sobre una coyuntura histórica.
(...) Asi pues, desde el punto de vista social, no hay espacio
(magnitud física pero entidad abstracta en cuanto práctica), sino
un espacio-tiempo históricamente defi-nido, un espacio
construido, trabajado, practicado por las relaciones sociales.+
De los textos citados y del conjunto de la exposición, se puede
deducir la concepción castellsiana del "espacio"
cuyos rasgos fundamentales serían:
1. A pesar de todas las llamadas de atención, termina por aceptar
el concepto de "espacio" como categoría analítica y, de hecho, lo
utiliza ampliamente en la teorización de lo urbano. Sin embargo,
busca tomar distancia crítica con respecto a las utilizaciones más
corrientes y vulgares del concepto, recurriendo para ello a darle
un contenido diferente, apoyándose en los elementos del
materialismo histórico.
1 Caracteriza al "espacio" como realidad material, físi-ca,
elemento indispensable de toda actividad humana, et-cétera,
dejando entrever que se le identifica a la naturaleza como soporte
general de toda la vida social. Al mismo tiempo, se le define como
"forma social, inexplicable al margen de las relaciones sociales
concretas que sobre él se despliegan y que lo "construyen" tanto
en la práctica como en la teoría. Se llega así a la identificación del
concepto de "espacio", al de "espacio social", utilizado en la
teorización.
2 La "construcción" teórica del "espacio" es, pues, el
"análisis de determinadas prácticas sociales dadas sobre cierto
espacio" entendido como naturaleza, o el "despliegue y
especificación de la teoría de la estructura social" que explica las
características de la forma social "espacio"; no hay, pues, "teoría
del espacio" por fuera de las ciencias
sociales.
1 Señala insistente y reiteradamente el peligro de caer en una
concepción "ideológica" del "espacio", si no se le construye
teóricamente, como forma social producida por las relaciones
sociales históricamente determinadas, si no se le delimita o
califica en función de la materialización de relaciones concretas.
2 Finalmente, acepta críticamente como punto de partida
indispensable, pero elemental, que "la ciudad" es "la proyección
de la sociedad en el espacio" construido teóricamente de acuerdo
a los supuestos esbozados. La fórmula que subrayamos tiende a
identificar "espacio social" y
"ciudad", al menos como forma fundamental de éste. (Esta
reducción se mostrará claramente en el desarrollo de la teo-
rización y ocupará un lugar en nuestra crítica posterior).
El llamado de atención de Castells sobre el peligro de caer en una
interpretación ideológica del "espacio", así como algunas
reflexiones propias y ajenas • nos han llevado a una revisión
amplia de las concepciones acerca del "espa-cio* t y, a través de
ella, a la conclusión de que no es la teorización específica, el
contenido que se le asigne y el método para analizarlo, sino el
concepto mismo de "espa-cio" en el ámbito de las ciencias
sociales -la teoría "regio-mal y urbana" incluida-, el que tiene un
carácter ideoló gico, no científico, y que Castells cae de lleno en
esta ideología, al querer construir una teoría sobre un objeto
ideológico y no sobre un proceso real; reconocemos sin embargo
que al llevar a cabo este esfuerzo fallido, logra desvelar las
teorizaciones más vulgares sobre el "espacio" y allanar un poco el
camino. Pero el objeto ideológico sigue allí como obstáculo.
A. Un concepto vulgarizado
La primera característica del concepto de "espacio" es su
vulgarización. Ampliamente integrado al lenguaje común, se ha
convertido en un lugar común utilizado por intelectuales y
profanos como una especie de "joker" o "comodín" de la baraja del
lenguaje; se usa indistintamente en todos los campos de la vida
cotidiana para designar cualquier tipo de relación aparente, o
reemplazar lingüísticamente aquéllas reales, pero imprecisas o
indefinidas. Lo hallamos en las matemáticas, la física, la biología,
la geografía, la escultura, la pintura, la música, la literatura, la
arqui tectura, el urbanismo, la economía, la sociología, la histo-ria,
la antropología, la "ciencia" regional y urbana, la política, la
astronomía, la aeronáutica, la religión, etcétera.
En cualquiera de estos campos, científicos o ideológicos, el
"espacio" puede designar una relación real o imaginaria, concreta
o abstracta, práctica o teórica; puede descompo-nerse,
segmentarse, sectorializarse o totalizarse; es, a la vez,
mensurable empíricamente o inconmensurable, como abstracción
en el pensamiento o percepción subjetiva de algo material o
inmaterial; es, unas veces, realidad y otras representación de algo
real o inmaterial.
Esta ambigüedad y vulgarización se presenta también en el ámbito
de lo físico producido socialmente. El "espa cio escultórico" es
externo; el "arquitectónico", a la vez, externo e interno el
"urbano", relación externa entre objetos producidos, pero limitado
en el territorio por el
"vacío" en contraposición con el "lleno de la concentra-ción; el
"rural" o "regional" es, por el contrario, ilimitado,
no referido a los abietos inmobiligrios sino a los estureles (¿O a un
sector de la producción?), o a límites abstractos y definidos
subjetivamente. El "espacio territorial" se segmenta de acuerdo a
las necesidades de la elaboración teórica ('homogéneo",
"polarizado", "banal", etcétera), de la acción planificadora y los
niveles administrativos correspondientes ("nacional", "estatal",
"provincial', "munici-pal", etcétera), o puede sectorizarse según el
tipo o esfera de relación de que se trate ('geográfico",
"económico", "po lítico", "ideológico", etcétera), el elemento
particular de estas esteras ("industrial", "comercial", de
"consumo" etcétera), o el nivel de complejidad real o deseado ("de
la firma", "de la rama", "del sector", etcétera)... En todos estos
casos, puede ser real y objetivo, pensado en la abstracción teórica
o ideológica, o simplemente "percibido" por los sentidos diversos
del observador común o el ana-lista-investigador.
Es difícil encontrar algo real o imaginario, práctico o teórico, más
omnipresente, dúctil y maleable, universal y particular, total y
parcial... que el "espacio
La primera inquietud que nos surge, desde el punto de vista de la
teoría, es: ¿Cómo puede un concepto científico aparecer en tantos
campos del conocimiento y de la práctica real, designando
aparentemente relaciones tan diversas, reales o figuradas,
concretas o abstractas? La única respuesta podría ser que el
"espacio" designa la evidencia aparencial de las relaciones físicas
entre obietos materiales concretos o su abstracción en el
pensamiento a pesar de que ellas sean de naturaleza totalmente
diferente, si pasa-inos de su descripción aparente al análisis de su
esencia en cualquier ámbito específico del conocimiento
científico.
Ello ubica de lleno al concepto vulgarizado en el campo de los
conceptos ideológicos, carentes de delimitación pre-cisa, de
especificidad, de contenido concreto, pero moldeables a
realidades prácticas totalmente diferentes, gelatino-sos,
metamortoseables, reductibles o ampliables, que a la vez que
tienen un significado reconocible socialmente hay que llenarlos de
contenido, refiriéndolos a un proceso o teoría concreta, mediante
la adición de calificativos o la construcción de definiciones en
cada caso concreto.
De lo anterior se deduce la segunda característica ideoló gica del
"espacio". Para ser usado en cada disciplina científica o práctica
social, para que tenga un significado o denote una relación
concreta, es necesario recurrir a dos procedimientos sucesivos e
inevitables: añadirle la especi ficación, el referente a un proceso
concreto de la reali dad ("pictórico", "escultórico",
"arquitectónico", "sideral",
"económico" "geográfico", "social", "urbano", "regional", etcétera);
en segundo lugar, es necesario definir el tipo de relación
designada en el ámbito concreto del pensamiento teórico o
técnico correspondiente a la explicación de los fenómenos reales,
o construir su reconocimiento so-cial. De allí, los inevitables
"apodos" del "espacio", las múltiples definiciones y los
interminables debates en torno a ellas, resueltos sólo en el campo
filosófico -ideológico por naturaleza para el marxismo-, o en el
puramente parcelario de una disciplina haciendo caso omiso de
las otras múltiples disciplinas y sus "espacios" propios.
Todo concepto científico remite a una realidad con creta, objeto
de la abstracción teórica, explica una forma, un proceso, una
relación, o sintetiza una ley de ese proceso particular diferente de
otros, y connota esa realidad en el pensamiento, tiene un
significado propio. Cuando en el campo de la economía (o la
sociología) hablamos de "tra-bajo", como concepto más general,
sabemos a ciencia cierta a qué relación general y abstracta nos
referimos y si es necesario especificarlo en términos de trabajo
"abstracto* o "concreto", "simple" o "complejo", "esclavo", "servil"
o
"asalariado", no es para darle un contenido al concepto mismo, el
cual ya posee, sino para diferenciar las formas particulares que
asume esa relación precisa en la elaboración científica, o en la
realidad histórica y socialmente datada. El "espacio" no es un
concepto general de las ciencias sociales; mucho menos un
concepto histórico concreto (como el de plusvalía) cuyo contenido
e historicidad son propios y definidos claramente por la teoría; sus
"apodos" no precisan formas particulares que éste asume, pues al
apli- carlos, por el contrario, producimos un efecto de ruptura,
remitimos a objetos o procesos diferentes y, por tanto, a
reconocimientos sociales diferentes.
La connotación de "social" dada por Castells al "espa-cio" y el
esfuerzo de referirlo a las relaciones sociales históricamente
determinadas es una búsqueda insatisfactoria de contenido
científico para un concepto que, por ser ideológico, carece de él o
los tiene múltiples, variables y difusos.
C. Un concepto indefinido, o definido tautológica o
ideológicamente
Harvey tiene toda la razón cuando afirma que ". la naturaleza del
espacio sigue siendo algo misterioso que la investigación social
no ha logrado desvelar'. Como todo concepto ideológico, parece
flotar "en el espacio", por encima de las realidades concretas y
definibles a pesar de que aparentemente designa una realidad
material. Recono-cido, apropiado y utilizado por todos, forma parte
del lenguaje común de todos los agentes sociales, en todas las
esferas de las relaciones sociales, pero cada sujeto se lo apropia,
reconoce y utiliza con contenidos diferentes. Para muchos es
indefinible, para otros es susceptible de múltiples definiciones
simultáneas, sucesivas, segmentarias, par-celarias. Para algunos
se define por sí mismo, o no es necesario definirlo por constituir
una "esencia" de la naturaleza y la sociedad. En el campo del
"análisis arquitectónico y urbano", se reproducen todas estas
manifestaciones del
"misterio del espacio
En muchos de los autores revisados, el "espacio" es un
"dato" que no es necesario definir, simplemente se remite al lector
al saber, al reconocimiento o la apropiación que le sea propio, o
dicho de otra forma, a su apropiación subje. tiva de uno cualquiera
de los significados que le asigna la ideología social en sus
múltiples y desiguales niveles de desarrollo. No es necesario
definirlo, pues su contenido es conocido por todos desde la cuna.
Otros, sin embargo, en un afán de rigor teórico, se formulan la
pregunta ritual: ¿Qué es el espacio? Surgen entonces las múltiples
respuestas, las múltiples definiciones, según la vertiente o el
rincón de la ideología donde se coloquen o de la que se reclamen.
La primera salida consiste en definir el "espacio" por sí mismo, es
decir, recurrir a la tautología. Para Zevi, Ja-cobsen y Mendoza,
"Espacio es la envolvente en la que todo tiene sitio, lugar o
posición", o la "caja de muros construida para contener un vacío
interior", y, ampliado a lo urbano, a la edilicia, constituye el "vacio
interior a la ciudad, o exterior, pero ligado a los espacios
interiores de cada obra arquitectónica".& Aunque estas
definiciones comparten la tendencia a la transposición del
concepto de la geometría a otros campos del conocimiento, su
rasgo central es el de fijar sus características, su contenido,
recurriendo al "espacio" mismo; son definiciones circulares que
conducen siempre al punto de partida de lo definido, para
construir la definición.
A nuestro juicio, Castells es tributario de esta tendencia al afirmar
que "No existe teoría específica del espacio, sino simplemente
despliegue y especificación de la teoria de la estructura social...
que permita explicar... la forma social... espacio", o, que "la
sociología del espacio no puede ser más que el análisis de
determinadas prácticas sociales dadas sobre cierto espacio... Otro
ejemplo de este crata-miento tautológico, en el "campo marxista"
es de Lipietz, quien, tratando de marchar "hacia una problemática
marxista del espacio, afirma que "este espacio concreto, que
llamamos espacio social o socioeconómico, es un 'concreto de
pensamiento que reproduce en el pensamiento la realidad social
en su dimensión espacial, realidad que llamaremos del mismo
modo" y, "el espacio social es la dimensión espacial de la
sociedad considerada como totalidad"o
La segunda salida consiste en remitir el "espacio" al ámbito de las
"esencias" de la filosofía que, por serlo, están por encima de toda
sospecha y es superflua su caracteriza-ción. Para Lefebvre,
El espacio es la forma pura, la transparencia, la inteligi-bilidad. Su
concepto excluye la ideología, la interpre tación, la no sapiencia.
En dicha hipótesis, la forma pura del espacio, desprendida de todo
contenido (sensible, material, vivido, práctico) es una esencia, una
idea ab. soluta... el espacio se presenta tal como coherencia y
modelo de coherencia. Articula lo social y lo mental, lo teórico y lo
práctico, lo ideal y lo real. (...) Toda de. finición del espacio, o
investigación sobre el espacio, implica un concepto del espacio,
aun cuando no fuese más que para enunciar y clasificar las
proposiciones. En el campo de dicha problemática, el espacio es
un "puro" objeto de ciencia. Por lo que se refiere a lo "vivido", ei
espacio jamás es neutro ni "puro. Lo que establece de buenas a
primeras una distancia entre la problemática del espacio vivido y
la del espacio epistemológico, planteado éste como neutro. 10
Existen pues dos "espacios", el "puro", esencial, existente sólo en
el ámbito de la filosofia (¿o la "metafísica"?), y el real, "vivido" o
"social", que se define en relación al primero y que, por ello, se
convierte también en una esen-cia, dotada de cualidades propias,
que se convierte en totalidad y subsume a la sociedad, que se
"produce", ciene
"contradicciones", por el que se "lucha". Para Lefebvre, el
"espacio" se convierte en la categoría de lo social, en una
categoría absoluta que por más que se la quiera someter a los
imperativos histórico-sociales, se coloca siempre por encima de
ellos, como esencia eterna y histórica. La ciu-dad, máxima
especificación del "espacio", se convierte tam-
E. Un concepto que une a idealistas y materialistas
Finalmente, nos llama poderosamente la atención el hecho de que
el concepto de "espacio', con diferentes construcciones
interpretativas, aparezca por igual en las teorizaciones idealistas
burguesas y "materialistas histórico-dialécticas" sobre la sociedad
y sus relaciones con la naturaleza. Esta coincidencia, ya sea que
surja de la transposición conceptual de las matemáticas, o que se
apoye en la filosofía, o en el saber común -la ideología "común"-,
aparece harto sospechosa en la medida que son explicaciones de
la relación naturaleza-sociedad que se construyen sobre teorías
totalmente diferentes, que explican las relaciones sociales a partir
de los intereses objetivos de los polos antagónicos de las
contradicciones sociales, cuyos conceptos, leyes cons-tirutivas y
método son no sólo diferentes, sino opuestas, y se enfrentan en
todos los ámbitos de la lucha de clases.
¿Será diferente la oposición y, por tanto, posible la coincidencia
conceptual en el campo de las expresiones territoriales de las
relaciones naturaleza-sociedad? En el análisis científico pensamos
que no. Ello sólo sería posible en el ámbito de las apariencias, de
las evidencias empíricas, de las representaciones ideológicas; o,
dicho de otra forma, creemos que esa coincidencia conceptual, al
margen de los diferentes contenidos interpretativos, expresa el
lazo co-inún, no cortado aún por los autores materialistas, que se
anuda en ei "espacio de la ideologí burguesa.
F. Malerialismo histórico-dialéctico y "espacialismo"
El materialismo histórico-dialéctico no tiene como obieto
científico el análisis del funcionamiento de la naturaleza, Di sus
conceptos y leyes han sido construidas para ello; ese es el campo
de las llamadas "ciencias naturales". Tampoco tiene como objeto.
ni interpreta, las características materiales de la materia
producida como resultado de las relaciones naturaleza-sociedad:
los objetos arquitectónicos y urbanos y los naturales articulados a
ellos, cuya estructura,