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Rut: Esperanza y Fe en la Adversidad

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¿Amargados o esperanzados?

- desde la mirada de Rut

Introducción

Este documento cuenta con la información teórica dada en el taller de manera más dinámica y con diferentes
recursos. Esperamos que sirva a modo de base para seguir estudiando el libro y poder utilizarlo en sus
comunidades.

¿cómo estamos viviendo el presente? ¿Cómo es nuestra mirada hacia el futuro? ¿Confiamos en la
providencia? ¿vivimos amargados por lo que nos sucede? ¿o vemos a Dios hasta en el sufrimiento?

Todo esto vamos a ir trabajándolo desde un texto que quizás para muchos no es muy conocido, pero que
en solo 4 capítulos nos muestra cómo nuestra forma de ver la vida, y el lugar que le demos a Dios en ella,
pueden cambiarlo todo.

Estamos hablando del libro de Rut, que es el primero de la sección de Narraciones en la Biblia. Libro que es
reconocido por los judíos (protocanónico). Aquí nos encontramos con tres personajes principales: Rut,
Noemí y Booz. Leamos la introducción de la historia:

“En tiempo de los Jueces hubo hambre en el país, y un hombre emigró, con su mujer y
sus dos hijos, desde Belén de Judá a los campos de Moab. 2 Se llamaba Elimélec; su
mujer, Noemí, y sus hijos, Majlón y Ki lión. Eran efrateos, de Belén de Ju dá. Lle gados
a la campiña de Moab, se establecieron allí.” (Rut 1, 1-2)

Si bien este libro fue escrito en la época persa, en el 500 a.C, enmarca su relato en la época de los jueces
(1200 a 1050 a.C).
¿Quiénes son los jueces?

El libro de los Jueces constituye el segundo de los llamados Históricos en la Biblia. Este libro trata sobre
aquellas personas elegidas por Dios para defender al pueblo de Israel de sus opresores extranjeros.
Recordemos que el pueblo de Dios ha llegado a la tierra prometida (libro de Josué), pero todavía no ha

logrado “reclamar” su espacio, sino que es agredido y oprimido por aquellos que originalmente habitaban
esas tierras.

Los jueces, lejos de la imagen legal que tenemos en nuestra mente, son diferentes personajes elegidos por
Dios que van salvando y conquistando y , además, son instrumento para volver a acercar al pueblo a Dios.
Un pueblo que, debido al sufrimiento, constantemente se olvida de Dios y hasta le reclama.

Recordemos que en este punto,


los que se encontraban en la
tierra prometida no eran las
mismas personas que habían
salido de Egipto, eran nuevas
generaciones que no conocían
en primera persona cómo Dios
había asistido a su pueblo
mientras caminaban por el
desierto. Es por eso que
constantemente se olvidaban y
eran tentados a adorar a otros
dioses.
En el libro de los Jueces vemos
un ciclo que se repite ¿nos
sentimos identificados? ¿no es
nuestra vida así también?
El libro de Rut, narra la historia “en tiempo de los Jueces” (Rut 1,1). Es así que quizás lo que busca en
enmarcar su historia en este contexto en que el pueblo se alejaba constantemente de Dios. Quizás Rut y
su historia buscan acercar nuevamente al pueblo de Israel, y a nosotros, a Dios.

Diferencias entre ambos libros

El libro de los Jueces se caracteriza por la violencia y la guerra, la conquista y el espacio público de la
política en el que actúan los hombres.

El libro de Rut, en cambio, se caracteriza por la paz, el diálogo, el mundo de la convivencia privada más
típico o estereotípico de las mujeres. Y este contraste es más palpable en lo que a las mujeres se refiere.
Si la concubina no tenía voz, ni palabra, ni un grito siquiera para pedir ayuda, si se encontraba sometida,
dependiente como propiedad del marido... en Rut aparece todo lo contrario: son mujeres independientes,
solas, protagonistas de sus propias vidas que pueden amar y sentirse amadas. Y la figura masculina
central, Booz, difiere de las figuras de los hombres del libro de los Jueces y aparece, asimismo, en fuerte
contraste.

¿Quiénes eran los moabitas?

En el primer versículo vemos que existe un


movimiento desde Belén hacia Moab. Belén
quiere decir “tierra del pan”, pero vemos aquí
que en este momento había hambre y escasez.
De esta manera la familia de Noemí decide
moverse a tierra extranjera.

El origen de este pueblo es incestuoso, ya


que los habitantes de Moab son descendientes
de la relación de Lot (sobrino de Abraham, con
su hija mayor (Gn 19,37). ¿Se puede esperar
algo bueno de estos hijos del pecado?

En este contexto, es importante mencionar que


el pueblo de Moab, de donde Rut es originaria
y desde donde se mueve junto a su suegra, es
uno de los pueblos que oprimía a Israel (como
indica Jue 3). Es decir que no solo era extranjera, sino que además pertenecía a un pueblo que había hecho
sufrir al pueblo de Dios.

Dt 23,4 dice: El amonita y el moabita no serán admitidos en la asamblea del Señor; ni aún en la décima
generación serán admitidos en la asamblea del Señor, nunca jamás.

Dos mujeres viudas

Elimélec, el marido de Noemí, murió, y quedaron con ella sus dos hijos, que se casaron
con dos mujeres moabitas: una se llamaba Orfá y la otra Rut. Pero al cabo de diez años
de residir allí, murieron también los dos hijos, Majlón y Kilión, y la mujer se quedó sin
marido y sin hijos. (Rut 1,3-5)
Este libro relata la historia de 2 mujeres que se encuentran en una situación triste y devastadora: ambas han
quedado viudas. En los tiempos bíblicos, las viudas formaban parte de un grupo de personas marginadas,
al morir el hombre, no tenían sustento para vivir, quedaban desamparadas.

Noemí se queda entonces sola con sus dos nueras que eran extranjeras.

Al enterarse de que el Señor había atendido a su pueblo dándole pan, Noemí con sus dos
nueras emprendió el camino de vuelta desde la campiña de Moab. En compañía de sus dos
nueras salió del lugar donde residía, y emprendieron el regreso al país de Judá. Noemí dijo a
sus dos nueras: –Váyanse, vuelvan cada una a la casa de su madre. Que el Señor las trate
con piedad, como ustedes lo hicieron con mis muertos y conmigo. El Señor les conceda vivir tranquilas en
casa de un nuevo marido. Y las abrazó. Ellas, rompiendo a llorar, le respondieron: –¡De ningún modo!
Volveremos contigo a tu pueblo. Noemí insistió: –Regresen, hijas mías. ¿Por qué quieren venir conmigo?
¿Yo ya no voy a tener más hijos que puedan casarse con ustedes? Vayan, hijas mías, vuélvanse, que soy
demasiado vieja para casarme. Y aunque pensara que me queda esperanza, y me casara esta noche, y
tuviera hijos, ¿van a esperar a que crezcan, van a renunciar, por ellos, a casarse? No, hijas. Mi suerte es
más amarga que la de ustedes, porque la mano del Señor se ha desatado contra mí. De nuevo rompieron
a llorar. Orfá se despidió de su suegra y volvió a su pueblo, mientras que Rut se quedó con Noemí. (Rut 1,
6-14)

En este espacio vemos dos elecciones: por un lado tenemos a Orfá que hace lo que todos haríamos:
volver a nuestra familia.
Por otro lado, tenemos a Rut, que hace algo más de lo que esperaríamos. Se entrega totalmente a su suegra
pensando en ella y no en sí misma, y le hace una hermosa promesa “A donde tú vayas, yo iré, donde tú
vivas, yo viviré, tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios” (1,16) diciéndole que es capaz de
dejar todo, incluso sus dioses paganos, para acompañar a su suegra y velar por su bienestar.

Aquí vemos su fidelidad y su incorporación a Israel; ella pasa a ser parte del pueblo de la promesa por
su elección. El alcance de la salvación no depende de nuestros orígenes. Por medio de Rut, el pueblo de
Israel, y todos nosotros, estamos llamados a ver la universalidad de la salvación, y cómo nuestra decisión
es también clave.

La amabilidad, esa misericordia, el llamado “hessed”, es hacer más de lo que se espera “si uno te pide
que le des el manto… dale la túnica”. (Lc 6,29)
Se necesita gente que actúe por propia magnanimidad para que la vida sea novedosa y
sobreabundante.

Llegan las dos mujeres a Belén, Noemí sigue lamentándose de su realidad. En este punto, Noemí, cuyo
nombre quiere decir “alegría, dulzura” dice a todos que la llamen Mara, que quiere decir “amargada”.
Pensemos aquí cuantas veces nos ponemos etiquetas, hacemos de una situación una realidad, nos
limitamos a nosotros mismos, nublando nuestra mirada a lo que sea que Dios pueda estar regalándonos.
Noemí se siente abandonada por Dios.

El capítulo 1 termina diciendo que en Belén empezaba la cosecha de la cebada (1, 22).

La Fiesta de la cosecha era una de las festividades importantes para los israelitas.

“Observarás también la fiesta de la siega, de las primicias de


cuanto han producido, los campos por ti sembrados...” (Ex 23,16) SOBRE EL DERECHO A
ESPIGAR: LV 19,9-10;
23,22
“Celebrarás la fiesta de las semanas, la fiesta de las primicias de
la siega de los trigos.” (Ex 43,22)
“Contarás siete semanas; a partir del día en que empieces a cosechar contarás siete semanas, y
celebrarás la fiesta de las Semanas en honor del Señor, tu Dios. La oferta voluntaria que hagas será
en proporción a lo que te haya bendedcido el Señor. Celebrarás la fiesta en presencia del Señor, tu

Dios, con tus hijos e hijas, esclavos y escalvas, y el levita de tu vecindad, con los emigrantes,
huerfanos y viudas que haya entre los tuyos...” (Dt 16,9-11)

Es así que Rut va a recoger espigas a un campo (Rut 2). El derecho a espigar era una practica que se daba
para asistir a los marginados y necesitados. Según Dt 24,19-22, el derecho a espigar corresponde a
emigrantes, huérfanos y viudas. (Sobre el derecho a espigar véanse Lv 19,9-10; 23,22)

En este punto, ya en el capítulo 2, conocemos a Booz, un pariente del marido de Noemí que vivía en esos
campos. La providencia divina, la mano de Dios en esta historia, lleva a Rut a recoger espigas en los campos
de Booz. Booz es muy generoso con Rut, ve la misericordia de ella para con su suegra y se enternece.

Rut se echó, se postró ante él por tierra y le dijo: –Yo soy una forastera, ¿por qué te he caído en
gracia y te has interesado por mí? Booz respondió: –Me han contado todo lo que hiciste por tu
suegra después que murió tu marido: que dejaste a tus padres y tu pueblo natal y has venido a
vivir con gente desconocida. El Señor te pague esta buena acción. El Dios de Israel, bajo cuyas
alas has venido a refugiarte, te recompense abundantemente. (Rut 2, 10-12)

Rut va detrás recogiendo las “sobras”. Booz la comienza a tratar bien, la deja recoger, cumple la ley;
primero le da cobijo, sin juzgar. Pero da un paso más y la invita a comer (Rut 2,14-15).
Ante la pregunta de Rut que está sorprendida por su amabilidad (Rut 2,10), él le dice “te trato con
amabilidad por como tú trataste a Noemí”.
Booz se porta bien con Rut porque ve la “hessed” en Rut. Y acá se deja traslucir la misericordia de Dios a
través de los gestos de Rut y Booz.

Al volver a su casa, Rut comenta a su suegra donde había estado trabajando, y ésta reconoce
inmediatamente en Booz a uno de los que debía responder por ellas (Rut 2,20). En estos tiempos, cuando
una mujer quedaba viuda sin haber tenido hijos, existía la práctica de que el pariente más cercano se
hiciera cargo de la viuda, casándose con ella. Este pariente es llamado “go’el” que quiere decir “redentor”
le devolvería el sustento y la sacaría de su desgracia (ley del levirato).

“Si dos hermanos viven juntos y uno de ellos muee sin hijos, la viuda no saldrá de casa para casarse con
un extraño; su cuñado se casará con ella y cumplirá con ella los deberes legales de cuñado; el primogénito
que nazca continuará el nombre del hermano muerto, y así no se borrará su nombre en Israel.” (Dt 25,5-6)

Aquí llegamos a un punto clave en el relato. Luego de que Rut trabaja durante toda la cosecha y ésta termina,
se produce un encuentro central entre ella y Booz. En el capítulo 3 se narra que, impulsada por un plan de
Noemí, Rut se encuentra con Booz en medio de la noche, y le pide que cumpla su “derecho a rescatarla”
casándose con ella.

Un día su suegra le dijo: –Hija, tengo que buscarte un hogar donde vivas feliz. Resulta que Booz,
con cuyas criadas has estado trabajando, es pariente nuestro. Esta no che va a ir a al campo a
separar el grano de la paja. Tú lávate, perfúmate, ponte el manto y baja allá. Que no te vea
mientras come y bebe. Y cuando se eche a dormir, fíjate dónde se acuesta; vas, le destapas los
pies y te acuestas allí. Él te dirá lo que has de hacer. Rut respondió: –Haré todo lo que me dices.
(Rut 3, 1-5)

El relato de esta noche junta sugestión con ironía. Una ironía del narrador respecto a los lectores (este
capítulo se saltaba en las lecturas publicas monacales). Acumula expresiones de posible sentido sexual,
azuza la expectación del lector y al final le hace saber que no ha pasado nada. Baño y perfume son como
los de la novia el día de la boda (Ez 16,9; es el recurso de Jdt 10); el verbo "acostarse" reiterado; el doble
sentido de "pies", eufemismo corriente; el acompañar la cena bebiendo vino (Jdt 12, 17-20); el escalofrío o
estremecimiento del hombre dormido. ¿Qué falta? -¡Falta todo!, aquí́ no ha pasado nada.

La noche y la era: dos factores conjugados que crean el clima de sugestión. La noche, por fin, después de
tantos días de trabajo, de sol a sol. La noche preferida por el Cantar de los cantares (3,1; 5,2). Pero aqui,
esta escena está llena de ternura, la escena no llega a nada que no sea un encuentro donde Booz termina
de caer ante los encantos de Rut.

Booz la bendice y le dice que sabe que debe responder por ella (Rut 4, 10-12), la cuida y se encarga de que
nadie vea que ha ido a visitarlo de noche.

Es aquí a donde le confiesa que existe un pariente más cercano a ellas que debe ser quien las rescate. Booz
obra de manera justa, y se acerca a decirle esto al “fulano”, como lo nombra el relato. Sin embargo, no lo
hace sin utilizar su ingenio. Ofrece al fulano primero las tierras, a lo que éste dice que sí, pero luego aclara
que debe casarse con Rut, y ante esta cláusula el hombre dice que no podrá hacerlo, ya que representaría
una complicación al momento de heredar a sus hijos. Es así que cede el derecho a Booz (Rut 3,6). El
egoísmo de este fulano da lugar a la generosidad de Booz.

Antiguamente había esta costumbre en Israel, cuando se trataba de rescate o de una compra-
venta: para cerrar el trato se quitaba uno la sandalia y se la daba al otro. Así se hacían los tratos
en Israel. Así que el otro dijo a Booz: –Cómpralo tú. Se quitó la sandalia y se la dio. Y entonces
Booz dijo a los ancianos y a la gente: –Hoy los tomo por testigos de que adquiero todas las
posesiones de Elimélec, Kilión y Majlón de manos de Noemí, y de que adquiero como es posa
a Rut, la moabita, mujer de Majlón, con el fin de conservar el apellido del difunto junto con su herencia, para
que no desaparezca el apellido del di funto entre sus parientes, ni sea olvidado en este pueblo. ¿Son
testigos? Todos los allí presentes respondieron: –Somos testigos.(Rut 4,7-10)

Gesto con la sandalia: el Deuteronomio nos dice que cuando no se cumple la ley de levirato la viuda le quita
la sandalia y lo escupe (Dt 25, 9-10), en señal de que ese derecho no es suyo. De la misma manera vemos
a Moisés cuando se encuentra con el Señor en la zarza, y éste le dice “quítate las sandalias porque estas
pisando tierra sagrada”; el pisar la tierra con las sandalias era señal de posesión; Moisés no podía pisar esa
tierra porque le pertenecía a Dios. Aquí el fulano se quita la sandalia y se la da a Booz, Así el renuncia el
derecho de propiedad sobre la tierra y sobre Rut, y sella el trato entre ambos.

Luego de todas las bendiciones y la boda, vemos que Rut y Booz tienen un hijo (v.13) a quien le ponen por
nombre Obed (Servidor). Este hijo llena de alegría a todos, en especial a Noemí, quien se alegra
profundamente y deja de ser esa Mara que veíamos al principio del relato. Asimismo, Obed abre camino
hacia David y luego hacia Jesús, porque resulta que será e abuelo del rey David quien luego continuará su
descendencia hasta el Mesías.

Al final, esta historia que comienza entre lamentos y tristezas, termina con alegría y esperanza, esa
esperanza que no debemos perder, aunque las circunstancias de nuestra vida parezcan insuperables.

Observaciones finales

 El libro de Rut Se lee en pentecostés (durante la fiesta judía de la cosecha), en el día de “la ley”.
Así se refuerza que la misericordia es la base de la ley.
 Nos muestra la importancia de hacer fecunda la vida de otros, de hacer posible que otros tengan
esperanza.
 Nos deja entrever que cuando las cosas van mal hay que abrirse a buscar la respuesta afuera y no
quedarse esclavo del problema.
 Rut hace posible que David nazca es anticipo de María la que hace posible la gracia de Dios.
 José y Booz secundan la gracia de la mujer en donde actúa Dios.
 La gracia de Dios sale en los pequeños, de los nada importantes, de los extranjeros o las viudas.
A simple vista, el libro de Rut es un hermoso cuento que narra la vida doméstica de dos mujeres. Esta
historia, si bien parece casi como un cuento, como todas las narraciones en la Biblia, es un Texto
VIVO, hoy nos quiere hablar, y dar un mensaje importante a cada uno. Quizas estamos
desesperanzados como Noemí, quizás somos esas personas que van al frente y siguen adelante con
fidelidad como Rut, o quizás estamos llamados a rescatar como Booz.

Este libro se mueve de la tristeza a la alegría, de la angustia a la esperanza, del desamparo a la protección,
y de la escasez a la abundancia. Un poco como en nuestra misma vida. Rut y Noemí como personajes
principales, emergen con fortaleza de la amistad/amor en la narración, para poder vencer todos los
obstáculos que se le presentan.

En la narración, estamos invitados a descubrir a un Dios “silencioso”, que va transformando su historia,


no a través de sueños o mensajeros, sino que está presente en la cotidianeidad, en el sustento de cada
día, presente aun en el dolor y en la providencia.

La esperanza cristiana, de hecho, no engaña ni defrauda, porque está fundada en la certeza de


que nada ni nadie podrá separarnos nunca del amor divino: «¿Quién podrá entonces separarnos
del amor de Cristo? ¿Las tribulaciones, las angustias, la persecución, el hambre, la desnudez, los
peligros, la espada? [...] Pero en todo esto obtenemos una amplia victoria, gracias a aquel que nos
amó. Porque tengo la certeza de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los principados, ni lo
presente ni lo futuro, ni los poderes espirituales, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra criatura podrá
separarnos jamás del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor» ( Rm 8,35.37-39).
He aquí porqué esta esperanza no cede ante las dificultades: porque se fundamenta en la fe y se nutre
de la caridad, y de este modo hace posible que sigamos adelante en la vida. San Agustín escribe al
respecto:«Nadie, en efecto, vive en cualquier género de vida sin estas tres disposiciones del alma: las
de creer, esperar, amar». (Bula de convocación del jubileo ordinario del año 2025, Papa Francisco)

Para cerrar te proponemos escuchar estas dos canciones que llevan a la reflexión. ¿Dónde estamos
parados? ¿A dónde vamos? ¿caminamos con esperanza? ¿anunciamos lo que hemos visto y oído?

No podemos callar ¿A dónde vas?

Bibliografía
Material proporcionado por Dra Verónica Talamé
Biblia del Peregrino - Luis Alonso Schokel
Rut y Ester - José Vílchez.
Los libros de josué, jueces y Rut - Mercedes Navarro
Comentario-Al-Antiguo-Testamento-I-pentateuco-y-libros-históricos.
Cautivados por La Palabra - Padre Manuel pérez tendero
Bula de convocación del Jubileo Ordinario del año 2025 - Papa Francisco

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