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Maria

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MARÍA

KAROL ZHARICK ORTIZ LIZARAZO

INSTITUTO TÉCNICO MARÍA INMACULADA


LENGUA CASTELLANA
VILLA DEL ROSARIO
2023
MARÍA

KAROL ZHARICK ORTIZ LIZARAZO

10-01
ROSA INÉS MORALES GUTIÉRREZ

INSTITUTO TÉCNICO MARÍA INMACULADA


LENGUA CASTELLANA
VILLA DEL ROSARIO
2023
ÍNDICE
1.1 OBJETIVO
1.2 OBJETIVO GENERAL
1.3 OBJETIVOS ESPECÍFICOS
2. MARÍA
2.1 RESUMEN DE LA OBRA
2.2 BIOGRAFÍA DEL AUTOR
3. CONCLUSIONES
4. WEBGRAFÍA
5. ANEXOS
INTRODUCCIÓN
Se le da inicio a este trabajo que nos dejo la profesora para mejorar nuestra comprensión
lectora, la ortografía y tener más palabras para nuestro vocabulario, la actividad consta de
hacer un resumen de la obra María. El trabajo nos ayudará a obtener más competencias en
nuestra vida academica y cotidiana.
1. OBJETIVO
1.1OBJETIVO GENERAL
Realizar un informe escrito para sintetizar la obra María.
1.2OBJETIVOS ESPECÍFICOS
-Comprar la obra la Maria.
-Leer el libro en tiempos libres.
-Formular un resumen de la obra..
-Estructurar el informe en Word.
-Presentar el trabajo.
2. MARÍA
2.1 RESUMEN DE LA OBRA
Capítulo 1
Era yo un chiquillo cuando mis padre mandaron para el colegio mas famoso de toda la
replúbica. Logre dormir la víspera del viaje tenia un presentimiento de los muchos que
habría de después.
La mañana siguientes todos mis familiares esperaban ansiosos decirme adiós, Maria
paciente y humilde aguardaba su turno con la manos unidas.

Capítulo 2
Seis años, los últimos de un lujoso agosto me recibieron al regresar al nativo valle. Mi
corazón rebosaba de amor patrio. Era la ultima jornada de viaje y yo gozaba de la mas
perfumada mañana de verano... Estaba mudo ante tanta belleza, cuyo recuerdo había
querido conservar en la memoria por que alguna de mis estrofas, admiradas por mis
condiscípulos, tenían ella pálidas tintas... Así el cielo, los horizontes las pampas y los
cumbres del cauca hacen enmudecer a quien las contempla. Las grandes bellezas de la
creación no pueden aun tiempo ser vistas y contadas: es necesario que vuelvan al alma;
empalidecidas por la memoria fiel.

Capítulo 3
Sentado entre mis padres a la cabecera de la mesa, las mujeres se empeñaban en hacerme
probar su colaciones y cremas, sonrojándose aquella a quien yo dirigiera palabra de
complacencia o admiración.
Maria me ocultaba tenazmente sus ojos mas puede admirar en ellos la hermosura de las
jóvenes de su raza lo mismo que aquellos labios rojos, húmedos y graciosamente
interactivos que me hicieron ver en algún instante el arco simétrico de una bellísima
dentadura.

Capítulo 4
Aquella noche soñé que Maria entraba a renovar las flores de mi mesa y que al salir había
rozado la cortinas de mi lecho con su vaporosa falda de muselina.
Y fue al despertar cuando su voz llego a mis oídos, pura y dulce la misma de antaño pero
mas grave y con amplitud para prestarse a todas las modulación de la ternura y la pasión.
Luego que me hube arreglado la divise a través de la ventana en una de las calles del jardín
acompañada de Emma.
Capítulo 5
Tres días más tarde había de salir con mi padre a visitar sus haciendas cuyo funcionamiento
me inspiraba viva curiosidad e interés.
Como el viaje nos ocuparía varias fechas entristecieron un tanto mis hermanas y me
rogaron más de lo estrictamente necesario. Maria no me suplico pero la vi seguir con los
ojos todos mis preparativos de marcha.
Las pertenencias de mi padre habían mejorado mucho en los últimos años: Una costosa
fábrica de azúcar, muchas fanegas de caña para abastecerla, dehesas con ganado vacuno y
caballar, buenos cebaderos y un hermoso edificio-habitación señalaban lo más notable de la
hacienda en ``tierra caliente ´´.
Los esclavos bien vestidos y contentos hasta donde es posible estarlo en la servidumbre
eran sumisos y cariñosos para con su amo.
Encontré a muchos de los que, siendo niños me enseñaban a poner trampas a las perdices y
guatines en los bosques; todos me reconocieron con señales de agrado.

Capítulo 6
La visita a la hacienda me ocupo cuatro jornadas. Al regreso estaba colocando Maria una
lámpara en una de la mesa del salón, cuando me acerque a saludarla.
Pareciome ligeramente pálida y alrededor de sus ojos había una leve sombra. Imperceptible
para quien la mirara con menos entrega que yo.
Volvía a ella el rostro hacia mi padre que llegaba entonces y pude ver que en el nacimiento
de una trenza conservaba un clavel agostado; acaso el mismo que yo le diera la víspera de
mi salida hacia el valle.

Capítulo 7
Cuando mi padre visito en su último viaje a las Antillas, su primo Salomón acababa de
perder su esposa.
Los dos hombres habían venido juntos a Sudamérica donde mi padre se enamoró de la hija
de un español intrépido capitán de navío luchador por la causa de España y que murió
fusilado en Majagual el 20 de mayo de 1820.

Capítulo 8
Al reunirse para la cena faltaba Maria imagine que sus ocupaciones la habían demorado
más de lo de costumbre.
Emma la disculpo diciendo que desde la tarde padecía dolor de cabeza y en ese momento
parecía dormir.
Yo disimule mis impresiones hablando de las mejoras que encontraba en la finca, pero la
sobremesa duro poco tiempo.

Capítulo 9
Trate al día siguiente de apaciguar dedicándome a la caza en la que mi fiel “Mayo “el perro
más inteligente del lugar me entretuvo espantando garzas de sus dormideros loros que
salían delo guadales y diostedés en el corazón de la sierra.

Capítulo 10
Hice mil esfuerzos para mostrarme jovial aquel día. Durante la comida Hable con
entusiasmo de las hermosas mujeres de Bogotá ponderando intencionadamente las gracias y
el ingenio de mi padre gozaba oyéndome, Emma hubiera prolongado la sobre mesa y Maria
se mantuvo en silencio Aunque sus mejillas palidecieron de una vez.
Capítulo 11
Nunca las auroras de julio en el cauca fueron tan bellas como Maria cuando se me presento
a la mañana siguiente ,momentos después del baño: sus cabellos de carey sombreado,
sueltos a medio rizar la mejillas de color de rosa suavemente desvanecido y en instantes
avivado por el rubor jugando en sus labios aquella sonrisa que en mujeres como Maria
revela una felicidad que no puede ocultar.

Capítulo 12
Una tarde al regreso de mi habitual caminata me pareció notar signos de preocupación en
los criados con quienes tropecé al llegar a casa.
Por Emma tuve la noticia de que Maria había sufrido un ataque nervioso que le hizo perder
el conocimiento.
Corrí a la alcoba de la enferma y dominando las ansias que me impelían a estrecharla contra
mi corazón para volverla a la vida pare desconcertado al pie del lecho. Allí estaba mi padre
volviendo sus ojos de mi a ella varias veces con gesto de muda reconvención.

Capítulo 13
Acababan de sonar las doce en el reloj del salón sentí pasos cerca de mi puerta y la voz de
mi padre que me llamaba:
-levántate, Maria sigue mal. Conviene llamar al doctor.
El acceso se había repetido apenas tarde unos minutos en disponerme a salir.

Capítulo 14
Aquella noche a la hora del refresco estaba con mis hermanas en el comedor esperando a
mis padres que tardaban más tiempo que el de costumbre.
Cuando ambos se personaron en la noble fisonomía de él y en la pequeña arruga
perpendicular que les surcaba en la frente entendí que alguna grave cuestión le tenía
alterado. Mi Madre estaba pálida y sin hacer el menor esfuerzo por mostrarse tranquila me
dijo al llegar a la mesa:
- Olvidaba que José estuvo esta mañana a convidarte a una cacería, pero al saber lo de la
enferma prometió volver mañana temprano.
- Si, ha organizado una batida de osos, dijo distraído
- ¿de osos? ¡tu cazas osos!
- Porque no, es un ejercicio muy agradable, ya lo he practicado con el alguna veces.
- Tu madre y yo tenemos que hablar contigo. Ven luego a nuestro cuarto
Obedecí la orden.

Capítulo 15
Diez días habían trascurrido de aquella penosa conversación con mis padres no me sentía
capaz de cumplir tanta exigencia respecto de la infeliz muchacha y menos aún al conocerla
propuesta de matrimonio de mi amigo Carlos.

Capítulo 16
Estaba yo en plan de marcha cuando Emma llego a mi cuarto se extrañó de verme con aire
de satisfacción
¿adónde vas tan contento?
-Preferiría no tener que ir a ninguna parte -conteste- pero he de ver a Emigdio que se queja
de inconstancia.
¡ que injusto ¡ exclamo entre risas mi hermana. ¡ como va a ser tu inconstante ¡
-¿ de qué te ríes?
-de eso de lo injusto que es tu amigo. ¡Pobrecillo!
-No Emma tú te ríes de otra cosa
-No seas pesado, ven déjame que te peine y te arregle un poco.

Capítulo 17
Camino de la casita de Emigdio atravesé un corto llano en el que la zarza y el rabo de lobo
sobre los gramales humillados y pantanosos. Allí ramoneaban algunos caballejos rapados
de crin y de las cargas y la crueldad de los arrieros que Bufón se hubiese visto perplejo al
catalogarlo entre los cuadrúpedos...

Capítulo 18
No tarde en acudir al comedor pensando en encontrar allí a Maía, pero me engañaba. Al
preguntar por ella a mi madre me respondió:
Como esos señores vienen mañana las muchachas están aviando los dulces. Deben haber
terminado ya.
Iba a levantarme de la mesa cuando José que subía la montaña arreando dos mulas cargadas
de caña brava se paro en el altico desde que se divisaba el interior y grito:
Buenas tardes no pudo detenerme porque llevo una cuchaca y se me hace de noche. Allí
dejo un recado con las niñas madrugue mañana porque la cosa esta segura.

Capítulo 19
Al amanecer del día siguiente emprendí camino a la montaña acompañado de Juan Ángel
portador de varios regalos para mi madre para luisa y su familia. Nos seguía mi fiel `` Mayo
´´ que no me abandonaba nunca.
Pasado el puente del río encontraremos a José y a su sobrino Braulio que venían ya a
buscarme.
Aquel me hablo de su proyecto de caza reducido a intentar un golpe certero contra un
famoso tigre que le mato algunos corderos. Había seguido el rastro del animal y descubierto
algunas de sus guaridas en el nacimiento del río a media legua de la finca.

Capítulo 20
La insistencia de los montañeses me hizo permanecer con ello hasta las cuatro de la tarde
hora en que me puse en camino con Braulio que se empeño en acompañarme.
Cerca ya de mi casa me despedí del valiente cazador y nos separamos hasta la siguiente
oportunidad.
Mi familia estaba aún en el comedor e inferí que Carlos y su padre habían llegado ya.
Desvíe ala derecha salte al huerto y alcance mi dormitorio sin que me vieran.
Mientras colgaba el saco de caza y la escopeta percibí en el comedor un desacostumbrado
ruido de voces. En aquel momento vino de Mi madre.

Capítulo 21
En el comedor los asientos estaban distribuidos de la siguiente forma: Mi padre en la
presidencia de la mesa; a su izquierda, mamá; a la derecha, Don Jerónimo sin interrumpir
su pesada historia por linderos con Don Ignacio; frente a frente María y Emma; después lo
niños.

Capítulo 22
Al levantarse en las primeras horas del día siguiente fui en busca de los aires de nuestro
jardín.
Al cruzar frente a una ventana oí que hablaban, interrumpiéndose para reír, mi hermana y
María. Eran voces especialmente la de esta algo parecido al murmullo de las palomas al
despertar entre los naranjos del huerto.
También Don Jerónimo y su hijo conversaban paseando por el corredor de sus cuartos.

Capítulo 23
Advertida mi madre de nuestro proyecto de caza para el día siguiente dispuso que a primera
hora se nos sirviera el almuerzo a Carlos, a Braulio y a mí.
Como es natural nosotros hablamos de la partida y decía Carlos: Braulio me garantiza que
la carga de mi escopeta esta perfectamente graduada pero insiste que el arma no es tan
buena como la tuya aunque sea de la misma fabrica.

Capítulo 24
Por el momento Carlos no me había hecho ninguna confidencia sobre los motivos que en
mala hora le trajeron a mi casa y no queriéndome verme en peligro de que me hablara de
ellos me encamine al aposento de mi madre. María se hallaba en el costurero sentada en una
silla de cenchas de la cual caía como espuma su falda de muselina blanca. Sobre la
alfombra avíese quedado dormido Juan rodeado de sus juguetes. Ella con la cabeza
ligeramente echada hacia atrás parecido estar contemplado al niño.

Capítulo 25
Aquella tarde...
Por el aspecto preocupado de Carlos adivine que llegaba el momento de afinar los oídos en
velada escucha de su dialogo con Maria. Y así capte de ella estas frases:
Habría sido mejor que usted hablara con ellos solamente... Estimo en cuanto vale el honor
que usted... Comprenda que esta negativa...

Capítulo 26
Sobre la once de la mañana terminado mi trabajo en la oficina de papá me había puesto de
codos en el balcón y contemplaba la obra de la naturaleza.
Sobre el negro y tortuoso camino de lomas divise a Transito y a su padre quien llegaba a
cumplir compromiso con María.

Capítulo 27
Por la mañana siguiente tuve que hacer un gran esfuerzo para que mi padre no adivinara lo
penoso que me era acompañarle a las haciendas de abajo.

Capítulo 28
Una noche mi padre recostado en un catre seguía dictándome luego de bastantes horas de
trabajo. Hasta que el sueño y la fatiga le vencieron.
Entonces disminuí la luz del cuarto cerré ventanas y puertas y aguarde a que despertara
paseándome por el corredor que daba al escritorio.

Capítulo 29
Algunas cuadras antes de llegar las puerta del patio a nuestra derecha y sobre una de las
grandes piedras que dominaba el valle.
Estaba en pie Maria, Emma la animaba para que bajase. Nos acercábamos, la cabellera de
Maria suelta en largos y lucientes rizos.

Capítulo 30
Al día siguiente tuvo lugar el matrimonio de Transito

Capitulo 31
Habíamos llegado. Extrañe ver cerradas las ventanas del aposento de mi madre. Salió a
recibirnos Eloísa. Pidiéndonos que no hiciésemos ruido.
-Papá- dijo- se ha acostado porque está enfermo.
Solamente María y podíamos sospechar los motivos. Al advertir el nuestra alarma quiso
tranquilizarnos.

Capítulo 32
Tres días más tarde la fiebre seguía resistiendo a todos nuestros esfuerzos por combatirla,
los síntomas eran tan alarmantes que el mismo doctor se veía con dificultades para
combatirla.

Capítulo 33
Una semana después Mi padre estaba convaleciente y la alegría había vuelto a nuestra casa.
Capítulo 34
Entro Mamá en mi cuarto.
- ¿es posible - me dijo - que te dejes dominar por la pesadumbre? ¡se fuerte como siempre
lo has sido! Y no solo por tu padre si no porque además tu eres llamado a conformar a:
Maria.
Capítulo 35
Cuando llegue por la mañana a las haciendas el doctor que remplazaba a Mayn estaba
atendiendo a Feliciana. Me hizo saber que había perdido toda esperanza de salvarla.

Capítulo 36
Dos semanas habrían trascurrido desde la llegada del sacerdote al país de los Kombu-
Manez. Sea porque solamente sinar podía entenderle o porque este gustara del traro del
europeo paseaban juntos diariamente mientras Nay veía regresar al amado preocupado y
melancólico.

Capítulo 37
Al amanecer del día en que iba a celebrarse el desposorio de sinar este con Nay y el
misionero bajaron silenciosamente a las riberas del gambina y el sacerdote les hablo:
-el Dios que os he hecho amar, el Dios que adoraran vuestros hijos nos desdeña por templo
los pabellones de palmeras que nos cobijan.

Capítulo 38
Por aquel tiempo se explotaban muchas minas de oro en el choco; y bien merece ser
elogiada su producción si se tiene en cuenta el rustico sistema utilizado para el trabajo. Este
lo atendían cuadrillas de esclavos.

Capítulo 39
El cura había administrado los sacramentos de la enferma.
Al día siguiente, sábado, a las tres de la tarde el medico entro en mi cuarto diciéndome:
-Morirá hoy. ¿cómo se llama el marido de la enferma?
-Sinar- le respondí

Capítulo 40
Mi padre había resuelto ir a la ciudad antes de mi partida tanto por sus negocios como por
arreglar mi viaje.
A las 7 de la mañana del 15 de enero papá y yo tomábamos el café en traje de camino.
Debía acompañarle hasta cerca de la hacienda de los señores M… de los cuales iba yo a
despedirme de los otros vecinos.

Capítulo 41
El 28 de enero ante víspera de mi viaje subí a la montaña muy temprano. Braulio enviado
por José había venido a llevarme para que me despidiera de aquella familia.

Capítulo 42
Lentamente descendí al fondo de la cañada. Solo el canto lejano de las gurres y el rumor del
río turbaban el silencio de la selva.

Capítulo 43
A las 11 de noche del día 29 estuve velando en mi cuarto hasta que sonó la una de la
madrugada. A esta hora empezaba la fecha señalada para mi partida.

Capítulo 44
A las dos semanas de mi arribo a Londres vinieron las primeras cartas de la familia.
Con temblorosa mano las fui abriendo.
Una era de María.

Capítulo 45
Cada dos meses me llegaba carta de Maria y así las fui recibiendo a lo largo de todo el año.
Pero las ultimas reflejaban una melancolía que en vano trate de reanimar con mis escritos
temiendo que la congoja dañara su salud.

Capítulo 46
En Panamá recibí carta de Maria:
"La noticia de tu regreso ha bastado para volverme las fuerzas ya puedo contar los días y se
que cada uno de los que trascurren te acerca más a mí".
"Aprovechando la hermosa mañana de hoy, he pedido a Emma que me llevara al huerto. En
la visita a sus rincones más queridos me sentía casi restablecida. Si esto me ocurre ahora
¿cómo no habrá de alentarme cuando vuelva a recorrerlos en tu compañía?"
Los últimos renglones eran casi ilegibles.

Capítulo 47
A las cuatro llamo a mi puerta hacia una hora que yo le esperaba, listo para marchar.
La luna grande en su plenitud descendía el ocaso; y al aparecer abajo las negras nubes que
la habían ocultado, baño las selvas distantes los manglares de la ribera y la mar tersa y
callada con sus resplandores trémulos y rojizos como los que esparcen los blandones de un
féretro sobre el pavimento de mármol y los muros de una sala mortuoria.

Capítulo 48
A las tres de la madrugada me despertó Lorenzo: y a las cuatro encomendados a la virgen
en las despedidas de Bibiano y su hija, nos embarcamos.

Capítulo 49
Al sentarnos a la mesa hice notar mi propósito de seguir viaje aquella misma tarde, si era
posible regándole que allanara todos los inconvenientes.
El pareció consultar a Lorenzo el cual informo que las bestias estaban en el pueblo y que la
noche era de luna.
Poco después estábamos en camino.

Capítulo 50
Al día siguiente sobre las cuatro de la tarde llegue al alto de las cruces. Y me apeé para
pisar aquel suelo desde, que el para mi mal había dicho adiós a mi tierra nativa.
Volvía a ver el valle del cauca tan hermoso que al tenerlo adelante con toda su esplendidez
miraba yo a mi alrededor para convencerme de que no era juguete de un sueño.

Capítulo 51
En vano intentaba reconstruir lo pasado cuando de noche desperté en un lecho rodeado de
personas y objetos que apenas podía distinguir.
Una velada lámpara cuya luz hacia más opacas las cortinas de la cama difundía su indecisa
llama, llame, sentí que me estrechaban una de mis manos; torne a llamar y el nombre que
débilmente pronunciaba tuvo por respuesta un sollozo.
Volví me hacia el lado de donde este había salido y reconocí a mi madre cuya mirada
anhelante y con voz suave me hizo muchas preguntas para cerciorarse de que yo estaba
recobrando su lucidez.

Capítulo 52
Aconsejadas por el médico y excusando su tenacidad en el mal estado de mi salud, Mamá y
Emma supieron retenerme junto a ellas durante tres semanas interrumpidas.

Capítulo 53
Dos meses más tarde el 10 de septiembre era cuando yo escuchaba de labios de Emma
aquella relación.
Había anochecido y Juan dormía sobre mis rodillas, según costumbre por el adquirida desde
mi regreso, quizá adivinando que yo pudiera remplazar en parte los amorosos y maternales
cuidados que Maria le prodigaba.
Emma me entrego la llave del armario que en la casita de la sierra guardaba los vestidos de
Maria y todo lo que ella pidió que conservara para mí.

Capítulo 54
La media noche me encontró levantado en mi cuarto.
Entre mis manos las trenzas de Maria y recostado en el sofá en el que Emma le había oído
sus últimas confidencias sonaron las dos en mi reloj.
Él había medido las horas de aquella noche angustiosa víspera de mi viaje; él debía medir
las ultimas que habría de pasar en la morada de mis mayores.

Capítulo 55
Por la tarde había de ir a la ciudad pasando por el cementerio que guardaba la tumba de
Maria.
Juan Ángel y Braulio se habían adelantado a esperarme en la parroquia y José su mujer y
sus hijas me rodeaban ya para despedirnos.
Invitados por mi siguieron al oratorio y todos de rodillas rezamos por el alma de aquella
que tanto amor nos inspiró en la vida.

2.2 BIOGRAFÍA DEL AUTOR


Jorge Ricardo Isaacs Ferrer fue un escritor y poeta colombiano nacido el 1 de abril de 1837
en Cali. Es reconocido por su unica novela "María", considerada una de las obras más
importantes de la literatura romántica en Colombia. Además de su labor como escritor,
también se desempeñó como diplomático y político. Falleció el 13 de abril de 1895 en
Ibagué.
3. CONCLUSIONES
Este trabajo nos deja como enseñanza que no debemos aplazar el poder realizar sentimientos
nobles o esperar eventos trágicos para demostar el amor y el afecto.
4.WEBGRAFÍA
Isaacs, J.R, María, Alicante. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

5. ANEXOS

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